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lunes, 13 de abril de 2026

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Soraya González, la artista que vivió a caballo entre la exclusión y los escenarios

Mar Cambrollé, Soraya González y Raúl Solís //

Muere Soraya González, la artista que vivió a caballo entre la exclusión y los escenarios

La transformista sevillana, conocida por actuar en el espectáculo de La Esmeralda, pasó por prisión y vivió en la precariedad tras una vida marcada por la represión franquista
Víctor Rojas | Six, 2026-04-13
https://www.revistasix.es/actualidad/muere-soraya-gonzalez-artista-de-sevilla-y-referente-trans-que-sobrevivio-a-la-represion-franquista.html

Solo en un día llegaron a detenerla hasta 14 veces. Un dato que resume las dificultades a las que tuvo que enfrentarse Soraya (Sevilla, 1951-2026) en vida. Una vida que acabó el pasado jueves y que deja como legado su arte, sus historias, su memoria y, sobre todo, su resistencia.

«Fue encarcelada por la Ley de Vagos y Maleantes. De hecho, en un solo día llegaron a detenerla hasta 14 veces cruzando el puente de Triana», explica el periodista Raúl Solís, escritor de ‘La doble transición’, libro que narra la vida de supervivencia de diferentes mujeres trans que vivieron el franquismo, entre ellas, Soraya. «Nunca renunció a ser quien era y ha muerto siendo una mujer. Yo creo que eso es lo máximo que ha hecho por el colectivo: enseñar a muchas generaciones que merece la pena vivir como una es», asegura Mar Cambrollé, activista y amiga de Soraya.

Soraya González, vecina del sevillano barrio de Triana, acudía de forma asidua al Paseo de Colón, donde había una zona durante la dictadura en la que se reunían mujeres trans, personas queer y LGTBI. «Era un lugar donde quedaban, ligaban y socializaban», contextualiza el periodista. Un día, intentando llegar a ese sitio, que estaba justo al cruzar el puente, la detuvieron 14 veces. La última vez la llevaron a comisaría y de ahí a prisión. «La policía la detenía sin que hubiera hecho nada; simplemente por sus andares, que consideraban femeninos», señala Solís.

Tanto es así, que la sevillana estuvo cerca de un año en prisión. Un hecho que le permitió solicitar la indemnización como víctima del franquismo, un reconocimiento que recibió gracias a la ayuda de Cambrollé. «Le correspondió una indemnización única de 8.000 euros», recuerda la activista, quien explica que durante el gobierno de Zapatero se consignó una partida presupuestaria para reconocer e indemnizar a personas que habían sido encarceladas por la Ley de Vagos y Maleantes o la Ley de Peligrosidad Social. Sin embargo, Cambrollé hace hincapié en que «una indemnización no puede reparar el dolor de haber sido encarceladas sin haber cometido ningún delito», una opinión que Soraya también refleja en el libro de Solís.

En el mundo artístico, Soraya ganó importancia en aquella época gracias al trabajo de transformista que realizaba en el espectáculo más famoso durante el franquismo en Sevilla, el de La Esmeralda. «Era un grupo de mujeres trans que tenían una caseta propia en la Feria de Abril. Además, tenían un local donde actuaban por la noche, en un sitio entre La Algaba y Sevilla capital», explica el escritor. Solís añade que la artista le contó que a esos lugares iban policías, familias… Era, dentro de la dictadura, «un espacio de pseudonormalización», pero siempre en la oscuridad, por la noche. Luego, al día siguiente, a plena luz, esos mismos policías que acudían al espectáculo podían detenerlas.

Cambrollé pone sobre la mesa que los escenarios han sido espacios donde han podido «hacer una afirmación rotunda de lo que son», así como espacios de transgresión frente a un sistema que negaba su existencia o, más aún, que las castigaba. «Es interesante pensar dónde empieza lo artístico y dónde lo político. Porque su manera de expresarse, de sentir, de ser y de hacer este tipo de espectáculos también era un acto político», reivindica la presidenta de la Federación Plataforma Trans.

Soraya de joven antes de salir a actuar y con su perro paseando por Triana //

Soraya también trabajó en Madrid y se vinculó con Paco España. «Esa es la parte artística de su vida, pero luego su realidad era muy distinta», relata con cierta tristeza Solís. El periodista comenta que la artista vivía en condiciones muy precarias, en un pequeño apartamento de una casa antigua de Triana. «Era usuaria de los servicios sociales de la Esperanza de Triana y tenía una pensión muy baja», afirma el periodista, quien recuerda que estas mujeres no cotizaban por su trabajo debido a la exclusión laboral. Una exclusión que se ha reflejado en los últimos años de la vida de Soraya.

Solís recuerda a Soraya como una mujer valiente, linda y entrañable, además de siempre orgullosa por cantar con su propia voz en sus espectáculos. Y lamenta no tener contacto con nadie de su familia. «Muchas personas LGTBI, especialmente de generaciones anteriores, no tienen vínculos familiares fuertes. En su caso no había una mala relación, pero sí cierta distancia. Y ahora, por ejemplo, tras su muerte, yo no tengo contacto con nadie de su familia», narra. 

Su militancia, su propia vida
Soraya no fue activista, pero sí participó en distintas manifestaciones, como el primer orgullo celebrado en Andalucía, y campañas, como la que se hizo por la Ley Trans. «Ella participó en la primera manifestación que hubo en Sevilla, en 1976 [i.e. 1978], por la despenalización de la homosexualidad», recuerda Solís, quien añade que «no fue activista en el sentido clásico, pero su militancia fue su propia vida». «Simplemente el hecho de haber existido y resistido a un sistema social, político y cultural ya te convierte en una superviviente y, por tanto, en un referente», puntualiza Cambrollé.

El periodista también recuerda los viajes que hizo con Soraya, en 2019, para presentar ‘La doble transición’. «Recuerdo especialmente un viaje a Madrid en AVE: iba mirando por la ventana como un niño al que sacan de casa por primera vez. Era muy entrañable», dice Solís, quien añade que en sus últimos años tenía una «salud muy delicada» aunque desconoce la causa de su muerte. «Su propia existencia ya era una bandera», concluye. 

Trabajar sin cotizar
La exclusión laboral afectó a Soraya al igual que a muchas mujeres trans de esa época. «Son personas a las que se les impidió trabajar en empleos reglados y, por tanto, cotizar. Muchas no pudieron estudiar por la hostilidad en colegios e institutos», destaca Cambrollé, quien recuerda que no había posibilidad de cambiarse el nombre, por lo que les exigían estudiar ‘como hombres’ o renunciar.

«Hay otra compañera, Silvia Reyes, que también aparece en ‘La doble transición’ de Raúl Solís. Ella vino con una beca desde Canarias a Barcelona para estudiar Medicina. Cuando llegó a la facultad, le dijeron que así no podía presentarse. Y, como muchas de nosotras, no renunció a ser quien era, aunque eso implicara pagar un precio altísimo. Terminó renunciando a sus estudios», asegura, además de añadir que la sociedad empujaba a las mujeres trans a la prostitución o, en los mejores casos, al espectáculo.

En este sentido, Cambrollé cuenta que lleva desde 1994, junto a la Federación de Colectivos Trans de España y otras asociaciones memorialistas, trabajando para que se apruebe una ley sobre memoria LGTBI y trans que planteaba medidas concretas para mayores de 65 años que pudieran acreditar haber sido represaliados como una pensión vitalicia equiparable a la de cualquier pensionista; acceso a vivienda pública; y, en caso de dependencia, acceso a residencias públicas.

También incluía medidas simbólicas como recuperar espacios de represión, como la cárcel de Huelva o el centro de Tefía en Fuerteventura, y convertirlos en lugares de memoria del colectivo LGTBI, no solo en placas conmemorativas. «La ley sigue en un cajón, pese a contar con el apoyo de más de 90 colectivos LGTBI y de las principales asociaciones memorialistas del país. Está muy bien recuperar la memoria histórica y exhumar fosas, pero hay personas vivas que también necesitan reparación y un final digno». Un final digno que, probablemente, Soraya no ha tenido.

lunes, 24 de marzo de 2025

#hemeroteca #politica | La trampa de Daniel Bernabé

Daniel Bernabé //

La trampa de Daniel Bernabé

Es la trampa del capitalismo, amigos. Y de esa trampa no se vuelve siendo de izquierdas
Raúl Solís | Diario Red, 2025-03-24
https://www.diario-red.com/opinion/raul-solis/trampa-daniel-bernabe/20250323184314044566.html

Allá por 2018, Daniel Bernabé publicó un magnífico libro titulado ‘La trampa de la diversidad’ donde, básicamente, venía a decir que la izquierda o lo que quedaba de izquierdas había abandonado a la clase trabajadora en pos de las políticas de representación. Aunque su libro fue muy criticado por algunos sectores de los activismos, a mi juicio acertó en su tesis: los partidos progresistas que habían empobrecido a los sectores populares usaban las políticas de representación para ocultar su pacto con las élites económicas. O lo que es lo mismo, mientras se aprobaban leyes de matrimonio igualitario era imposible casarse porque la vivienda se había convertido en un objeto especulativo.

En su libro, Bernabé criticaba, aunque sin decirlo abiertamente -el ‘show business’ tiene esas claves-, al partido que mejor ha representado esta forma de hacer política jugando con la diversidad, siempre y cuando ésta no pusiera en cuestión los privilegios del poder concentrado. En ‘La trampa de la diversidad’, Bernabé le puso un espejo al PSOE y sirvió para criticar las décadas de arduo trabajo por convencer a los sectores populares de que su realidad era totalmente ajena a sus necesidades materiales.

Otra de las ideas que Bernabé desarrolló en su ensayo era que el neoliberalismo lo ha convertido todo en negocio y que los activismos y los discursos se acaban convirtiendo en productos susceptibles de ponerles precio, comercializados y asumidos por el capitalismo. Bernabé criticaba que el compromiso militante mutara en un acto de consumo, que los partidos o las causan sean productos y que las ideas o relatos ideológicos funcionen como una mercancía masturbatoria que no le cambia la vida a nadie, salvo a los sujetos que portan las banderas.

Piruetas de la vida. Daniel Bernabé, después de años abriendo caminos nuevos en El País o en la Cadena Ser, ha caído en su propia trampa, que no es la de la diversidad que criticaba en su libro, sino la de que el capitalismo es capaz de convertirlo todo en negocio, en producto o mercancía si al frente se encuentra con sujetos sin compromiso con lo colectivo.

El joven idealista de Fuenlabrada ha fichado por el PSOE para escribir discursos que nunca tomarán tierra, pero que al presidente del Gobierno le servirán para parecer que es de izquierdas sin tomar una medida de izquierdas. La trampa de la diversidad, amigos.

