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domingo, 23 de marzo de 2025

#hemeroteca #lesbofobia | Dolores Vázquez, la otra víctima del caso Wanninkhof a la que juzgó un país entero

Dolores Vázquez siempre proclamó su inocencia //

Dolores Vázquez, la otra víctima del caso Wanninkhof a la que juzgó un país entero

Betanzos homenajea este domingo a una vecina que pasó un año y medio en prisión injustamente tras un proceso judicial viciado. Los prejuicios alimentaron un error que ha marcado la historia de este país
Laura G. del Valle | La Voz de Galicia, 2025-03-23
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/2025/03/18/dolores-vazquez-victima-wanninkhof-juzgo-pais-entero/00031742284380039508447.htm 

Los años noventa convirtieron la crónica negra en un entretenimiento televisivo en el que parecía estar permitido absolutamente todo: desde el terrorismo emocional hasta el machismo más evidente, calando unos prejuicios que conocieron el paroxismo justo antes de comenzar el nuevo milenio. El asesinato de las niñas de Alcácer fue el caso más espeluznante y el gran ejemplo de esta forma de entender los crímenes. Hubo más, y uno tocó a Galicia de cerca.

Dolores Vázquez no lo sabía, pero el 9 de octubre de 1999 su vida cambiaría para siempre. Ese día la joven de Mijas (Málaga) Rocío Wanninkhof desaparecería justo después de salir de casa de su novio, dispuesta a pasárselo bien en la feria de Fuengirola. Tenía 19 años, y al no volver a su domicilio a dormir saltaron las alarmas. Ni su pareja, ni sus amigas con las que había quedado, ni su familia habían tenido noticias de ella desde hacía varias horas, por lo que Alicia Hornos, madre de la chica, empezó una búsqueda por los alrededores de su domicilio. El peor de los presagios llegó pronto, cuando encontró una zapatilla ensangrentada que pertenecía a su hija.

La cuenta atrás comenzaba para encontrar a Rocío. Vecinos y familiares iniciaron unas batidas en las que no faltaba Alicia, siempre portando un bocadillo por si encontraba a su hija desnutrida. También era habitual en las rutas Dolores Vázquez, una betanceira afincada en la localidad malagueña que durante años había sido pareja de la madre de Rocío.

El cuerpo de la joven apareció un mes después a varios kilómetros de la vivienda familiar, y con el caso protagonizando aperturas de informativos, tertulias televisivas y periódicos, lo importante ahora era saber quién había cometido el crimen. La resolución era fundamental para el descanso de la familia, para los investigadores y también para unos españoles que demandaban respuestas. El círculo más cerrado de Rocío abrió la veda pronto, apuntando, por cómo se habían producido los hechos, a que el agresor tenía que ser alguien del entorno. La pregunta del momento estaba clara en todas las casas: ¿quién era el asesino enmascarado y qué le había llevado a cometer el crimen?

El contexto es tan importante para entender lo ocurrido como las pruebas, o la falta de ellas, aportadas durante la instrucción. Tras hacerse oficial la muerte de Rocío, hasta la Costa del Sol se trasladó el equipo del capitán Jesús Rafael García Fustel. Era el experto entre los expertos. Venía de resolver el caso de la farmacéutica de Olot y el doble crimen de Villarrobledo, y estaba dispuesto a aplicar la máxima con la que llega hasta el final en todas sus operaciones: «Presión, presión, presión».

Dolores Vázquez estuvo en el punto de mira de la Unidad Central Operativa (UCO) y de los programas de televisión casi desde el momento en el que se conoció la relación sentimental que había mantenido con la madre de Rocío. El morbo estaba servido no solo por tratarse de una mujer lesbiana a la que veladamente había comenzado a señalar Alicia —se refería al rencor y la venganza como los móviles que habrían podido motivar el asesinato—, sino porque tanto conocidos de la de Betanzos como los medios de comunicación construyeron un relato que, a ojos del público, convertía en verosímil su intención de acabar con Rocío, con quien Dolores había tenido su más y sus menos en el pasado a cuenta de la estricta educación que habría intentado imponerle. Y que acabó desgastando la relación con su madre.

Se mezclaban churras con merinas sin ningún tipo de sonrojo. Mientras los investigadores le pinchaban el teléfono e infiltraban a una agente en su círculo para que le realizase un perfil psicológico, se permitían conjeturas imposibles que no hacían más que alimentar el estereotipo de la homosexual malvada y perniciosa. Su actitud fría no ayudó a la hora de desterrar prejuicios en un momento en el que las mujeres jamás tenían novias o incluso parejas, sino amigas íntimas. El oscurantismo era tal que llegaron a permitirse comentarios, pruebas a ojos de buena parte de la sociedad, que establecían una correlación entre sus formas distantes y su orientación sexual. «Los homosexuales son más sentimentales, y pueden esconder sus emociones y sacarlos de la peor manera», llegó a escucharse en un juicio absolutamente contaminado.

A Dolores Vázquez nadie la respetó. Ni fuera de prisión ni dentro. Dos días antes de su detención, y diez meses después de la muerte de Rocío, esta gerente de hotel estaba prácticamente sentenciada. Los medios de comunicación publicaron su imagen saliendo de un supermercado antes incluso de que se hubiese enfrentado a un jurado popular, siendo esta práctica del todo excepcional, por no decir inadecuada. Daba igual que los indicios más sólidos que existían para justificar su arresto fuesen la mentira sobre qué había hecho la noche del asesinato de la joven —según su testimonio pasó toda la noche en casa, y la propietaria de un bar reveló que había estado en su local comprando tabaco— y la declaración de una empleada de hogar extranjera sin demasiado dominio del castellano que aseguró que había acuchillado una imagen de Rocío.

El juicio contra Dolores Vázquez fue uno de los más mediáticos que se recuerdan. Tanto que, como posteriormente reconocieron dos de los miembros que formaron parte del tribunal del jurado, «el veredicto ya lo traíamos claro de casa». Condenada como asesina, el discurso de odio generalizado fue tal que traspasó las barreras de la prisión. En Alhaurín de la Torre, cárcel también célebre por ser el centro penitenciario donde pasaron años encerrados Isabel Pantoja y Julián Muñoz, Dolores fue sometida a todo tipo de agresiones verbales y físicas por parte de sus compañeras.

Preparada para pasar quince años en prisión por un crimen que no había cometido, tuvo que morir una joven para que el caso Wanninkhof diera un vuelco de 180 grados. Era el año 2003 y esta mujer llevaba meses en libertad a la espera de la celebración de un nuevo juicio, debido a que el recurso presentado por su defensa ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía sirvió para que este órgano anulase la sentencia por «falta de motivación en el veredicto». Nunca volvería a pisar una celda. El asesinato de Sonia Carabantes en Coín (también en Málaga y a 18 kilómetros de Mijas) propició la aparición de un nuevo sospechoso: Tony Alexander King.

En la escena del crimen de Rocío había aparecido la colilla de un cigarrillo que no coincidía con el ADN de Dolores, pero que era el mismo al encontrado bajo las uñas de Carabantes. La historia tomaba un nuevo rumbo que alejaba el foco de Dolores Vázquez, aunque no del todo. ¿Tenían relación este depredador sexual y la otrora pareja de la madre de Rocío? La opinión pública no estaba dispuesta a despojarse de su relato inicial, y los investigadores tampoco. Nunca se demostró que estas personas se conocieran y, de hecho, Tony King reconoció ser el autor de sendas muertes tras su detención. En la vista oral por el caso Carabantes intentó implicar a Dolores Vázquez, pero sus argumentos no estuvieron fundamentados para la Justicia. El británico fue condenado a 36 años de cárcel.

Con estos asesinatos resueltos, Dolores Vázquez reclamó cuatro millones de euros por responsabilidad patrimonial del Estado, una petición que fue desestimada en primera instancia por el Ministerio de Justicia. A día de hoy, más de 25 años después, continúa sin haber sido indemnizada. Podría haber arañado miles de euros en platós de televisión, adueñándose así del circo creado a su alrededor. Prefirió huir. Se refugió en el Reino Unido, donde había pasado parte de su vida, para volver más adelante a su Betanzos natal. Este domingo 23 de marzo este Concello le entregará el XVII premio Úrsula Meléndez de Texeda.

«El Ayuntamiento quiere rendirle un pequeño homenaje y resaltarla, en parte, porque nunca será suficiente por todo lo que sufrió esta mujer y por el trato que recibió por parte de la sociedad en aquel momento, que hizo que tuviera que padecer una situación y un trato injusto que, con el paso de los años, creemos que debe servir para hacer reflexionar a mucha gente», señaló hace unos días la alcaldesa, María Barral.

