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sábado, 26 de abril de 2025

#hemeroteca #lesbianismo #trans | Las sáficas también somos trans, deseamos trans y amamos trans

Manifestación contra el transodio en Madrid, 2025-03-29 //

Las sáficas también somos trans, deseamos trans y amamos trans

Resulta irónico que a quienes tanto nos han cuestionado la identidad de “mujeres de verdad” en función de nuestra expresión de género o la vida que decidimos emprender no levantemos antorchas al ver el mismo odio operando con estrategias similares.
Gonza M. Fontán | El Salto, 2025-04-26
https://www.elsaltodiario.com/opinion/saficas-tambien-somos-trans-deseamos-trans-amamos-trans 

En Reino Unido una lesbiana ya es definida oficialmente como una mujer cis que siente atracción por otra mujer cis. Oficialmente. La realidad es otra y conocemos algunos de los mantras más comunes acerca de la liquidez y fluidez de las etiquetas, de la definición de orientación, género y cada vez más —menos mal— sexo, como un espectro imposible de dividir en categorías binarias y rígidas. Irónicamente, este texto quiere defender la etiqueta lesbiana. Vamos a tener que esperar al final, porque tenemos deberes atrasados que me avergüenzan.

Resulta irónico que a quienes tanto nos han cuestionado la identidad de “mujeres de verdad” en función de nuestra expresión de género o la vida que decidimos emprender no levantemos antorchas al ver el mismo odio operando con estrategias similares, dirigido a quienes tanto hicieron por nosotres. A las que tiraron el primer ladrillo a un océano de distancia y derrumbaron los primeros tabúes en todas partes.

No nos equivoquemos: uno de los motivos —numerosos y complejos— por los que este ataque empieza por las mujeres trans es porque ellas constituyen la primera línea de batalla. Por algún motivo, todos los discursos retrógrados emitidos desde los mal llamados “feminismos” olvidan muy convenientemente la existencia de los hombres trans. Son ellas y ellos y elles quienes desafían de manera más brutal el estatismo de las estructuras de poder que en tan cómodo sillón sienta a algunos.

Al intentar profundizar en los motivos por los que en la comunidad lesbiana existe tanta transfobia —interiorizada o defendida—, nos encontramos con la misma piedra de siempre: un sistema cisheterosexual que nos lo ha explicado todo, y todo mal. El desprendimiento de las identidades lesbianas de la heteronorma viene dado muchas veces de manera inevitable e incluso ‘inintencionada’.

Otras, el lesbianismo se adapta a la norma para resultar socialmente más aceptable, pero este es otro tema. La transfobia, sin embargo, requiere con más frecuencia para las lesbianas de un trabajo consciente de reconstrucción de conceptos aprendidos. Tras años de chistes sobre pollas y de convencernos de que nos causaban repulsión, ahora resulta que pueden gustarnos. Que no era la falta de pene lo que hacía que nos pusiera nerviosas Jennifer Lawrence en 'Los juegos del hambre'. Fíjate, que con cinco penes de diferentes colores y materiales en el cajón de la mesilla, te cae por sorpresa que las transfeministas no quieran reducir nuestra orientación sexual ni identidad de género a cuerpos concretos.

Hace ya más de dos décadas que la revista ‘Anything that Moves’ promovía un nuevo Manifiesto bisexual que sustituía la expresión persona a la que atraen “hombres y mujeres” por “su género y otros”. A las personas bisexuales les debemos casi tanto y se lo reconocemos casi tan poco como a las personas trans.

Quizá es el momento de redefinir también el concepto lesbiana, no a la manera del Tribunal Supremo de Reino Unido, pero a la manera de la comunidad bisexual. Intento entrar en las mentes lesbianas que se niegan a aceptar que haya más de una manera de serlo y encuentro más miedo que teoría. Quizá es emocionalmente difícil asumir que deben replantearse una identidad que puede haber causado trabajo encontrar y cuya defensa implica una resistencia que puede agotar. Si este es el caso, veo un rayito de esperanza: no hay mala intención. Es una pena que la intención no sea lo que cuenta.

