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miércoles, 13 de abril de 2016

#hemeroteca #memoria | Un pueblo entero frente al espejo de la memoria

Imagen: Público
Un pueblo entero frente al espejo de la memoria.
Patricia Campello | Público, 2016-04-13

http://www.publico.es/actualidad/pueblo-entero-frente-al-espejo.html

"Venimos a ver algo de Franco". Josefina Tembleque, de 74 años, y su marido, han sido los primeros en entrar al centro cultural de Llanos del Caudillo (Ciudad Real). A los pocos minutos, comienzan a ocuparse las 440 sillas preparadas para la ocasión, algo más de la mitad de los habitantes del pueblo. Se percibe el interés ante el estreno del documental Los Colonos del Caudillo, en el que los cineastas Lucía Palacios y Dietmar Post han indagado en la experiencia colonizadora del franquismo narrando, a dos velocidades, la historia local de Llanos y la realidad de las víctimas de la dictadura en los últimos años. Tras la primera proyección pública del documental en Berlín, y su posterior exhibición en el Festival de Cine de Valladolid y en Buenos Aires, la cinta ha llegado al lugar de donde partió la idea original.

Josefina (bajo estas líneas) afirma con orgullo ser una de los colonas pioneras. Tenía 15 años cuando llegó con sus padres y sus tres hermanos a este recién creado asentamiento del Instituto Nacional de Colonización, a principios de la década de los 50. Este organismo dependiente del Ministerio de Agricultura creó cerca de 300 pueblos a los que llegaron unas 50.000 familias para trabajar la tierra. Los colonos recibían una casa -que en ocasiones no estaba terminada-, una parcela de unas seis hectáreas, una pareja de mulas, aperos de labranza y dinero. En los 15 años siguientes debían entregar el 51% de su producción al Ministerio de Agricultura franquista. Este cobro se realizaba siempre y con independencia del resultado bueno o no de las cosechas. "Dar la mitad de lo que obteníamos al instituto era mucho; había que trabajar muy duro la tierra y se pasaba mal", cuenta Josefina a Público momentos antes de comenzar la proyección.

Para saber la cantidad producida por los colonos, el funcionario del ministerio medía las cosechas, a veces, con interés premeditado. "Se regaba por acequias, y peritaban la cosecha en esos surcos, donde el producto era mayor. Esa cantidad la multiplicaban y extendían por toda la siembra, dando un número mayor que el real", explica en el documental el actual alcalde de Llanos, Santiago Sánchez (PSOE). "Descubrimos que el Instituto Nacional de Colonización vendía los pimientos a 4,5 pesetas, y a los colonos se los pagaba a 2 pesetas. A finales de los años 50, el beneficio era de 3,5 millones. La línea social de la actividad con la que se iniciaron estos pueblos estaba muy lejos de la realidad. Era un negocio", añade Sánchez.

El vecino Eugenio Bascuñana denuncia las obligadas directrices del Instituto, que les marcaba el tipo y el momento de la siembra durante los cinco primeros años. "Nos mandaban sembrar judía blanca a finales de julio, y así no salía nada. Se hacían muchas injusticias". Además, los vecinos debían estar disponibles para cualquier trabajo en el pueblo. "Una vez discutí con el ingeniero porque cada día mandaba a cuatro personas a hacer servicios, y un día me enviaron a mí a limpiar una cuneta. Le pregunté, ¿es que he venido aquí a hacer de caminero? Me negué y me pusieron cuatro faltas. Yo decía que era un campo de reconcentración, porque no podíamos despegar el pico ninguno y teníamos que hacer lo que nos decían. Así más de 30 años".

"Era un campo de reconcentración, porque no podíamos despegar el pico ninguno y teníamos que hacer lo que nos decían", denuncia Bascuañana Este descontento se reflejó a la hora de votar en las elecciones a partir la muerte del dictador, según aclara el sociólogo Cristóbal Gómez gracias a un trabajo estadístico en el que concretó que en los pueblos de colonización votaban más a la izquierda. La primera maestra de Llanos, Ana María Parrilla, lo explica en el sometimiento que habían vivido. "Como la votación era secreta, por primera vez pudieron abrir la boca, y expresarse sin significarse", señala.

