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lunes, 6 de abril de 2020

#hemeroteca #feminismo | Las islas que desmienten el mito del matriarcado

Imagen: El País / Elizabete Da Costa
Las islas que desmienten el mito del matriarcado.
Sobre las mujeres del archipiélago Bijagós, en Guinea Bissau, uno de los más aislados de África, se dicen cosas inexactas, aseguran ellas mismas. La desigualdad de género está muy presente. Hasta ahora.
Rosalía Macías | Planeta Futuro, El País, 2020-04-06
https://elpais.com/elpais/2020/04/02/planeta_futuro/1585822515_549907.html

Son las nueve de la noche y en la oscuridad de Bubaque todo el mundo presta atención a los comunicados de la Radio DjanDjan, cuya antena se distingue desde casi cualquier parte de en las islas Bijagós, en Guinea Bissau. Kisy, periodista y estudiante de instituto exclama desde su estudio insonorizado con paredes de caña de bambú: “¡Mujeres, tenemos que salir a defender nuestros derechos! ¡Todo lo que hacen los hombres, también podemos hacerlo las mujeres!”.

Así fue como la marcha contra la violencia de género se llenó el pasado del 25 de noviembre de mujeres cargadas con un megáfono y pancartas con mensajes en kriol y lengua bijagós. Una muestra de que en esta parte del mundo hay ganas de cambio. Una de las impulsoras fue Ivone Oliveira Sanca, presidenta de una asociación feminista: “Aún falta mucha sensibilización”, cuenta. Desde su organización llevan a cabo actividades en las ‘tabancas’ —aldeas— para hablar sobre los derechos de las mujeres y concienciar sobre temas de salud afectivo-sexual.

Siempre sonriente, esta guineana frunce el ceño cuando habla sobre la violencia machista: “Hay mucha, sufrimos mucho; pero no podemos sobrellevarlo solas, no podemos quedárnoslo dentro”. Ya el Examen Periódico Universal elaborado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2015 confirmaba la existencia aquí de una alta tasa de analfabetismo en las mujeres, la escasa capacidad de ahorro y de toma de decisiones, la falta de organismos que se ocupen de las víctimas de violencia de género y la carga desproporcionada de trabajo doméstico, que les ocupa el 80% de su tiempo. Además, este país es uno de los peores países del mundo para ser madre.

Existe una fuerte desigualdad de género en todos los ámbitos en Guinea Bissau, y las islas no son una excepción. Sin embargo, una rápida búsqueda en Google sobre esta región arroja resultados que en muchos casos incluyen la palabra “matriarcado” para describir la organización de la sociedad de los y las bijagós, etnia mayoritaria en este archipiélago conformado por 88 islas en las que conviven con otros grupos étnicos como fulas, balantas o mandingas.

“Muchas de las cuestiones relativas al matriarcado y a una posible poliandria fueron producto de observaciones rápidas”, analiza Xenia Domínguez Font en su estudio La silenciosidad tradicional: principio implícito y explícito de la organización socioreligiosa bijagós, publicado en la revista Studia Africana. “Lo que se puede afirmar es que la filiación es matrilineal pero no existe de ningún modo un matriarcado”, analiza la autora, que expone que en esta etnia la maternidad es “el eje central de la organización social”, pero la herencia la recibe siempre en primer lugar la figura masculina.

Ivone Oliveira Sanca se echa a reír al escuchar que hay quien describe su sociedad como dominada por la población femenina. Supone que son conclusiones sacadas de observar prácticas bijagós que pueden ser distintas a las de otras culturas o etnias. Por ejemplo, aquí no se realiza ningún tipo de mutilación genital femenina, una práctica a la que han sido sometidas entre el 45% y el 50 % de las mujeres de este país de África Occidental. “Somos todas guineanas. De diferentes etnias, diferentes culturas... pero todas sufrimos violencia”, aclara.

Oliveira reconoce que “se han perdido ya muchas de las malas prácticas”, como el matrimonio precoz y forzado, que sí sigue ocurriendo en otras regiones de Guinea Bissau. “Aquí ahora cada una escoge con quién se casa. Nuestras madres no iban a la escuela y tenían que aceptar lo que se les imponía porque si no era una vergüenza y un problema para la familia”, relata esta activista, que siempre insiste en la importancia de la educación y la sensibilización.

