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martes, 6 de abril de 2021

#hemeroteca #trabajosexual | Sabrina Sánchez: «A las trabajadoras sexuales tienen que escucharnos»

Imagen: Ethic / Sabrina Sánchez
«A las trabajadoras sexuales tienen que escucharnos».

Guillermo Martínez | Ethic, 2021-04-06

https://ethic.es/2021/04/sabrina-sanchez-trabajadoras-sexuales/ 

Mujer trans, migrante, lesbiana y trabajadora sexual, Sabrina Sánchez (Ciudad de México, 1981) es portavoz del Comité Internacional por los Derechos de las Mujeres Trabajadoras Sexuales en Europa. Mexicana y procedente de una familia de clase media, sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México no le permitieron encontrar otro modo de ganarse la vida que no fuera el del trabajo sexual cuando llegó a Cataluña huyendo de su país. Poco antes de esta entrevista, Sánchez estaba preparando una ponencia para las Naciones Unidas. Ahora, la portavoz repasa la situación actual de la prostitución en España y en Europa, el cisma que se ha producido dentro del feminismo entre abolicionistas y no abolicionistas y qué supondría para el colectivo LGTBIQ la aprobación de la ley trans.

Migras a España y comienzas a dedicarte al trabajo sexual, aseguras, «como estrategia de supervivencia». ¿Por qué?
Llegué a Catalunya habiendo estudiado Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México, aunque no me sirvió para nada. Nunca se cuestiona la obligación que tienen las personas migrantes de homologar títulos de universidades extranjeras con las nacionales, cuando la UNAM es mucho más prestigiosa que algunas españolas. A ello se suma que el ingreso de una persona migrante al mundo laboral es muy complicado. Sin saber catalán, tuve que sobrevivir ejerciendo el trabajo sexual, y sobre todo siendo una mujer trans, porque no tenía alternativa. No olvidemos que nuestra tasa de paro es cuatro veces superior a la media nacional. Aunque es cierto que, para mí, no tuvo consecuencias traumáticas. Fue como entrar a cualquier empleo. De hecho, al hacerlo de manera independiente tenía mucha más libertad que en otros empleos anteriores en ‘call centers’ y restaurantes.

¿Cómo había sido hasta entonces tu vida en México?
Aunque las cosas empeoraron a partir de la crisis económica de 1994 en México, mi familia es de clase media. Siempre tuve el apoyo de mi madre, sobre todo para continuar con mi formación académica. Mi condición de trans, digamos, salió cuando yo era estudiante, aunque es algo que una siente siempre. En ese momento, mi madre me dijo que, con más razón aún, tenía que proveerme de herramientas en la vida y terminar la carrera de comunicación. Sobreviví en Ciudad de México como pude, y más llevando a cabo la transición a los 21 y 22 años. No padecí mayor violencia de la habitual, nunca llegó una agresión física pese a que es algo que siempre está latente… pero hay que tener en cuenta que hablamos de México. Sin embargo, sí noté el desempleo, la exclusión y que me vetaran la entrada a algunos sitios.

Y aterrizaste en Cataluña.

Antes de ubicarme en Barcelona, fui a Girona. Allí me esperaba una mujer a la que conocí por internet y con la que empecé una relación. Fue todo un poco de suerte, porque lo único que tenía claro es que quería migrar de México. Vine aquí pero podía haber acabado en Canadá, donde pedí una beca de estudios. Esta persona también ejercía el trabajo sexual y cuando se me terminó el dinero le dije que cómo podía hacer lo mismo. Ella hizo conmigo lo que nosotras hacemos con las demás: cuidarnos, aconsejarnos y compartir experiencias para estar más seguras.

A pesar de la ayuda, ¿te encontraste con dificultades?
Sí. Más allá de no poder encontrar trabajo, que se debe a la vieja transfobia de los empleadores, la Administración no lo pone nada fácil. El paso en la frontera ya es complicado: aunque yo tengo la piel más clara y puedo pasar por alguien no tan racializada, las cosas se complican para cualquier compañera con la piel más oscura. En mi caso, tras quince años y por diferentes circunstancias, ahora estoy tramitando mi nacionalidad española. Desde la perspectiva trans, por ejemplo, ocho de cada diez compañeras que ejercen en las inmediaciones del campo de fútbol del Barça tienen tarjeta de residencia, pero no aparecen sus nombres correctos. Eso nos hace indocumentadas porque en los papeles aparece que eres Pedro, pero el policía está viendo a Amanda, por ejemplo. Yo ya tengo mi DNI cambiado con el nombre que me corresponde y eso me facilitaría encontrar otro trabajo, pero ya tengo uno en el que me va bastante bien.