En unas jornadas Bibolleras por el 26A del año 2023, alguien acusó a la palabra lesbiana de apelar de manera exclusiva a mujeres cis y de haber perdido significado político. Agradecí la voz de una mujer, varias generaciones por encima de la mía, que puntualizó la existencia de mujeres lesbianas trans. Señaló que para ella eran términos que no podían excluirse ni desprenderse de su carga política, pues sus mayores referentes habían sido mujeres trans.

Había, sin embargo, una crítica legítima bajo esa falsa premisa. ¿Cuántas veces hemos explicado a le ginecólogue que es imposible que estemos embarazadas/es “porque somos lesbianas”? ¿Cuántas veces hemos dejado pasar un chiste referido a la aversión hacia las pollas, incluso de boca de una compañera? ¿Cuántas, cuántas veces hemos callado con la sangre hirviendo porque “ya me entiendes”? Tenemos que dejar de entender. Debemos forzar a les demás a encontrar palabras adecuadas y no hirientes a otros colectivos para hablar con nosotras y nosotres; no es nuestra labor ofrecerles un diccionario o permitir el desprecio a nuestras compañeras, hermanas, amantes... Por evitar un momento incómodo. Si total en esto tenemos ya un máster. Si tienes la suerte de no tenerlo, aquí va un truco: dile a le ginecólogue que nunca te acostaste con alguien con pene o que eres virgen, o mormona, depende del grado de divertimento que desees para ti y de incomodidad para le otre.

La sexualidad y el género son asuntos que se vuelven más líquidos y escurridizos cuanto más los estudias, en lugar de al revés. Esto puede resultarnos un alivio a algunes, como frustración a otres. La manera en que existimos en el mundo es una farsa en el sentido más profundo posible. Sin embargo, no se puede obviar que vivimos en una sociedad en la que todavía rigen ciertas normas y las personas no son ni deben ser daños colaterales. Se puede trabajar el presente con la mirada en el futuro. A medida que empezamos a deconstruir ideas y a alejarnos del binarismo, todos los límites se vuelven difusos.

En las jornadas comentadas anteriormente, se me realizó de manera directa la pregunta: “Si reconoces que te acostarías con una persona no binaria, ¿no deberías renunciar a la etiqueta de lesbiana y reconocerte bisexual?”. La respuesta breve y fácil es “no”. La que podría haber dado es que no tengo por qué responder a preguntas personales y directas en un debate. Suponer que a una lesbiana no le pueden atraer las mujeres trans es una gilipollez, por encima de todas las cosas, que no le pueden atraer las personas no binarias, otra; pero esconde un significado categóricamenre falso: que no existen lesbianas trans y no binarias.

Agradezco una única cosa a esa impertinente pregunta: me hizo reflexionar. ¿Qué manos me acompañaron en mi construcción como lesbiana y mi deconstrucción como mujer binaria? Resulta que fueron mis amigues bisexuales y bisexualas, mi primo trans no binario, mi amante bisexual, mi exnovia bisexual…

Tenemos derecho a las dudas y a no haber destrozado todo el discurso construido desde nuestra más temprana infancia (porque algunes no podemos decir tierna) en nuestras pequeñas cabezas. No es necesario, sin embargo, alzar la voz al respecto en internet, en círculos de poca confianza, en tu puto perfil de Tinder. Puedes abrir una conversación con tus amigas más íntimas en un lugar privado, puedes bucear internet o echarle una manito a ‘La respuesta a todo lo que le preguntarías a una tía trans’ de mi admirada Valentina Berr. No hagas nada que no quieras hacer con tu cuerpo. Ahora, haz el favor y tampoco te sientes a la mesa de un bar y creas que decir que nunca te acostarías con una tía trans no es transfobia interiorizada, no es ofensivo y, sobre todo, no es una generalización muy ignorante. No podemos ser un lugar de incomodidad para las personas que dieron sus vidas por nuestro derecho a existir, resistir y relacionarnos entre nosotras y nosotres.

Me resulta difícil escribir un texto celebratorio porque en estos momentos creo que hay un montón de autocrítica que hacer en lo referente a nuestro tratos con la B y la T, pero echo de menos el espacio de celebrar a todas las que defendemos una existencia lesbiana en la que las tres vamos de la mano para delante. Hoy quiero hacerlo: por todas las que somos instrumentalizadas en el discurso para defender ideas en las que no creemos; por todas y todes a les que se nos asocia a ideas retrógradas para que otras puedan fingirse defensoras de ideas progresistas. A ellas, con ellas, para ellas es el día de hoy. Para todes nosotres, sobre todo las lesbianas trans y no binarias.