Hay otro libro, ‘Atraco a la memoria’, en el que, a modo de entrevista, el historiador Juan Andrade repasa con Julio Anguita su biografía política. En uno de los capítulos, Anguita recuerda que el odio de la progresía a la izquierda se fraguó en 1980, cuando surgió la crisis en el PCE de los renovadores, que no fue más que el paso del PCE al PSOE de un buen número de militantes que vieron que en el partido del puño y la rosa era más fácil obtener escaño que en el de la hoz y el martillo.

Desde los 80, el PSOE ha encontrado siempre a sus renovadores para atomizar y lanzar la idea de que no se pueden cambiar las cartas que el franquismo repartió en la mal llamada Transición. En los 90, a los renovadores se llamaron Nueva Izquierda y el diablo se llamaba Julio Anguita. En los 2000 no hubo necesidad de crear ninguna escisión porque, cuando atábamos los perros con longanizas, la izquierda está bien controlada en un rincón del tablero en el que Gaspar Llamazares no incomodaba los privilegios de nadie.

Luego llegó 2015 y Podemos metió a 69 diputados en el Congreso y puso nerviosos a los gerontócratas del régimen. Como la potencia era enorme y desconocida hasta el momento, hormonaron mediáticamente a Iñigo Errejón. La operación no salió como estaba prevista y se repitió con Yolanda Díaz y Sumar. Ahí estaba Daniel Bernabé en Matadero el día de la presentación por todo lo alto de Sumar. De hecho, se llegó a hablar de que formaría parte del equipo del Ministerio de Trabajo.

Compuesto y sin cargo, se tuvo que conformar con seguir siendo Chico Prisa. Todo cambió cuando Sumar cayó en desgracia en las europeas y el nuevo intento por cargarse a la izquierda que no se subordina al PSOE se avecinaba nuevamente fallido. Entonces, el de Fuenlabrada empezó a recitar los argumentarios de Ferraz con una dicción y pasión inmejorables delante de Ángels Barceló. De ir a manifestaciones contra la OTAN a defender el aumento del gasto militar de Donald Trump. La fe del converso.

Como en los 80 o en los 90, el PSOE ha empezado a guiñarle el ojo a Sumar. Siempre empieza por sus intelectuales orgánicos y sus ventrílocuos mediáticos. Bernabé ha caído en su propia trampa. ¡Él que criticaba la posmodernidad en su ensayo! Nada más posmoderno que ser protagonista de tu misma narración. El joven idealista de Fuenlabrada que, gracias a su amigo Antonio Maestre, empezó a escribir piezas para La Marea como freelance, ha sido fichado con la misma facilidad que se compra un producto o transporta una mercancía en el modelo del libre mercado. Es la trampa del capitalismo, amigos. Y de esa trampa no se vuelve siendo de izquierdas.

Y TAMBIÉN...
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El periodista Daniel Bernabé ficha por el Gobierno y se incorporará a la Secretaría de Estado de Comunicación

Según ha sabido Diario Red, el autor de “La trampa de la diversidad” será miembro en abril de la Secretaría de Estado de Comunicación (SEC)
Nacho Ramos | Diario Red, 2025-03-22
https://www.diario-red.com/articulo/espana/periodista-daniel-bernabe-ficha-gobierno-incorporara-secretaria-estado-comunicacion/20250322060000044447.html

domingo, 3 de julio de 2022

#hemeroteca #trans #testimonios | La Petróleo y La Salvaora, dos revolucionarias con peineta

Diario de Cádiz / La Petróleo y La Salvaora //

La Petróleo y La Salvaora, dos revolucionarias con peineta.

En su libro 'La doble transición', el sevillano Raúl Solís Galván dedica un capítulo a las dos artistas gaditanas que recientemente han visto inaugurada una calle con su nombre en su ciudad. El escritor y periodista cede a 'Diario de Cádiz' la publicación de este capítulo íntegro.
Raúl Solís | Diario de Cádiz, 2022-07-03
https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Petroleo-Salvaora-revolucionarias-peineta_0_1697832215.html

No hay nadie en Cádiz que no las conozca. La Petróleo (Cádiz, 1944) y La Salvaora (Cádiz, 1951), con artículo determinante delante del nombre, no han conocido en su vida otro estado que la libertad. No hay gaditano o gaditana que no las quiera, que no las admire, que no las respete y que no las sienta como patrimonio de la ciudad que cada año le canta a la libertad en Carnaval.

Son más famosas que la Constitución de La Pepa de 1812, época a la que hay que remontarse para explicar por qué en la ciudad en la que nacieron ambas, con siete años de diferencia, la libertad se respira con la misma intensidad que el salitre que te saluda en la cara nada más pisar el Puente de Carranza, uno de los que da acceso a la capital gaditana, el único hasta 2015, fecha en la que se inauguró el segundo puente que ha conseguido desatascar de tráfico a la entrada de la ciudad. La Petróleo y La Salvaora, nacidas en intramuros, “de Puerta Tierra p’adentro”, son libres porque sí, porque les da la gana, porque no han sabido ser otra cosa, porque sus madres las parieron así. No se entiende a la una sin la otra.

No responden a ningún tratado ideológico, ni son encasillables en ninguna ortodoxia, ni han militado en otra cosa que no sea su propia vida. Ni falta que les hace. Ni siquiera saben que han cambiado el mundo, el suyo y el nuestro. Son dos revolucionarias cotidianas, de diario, dos heroínas de la normalidad que han hecho de su sola existencia una bandera de libertad. Petróleo y Salvaora, uña y carne, se conocieron en el único bar donde recalaban los mariquitas de la bahía de Cádiz durante la tiniebla franquista. Las mujeres transexuales no nacen con 18 años. Ellas eran transexuales desde que nacieron, aunque, sin referentes, no sabían ponerle nombre a lo que les ocurría y pensaban que eran mariquitas.

Petróleo, con 19 años, vio entrar en el mítico Bar Constancia, situado en el barrio Santa María, a Salvaora, una criatura de 13 años con hechuras de marinero pero con andares y mirada de niña ávida de ser comprendida, de encontrar referentes, de socializar en ámbitos donde ser una más sin ser señalada y ponerle un poco de luz a la oscuridad de los años 60 y a su necesidad imperiosa de reivindicarse como mujer.

En el Bar Constancia, refugio de la disidencia sexual gaditana, se enamoraron por primera vez de los soldados, marineros y legionarios que iban a buscar en las luces de neón los placeres mundanos prohibidos por la moral ultracatólica de la dictadura. “Eran muy machos, muy varoniles; no eran homosexuales”, apostilla Salvaora, como en un intento de buscar la normalidad heteronormativa, dejando caer que a ella siempre le han gustado los hombres heterosexuales, como a las mujeres de toda la vida. Petróleo, a la que expulsaron de la escuela a los 10 años porque el maestro la pilló jugando a las casitas, y Salvaora firmaron en aquel bar de luces tenues de Cádiz una hermandad de por vida. Era el año 1963 cuando se hicieron amigas inseparables, hermanas, cómplices, compañeras de tablao, dúo musical, aliadas, confidentes, camaradas de hormonas y militantes de la libertad. La democracia ni se divisaba y España todavía se sacudía sus heridas del golpe de Estado fascista que acabó con la democracia en 1936, pero ellas ya vivían por encima de la libertad de un régimen franquista que castigaba la disidencia con prisión, tortura y exilio. Petróleo y Salvaora hicieron de la irreverencia su ideología, aunque estuviera prohibido.

Salvaora, peluquera de una familia humilde de tres hermanos e hija de una madre soltera que cosía para la calle, creció sin la protección y cariño de su padre, un médico cirujano de renombre que abandonó a su madre al quedar embarazada. En una España profundamente machista y patriarcal, quien vivió señalada fue la madre de Salvaora, por ser madre soltera, y no el padre que desatendió sus responsabilidades de crianza. Petróleo, también hija de una madre soltera, nació en una familia a la que no se le podía llamar ni sencilla, porque era pobre de solemnidad. En una habitación de 30 metros cuadrados, sin baño, creció entre literas la familia de Petróleo: su madre, sus tres hermanos y un tío. La dureza económica no sería impedimento para que las familias de Petróleo y Salvaora aceptaran a sus respectivas hijas. “Éramos muy femeninitas, yo me meneaba que parecía una hamaca”, dice Petróleo, con una sonora carcajada que bien podría ir dedicada a los miopes y estúpidos que la expulsaron de todos los colegios a los que la apuntó su madre y que no supieron ver que aquel “niño mariquita”, como la llamaban, al que condenaron al analfabetismo, no podía comportarse de otra manera que como lo que era, una mujer de los pies a la cabeza. Y desde que nació.

Reinas del Carnaval
Desde aquel sábado de 1963 en el que se encontraron en el único bar de Cádiz donde se reunía la comunidad LGTB, Salvaora y Petróleo han sido inseparables: “Como hermanas”, aseguran Salvaora y sus enormes ojos azules que volvían locos a los hombres en sus años mozos. Aquel sábado en el que se encontraron les cambió la vida y también ellas cambiaron a la misma vida, haciéndola más amable, valiente, atrevida, multicolor y tierna. Por separado no podían, pero juntas hicieron una revolución sin bajas, sin tanques, sin fuerza bruta, sin heridos, sin muertos, sin partes de guerra, sin fosas comunes, sin ejército y sin armas de fuego.

Sólo necesitaron el amor, la ternura, el humor, la desobediencia y las ganas de ser libres para conquistar el derecho a su propia identidad. Antes de que tuviera lugar la efervescencia europea de Mayo del 68 y los disturbios de 1969 por la libertad sexual en el barrio neoyorquino de Stonewall, que inauguraron la lucha moderna por los derechos de las minorías sexuales, Petróleo y Salvaora ya desafiaban la normatividad presentándose a los concursos informales de reina del carnaval que se organizaban en los patios de vecinos del populoso barrio gaditano de La Viña, entre la complicidad de las vecinas que cantaban y el poderío intuitivo de la inteligencia popular andaluza.

Con que sólo un vecino hubiera llamado a la policía franquista, Salvaora y Petróleo podrían haber ido a dar con sus huesos a la cárcel como lo hicieron tantas y tantas mujeres transexuales; pero Cádiz fue, es y será siempre diferente. Jamás un vecino del barrio humilde y pescador de La Viña traicionó la libertad y se fue de la lengua a las autoridades franquistas de que, entre el gentío y la bulla popular de los patios de vecinos, se fomentaba que dos mujeres, oficialmente varones en el registro civil, se presentaran a tan ilustres certámenes que retaban, mediante la alegría, el desacato, la parodia y el bullicio, las estrecheces morales e hipocresía de un régimen que no sabía toda la potencia subversiva que tenían los trajes de volante y lunares, y las peinetas de Petróleo y Salvaora.

