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miércoles, 30 de septiembre de 2020

#hemeroteca #trans | La Veneno no es un ejemplo para las personas trans

Imagen: La Voz del Sur / Fotograma de la serie 'Veneno'
La Veneno no es un ejemplo para las personas trans.
Raúl Solís | La Voz del Sur, 2020-09-30
https://www.lavozdelsur.es/opinion/veneno-no-es-ejemplo-personas-trans_250044_102.html

Estoy viendo la serie ‘Veneno’ y, antes que nada, admito que me está gustando mucho, que la estoy disfrutando y que estoy empatizando con Veneno, que al fin y al cabo es el objetivo de la producción de Los Javis. Me está gustando que se esté reflejando que ninguna mujer, ni trans ni cis, nace para puta, que nadie acaba en la prostitución porque quiere, sino que la sociedad las obliga levantándole un muro de exclusión laboral que es insalvable por subvertir las normas patriarcales del género.

Sin embargo, se repite en mí un malestar cada vez que termina un capítulo que tengo la necesidad de expresar, sin que ello signifique una crítica a la serie de Los Javis, gracias a la cual se va a dar visibilidad a la realidad trans. Veneno no es ningún ejemplo para las mujeres trans. Es más, espero que las chicas trans jóvenes vean en Veneno un ejemplo de cómo no afrontar sus vidas. Convertir a Veneno en una heroína, como se pretende, es hacer recaer en las mujeres trans todo el peso y la responsabilidad en la consecución de sus derechos y dignidad humana. Veneno no es un ejemplo de nada, pero tampoco es una heroína. Simplemente fue una superviviente que lo hizo lo mejor que pudo.

Veneno no hizo nada rompedor. Es más, todo lo que hizo fue tan aplaudido porque sirvió para perpetuar los clichés y prejuicios que la sociedad española tenía de las mujeres trans hace 20 años. Rompedor hubiese sido que con el dinero que ganó en televisión hubiese creado una fundación para favorecer la igualdad de las personas trans y luchar por sus derechos, que por entonces ni siquiera existía la posibilidad de cambiar el nombre en un DNI, ponerse a estudiar lo que de joven no le permitieron o invertir todo el dinero que ganó en un proyecto de futuro.

Rompedor hubiese sido crear una red de camaradería en el Parque del Oeste, no arrancarle el pezón de una teta a otra prostituta con la que rivalizó con ella por el espacio. Rompedor hubiese sido transformar toda la rabia acumulada por su infancia trágica en solidaridad, empatía y hermanamiento con sus iguales, no ir armada con una hoz en el bolso.

La serie Veneno da la impresión de que las mujeres trans sólo se pueden salvar desde la violencia, la exaltación de lo burdo, la hipersexualización y el individualismo. En una sociedad donde hubiese triunfado el modelo Veneno, las personas trans seguirían siendo miradas como un circo y no tendrían ni uno solo de los pocos derechos que tienen en la actualidad. Veneno entretuvo, pero no cambió en un milímetro la realidad de las personas trans. Es más, podríamos decir que el modelo Veneno ha servido para perpetuar la marginalidad que sufre el colectivo trans. Entre Veneno y Bibiana Fernández hay una amplia gama de mujeres trans que nunca han formado parte de la representatividad de lo trans.

Veneno gusta y queda bien en pantalla porque está completamente despolitizada, hipersexualizada, convertida en una caricatura perfecta de lo que le agrada al discurso dominante y que ha servido históricamente para encasillar a las personas transexuales. Precisamente por esta razón, porque es un cliché que legitima la imagen marginal que la sociedad tiene de las mujeres trans, Veneno es fácil de convertirla en una marca comercial que incluso puede gustarle a quienes niegan los derechos trans.

La vida individual de cada uno es muy importante para cambiar la realidad individual, pero lo que cambia el mundo es hacer piña, agruparnos, juntarnos, tener conciencia de que somos desiguales y enfrentarnos al poder que nos explota, oprime o domina de forma colectiva. La Veneno vivió como pudo, seguro que lo hizo lo mejor que pudo, y su vida merece ser contada para que este país sepa, sobre todo ahora que vuelven los discursos transfóbicos, todo lo que han sufrido las personas transexuales por conquistar su derecho a ser, pero Veneno no es un ejemplo de nada, salvo de sobrevivir a un mundo hostil.

Si en este país las personas trans tienen derechos –pocos— es porque ha habido mujeres y hombres trans que se han comportado en sentido contrario de lo que la transfobia esperaba de ellos y ellas y porque ha habido gente que de forma generosa se ha politizado. Las vidas de estas mujeres trans no caben en una serie, pero es gracias a su lucha colectiva y no a su vida individual por lo que las nuevas generaciones trans van a ser más felices que lo fue Veneno.

sábado, 28 de marzo de 2020

#hemeroteca #televisión #trans | ‘Veneno’: Una biografía luminosa de las sombras

Imagen: El País / Fotograma de 'Veneno'

‘Veneno’: Una biografía luminosa de las sombras.

Atresplayer Premium estrena este domingo el primer episodio de la serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi, en la que se acercan a la cultura popular sin cinismo.
Guillermo Alonso | El País, 2020-03-28
https://elpais.com/television/2020-03-27/veneno-una-biografia-luminosa-de-las-sombras.html 

El anuncio de que el dúo de Javier Calvo y Javier Ambrossi iba a contar la vida de Cristina Ortiz, La Veneno, en una miniserie (‘Veneno’, cuyo primer capítulo llega a Atresplayer Premium el domingo 29, el resto de la serie tendrá que esperar a después del estado de alarma) fue tan sorprendente como previsible. Por un lado, La Veneno está en el lado opuesto al universo de estos creadores. Ella era autodesprecio, marginalidad y bravura; ellos, orden, brillo y afectividad. Por otro lado, tenía sentido: la muerte de Cristina en 2016 la convirtió en una diosa pagana y Calvo y Ambrossi son el máximo exponente de ese paganismo de nuevo cuño en el que cualquier cosa (‘Médico de Familia’, Amaia o un torrezno) es susceptible de elevarse a la categoría de icono instantáneo. Su acercamiento a esa modernidad, curiosamente, resulta bastante conservador: travestis, prostitutas, gordas, chonis y macarras buscan, al final, la redención, el perdón, el conocimiento. Quieren ser personajes de Gregg Araki, pero pasan por el mismo arco dramático que los de Doris Day. No es necesariamente malo, vaya: se llama estilo y ese es el suyo.

Calvo y Ambrossi han sido de los primeros que se han acercado a la cultura popular española contemporánea sin ápice de cinismo (incluso Almodóvar, alguien tan pegado a lo popular en sus películas del pasado, ha tratado la televisión en sus películas con distancia condescendiente). Por ejemplo, cuando la trama de ‘Veneno’ se desarrolla en 1996, mientras Cristina es descubierta por ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, la redacción del programa de Pepe Navarro es rodada —qué buena esa secuencia de Lola Dueñas llegando al plató— como si fuese la de ‘The Washington Post’. Esa épica puede ser exagerada, pero también bienvenida: celebremos que estén haciendo entretenimiento gente que sabe que el entretenimiento es una cosa muy importante.

La otra línea argumental del primer episodio salta a 2006, diez años después, cuando la vida de La Veneno ha dado un giro radical y se ha convertido en un despojo que vive de prestado en la casa valenciana de su amiga Paca la Piraña (que, haciendo de sí misma, es la gran revelación de todo esto). Allí es descubierta por Valeria, que es autora de las memorias en las que se basa la serie y a la vez personaje principal de la misma. Valeria (Vegas), fascinada desde pequeña con La Veneno, sigue su consejo a la hora de iniciar su propia transición. En cualquier otra serie el espectador se preguntaría preocupado si una exprostituta y expresidiaria es la persona ideal para aconsejar a una adolescente confundida. En esta, no hay que temer: todo el mundo es bueno.