Elizabete Da Costa, que ha escuchado toda la conversación, coincide: “A veces la cultura nos ata, pero poco a poco vamos avanzando”. Ella es formadora de género con la asociación Nantinyan y con ASAD, una ONG andaluza que desde hace años ejecuta proyectos de desarrollo en las islas. Elizabete no duda en afirmar que “la desigualdad de género en Guinea Bissau y en concreto en la región de las islas Bijagós es demasiado grande”, aunque tiene esperanza. Elizabete explica que en su casa intentan hacer un reparto equitativo de las tareas, pero no es lo común. “Las mujeres se levantan por la mañana y hacen todos los trabajos de la casa hasta que se hace de noche”, relata mientras repasa la lista de asistencia a la última formación de género de Bubaque, en la que participaron más de 50 campesinas.

“El hombre no lleva a cabo tantos trabajos y, sin embargo, los que hace están más valorados que los de la mujer. Los hombres podrían hacerlos también, pero dicen que son nuestros, entonces nosotras nos ocupamos de realizarlos aunque no tengamos tiempo”. “Hemos avanzado pero aún vamos por la mitad”, apunta Ivone, que está convenciendo a Elizabete para montar un grupo de teatro femenino. Ambas coinciden en que aún falta camino por recorrer, y cuentan que solo un par de días antes, un grupo de jóvenes agredió sexualmente de madrugada a varias mujeres en el puerto de Bubaque.

Este tipo de delitos son difíciles de contabilizar, ya que no es frecuente denunciarlas y estos temas tienden a resolverse sin pasar por la justicia oficial, más aún cuando se producen dentro del matrimonio. Sobre todo en las aldeas se toma como un secreto y se trata de resolver a través de un consejo de ancianos, que realizan una especie de mediación. “Si del lado de la víctima aceptan que puede arreglarse así, bien; si no, se acude a la policía”, asegura Ivone, que no está de acuerdo con este modelo de resolución de conflictos porque opina que otorga impunidad a los agresores. Si estos casos “se quedan en la tabanca como si fuesen un secreto, volverán a ocurrir”, critica.

Quienes a pesar de las presiones deciden acudir a la Justicia deben iniciar un periplo hasta el tribunal de Buba, porque en el archipiélago Bijagós no hay donde denunciar. En diciembre de 2018 se inauguró por todo lo alto el primer tribunal de Bubaque, pero de momento este edificio pintado de blanco, rosa y verde fosforito sigue sin estrenar. Además, existe desconfianza en las instituciones oficiales y cierto escepticismo con la aplicación de algunas de las leyes que ya están aprobadas en el país. Ivone y Elizabete celebran estas leyes, pero reiteran que son necesarios más esfuerzos para que sean efectivas, y más sensibilización. “Les decimos a los y las jóvenes que lo primero es la escuela”, repite Ivone, que recuerda que en los centros escolares también hay desigualdad: la tasa de alfabetización en jóvenes es del 50,5% en las mujeres, frente al 70,4% en los hombres, según la quinta encuesta de indicadores múltiples de Guinea Bissau.

jueves, 26 de marzo de 2020

#hemeroteca #mujeres #testimonios | Fátima Djarra Sani: “No debemos juzgar a nuestras madres y abuelas”

Imagen: El Salto / Fátima Djarra Sani
Fátima Djarra Sani: “No debemos juzgar a nuestras madres y abuelas”.
Nació en 1968 en la Guinea Portuguesa que Amílcar Cabral y su partido liberaron en 1974 para convertir en Guinea-Bisáu. Ha vivido 31 años en África, seis en América y 15 en Europa. Habla mandinga, fula, papel, criollo, portugués, francés y español. Dedica su vida a la prevención de las violencias contra las mujeres.
Sanxikorrota | El Salto, 2020-03-26
https://www.elsaltodiario.com/pista-de-aterrizaje/fatima-djarra-sani-no-debemos-juzgar-nuestras-madres-abuelas

Nació en 1968 en la Guinea Portuguesa que Amílcar Cabral y su partido liberaron en 1974 para convertir en Guinea-Bisáu. Aprendió a leer y escribir en casa de una vecina y con la oposición de su padre, que murió cuando era una niña. Posteriormente estuvo en un internado, financiado por los países que habían apoyado la independencia de la colonia. Estudió ingeniería civil en Cuba con una beca del Gobierno. Ha vivido 31 años en África, seis en América y 15 en Europa. Habla mandinga, fula, papel, criollo, portugués, francés y español. Le gustan la música tradicional, el fado y Salif Keita. Dedica su vida a la prevención de las violencias contra las mujeres.

