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sábado, 27 de julio de 2024

#hemeroteca #queer | ¿Abolimos el género o reescribimos la teoría queer con mirada perinatal?

¿Abolimos el género o reescribimos la teoría queer con mirada perinatal?
Debemos reflexionar sobre el sistema sexo-género en relación a los cuidados de las infancias y pensar cómo hacemos compatible los debates identitarios con las responsabilidades individuales y colectivas de sostener la vida.
Paco Herrero Azorín | El Salto, 2024-07-27
https://www.elsaltodiario.com/opinion/disputa-del-genero-cuidados-parentales

El sistema de género, en la medida que define roles sociales, es una construcción cultural que se puede modificar e incluso aspirar a abolir. Muchos son los estudios de filosofía política que han reflexionado sobre ello profundizando en su potencia de transformación social.

Desde un análisis antipatriarcal es claro que el sistema actual de género, basado principalmente en la aceptación del dimorfismo sexual como la base de la estructura social, sirve para perpetuar la opresión y la explotación de la mujeres, además de promover unos modelos de masculinidad tóxica que llevan a la infelicidad (más o menos consciente) de muchos hombres y, por extensión, de las personas con las que éstos se relacionan desde dichos postulados mutiladores y depredadores.

Hemos de pensar también el género en función de lo reproductivo, y viceversa, para que la alternativa sea, además de performativa y subversiva, responsable con los cuidados y comprometida con la supervivencia.

Por tanto, “el género en disputa”, como decía Judith Butler, y disputar el género, es una de las principales batallas culturales y sociales en las que hemos de participar para promover un orden social al servicio del bienestar. Se hace preciso transformar los mandatos y las expectativas que acciona la cultura hegemónica para que podamos convivir todas en libertad, independientemente de cómo vivamos nuestra sexualidad y de cómo expresemos nuestra identidad.

Pero pienso que hay un límite: jugar con lo social, con los roles y las identidades de género —y “jugar” es lo más sagrado, nos jugamos la vida y vivimos jugando cuando hacemos de la política desde un lugar creativo, como hacen los niños y niñas que ensayan sus nuevos mundos en su sagrado juego simbólico—,, no nos puede hacer perder el rastro de la base material en la que se sustenta todo ello, que no es otra que nuestros cuerpos en relación y las condiciones que precisa la vida para manifestarse. Esto es, hemos de pensar también el género en función de lo reproductivo, y viceversa, para que la alternativa sea, además de performativa y subversiva, responsable con los cuidados y comprometida con la supervivencia. Un sistema de sexo-género anclado exclusivamente en las identidades individuales (binarias o no binarias) nos puede venir bien puntualmente, pero no sirve para vertebrar comunidad

El planteamiento radical respecto al género defiende que los cuerpos van detrás, que vemos los cuerpos con nuestra visión de género y que por tanto cuando, por ejemplo, definimos “mujer” u “hombre” hay mucho más género que cuerpo, mucho más de proyección cultural que de materialidad objetiva. Más allá del debate metafísico, políticamente es muy interesante pensarlo así, ya que cuanto más género aceptemos más capacidad de intervención tenemos y más posibilidades de transformación política se despliegan, más potencia antipatriarcal.

Pero la cosa se nos complica cuando llevamos el debate a lo identitario y queremos relacionarlo con los cuidados: reforzar (o disolver) las identidades de género, teniendo en cuenta principalmente el lugar social que se desea ocupar para dialogar con las demás en términos individualistas, puede entrar en conflicto con los roles sociales que se derivan de las funciones reproductivas necesarias para el cuidado de las personas, y específicamente para el cuidado de las infancias.

Es muy fácil (incluso pasa sin querer) que la práctica performativa de género adopte formas adultocéntricas —entre otras cosas, no todos los sujetos están autorizados por el sistema neoliberal a ensayar diferentes posiciones identitarias—. El sistema con nuevas representaciones puede tanto subvertir como reforzar la estructura del privilegio, y la reforzará sin duda si no se entrenan paralelamente posibilidades compatibles con las necesidades de los y las bebés y de las personas que protagonizan los procesos sexuales-reproductivos, como son la gestación, el parto/nacimiento, el puerperio, la exterogestación o la lactancia.

Hablar “género” en clave de reproducción no es definir una expectativa social fija para los distintos roles de las personas en los cuidados -y a partir de ahí entrar en las nocivas dinámicas de juicio- sino integrar en el sistema de género la realidad de interdependencia que nos caracteriza como sociedad humana.

Así, cuando hablamos de “padres” o de “madres” (o de “mapas” no binarias), cuando pensamos en “identidades reproductivas”, esto es, en identidades que surgen directamente de la participación, con un cuerpo físico y sexualizado, en los procesos reproductivos mamíferos de nuestra especie —y que, pese a todas las transformaciones culturales que ha habido y a la participación intensa del mercado y de las tecnologías reproductivas, como la fecundación in-vitro, o de las tecnologías sociales, como la gestación subrogada, no han variado sustancialmente en miles de años— no es tan fácil subordinar el sexo biológico al género, máxime cuando en la función reproductiva las mujeres y los hombres (o como queramos llamarnos) son objetivamente diferentes.

El hecho reproductivo de nuestra especie es un hecho sexual, un proceso biopsicosocial autorregulado con dinámicas libidinales en las que la necesidad y el placer, el deseo y la supervivencia, se entremezclan para posibilitar la vida y garantizar el bienestar necesario para que ésta acontezca. No parece muy razonable, ni prudente, vincular todo esto exclusivamente a un sistema de género que queremos volátil y modificable, al menos sin una reflexión profunda al respecto que sirva para salvaguardar lo imprescindible.

El término medio —y pretendidamente el lugar de encuentro de la necesidad de corresponsabilidad con un sistema de género funcional al orden social— es plantear el “género reproductivo” en términos igualitarios, que la función social de un padre y una madre sean intercambiables en términos de parentalidad y cuidados: de ahí lo de los permisos iguales e intransferibles, o que los chicos podamos disfrutar del permiso de lactancia.

Más allá de las ventajas que puede tener como propuesta política en igualdad, los beneficios en clave de parentalidad no están tan claros. En lo concreto, a efectos prácticos, implica una homogenización de la crianza, un modelo de mínimos, un low cost que devalúa lo singular, lo que sólo pueden hacer determinadas personas —de nuevo se devalúa la particularidad de las mujeres-madres—, e instaura como paradigma parental el que “solo es importante para cuidar a las criaturas lo que pueden hacer por igual todas las personas, todos los cuerpos reproductivos”, el factor común, desestimando aquellos elementos que nos obligan a abordar el debate no solo en términos de género, sino también de sexo.