No aparece demasiado La Veneno joven en este primer episodio y eso contribuye a retratarla como una superheroína que viene y va de entre las sombras (preciosos esos momentos en los que su halo angelical es, en realidad, la luz del coche de un cliente que espera a recibir una felación a cambio de 5.000 pesetas). No es el caso de La Veneno mayor, que sí aparece y regala los mejores momentos del episodio. Si en la subtrama de 1996 Cristina rechaza la fama, en la de 2006 la añora con urgencia e invita a merendar a la única fan que llama a su puerta.

A veces, la serie parece esa Veneno mayor: se la ve desesperada por meternos en su casa y ofrecernos magdalenas. Los seguidores de Calvo y Ambrossi los aceptarán encantados. El resto mirará con recelo ese estilo diabético que se convierte a menudo en una plantilla: cada diez minutos un personaje vive una revelación mientras suena un piano suave y una voz se empeña en verbalizar el entrelineado que llevamos viendo una hora. Con ustedes, lo mejor y lo peor de ‘Paquita Salas’, un producto que es en sus mejores momentos una adaptación cariñosa y divertida y en los peores una maraña de luces de neón fagocitando un contenedor.

Es magnífico que esta serie exista y que vaya a ser vista por mucha gente joven. A los otros, a los cascarrabias, permítasenos fantasear con lo que podrían haber hecho Eloy de la Iglesia, Carlos Saura o Bigas Luna con el mismo material.

sábado, 21 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | La Veneno vuelve a la tele

Imagen: El País / Cristina Ortiz 'La Veneno'
La Veneno vuelve a la tele.
Eran los noventa y aquella mujer soez y orgullosa era puro descaro. Ahora, Los Javis recuerdan ahora la vida de Cristina Ortiz, el primer rostro trans para millones de espectadores.
Tom C. Avendaño | EPS, El País, 2020-03-21
https://elpais.com/elpais/2020/03/18/eps/1584529029_763824.html

“En memoria de Cristina Ortiz, La Veneno, valiente mujer transexual visible en los noventa (1964-2016)”. Ahí estaba el lugar en la posteridad de la difunta trans más famosa de España. Una placa conmemorativa que el Ayuntamiento de Madrid instaló el 9 de abril de 2019 en la fuente de Juan de Villanueva, en el parque del Oeste, donde ella trabajó durante años. La primera a la memoria de una persona transexual. A la semana siguiente había desaparecido. El Ayuntamiento la ha tenido que reponer ya varias veces.

El 29 de marzo habrá más que una placa. Atresmedia estrenará 'Veneno', una serie creada por Javier Ambrossi y Javier Calvo en la que se cuenta esa vida, la de la trágica, ordinaria y heroica Veneno en todo su malhablado esplendor. Es todo un ejercicio en ambición. Sus creadores pasan del plató lleno de amigos de ‘Paquita Salas’ (Netflix), su anterior serie, a una gran producción con 132 actores, 200 figurantes por capítulo y 150 técnicos. Para Atresmedia es la apuesta del año, el primer gran proyecto de su nueva plataforma de pago Atresplayer Premium. En ocho caros capítulos se verán los orígenes del personaje en las calles de Andalucía y Madrid; su forja en el salvaje ‘prime time’ de los noventa, junto a Pepe Navarro, y su caída en desgracia en la cárcel antes de morir de forma prematura hace tres años. Una actriz trans la interpreta en cada fase: Jedet, la cantante y escritora; Daniela Santiago, descubierta en un casting abierto por Eva Leira y Yolanda Serrano (las legendarias directoras de casting que hallaron a Dani Rovira o Bárbara Lennie), e Isabel Torres, presentadora canaria. Es un despliegue de oportunidades sin precedentes para actrices trans; también están en muchos puestos del proyecto. La puerta grande está abierta. La Veneno vuelve a la televisión.

“Es una historia sobre la importancia de los otros para construirnos a nosotros”, anuncia Javier Ambrossi en una pausa del rodaje, rodeado de figurantes con medias de rejilla y escotes liberales. Están recreando el parque del Oeste, el lugar donde está la placa. Ese matiz importa: en 'Veneno' se mira a la protagonista, pero también a los que la miraban a ella. “La base es la relación de La Veneno con Valeria Vegas, la periodista con la que escribió su biografía [‘¡Digo! Ni puta ni santa’, publicada en 2016]”. Valeria ve a Cristina como un referente. Para millones de espectadores, aquella mujer basta, soez y orgullosa de sí misma que se colaba en sus televisiones fue el primer rostro trans de sus vidas. Ahora volverá a las pantallas, convertida en mito ya desde la infancia. “No solo hay que hacer homenajes a la gente que es perfecta”, alerta Ambrossi. “Todos tenemos sombras”.

***

El primer “¡maricón!” no le dolió. José Antonio Ortiz López (Cristina usaba el masculino para hablar de su infancia) lo oyó con cuatro años, en 1968, mientras meaba en la puerta de su casa, en el barrio de Matagatos de Adra, un pueblo de Almería que hoy no llega a los 25.000 habitantes. No entendió qué era aquello que le decía el hijo de una vecina. Luego sí. “Maricón” se convirtió en el apellido de aquel niño afeminado con querencia por la ropa y el maquillaje de su madre. Ella, María Jesús Rodríguez Rivera, era la primera en llamárselo. Y en pegarle con una goma del butano, meterle la cabeza en el lavabo lleno de agua o mandarlo a la calle los días de lluvia. “Era la persona a la que más miedo he tenido en mi vida”, recuerda Cristina en sus memorias. “Teníamos en casa una escalera con una barandilla y hasta pensé en ahorcarme, pero no por el hecho de ser maricón, sino por el desprecio de mis padres”. Descubrió que “Maricón” es una palabra que corta por dos lados: por uno, pone en tu contra algo que amas; por otro, el más afilado, te impone tu lugar en la sociedad. Te convierte en ‘el otro’.

A los 13 años, Joselito dejó el colegio y durante una temporada recogió habichuelas para tener dinero. A los 15 se fue al pueblo de al lado, San Pedro de Alcántara. “No entiendo cómo quieren que le tenga cariño a mi pueblo”, escribe en su libro. Conforme avanzaba la adolescencia, se iba haciendo más evidente que lo de maricón era solo una parte de lo que le hacía diferente. Había más. “Por las noches le pedía a Dios que quería convertirme en una masa de harina y luego amanecer con un cuerpo de mujer con coño”, escribe. En España, en un pueblo, en los setenta, sin información a mano, no era fácil entender una pulsión transexual. Joselito la descubrió por partes. A los 16, en una discoteca gay de Torremolinos, tuvo una revelación: “Me quedé asombrada de ver unas mujeres espectaculares con los pechos al aire. Mi amigo Alfonso me dijo que eran travestis y me di cuenta de que quería ser como ellas”. A los 18, cuando estudiaba peluquería en Granada, le invitaron a actuar: se hizo un vestido con dos mantones de Manila brillantes, se puso una peluca y un cinturón, y cantó ‘Juntos’, de Paloma San Basilio.

En 1991, cuando con 27 años se acababa de mudar a Madrid y trabajaba en la cocina del hospital 12 de Octubre, tuvo otra revelación. Vio a una mujer rubia por la calle. Le preguntó qué era. Respuesta: una mujer. “Me dijo todas las hormonas que me tenía que poner (...). A mí me faltó tiempo para ir a la farmacia y ponerme las hormonas a carro, sin parar. Eso era alegría para el cuerpo”. Ya no respondería por Joselito.

