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jueves, 29 de mayo de 2025

#hemeroteka #feminismoa #berdintasuna | Emakumeak parte hartzera deituz aurkeztu dute Berdintasun Mahaia

Hondabirriko Berdintasun Mahaiaren aurkezpena //

Emakumeak parte hartzera deituz aurkeztu dute Berdintasun Mahaia

Hondarribiko "emakume eta eragile feministek" osatuko dute Berdintasun Mahaia. Herrian berdintasunaren alde "eragiteko", bederatzi oinarriren gainean lan egingo dute aurrerantzean.
Oier Iriarte Arrondo | Bidasoko Hitza, 2025-05-29
https://bidasoa.hitza.eus/2025/05/29/emakumeak-parte-hartzera-deituz-aurkeztu-dute-berdintasun-mahaia/

Duela urtebete, “herrian eragiteko” asmoz, Hondarribiko Berdintasun Mahaia sortzeko urratsak egiten hasi ondoren; gaur, hilaren 29an, aurkeztu dute. “Emakume eta eragile feministetako” kide ugarik osatuko dute, eta “aholkularitzarako, eztabaidarako, azterketarako eta proposamenetarako” gunea izango da.

Bederatzi oinarri izango dituzte lan ardatz. Alde batetik, Euskal Autonomia Erkidegoko Berdintasun Legea herrian ere “errealitate bihurtzeko” asmoa dute. Bestetik, “lan arlo, kultura, jai, aisialdi, kirol”, edo gainerako eremuetako emakume eta gizonen arteko “desberdintasunak eta bereizkeriak identifikatu eta ezabatzeko” lan egingo dute. Ildo beretik, emakumeen “lan eta bizi baldintza duinak lortzearen” alde arituko dira.

“Gorputz eta identitate disidenteen” eskubideak bermatzeko eragingo dute, eta ikuspegi “intersekzional eta dekolonialetik” egingo dute lan. Edozein erako “indarkeria matxistak identifikatzeko, jendaurrean salatzeko eta biktimak babesteko” ekimenak sustatu nahi dituzte, eta emakumeen eta herriko eragile feministen arteko “sarea eratu” eta “haien arteko koordinazioa” ahalbidetuko dute. Alarde parekidearen aldeko apostua egiten du mahaiak.

Gainera, Berdintasun Mahaiaren lehentasunezko hizkuntza euskara izango da, eta “mahai kide guztien parte hartzea bermatuko duen aukerak eskainiko ditu”.

Hala, oinarri hauekin bat egiten duten emakume eta eragileak parte hartzera deitu dituzte, “bada-eta zereginik”. Berdintasun Mahaira batu nahi duen orok Udaleko Berdintasun teknikariarengana jo beharko du, eta “kontent” eta “beso zabalik” hartuko dute.

domingo, 18 de mayo de 2025

#hemeroteca #homofobia #franquismo | Lobotomías y torturas para curar la homosexualidad: cuando la psiquiatría estuvo al servicio de Franco

Antonio Vallejo-Nájera y placa del paseo que Madrid dedica ahora a su hijo //

Lobotomías y torturas para curar la homosexualidad: cuando la psiquiatría estuvo al servicio de Franco

La Ley de Vagos y Maleantes abrió la veda para que pudiera internarse a hombres no heterosexuales en prisiones donde eran sometidos a todo tipo de torturas, vejaciones y prácticas médicas cuyos efectos fueron, en muchos casos, irreversibles.
Alejandra Mateo Fano | Público, 2025-05-18
https://www.publico.es/sociedad/lobotomias-torturas-curar-homosexualidad-psiquiatria-estuvo-servicio-franco.html

“La homosexualidad como un escape desesperado de una imaginación enferma, como un intento de comunicarse, eternamente condenado al fracaso, de un ser aterrado y solitario, que no sabe o no puede amar”. Así luce la introducción del libro ‘Los homosexuales vistos por sí mismos y por sus médicos’ (1966), escrito por el doctor Lorenzo Frutos Carabias en pleno tardofranquismo. Un ejemplo paradigmático de la brutal maquinaria de propaganda homófoba que el fascismo puso en marcha durante años con la connivencia de médicos afines al régimen. Durante la dictadura, la sexualidad se encaminará exclusivamente a la reproducción social y a la perpetuación de la familia heteronormativa. De este modo, llegaron a proliferar gran cantidad de obras que aludían reiteradamente al carácter patológico de la homosexualidad. La construcción de una España “depurada” de desviaciones ideológicas, sexuales o identitarias contrarias a la estricta moral católica caminó necesariamente de la mano de la medicina psiquiátrica.

La reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954 introduce por primera vez la consideración de las personas homosexuales como sujetos peligrosos. Más adelante, esta legislación se redondearía con la Ley de Peligrosidad Social, con el fin de “modificar estados como los referentes a quienes realicen actos de homosexualidad, la mendicidad habitual, gamberrismo, la migración clandestina y la reincidencia”. El régimen fascista, artífice de un perverso operativo para desterrar toda disidencia que pudiera desafiar la moral preestablecida, sembró la idea de que los homosexuales eran potenciales delincuentes. De esta suerte, pronto se estableció una vinculación directa entre homosexualidad y crimen que sirvió para legitimar cualquier atrocidad contra el colectivo. Una investigación de Soraya Gahete Muñoz, doctora en Historia Contemporánea, señala que jueces como Antonio Sabater consideraban que los varones no heterosexuales “llevaban una intensa vida instintiva y que eran altamente peligrosos, ya que se trata de sujetos perversos sin escrúpulos ni corazón, con manifiesta desviación ética y frialdad y ausencia de sentimientos”.

A través de esta primera ley pudo articularse un efectivo instrumentario legal capaz de acallar las sexualidades no normativas, autorizándose por primera vez el internamiento del colectivo en cárceles, campos de trabajo y centros psiquiátricos: “Art. 6.0, número 2.-A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán, para que las cumplan todas, sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en Instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás”.

De Huelva a Fuerteventura: prisiones para “rehabilitar” homosexuales
En Huelva y Badajoz se encontraban los penitenciarios provinciales para homosexuales más conocidos de aquel entonces. Desde 1968 hasta 1978 (año en que se despenaliza la disidencia sexual), mientras la primera se utilizaba para internar a homosexuales considerados “activos”, la segunda estaba destinada a los “pasivos”. Por aquel entonces la transexualidad ni siquiera estaba contemplada, sino que se hablaba de “mujeres vestidas de hombres y viceversa” o personas con conductas impropias de su género que era preciso corregir.

En otras prisiones se crearon módulos específicos para recluir a estos presos, como en la Modelo de Barcelona o la cárcel de Carabanchel. Un relato publicado en el Diario Sur cuenta la experiencia traumática de La Moni, artista e icono LGTBI+ de la época, tras ser internada en la prisión onubense en 1963, con tan solo 17 años. “Fue detenida por ponerse un vestido de mujer en los carnavales. Fueron tres meses privada de libertad, aunque tuvo que quedarse uno más por no pagar la multa de 500 pesetas”. Hay que entender estos centros, no obstante, no como cárceles al uso sino como reformatorios pensados para la reconversión sexual.

Al no haber dinero para financiar centros públicos para lo que el franquismo llamaba “rehabilitación” de personas que hoy llamaríamos ‘queer’, no quedaba más remedio que internarles en penitenciarios convencionales: “Eran una especie de centros de internamiento para reaprender. La idea era que funcionaran como centros como de reaprendizaje, de atención”, cuenta Ramón Martínez, escritor y activista LGTBI+. La privación de libertad estaba regulada por el Tribunal de Calificación y la Iglesia era la encargada de establecer cuánto tiempo debía estar interna la persona. En la mayoría de casos, la estancia duraba entre dos y cuatro años, pero el tiempo podía reducirse si el interno accedía a someterse a ciertas terapias.

En el transcurso de esos tratamientos, todos ellos humillantes, crueles y traumatizantes a largo plazo, llegaron a ponerse en práctica sesiones de electroshock, esterilizaciones forzadas y hasta lobotomías. Estas cirugías consistían en extirpar la parte del cerebro en la que se consideraba que estaba localizada la “desviación sexual”. El psiquiatra franquista Juan José López Ibor, en su famoso ‘Libro de la vida sexual’ (1968), calificaba la homosexualidad como una “perversión sexual” o una “anomalía” consistente en “una situación psicodinámica”.

Otro de estos centros tendentes a aislar y reconvertir a personas del colectivo fue la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, conocida como la cárcel de Tefía, situada en Fuerteventura, a mediados de los años 50 y 60. En realidad, más que un penal con fines psiquiátricos fue un campo de concentración para homosexuales donde los reclusos vivían sometidos a agresiones y vejaciones de todo tipo, inclusive el uso del hambre como método de tortura. De hecho, en su momento recibió el apodo de “el Auschwitz de Fuerteventura” por las terribles condiciones de vida que albergaba. Gahete puntualiza, eso sí, que la imposición de medidas “curativas” dentro de los centros no iban tanto encaminadas al castigo sino a impedir que ciertos comportamientos entendidos como peligrosos pudieran extenderse por su posibilidad de contagio.

Vidas marcadas por el terror
Las brutalidades cometidas tanto en prisiones como en consultas psiquiátricas dejaron un reguero de hombres marcados de por vida por lesiones físicas y traumas psíquicos incurables. Los suicidios se multiplicaron exponencialmente, también los casos en que, tras los electroshocks, acababan desarrollando aversión al sexo. Martínez expresa que “a mucha gente se le perdió la pista después de haber sido internados porque nunca se volvía a saber nada de ellos, esas personas se quedaban tocadas de por vida tras las operaciones”. Es un congreso celebrado en Italia en 1972, López Ibor habla de su “exitosa experiencia” haciendo una lobotomía. “Mi último paciente era un desviado. Después de la intervención quirúrgica en el lóbulo inferior derecho, presenta, es cierto, trastornos en la memoria y la vista, pero se muestra ligeramente atraído por las mujeres”.

Las escasas historias de vida que han logrado transmitirse años después son desgarradoras: Oliver Duarte Herrera, antropólogo, técnico de proyectos en Fundación Triángulo Extremadura, quien actualmente está desarrollando una investigación sobre memoria LGTBI+, pudo entrar en contacto con víctimas de aquel sistema feroz: “Tengo un testimonio de un chico en Barcelona que ahora mismo tiene unos 77 años y que por la culpa que sentía por ser homosexual acudió a uno de estos psiquiatras que estaba muy de moda, sobre todo en las grandes ciudades, y por voluntad propia se sometió a estos tratamientos del electroshock. Era como una especie de descargas acompañadas de material complementario, como vídeos, y en el momento en que te ponían vídeos de personas de tu mismo sexo te daban como una descarga para que tu cuerpo rechazara el deseo homosexual”, señala.

