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sábado, 18 de mayo de 2019

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | Frédéric Martel: “Es fácil identificar a los gais en la Iglesia: busca a los homófobos”

Imagen: El País / Frédéric Martel
“Es fácil identificar a los gais en la Iglesia: busca a los homófobos”.
Frédéric Martel, autor de 'Sodoma: Poder y escándalo en el Vaticano', número uno en ventas en muchos países, sostiene que la homosexualidad es la clave para entender medio siglo de intrigas en la Iglesia.
Carlos Primo | Icon, El País, 2019-05-18
https://elpais.com/elpais/2019/05/16/icon/1558012387_889314.html

“La Iglesia católica es una organización mayoritariamente homosexual en la que, si sumamos los homosexuales practicantes y los no practicantes, el resultado es una masa importante”. Para pronunciar de corrido y sin titubear esta frase demoledora, el escritor francés Frédéric Martel (Châteaurenard, Aviñón, 1967) lleva preparándose cinco años, el tiempo que ha tardado en escribir 'Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano' (Roca Editorial), un libro publicado simultáneamente en ocho lenguas el pasado mes de marzo.

A lo largo de 600 páginas (“es un libro muy complejo, muy elaborado, muy pensado”, apunta), Martel describe y documenta las luchas de poder en el Vaticano a la luz de una clave interpretativa inédita: la de la homosexualidad soterrada de muchos de los actores principales de los papados de Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. “No busco escándalos”, asegura. “De hecho, los critico y los relativizo. No he exagerado nada, porque mi libro no va de prostitución ni de fiestas 'chemsex', sino de las máscaras, la mayoría silenciosa y la banalidad del hecho homosexual en el Vaticano. También de las reglas sociológicas que lo explican”.

Esas reglas a las que alude aparecen formuladas, a modo de conclusiones, a lo largo de capítulos dedicados a la jerarquía eclesiástica de Italia, Francia, España, México, Cuba o Chile. “No me interesan las ovejas descarriadas ni los excesos, sino el corazón del sistema, que es de una hipocresía inmensa”, apunta. Asegura, por ejemplo, que la resistencia al papa Francisco procede precisamente de los círculos donde la doble vida es moneda corriente.

“La mayoría de opositores a Francisco son homosexuales, practicantes o no, y ocultan su mentira a través de la homofobia. Viven en la falsedad, en la esquizofrenia. Eso es lo que hay que comprender. La gente piensa que es contradictorio, pero es fácil identificar a los homosexuales en la Iglesia: solo hay que buscar a los homófobos”, explica.

Sodoma es todo un tratado prolijo, exhaustivo y profusamente documentado sobre el funcionamiento del Vaticano. Por sus páginas desfilan cuestiones como el papel tutelar de escritores homófilos como Jacques Maritain, François Mauriac o André Gide, las disputas en torno a la Teología de la Liberación, la abdicación de Benedicto XVI o la mecánica tenebrosa que, en tiempos de Juan Pablo II, amparó a los Legionarios de Cristo de Marcial Maciel.

En su recorrido, Martel se detiene en España, en un capítulo de título sugerente –Rouco– donde desgrana el movimiento de oposición al matrimonio homosexual impulsado en la legislatura de Zapatero. “La Iglesia española es, en cierto modo, la quintaesencia de este sistema”, explica. “Ha vivido una guerra entre dos tendencias, la de Rouco Varela y la que representa Juan José Omella, el cardenal de Barcelona. En el fondo, el verdadero hombre de Francisco en España es Omella, no Osoro ni Blázquez, que es una caricatura”, apunta el escritor.

Pocos días antes de esta entrevista, Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), defendía que no correspondía a la CEE, sino a las diócesis, investigar sobre los abusos sexuales. “Me pareció escandaloso”, sentencia Martel. “Vivimos en un Estado de derecho. [La CEE] no puede ocultar informes, porque eso es proteger a autores de delitos sexuales. Es inadmisible y, si [Blázquez] tuviera moral, debería dimitir”. Aunque el libro de Martel no ahonda en los casos de abusos sexuales, sí proporciona una clave para contextualizar la actuación de la jerarquía eclesiástica. Según las “reglas de Sodoma”, el encubrimiento de delitos sexuales sería consecuencia de la costumbre de silenciar la vida sexual de sacerdotes, obispos y cardenales. “Esa es la clave”, asegura.

Sodoma no es solo un libro de denuncia o de política. También es un colorido paseo por palacios episcopales, seminarios, parroquias de barriada y algún que otro prostíbulo. Para escribirlo, Martel vivió temporalmente en una residencia en el Vaticano, a la que accedió gracias a una de sus 27 fuentes principales (26 de ellas, ‘off the record’). Durante el proceso, en el que ha contado con numerosos colaboradores en todo el mundo, nunca ha camuflado su identidad ni sus intenciones. Incluso informó personalmente a varios colaboradores cercanos al papa Francisco. “Es algo que aprendí trabajando en Irán e investigando sobre Hezbolá en Gaza. En los sitios difíciles, la mejor protección para un periodista es decir oficialmente lo que quieres hacer. Si te aceptan, estás protegido”, comenta.

Por sus páginas desfilan cardenales adictos al oropel (‘liturgy queens’, en el argot vaticano), obispos que cohabitan con sus secretarios, miembros de la Guardia Suiza acosados por seminaristas y jóvenes prostitutos cuyo próspero negocio, en los alrededores de la Estación Termini de Roma, evidencia una de los grandes inconvenientes de ser gay en el armario más grande del mundo: no poder utilizar ‘apps’ para ligar.

Tras su lanzamiento, ‘Sodoma’ ha alcanzado los primeros puestos de las listas de venta en varios países, ha suscitado adhesiones entusiastas y críticas furibundas. Y, de vez en cuando, alusiones a una hipotética conspiración de un ‘lobby gay’ que Martel no comparte. “Se dice que el Vaticano es un armario, pero en realidad hay miles de pequeños armarios”, aclara. “Cada homosexual se ha construido el suyo propio para protegerse. Sería más justo hablar de un gran armario lleno de cajoncitos distintos e incomunicados entre sí. Hay 50 sombras de gay”.

Así entendida, la Iglesia habría sido durante décadas un refugio para homosexuales “con sus propias reglas”. Según Martel, “de puertas afuera, todos homófobos. De puertas adentro, cada uno hace lo que quiere. El código está perfectamente delimitado, y los curas entran en él como peces en una pecera”. El problema, asegura, ha llegado con el papa Francisco, “empeñado en cambiar el agua de la pecera, incluso a pesar de los peces gordos”, explica. Según revelaba recientemente la publicación estadounidense Crux, las teorías de Martel no están equivocadas, puesto que el mismísimo Papa habría leído el libro y hablado favorablemente acerca de él con un colaborador cercano.

“Al principio, me costaba entender por qué los curas gais eran tan hostiles a Francisco, que es más ‘gay friendly’ que sus predecesores. Y creo que tiene que ver con eso”. Se trata, en definitiva, de “un secreto a voces” que Martel acota con precisión, pero también con empatía. “En este libro no hay ni una insinuación, solo hechos. Hay reglas jurídicas que me permiten contar todo, y yo me he impuesto además reglas morales, como no sacar del armario a nadie”.

¿Confía en que algo cambie en la Iglesia tras este libro? “Sé que muchos curas lo leerán, porque son más cotillas que nadie. Lo que no sé es si quieren que el sistema cambie, porque implicaría aniquilar la doctrina respecto al celibato, el acceso de las mujeres al sacerdocio, el divorcio o el uso del preservativo. Pero yo soy escritor e investigador. No tengo agenda política. Que la Iglesia cambie no es asunto mío”.

jueves, 14 de marzo de 2019

#libros #iglesia #homosexualidad | Sodoma : poder y corrupción en el Vaticano

Sodoma : poder y corrupción en el Vaticano / Frédéric Martel ; traducción de Juan Vivanco.
Barcelona : Roca, 2019 [03-14].
604 p.
ISBN 9788417541767 / 20,90 €

/ ES / FR* / ENS
/ Armarios / Endohomofobia / Hipocresía / Homofobia / Homosexualidad / Iglesia católica / Vaticano

‘Sodoma’ expone la decadencia y la corrupción en el corazón del Vaticano y de la actual Iglesia Católica. Este brillante y perturbador trabajo, basado en cinco años de investigación rigurosa, incluye extensas entrevistas a los más altos cargos que ostentan el poder en el Vaticano. El libro revela la existencia de una camarilla ‘gay’ en el Vaticano, en la que Frédéric Martel argumenta que sus orígenes vienen del papado de Pablo VI (1963 – 1978). Martel describe al Vaticano como "el mayor armario de la ciudad" y da pruebas de que un alto número de cardenales son homosexuales. Aun cuando estos mismos cardenales están entre la gente proponiendo decretos en contra del matrimonio homosexual y muchos otros temas relacionados con la moralidad sexual. Pero este libro también habla sobre corrupción en otras esferas del clero: el choque entre oficiales de la iglesia con regímenes fascistas que persiguen y torturan a gente inocente; turbios negocios inmobiliarios; la hipocresía al defender y proteger a curas pederastas; y, por encima de todo, la predominante cultura del clericalismo, a través del cual muchos escándalos son ignorados y dejados de lado. ‘Sodoma’ es un libro con un claro mensaje al Vaticano de parte de todos los que anhelan una Iglesia inspirada en el Evangelio, una Iglesia para los pobres, los marginados y los desposeídos.

jueves, 7 de marzo de 2019

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | Frédéric Martel: "En la Iglesia, los que tratan de ocultar su homosexualidad son los homófobos"

Imagen: El Mundo / Frédéric Martel
Frédéric Martel: "En la Iglesia, los que tratan de ocultar su homosexualidad son los homófobos".
El escritor publica 'Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano'. "La homosexualidad en el Vaticano no es una singularidad sino un sistema... Y España es la quintaesencia del sistema", dice.
Irene Hdez. Velasco | El Mundo, 2019-03-07
https://www.elmundo.es/cronica/2019/03/07/5c783f3afc6c838e3e8b463c.html

Frédéric Martel. Edad: 51 años. Carrera: Es doctor en Sociología, periodista y Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia. Por qué lo entrevistamos: Después de una investigación de cuatro años en el Vaticano y en 30 países, de hablar con unos 40 cardenales y cientos de obispos y sacerdotes, publica 'Sodoma', un ensayo de 635 páginas sobre la homosexualidad en la Santa Sede y en la Iglesia, que sale a la venta en España el próximo 14 de marzo. Qué otras obras tiene: Es autor en total de 10 libros, entre los que destacan 'Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas' y 'Smart', una investigación sobre internet. Libro de cabecera: 'Una temporada en el infierno' ('Une saison en enfer', en francés), de Rimbaud. Película preferida: 'Diario de un cura rural' ('Le Journal d'un curé de campagne'), de Bresson. Su proyecto vital: "Soy un escritor, así que espero seguir escribiendo libros y teniendo lectores".