El término lesbiana no necesita ser estático para ser válido, para ser reivindicable, reivindicativo y algo que defender con uñas y dientes. Las etiquetas evolucionan porque las personas y con ellas los movimientos sociales, y con ellos y con suerte el mundo, evolucionan.

Queremos la visibilidad, no la ventana; la vida, no el manual para vivirla; queremos gritar más alto que quienes blanden nuestra etiqueta para excluir. Quiero el orgullo del lesbianismo compartido, del rechazo a aplicar a otras una cisheteronorma que tantas heridas nos ha dejado. Queremos lamernos las heridas, lo más literal o figuradamente que nos venga en gana. Deseamos tirar las paredes de armarios e instituciones al tan olvidado grito de ‘por mí y por todes mis compañeres’.

miércoles, 7 de julio de 2021

#hemeroteca #homofobia #crimenesdeodio | A Samuel lo ha matado la homofobia, no su orientación sexual

Imagen: Yasss / 'Justicia para Samuel' en Madrid //

A Samuel lo ha matado la homofobia, no su orientación sexual.

El colectivo LGTBIQ+ reivindica este asesinato como un crimen homófobo y se han hecho eco de ello en las redes sociales y en las calles. "La homofobia no es solo pegarle a alguien una paliza por ser gay, sino también reírse de los 'chistes de maricas'". La policía no descarta ninguna hipótesis, pero no está centrando la investigación "por su condición sexual".
Enrique F. Aparicio | Yasss, 2021-07-07
https://www.yasss.es/actualidad/samuel-matado-homofobia-no-orientacion-sexual_18_3166548770.html 

A Samuel Luiz, enfermero de 24 años, lo mataron a golpes el pasado sábado en A Coruña. El brutal crimen ha desatado una ola de rechazo e indignación en toda España porque, según el relato de las amigas que estaban con él en ese momento, los agresores iniciaron la pelea y se ensañaron con él al grito de "maricón de mierda", lo que indica que la homofobia está detrás del suceso.

Sin embargo, desde muchos sectores se cuestiona al colectivo LGTBIQ+ y se le acusa de "politizar" (entendido como hacerlo público y colectivo, no como a asociarlo con diferentes ideologías) su muerte porque, aunque la policía de momento no descarta ninguna hipótesis, está centrando la investigación en el momento en el que el agresor principal se dirigió a él y le insultó al creerse que le estaría grabando con el teléfono y "no por su condición sexual, no se conocían de nada, no se habían visto nunca antes".

Por qué el colectivo LGTBIQ+ defiende que es un crimen homófobo
La policía, que en Madrid va a ser investigada por posible desproporcionalidad en las cargas policiales tras la multitudinaria concentración que provocó la muerte de Samuel, y algunas personas en redes sociales, mantienen el siguiente argumento: Si las personas que mataron a Samuel no le conocían, si no podían saber con seguridad su orientación sexual, ¿cómo puede ser homofobia? ¿No le podrían haber seleccionado por algún otro motivo?

Cualquier persona del colectivo LGTBIQ+ sabe, sin embargo, que la homofobia no es simplemente el odio a la homosexualidad. A Samuel no le han matado porque se acostara con hombres o se enamorara de hombres. A las personas que le mataron les importaba muy poco su vida sexual o romántica. Es más, si a mí me hubieran matado por maricón a los 24 años, lo habrían hecho antes de que me acostara con ningún hombre. Según el relato del suceso que hemos escuchado en boca de las amigas que estaban con él, todo parece indicar quea Samuel le eligieron porque era una persona que no encajaba en la norma cisheterosexual, porque no era un chico masculino.

A un niño de diez años a quien hacen la vida imposible en el patio del colegio no le acosan porque vaya a enamorarse de otros hombres en el futuro. Cuando un desconocido te llama maricón por la calle, te escupe o te insulta (algo que nos ha ocurrido a muchos de nosotros y que en los últimos años parece estar pasando más que nunca, según explica El Confidencial con datos oficiales), no ha necesitado asegurarse de que eres homosexual. Nuestra forma de andar, la ropa que llevamos, nuestro tono de voz y nuestra mera presencia son suficiente para ponernos en peligro.

Quienes buscan excusas para decir que quitarle la vida a alguien al grito de "maricón de mierda" no es un crimen homófobo, están protegiendo (aún sin pretenderlo) el sistema LGTBIfóbico en el que vivimos. Quienes aseguran que, como a Samuel le llamaron otras cosas aparte de maricón (como "subnormal" o "hijo de put*"), la homofobia no está detrás de su muerte, están contribuyendo a que las cosas sigan como están, a que no pongamos atención en el peligro que corremos las personas LGTBIQ+ por ser quienes somos. Porque ese pensamiento es el que otorga privilegios a las personas cishetero.

Homobofia, más cosas aparte de dar palizas por ser gay
Homofobia no es solo dar una paliza a un chico gay a la salida de una discoteca porque te molesta que no sea como tú. Homofobia es también reír las gracias que alguien hace con la diversidad sexual, celebrar un chiste de maricas, no decir nada cuando en tu entorno alguien desprecia a un homosexual, menospreciar a una persona porque no encaja en los moldes de género o, simplemente, pensar que la muerte de Samuel no va contigo porque a ti no te afecta. Homofobia es todo el sistema que ha provocado que "una jauría humana pateara a un chaval a lo largo de más de 150 metros en plena calle" citando de nuevo fuentes policiales.

Homofobia es pensar que los asesinos que mataron a Samuel al grito de maricón o cuando antes de iniciar la paliza, y según su amiga Lina, le dijeron: "O paras de grabar o te mato, maricón", quizás tenían otro motivo, y no simplemente que era maricón. Homofobia es pensar que le tocó a Samuel como le podía haber tocado a otra persona. Porque no: A Samuel le han matado porque su homosexualidad hizo que los agresores se colocaran por encima de él, que le vieran como alguien inferior a quien podían violentar. Y eso, disfrazado en el momento de iniciar la pelea por un móvil, una mirada o cualquier otra excusa, es homofobia.

Esas mismas voces están pidiendo al colectivo que no "politice" el asesinato, como si no hubiera algo más político que acabar muerto a golpes por ser gay. No estamos hablando de partidos ni de ideologías cuando reclamamos justicia para Samuel, cuando nos juntamos en las plazas de toda España para condenar su asesinato y poner atención sobre el sistema que ha acabado con la vida de un chico de 24 años que simplemente estaba en la calle con una amiga.

Hacer público y colectivo su asesinato es la única manera de que no vuelva a pasar. Condenar los motivos de un crimen tan cruel e innecesario, por parte de toda la sociedad y sin fisuras, es la única manera de que, en el futuro, alguien se lo piense dos veces antes de dirigir su violencia a otra persona porque su orientación sexual o identidad de género le sirven de "excusa". Ya sea un golpe, un insulto o una simple mirada de desprecio.

La muerte de Samuel no nos va a enseñar nada nuevo a las personas LGTBIQ+. Sabemos que el odio hacia nosotros va más allá de con quién nos acostamos, si es que lo hacemos. Se nos odia por ser quienes somos; eso es lo que nos pone en peligro. Pero, si trabajamos lo suficiente, quizás este crimen sirva para enseñar a muchas personas que tienen muchas acciones que corregir. Porque, aunque no lo sepan, colaboran con esa violencia ambiental que, en el peor de los casos, acaba como el sábado pasado en A Coruña. Reconocer la homofobia del asesinato de Samuel debería ser la primera.

jueves, 19 de abril de 2018

#hemeroteca #visibilidad #privacidad #endohomofobia | Hablemos claramente de nuestra homosexualidad

Imagen: El Asombrario / Escena de 'El Público', de Federico García Lorca, versión de Alex Rigola
Hablemos claramente de nuestra homosexualidad.
Paco Tomás | El Asombrario, 2018-04-19
https://elasombrario.com/hablemos-homosexualidad/

“Difícilmente recuperaremos el tiempo perdido si seguimos creyendo en la validez de las estrategias utilizadas para someternos. La visibilidad lo es todo. Si no nos ven, si no nos manifestamos, no existimos. Y si no existimos, otros contarán nuestra historia. Dirán que somos enfermos, pervertidos o delincuentes”.

Lo he expresado tantas veces que siento que, cuando lo repito, mi mente desconecta y deja que el subconsciente pronuncie el enunciado sin temor a error u omisión. Pero la realidad, siempre ingrata, me devuelve a la arena con un golpe seco, como si algunas opiniones fuesen lanzadas con un mate desde la raqueta de Rafa Nadal.

En este mismo medio escribí, hace cinco años, un artículo titulado Mi vida privada. En él explicaba que nuestra sexualidad, la de gais y lesbianas, entendida como ese conjunto de características físicas y psicológicas que definen nuestra relación afectivo sexual, no debería formar parte de nuestra vida privada. Especialmente porque ningún hombre cisgénero y heterosexual se ha planteado jamás que su atracción por las mujeres sea un rasgo que debe proteger en su privacidad. De hecho, su vida está llena de detalles que les han permitido visibilizarse sin conflicto alguno, con la naturalidad del que nunca ha sentido que habitase el margen. Desde el piropo del andamio hasta la foto de la pareja encima de la mesa del despacho pasando por esas conversaciones de máquina de café en las que, habitualmente, dejan que su tendencia sexual brote con solo cruzarse con esa compañera que está tan buena y a la que todos aprueban con una mirada de complicidad que les hermana en la testosterona.

Con la mujer cis y hetero sucede parecido; mira a un chico que está bueno y lo celebra visiblemente. Quizá en su caso juegue un papel importante la particularidad de que esta sociedad, cimentada sobre siglos de machismo, juzga mal a la mujer que vive abiertamente su deseo afectivo sexual pero, por suerte, eso está cambiando con cada nueva generación. En cualquier caso, hombres y mujeres cis y hetero no tienen ningún conflicto en expresar su relación con el sexo contrario a la mínima de cambio. Para ellos y ellas es tan natural como hablar de si digieren bien el brócoli o si llegan al trabajo en transporte público o no. Sin embargo, gais y lesbianas nos hemos atrincherado en la excusa de que nuestra orientación sexual pertenece a nuestro ámbito privado y es un error que solo sirve para perpetuar la clandestinidad a la que una parte de esta sociedad, cada vez menor, nos condena.

Han pasado cinco años de aquel artículo y me encuentro, hace una semana, con una entrevista a una famosa presentadora de televisión que decía que hablar de la orientación sexual de una persona era ilegal y no lo iba a permitir en su programa. Repetí en Twitter lo que he defendido en los párrafos anteriores y observé, con estupor, que una importante cantidad de gais y lesbianas criticaban mi opinión reafirmándose en que el simple hecho de que sintiesen una atracción afectivo sexual por una persona de su mismo sexo era una cuestión que afectaba a su privacidad. Como el número de su tarjeta de crédito. Y me preocupé porque difícilmente recuperaremos el tiempo perdido si seguimos creyendo en la validez de las estrategias utilizadas para someternos.

La visibilidad lo es todo. Si no nos ven, si no nos manifestamos, no existimos. Y si no existimos, otros contarán nuestra historia. Dirán que somos enfermos, pervertidos o delincuentes. Solo cuando nos ven es cuando quebramos el relato. Creo que en ese aspecto no podemos no estar de acuerdo.

Pero lo que sospecho que se filtra en esos comentarios que defienden la privacidad de su orientación afectivo sexual tiene más que ver con la relación que tiene uno mismo con su propio deseo que con la relación de terceros con nuestro deseo. No sé si me explico. No se trata de hacer ‘outing’. Creo que la salida del armario es una responsabilidad individual y nadie tiene derecho a empujarte. Se trata de sentir que tu orientación sexual es legítima. Y no estamos afirmando eso cuando usamos el término de la privacidad para protegernos. Concebimos refugio como privacidad en lugar de privacidad como intimidad. Y lo que subyace debajo de todo eso solo puede ser miedo o vergüenza. Y, en el segundo caso, directamente relacionada con la homofobia interiorizada.

Los rasgos que definen tu sexualidad, entendida como esa atracción afectivo sexual hacia el sexo contrario, hacia tu mismo sexo o hacia ambos, no es tu vida privada. El nombre y los apellidos de tu pareja, tus infidelidades, lo que te gusta o no en el sexo, tus técnicas de seducción, dónde lo haces y dónde no, sí es tu vida privada. Eso sí. Pero no comprendo por qué, en el caso de gais y lesbianas, nuestra atracción tiene que ser privada y en el caso de la población heterosexual, no. Porque ya se da por sentado que el hecho de que te guste el sexo contrario es lo correcto y, por lo tanto, puede visibilizarse sin conflicto.

Cuando esa presentadora afirma que es ilegal hablar de la orientación sexual de una persona lo que realmente está diciendo, más allá de estar en contra del 'outing', es que no se debe hablar de cualquier otra orientación sexual que no sea la estándar. Y eso, ahora mismo, en España, me parece peligroso. Estamos luchando para evitar esa presunción de heterosexualidad que parece que llevemos instalada en el cerebro nada más nacer y ese tipo de afirmaciones, como las de la presentadora, quiebran esa responsabilidad social de romper barreras, de vencer el miedo, de visibilizarnos, y legitiman la clandestinidad como refugio. Y solo necesitamos un refugio cuando fuera corremos peligro. Y si hacemos creer a los menores y adolescentes gais y lesbianas que corren peligro, cuando han nacido en un país con leyes a favor de la diversidad, con referentes, con discursos inclusivos, volverán a esconderse. Y si nos escondemos, por miedo, volveremos a ser invisibles y todo lo construido durante años no servirá para nada.

No pretendo obligar a nadie a cambiar de opinión pero me bastaría con que mi argumentación nos ayudase a reflexionar un instante. Con eso, ya me vale.

Y TAMBIÉN…
Toñi Moreno: “Hablar de la orientación sexual de una persona es ilegal y no lo voy a permitir”.
La presentadora que vive un gran momento profesional presentando 'Viva la vida' ha hablado con Jaleos en el evento de los premios Pata Negra en los que ha sido premiada.
Sara Olivo | Jaleos, El Español, 2018-02-22

miércoles, 3 de enero de 2018

#hemeroteca #fiestas #lgtbifobia | De carrozas y cavernas: no es tradición, es odio

Imagen: El Mundo / Las Magas 'republicanas' de Valencia, 2016-01-04
De carrozas y cavernas: no es tradición, es odio.
La sola presencia en la cabalgata de Vallecas de tres mujeres que no responden a la sociedad clasista y cis-hetero-patriarcal ha sido suficiente como para destapar el frasco de las esencias lgtbifóbicas. Con la carroza LGTBI no está en juego la noche mágica de las niñas y niños, está en juego la pérdida de privilegios para unos y la ganancia de votos para otros.
Violeta Assiego | El Diario, 2018-01-03
http://www.eldiario.es/zonacritica/Censurar-carrozas-caverna-diversidad-LGTBI_6_725537451.html

Subyacen muchos prejuicios y estereotipos crueles en las críticas, para nada inofensivas, que se están vertiendo contra la Cabalgata de los Reyes Magos del madrileño barrio de Vallecas. Bajo el argumento, aparentemente incuestionable, de "preservar la tradición" se esconde cobardemente el sector más ultraconservador de nuestra sociedad. Un grupo minoritario de mujeres y hombres con suficiente poder político y económico y que anda resentido con quienes cuestionan sus privilegios y ponen en jaque el estatus social que ocupan. Otro año más, no le perdonarán jamás a Manuela Carmena que permita que en la noche de Reyes participen tres mujeres (una cantante de hip hop, una artista de cabaret y una cantante drag queen) en una carroza temática sobre igualdad y diversidad que recorrerá uno de los distritos de la capital.

Denuncian, quienes hacen las críticas, que con este gesto se "adoctrina a los chiquillos en lo LGBTI" (qué gusto le está cogiendo la derecha española a este término), "rompe las tradiciones", "desnaturaliza la festividad", "frustra el sueño de los niños", "perjudica una noche mágica", "no se está a la altura de las expectativas de los más pequeños"... Tan centrados están en lo suyo, que no se dan cuenta quienes hacen estas afirmaciones, o quizá sí, de que están negando con ello el abanico de realidades familiares diversas que convive en nuestro país aunque no les guste y a pesar de las campañas contrarias a los derechos humanos de HazteOir.

En la España del siglo XXI hay muchas cosas en la vida pública que no responden a los moldes de las tradiciones tal cual fueron concebidas en el nacionalcatolicismo y es así por el bien común de una sociedad democrática, plural, diversa y aconfesional. Pero no, estos días, asistimos a lo que dicen, sin mucho filtro, representantes del PP y de Ciudadanos, que ya pasado el World Pride se olvidan de sus compromisos institucionales de cumplir con la ley y se han lanzado a defender la "tradición" como si no hubiera un mañana.

La sola presencia en la cabalgata vallecana de tres mujeres que no responden a la sociedad clasista y cis-hetero-patriarcal de la que provienen estos representantes ha sido suficiente como para destapar el frasco de las esencias lgbtfóbicas. Y de paso, que respiren bien las niñas y niños este aroma estigmatizante y hostil hacia la orientación sexual y la identidad de género.

Sin duda, la polémica destila transfobia y homofobia, lleva el sello de HazteOir y viene a confirmar que todavía está muy anclado en el subconsciente de la sociedad la creencia que sigue asociando al colectivo LGBTI a algo relacionado con la perversión, la inmoralidad, la degeneración, lo antinatural… De lo contrario, no se entiende en qué podría afectar negativamente a un niño o una niña ver, solo ver, todo el glamour de La Prohibida en una carroza de "reinas magas". El falso argumento es el de defender una tradición. Pero es mentira. Es un ataque directo a nuestros derechos, a los de todas y todos, un ataque a la pluralidad de ideas y de formas de estar en sociedad. Y lo que está provocando una alarma social y un perjuicio al interés general es este ataque, por mucho que haya quien pida medidas cautelares para suspender la salida de la carroza.

Una de las estrategias más eficientes que ha encontrado el sector ultracatólico y conservador en diferentes lugares del mundo para confundir a las familias y a las sociedades, y con ello ganar popularidad y adeptos, es el de esgrimir los valores tradicionales frente a los derechos humanos o fundamentales y poner la protección de la infancia como excusa para impulsar cualquier medida discriminatoria. Se provoca con ello una sensación de miedo e inseguridad ante el cambio a lo desconocido, como si al defender los derechos de todos sin privilegios ni discriminaciones, la sociedad fuera a perder su propia identidad y quedara expuesta a males impredecibles de los que solo se la puede proteger aferrándose de manera irracional a las tradiciones, precisamente a las tradiciones.

Con la carroza LGTBI de Vallecas no está en juego la noche mágica de las niñas y niños, está en juego la perdida de privilegios para unos y la ganancia de votos para otros. Si para ello hay que invertir el orden de la democracia y poner por delante las tradiciones a los derechos de todos, lo harán, aunque eso dé pie a discriminación, insultos y agresiones a los colectivos más vulnerables, aunque eso provoque pesadillas a las niñas y niños que sienten atracción por otros de su mismo sexo o saben que su sexo sentido no es el que les han asignado al nacer.

No corren buenos tiempos para quienes quieren cambiar las cosas de forma inclusiva y teniendo presente el principio de universalidad y no discriminación. Precisamente por ello, más que nunca, hace falta una carroza que promueva la fuerza y la magia de la diversidad, la igualdad y la tolerancia entre la gente más pequeña y con más futuro de nuestra sociedad.

martes, 12 de diciembre de 2017

#hemeroteca #violenciasexual #homofobia | Carta abierta a Lucía Etxebarria: no es homosexualidad reprimida, es dominación

Imagen: Magcedonia
Carta abierta a Lucía Etxebarria: no es homosexualidad reprimida, es dominación.
Pablo Herrera | Magcedonia, 2017-12-12

http://magcedonia.com/carta-abierta-a-lucia-etxebarria/

Pedía Lucía Etxebarria en este artículo, que si veíamos homofobia en su artículo de El Periódico le respondiéramos en una entrada de blog. Para los que habéis llegado tarde, Lucía recoge una teoría que afirma lo siguiente: los violadores como el caso de La Manada son en realidad homosexuales reprimidos.

Utiliza el concepto de budsexers, hombres que tienen sexo con otros hombres pero se sienten heteros. Sería, también, el caso de los marineros o los presos. Personas que tienen tendencias homosexuales por las circunstancias.

Para Lucía Etxebarría, la víctima de la violación es solo la excusa para poderse ver las pollas unos a otros. Argumenta la escritora que el estado inconsciente de la víctima, a diferencia del papel activo de la mujer en una gangbang, muestra como ella era irrelevante. Ella era la forma de poder tener sexo juntos.

¿Cuál es el problema, Lucía Etxebarria?
Tu teoría tiene varios problemas. El principal es que invisibiliza la cultura de la violación. La cultura de la violación no existe porque haya homosexuales reprimidos. La cultura de la violación es cisheterosexual y tan antigua como nuestra civilización.

Afirmar que los chicos han violado porque es la forma de estar juntos es, cuanto menos, simplista. Los chicos violaban y jaleaban no para verse las pollas. Era, más bien, una manifestación de poder.

Que la chica sea un recipiente, un consolador, no quiere decir que el objeto de deseo sean los otros chicos. El objeto de deseo es la dominación. Es demostrar que su deseo está por encima de la capacidad de decisión de la chica.

Por eso, aunque tengan novias y mujeres, los chicos de La Manada violaban en grupo. No para compartir sus cuerpos. De hecho, no los compartían. Era camaradería.

La homofobia interiorizada
Tu artículo, además, tiene otro problema. Quizá sea solo una percepción nuestra. Quizá, por el contrario, sea un ejemplo de la homofobia interiorizada que tenemos todos. Sé que eres bisexual declarada. Como tal, estarás harta de escuchar opiniones y comentarios que te denigran o anulan tu deseo.

Cuando se lee tu artículo parece que ser homosexual reprimido tiene una fuerte carga negativa. Parece que se está utilizando para insultar a los miembros de La Manada. Parece, y esto es, además, mucho más grave, que se está utilizando para justificarlo.

De nuevo, es importante resaltar que la culpa no es de tener un instinto sexual diverso. Achacarlo a eso es homofobia. La culpa es de haber crecido en un sistema que les dice que pueden tener lo que quieran. Que son hombres cis y heterosexuales y el resto del mundo está a su servicio.

Siempre. Quieran o no. El hombre de verdad coge lo que quiere.

Si La Manada quisiera verse las pollas se harían pajas en grupo. Y a lo mejor se las hacen. Pero no es la necesidad de ver una polla lo que lleva a drogar a una chica, grabarla y violarla. Lo que pone es el poder. Es ser una manada capaz de cualquier cosa.

Las manadas de lobos atacan a su presa para beneficiarse de ella. Todos juntos y a una. Y en esa sensación de amistad y lealtad no hay nada erótico. Lo erótico es la dominación. El poder. No es casualidad que alguno de sus miembros trabajasen en las fuerzas del orden.

El problema de todo
¿Por qué te escribo esta carta? Te escribo porque me parece importante que reflexionemos juntos sobre tu artículo y sus implicaciones. Porque, en el marco teórico, todas las teorías pueden ser válidas, pero cuando somos altavoces de opinión hay que tener cuidado con lo que decimos.

Porque no todos tenemos el carnet de MENSA y crear una sociedad mejor es responsabilidad de todos. No vale decir que la audiencia no te entiende. Si hay peligro de ser malinterpretados, si hay peligro que lo que estamos diciendo conlleve una mayor LGTBfobia hay que rectificar.

Y tu artículo ayuda a que los homosexuales seamos vistos como violadores en potencia. Como personas a las que nuestro instinto sexual, siguiendo tus palabras, nos lleva a cometer actos despreciables. La verdad es que ya tenemos bastante con lo nuestro, para que una aliada como tú venga a echar más leña al fuego.

De nuevo, queremos repetir que NO hay que invisibilizar la cultura de la violación. El heteropatriarcado está ahí y es el culpable. Decir que es una orientación sexual el origen latente, hace desaparecer años de esfuerzo por mostrar que la violencia de hombres a mujeres es estructural. Que es una manifestación de dominación y poder.

Por favor, Lucía, no entres en el juego. Te queremos, como has estado hasta ahora, de nuestra parte.