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Jedet interpreta a La Veneno más joven. Ella tiene 27 años: buena parte de la vida de su personaje la conoce solo de oídas. “Para mí La Veneno siempre ha estado ahí. Como Marilyn Monroe”, aclara. Ella ve a La Veneno de la forma en la que nos la presenta la serie: como un referente histórico. Alguien en quien fijarse para entender la experiencia trans. “Cuando era pequeña recuerdo que me acostaba rezando: ‘Ojalá, ojalá, mañana me levante y sea niña’. No sabía si era posible”, cuenta Jedet.

A esta gerundense, famosa gracias a YouTube, Instagram y Twitter y por varios ‘hits’ de música underground, la posibilidad de interpretar a Cristina le llegó al poco de iniciar su transición. Tuvo que ajustar el proceso al papel. “Paré las cirugías. Me cortaron el pelo, que parece una tontería, pero en esos momentos el pelo te da mucha seguridad. Lo tenía por aquí”, señala la mandíbula por debajo de la oreja, “y me veía muy femenina. Me tuvieron que hacer ras y hala, vuelta al corto. Perdí 15 kilos para parecerme más al personaje. Me quitaron los labios, que es algo muy doloroso físicamente. Te inyectan una cosa que te los quema. Me lo hicieron tres veces”. Jedet ha venido a la entrevista con su madre. La señala. “Hoy me decía: ‘A veces me preocupo pensando que esto te está afectando para mal’. Verte en las circunstancias difíciles del personaje. Le dije: ‘No, ella me está ayudando. Tuvo una vida muy dura, pero nadie la paró. Nunca fue una víctima’. Ella me da mucha fuerza”.

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Cristina López Ortiz entró en la prostitución “con una cinta enroscada en la cabeza, una faldita de flores y una camiseta a juego de mangas de murciégalo, con unos zuecos rojos”. Era una tarde de finales de mayo de 1993. Su primer cliente le dio 2.000 pesetas. Las hormonas —que seguía tomando como el primer día: sin consultar con un médico— la iban transformando poco a poco. Luego llegaría la operación de pechos: “Me acuerdo perfectamente que entré en el quirófano muerta de contenta, cantando ‘El porompompero’”. La transformación estaba avanzada. Cristina se sentía reluciente. Pero había pasado del primer acto de la discriminación transexual, la social y familiar, de cabeza al segundo: la laboral. Ahí estaba, sin el trabajo del 12 de Octubre, entre los árboles del parque del Oeste, con decenas de otras prostitutas, peleando por ganarse el pan.

Esa pelea podía ser literal. Las compañeras se daban codazos, y más, entre ellas; los chulos llevaban cadenas, y de vez en cuando llegaban los cabezas rapadas a repartir palizas. Aquí el carácter que había afilado con los abusones de Adra se volvió más significativo que las tetas nuevas, el pelo rubio y el cuerpazo que estaba echando. Ese mal genio le valió su mote: La Veneno. Pero La Veneno no era solo una lengua viperina. “Como puta he sido muy lista, esa es la rabia que me tenían las demás”. Ella podía escoger a sus clientes y sacarles hasta 100.000 pesetas (600 euros). Aquellas grescas eran lo que buscaban las cámaras de ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, un programa ‘late night’ que presentaba Pepe Navarro en Telecinco. Se encontraron algo distinto. A una mujer de piel de rayos UVA, peluca caoba y vestida de rojo que se movía por el parque como si fuera su finca. “Eres una mujer de verdad”, le dijo la reportera. “Yo soy un semáforo y tengo un tiburón”, contestó La Veneno.

Navarro vio aquella grabación poco antes de que se emitiese. “Paré la imagen de repente”, recuerda hoy el presentador. “Le dije a mi equipo: ‘La quiero. Buscádmela”. La Veneno acababa de entrar en la televisión y en la historia.

“Conocí a Cristina por esa época, en el ambiente de Chueca, cuando vine a Madrid desde Málaga a trabajar en la noche, a los 17 años, para bailar o de camarera. A mí me abrió puertas. Nos las abrió a muchas, solo por estar en televisión. Sacó la valentía que reprimíamos”. Daniela Santiago, de 38 años, interpreta a La Veneno “empoderada”, como la llama. Es su primer trabajo como actriz, tras años bailando en discotecas y haciendo de modelo. Lo normal hasta hace poco es que no hubiera otra opción para gente como ella. Calvo y Ambrossi hicieron un casting abierto para encontrar caras desconocidas para el proyecto: la primera gran convocatoria televisiva para el talento trans español. Santiago se lanzó. “Visualizo lo que ella era, lo que ella me transmitía desde la televisión, e intento hacerlo igual. Sin imitarla, no soy imitadora profesional. Es que yo también soy así”.

***

La discoteca madrileña Joy Eslava se cerró al público una noche de 1996. Se celebraba la abarrotada presentación en sociedad de La Veneno, el nuevo fenómeno de la televisión. Su presencia en ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’ ya era algo habitual y cada vez que aparecía daba una campanada de audiencias. La Veneno y su carácter encajaban perfectamente en la selva en la que se había convertido la televisión española con la llegada de las cadenas privadas, un purgatorio de marginados, teorías de la conspiración y gritos. “Pepe Navarro instauró el todo vale, el rebuscar en el estercolero personajes, ‘freaks’ y vergüenzas”, dice la periodista y analista de televisión Mariola Cubells. “Puso fin al lenguaje amable y guiones comedidos de la televisión pública. Empezaba la era del colaborador malhablado, la voz más alta, la palabra más gruesa, los tacos y los insultos. La calle en la tele. El público se lo comía sin pensar y sin entender lo que estaba viendo”.

Y se comía sobre todo a Cristina, que creó un mundo propio, con sus berrinches y su ‘tiburón’. “Era puro magnetismo”, dice Pepe Navarro. “La televisión exige algo que muy pocos tienen: la comunicación innata, que tu mera presencia, sin decir nada, llene la pantalla. Eso no se puede entrenar. Puedes depurar una técnica, pero Messi no se construyó: nació. Con Cristina era lo mismo”. La nueva famosa de España dejó la calle a petición del presentador: cobraba millones por aparecer en televisión y discotecas. Grabó un ‘single’, ‘Veneno pa tu piel’. Hizo un tour por Almería. En Adra no pudo bajarse del coche porque la gente se agolpaba a su alrededor. En Motril la recibió el alcalde y la hizo saludar desde el balcón. “Solo se me pasó una cosa por la mente: ‘¡Ay, Dios mío, si Franco levantara la cabeza!”, recordaría ella después.

En septiembre de 1997, Pepe Navarro se pasó a Antena 3 con ‘La sonrisa del pelícano’, más de lo mismo. Llamó a Cristina, que ya estaba trabajando para la cadena, en la serie ‘En plena forma’, donde hacía de profesora de aeróbic y posterior amante de Alfredo Landa. ‘El pelícano’ apenas aguantó dos meses en pantalla. Antena 3 declaró que violaba su código deontológico. Las llamadas a Cristina se hicieron más infrecuentes. Descubrió que sus managers llevaban años estafándola, aprovechándose de su costumbre de firmar papeles sin leerlos. Del primero, Javier Somavilla, contó: “Me dijo que mi caché era de 1,8 millones de pesetas, pero realmente él pedía un millón más”. Tras la televisión, le ofrecieron unos millones por rodar un par de películas porno. Aceptó.

***

A Cristina los hombres le gustaban problemáticos. Andrea Petruzzelli lo era. A este italiano sin oficio ni beneficio lo conoció en Madrid una noche de los noventa; al día siguiente se había instalado en su casa; al año ya tenían una rutina de ataques de celos y reconciliaciones, siempre según la biografía. La fama lo agravó todo. Harto de depender de los ingresos de Cristina, Andrea ideó un plan: asegurar la casa por varias compañías y prenderle fuego. Lo primero lo hizo Cristina, que insiste que firmaba papeles sin leer. Lo otro lo hizo él. En abril de 2003 Cristina ingresó en la cárcel de Aranjuez condenada por estafa.