En el Antiguo Testamento, Sodoma era una ciudad de gente perversa y depravada que había cometido un pecado gravísimo e imperdonable: el de la homosexualidad. Por ese motivo Dios la destruyó, arrasándola con fuego y azufre.

No es casual que el nuevo libro del sociólogo, escritor y periodista francés Frédéric Martel (Châteaurenard, 1967) lleve por título ‘Sodoma: Poder y escándalo en el Vaticano’. Se trata de un colosal ensayo de 635 páginas fruto de cuatro años de investigación (durante los cuales ha pasado una semana al mes en Roma y ha viajado a 30 países) que no sólo revela la presencia mayoritaria de homosexuales en el clero, la jerarquía de la Iglesia católica y, sobre todo, en el Vaticano, hasta el punto de estructurar esa institución y de definirla. Además, Sodoma denuncia cómo muchos de los cardenales más homófobos y tradicionalistas que arremeten contra los gais lo hacen para intentar ocultar así su propia homosexualidad.

'Sodoma' salió a la venta la semana pasada en una veintena de países y ya es número uno de ventas en Francia, Suiza, Holanda, Bélgica, Portugal... «El libro le está llegando a la gente, creo que porque les confirma lo que ya sospechaban», señala Martel. En España se publicará el próximo 14 de marzo de la mano de Roca Editorial.

Pregunta.- La homosexualidad, según su investigación, está muy extendida en el Vaticano y albergaría una de las mayores comunidades gais del mundo. Pero, tradicionalmente, la Iglesia ha mantenido posiciones muy críticas hacia la homosexualidad. ¿Cómo se explica?
Respuesta.- Es complejo pero hay una serie de elementos que lo explican. En los años 50, 60 y 70, incluso antes y probablemente después, cuando alguien era gay en una pequeña localidad de España, Italia, Portugal, Francia o cualquier otro lugar y descubría que había algo equivocado en su sexualidad -y digo equivocado porque así se entendía en aquella época-, cuando descubría que no le atraían las chicas, que no quería casarse, que la gente hacía burlas sobre él, ese alguien en muchas ocasiones decidía hacerse sacerdote. Es muy simple: como cura vives rodeado de hombres, no tienes que casarte, puedes vestir como te dé la gana, la gente que se burlaba de ti ahora te considera un santo... Esta forma de funcionar es una regla sociológica. Lo que acabo de describirle es la vida de cientos de miles sacerdotes en España, Italia, Portugal, en todos lados. Algunos ni siquiera estaban seguros de ser gais, simplemente no entendían lo que les pasaba pero sabían que había algo equivocado en ellos. Y otros eran homófilos, no les gustaban las chicas pero tampoco mantenían relaciones sexuales con hombres. Para todos ellos convertirse en cura era la solución.

P.- Entonces, ¿la homosexualidad en la Iglesia en general y en el Vaticano en particular no es una excepción sino algo mayoritario, un sistema, un patrón sociológico?
R.- Exacto. La homosexualidad es algo masivo. No es un accidente, no se trata de que haya ovejas negras, no hay un lobby gay. Hay una clarísima mayoría gay.

P.- Denuncia que muchos homosexuales en el Vaticano viven una doble vida, una vida secreta...
R.- Hay muchos tipos de situaciones. Por un lado hay homófilos: no mantienen relaciones sexuales pero tienen una psicología homosexual, una cultura homosexual, un modelo de pensamiento y de comportamiento homosexuales. Luego están los homosexuales propiamente dichos, pero algunos no son activos y tratan de corregirse, se flagelan, se autocastigan, se odian a sí mismos. Tenemos también a homosexuales con un amante regular, lo ocultan pero asumen que en privado pueden mantener relaciones. Y también hay gente con muchos amantes, gente que incluso recurre a la prostitución masculina, que participa en fiestas con sexo y drogas. Pero mi libro no trata sobre los extremos, no se centra en la prostitución y en las fiestas con sexo y drogas, aunque eso forme parte del panorama. Mi libro se ocupa fundamentalmente de la sexualidad común de la mayoría de la gente en el Vaticano y en cualquier lugar de la Iglesia. Y es una mayoría silenciosa. Yo no creo que en el Vaticano todo el mundo practique sexo, creo que es un lugar con muchos homófilos, muchos homosexuales y gente que incluso no sabe lo que es, que tiene problemas con su sexualidad.

P.- ¿Sin la homosexualidad no se entiende a la Iglesia católica?
R.- No, no se entiende. No pretendo con este libro hacer ‘outing’ (hacer pública la homosexualidad de una persona sin su consentimiento) ni sacar del armario a nadie. Este libro no trata de si este cardenal, aquel obispo o ese sacerdote son gais. Lo que me interesaba era explicar que la homosexualidad configura un sistema y que es algo que tiene una gigantesca influencia en la Iglesia, en su doctrina, en su organización y funcionamiento. La homosexualidad explica muchas cosas, explica la doctrina de la Iglesia sobre el celibato, el condón, la castidad...

P.- Y exactamente, ¿cómo explica eso la homosexualidad?
R.- Los sacerdotes y cardenales que con más agresividad defienden el celibato, los que con más agresividad defienden la prohibición de que las mujeres sean ordenadas sacerdotes, lo hacen porque quieren que la Iglesia siga siendo una cosa sólo de hombres, quieren evitar a toda costa que los sacerdotes se puedan casar. Y lo hacen porque son gais. Detrás de la guerra contra el Papa Francisco también se encuentra la homosexualidad. Se encuentra incluso en el ocultamiento de los abusos sexuales contra menores perpetrados por sacerdotes.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Obviamente, no hay ninguna relación entre homosexualidad y abusos sexuales, ninguna. De hecho, la mayoría de los abusos sexuales que se cometen en el mundo son heterosexuales y tienen como víctimas a mujeres. Eso está claro. Pero en la Iglesia hay una particularidad. El 85% de los abusos sexuales en la Iglesia, si no más, son cometidos por sacerdotes contra hombres adultos, la mayoría de ellos seminaristas, o contra menores de edad. En la Iglesia, los abusos sexuales son abusos homosexuales. Hay muchos y complejos motivos para explicarlo. Lo primero, muchos de los casos están relacionados con una homosexualidad no asumida, lo que conlleva una vida esquizofrénica, una doble vida. El problema no es la homosexualidad, el problema es la mentira, esa doble vida.

En segundo lugar, en la Iglesia hay una muy arraigada y profunda cultura del secreto respecto a la sexualidad, mejor dicho a la homosexualidad, de la mayoría de los obispos, curas y cardenales. Y esa cultura del secreto ha sido utilizada por los abusadores para ser protegidos por el sistema, aunque el sistema no fuera creado para proteger eso. Y, en tercer lugar, muchos obispos que han encubierto abusos sexuales, yo diría que la gran mayoría, son gais, y han protegido al abusador para protegerse a sí mismos, por miedo a que su homosexualidad saliera a la luz, por miedo a ser chantajeados, al escándalo, a los medios...

P.- El cardenal Pell, número tres y responsable de finanzas del Vaticano hasta su destitución el pasado domingo, ingresó hace días en prisión tras ser declarado culpable de cinco delitos de abuso sexuales sobre dos menores. Sale en su libro...
R.- He conocido en persona a George Pell, le he entrevistado en Roma para mi libro y, sí, sale en él. Pell es un enemigo del Papa Francisco, cuando me reuní con él estuvo todo el tiempo criticándole por su visión progresista sobre la moralidad. Atacaba al Papa por considerarlo demasiado gay friendly, muy pro-gay. Pero probablemente Pell es homosexual y, atendiendo a lo que ha dicho la Justicia, es un abusador de menores. Pell representa la esquizofrenia que hay en la Iglesia, la doble vida, la hipocresía, el conservadurismo, los homófobos que atacan al Papa por su apertura hacia los gais cuando ellos mismos son gais y, en el caso de Pell, abusador de niños. Porque hay muchos así.

P.- ¿Por ejemplo?
R.- McCarrick, el cardenal de Washington, es el mismo caso, y también está Luigi Ventura, el nuncio en París, de quien se descubrió hace una semana que podría haber agredido sexualmente a dos hombres adultos, que está ahora siendo investigado por la Justicia francesa y que es conocido por su homofobia. Y probablemente, cuando fue nuncio en Chile encubrió algunos casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. MacCarrick, Pell y Ventura representan la esquizofrenia del sistema. En la Iglesia hay una regla muy sencilla: cuanto más homófobo es alguien, cuanto más ultraconservador es, más homosexual resulta ser.

P.- Usted cita, por ejemplo, a los cardenales españoles Antonio Cañizares y Antonio Rocuo Valera como pertenecientes al ala más conservadora y tradicionalista...
R.- No sé nada de la vida del cardenal Cañizares o del cardenal Rouco Varela. Pero lo que le puedo decir es que cuando alguien está obsesionado por la cuestión gay, en general hay algo detrás. E insisto: no estoy hablando en particular de ellos. Pero la mayoría de los cardenales que he conocido que son claramente heterosexuales no están en contra de los gais, al revés, por lo general se muestran amigables hacia los gais, no están obsesionados. Y lo contrario: cuando alguien de la Iglesia está obsesionado con la homosexualidad tenemos buenos motivos para pensar que ese alguien es homosexual y que trata de ocultarlo con sus críticas feroces hacia los gais.

P.- ¿También en la batalla contra el Papa Francisco que libran los sectores ultraconservadores se encuentra la cuestión homosexual?
R.- Le diré que al principio yo no era muy fan del Papa Francisco. Soy el típico laico francés, no soy católico, deje de serlo cuando tenía 12 años. El Papa es argentino, es jesuita, es peronista y un día está a favor de los gais y al día siguiente en contra, así que al principio no me gustaba mucho. Pero cuando empecé a hacer mi investigación, para la cual pasé una semana al mes en Roma durante cuatro años y viajé a 30 países, poco a poco empecé a darme cuenta de que había algo extraño en los ataques al Papa por parte de los cardenales ultraconservadores. Me di cuenta de que mentían, de que atacaban al Papa por ser amigable hacia los gais cuando ellos son lo que Francisco llama «los rígidos con una doble vida», cardenales esquizofrénicos, hipócritas, con una vida secreta. El Papa está en medio de una guerra promovida por cardenales de la ultra-derecha que tienen como objetivo echarle, sacarle de la Iglesia. Son cardenales muy homófobos y al mismo tiempo gays. Ahora que lo he entendido soy un gran admirador de Francisco.