No es que ya nadie se chivara de que Salvaora y Petróleo andaban vestidas de mujer en la intimidad de los patios de las casas de vecinos de La Viña, el barrio carnavalero por excelencia que mira al Atlántico a través de la playa de La Caleta, es que fueron elegidas reinas del carnaval en más de una ocasión. Petróleo y Salvaora jamás han recibido un solo insulto de sus familias. Ni en los duros años de la dictadura ni en los años más blandos, si es que el fascismo español tuvo algún año blando. Ni siquiera les ha hecho falta adecuar su documento nacional de identidad al nombre social con el que se las conoce porque, en una sociedad tan comunitaria como la gaditana, no les hace falta ningún documento oficial para hacer saber que son dos mujeres de la misma robustez que la piedra ostionera con la que están construidas las casas humildes y sencillas del barrio, donde aprendieron a ser mujeres y a cantar y bailar de la mano de los gitanos gaditanos. “A nosotras nos enseñaron a bailar y cantar los gitanos de La Viña”, dice ufana Salvaora.

El único episodio negativo que dicen recordar le ocurrió a Petróleo en unos carnavales. Hubo muchos más episodios negativos, seguro, pero ellas han decidido sólo contar lo bueno y teatralizar su vida para sobrevivir. Petróleo iba vestida de mujer por la calle, con su meneo de cintura de hamaca, cuando un guardia civil la detuvo y la llevó a comisaría: “Me dijo que no volviera a vestirme de mujer, pero me dejó salir con la misma ropa con la que entré”, narra con una risa desternillante. “¿Sería carajote el gachón?”, prosigue Petróleo, quien en realidad, al igual que Salvaora, a pesar de su desenfado y sentido del humor, ha sufrido no poder ser ella misma hasta que murió el dictador. “Con el tito Paco vivo sólo nos vestíamos de mujer por la noche, para ir a trabajar a los espectáculos, pero cuando murió el feo ese nos vestíamos de mujer hasta para ir a comprar el pan”, señala Salvaora, quien, con su inseparable Petróleo, iba a las obras del puerto de Cádiz a buscar ladrillos para romperlos y maquillarse con el polvo rojizo que salí al estrellarlos contra el suelo. Y las uñas, como no podían comprarlas postizas, se las ponían con chicles estirados como si fuera plastilina. “Y quedábamos bien guapas, pisha”, dice Petróleo, ‘meá’ de la risa.

Así, pintadas con el rojo de los ladrillos y con las uñas postizas de chicle, se contoneaban delante de los soldados, legionarios y marineros que paraban en el Bar Constancia, donde la luz baja les dejaba ser las mujeres que la dictadura no les permitía ser en la calle. “Yo en el franquismo vivía muy bien”, dice Petróleo delante de su hermana Encarnación, quien la corrige: “¿Cómo ibas a vivir bien si te robaron lo más preciado que tiene el ser humano, la libertad?”, le grita desde la otra punta del salón. Petróleo se queda pensativa, al borde de la tristeza, pero no se entretiene en esa búsqueda en el sufrimiento que le está recordando su hermana, con la que vive en un modesto piso del barrio de La Viña por el que pagan 137 euros de alquiler. Demelza, sobrina de Petróleo, confirma que su tía nunca ha contado lo malo que ha vivido: “Es como si no quisiera recordar para no sufrir”, reconoce.

Embajadoras de Andalucía
La vida de Petróleo y Salvaora cambia radicalmente en el año 1977, en plena Transición, después de muchos años de cantar y bailar en salas de fiestas de provincias por cuatro perras gordas. Ya se han empezado a poner sus primeras hormonas, recetadas por un médico amigo que fue el cómplice de ambas en su camino hacia la conquista de la propia identidad. Viven como mujeres y sus nombres cada vez son más conocidos en los circuitos artísticos. Son respetadas, valoradas y las caderas se les van ensanchando y los pechos creciendo, como resultado de las hormonas que están transformando sus cuerpos en los de las mujeres que siempre quisieron ser, que son. Manuel Portela, representante de artistas gaditanos, una institución en el sector, les propone montar un cuadro flamenco. Nacen así Las Folclóricas Gaditanas, formado exclusivamente por mujeres transexuales y dos guitarristas gitanos. Una revolución de la que se hicieron eco todos los medios de comunicación gaditanos y de las ciudades a las que iban a actuar.

"Llenábamos todas las salas donde íbamos, éramos un escándalo”, afirma orgullosa Salvaora. Por cada noche de actuación ganaban 5.000 pesetas, una auténtica burrada en aquellos años en los que el sueldo mínimo profesional era de 13.200 pesetas. Tal fue el éxito que Salvaora cerró su peluquería, oficio que había estado compaginando hasta el momento con las actuaciones de poca monta que les iban saliendo por las salas de fiesta de la provincia.

Con Las Folclóricas Gaditanas estuvieron en Madrid, País Vasco, Cataluña, Valencia, Extremadura y en todas las provincias andaluzas. A diferencia de otras artistas transexuales, que imitaban y cantaban en playback, Petróleo y Salvaora lo hacían a viva voz con canciones de Lola Flores, Marifé de Triana, Juanita Reina y todas las grandes de la copla andaluza. “Ponlo ahí, ponlo, pon que nosotras cantábamos con esto”, me sugiere Salvaora, llevándose la palma de su mano a la garganta.

Ganan mucho dinero, muchísimo, y son admiradas y aplaudidas allí donde van. Salvaora se administra mejor y se compra algunas propiedades, Petróleo se lo va gastando tal como lo va ganando. “Yo era más loca que la Salvaora”, dice, sin parar de morirse de la risa. Salvaora hoy vive holgada, Petróleo se las ve y se las desea para llegar a fin de mes con la pensión mínima que recibe.

Lejos de arrepentirse, Petróleo se muestra orgullosa de la administración que ha hecho del dinero que ganó: “A mi familia no le faltaba de nada, que habíamos pasado muchas calamidades”, espeta en el salón de casa, entre el ruido de los platos y vasos de la comida que está recogiendo su hermana. En 1978 estamos ya en democracia o, mejor dicho, en los primeros años de la entrada a una democracia en la que la ultraderecha seguía agrediendo a mujeres transexuales por la calle y estas seguían siendo expulsadas de casa y de los colegios por no adaptarse a la normatividad imperante. La democracia había llegado, pero el único trabajo posible para las mujeres transexuales era el espectáculo o la prostitución.

El éxito artístico de Petróleo y Salvaora con el cuadro flamenco Las Folclóricas Gaditanas eleva sus vuelos. En el año 1986 firman un contrato de auténticas estrellas de la copla que las lleva a estar más de dos años en Miami. De cobrar 5.000 pesetas pasan a cobrar 12.000 por cada noche de actuación en Estados Unidos. Lo que ganaba un peón de albañil en un mes, 20.800 pesetas, ellas lo ganaban en dos noches. En una semana, Petróleo y Salvaora ganan más de lo que ingresaba por su salario un directivo de banca en un mes. Actúan todas las noches en una sala de fiestas a la que acude la colonia cubana exiliada de Fidel Castro, que quedan embobados con el arte de las gaditanas. Ambas se enamoran de un cubano, cada una del suyo, con quienes viven el amor de una manera normalizada como no lo habían podido hacer en España. Sin embargo, el amor no las ciega. Salvaora y Petróleo dejan a los novios cuando se acaba el contrato y regresan a Andalucía. El amor por su Cádiz era más fuerte que el amor cubano. La noche más memorable de todas las que pasaron en Miami fue la que acudió a verlas la mismísima Lola Flores, que andaba de gira por Estados Unidos y le habían hablado de dos gaditanas que llenaban día sí y día también la sala de fiestas. La jerezana universal se quedó tan maravillada de Salvaora y Petróleo que se acercó a los camerinos a saludarlas al terminar la función.

Allí nació una amistad que se fortificó al día siguiente en el hotel donde estaba hospedada Lola Flores, con un puchero de dimensiones astronómicas de berza gitana, un potaje típico de Cádiz que revive a los muertos, que cocinó Petróleo y para el que buscaron todos los avíos por los supermercados de Miami. Petróleo pasó toda la noche cocinando el potaje en su casa y lo llevó en un coche al día siguiente al hotel en el que se hospedaba la Faraona. Allí, en la habitación de Lola Flores, se jartaron de berza gitana, cantaron, bailaron y hablaron de Andalucía. Los ardores del potaje les duraron una semana. “Qué ardentías tuve, pisha”, rememora Petróleo.

Peinetas revolucionarias
Mientras el franquismo había usado la cultura popular andaluza para convertirla en la identidad oficial del régimen –consiguiendo con ello que los antifranquistas la odiaran porque la relacionaban directamente con el dictador–, Petróleo y Salvaora la usaron para darle un nuevo significado. Se valieron de la cultura popular andaluza, y de sus símbolos, para luchar a su manera contra el franquismo, resignificando las peinetas, los trajes de gitana, los abanicos y los lunares; de una brutal inteligencia intuitiva que no se ha estudiado lo suficiente en las facultades de Antropología.

Que el franquismo fue derrotado, y que Petróleo y Salvaora han ganado y conquistado la libertad, y el respeto y el cariño de todos los que las conocen, quedó plasmado en un pleno extraordinario convocado por el alcalde de Cádiz, José María González ‘Kichi’, en junio de 2016, para homenajear y dignificar a estas dos mujeres que tanto han luchado para poder ser quienes son. “Fue una de las cosas más bonitas que me han hecho en la vida”, dice Petróleo sobre el acto de justicia poética que toda la ciudad, a través de su alcalde, aplaudió y les dijo que su lucha por la libertad sí había servido, que su valentía había abierto las puertas para las nuevas generaciones, que su ciudad estaba en deuda con ellas y que hoy somos un país más libre gracias a su arrojo y su militancia cotidiana en la causa de la libertad.

La prueba de que las vidas de Salvaora y Petróleo han merecido ser vividas es andar con ellas por las calles de Cádiz, preguntar a sus vecinos y no encontrar a nadie que hable mal de ellas. Nadie es nadie. A sus 73 y 67 años, respectivamente, Petróleo y Salvaora no tienen intención de someterse a un proceso en el que las tratan como enfermas psiquiátricas para modificar sus documentos nacionales de identidad en virtud de la ley registral de 2007, que fue un avance en su momento, pero que hoy patologiza las identidades trans al obligar a estas personas a mostrar un informe psiquiátrico alegando que no están locas para poder modificar su nombre en el registro civil. Quizá la intención de la ley fue buena, pero el resultado es que ha postergado la discriminación contra las personas transexuales porque no las hace dueñas de su destino, sino que es un psicólogo o un psiquiatra quien tutela y les dice si son mujeres o no. Salvaora y Petróleo no necesitan cambiarse el nombre del DNI porque viven en una ciudad de dimensiones humanas, donde son toda una institución. Pocos gaditanos y gaditanas pueden presumir de haber sido carne de letra de carnaval desde el cariño y el respeto. Ellas dos lo han sido muchas veces, siempre como banderas de libertad y valentía.

