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viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #flamenco | Fernando López: “Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El Salto / Fernando López con su 'Historia queer del flamenco' //

“Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El bailaor Fernando López presentó en una de las cunas del flamenco, Jerez de la Frontera, su libro ‘Historia queer del flamenco’, que se editará en los próximos meses en Francia y Estados Unidos. El artista madrileño continúa compaginando arte, investigación y activismo en una prolífica carrera por un mundo más diverso.
Alejandro López Menacho | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/flamenco/entrevista-fernando-lopez-historia-queer-flamenco-incapaces-vislumbrar-mundo-no-binario

La relación entre el flamenco y, concretamente de la danza, con “lo queer” no es un objeto de estudio usual. El artista Fernando López (Madrid, 1990) ha volcado toda una tesis universitaria en un ensayo editado por la Editorial Egales, sello especializado en temática LGTBIQ, que ya va por la cuarta edición y presentó en el Corral de San Antón, en pleno corazón de Jerez de la Frontera.

‘Historia queer del flamenco’ realiza un recorrido por aquello que se escapa de la norma en el flamenco, desde que apareciera la propia palabra en 1847 en el periódico El Espectador hasta nuestros días. Un ambicioso y extenso estudio sobre el que merecía la pena debatir y profundizar.

P. ¿Cómo ha sido recibido el libro en el seno de la comunidad del flamenco y del baile?
En general ha sido una obra bien recibida, tanto por la prensa como por los aficionados porque, aunque el tema pueda generar debate, está escrito y trabajado con seriedad. El estudio se apoya en un gran número de fuentes y, al final, siempre hay información que puede ser valiosa para todo el mundo: también para los aficionados al flamenco no son especialmente afines a cuestiones relacionadas con la diversidad de género y asuntos parecidos.

P. El flamenco ha sido un compartimento estanco durante muchos años, tratado como un género artístico sobrio, con unos códigos muy masculinizados y heteropatriarcales, como analizas en los primeros capítulos del libro; sin embargo, algo parece estar cambiando. ¿Consideras que esta masculinidad tan latente ha lastrado la libertad creativa del flamenco durante décadas?
Es verdad que el flamenco tiene esa parte conservadora. Lo curioso es que, al menos hasta la Guerra Civil, el flamenco era mucho más abierto de lo que ha llegado hasta nuestros tiempos. No es casualidad que tengamos todavía la imagen del flamenco como una cosa rancia, conservadora y heteropatriarcal, porque así fue su propia evolución en la dictadura franquista.

Pero lo cierto es que el flamenco, especialmente en las grandes ciudades, cafés cantantes y demás, antes de la Guerra Civil, era un género mucho más abierto de lo que ahora parece. Se mezclaba con otras músicas, otros bailes, había transformismo y artistas que cantaban canciones con contenido feminista. Todo aquello desapareció por completo durante la dictadura y el flamenco acabó convirtiéndose en algo muy binario en cuestiones de género y que respondía a los ideales de género y estéticos del Nacionalcatolicismo. El flamenco contemporáneo y el flamenco ‘queer’ son una reacción a ese tipo de flamenco.

P. ¿Cuál es el nexo de unión entre lo ‘queer’, un concepto todavía mutante, y el flamenco?
Hay puntos en común que tienen que ver con la marginalidad. Un espacio común fuera de la norma. El flamenco siempre tuvo ese carácter marginal, aunque luego fue un arte que se institucionalizó y sirvió para exportar la identidad española al extranjero y atraer turistas al país. Pero obviando este lado comercial, ambas comunidades tienen ese punto en común de poder acoger a personas que no tienen un lugar donde guarecerse; son los raritos, los pobres, los marginados, los que no tienen recursos…

P. ¿Crees que sigue habiendo un estigma sobre el hombre que se dedica al baile y la danza en el sentido de que deben bailar de un modo muy viril, potente y rudo?

El flamenco es un arte muy masculino incluso para las mujeres. Para ellas, el hecho de que pudieran tener códigos que socialmente se consideran masculinos no suponía tanto problema porque era algo bien recibido, estéticamente aceptable. Esto no sucedía con los hombres afeminados. Lo afeminado era siempre lo débil, lo inferior y lo rechazable: algo que estéticamente no gustaba. Precisamente por eso los bailaores y los cantaores que se vestían de una forma más afeminada o se movían de otra manera, eran rechazados. De hecho, esto sigue ocurriendo y es uno de los puntos que todavía no hemos superado. Por ejemplo, en el caso de bailaores travestidos o que visten bata de cola que, lo hacen a menudo desde un baile con mucho tecnicismo y virtuosismo, un baile con un acompañamiento musical potente, que hace que su forma de bailar no sea considerada en absoluto afeminada, porque está construido desde una fuerza considerada como muy masculino, y que resulta atractiva para los espectadores. Son hombres vestidos de mujer, que portan accesorios femeninos, pero que bailan de un modo muy fuerte, muy masculino y muy intenso. Por tanto, son bien recibidos a pesar de llevar ropa de mujer. Hay pocos bailaores que hayan bailado de un modo femenino o afeminado (no es lo mismo) y hayan sido bien recibidos por el público, incluso hoy en día.