P.- Entre los 30 países a los que ha viajado para llevar a cabo esta investigación se encuentra España. ¿Qué ha encontrado?
R.- He viajado mucho por España, cuatro o cinco veces. Empecé a hacer mi investigación en el Vaticano, pero luego viajé a varios países, España incluida. Mi objetivo era constatar si la homosexualidad era algo limitado al Vaticano o si estaba en todos los países, en todos los episcopados. Me sorprendió encontrar exactamente el mismo patrón en todos lados. Especialmente en España. Creo que, después de Roma en Italia, España es el país más interesante. España es la quintaesencia del sistema. Todo lo que encontré en Roma descubrí que existía exactamente igual en España, en la conferencia episcopal española, en Francia, en Estados Unidos, en Chile, en Argentina, en Colombia, en México... Y fue eso lo que me hizo ver que la homosexualidad en el Vaticano no es una singularidad, sino un sistema.

P.- Sostiene que cuanto más se asciende en la jerarquía católica más numerosos son los gais. Dice incluso que tres de los últimos cinco Papas eran homófilos...
R.- Bueno, en realidad eso no lo digo yo, es algo que me dijo un arzobispo. Como tampoco soy yo el que dice que el 80% de la gente en el Vaticano es gay, es lo que me dijo un sacerdote.

P.- Pero usted se hace eco de esas afirmaciones...
R.- Sí. Me hago eco de eso porque son cosas que me dijeron personas que saben de lo que están hablando. Yo no doy esas cifras por descontadas, pero creo son valiosas porque proceden de personas que conocen bien la situación. Yo no discuto de cifras, no discuto de nombres. Mi libro no va de hacer ‘outing’, yo no saco a nadie del armario, excepto a personas que llevan mucho tiempo muertas, cuya homosexualidad ha sido desvelada por medios de comunicación o que han cometido abusos sexuales y han sido condenados por ello. Insisto: yo no hago ‘outing’. Lo interesante no es la vida de este o aquel sacerdote, sino el sistema. Yo no hago ‘outing’ con sacerdotes, obispos o cardenales, yo hago ‘outing’ con el Vaticano.

P.- Pero usted sí dice que cuanto más se sube en el escalafón de la Iglesia más homosexuales hay, ¿no?
R.- Sí, esa es una afirmación mía. De nuevo, se trata de una cuestión sociológica. La Iglesia atrae a los gays y a las personas que tienen problemas con su sexualidad y los promociona dentro del sistema. Los sacerdotes identifican a los seminaristas, los obispos identifican a sacerdotes , los cardenales identifican a obispos... Y así, según se va subiendo en la jerarquía cada vez hay más gais. Yo no creo que el Vaticano sea un lugar en el que todo el mundo practique sexo, creo que es un lugar con muchos homófilos, muchos homosexuales y gente que incluso no sabe lo que es, que tiene problemas con su sexualidad.

P.- Si no pretende hacer ‘outing’, ¿qué pretende con este libro?
R.- Yo soy gay, abiertamente gay, y no tengo ningún problema en que haya sacerdotes, obispos o cardenales gais, para nada. Mi libro no denuncia o critica la homosexualidad, denuncia la hipocresía. Además, el que la Iglesia sea un sistema homosexual en el que la mayoría de la gente es gay es algo que tiene consecuencias en la moral, la doctrina y la organización de esa institución y la guerra que se está viviendo en este pontificado. Ese es mi único objetivo. La Iglesia está atrapada, se encuentra en un callejón sin salida, está muriendo porque no dice la verdad. Yo estoy a favor de la verdad y creo que mi búsqueda de la verdad es de alguna manera parecida a la búsqueda de la verdad del Papa Francisco.

P.- ¿Tenía que ser un periodista francés, no católico y gay como es usted el que hiciera esta investigación?
R.- Los vaticanistas, los periodistas que cubren el Vaticano, están bien informados sobre la homosexualidad en la Santa Sede. Hablé con varios de ellos y me lo confirmaron, lo sabían todo. Pero también me dijeron que si lo publicaban su carrera se acabaría. Ese es también el motivo por el que un libro como el mío no se había hecho antes. Y siento mucho decirlo, pero un periodista heterosexual tampoco tiene los códigos para entender el sistema, para comprender la red. Es por eso por lo que este libro lo he hecho yo: un francés, sociólogo , periodista -pero no vaticanista- y gay. Tan simple como eso.

P.- Si la homosexualidad mayoritaria es el secreto mejor guardado de la Iglesia y del Vaticano, ¿cómo se las ha apañado para hablar con 40 cardenales y cientos de obispos y sacerdotes?
R.- Bueno, en eso consiste mi trabajo, y llevo mucho tiempo realizando investigaciones como esta. Mi primera técnica de investigación es volver. Nunca acepto un 'no' como respuesta, si me dicen 'no' vuelvo una y otra vez. Además, he contado con 27 sacerdotes o laicos gais que viven y trabajan dentro de Vaticano y que han sido mi principal fuente, que sabían lo que estaba haciendo y que me han ayudado en mi investigación. A través de ellos, y trabajando cuatro años en esta investigación, poco a poco he conseguido tener más acceso a sacerdotes y a cardenales. Es lo que se llama periodismo de inmersión: uno se sumerge en una realidad y describe lo que ve. Y eso es lo que yo he hecho. Pero nunca he mentido respecto a mi nombre, nunca he mentido sobre el hecho de que soy periodista, escritor y sociólogo, nunca he engañado a la hora de hacer una entrevista, siempre he respetado a quienes han aceptado hablar conmigo manteniendo el anonimato y sin que les grabara.

P.- Su libro ha sido muy criticado por la mayoría de los vaticanistas cuando lo presentó en Roma...
R.- Bueno conozco también muchos vaticanistas como Marco Politi o Gianluigi Nuzzi que han hecho reseñas positivas de mi libro. Otros, es verdad, lo han criticado. El libro está creando un debate internacional. Mire: yo he escrito un libro y habrá a quien le guste y a quien no, quien lo adore y quien lo odie. Yo no tengo una agenda política, un objetivo. Mi objetivo no es cambiar la Iglesia, mi objetivo era hacer una investigación y escribirla en forma de libro. Una vez hecho eso los católicos, los vaticanistas, la Iglesia, los sacerdotes, el que quiera, puede usar o no el libro para cambiar la Iglesia. Pero ese no es mi trabajo.

P.- ¿Ha recibido reacciones a su libro del Vaticano o de alguno de los cardenales con los que habló durante su investigación?
R.- Oficialmente el Vaticano no ha reaccionado, y yo tampoco la esperaba. Lo que le puedo decir es que hasta ahora nadie me ha señalado ningún error en el libro ni nada que no le guste. Probablemente ocurrirá, pero por ahora no ha sucedido.

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | Frédéric Martel: "La extrema derecha rige el Vaticano. Es homosexual y va contra el Papa

Imagen: El Confidencial / Frédéric Martel
"La extrema derecha rige el Vaticano. Es homosexual y va contra el Papa".
Frédéric Martel publica 'Sodoma' en el momento más complicado para la Iglesia católica. "Cuanto más homófobos se muestran, más tienen que esconder".
Enrique Zamorano | El Confidencial, 2019-03-07
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-03-07/frederic-martel-sodoma-vaticano-entrevista_1865978/

El sexo es poder, y el poder está en el sexo. Secretos que no podrían salir a la luz corroen el silencio sacro de cada una de las galerías de la Capilla Sixtina en forma de chantajes y sobornos. La homosexualidad de la curia romana está en el punto de mira desde que el periodista francés Frédéric Martel se lanzara a investigar durante más de cuatro años con entrevistas a más de 1.500 personas del entorno papal y por más de 30 países. ¿El resultado? 'Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano' (Roca Editorial), una bomba periodística que promete sacudir los cimientos de la Iglesia Católica y a la gran mayoría de sus representantes.

Por sus más de 600 páginas asistimos a testimonios que dan fe de los comportamientos homosexuales de las figuras cardenalicias. No son hechos aislados, sino la estructura que cimenta la sociedad papal. Una gran mayoría silenciosa que ha esgrimido la homofobia como discurso mientras, de puertas para dentro, cosechan amantes masculinos y actitudes sexualmente contradictorias para la orden cristiana. Además de una receta ideológica de extrema derecha, cada día más presente en las democracias occidentales. "Cuanto más homófobo es un cardenal o un sacerdote, más probabilidades existen de que sea gay", afirma Martel, y señala directamente al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, quien hace unos días declinó la idea de investigar los casos de abusos sexuales en España. Aprovechamos su parada en Madrid para hablar con él sobre el libro. Si hay algo claro es que no está aquí para permanecer callado.

Pregunta. ¿Es usted religioso?

Respuesta. No. Fui católico, pero solo hasta los doce años aproximadamente. He sido bautizado, he hecho la comunión y también la confirmación. Soy el típico hijo laico de la cultura católica francesa.

P. Ya había escrito antes sobre la comunidad homosexual en su anterior libro, 'Global Gay'. ¿Cuál fue el detonante para escribir 'Sodoma'?

R. La sensación de tener que ponerme a investigar. Lo hice porque lo necesitaba, como con cualquier otro tema. Quizás fueron la gran cantidad de fuentes fiables y serias que me dieron información en un primer momento. Pensé que de confirmarse, sería la revelación del secreto más grande de los últimos 50 años, por lo tanto me puse a investigar. Al principio no pensé creía que me fuera a llevar cuatro años, ni que iba a viajar por 30 países en busca de información.

P. ¿Cómo tuvo acceso a tantas fuentes?

R. A base de hacer puro periodismo. En un inicio me pasaron la informacion un grupo de fuentes primarias, como yo las llamo, que constaban de 27 sacerdotes que actualmente viven en el interior del Vaticano. Estos 27 sacerdotes fueron “explícitamente gais conmigo” y me aportaron datos y testimonios constantemente. Fue gracias a ellos por los que pude conocer al resto de fuentes.

Después, viajé mucho. Mi técnica de investigación es desplazarme y saber presentarme en los sitios. Una semana cada mes. Nunca acepto un "no" como respuesta. Si me dicen que no, vuelvo, y si me dicen otra vez que no, vuelvo. Si no me dejan entrar por la puerta, entro por la ventana.