Se da la paradoja de que por huir de la violencia del marco esencialista, en el que el género está absolutamente condicionado por lo reproductivo en un sistema de opresión y explotación de las mujeres, validamos un sistema que no garantiza el respeto a los procesos perinatales ni el bienestar de las infancias. Validamos una organización social de desamparo y descuido.

Esa construcción salomónica y funcional al sistema —que además conecta con la precariedad que viven la mayoría de las familias que necesitan conciliar para llegar vivas a fin de mes— puede llegar a amenazar los mecanismos biológicos fundamentales para la autorregulación y la salud comunitaria, y afianzar que la reproducción en nuestra sociedad se dé siempre en condiciones precarias.

Así, con nuestra organización social y con el sistema de roles sociales que la sustenta —el género— mutilamos el ecosistema de la vida en vez de nutrirlo y vertebrarlo en clave de respeto y derechos. La potencialidad política que se abre por la performatividad del sistema de género se acaba cerrando al poner este juego al servicio de las estructuras de violencia patriarcal que agreden la vida.

Esto no quiere decir que estemos obligadas a vincular para siempre el sistema de género al sistema de sexos y a la capacidad reproductiva de las personas, ni tampoco que haya que abolir el sistema de género para que las diferencias sexuales operen sin filtro cultural desde el determinismo biológico. Hemos de ser creativas y proponer un sistema de representaciones en sintonía con el cuidado y el bienestar, un sistema de género producto de la fragilidad humana, de las necesidades de amparo y de las dinámicas saludables de interdependencia. Un sistema de género al servicio de la sexualidad “colectiva” del “cuerpo social” y de sus procesos reproductivos, y que esté emancipado de las identidades que sostienen, y fijan, el sistema de privilegios.

Lo “masculino” y lo “femenino”, y otras muchas caracterizaciones que podamos inventar, no tienen que estar lastradas por las diferencias sexuales de los cuerpos en sus identidades biológicas. Podemos, y en mi opinión debemos, fantasear con emancipar el género del sexo, pero lo que sería un desastre social es dejar los procesos reproductivos -que a su vez necesitan unos roles y una organización social para hacerlos viables- en un territorio de nadie, sin respuesta, abandonados, porque no nos va bien cargar con esto en la batalla cultural.

Se nos complejiza el juego y nos obliga dialogar con la diferencia y el dimorfismo en la reproducción, y parece que así no se hacen amigas en la izquierda transformadora.

Así, por ejemplo, la identidad parental “madre”, o la identidad parental “padre”, no deberían ser simplemente la evolución en base al sistema de sexo-género “del hombre o mujer que se reproduce”, de manera que los hombres devengan automáticamente en padres (independientemente de que sean padres ausentes, igualitarios o corresponsables) y las mujeres devengan automáticamente en madres (independientemente de si paren o no). Estas identidades, en un sistema de sexo-género que estuviera en sintonía con las necesidades de cuidado, se tendrían que definir teniendo en cuenta la participación diferenciada en el hecho reproductivo desde sus roles como personas cuidadoras —podría darse el hecho de que personas con identidad de género “hombre” devengan en “madres”, y viceversa—, y hoy por hoy, las madres y los padres son diferentes y no son intercambiables.

Si bien “madre” y “padre” como identidades de género siguen reproduciendo el sistema binario, al menos son identidades que -si se basan en los cuidados y no el el Código Civil-, surgen en relación y por tanto tanto integran la alteridad, y es justo la aportación de los hijos, hijas, hijes, las necesidades de las criaturas, lo que hace que se definan como diferentes -y por ello es problemático hablar de igualdad de género en términos reproductivos, pero, por otro lado, ambas identidades son compatibles con identidades de género masculinas y femeninas, lo que multiplica las posibilidades en los roles de acompañamiento a las infancias, a la vez que se tienen en cuenta los procesos libidinales que necesitan para crecer saludables-.

No es lo mismo parir que no parir, gestar que no gestar, poder o no poder amamantar, Independientemente de cómo llamemos (o se llamen desde una autodeterminación de género) a las personas que protagonizan estos procesos sexuales y reproductivos. Además, necesitamos que los y las bebés —sujetos políticos que suelen quedar fuera de los discursos de vanguardia— no queden en una situación de desamparo sin cuerpos ni prácticas que les sostengan, y necesitamos también que se puedan reivindicar, si se quiere, el parto o la lactancia como elementos propios de la identidad sexual (o de identidad de género), sin recibir un rechazo social y militante por ello.

Tan nocivo es defender el determinismo biológico como obviar que la biología tiene un papel fundamental en la sexualidad y la reproducción humana. Si sacamos la biología de la ecuación dejamos la reproducción (y la identidad) a merced del capitalismo, a expensas de su tecnología y consumo. La biología es lo que da la dimensión sexual a lo reproductivo, y esa dimensión sexual es la que hace que lo reproductivo no sea una mera “fabricación industrial de individuos nuevos”, sino un elemento de cohesión y de vertebración comunitaria desde la que edificar el sistema de cuidados y bienestar.

No deja de ser un sin sentido que defendamos la sexualidad como una construcción cultural que opera sobre los cuerpos y activa los procesos libidinales, sin reconocer que el deseo tiene una función biológica esencial para la supervivencia de la especie y que forma parte de nuestra existencia como animales mamíferos que somos.

Sabemos lo importante que es el lenguaje para crear realidad, y aunque aún no sepamos cómo hacerlo de manera precisa, hemos de empezar a nombrar e integrar en nuestros discursos los procesos reproductivos, con sus bases biológicas y con la organización social que precisan, y no dejarlo de lado porque pueda significar un inconveniente en nuestra propuesta política de disputar el género. Lo queer precisa también de su versión perinatal y de cuidados si se pretende reivindicar como una teoría política emancipatoria antipatriarcal.