Las colonias franquistas se edificaron siguiendo el ideario de las cittá nuove de Mussolini, lugares para el "hombre nuevo", "antiobrero y antiurbano, ligado a la tierra y devoto al régimen del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo", según principios del Instituto de Colonización. Los avances republicanos como la reforma agraria o el estado social fueron abolidos, y la situación económica en los años 40 y 50 era nefasta. La experiencia colonizadora pretendió paliar la extrema pobreza, pero no pudo evitar la fuga hacia zonas urbanas. De hecho, a los 14 años de la llegada de los primeros colonos, Llanos sólo contaba con una tercera parte de las casas habitadas, según los documentos consultados por los directores de la cinta.

Lucía Palacios y Dietmar Post, directores de 'Los Colonos del Caudillo'
Palacios y Post plasman en su trabajo opiniones muy diferentes que reflejan el amplio espectro de sensibilidades ante la Memoria Histórica. Uno de estos testimonios es el del ex ministro franquista y gobernador civil de la provincia cuando se inauguró Llanos del Caudillo, José Utrera Molina, para quien se pide la imputación en el marco de la querella argentina contra los crímenes franquistas.

Utrera Molina no recuerda el acto inaugural de Llanos, pero sí expresa su apego al ideario falangista: "Yo le decía a Franco ‘estoy sirviendo al movimiento pero no renuncio a mi condición de falangista'; nací siendo falangista y moriré siendo falangista cuando dios quiera".

Utrera Molina esquivó la invitación a la proyección de la cinta remitiendo una carta a los directores en la que subraya el "impulso social" que a su juicio fue la experiencia de colonización franquista.

El testimonio del expresidente Felipe González es otro de los incluidos en este largometraje documental que, desde su estreno, gira en el formato video fórum, con charlas tras la proyección. Tras la exhibición en Llanos, en la noche del sábado, tomaron la palabra ambos directores, el regidor municipal, el sociólogo Cristóbal Gómez, el periodista Ramón Orozco -como moderador del acto- y Raúl Herrero, ex preso político que explicó la actualidad de la querella argentina.

Una decena de vecinas y vecinos vierten en la película sus diferentes visiones respecto al pasado y presente de este pueblo que, en 2004, votó si quería retirar el apellido ‘Del Caudillo', y el resultado fue que ‘no'. De hecho, al terminar la proyección, Josefina Tembleque se muestra "encantada", y reconoce que el documental describe de manera fehaciente "todo lo que hemos vivido y todo por lo que hemos tenido que pasar".

sábado, 2 de abril de 2016

#hemeroteca #franquismo | El pueblo más fiel a Franco: “Que vengan a quitarnos el nombre si tienen narices”

Imagen: El Confidencial
El pueblo más fiel a Franco: “Que vengan a quitarnos el nombre si tienen narices”.
Llanos del Caudillo (Ciudad Real) promete guerra si le obligan a eliminar su 'apellido' para cumplir con la Ley de la Memoria Histórica, tal como reclama el abogado Eduardo Ranz.
David Brunat | El Confidencial, 2016-04-02
http://www.elconfidencial.com/espana/2016-04-02/el-pueblo-mas-fiel-a-franco-se-niega-a-cambiar-su-nombre_1177533/

Prometen salir con pancartas y tractores. Manifestarse en Toledo o en Madrid si hace falta. Moler a palos al que se atreva a acercarse al pueblo a decirles que, en adelante, sus calles ya no se levantarán en honor a Franco. Así es Llanos del Caudillo, un municipio en guerra contra la Ley de la Memoria Histórica que, entre otros, exige la supresión de todos los símbolos y reminiscencias de la dictadura. En España hay al menos once municipios cuyo nombre glorifica al dictador o a uno de sus acólitos. Villafranco del Guadiana, Alcocero de Mola, Bembézar del Caudillo, Queipo de Llano… Hasta la fecha nadie les había obligado a desprenderse de sus ‘apellidos’, pero el abogado Eduardo Ranz se ha propuesto ahora que todos los municipios apliquen la ley a rajatabla. Ya ha denunciado a ocho alcaldes por “delito de incitación al odio” y está en proceso de demandar a los ayuntamientos.