La esperanza de vida de una persona trans en México es de 35 años. De hecho, tu país se posiciona como el segundo del mundo en número de transfeminicidios. ¿Qué errores se están cometiendo?

Principalmente los comete el Estado como responsable de la persecución que hemos sufrido la población LGTBIQ por los policías. Son ellos los que tienen que hacerse responsables y potenciar que entre sus cargos haya personas trans, no dejarlo todo en manos del empleador de la empresa privada. La falta de recursos hace que nuestra calidad y esperanza de vida sea pésima, y eso sin contar los asesinatos. Igual que la persecución promovió la marginalización, creemos que impulsar nuestro reconocimiento e inclusión ayudaría a que nuestra esperanza de vida fuera superior. Por eso es descorazonador que el PSOE, que hace dos años estaba de acuerdo con lo que promulga la ley trans, ahora se oponga a ella.

¿Cómo crees que hubiera sido tu vida en tu país natal de haber permanecido en él?

No sé si seguiría viva en estos momentos. Así lo digo. Quizá no estaría hablando contigo ahora.

Nueve de cada diez trabajadoras sexuales en España son migrantes. ¿Qué significa esto en su día a día?
Barreras continuas en el acceso a las cosas más elementales: la sanidad pública, el trabajo, la vivienda. Cualquier cosa que puedas pensar. Nos encontramos en una posición sumamente vulnerable, y ahora dicen que nosotras queremos borrar a las mujeres cuando el borrado nos lo han venido haciendo ellas durante seiscientos años. Además, unas discriminaciones se suman a otras… Por ser trans ya se asume que tienes que ejercer el trabajo sexual, y ahí es donde la sociedad nos empuja. El imaginario colectivo no concibe que una persona trans se dedique a otra cosa que no sea a la prostitución o la peluquería.

Y, sin embargo, se dice que España es el país de la Unión Europea con el mayor consumo de prostitución. ¿Cómo explicamos esta contradicción?
Yo desconfío mucho de esos datos. Por ejemplo, hay un bulo que siempre se repite: el que dice que el 80% de las prostitutas estamos en situación de trata. Realmente, ese dato procede de un estudio que se realizó en Barcelona hace quince años y que lo único que dice es que ese porcentaje de trabajadoras sexuales somos migrantes. Lo de la trata se lo han inventado. Cuando he estado en Bélgica, por ejemplo, he trabajado más que en España, y la experiencia de mis compañeras es que se consume más prostitución en otros países. De todas formas, si el dato fuera cierto, lo primero que tendría que hacer España es regular el trabajo en los clubes –que parece que también molesta– y obligar a los empresarios a pagar las cotizaciones a la Administración. Si hay tanta demanda, quienes la estamos sufriendo deberíamos estar mucho más protegidas por una ley que ponga el foco en nosotras que, como en cualquier relación trabajador-patronal, somos la parte débil.

¿Qué derechos urge salvaguardar en el caso de las trabajadoras sexuales?
Todos, pero como mínimo el derecho al trabajo. En la segunda ola del feminismo se hablaba del trabajo doméstico, y defendían que el hecho de que tú denomines a una acción como trabajo se debía a que tenías la posibilidad de negarte a realizarlo. Que las feministas abolicionistas nos digan que no trabajamos pero tampoco nos den las herramientas para poder negarnos a ello es la gran contradicción que tienen. Una de las peores experiencias se está dando en Francia: desde 2017 se implantó el modelo sueco, que se basa en la criminalización de los clientes, y la consecuencia directa es que desde entonces han aumentado exponencialmente las agresiones a trabajadoras sexuales. Es más, en el último año han asesinado a una decena de ellas, sobre todo trans y migrantes. Asesinaron a Vanesa Campos, trans y peruana, por defender a un cliente al que iban a robarle... y hace unos meses atropellaron a propósito a otra compañera boliviana. Ninguno de estos homicidios se ha resuelto. El modelo sueco solo ha traído estrés porque las trabajadoras sexuales tienen que cuidarse de la policía y la gente que las quiere agredir, además de que los mejores clientes han desaparecido porque no quieren que se les multe, lo que repercute en menores ganancias. Y a eso se le suma la pandemia. Si no nos protegen, la situación de las trabajadoras sexuales no desaparecerá, sino que empeorará. Nos dejarán en manos de machistas que saben que si denunciamos cualquier tipo de maltrato nos podrían deportar.