Porque, parafraseando el título de la última obra de Judith Butler, ¿quién teme al género si éste se pone al servicio de la vida?
Paco Herrero Azorín. Educador social y coordinador del proyecto @femdinamo de la Dinamo Acció Social (Valencia)

jueves, 13 de junio de 2024

#hemeroteca #homofobia #deporte | Dennis González, campeón de Europa en natación artística, denuncia homofobia: “No sé si estamos en el siglo XXI”

Dennis González //

Dennis González, campeón de Europa en natación artística, denuncia homofobia: “No sé si estamos en el siglo XXI”

El joven nadador de 20 años, a quien asegura que no le afectan estos mensajes, alza la voz: “Un niño que esté empezando en natación artística, si recibe estos comentarios, le va a afectar”
Irene Guevara | El País, 2024-06-13
https://elpais.com/deportes/2024-06-13/dennis-gonzalez-campeon-de-europa-en-natacion-artistica-denuncia-homofobia-no-se-si-estamos-en-el-siglo-xxi.html

“Sirena”, “trucha”, “vaya pluma” o “¿no puede caminar normal?”, tuvo que leer Dennis González, nadador y doble campeón de Europa en la competición europea de estos días en Belgrado, entre otros comentarios homófobos en redes sociales tras una de sus actuaciones que le valió el primer puesto en solo técnico martes. Pero Dennis no se ha quedado callado y ha alzado la voz. “Me iba a dormir, pero no lo puedo hacer tranquilo”, confesó en un vídeo —que ya suma más de 160.000 visualizaciones, 1000 comentarios y 17.000 me gustas— compartido en su perfil de TikTok para hablar sobre la situación. El nadador de 20 años —recién cumplidos hace un mes— ha confesado que le dan “igual” estos mensajes, pero ha querido hablar sobre ello por cómo podría afectar a los deportistas más jóvenes al iniciarse en la disciplina: “A parte de la impotencia que me puedan dar esos mensajes, que me dan igual […], tengo que dar voz y me da mucha rabia. Sé que un niño que está empezando en natación artística, si recibe comentarios así, le va a afectar”. No es, sin embargo, la primera vez que se enfrenta a comentarios homófobos en sus vídeos.

“Los comentarios son cosas que yo no entiendo si estamos en el siglo XXI o el siglo X a.C. todavía. Son gente que no ha ganado nada, que no sabe lo que es la disciplina, lo que es el trabajo. No saben lo que es ser campeón de Europa. No saben lo que conlleva todo eso”, continuó, recalcando el esfuerzo de sus hazañas. Y aconsejó “no dar bola a estos mensajes”, ya que solo “buscan atención”. “El día que le afecten a alguien y le repercuta en su decisión, sí que me importará, y no me voy a quedar callado”, zanjó Dennis.

Precisamente González encontró refugio de sus problemas de ‘bullying’ en el colegio en la piscina, donde unió sus pasiones: la natación y el baile. Su gran referente, Pau Ribes, pionero en la natación artística masculina. Pero ya dentro de la competición, se encontró con los comentarios homófobos de aquellos que no toleran la inclusión natural de los hombres en un deporte mayoritario entre mujeres. Y es que, por primera vez, los hombres podrán participar en natación artística en los Juegos de París de este verano, aunque el joven nadador se prepara el de Los Ángeles 2028.

El español ha logrado dos medallas de oro en el Campeonato Europeo de Belgrado —emplazado en Serbia desde el 10 de junio al 23, finalizando el viernes 14 las pruebas de natación artística— en solo técnico y dúo mixto libre con Emma García. Aún puede lograr una presea más en la modalidad de dúo mixto técnico junto a Mireia Hernández en la final del próximo viernes.

jueves, 29 de junio de 2023

#hemeroteca #fiestas #igualdad | La igualdad de género gana terreno en el Alarde de Irun

Antxon Jauregui, en el centro, en el ensayo del Alarde en Irun el martes //

La igualdad de género gana terreno en el Alarde de Irun

El joven Antxon Jauregi romperá moldes al convertirse en el primer varón que desfilará como cantinera en una fiesta con más de 140 años de historia
Mikel Ormazabal | El País, 2023-06-29 ***
https://elpais.com/espana/2023-06-29/la-igualdad-de-genero-gana-terreno-en-el-alarde-de-irun.html

Este año se cumplen 25 años de la primera vez que las mujeres consiguieron participar en el Alarde de San Marcial de Irun (Gipuzkoa) vestidas de soldados, en igualdad de condiciones que los hombres. Aquello supuso un antes y un después en la historia de este desfile de armas que durante más de un siglo, hasta 1998, tenía restringida la presencia femenina. Fue una conquista de quienes defendían una fiesta sin distinción de género. Este próximo 30 de junio, el alarde mixto e igualitario marcará un nuevo hito en la misma dirección. Antxon Jauregi, de 19 años de edad, actuará como cantinera. Será un hecho insólito, porque nunca antes un varón ha desempeñado el papel de cantinera, una de las figuras más emblemáticas y veneradas por los vecinos de la localidad fronteriza. “Soy consciente de que mi presencia como cantinera supone romper moldes, pero yo lo vivo con normalidad, como cualquier chica que sale como soldado”, afirma este joven irundarra.

La participación de Antxon Jauregi como cantinera hubiese sido imposible hace un cuarto de siglo. Se habría considerado un sacrilegio festivo. Así lo entienden aún quienes a finales de los noventa se opusieron de malas formas a que las mujeres desfilasen como escopeteras y ahora también critican que un hombre haga el papel de cantinera. En Irun hubo un cisma social entre los defensores de la fiesta al estilo tradicionalista y los impulsores de una celebración no discriminatoria. El clima de tensión y enfrentamiento vecinal que se daba entonces, a veces con episodios violentos, ha ido aplacándose con el tiempo (la Ertzaintza ya no tiene que escoltar el desfile de las mujeres) y se desarrolla ahora con un alto grado de civismo. La división persiste, aunque sin incidentes graves, y se manifiesta en la existencia de dos desfiles diferenciados: el alarde mixto, que no hace distinción de género, y el tradicionalista, donde las mujeres solo actúan como cantineras.

El joven irundarra, 1,85 metros de altura, luce una larguísima melena negra, tiene las uñas muy largas y femeninas y lleva piercing en la cara. Trabaja como peluquero y será el único varón entre las 12 cantineras del alarde mixto y público. “No soy cantinero; soy cantinera”, precisa. Será el estandarte de la compañía San Miguel, una tropa de reciente creación que reunirá a unas 200 personas. Comenta que “está más o menos aceptado que una mujer haga papeles de hombre, pero aún se considera raro que sea al revés”: “Ya sé que hay gente a la que le ha parecido mal que yo sea cantinera, pero era una ilusión que yo tenía desde muy pequeño”. Antxon ya desfiló como soldado con tres compañías diferentes del alarde mixto cuando tenía entre 13 y 15 años. Este año decidió postularse como cantinera en la compañía de su barrio: “Me he sentido muy acogido. He recibido más felicitaciones que muestras de rechazo. Por ahí me han criticado en algunos comentarios, pero personalmente no he visto malos gestos en la calle. Es verdad que alguno se suele girar cuando paso, pero solo por curiosidad”.