Si nacieran ahora, ambas aseguran que volverían a recorrer el mismo camino que han andado y a las dos les gustaría nacer en los mismos cuerpos en los que nacieron. O bueno, igual, igual, tampoco: “Yo me operaría, me pondría más exótica”, se explica Petróleo con una ternura que dan ganas de abrazarla y no soltarla. Salvaora y Petróleo son dos mujeres muy sencillas, pero han conseguido abrir las puertas de la libertad para ellas y para todas las generaciones que vengan detrás. Salvaora y Petróleo son dos revolucionarias de la normalidad, de los afectos, del amor, de la libertad, de la camaradería, de la guasa gaditana y de la inteligencia intuitiva de las clases populares andaluzas, que no necesitan libros de instrucciones ni discursos elaborados para conquistar la libertad. Volverían a hacer dos, tres y hasta cuatro transiciones si al final del camino el premio es el reconocimiento social que han conquistado siendo ellas mismas, sin más banderas que su propia existencia.

miércoles, 30 de marzo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Raúl Solís: “No hay un debate por la 'ley trans' sino una lucha de poder por el control del movimiento feminista”

El Diario / Raúl Solís //

Raúl Solís: “No hay un debate por la 'ley trans' sino una lucha de poder por el control del movimiento feminista”.

El periodista aborda en el libro 'La batalla trans' la división en el seno del feminismo a partir del auge del movimiento en 2018, la llegada de Unidas Podemos al Ministerio de Igualdad y la negociación de la llamada 'ley trans'. “Hay un sector del viejo feminismo que está en posiciones ultraderechistas”, apunta.
Javier Ramajo | El Diario, 2022-03-30
https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/raul-solis-no-hay-debate-ley-trans-lucha-control-movimiento-feminista_128_8870149.html 

Este jueves se celebra el Día Internacional de la Visibilidad Trans. Después de que en verano el Gobierno de España aprobara la denominada 'ley trans', que contempla la autodeterminación de género entre otras muchas cuestiones, los retrasos del Poder Judicial y del Consejo Fiscal están paralizando la tramitación del anteproyecto. Aunque a nadie se le escapa la durísima pugna mantenida entre PSOE y Unidas Podemos a cuenta de la futura norma, la batalla viene de atrás y ha tenido su último botón en las dobles convocatorias para el último 8M. Raúl Solís (Mérida, 1982) ha escrito un libro que no es de feminismo ni de transexualidad sino de derechos humanos, alega. El periodista ya noveló en 'La doble transición' las biografías de ocho mujeres que, pese a tener muchos elementos en contra, como la propia ley, fueron ejemplo de superación personal y colectiva. Ahora, con 'La batalla trans' (Edicions Bellaterra) se adentra en el porqué de las diferencias dentro del feminismo patrio.

P. Qué ha originado esa lucha de partidos en torno al anteproyecto de la 'ley trans' que, en primera instancia, aprobó el Consejo de Ministros en verano?

Realmente no hay una lucha de partidos por la 'ley trans' sino una lucha por parte de un sector del viejo feminismo vinculado al PSOE. El PSOE oficialmente se ha declarado a favor de la 'ley trans', por lo tanto no es justo decir que el PSOE está en contra de la ley sino que es un sector del feminismo y feministas vinculadas al PSOE. La postura que determina la posición de los partidos es la que se apoya en sus congresos de los partidos y el PSOE, en su último congreso, apoyó la autodeterminación del género a pesar de que las feministas antitrans vinculadas al PSOE hicieron todo lo posible para que eso no fuera así.

P. ¿Cómo surge la idea de hacer este recorrido por esa “batalla trans”?

El libro nace a partir de la XVI Escuela Feminista Rosario Acuña de julio de 2019, la escuela de pensamiento más importante del feminismo institucional vinculada al PSOE que hay en España y que se celebra cada año desde 2003 en Gijón, dirigida por Amelia Valcárcel, la gran ideóloga de la reacción antitrans dentro del feminismo institucional español. Yo vi aquellos debates con gran interés y escuché que ella decía que íbamos a tener que utilizar un fresador de pollos para saber si al nacer un niño es un niño o una niña, tratando en masculino a las mujeres trans, etc. Seleccioné unos siete minutos y me di cuenta de que había una reacción antitrans muy importante dentro del Partido Socialista. En otros países, esa reacción ha venido siempre de partidos conservadores o, en algún caso, de partidos muy marginales vinculados a la izquierda. Pero en el partido que históricamente ha estado vinculado a la defensa de los derechos LGTBI, con mujeres que eran las que habían estado tomando el liderazgo en las posiciones feministas dentro del partido tuvieran una reacción anti trans, a mí me pareció muy preocupante y entonces empecé a dar la batalla de las ideas.

P. También sitúa el origen de este conflicto en el 8M de 2018, día de la primera huelga feminista convocada en España. ¿Qué pasó en aquella fecha?

El 8M de 2018, dentro del viejo feminismo, ocurrió lo mismo que le pasó a la vieja izquierda con el nacimiento del 15M. Aquel 8M fue un día histórico porque las calles se llenaron de hombres y de mujeres y el feminismo saltó de los partidos políticos y de las instituciones para hacerse popular. Fue entonces cuando sectores profesionalizados del feminismo muy vinculados al Partido Socialista, que han sido las que han estado liderando el feminismo en los institutos, en las cátedras, en las concejalías, en las unidades de igualdad, al fin y al cabo liderando las políticas de igualdad de los últimos 30 años, sienten que han venido a robarles algo que era suyo. Y ahí surge una lucha por el poder dentro del movimiento feminista que tiene su primera parada en aquella Escuela de Feminista Rosario Acuña de 2019, con una división del movimiento feminista que ya se vio, por ejemplo, en el Orgullo LGTBI en Sevilla del año anterior. El viejo feminismo ya no coincide con el feminismo que convoca a las marchas del 8M de 2018. Y el año pasado, el autollamado Movimiento Feminista de Madrid, que básicamente está compuesto por el sector antitrans, se pelea físicamente con la pancarta de las convocantes que es la organización mayoritaria de la Comisión 8M en base a que ellas dicen que son abolicionistas y el resto no.

P. Dice que la reacción a aquel 8M fue similar a la que hubo con el nacimiento del 15M. Explique un poco eso dentro del feminismo.

Lo que ha ocurrido dentro del feminismo para llegar a esta división es que hay un viejo feminismo que no ha sido capaz de digerir que ha habido una corriente de feministas más jóvenes que traen otras posturas, que ya no solamente están interesadas en la paridad, que también, sino que sobre todo están interesadas en cambiar de raíz las desigualdades que tiene la mujer. Es decir, no quieren un bizcocho partido a la mitad sino un bizcocho nuevo. La división viene de ahí, de la incapacidad de este viejo feminismo por entender el cambio que surgió el 8M de 2018. Su comportamiento, como decía, viene a ser un poco el mismo que el de la vieja izquierda con el nacimiento del 15M y que después fructificó en un partido político como Podemos. Todos nos acordamos cuando decían que dónde van a venir esos niñatos a decirnos a nosotros lo que tenemos que hacer. Es como la feminista del pueblo, que reunía cada 8M a ocho o diez personas, todas se conocían y estaban encantadas de ser las feministas del pueblo, y de pronto se sienten desplazadas porque en vez de ocho son 80 y no saben de dónde han salido las demás. Es una lucha de poder por el control del movimiento feminista. De hecho, la tesis del libro es que no hay un debate sobre la 'ley trans' sino un debate sobre el control del movimiento feminista basado en una reacción a la identidad y una reacción esencialista. Todos los movimientos, cuando se convierten en esencialistas, es porque no están defendiendo el cambio social sino los intereses propios del movimiento.

P. ¿Por qué cree que este tipo de divisiones se manifiestan normalmente en la izquierda?

Yo no diría que hay una división ni en la izquierda ni en el movimiento feminista. Si entendemos que el feminismo es un movimiento social o una ideología que no puede aceptar ningún tipo de desigualdad, podríamos afirmar que el feminismo antitrans es un movimiento reaccionario pero no es un movimiento feminista. En el momento en el que este movimiento tiene comportamientos, argumentos y, además, una alianza clara con la ultraderecha, no podemos, no podemos otorgarles que sean feministas. Ningún movimiento emancipatorio tolera ningún tipo de desigualdad. Esto es como si el movimiento obrero mañana empezara a decir que los negros no son trabajadores. Aquí pasa lo mismo.

P. ¿Qué cree que lleva a ese feminismo histórico a rechazar nuevos postulados?

La división en el seno del feminismo se da porque hay sectores del viejo feminismo que prefieren defender el chiringuito propio a defender un movimiento emancipatorio que aglutina todas las desigualdades, no solamente a las personas trans, también a los hombres. El feminismo tiene que también ser atractivo para que los hombres también se sientan llamados al movimiento feminista. No se trata de construir un país de mujeres feministas sino un país feminista, y para eso necesitamos también a hombres feministas. El feminismo se tiene que hacer cargo de por qué el 93% de los presos que hay en España son hombres. ¿Cuál es el tipo de masculinidad que respiramos los hombres que nos lleva a que seamos más violentos, a que tengamos mayores niveles de homicidios, a que contaminemos más, a que tengamos más accidentes de tráfico, a que no tengamos percepción del riesgo? Si queremos construir una sociedad igualitaria, también nos tenemos que encargar de cambiar las masculinidades, y eso se hace con un feminismo transversal, abierto y no esencialista que esté más preocupado del predicado del feminismo que del sujeto.

P. ¿Qué destacaría de la futura 'ley trans'?

El tema de la autodeterminación del género, que básicamente significa que las personas trans van a dejar de ser consideradas enfermas mentales, que van a dejar de estar tuteladas por el Estado, por un médico, por un juez o por la psiquiatría. Las personas trans van a conseguir lo que consiguieron las mujeres no transexuales cuando pudieron empezar a ser autónomas. Ahora mismo, las personas trans para ser autónomas tienen que renunciar a su propia identidad. Aunque ya hay sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional que, sin necesidad de haber tenido un proceso de medicalización durante dos años como hasta ahora obliga la ley, ya se tienen identidad acorde a lo que son, el problema es que para ello hay que hacer un pleito judicial que cuesta dinero y que no todo el mundo tiene. Otra de las hipótesis con las que trabaja el libro es que la 'ley trans' ya existe.