El trabajo sexual, de hecho, marca cada vez más las agendas políticas. ¿Realmente hay algún país que esté aplicando con éxito medidas para mejorar los derechos de las trabajadoras?
Nosotras aspiramos al modelo de Nueva Zelanda. Sería una base para el reconocimiento de nuestro trabajo, que no deja de ser una industria que genera muchísimo dinero que no llega a las arcas públicas como debería. Consideramos ese modelo como un buen punto de partida para negociar con las instituciones gubernamentales, con las patronales, que existen aunque digan que no. Pero también con el vecindario, para ver dónde ubicamos nuestros centros de trabajo y poder convivir en armonía. Es un trabajo con un profundo enfoque local. Al fin y al cabo, en Nueva Zelanda las compañeras tienen la misma seguridad y protección que cualquier otro trabajador. Nosotras no queremos ningún privilegio. Hay otras opciones intermedias, como las de Alemania, Austria y Países Bajos, que te dejan ejercer la prostitución, aunque estas tienen una reglamentación muy estricta que parece que busca aleccionarnos más que otra cosa: aceptan que es una actividad que existe, pero tratan de alejarla de la sociedad y hacen muy complicados los trámites hasta que puedes ejercerla. Grecia, por ejemplo, es otra legislación reglamentada pero solo permite ejercer a las mujeres solteras.

Abolicionismo o regulacionismo son temas candentes dentro del movimiento feminista. ¿Consideras insalvable la brecha que se abre entre las feministas que defienden una u otra posición?
Esto siempre ha pasado. Es una vieja historia dentro del feminismo que ya en los ochenta tuvo sus guerras. En aquel momento pasó como ahora, que una parte del movimiento se alió con la extrema derecha, solo que hace unas décadas fue con Reagan y ahora es con Trump, Bolsonaro u Orkban. Siempre ha habido mujeres cishetero, blancas y con cierta posición económica que quieren ser las dueñas. Yo creo que es insalvable porque ni siquiera quieren dialogar… Su respuesta es agresión, mentiras y descalificaciones. No obstante, aunque esta brecha es definitiva, afortunadamente el feminismo no es monolítico y resistirá esto y más.

También encontramos posturas enfrentadas en cuanto a la inclusión de las mujeres trans en el feminismo. ¿Hacia dónde va entonces?
Buena pregunta, pero creo que no tiene respuesta. No es un movimiento inamovible pero sí muy diverso, y vivimos en una época en la que se están asentando muchas cuestiones aún.

Volviendo a la situación de las trabajadoras sexuales, ¿de qué manera puede afectarles el auge de la ultraderecha en Europa?

Sobre todo en la seguridad física, pero vemos con preocupación las leyes que se puedan aprobar. Son un peligro para toda la gente que no es hetero, cisgénero y blanca. Lo vivimos con expectación y preocupación, pero también tratando de generar estrategias para combatir a la extrema derecha.

El estigma que acarrea ser trabajadora sexual permanece incluso después de que deja de ejercer la prostitución. ¿De qué forma sigue pesando la mirada de la sociedad?
Desde mi punto de vista, nos afecta en todas las parcelas de la vida. Todavía existe cierta narrativa que mantiene el estigma y la marginalidad. De todas formas, creo que mucha gente se ha dado cuenta de que solo queremos sobrevivir. Además, nuestro trabajo está enfocado a que las compañeras se saquen ese estigma que la sociedad echa encima todos los días, a todas horas, para que podamos ejercer nuestro trabajo tranquilamente y sin el peso psicológico que nos imponen.

Según la Agencia para los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, muchas personas trans tienen pensamientos suicidas, sufren depresión y ansiedad y se autolesionan. ¿Qué medidas habría que llevar a cabo para que esto dejara de ocurrir?