No existe en los estatutos del alarde mixto ninguna cláusula que impida que un hombre desfile como cantinera. En cambio, las ordenanzas del alarde tradicionalista establecen que es “condición indispensable” que la cantinera sea “soltera” y tenga un “gran amor y entusiasmo por el alarde”, además de ser natural de Irun o residir desde al menos 15 años en esta localidad. Mikel Malmierka, capitán de la compañía mixta San Miguel, se muestra convencido de que “Antxon lo va a hacer de maravilla, porque es consciente de que todas las miradas del público se van a dirigir a él”. Y defiende la decisión de aceptar que un varón sea cantinera: “Esto no deja de ser una performance. Mientras la persona que va dentro del traje haga bien su papel, ¿qué más da que sea un hombre o una mujer? Los capitanes de las compañías tampoco somos capitanes en la realidad”.

Alegría y respeto
Antxon no había nacido cuando estalló la división en el pueblo (“yo siempre he visto dos alardes”, comenta) por la irrupción de las mujeres en la fiesta. Dice que “esto hay que verlo con normalidad y naturalidad”, y le gustaría que “la fiesta se desarrollase con mucha alegría y respeto”. Mañana será uno de los protagonistas más observados durante la fiesta.

Irá vestido como mandan los cánones, con el uniforme oficial de la cantinera. Saldrá con el pelo recogido con un moño e irá vestido con una boina roja, unos bombachos bajo una falda plisada de franela blanca y un pequeño delantal negro bordado. Portará una bandolera blanca de la que colgará un barrilito y calzará unas botas blancas de lona hasta las rodillas. Durante el desfile deberá ir saludando al público con un abanico. “Animo a todos los iruneses a vivir la fiesta en convivencia”, sentencia.

lunes, 12 de junio de 2023

#hemeroteca #genero | Andrés Beraza: “Está casi normalizado que una chica juegue al fútbol pero no que un chico baile”

Noticias de Álava / Andrés Beraza //

Andrés Beraza: “Está casi normalizado que una chica juegue al fútbol pero no que un chico baile”

Los lazos que unen a Andrés Beraza Escuela de Danza y el Conservatorio Municipal de Danza José Uruñuela son intensos
Carlos González | Noticias de Álava, 2023-06-12
https://www.noticiasdealava.eus/cultura/2023/06/12/normalizado-chica-juegue-futbol-chico-andres-beraza-6916133.html

Son varias las bailarinas que a lo largo de los años han hecho el camino entre Estella y Gasteiz para seguir formándose. De hecho, los lazos que unen a Andrés Beraza Escuela de Danza y el Conservatorio Municipal de Danza José Uruñuela son intensos. Este mismo sábado, por ejemplo, alumnado de 3º y 4º de Enseñanzas Profesionales del centro de la capital alavesa acude a tierras navarras para presentar la pieza Exit, de Arantzazu Susunaga, en un festival que se va a celebrar en el centro cultural Los Llanos.

Viven este sábado una cita importante en Estella, también con la presencia del Conservatorio José Uruñuela.
–Cuando llegué a Estella hace 20 años ya, iniciaba un nuevo camino. Es una ciudad en la que había mucha danza folklórica, pero no una tradición de danza clásica ni contemporánea. Siempre quise hacer un espectáculo que fuera más allá de una cita de fin de curso de una escuela. La idea era proponer algo con un montaje didáctico, un espectáculo que cualquier persona pudiera ver independientemente de si su hija bailaba en la escuela o no. El objetivo era y es ir aproximando a la gente en general diferentes lenguajes y distintas formas de bailar.

Siempre se tiende a pensar que una escuela de este tipo, ya además con un largo recorrido, solo puede existir o seguir adelante en una capital, sea Pamplona o Vitoria.
–Desde el principio, la mía ha sido una labor muy didáctica, como te decía. En general, en España no hay una gran cultura de danza. La gente entiende por bailar lo que ve en la televisión y poco más. Desde el principio, he tenido claro que la palabra escuela viene cargada de respeto. Para mí es muy importante que en mi escuela las alumnas que realmente tienen talento y que quieren desarrollar su lado artístico y llegar al mundo profesional, no tengan la sensación de que, después de diez años aquí, han perdido el tiempo. Es para mí muy importante hacer un trabajo real, serio, que abra las puertas de los conservatorios como el de Vitoria. Y eso combinarlo con una parte de la escuela que tiene una disposición amateur. Eso sí, quiero que para estas niñas también la escuela sea algo significativo para ellas, que sirva para ampliar su horizonte cultural, que les ayude a valorar la danza desde un punto de vista mucho más profundo y amplio que lo que les ofrece la cultura de la televisión. Tal vez en los inicios alguien pensó que era un osado, pero he conseguido que mis alumnas entren en los conservatorios en 4º o 5º grado de Profesional y a mí eso me llena de orgullo. Al principio fue una labor complicada porque las expectativas con las que venían las niñas y los padres a la escuela a veces chocaban con un centro que quería hacer un trabajo serio.

Son varias las alumnas que han llegado de su escuela a Vitoria para seguir formándose en el Uruñuela. Satisfacción, pero también una responsabilidad, ¿no?
–Soy muy prudente en el hecho de animar a irse. Sí les doy las herramientas, abro horizontes, hago ver cosas... Por ejemplo, al Conservatorio José Uruñuela siempre hacemos una visita. Cuando las bailarinas tienen un nivel, vamos un día y toman clase. Nunca les animo pero si ellas me preguntan y tienen una vocación y un interés, les doy opciones. Marcharte de tu casa con 16 años es una decisión muy importante y personal que debe tomarse de manera meditada. Yo no quiero forzar esa decisión. Además, estamos hablando de alumnas que están llevando los dos estudios, los de cualquier estudiante y los de danza. Ellas toman una decisión y también es la vida la que va reafirmando, o no, ese camino. Hay alumnas que han intentado acceder al mundo profesional que después de un par de años han decidido seguir otra senda. Quiero decir, tampoco estamos hablando de decisiones dramáticas sin marcha atrás.

A pesar de todos los esfuerzos que se hacen, sigue habiendo una ausencia de chicos en los centros de formación en danza que llama la atención.
–Hablamos mucho de igualdad y estas cuestiones, pero la realidad es que hay lugares donde esta igualdad no se consigue. Hoy está bastante normalizado que una chica juegue al fútbol pero no que un chico baile. Somos el mundo al revés. En el ámbito de la danza todavía hay muchos pasos que dar en esa normalización. A mí me pasa que vienen a la escuela chicos muy pequeños que comienzan con muchas ganas y talento, pero muchas veces lo dejan porque llegada la pubertad no aguantan la presión que pueden percibir desde el exterior.