P. ¿Qué quiere decir que ya existe?

En Andalucía, por ejemplo, desde 2014, y no ha habido ningún problema, ni en las universidades ninguna mujer trans se ha metido en los baños de mujeres a violar a mujeres como afirma el feminismo antitrans. Ni en las cárceles, donde existe una circular desde 2006 por la que las mujeres trans ya ingresan en los módulos de mujeres y no ha pasado nada, ni han violado a ninguna mujer en los módulos. Las únicas que han dejado de ser violadas han sido las mujeres trans que eran violadas en los módulos de hombres. Las siete plagas que barrunta el feminismo antitrans se contrapone a que en España ya convivimos con 14 leyes trans y no ha pasado nada. Solamente hay infancias más felices, menos tasa de suicidios, chavales que rinden mucho mejor en sus colegios, y no pasa absolutamente nada. Al revés, lo único que han aportado esas leyes es mayor felicidad para un sector de la población que hasta entonces estaba viviendo en la oscuridad del mundo.

P. ¿Cómo considera que pueda acabar la cuestión cuando avance la tramitación de la ley? ¿Qué consecuencias tendrá en el Gobierno de coalición?

Creo que dentro del Partido Socialista tienen un debate muy grande todavía y que no tienen resuelto porque que hay sectores vinculados al feminismo asociados al PSOE que están dispuestos a todo porque están en posiciones muy beligerantes. El PSOE en este periodo ha sufrido mucho porque básicamente ha tirado al suelo la bandera LGTBI y la bandera feminista durante muchísimo tiempo. De hecho, las reacciones que hubo en contra del Partido Socialista en el Orgullo de Madrid del año pasado fueron tremendas. Nunca pude imaginar haber visto eso. El Partido Socialista era el dueño moral del Orgullo desde siempre y el año pasado no les dejaron avanzar. Creo que el Partido Socialista ha cometido un error muy grande como dejar a Carmen Calvo durante dos años lanzando mensajes en los que decía que los derechos de las personas trans ponían en cuestión la seguridad jurídica de 47 millones de españoles. Si hubiera dicho lo mismo de los negros, de los gitanos o de cualquier otro colectivo que estuviera peleando por sus derechos no hubiera durado ni diez minutos como vicepresidenta primera del Gobierno. Sin embargo, ha durado dos años y ahora es presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados donde se tiene que debatir y tramitar la 'ley trans'. Nadie asegura que Carmen Calvo no pueda retrasar la tramitación de la ley y que finalmente no se pueda aprobar porque acabe la legislatura.

P. ¿Piensa entonces que el problema lo tiene el PSOE?

El Partido Socialista tiene un problema y tiene que reaccionar. Si está posicionado a favor de la 'ley trans' como así parece tiene que dar un gran paso a favor y se tendrá que enfrentar dentro de su propio partido a los sectores reaccionarios que están vinculados al feminismo antitrans y que militan en el PSOE. Las tres grandes ideólogas del feminismo antitrans, que son Alicia Miyares, Amelia Valcárcel y Ángeles Álvarez, son militantes del PSOE y han tenido posiciones de poder: Millares ha sido asesora de María Teresa Fernández de la Vega, Valcárcel fue consejera de Cultura y está en el Consejo de Estado, y Álvarez ha sido diputada hasta 2018. Es innegable que una reacción antitrans nace dentro de las filas del Partido Socialista. Es verdad que lo ha resuelto, pero ahora tienen ellos que gestionar lo que hay dentro. Estas señoras han creado un partido político, Feministas al Congreso (FAC), que podrían ser perfectamente “Feministas anti trans al Congreso”.

P. ¿Y qué futuro le augura a ese partido?

No se sabe. Ahora mismo es un partido marginal que no tiene ninguna visibilidad pero no sabemos. De todas formas, este movimiento es muy minoritario y eso hemos visto en las manifestaciones. En Madrid había 100.000 personas en la marcha feminista y en la reacción antitrans había 5.000 o 6.000. Tienen muchísima fuerza y muchísimo impacto en las redes sociales, y en los medios de comunicación también porque estas feministas antitrans están muy bien posicionadas porque han estado en los espacios de poder de los últimos 40 años. Al otro lado están las personas trans, que están muy invisibilizadas, que son muy pocas y que además vienen de una situación de mucha desventaja a nivel social. Yo siempre pregunto a cuántas camareras conoces que sean trans, a cuántas cajeras de supermercado, a cuántas catedrática, a cuántas dependientas, a cuántas periodistas que no hagan farándula. No conocemos a casi nadie. Es un colectivo muy pequeño que aglutina aproximadamente al 0,1% de la población, unas 50.000 personas en España, y la mitad en exclusión social según algunos estudios. Es un colectivo muy minoritario y muy fácil de estigmatizar.

P. ¿Quiere decir que al final la polémica y la posibilidad de que no salga adelante la 'ley trans' lo paga otra vez un sector minoritario?

Yo estoy convencido de que si esta ley en lugar de haberla hecho el Ministerio de Igualdad de Irene Montero en un gobierno de coalición la hubiera hecho un gobierno de partido único del Partido Socialista no hubiera habido ningún tipo de polémica. De hecho, muchas de estas feministas antitrans han sido las que han aprobado hasta 14 leyes en los parlamentos autonómicos. La ley andaluza salió adelante porque estaba el Partido Socialista e Izquierda Unida, y el PSOE la apoyó muchísimo. En Cantabria, por ejemplo, Unidas Podemos no tiene representación en el Parlamento y ha salido adelante su 'ley trans' con autodeterminación del género. Así podría decir en todos los parlamentos autonómicos. La pregunta es por qué cuando la ley trans se aprueba en los parlamentos autonómicos donde se contempla la autodeterminación de género no se borra las mujeres y por qué cuando la 'ley trans' la aprueba el Ministerio de Igualdad en el que está Unidas Podemos se monta esta polémica.

¿Estamos defendiendo el feminismo, los intereses de partido, los intereses propios de un sector viejo del feminismo que se ha visto arrumbado de las políticas de igualdad por primera vez en 40 años? Es más, antes de que se firmara el acuerdo de coalición, un montón feministas como Laura Freixas, Ángeles Álvarez, Alicia Villares, Amelia Valcárcel, Rosa Magda, Rosa Peris y muchas otras vinculadas al PSOE escribieron manifiestos a Pedro Sánchez para que no cediera el Ministerio de Igualdad. Es más, en las negociaciones del acuerdo de coalición de agosto de 2019, cuando fracasó aquel primer intento, Carmen Calvo no ofreció a Unidas Podemos el Ministerio de Igualdad, y eso lo cuenta José Luis Monrosi en un libro sobre cómo fueron las negociaciones internas del pacto de coalición. Es decir, el Ministerio de Igualdad para el viejo feminismo vinculado al PSOE ha sido muy importante porque ahí es donde gestionaban el poder institucional y el movimiento social. Eso se les ha roto y ahí hay una pugna política muy grande por eso.

P. ¿Soluciones a esta cuestión o el 8M del año que viene también prevé que haya manifestaciones separadas?

No creo que sea tan importante que sea juntos o separados sino que las causas unan. No se trata de que haya un feminismo separado sino de que que hay un sector del viejo feminismo que se ha posicionado en contra de los derechos humanos de un colectivo de la población. No es que haya división, es que hay un sector del viejo feminismo que está en posiciones ultraderechistas y que tendrá que decidir qué quiere ser de mayor, porque a la vista está de la realidad de que no llevan razón. Una encuesta publicada por Metroscopia decía que el 75% de la población estaba a favor de la 'ley trans, y el sector que más a favor es precisamente el de las mujeres. Estamos hablando de un movimiento que está muy hormonado en las redes sociales pero que, en la calle, la gente lo tiene más que asumido.

domingo, 20 de marzo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Raúl Solís: “El PSOE, en su batalla contra la Ley Trans, le ha prendido fuego a la bandera LGTBI”

Diario de Cádiz / Raúl Solís con su batalla trans //

Raúl Solís: “El PSOE, en su batalla contra la Ley Trans, le ha prendido fuego a la bandera LGTBI”.

Con ‘La batalla trans’ el autor elabora una crónica sobre el posicionamiento antitrans dentro del movimiento feminista “institucionalizado” como reacción al estallido de “un feminismo popular”.
Tamara García | Diario de Cádiz, 2022-03-20
https://www.diariodecadiz.es/ocio/Raul-Solis-PSOE-batalla-Ley-trans-LGTBI_0_1666335569.html 

Si ya Raúl Solís (Mérida, 1982) nos acercaba la historia de las mujeres transexuales en España con una mirada tan combativa como cercana en 'La doble transición', el periodista y escritor se preocupa ahora por el presente y futuro de estas personas, "por los derechos humanos", dice, en 'La batalla trans', un libro donde analiza el origen del posicionamiento antitrans dentro del movimiento feminista "institucionalizado" como reacción, teoriza, al estallido del "feminismo popular" que surgió del 8M de 2018.

–¿Qué le mueve a escribir ‘La batalla trans’?

–Pues escribo este libro porque yo era seguidor de muchas de estas feministas que ahora están en el lado antitrans. De hecho, casi todos los años seguía vía 'streaming' las jornadas de la escuela feminista Rosario Acuña, que es la escuela pensamiento más importante que había vinculada al feminismo institucional, muy vinculado al PSOE. En 2019 la temática estaba totalmente versada en la Ley Trans y ahí fue cuando Amelia Valcárcel llegó a decir lo de vamos a tener que utilizar un fresador de pollos para saber cuál es el sexo del niño al nacer, entre otras barbaridades que se escucharon. Y yo lo vi, edité el vídeo, lo subí a redes sociales, y se hizo viral. En ese momento pensé que había que dar la batalla de las ideas porque hasta entonces los posicionamientos antitrans dentro del feminismo habían sido muy minoritarios y muy vinculadas sobre todo al partido feminista de Lidia Falcón, un partido muy marginal, pero el problema que ahora de verdad se plantea es que este posicionamiento, vinculado con argumentos de la ultraderecha, viene de mujeres que están en el espacio del partido socialista, ahí se me enciende la alarma porque esto me parece muy grave.