En otros casos, las personas llegaban a las clínicas después de haber sido delatadas por su entorno cercano: lo cuenta Carmen García de Merlo, expresidenta de COGAM y activista trans, quien infiere que “se dio el caso de una señora que fue a confesarle al cura que su hijo era mariquita, y el cura llamó a la Policía, lo detuvieron y se lo llevaron a un centro de internamiento”. Otras veces, añade, había algún vecino o compañero de trabajo que denunciaba. Por eso, expresa Duarte, casi siempre “tenían que ocultar su manera de ser, sus gustos, sus deseos y ser como invisibles ante la sociedad. Sobre todo en los contextos rurales, donde la gente todavía sigue muy presa de esta situación en la actualidad”.

A su juicio, fruto de esas experiencias del pasado, se han heredado en las zonas rurales ciertas formas inconscientes de pensamiento como intentar pasar inadvertido y buscar estrategias de vida que no sean leídas como no heterosexuales. Pero también había una cuestión de clase que marcaba quién era detenido y quién podía salir airoso de una redada policial. La expresidenta de COGAM traslada, en este sentido, que en pleno franquismo “en Madrid había clubs y espacios concretos como la calle Almirante donde se hacían redadas, dado que se sabía que muchos homosexuales quedaban allí. En una de ellas, en el Café Gijón, cogieron a un grupo que estaba ahí charlando, se los llevaron a la comisaría, les hacían la ficha y los identificaban. Hasta que una vez vieron que uno de ellos era juez y fue entonces cuando les soltaron a todos”.

El vacío histórico en torno a la memoria lesbiana
En el caso de las mujeres, la represión actuó de una forma bien distinta al caso de los varones. Prácticamente no hubo internamientos carcelarios de lesbianas o bisexuales a excepción de algunas excepciones por varios motivos, señalan Carmen García de Merlo y Oliver Duarte Herrera. Por un lado, la consideración de las mujeres como “eternas menores” hacía que, en caso de que alguna fuera sorprendida manteniendo relaciones afectivas con otra, fueran enviadas con sus padres o maridos. Cuando eran devueltas a sus familias, estas las internaban en colegios religiosos femeninos para corregirles.

“La homosexualidad femenina siempre ha estado muy silenciada y durante toda la dictadura apenas hubo casos de mujeres denunciadas como peligrosas sociales. Como no figuran prácticamente como internas en psiquiátricos, hay un silencio abrumador y por mucho que investigues no encuentres a nadie, no hay datos”, confiesa Martínez. En este sentido, el volumen de expedientes encontrados en el caso de los hombres contrasta con los escasos referentes a las mujeres lesbianas.

Por otro lado, la homosexualidad en ellas podía disfrazarse fácilmente de amistad en tanto que, por ejemplo, no estaba mal visto que dos o varias mujeres se reuniesen en una casa o durmiesen en la misma habitación, algo que sí despertaba recelos en los hombres. García de Merlo sostiene que “las mujeres que querían tener relación con mujeres o lo hacían a escondidas o vivían juntas como si fueran hermanas o primas; así no se enteraban”.

Eugenesia amparada por eminencias científicas de la época
La estrategia represiva del franquismo contó con la colaboración activa de los denominados “psiquiatras del régimen”, defensores de las teorías eugenésicas que comenzaron a brotar a partir del siglo XIX. En un momento de apogeo de la ciencia psiquiátrica, estos médicos franquistas utilizaron esta disciplina “como arma política para reprimir a todos aquellos que les resultaban incomodos”, destaca una investigación de la Universitat de Lleida. El más recordado fue quizás Antonio Vallejo-Nájera, para quien eran considerados “una vergüenza social y un foco de enfermedades venéreas” en tanto que aquellas conductas sexuales que no fueran destinadas a la reproducción eran entendidas como sodomitas.

Sus posturas eugenésicas basadas en el biologicismo positivista contribuyeron, como apunta el mencionado estudio, a justificar la aniquilación de las disidencias y reeducar a las masas “para que se resignaran a aceptar su lugar en el mundo”. La colección 'Hacer memoria' , editada por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, contiene una guía didáctica dedicada a quien ha pasado a la historia como ‘el Mengele español’. En ella se explica que, al calor de las teorías darwinistas que defendía, Vallejo-Nájera creyó fundamental “someter científicamente todos aquellos factores sociales que puedan influir, para bien o para mal, en las cualidades tanto físicas como psíquicas de la raza y de las generaciones futuras”. Madrid tenía una calle dedicada en el distrito de Arganzuela, el Paseo del Doctor Vallejo-Nájera (por Antonio Vallejo-Nájera Lobón); pero el Ayuntamiento, en 2017, aprobó un cambio para dedicar la calle a su hijo (Juan Antonio Vallejo-Nájera Botas) para tratar de cumplir con la ley de Memoria.

Otra de las consideradas eminencias psiquiátricas que más contribuyó a reproducir sistemáticamente el discurso patologizante sobre las disidencias sexuales fue Francisco J. de Echalecu y Canino, quien teorizó en España sobre el falso carácter hereditario de la homosexualidad. Llegó incluso a equiparar esta orientación sexual con la psicopatía, siendo uno de los padres de la Ley de Vagos y Maleantes. Durante todo el franquismo se forjó la idea de que la homosexualidad traía consigo inevitablemente actos de pederastia y abusos a niños y adolescentes. Ello subrayaba todavía más, a ojos del régimen, su hipotética peligrosidad. Por este motivo Echalecu basó buena parte de su carrera divulgativa en dar conferencias en las que explicaba cómo “prevenir la seducción de menores” cambiando las orientaciones “de los psicópatas”.

La obra ‘Sodomitas’ (1956) del policía y escritor antisemita Mauricio Carlavilla, conocido por el seudónimo ‘Mauricio Karl’, refleja muy bien este pensamiento. Así comienza el ensayo, uno de los más vendidos durante el fascismo en España: “La manada de fieras sodomitas, por millares, se lanza a través de la espesura de las calles ciudadanas en busca de su presa juvenil. Disfrazada de persona, la fiera sodomítica ojea entre el matorral ambulante de las aceras su pieza preferida, el cándido muchacho, más grato a su ávida pupila cuanto más inocencia lleva retratada en su fisonomía”. Ya en democracia, el psiquiatra neofascista y ultracatólico Enrique Rojas, heredero de estas teorías pseudocientíficas, confesó en una entrevista con Efe que la homosexualidad era consecuencia de un “desorden cronológico” y que su orientación se podía transmitir por “un error cromosómico”.

Este año, su hija y también psiquiatra María Rojas Estapé afirmó durante una conferencia que las relaciones homosexuales no son comparables a las heterosexuales. Actos públicos como el de Rojas Estapé transcurren todavía con total impunidad y no ha sido hasta 2023 que prohibieron por ley de las llamadas terapias de conversión.

domingo, 27 de abril de 2025

#hemeroteca #lgtbi #queer #musica | El folk español hace añicos el armario

El músico Dulzaro //

El folk español hace añicos el armario

Mondra, Dulzaro, Davide Salvado, Juanjo Bona o Rodrigo Cuevas exteriorizan la diversidad afectiva desde el amor por la tradición y la vida rural
Fernando Neira | El País, 2025-04-27
https://elpais.com/cultura/2025-04-27/el-folk-espanol-hace-anicos-el-armario.html 

Allá por 1999, al calor de la inopinada y colosal repercusión de su disco ‘Tierra de nadie’ (800.000 ejemplares vendidos), el gaitero electrónico asturiano José Ángel Hevia formuló una reflexión elocuente sobre los atuendos y actitudes estéticas de los músicos de filiación tradicional. “Los ‘folkies’ tenemos que cuidar más nuestra imagen. Muchos artistas siguen respondiendo al arquetipo del varón de barba desarreglada y jersey de pico”, anotaba.

Un cuarto de siglo después, la situación al respecto ha experimentado un giro copernicano, pero la sacudida de los armarios no ha sido solo literal, sino también metafórica. La generación que ha tomado el testigo de Hevia, Carlos Núñez, Berrogüetto, Budiño o Luar na Lubre no solo exhibe poses audaces, atrevidas y transgresoras; además, se ha convertido en un paradigma de la diversidad afectiva y una plataforma para la expresión y visibilización del colectivo LGTBIQ+. Los tataranietos de nuestros músicos de aldea y de tantos cantores y cantoras anónimos que transmitieron y preservaron todas esas coplas de procedencia secular y valor incalculable son hoy artistas orgullosos que se muestran tal y como son, sin ambages. Portadores de un mensaje de tolerancia y futuro a partir de un ideario tradicional.

El caso más visible y paradigmático es el del asturiano Rodrigo Cuevas, emblema ‘queer’ que ha sabido integrar la tonada asturiana, el revestimiento sonoro de la electrónica y un concepto de ‘performance’ que abraza la imaginería agrícola, el cabaret y la parafernalia folclórica. Pero Cuevas (Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2023) no está solo. Los folcloristas gallegos Davide Salvado y Mondra, los zamoranos Ringorrango —con un matrimonio masculino entre sus integrantes—, el vallisoletano Dulzaro o el aragonés Juanjo Bona coinciden en tiempo y lugar como artistas arcoíris que provienen de la cultura rural y tradicional, o al menos se inspiran en ella, para desarrollar un discurso musical propio. Y a la nómina bien podemos agregar el nombre de Álvaro Lafuente, alias Guitarricadelafuente, de procedencia turolense e inspiración igualmente terruñera, aunque en su caso haya derivado en un sonido con menos trazas folclóricas e indisimulada carga homoerótica en sus vídeos musicales.

Dulzaro (Valladolid, 31 años), nombre escénico del cantante, pianista, compositor y productor Alberto Domínguez Buitrón, es un buen ejemplo de artista que lleva toda la vida reduciendo a añicos cualquier tipo de armario. El firmante del reciente ‘Ícaro’, un rutilante primer elepé de ‘folktrónica’ con fuerte aroma castellano, acostumbra a lucir faldas y demás prendas de corte femenino, además de reivindicar con su denominación artística un instrumento tradicional no pocas veces denostado. “La dulzaina posee un sonido muy identitario”, argumenta. “Se concibió para la plaza, la calle y el baile, tiene demasiado volumen en sitios cerrados, precisa de muy buenos pulmones y oído. Y siento que me va a acompañar toda la vida”. Y así, presumiendo sin rodeos de sonidos “antiguos” y hasta estigmatizados, Alberto/Dulzaro ha sido capaz de erigir coqueteos musicales tan suculentos como el de ‘Un labradorito’, donde él y el coruñés Mondra se intercambian piropos y requiebros nada tangenciales. “Una jota, dos muñeiras y tres charros te canté / Toda la noche bailamos y de ti me enamoré”, proclama uno. “Como tú eres tan gallego y yo soy tan castellano / nos envidia todo el pueblo cuando vamos de la mano”, le responde el otro.