P. ¿Había un interés por parte de las fuentes por sacar estas informaciones a la luz?

R. Hay muchos casos y cada uno es diferente. Había personas que querían que esto se supiera, sobre todo en el seno de la Conferencia Episcopal Española y la italiana. También había personas que me hablaban de ello "off-record", siendo más o menos explícitos. Y había quien solo me hablaba de terceras personas. Pero normalmente fui yo quien salí a buscar estas declaraciones por diferentes países, y en concreto, he venido mucho a España.

P. Usted pone mucho énfasis en la cúspide eclesiástica española. ¿Cuál es el testimonio más llamativo que ha encontrado?

R. Es muy paradójico. Cuanto más homófobo se muestra un cardenal o un obispo en público, que incluso salen a la calle para manifestarse contra el matrimonio gay, es porque sin duda es homosexual. Es un comportamiento abismal, esquizofrénico, hipócrita.

Ellos llevan una doble vida, no lo digo yo, lo dice el Papa Francisco, que denuncia a “los cardenales esquizofrénicos e hipócritas, que llevan una doble vida”. Él sabe a la perfección los secretos que revelo en este libro.

P. ¿Cree que su libro puede alimentar el cliché en determinados sectores de la población de que los curas son homosexuales?


R. No es una idea tan típica, no es un cliché. Yo creo que es más bien al contrario: muchos cardenales son homófobos, y nadie podía imaginar que fuesen gais. Es un hecho que no es tan contradictorio, precisamente por ser gais son homófobos, así es como lo reconocen. Cuanto más homófobo es un cardenal, más probabilidades tiene de que sea gay.

P. Es muy llamativo que una de las comunidades que más rechaza la homosexualidad sea una de las que más homosexuales tenga entre sus filas.


R. No, precisamente es algo muy clásico y muy común. Desde siempre los homosexuales han funcionado así. Se muestran homófobos cuando quieren ocultarse. Un ejemplo que se me ocurre, fuera de la Iglesia católica, es el del primer presidente del FBI, John Edgar Hoover. Durante toda su vida estuvo persiguiendo a los gais, denunciándolos y deteniéndoles. Luego era sometido a chantajes, ya que él vivía con su número dos, su compañero de vida.

P. ¿Se podría decir que hay mucha gente que en su día vio que su deseo sexual no era normativo y para reprimirlo se metió al sacerdocio?


R. Totalmente, esa es la clave. Si eras homosexual en un pueblo español de los años 50 o 60, no te gustaban mucho las chicas, no te apetecía casarte, te hacían bromas pesadas en la universidad, se burlaban de ti por ser un poco afeminado o por tu forma de vestir... A veces no se daban cuenta, pero ahí existía un grave problema de identidad. A lo mejor eras homófilo, y no homosexual.

En esos tiempos y ante esas circunstancias era un proceso sociológico normal el hacerte cura. Pero además, lo veo muy simple: un día eres el objeto de burla de los demás y, de repente al siguiente aquellos que se burlaban de ti te respetan. También empezabas a vivir con otros hombres, podías ponerte vestidos, y tu madre que lo había entendido todo desde el principio recibía esta vocación mágica como una prueba del Señor. En definitiva, pasabas de ser un paria a ser un santo.

P. El Papa va a ofrecer un discurso histórico el 15 de abril contra la criminalización de la homosexualidad. ¿Cree que la Iglesia algún día acabará aceptando las relaciones homosexuales?

R. El discurso va a ser sobre las relaciones homosexuales consentidas entre adultos que se criminalizan sobre todo en el Caribe. Yo soy un periodista de investigación y he hecho un trabajo serio, sincero, puede que no te guste o que lo adores, yo solo lo ofrezco al público. Está enmarcado dentro del interés general y creo que está teniendo mucho eco. Ha recibido una acogida inesperada, estamos muy sorprendidos. Por tanto, yo he hecho mi trabajo, pero no tengo una agenda política, lo que cuento en el libro compete a los católicos y a las figuras eclesiásticas, sobre todo las más cercanas al Papa, para que puedan cambiar la Iglesia, si así lo desean. Mi trabajo ha sido de investigador, no de político o activista.

P. El Vaticano ha sido una institución intocable hasta hace muy poco. ¿Qué ha propiciado este cambio, al margen del Papa Francisco?

R. Los abusos sexuales, las mentiras, la doble vida... La verdad no está siendo respetada. La distancia entre el discurso del clero y sus prácticas es muy grande. La mentira ha llegado a un punto insostenible. Es una verdad a gritos que aquellos cardenales y obispos que son muy homófobos en público tienen amantes en privado. Pero de nuevo, yo no juzgo, no hay un solo sacerdote al que yo acuse en este libro. No los estoy sacando del armario, yo intento explicar un sistema, y el hecho de que un obispo, un sacerdote o un cardenal sea homosexual no tiene por qué ser un problema. La homosexualidad debería ser una opción aceptada por la Iglesia católica, entre muchas otras, ya que son la gran mayoría, o lo que yo llamo una mayoría silenciosa.

P. ¿Existe mucha oposición dentro del Vaticano a esta actitud reformista de Bergoglio?

R. Sí, sin duda. Yo no quería ser demasiado duro con este Papa. Al fin y al cabo es argentino, peronista y jesuita. Para un francés laico como yo no es nada fácil creer en lo que dice. A veces es gay-friendly, pero al día siguiente no.

Al principio no me hacía mucha gracia, pero luego me puse a investigar y entendí lo que verdaderamente pasaba. El complot. La cábala. La “camarilla” orquestada contra el Papa. Una extrema derecha muy homófoba le ataca por ser gay-friendly, cuando ellos mismos son homosexuales. Y de pronto empezó a gustarme Francisco. Comprendí el complot que había contra él, y eso hizo que sintiera mucha simpatía.

P. Entonces, ¿cómo es que fue elegido y sus seguidores ganaran frente a sus detractores?

R. Cuando dimite Benedicto XVI, quien negaba la cuestión homosexual, se presentan 14 razones para su dimisión. Diez de esas razones tienen que ver con la homosexualidad. Los cardenales dijeron que el sistema iba a explotar. Algo así como: "Estamos en una especie de Titanic que se está hundiendo". Y los cardenales siguen dirigiendo el concierto, como si no pasara nada. Pero entendieron que había que cambiar algo, por eso le eligieron.

P. ¿Qué relación existe entre los delitos sexuales y los hechos documentados en su libro?

R. Bueno, en primer lugar mi libro no va sobre los abusos, sino sobre las organizaciones gais dentro del Vaticano. No hay ningún nexo entre homosexualidad y abuso, en la gran mayoría de los casos los abusos se cometen por hombres heterosexuales, en colegios y familias heterosexuales, y la mayor parte de sus víctimas son mujeres. Con la Iglesia existe una particularidad: es un mundo muy masculino, en los seminarios son casi todo hombres. Es ahí donde surgen la mayor parte de los abusos. No son homosexuales normales, están muy reprimidos, muy sublimados, se tienen odio a sí mismos, es una homofobia interiorizada. Luego hay otro factor, que es la cultura del secreto. Existe desde hace muchísimo tiempo para proteger el secreto de la homosexualidad en un gran número de obispos y cardenales.

P. ¿Cómo podría resolverse esta situación, más allá del perdón esgrimido por las figuras eclesiásticas?

R. En primer lugar, hay cardenales por todo el mundo que han encubierto abusos sexuales, como el cardenal Solano o Leonardo Sandri. Todos ellos deberían ser interrogados y sometidos a examen. Algunos ya lo han hecho. Yo no les juzgo ni les declaro culpables, pero deberían explicarse para declarar ante la justicia sobre todo lo que saben. Ricardo Blázquez, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, acaba de declarar que la Iglesia no investigará sobre abusos sexuales a menores y que los archivos no se desclasificarán.

Blázquez debería ser sometido a la justicia española por estas declaraciones, no digo que él sea culpable, pero debería explicarse. No se puede dejar esto así. No es Roma quien decide aquí, sino la justicia española, y las declaraciones de Blázquez son escandalosas, debería ser denunciado. Debería ser expulsado del órgano por estas declaraciones inadmisibles. Hay cardenales hoy en día que están siendo sometidos a examen en Estados Unidos, Chile o Francia por este tipo de declaraciones. Es absolutamente escandaloso.

P. ¿Cree que la justicia española no tiene las herramientas necesarias para hacerlo?

R. Sí, sí que las tiene. Yo creo en la justicia española. Todo esto va a ocurrir, todos esos casos se conocerán, todos los sospechosos deberán responder ante la justicia. Hay fotos, vídeos, hay registros, grabaciones, la prensa escribe, las víctimas hablan. Es un sistema que está desmoronándose.

P. ¿Cuál es el poder político real actual del Vaticano y qué herramientas tiene para seguir ocultando estos casos y escapando de la justicia?

R. Dentro de la Iglesia hay una organización homosexual muy homófoba que ha querido prohibir las uniones civiles. Por tanto, ha fracasado políticamente, porque la gente ha entendido que se trataba de una mentira demasiado visible. La fuerza del sistema es el secreto, una gran mayoría silenciosa, no es un gran armario lleno de gays, sino de cientos de miles de pequeños armaritos secretos relacionados con los demás. No hay un lobby gay, sino que hay una dispersión.

P. ¿Qué cree usted que pasaría si la institución eclesiástica cae y qué consecuencias políticas y sociales tendría para ese sector de la población conservadora que cree en la verdad de la Iglesia?

R. La Iglesia es una institución milenaria que empezó con doce personas. Y sobrevivrá. En Latinoamérica tiene mucho poder, en África se está desarrollando mucho y en Europa tiene dificultades. En Estados Unidos hay muchos menos católicos que antes. Pero la iglesia sobrevirá a todo esto. Por supuesto, tiene que evolucionar.

P. La Iglesia siempre ha tenido un papel muy importante dentro de la corriente conservadora y la ultraderecha. ¿Sigue siendo así?

R. Hay tres tipos de católicos. Los católicos progresistas, que están en disminución. Muchos de ellos eran sacerdotes heterosexuales que abandonaron la Iglesia y se casaron en los años 60, 70 y 80. Las parroquias se están quedando sin sacerdotes. Después está la llamada “teología de la liberación”, una corriente más moderada, que fue destruida por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Luego están los católicos identitarios de derecha o de derecha extrema. Rouco Varela sería un buen ejemplo. Afirman su catolicismo porque lo necesitan para afirmar su identidad de extrema derecha. Estos son muy peligrosos. En mi libro les ataco frontalmente.