Pues, por ejemplo, la ley trans de España. Quienes se oponen a ella nos obligan a seguir viviendo en un clima que hace sentir que nuestra existencia sobra, que no merecemos vivir. Cómo no te vas a querer suicidar si te dicen que mientes, que no eres lo que dices ser, que somos mutantes. Tenemos que escuchar esas cosas todos los días y es muy fuerte. Mucha gente no lo puede soportar. Por eso, en cierta forma, con la ley trans esto terminaría, porque igual que el matrimonio igualitario no acabó con la homofobia, esto no hará que desaparezca la transfobia, pero sí nos facilitaría la vida cotidiana y reduciría nuestro estrés diario y esas tendencias al suicidio, la autolesión y la falta de salud mental que nos provocan. Está de sobra demostrado que una persona trans en un entorno en el que se reconoce su identidad tiene el mismo desarrollo que cualquier otra persona.

¿Qué alianzas consideras que se pueden entretejer entre el movimiento migrante y el movimiento trans?

Más que con el movimiento migrante como tal, las luchas las tejemos con los colectivos de mujeres migrantes. Muchas trans en España y en Europa somos migrantes, así que la unión se lleva a cabo entre nosotras, las migrantes, racializadas y trans, porque todas estamos afectadas por el mismo sistema.

El empoderamiento por parte de las trabajadoras sexuales ha sido una constante en los últimos años, así como el de las personas trans y migrantes. Aunque se ha avanzado en sus demandas, ¿qué camino queda por recorrer?
Que nuestras voces tengan el mismo peso que las de las mujeres abolicionistas. Nosotras, como trabajadoras sexuales, no apoyamos ningún trabajo dentro del capitalismo, eso sería una tontería. Pero sí queremos derechos laborales. Aunque dicen que somos millonarias, la realidad es que quienes se estaban llevando todo el dinero del Estado durante la pandemia para apoyar a las trabajadoras sexuales eran las asociaciones de rescate abolicionistas que se encontraban cómodamente encerradas en sus casas cuando las compañeras necesitaban fondos y ayuda urgente. Necesitamos que se nos escuche, que no hablen por nosotras, que se nos conozca y que las instituciones se sienten a dialogar.

viernes, 21 de septiembre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual | El sindicato de prostitutas: “Estamos constituidas y trabajando”

Imagen: El País / Presentación de OTRAS en Madrid
El sindicato de prostitutas: “Estamos constituidas y trabajando”.
El Gobierno busca fórmulas para frenar la actividad de la asociación Otras.
Pilar Álvarez | El País, 2018-09-21
https://elpais.com/sociedad/2018/09/21/actualidad/1537543646_262587.html

Sindicato busca afiliados y afiliadas. La Organización de Trabajadoras Sexuales OTRAS ha hecho este viernes en Madrid su presentación en sociedad. “Estamos constituidas y estamos trabajando”, ha dicho Conxa Borrell, secretaria general del primer sindicato estatal de prostitutas, que también acoge a actores porno, telefonistas de líneas eróticas y masajistas tántricas, entre otros. Es un colectivo que trae de cabeza al Gobierno y que le costó el puesto a la directora general de Trabajo Concepción Pascual por permitir la publicación de su registro en el Boletín Oficial del Estado (BOE), algo que ahora no es fácil revertir.

Tras un par de semanas de silencio por el revuelo que produjo esta inscripción, sus integrantes han alzado la voz frente a un Gobierno que se ha proclamado abiertamente abolicionista (la prostitución se considera un atentado contra la dignidad de la mujer) y que quiere poner en marcha una Ley contra la Trata y la Explotación Sexual, para la que no hay fecha prevista. En España, el ejercicio de la prostitución es alegal, pero la Ley de Seguridad Ciudadana, la llamada ‘ley mordaza’, y distintas ordenanzas municipales suponen la persecución tanto de los clientes como de las prostitutas.

“No somos unas muñecas de trapo que se pueden usar y tirar a su antojo”, señala Borrell, que ha ofrecido una rueda de prensa en Madrid este viernes junto con otros representantes. Una portavoz del Ministerio de Trabajo confirma que el “error” de haber permitido el registro de los estatutos y su publicación en el BOE permite que OTRAS figure como central sindical, el reconocimiento de su actividad laboral y el amparo del Estatuto de los Trabajadores.