¿Cómo fue tu niñez?
Éramos un familia humilde, muy pobre, pero nos llegaba para comer. Mi tío pescador y mi tío camionero nos ayudaron. Soy la mayor, por lo que a los siete años ya cocinaba, limpiaba, iba a por agua y me ocupaba de mis cuatro hermanas pequeñas y de mi hermano. Siempre me ha gustado cuidar de otras personas y no depender de ningún hombre. Aprendí a leer gracias a mi carácter y, desde muy pequeña, levanté la voz cuando veía algo injusto.

Jugaste a fútbol en la adolescencia.
Empecé en un campeonato de los barrios de la capital y pasé por distintos equipos. Mi madre se enteró cuando el entrenador le pidió un permiso especial para jugar contra Senegal.

¿Eras buena?
Era mediocentro. No se me daba mal, tenía carácter en el campo. 
Aquello acabó cuando te fuiste a estudiar la carrera a Cuba.
Sí, aunque allí jugué varios campeonatos. Pero lo más importante es que a Cuba le debo entender quién era yo.

¿Por qué?
Porque venía de un país de miseria y analfabetismo. Mi propia familia rechazaba mis ideas. Y allí vi que hombres y mujeres iban juntos a la escuela, a la zafra, a trabajar. Vi la igualdad. Y que mi voluntad de no ser menos que ningún hombre, tenía un sentido. Ahora, con el paso del tiempo y después de muchos años viviendo en Europa, voy, poco a poco, reencontrándome con África.

¿El pasado siempre vuelve?
Europa me ha dado mucho. Mi hijo es todo un pamplonica, pero creo que la sociedad occidental está enferma de individualismo. El final de la vida de mi madre me ayudó a visualizarlo. Le diagnosticaron un cáncer y, en cuanto pudimos, nos la trajimos a Bilbao. Pero, después del tratamiento, volvió a su tierra y, cuando finalmente murió, las distintas partes de su extensa familia conseguimos ponernos de acuerdo para despedirla.

¿Cómo fue?
Creo que lo logramos porque prevaleció el sentimiento de comunidad, algo que me cuesta más encontrar en Europa. Mi madre pertenecía a una etnia animista, aunque se casó con un musulmán que tenía una parte de parientes católicos. Tuvimos que hablar mucho para ponernos de acuerdo. Primero hicimos la ceremonia musulmana. Después los animistas hicieron su ritual y, por último, los católicos celebraron una misa de funeral de cuerpo presente.

Pero esa misma comunidad alienta o consiente el maltrato a las mujeres.
Sí, incluso va a la guerra.

¿Qué guerra?
Los once meses de la horrible guerra civil de 1998 en la que pasamos tanto miedo y en la que murieron miles de personas. Pero esa realidad esta cambiando. Cuando yo trabajé como técnica en la construcción en Guinea era la única, y ya empieza a haber mujeres en los sectores masculinos.

¿Y con respecto a la educación sexual?
Ahora hay leyes contra la ablación en muchos países y, poco a poco, cada vez hay más mujeres empoderadas en África que se rebelan ante la violencia contra sus cuerpos. Pertenezco a organizaciones que llevan años con campañas de información y de sensibilización aquí, con mujeres y hombres migrantes y, también, en Guinea.

Parece una tarea complicada.
No es fácil discutir con gente a la que quieres, que muchas veces son mujeres, y poniendo en cuestión tradiciones que se remontan a generaciones anteriores. No debemos juzgar a nuestras madres, tías y abuelas. Tampoco es sencillo repartir condones o informar sobre la copa menstrual en Bisáu. Aunque hay mucho desconocimiento, el deseo de ser libre suele imponerse.

lunes, 6 de febrero de 2017

#hemeroteca #ablacion | Fátima, víctima de la ablación: "Es fundamental concienciar a los hombres"

Imagen: Deia / Fátima Djarra
Fátima, víctima de la ablación: "Es fundamental concienciar a los hombres".
Recuerda "la fiesta, con comida y mujeres bailando" que se hizo con motivo del ritual.
EFE | Deia, 2017-02-06
http://www.deia.com/2017/02/06/sociedad/estado/fatima-victima-de-la-ablacion-es-fundamental-concienciar-a-los-hombres-

A Fátima le extirparon sus genitales cuando tenía cuatro años porque la tradición de la etnia de su padre así lo exigía, pero hoy pide no juzgar a los hombres, ya que lo fundamental es informarles con "respeto" de lo que realmente supone la mutilación genital femenina para la salud física y psicológica de las víctimas.

