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lunes, 21 de octubre de 2024

#hemeroteca #nobinarie | ¿Tercera casilla o eliminación del sexo registral? El debate está servido en el movimiento trans y no binario

Bandera 'genderqueer' en el Orgullo de Valencia 2019 //

¿Tercera casilla o eliminación del sexo registral? El debate está servido en el movimiento trans y no binario

Añadir una opción más a las de “hombre” y “mujer” para después avanzar hacia la eliminación del sexo registral es la postura mayoritaria. Voces críticas con esta opción abogan por reivindicar directamente la descertificación: “La tercera casilla es pan para hoy y hambre para mañana porque perpetúa el sistema de género”.
Deva Mar Escobedo | El Salto, 2014-10-21
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/tercera-casilla-eliminacion-del-sexo-registral-debate-servido-movimiento-trans-no-binario

“Votos emitidos: 345. Sí: 188. No: 150. Abstenciones: 7. En consecuencia, queda aprobado el dictamen”. El palco del Congreso de los Diputados, desde donde han seguido la votación personas representantes de las asociaciones que han participado en la redacción de la norma, estalla en júbilo. Con estas palabras, la entonces presidenta de la cámara, Meritxell Batet, daba por aprobada la ley trans. Sin embargo, una de las personas invitadas a la votación tiene una sensación agridulce: Darko Decimavilla, de No Binaries España, reconoce que la normativa trae avances, pero deja de lado una de las reivindicaciones principales de las personas no binarias: la tercera casilla de género no binario en el DNI.

Esa tercera opción supondría la igualdad de condiciones entre hombres, mujeres y personas no binarias, además de ser “cuestión de justicia social”, explica Decimavilla. La asociación de la que forma parte ha sido la única específica de personas no binarias en la mesa de negociación de la norma con el Ministerio de Igualdad y sus postulados se han considerado representativos de la demográfica que representan. No obstante, las voces de otras personas no binarias se han alzado críticas con la reivindicación de la tercera casilla y piden en su lugar la descertificación del sexo registral.
La postura de la asociación mayoritaria de personas no binarias en España es la tercera casilla por “suponer la igualdad con hombres y mujeres” y ser “de justicia social”
El debate no es entre una opción u otra —quienes defienden la tercera categorización lo hacen como primer paso hacia la eliminación del sexo registral—, sino sobre si la reclamación política debería ser pedir esa tercera casilla o pasar directamente al objetivo final de la descertificación. “Reclamar una tercera casilla es pan para hoy y hambre para mañana porque perpetúa el sistema de género. Esencializa lo enebé como una tercera identidad cuando queremos plantear una crítica a las identidades en sí mismas”, explica Clara Galé, integrante de la plataforma Orgullo Crítico de Madrid. Esta organización lleva varios años pidiendo en cada manifiesto del día del Orgullo la descertificación del sexo registral.

El posible punto medio entre tercera casilla y eliminación del sexo registral se llevó al Congreso de la mano de Unidos Podemos en 2018 y varios grupos en 2022. En ambas propuestas legislativas se pedían “medidas que permitan omitir, a petición de la persona interesada, la mención relativa al sexo en sus documentos oficiales”, aunque este seguiría constando en todos los sistemas de la administración. Todas las fuentes consultadas para este reportaje se oponen a la idea. “Si voy a la administración, meten mi número de DNI en el ordenador y ya les aparece el sexo por mucho que no lo ponga en la tarjeta, ¿qué más me da a mí qué ponga o no?”, resume Decimavilla.

Reconocimiento, avances y retrocesos

El Estudio sobre las necesidades y demandas de las personas no binarias en España, publicado en 2022 por el Ministerio de Igualdad, es de las pocas fuentes estadísticas sobre esta demográfica. En él, un 63% de personas encuestadas afirman que utilizarían la tercera casilla si existiera.