Y después la tercera categoría serían los católicos honestos que creen realmente en Dios, que leen positivamente mi libro y son de derecha moderada, pero son buenos católicos. Están muy enfadados por los hechos que están sacudiendo la Iglesia, sus mentiras, los abusos sexuales, la doble vida de los sacerdote. Están esperando a que la Iglesia evolucione y sea más honesta.

P. ¿Por qué el grupo de los católicos (homosexuales) de ultraderecha ostenta tanto poder?

R. Porque es una fuerza política. Cuando algo va mal, los más radicales e identitarios son los que ganan y están ahí. Los moderados se van. Este libro es un libro también sobre la extrema derecha. Esto muestra como la Iglesia se ha visto comprometida por Pinochet en Chile, con la extrema derecha argentina, brasileña, los narcotraficantes y militares colombianos, con Franco aquí en España... La homosexualidad de muchos cardenales ha sido utilizada por los servicios secretos para chantajes y sobornos. Es un libro sobre el poder. Todo va sobre sexo, y el sexo tiene que ver con el poder, ya lo decía Oscar Wilde. En el mundo todo gira en torno al sexo, excepto el sexo, que gira en torno al poder. Eso es el Vaticano.

P. ¿Avanzaremos hacia un mundo más laico?

R. No estoy tan seguro. La condición humana es demasiado frágil. Para que un enfoque secular le baste. Necesita una especie de misticismo, si la Iglesia no se lo da, lo encontrará en otro lugar, en las filosofías budistas, en la ecología, en el yoga, en las nuevas espiritualidades. Por ejemplo, yo a título personal, lo encuentro en la literatura. Mi religión personal es la literatura. Mis figuras sagradas son Rimbaud, Dostoyevski, Shakespeare, Montaigne, Cousteau… Cada uno encuentra su espiritualidad en estas nuevas formas que la Iglesia no ha podido bloquear porque si no se redefine no va a saber hablar con el mundo.

P. ¿Cree que las innovaciones tecnológicas darán paso a un mundo menos oscurantista en el que la religión católica ya no tenga tanto peso?

R. Yo creo que sí. Cero que hoy el secreto ya no es posible. Es una estructura secreta en un mundo transparente donde todo se sabe. Hay vídeos y cámaras por todas partes. Un mundo en el que las víctimas hablan y la prensa les da voz, donde se sabe todo en las redes sociales. El secreto ya no puede mantenerse. Este libro no habría podido ser publicado hace 10 años, sobre todo en Italia. Y ahora está en todo el mundo.

domingo, 17 de febrero de 2019

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | La homosexualidad como clave en las crisis vaticanas

Imagen: El País / Frédéric Martel
La homosexualidad como clave en las crisis vaticanas.
"No es un lobby, sino una mayoría silenciosa", dice el sociólogo francés Frédéric Martel, autor de la investigación 'Sodoma'.
Marc Bassets | El País, 2019-02-17
https://elpais.com/sociedad/2019/02/17/actualidad/1550408582_186108.html

De los seminarios a la cúpula del Vaticano, la homosexualidad está omnipresente en la Iglesia católica y ayuda a entender las crisis que la han golpeado en las últimas décadas, desde la caída de vocaciones sacerdotales hasta el encubrimiento de abusos a menores, pasando por las campañas contra el Papa Francisco.

Así lo sostiene el sociólogo y periodista francés Frédéric Martel, que en cuatro años ha entrevistado a 41 cardenales, 52 obispos y nuncios apostólicos y embajadores extranjeros y más 200 sacerdotes y seminaristas en busca del “secreto mejor guardado” de la Iglesia. El resultado es ‘Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano’, más de 600 páginas en las que Martel (Châteaurenard, Francia, 1967) expone la doble vida y moral en el catolicismo romano. El libro "que hará temblar el Vaticano", como lo resume en portada el diario ‘Le Monde’, se publica en ocho lenguas y en 20 países, coincidiendo con la cumbre sobre la pederastia convocada por el Papa. En castellano lo edita Roca Editorial, el 21 de febrero en e-book y el 14 de marzo en papel.

Los homosexuales, según Martel, “representan a la gran mayoría” en el Vaticano. No cifra la cantidad, aunque una de sus fuentes le asegura que es “del orden del 80%”. El autor añade que, entre los 12 cardenales que rodearon a Juan Pablo II en los ochenta y noventa —en plena devastación por el sida y que definieron su política contra el preservativo—, la mayoría eran homosexuales. Se basa, para afirmarlo, en las entrevistas realizadas, algunas con los propios cardenales.

“La vida privada de los individuos les concierne a ellos y casi diría que no nos concierne”, dice en una entrevista con El País. “Pero los efectos de este secreto y de esta mentira en la ideología del Vaticano, y sus consecuencias en el mundo, son considerables”.

El autor rechaza hablar de “lobby gay”: “No es un lobby, es una comunidad. No es una minoría que actúe, sino una mayoría silenciosa. Un lobby sería gente unida por una causa. Aquí cada obispo o cardenal se esconde ante los otros y ataca la homosexualidad de los otros para esconder su sector."

Las conclusiones del libro y algunas escenas pueden parecer osadas y en algunos momentos, morbosas. “Mi tema no son las fiestas ‘chemsex’”, precisa Martel en alusión a las orgías con drogas que saltaron a la prensa italiana el pasado verano. "Mi tema no son los abusos. Mi tema es la vida banal y trágica de los sacerdotes condenados a una castidad contranatura. Y esta gente está atrapada en la trampa de un armario en el que se han encerrado ellos mismos, del que no saben salir, mientras en el exterior todo el mundo se divierte”.

La originalidad de su investigación es que establece la homosexualidad —una homosexualidad callada y mezclada de homofobia— como núcleo del sistema eclesiástico. "Cuanto más homófobo es un obispo, más posibilidades hay de que sea homosexual. Es el código", dice en la entrevista.

Es la llave que permite entender muchos de sus problemas. La reducida capacidad de atraer a futuros sacerdotes, por ejemplo. “Antes, cuando eras un chico de 17 años en un pueblo italiano o español y descubrías que las mujeres no te atraían, la Iglesia era un refugio. Pasabas de ser un paria del que la gente se burlaba en el patio de la escuela a ser considerado Dios”, argumenta. Pero los tiempos cambian. “Incluso en el pueblecito italiano hay otras opciones que hacerse sacerdote”.

Martel incide en la aparente paradoja de un discurso anti-homosexual en un Vaticano mayoritariamente homosexual. Aborda la trayectoria de varios jerarcas de la línea más rigurosa, como el colombiano Alfonso López Trujillo, ya fallecido, ante el uso del preservativo, o el español Antonio Rouco Varela ante el matrimonio gay.

El autor se desmarca de las denuncias del arzobispo ultraconservador y adversario de Francisco, Carlo Maria Viganò, y niega que exista un vínculo entre la homosexualidad y los abusos sexuales en la Iglesia. Pero cree que la cultura del secreto derivada de la necesidad de mantener oculta la homosexualidad protege a los abusadores.

“Si eres un obispo y proteges a un sacerdote, ¿por qué lo haces?”, se pregunta. “Pienso que, en una gran mayoría de casos, los obispos que protegen a los abusadores se protegen a sí mismos. Tienen miedo. Pienso que la gran mayoría de obispos y cardenales que protegen a sacerdotes pedófilos son homosexuales”.

Angelo Sodano, que fue nuncio en Chile durante los años de Pinochet y secretario de Estado con Juan Pablo II, aparece como uno de los villanos del libro. Por las componendas que le atribuye con el régimen pinochetista. Y por el caso del sacerdote chileno Fernando Karadima, a quien Francisco expulsó del sacerdocio en septiembre.

“Me parece claro que Sodano, según todos los testimonios, las víctimas y los abogados de las víctimas, no habría participado en los abusos sexuales de Karadima. En cambio, parece imposible que no haya estado al corriente de [sus] abusos”.

Y, si Sodano es el villano de ‘Sodoma’, el héroe es Francisco. “Detrás de la rigidez, siempre hay algo escondido; en numerosos casos, una doble vida”, dijo el Papa en octubre de 2016. “El Papa”, coincide el libro, “pone en guardia a ciertos cardenales conservadores o tradicionales que rechazan sus reformas haciéndoles saber que conoce su vida escondida”.

El “¿quién soy yo para juzgar?” que Francisco pronunció en julio de 2013 resuena en todo el libro. Martel le ha hecho llegar un ejemplar.

Especialista en el movimiento homosexual
Frédéric Martel (Châteaurenard, Francia, 1967) no es vaticanista, pero sí especialista en el movimiento homosexual y autor de dos libros de referencia, 'El rosa y el negro, una crónica de los homosexuales en Francia desde 1968', y 'Global gay', sobre la globalización de la cuestión homosexual. Su nuevo libro, ‘Sodoma’ —mezcla de reportaje periodístico y ensayo cultural— no se presenta tanto como una investigación sobre una comunidad religiosa sino sobre una comunidad gay, una de las “más numerosas del mundo”. Y escribe: “Dudo que haya tantos ni siquiera en el Castro de San Francisco, ese barrio gay emblemático, hoy más mixto”.

viernes, 15 de febrero de 2019

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | "El 80% de los sacerdotes del Vaticano son homosexuales": el libro contra la Iglesia

Imagen: El Confidencial / Frédéric Martel
"El 80% de los sacerdotes del Vaticano son homosexuales": el libro contra la Iglesia.
Se avecina un terremoto en la curia romana. Frédéric Martel publica un demoledor reportaje que desvela las relaciones sexuales de las grandes autoridades eclesiásticas.
Enrique Zamorano | ACV, El Confidencial, 2019-02-15
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-02-15/frederic-martel-vaticano-sodoma-libro-francia_1827522/

"El 80% de los sacerdotes del Vaticano son homosexuales". Así de tajante y seguro se muestra el escritor francés Frédéric Martel, quien publicará en los próximos días su nuevo libro, 'Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano', una auténtica bomba mediática que promete remover los cimientos de la Iglesia. La fecha escogida para el lanzamiento internacional (que no incluye a España pero sí a Francia, Italia, Latinoamérica o Estados Unidos, entre otros) está programada para el 21 de febrero. La decisión de escoger este día no es fruto de la casualidad o del azar: el Papa Francisco ha convocado entre el 21 y 24 de febrero a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en una cumbre sin precedentes para atajar los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia.