Era una cárcel de hombres. Ella era una mujer, pero no tenía la reasignación de género registrada de forma oficial. Fue violada, golpeada y enterrada con ansiolíticos. Otra vez el ambiente cerrado y los abusones; otra vez los gritos de maricón, maricón, maricón… “Algunos funcionarios de la prisión me abrían a las dos de la madrugada las puertas de la celda. Me hacían cosas que no puedo contar aquí. Cuatro jefes de servicio me ataron con esposas a una cama y me pegaron una paliza. Me dejaron el cuerpo lleno de cardenales”, contaría luego a la revista de cotilleos ‘QMD’. “He llorado lágrimas de sangre”.

Salió de allí tres años después, deprimida, insomne y desfigurada. Había entrado con 68 kilos y salió con casi 150. Fue a cuanto plató la invitara y contaba que uno de los poderosos hombres con los que había estado había mandado que la aislaran en la cárcel. “No puedo nombrar a este señor en la vida. Es un señor con mucho poder y mucho mando en España. Cada vez que se acostaba conmigo me daba un millón de pesetas”, decía. Escribió sus memorias con Valeria Vegas en 2007: nadie se las quiso publicar. Su siguiente novio se fue con los 60.000 euros que tenía ahorrados. Ella se quedó con una pensión no contributiva de 300.

Pasó los siguientes 10 años en discotecas, de ‘vedette’ —como en Málaga, antes de la fama y de la caída—. Una nueva generación LGTBI, más libre y desacomplejada que la anterior, una que se había criado con ella, se la encontraba en las pistas de baile. Le aplaudían. “Fue de las pocas que se sentó delante de una cámara y dijo: ‘Yo soy transexual, salgo en la tele, tengo un tiburón y me comporto como me da la gana”, recuerda la canaria Isabel Torres, de 49 años, quien encarna a La Veneno en estos últimos días. Esta serie, cree, tendrá un efecto parecido. “Cualquier familia puede tener un caso de transexualidad. Quizá esta serie les aporte algo”.

El 9 de noviembre de 2016, el novio de Cristina se la encontró muerta en casa, con el cuerpo lleno de alcohol y ansiolíticos. Tenía 56 años. El Instituto Anatómico Forense dictaminó que había muerto por una caída en el baño. La mitad de sus cenizas volvió a Adra. La otra está en el parque del Oeste.

domingo, 2 de febrero de 2020

#hemeroteca #television #bisexualidad | Aaron Hernández: por qué una estrella del deporte se convirtió en un asesino y acabó suicidándose

Imagen: El País / Aaron Hernández
Aaron Hernández: por qué una estrella del deporte se convirtió en un asesino y acabó suicidándose.
El estreno de una serie de Netflix ha vuelto a poner de actualidad uno de los casos más mediáticos e insólitos del deporte profesional. Casi tres años después de su muerte, los motivos que llevaron a esta estrella del fútbol americano a cometer sus crímenes siguen siendo un misterio.
Carlos Megía | Icon, El País, 2020-02-02
https://elpais.com/elpais/2020/01/29/icon/1580317031_184672.html

La vida de Aaron Hernández, estrella del fútbol americano en aquel momento, cambió el 26 de junio de 2013. Ese día, la policía lo detuvo en su mansión a las afueras de Boston por su supuesta implicación en el asesinato de Odin Lloyd. Su arresto supuso todo un escándalo mediático. “Hernández era un jugador indestructible llamado a ser leyenda. Tenía talento, un físico increíble y estaba en una de las mejores organizaciones deportivas del mundo, los New England Patriots. Además, era el niño bonito del equipo, el más querido por el dueño [Robert Kraft]”, explica a ICON José Antonio Ponseti, director del ‘podcast’ de fútbol americano de la cadena SER ‘100 Yardas’. Lloyd, un jugador semiprofesional de 27 años, era el novio de la cuñada de Hernández y uno de sus amigos más cercanos. Su cuerpo fue encontrado a menos de dos kilómetros de la casa de la estrella con cuatro heridas de bala. El acusado de matarlo fue Hernández.

La miniserie documental de Netflix 'La mente de un asesino: Aaron Hernández' ha vuelto a poner de actualidad el caso más mediático, trágico e insólito de la historia reciente del deporte en Estados Unidos. Un episodio repleto de matices y preguntas sin responder que, al igual que otros ejemplos recientes del género conocido como ‘true crime’ que han triunfado en la plataforma –'Making a murderer' o 'Wild wild country', por ejemplo–, pone en evidencia no solo las grietas y fallos de la industria deportiva sino los de la sociedad de su tiempo. La relación con su padre maltratador, los daños en su cerebro a causa de los golpes en el campo o una supuesta bisexualidad oculta son algunas de las piezas que componen el enigma de la estrella mediática convertida en frío asesino.

La prensa cazó al jugador aquel junio de 2013 saliendo de su mansión, esposado por la espalda con una camiseta blanca sobrepuesta y las mangas colgando. A ese gesto, en una nueva muestra de la romantización que experimentan ciertos criminales que son también figuras públicas, se le bautizó como “Hernandezing” y cientos de tuiteros lo replicaron en las redes sociales.

Aunque numerosas evidencias (cámaras de seguridad, pisadas, mensajes de texto…) probaban la autoría del jugador en el asesinato de Lloyd, sus seguidores acudían a las puertas de los juzgados o de la prisión para mostrarle un apoyo entusiasta. “Fue muy surrealista”, recuerda Ponseti, que vivió su caso con especial intensidad al residir por aquel entonces en Florida, un Estado en el que Hernández era un ídolo por su ascendencia puertorriqueña y su paso por la universidad. “Hay muy pocos jugadores latinos en la NFL y él era la imagen de la comunidad en el deporte rey del país. Fue muy triste que acabara saliendo de ahí como un asesino”. En 2015, Hernández fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de Lloyd.

A consecuencia de las investigaciones sobre este asesinato, la policía descubrió la implicación del jugador en otras dos muertes, las de los caboverdianos Safiro Furtado y Daniel de Abreu, tiroteados a las puertas de una discoteca en julio de 2012. Su fallecimiento había sido todo un misterio para las autoridades, teniendo en cuenta que eran jóvenes trabajadores sin antecedentes criminales ni pertenencia a banda alguna. Según la Fiscalía y el testimonio de un testigo presencial de los hechos, el único error cometido por Furtado y de Abreu fue el de derramar por accidente su bebida en la persona equivocada.

En 2017, contra todo pronóstico y tras una magistral actuación de su abogado, fue declarado no culpable por un jurado popular de los asesinatos de los dos caboverdianos. Hernández seguiría en la cárcel ‘solo’ por el asesinato de Lloyd, no por otros dos más. Sin embargo, cinco días después de ser exonerado, Hernández se ahorcó en su celda con una sábana.

Su espiral autodestructiva ha dado pie desde entonces a libros, ‘podcasts’, programas de televisión y documentales. Todos, tratando de contestar la misma pregunta: ¿por qué? Su vida era aparentemente perfecta. Estaba prometido, tenía una niña recién nacida y un contrato multimillonario en la franquicia deportiva más laureada de este siglo. ‘La mente de un asesino’ busca respuestas en una infancia que, al contrario de la de otras muchas estrellas de la liga, se desarrolló en un barrio de clase media-alta y en los mejores colegios. Su padre, Dennis, había sido jugador en su juventud y era considerado un icono en la comunidad. A pesar de que su imagen pública era impecable, el hermano mayor de la familia, Jonathan, confesó al Boston Globe que el progenitor, adicto al alcohol, les agredía tanto a ellos como a su madre “de forma severa y rutinaria”.