¿El parón de la pandemia ha afectado mucho al interés de las nuevas generaciones o...?
–Tanto en 2020, con el confinamiento, como en 2021, con las restricciones, sí que se notó un parón de motivación. Por ejemplo, alumnas que hubieran pensado en ir a Vitoria, al conservatorio, antes las dificultades del contexto, decidieron no dar ese paso. En la escuela intentamos trabajar de manera que la clase fuera para las chavalas un desahogo, más que un lugar de exigencia. También creo que el miedo nos hace más pragmáticos. Es decir, en el momento en el que la sociedad tiene miedo ante cualquier amenaza, inculca más a sus hijas que vayan a algo seguro. Cuando hay confianza, la gente apuesta más por seguir sus sueños. Ahora se está retomando esa línea. Lo que sí noto ahora con respecto a antes es la inmediatez. El de la danza, como el de las artes en general, es un trabajo que se va haciendo poco a poco. Los grandes frutos se recogen después de años de trabajo. Ahora, existe más una cultura de resultados inmediatos.

sábado, 13 de mayo de 2023

#hemeroteca #binarismo | Un hombre desfilará por primera vez como cantinera en los sanmarciales de Irun

El Diario Vasco / Antxon Jauregui hará historia en el Alarde de Irun //

Un hombre desfilará por primera vez como cantinera en los sanmarciales de Irun

Antxon Jauregui Vidal cumple su sueño después de haber sido elegido por la compañía de San Miguel del Alarde público, en el que las mujeres desfilan como soldado
Iñigo Morondo | El Diario Vasco, 2023-05-13
https://www.diariovasco.com/bidasoa/irun/hombre-cantinera-sanmarciales-irun-alarde-publico-20230513132137-nt.html 

Los dos Alardes de San Marcial que cada 30 de junio se celebran en Irun se encuentran en estas fechas eligiendo a las cantineras de sus respectivas compañías. Tanto el público, en el que las mujeres desfilan como soldados (con instrumento musical o escopeta) en la misma condición que sus compañeros varones, como el tradicional, que mantiene la norma por la que los hombres representan los roles de soldados y mandos, nombran cada año a las jóvenes que saldrán el 30 de junio como cantineras, 12 en el Alarde público, 19 en el tradicional. Hasta ahora, tanto en un caso como en el otro, siempre han sido mujeres quienes han sido elegidas para ese papel.

Este año, entre las 12 cantineras del Alarde público habrá por primera vez un chico. Se trata de Antxon Jauregui Vidal, que desfilará en la compañía de su barrio, San Miguel, a cuyos responsables ha trasladado que esta designación le permite cumplir «el sueño de mi vida».

Junto a Antxon Jauregui, en el Alarde mixto desfilarán otras 11 cantineras. Dos de ellas se eligen este sábado (las de las compañías de Olaberria y Anaka), mientras que las otras nueve ya han sido nombradas: Leyre Lorenzo Beato (Danborrada), Olatz Sanz Larrarte (Banda de Música), Mónica Rodríguez Iguiñiz (Caballería), Elaia Iriarte Sarasola (Landetxa), Garazi Agirresarobe Barandiaran (Bidasoa), Elene Sagardía Rodríguez (Ama Xantalen), Ane Borreguero Oliden (Lapitze), Juncal Uruñuela Vergara (Santiago) y Nahikari Gómez Sampedro (Artillería)

En el caso del Alarde tradicional, están confirmadas 12 de las 19 cantineras que desfilan cada año: María Díez Jiménez (Caballería), Itziar Pombar Olmos (Behobia), Ainhoa Susperregui Eceiza (Ventas), Paula González Duarte (Meaka), Irati Arana Garrido (San Miguel), Patricia López Alfonso (Olaberria), Anne Rocha Urtizberea (Ama Shantalen), Uxue Lukas Alberdi (Anaka), Marta Chacón Semper (Uranzu), Maia Darrieussecq (Santiago), Maite Cañas Gutiérrez (Lapice) y Aintzane Galarza Albistur (Artillería). Este sábado se eligen las de Azken Portu y Belaskoenea y este domingo la de Bidasoa.

viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #flamenco | Fernando López: “Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El Salto / Fernando López con su 'Historia queer del flamenco' //

“Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El bailaor Fernando López presentó en una de las cunas del flamenco, Jerez de la Frontera, su libro ‘Historia queer del flamenco’, que se editará en los próximos meses en Francia y Estados Unidos. El artista madrileño continúa compaginando arte, investigación y activismo en una prolífica carrera por un mundo más diverso.
Alejandro López Menacho | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/flamenco/entrevista-fernando-lopez-historia-queer-flamenco-incapaces-vislumbrar-mundo-no-binario

La relación entre el flamenco y, concretamente de la danza, con “lo queer” no es un objeto de estudio usual. El artista Fernando López (Madrid, 1990) ha volcado toda una tesis universitaria en un ensayo editado por la Editorial Egales, sello especializado en temática LGTBIQ, que ya va por la cuarta edición y presentó en el Corral de San Antón, en pleno corazón de Jerez de la Frontera.

‘Historia queer del flamenco’ realiza un recorrido por aquello que se escapa de la norma en el flamenco, desde que apareciera la propia palabra en 1847 en el periódico El Espectador hasta nuestros días. Un ambicioso y extenso estudio sobre el que merecía la pena debatir y profundizar.

P. ¿Cómo ha sido recibido el libro en el seno de la comunidad del flamenco y del baile?
En general ha sido una obra bien recibida, tanto por la prensa como por los aficionados porque, aunque el tema pueda generar debate, está escrito y trabajado con seriedad. El estudio se apoya en un gran número de fuentes y, al final, siempre hay información que puede ser valiosa para todo el mundo: también para los aficionados al flamenco no son especialmente afines a cuestiones relacionadas con la diversidad de género y asuntos parecidos.

P. El flamenco ha sido un compartimento estanco durante muchos años, tratado como un género artístico sobrio, con unos códigos muy masculinizados y heteropatriarcales, como analizas en los primeros capítulos del libro; sin embargo, algo parece estar cambiando. ¿Consideras que esta masculinidad tan latente ha lastrado la libertad creativa del flamenco durante décadas?
Es verdad que el flamenco tiene esa parte conservadora. Lo curioso es que, al menos hasta la Guerra Civil, el flamenco era mucho más abierto de lo que ha llegado hasta nuestros tiempos. No es casualidad que tengamos todavía la imagen del flamenco como una cosa rancia, conservadora y heteropatriarcal, porque así fue su propia evolución en la dictadura franquista.