“Me encantaba la idea de expresar un amor que también sucede en los pueblos”, recalca la nueva sensación folclórica vallisoletana. “Todos sabemos que la comunidad LGTBI está muy asociada al éxodo a las grandes ciudades, pero quería aportar un ápice de esperanza, mostrar con un poquito de comedia que en los pueblos también viven con naturalidad parejas de chicos o de chicas sin que nadie los juzgue. Y sin que tengan que huir a Madrid de Barcelona, que es muy triste”.

Desde el municipio coruñés de Teo, el propio cantante, bailarín y pandereteiro Martín Mondragón (Mondra, 26 años) toma el testigo mientras ultima la puesta de largo a principios de mayo de ‘De ronda’, su segundo elepé; un trabajo temático sobre “el arte de la seducción” que describe como “personal, íntimo, irreverente y desenfadado”. Martín recuerda que en todos los cancioneros e imaginarios populares han sido “constantes” las referencias a otras identidades sexuales. “Eran coplas cantadas en la intimidad, con un trato marginal. Lo interesante es que ahora nos las hemos reapropiado, les damos un nuevo sentido y les quitamos esa connotación tabú que a menudo tenían en origen”. En su caso, percibe una “relación muy potente” entre el amor por el folclore y la homosexualidad. “Vivir en este mundo con una identidad de género distinta de la heteronorma es un acto de resistencia en sí mismo”, argumenta, “y también lo es el hecho de escoger cantar las coplas de pueblos minoritarios en lenguas minorizadas. Son, en ambos casos, actos de disidencia”.

A Mondra no le ciega ninguna idealización de los entornos rurales, “donde, por cuestiones obvias, aún falta mucho trabajo por hacer”, pero matiza: “Al mismo tiempo creo que es un mundo muy agradecido con las identidades diversas, y la única manera de normalizarlo es habitando el mundo rural desde la diversidad”. Por eso se enorgullece de su creciente influencia como “referente escénico ‘queer’”, puesto que todo artista, agrega, “debe ser consciente de la importancia de transformar la realidad a través de su pequeña plataforma”.

Es el mismo posicionamiento que ha sostenido siempre el ya popularísimo Rodrigo Cuevas (Oviedo, 39 años), un folclorista de mirada panorámica que se autodefine como “moderna de pueblo” y que ha convertido en lugar de peregrinaje la aldeíta de apenas 15 habitantes donde reside, en el ya de por sí aislado concejo asturiano oriental de Piloña. Su salto a la vida campestre, hace ya una década, resultó sonado. “Me presenté uno por uno a los seis vecinos que encontré”, rememora, “plantifiqué una bandera arcoíris a la puerta de mi casa y me puse a trabajar en mi primer disco”.

Nadie torció el morro en Piloña. Y si lo hizo, disimuló muy bien. Al contrario, cada vez que acontece un concierto importante por tierras asturianas, los parroquianos fletan un autobús para asistir desde las primeras filas al espectáculo de su vecino más ilustre. Incluso alguno de ellos ha mantenido conversaciones muy cómplices con el autor de álbumes como ‘Manual de cortejo o Manual de romería’. Sobre todo, aquel señor “de más de setenta años” que le visitó para relatarle que había tenido que “guardar las apariencias” en sus años mozos y casarse con una mujer. “Luego se fue de emigrante a Ámsterdam para vivir su condición sexual de manera natural. Son ejemplos de regresión que ahora no podemos permitirnos de ninguna manera”.

A Rodrigo Cuevas tendemos a verlo como pionero en este folk que ha salido del armario para no volverlo a pisar, pero unos cuantos años antes ya andaba haciendo de las suyas el cantante y bailador Davide Salvado, un pontevedrés de Marín que acuñó el término “agrogay”. A 2015 se remonta su composición Muiñeira Maronda, un inequívoco ritmo tradicional que convirtió en un modernísimo relato sobre el ‘cruising’, el ligoteo anónimo al aire libre. Allí cantaba, en gallego y con intensa sensualidad: “Solo se canta a quien se pierde, y solo se pierde a quien se extraña / dando su cuerpo en el bosque entre hombres que se aman”.

Salvado, folclorista y criador equino, hombre “frívolo y místico a la vez”, desatiende por un momento la caballada para responder al teléfono desde Liulfe (Palas de Rei), la remotísima aldea del interior lucense donde fijó su morada veintitantos años atrás. “La conexión entre folk y otras orientaciones sexuales no es casualidad, sino más bien la consecuencia natural de algo más profundo. Cuando vives conectado con la tierra, con la tradición y con lo auténtico, también te conectas contigo mismo. El folclore, lejos de ser un disfraz, te lleva hacia lo esencial, y desde ese lugar es difícil sostener máscaras. Muchos de los que trabajamos con la música de raíz lo hacemos desde la verdad, y eso incluye mostrarnos tal como somos. La coherencia vital que no admite fingimientos”.

Salvado se enorgullece de la proliferación de artistas del colectivo, porque entre todos construyen una realidad cotidiana que ya no precisa siquiera de discursos militantes. “Cuando las personas LGTBI nos colocamos ahí, sin escondernos, en realidad estamos diciendo que también somos partes de la tradición y herederos de la memoria. Cuando eres parte visible del colectivo, cantar una copla, una alborada o una canción de siega equivale a reescribir el relato desde dentro, sin necesidad de pedir permiso”. ¿Y el machismo?, le interrumpimos. “Claro que existen mentalidades cerradas en el pueblo, pero no más que en otros entornos”, rebate. Y matiza: “De hecho, he sentido muchas veces más prejuicio o incomprensión en ciertos sectores del colectivo LGTBI más intelectualizado o urbano que entre los propios paisanos. Yo hoy me expreso como un aldeano más, con la certeza de que en el campo hay muchas formas de sabiduría, respeto y convivencia que a menudo se subestiman desde fuera”.

La albaceteña Carmen Toledo (Bogarra, 43 años), Karmento a efectos artísticos, es cantante, compositora y folclorista, pero también sexóloga en ejercicio desde 2001. Muy popular a raíz de que en 2023 concurriera al Benidorm Fest con ‘Quiero y duelo’, Toledo ha reflexionado mucho sobre las conexiones entre el arte, la sexualidad y los entornos rurales, y se confiesa “emocionada” con un panorama que, más que solo novedoso, constituye a su juicio una “revolución”. “La cultura siempre ha sido un espacio de expresión de la diversidad”, anota, “pero ahora se ha erigido en referente para que la sociedad aprenda a celebrar la diversidad como un valor positivo y de belleza, no como un castigo que merece ocultación”. Y a su juicio, buena parte del cambio proviene de un factor casi sociológico que comenzó a fraguarse hace no menos de tres décadas. “Con la marcha de las familias a las ciudades y la incorporación de la mujer al trabajo, los matrimonios necesitan más que nunca la red de los abuelos, abuelas, y hasta tíos y tías. El encuentro del nuevo folclore con la raíz proviene de ahí, de los nietos criados muy cerca de sus abuelos y que han aprendido el cuidado, el reconocimiento y el respeto hacia lo que te precede”.

Todo ello es mucho más evidente entre los artistas masculinos, puesto que la esfera lésbica, por la experiencia laboral de Karmento, “se mantiene en un lugar semioculto y semiestable en cuanto a su exposición pública”. Los chicos, en cambio, han logrado canalizar a través del arte “ese momento hermoso de la masculinidad gay en el que cualquiera es libre de expresarse como quiera; también pintándose los ojos, poniéndose flores en el pelo o teniendo pluma, porque cuentan con el respaldo de gente que los quiere y está dispuesta a luchar por ellos”. Y añade: “Es cierto que en los pueblos hay una normativa heredada en cuanto a heterosexualidad, familia nuclear o monogamia permanente, pero también es muy fuerte el sentimiento de pertenencia. Por eso, si Manuel es maricón o a Lucía le gustan las chicas está bien, aunque siga habiendo dificultades en la expresión pública”.

Los ejemplos ya no hacen ahora más que multiplicarse. Con sus apenas 21 años, el zaragozano Juanjo Bona ha colocado su pueblito de Magallón (1.050 habitantes) como epicentro inspiracional y creativo de ‘Recardelino’, un muy reciente debut discográfico en el que aplica las enseñanzas de la jota ―hace un par de años arrasó en el Jotalent de Aragón Televisión— a una canción de autor bisoña y sentimental en la que la elección de pronombres deja siempre claro que los destinatarios de sus amores y desvelos son también masculinos. Su televisivo noviazgo con Martín Urrutia, también concursante en la edición de 2023 de Operación Triunfo, hizo correr ríos de tinta, pero bastante más llamativa es, en realidad, la progresión estilística de un muchacho que se presentó a la tele proclamando su devoción por David Bisbal o Luis Miguel y que “renegaba” de la música tradicional antes de comprender que formaba parte de su “esencia”.

El folk sin miedo al qué dirán ya es, por lo que se ve, una realidad imparable. Y en esa tesitura es imposible no recordar al maestro Eliseo Parra (Sardón de Duero, Valladolid, 75 años), indiscutible pionero peninsular y profesor de canto y percusión de centenares de artistas jóvenes, entre ellos del propio Rodrigo Cuevas. Hace ahora dos años, cuando anunció su retirada de los escenarios, Parra explicó en EL PAÍS que nunca había ocultado a nadie su condición sexual porque tampoco había sufrido ningún rechazo en el entorno cultural ni campestre. “Me fui de casa a los 18 años”, explicó, “y jamás se me repudió por ser como soy. Cuando salía el tema de las novias en alguna conversación, simplemente, yo advertía con toda naturalidad: ¡uy, yo es que soy maricón!”. Algo que, como la música tradicional, existe desde siempre y nos sobrevivirá de por vida.
La rebeldía del rock hizo aguas frente a la causa arcoíris
También el rocanrol y las demás expresiones de la música popular tardaron una barbaridad en asumir la homosexulidad. Más allá del contraejemplo clamoroso de Little Richard, los artistas homosexuales o cómplices de la causa arcoíris debieron conformarse con la insinuación tácita o la connotación para mentes cómplices. Richard protagoniza con todo merecimiento la portada de ‘The secret public. How the LGBTQ+ aesthetic shaped pop culture: 1955–1979’ (ACE Records), reciente y fabuloso doble CD en el que el septuagenario escritor, crítico y presentador televisivo londinense Jon Savage recorre esta historia agridulce y fascinante a lo largo de 41 canciones. Dos horas y media en las que pasamos del recato pudoroso de los pioneros a la gran eclosión ‘queer’ de la música disco, con himnos tan clamorosos como ‘I was born this way’, de Carl Bean.