#hemeroteca #homenajes | Dolores Vázquez, homenajeada en Betanzos: «Ese perdón oficial del Gobierno tendría que llegar, por no decir otras cosas»

El Ayuntamiento de Betanzos homenajea a Dolores Vázquez //

Dolores Vázquez, homenajeada en Betanzos: «Ese perdón oficial del Gobierno tendría que llegar, por no decir otras cosas»

Culpada injustamente por el caso Wanninkhof, recibió el premio Úrsula Meléndez de Texeda. «Es un día tan feliz como no recuerdo en muchos años»
David García | la Voz de Galicia, 2025-03-23
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/betanzos/2025/03/23/dolores-vazquez-homenajeada-betanzos-perdon-oficial-tendria-llegar-decir-/00031742729462369124856.htm 

El Ayuntamiento de Betanzos entregó este domingo el XVII premio Úrsula Meléndez de Texeda a la betanceira Dolores Vázquez Mosquera, vecina que cumplió condena injustamente por el caso Wanninkhof, que se remonta a 1999. Pronunció un discurso improvisado en un acto en el que «se ha plantado una pequeña plantita para otras zonas de España que quieran reconocer el error, siempre estaré abierta, no guardo rencor». Una vez concluido, explicó que se sintió «un poco incómoda porque nunca quiso hacer nada», aunque agradeció el apoyo durante todos estos años y aseguró que no guarda rencor. «Tengo los mismos amigos y han estado ahí para apoyarme», dijo antes de reconocer que «ese perdón oficial del Gobierno tendría que llegar, por no decir otras cosas más». Además, añadió que cuando regresó de Reino Unido, donde residió varios años, percibió que en Mijas (Málaga), localidad en la que sucedieron los hechos, todavía no se había olvidado todo lo ocurrido.

Emocionada ante un auditorio lleno, de hecho se tuvo que cambiar el lugar escogido por la notable afluencia de asistentes, Vázquez señaló que «esta sala está llena de amor y voy a ser un poco egoísta y voy a quedármelo todo», comenzó su alocución, en la que agradeció la presencia de vecinos y destacó que, en los siete años que lleva de vuelta en Betanzos, «nunca me sentí sola». «Al principio quería ir sola a tomar café para ver la reacción de la gente y cada día me sentaba en un bar distinto. Quería sentirme libre y de verdad os digo que no ha pasado un día en que no recuerde que alguien se acercaba y me preguntaba cómo estaba o si me quería sentar con ellos», relató Vázquez, que hizo gala de humor durante su intervención. «Eso me hizo más betanceira y desde entonces he salido muy poco de aquí porque me siento muy querida», añadió.

Dolores Vázquez aseguró que esta jornada «es un día tan feliz como no recuerdo en muchos años» y señaló que, desde que la alcaldesa de Betanzos, María Barral, el comunicó que le otorgarían este reconocimiento, no estuvo «nerviosa», sino que «deseaba que llegase este momento». Sorprendida por la cantidad de gente reunida, destacó que «me queréis como soy y os lo agradezco». En esa línea reconoció que el premio Úrsula Meléndez de Texeda «ha llegado en un buen momento de mi vida, no me lo esperaba. El sentirse mal o no querer, el no ser coherente con uno mismo solo consigue amargarse por dentro y eso jamás se conseguirá, siempre iré hacia adelante y lo que me den, bien recibido está, pero no me darán nada».

La alcaldesa de Betanzos, María Barral, explicó que «hoxe é un deses días marcados en vermello no Concello de Betanzos» y que el acto respondía a algo «que deberíamos ter feito antes». Calificó lo sufrido por Vázquez como «unha das maiores inxustizas da nosa historia recente» y reconoció que Betanzos «a túa cidade, débeche moito máis que palabras, débete xustiza, dignidade e a calor que che foi arrebatada cando máis a necesitabas».

«Fuches vícitima dunha sociedade que sinalou e dun sistema que condeoute sen probas, sen razóns e sen humanidade», dijo Barral, que añadió: «En nome de todos os betanceiros quero romper ese silencio e dicir que o sentimos, que perdón por ser víctima dunha sociedade terriblmente inxusta e por uns poderes do Estado que non estiveron ó teu carón. E polas miradas inxustas, cada dúbida, cada condea, cada xesto de abandono. Tamén estamos aquí para dicirte que te queremos e admiramos».

Barral, emocionada durante la intervención, aseguró que «nada pode devolver o tempo perdido, pero Betanzos lévate no seu corazón e a túa historia nunca será esquecida. A xustiza non son só tribunais, tamén é memoria e reparación, e hoxe queremos facer un mínimo porque nunca será suficiente». «Grazas pola túa valentía, exemplo e alegría inquebrantable», concluyó.

jueves, 2 de diciembre de 2021

#hemeroteca #lesbofobia | Dolores Vázquez en el corazón de la LGTBIfobia

Jot Down / Dolores Vázquez //

Dolores Vázquez en el corazón de la LGTBIfobia.

Alejandro Zambudio | Jot Down, 2021-12-02

https://www.jotdown.es/2021/12/dolores-vazquez-corazon-lgtbifobia/ 

Sintetizar el documental que recientemente HBO ha estrenado sobre el caso de Rocío Wanninkhof produce miedo. El caso a estas alturas es conocido por todos: la noche del 9 de octubre, en el pueblo malagueño de Mijas, Rocío Wanninkhof, una chica de diecisiete años, había desaparecido. De repente, Mijas, como Alcasser en su día, se convirtió en pasto de los medios de comunicación, que con curiosidad foránea, como quien se acerca a examinar las costumbres y los modos de vida de los colonos de una tierra ignota, se concentraron en el pueblo. El caso se había hecho masivo. El espectáculo había comenzado. En las sociedades marcadas por el modo de producción capitalista avanzado, el espectáculo lo es todo, tanto en su indefinición y en su concreción absoluta. Es la forma en que nos relacionamos a través de las imágenes que se construyen desde los grandes medios de comunicación. Es el modo en que asistimos a la degradación de la sociedad y el buen gusto. Pero nos encanta. Como sujetos pasivos nos encanta, nos permite por un lado ver cómo son otros quienes trabajan y se ensucian las manos al mostrarnos esa construcción artificial y dirigida del mundo. Es la contradicción entre la razón y nuestras vísceras. De ahí que el seguimiento de los casos judiciales más relevantes a través de los medios de comunicación sea el fiel reflejo de lo que somos.

Rocío Wanninkhof desapareció un 9 de octubre de 1999. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado decidieron dejar pasar un tiempo prudencial por si se trataba de una chiquillada, pero no. Debido a la presión de Alicia Hornos, madre de Rocío, emprenden la búsqueda de Rocío, a quien encontraron muerta el 2 de noviembre después de tres semanas de búsqueda. Se investigó a su entorno, empezando por su novio y por la madre. Los primeros días, como se cuentan en la producción, fueron infernales. No se encontraban indicios, mientras la opinión pública presionaba. Teníamos una chica desaparecida y, en medio, ante la lentitud del proceso, la necesidad de encontrar un culpable. Dolores Vázquez era una presa fácil: tranquila, silenciosa y distante. Poco dada a participar del ambiente del pueblo. Para más inri, había mantenido una relación sexoafectiva con Alicia Hornos y, claro, eso era un caramelo demasiado tentador para no explotarlo. Nunca hubo pruebas de cargo sólidas contra Dolores Vázquez, solamente conjeturas. Dolores Vázquez, desde el primer momento, tuvo que probar su inocencia, haciendo el trabajo de la acusación. Las únicas pruebas que tenían contra ella eran unas sábanas y unas mantas cuyos análisis de ADN reflejaron que no eran de su propiedad. Y, pese a todo, el juez de instrucción cometió la barrabasada de decretar la prisión preventiva para ella.

El documental es excelente en ese aspecto. No es una aberración de las que hace Netflix como los documentales de Alcasser, Nevenka Fernández o Marta del Castillo. La pluralidad de testimonios, de voces, le da a la producción muchísima riqueza. Alicia Hornos consigue desde el primer momento hacernos partícipe de su delirio. Veinte años después del caso, aún sigue creyendo que fue Vázquez quien mató a su hija, como Mario Conde, que casi treinta años después, cree que su entrada en prisión se debió a una confabulación de Felipe González y del PSOE.