–De hecho, en su libro maneja la tesis de que no hablamos de una discusión jurídica sobre la Ley Trans sino de una lucha de poder entre partidos políticos.
–Mira, la Ley Trans ha sido usada como pelota de ping pong por el feminismo vinculado al PSOE en la lucha por el control del movimiento feminista. Si las feministas vinculadas al PSOE hubieran tenido algún problema con la Ley Trans no hubieran aprobado la ley de 2014 en Andalucía, ni la de Cantabria del año pasado, donde Unidas Podemos no tiene ni representación, no hubieran aprobado la valenciana, ni ninguna de las 14 leyes que se han aprobado en los parlamentos autonómicos que ya contemplan la autodeterminación del género y donde ellas han sido parte importante en sacar adelante estas leyes. Es más, Ángeles Álvarez, que es una de las ideólogas de la batalla contra la Ley Trans, en 2017 registra y apoya la reforma de la Ley de 2007 presentada por el PSOE que ya hablaba de la autodeterminación del género.

–Pero, entonces, ¿contra quién es la lucha por ese control del feminismo?

–El 8M de 2018 el feminismo se hace popular, es lo que yo llamo en el libro el 15M del feminismo. El feminismo sale de lo partidos políticos y salta por encima de las instituciones. Entonces a las feministas profesionalizadas que llevaban 40 años viviendo del feminismo, y que han sido las que han dirigido las políticas de igualdad desde las unidades de género de los ayuntamientos, las técnicas, las diputadas, las catedráticas, el grueso del feminismo profesionalizado, pues considera que el 8M viene como a echarlas. Como cuando explotó el 15M, que la gente del PSOE y también de Izquierda Unida tuvieron un ataque de cuernos pensando que todos aquellos chavales venían a desplazarlos a ellos y hubo una reacción muy identitaria en clave partidista. Pues ahora pasa algo similar, que esa feminista en vez de alegrarse por que hay más mujeres luchando por la igualdad, se enfada porque deja de ser la única. Y ese feminismo del 8M viene con una agenda diferente que no sólo habla de paridad.

–¿Esta división ocurre en otros países?
–A nivel internacional, no ha habido mucha división. En Reino Unido sí ha habido una reacción antitrans dentro del feminismo pero en un sector muy minoritario. Como te decía el problema es en España cuando la reacción antitrans la lidera el partido principal del espacio progresista y tenemos a mujeres como Carmen Calvo, que era vicepresidenta del Gobierno, diciendo que la Ley Trans pone en cuestión la seguridad jurídica de 47 millones de españoles. Y eso para llevarse las manos a la cabeza.

–¿No cree que se pone en peligro la Ley de Violencia de Género?
–Primero, las leyes no se aplican al género sino al número de DNI. De todas formas el artículo número 14 de la Ley contempla que aunque haya un hombre que transicione hacia mujer y anteriormente haya cometido un delito de violencia de género va a ser juzgado por su identidad anterior. Así que es un bulo más.

–¿Y la cuestión de presupuesto, subvenciones?
–Eso es dar por hecho que las mujeres son unas privilegiadas y yo no creo precisamente que nadie se vaya a hacer mujer porque considere que las mujeres viven en una liga de privilegio. Entonces, estaríamos admitiendo el argumento de la ultraderecha. De hecho, pienso que el privilegio lo tienen los hombres y, curiosamente, cuando hablamos de este tema nunca hablamos de los hombres trans, que parece que no existen. En este sentido, el feminismo antitrans tendría que mirarse su misoginia porque a lo que ataca es a las mujeres trans porque lo que les molesta es la representación de la feminidad no de la masculinidad.

–Mencionaba la ley andaluza, ¿la estatal se parece mucho?
–Se parecen mucho aunque, evidentemente, la estatal es más amplia porque el Estado tiene competencias en el registro civil. Pero en cuestión de autodeterminación de género es lo mismo. Las personas trans en Andalucía en los institutos, en sus centros de salud y en las cárceles ya son tratadas por lo que son no por el sexo asignado al nacer. Y no ha habido ningún tipo de problema. Así que parece que el PSOE lo que no puede permitir es que otro partido político le quite la bandera del feminismo y la bandera LGTBI porque ya sabemos que el PSOE se alimenta de banderas culturales porque en lo económico es indistinguible con la derecha.

–¿Cómo vivió la comunidad LGTBI ese primer posicionamiento del PSOE con la Ley Trans?
–Pues el pasado año, por primera vez en la historia, el partido socialista fue bloqueado en el Orgullo en Madrid y no pudo acabar la manifestación. Eso no había pasado en la vida. El PSOE era el dueño moral del Orgullo LGTBI en Madrid y en todas las provincias. Más evidente que ese gesto... El PSOE, con la batalla contra la Ley Trans, ha perdido la bandera del feminismo y le ha prendido fuego a la bandera LGTBI

–¿Qué van a conseguir las personas trans con esta ley?
–Pues van a dejar de ser tuteladas por el Estado, por la medicina y por la judicatura. Y lo más importante de las leyes no es lo que las personas consigan como derechos materiales sino la lectura que se lanza a la sociedad que en este caso es que son todos los cuerpos son dignos y todas las vidas tienen derecho a existir, estamos hablando de un colectivo que procede de la marginalidad más absoluta y que han estado viviendo en la oscuridad del mundo sin que a nadie le importara nada y, casualmente ahora que van a tener derechos, hay quien dice que las hormonas las van a poner en peligro, ¿y cuando las conseguían de estraperlo a nadie les preocupaba? ¡Qué curioso!

sábado, 12 de marzo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Raúl Solís, autor de 'La batalla trans': "Por primera vez las personas trans van a dejar de estar tuteladas"

Público / Raúl Solís //

Raúl Solís, autor de 'La batalla trans': "Por primera vez las personas trans van a dejar de estar tuteladas".

El periodista publica con Bellaterra Edicions una trabajada y documentada crónica sobre el "acalorado" debate que se produjo a cuenta de la conocida como Ley Trans que está en tramitación en las Cortes y que causó división en el movimiento feminista.
Raúl Bocanegra | Público, 2022-03-12
https://www.publico.es/politica/raul-solis-autor-batalla-trans-primera-vez-personas-trans-dejar-tuteladas.html 

‘La batalla trans’ (Bellaterra Edicions) es una trabajada y documentada crónica, redactada en estilo ágil y fresco, sobre el "acalorado" debate que se produjo a cuenta de la conocida como Ley Trans que está en tramitación en las Cortes y que produjo una profunda división en el movimiento feminista, cuyos ecos han llegado hasta este pasado 8-M. Es el segundo libro, después de ‘La doble transición’ (Libros.com), en el que el periodista Raúl Solís, aborda la temática trans.

Solís, que se toma un café con Público en un bar de Triana en Sevilla –un ejemplar de su libro sobre la mesa– es un firme defensor de la ley, que eliminará, cuando se apruebe, mediante la libre autodeterminación de género, los requisitos médicos y burocráticos para reconocer los derechos de las personas trans. Solís cree que debe ampliarse su protección, por ejemplo, al terreno laboral, con con un cupo para facilitar el empleo público de las personas trans.

Afirma Solís: "Las personas trans, que son unas 50.000 en España, una minoría, son tratadas de partida como enfermas mentales. Necesitan un informe de médico o psiquiatra que les diga que no están enfermas o un proceso de hormonación durante dos años. Con la ley trans las hormonas van a ser optativas, una persona no va a tener que mutilar su cuerpo para poder ser lo que ya es. Lo importante de la ley es que las personas trans por primera vez van a dejar de estar tuteladas por el Estado, la religión o sus propias familias, hasta ahora han estado tutelaras siempre. Ellas saben quiénes son, no hace falta que les digamos quiénes son".

"Las personas trans –agrega el autor– están en exclusión laboral, no pueden entrar en el mundo laboral, muchas de ellas solo tienen como salIda la prostitución y para las personas mayores, las que tienen 60 años o más, el denominador común es la pobreza: muchas vienen de haber estado trabajando en el espectáculo o la prostitución y no han podido cotizar. La ley no contempla pensiones, sí contempla esa realidad, una gran parte vive situaciones de precariedad muy grande, pero también debería considerar un cupo trans para el acceso al empleo público".

La hipótesis con la que Solís trabaja su crónica es que el debate que ha tenido lugar dentro del feminismo y la reacción "antitrans" no obedece realmente a una discusión sobre la ley, sino que esconde "una reacción a la pérdida de la hegemonía dentro del feminismo por unas determinadas mujeres, en la órbita del PSOE" y que "todo el entramado de ese sector del feminismo ha usado la ley trans como pelota de ping-pong". "De hecho –argumenta Solís–, ahora que la ley trans va camino de aprobarse y han decidido calmar el tema, han sacado el tema de la abolición de la prostitución con el que han seguido dividiendo otro poquito más el feminismo".

Las esencias
"Es una lucha por las esencias. Es como cuando en el 15M nació y el típico comunista del pueblo decía: ¿dónde van estos niñatos? Nosotros llevamos toda la vida luchando. Pues esto es lo mismo, la feminista del pueblo ha dejado de ser la única feminista del pueblo y en lugar de alegrarse porque hay más mujeres luchando por la igualdad, se ha enfadado porque ha dejado de ser la única".

Así lo narra Solís: "Ocurrió en la escuela Rosario Acuña de Gijón, que es la escuela de feminismo vinculada al PSOE más importante, es el ‘think tank’. En esa escuela se decidía por dónde iba a ir la agenda institucional del movimiento feminista y en unas jornadas en julio de 2019 que organiza Amelia Valcárcel, la gran ideóloga de este movimiento, la filósofa feminista más importante que ha dado España junto con Celia Amorós en los últimos 40 años, se empieza a decir que las leyes trans borran jurídicamente a las mujeres. Esta era la agenda del movimiento vinculado al PSOE: cuando digo vinculado al PSOE no digo que es del PSOE, digo que son mujeres que están en la órbita del PSOE; el PSOE como partido político ahora está apoyando la ley trans. Curiosamente han sido las mismas mujeres que desde 2014 han estado apoyando en todos los parlamentos las leyes autonómicas: hasta 14 hay ahora mismo". Más allá de la discusión teórica y de sus consecuencias, Solís expresa también una preocupación por el uso que de esta polémica hace la ultraderecha. Algunas de estas intelectuales de referencia han sido utilizas "como fuente de autoridad" por Hazte Oir, y en tuits de algunos dirigentes de Vox, afirma Solís.

Feminismo popular
El autor analiza también el surgimiento del movimiento feminista que hoy conocemos: "El 8M de 2018 surge el 15M del feminismo. Nace un feminismo popular que no ha leído a Simone de Beauvoir, que han visto vídeos de YouTube. Son chavalas que viven el feminismo de un modo intuitivo, casi telúrico. Ellas son conscientes de que viven peor que el resto de sus compañeros: estas mujeres salen a la calle, es un feminismo que saca a las trabajadoras del campo, a las trabajadoras domésticas, a las altas ejecutivas también. Hay una amalgama y el feminismo deja de ser solo de las académicas y se deja de ocupar de la paridad del Íbex 35 y de los partidos políticos que es a lo que se había estado dedicando hasta hace nada: la paridad por arriba y por abajo patriarcado".