"En los talleres de formación se ve que no conocen lo que es porque la comparan con la circuncisión", explica Fátima Djarra, que hoy trabaja como mediadora africana de Médicos del Mundo para tratar de prevenir este problema.

Para Fátima, que hoy ha participado en la presentación de una plataforma europea de formación on-line para más de 5.000 profesionales para erradicar esta lacra, es esencial "cambiar la mentalidad de los hombres", que son los que, en última instancia, deciden si se practica o no a sus hijas.

"Pero siempre desde el respeto, no juzgándolos, porque no saben lo que es, ni lo que cortan o no cortan a la mujer", asegura antes de explicar cómo en los talleres que imparte su ONG se les incentiva "a mirar, conocer y descubrir" los genitales femeninos.

Solo así pueden darse cuenta de que "si una mujer llora durante la relación sexual es porque le duele, o si está impedida para parir hijos es porque no puede, no porque Dios viene a decir que está muy mal".

No obstante, también las mujeres requieren de formación, puesto que entre ellas mismas "es un tema tabú".

Cuando se les intenta hablar de ello y de los riesgos para su salud, su reacción al principio "es de rechazo", así que la estrategia empieza por darles información sobre salud sexual reproductiva, planificación familiar y sobre su propio cuerpo, porque "nadie les ha puesto un espejo" para saber cómo es.

De esta forma, en estos talleres se trata de sensibilizar a todos para que interioricen que una cosa semejante no puede ocurrirles a sus hijas.

"Al principio era duro porque es un tema que no se toca; ahora puedo decir que me siento orgullosa del trabajo que estamos haciendo con las familias africanas porque hombres y mujeres hablan de ello", subraya.

Desde Médicos del Mundo, las mediadoras intentan "desmontar los mitos" que rodean a la mutilación genital femenina, derivados de su carácter ancestral, cultural e incluso religioso y que 200 millones de mujeres y niñas corren el riesgo de sufrir en todo el mundo.

Fátima fue mutilada en Guinea Bissau cuando tenía cuatro años pero, a pesar de su corta edad, recuerda perfectamente "la fiesta, con comida y mujeres bailando" que se hizo con motivo del ritual.
Tampoco podrá olvidar "el miedo que tenía a orinar" por el dolor que le provocaba.

Con "13 o 14" se atrevió por fin a hablar de ello, pero solo con amigas que habían pasado por lo mismo y, cuando ya lo hizo con su familia, donde su madre procedía de una etnia donde no se practica pero su padre sí, la tomaron "por loca".

Además de su trabajo en Bilbao, Fátima tiene una organización en su país natal: pese a que en un principio era "difícil" que pudiera ir a desempeñar esta labor en Guinea, se define como una persona con "valentía y coraje", y por eso lo haría "mil, mil y mil veces más".

Con labores como las que se están desempeñando en España, en Europa y en los países de origen, espera poder hablar algún día de "la mutilación en pasado" y nunca más en presente.

sábado, 20 de junio de 2015

#hemeroteca #ablacion | Fátima Djarra Sani: "Si piensas qué beneficios te ha traído la ablación, nunca querrás hacérsela a tu hija"


Imagen: El Diario
"Si piensas qué beneficios te ha traído la ablación, nunca querrás hacérsela a tu hija"
Entrevista a Fátima Djarra Sani, mediadora de Médicos del Mundo en Navarra, que trabaja para concienciar sobre la mutilación genital femenina. Fátima Djarra publica el libro “Indomable” (Editoriales Península), en el que cuenta su experiencia, cómo la mutilaron con 4 años y lo que ha supuesto en su vida. "Cuando te preguntas, las cosas empiezan a cambiar. ¿Para qué me han hecho esto? ¿De qué sirve? ¿Qué beneficio trae para mi salud y para mi vida sexual?".
Laura Olías | El Diario, 2015-06-20
http://www.eldiario.es/desalambre/piensas-beneficios-traido-ablacion-hacersela_0_400360695.html