Mención especial merece el abogado de Vázquez: Pedro Apalategui y su enorme labor tanto jurídica como humana, entablando con su clienta una relación personal que aún perdura. Basó su defensa en la inexistencia de pruebas de ADN que incriminasen a su defendida durante la diligencia de inspección ocular y en la utilización del indicio por parte de la acusación para solicitar la prisión preventiva. Apalategui, un abogado curtido en batallas de esta índole, fue el encargado de hacer, en la medida de lo posible, de Dolores Vázquez una Sócrates serena esperando la acusación de los sofistas.

El análisis de los miembros del jurado es otro de los grandes momentos del documental, con la entrevista a dos de sus miembros. El primero de ellos, visiblemente asustado y con cara de «tierra, trágame», admitió que Vázquez estaba condenada de antemano. Otra de las integrantes salió con el rostro cubierto de la vergüenza que sentía. Los juicios con jurado son el error: no hay juez que no tiemble cuando tiene que acomodar los trámites del proceso para que este sea enjuiciado por el tribunal del jurado. Pedro Apalategui tembló literalmente cuando se enteró. El principal problema de los jurados en este tipo de procesos es que se les pide que no se dejen llevar por prejuicios, que actúen con imparcialidad y que olviden que son padres por un momento. A grandes rasgos, les piden que dejen de ser personas.

Tony King: el estrangulador de Holloway

Mientras Dolores Vázquez se encontraba en prisión preventiva, empezó la maniobra de desgaste para arrancarle una confesión. Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla, declaró en el documental que el trato que recibió Dolores Vázquez fue «degradante» y que incluso «podría haber sido constitutivo de un delito de torturas». La policía no paró de amedrentarla en el centro penitenciario de Alhaurín de la Torre. Dolores Vázquez parecía el personaje de una novela de Juan Madrid. Mientras estaba en la cárcel, Vázquez sufría los insultos de otras presas, algún funcionario de prisiones se apiadó de ello e intentó animarla. Pero la cárcel acaba matando el alma poco a poco.

Su caso dio un giro radical cuando encontraron el cadáver de Sonia Carabantes, desaparecida en Coín en agosto de 2003. El cuerpo presentaba signos de lucha. En el forcejeo, Sonia arañó al asesino. Los restos biológicos arrojaron que coincidían con la saliva de una colilla del lugar donde mataron a Rocío. Cecilia King dio la voz de alarma y denunció a su marido. La misma noche del asesinato de Carabantes, King apareció con cortes en la cara y en los brazos. La mujer comenzó desmontar sus excusas sobre los arañazos o sus contradicciones sobre el lugar en el que se encontraba cuando encontraron el cadáver de Carabantes. Habló con una amiga sobre sus dudas y puso su hipótesis en conocimiento de los investigadores. Las sospechas se dirigían ahora contra Tony Alexander King: el estrangulador de Holloway.

King cumplió condena en el Reino Unido y el juez le concedió la libertad condicional. La legislación británica le permitió el derecho a poder cambiar su apellido. El juez británico que le condenó en 1986 consideró que su comportamiento criminal estaba inducido por sus «deficiencias o incapacidades sexuales». Era impotente. Y después de que le concedieran la condicional se trasladó a la Costa del Sol. King, un individuo chulesco, arrogante, de escasa capacidad de autocontrol y que fanfarroneaba sobre sus relaciones con la mafia, se convirtió en uno de los hombres más peligrosos de Europa para la Interpol. Las autoridades españolas actuaron con notoria negligencia. El Ministerio de Interior dirigido por Ángel Acebes ignoró la información que le facilitó en 1998 la policía británica sobre el historial delictivo de Tony King en el Reino Unido. Acebes declaró que, puesto que las autoridades británicas no habían solicitado su extradición, no lo consideraban un peligro.

Dolores Vázquez fue excarcelada después de quinientos diecinueve días en prisión preventiva. Su letrado le aconsejó que ofreciera ruedas de prensa dando su versión de los hechos. La misma opinión pública que la había condenado quizás pudiera presionar a favor de su absolución. La prensa había convertido su domicilio en un centro de peregrinación, como la mansión en la que vivía Roman Polanski con Sharon Tate, o el piso en el que Mark David Chapman mató a John Lennon. A instancia de su letrado, Vázquez daba ruedas de prensa en las que no paraba de defender su inocencia. La opinión pública acudía como las moscas a la fruta, intentando roer cada uno de sus huesos y sus entrañas para debilitar sus defensas. Tony King fue finalmente condenado a treinta y seis años de prisión por los crímenes de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes en noviembre de 2005.

El mito de la lesbiana pérfida

El aspecto más controvertido y, al mismo tiempo, más interesante del documental, fueron las declaraciones de Beatriz Gimeno hablando del mito de la lesbiana insidiosa. A Dolores Vázquez la masculinizaron para que no pareciera mujer desde los medios de comunicación. No había nada reseñable en la actitud de Dolores Vázquez porque no daba pábulo a ello: subía y bajaba del coche o de la furgoneta que la trasladaba al juzgado. No se encaraba con nadie, a diferencia de Tony King, que sí mantenía una actitud de chulería con los medios de comunicación. Su linchamiento mediático cumplió varios fines, pero el principal fue el de reproducir el papel de la lesbofobia en las sociedades liberales: servir de régimen de control de la sexualidad de las mujeres poniendo muchas de las herramientas utilizadas secularmente para subordinarlas a los dictados de la heteronormatividad. La construcción de Dolores Vázquez como personaje está sacudida por el mito de la representación de la lesbiana y por la ansiedad misógina que se proyecta hacia lesbofobia. La imagen que se tiene de las lesbianas está hecha para satisfacer los deseos y necesidades del mundo heterosexual, nunca de las lesbianas. Beatriz Gimeno escribió un excelente libro sobre el caso de Rocío Wanninkhof titulado ‘La construcción de la lesbiana perversa’, en el que analizó el discurso de la homofobia en los medios de comunicación y su impacto en Dolores Vázquez.

La homofobia dentro de los sistemas liberales propone formas de discriminación mucho más sutiles que las tradicionales: se trata de pregonar cierta tolerancia hacia el colectivo LGTBI siempre y cuando acepten su papel secundario dentro de la sociedad. Aceptamos la homosexualidad siempre y cuando se ciña al ámbito privado. No nos gusta que los hombres con 'pluma' y las mujeres 'machorras' hagan manifestaciones de cariño en público. Para ello, hay que usar el armario: la herramienta de control de la sexualidad del colectivo LGTBI y de su silencio. El armario proyecta subjetividades controladas por el sistema patriarcal. Del mismo modo que el patriarcado juega con la dicotomía santa vs. puta en la manifestación de la conducta sexual de las mujeres heterosexuales, el armario delimitó el papel entre las «buenas lesbianas» y las «malas lesbianas» durante décadas.

La negativa por parte de los jueces, del fiscal y de los medios de comunicación que hicieron la cobertura de ver a una familia lesbiana obstaculizó la comprensión del caso. Solo Toñi Moreno, dentro de la prensa, puso de su parte e intentó devolverle la honra a Dolores. El papel de Alicia Hornos fue fundamental en la construcción del mito de la lesbiana pérfida. Alicia se muestra como un ser de luz: una mujer que sufre por amor y se siente herida. La lesbofobia implica construir una imagen tan negativa de la lesbiana que haga imposible que la ciudadanía pueda identificarse con ella. De ahí que Alicia Hornos emergiera como la Caperucita seducida por el Lobo Feroz. Papel que aún sigue desempeñando en su alteración morbosa de la realidad.

El tratamiento de la LGTBIfobia por parte de los medios de comunicación de la época fue un ejemplo de mala praxis, como sucedió en su momento con el caso Arny. El caso Arny fue uno de los más sonados de la década de los noventa e implicó a varios famosos como Jesús Vázquez o Jorge Cadaval en una presunta trama de corrupción de menores en el bar Arny, en Sevilla. Las pesquisas policiales y judiciales averiguaron que se trató de un montaje ideado por los sectores más clasista de la sociedad sevillana en su caza de brujas particular contra el colectivo gay. La sociedad, para saldar cuentas con Jesús Vázquez, lo encumbraría después como uno de los personajes más relevantes de la España de los noventa.