"El feminismo se empieza –prosigue– a interesar por las camareras de piso, por los temas materiales, por las violencias callejeras, pone en la agenda política las preocupaciones de las nuevas generaciones de mujeres. Son mujeres que además viven en un contexto económico de máxima precariedad. Una chica con 30 años además de sufrir violencia machista, sufre también la incapacidad de poder desarrollar un modelo de vida. Y en ese totum revolutum esas mujeres que yo llamo antitrans, en lugar de alistarse con el feminismo popular que es hegemónico y que llena las calles un año tras otro, se ponen en plan pepito grillo y empiezan a buscar motivos de diferenciación en busca de quién es la verdadera feminismo, un movimiento esencialista que trata de buscar el sujeto del feminismo".

domingo, 6 de marzo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Raúl Solís: «El feminismo antitrans bebe de la ultraderecha»

The Objective / Raúl Solís con su 'batalla trans' //
 

Raúl Solís: «El feminismo antitrans bebe de la ultraderecha».

El periodista extremeño acusa al feminismo clásico de representar a una élite y de iniciar una batalla contra la ley trans para no perder la hegemonía del movimiento.
Fran Serrato | The Objective, 2022-03-06
https://theobjective.com/espana/2022-03-06/feminismo-antitrans-argumentos-ultraderecha/ 

El feminismo no oculta su división. Las facciones se acusan mutuamente de romper el movimiento. Irán separadas a las marchas convocadas el 8 de marzo porque las diferencias son insalvables. Especialmente, respecto a la futura ley trans, propuesta por la ministra de Igualdad, Irene Montero. Sus detractoras la acusan de reforzar estereotipos tradicionales y del borrado de las mujeres. «El feminismo antitrans bebe de la ultraderecha. Solo defiende a una élite», crítica el periodista Raúl Solís. Acaba de publicar 'La batalla trans', un libro que «habla de derechos humanos».

Es la segunda publicación de Solís (Mérida, 1982). En su debut editorial, 'La doble transición', narró la vida de ocho mujeres transexuales a partir de sus experiencias vitales. En esa obra aborda la heroicidad de «un colectivo perseguido durante la dictadura y olvidado en la democracia». Una tesis a la que regresa en su último libro: «Cuando los presos políticos del franquismo salieron de la cárcel en 1977, las personas trans tuvieron que esperar hasta 1979».

Feminismo como caballo de Troya
En 'La batalla trans', Solís denuncia que este colectivo sea el último en conseguir sus derechos. Se los niega parte del feminismo, que «ha hecho de lo biológico, de la genitalidad con la que el patriarcado cosifica a las mujeres, su categoría analítica». El Consejo de Ministros aprobó el 29 de junio un anteproyecto de ley basado en la autodeterminación del sexo registral. Esto significa que cualquier personas podrá cambiar de sexo sin necesidad de informes psiquiátricos o jurídicos. Bastará con la voluntad.

Para entrar en vigor, el texto debe pasar por las Cortes. El encargado de enviarlo es el Ejecutivo, que está esperando los pertinentes dictámenes de los órganos consultivos del Consejo General del Poder Judicial y el Consejo de Estado. Las organizaciones trans se quejan del retraso en su tramitación y apremian a acelerar los plazos para que se apruebe en esta legislatura por «la amenaza de la ultraderecha». Se trata de uno de los compromisos que adquirieron PSOE y Unidas Podemos en su acuerdo de coalición.

Algunas feministas afirman que la autodeterminación de género crea inseguridad jurídica y contradice los derechos constitucionales de las mujeres. «Hay un feminismo reaccionario que se ha voxificado. Es autoritario y, en lugar de hablar de igualdad, habla de guerra de sexos», sostiene Solís. En su opinión, estas feministas quieren sustituir el género, «una construcción cultural que crea desigualdad y se puede combatir», por la biología, «que no puede modificarse».

«Muchas creen que, con la ley trans, estas personas van a entrar en los baños para violar a las mujeres, van a copar las disciplinas deportivas o se va a borrar social y jurídicamente a las mujeres», reconoce el periodista extremeño. Solís afirma que «son las mismas que dicen que las personas trans son hombres vestidos como mujeres». Y denuncia: «Muchas de estas feministas antitrans son mencionadas por Vox en la tribuna del Congreso. Se retroalimentan».

Reacción antitrans
Solís considera que algunos sectores del feminismo tienen miedo a perder la hegemonía del movimiento. Sus privilegios. «La reacción antitrans no es más que la respuesta al empuje del feminismo popular que estalló en las calles españolas el 8 de marzo de 2018 y que jubiló a un feminismo institucionalizado muy preocupado por los techos de cristal e impasible a las necesidades de las mujeres que recogen esos cristales rotos», advierte en las páginas del libro. Arremete contra ellas por usar «las mismas técnicas que el patriarcado».

El periodista considera que la batalla emana del feminismo vinculado al PSOE, que ve cómo se desmorona su control sobre el movimiento. «El feminismo tiene muchas servidumbres. Hay personas que llevan 40 años viviendo de él. Son feministas profesionales que hacían feminismo para una élite», se sincera Solís a The Objective. En caso contrario, insiste el autor, «habrían luchado contra la situación que viven las cajeras de los supermercados, las trabajadoras de la dependencia o las camareras de piso».

La necesidad de escribir un libro surge en el verano de 2019, cuando su autor advierte que, en la Escuela Feminista Rosario Acuña de Gijón, uno de los principales ‘think tank’ del movimiento, plantean que la nueva agenda feminista debe ir contra la ley trans. En esas ponencias participan feministas vinculadas al PSOE, como Amelia Varcárcel, Alicia Millán o Ángeles Álvarez, a quien Solís atribuye el término borrado de las mujeres, que vincula la eliminación de sus derechos con la aprobación de la ley trans.

«La ley trans ya existe en 14 comunidades autónomas, pero un menor solo puede cambiar de identidad si acude a los juzgados y pleitea. Para eso hace falta dinero», se queja Solís. Es una de las cuestiones por las que considera tan importante aprobar la nueva norma. En caso contrario, el periodista advierte de que se condena a las personas trans a seguir en las catacumbas, ya que viven en «la más absoluta marginalidad». Y sentencia «Son las parias de las parias y ha llegado la hora de la luz».

jueves, 24 de febrero de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia #terf | Raúl Solís: «El feminismo antitrans defiende solo a cierta élite de mujeres»

Diario Córdoba / Raúl Solís //

Raúl Solís · Periodista y autor del libro 'La batalla trans': «El feminismo antitrans defiende solo a cierta élite de mujeres».

“Alimentar la guerra de sexos solo es útil para quienes viven del feminismo», defiende.
Araceli R. Arjona | Diario Córdoba, 2022-02-24
https://www.diariocordoba.com/cordoba-ciudad/2022/02/24/feminismo-antitrans-defiende-elite-mujeres-63078637.html 

Raúl Solís es licenciado en Periodismo y especializado en asuntos europeos, comunicación política y temas sociales, trabaja actualmente como asesor de la diputada de Unidas Podemos Martina Velarde. Autor de ‘La doble transición’, ayer presentó en Córdoba su último libro titulado ‘La batalla trans’, donde analiza cómo se gesta el rechazo de una parte del feminismo a la ley trans, combate los argumentos antitrans y defiende una nueva ola de feminismo.

¿Cómo y cuándo surge este libro?
Surge en julio del 2019, cuando vi que en la Escuela Feminista Rosario Acuña de Gijón, la escuela de pensamiento más importante del feminismo institucional, donde participan destacadas feministas vinculadas al PSOE como Amelia Valcárcel, Alicia Millán o Ángeles Álvarez, se planteaba que la nueva agenda feminista tenía que ir en contra de la ley trans. A raíz de eso, surge un vídeo que se hace viral donde se dice que las mujeres trans son hombres y otras barbaridades. En ese momento, después de años siguiendo a estas mujeres como ejemplo del feminismo de la igualdad, me di cuenta de que se estaba produciendo un giro basado en argumentos de la ultraderecha y decidí que había que dar la batalla ideológica a favor de la ley. Por eso escribí este libro.

¿Qué argumentario combate su libro?
En ese congreso, ellas teorizaron y dijeron que el género no es el sexo y por tanto, no se puede legislar bajo la identidad de género, cuando la ley del 2004 se llama de violencia de género y no de violencia sexual. Además, empiezan a decir que las mujeres, para ser mujeres, tienen que tener vagina y ser básicamente una mujer normativa, algo que va en contra del feminismo.

¿A qué cree que se debe ese giro?
Lo primero es decir que hablamos solo de un sector minoritario del feminismo, de mujeres de una edad muy concreta que han estado en los últimos 40 años gestionando las políticas de igualdad, muy vinculadas al PSOE. En mi opinión, lo que ocurre es que el 8 de marzo del 2018, cuando el feminismo salió de las paredes de los partidos y las instituciones y se hizo popular y hegemónico, una nueva generación de feministas empezaron a poner en la agenda temas que hasta entonces no estaban. El feminismo tradicional se había preocupado de la paridad, pero no de los cuidados, del mercado de trabajo... Digamos que planteaba mucha igualdad para el Ibex 35 y ninguna para las auxiliares de ayuda a domicilio. Frente a eso, nace un nuevo feminismo joven, politizado a través de redes sociales y vídeos de Youtube y la ley trans se convierte en pelota de ping pong con la que las viejas feministas rivalizan con las nuevas, a las que no controlan, hasta llegar a firmar un manifiesto para rechazar que Unidas Podemos entre en el Ministerio de Igualdad.

¿Se trata entonces de una lucha política dentro de la izquierda?
No, no es una lucha política entre izquierdas sino de una lucha por el poder dentro del movimiento feminista. Hablamos de mujeres que han tenido las asociaciones, las unidades de igualdad en las universidades, que han gestionado las delegaciones de igualdad, las cátedras, universidades de verano, las que han escrito los libros... y que temen perder una serie de privilegios.

¿Los objetivos del feminismo y los del movimiento trans son los mismos o son luchas diferentes aunque ambas sean legítimas?
Si entendemos que el feminismo es una secta sí son diferentes, pero si el feminismo es una ideología emancipatoria que busca erradicar cualquier desigualdad, es la misma lucha. El feminismo antitrans solo a cierta élite de mujeres, busca la paridad por arriba y patriarcado por abajo.

¿Qué defiende ese nuevo feminismo surgido de la lucha trans?
Que la sociedad no puede admitir ningún tipo de desigualdad y que el feminismo tiene que seducir también a los hombres porque una sociedad donde las mujeres sean más libres para todos, propone que el feminismo debe hacerse cargo de cambiar el modelo de masculinidad y no alimentar la guerra de sexos que solo es útil para quienes viven del feminismo, pero no para cambiar la sociedad.

lunes, 24 de enero de 2022

#libros #trans #feminismo | La batalla trans

La batalla trans / Raúl Solís.