En el cancionero solo hay hueco para dos canciones rescatadas de los años cincuenta: el adelantadísimo ‘Tutti-frutti’, de Little Richard, y ‘Esquerita and the voola’, de aquel Esquerita que era aún más explícito, manierista y escandaloso que él. A partir de Joe Meek, Billy Fury o Frank D’Rone nos adentramos ya en los sesenta, década de esplendor musical en el que el armarizado público homosexual hubo de conformarse con las insinuaciones. La maravillosa Lesley Gore (‘It’s my party’, ‘You don’t own me’), tardó años en destaparse como lesbiana, mientras que la extraordinaria cantautora Norma Tanega, que vivió un intenso romance con Dusty Springfield nunca despegó del ‘underground’.

Todo sería muy distinto en cuanto las bolas gigantes de espejos comenzaron a girar y por las cabinas de los pinchadiscos desfilaron LaBelle (‘Lady marmalade’), Grace Jones (‘I need a man’), Michele (‘Disco dance’), o Sylvester (‘I need somebody to love tonight’). Pero en realidad, hasta la llegada del efímero y desdichado Jobriath ‘(I’maman’, 1973), un pionero que pagó cara su coraje explícito, no era nada sencillo relatar pasiones amorosas entre dos hombres, y mucho menos aún entre dos mujeres.

domingo, 20 de octubre de 2024

#hemeroteca #trans #activismo | El Octubre Trans marcha contra la asimilación: “El objetivo del movimiento trans es abolir el sistema”

'Octubre trans' organizado por la disidencia en Madrid //

El Octubre Trans marcha contra la asimilación: “El objetivo del movimiento trans es abolir el sistema”

En un año sin llamada a la protesta callejera por parte de las asociaciones mayoritarias, colectivos autogestionados han convocado una manifestación para recuperar el espíritu crítico de esta fecha: “El movimiento trans tiene que luchar contra todas las opresiones”
Deva Mar Escobedo | El Salto, 2024-10-20
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/octubre-trans-marcha-asimilacion-objetivo-del-movimiento-trans-es-abolir-sistema 

Banderas y pancartas avanzaban por las calles de Madrid la tarde de este sábado en la primera convocatoria del Octubre Trans en años en la que no han marchado las asociaciones que participaron de la redacción de la Ley Trans. Las personas participantes de la manifestación han clamado por la despatologización —la disforia de género sigue apareciendo en los manuales diagnósticos—, pero también contra el sistema psiquiátrico o el genocidio en Palestina. “Queremos un Octubre Trans combativo porque el problema del sistema es que es tránsfobo, pero también colonial, clasista o racista y queremos abolirlo”, declara Alexandra Fernández, portavoz del colectivo convocante Trans en Lucha.

Las movilizaciones por todo el Estado en años previos se centraban en exigir una Ley Trans. En la última edición, la protesta se centraba en el entonces anuncio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de recortar la legislación trans y LGTBIAQ+ autonómica. Con la Ley Trans aprobada y los recortes del PP madrileño en suspenso a la espera del dictamen del Tribunal Constitucional, la mayor parte del movimiento trans ha descartado la convocatoria callejera este Octubre Trans.

Carmen, manifestante que lleva acudiendo a las convocatorias del Octubre Trans desde su primera edición en 2007, recuerda que la Ley Trans que se ha aprobado “no ha llegado ni a cumplir lo que proponía el PSOE en 2019”. Pero las reivindicaciones van más allá: “No se puede celebrar que se ha aprobado la Ley Trans y ya está. No se trata de conseguir una inclusión parcial dentro del sistema, sino abolirlo”, resume Fernández.

Para Juls, que ondea una bandera palestina cerca de la cabecera, hay que protestar contra la invisibilización de lo trans en la sociedad. Además, “asumen que está todo ganado cuando se siguen dando violencias en muchos ámbitos”. Aunque le chique pone como ejemplo las violencias psiquiátricas, escasos minutos antes de hablar con El Salto, un hombre ha amenazado a les manifestantes: “Nos ha dicho que nos van a cortar el cuello”, relata Juls.

En la manifestación han marchado personas organizadas en colectivos trans, como el convocante Trans en Lucha o Euforia, pero también grupos bolleros o bisexuales. En total, la participación ha rondado en torno a las 200 personas. “Los colectivos autogestionados no tenemos el poder de convocatoria de las asociaciones grandes; está bien como primer paso”, valora Fernández.

Durante este mes consagrado a la despatologización de las identidades trans, las asociaciones que en los últimos años han convocado la manifestación se decantan por otro tipo de acciones. Federación Plataforma Trans, mayoritaria en la representación de esta demográfica, ha llevado a las instituciones europeas “la inacción del Gobierno de España ante el aumento de la LGTBIfobia” y preparan una campaña con el Instituto de la Juventud para “llamar a la empatía de la población joven para contrarrestar los discursos de odio contra la juventud trans”, explica Mar Cambrollé, presidenta de la federación de entidades trans.

Una mirada amplia

Según la encuesta Estado LGTBI+ 2023, publicada este año por la Federación Estatal LGTBI+, una de cada tres personas del colectivo ha sufrido acoso en el último lustro por formar parte de la comunidad cuir. Además, este mismo estudio expone que un 27 % ha sufrido discriminación y, casi una de cada diez personas, una agresión física o sexual en el mismo periodo de tiempo. A pesar de la dureza de estas cifras, el colectivo que ha convocado la manifestación de este sábado bajo el lema “Disidencia trans contra la psiquiatrización. Solidaridad, apoyo mutuo y autogestión” pide ampliar la mirada a cuestiones que no sean intrínsecamente LGTBIAQ+.

“El identitarismo y participar solo en las luchas propias nos quita fuerza cuando la opresión que sufrimos diferentes identidades y colectivas tiene el mismo origen. No solo hay que mirar lo que nos afecta en este momento, sino también a lo que afecta a nuestres compañeres y participar en la lucha contra ello. Hay que luchar contra todas las opresiones”, declara la portavoz del colectivo convocante.

En la manifestación se escuchan gritos como “no estamos todes, faltan les ingresades” o “que viva la lucha del pueblo palestino” en alusión a la causa antipsiquiátrica o a la palestina. Estas luchas no son ajenas a lo trans, argumenta Fernández, pues “la gente trans ha sufrido opresión por ser la otredad” y eso les hermana con otres que también quedan en los márgenes, como la población psiquiatrizada o palestina.

Una crítica a ediciones de otros años
En este Octubre Trans en Madrid faltan las pancartas que han encabezado las convocatorias de otros años; las asociaciones con más peso político, las que negociaron la Ley Trans, no están aquí. La organización no las echa de menos: “Las asociaciones que han venido convocando la manifestación los últimos años se han centrado mucho en las reformas legales y han perdido el objetivo de superar el binarismo”, sentencia Fernández.

Con la convocatoria de este mes, la organización no quiere tomar el relevo de las entidades que marchaban otros años; tienen la mirada puesta más atrás, en los inicios del Octubre Trans. “Guerrilla Travolaka fue un colectivo autogestionado que, a través de las acciones directas y las movilizaciones a pie de calle, luchó contra la patologización de los cuerpos trans ya en 2006, pero también se posicionaba contra la psiquiatrización y entendía la disforia como fenómeno social no intrínseco a las realidades trans”, declaran en el manifiesto leído en Sol.

El texto termina animando a las personas asistentes a organizarse, ya sea en colectivos transmaribibollos, en sindicatos de inquilinas o en centros sociales. “No queremos movilizarnos por una nueva ley trans, sino que la gente se sume a luchas por cambiar radicalmente la sociedad en la que vivimos”, finiquita Fernández.

lunes, 10 de junio de 2024

#libros #queer | ¿Qué es lo queer? : 10 preguntas y respuestas

¿Qué es lo queer? : 10 preguntas y respuestas / Vicent Lozano.

Barcelona [etc.] : Egales, 2024 [06-10].
238 p.
Serie: Apuntes.

/ ES / Libros / ENS / Activismo / Disidencia / LGTBI / Queer

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419728524 / 16.95 €
📝 Cita APA-7: Lozano, Vicent (2024). ¿Qué es lo queer? : 10 preguntas y respuestas. Egales.


¿Por qué se habla del tema? ¿Cómo se define el término? ¿Quiénes allanaron la resignificación del concepto? ¿Qué implicaciones tiene en la actualidad? ¿Qué horizontes ofrece? Estas son algunas de las preguntas a las que este texto se enfrenta, en diálogo con una genealogía activista, política y filosófica que sitúa a “lo normal” como el gran mito que desnaturalizar y desnortar. En plena ola reaccionaria de las nuevas derechas (y de algunas supuestas izquierdas) contra el feminismo, el movimiento LGTBI+, la “cultura de la cancelación” y “lo woke”, hablar de lo ‘queer’ como disidencia radical a la norma de sexo-género sigue siendo fundamental. En este texto se formulan 10 preguntas y sus correspondientes respuestas. Son cuestiones a partir de las cuales poder explicar, de forma directa y didáctica, por qué estamos hablando de ”lo queer”.

😏 Vicent Lozano (Ciutadella de Menorca, 1987) es graduado en Humanidades y máster en Estudios Comparados de Literatura, Arte y Pensamiento por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; actualmente se encuentra inmerso en el Máster en Estudios LGBTIQ+ de la Universidad Complutense de Madrid. A medio camino entre su lugar de origen y cualquier gran ciudad que se le ponga a tiro, busca y encuentra acomodo, afinidad e inspiración entre los seres habitualmente más peculiares tanto del mundo real como de la esfera imaginaria.

viernes, 17 de mayo de 2024

#libros #filosofia | Sujetos obstinados

Sujetos obstinados / Sara Ahmed ; traducción de Javier Sáez del Álamo.

Manresa, Barcelona : Bellaterra, 2024 [05-17]
344 p.
Serie: Serie General Universitaria.

/ ES / EN* / Libros / ENS / Disidencia / Feminismo / Filosofía / Política / Queer

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419160867 / 22.00 €
📝 Cita APA-7: Ahmed, Sara (2024). Sujetos obstinados. Bellaterra.


La obstinación podría considerarse un arte político, un oficio práctico que se adquiere a través de la participación en la lucha política, ya sea por existir o por transformar una existencia. La historia de la voluntad es la historia de los intentos por eliminar la obstinación. Profundizando en textos filosóficos y literarios, Sara Ahmed examina la relación entre la voluntad y la obstinación, la voluntad particular y la general, y la buena y la mala voluntad. Sus reflexiones arrojan luz sobre cómo la voluntad y la obstinación están integradas en un paisaje político y cultural. Atenta a las consideradas como descarriadas, errantes y desviadas, considera el modo en que la obstinación es expresada y afecta a aquellas que la adoptan.