Además, el Pontífice ha solicitado a los máximos responsables de las conferencias episcopales que visiten personalmente a las víctimas de abusos sexuales como paso previo a la preparación del encuentro, con el objetivo, según sus propias palabras, de "conocer de primera mano el sufrimiendo que han padecido". Más allá del morbo, la publicación de las más de 500 páginas de 'Sodoma' prometen causar un terremoto mediático que dará a luz a un nuevo tiempo en la Iglesia, encabezada por el mismo Papa, quien en sus casi seis años de ordenación se ha caracterizado por ser mucho menos beligerante con la comunidad gay que sus predecesores.

"¿Secretos a voces? ¿Rumores? ¿Bulos? Yo soy como Santo Tomás: necesito ver para creer", escribe Martel en el prólogo del libro. "Por eso, he tenido que realizar muchas indagaciones y vivir inmerso en la Iglesia. Estuve en Roma una semana de cada mes, incluso me alojé con regularidad dentro del Vaticano gracias a la hospitalidad de altos prelados que, a veces, se presentaban como 'de la Parroquia'. Además hice viajes por el mundo, fui a más de treinta países, conocí a los cleros de Latinoamérica, Estados Unidos y Oriente Medio para reunir más de un millar de testimonios. Pasé más unas 150 noches del año lejos de mi casa, lejos de París".

Como bien explica el autor, se trata de una gran investigación de campo de más de cuatro años de duración con entrevistas a cerca de 1.500 personas del entorno papal y de 30 países. De ellas, 41 eran cardenales, 52 obispos y monseñores, 45 nuncios apostólicos y más de 200 sacerdotes y seminaristas. A estas fuentes de primera mano y sobre el terreno hay que añadir una vasta bibliografía con más de un millar de referencias, libros y artículos. "Ser parte de la parroquia". Estas cinco palabras, que podrían pasar por ser simplemente un mensaje de ánimo o apoyo a la comunidad, eran usadas para transmitir un mensaje en clave que viene a declarar abiertamente la homosexualidad de puertas para adentro.

"Un libro como este difícilmente podría haberse publicado hace veinte años, ni siquiera hasta hace diez. Los caminos del Señor han permanecido durante mucho tiempo inescrutables", afirma, con cierta ironía. "Hoy lo son menos, debido a la dimisión de Benedicto XVI y la voluntad reformista del papa Francisco; han ayudado a liberar la palabra. Las redes sociales, la audacia creciente de la prensa, la infinidad de escándalos eclesiásticos 'de comportamiento' han hecho posible, y necesario, revelar hoy este secreto. Este libro no trata de la Iglesia, sino de un tipo muy especial de comunidad gay que es mayoría en el colegio cardenalicio vaticano".

Abandonar la hipocresía

Con estas palabras Martel se atreve a asegurar que no se trata de un grupo reducido o una minoría, sino un sistema totalmente integrado dentro de la realidad eclesiástica, que involucra a todos los países, poniendo especial énfasis en España y Colombia. De hecho, uno de los principales señalados es el fallecido cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, expresidente del Consejo Pontificio para la Familia. Para Martel, la dinámica de doble discurso (retórica anti-LGTB y vida privada plagada de relaciones homosexuales) se da más claramente en el sector ultraconservador que se opone al actual Papa.

De hecho, el libro arranca con una conversación telefónica entre Bergoglio y Francesco Lepore, un antiguo sacerdote que vivió durante mucho tiempo en el Vaticano, y que se puso en contacto con el Pontífice para "confesarle su historia como sacerdote homosexual". El Papa Francisco, además, siempre ha incitado a abandonar la hipocresía que manifiestan muchos representantes eclesiásticos. "No hace falta decir que sabe muy bien a quiénes se dirige sin nombrarlos: cardenales, maestros de ceremonias papales, antiguos secretarios de Estado, sustitutos, minutantes y camarlengos", asegura Martel.

El "código Maritain"
En uno de los fragmentos del libro, Martel se plantea de dónde viene esa homofobia reinante entre los representantes de la Iglesia Católica. Para ello, se remite a un filósofo francés, Jacques Maritain, el principal exponente del humanismo cristiano, al cual atribuye una relación homosexual con Ernest Psichari, un compañero suyo del liceo Henri IV de París en 1899, cuando ambos eran adolescentes. Su idilio amoroso no prosperó, aunque ambos se escribían cartas muy pasionales en las que su amor saltaba a la vista pero fue reprimido por las costumbres y la moralidad hegemónica de la época, más centrada en Dios y las guerras que en la liberación sexual.

"La homosexualidad sublimada, cuando no reprimida, se traduce a menudo en la elección del celibato y la castidad y, con más frecuencia todavía, en una homofobia interiorizada", relata Martel. "La mayoría de los papas, cardenales y obispos que hoy tienen más de 60 años se formaron en esta atmósfera y este modo de pensar del 'código Maritain'. Si el Vaticano es una teocracia, también es una gerontocracia. No se puede entender la Iglesia de Pablo VI a Benedicto XVI, ni siquiera la de Francisco, ni a sus cardenales, sus costumbres e intrigas, si partimos de los modos de vida gay de nuestros días".

"Para apreciar su complejidad debemos remontarnos a las raíces antiguas, aunque nos parezcan de otro tiempo", opina el escritor. "Un tiempo en que no se era homosexual, sino 'homófilo', en que se diferencia la identidad homosexual de las prácticas que podía generar, un tiempo en que la bisexualidad era frecuente, un mundo secreto en que los matrimonios de conveniencia eran la regla y las parejas gais la excepción. Una época en que los jóvenes homosexuales de Sodoma asumían con alivio la continencia y el celibato homosexual del sacerdote". De ahí que, según el "código Maritain", la homosexualidad evolucionara hacia "homofilia", es decir, todo quedaba relegado al oscuro mundo de los deseos carnales privados, no de la práctica o de la acción.

El armario
"Practicantes, sí, pero todavía dentro del armario", puntualiza el escritor. "En el caso de los cardenales más viejos, este secreto hay que buscarlo en el pasado: su juventud tormentosa y sus años de licenciatura previos a la liberación gay explican su doble vida y homofobia trasnochada. No soy el primero que habla de esto. Son muchos los periodistas que han desvelado escándalos y 'affaires' de la curia romana. Pero este no era mi propósito. A diferencia de los vaticanistas, que denuncian 'vicios' individuales pero de este modo ocultan el 'sistema', no hay que fijarse en los asuntos turbios sino en la doble vida, bien trivial, de la mayoría de los dignatarios eclesiásticos. No en las excepciones, sino en el sistema y el modelo, 'the pattern' ("el patrón"), como dicen los sociólogos estadounidenses".

Otra de las mayores equivocaciones es asociar la homosexualidad de la Iglesia con los escándalos de pedofilia que han sacudido el Vaticano. "Hay que ser muy cuidadosos y precisos: primero, la homosexualidad no tiene una conexión directa con la pedofilia", declara Martel en una entrevista a 'Clarín'. "Los abusos sexuales se dan principalmente en familias heterosexuales y colegios. Pero también es cierto que el 80% de los abusos son con chicos u hombres, no con mujeres". Una cifra similar a la que aporta el diario 'Boston Globe' en la película 'Spotlight'. "Y los números son inmensos: más de 6.000 sacerdotes acusados en Estados Unidos, 2.000 en Australia, 1.700 en Alemania, 800 en Holanda o 500 en Bélgica. Es un patrón, no una cuestión de 'ovejas negras'".

jueves, 14 de febrero de 2019

#hemeroteca #iglesia #homosexualidad | Desmontando ‘Sodoma’, el libro-bomba sobre el poder gay del Vaticano

Imagen: Google Imágenes / Alfonso López Trujillo
Desmontando ‘Sodoma’, el libro-bomba sobre el poder gay del Vaticano.
Su autor, Frédéric Martel, sostiene que el 80% de los eclesiásticos de la Santa Sede son homosexuales, tras una investigación en la que abundan los errores y los rumores sin confirmar. Vida Nueva accede al contenido de la obra que dedica un capítulo a la Iglesia española, centrado en el cardenal Rouco.
Dario Menor | Vida Nueva, 2019-02-14
https://www.vidanuevadigital.com/2019/02/14/desmontando-sodoma-el-libro-bomba-sobre-el-poder-gay-del-vaticano/

Calumnia, que algo queda. Este refrán castellano parece ser la motivación última de ‘Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano’ (Roca Editorial), el libro del francés Frédéric Martel que se publica de forma simultánea en ocho idiomas y 20 países diferentes el 21 de febrero. La fecha no es casual: es el día en que comienza en el Vaticano la conferencia sobre pederastia en la Iglesia. Parece difícil encontrar mejor momento para captar la atención mediática a la hora de colocar en las librerías este ensayo en el que el autor indaga sobre la presencia de los homosexuales en la Iglesia y, en particular, en los más altos cargos del Vaticano.

En sus más de 500 páginas, a las que ha tenido acceso Vida Nueva en una de sus últimas ediciones, Martel hace un refrito de rumores, fuentes anónimas, informaciones conocidas y testimonios con nombre y apellidos para asegurar que el 80% de los eclesiásticos que trabajan en la Curia romana son homosexuales. En los seminarios rebaja el porcentaje hasta el 60-70%. Este hecho no supone ningún problema para él, gay declarado. Lo denunciable, a su juicio, viene por la supuesta doble vida que llevan muchos sacerdotes, monseñores, obispos e incluso cardenales al mantener posiciones homófobas en público para dar rienda suelta en privado a sus pulsiones sexuales con otros varones.

Esa es la tesis de fondo de Sodoma, que presenta al sector eclesial ultraconservador y opuesto al pontificado de Jorge Mario Bergoglio como el más activo en las tendencias homosexuales. De Francisco, en cambio, dice que es el obispo de Roma más abierto hacia los gais de la época contemporánea y que es posible que no tenga la orientación sexual atribuida a cuatro de sus predecesores. Para el autor, no es que exista un ‘lobby gay’ en el Vaticano formado por una minoría, sino que hay un auténtico ‘sistema’ al que pertenece la mayor parte del clero. La única duda estriba en si sus miembros son o no practicantes.

Dice que 5 cardenales españoles tienen relaciones
En tono novelesco, Martel dispara de forma directa o por medio de insinuaciones o alusiones contra un gran número de cardenales. También de la Iglesia española, a la que dedica un capítulo centrado en Antonio María Rouco Varela. Asegura que la mayor parte de los purpurados de nuestro país son homosexuales y que cinco de ellos mantendrían relaciones con otros hombres. El problema para el escritor francés, autor de varios libros reivindicativos sobre la cultura gay, es que mezcla de forma confusa los rumores con las fuentes a las que asegura haber tenido acceso. Tampoco ayuda a darle credibilidad a su obra el hecho de que recupere cuchicheos ya desmentidos, como el perfil en una red social de búsqueda de contactos abierto supuestamente por uno de los secretarios personales de Francisco.