Otra de las especulaciones que aborda el documental es la supuesta bisexualidad de Aaron Hernández. La miniserie cuenta con el testimonio de uno de los amigos más cercanos del jugador y compañero de equipo en el instituto, Dennis SanSoucie, que ratifica una aventura amorosa en la etapa escolar. “Sí, tuvimos una relación en el pasado, pero por aquel entonces no lo mirábamos así. Después de hacerlo, nos preguntábamos: ¿Alguien nos ha pillado?, ¿alguien lo sabe? Si nos pillaban, nuestros padres renegarían de nosotros”.

El padre de Aaron era profundamente homófobo y disciplinaba a sus hijos sobre lo que un verdadero hombre debía ser. Uno de los abogados del jugador, George Leontire, también recuerda una conversación que tuvo con el jugador en la celda: “Aaron me preguntó si creía que la gente nacía siendo gay. Le dije que sí”. Aunque esta hipótesis no fue confirmada por la justicia, medios como 'Newsweek' especularon con que la razón que llevó a Hernández a asesinar a Odin Lloyd fue que este descubrió su bisexualidad.

Con apenas 17 años, la inesperada muerte de su padre durante una rutinaria operación de hernia tuvo un impacto decisivo en el deportista. La familia se descompuso por completo. Su madre, Terri, comenzó una relación con el que había sido el novio de la prima de Aaron y este decidió alejarse todo lo posible de su hogar natal en Bristol (Connecticut).

Fue reclutado por la Universidad de Florida, se tatuó todo el cuerpo, comenzó una relación con la que sería su prometida, Shayanna Jenkins, y cambió de amistades, hipertrofiando su nueva imagen de chico malo acompañándose de camellos y criminales de poca monta. Allí protagonizaría peleas periódicas e incluso algún supuesto tiroteo, pero siempre contó con el encubrimiento de los responsables del equipo, que no podían permitirse perder a una de las estrellas de la liga universitaria que proporciona a estas instituciones ingresos millonarios. “El problema es que nadie le paró ahí. Si lo hubieran hecho no habría acabado así”, sostiene Ponseti. Y añade: “El caso de Hernández provocó que los equipos fueran más precavidos a la hora de saber a quién están fichando y, si tienen problemas, se lo piensan dos veces”.

El último giro en la insólita historia llegaría en noviembre de 2017, cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Boston reveló que Hernández sufría una Encefalopatía Traumática Crónica (ETC), una enfermedad cada vez más común entre quienes practican este deporte profesionalmente. Ann McKee, directora del centro, confirmó a ‘The Washington Post’ que jamás en su carrera había estudiado un cerebro de veintipocos años con mayores daños que el de Hernández, siendo solo comparable con el de un hombre de 67. Un reguero de compañeros ha decidido en los últimos años retirarse del fútbol para no poner en riesgo su salud futura, generando un debate en la opinión pública sobre la violencia intrínseca del juego y la idoneidad de que los niños lo practiquen.

“No podemos justificar su comportamiento con la patología, pero lo que sí podemos decir es que los individuos con esta enfermedad tienen dificultades para controlar los impulsos y tomar decisiones, además de ataques de ira y volatilidad emocional”, declaró la doctora, negándose a especular sobre si la afección pudo influir en los actos delictivos de Hernández. “Hay muchos jugadores que tienen este problema y no se dedican a matar a la gente. Él tenía ya unos agravantes”, estima Ponseti, que concluye: “La enfermedad probablemente acentuó la transformación e hizo más palpable su carácter violento, pero la ETC por sí sola no hace que salgas a la calle a pegar tiros”.

En 2017, los New England Patriots, el equipo en el que había militado Hernández hasta ingresar en prisión, acudieron a la Casa Blanca para brindarle al presidente Donald Trump un nuevo triunfo en la Super Bowl. No quisieron hacer comentarios sobre la noticia que copaba todos los titulares esa mañana: el suicidio de Hernández.

sábado, 1 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia #cine | La película de Elton John se estrena en Rusia sin las escenas gais

Imagen: El País / Taron Egerton como Elton John en 'Rocketman'
La película de Elton John se estrena en Rusia sin las escenas gais.
La distribuidora de 'Rocketman' en el país euroasiático censura casi ocho minutos con momentos de amor entre hombres y drogas.
María R. Sahuquillo | El País, 2019-06-01
https://elpais.com/cultura/2019/05/31/actualidad/1559323853_101272.html

A la vida de Elton John le han cortado una parte importante en Rusia. Allí, 'Rocketman', la película sobre la vida del cantante británico Elton John, gay y activista por los derechos LGTBI, le han quitado las escenas de amor entre hombres: desde besos a sexo. La distribuidora del biopic en el país euroasiático le ha aplicado la tijera a la cinta y ha cortado también los momentos en los que aparecen drogas. En total, unos ocho minutos, según varios críticos que ya han visionado ‘Rocketman’ en Moscú, estrenada este viernes. La compañía aduce "razones legales". El cantante se ha mostrado indignado con la modificación y ha declarado que solo se enteró de la censura "cruel" tras el estreno en los cines moscovitas.

En Rusia, la conocida ley contra la propaganda homosexual prohíbe la "promoción" de "relaciones no tradicionales" a menores de 18, y establece multas y sanciones administrativas. Esto tiene como resultado la ocultación y censura de las relaciones LGTBI+ en los productos culturales para el gran público. Pero aunque la película estaba clasificada para mayores de edad, la distribuidora, Central Partnership, ha decidido aplicarse la autocensura para satisfacer las demandas de los más conservadores.

"Todas las escenas de besos, amor o sexo oral entre hombre fueron cortadas. Algunos de los cortes son flagrantes", ha criticado en Facebook Anton Doline, un conocido crítico de cine, tras el estreno. "Lo más lamentable, es que la leyenda final ha sido eliminada. Lo siento, sir Elton", añadió.

Rocketman, presentada en el Festival de Cannes narra la carrera y la vida de Elton John, su carrera y la lucha contra las adicciones del cantante y compositor abiertamente gay. Antes de los títulos de crédito, en la versión original se muestra una leyenda que cuenta que Elton John vive con su esposo y que juntos crían a sus hijos. La versión rusa eliminó esa referencia y en cambio apunta que creó una fundación para luchar contra el VIH y que continúa trabajando con su compañero musical.

Elton John, en un comunicado conjunto con los cineastas publicado en su Twitter este viernes por la noche, critica los cortes: "Rechazamos en los términos más enérgicos la decisión de censurar 'Rocketman' para el mercado ruso. El hecho de que el distribuidor local haya considerado necesario editar ciertas escenas, negar a la audiencia la oportunidad de ver la película como fue concebida es una triste reflexión sobre el mundo dividido en el que aún vivimos y sobre cómo el amor entre dos personas puede ser tan cruelmente no aceptado".

En un comunicado, la ONG Amnistía Internacional denuncia este caso de "censura". "Deshumaniza las relaciones homosexuales", critica la organización en defensa de los derechos civiles, que reclama que se emita la versión original.

La distribuidora Central Partnership confirmó a la agencia estatal TASS que había modificado la película, y que lo hizo para "respetar las leyes rusas". Tras la polémica, el Ministerio de Cultura ruso afirmó que no había recomendado a la distribuidora que eliminase ninguna escena de la película. Aseguró que esa decisión había sido únicamente de Central Partnership.

Desde la aprobación de la ley de propaganda gay hace cinco años, Rusia ha desterrado del espacio público cualquier contenido cultural que sea sospechoso de “crear una imagen distorsionada de la equivalencia” de las relaciones homosexuales --como dice la ley--.