El asunto está en manos de los abogados del Estado que buscan la fórmula “más eficaz” para deshacer el camino que llevó a la ministra de trabajo a pronunciar aquella famosa frase: "Me han colado un gol por la escuadra". Desde el todavía sindicato OTRAS defienden que ejercen la prostitución por propia voluntad y que son mayoría. Este asunto es, sin embargo, bien polémico. No existen datos oficiales, pero la Policía Nacional calcula que el 80% de quienes ejercen la prostitución son víctimas de la trata. Según informes del Parlamento Europeo, los cálculos más conservadores hablan de "una de cada siete" personas, pero hay fuentes que lo cifran entre el 70% y el 90% de prostitutas forzadas por grupos criminales.

"Somos un sindicato no pequeño, enano, pero grande en colaboraciones", ha explicado Borrell. Asegura que aún no hay afiliados, pero que la lista de espera es "considerable". Desde OTRAS, critican que el "moralismo imperante de una supuesta izquierda" les "deniega" derechos. Arremeten contra el PSOE y contra parte del movimiento de mujeres, que ha denunciado la creación del sindicato, cuyas representantes tendrán que comparecer el 14 de noviembre en la Audiencia Nacional. "No entendemos el rancio feminismo abolicionista", añade Borrell.

Suecia es el gran modelo abolicionista de Europa desde hace más de 20 años. Los países qeu siguen este modelo ven la prostitución incompatible con la igualdad de género y los derechos humanos y centran su persecución en el cliente. Según las autoridades suecas, la intervención en estos años ha reducido a la mitad la prostitución callejera, aunque sigue existiendo, y ha ocasionado que parte de la actividad se traslade a pisos o el negocio se cierre por Internet, donde las partidarias de regular la prostitución denuncian que están más desprotegidas.

“El modelo abolicionista de Suecia, copiado en Francia, solo ha arrojado situaciones de violencia y precarización para nosotras”, señalaba este viernes Juan, colombiano afincado en París que también ha participado en la rueda de prensa celebrada en la sede de COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid). Asegura que Francia ya tiene en marcha un sindicato similar al que acaba de inscribirse en España que cuenta con unos 200 afiliados.

El modelo opuesto, el regulacionista, impera en países como Alemania o Dinamarca. Contemplan la venta de sexo como una actividad económica más, como reclaman los integrantes de OTRAS. Pero el modelo, según el relator especial de Naciones Unidas sobre Trata de Seres Humanos y el Parlamento Europeo, no ha funcionado: hay mayores entradas de tráfico en el mercado sexual. En Alemania, como hay más oferta, se han reducido las tarifas que cobran las prostitutas algo más del 20% y solo entre un 1% y un 5% de mujeres se ha inscrito en el registro obligatorio.

“Es verdad que Alemania es el infierno en la tierra, cuando se legisla mal es lo que pasa”, admite Sabrina Sánchez, secretaria de organización de OTRAS. “Ese modelo no ha tenido en cuenta a las trabajadoras del sexo. Pero encontrar proxenetas a sus anchas y sueldos bajos ya pasa en España, por eso intentamos organizarnos”, añade. "Quiero derechos laborales por estar ejerciendo mi trabajo, me guste o no".

miércoles, 11 de octubre de 2017

#hemeroteca #transexualidad #trabajosexual | Barcelona impulsa ayudas para trabajadoras sexuales ‘trans’

Imagen: El País
Barcelona impulsa ayudas para trabajadoras sexuales ‘trans’.
El Ayuntamiento facilitará asistencia legal al colectivo para garantizarle acceso a la justicia en casos de discriminación y vulneración de derechos.
El País, 2017-10-11
https://elpais.com/ccaa/2017/10/10/catalunya/1507652681_333676.html

La concejal de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, Laura Pérez, presentó ayer el programa Carolinas para mejorar la situación de las mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual en la ciudad, empoderarlas y garantizar sus derechos básicos.

Pérez explicó que se les facilitará asistencia legal para garantizarles acceso a la justicia en casos de discriminación y vulneración de derechos; se les facilitará información sobre sus derechos básicos y formación para mejorar su itinerario laboral.