Aquí, como en sus otras obras conocidas por su originalidad, agudeza y alcance, Ahmed nos ofrece un análisis vibrante y sorprendente de la política basándose en usos feministas, queer y antirracistas de la voluntad y la obstinación para explicar brillantemente el desacuerdo inflexible como parte constitutiva de cualquier ética política radical posible.

lunes, 25 de marzo de 2024

#hemeroteca #disidencia #cofradias | La otra Semana Santa andaluza es civil, tiene cofrades y pasos, pero no curas

Asociación civil de la Abnegación, una de las de las denominadas despectivamente como "piratas", en su salida por el barrio sevillano de San Bernardo el pasado 16 de marzo //

La otra Semana Santa andaluza es civil, tiene cofrades y pasos, pero no curas

Las asociaciones civiles proliferan al margen de la Iglesia, sobre todo en las barriadas de extrarradio, y acogen a homosexuales y divorciados, pese a las mofas que las minusvaloran como “piratas”
Jesús A. Cañas | El País, 2024-03-25
https://elpais.com/espana/2024-03-25/la-otra-semana-santa-andaluza-es-civil-tiene-cofrades-y-pasos-pero-no-curas.html

El sevillano Álvaro Maroto es cofrade desde que tiene uso de razón. Podría haberse conformado con ser hermano de la Estrella, donde le inscribieron desde que nació, pero quería más. Allá por 2009, cuando tenía 16 años, tuvo la idea de poner en pie una cofradía en Sevilla Este, un barrio a las afueras de la capital con más de 60.000 vecinos. Tocó a la puerta de tres parroquias sin éxito, así que decidió tirar por la calle de en medio. “Porque tres párrocos no quieran no tiene por qué quedarse el barrio sin hermandades con la de cofrades que hay. Ya habrá alguno que nos quiera”, reflexionó el hoy presidente de la asociación civil Consuelo y Esperanza. En esas siguen y no son los únicos. Andalucía vive desde hace más de una década una eclosión de asociaciones civiles con cofrades, pasos e imágenes, pero sin curas. Crecen exponencialmente al margen de la Iglesia mientras intentan sacudirse de las mofas que las minusvaloran como “piratas”.

El quinto sábado de Cuaresma, el pasado 16 de marzo, fue el termómetro del auge de estas asociaciones civiles en Sevilla, epicentro del movimiento. Las aceras y balcones del barrio de San Bernardo se caían de sevillanos y foráneos para ver a la Abnegación, una de las punteras del fenómeno de las asociaciones civiles. En el cortejo había enseres cofrades, imponente paso de misterio y agrupación musical de relumbrón, la Virgen de los Reyes. Lo único que desentonaba en la estampa es que los cofrades que integraban la procesión no llevaban hábito de nazareno y que el recorrido no partió de una parroquia. “Quizás empezamos la casa por el tejado, pero si todo está creciendo es porque la Iglesia y las hermandades no nos están acogiendo como deberían. Abnegación nació porque no nos acogieron, si no no existiríamos”, reflexiona su presidente, Javier Gámez Villar.

Esa falta de cobijo que alegan Maroto y Gámez es uno de los “múltiples factores” que Francisco Javier Escalera, catedrático de Antropología Social de la Universidad Pablo de Olavide, encuentra en el origen y arraigo de las asociaciones civiles. Muchas de las entidades, como ocurrió con Abnegación en 1992, surgieron de una cruz de mayo infantil que quiso tener imágenes a las que venerar y proyectos sociales de caridad que desarrollar. “Nacen cuando van a sus parroquias y muestran una necesidad que no se ve contestada por diversos motivos”, reflexiona Cristóbal M. Calvo, presidente de la civil Salud y Esperanza y de la federación Fecosevilla, que integra hasta a diez de estas entidades. Pero Escalera identifica más motivos. El lugar donde se han hecho fuertes no es casual, la mayoría germinó en barriadas de extrarradio en las que no existían cofradías y en el que estas corporaciones se han convertido en “la vía para fortalecer el sentido de pertenencia y de identidad”, como apunta Escalera, que se plantea realizar una investigación académica ante un fenómeno por estudiar, pero que, solo en Sevilla, ya cuenta con unos 20 grupos y mueve “entre 15.000 y 20.000 personas”, según estima Calvo.

No es el único vacío que han venido a completar las entidades civiles. El catedrático cree que han calado también en los barrios populares como reacción “al fortalecimiento de la jerarquía eclesiástica de ejercer un mayor control sobre las cofradías”, especialmente de sus cuentas y de quienes participan en la dirección de estas cofradías. Divorciados o personas LGTBI visibles y casadas, en definitiva “gente que no ha seguido el cursus honorum de la membresía católica”, como apunta Escalona, pueden estar en la cúpula de las asociaciones civiles sin que “nadie les mire por encima del hombro”, como confirma Gámez. “No es que seamos más o menos laxas, es que no tenemos la sobrefiscalización que tienen las cofradías”, apunta Calvo, que asegura que ese control ha estado provocado, en ocasiones, por la falta de formación de algunas de estas hermandades.

Pero el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías de Sevilla, el sacerdote Marcelino Manzano, no cree que el origen de las civiles esté en un control eclesiástico más férreo de las religiosas. Apunta que las asociaciones civiles surgen “por desconocimiento o porque no encajan en la comunidad parroquial” y defiende la ortodoxia en las cofradías: “Exigen un proceso de formación exigente porque la realidad de una hermandad es la que es”. Y añade: “Aun respetando las buenas acciones que realizan [las civiles], llevan a la confusión de los fieles”. De ahí que el Arzobispado haya iniciado una política de acercamiento a los grupos civiles para intentar reconducirlos al largo camino hacia su conversión como hermandad, un proceso que exige convertirse primero en agrupaciones, en las que el máximo dirigente es el párroco de la iglesia que será su sede, y que termina cuando son erigidas como hermandades, bajo el paraguas de asociaciones religiosas de culto público.

La mayoría de las asociaciones civiles han recogido el guante con interés, resume Calvo: “Todas luchan por la integración en su parroquia porque no dejan de ser una herramienta pastoral”. Aunque otras no parecen tan dispuestas, como apunta Manzano: “Las hay que están en diálogo conmigo, pero de otras solo tengo noticias por los medios”. Entre las primeras, estuvo Consuelo y Esperanza, que llegó a estar integrada en la parroquia de la Asunción de Sevilla Este durante ocho años. “Nos confirmaron a los 170 hermanos, nos dieron formación continúa, limpiábamos la iglesia, éramos catequistas”, rememora Maroto. También les dijeron que ni homosexuales casados, ni divorciados podían estar en la junta. “¿Por qué? Si trabajan más que otros”, se pregunta molesto el presidente. Pese a ello, acataron la norma y les bendijeron a las tallas del Cristo y la Virgen. Hasta que el párroco cambió y, a finales de noviembre de 2023, decidió extinguir la ya agrupación de fieles y expulsar a las imágenes, que han vuelto a recibir culto en un oratorio privado, como la mayoría de asociaciones civiles. “Ahora, estamos en un limbo”, reconoce Maroto.

“A la autoridad eclesiástica le sienta muy mal todo este fenómeno [...] No es más que la ruptura del monopolio sobre los símbolos católicos. La Iglesia no debería tener el control de que la gente pueda rendir culto a entidades divinas”, reflexiona Escalera. De hecho, aunque las diócesis intenten poner cortapisas, difícilmente lo consiguen y el movimiento de las asociaciones civiles ya está presente en localidades de fuerte raigambre cofrade, como Jerez de la Frontera. El pasado mes de septiembre también llegó a Cádiz capital con la salida del Grupo de Fieles de María Santísima de la Consolación, que despertó airadas quejas del Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad. “Se nos tacha de ilegales o piratas porque no estamos al amparo eclesiástico, pero las asociaciones civiles son totalmente legales. Hacemos uso del derecho constitucional de la libertad religiosa”, explica Calvo.

Por eso Escalera cree que el movimiento puede dar más de sí y crecerá, sobre todo porque no aprecia rechazo en el conjunto de la sociedad, en este caso en la sevillana, solo en los sectores más ortodoxos: “Las tratan como si fuesen de segunda división del fútbol [...] Pero esto no es algo de cuatro casposos. La Semana Santa, pese al laicismo, es un fenómeno profundamente popular, vinculado a la estética y a la forma de entender la sociabilidad”. Que se lo digan a Maroto y a los suyos, a los que el último revés no ha restado ni un ápice de ganas. 15 años después reviven de nuevo aquella negativa que les llevó a fundar Consuelo y Esperanza, pero amilanarse no entra sus planes. “A nosotros no nos va a frenar nadie, por mucho que un párroco nos eche”, advierte combativo.

sábado, 23 de septiembre de 2023

#libros #autismo #trans | Autigénero : el espectro de las disidencias: autismo e identidades trans

Autigénero : el espectro de las disidencias: autismo e identidades trans / Zoe García Castaño.
[S.l.] : Autoedición, 2023 [09-23].
93 p.
Serie: Transfeminismes.

/ ES / Libros / ENS / Autigénero / Autismo / Disidencia / LGTBI / Patologización / Trans

📘 Ed. impresa: ISBN 9788409546923 / 12.00 €
📝 Cita APA-7: García Castaño, Zoe (2023). Autigénero : el espectro de las disidencias: autismo e identidades trans. Autoedición.

Merecemos una narrativa escrita desde los márgenes y que aquelles que habitamos los márgenes tengamos voz sobre nuestras vivencias y realidades. Este trabajo habla de la intersección entre las identidades autistas y trans buscando plasmar qué retos experimentamos las personas que convivimos con esta intersección a la hora de desarrollar nuestras identidades. Busca, en definitiva, argumentos más allá del biologicismo, el capacitismo y la transfobia, para explicar por qué tantas personas trans también son autistas y viceversa. Esto es para vosotres, pero también para les que no veáis vuestra identidad reflejada en estas páginas, pero os pueda servir para comprender la de otres. 

LECTURAS
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Zoe García, el biólogo y activista especializado en género: "Las personas con autismo son diversas y superan estereotipos"

El Diario de Huesca, 2024-02-11
https://www.eldiariodehuesca.com/cultura/zoe-garcia-personas-con-autismo-son-diversas-superan-estereotipos_17655_102.html

domingo, 9 de julio de 2023

#hemeroteka #bolleroak | June Fernandez Casete: «Azken urteetan mugimendu lesbofeminista euskaldundu egin da»

Naiz / 'Mariokerrak' liburuaren aurkezpena Gasteizko Sorginenean //

June Fernandez Casete · Kazetari eta militante feminista: «Azken urteetan mugimendu lesbofeminista euskaldundu egin da»

Txalaparta argitaletxearen eskutik aurkeztu dute “Mariokerrak. Nola esan/izan bollera euskaraz” liburua Amaia Alvarez Uriak eta June Fernandez Casetek. Zinegoak elkarteak egindako proposamenari tiraka, euskararen eta lesbianen komunitatearen arteko uztarketaz eta intersekzioaz egin dute gogoeta, bi urteko «bollojabetza» lanean.
Garazi Castaño | Naiz, 2023-07-09
https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2023-07-09/hemeroteca_articles/azken-urteetan-mugimendu-lesbofeminista-euskaldundu-egin-da

Ekain honetan kaleratu da “Mariokerrak. Nola esan/izan bollera euskaraz” liburua, Amaia Alvarez Uria eta June Fernandez Caseteren bi urteko lanaren emaitza. Liburu hau Zinegoak jaialdiarekin bi urtez egindako proiektu baten egokitzapena da. Proiektu hori orain arte webgune batean izan da ikusgai. Topaketa batzuk ere egin dituzte. Eta bat-batean, paperezko euskarri bat iritsi da. Oraindik ere badira paper zaleak, nahi dute proiektua ukitu eta usaindu eta liburutegi eta liburu-dendetan ikusi. Beraz, poz-pozik daude.

