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martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios | Jang Yeong-jin, el primer desertor norcoreano homosexual, encuentra el amor

Imagen: El País / Jang Yeong-jin

Jang Yeong-jin, el primer desertor norcoreano homosexual, encuentra el amor.

El autor de 62 años, que recogió su tortuosa vida en una celebrada autobiografía, contraerá matrimonio con su pareja este año.
Jaime Santirso | El País, 2021-03-23
https://elpais.com/gente/2021-03-23/jang-yeong-jin-primer-desertor-norcoreano-homosexual-encuentra-el-amor.html 

Homosexual y norcoreano, el principio de la vida de Jang Yeong-jin parecía encaminado sin remedio a la desgracia. Su destino se quebró cuando decidió escapar del país y cruzar la frontera hacia Corea del Sur, proceso que relató en 2015 en sus memorias, ‘A Mark of Red Honor’ (‘Una marca de honor rojo’), convertidas en un éxito internacional tras su traducción al inglés. El libro, no obstante, no recoge un último capítulo: a sus 62 años, Jang por fin ha encontrado el amor.

Su prometido es un restaurador estadounidense a quien conoció el año pasado a través de una página web de citas. Tras unos meses de conversación digital Jang se decidió a visitarle al otro lado del Pacífico. Aunque la primera impresión no fue buena –”Al ver cómo se vestía asumí que era un hombre maleducado y brusco”– durante el confinamiento el roce acabó por hacer el cariño. “Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter”, confesaba en una reciente entrevista concedida a la BBC. “Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”. Poco después le pidió matrimonio y Jang aceptó.

Será la segunda boda para el norcoreano. La primera, décadas atrás, le sirvió para darse cuenta de que algo no funcionaba. Contaba 27 años cuando se casó con una mujer en su país de origen, pero en la noche de bodas no fue capaz de “poner un dedo sobre mi esposa”. Pasaron los años sin que la pareja tuviera descendencia, hasta que acabó por confesarle a su hermano que nunca se había sentido atraído por alguien del sexo opuesto. Este reaccionó llevándole al médico de inmediato.

Jang no sabía qué le pasaba. “La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, apunta. Las relaciones entre personas del mismo sexo, de hecho, no están penadas por el régimen ni cuentan con legislación específica, aunque los medios oficiales las caracterizan como síntoma de “la decadencia moral de Occidente en contraste con la pureza de los valores socialistas”. Tras visitar varios hospitales donde su “anomalía” no obtuvo respuesta, acabó recibiendo el alta.

Intentó divorciarse de su mujer para que esta pudiera proseguir con su vida, pero las autoridades no se lo concedieron. Fue entonces cuando decidió escapar del país: eso le convertiría en un proscrito, su matrimonio quedaría anulado y ella podría casarse de nuevo. En abril de 1997, tras un intento fallido a través de la frontera china, reptó entre las minas de la Zona Desmilitarizada que separa ambas Coreas hasta llegar al otro lado, uno de los pocos desertores en lograrlo.

La puerta del armario en una revista
De acuerdo al protocolo, Jang fue sometido a varias rondas de interrogatorios por parte de las fuerzas de inteligencia surcoreana. En su caso, el proceso se alargó más de lo normal porque se resistía a confesar el verdadero motivo. Su evasión despertó la atención de los medios y cuando abrió una revista en busca de un artículo sobre él encontró, en la página adyacente, un texto sobre la homosexualidad, ilustrado con una imagen de dos hombres besándose. “Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

A partir de entonces se convirtió en asiduo de los bares gais de Seúl, pero pronto descubriría que el engaño no entiende de preferencias sexuales. Su primera pareja, un auxiliar de vuelo, le estafó y se fugó con todas sus posesiones y la mayor parte de sus ahorros. Viniendo de un estado totalitario, la incapacidad de la policía para rastrear a un sujeto le frustró.

Jang enfermó hasta ser hospitalizado, a consecuencia de lo cual perdió su empleo en una fábrica industrial. De un plumazo había perdido dinero, trabajo, salud y amor. Sumido en la miseria, logró superar este nuevo bache gracias a su empeño por plasmar su tortuosa trayectoria vital en un libro. Mientras trabajaba como limpiador redactó sus memorias, las cuales vieron la luz en 2015.

En la literatura encontró un refugio ante la culpa que siente por el impacto que su fuga tuvo en su familia: varios parientes fueron deportados y seis, entre ellos su madre y cuatro de sus hermanos, fallecieron. “Escribir (...) es la única manera en que puedo compensarles”. Ahora, enamorado y prometido, prepara su segunda boda, sabedor de que lo más importante en una historia no es el principio, sino el final.

viernes, 5 de febrero de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #memoria | Vicente Parra, el galán español que tanto sufrió por ser homosexual

Imagen: El Mundo / Vicente Parra

Vicente Parra, el galán español que tanto sufrió por ser homosexual.

Luis Fernando Romo | LOC, El Mundo, 2021-02-05

https://www.elmundo.es/loc/famosos/2021/02/05/601be14521efa0b24c8b4683.html 

En la historia del cine clásico español hubo galanes que crearon escuela y transmitieron un ‘savoir faire’ que muy pocos han heredado en la actualidad. Alberto Closas, Arturo Fernández, Carlos Larrañaga o Juan Luis Galiardo hervían la sangre a toda una generación de féminas que hubieran vendido su alma al diablo con tal de haber compartido un café con algunos de ellos. Entre esa estirpe de adonis de celuloide tampoco hay que olvidar a Vicente Parra, que este viernes habría cumplido 90 años.