Asimismo, se mejorará la formación de los trabajadores de la administración pública “interlocutores” con este colectivo, en especial en los cuerpos de seguridad como la Guardia Urbana y entre el personal sanitario y de servicios sociales.

Pérez afirmó además que se ofrecerá asesoramiento y asistencia letrada a las mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual con un servicio de acompañamiento jurídico a través de la agencia de Abordaje Integral del Trabajo Sexual (Abits) y de la Oficina para la No Discriminación (OND).

Mejorar la ocupación
La trabajadora sexual trans y miembro de la asociación Aprosex, Sabrina Sánchez, lamentó que muchas veces los profesionales médicos no saben cómo tratar a este colectivo. “Somos ciudadanas a pesar de nuestro género, nuestra orientación y nuestro empleo”, reivindicó.

La activista y técnica en inserción laboral, Belén Camarasa, defendió, por su parte, que hay mujeres que quieren continuar ejerciendo el trabajo sexual y que reclaman que se cumplan sus derechos, mientras que otras quieren hacer la transición hacia el mercado laboral formal.

Pérez explicó que Las Carolinas era el nombre con el que eran conocidas las personas trans en del barrio barcelonés del Raval en los años 30, y subrayó que el Gobierno municipal quiere centrarse en las “especificidades” de las mujeres transexuales.

El Ayuntamiento también activará el Plan de mejora de la ocupación de las trabajadoras sexuales, un proyecto impulsado por Abits, Barcelona Activa y entidades del tercer sector a partir del primer trimestre del 2018. Además, se incluirá a este colectivo en los programas municipales de inserción laboral que se pongan en marcha.

miércoles, 12 de julio de 2017

#hemeroteca #orgullo #putafobia | Orgullo Puta y LGBT

Imagen: Aprosex / Manifestación del Orgullo en Barcelona
Orgullo Puta y LGBT.
Sabrina Sánchez | Aprosex, 2017-07-12

http://www.aprosex.org/orgullo-puta-y-lgbt/

Este texto pretendía transmitir nuestras sensaciones y sentimientos después de la marcha del Orgullo que conmemoraba los 40 años de la primera manifestación por los derechos LGBT formando el bloque que denominamos “Lxs Inapropiadxs” que consistía en trabajadorxs sexuales, aliadas migrantes, sudakas, negras y gitanas y que fue fantástico para nosotras que esas aliadas marcharan junto con nosotras, esperando que para los próximos años nos vayamos sumando cada vez más ya que nuestras interseccionalidades, son eso, las más inapropiadas para este sistema.

En lugar de eso, será una réplica que además no quería hacer porque siempre ha sido un medio cuyos contenidos me han gustado en general, pero somos humanxs y metemos la pata, cosa que creo ha pasado aquí o es una manera de buscar más clicks con un tema que siempre tiene polémica y tiene dividido al feminismo, como buena puta que soy, no descarto nada.

El artículo en cuestión se llama ‘Putofobia ¿sabes lo que es?’ se refiere a mi persona desde el principio y me presenta como mujer, bien por supuesto que eso no lo voy a rebatir porque así es como me identifico, aunque decir que soy una mujer trans, hubiera sido una información más completa.

En primer lugar no se acaba de entender la lógica de que “Las putas también somos LGTBIQ” ¿todas? Suponemos que habrá prostitutas lesbianas y trans, es más, desgraciadamente ésa ha sido durante muchísimos años una de las pocas formas de poder ganarse la vida de miles de mujeres transexuales en todo el mundo y no precisamente por vocación.

Evidentemente no todas somos LGBTIQ, y sí, hay prostitutas lesbianas y trans, como hay prostitutos gais, gente no binaria y personas queer y es muchas veces por estas condiciones que las alternativas que te ofrece el sistema se reducen y si, durante muchísimos años y actualmente, es una manera de que las trans nos ganemos la vida, te lo digo que justo antes de escribir este texto he tenido un servicio y ya tengo para pagar la luz, que me ha venido carísima, por cierto, hay mucha gente en otros trabajos que tampoco están ahí por vocación, sino para llevar comida a la mesa. Afortunadxs aquellos que estudiaron periodismo y al menos ahí medio escribes/transmites cosillas varias.