Con Dolores Vázquez ni siquiera hubo disculpas. Después de que se demostrase su inocencia, nadie se retractó desde los medios de comunicación. El machismo también juega un papel fundamental aquí, porque esta la homofobia opera según los constructos hegemónicos de género, mandatos en los que la sexualidad masculina es valorada y apreciada, la femenina está denostada. Mientras los gays son 'sujetos' de consumo, las lesbianas son objetos de consumo, análisis que la propia Gimeno detalla en su libro. Si el lesbianismo se construye sobre el tópico de la mujer masculinizada en el aspecto físico, también se elabora desde la atribución de un remarcado carácter desequilibrado. Los medios de comunicación subrayaban que la acusada no tenía un carácter femenino: ni gritó, ni lloró, ni se comportó como una «histérica», convirtiéndose en la Jean-Claude Romand —el protagonista de 'El adversario' de Emmanuel Carrère— española. Además, ni siquiera fue indemnizada por parte del Tribunal Supremo por el manifiesto error judicial.

Entrando en el aspecto jurídico, el caso de Dolores Vázquez también puso de manifiesto la escasa operatividad de los jurados en España. Veintiséis años después de su entrada en vigor, la experiencia no ha podido ser más desalentadora. Los fracasos del modelo español han sido resonantes. Demasiada responsabilidad y, además, se paga poco y mal a los miembros del jurado. El jurado no educa en valores democráticos, sino que más bien acaba con ellos, porque sus miembros llegan más que intoxicados por el ruido de los medios de comunicación a las sesiones de juicio oral. Lo idóneo sería apostar por un modelo escabinado, con un juez de carrera u otro experto en derecho penal guiándolos y resolviendo sus dudas. Tampoco entiendo que el jurado sea un deber para los ciudadanos, puesto que colisiona frontalmente con el artículo 125 de la Constitución, que remarca que la participación ciudadana en la Administración de Justicia es un derecho.

Casos como el de Rocío Wanninkhof, José Bretón o Marta del Castillo presentan errores de instrucción importantes: en el de Marta del Castillo se actuó tarde y mal. Se descubrió que los protocolos con los que contaba la policía brillaban por su ausencia; en el de José Bretón, la policía científica infringió la cadena de custodia, mezclando huesos de animales con los restos óseos de Ruth y José. La prisa por cerrar la instrucción de este tipo de casos da lugar a soluciones precipitadas y a agujeros de gran calado en las investigaciones. Por si fuera poco, la poca cultura que hay en este país de respeto al sumario —siempre hay alguien que los acaba filtrando— dificulta las investigaciones. Nada le queda a Dolores Vázquez de aquellos años salvo un ictus que le dio debido al sufrimiento padecido durante el proceso. El mismo que todavía Alicia Hornos le niega.

jueves, 21 de octubre de 2021

#hemeroteca #lesbofobia #testimonios | Dolores Vázquez rompe su silencio: Una vida truncada por errores no reparados

Noticias de Gipuzkoa / Dolores Vázquez //

Dolores Vázquez rompe su silencio: Una vida truncada por errores no reparados.

HBO Max llega al Estado con el documental "Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof" como principal reclamo.
RC / EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2021-10-21
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/vivir-on/tv-y-cine/2021/10/21/dolores-vazquez-rompe-silencio-vida/1150916.html

Tras casi dos décadas sin hablar en los medios intentando llevar una vida normal, Dolores Vázquez, la falsa acusada del "Caso Wanninkhof", ha roto su silencio en una serie documental para HBO Max que reúne los testimonios de varios implicados en un caso que fue el paradigma de los errores judiciales y de los "circos mediáticos" en torno a los sucesos.

"Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof", que se estrena el próximo 26 de octubre en la plataforma, contiene el testimonio de Vázquez, quien no ha podido rehacer su vida desde el crimen de Rocío Wanninkhof y que nunca ha recibido disculpa oficial, ni indemnización, por los 519 días en prisión que pasó por un crimen que no cometió.

"Yo siempre he pedido un perdón por parte de la Guardia Civil, del Ministerio de Interior, por parte del fiscal, que admitan que se han equivocado conmigo. Y con ese perdón, una palabra tan sencilla y tan grande para mí, ¿Qué les cuesta decírmelo?", apunta Vázquez en el documental, producido por Unicorn en España para HBO Max, que consta de seis episodios de 50 minutos.

Después de unos años malviviendo en Inglaterra, a donde huyó después de ser exculpada en busca de anonimato y para escapar de las calumnias y señalamientos (era uno de los rostros más populares de la época), regresó a España y sobrevive en Betanzos (Galicia) donde nació, con una pensión de 415,22 euros por haber cuidado de su madre durante años y una carga que todavía no ha podido soltar.

"Para Dolores se paró su vida el 9 de octubre del año 1999 cuando se muere Rocío y luego cuando un año después la detienen. Y se ha parado de verdad. Ha vivido como en un bucle. Cuando yo la llamo y me siento con ella veo que no ha cambiado nada", cuenta a Efe la periodista Toñi Moreno, productora ejecutiva del documental, quien cubrió el suceso en sus primeros años de profesión para un canal local de Andalucía.

El caso se remonta a 1999, cuando la joven Rocío Wanninkhof de 19 años desapareció en Mijas (Málaga) y, tras varias semanas de búsqueda y con los medios de comunicación volcados en el caso, apareció su cadáver.

Sin sospechosos claros y ante una gran presión social, Dolores Vázquez, expareja de su madre, fue detenida sin pruebas claras y, después de un juicio plagado de irregularidades, un jurado popular la declaró culpable de un "crimen pasional". Pasó 519 días en la cárcel hasta que se ordenó la repetición del juicio.

Entre tanto, en 2003 apareció en Coín (Málaga) el cuerpo sin vida de otra adolescente, Sonia Carabantes. La policía encontró a su asesino, el británico Tony Alexander King, y al cotejar las muestras con el caso Wanninkhof se descubrió que era el mismo culpable y Vázquez quedó exculpada.

"Pienso que toda mi vida se la debo a Sonia Carabantes y no hay noche que no piense en ello", apunta Vázquez en el documental que en el que ha participado porque necesita "que la gente sepa más del caso y que esto no vuelva a ocurrir".

"Este documental se hace para que aprendan los que vienen nuevos. Ella, una cosa que me decía es que la gente que está estudiando derecho no conoce su caso. Ni la gente que estudia periodismo. Que no vuelva a pasar, esto es lo que pretendemos", apunta Moreno sobre este documental, que "destapa las desvergüenzas de nuestro país".

"Nadie hizo bien su trabajo, ni yo misma. Yo también la juzgué como periodista. Ni los periodistas, ni los jueces, ni los investigadores hicieron bien su trabajo", apunta la comunicadora, haciendo alusión al "circo mediático" que se organizó en torno al caso, impulsado en gran parte por las frecuentes apariciones televisivas de la madre de Rocío, Alicia Hornos, quien hoy todavía sigue acusando a Vázquez de estar implicada.

Hornos también aparece en el documental, defendiendo su versión. "Alicia para mí fue otra víctima. A ella le contaron que esta mujer había matado a su hija. Y ella utilizó todos los instrumentos que pudo como madre porque se creyó la versión de la Guardia Civil. Yo creo que Alicia sabe perfectamente la verdad, que las dos se han querido mucho y que son víctimas de todo lo que pasó", apunta Moreno.

En "Dolores: la verdad sobre el caso Wanninkhof" se hace además alusión a los vagos motivos que la llevaron a prisión, entre ellos su sexualidad, en una época en la que la homosexualidad estaba fuera de toda normalidad. "A esta señora se la detuvo porque tuvo muy mala suerte, hubo un cúmulo de errores, como el proceso de Kafka, que encajaban todos, por lesbiana, porque era dura en su gesto. Pero ya está. No había ni una sola prueba. Nadie logró ponerla en el lugar de los hechos", señala Moreno.

sábado, 17 de abril de 2021

#hemeroteca #violenciamachista | La verdad del documental sobre Rocío Carrasco

Imagen: Público / Rocío Carrasco

La verdad del documental sobre Rocío Carrasco.

Beatriz Gimeno · Directora del Instituto de las Mujeres | Público, 2021-04-17

https://blogs.publico.es/dominiopublico/37526/la-verdad-del-documental-sobre-rocio-carrasco/ 

Hace años escribí un libro, ‘La construcción de la lesbiana perversa’, sobre cómo los medios de comunicación serios (entonces eran serios) construyeron a Dolores Vázquez como la asesina perfecta de Rocío Wanninkhof. Comienzo contando en el libro que, al principio, yo misma pensé que Dolores Vázquez era la asesina. Si la habían detenido, si la fiscalía la acusaba de algo tan grave como el asesinato de una menor, alguna prueba debían tener. No puse demasiada atención en aquella historia.