El día empezó como una fiesta. Fátima Djarra Sani, natural de Guinea-Bissau tenía 4 años y su madrastra le anunció que sería "un día grande" para ella y su hermana Binta, de 8 años. Las lavaron a conciencia y una comitiva de mujeres, vestidas con sus mejores galas, bailaban y cantaban. Ese día, en un baño que no era más que un cubículo sucio de cemento, le extirparon el clítores y los labios menores de la vagina. Para sus mayores era una celebración, la tradición, "pero nosotras ahora sabemos que la ablación es un asunto de salud, que no trae nada bueno", explica en una entrevista con eldiario.es a propósito de su libro, "Indomable" (Editoriales Península), que pretende acercar la complejidad social que rodea a esta práctica.

Cuando la editorial le propuso esta aventura, contar en un libro su vida, la de su familia y los entresijos sociales que aún legitiman la ablación en aproximadamente 28 países africanos según Naciones Unidas, Fátima Djarra admite que dudó. "Ese día pensé mucho. Es un problema que no es sólo mío. Es también de la familia. En África, la familia es todo. Todo". Pero, pese a sus reparos, la respuesta fue sí. Fátima sonríe antes de pronunciar el pensamiento que dio el pistolezo de salida al libro: "Si no nos levantamos las mujeres africanas en la lucha contra la mutilación, nadie lo va a hacer por nosotras".

Antes de publicarlo, viajó a su país para explicarle a su familia el proyecto. Allí, muchos no sabían ni a qué se dedicaba, como explica en esta entrevista en Carne Cruda. "¡Limpiando!", le responde un familiar a la pregunta de qué trabajo tiene en España. Fátima les contó entonces que es mediadora en Médicos del Mundo en Navarra desde 2008 y que día a día "sensibiliza a otras mujeres sobre la ablación", para que las familias decidan no someter a sus hijas a esta experiencia.

Porque la mutilación genital empieza entre gritos de dolor y lágrimas –a veces tragadas con esfuerzo para parecer "una mujer fuerte", cuenta Fátima– pero no termina cuando la herida deja de sangrar. La ablación afecta en el mundo a unos 140 millones de mujeres y niñas según la la Organicación Mundial de la Salud (OMS) y marca a las mujeres de por vida: en su vida sexual, pero también al afrontar la maternidad, cuando pueden surgir más complicaciones en el parto. Las "infecciones vesicales y urinarias recurrentes, los quistes y la esterilidad" son otras de las consecuencias de la mutilación genital femenina que destaca OMS.

En el libro, Fátima relata la primera vez que mantuvo relaciones sexuales como "una experiencia espeluznante". Fue una relación consentida, pero marcada por el dolor: su vagina nunca llegó a ensancharse con normalidad. Las preguntas que le asaltaron siendo una niña (al ver una imagen de los genitales femeninos en el colegio) y el resto de complicaciones que ha sufrido a lo largo de los años le hicieron rechazar la mutilación genital del cariño y respeto que tiene hacia sus costumbres, su cultura. "La ablación no me ha dado nada bueno", repite.

Fátima trabaja con las comunidad de africanas en Navarra, a través de Médicos del Mundo, mediante su experiencia, con las preguntas y miedos que le han atormentado. "Cuando te preguntas, las cosas empiezan a cambiar. ¿Para qué me han hecho esto? ¿De qué sirve? ¿Qué beneficio trae para mi salud y para mi vida sexual?", enumera la mujer. "Cuando tú piensas eso, para qué y qué beneficios tiene eso para ti, nunca vas a querer hacérselo a tu hija".

"Cuando empecé era muy duro hablar del tema de la mutilación. Veía caras que parecía que me iban a comer", cuenta. "Empecé a hablar del tema de salud sexual, de conocer nuestra parte íntima. Y ahí sale el tema de la mutilación porque, cuando ponemos las imágenes del aparato genital femenino, hay mujeres que empiezan a preguntar: '¿Eso qué es?'. 'El clítoris'. 'Y ¿por qué yo no lo tengo?'. Entonces, a veces, se abren y cuentan: 'Me cortaron", explica Fátima.