Las estadísticas muestran unas escalofriantes cifras de maltrato, muerte y prostitución forzada. Según informes de la Asociación Trans Cuirgénero Estatal, de las 1731 personas transexuales víctimas mortales de la transfobia entre 2008 y 2014, el 65% con oficio conocido eran trabajadoras sexuales y 617 no llegaron a cumplir los 30 años.

Así es, vengo del segundo país del mundo donde más se asesinan a mujeres trans, que es México (que no es precisamente uno de “esos países musulmanes”) pero la violencia es ejercida contra nosotras por salirnos del sistema binario de género, nos asesinan por el hecho de ser trans, no por ser prostitutas, evidentemente el estigma trans y el estigma puta le da vía libre a cualquier energúmeno (en México y en otros países, los primeros son los policías) de atacarnos prácticamente de manera impune, como pasó con las compañeras Alessa y Paola en Ciudad de México en septiembre del año pasado o con Lorena en Canarias. Con la estadística del 65% sólo me reafirmas lo que he escrito líneas más arriba.

No es como para ponerse a aplaudir ni de repente caer en la demagogia de que todo lo que rodea la prostitución es guay.

En ningún momento mencioné que todo lo que rodea a la prostitución es guay y tampoco lo pienso. Llevo once años ejerciendo este oficio en pisos, particular, plazas en España y por Europa. Asisto a encuentros a nivel europeo con otras compañeras trabajadoras sexuales y estamos en contacto constante con las compañeras latinoamericanas y sabemos que hay millones de experiencias, negativas, positivas y a veces mezcladas. Esa afirmación simplemente es ofensiva.

Pero es que eso no es así y no es así porque en la inmensa mayoría de casos la prostitución es ejercida por las mujeres más pobres y sin derechos del planeta

¿Hola? aquí la que escribe es trans, migrante y bollera… muchos privis no es que vea demasiados por aquí. Aunque tal vez lo creas, aunque no sé por qué.

y no es sino una forma de violencia ejercida por el hombre contra la mujer ya que si “el consentimiento tiene que ser comprado ya no es consentimiento”.

Este es uno de los mantras que el movimiento neoabolicionista tiene y, claro, conmueve al público en general porque todo el mundo esté en contra de la violencia contra las mujeres, eso si, a las empleadas les paga menos que a los empleados, por ejemplo… pero eso no es un tipo de violencia, ¡qué va!. Que por cierto, debido a esa violencia económica es que muchas hemos tomado la decisión, con toda la libertad de agencia que el feminismo siempre ha impulsado, por el famoso “mi cuerpo es mío” y si es mío para abortar, también es mío para usarlo para sobrevivir en el marco de este sistema heterocapitalista. En este marco el consentimiento en cualquier tipo de trabajo, es muy relativo, pero cuando se habla así es porque se hace desde el privilegio.

Les encanta fomentar la imagen de las pelis o series donde (según ustedes) el 99,99% están obligadas y esa imagen es siempre de estar encerradas en zulos encadenadas. Que existen, claro, como en otros trabajos donde se echa mano de las personas tratadas como la agricultura, servicio doméstico, pesca, etc. Y las trabajadoras sexuales somos las primeras que podemos detectar quién está en situación de trata y se la experiencia neozelandesa ha demostrado que somos las primeras aliadas de las autoridades si de verdad hubiera voluntad.

Puede ser que un trabajo no te guste, yo por ejemplo no podría meterme a las alcantarillas para hacer mantenimiento, pero menos mal que hay gente que sí y no por eso voy a descalificar a quien lo hace y a preguntarle ¿Te gusta tu trabajo? ¿Cómo te sientes con él? ¿Cómo es que siendo tan inteligente llegaste aquí?

La reivindicación era muy fácil: Somos un colectivo que no tenemos un solo derecho laboral y cargamos con muchísimo estigma y es por eso que nuestra intención en el orgullo era recordarle al colectivo que somos una parte bastante numerosa de él y porque los derechos del colectivo no se acaban con el matrimonio igualitario, sino que aún falta mucho por hacer como reconocer el trabajo que da de comer a mucha gente LGBTIQ todos los días.