Cada una de nosotras se pone en guardia ante determinadas situaciones. Por cuestiones ideológicas, familiares, de costumbre, por trabajo…es decir, cada uno/a tiene las antenas dispuestas ante determinadas cosas, pero no las tiene puestas todo el tiempo ante absolutamente todo. Y sí, se supone que mis antenas debían estar dispuestas para prevenirme ante la lesbofobia, pero no lo estaban, ante mi propio estupor. En aquellos años -que no eran estos- parecía que la mayoría de los medios, de los que entonces llamábamos "serios", aun informaban con un mínimo de rigor, aun con su sesgo ideológico, los bulos periodísticos no existían en determinada prensa y a mí, ya digo, sin prestarle demasiada atención, me parecía que la prensa no había caído en el sensacionalismo al informar del caso.

Y eso me pareció suficiente garantía. Cuando apareció el asesino de Rocío me pasé un par de años indagando en esa misma prensa para descubrir por qué yo misma (y supongo que la mayoría de la gente) habíamos llegado a creer que la inocente era culpable. Y eso es mi libro. El relato de cómo la llamada prensa seria construyó, artículo a artículo, un personaje siniestro y culpable a partir de una mujer inocente cuya única culpa era ser lesbiana. Un personaje tradicional de la misoginia, la lesbiana perversa, estaba escondida para aparecer cuando muchas podíamos pensar que era ya un personaje desgastado y, justo por eso, cuando ya teníamos las antenas parcialmente desactivadas.

Han pasado muchos años y ahora nada es igual. Una gran parte de esa llamada prensa seria ya ni es prensa ni es seria y todas nos movemos en medio de bulos, mentiras y desinformación de la que no es sencillo extraer la verdad. Supongo que ahora, sin embargo, tendría las antenas mejor orientadas. Creo que la proliferación de mentiras hace que muchos tengamos el sensor más afinado. He estado pensando en estas cosas mientras he visto el documental sobre Rocío Carrasco, que me ha parecido fascinante para hacer un estudio.

Sería un estudio mucho menos "intelectual" que aquel, en otro plano, pero con similitudes también. Aquel lo hice investigando sólo tres periódicos. Este podría ser un estudio de la construcción de la madre perversa (otro personaje femenino de la misoginia tradicional, tan vigente) a través de los mal llamados programas "de entretenimiento". El documental sobre Rocío es fascinante y terrible. Es terrible porque el sufrimiento de esa mujer, un sufrimiento derivado de la injusticia patriarcal, nos llega a todas y nos da directamente en el estómago.

Pero es fascinante como documento porque es un relato casi perfecto de lo que supone el acoso machista en una pareja y lo fácil que resulta todavía construir el personaje de una mala madre. Este documental es como ver las tripas de la bestia extendidas en una mesa. No le falta detalle. Maltrato físico, psicológico, infidelidad, luz de gas, violencia a través de los hijos/as, aislamiento social y familiar, alineamiento familiar y de la sociedad con el maltratador, autoculpabilización, miedo, deseo de muerte, justicia patriarcal, y todo tipo de mitos sobre lo que debe ser y no debe ser una madre. Si fuera un guion escrito para enseñar lo que puede suponer el machismo en una separación y el maltrato a una mujer a través de su maternidad, nadie lo hubiera escrito mejor. Podría servir para dar clase. Es esto, podríamos decir a las alumnas: es esto.

Las cadenas de televisión y las revistas del corazón que han sido las transmisoras de esta historia han construido el personaje de Rocío como una mala mujer y una mala madre (que suele ser lo mismo) y, a partir de esta imagen, la han machacado durante 20 años. La diferencia es que aquí, todo es mucho más epidérmico que en el caso de Dolores Vázquez. Yo no conocía nada de lo que estoy viendo estos días en la televisión pero si en el caso de Dolores Vázquez había que leer entre líneas cómo tal o cual periódico culpabilizaba a Dolores utilizando determinados adjetivos que nos remitían a imágenes inconscientes que todas y todos llevamos dentro en esta cultura, basta escuchar dos veces a Antonio David, para darse cuenta de lo que hay.

Y lo que hay no es sólo un ejemplo palmario de lo que llamamos violencia vicaria a través de los hijos contra una madre; lo que hay es la dificultad de probar la violencia psicológica, lo que hay es una sociedad que siempre sospecha de ella antes que de él, aunque él sea un ejemplo paradigmático de lo que no debe ser un padre responsable. Lo que hay es un acoso mediático y social ante una mujer que no tiene manera humana de defenderse. Lo que hay son familiares cobardes que se ponen de parte del que parece más fuerte, lo que hay es soledad y desamparo de la víctima. Lo que hay son mal llamados periodistas que cuentan lo que sea sin comprobar si es verdad o mentira porque, en realidad, eso no importa: las madres tiene que inmolarse, literalmente, en un pira por sus hijos o, de lo contrario son malas madres. El cuestionamiento de Rocío como madre me ha recordado al cuestionamiento de las mujeres violadas. ¿No puso en riesgo su propia vida al defenderse? Entonces no la violaron. ¿No murió cuando dejó de ver a sus hijos? Entonces es mala madre.

A mí no me importa que el caso se conozca por medio de la misma cadena que ha creado al monstruo; quizá fuera la única posibilidad para esta mujer de que su historia se conociera y de poder salir del círculo de horror en el que ha estado inmersa todos estos años. Lo que tenemos es un documento casi insustituible en la visibilización de la violencia machista contra las madres. Claro que la cadena no lo muestra para hacer el bien y luchar contra el patriarcado, pero lo cierto es que quien ha dirigido el documental ha confeccionado un documento tan verdadero, tan descarnado, que trasciende con mucho la intención de la cadena que, mañana mismo, creará otra víctima propiciatoria si tiene ocasión.

Pero el documental de Rocío Carrasco quedará para ser mostrado y estudiado en otros foros. Y en medio del griterío del mal llamado debate posterior, al menos han tenido el gesto de poner a Ana Bernal, una experta en violencia de género para que quien está viéndolo tenga algo de verdad a la que agarrarse. El documental es eso, autenticidad, y la verdad no importa dónde aparezca porque siempre puede salvar a alguien.

domingo, 18 de agosto de 2019

#hemeroteca #lesbofobia #justicia #medios | El asesinato de Rocío Wanninkhof: "¿Y no es posible que la haya matado sin darme cuenta?"

Imagen. El Mundo / Dolores Vázquez
El asesinato de Rocío Wanninkhof: "¿Y no es posible que la haya matado sin darme cuenta?"
Esa era la pregunta que Dolores Vázquez, condenada sin pruebas en 1999, le hacía a su abogado cuando la visitaba en prisión. El caso no se resolvería 2003, cuando se detuvo a Tony King.
Emilia Landaluce | El Mundo, 2019-08-18
https://www.elmundo.es/espana/2019/08/18/5d582e2221efa0c4038b45a8.html

Durante los 17 meses que Dolores Vázquez (hoy 67 años) estuvo injustamente en la cárcel, Pedro Apalategui (Madrid, 1947), su abogado, nunca faltó un sábado a la prisión de Alahurín de la Torre (Málaga). Sus visitas, recuerda el prestigioso letrado malagueño, eran "el único nexo que ataba a Dolores a la cordura".

Cuando se le recuerda el caso Wanninkhof, Apalategui tiene grabada una frase que por mucho que lo intente nunca podrá olvidar. Vázquez le hizo una pregunta tras varios meses de interrogatorios estériles de la Guardia Civil y multitud de horas de televisión en las que, con el aliento tétrico del periodismo más carroñero, Alicia Hornos, su ex pareja y la madre de Rocío Wanninkhof, llegó a acusarla de haber matado a su hija. Por supuesto, también hubo cientos de publicaciones de prensa. Una muestra de un artículo titulado "La peor venganza": "Si su desengaño, su resentimiento, su aversión, llegaba hasta los extremos que ha demostrado, hasta maquinar quitarle la vida a una persona, ¿por qué no eligió a quién le hacía experimentar tan tenebrosos sentimientos en vez de sentenciar a una de sus hijas?". Hasta ese punto alcanzó la presión ambiental. Por eso, no nos debería sorprender que Dolores, inocente, preguntara a su abogado. "Pedro, ¿y no es posible que yo haya matado a Rocío sin darme cuenta y no me acuerde?".