Para Darko Decimavilla, la tercera opción de sexo es una forma de que la sociedad reconozca la existencia de las personas no binarias. “Lo que no se nombra no existe”, aduce esta persona integrante de No Binaries España. A partir del reconocimiento, argumenta, se pueden tomar pasos legislativos para proteger a las personas no binarias. “La ley no contempla que exista una persona enebé, solo habla de hombres y mujeres. En el momento en que alguien consiga una tercera casilla, eso sienta precedente y tendrán que incluirnos en las leyes”, especula.
Por el momento, el “sexo no especificado” o género no binario está limitado a las personas con pasaportes extranjeros mientras que los intentos de incluir el no binarismo de género en otras entidades ha acabado en fracaso
Alana Speck, une no binarie de origen alemán, consiguió que el Registro de Extranjería le considere como de “sexo no especificado” tras una lucha que llegó al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Esta persona ‘genderqueer’ estima que ahora serán unas 25 personas que, como elle, tienen una X en su sexo registral en lo que respecta a la administración de extranjería. Sin embargo, esto no ha abierto la brecha que esperaba en otros organismos. “Tengo diferentes géneros en diferentes administraciones”, cuenta Speck, para quien su lucha demuestra lo “absurdo” y “ridículo” que es el sistema de sexo registral.

Por el momento, parece que el “sexo no especificado” o género no binario está limitado a las personas con pasaportes extranjeros. Intentos de incluir el no binarismo de género en otras entidades han acabado en fracaso. En algunas ocasiones, ha sido el propio organismo quien se ha negado a reconocer el género no binario de la persona: el Registro Civil descartó inscribir a Decimavilla de esta forma en sus listados. En otros casos, un ente regulador ha deshecho lo que hizo una administración: la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) vetó en marzo de este año que el Gobierno de Canarias utilizara la casilla no binaria en sus documentos públicos.

Exposición en una sociedad enebéfoba

La argumentación que hizo el regulador de la privacidad para tumbar los formularios canarios era torticera y equiparaba el género con las creencias religiosas para aducir que no se debería dar más opción que hombre o mujer. Sin embargo, una de las explicaciones de la AEPD sí merece tenerse en cuenta porque reproduce la preocupación de muchas personas no binarias: que marcar una tercera casilla les exponga públicamente cuando prefieran pasar desapercibides.

Entre les encuestades para el estudio del Ministerio de Igualdad abunda la preocupación sobre algunos aspectos de la tercera casilla. Muches dicen que necesitarían más información sobre las consecuencias del cambio antes de dar el paso, y une de cada cinco confiesa que teme que constar como un “tercer género” le expondría a más discriminación. “Yo usaría el marcador de ‘tercer género’ (o, como mejor nombre, ‘no binarie’) si hubiese garantías (laborales, sociales...) de que es una opción segura respecto a mi integridad física y mental”, afirma una de las personas que participó en los grupos de discusión del estudio.
Para Darko Decimavilla, “la tercera casilla es más factible a corto plazo. La descertificación es una utopía y necesitaría abrir debates más amplios”
Decimavilla dice entender la preocupación “totalmente válida” de las personas que se expresan en esta línea, pero recalca que es el Estado el que debe encargarse de velar por la seguridad de les enebés. ¿Esta preocupación no desaparecería si elimináramos el sexo registral por completo? “Sí, pero la descertificación es una utopía y necesitaría abrir debates amplios, por ejemplo, sobre la ley de violencia de género. La tercera casilla es más factible a corto plazo”, responde Decimavilla. Esa es la postura de la asociación, aunque elle recalca que “una cosa es lo que defendemos por estrategia a nivel colectivo, y otra lo que pensamos como individuos”. “Cuando se eliminen las violencias por género y ya no sean necesarias las leyes que protegen a las mujeres, podremos eliminar el sexo registral”, analiza Decimavilla.

La descertificación y sus retos
Aunque minoritaria, la descertificación del sexo registral sería la opción preferida de un número considerable de personas no binarias. En el estudio encargado por Igualdad, un 17% de encuestades proponían esta medida. “Creo que más que añadir un tercer género en los documentos identificativos y administrativos, lo que debería hacer es eliminar el género por completo”, decía una de las personas participantes en el estudio.