“Que venga aquí ese abogado a quitarnos el nombre si tiene narices. Mientras yo viva esto se va a llamar pueblo de Franco, del Caudillo, porque a un tío que lleva 40 años muerto, ¡que lo dejen ya hombre!”, exclama hecho un basilisco Antolín Díaz, agricultor ya jubilado. El asunto desata pasiones en esta pequeña aldea manchega, la más combativa en contra de la aplicación de la ley. “Si se llama Llanos del Caudillo es porque lo hizo Franco. Cuando los políticos de ahora hagan un pueblo que le pongan su nombre, pero mientras tanto que no se metan con los que hay. Y que conste que no soy franquista ni lo he sido nunca, pero la historia no se puede cambiar”, añade Pablo González, industrial también jubilado.

No es sencillo sonsacar a los llaneros acerca de su controvertido nombre. Al oir hablar del asunto, muchos supiran y se niegan a hacer comentarios, en especial los más jóvenes, pero todos reconocen estar a gusto con su ‘apellido’. Ya sea Antonio, el carnicero del pueblo, o Jesús, el cartero, la respuesta siempre es la misma: “Que nos dejen en paz, que nosotros no molestamos a nadie”. No entienden que ahora se quiera cercenar su identidad como pueblo, esa que nació en 1955 con la fundación de Llanos del Caudillo, una de las 300 aldeas que creó la dictadura para reorganizar y reactivar el maltrecho sector agrícola a través del Instituto Nacional de Colonización.

Los 757 habitantes censados en el municipio son casi todos hijos o nietos de los llamados ‘pioneros’, esas primeras familias que se instalaron en estos terrenos baldíos para iniciar, gracias a la cesión gubernamental, una vida nueva. Igual que ellos, sus descendientes siguen viviendo de la agricultura: sandías, melones, pimientos y cereales conforman la base económica del pueblo. El trazado también se mantiene fiel a los orígenes, con calles diseñadas con escuadra y cartabón y paredes de cal blanca. Sólo hay una concesión: ahora la plaza de la iglesia se llama plaza de la Constitución.

“Yo llevo aquí desde los años 50 y quiero que se llame como se ha llamado siempre. Que aquí vinimos muertos de hambre y ahora vivimos como Dios quiere y manda. ¿Que Franco hizo cosas malas? No lo discuto, pero también las hizo buenas. A muchos padres de familia que no tenían ni para comer nos dio una casa y una parcela”, recuerda Ascensión Gómez. El alcalde, Andrés Antonio Arroyo (PP), comprende el disgusto de sus vecinos: “Este pueblo fue una oportunidad para muchas familias numerosas en aquella época tan difícil. El régimen les dio tierras de regadío, una vivienda y una yunta de buey para labrar. Y aunque luego su ideología sea más de izquierdas o de derechas, la gente siente que esto fue un bien para ellos". Para salir al paso de las suspicacias, Arroyo insiste en que Llanos es, en realidad, un pueblo de izquierdas. Aquí gobernó durante 28 años, argumenta, el PSOE.

El asunto del cambio de nombre no es nuevo por estos lares. En 2004 hubo una consulta popular para deshacerse del Caudillo promovida por el anterior alcalde, el socialista Santiago Sánchez. Cientos de personas salieron a la calle con pancartas en contra del cambio de nombre. Gritos, amenazas al alcalde y muchos nervios. Curiosamente, los más activistas a favor de seguir honrando a Franco fueron los vecinos más jóvenes, que armaron un revuelo tremendo y obligaron a la Guardia Civil a aparecer. Pero fue abrir la urna y disiparse toda la tensión: 350 votos a favor de mantener “del Caudillo” por sólo 50 que pedían eliminarlo. Una victoria abrumadora. Doce años después, el nuevo alcalde avisa: “Si nos obligan a cambiar el nombre, antes volveré a organizar una consulta vecinal para que quede constancia en los registros que fue en contra de la voluntad popular”.