A Apalategui se le encogía el corazón cuando escuchaba estas palabras. Pero entendía lo que podía sentir Loli, su clienta y también su causa. Apenas unos minutos antes, cuando la megafonía de la cárcel había llamado a Dolores Vázquez para la visita, el resto de las presas había replicado con un coro ya habitual. "Asesina, asesina, asesina".

Dudar de la compañera de celda
La angustia era tal que desconfiaba de la compañera de celda que le habían asignado para librarla de la tentación del suicidio. Dolores pensaba que tenía el encargo de espiarla mientras dormía por si confesaba en sueños. [De eso que no se acordaba que había hecho]. Esto lo contaba la propia Dolores en 2013 durante una conferencia en el Observatorio de la presunción de inocencia y los juicios paralelos, convocado por la Fundación Fernando Pombo, la Fundación Wolters Kluwer y la Universidad Carlos III.

Los que acudieron a tan excepcional conferencia se quedaron asombrados por la dulzura y la tranquilidad con la que hablaba Vázquez, un carácter muy diferente al que habían descrito los medios durante los casi cuatro años que duró su calvario judicial y mediático. "Fría, calculadora y agresiva" son tres de los adjetivos que más repetían en las crónicas de sucesos de la época y en los programas de televisión dedicados al caso en los que por supuesto no faltaba Alicia Hornos, madre la víctima, en (y es excusable) 'shock' por la pérdida de su hija.

En realidad, los tres adjetivos provenían de un dudoso estudio realizado por una psicóloga de la Guardia Civil que testificó en el juicio. "Tiene explosiones de odio, genio incontrolado y reacciones de vida típica de los maltratadores".

Lo más duro de las palabras de Dolores Vázquez -"¿y no es posible que la haya matado...?"- es que la presión ambiental -brutal e inmisericorde- le hizo hasta dudar de sí misma. Pero Dolores no tuvo nada que ver con lo que Tony King (en realidad Tony Bromwich, bautizado en Reino Unido como el ‘estrangulador de Holloway’ y con un amplio historial como depredador sexual) hizo el 9 de octubre de 1999 cuando se topó con Rocío Wanninkhof, de 19 años. La joven recorría los 500 metros que separaban la casa en la que vivía su novio de su propio hogar en Mijas. Un relato breve de lo que confesaría el asesino cuatro años después, cuando fue detenido por acabar con la vida de otra joven, Sonia Carabantes: Rocío se adentró en una calle poco transitada y Tony King le puso una navaja en el cuello. Ella trató de deshacerse de su macabro abrazo y la navaja le desgarró el cuello. King comprendió enseguida que había llegado demasiado lejos y comenzó a apuñalar a Rocío. Lo hizo en nueve ocasiones. La autopsia reveló que sólo una de ellas había sido de frente.

Grito espantoso
Un taxista que pasaba contó a la Policía que sobre las 22.00 horas de aquel día había escuchado un grito espantoso que le puso los "vellos de punta". ¿Y qué hizo? "Me asusté y cerré rápidamente las ventanas del taxi".

Es de suponer que el asesinato hizo que King se recuperara súbitamente de su borrachera. Primero cubrió el cuerpo con unas ramas pero tras deambular unos pocos minutos volvió a la escena del crimen: tomó la navaja y las ropas ensangrentadas y condujo hasta la costa para tirar al mar las pruebas. También se llevó el cuerpo. Dos semanas después, decidió quemarlo en El Rodeíto, un paraje pasado Marbella. En el lugar del crimen sólo quedaron un pañuelo, las zapatillas de Rocío y un charco de sangre. Aunque se organizó un dispositivo de búsqueda, todos intuían el fatal desenlace de la ya bautizada como ‘joven de Mijas’, que se confirmaría el 2 de noviembre cuando su cuerpo semicalcinado apareció en El Rodeíto.

Los sucesos suelen seguir una pauta. La sociedad necesita culpables. Se descartó al novio, a un extranjero para el que Rocío trabajaba ocasionalmente de niñera, a un exhibicionista que vivía a pocos kilómetros... "Al que sea le vamos a matar con piedras", dijo un vecino a este periódico. "Hay que colgarle del árbol", declaró Amadeo Hornos, tío de la joven. En agosto de 2000, los medios publicaron las primeras informaciones de que se estaba investigando a una persona cercana a la víctima. El nombre de Dolores Vázquez no tardó en salir a la luz pública. Incluso algunos grabaron su detención en directo.

Loli Vázquez era la asesina ideal para la mentalidad de la época. Una mujer fuerte, independiente, una profesional con carrera y sobre todo lesbiana (había convivido 12 años con Alicia Hornos). La homosexualidad desafortunadamente no estaba entonces tan normalizada. Puede decirse que era la lesbiana perversa, un término que acuñó Beatriz Gimeno en su análisis del tratamiento mediático del caso. Radios, periódicos y televisiones contaron muchas cosas contradictorias. Que Dolores Vázquez consideraba que Rocío era la culpable de su ruptura y que por eso la odiaba; que había sido Dolores quien había decidido dejar a Alicia, que Dolores castigaba y maltrataba a Rocío.

Alicia Hornos se convirtió en una presencia habitual en los platós de TV. Dolores Vázquez, por pudor, había prohibido a Apalategui utilizar algo que hubiera zanjado el debate sobre su relación con la niña. Una libreta que le había regalado Rocío. "Eres una chica tan guapa, tan simpática, tan amable, tan bella, y tan gordita. Que te he regalado esta libretita. Así te quiero tanto como este corazón y si no te quisiera se rompería como este. Para Loli de Rocío", y el dibujo de tres corazones rojos, uno de los cuales está roto.

"Una encerrona"
Dolores Vázquez concedió una única entrevista. Por entonces ya se estaba preparando el juicio. ¿Cómo cree que saldrá?, le preguntaron. "Me han preparado una encerrona. Gane o pierda, esto que me está pasando me marcará de por vida, puesto que me han mostrado como la asesina de Rocío en todo el país", dijo. En realidad, la investigación de la Guardia Civil no había logrado ninguna prueba contra Vázquez. Las fibras encontradas en el cadáver no coincidían con la ropa de Vázquez. No había aparecido el arma homicida. No se encontró el coche, ni sangre en la ropa de la acusada.

Lo cierto es que por la ausencia de pruebas parecía imposible que Dolores Álvarez resultara condenada por el asesinado de la joven de Mijas. Y eso era lo que le comentaba Apalategui a su clienta en la víspera de la sentencia. Pero el juzgado popular ya la había condenado. El 25 de septiembre de 2001, el juez sentenció a María Dolores Vázquez a 15 años y un día de prisión y a una indemnización de 18 millones de pesetas.

La condena era tan escandalosa que en febrero de 2002, cinco meses más tarde, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordenó repetir el juicio. Dolores Vázquez, que llevaba 17 meses de prisión escuchando el "asesina, asesina, asesina", pudo volver a su casa y abrazar a su madre.

El caso dio un giro inesperado mientras Dolores preparaba el nuevo juicio con Apalategui. El 18 de septiembre de 2003 aparece muerta Sonia Carabantes y la Policía Nacional detiene a Tony King. Un análisis revela que sus huellas estaban también en una colilla al lado del cadáver de Rocío Wanninkhof. Como recuerda Apalategui: "La respuesta de la Guardia Civil no fue pedir disculpas a Dolores Vázquez. Para tapar las vergüenzas, volvió a utilizar los medios de comunicación, insistiendo en introducir a Dolores Vázquez en la escena. Los medios volvieron a utilizar las filtraciones de la Guardia sin comprobar si la noticia era o no cierta". Hasta se llegó a publicar que Tony King era un empleado de Dolores Vázquez.

La fama de Apalategui
Siempre que en España se produce un asesinato mediático, los abogados de los acusados tienden a llamar a Pedro Apalategui. El letrado diferencia los juicios paralelos de los juicios paralelos agresivos que toman tal denominación cuando existe una intención de violentar cualquiera de los bienes jurídicos que el proceso protege a través de la Constitución.

Años después todavía insiste en destacar las presiones sociales que recibió la Guardia Civil por no haber logrado resultados al poco de hallarse el cadáver. Como Apalategui precisó en una mesa redonda sobre la presunción de inocencia: "Estoy seguro de que la razón de la detención de Dolores Vázquez, las circunstancias en las que se produjo, son consecuencia de la intervención del Ministerio. La pretendida detención se produce a partir de puras conjeturas y juicios de valor personales de las fuerzas policiales que deciden culpabilizar a Dolores Vázquez. La reacción inicial de los medios, curiosamente en el domicilio de la persona acusada, anónima hasta aquel momento, es desproporcionada. La cobertura es en sí sospechosa ya que tres medios filmaron en directo la detención. A partir de entonces esa es la imagen de Dolores Vázquez que se repite una y otra vez. Se emitieron programas de televisión en cadenas nacionales en donde se hacían auténticos sondeos sobre la culpabilidad o inocencia de Dolores Vázquez, que, evidentemente, influyeron en el juez que se vio obligado a hacer una instrucción carente de pruebas e influenciada por la presión mediática".