Hasieran Aitor Aranaren “Gay hiztegiaren” baliokide bat sortzea zen asmoa. Konplexuagoa da emaitza.

Zinegoak elkartea ezaguna da izen bereko zinema jaialdia antolatzeagatik, baina azken urteetan proiektu kulturalak ekoizten hasi da. Testuinguru horretan, euskaltzaletasuna eta LGTBI identitateak uztartzen zituen egitasmo bat diseinatzea proposatu zidaten. Nire hasierako ideia lesbianismotik Aranaren “Gay hiztegia”-ren baliokide bat sortzea izan zen. Amaia Alvarez Uriarekin jarri nintzen harremanetan, besteak beste, euskararen erabilera inklusiboa landu duelako. Militantzia eremuan ere egin du ekarpena. Bere garaian, kide batekin batera, “bollera” esateko “zoropila” berba proposatu zuen mugimendu lesbofeministan. Oroitzapen hori nuen, eta proposamena egin nionean, esan zidan aberasgarriagoa izango litzatekeela proiektu kolektibo eta parte-hartzaile gisa planteatuta.

Eta nolakoa izan da bidea?


Lehen urtean Euskal Herriko hainbat bollera euskalduni galdera sorta bat planteatu genion. Haien erantzunetatik glosario moduko bat atera genuen, eta haien ekarpenak Zinegoak-eko web atarian argitaratu genituen; hitzez gain, hausnarketak ere tartean ziren. Bigarren urtean, konturatu ginen, hitzetatik harago, bollera eta euskaldun gurutzaketari buruz hausnartzea interesgarria zela; elkarrizketa sakonak izan genituen bollera kolektibo eta norbanakoekin. Azken ardatza sorkuntza izan zen: euskal bollera artistei (bertsolari, idazle, ilustratzaile…) gure lanerako piezaren bat sortzeko edo uzteko proposatu genien.

Landutakoen artean daude euskal bolleren errealitate eta praktika linguistikoak. Horien artean askotan kontraesanak sumatu dituzue. Zeintzuk dira kontraesan horiek?

Belaunaldi eta lurralde artean egoera ezberdina da. 40 urtetik gorakoek aukeratu beharra izan zuten: giro euskaldun heterosexualetan bizi edo giro LGTBI erdaldunean. Hala ere, batzuk espazioak sortzen saiatu ziren, bollera euskaldunen topaketak egiten, esaterako. Duela 20 urte inguru izan zen hori. Azken urteetan mugimendu lesbofeminista euskaldundu egin da. Gasteizkoa adibide garbia da: 7menos20 kolektiboko Txikiri ‘La vasca’ deitzen zioten, arraroa zelako giro LGTBIan euskaraz bizitzea. Eta gaur egun, BALA kolektiboak euskaraz militatzen du, eta euskarazko iruditegia sortzen ari dira. Esaterako, ahobizi sinbolodun pegatina bat egin zuten cunnilingus-aren irudiarekin jolastuz. Kontraesanei dagokienez, bestalde, askok aipatzen dute euskararen normalizazioaren aldeko borrokan eta aniztasunaren kudeaketan sumatzen dituztela gehienbat.

Erreferentziez eta erreferente faltaz gain, euskal bolleren errepresentazioaz ere hausnartu duzue.

Libururako berariaz sortu dugun edukia da hori. Esentzialismoan erori gabe, nahiko agerikoa da begirada heterosexualetik pertsonaia bat sortzen denean gertatzen dena. Deigarria da, adibidez, zer joera dagoen lesbianak telesailetan polizia izan daitezen. Itziar Ituñoren pertsonaiarekin gertatu zen bere garaian Goenkalen. Eta orain dela gutxi “Intimidad” telesailean ere berdin; berriro ere Ituño, lesbiana eta ertzaina. Maitasun erromantikoa ere ageri da… Horrelako ‘mainstream’ produktuetan ez dira gure disidentziak irudikatzen.

Hala ere, azken urteetan halako kultura bollo-euskaldun baten eztanda izan da. Bollo-bertso saioak nabarmenduko nituzke eta, oro har, bertsolaritzan dagoen ikusgarritasun lesbikoa. Beste adibide bat “eRRe” emanaldia izan daiteke. Edo Edurne Azkarate bezalako aktore batek egun duen proiekzioa ikusgarritasun bolleroa sustatzeko erabiltzea. Baita Olatz Salvador musikariak ere. Halako erradiografia bat osatu dugu, eta horri gehitzen zaizkio laugarren kapituluan hainbat artistak egindako ekarpenak.

Euskalgintza eta feminismoaren arteko uztarketaren inguruko hausnarketetan dezente aurreratu da. Zuek pauso bat harago eman duzue eta hegemonia linguistikoaren eta heteroarauaren arteko harremanean jarri duzue fokua. Zein lotura topatu dituzue?

Elementu amankomun asko topatu ditugu, armairua eta estres-linguistikoarena, adibidez. Euskaltzaletasunean armairuaren analogia erabili izan da. Hala sentitzen da: bollera izatea eta euskaraz bizitzea normaltasunaren aurka egitea da. Eta alde batetik edo bestetik, borrokatzea dagokizu, baita bi zentzutan borrokatzea ere. Horrek estres-linguistiko bat sortzen du, argi eta garbi, eta zama sentipena. Eztabaida mahai gainean dago: ikusgaitasuna exijitu behar al diegu pertsonaia publikoei? ‘Outing’-aren debatea da hori. Zilegi al da aipatzea pertsonaia bat bollera dela, demagun bertsolari bat, jakinda berak ez duela bere burua horrela posizionatzen?

Feminismoaren eta euskaltzaletasunaren arteko lotura asko landu da, baita estrategien inguruko eztabaidak ere. Gure kasura ekarrita, gauza bera da. Zer egin behar dugu: seduzitu, konfrontatu…? Produktu kultural propioak izatearen beharra beste elementu amankomun bat da. Kezka hori presente dago bietan, baita komunitatea indartzearen beharra ere.

Kulturgintzatik egindako aurrerapausoak aipatu ditugu. Baina militantzian oraindik ere kontrajarri moduan sentitzen diren bi mundu al dira euskalgintza eta mugimendu transmaribibolloa?

Egia da pandemiaren ondorioz nahiko momentu likidoan dagoela militantzia, baina badaude azpimarratzeko kasuak. EHGAM esaterako, 90eko [i.e. 70eko] hamarkadan sortu zen eta euskalduna zen. Berpizten ari da orain eta berriz ere euskaratik ari da egiten. Belaunaldi berri bat egon da, orain malkartsu dagoena, baina espazio berriak sortu dituena. Bollo-bertso saioak aipatu ditut aurrez, militantzia eta kulturgintzaren arteko mugak lausotzen direlako. Egia da azken urteotan hiriburuetako elkarte bolleroak ahuldu egin direla, baina herrietan talde berriak sortu dira, eta kasu askotan, euskaraz jarduten dute edo elebidunak dira. Beraz, nabari da Euskal Herriko errealitate linguistikoa aldatu dela eta ulertu dela euskara badela militatzeko hizkuntza apropos bat. Koherentzia moduko bat eskaintzen du: hegemonia baten kontra egiten duzunean, koherentea da gainerako hegemoniak ere zalantzan jartzea.

Lesbiana eta bollera izendapenen artean bada desberdintasunik. Pisuzkoa askotan. Zein hautu egin duzue zuek terminologikoki?

Partaideen esku utzi genuen hori. Belaunaldien arteko desberdintasuna sumatzen da. Nagusientzat lesbiana bada termino politiko bat, bere garaian ikusgai izatea lesbiana moduan oso apurtzailea izan zelako eta lesbianismo politikoan kokatzen direlako. Azken urteotan, LGTBI identitateak neurri batean normalizatu egin direnez, gazteek beharra ikusten dute ‘bollera’ edo ‘gouine’ bezalako termino konfrontatiboak erabiltzeko, iraina geureganatzearen ariketatik datozenak. Hala, desberdintasuna markatu nahi da bolleren eta heteroarauan nahiko eroso txertatu diren lesbiana aberats, zuri, lirain... horien ―identitate ez-politikoen― artean.

Mariokerrak hitza asmatu dugu guk. Amaia Alvarez Uriaren ekarpena izan da, queer-en baliokide moduan erabiltzeko. Azken boladako beste eztabaida bat da ea identitateen politikatik atera eta zisheteroarauaren aurkako fronte bateratua osatu behar dugun, proiektu politiko amankomuna osatuz. Ondarroan, adibidez, ‘desbiderau’ hitza erabiltzen dute. Beste bide posible bat iruditzen zait. Ez soilik sexu orientazioak izendatzeko, baita arautik ateratzen garen pertsona arraro eta desbideratuak modu zabalagoan izendatzeko ere.

Bollojabetza gisa definitu duzue bi urtetako lana. Zer esan nahi duzue zehazki horrekin?

BALA kolektiboaren ekarpena da hori. Durangon ospatutako azken Jardunaldi Feministetan haien ponentziarako erabili zuten hitza. Iruditzen zaigu ikusgaitasun lesbikoa ardatz duen proiektu profesional edo militante batek behartu egin behar zaituela zure eguneroko bizitzari esanahia ematera. Adibidez, gertatu zaigu gazte sortzaileak liburuan parte hartzera gonbidatzean, zalantza egitea. Badirudi oraindik arraroa dela norbaiti ‘zu bollera zara?’ galdetzea. Errepresentazioen kapituluan ere gertatu zaigu zein artista aipatu eta zein ez zalantza egitea. Barneko zein kanpoko armairuekin egin dugu topo proiektuan zehar. Horregatik, bollojabetza ariketa kolektiboa izan da, baina baita norbanakoena ere.

martes, 25 de abril de 2023

#hemeroteca #feminismo #censura | Difracciones sobre la censura, el control y el pensamiento hegemónico

Huffpost / Mani 8M en Sevilla //

Difracciones sobre la censura, el control y el pensamiento hegemónico

Un feminismo fosilizado que se resiste a pasar página no es un feminismo comprometido con la emancipación.
Mariano Beltrán y Lucía Barbudo | Huffpost, 2023-04-25
https://www.huffingtonpost.es/opinion/difracciones-sobre-censura-control-pensamiento-hegemonico.html

"Los feminismos son un espacio de disenso" es una de las muchas frases que deja tras de sí Georgina Orellano en su paso por varias ciudades del estado español con motivo de la presentación de su libro 'Puta feminista'. Pero la activista y sindicalista argentina, referente feminista en la lucha de las trabajadoras sexuales, no sólo dejó frases, libros firmados y charlas para enmarcarlas, sino que tuvo espacios de encuentros con trabajadoras sexuales y aliades en los que estuvimos reflexionando y debatiendo sobre todo tipo de cuestiones que atraviesan a los colectivos actualmente.