P. Hablas del baile de personas con diversidad funcional, es un capítulo muy interesante en el que abogas por una inclusión real.
El flamenco ha sido muy especial a la hora de acoger a personas con diversidad funcional o neuro-divergencia a lo largo de su historia. Al ser un arte que se desarrollaba, en parte, en comunidades marginadas, tenía la posibilidad de acoger a todo el mundo, porque no tenía ínfulas de alta cultura o cosas por el estilo. Pero es cierto que han sido casos excepcionales.

Ahora existen varios proyectos como los que nombro en el libro en el que se acogen a todo tipo de personas, cuerpos y bailes. El siguiente paso sería que no tuvieran que formar parte de un proyecto específico de inclusión sostenido por un discurso de apoyo social, sino que fueran artistas que pudieran desarrollar sus carreras en cualquier tipo de compañía y estilo.

P. Dices en el libro, en relación a un espectáculo de Israel Galván en el que se traviste de mujer, que “la comunidad flamenca del baile es una comunidad activamente reflexiva, capaz de plantearse preguntas con jondura”, ¿es positivo para el flamenco la eliminación de estereotipos ligados al género?
No es que sea positivo, es que es urgente, y no para el flamenco sino para la sociedad en general. Somos poco conscientes de cómo esos binarismos atraviesan nuestras vidas en todos los aspectos: la manera de vestirnos, cómo nos movemos, los espacios en los que podemos mear y los que no, los espacios en los que nos cambiamos en los gimnasios, las profesiones que podemos ejercer, las actividades de ocio, el tipo de música, nuestros roles sexuales… Todo pasa por ese filtro binario de género, y, por supuesto, el flamenco como parte de la cultura, también. Creo que aún no somos capaces de vislumbrar un mundo sin esa categorización binaria tan básica y al mismo tiempo tan presente en nuestro día a día.

P. ¿Queda algo de los cafés cantantes de antaño en España? ¿Qué es lo más parecido que tenemos en la actualidad?
Lo más parecido a los cafés cantantes que existe actualmente, y esa es mi apuesta fuerte, es lo que se llama flamenco contemporáneo, no los tablaos. Los tablaos realizan un tipo de espectáculo que se creó y gestó a lo largo de las décadas de los 30, 40, pero especialmente en los 50, espectáculos muy específicos destinados a los turistas que luego se han llevado a los grandes teatros, pero que no conservan el germen de experimentación, de espectáculo y de revista de mezcla que sí están siendo recuperado, de manera actualizada, por el flamenco contemporáneo. Sobre todo el tema de la hibridación, de la experimentación, del tipo de artista, que hoy llamaríamos multidisciplinar y que se veía cada día en los cafés cantantes. El proyecto estético está más presente en el flamenco contemporáneo y las performances que en los actuales tablaos.

P. Hablas de un activismo LGTBIQ-F (f de flamenco) en el libro. ¿En qué momento se encuentra?, ¿se ve amenazado por la deriva política en España?

Creo que la deriva de la ultraderecha en España y en Europa es un efecto de boomerang que se genera cuando se ha vivido un periodo de gran apertura y de conquista de derechos. Forma parte de la propia dinámica de los avances. Supongo, espero y deseo que sea un paréntesis, y que seamos capaces de dar el salto y seguir avanzando. Las perspectivas no son muy halagueñas y quizás hayamos tocado un máximo, un techo donde podemos llegar desde el activismo hasta dentro de un tiempo.

P. ¿Puede ganarse la vida un artista flamenco que rompa los patrones de género o está destinado a la marginalidad?

Hablo desde el privilegio más absoluto porque soy un artista que, paralelamente, tengo una carrera académica. Me puedo permitir dar clases en la universidad y compaginar la investigación con la creación, y esto me ayuda en mi trabajo artístico. Pero lo que veo en la comunidad del arte queer no es alentador: una enorme precariedad como la veo en la danza, y en general en las artes escénicas.