Nada que no sigamos viendo en el tratamiento informativo de los muchos casos de corrupción -no fue un crimen que cambiase a mejor España- y sobre todo de asesinato. ¿Acaso no se acuerdan del espectáculo televisivo en el tiempo que estuvo desaparecida Diana Quer?

Dolores Vázquez trata de vivir -pese a que algo se le murió en aquellos 17 meses- en Galicia. No quiere que nadie vuelva a saber de ella. En su día reclamó cuatro millones de euros por los 519 días que estuvo en prisión. Hace poco, el Constitucional se posicionó por indemnizar todas "las prisiones provisionales que no terminen en una condena". En su única comparecencia, Dolores terminó con una frase lapidaria. "Nadie me ha pedido perdón".

lunes, 22 de abril de 2019

#hemeroteca #justicia | El regreso a Galicia de Dolores Vázquez, y el precio de la inocencia

Imagen: El Mundo / Dolores Vázquez
El regreso a Galicia de Dolores Vázquez, y el precio de la inocencia.
Ahora que va a cambiar el criterio para resarcir a los absueltos, vamos en su busca. Condenada por un crimen que no cometió, el de Rocío Wanninkhof, 20 años después ha vuelto a su tierra.
Leyre Iglesias | Crónica, El Mundo, 2019-04-22
https://www.elmundo.es/cronica/2019/04/22/5cb89411fc6c83ba718b46a2.html

Sus huellas se perdieron en la acomodada urbanización El Chaparral de Mijas (Málaga), hace 20 años tomada por fotógrafos y cámaras. El chalé grande y rosado que tantas veces salió por televisión aún se levanta en una de sus calles laberínticas, pero su antigua propietaria ya no reside en él. "De Lola aquí no queda nada", explica una vieja amiga que sale del cercano bar Oasis. "Ha empezado una nueva vida", añade. La empezó hace alrededor de un año. Dolores Vázquez, el rostro de la maldad en la década de los 2000, ha regresado a la España que la señaló injustamente. Aunque no a Mijas, sino a 1.116 kilómetros de allí. Lejos del lugar donde ocurrió todo.

Tras varios años de autoexilio en Inglaterra, Dolores Vázquez, a quien los medios de comunicación, la Justicia y prácticamente el país entero condenaron como culpable de un asesinato que no cometió -el de Rocío Wanninkhof, la joven hija de su ex novia-, ha vuelto a su tierra. Crónica la localiza en su pueblo natal, Betanzos (La Coruña).

Allí se compró a finales de 2017 un piso amplio con garaje, no lejos de donde vive una de sus hermanas. No trabaja y, como antes, empalma un cigarrillo con otro. Una conocida cuenta que a veces se la ve tomando algo con viejas amigas de la infancia. Y que en sus ventanas no ha puesto persianas porque "quiere verlo todo".

No está derrotada, según afirma otra fuente de su entorno, que pone un ejemplo: recientemente, ha participado como voluntaria en unas jornadas de la Casa de la Juventud de Betanzos. Vázquez aportó a los jóvenes del municipio "su experiencia en el mundo del turismo" -en su primera vida, la anónima, fue la exitosa directora de un hotel de Marbella- y los animó a emprender en el pueblo de 13.000 habitantes donde ella nació.

Sin embargo, aunque han pasado 20 años, Dolores Vázquez no quiere hablar con la prensa, según explica educadamente ella misma a este suplemento. Quizá prefiera mantener grabadas, sin adulterar, las últimas palabras que expresó en público allá por el año 2013: que aún nadie le ha pedido perdón.

Su historia como protagonista de uno de los mayores errores judiciales cometidos en la España del siglo XXI entronca ahora con una decisión inminente del Tribunal Constitucional. En un pleno que celebrará en breve, el alto tribunal cambiará su doctrina respecto al derecho de indemnización para los presos preventivos que hayan sido absueltos o cuyos casos hayan acabado en sobreseimiento libre.

Según adelantó El Mundo, se trata de una modificación relevante. En los últimos años sólo podían ser compensados económicamente quienes habían sido encarcelados de forma preventiva (antes del juicio) por delitos que después se demostrara que no habían tenido lugar. Por ejemplo, cuando la supuesta víctima mortal aparecía viva o se descubría que la cocaína atribuida al acusado era en realidad azúcar. Un criterio muy restrictivo, casi imposible.

Ahora el Constitucional pretende hacer una lectura más abierta. Obligará a cambiar la ley. Y, con ese giro, el nombre propio que emerge es el suyo: la nunca indemnizada Dolores Vázquez Mosquera. La falsa asesina, la que era culpable porque lo parecía. Fría, calculadora, el gesto arisco... Lesbiana. El rostro de la maldad. Y sin derecho -eso dijeron la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo- a recibir los cuatro millones de euros que ella había pedido porque consideraba justos.

El 'Caso Wanninkhof'

Mijas, noche del 9 de octubre de 1999. Rocío Wanninkhof, de 19 años, sale de la casa de su novio rumbo a la suya, a medio kilómetro de distancia. Pero no llega. Al día siguiente, su madre encuentra en un descampado cercano unas zapatillas de deporte, un pañuelo y sangre. Son de Rocío. Su cuerpo aparece tres semanas después, desnudo y en muy mal estado: ha sido apuñalada aunque no puede determinarse si la han violado. Varias circunstancias, como los terrenos donde ha sido hallado el cadáver, empujan a los investigadores a pensar que quien ha matado a Rocío es parte de su familia. Sus ojos se centran en Dolores.

Loli, como la llaman sus conocidos, es una mujer de carácter, y de éxito. Dirige el Hotel Sultán de Marbella y goza de una buena posición social. Para Rocío y su hermana Rosa, es una figura importante a raíz de su relación amorosa, ya rota, con la madre de ambas, Alicia Hornos. ¿Un crimen pasional entre mujeres? Morbo innegable.

El impacto mediático del caso es enorme y las pesquisas se aceleran. La Guardia Civil interviene el teléfono de Dolores y se infiltra en su círculo. A raíz de una controvertida investigación, con el argumento de que era un crimen motivado por "la venganza, el odio y el rencor", el 7 de septiembre del año 2000 Dolores Vázquez es arrestada entre gritos de "asesina" . El juez instructor la envía a la cárcel de forma preventiva. Varios vecinos intentan agredirla. Empieza, oficialmente, su calvario. Y España, a través de sus telediarios y sus programas del corazón, ya tiene a su culpable. Es un fenómeno mediático.

Entre agentes policiales, informes, jueces, fiscales y jurado popular, se dirá de ella -y se publicará- que es "fría, calculadora y agresiva", que en los interrogatorios no se derrumba y se muestra excesivamente amable, que unas fibras encontradas en el cadáver de Rocío se corresponden con prendas de Dolores (indicio que en un segundo examen quedará desmontado), que Rocío nunca la había aceptado y por eso la mató...

En septiembre de 2002 el jurado popular declaró a Dolores Vázquez culpable del asesinato de la hermosa Rocío. El juez de la Audiencia Provincial de Málaga Fernando González Zubieta la condenó a 15 años y un día de prisión y a indemnizar a la familia con 18 millones de pesetas.

Pero el caso no se cerró ahí. Cinco meses después, en febrero de 2002, ante el recurso del abogado de Dolores, Pedro Apalategui, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló la sentencia por considerar que hubo una "insuficiente motivación" para condenarla, y ordenó la celebración de un nuevo juicio. Al día siguiente, tras 17 meses en la cárcel, Dolores Vázquez salió a la calle.

El verdadero asesino

El juicio quedó fechado para octubre de 2003. Pero nunca se celebraría, porque pocos días antes, el caso dio un vuelco. El ADN encontrado en el cuerpo de Sonia Carabantes, otra joven asesinada en Coín, a 18 kilómetros de Mijas, coincidía con el ADN de la colilla de un cigarrillo encontrada en la investigación por la muerte de Rocío. Y no era el de Dolores, sino el de un británico llamado Tony Alexander King.