El golpe de gracia se lo dan a ‘Sodoma’ sus numerosos errores. Llama la atención, por ejemplo, que presente como un liberal al cardenal Daniel DiNardo, encuadrado entre los prelados conservadores de aquel país. De hecho, fue uno de los purpurados que firmaron una carta en 2015 en la que mostraban al Papa su preocupación por que el Sínodo sobre la Familia llegara a unas conclusiones marcadas de antemano. También yerra Martel al hablar de España: dice que muchos de los periódicos del país están ligados al episcopado y presenta a este semanario como un diario propiedad de la CEE. Ante el riesgo de que le caiga una ristra de denuncias por parte de los eclesiásticos que se sentirán probablemente calumniados al ver sus nombres en las páginas de Sodoma, el autor cita a los 15 abogados encargados de defenderle en los países donde se publica el libro.

Sodoma pone en el disparadero a varios de los ‘hombres fuertes’ del pontificado de san Juan Pablo II: los cardenales Angelo Sodano; Stanisław Dziwisz, histórico secretario personal del Papa polaco; y Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia entre 1990 y 2008. El purpurado colombiano es el que peor parado sale del libro. Sostiene que tenía un apartamento en Medellín al que llevaba a chaperos, amantes y seminaristas. También sale salpicado el cardenal Gerhard Müller. El autor narra un curioso encuentro con el purpurado alemán, que le recibe en su casa en pijama y pantuflas, en el transcurso del cual Müller recibe una llamada telefónica. El hecho de que al otro lado del aparato sonara una voz masculina y que el cardenal utilizara un tono cordial basta para que el escritor imagine que se trata de una conversación de contenido sentimental.

miércoles, 22 de julio de 2015

#hemeroteca #homofobia | La religión es el enemigo histórico de los homosexuales

Imagen: La República / Frédéric Martel
La religión es el enemigo histórico de los homosexuales
Cambios. Según el periodista francés Martel, la búsqueda de derechos de los LGTB puede compararse con la revolución femenina de los años 70.
Rosa Quispe | La República [Perú], 2015-07-22
http://larepublica.pe/impresa/sociedad/17141-la-religion-es-el-enemigo-historico-de-los-homosexuales

Un estudio basado en la realidad homofóbica de 40 países del mundo, reveló que la religión católica, musulmana, protestante, evangelista y los ortodoxos son los principales enemigos u opositores de la comunidad de Lesbianas, Gays, Travestis y Bisexuales (LGTB).

Esta investigación la realizó el periodista francés Fréderic Martel, quien por un lapso de 4 años recogió información de varios países del mundo. Esto le sirvió para escribir su libro "Global Gay", que fue presentado esta semana en la Alianza Francesa de Arequipa.

Pese a la oposición de las diversas religiones, Martel asegura que a nivel mundial los LGTB lograron crear organizaciones sólidas con un solo objetivo: igualdad de derechos humanos.

Revolución
"El movimiento gay está creando una situación similar a la que se generó en los años 70 con la revolución femenina. Cada vez más países se suman a una sociabilización eficaz, pese a la oposición de la Iglesia", señaló.

Según su perspectiva, Arequipa, una ciudad históricamente religiosa, aún no tiene un movimiento gay sólido que proponga iniciativas legislativas nacionales a favor de esta comunidad.

Martel asegura que la unión civil y la adopción de menores por parejas LGTB son temas secundarios. Para el periodista, el Estado debe priorizar el respeto a los derechos humanos y la igualdad de género.

Una de las propuestas de su libro "Global Gay" son las alianzas sociales. Es decir, la comunidad LGTB debe aliarse con entidades particulares, partidos políticos, medios de comunicación y sindicatos sociales para generar un respaldo legal en defensa de los derechos humanos.

"Hay muchas maneras de defender los derechos de los gays, pero hay que hacerlo de manera local, viendo su realidad", sostuvo.

La unión hace la fuerza
En Arequipa como en varias ciudades de Latinoamérica y el mundo, la presión social hizo que la comunidad LGTB se divida en grupos aislados de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales.

"Estos grupos no deben luchar entre sí. Para crear un movimiento gay sólido, necesitan compromiso y no sectorizarse, ese sería el respaldo moral y legal que necesitan", aclaró.

Perú es considerado uno de los países con progreso gay
El escritor y periodista francés Fréderic Martel ha colocado al Perú entre los países donde el movimiento LGTB está luchando eficazmente para su igualdad de derechos. Así como nuestro país, Francia, Argentina y Estados Unidos siguen la misma política.

Entre las categorías de su libro, existe otro tipo de países denominados "calientes", donde prima la homofobia. En estos países ser LGTB es considerado un delito o aberración sancionado con la muerte. Martel ha catalogado en esta lista a Irán y Arabia Saudita.

El último grupo lo conforman los países "fríos" de China y Rusia, donde las autoridades se mantienen al margen del tema.

domingo, 20 de octubre de 2013

#hemeroteca #derechos | Aquí sí: matrimonios del mismo sexo alrededor del mundo

Aquí sí: matrimonios del mismo sexo alrededor del mundo
El francés Frédéric Martel, autor del ensayo ‘Global gay’, sobre la revolución homosexual que está cambiando el mundo, explica las claves del fenómeno.
Fotogalería > 17 lugares donde el matrimonio homosexual es posible
Frédéric Martel / Traducción de Virginia Solans | El País, 2013-10-20
http://elpais.com/elpais/2015/06/29/eps/1435597692_235803.html

Momentum. Esta palabra resume a la perfección lo que está pasando en el planeta con la homosexualidad: está viviendo su momentum. Hoy día, el activismo gay está de moda. La liberación homosexual está en marcha. La bandera del arcoíris ondea cada vez con más frecuencia en las terrazas de los cafés de todo el mundo. Los días del Orgullo Gay se celebran en todas partes. Y los sondeos muestran que la opinión pública es mucho más tolerante con los homosexuales. Todavía existen desigualdades y mucha lentitud dependiendo de ciertos lugares de la geografía terrestre. Pero es un movimiento inexorable. El asunto de la despenalización de la homosexualidad ha alcanzado su madurez. Aumentan los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y los derechos humanos también están siendo reconocidos tanto a gais como a lesbianas.

Esta revolución ha surgido en el mundo occidental. Pero no solamente. Poco a poco, en Europa y en Estados Unidos se ha pasado de penalizar la homosexualidad a penalizar la homofobia. Sin embargo, no debemos olvidar que hasta el año 2003 la Corte Suprema de Estados Unidos no decidió anular el delito de sodomía en los Estados del sur, reconociendo de ese modo la homosexualidad en todo el territorio estadounidense. Así que, por tanto, Occidente tiene pocas lecciones que dar al resto del mundo.

En lo que respecta al matrimonio homosexual, los datos geopolíticos son también muy elocuentes. Holanda ha sido el primer país en legalizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Otras naciones de ­Europa del Norte han avanzado rápidamente en esta materia. ¿Tienen algo que ver la religión protestante, la socialdemocracia moderada o el sentido del pluralismo? Lo cierto es que Noruega, Dinamarca, Suecia y Bélgica (bajo la presión inicial de los flamencos y no de los valones católicos) han defendido el derecho de las personas del mismo sexo a casarse. En Canadá también está permitido este tipo de matrimonios, así como en ciertos Estados de Estados Unidos. Si volvemos a Europa, observamos que España y Portugal, países latinos y católicos, han hecho historia tomando el relevo. Mientras tanto, la cuestión se retrasa en otras naciones como Alemania, Suiza o Reino Unido (en Inglaterra y Gales se espera que empiecen a celebrarse en 2014).

Sin embargo, el movimiento gay no es solamente occidental, tal y como así lo demuestran los perfiles que aparecen en este reportaje de El País Semanal. Llegó de la mano de Nelson Mandela y sus compañeros del ANC, quienes hicieron que Sudáfrica autorizara el matrimonio homosexual, después de haber sido además uno de los primeros en despenalizar la homosexualidad. Llegó también de Argentina. Y a partir de ahora son los países iberoamericanos los que están en la vanguardia de los derechos de los homosexuales. En la capital de México se han legalizado las uniones del mismo sexo. En Brasil se ha aprobado una resolución judicial que los permite. Uruguay está trabajando en esa misma línea. Incluso en la Cuba comunista y totalitaria, Mariela Castro, hija de Raúl Castro, hermano del dictador cubano, está defendiendo en la actualidad los derechos de los homosexuales. Así pues, si a esta lista añadimos otros países como Nueva Zelanda, Islandia, Francia y puede ser que también muy pronto Taiwán, Colombia, Finlandia y Luxemburgo, donde ya existen debates y proposiciones de ley, constataremos que el mapa del matrimonio homosexual está mucho menos esquematizado de lo que podríamos pensar. Ni Occidente tiene el monopolio de la defensa de los derechos de los homosexuales, ni Oriente ni el Sur poseen el privilegio de la homofobia. La identidad de un gay y una lesbiana no se circunscribe solo al Oeste. Así como tampoco existen, de ninguna manera, prácticas homosexuales solo en el Este o en el Sur. En la investigación que he realizado, Global gay, llevada a cabo sobre el terreno en 45 países, he podido constatar que si observamos la homosexualidad desde una perspectiva geopolítica, esta no se constituye en bloques regionales homogéneos y necesariamente antagonistas. El asunto es mucho más complejo. Pero es necesario matizar ciertos aspectos. No existen dos tipos de homosexuales: unos occidentales y otros orientales. No hay lucha de sexualidades. No hay un choque gay de civilizaciones.

El tema de la homosexualidad no es patrimonio exclusivo de unos cuantos países. Es un asunto mundial. Su centro de gravedad no se encuentra solamente en Estados Unidos o en Europa. Se ha convertido en una cuestión multipolar. Estamos asistiendo a una desoccidentalización de la lucha por la igualdad de derechos de los homosexuales. Brasil, Argentina, México o incluso Sudáfrica han hecho su propia elección y son, a partir de ahora, unos fervientes defensores de los derechos de la comunidad LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales). La movilización de algunos países emergentes a favor de los homosexuales es uno de los mayores fenómenos de los últimos 10 años. Es algo nuevo, inesperado y crucial. Los países emergentes no salen adelante solamente gracias a su demografía y su PIB. También lo hacen –algunos de ellos– porque respetan y luchan a favor de los valores humanos, entre los que se encuentran los derechos de los homosexuales. La globalización no trasciende solamente a la cuestión económica. Es una globalización que atañe también a nuestros valores. Y la homosexualidad, que ahora está despertando, supone una auténtica revelación en nuestra época.