La gente joven que empieza tiene la sensación de una gran frustración, de no tener espacio, de que no se les permite el acceso. Hay pocos espacios y los que existen están ocupados por grandes estrellas que, de alguna manera, lo fagocitan todo y les impiden ir escalando, aunque sea poquito a poco, para poder dedicarse al baile de manera digna. La gente lo acaba haciendo porque la creatividad a menudo es pura necesidad, y sigue creando porque lo necesita y forma parte de su vida, pero muchas veces hay que compaginarlo con otra vida laboral.

lunes, 24 de agosto de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El País / La Paquera de Jerez, 'la reina de la bulería' //

Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El bailaor Fernando López publica un libro sobre esta conexión tan fértil como pocas veces explorada. “Mi objetivo era el de reinterpretar algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos”
Abraham Rivera | El País, 2020-08-24
https://elpais.com/elpais/2020/08/21/icon/1598004664_329736.html

El flamenco no es tan rancio y cerrado como nos lo han intentado vender. Esto es algo que podía intuirse a poco que rascáramos en su superficie. Sin embargo, en ocasiones es necesario tener certezas. Pruebas. Y eso es lo que nos ofrece Fernando López. Este madrileño, bailaor, coreógrafo e investigador, además de doctor en Estética, Ciencias y Tecnologías de las Artes por la Universidad París 8, ha escrito uno de los libros más brillantes sobre la periferia del cante y el baile. “Mi interés por las cuestiones de género empieza en el mismo momento en que decido bailar, a los 11 años, siguiendo los pasos de mi hermana mayor y sintiendo que haciéndolo rompía con unos patrones de comportamiento establecidos para los niños de mi edad, que no bailaban porque la danza era para niñas y para mariquitas”, cuenta el autor de 'Historia queer del flamenco: desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)', un recorrido transversal por figuras, momentos y lugares que en origen quedaron al margen del discurso oficial.

“La danza fue un refugio, pero también un lugar de coerción, ya que la manera de moverse estaba muy fijada en función de su género, tanto para hombres como para mujeres, lo cual hizo de mis años de aprendizaje, y hasta convertirme en bailaor profesional, una experiencia a veces muy insatisfactoria”, continúa para justificar su interés por llevar a cabo una investigación de este calado. “Necesitaba entender de manera precisa qué cosas se nos había permitido hacer a los bailarines a lo largo de la historia y qué cosas, de manera más o menos velada, se nos habían prohibido”.

El libro no tiene miedo a hablar de prostitución masculina en el tablao, transformismo femenino, ‘voyeurismo’ y artistas de genero fluido en el siglo XIX. Temas que han formado parte del adn del género desde su creación pero que habían sido ocultados, olvidados o borrados. “Mi objetivo para el periodo entre 1808 y 1975 era el de releer, reinterpretar e incluso reescribir algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos dentro de la bibliografía clásica”, recuerda López, que comienza trazando una certera genealogía de cómo la danza nace “macho” en contraposición al afrancesamiento de ciertos bailes, y lentamente se va feminizando hasta emprender un viaje sin retorno.

Sara Lezana (que protagonizó en 1963 'Los tarantos') y Paco España //

Una de las partes más acertadas del ensayo, publicado por la editorial Egales, especializada en literatura LGTBIQ+, es aquella que pone de relieve el valor de artistas en principio marginales. Es el caso de Mr. Artur, Paco España, Carmen de Mairena, Ocaña, Enrique El Travesti Cojo, La Otra Pantoja o Las Folclóricas Gaditanas, un cuadro flamenco formado enteramente por transexuales que tuvo un enorme éxito en los setenta y ochenta, llegando a firmar un contrato para actuar en Miami, donde estuvieron dos años. “Este grupo de gente rara incluye feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas incomprensibles empeñados en hacer las cosas de otra manera”, destaca el autor.

Las historias y anécdotas que López narra se acercan a todo tipo de perfiles y mundos. Del Torremolinos de los sesenta, cuna del movimiento gay y donde el bar Tony’s hizo furor, hasta el Copacabana barcelonés, emblema del travestismo y hogar del bailaor Margarita. La obra concluye con una mirada al incierto presente, tocado por la crisis de 2008, y en el que se describen valiosas iniciativas como ‘Sueños reales para cuerpos posibles’, espectáculo protagonizado por Lola López, bailaora con diversidad funcional, o ‘Flamenco inclusivo’, un proyecto de José Galán en el que se investigan algunos de los referentes tullidos de la historia del género. Sobre si ve con optimismo el futuro del flamenco queer, responde: “No tengo ni esperanza ni falta de ella, aunque sí una cierta curiosidad por ver lo que nos depara a mí y a mis compañeros artistas este nuevo periodo que se abre. En cualquier caso, estoy conforme con haber aportado mi granito de arena, tanto en la universidad como en los escenarios, y el efecto de ello solo el tiempo podrá determinarlo”.

miércoles, 6 de mayo de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'

Imagen: El Diario / Carmen López-Sáez y Enrique Jiménez Mendoza
Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'.
Concha Barrigós · EFE | El Diario, 2020-05-06
https://www.eldiario.es/cultura/genios-resistentes-norma-historia-flamenco_0_1024347645.html

Enrique el Cojo (1912-1985) renqueaba desde niño, era "sordo, feo y gordo" y pasó su vida "dentro del armario", pero era un bailaor y maestro genial y carismático, el paradigma de flamenco "queer", asegura Fernando López, autor de un estudio sobre esos artistas "resistentes a la norma" que se publica ahora.