De modo que el juicio a Dolores Vázquez queda suspendido, su caso es sobreseído de forma provisional y King, condenado por el asesinato de Rocío. Pero a Dolores la vida se le ha hecho ya pedazos. Todo el mundo la conoce, la señala; la madre de Rocío aún la acusa de participar en el crimen. No tiene trabajo, nadie quiere contratarla. Está psicológicamente muy afectada. Desde que abandonó la cárcel recibe tratamiento. Sufre depresión y fuertes dolores de estómago.

Es en enero de 2006 -seis años largos después del asesinato que no cometió- cuando Dolores Vázquez inicia su batalla: reclama al Estado una reclamación de cuatro millones de euros alegando el "anormal" funcionamiento de la Administración de Justicia y acogiéndose a los artículos 292 y 294 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) que prevé indemnizaciones para este tipo de casos.

Su batalla judicial

La menor parte de ese montante, 51.600 euros, la solicita por sus 519 días en prisión, en función del sueldo que dejó de percibir en el hotel, las cuotas de hipoteca de la casa, la de la comunidad de propietarios, el IBI, la tasa de basuras y el impuesto de vehículos de tracción mecánica. El resto hasta los cuatro millones lo pide por daños morales. Denuncia que su honor ha sido pisoteado y presenta un informe psicológico en el que se recogen secuelas importantes que no le dejarían llevar una vida normal. Hay quien apunta al "síndrome del perro": está obsesionada por apuntar en una agenda todo lo que hace y le ocurre, memoriza las matrículas de los coches que cree que la siguen, teme tener el teléfono intervenido.

Pero la respuesta administrativa tardará. Primero el Ministerio de Justicia reconoció que se cometió con ella un error y propuso compensarla con 120.000 euros; no era vinculante. Por su parte, el Consejo General del Poder Judicial consideró que no había que hacerlo, al igual que el Ministerio del Interior. En 2010, la Presidencia del Gobierno, entonces en manos del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, le denegó la indemnización. Así que ella acudió a la Audiencia Nacional.

En 2012 llegaría la primera sentencia y, tres años después, otra más, ésta del Tribunal Supremo. Dijeron lo mismo: Dolores Vázquez no tiene derecho a cobrar. Sus argumentos: que, según la interpretación de la Ley Orgánica del Poder Judicial que se aplica desde 2010, sólo tiene derecho a indemnización quien haya estado en prisión preventiva por unos hechos que no hayan existido (y el crimen existió). Le recriminaron además que sus abogados se equivocaron al agarrarse a la motivación de que en su caso hubo un "anormal funcionamiento de la Administración de la Justicia", cuando deberían haber recurrido a otra vía legal, la del "error judicial", algo para lo que en el momento de la sentencia ya no tenía margen. La Abogacía del Estado llegó incluso a pretender que Dolores pagara las costas del procedimiento, aunque el Supremo aflojó un poco y le impuso pagar un máximo de 4.000 euros.

No todos los jueces estuvieron de acuerdo. Una magistrada de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Supremo firmó un voto particular a su favor. Era Margarita Robles, hoy ministra de Defensa. En su opinión, Vázquez hizo lo que debía según la jurisprudencia existente en 2006, y el hecho de que ésta hubiera cambiado después le generaba indefensión. No sirvió de nada.

Su huida a Inglaterra

Para entonces, Dolores Vázquez ya se había marchado de España. Según publicó El País, buscó refugio en una pequeña localidad al este de Londres, donde trabajaba para una empresa de transportes gestionando el horario de los repartidores. No le era un país ajeno: allí residía Elvira, su otra hermana, y además Dolores había pasado parte de su infancia en Inglaterra porque sus padres habían emigrado allí para trabajar.

Pasaron los años y Vázquez sólo quebró su aislamiento público en 2013, cuando, tras rechazar ofertas millonarias para sentarse en todo tipo de platós y contar su historia, se puso al fin frente a una cámara. Fue en un acto en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid que versaba sobre la presunción de inocencia y los juicios paralelos. Dolores Vázquez fue conferenciante por un día. La escuchó en silencio un público de juristas, fiscales y abogados.

En su discurso, de menos de cinco minutos, relató su calvario. Contenida, le costó reprimir las lágrimas.

"Lucho cada día por ello, me lo deben de notar en la cara, procuro sacar fuerzas cada día. He vencido muchísimos obstáculos, como coger la matrícula de un coche cuando aparco, fijarme si la persona que me sigue lleva gafas o no lleva gafas, hacer notas que todavía llevo en el bolso...".

"Pienso que de mí [los investigadores] sabían cosas, como que me asustaba la oscuridad. Esa noche [de la detención], como en un cuartito pequeñito, me apagaban la luz, acudían, apagaban la luz y venga: "Fuiste tú y fuiste tú y fuiste tú". (...) Y empezó mi infierno. Recuerdo que me decía la Guardia Civil: "Cuando terminemos contigo, ni tu abogado va a creer en ti"".

"Para mí no ha terminado la lucha. No es tanto la reclamación monetaria, es más que se demuestre a la sociedad española que soy totalmente inocente, que siempre lo he sido, que cuando vaya por la calle no haya codazos, que voy a El Corte Inglés a probarme unos zapatos, por decir una tienda, y que a los 20 minutos estoy rodeada de señoras: "Mira quién está, mira... (...) Todavía estoy pidiendo que alguien me diga un perdón, algo"".

"Todavía nadie me ha pedido perdón".

Arrojó la toalla

En la urbanización de El Chaparral de Mijas ya no queda rastro de ella. "¿Lola? Aquí ya no está... Ha vuelto de Inglaterra, sí, pero vendió el chalé y ahora se ha ido con su otra hermana a Betanzos. Búsquela allí, pero le aviso de que no quiere hablar con la prensa", dice su amiga junto a la antigua casa rosada. "Le destrozaron la vida. Y nunca le han pagado nada por lo que le hicieron".

Cuando sus recursos judiciales en España se estrellaron, el abogado de la empresaria anunció que pelearían hasta el final: acudirían al Tribunal Europeo de Derechos Humanos para defender el derecho de Dolores a ser indemnizada. Pero aquel paso no llegó a darlo nunca. Fuentes oficiales de esta institución han informado a Crónica de que en el tribunal no consta ningún asunto con el nombre y los apellidos de María Dolores Vázquez Mosquera. Desde el despacho de abogados lo corroboran: no están autorizados a explicar la razón, pero su clienta decidió no acudir a Estrasburgo. Paró de luchar.

De modo que a día de hoy, Vázquez no ha recibido compensación económica alguna por los 519 días que pasó entre rejas. Ni un euro, según confirman a este suplemento el Ministerio de Justicia y una de las abogadas que la representó.

La cuantía de las indemnizaciones en este tipo de casos varía. Por ejemplo, en 2016 el Tribunal Supremo obligó al Estado a pagar a una mujer encarcelada por un homicidio que no existió 60.000 euros por 542 días de prisión preventiva; es decir, 110,7 euros por día.

En cambio, en 1990 el mismo tribunal trató con mayor generosidad otro caso: el de una joven de 19 años imputada por robar una sucursal bancaria. Por 35 días en prisión, el Supremo impuso una indemnización de 12.000 euros, lo que arroja una media de casi 343 euros por día.

A sus 67 años, ¿puede el inminente cambio de doctrina beneficiar a Dolores Vázquez? Una vez aprobado, el artículo 249.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial deberá cambiar. Si ahora dice que "tendrán derecho a indemnización quienes, después de haber sufrido prisión preventiva, sean absueltos por inexistencia del hecho imputado o por esta misma causa haya sido dictado auto de sobreseimiento libre", en la nueva versión se eliminará la obligatoriedad de que el hecho imputado no exista.

Las posibles consecuencias del cambio ya han despertado recelos. Según indica el catedrático de Derecho Penal de la Universidad del País Vasco Norberto Javier de la Mata, el asunto no es baladí: la modificación podría abrir la puerta a miles de reclamaciones, apunta, y podría desnaturalizar la figura de la prisión preventiva. La Fiscalía se ha mostrado en contra del cambio en el que trabaja el Tribunal Constitucional. También el Gobierno, que podría verse abocado a regular las indemnizaciones y fijar un baremo de pago por día de prisión indebida, como sí ocurre en otros países de Europa. En Alemania, por ejemplo, se pagan 25 euros por día.

Cuando se lo explicamos, Dolores Vázquez no desiste. "No soy amiga de la prensa, pero no es nada personal", dijo hace seis años.

-Lo siento -responde ahora a Crónica-.No voy a decir nada.