En realidad, y al contrario de lo que tienden a señalar los dirigentes de los países totalitarios, las prácticas homosexuales son universales. Hoy día, la homosexualidad ya no es un producto de la propaganda occidental decadente como era, en el pasado, un producto del colonialismo. Al contrario. Las leyes contra la homofobia actualmente en vigor en Oriente Próximo, en India o en África fueron generalmente impuestas por la Inglaterra victoriana y los colonos franceses a los pueblos colonizados, cuando eso no ocurre, ni siquiera ahora, con los evangelistas estadounidenses. Así pues, los occidentales no han importado la homosexualidad, sino más bien la homofobia.

En todas partes, la militancia homosexual echa raíces. Y lo que parece es que tanto en Iberoamérica como en Asia, Europa o Norteamérica ha llegado el momentum. La defensa de los derechos de los homosexuales se está convirtiendo en la nueva frontera de los derechos humanos. Sin embargo, estamos iniciando un camino del que aún queda mucho por recorrer.

La Unión Europea se ha adelantado imponiendo la despenalización de la homosexualidad como regla general a cualquier país que tenga intención de adherirse. Además, desde 1997, los textos comunitarios definen la orientación sexual como el derecho de elección sexual de cada individuo. Pero, a pesar de ello, no existe una opinión unánime respecto al matrimonio homosexual. Y es precisamente en Europa donde abundan las protestas más radicales contra la homofobia, empezando por el Vaticano.

En Estados Unidos, el debate sobre este tipo de matrimonios se ha convertido en un asunto de interés nacional desde que el presidente Obama, con valentía, anunció su apoyo durante la campaña presidencial de 2012. Hoy día, 13 Estados permiten el matrimonio del mismo sexo: California, Connecticut, Delaware, Iowa, Maine, Maryland, Massachusetts, Minnesota, New Hampshire, Nueva York, Rhode Island, Vermont, el Estado de Washington, además de la capital federal Washington y tres tribus indias. Este movimiento de fondo aumentó cuando la Corte Suprema adoptó dos medidas técnicas que, por un lado, declaraban inconstitucional la celebración de matrimonios homosexuales a nivel estatal, pero, por otro, validaban el matrimonio de parejas del mismo sexo en California. Un avance histórico con doble significado. Por consiguiente, el matrimonio entre personas del mismo sexo no está reconocido en todos los Estados. De momento, la relación de fuerzas es de 37 Estados en contra y 13 a favor. En la mayoría de los Estados, y de acuerdo con lo que dicta su Constitución, el matrimonio homosexual no está permitido. Por tanto, es más que probable que la batalla continúe durante muchos años.

A pesar de esto, Estados Unidos está considerado a nivel mundial no solo como el país que simboliza los derechos de gais y lesbianas –la revolución homosexual de Stonewall en 1969, la bandera del arcoíris, el Día del Orgullo Gay–, sino también como el lugar donde se producen los actos más violentos contra los homosexuales entre los círculos republicanos del Sur. Frente a un presidente como Obama, que en su discurso inaugural hizo alusión a la Convención de Seneca Falls (primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos), a Selma (congreso a favor de los derechos cívicos de los negros) y a los disturbios de Stonewall (lucha de la comunidad LGBT contra un sistema que perseguía a los homosexuales), hay centenares de políticos republicanos elegidos que centran su política en la prohibición constitucional del matrimonio homosexual.

En algunas otras regiones del mundo la situación está mejorando. Aparte de Iberoamérica, avanzadilla mundial en este momento, se están produciendo considerables cambios en Asia. Desde 1997, la homosexualidad ha dejado de ser un delito en China. Aunque es muy difícil crear una asociación para defender los derechos de los homosexuales –está prohibido cualquier tipo de organización que trabaje a favor de los derechos humanos–, los bares y los clubes afines se han multiplicado en todas las grandes ciudades del país. Incluso resulta asombroso el número de barrios gais que existen en localidades de Japón, Corea del Sur, Tailandia, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Por último, en India, tras una larga batalla en la Corte Suprema de Nueva Delhi, se acaba de despenalizar la homosexualidad.

Quedan, por tanto, tres zonas críticas en el mundo donde los homosexuales sufren persecución y, en ocasiones, pueden ser condenados a muerte. Los ocho países más peligrosos para los homosexuales, donde además existe la pena de muerte, son todos islámicos: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, el norte de Sudán y Yemen. A estos hay que añadir el norte de Nigeria y algunas regiones de Somalia. Asimismo, ser gay o lesbiana en la mayoría de los países de África subsahariana y el Magreb continúa siendo un problema grave y recurrente. Por último, en Rusia, en las antiguas repúblicas soviéticas y en ciertos países de Europa del Este existe una nueva clase de homofobia, que yo calificaría de fría para distinguirla de la caliente de los países islámicos.

Así pues, parece que en muchos países del mundo resulta particularmente anacrónico el debate sobre el matrimonio homosexual. Si bien 15 países lo permiten –y otros, en parte de su territorio–, representan una minoría en relación con los 193 países que integran la ONU. Sobre todo teniendo en cuenta que la opinión de los miembros de Naciones Unidas sobre la despenalización de la homosexualidad no es unánime. Sin embargo, desde 2008, hay una movilización a favor de la tolerancia dentro de la propia ONU. Además, es determinante el compromiso personal de su secretario general, Ban Ki-moon, en pro de despenalizar la homosexualidad a nivel mundial. Aun así, la falta de acuerdos continúa. Una prueba de ello fue un voto decisivo que se necesitaba en 2008 para aprobar esta cuestión. En aquel momento, 68 países votaron una resolución a favor de la despenalización (entre ellos, todos los países eu­ropeos, seis países africanos, cuatro asiáticos, México, Venezuela, Cuba, Canadá y Estados Unidos después de la elección de Obama). En cambio, 59 países firmaron una declaración en contra, presentada por Siria y Egipto, para rechazar la despenalización (entre ellos, todos los países musulmanes junto con Arabia Saudí e Irán a la cabeza, 31 países africanos además de Malasia, Indonesia, Corea del Norte y el Vaticano). Finalmente, 68 países se abstuvieron de votar esta misma resolución para no hacerlo junto a Europa, ni junto a Estados Unidos y los países islámicos. Esos países fueron China, Singapur, India, Tailandia, Vietnam, Rusia, Corea del Sur, Ucrania, Sudáfrica y, sobre todo, Turquía.

¿Qué podemos hacer ante esta situación que se nos presenta? Lo primero de todo, recordar que la homosexualidad es un derecho reconocido en la declaración de los derechos humanos. Por tanto, no estamos hablando de un nuevo derecho humano o de un derecho específico distinto y separado de los demás, tal y como lo pretenden los países ultraconservadores y enemigos de la homosexualidad, empezando por los países musulmanes. Más allá de cualquier controversia o polémica, los derechos de las personas LGBT forman básicamente parte de los derechos humanos, porque son derechos que ya existen –derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad personal, a la protección frente a cualquier tipo de discriminación, a la libertad de expresión, derecho a la vida privada…– y, como tales, figuran especialmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Según resumía magníficamente Hillary Clinton, “gay rights are human rights, and human rights are gay rights” (algo así como: “Los derechos de los gais son derechos humanos y los derechos humanos son derechos de los gais”).

En efecto, no hay un modelo único ni una sola manera de ser homosexual en el mundo, que sería un calco de la matriz estadounidense. Por eso, no podemos esperar que los homosexuales consigan su liberación de forma homogénea. Y mucho menos que sea a lo occidental.

Enfocar esta cuestión desde el punto de vista de los derechos humanos suele ser pertinente, pero a veces puede resultar ineficaz y contraproducente, porque ayudar a los homosexuales en los países hostiles es difícil para nosotros y peligroso para ellos.

Pero lo que podemos hacer en este lado del planeta es ayudar a los homosexuales batallando por los derechos de las mujeres y luchando contra el sida. Eso permitiría un aumento de la tolerancia hacia los gais y las lesbianas sin suscitar enfrentamientos directos. Y en el otro lado del mundo, una de las medidas sería que los derechos de los homosexuales se incluyeran entre la lista de las libertades individuales más fundamentales –derecho de asociación, derecho de reunión, libertad de prensa–, algo que supondría un significativo avance. O bien apoyarse en la fuerza de los sindicatos, como se hace en ­Sudáfrica. O bien en la oposición democrática, como en Rusia. En algunas ocasiones, incluso la Iglesia representa un papel progresista, como así lo demuestra la labor que realiza el arzobispo anglicano de Sudáfrica Desmond Tutu. A veces, también sería bueno respaldar a las asociaciones de homosexuales presentes entre los grupos de exiliados –iraníes en Los Ángeles y Toronto, cubanos en Miami, africanos en París o Londres–, que son quienes pueden influenciar con mayor facilidad en la población local. Otra forma de ayuda sería cambiar las leyes de inmigración con el fin de facilitar el exilio o el asilo político a las personas LGBT en peligro.

Y luego, claro está, se puede utilizar Internet en todas partes, ya que hoy día es la herramienta más eficaz que tenemos. Basta con mirar en cualquier momento las páginas web, los blogs y los portales especializados en contenidos homosexuales como manjam, gayromeo, guys4men o gaydar, y las redes sociales para constatar que decenas de millones de chinos, rusos, indonesios, iraníes y árabes las consultan habitualmente, organizan intercambios y encuentros. Es un hecho determinante. Estos datos, que no la ideología, son la prueba irrefutable que demuestra que la homosexualidad es un fenómeno mundial. A partir de ahora, millones de chinos, egipcios, malasios, saudíes, singapurenses o iraníes dirán públicamente, diariamente, incluso con su presencia en las redes sociales, que son gais y lesbianas y que hay que contar con ellos.

La educación, la aparición de las nuevas clases medias, el acceso a una enseñanza superior, los intercambios universitarios internacionales, la proliferación de canales de televisión vía satélite y de páginas web, el crecimiento de los intercambios comerciales y el aumento del turismo y, por supuesto, la población –y la juventud– son otros factores que también aportarán su granito de arena poco a poco en la misma dirección: reconocer la identidad homosexual y el surgimiento de personas LGBT como los nuevos actores de las relaciones internaciones y la geopolítica.

El libro ‘Global gay’, de Frédéric Martel, está publicado en España por la editorial Taurus.