En otras ocasiones, los diques que levantan la vergüenza y el miedo son demasiado altos. "Tienes miedo a la humillación, a que se rían de ti. Pero también es miedo a traicionar a tu familia, tu comunidad. Es la educación que te han dado. La cultura que tienes. Es tu identidad como mujer". Y esos muros, esos temores, están también aquí, en España. "El libro está destinado también a los españoles, porque ellos piensan que la ablación está lejos y no es así. La inmigración está aquí. Las africanas están aquí y esto es un problema de salud mundial", dice.

También un problema de violencia de género
Fátima no guarda rencor a su familia porque considera fundamental entender el contexto en el que se ejecutan estas violaciones de derechos de las mujeres, que condenó la Asamblea General de Naciones Unidas en una resolución en 2012. "En mi familia todas las mujeres estaban mutiladas, les habían transmitido que era algo puro, eran buenas mujeres. Significa que una mujer que no está mutilada no puede participar en los rituales. Eres una mujer sucia".

La falta de información y educación ampara estas conductas, por lo que Fátima ha decidido dedicar su vida a estas tareas para que no puedan servir de excusa en el futuro. "Porque nuestras familias, nuestras madres, nuestras abuelas pensaban que era buena para nosotras, pero ahora sabemos que no. Tenemos que luchar para que entiendan que es malo para la salud".

La ablación, cuenta, hay que entenderla también en un contexto de violencia estructural contra la mujer. "Es una violación de derechos humanos y violencia de género. Pero allí (Guinea-Bissau) es algo normal. Tu marido puede darte una cachetada y vas a casa de tus padres y te dicen: 'Vuelve, es tu marido'. Tu marido parece tu dueño". Hoy en día, cuenta, las cosas están cambiando poco a poco. "No tanto como en España, pero están luchando a favor de la igualdad. Si gritas a tu marido en la calle, delante de todos, quedas en evidencia, pero en la casa puedes hablarlo y la mujer puede tener el control".

Leyes y educación para erradicar la ablación
Fátima indica que, en la lucha contra la mutilación genital femenina, las leyes son indispensables. Como la que prohibió la ablación en su país natal en 2011 o la prohibición en España que castiga con penas de cárcel a los padres que permiten que sus hijas sean mutiladas. "Pero sin medios, sin sensibilización, no se puede erradicar. En Guinea-Bissau existe esa ley desde 2011 que prohíbe la mutilación, pero se sigue haciendo en la zona rural donde no hay quien haga cumplir la ley, no hay medios suficientes. Eso trae muchas bolsas de resistencia, no tienen policías que les persigan por no cumplir la ley".

En España, por ejemplo en Navarra y Cataluña, también existen algunos protocolos para evitar que las niñas sean mutiladas cuando van de vacaciones a sus países de origen. Las menores deben ser revisadas por un médico antes y después de la visita y además, sus padres llevan un documento en el que se informa a la familia de que, si esa niña vuelve a España mutilada, sus progenitores irán a la cárcel. Se pretende de esa manera que los parientes no obliguen a los padres a mutilar a las pequeñas; en muchos casos, además, dependen del dinero que envían desde España y el paso por prisión cortaría esa vía de ingresos.

Fátima destaca también la necesidad de involucrar a las comunidades religiosas, que muchas veces han servido para amparar las mutilaciones. "Yo voy con respeto. En la comunidad africana, los hombres saben más del Corán que las mujeres, porque tienen más oportunidades para estudiarlo. Lo que les digo es que no hay ningún versículo del Corán que diga que hay que mutilar a sus mujeres. Si el imán lo entiende, puede sensibilizar a los hombres que van a la mezquita". En este sentido, Fátima destaca la fatwa –pronunciamiento legal sobre una cuestión específica emitido por un especialista en la ley islámica– que firmaron 170 imanes en contra de la ablación.

Fátima espera que, un día, la tradición no ampare lo que para ella no es más que una violación de derechos humanos. Dice que vive entre dos mundos, que se complementan y la enriquecen. Su madre no tramitó el libro de familia hasta que Guinea-Bissau consiguió su independencia de Portugal, en 1973. Entonces, al de Fátima su madre añadió su nombre nativo, Djarra. Fátima Djarra. Ella, como su madre, cuida la tradición, pero solo aquella que lo merece. Y lo tiene claro: "La ablación, no".