Todas las personas que hemos militado en espacios activistas sabemos de la importancia de darnos el espacio para hablar, para dialogarnos las dudas, para confrontar ideas, para compartirnos las prácticas políticas. En los espacios donde conversamos es donde crecemos políticamente. Crecer políticamente, muchas veces, lleva implícito cambiar de opinión: ese suceso extraordinario al que se llega después de un periodo de formación y reflexión. Persistir en ideas enquistadas es declararse fósil, petrificarse, que es lo opuesto al movimiento y al avance. Hay muchos ejemplos en los feminismos que nos ayudan a entender cómo se han reformulado o reconfigurado distintas reivindicaciones a lo largo de la historia. La propia categoría ‘mujer’, baluarte histórico de las luchas feministas occidentales y eurocéntricas blancas, que tuvo su sentido y razón de ser a finales del S.XVIII, vino a ser problematizada por el empuje de las luchas cuir que, en nuestro contexto español, tomaban más y más fuerza allá por los dos miles. Un feminismo fosilizado que se resiste a pasar página no es un feminismo comprometido con la emancipación.

Las feministas que se quedaron en las reivindicaciones de la segunda ola hablan, por ejemplo, del ‘borrado de mujeres’ porque en sus polvorientas trincheras dialécticas rechazan la participación de otros sujetos políticos que se abrieron paso en olas posteriores en los feminismos. Y practican la censura contra todas aquellas que disienten de su cosmovisión, muy parecida en las formas y procesos a la que nos impone el androcentrismo.

La censura no solamente es un elemento que afecta a los procesos de decisión o a los debates mismos, sino que contamina también los productos intelectuales que surgen de esos debates: si despojamos la disidencia de las posiciones de partida en debates que nos atraviesan, no estamos haciendo otra cosa que reforzar la norma androcéntrica que dicta que todo lo que queda en la periferia debe ser o bien cancelado o bien regresado al centro de la norma -sexual, social, reproductiva, etc.-, con toda la violencia simbólica y explícita que ello conlleva.

La académica feminista Donna Haraway reflexiona en su 'Manifiesto para Cyborgs' (1991) acerca del poder, la ciencia y el feminismo, y nos plantea oportunas preguntas que conviene poner en el centro: "¿Tienen las feministas algo nuevo que decir sobre las tormentosas relaciones entre conocimiento y poder? La autoridad feminista y el poder de nombrar, ¿darían al mundo una nueva identidad y una nueva historia? ¿Pueden las feministas dominar la ciencia?".

Esa última pregunta, imprescindible si pretendemos problematizar la reproducción, la sexualidad, la maternidad y los géneros en clave feminista, nos debería llevar a un lugar de reflexión más práctico que teórico: ¿dónde situamos a aquella persona que no piensa como yo? ¿Dónde ubicamos a la disidencia? Para algunos planteamientos teóricos y para algunos medios de comunicación generalistas la disidencia es directamente inubicable: no existe, no puede ser, no tiene cabida, está deslegitimada o no se la reconoce como interlocutora válida. La pluralidad se ha convertido en una amenaza, y la disidencia en un animal mitológico.

La feminista Helene Cixous nos dice en 'La risa de la medusa' (1975/1995) que el pensamiento siempre ha funcionado por oposiciones duales, jerarquizadas. Y el androcentrismo tiene claro que debe seguir reforzando las dicotomías, la lógica del amo y del esclavo, para seguir subsistiendo. Trascendiendo la categoría sexo/genérica del término binarista de ‘androcentrismo’, nos gustaría recalcar que lo usamos para señalar una posición de poder y, por lo tanto lo usamos como categoría política, y no estricta o exclusivamente como una categoría genital correspondiente al sexo/género masculino. Lo que queremos decir con esto es que Margaret Thatcher fue funcional al poder machobélico aunque portara vulva y vagina, así como el feminismo institucional o hegemónico se alinea con el patriarcado copiando y reproduciendo sus lógicas punitivistas y sus estrategias de deslegitimación e invisibilización de determinados discursos y prácticas feministas.

De la misma manera que Paul B. Preciado usa el término ‘minoría’ para referirse, no a una cantidad numérica, sino a una posición de subordinación respecto a una ‘mayoría’ dominante, las disidencias quedan relegadas a una periferia mediática mientras que los centros de poder siguen teniendo los altavoces más potentes y, por ende, los medios de producción de (in)formación y difusión de dicho conocimiento.

De la España franquista aprendimos que hace falta un marco garantista de derechos y libertades para democratizar la información y que, sin la libre accesibilidad a la información, difícilmente se construye una sociedad pensante, una sociedad crítica. Que los principales espacios de la prensa generalista estén cerrados a airear ciertos debates habla más de mordazas que de libertad y de democracia. Podríamos establecer un paralelismo entre la falta de independencia del poder legislativo y el ejecutivo (con el resultado catastrófico que esto tiene para con la justicia) con el hecho de que el periodismo en este país esté supeditado a intereses partidistas y a sus agendas ideológicas.

La censura no puede considerarse una estrategia feminista. ¿Se deduce de esto que todas las opiniones son respetables? ¿O que el feminismo aspira a asimilar toda opinión? Nada más lejos de la realidad. Lo que pretendemos exponer en esta tribuna es que, a la hora de problematizar cuestiones como el trabajo sexual o la gestación por sustitución nuestro marco debería alejarse tanto del positivismo como del relativismo radical para adentrarse en lo que Haraway denominó conocimiento situado.

Seguramente a la hora de emitir opiniones y juicios deberíamos difractar más que reflexionar, deberíamos asumir que ningún concepto puede de facto desligarse de la subjetividad de quien lo enuncia. Y esto también es válido para aquellas personas que censuran los puntos de vista contrarios: asumen que la otra opinión es ‘objetivamente mala’ —y por tanto la propia es la ‘objetivamente buena’—, situándonos así, de nuevo, no sólo en una aburrida y limitante polarización, sino en la lógica de colonizar la mirada ajena, de conquistarla o, en última instancia, de exterminarla. Y qué mejor conocimiento situado que escuchar a las protagonistas hablar en primera persona. Nos ahorramos así caer en discursos victimizantes, infantilizadores, en cuestionar la capacidad de agencia de aquelles que se quieren posicionar como sujetos políticos o entrar en dinámicas de tutelaje, tanto en las prácticas políticas como en las discursivas.

Nos oponemos frontalmente a la censura y al punitivismo. Mirarnos en la mirada de la otra y reconocernos como diferentes debería ampliar nuestra propia cosmovisión, no achicarla. El miedo al disenso y los intentos de cancelación solo significan una cosa: el androcentrismo ha hecho muy bien su trabajo en los espacios políticos, en los medios de comunicación. El andrós y sus procesos siguen conquistando inevitablemente el sistema, el poder y la retórica que lo acompaña.

domingo, 30 de octubre de 2022

#hemeroteca #queer #feminismo | A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo'

El Diario / Judith Butler //

A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo'

Quien siga creyendo que desde lo 'queer' se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aquí una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido
Alana Portero | El Diario, 2022-10-30
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proposito-feminismo-mundo_129_9669021.html

La verdadera trampa de la diversidad ha sido la proliferación de discursos, desde lo académico hasta lo cotidiano, que desligan las vidas diversas, disidentes, no normativas, ‘queer’ o como cada quién se sienta más cómodo llamándolas, de la experiencia universal humana. Desde las primeras articulaciones teóricas del feminismo ‘queer’, marginal, fronterizo y transversal de las Combahee River en el 74, ha existido la contrapartida reaccionaria en forma de pataleta que, históricamente, ha unido a ultraderecha y una parte muy poderosa y bien situada del feminismo institucional en un matrimonio por poderes de desprecio común que ha costado vidas. Solo enunciar la alianza Reagan/Raymond basta para ilustrarlo y provocar escalofríos.

La cultura de la deshumanización funciona casi siempre. Se ha probado con éxito desde las primeras experiencias coloniales, Goebbles la llevó a la cima del horror con su propaganda antisemita y personajes siniestros como Steve Bannon la han adaptado al presente y sus medios de comunicación inmediata. En cada gesto airado de alguien que ocupa una posición de poder respecto a las exigencias en voz alta de una persona subalterna, que diría Spivak, hay un terror al desorden capitalista, blanco y de clase parecido al que supondría que los animales empezasen a hablar. Siglos de jerarquización violenta de las relaciones entre seres vivos hasta que se han hecho víscera operan en estas reacciones terribles.

Es extraño leer hoy a eminentes psicólogos, profesoras, periodistas y otras gentes a las que se presupone cierto entendimiento de la realidad humana sorprenderse ante las vidas trans, la disconformidad de género o la realidad de las distintas formas de relacionarse más allá de la monogamia, la heterosexualidad o el modelo de familia tradicional. Esa idea de que quienes, más o menos, encajan bajo el paraguas de lo ‘queer’ son seres humanos que han brotado de las crecidas del río de la posmodernidad es un insulto a la esencia humana misma, sea esta la que sea. Negar una realidad humana o describirla mucho más compleja de lo que es para hacerla inabordable es una táctica mezquina que desgraciadamente funciona. Las personas ‘queer’ han existido siempre y toda negación de esta verdad histórica es un tipo de agresión.

El feminismo ‘queer’ es para todo el mundo
A menudo se mencionan en estos cenáculos obsoletos las complejidades de las teorías ‘queer’ como galimatías posmodernos inextricables y desconectados de la realidad material, para unos la obrera, para otros la burguesa. Esa misma crítica se hizo hace tiempo desde dentro de los activismos y las teorías ‘queer’. De las muchas y legítimas críticas que pueden hacerse a estas corrientes, la falta de revisión, de una mirada crítica hacia dentro, no es una que se sostenga lo más mínimo.

El último ensayo de la profesora de sociología de la UCM, escritora y activista, Gracia Trujillo: ‘El feminismo queer es para todo el mundo’, publicado por Libros de la Catarata en enero de este 2022, pone sobre la mesa este mapeo de contradicciones de los feminismos ‘queer’, además de repasar su historia, su genealogía y su relación con los feminismos tradicionales.

Nada en el texto amplía la cesura entre lo ‘queer’ y lo excluyente -llamemos a las cosas por su nombre-. Sin renunciar a una posición decididamente acogedora, trata de señalar los objetivos comunes y lo consigue con una tormenta de referencias perfectamente ordenadas que enriquecen el texto y con reflexiones desde lo periférico que, además de precisas e inteligentes, están llenas de ternura. Algo muy importante que aporta Trujillo en este libro es una definición de los contornos de lo ‘queer’ -indefinible por naturaleza y vocación- que barre con las ideas preconcebidas, los prejuicios y las malas intenciones.