El exitazo que supuso para él ‘¿Dónde vas Alfonso XIII?’ (1958) junto a Paquita Rico le encumbró tan alto que nunca más volvió a tocar el cielo de esa manera a pesar de otras valiosas interpretaciones. En privado, siempre vivió quemándose en su propio fuego interior porque jamás aceptó su homosexualidad y más en una época en la que esta tendencia sexual se penaba con la cárcel. Los que le conocieron de cerca afirmaban que para él aquellos sentimientos le provocaban una gran tortura.

De hecho, cuando Enrique del Pozo dirigió el aclamado documental ‘El mundo rosa’ admitió que en el mundillo artístico había tanta competencia que denunciar a artistas homosexuales era la mejor manera para hacerse con sus papeles. Una especie de caza de brujas ‘made in Spain’ que se saldó con bastantes víctimas. Sin embargo, Vicente Parra encontró sosiego en su íntima amiga Sara Montiel, gran musa del colectivo LGTBI, a quien le confesó sus secretos más dolorosos, sus sueños incumplidos y sus ansias por vivir en libertad. Fueron hasta vecinos de rellano en un espléndido edificio de la Plaza de España de Madrid y juntos protagonizaron ‘Varietés’ (1970).

A pesar de esos tormentos sentimentales, Vicente Parra enloqueció por el amor de dos exquisitas mujeres, Analía Gadé y Natalia Figueroa. A pesar de que actriz argentina no quiso casarse con él, en alguna ocasión declaró que "no me importó que fuese bisexual porque mi pasión era tremenda. Él era un ángel, como si fuese un niño al que había que cuidar" y la periodista y actual esposa de Raphael vio cómo aquel amor se esfumaba cuando su padre, el marqués de Santo Floro, intervino para que no tuviera lugar una boda.

De puertas para afuera, la vida del protagonista de ‘Nobleza baturra’ (1965) estaba envuelta en un oropel especial, cuando esa ficción distaba mucho de su realidad. A los problemas de su sexualidad se añadieron la escasez de papeles importantes en cine y teatro y, como escribió Manuel Román en Chic en libertaddigital.com, sus inversiones infructuosas en una peletería, una discoteca o una residencia de ancianos terminaron de minar su confianza en sí mismo.

Cuando falleció a causa de un tumor canceroso en 1997 a los 66 años, el cine Olympia de su localidad natal en Oliva (Valencia) se convirtió en un velatorio emotivo que terminó con una lluvia de flores en el cementerio de la localidad valenciana.

lunes, 16 de julio de 2018

#hemeroteca #lesbianismo #testimonios | Hombre blanco heterosexual, ella es Hannah Gadsby y debes escucharla

Imagen: El País / Hannah Gadsby
Hombre blanco heterosexual, ella es Hannah Gadsby y debes escucharla.
Hannah Gadsby creció siendo ilegal. Hasta 1997 en Tasmania la homosexualidad estuvo penada con cárcel.
Eneko Ruiz Jiménez | El Pais, 2018-07-16
https://elpais.com/cultura/2018/07/13/television/1531479840_814974.html

Hannah Gadsby creció siendo ilegal. Hasta 1997 en Tasmania la homosexualidad estuvo penada con cárcel. “El 70% de la gente con la que crecí pensaba que era delito y pecado capital. Cuando yo me identifiqué como lesbiana, ya era homófoba. Lo internalizas y te odias”. Para luchar con ese sentimiento, guardó la tensión y decidió volcarla en un escenario. Allí lanzaba sus chistes, pero nunca contaba su historia real. La verdad le afligía. Por eso la humorista, conocida por 'Please like me', decidió dejar la comedia... contándolo en un especial de comedia.

Una hora y tres minutos. Ese es el tiempo que tarda Gadsby en destrozarte con sus palabras, ojos vidriosos y realidad sin filtros. ‘Nanette’, su monólogo de “humor”, se vuelve importante a cada segundo. Su punzante relevancia no puede en un momento más indicado. Porque, si eres un hombre blanco heterosexual (como quien escribe), es hora de escuchar verdades, es hora de rebajarse a la subespecie definida por nuestras propias normas.

Un micrófono, un escenario y un espacio abierto al mundo como Netflix se convierte en la mezcla ideal para lanzar este mensaje global. El humor gana al espectador (Gadsby se atreve con los temas más atípicos, de “gais silenciosos” hasta una profunda crítica, como historiadora del arte, al macho alfa tipo de Picasso), para que poco a poco se vaya diluyendo al contar algo mucho más importante.

“Todo es caos, sé amable”. Es la lección más importante que aprendió Patton Oswalt de su esposa muerta. En ‘Annihilation’, también en la plataforma, sigue la misma estrategia: convierte su viudedad en un espectáculo de una hora. El cómico ya era de los mejores monologuistas del siglo XXI, pero al trasladar su más dolorosa experiencia a escena, trasciende eso. Lo hizo también Tig Notaro en su monólogo más conocido. Se había muerto su madre, su novia la había dejado y en las tablas se sinceró: “Buenas noches, tengo cáncer”. El documental Tig es un broche ideal en esta trilogía del humor depresiva. Tres interpretaciones llenas de tensión que, aunque no salven a su intérprete, ayudarán al espectador a copar con la vida. A llorar de risa y reír de pena. Que nunca dejen el humor.