“Afortunadamente, hoy en este país todo el mundo puede opinar. Pero las leyes están para cumplirlas, no para votar si se cumplen o no. Y a día de hoy hay once denominaciones que incumplen una ley que fue aprobada hace nueve años. Se trata de una cuestión legal y democrática”, afirma taxativo Eduardo Ranz, el letrado que ha armado todo este alboroto en Llanos del Caudillo. Ranz basa su actuación en el artículo 15 de la Ley de la Memoria Histórica, que urge a las administraciones públicas a retirar “escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura”.

Para este abogado, especialista en Derechos Humanos, “no existe mayor exaltación que llevar el nombre del protagonista de la dictadura en el título del pueblo. Glorificar el nombre del dictador o de cualquiera de los protagonistas de la dictadura es una ofensa directa a un grupo social determinado, y eso según el código penal es un delito de incitación al odio, lo que conlleva una sanción de hasta cuatro años de prision”.

Agustín Díaz, antiguo técnico del ayuntamiento, lo tiene claro: “Pueden cambiar la placa de la plaza o el cartel de la entrada, pero para nosotros será Llanos del Caudillo siempre. Dentro de un año o de dos cambiará la ley y se lo volveremos a poner. Porque esta Ley de Memoria Histórica de Zapatero no tiene mucho sentido cuando en la Transición los españoles ya trataron de reconciliarse y empezar una nueva vida en democracia”. Ranz, por su parte, considera “una incongruencia” que los vecinos defiendan el apellido “del Caudillo” a la vez que aseguran no hacer apología de la dictadura: “En Alemania no existe la colonia Hitler, ni en Italia hay un Trastévere de Mussolini. No se trata de valorar ahora si fue penalti o no hace 80 años. Se trata de cumplir una ley. Ni más ni menos”.

La Ley de la Memoria Histórica observa la “retirada de subvenciones o ayudas públicas” para aquellas administraciones que se nieguen a cumplir la normativa. Y Ranz ya ha remitido un escrito a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) para que atienda el caso y retire las subvenciones a los municipios díscolos. Entre ellos, claro está, Llanos del Caudillo, cuyo presupuesto de 600.000 euros depende en un 50% de tributos y ayudas públicas. “Eso sí es incitar al odio, el quitarle a unos pueblos pequeños el dinero que necesitan para prestar servicios sociales”, se lamenta Arroyo. Sin embargo, para alcanzar ese extremo debería ser la propia FEMP quien decidiera por voluntad propia retirar las ayudas, una iniciativa que se antoja poco probable.

De los once municipios señalados por Ranz, hay dos que han anunciado que sí suprimirán su apellido. Se trata de Águeda del Caudillo (Salamanca) y Bembézar del Caudillo (Córdoba). En San Leonardo de Yagüe (Soria), renombrado así como homenaje al golpista Juan Yagüe, apodado 'El carnicero de Badajoz', el alcalde ha reconocido que no tiene “ningún interés” en conservar el apellido. Una confesión que ha inflamado a la Fundación Yagüe, presidida María Eugenia Yagüe, hija del militar falangista. El resto de municipios o bien se han manifestado en contra del cambio, como Guadiana del Caudillo (Badajoz) y Alberche del Caudillo (Toledo), o se han mostrado ambiguos, como Alcocero de Mola (Burgos), Villafranco del Guadiana (Badajoz), Villafranco del Guadalhorce (Málaga), Queipo de Llano (Sevilla) y Quintanilla de Onésimo (Valladolid).

El procedimiento legal impide a Eduardo Ranz demandar a los ayuntamientos hasta el 11 de abril. Pero asegura que en cuanto llegue ese día iniciará los trámites judiciales para sentar a los consistorios en el banquillo. Mientras, en Llanos de Caudillo le siguen esperando con las mangas remangadas, porque como dice Ascensión Gómez antres de marcharse hecha una furia: “Que venga el del batín, que va a quedar ‘apañao’. Si tú le dices a la gente joven que le van a cambiar el nombre al pueblo, dicen que vienen con una escopeta y le pegan un tiro a quien sea. Así de claro”.