‘Rocketman’ no es la primera película censurada. También ha habido casos en los que filmes para menores han sido calificados para mayores de edad porque aparecía alguna referencia LGTBI. Es el caso de ‘La Bella y la bestia’, el gran ‘remake’ de la animación de Disney de 1991, protagonizado por Emma Watson y estrenado en 2018. En Rusia llevaba la etiqueta 'para mayores de 18' porque muestra un personaje gay. En la película ‘Vengadores: Endgame’ ocultaron —a través del doblaje— la orientación del primer personaje abiertamente gay en el universo Marvel. Y lo mismo ha ocurrido con libros, obras de teatro o incluso con campañas de publicidad.

Los recortes en el biopic de Elton John llega además en un momento en el que se están censurando —o directamente no aprobando— la difusión de otras películas porque no son lo suficientemente patriotas o porque no dan una imagen positiva de Rusia.

sábado, 20 de abril de 2019

#hemeroteca #cine #oscarwilde | Rupert Everett, contra la homofobia

Imagen: El Periódico / Fotograma de 'La importancia de llamarse Oscar Wilde'
Rupert Everett, contra la homofobia.
El actor y director británico recrea los últimos años de Oscar Wilde en una película que quiere ilustrar la lucha de quienes siguen siendo perseguidos por su orientación sexual.
Nando Salvà | El Periódico, 2019-04-20
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20190420/rupert-everett-dirige-pelicula-oscar-wilde-contra-homofobia-7411521

Mientras yacía moribundo en el Hôtel d’Alsace de París, escribió: «El empapelado de estas paredes y yo mantenemos un combate a muerte. Uno de los dos se va a tener que ir». El 30 de noviembre de 1900 el empapelado ganó el duelo cuando Oscar Wilde murió, a los 46 años, a causa de una meningitis cerebral provocada por complicaciones en una otitis arrastrada durante mucho tiempo –los más morbosos sostienen que el verdadero motivo fue la sífilis–. Dejó dos meses de alquiler sin pagar: «Me estoy muriendo por encima de sus posibilidades», le había confesado al encargado de la casa.

Para el escritor, la capital francesa fueron dos ciudades muy distintas. Entre 1883 y 1894, había pasado periodos prolongados de tiempo en París, disfrutando del éxito literario y gozando de la compañía de colegas como André Gide, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine. A partir de 1898, en cambio, experimentó allí el rechazo general y vivió mendigando unas monedas para emborracharse de coñac y de autocompasión. De esta última época habla 'La importancia de llamarse Oscar Wilde', 'biopic' escrito, dirigido y protagonizado por Rupert Everett. En él, se nos muestra al autor avanzando patéticamente entre humillación y humillación, recibiendo palizas de adolescentes y la indiferencia de antiguos admiradores.

Podría decirse que era casi inevitable que Everett acabara haciendo esta película: a lo largo de su carrera, después de todo, ha interpretado numerosos textos del irlandés –entre ellos, dos adaptaciones cinematográficas, 'Un marido ideal' y 'La importancia de llamarse Ernesto'–, y pasó buena parte del 2012 dándole vida al frente del montaje teatral 'El beso de Judas'. Él, en cualquier caso, ha explicado que el impulso de hacerla no provino de su propio currículo sino, en buena medida, de la voluntad de ilustrar las luchas de tantos seres humanos que hoy siguen siendo perseguidos por su sexualidad en países como Rusia, Uganda e India.

El crimen de ser gay
«El placer es lo único por lo que uno debería vivir», escribió Wilde en 1894, y ese fue un principio fundamental de su filosofía estética pese a que por entonces la homosexualidad era un delito en Gran Bretaña –no se despenalizó hasta 1967–. Durante años él había vivido en secreto su orientación sexual y su amor por Lord Alfred Douglas; y cuando el padre de este, el marqués de Queensberry –un homófobo recalcitrante–, declaró públicamente su condena al comportamiento del escritor, este se sintió obligado a demandarlo por difamación. No solo no ganó el caso, sino que acabó cumpliendo dos años en la cárcel de Reading por los cargos de sodomía e indecencia. Su caída fue instantánea.

Tras su salida de prisión en 1897 se dirigió primero a Dieppe, al norte del país, donde escribió su célebre poema 'La balada de la cárcel de Reading' –«cada hombre mata lo que ama», dice uno de sus versos–; y en 1898 llegó a París, enfermo y arruinado. «Esta pobreza me rompe el corazón: es tan sucia, tan totalmente deprimente, tan desesperada. Reza por mí cuanto puedas», escribió a su editor. Para afrontar su nueva vida, Wilde se rebautizó como Sebastian Melmoth.

Coñac, tabaco y amantes
En esos últimos dos años, su vida fue bastante simple. A las 11 de la mañana desayunaba pan con mantequilla y café, y a las 2 de la tarde se comía una chuleta y dos huevos duros, regado todo con coñac; y lo que le quedaba de cada día y parte de la noche lo pasaba fumando y bebiendo en sus garitos predilectos, y transitando entre amantes. Le mantenían, decimos, aquellos de sus amigos –pocos– que no le habían dado la espalda. Pese a todo, en París fue feliz, porque pudo vivir libremente su sexualidad.

El último destino de Oscar Wilde en la ciudad del Sena fue el cementerio de Père-Lachaise. Su tumba es la más visitada en el cementerio, más incluso que las de Maria Callas y Jim Morrison. Durante los años 90, los visitantes cogieron la costumbre de besar la piedra dejando marca de lápiz de labios, y con el paso del tiempo llegó a estar tan dañada que en el 2011 el gobierno irlandés pagó una limpieza de la tumba y la instalación de una barrera de vidrio a prueba de besos a su alrededor. Actualmente, el cristal se llena de pintalabios a diario.

sábado, 3 de noviembre de 2018

#hemeroteca #cine #freddiemercury | Los momentos más salvajes de Freddie Mercury

Imagen: El País / Freddie Mercury en septiembre de 1980
Los momentos más salvajes de Freddie Mercury.
Drogas, voracidad sexual y sida, los aspectos más polémicos del cantante de Queen por los que pasa de puntillas la película 'Bohemian Rhapsody'.
Ignacio Gomar | El País, 2018-11-03
https://elpais.com/elpais/2018/11/02/gente/1541166317_457693.html

El 22 de noviembre de 1991 Freddie Mercury moría un día después de hacer público que estaba enfermo de sida. Casi 27 años después de su fallecimiento finalmente se ha estrenado 'Bohemian Rhapsody'. Finalmente. Porque el proyecto de llevar a la gran pantalla la vida del cantante de Queen y la historia de la banda ha tardado ocho años en ver la luz. En 2010 Sacha Baron Cohen iba a hacer de Mercury, pero renunció por “diferencias creativas” con los otros miembros del grupo de rock, Brian May y Roger Taylor. Lo mismo le pasó al siguiente protagonista escogido en 2013, Dexter Fletcher. Al parecer, May y Taylor querían que Freddie muriese a la mitad de la película y que la historia continuase contando cómo la banda y su legado siguieron adelante pese a la desaparición de su líder. El filme final, acogido con variadas críticas y protagonizado por Rami Malek, tampoco ha conseguido escapar de la polémica.

Primero se habló de un rodaje caótico sobre el que se llegó a publicar que el director desapareció y que fue despedido por ello. Ahora, tras el estreno, han llovido críticas de presunto “lavado heterosexual” de la vida de Mercury, y de que el resultado es demasiado suave según el estilo conservador de Hollywood. La cinta no profundiza en la sexualidad del cantante, del que en su día se dijo casi de todo, desde que era totalmente homosexual hasta que era capaz de acostarse “incluso con un gato”. El 'biopic' ha terminado reflejando que era bisexual y que el amor de su vida fue Mary Austin, su novia durante un tiempo y su mejor amiga después.