Pero lo cierto es que el flamenco, especialmente en las grandes ciudades, cafés cantantes y demás, antes de la Guerra Civil, era un género mucho más abierto de lo que ahora parece. Se mezclaba con otras músicas, otros bailes, había transformismo y artistas que cantaban canciones con contenido feminista. Todo aquello desapareció por completo durante la dictadura y el flamenco acabó convirtiéndose en algo muy binario en cuestiones de género y que respondía a los ideales de género y estéticos del Nacionalcatolicismo. El flamenco contemporáneo y el flamenco ‘queer’ son una reacción a ese tipo de flamenco.

P. ¿Cuál es el nexo de unión entre lo ‘queer’, un concepto todavía mutante, y el flamenco?
Hay puntos en común que tienen que ver con la marginalidad. Un espacio común fuera de la norma. El flamenco siempre tuvo ese carácter marginal, aunque luego fue un arte que se institucionalizó y sirvió para exportar la identidad española al extranjero y atraer turistas al país. Pero obviando este lado comercial, ambas comunidades tienen ese punto en común de poder acoger a personas que no tienen un lugar donde guarecerse; son los raritos, los pobres, los marginados, los que no tienen recursos…

P. ¿Crees que sigue habiendo un estigma sobre el hombre que se dedica al baile y la danza en el sentido de que deben bailar de un modo muy viril, potente y rudo?

El flamenco es un arte muy masculino incluso para las mujeres. Para ellas, el hecho de que pudieran tener códigos que socialmente se consideran masculinos no suponía tanto problema porque era algo bien recibido, estéticamente aceptable. Esto no sucedía con los hombres afeminados. Lo afeminado era siempre lo débil, lo inferior y lo rechazable: algo que estéticamente no gustaba. Precisamente por eso los bailaores y los cantaores que se vestían de una forma más afeminada o se movían de otra manera, eran rechazados. De hecho, esto sigue ocurriendo y es uno de los puntos que todavía no hemos superado. Por ejemplo, en el caso de bailaores travestidos o que visten bata de cola que, lo hacen a menudo desde un baile con mucho tecnicismo y virtuosismo, un baile con un acompañamiento musical potente, que hace que su forma de bailar no sea considerada en absoluto afeminada, porque está construido desde una fuerza considerada como muy masculino, y que resulta atractiva para los espectadores. Son hombres vestidos de mujer, que portan accesorios femeninos, pero que bailan de un modo muy fuerte, muy masculino y muy intenso. Por tanto, son bien recibidos a pesar de llevar ropa de mujer. Hay pocos bailaores que hayan bailado de un modo femenino o afeminado (no es lo mismo) y hayan sido bien recibidos por el público, incluso hoy en día.

P. Hablas del baile de personas con diversidad funcional, es un capítulo muy interesante en el que abogas por una inclusión real.
El flamenco ha sido muy especial a la hora de acoger a personas con diversidad funcional o neuro-divergencia a lo largo de su historia. Al ser un arte que se desarrollaba, en parte, en comunidades marginadas, tenía la posibilidad de acoger a todo el mundo, porque no tenía ínfulas de alta cultura o cosas por el estilo. Pero es cierto que han sido casos excepcionales.

Ahora existen varios proyectos como los que nombro en el libro en el que se acogen a todo tipo de personas, cuerpos y bailes. El siguiente paso sería que no tuvieran que formar parte de un proyecto específico de inclusión sostenido por un discurso de apoyo social, sino que fueran artistas que pudieran desarrollar sus carreras en cualquier tipo de compañía y estilo.

P. Dices en el libro, en relación a un espectáculo de Israel Galván en el que se traviste de mujer, que “la comunidad flamenca del baile es una comunidad activamente reflexiva, capaz de plantearse preguntas con jondura”, ¿es positivo para el flamenco la eliminación de estereotipos ligados al género?
No es que sea positivo, es que es urgente, y no para el flamenco sino para la sociedad en general. Somos poco conscientes de cómo esos binarismos atraviesan nuestras vidas en todos los aspectos: la manera de vestirnos, cómo nos movemos, los espacios en los que podemos mear y los que no, los espacios en los que nos cambiamos en los gimnasios, las profesiones que podemos ejercer, las actividades de ocio, el tipo de música, nuestros roles sexuales… Todo pasa por ese filtro binario de género, y, por supuesto, el flamenco como parte de la cultura, también. Creo que aún no somos capaces de vislumbrar un mundo sin esa categorización binaria tan básica y al mismo tiempo tan presente en nuestro día a día.

P. ¿Queda algo de los cafés cantantes de antaño en España? ¿Qué es lo más parecido que tenemos en la actualidad?
Lo más parecido a los cafés cantantes que existe actualmente, y esa es mi apuesta fuerte, es lo que se llama flamenco contemporáneo, no los tablaos. Los tablaos realizan un tipo de espectáculo que se creó y gestó a lo largo de las décadas de los 30, 40, pero especialmente en los 50, espectáculos muy específicos destinados a los turistas que luego se han llevado a los grandes teatros, pero que no conservan el germen de experimentación, de espectáculo y de revista de mezcla que sí están siendo recuperado, de manera actualizada, por el flamenco contemporáneo. Sobre todo el tema de la hibridación, de la experimentación, del tipo de artista, que hoy llamaríamos multidisciplinar y que se veía cada día en los cafés cantantes. El proyecto estético está más presente en el flamenco contemporáneo y las performances que en los actuales tablaos.

P. Hablas de un activismo LGTBIQ-F (f de flamenco) en el libro. ¿En qué momento se encuentra?, ¿se ve amenazado por la deriva política en España?

Creo que la deriva de la ultraderecha en España y en Europa es un efecto de boomerang que se genera cuando se ha vivido un periodo de gran apertura y de conquista de derechos. Forma parte de la propia dinámica de los avances. Supongo, espero y deseo que sea un paréntesis, y que seamos capaces de dar el salto y seguir avanzando. Las perspectivas no son muy halagueñas y quizás hayamos tocado un máximo, un techo donde podemos llegar desde el activismo hasta dentro de un tiempo.

P. ¿Puede ganarse la vida un artista flamenco que rompa los patrones de género o está destinado a la marginalidad?

Hablo desde el privilegio más absoluto porque soy un artista que, paralelamente, tengo una carrera académica. Me puedo permitir dar clases en la universidad y compaginar la investigación con la creación, y esto me ayuda en mi trabajo artístico. Pero lo que veo en la comunidad del arte queer no es alentador: una enorme precariedad como la veo en la danza, y en general en las artes escénicas.