La primera crítica a las identidades como colinas en las que morir por una simple definición se da en el activismo ‘queer’ desde su mismo origen. Toda esa narrativa de la identidad por encima de lo común que se da desde la ultraderecha o desde lo excluyente es un invento o una mala lectura con las peores intenciones. A destacar en este sentido el capítulo siete del libro en el que se aborda lo identitario y se relaciona con la educación. Quizá la aportación más valiosa de este trabajo de Gracia Trujillo sea la relativa al ámbito educativo. Quien siga creyendo que desde lo ‘queer’ se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aquí una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido.

Lo complejo y lo humano

Lo que llamamos ‘queer’, y que en este artículo se está usando como paraguas dialéctico para facilitar la lectura, es un conjunto de experiencias y testimonios en disputa que no acaban de caberle a la perfección a ninguna de las personas que lo forman. Esa indefinición, ese continuo cuestionamiento que Gracia Trujillo explica muy bien, es la única ‘definición’ posible del activismo y de los trabajos teóricos agrupados en el término ‘queer’. Son experiencias que vienen de la calle, de lo molesto, de lo que no queda apropiado en las orlas y en las conferencias. Los feminismos negros, chicanos, latinos, indios; el trabajo sexual, la pluma desmedida, las vidas seropositivas, lo marica, lo bollero, lo ‘bicioso’; hunde sus raíces en lo colonial, en la explotación, en la letra escarlata y la patologización. Es la voz de la histeria, de la desmesura, de la familia elegida y de la colaboración entre desechos de la sociedad patriarcal. No hay traje que ajuste realidades tan diferentes excepto el de la colaboración y el apoyo mutuo. La paciencia con la que Trujillo explica esto en su texto es muy clarificadora. Lo ‘queer’ es el resultante de una forma de entender las redes de apoyo entre parias y sus teorías son el intento de vindicación de las nadie frente a las atalayas del privilegio y la endogamia académica.

La complejidad teórica de las aportaciones académicas ‘queer’ -que la tienen-, los términos que suelen usarse como burla para desacreditar lo que se ha hecho desde la intelectualidad ‘queer’, no es más que la reafirmación de que academia pretende ser solo una y que la generación de conocimiento también es una cuestión de clase y privilegios.

Usar a Judith Butler como chivo expiatorio de lo posmoderno, de la palabrería que nadie entiende y darle categoría de charlatana a ella y al resto de autoras ‘queer’, es la forma que tiene el orden de decir que nada que venga del arroyo, del puterío, del mariconeo, de un hatajo de bolleras merece la pena ser escuchado, aunque se haga bajo las normas dialécticas de la respetabilidad, del academicismo más puro y sea una licenciada en Yale de clase alta quien lo diga.

viernes, 5 de agosto de 2022

#hemeroteca #lgtbi #feminismo | Nerea Pérez de las Heras: “Las películas de terror siempre han estado conectadas con lo LGTBI”

El País / Nerea Pérez de las Heras //

Nerea Pérez de las Heras: “Las películas de terror siempre han estado conectadas con lo LGTBI”.

La periodista es aficionada al cine y la literatura de género, pero también al submarinismo y las subastas, que no son lo que parecen. Teme la llegada del fin del mundo.
Sergio C. Fanjul | El País, 2022-08-05
https://elpais.com/cultura/2022-08-05/nerea-perez-de-las-heras-las-peliculas-de-terror-siempre-han-estado-conectadas-con-lo-lgtbi.html 

“Me gustan bastante los vampiros, muy poco los zombis, mucho los fantasmas y todo lo relacionado con las criaturas ancestrales en el fondo del mar”. Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 40 años) es periodista. En sus trabajos utiliza las herramientas del humor para tratar temas de la actualidad política, sobre todo relacionados con el feminismo o lo LGTB, aunque no solo. “Más que humorista, como a veces me dicen (y que me da un poco de apuro), soy una periodista con gracia”, bromea.

Tiene un espectáculo teatral que se llama 'Cómo hemos llegado hasta aquí', un podcast que se llama 'Saldremos mejores' y otro que se llama 'Lo normal'. Pero una de sus facetas más ocultas es su gusto por el cine y la literatura de género. Por eso ha querido retratarse en la sala madrileña Artistic Metropol, dedicada a estos productos escalofriantes.

Pregunta. ¿No le producen terror las pelis de terror?
Respuesta. Pues sí, no soy de esas que se van al festival de Sitges y se tragan toda la programación. Es que me dan miedo real, las miro con un ojo abierto y otro cerrado. Cuando una peli me da mucho miedo, prefiero leer la sinopsis en Wikipedia. Pero me encanta el género.

P. ¿De dónde le viene el gusto?
R. En mi casa siempre hemos sido de fantasía, ciencia ficción, terror. Stephen King, Margaret Atwood, Isaac Asimov, Phillip K. Dick, Octavia Butler (me encanta), la saga de la Dragonlance... hasta el doctor Jiménez del Oso. A mi madre le encantan los misterios, ve extraterrestres por todas partes.

P. Parece que no, pero estos géneros hablan de nuestra realidad.

R. Creo que son los más útiles para hablar de las cosas importantes. Eso se sabe de siempre. Si lees a Atwood o Butler encuentras un nivel de comprensión de la condición humana brutal. Más realista que el realismo.

P. ¿Existe una conexión entre el terror y lo LGTBI?

R. Sí. Siempre ha estado muy asociado al colectivo, por aquello de la identificación con el monstruo. El arquetipo de la vampira lesbiana, por ejemplo. Donde cabe lo monstruoso cabe la disidencia, te puedes identificar con el monstruo cuando la normalidad te parece horrible.

P. ¿Y en sentido inverso?
R. También se han creado villanos muy amanerados o femme fatales para escarnio y ridículo de maricas y lesbianas, como arma arrojadiza contra la comunidad. Pero la comunidad lo ha recogido como referente.

P. El papel de la mujer en estos géneros también tiene su enjundia, como emisora de gritos.
R. Fíjate, el arquetipo de la mujer como víctima del asesino en las pelis ‘slasher’ de los 70 coincide con el caso 'Roe contra Wade', que convirtió el aborto en un derecho en Estados Unidos. En las pelis, la imagen de la mujer díscola a la que le acaban pasando cosas terribles también ha servido para disciplinar.

P. Ahora se ve y se habla mucho del fin del mundo.
R. Es que tenemos mucho miedo, y hay que sacarlo por algún lado. Cada día pasan cosas distópicas distintas, las ves en el móvil. Estamos pasando un verano infernal, hay muchísimos migrantes climáticos, el cielo parece de un color raro... Aunque hayas tenido la precaución de no reproducirte, creo que lo vamos a vivir nosotras.

P. ¿Pero de verdad se acaba el mundo?

R. Mis colegas y yo tenemos largas conversaciones sobre dónde quedar cuando ocurra el colapso, para organizar nuestra supervivencia, porque no habrá telefonía. Yo no conduzco, así que no podemos quedar, no sé, en Guadalajara. Espero que no me pille muy mayor, que esté todavía fuerte.

P. ¿Cómo se ve en esa tesitura?

R. Tengo confianza en ser una buena superviviente: no tengo gran sensibilidad ni al hambre, ni a la sed, ni a las altas temperaturas, ni a las bajas temperaturas, ni al dolor. Soy un trozo de piedra.

P. ¿Qué echaría de menos?
R. A mis gatos. El lujo de tener mascotas. Los perros son más llevaderos en la distopía. Hasta que se los come una iguana mutante, claro. Y me dan mucha pena distopías como ‘La carretera’, cuando llegan al mar y es una masa gris. Echaría de menos el mar.

P. Por cierto, usted practica el submarinismo, con más de cien horas de inmersión a sus espaldas.
R. Me gasto ahí todo el dinero. Es como estar en otro planeta, aunque sea el tuyo. Ahí conoces la naturaleza de verdad. Yo he ido a Egipto y he pasado de las pirámides para sumergirme en el mar Rojo. Terminé con la sangre como coca-cola, de tanta inmersión que hice.

P. ¿Por qué le gusta?
R. En el mar tienes que estar quieta, no menearte, pasar desapercibida, solo respirar y no molestar. Mantener un perfil bajísimo. Es decir, lo contrario de lo que hacemos en la superficie. Eso me gusta.

P. Una de sus pelis de terror favoritas es 'Tiburón'. ¿No tiene miedo a ser devorada por uno?
R. He buceado con muchos tiburones, de punta negra, punta blanca, nodriza, martillo, preciosísimos. Les quiero mucho. Eran casi perfectos desde el principio, desde su versión 0.0. No han evolucionado una mierda porque no les ha hecho falta.

P. O sea, que la sociedad está estigmatizando a los tiburones.
R. Los humanos somos mucho más asesinos. Igual el tiburón blanco es más peligroso, pero los demás suelen pasar de ti.

P. Además de bucear le gusta 'Sumar'. Perdón por la rima, pero usted presentó el primer acto de la plataforma de Yolanda Díaz.
R. Lo que más me gustó fue que abajo, escuchando entre el público, estaban las caras conocidas, y sobre el escenario un sindicalista ‘rider’, otro de Amazon, una trabajadora doméstica, una psiquiatra de un centro de salud público... La gente que conoce su propia realidad. Tengo muchas esperanzas en ese proyecto. Yo es que creo mucho en organizarse: ya sea en una asociación de padres y madres, en un sindicato, en una asociación vecinal, donde sea. Estamos subdivididos y en el sálvese quien pueda.

P. ¿Qué opina del dilema que algunos plantan entra las llamadas izquierda material e identitaria?
R. Me parece una gilipollez y una trampa. Hablar de identidades no es una traición a la lucha de clases, de hecho, son inseparables. La economía atraviesa las identidades, y las identidades atraviesan la economía. Desde el feminismo, por ejemplo, no para de señalarse la merma en las condiciones de vida. Pero quieren que parezcamos menos realistas y generar brechas.

P. Volviendo al gusto: le gustan las subastas.
R. Trabajando en una galería de arte conocí ese maravilloso mundo y no era como lo imaginaba. No es tan inaccesible como pensamos, hay precios Ikea y encuentras cosas fascinantes. Angelotes, molduras, candelabros, mantones de Manila. Escalerillas para bibliotecas. Fantasía. Yo tengo una Santa Cecilia y un San Sebastián.

P. ¿Son como en las películas?

R. No exactamente, el proceso es bastante más tedioso... Pero va mucha gente joven, y es divertido mirar los catálogos con tus amigos. Además, me pone de muy buen humor pensar en esos grandes patrimonios de los ricos diluidos y redistribuidos.