Manresa : Bellaterra, 2022 [01-24].
130 p.

/ ES / Libros / Derechos Humanos / Feminismo / LGTBI / TERF / Trans / Transexualidad / Transfobia
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418684340 / 14,00 €
Cita APA-7: Solís, Raúl (2022). La batalla trans. Bellaterra.

[es.] Este libro no nos habla sobre feminismo, tampoco sobre transexualidad. Este libro trata sobre derechos humanos, que es lo que son el feminismo y los derechos de las personas LGTBI. Lo que aquí vas a leer es una crónica aliñada con reflexión bajo la mirada de quien defiende que las mujeres trans son mujeres y que el feminismo es una ideología emancipatoria. Es un artefacto contra el fanatismo de quienes creen que los cambios sociales se pueden hacer con teorías sin empatía. El autor nos explica la lucha por el poder que se está dando dentro del feminismo tras el desborde social de 2018. Como la reacción antitrans de un sector del feminismo, que de pronto nos ha sorprendido usando contra las personas trans las mismas herramientas que el patriarcado usa contra el feminismo, no es más que la respuesta reaccionaria al empuje de un feminismo popular. Movimiento que estalló en las calles de los pueblos y ciudades españolas y que jubiló a un feminismo institucionalizado y profesionalizado a menudo demasiado interesado en los techos de cristal e impasible a las necesidades de las mujeres pobres que recogen los cristales que se rompen.

En ‘La batalla trans’ se busca comprender que los derechos de las personas trans, al igual que los de las mujeres, son derechos humanos y que este país, que en la dictadura mandó a las mujeres transexuales a la cárcel, las obligó a prostituirse y les propinó palizas cuyas heridas aún no han cicatrizado, tiene una deuda pendiente con este colectivo. Las personas trans salieron de la dictadura una década después que el resto de las y los españoles y que, en cuarenta años de democracia, aún no ha visto reconocido su derecho a ser sin la tutela de jueces, médicos, forenses, psicólogos, psiquiatras o políticos.

Raúl Solís (Mérida, 1982) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Está especializado en asuntos europeos, en comunicación política y en temas sociales. Ahora trabaja como periodista freelance para diferentes entidades culturales y sociales de Andalucía, y colabora con diferentes medios de comunicación.

domingo, 11 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #politica | El comunismo en España significa libertad

Imagen: Twitter / Puesto 'lgtbi' del PP en Chueca

El comunismo en España significa libertad.

El liberalismo es tolerancia, federalismo, libertades, protección de las minorías y defensa de la democracia, justo el legado de los comunistas españoles.
Raúl Solís | La Última Hora, 2021-04-11
https://laultimahora.es/el-comunismo-en-espana-significa-libertad/ 

Ni corto ni perezoso, el PP de Ayuso decidió el sábado poner una mesa de propaganda electoral en Chueca que engalanó con diversas banderas del colectivo LGTB. La del Orgullo, la transexual y la bisexual. Ni más ni menos que la puso en la calle Fuencarral, centro neurálgico de este barrio que la comunidad LGTB tomó como propio en los años 90, levantando un elegante barrio, con negocios y vida propia, en lo que era una zona abandonada de la capital.

Entre esa gente que levantó a pulso el barrio está Mili Hernández, propietaria de la Librería Berkana, situada en la calle Hortaleza, un templo de libertad y de referentes culturales que ha ido educando a un colectivo que ha crecido sin ejemplos, sin pares, sin referencias, sin caminos en los que guiarse para vivir en libertad en medio de una sociedad que condenó y condena la realidad de las personas homosexuales, bisexuales o transexuales.

La propietaria de Berkana escribió en redes sociales que el equipo de prensa de Ayuso había visitado la librería no para comprar libros ni para interesarse por el sector de las librerías que no ha recibido ni un céntimo en ayudas públicas de la Comunidad de Madrid, sino para preguntar si la candidata del PP sería bien recibida en ese establecimiento durante una visita que realizaría por Chueca en clave electoral.

Mili Hernández, que ha sido siempre un faro de libertad en Chueca y dondequiera que haya estado, informó educadamente a los hombres de prensa del PP que no, que su establecimiento está en contra de la homofobia y transfobia que representa Ayuso, que pretende lavar con una visita de una hora al barrio y la posterior publicación de un vídeo en redes sociales.

La mesa de propaganda electoral de Ayuso, con el lema “comunismo o libertad”, no tiene otro objetivo que apropiarse de la épica de Chueca y del colectivo LGTBI que ha conseguido todos los avances sociales en contra de la España en blanco y negro que tan bien representa el PP, que incluso tuvo varios años recurrido al Constitucional el matrimonio igualitario aprobado en nuestro país en 2005.

En este país nuestro, donde la ausencia de educación democrática ha permitido que los herederos de la dictadura se apropien de la palabra libertad y que el estigma recaiga sobre la palabra comunismo, a pesar de que estuvimos 40 años bajo el yugo de una dictadura fascista, no está de más hacer un ejercicio de memoria y afirmar taxativamente que el comunismo en España significa libertad. No es comunismo o libertad, sino comunismo y libertad.

Fueron los comunistas españoles quienes impulsaron en el Congreso, en febrero de 1978, la despenalización de la homosexualidad. Es decir, que los homosexuales saliesen y dejasen de entrar en las cárceles por las leyes que levantaron en este país los padres y abuelos ideológicos de Ayuso.

Fue el Partido Comunista de España quien dio cobertura legal, apoyo logístico y puso a sus militantes en los servicios de seguridad de las primeras manifestaciones del Orgullo LGTB celebradas en España, la primera en Barcelona en 1977 y luego, en 1978, en Sevilla, Valencia, Madrid o Bilbao. En todas estas manifestaciones hubo detenidos y violencia policial contra las personas LGTBI ejecutada por los padres y abuelos ideológicos de Ayuso.

Una vez despenalizada la homosexualidad, las personas LGTB, sobre todo las mujeres transexuales, siguieron siendo detenidas en aplicación del delito de escándalo público, por andar o vestir de forma provocativa. Hasta 1989, bien entrada la democracia. Ese delito de escándalo público fue sacado del Código Penal gracias a un diputado comunista, Nicolás Sartorius, entonces ya adscrito a Izquierda Unida.

En 1994, Izquierda Unida se convierte en el primer partido político español en tener en su seno un grupo sectorial de defensa de los derechos humanos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. El Área de Libertad de Expresión Afectivo Sexual (Aleas) se convierte en un vivero de ideas, argumentos e iniciativas y también en un puente de comunicación con los propios colectivos LGTBI que por estos años están empezando a retomar el vuelo después de la tragedia del sida que diezmó a la población LGTBI y a su movimiento social.

En 2002, Marisa Castro, reconocida feminista y diputada de IU en el Congreso, registró la primera propuesta de ley de matrimonio igualitario que no pudo ser aprobada por los votos en contra de la mayoría absoluta del PP de José María Aznar, los abuelos y padres ideológicos de Ayuso.

En 2014, España aprobó la primera ley autonómica de transexualidad que contemplaba la autodeterminación del género. Es decir, nadie tiene que decirle a una persona trans quién es ni tratarla como enferma mental. La ley trans de Andalucía, que ha servido después para aprobar las diez leyes autonómicas más y que está muy presente en el borrador de la ley estatal que aún no ha sido aprobada, contó con el impulso de Alba Doblas, una militante del Partido Comunista de Andalucía y entonces diputada de IU en el Parlamento andaluz.

A propósito de la ley trans estatal, es Unidas Podemos, la coalición a la que Ayuso cree insultar llamándola comunista, quien ha sabido recoger las demandas y anhelos de libertad del colectivo trans que sigue viviendo en los márgenes de nuestra sociedad después de más de 40 años de democracia. Un borrador de ley que cuenta con la negativa de PP y Vox, el partido de Ayuso y la ultraderecha con la que ésta quiere conformar gobierno si los resultados electorales lo hacen posible.

No sólo en lo que se refiere a libertades del colectivo LGTBI estuvieron primero los comunistas españoles. En el aborto, en el divorcio, en la posibilidad de realizar bodas civiles, en los anticonceptivos, en la objeción de conciencia, en la libertad de reunión, en el derecho a manifestación y de información, en la libertad de prensa y también en la libertad de empresa o de cátedra, cuando las turbas ultraderechistas se concentraban delante de las clínicas abortistas de titularidad privada o arremetían contra profesores universitarios, estuvieron siempre los comunistas levantando su bandera de libertad. Cuando Manuel Fraga, exministro de Franco y exfundador del PP, secuestraba revistas y periódicos porque eran más libres de lo que podía digerir el tardofranquismo, los comunistas españoles estuvieron defendiendo la libertad de esas publicaciones y sus periodistas.

En este país si tenemos democracia es gracias a los comunistas españoles que pusieron el cuerpo contra la dictadura y dedicaron los mejores años de su vida a luchar por la libertad y la democracia, frente a los padres y abuelos ideológicos de la ultraderecha que asesinaron a los sindicalistas de CCOO en Atocha que defendían la libertad de los trabajadores más humildes de las garras de la dictadura.

Lo que Ayuso defiende no es libertad, sino que los que lo tienen todo tengan derecho a poner de rodillas a los que tienen poco o nada. A Ayuso le pega más la palabra dictadura, que es la herencia que sus padres y abuelos ideológicos han aportado a España. No sólo es que los derechos LGTBI en España hayan sido impulsados por los comunistas, siempre de la mano del movimiento social, es que la derecha ha votado en contra de todas y cada una de las libertades individuales que la sociedad española ha ido conquistando hasta nuestros días.

La última oportunidad que ha tenido el PP de demostrar su liberalismo ha sido con la eutanasia, aprobada en marzo, que también lleva el voto en contra del partido de Ayuso y de Vox. Ayuso representa a la España que lleva estando en contra de la modernización y democratización del país desde que los liberales españoles lo intentaron por primera vez en el siglo XIX. El liberalismo es tolerancia, federalismo, libertades, protección de las minorías y defensa de la democracia, justo el legado de los comunistas españoles. Ayuso es heredera de Fernando VII, no de los liberales españoles.
 

NOTA DE IGLU: Carla Toscano, diputada de Vox, puso en su cuenta de Twitter una imagen del puesto del PP en Chueca con el siguiente texto: "Mesa informativa del PP con la bandera LGTBI, la bandera transgénero y la bandera bisexual. Encuentren las diferencias con una mesa de Podemos." Sin palabras.