La gente joven que empieza tiene la sensación de una gran frustración, de no tener espacio, de que no se les permite el acceso. Hay pocos espacios y los que existen están ocupados por grandes estrellas que, de alguna manera, lo fagocitan todo y les impiden ir escalando, aunque sea poquito a poco, para poder dedicarse al baile de manera digna. La gente lo acaba haciendo porque la creatividad a menudo es pura necesidad, y sigue creando porque lo necesita y forma parte de su vida, pero muchas veces hay que compaginarlo con otra vida laboral.

lunes, 14 de febrero de 2022

#hemeroteca #sexismo #vestimenta | Una pareja de mujeres pone contra las cuerdas los roles de género en las Fallas

El Diario / Laura y Alicia //

Una pareja de mujeres pone contra las cuerdas los roles de género en las Fallas.

Alicia y Laura reclaman a Junta Central Fallera (JCF) poder escoger la vestimenta oficial sin encorsetarse en el género masculino o femenino para acudir juntas a los actos oficiales.
Laura Martínez | El Diario, 2022-02-14
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/sociedad/pareja-mujeres-pone-cuerdas-roles-genero-fallas_1_8746448.html 

A Laura la obligación de llevar vestido, corpiño y moño le hizo recelar de las Fallas y abandonar la fiesta popular. Hasta los 11 años se vistió de valenciana a regañadientes y, cuando se dio cuenta de que no estaba a gusto con la indumentaria asociada a las mujeres, terminó por dejar su comisión. Desde hace dos años comparte relación y casal con Alicia y este año, en las fiestas que arrancarán en las próximas semanas, quieren compartir los actos oficiales como el resto de parejas.

Laura y Alicia se han topado con las costuras del reglamento de la Junta Central Fallera (JCF), que impone una vestimenta a los hombres y otra a las mujeres. Las dos jóvenes de 21 años reclaman al organismo regulador que permita a Laura escoger el traje de ‘saragüell’ (chaleco y calzón) que llevan los hombres, según explican en conversación con elDiario.es.

El reglamento de la Junta Central Fallera establece, bajo amenaza de sanción, que "la Fallera deberá lucir el tradicional traje de valenciana" y que "queda terminantemente prohibida la utilización de prendas que no sean acordes a la indumentaria", así como que "no se permitirá la utilización de prendas masculinas por falleras, en actos oficiales, con independencia del cargo que ocupen. A estos efectos, se considera el blusón o blusa prenda masculina".

Las jóvenes llevarán al pleno de su comisión este viernes la petición formal de poder elegir el traje dentro de la indumentaria oficial. La falla Castellón-Segorbe apoya la iniciativa de las jóvenes, pero se enfrenta a una sanción de la Junta según el reglamento, actualizado en 2002.

"La sociedad avanza", expresan ambas. Alicia ha compartido su propuesta en un hilo en Twitter al que se han sumado otras parejas LGTB contando experiencias similares.

Junta Central Fallera, abierta a cambiar el reglamento
A falta de una reforma del reglamento de la Junta Central Fallera, son las propias comisiones las que deciden adaptarse a la diversidad. El pasado año, tres comisiones permitieron a tres hombres ser nombrados falleros mayores. Según las experiencias que recopila Alicia en las respuestas a su comentario, otras fallas también son más flexibles permitiendo que se adapte la vestimenta.

La Junta Central Fallera, el organismo regulador de la fiesta valenciana, se abre a reformar el reglamento y adaptarlo al contexto actual. "Nos hemos dado cuenta de que tiene que cambiar", explican fuentes de JCF, que se muestran comprensivas con las modificaciones respecto a la indumentaria.

Tras 10 años sin un congreso, los presidentes de las fallas acordaron el pasado noviembre someter el reglamento vigente a reformas a partir de esta primavera.

Y TAMBIÉN…
Las Fallas, dispuestas a revisar sus reglamentos de vestimenta para superar los roles de género.

El presidente de la Junta Central Fallera y concejal de Cultura Festiva, Carlos Galiana, considera que las normas falleras "se tienen que adaptar a la realidad" y asegura que la Junta escuchará la petición de una pareja que reclama usar una vestimenta no encorsetada a su género.
Laura Martínez | El Diario, 2022-02-15
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/sociedad/fallas-dispuestas-revisar-reglamentos-vestimenta-superar-roles-genero_1_8750139.html

viernes, 21 de enero de 2022

#hemeroteka #festak | Jakintzako bi mutil kantineraz atera dira haur danborradan, lehenengo aldiz

Hitza / Jakintza Ikastolako mutil kantineretako bat //

Jakintzako bi mutil kantineraz atera dira haur danborradan, lehenengo aldiz.

Beñat Parra | Irutxuluko Hitza, 2022-01-21

https://irutxulo.hitza.eus/2022/01/21/jakintzako-bi-mutil-kantineraz-atera-dira-haur-danborradan-lehenengo-aldiz/ 

San Sebastian eguna historikoa izan da aurten, arrazoi askorengatik: ez da bandera igoerarik eta jaitsierarik izan Konstituzio plazan, helduen danborradak ez dira kalera atera eta haur danborrada bost gunetan banatu dute, Alderdi Ederren egin ordez. Ordea, beste arrazoi batengatik ere historikoa izan da, haur danborradan bi mutil kantineraz atera baitziren atzo, lehenengo aldiz. Jakintza Ikastola izan da pausoa eman duena. Historikoki, neskak izan dira kantinerarena egin izan dutenak, baina Jakintzako bi mutil horiek naturaltasunez desfilatu zuten atzo Antiguako kaleetatik, kantineraz jantzita.

viernes, 9 de julio de 2021

#hemeroteca #homofobia | La fiesta de los que no éramos invitados a la fiesta

Tomás Narbona y Juan Andrés Teno //
La fiesta de los que no éramos invitados a la fiesta.

Juan Andrés Teno | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2021-07-09

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2021/07/09/la-fiesta-de-los-que-no-eramos-invitados-a-la-fiesta/ 

Al principio no había diferencias, sólo juegos. Con el baby todos éramos iguales, no había sexos, ni colores, sólo eran importantes los tesoros guardados en los bolsillos. Antes de salir al recreo nos daban una botellita de leche y nos sentíamos héroes de una historia jamás imaginada.

Carreras en el patio y muchas risas. Cuando aprendimos a leer, Mari Carmen llevaba un libro de 'Los Cinco', que recreábamos una y otra vez en el rincón más alejado, en medio de enormes piedras que nacían del suelo no hormigonado como montañas de paisajes lejanos.