Putofobia ¿sabes lo que es?
Por putofobia se entiende el rechazo a la prostitución y el desprecio a las personas que deciden ejercerla. Pero ¿una cosa implica forzosamente la otra?
Editorial | GaylesTv, 2017-07-06
https://gayles.tv/editorial/putofobia-lgtbi-feminismo/

La pasada semana se celebró en Barcelona la manifestación del Orgullo que conmemoraba los 40 años de la primera manifestación por los derechos LGTBI en España. Gayles.tv estuvo grabando un reportaje, “Barcelona se manifiesta 40 años después”, que nos ofrece la imagen poliédrica de una lucha que, obviamente, tiene muchas caras. Y al hilo de las declaraciones de una de las participantes en el vídeo surge la idea de este texto.

La mujer a la que nos referimos es Sabrina Sánchez, de la Asociación de Profesionales del Sexo y desfiló junto a otras compañeras tras una pancarta en la que podía leerse “Las putas también somos LGTBIQ. Basta de racismo y putofobia”. En su declaración que podéis escuchar en el minuto 3:20 del vídeo, Sabrina reivindica: “Somos parte de la comunidad LGTB y no queremos que por ser trabajadoras sexuales se nos deje de lado. Existe una tendencia a invisibilizarnos porque damos una imagen que no gusta a cierta parte del colectivo, porque esa imagen no es buena para el resto de la sociedad” Y continua, “la intención siempre ha sido cambiar la sociedad, no encajar en ella a la fuerza”. Bravo por la lucidez de Sabrina, pero muchas voces dirían que con ciertos matices.

En primer lugar no se acaba de entender la lógica de que “Las putas también somos LGTBIQ”, ¿todas? Suponemos que habrá prostitutas lesbianas y trans, es más, desgraciadamente ésa ha sido durante muchísimos años una de las pocas formas de poder ganarse la vida de miles de mujeres transexuales en todo el mundo y no precisamente por vocación. Las estadísticas muestran unas escalofriantes cifras de maltrato, muerte y prostitución forzada. Según informes de la Asociación Trans Cuirgénero Estatal, de las 1731 personas transexuales víctimas mortales de la transfobia entre 2008 y 2014, el 65% con oficio conocido eran trabajadoras sexuales y 617 no llegaron a cumplir los 30 años. No es como para ponerse a aplaudir ni de repente caer en la demagogia de que todo lo que rodea la prostitución es guay.

Sabrina tiene razón al defender el derecho a ser tenidas en cuenta y a querer transformar la sociedad de raíz y no a ser “toleradas” y se sobreentiende en su discurso que reivindica la prostitución como una decisión libremente tomada por la persona.

Pero es que eso no es así y no es así porque en la inmensa mayoría de casos la prostitución es ejercida por las mujeres más pobres y sin derechos del planeta y no es sino una forma de violencia ejercida por el hombre contra la mujer ya que si “el consentimiento tiene que ser comprado ya no es consentimiento”. Y citamos un texto magnífico de Julie Bindel sobre la postura de ciertas feministas neoliberales que parecen sentirse más ofendidas por el planteamiento de abolir la industria de la prostitución que por la explotación que los proxenetas ejercen sobre las mujeres. Son los hombres quienes pagan por el cuerpo de la mujer, quienes deciden si eres o no puta, o puto. Ni que sea por respeto a las supervivientes de la prostitución que llevan cicatrices en el alma y a veces en el cuerpo de la violencia, el abuso y el trato degradante a que fueron sometidas, no podemos, no debemos reivindicar una práctica que trata a la mujer como una mercancía y la deshumaniza.

Habría más, mucho más que argumentar en un sentido y en el otro: sobre la necesidad de la prostitución para evitar males mayores, sobre el derecho de cada cual a hacer lo que más le convenga con su cuerpo y cómo no, sobre las diferentes posturas que desde la izquierda y los movimientos LGTBI se adopta hacía la prostitución, pero todo no cabe aquí.

Únicamente hay algo que merece la pena dejar claro: se puede estar contra la prostitución como estructura opresiva y que eso no implique rechazo a las prostitutas, al contrario. Por ello felicidades de nuevo a Sabrina por sus palabras y por su participación. Entre tod@s seguro que sí construiremos una sociedad realmente nueva y mejor.