DOCUMENTACIÓN
La indomable, una historia de dignidad
La activista contra la mutilación genital femenina Fátima Djarra, natural de Guinnea-Bissau y vecina de Pamplona, trata de concienciar a la sociedad a través de un libro que recoge sus desafíos y sus confesiones más personales.
Myriam Ojuel Herreros | Noticias de Gipuzkoa, 2015-06-17
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2015/06/17/sociedad/la-indomable-una-historia-de-dignidad
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Y TAMBIÉN… 
Más de 137.000 mujeres afectadas por la mutilación genital en Inglaterra y Gales
Estudio llevado a cabo por la City University London. Londres es el lugar donde hay mayor prevalencia del mutilación genital, con 21 casos por cada mil mujeres (4.7% de la población).
Agustín Palacio | Nueva Tribuna, 2015-08-01
http://www.nuevatribuna.es/articulo/sanidad/mas-137-000-mujeres-afectadas-mutilacion-genital-inglaterra-y-gales/20150801140704118647.html
Ablación: "no se trata de castigar a los padres, sino de impedir la mutilación"
José A. Cano | El Diario, 2015-02-05
http://www.eldiario.es/andalucia/Piden-protocolo-mutilacion-femenina-efectiva_0_353464850.html
Lucha transnacional contra la ablación: "Mi niña no va a ser mutilada"
Gabriela Sánchez | El Diario, 2014-02-06
http://www.eldiario.es/desalambre/valentia-ablacion-nina-va-mutilada_0_225728300.html

martes, 16 de junio de 2015

#libros #ablacion | Indomable : de la mutilación a la vida

Indomable : de la mutilación a la vida / Fátima Djarra Sani ; Gorka Moreno (col.)
Barcelona : Península, 2015 [06-16]
208 p.
Colección: Realidad
ISBN 9788499424255 / 17 €

/ ES / ENS
/ Ablación / Activismo / Africa / Ginea-Bissau / Mujeres / Testimonios / Violencia machista

A los cuatro años, le extirparon la mayor parte del clítoris y una porción de los labios menores de la vagina a golpe de navaja en su Guinea-Bissau natal. Lejos de doblegarla, los efectos físicos y psicológicos de la ablación despertaron en Fátima Djarra Sani un indómito deseo de lucha contra aquellas tradiciones de su pueblo que suponen un ataque frontal a los derechos de la mujer. Fátima respeta sus raíces. Ama su tierra. Su vida es la búsqueda constante de un equilibrio que le permita conciliar la cultura de la que procede y la causa que la ayudó a convertir la debilidad en fortaleza. Porque como mediadora de Médicos del Mundo Navarra, Fátima Djarra Sani se afana por prevenir la mutilación genital femenina y fomentar la igualdad entre el hombre y la mujer africanos. Para alcanzar su meta, no emplea más armas que la información y su ardor. No pretende hallar culpables ni enjuiciar a sus ancestros, sino transformar la realidad que la rodea. Posiblemente porque las contradicciones y avatares de su propia historia, cargada de sufrimiento y episodios traumáticos, le han otorgado el bagaje necesario para abrirse al mundo en un libro y aceptar los riesgos y dificultades que entraña su desafío. Sabe que despierta odio y admiración a partes iguales. Pero ella mira más allá del aquí y el ahora para evitar que las niñas del mañana corran su misma suerte.

DOCUMENTACIÓN
"Si piensas qué beneficios te ha traído la ablación, nunca querrás hacérsela a tu hija"

Entrevista a Fátima Djarra Sani, mediadora de Médicos del Mundo en Navarra, que trabaja para concienciar sobre la mutilación genital femenina. Fátima Djarra publica el libro “Indomable” (Editoriales Península), en el que cuenta su experiencia, cómo la mutilaron con 4 años y lo que ha supuesto en su vida. "Cuando te preguntas, las cosas empiezan a cambiar. ¿Para qué me han hecho esto? ¿De qué sirve? ¿Qué beneficio trae para mi salud y para mi vida sexual?".
Laura Olías | El Diario, 2015-06-20
http://www.eldiario.es/desalambre/piensas-beneficios-traido-ablacion-hacersela_0_400360695.html
La indomable, una historia de dignidad
La activista contra la mutilación genital femenina Fátima Djarra, natural de Guinnea-Bissau y vecina de Pamplona, trata de concienciar a la sociedad a través de un libro que recoge sus desafíos y sus confesiones más personales.
Myriam Ojuel Herreros | Noticias de Gipuzkoa, 2015-06-17
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2015/06/17/sociedad/la-indomable-una-historia-de-dignidad