La famosa voracidad sexual del cantante queda reducida a un cruce de miradas con un camionero y un pellizco en el trasero a un camarero. Por último, pasa por encima del sida, enfermedad causante de su muerte y con la que convivieron él y su entorno más íntimo durante cuatro años desde que le fue diagnosticada. Sin necesidad de destripar la película, no hay ni rastro de los episodios más salvajes de una de las mayores estrellas del rock de la historia. Excentricidades y excesos que los últimos 27 años se han ido desvelando y han agrandado su leyenda. Para muchos, estas historias se han exagerado y para otros son simplemente eso, leyendas urbanas y cotilleos. Nadie las ha negado categóricamente, y eso que en algunas de ellas estuvieron presentes otros grandes mitos de la música y famosos de la época.

Los enanos con bandejas de cocaína. Elton John confesó en una entrevista que las fiestas de Freddie Mercury le dejaban agotado. De todas aquellas juergas siempre se ha recordado la que celebró en el Hotel Fairmont de Nueva Orleans en 1978, en la que agasajó a los invitados con rituales de vudú en los que un artista arrancaba las cabezas a los pollos con la boca. Además, los camareros servían desnudos y un grupo de hombres enanos se paseaban con bandejas repletas de cocaína atadas a sus cabezas.

Llevó a Lady Di a un bar gay. La princesa Diana de Gales y Freddie Mercury eran amigos, pero la esposa del heredero al trono de Inglaterra no podía dejarse ver en las fiestas del cantante. Hasta que Freddie y un grupo de sus fieles disfrazaron de hombre a Lady Di y la llevaron a pasar una noche loca al club gay favorito del líder de Queen en Londres.

Michael Jackson y más droga. Michael Jackson era un gran fan de Queen y el rey del pop y Freddie Mercury se hicieron colegas y comenzaron a colaborar. Mercury estuvo un tiempo en la mansión de Jackson y grabaron varios temas. Al parecer la amistad entre ambos se enfrió de golpe cuando Michael entró a su salón y vio a Freddie metiéndose una raya de coca utilizando un billete de cien dólares.

La madre de todos los cumpleaños. Dentro de su histórico de fiestones, los que organizaba Freddie Mercury por su cumpleaños están entre los más sonados. El cantante casi paralizó Munich para celebrar su 39 aniversario en 1985. Hubo bailarinas, comefuegos y un pastel de dos metros de alto, además de espectáculos con ‘drags’ masculinos y femeninos. Duró un fin de semana, pero muchos de los invitados contaron después que la fiesta se prolongó durante tres semanas.

Sexo sin fin. Sobre el apetito sexual de Freddie Mercury se han contado muchísimas anécdotas, y se pueden resumir en que el sexo en todas su variantes nunca faltaba en una fiesta organizada por él. Drag Queens que practicaban felaciones a invitados vip por debajo del mantel, es un ejemplo de por dónde iba el tema. El sexo se consumía como en un ‘buffet’ libre, y nunca mejor dicho, porque la comida a menudo se servía sobre cuerpos desnudos de hombres y mujeres. Finalmente y para satisfacer a sus invitados plenamente, Mercury contrataba a profesionales del sexo de ambos géneros que trabajaban sin descanso hasta que la fiesta terminaba. Eventos a los que asistieron David Bowie, Mick Jagger, Keith Richards o Dave Stewart, entre otros famosos, y a los que a veces mandaba su avión privado a recogerles para que no faltaran. Juergas que muchos no dudaron en resumir como “una película de Fellini en una nube de cocaína”.

jueves, 1 de enero de 2015

#peliculas #alanturing | The imitation game


The imitation game (Descifrando Enigma).
Dirección: Morten Tyldum. Guión: Graham Moore.
Reparto: Benedict Cumberbatch (Alan Turing), Keira Knightley (Joan), Matthew Goode (Hugh), Mark Strong (Stewart), Allen Leech (John), Charles Dance (Denniston), Rory Kinnear (detective Robert).
Reino Unido y USA, 2014.
Duración: 114 min
Estreno en España: 2015-01-01
/ ES / EN / Películas / Biopic / Drama / Thriller
/ Cine / Alan Turing / BIO / Historia – Siglo XX / Homofobia / Inglaterra / Persecuciones políticas / Segunda Guerra Mundial

Durante el invierno de 1952, las autoridades británicas entraron en el hogar del matemático, analista y héroe de guerra Alan Turing, con la intención de investigar la denuncia de un robo. Al final acabaron arrestando a Turing acusándole de “indecencia grave”, un cargo que le supondría una devastadora condena por una ofensa criminal: ser homosexual. Los oficiales no tenían ni idea de que en realidad estaban incriminando al pionero de la informática actual. Liderando a un heterogéneo grupo de académicos, lingüistas, campeones de ajedrez y oficiales de inteligencia, se le conoce por haber descifrado el código de la inquebrantable máquina Enigma de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

La máquina de hacer cine
La película de Turing tiene poco de enigmática, pero forma un andamiaje dramático perfecto
Javier Ocaña | El País, 2014-12-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/30/actualidad/1419958068_599917.html

Los hombres extraordinarios no merecen películas ordinarias, por muy bellas que sean. Aunque, al menos, bellas son. Alan Turing, matemático, filósofo, científico, pensador, precursor de la informática moderna, con cerebro de insólito funcionamiento, en las gracias y en las desgracias, en su brillantez, en su imposibilidad de practicar el sentido del humor, en su soberbia, en su timidez, en su sinceridad no reflexionada sino simplemente accionada, en sus vivencias y hasta en su muerte, fue un hombre extraordinario con una existencia de película. Pero, “The imitation game”, la película sobre su corta vida escrita por el novel Graham Moore, dirigida por Morten Tyldum y distribuida por los hermanos Weinstein, es un cliché. Eso sí, un cliché de lo ordinariamente bello; lástima, no de lo sublime. Para entendernos: el clásico producto británico de magníficas ambientación e interpretación, de (casi) irreprochable narración sobre un tema de enorme interés, impecable en sus formas pero sin una gota de riesgo, en la que todo encaja a la perfección. Tanto, que parece fabricada por una máquina de hacer cine hermoso para los Oscar (el “copyright” es de los Weinstein). ¿Es eso poco? No, es mucho.

En la sobrecogedora vida de Turing hay tantos hitos emocionales que su relato podría haber estado protagonizado por muy variados sucesos. Moore, inspirado por un libro de Andrew Hodges, elige dos de ellos: la dirección del proyecto de creación de una máquina descifradora de la alemana Enigma, utilizada durante la II Guerra Mundial, como eje central, y su detención, años después, acusado de homosexualidad (aún estaba penada en Reino Unido), como base para la estructura dramática. Selección tan intachable como el resto de una película a la que poco se puede objetar (apenas un innecesario momento "yo soy Espartaco", y un subtexto final demasiado semejante al de “¡Qué bello es vivir!”), y en la que lo mejor son los matices del enorme Benedict Cumberbatch, y las imponentes presencias de Mark Strong, Charles Dance y Rory Kinnear.

La máquina de Turing, glorioso paso hacia la inteligencia artificial, fue creada por un hombre enigmático, ambiguo, tan difícil de desentrañar que se convirtió en espía porque, simplemente, llevaba escondiéndose toda su vida. Pero “The imitation game” tiene poco de enigmática: es un clavo sobre una madera, y esta sobre un armazón, hasta formar un andamiaje dramático perfecto. Algo nada fácil de conseguir, pero tampoco brillante. Y Turing, siempre arriesgado, merecía más audacia y menos fórmula.