Un año llegó una pelota y el fútbol. La unión instintiva entre amigas y amigos desapareció. Los chicos debían jugar al futbol y las chicas a sus cosas. Lo intenté, intenté divertirme dando patadas a un balón y meterlo en la portería. Pero esa dinámica impedía las conversaciones y las risas, que eran sustituidas por la competitividad y ser el mejor. Lo intenté, pero no pude. Y no jugué más al futbol.

Seguía siendo enormemente feliz, deseando que mi madre me levantara por las mañanas para ir al colegio con mis amigos. Hasta que llegó la palabra “marica”. Parecía que no era un término al azar que se incorporaba a nuestro creciente vocabulario, ya que sólo era utilizada para referirse a mí. Al principio sonreía cuando me lo decían, porque si mis amigos me llamaban así tendría que ser necesariamente algo bueno. No sabía que significaba.

Poco tiempo después la palabra iba acompañada, primero de risas, luego de caras turbias y al final actitudes de rechazo. Seguía sin saber lo que significaba pero ya no era tan feliz. Si esa palabra solamente me la decían a mí era porque yo era diferente, distinto. Y eso no me gustaba.

Cuando empecé a percibir que era un insulto, asimilé que algo en mí no funcionaba bien, que no era lícito, que en mí habitaba un pecado muy poco común. Pero seguía sin saber su significado. Es muy triste abandonar la infancia intuyendo que hay algo malo en ti. Primeras lágrimas.

Aun hoy intento averiguar cómo mis iguales sabían algo de mí que yo desconocía o de donde habrían sacado esa actitud homófoba ante alguien que solo quería ser un niño y ser feliz.

Al llegar la pubertad no solo descubrí el significado de la palabra sino mi orientación sexual. No suponía un conflicto interno, te asumes tal y como eres, pero también aprendes a rumiarlo en soledad.

La palabra cada vez estaba más teñida de odio y se entrelazaba peligrosamente con manos y pies demasiados ligeros que siempre acaban chocando con mi cuerpo.

Fueron pasando los años hasta llegar a la veintena. Mi adolescencia y primera juventud fue un tiempo robado, me robaron la posibilidad de ser, me robaron el primer beso en la boca, me robaron las mariposas en el estómago, me robaron el amor del primer novio, me robaron la posibilidad de ir cogidos de la mano, me robaron el descubrimiento del sexo... me robaron la posibilidad de ser querido.

Vivir una adolescencia secuestrada es una de las experiencias más amargas a las que te puedes enfrentar, un periodo de la vida en la que inventas realidades, te escondes, ocultas tu esencia por miedo. Estos años que me sustrajeron no son recuperables, nunca podrán volver.

La violencia existió en el colegio, en el instituto y en la universidad. Violencia ante la que única respuesta era el silencio por que tu integridad física corría peligro, por que no había apoyos exteriores en los que pudieras estar seguro para poder gritar quien eras.

Un día, pasada la treintena confiesas entre lágrimas a tu madre que eres homosexual, que estás enamorado de un hombre que ella creía tu amigo. Y lloras por miedo, por el temor al rechazo, por que quiera esconderte, porque te deje de querer. Entonces tu hermana, sabedora de la salida del armario le dice a tu madre que en esos momentos es cuando más debía quererme. Y tu madre sólo responde: “no puedo quererlo más de lo que lo quiero”. Y un gran suspiro sale de tu alma y te relajas al saber que las cosas pueden empezar a ir bien, que es posible de la felicidad, que vas a poder contar con tu familia.

Y al final del verano te vas a vivir con tu novio, aunque sabes que nunca te podrás casar y que no podrás ser padre de ninguna manera. Y guardas los besos y las acaricias a tu hijo en el bolsillo de las esperanzas y lo canalizas hacia otros tipos de afectos. Asumes que vuelves a ser feliz pese a que nunca podrás ser como lo son los demás, que eligen libremente el unirse legalmente a otra persona por amor o disfrutar dando un biberón a tu criatura.

Pero la vida a veces te sorprende con situaciones inesperadas. Hace 16 se aprobó de repente el matrimonio igualitario y la posibilidad de adoptar (aunque el movimiento LGTB llevaba años luchando para conseguirlo). Con el tiempo límite pisándote los talones te casas e inicias el proceso de adopción. Y llega tu hijo. Y crees que es imposible ser más pleno y más feliz.

Pero, a pesar de ello, te sueltas de la mano de tu marido allí donde no tienes la seguridad de ser aceptado, evitas muestras de afecto en público en lugares que no conoces, en espacios acotados, en escenarios sin luz. Y este ejercicio es diario en tu ciudad, cuando te desplazas a otras localidades, en tu lugar de vacaciones. Sigues teniendo miedo, estás siempre alerta como una presa que puede ser cazada. Y no sólo lo haces por ti o por tu pareja, sino por el niño que llevas en el carrito al que sabes que tienes que defender y aislarle de cualquier situación conflictiva derivada de la orientación sexual de sus padres.

Lo peor de toda esta historia es que sus protagonistas, además de los hombres que hemos nacido en la década de los 60 del siglo pasado, son también los nacidos en la década de los 70, de los 80, de los 90, los del nuevo milenio. Y más terrible es saber que las palabras “marica” y maricón” se siguen escuchando hoy en los patios, los pasillos o los aseos de los colegios, que hay niños que las incorporan a su vida sin saber lo que significa y que luego la asimilan como una señal de estigma, en el mejor de los casos, o de violencia en la mayoría de ellos.

Por todo ello deberían callar para siempre quienes se siguen preguntando el porqué de que salgamos a las calles en el Orgullo LGTBI para reivindicar nuestros dignidades y derechos, porque no todo está conseguido, porque nuestra infancia sigue sufriendo, porque estos niños necesitan ser felices en su infancia para ser plenos en su madurez y no llegar mutilados, como hemos llegado muchos, con vacíos que no pueden ser llenados y con cicatrices que no desaparecen.

Hace unos días Javier Ambrosi decía que el Orgullo LGTBI es “la fiesta de los que no éramos invitados a la fiesta”. Parafraseándole, en esta sociedad existir debe ser la vida de los que no somos invitados a la vida.

Y a pesar de todo, estas situaciones cotidianas las visualizamos como un regalo aquellos que vamos cumpliendo años y consiguiendo metas de respeto. A no ser que no seas invitado a la fiesta y a la vida, porque tienes 24 años, vives en A Coruña, te llamas Samuel y te asesinan a golpes mientras te escupen en la cara la palabra “maricón”.

Juan Andrés Teno. Periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar