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lunes, 28 de diciembre de 2015

#hemeroteca #jaimegildebiedma | Gil de Biedma, un poeta en la charca de la memoria

Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma
Gil de Biedma, un poeta en la charca de la memoria.
Es uno de los poetas españoles clave del siglo XX, murió hace 25 años. Acaba de publicarse la edición completa de sus ‘Diarios’, iniciados en 1956.
Manuel Vicent | El País, 2015-12-28
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/27/actualidad/1451233688_686695.html

El lunes 21 de octubre de 1985, Jaime Gil de Biedma supo de verdad que la vida iba en serio y tuvo que internarse bajo un nombre ficticio —Jaime Costos Sánchez— en el hospital Claude Bernard, pabellón Roux, de París, para tratarse de un sarcoma de Kaposi, el primer síntoma de sida, que se le había diagnosticado ese verano. Empezaba así el martirio de su cuerpo, como el de un San Sebastián, cuyas flechas tomaban la forma de pinchazos, radiografías, termómetros y pastillas. No era la primera vez que la salud le había fallado. En 1956, de regreso de su primer viaje a Filipinas, una tuberculosis lo tuvo varado entre la cama y la hamaca del jardín en la casa solariega de La Nava, en Segovia, pero aquella enfermedad era una evanescente aura que nimbaba la imagen de un joven poeta y que le permitió iniciar un diario en que vertió toda la experiencia erótica de jabalí en busca insaciable de adolescentes masculinos en su estancia en Manila; en cambio, el cuerpo lacerado en 1985 por máculas de Kaposi no tenía nada de literario. Era un estigma que había que mantener en secreto. De hecho, solo Ana María Moix, la psiquiatra Rosa Sender, la familia más íntima, aparte de su pareja sentimental, Josep Madern, y algún consejero de la empresa Tabacos de Filipinas, de la que era secretario, sabían el alcance de su tragedia. En este último diario de 1985 expresa muy bien la angustia que le suponía recorrer un túnel que entonces solo llevaba a la muerte. En la clínica de París alternaba lecturas del economista Schumpeter en la cama con el tedio de la duermevela a la hora de la siesta, los insomnios y las pesadillas nocturnas con los calmantes, reconocimientos táctiles de los ganglios, inyecciones de interferón, electrocardiogramas, análisis de heces, ecografías de estómago. Con todo este bagaje infernal el poeta imaginaba el tormento que sería volver a Barcelona, donde habría que seguir el tratamiento y hacer frente a los rumores que inevitablemente iban a suceder.

El diario iniciado el 21 de octubre de 1985 se interrumpió el viernes 1 de noviembre. Fue como ese avión que deja de emitir señales en pleno vuelo y los controladores ignoran dónde ha ido a caer. De hecho, sus últimos apuntes son como registros en una caja negra: “O sea, 2 ampollas de 18 millones. Diluida cada ampolla con 1cc de agua para preparación inyectable. Más 2/3 ampolla de tres millones (o sea diluirla con 1cc de agua y tomar 2/3 partes)”.

El silencio perduró hasta el 8 de enero de 1990, fecha de su muerte. Pocos días antes había muerto Carlos Barral, su amigo desde los tiempos de la universidad. De esta forma, acabó la Escuela de Barcelona, aquella dorada tropa que en los felices setenta tenía asiento en los peluches rojos del pub Bocaccio de la calle Muntaner y que previamente había ensayado la modernidad en los baretos y boutiques de Tuset street, un remedo de Carnaby st. de Londres. ¿Qué habían aportado a la posteridad aquellos jóvenes de la gauche divine? Tal vez fueron los primeros en saber hundir con el dedo el hielo del gin tonic frente a los escritores del realismo social, que abrevaban vino tinto en vasos de vidrio mojado servido en los mostradores, también mojados, de las tascas de Madrid. Juan Marsé solía decir que en Madrid si pedías una ficha de teléfono en un bar el camarero siempre la daba mojada.

Entre Madrid y Barcelona se repartían la vida los poetas Caballero Bonald, Ángel González, Valente, Jaime Gil de Biedma. Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo. De todo este grupo, el heraldo hacia la muerte fue Gabriel Ferrater, quien se suicidó en 1972, a fecha fija al cumplir los 50 años, como había prometido. El 19 de marzo de 1999, día de su onomástica, José Agustín Goytisolo se cayó por la ventana mientras estaba arreglando una persiana que se había atascado. De hecho, no cayó a plomo en la acera sino en medio de la calzada, lo que demuestra tal vez que el salto fue premeditado.

Un canto maldito
Carlos Barral pasó por diversas curas de desintoxicación del alcoholismo, pero ninguna muerte tan duramente conseguida a través de un largo camino de autodestrucción como el de Jaime Gil de Biedma. Toda su vida partida en dos, como su cuerpo, de cintura para arriba el yin, poeta excelso y ejecutivo honorable de empresa; de cintura para abajo el yang, el lobo nocturno contra sí mismo en vicios estéticos en busca de la máxima degradación. Felices tiempos aquellos de la lucha antifranquista cuando todo eran hamacas, amigos, fiestas de esmoquin blanco, poemas, playas y viajes entreverados con cuerpos adolescentes. Un día llegaron a casa de Gil de Biedma dos policías de la Brigada Social para detenerle. Los recibió el mayordomo. “Tengan la bondad de esperar en la sala de visitas, —dijo— el señorito Jaime se está bañando pero les atenderá en seguida”.

El diario que Gil de Biedma inició en 1956, mientras se reponía de unas manchas en los pulmones en la casa solariega de La Nava, se ha dado a conocer ahora en sus partes sumergidas. El poeta lo reescribió cuando ya sabía que iba a morir. Esas partes ocultas constituyen un canto maldito al placer de la carne en el que la pasión por la belleza se transforma en una charca donde agonizan los peces oscuros de la memoria.

lunes, 7 de diciembre de 2015

#hemeroteca #jaimegildebiedma | Los diarios de Gil de Biedma, al fin

Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma
Los diarios de Gil de Biedma, al fin.
Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición nos acerca más al gran poeta que quiso reformar la prosa española y cambiar de raíz el contenido de la intimidad.
José-Carlos Mainer | Babelia · El País, 2015-12-07
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/01/babelia/1448987655_710451.html

Cuando en 1974 Jaime Gil de Biedma publicó 'Diario de un artista seriamente enfermo', era un hombre convencido de su valía literaria. Dos anotaciones de febrero y abril de 1960 de los diarios que ahora conocemos revelan que ya releía entonces sus notas de 1956, antes de que en 1971 emprendiera una reconstrucción larga y minuciosa. En 1987, cuando se le diagnosticó una enfermedad más seria que la tisis de 1956, amplió notablemente el libro añadiéndole textos mucho más personales, y en 1989 entregó a Carmen Balcells para su publicación el Retrato del artista en 1956, que apareció en 1991. Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición suma al corpus el llamado Diario de ‘Moralidades’ (1959-1965), otro de 1978 y el más breve y crepuscular de 1985, lo que duplica holgadamente lo que ya conocíamos.

Andreu Jaume (que ya editó el importante epistolario del escritor, 'El argumento de la obra. Correspondencia', en 2010) ha hecho un trabajo ejemplar como editor y anotador y ha escrito un prólogo espléndido, digno de las páginas que le siguen. Es patente, como recuerda, que el rifaciamento del diario nació como boletín del taller poético del autor y, sobre todo, como un reto de reformar la prosa española que consideraba poco apta para expresar, con sencillez, sinceridad y eficacia, la vida personal. Compartía ese sentimiento con Carlos Barral, que luego dedicó varios libros al mismo propósito, y no sé muy bien si tal era el caso de Sánchez Ferlosio y Juan Benet, cuyos modelos y objetivos fueron algo distintos. Pero cuando, en la ampliación de 1987, Gil incorporó a los asuntos de amistad y poesía páginas sobre su vida sexual y desprejuiciadas confesiones sobre sus amigos, es patente que buscó además algo más provocativo: cambiar de raíz el contenido de la intimidad en las letras españolas. Y configurar ante un lector una imagen de sí mismo. Quería que las escenas filipinas (que escandalizaron a tantos y en tantos otros provocaron una insana efusión de beatería) fueran vistas como un “dejar en suspenso toda opinión y criterio propios; interesarse de buena fe por los temas y los problemas de los demás”. Y, a la vez, demostrar que “soy todo menos espontáneo: existe un hiato intelectual que percibo demasiado bien entre el que me siento siendo y el que me siento ser y comportarse…”. Sabía, en fin, que sólo en esa duplicación se producía el mayor de sus dones: ser un poeta capaz de “el súbito don de la contemplación de un ser, de penetración de un sentido que me sobrecoge, igual que una emoción”.

El bien bautizado Diario de ‘Moralidades’ (1959-1965) escolta la creación de un libro capital en la historia de la poesía española y, sin duda, el mejor de su autor. Aunque delimitó con claridad su contenido (pensó en escribir otros poemas sobre el Valle de los Caídos o sobre su recuerdo personal de Alberto Jiménez Fraud y Natalia Cossío), concibió cada uno de ellos como un ente autónomo en un concierto total, al modo de las piezas musicales: no es casual que se refiera a sus partes como “movimientos” o hable de la búsqueda de un 'finale' certero y que, a menudo, trace un borrador o 'monstruo' que anticipa la melodía a las palabras escogidas luego. Se sabe ya dueño de una voz (el “tono fundamental de rudeza, sabiduría erótica, cinismo y sentimentalismo”) y de su personaje (con “tono de locutor de radio o periodista”, escribe con humor), a la vez que selecciona impiadosamente los modelos y antimodelos de su escritura: nada concede a Juan Ramón Jiménez (“increíble descenso hacia la tontería pura”) y todo para Antonio Machado; elogios a Espronceda, devoción por Cernuda y tedio ante Jorge Guillén, sobre quien acaba de escribir un libro (su epitafio: “Nada más irritante que esto de desarrollar ideas viejas que han dejado de interesarnos”).

El diario de 1978 es ya la obra de un poeta póstumo, como él mismo diría, que ha hecho buena su premonición de principios de 1965, un año antes de publicar en México 'Moralidades': “Lo malo mío es que ni siquiera tengo ambición de poder literario”, aunque ya sabe que ha logrado ser “un gran poeta…” intermitente. Las páginas de 1978 se cierran con una declaración más tajante: “Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a mí mismo…”. Pero no es cierto del todo. Necesitaba, cuando menos, vivir con intensidad en compañía, aunque fuera a costa de la enfermedad y del desorden y de la autocomplacencia mezclada siempre con la lucidez. “Mi felicidad no es otra en el fondo que querer y que me quieran”, confiesa tras una cena —copiosamente etílica— en una taberna de Girona. Las pocas páginas de 1985 se escribieron en la clínica de París donde estaba internado y anotan minuciosamente efectos de la medicación, llamadas telefónicas esperadas y alguna lectura: un repaso de las novelas de Henry James se alterna con las páginas de 'Capitalismo, socialismo y democracia', de Schumpeter, igual que en los días filipinos de 1956 las noches de orgía en los catres más sucios dejaban paso a la solemne lectura de De La Rochefoucauld en el hotel. No fue la suya una vida fácil, pero fue fiel a sí mismo, a sus versos y a sus amigos.

jueves, 5 de noviembre de 2015

#libros #testimonios | Diarios 1965-1985

Diarios 1965-1985 / Jaime Gil de Biedma ; edición de Andreu Jaume.
Barcelona : Lumen, 2015 [11-05].
672 p.
ISBN 9788426402516 / 24,90 €

/ ES / BIO
/ Crónicas / Historia - Siglo XX / Literatura / Testimonios

Poco antes de morir, Jaime Gil de Biedma dejó lista la versión íntegra de su diario de juventud, que se publicó en 1991 con el título de ‘Retrato del artista en 1956’, al que en esta edición, prologada y anotada por Andreu Jaume, se le añaden otros tres que escribió años más tarde y que habrían permanecido inéditos hasta ahora. El primero cubre un periodo comprendido entre 1959 y 1965, una época decisiva en su vida y en la que alcanzó la madurez poética. El segundo es un diario de 1978, momento en que el poeta, después de abandonar casi la poesía a finales de los años sesenta, intentó volver a escribir. Y el último es un breve dietario que Gil de Biedma llevó en una clínica de París, en octubre de 1985, cuando fue ingresado para recibir tratamiento contra la enfermedad que acabaría con su vida, en enero de 1990.

En conjunto, este libro conforma una espléndida autobiografía intelectual y moral, desde el despertar de su vocación literaria en 1956, su primer viaje a Filipinas, la consolidación de su perfil sentimental y poético, hasta la lenta y laboriosa composición de sus mejores poemas y de sus ensayos, el agotamiento de la vena lírica y el avistamiento de la muerte. A lo largo de estas páginas vemos cómo uno de los grandes poetas europeos del siglo XX escribe, ama, trabaja como alto ejecutivo de una empresa, y hace lo suyo por vivir en «este país de todos los demonios». Si antes apreciábamos solo una parte del retrato, ahora la obra está completa.

DOCUMENTACIÓN
Los diarios de Gil de Biedma, al fin.
Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición nos acerca más al gran poeta que quiso reformar la prosa española y cambiar de raíz el contenido de la intimidad.
José-Carlos Mainer | Babelia · El País, 2015-12-05
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Los inéditos de Gil de Biedma: crónica de un distanciamiento.
Ven la luz los diarios completos del poeta, editados por Andreu Jaume, que dan cuenta de su ambición literaria y su progresiva desmoralización.
Fernando Díaz de Quijano | El Cultural · El Mundo, 2015-10-30
http://www.elcultural.com/noticias/letras/Los-ineditos-de-Gil-de-Biedma-cronica-de-un-distanciamiento/8543
Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político.
Se publican los diarios completos del poeta barcelonés que terminan su autobiografía.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-10-30
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/30/actualidad/1446205095_547096.html 
Fotogalería: Lujuria y ternura del fantasma en Manila.
El país, 2015-10-27

http://elpais.com/elpais/2015/10/27/fotorrelato/1445967807_107947.html
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

viernes, 30 de octubre de 2015

#hemeroteca #testimonios | Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político


Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma con su padre Luis. La Nava, Segovia, 1956
Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político.
Se publican los diarios completos del poeta barcelonés que terminan su autobiografía.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-10-30
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/30/actualidad/1446205095_547096.html

“Ahora, cuando examino la serie de accidentes y de crisis sucedidas durante este tiempo, se me despierta la sospecha de hasta qué punto no habré provocado yo mismo algunos de ellos y agravado otros inconscientemente. Y me parece como si hubiera estado huyendo –huyendo de algo o huyendo de mí”.

Es lo que plasmó en su diario Jaime Gil de Biedma, a sus 32 años, el sábado 19 de mayo de 1962. Ese era el vivir de uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX, cuya onda expansiva no para de crecer. Y así queda reflejado en los inéditos que trae el libro ‘Diarios. 1956-1985’ (Lumen), con edición de Andreu Jaume, que incluye una introducción y un gran aparato de notas. Los escritos nuevos son: “Diario de 'Moralidades'. 1959-1965” (su época de esplendor creativo), ‘Diario de 1978’ (su vida tras la muerte de Franco y constatación de su sequía literaria) y ‘Diario de 1985’ (su enfrentamiento ante el diagnóstico del sida). Completa la utobiografía diarística registrada en ‘Retrato del artista en 1956’ (título definitivo y sin censurar del publicado en 1974 como ‘Diario del artista seriamente enfermo’). El volumen de 665 páginas llegará a las librerías el 5 de noviembre.

Estos diarios completan el autorretrato personal, íntimo, intelectual y creativo de este escritor nacido en Barcelona en 1929 y fallecido en esa misma ciudad en 1990, con una infancia inolvidable en Nava de la Asunción (Segovia), paraíso de sus recuerdos y de su poesía. "Es una biografía literaria y moral desde su juventud y el despertar de su vocación hasta el enfrentamiento con la muerte", ha dicho Jaume. Además, hay luces de su clarividencia sobre el tardofranquismo y la Transición. Es el Gil de Biedma buscador de la gran poesía, visionario de España, que escribía en los ratos que le dejaba su trabajo de ejecutivo en la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Conquistador de musas
Es el mundo real de Gil de Biedma, cuya lectura lo engrandece y produce en el lector agradecimiento y conmoción. Agradecimiento por compartir el proceso creativo, la gestación y evolución del poema rodeado de los fantasmas de su vida. Sobre todo en ‘Diario 1959-1965’, donde se ve la creación de ‘Moralidades’, uno de sus grandes poemarios. En esas páginas se aprecia, explica Andreu Jaume en la introducción, “el minucioso sistema compositivo, de una lentitud tan extrema que resulta en realidad muy poco contemporánea. Gracias a ello, cada poema tiene varias capas que suelen disolverse en la facilidad con que el lector pulsa el fraseo, quedando en la memoria como un embrión que crece y segrega sentido con el tiempo, a medida que uno envejece”. También se ve, continúa Jaume, que es un Diario más esquemático del de ‘Retrato…’, “donde Gil de Biedma no se preocupa tanto por la imagen que de sí mismo trata de ofrecer cuanto por lo que quiere averiguar, aprender y escribir. Es hasta cierto punto más honesto”.

Se ven los hallazgos del tono, de la música o de la difícil transparencia. Es la oportunidad de presenciar el milagro de una creación artística. De la búsqueda de la belleza que nace de la incertidumbre, el dolor, el extravío, las heridas, la búsqueda y reconocimiento del Yo, del hallazgo de los fantasmas que lleva dentro y su lucha por aceptarlos y vencerlos.

Una persona que lo que más ambicionaba era “llegar a ser un gran poeta”. Y lo logra con menos de cien poemas. Y sin escribir siempre porque ya en los años 70 deja de hacerlo. Su honestidad queda reflejada en 1978: “Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a sí mismo”.

Franco y la Transición
Son los años del desencanto. De todo. Franco ha muerto tres años antes, la democracia se abre paso, pero Gil de Biedma y muchos de su generación ya llegan cansados, agostados, y ha sido tan larga, grande e ilusionante la espera que la realidad parece más pequeña. Los fantasmas de la dictadura aún lo persiguen. El poeta sueña como condenado a muerte. Varias veces. “Por garrote esta vez, junto con otros dos condenados a quienes conocía pero que no recuerdo. Conducción en una camioneta: viajan con nosotros el verdugo y la silla”, escribe Gil de Biedma.

Sobre su mirada de la dictadura escribe, el 4 de marzo de 1965: "El franquismo no es más que un caos ideológico, aglutinado por el miedo, y presidido por un individuo de enorme astucia política y con una increíble intuición -hasta ahora- de por dónde pasan las líneas de fuerza que le permiten mantenerse en el ejercicio del poder".

Y Gil de Biedma avista la situación cuando muera el dictador: "Los frenos del proceso de liberalización , una vez desaparecido Franco, son fundamentalmente dos: 1) la tendencia de todo ‘stablishment’ político a perpetuarse tal cual. 2) Mucho más importante: el recuerdo de la guerra civil y el miedo de las clases actualmente en el poder -si ese miedo es capaz de impedir toda tentativa de racionalización política derechista de un estado de cosas que les será aún, en muchos aspectos, resueltamente favorable".

Luego reflexiona sobre la actitud de la sociedad española: "Quizá sea optimista, pero pienso que ese segundo factor puede aminorarse espectacularmente si en los doce meses que sigan a la muerte de Franco no se produce ningún estallido -y me extrañaría muchísimo que se produjera".

Erotismo y felicidad
El registro de su vida sentimental, amorosa y sexual es mucho menor comparado con el intelectual. Da cuenta de algunos enamoramientos, de sus relaciones en parejas estables como cuando el 31 de mayo de 1961 escribe: “la enfermedad de L., que lo ha mantenido en su casa, me ha desmoralizado por completo, echándome en brazos de las obsesiones eróticas y de la bebida como exceso habitual. Bastante preocupado por esto último –el incremento de mi consumo diario de alcohol a partir de las ocho de la tarde”.

La poca presencia de pasajes eróticos o sexuales parece quedar explicada cuando el 23 de marzo de 1965, Gil de Biedma reflexiona, tras recibir la carta de un amigo con profusión de aventuras sexuales: “He recordado mi diario de Manila, hace nueve años, en el que aparecen consignados con la misma candidez notarial y con el mismo entusiasmo detalles muy parecidos, y he caído en la cuenta de cómo la edad modifica nuestra actitud con respecto a las actividades eróticas. A los 25 años consideraba casi obligatorio decir lo que uno tiene gusto en hacer, llamando pan al pan y vino al vino; ahora pienso que para qué contar lo que a uno le gusta, si a todos nos gusta hacer lo mismo y con media palabra nos entendemos”.

Gil de Biedma escribió de la felicidad furtiva; del paso del tiempo, que es el Tiempo y sus criaturas en la oscuridad. De la orfandad amorosa. Estos inéditos muestran sus cambios sobre su concepción de uno de sus grandes temas. Jaume siempre ha dicho: “La reflexión sobre la experiencia amorosa es constante, como en sus poemas. Y lo importante es que no se trata de un poeta gay, como lo es Cernuda o Cavafis. Gil de Biedma amaba seres humanos, no causas”.

Era un poeta que tenía una gran conciencia de su Yo, de su mundo para la poesía, y ese mismo Yo lo aplasta y le ahonda la sensación de desamparo.

En 1978 Gil de Biedma confiesa: "Pero mi felicidad no es otra en el fondo que la de querer y que me quieran, sumada a la de encontrarnos el uno con el otro, inesperadamente rescatados de la rutina urbana, sin nada que hacer más que disfrutar del intermedio".

Los vaivenes de su ánimo y su duelo con sus fantasmas y demonios lo llevan a reconocer que es feliz con Josep, pero escribe: "Lo que he descubierto ahora, siendo feliz, con una certeza que se ha ido haciendo cada vez más consciente, día tras día, es que hay una parte de mí que ya no desea vivir mucho".

Un privilegio conocer aún más a este Gil de Biedma conquistador de musas y domador de demonios.

DOCUMENTACIÓN
Fotogalería: Lujuria y ternura del fantasma en Manila.
El país, 2015-10-27

http://elpais.com/elpais/2015/10/27/fotorrelato/1445967807_107947.html#1445967807_107947_1446198862
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

lunes, 31 de agosto de 2015

#hemeroteca #testimonios | Gil de Biedma, el inédito de su vida


Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma en Nava de la Asunción, Segovia
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

La voz de Jaime Gil de Biedma volverá este otoño. Lo confirmará como un poeta libre en la poesía española con la publicación de unos diarios inéditos y reveladores de su vida literaria y privada. Recordarán que fue un eslabón con el tiempo extraviado de la poesía española con el Romanticismo para ponerla en la modernidad real.

La primera vez que Gil de Biedma (Nava de la Asunción, 1929 - Barcelona, 1990) fue consciente de su propia voz tenía tres o cuatro años. Sus palabras se abrieron paso en la penumbra de una siesta para preguntar cuándo irían a San Rafael, la casa familiar de veraneo en Segovia. Medio siglo después, en 1981, dejó escuchar su última voz poética: “La vida a veces es tan breve / y tan completa que un minuto / —cuando me dejo y tú te dejas— / va más aprisa y dura mucho”. Nueve años después moriría de sida.

Veinticinco años más tarde la voz de Gil de Biedma, gran poeta de la Generación del 50, retornará en ‘Diarios’ (Lumen), con edición del crítico Andreu Jaume. “Es una biografía literaria y moral desde su juventud y el despertar de su vocación hasta el enfrentamiento con la muerte”, avanza el editor y crítico, antes de que llegue la ventisca del morbo sobre sus andanzas sexuales.

Es un volumen que reúne sus voces conocidas y por descubrir: ‘Retrato del artista en 1956’ (título definitivo y sin censurar del publicado en 1974 como ‘Diario del artista seriamente enfermo’), una serie de apuntes de los años 60, el mítico diario de 1978 y otro de 1985, cuando le diagnosticaron sida. Todo acompañado de un aparato de notas y un estudio introductorio de Jaume.

Retazos de vida donde se ve a un poeta que “siempre se enfrentó a sí mismo con enorme severidad”, según el editor. Escritos de alta calidad, pues era consciente de estos diarios como parte de su obra, “con un gran interés porque aportan algo a su poesía y su vida”, cuenta Juan Marsé, quien fuera uno de sus mejores amigos.

En esos ‘Diarios’, asegura Jaume, se reafirma como uno de los grandes poetas españoles del siglo XX; confirma su acertada y acerada mirada sobre la literatura y sus creadores; hay más luces de su clarividencia sobre el tardofranquismo y la Transición; y eclipsa “la banalización a que ha sido sometido su nombre” en el imaginario popular derivada de su vida sexual y no deja dudas de que no era un ‘poeta homosexual’, solo era un poeta en quien los sentimientos, el amor y el sexo son sentidos, apreciados y vividos sin etiquetas, sin prejuicios, sin vergüenzas, sin miedo.

No solo buscó insertar la poesía española “en el gran romanticismo europeo, superando el techo del simbolismo”, explica Jaume, “sino que ha sido el poeta español más consciente de su oficio. Su dominio técnico, su trabajo crítico y su conocimiento de las posibilidades expresivas de la lengua, desde la Edad Media, pasando por el Renacimiento y el Siglo de Oro, hasta su ruptura con el 27”.

Todo Gil de Biedma es voz. Voz que conversa con los lectores, en lírica o meditación; que le habla a cada uno como si fuera solo a él porque le cuenta sus intimidades y preocupaciones, deseos y sueños. Lo que hace es prolongar las voces que lo acompañaron en su infancia en San Rafael y Nava de la Asunción (Segovia) donde pasó la Guerra Civil y muchas temporadas, con familiares que hablaban, incluso, como reconoció, “de una manera deliberada para producir un efecto estético”.

Escribió de la felicidad furtiva; del paso del tiempo, que es el Tiempo y sus criaturas en la oscuridad. De la orfandad amorosa. Estos inéditos mostrarán los cambios sobre su concepción de uno de sus grandes temas, según Jaume: “La reflexión sobre la experiencia amorosa es constante, como en sus poemas. Y lo importante es que no se trata de un poeta gay, como lo es Cernuda o Cavafis. Gil de Biedma amaba seres humanos, no causas”.

Esparcida y extraviada, aquí y allá, España como esquirlas. Mucho antes de que muriera Franco en 1975 publicó el tercero y último poemario, Poemas póstumos, de 1968. Después poemas sueltos en revistas. El problema de Gil de Biedma, como el de muchos compañeros de generación, recuerda Andreu Jaume, “es que cuando llegó la democracia estaba ya muy herido, cansado y desencantado de todo. Luego se acomodaron a la libertad, sin grandes entusiasmos. Sabía que España era un país con un retraso histórico muy difícil de solucionar”.

Veinticinco años han esperado estos diarios para dejar el silencio, los años que lleva muerto su autor. Tan esperados, tan legendarios. “¿Por qué ahora?”. Avanzado el sida, aquel que escribiera “que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde” pasó el verano del 89 con Marsé y su mujer, luego murió su madre, en diciembre su amigo Carlos Barral y 27 días después él, el 8 de enero de 1990, y cuatro años más tarde Pep Madern, su pareja. El material inédito quedó en manos de la agente literaria Carmen Balcells, a quien el poeta pidió que no los publicara hasta pasados por lo menos 20 años, y se despejaran prejuicios y sombras sobre lo allí contado. Ese tiempo se ha cumplido.

Será su última voz. ¿Cómo será? Lo que sí se sabe es que una de sus voces más queridas por él es la de ‘Pandémica y celeste’, en cuyos versos Jaime Gil de Biedma confiesa: “Yo persigo también el dulce amor, / el tierno amor para dormir al lado / y que alegre mi cama al despertarse, / cercano como un pájaro”.

Las voces del autor
‘En palabras de Jaime Gil de Biedma’ es la exposición que el Centre Arts Santa Mònica inaugura en Barcelona el 9 de septiembre hasta el 25 de octubre. La comisaria es Inés García-Albi, sobrina del poeta, cuya intención, cuenta, “es volver a su concepción poética, su manera de crear poesía, por eso se oirán sus poemas, porque para él era importante la lectura en voz alta”.

Es un Gil de Biedma sonoro, con muchos audios sobre él y de los acontecimientos que marcaron su vida. Además, agrega García-Albi, “estarán los sonidos de Jaime, lo que él oía en casa y algunas músicas como el cuplé”.

Otra novedad será el documental ‘Apuntes para una autobiografía’. Además, habrá un ciclo de conferencias coordinado por Jaume Andreu.