El bailarín, coreógrafo y dramaturgo flamenco, además de filósofo e investigador Fernando López Rodríguez (Madrid, 1990), acaba de editar "Historia queer del flamenco" (Egales), una síntesis de su tesis doctoral, que realizó en la universidad francesa París 8, convencido de que el flamenco es y ha sido siempre "muy moderno, experimental y canalla".

Su trabajo, dice en una entrevista con EFE, es un recorrido por el "arte queer del fracaso jondo", como diría Jack Halberstam, y que tiene que ver con reivindicar "todo lo que se sale de la norma por fallo, incomprensión, error, eso que llaman furretear o folletear... el furreteo está muy mal visto pero salirse de compás puede servir para entender las cosas de otra manera".

Lo ha escrito "con toda la fuerza que supone reapropiarse de las palabras que se han utilizando como insultos tales como 'machorras', 'maricones' o 'tullidos'", explica López, para quien el término "queer" -identidad y sexualidad diferentes de las normativizadas- abarca personajes, lugares y prácticas "que quedan al margen de lo oficial, del código estándar, resistentes a la norma".

En su libro, con epígrafes como "Flamencas transexuales", "El capital erótico de los bailaores" o "El uso estatal y nacionalista del flamenco", recoge casos y estrategias que en disciplinas de la danza distintas del flamenco serían "improbables".

Entre todos sobresale el cacereño Enrique Jiménez Mendoza "Enrique el Cojo", "una figura del siglo XX con todos los rasgos que escapan al cuerpo normativo" al que dedica el capítulo "Hacia una historia 'tullida' del flamenco".

"Cojo, sordo, gordo, feo, que se hizo famoso mayor... Era la contra imagen del bailaor joven, delgado, musculado y hetero, pero tenía una capacidad de transmisión increíble. Lo único que no se aceptaba de él era su homosexualidad, que escondió siempre", describe.

Y es que, apunta, "hay dos cosas fundamentales que al flamenco le cuestan": "la expresión de género no normativa" y "los cuerpos extranjeros", los que por sus rasgos físicos "son claramente guiris" y a ellos dedica el capítulo "Furreteos", con casos como los de la texana La Meri.

Asegura que el flamenco nació "macho": fue una respuesta a la cultura francesa, un arte que negaba todos los códigos de la Ilustración y que se asentaba en "la desmesura y la pasión".

El autor analiza la historia del travestismo en el flamenco, que aparece a partir de 1850, es decir, desde que existe: "Hay un vínculo muy fuerte entre él y la libertad artística y las ganas de reventar las costuras del género".

Entre las "revelaciones" de su libro, López destaca lo común que era la prostitución masculina en los cafés cantantes, lugares muy populares de finales del XIX y principios del XX en las grandes ciudades y donde se empezó a hacer el flamenco de forma más profesional.

Los cafés cantantes sucumbieron porque estaban muy denigrados, incluso hubo en uno un asesinato muy famoso, el del cantaor malagueño Juan Reyes "El Canario de Álora", y además el público estaba deseoso de cosas nuevas, como las "cocottes" que venían de Francia.

El libro se ocupa de las drogas, una sombra de las que se libraron los cafés cantantes pero no los tablaos, en los que también era común el trabajo infantil: "fueron muchos los artistas que empezaban a trabajar con solo 12 años, como Blanca del Rey, Francisca Sadornil "La Tati" o Antonio Zori "El Muñeco", detalla.

El primer tablao, "Zambra", se abrió en Madrid, en 1954, destinado a turistas extranjeros, "una estrategia para vender España como país exótico. Eran restaurantes con menús de lujo y espectáculos de flamenco, a los que seguían fiestas privadas muy bien remuneradas. Luego, los artistas empezaron a trabajar en compañías".

A partir de los 70, los tablaos perdieron calidad pero con la crisis de 2008 fueron el refugio de los artistas que se quedaron sin trabajo en las compañías y ahora es un medio "redignificado y de mucho nivel" que han introducido "una gran estabilidad laboral y la internacionalización del flamenco".