ENLACES
La Butaca | The imitation game (Descifrando Enigma)
http://www.labutaca.net/peliculas/the-imitation-game-2014/

DOCUMENTACIÓN
Cometieron seis errores: los fallos garrafales del biopic de Turing
El biopic sobre Alan Turing y su trabajo en Bletchley Park es el último insulto a la memoria de una de las mentes científicas más brillantes de todos los tiempos
Marta Peirano | El Diario, 2015-01-12
http://www.eldiario.es/cultura/cine/cagadas-The-imitation-game_0_344016148.html 
Benedict Cumberbatch: «La sociedad convirtió a Turing en un reprimido»
El protagonista de «The Imitation Game (Descifrando Enigma)» habla sobre el genial matemático que interpreta
María Estévez | ABC, 2015-01-06
http://hoycinema.abc.es/noticias/20150102/abci-alan-turing-benedict-cumberbatch-201501011738.html
«The imitation game»: Enigma, la perfecta máquina espía de los nazis que fue vencida por un matemático
En 1943, Alan Turing logró desencriptar los códigos alemanes reduciendo drásticamente el potencial de los U-Boote de Hitler
Manuel P. Villatoro | ABC, 2015-01-06
http://hoycinema.abc.es/personajes/20150106/abci-imitation-game-enigma-alan-201412311828.html
El cine hormonado
Arcadi Espada | El Mundo, 2015-01-05
http://www.elmundo.es/opinion/2015/01/05/54aadef622601dac148b4585.html
Las mujeres que no verás en la película de Alan Turing
La película está ambientada en Bletchley Park, el lugar donde se descifró el código Enigma en la Segunda Guerra Mundial. Tranquilo, no hay spoilers: la película se come a las más de 8.000 personas que trabajaron allí como descifradoras. Más de 6.000 eran mujeres.
Analía Plaza | El Diario, 2015-01-02
http://www.eldiario.es/turing/alan_turing-bletchley_park_0_341216141.html
De héroe de guerra a villano en ‘The imitation game’
Deia, 2015-01-02
http://www.deia.com/2015/01/02/ocio-y-cultura/criticas-de-cine/de-heroe-de-guerra-a-villano
Descifrando enigmas
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2015-01-02
http://www.diarioprogresista.es/descifrando-enigmas-59285.htm

viernes, 8 de enero de 2010

#hemeroteca #cine | Controversia en Sodoma

Imagen: RTVE
Controversia en Sodoma
Juan Marsé arremete contra la película sobre el poeta Gil de Biedma
Jesús Ruiz Mantilla | El País, 2010-01-08
http://elpais.com/diario/2010/01/08/cine/1262905206_850215.html

La falta de costumbre aviva los ánimos. El cine español, muy rácano en esto de hurgar en las vidas de artistas a fondo, estrena 2010 con “El cónsul de Sodoma”, película bautizada ya con controversia, sobre uno de los poetas más importantes del siglo XX. Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) da para mucho. Una vida fuera de sitio, una obsesión de continua bajada a los infiernos, un perfeccionismo cabal de quien decía querer ser poema, no poeta, y la imagen de un creador muy vivo aun entre los suyos han originado ya un vendaval de adhesiones y ataques poco común.

El trabajo del director Sigfrid Monleón, protagonizado por Jordi Mollà, ha levantado algo así como parecido a la ira entre algunos de los escritores que conocieron bien a Gil de Biedma. Para muchos, el resultado distorsiona el espíritu y la carne del poeta. Se inclina hacia el hombre escabroso, propenso a las experiencias duras, asiduo de chaperos y bajos fondos, más que otra cosa. Juan Marsé abandera la corriente contraria. Aparece como personaje en “El cónsul de Sodoma”, pero abomina del resultado: "La película es peor que mala. Es una ofensa a la memoria del poeta por su estupidez y su grosería, algo que va más allá de su absoluta insolvencia cinematográfica", opina el autor de “Últimas tardes con Teresa”.

No le ha gustado a Marsé nada verse en ella por insistencia de su agente, Carmen Balcells, que le envió un DVD. "Me resulta grotesca, ridícula, falsa, inverosímil, sucia, pedante, dirigida por un fallero incompetente y desinformado, mal interpretada, con diálogos deplorables. Es una película desvergonzada, de título infamante y producida por gente sin escrúpulos", ataca el novelista barcelonés.

Sigfrid Monleón asegura que tiene más miedo de la crítica que de los literatos ante el estreno de la película, pero a juzgar por la reacción de Marsé, probablemente cambie las preferencias. "Yo he querido hacer una película sobre una buena persona que vive un mal guión: un país de pobre ambiente social e intelectual en el que, aun así, se empeña en dejar algo que merezca la pena, algo útil poéticamente hablando", afirma Monleón.

También Jordi Mollà se ha enfrentado al personaje con ese ánimo: "Es un desubicado, incluso con las personas más cercanas. Él mismo es su peor enemigo. Nunca encontró realmente su sitio. Ni en la clase en que nació, la alta burguesía catalana, ni en el país en el que vivió. La intimidad era el único territorio en el que se le podía reconocer a fondo", asegura el actor.

La intimidad y su poesía. Escasa pero primordial y reunida, por ejemplo, en la antología “Las personas del verbo” (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). Un ejercicio permanente de cruda desnudez, de lucha contra los espejismos del pasado, de la juventud, del amor, del paso del tiempo. Un intenso viaje hacia la demolición de convicciones, buenas costumbres, solo fiel a la construcción de una identidad propia en poemas como “Contra Jaime Gil de Biedma”: "De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, /dejar atrás un sótano más negro /que mi reputación -y ya es decir-, /poner visillos blancos /y tomar criada, /renunciar a la vida de bohemio /si luego vienes tú, pelmazo, /embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, /zángano de colmena, inútil, cacaseno, /con tus manos lavadas, /a comer en mi plato y a ensuciar la casa".

La poesía era un arma de deconstrucción salvaje para Gil de Biedma. Un ejercicio de introspección basado en el estudio de sus resortes y la experiencia vital. Escribía lento. Ese mismo autorretrato se lo pasó una vez a su amigo Alberto Oliart, también poeta, ex ministro de UCD, hoy director de RTVE. "Le dije, creo que has escrito una obra maestra, Jaime. Él me respondió: 'Un año he tardado en hacerlo". Oliart no ha querido ver la película. No le interesan los aspectos morbosos, aunque cree que su bisexualidad fue un aspecto crucial en su vida. Algo que recoge el biopic, con la relación que Gil de Biedma mantuvo con Bel (Bimba Bosé), la mujer a la que amó profundamente y cuya pérdida, por accidente, le condujo a un intento de suicidio.

Tampoco Colita, fotógrafa de cabecera del poeta, ha querido ver la película. Eso que también aparece como personaje: "Ni la he visto, ni tengo ganas, creo que Jaime sale aburridísimo, pobrecito, con lo divertido que era. No me interesa nada y no quiero cabrearme", comenta.

Sí lo ha hecho Javier Alfaya, también amigo de Gil de Biedma. Y la defiende. "Es que el retrato es muy acertado. Jaime era así", asegura. Así de elegante y desenfrenado, así de altivo y pegado al barro. Tan adepto al comunismo en tiempos como heredero de una gran fortuna, tan ingobernable como disciplinado y devoto del estudio de la obra de sus poetas de cabecera, de Baudelaire a T. S. Eliot; de Pessoa y Antonio Machado a Auden.

También el poeta Luis Antonio de Villena está entre los partidarios de la película, aunque con reservas. "Es una película digna. Nueva para el cine español en el que hasta ahora, para definir a un personaje importante, debían hacerlo como a un santo de la iglesia. Aquí, Jaime aparece como era, desnudo de cintura para abajo, como diría él. Con sus sombras, su doble vida y su mala conciencia. Tiene errores, pero nos fijamos más quienes le hemos conocido, creo que el espectador que llegue a él mediante la película querrá leerlo y conocerlo más a fondo", comenta De Villena.

DOCUMENTACIÓN
Gil de Biedma, una vida de película
Un 'biopic' del poeta, interpretado por Jordi Mollà, pone en guardia a sus allegados
Elsa Fernández-Santos | El País, 2009-03-17
http://elpais.com/diario/2009/03/17/cultura/1237244401_850215.html