López ha estudiado también el papel de los activistas que han trabajado por dar visibilidad a la causa gitana en general: "los que son LGTB tienen un mayor activismo porque ese mundo es muy 'payocentrado' y sufren doble discriminación, caso de Noelia La Negri, cantaora y percusionista", subraya.

lunes, 4 de mayo de 2020

#libros #queer #flamenco #memoria | Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)

Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018) / Fernando López Rodríguez.
Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [05-04].
377 p.
Colección: G Ensayo.
/ ES / ENS / Tesis / Artistas / Baile / Danza / Flamenco / LGTBI / Memoria histórica / Queer
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417319977 / 20,00 €

[.es] Si este libro lleva el título de ‘Historia queer del flamenco’ es, al menos, por dos razones. En primer lugar, porque una de mis motivaciones fundamentales como investigador y artista ha sido buscar, analizar y reivindicar figuras y espacios «marginales» del flamenco que no aparecían en los manuales habituales sobre este arte y cuya ausencia daba, a mi entender, una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho «flamenco» —y por qué— a lo largo de su reciente historia. Este grupo de gente «rara» incluye a feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas «incomprensibles» empeñados en hacer las cosas «de otra manera» sin renunciar por ello a la categoría de flamenco. 

En segundo lugar, lo queer de esta Historia es mi mirada, que intento desviar para hablar del cuerpo y desde el cuerpo, abandonando debates bizantinos sobre purezas e impurezas, anécdotas sobre la vida de los artistas que se hallan completamente desligadas de los procesos de creación; mitologías sobre «genios» que parecen más profetas que artistas y que parecen hacer arte en solitario y completamente desligados de sus colaboradores y del momento histórico, social, económico y artístico en el que vivieron.

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Fernando López Rodríguez: «El flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato»

Imagen: Diario16 / Fernando López Rodríguez
Fernando López Rodríguez: «El flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato».
Entrevistamos al filósofo y bailaor, Fernando López Rodríguez, que publica su segundo libro 'Historia Queer del Flamenco', un paseo por el underground de un arte a veces marcado por el purismo
Carmen Marchena | Diario16, 2020-05-04
https://diario16.com/fernando-lopez-rodriguez-el-flamenco-es-un-universo-amplio-y-con-muchos-colores-dentro-de-si-que-no-se-puede-reducir-a-un-solo-relato/

Los miramientos hacia otros cuerpos e identidades en el flamenco transversalizan el trabajo de Fernando López Rodríguez, un filósofo y bailaor madrileño, que lleva años “pasando el puente”, como cantaba La Perla de Cádiz, entre la investigación y la creación artística. Tras la publicación de su primer libro ‘De puertas para adentro: disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’ (Editorial Egales, 2017), en el que indagaba sobre los contra-modelos de artistas flamencos que, a lo largo de la Historia, han cuestionado los modelos hegemónicos de género. Vuelve con ‘Historia Queer del Flamenco: Desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)’ (Editorial Egales, 2020), con el objetivo de destapar aquello considerado marginal y umbroso para los relatores tradicionales, que dejaban incompleta la bibliografía de un arte también creado por “feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también por gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas «incomprensibles» empeñados en hacer las cosas «de otra manera» sin renunciar por ello a la categoría de «flamenco»”.

El estado de alarma y los kilómetros de distancia nos llevan a tener la entrevista por teléfono. Después de unos minutos de charla para preguntarnos sobre la salud de ambos y la de nuestras personas allegadas, comenzamos la entrevista gracias a la tecnología que nos brinda la posibilidad de seguir conectados con el mundo exterior.

Cuéntanos sobre tu trayectoria profesional, Fernando, ¿guardan puntos de encuentro filosofía y baile?
Tengo una trayectoria doble. Por un lado, empecé a bailar con 11 años siguiendo la estela de mi hermana mayor. Aunque empecé con danza clásica y flamenco, posteriormente me especialicé en flamenco. Decidí estudiar Filosofía y durante bastantes años llevé las dos cosas en paralelo: seguí estudiando baile flamenco y en la universidad, la carrera de Filosofía. Luego me trasladé a París como estudiante Erasmus y allí encontré un departamento de danza en mi misma facultad donde comencé a construir puentes entre el ámbito de la Filosofía y el ámbito de la danza que, hasta ese momento, habían sido dos mundos separados. Empecé no sólo a investigar en danza, sino también a practicar de manera más continuada la improvisación contemporánea y a leer mucho sobre el tema. A partir de ese momento, la creación y la investigación empezaron a ir de la mano.

¿Cuáles son -han sido- los espacios marginales o las sombras del flamenco?
Los espacios marginales han sido lugares donde ha existido el flamenco como una forma artística invitada o principal, pero excluida o ignorada por la bibliografía tradicional del propio flamenco. Estoy pensando en espectáculos en los que había fundamentalmente números de transformistas, que también cantaban o se transformaban en artistas del flamenco a principios del siglo XX. Y también en una serie de espacios que surgen en España, a partir de los años 60, fundamentalmente a raíz de la caída de la Dictadura, en los que muchos travestis que empiezan a salir en escena en sitios ‘underground’, utilizan el flamenco -cantao o bailao-, compaginando a veces con artistas de la talla de Lola Flores, Los Chichos, etc. Pero que, una vez más, no han sido incluidos en el relato oficial, como el caso de Paco España, dentro de las figuras claves de la Historia del flamenco, cuando han compartido incluso escenario y trayectoria con muchos de los que sí conocemos.

¿Por qué es necesario hablar de la Historia Queer de este arte?
Creo que es necesario por una cuestión de justicia poética y para ampliar la visión que tenemos de lo que ha sido el flamenco en todas sus facetas. La Historia de cualquier arte, obviamente, se escribe desde un punto de vista muy determinado, haciéndose selección de unas informaciones y omitiendo otras. La Historia Queer simplemente completa y matiza algunas de las cosas que se han dicho dentro de ese relato oficial, que más o menos todos compartimos, sobre lo que ha sido el flamenco.

Afirmas como investigador, que existe una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho flamenco. ¿Has llegado a la raíz del porqué?
Las conclusiones son múltiples. Por un lado, como te decía, todo relato se construye eligiendo información y, por otro lado, la manera en que esa información se elige siempre responde a los intereses de la persona que escribe la Historia. No sé si ha habido una intencionalidad detrás de ese relato que se ha construido, pero desde luego ha habido un punto de vista muy parcial, que ha querido hacer del flamenco un fenómeno normalmente centrado en Andalucía, pero en el mejor de los casos, centrado en España, y con unos códigos tanto estilísticos como de género muy determinados. De tal manera que todas aquellas personas que hacían flamenco y no eran andaluzas o españolas; todas aquellas personas que hacían flamenco fuera de España y todas las personas que lo hacían desde unos códigos estilísticos y unos códigos de género diferentes a los de esa norma o ese canon establecido, quedaban excluidas.

¿Algún ejemplo de personas que hayan desarrollado su carrera fuera de esos códigos tradicionales?
Dependiendo de la época histórica. A mi me interesa mucho todas las mujeres transformistas que se vistieron de hombre a finales del s. XIX y principios del XX, y también los hombres, como Edmond de Bries, un cartaginés de Murcia que fue uno de los primeros transformistas en España con una historia extremadamente interesante. Luego, durante la Dictadura, estas formas artísticas que se salían un poco de la norma fueron más excepcionales pero, a partir de los años 60, sí que podemos nombrar a Paco España, que para mi es fundamental. A parte de haber actuado con Los Chichos en giras internacionales y de haber ganado muchísimo dinero y notoriedad en teatros de Barcelona y de Madrid, aparece en 'La Carmen' de Julio Diamante, película de culto flamenca en la que salen Enrique El Cojo, Sara Lezana, Enrique Morente, sale Agujetas... Una película filmada en 1975 con un acervo de flamencos de primera categoría, en el tablao de Las Brujas de Madrid, con una información muy interesante y en la que aparece este personaje (Paco España), que creo que es uno de los que tienen que ser recuperados para completar esa bibliografía del flamenco.

Luego, de manera más reciente y no tan reciente, todos los artistas del flamenco que desde diferentes puntos del mundo están desarrollando tanto un flamenco tradicional como una estética propia, teniendo en cuenta no sólo los códigos de género sino también su acervo cultural propio y la manera que tienen de vivir en los diferentes puntos del planeta. Porque esos artistas extranjeros, que han vivido en España o fuera, y que han intentado imitar esos códigos tradicionales del flamenco, se han sentido un poco deudores de España como centro desde el que emanaba la cultura flamenca. Y han puesto entre paréntesis toda la riqueza que su vocabulario gestual, que su música y su cultura escrita podían aportar a su manera de hacer flamenco, para no ser de alguna manera individuos escindidos entre su yo flamenco y su yo habitual.

¿Tiene el arte, en este caso el flamenco, un elemento emancipador o rupturista con lo normativo?
El flamenco en sí mismo es disrupción y capacidad de transformación. Lo que pasa es que, al igual que tiene ese polo de emancipación, también tiene el polo opuesto de crear cánones, normas y fosilizar los códigos de movimiento, los cuerpos, las voluntades, las opiniones, etc. Pero no es algo específico del flamenco, creo que eso le puede pasar a cualquier estilo artístico en el que uno pueda volverse fundamentalista de los códigos y no los tome simplemente como una herramienta creativa, en la que uno pueda evolucionar y utilizarla para transformar cosas, sin necesariamente apegarse a ella.

Cuando te refieres al doble sentido de la palabra género, ¿fijas la mirada hacia cuestiones puramente artísticas o la desvías también hacia identidades disidentes dentro del flamenco?
Efectivamente, se tratan ambas. El flamenco a principios del s. XX, en los cafés cantantes y en cabarets de otro tipo, convivía con formas artísticas musicales, coreográficas, de teatro muy diferentes o proyecciones cinematográficas. Había una especie de hibridación entre el flamenco y otros géneros artísticos, pero también a nivel de género social, porque había una presencia bastante importante de transformistas en los mismos espacios en los que se hacía flamenco y, a veces, esos mismos transformistas imitaban a Pastora Imperio u otras figuras como Encarnación López ‘La Argentinita’, más de varietés dentro del ámbito del flamenco de aquella época. En esa hibridación, aunque los códigos empezaban a fijarse a nivel de masculino y femenino, también se incluía la capacidad de una cierta transgresión.

Cuentas que en el mundo jondo existían ciertos flirteos con las élites franquistas. ¿Se vieron afectados los tablaos durante la Dictadura? Entendiéndolos como espacios de cultura y arte, pero también de jaranas con fines de fiesta
Los tablaos surgen en pleno Franquismo como una de las estrategias que el Régimen empieza a desarrollar, a partir de los años 50, para abrir España al turismo internacional. De alguna manera, no hay confrontación entre el flamenco y el Régimen franquista a partir de la creación de los tablaos, sino que básicamente se produce todo al unísono y en completa afinidad. Lo que sucede es que el flamenco, hasta ese momento, había carecido de un espacio de trabajo propio y obviamente se sube al carro porque les ofrecen condiciones laborales fijas, con buenos salarios, etc. Pero, de alguna manera, los tablaos no dejan de ser espacios de entretenimiento de la élite franquista como para el turismo internacional. Dentro de la estrategia diplomática desarrollada por el Franquismo cuando visitantes extranjeros de importancia venían a España, era hacerles un pequeño tour, en el caso de Madrid, por el museo del Prado, el Valle de los Caídos y otros monumentos de interés históricos en la ciudad, que sistemáticamente terminaban en el tablao del Corral de la Morería.

¿Hay activismo LGTBIQ+ dentro del flamenco? ¿Cómo coexisten con los estereotipos vinculados a su rama más tradicional o purista?
Sí que existe un activismo, sobre todo desde la última década. Este convive a veces con gran aceptación, según el círculo en donde uno se mueva, y a veces con fricciones porque si no, no se trataría de activismo. Y creo que con mucha valentía y con gran convencimiento de que aquello que están defendiendo tanto a nivel artístico como a nivel social, no pone en cuestión el valor del flamenco ni la dignidad de los valores tradicionales dentro del flamenco, sino que intenta ampliar el espectro de posibilidades creativas e ir eliminando poco a poco ese fondo de machismo y de homofobia que el flamenco, como cualquier otra manifestación cultural en España, tiene por herencia cultural.

Sin embargo, la homosexualidad y el lesbianismo han sido un secreto a voces dentro del mundo flamenco.
Durante el periodo del 36 al 75 e incluso en el poso que la Dictadura dejó, siempre ha habido homosexualidad en el flamenco, como la ha habido en el resto del mundo, pero con un discurso de doble vida e hipocresía. Como es el caso de Enrique El Cojo, que aparece en este libro. La gente vivió su vida pero de manera completamente oculta y aunque existieran rumores, no era algo que uno viviera de manera normal y lo reivindicara como parte de su vida. Era, en el mejor de los casos, un secreto a voces, pero no algo que se aceptara como un elemento de la vida del artista que pudiera formar parte de su realidad cotidiana.

En el caso del transformismo la historia es un poco más compleja porque existieron diferencias entre las mujeres y los hombres: las mujeres siempre fueron mucho mejor aceptadas disfrazadas de hombres, que los hombres vestidos de mujeres. Esto desapareció con el Franquismo y se convirtió en un fenómeno privado o íntimo de la gente que podía hacerlo en su casa o en reuniones con amigos, pero nunca en escenarios o espacios públicos, excepto para mujeres como Carmen Amaya o Fernanda Romero que, como digo, sí que fueran aceptadas aunque no fueron una mayoría.

Lo mismo sucede a finales de la Dictadura y durante la Transición, hasta los años 90. El fenómeno del transformismo, que en esos años se le empieza a llamar travestismo, tiene un boom absolutamente brutal a todos los niveles de la sociedad española, por la necesidad que había de abrirse a nuevas experiencias. Había un cierto deseo social de romper con los códigos tradicionales y proliferan en las grandes ciudades salas en las que se daban espectáculos de travestis, hasta que su decadencia en los años 90. Lo cual no quiere decir que esos artistas travestis y esos espectáculos a los que acude el público de manera masiva fueran considerados artísticamente buenos o capaces de formar parte del acervo del flamenco. Eran espacios underground y marginales en los que la gente se iba a reír del mariquita o a los que la gente iba con ese morbo de ver a una persona transexual, pero con una intención que tenía poco o nada que ver con la voluntad artística.

En tu labor investigadora, ¿has encontrado algún vestigio contestatario en letras o piezas flamencas?
Una de las cosas que más me han interesado con algunas artistas flamencas de principios del s. XX es ver hasta qué punto eran mujeres públicamente reivindicadas como feministas. Cómo en sus propias letras reivindicaban el feminismo como el cambio social que ya se estaba produciendo y que iba a transformar completamente la sociedad. Es el caso de Amalia Molina y de Encarnación López ‘La Argentinita’ o de otras que cantaban letras, a veces aflamencadas, a veces más cercanas al cuplé, pero absolutamente cargadas de un mensaje político de corte feminista.

Durante la Dictadura he encontrado también, pero siempre desde el registro de la evocación, a artistas como Bambino o la Paquera de Jerez en cuyas letras se oscila en un borde en el que no se sabe muy bien de lo que se está hablando, pero donde se pueden intuir amores no convencionales. La Paquera habla de una amante en femenino, que la llama Soleá; Bambino está constantemente proponiendo historias de amor entre primos, amores prohibidos, de pecados... Entonces, durante el Franquismo, siempre existe un discurso de personas sexo disidentes o como lo queramos llamar desde la evocación, pero nunca de manera tan explícita como las artistas al principio del XX.

¿Qué has aprendido de estos «furreteos» por las cuestiones gitanas y la intrahistoria del flamenco desde su raíz hasta los tiempos presentes?
Por una parte, he aprendido hasta qué punto el flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato, y hasta qué punto en esa tarea vamos avanzando poco a poco. Pero en esos furreteos o folleteos se ve que quedan muchas cosas por hacer, porque hay cuestiones a las que yo solo me acerco como una persona que sabe que está mirando hacia un punto en el que hay algo interesante, pero que es necesario detenerse durante tiempo y hacer una investigación seria.

Las cuestiones gitanas se abordan desde un punto completamente distinto al que tradicionalmente se ha tratado. Bajo mi punto de vista, un tanto bizantina sobre la pureza o la impureza en relación con lo gitano, el caso del flamenco y sobre la pertenencia o la autoridad del flamenco en términos gitanos. En este caso, se aborda desde cuestiones como el estilo, la temática de las obras o el tipo de intérpretes que intervienen. Entiendo que al igual que con la historia que tiene que ver con la discapacidad física y psicológica, que son lugares a los que me acerco, y a los que aporto ciertas reflexiones y ciertos referentes. Es solo un terreno en el que hay que escarbar todavía más.

En este paso adelante por completar esta bibliografía de la Historia del Flamenco ¿Qué aporta esta Historia Queer a las personas que se acerquen a tu trabajo?
Se trataba de crear un paisaje más detallado y realista, incluyendo todos los aspectos que se han dado de facto en el flamenco. Es decir, dar una visión un poco más amplia de lo que el flamenco ha sido con los diferentes espacios y artistas, y no mirando solo desde esa perspectiva homogeneizadora. Por otro lado, crear referentes para el futuro. Se trata de hacer pensar a los artistas que vivimos hoy en día como bailaores o como creadores del flamenco, y mostrarles que ya han existido personas que desde la disidencia de género han producido obras artísticas o que ha habido personas con discapacidad física y visual que han sido buenos bailaores y reconocidos. La Historia está plagada de personajes que pueden servir de inspiración a los artistas actuales que no se sienten identificados con los cánones tradicionales del flamenco, por una razón o por otra, y que se sientan de alguna forma apoyados por ese pasado e invitarlos a que creen su propio futuro.

Entonces, sobre la visión del flamenco en el futuro, puedo decir que este trabajo de investigación desde diferentes puntos de vista, está apoyando o ayudando a que los creadores tengan cada vez más consciencia de lo que el flamenco ha sido en realidad, más allá de los estereotipos que nos han vendido a veces, y que pueden contar con ese pasado para plantar semillas. El pasado no solo está para repetir sino para crear cosas nuevas.