Y es que reivindicar una tercera casilla es, para personas como Alana Speck, “abrir brechas, pero no la solución”. Esta persona afirma que incluir el género no binario en los registros en vez de eliminar el sexo pondría a las personas no binarias en el último escalón de una jerarquía. “En la Seguridad Social, la casilla uno es para hombre y, la dos, para mujer. Simplemente nos añadirían abajo del todo”, opina le ‘genderqueer’. Aunque ha luchado por su derecho a constar como no binarie en las administraciones, cree que “no vamos a cambiar el sistema de género con la tercera casilla” y que la eliminación de estas taxonomías permitiría fluir en el género.

Clara Galé, el integrante del Orgullo Crítico madrileño, también es rotundo: “Lo interesante tanto de la autodeterminación como de la abolición del sexo registral es quitarle poder al Estado para dárselo a la ciudadanía”. Y lanza una pregunta: “Si se pudieron eliminar casillas en la documentación como la referente al estado civil, ¿por qué no íbamos a poder suprimir el sexo?”.

En Reino Unido, país que carece de DNI y donde la identificación se hace de viva voz o mostrando un carné de conducir o similares, un estudio publicado en 2022 indagaba sobre las percepciones de las personas no binarias respecto al sexo registral. En sus resultados, muestran que un 57% de les encuestades estaban a favor de abolir el sexo legal, aunque creían que este horizonte es “un sueño imposible”.
Las posiciones a favor de la descertificación aseguran que es la medida necesaria en el camino para abolir el género y que no tendría por qué afectar a la legislación en materia de violencia de género o a las estadísticas
Cuando se habla de las dificultades de eliminar el sexo registral, muchas personas aducen preocupación en lo referente a las leyes de discriminación positiva hacia las mujeres o la recogida de estadísticas para elaborar políticas públicas. Speck cree que estas preocupaciones no tienen por qué tener fundamento: “Se puede luchar contra la discriminación sin que la identidad figure en el Registro Civil”. “Se prohíbe la discriminación por motivos de racialización, estado seropositivo o creencias religiosas sin que consten en ningún registro”, ejemplifica.

En lo que respecta a las estadísticas que recogen el género, este no binarie cree que con la autoidentificación puede bastar. Preguntade por qué pasaría si la gente mintiera para boicotear la propuesta —en la misma línea que influencers de la manosfera como Roma Gallardo afirmaban haberse cambiado el sexo a mujer para criticar la autodeterminación de género—, Speck responde que la verificación de los datos recabados “es un problema que tienen todas las encuestas”. Y recuerda que, según Foucault, las estadísticas y la mirada del Estado no solo reflejan la realidad, sino que también la construyen.

Más allá de visiones de un futuro sin género, las categorizaciones de hombre y mujer ya son un problema en el presente para personas trans y/o intersex que acuden, por ejemplo, al sistema de salud. Ya en 2020, el activista trans Rubén Castro denunciaba que su médica de cabecera no podía derivarle a ginecología porque el sistema no contemplaba poder citar a un hombre en ese servicio. Speck relata que su centro de salud no le invita a realizarse pruebas para el cáncer de mama o de próstata a pesar de estar en el rango de edad para ambos. Para esta persona, el motivo es que su cuerpo “no está previsto”. “Sería mucho más útil que el sistema incluya las características concretas del cuerpo de cada persona”, dice le ‘genderqueer’.

sábado, 5 de diciembre de 2020

#hemeroteca #identidades | Lo que ‘nosotres’ tenemos que decir


Lo que ‘nosotres’ tenemos que decir.

Agénero, no binario, fluido, bigénero... Son menos de un 5% de la población y reclaman el reflejo de su presencia en leyes y documentos oficiales. La teoría ‘queer’ ha venido a reventar la concepción de género tradicional ligada a los genitales. Así viven su identidad quienes están fuera de la dualidad hombre o mujer.
Pepe Barahona y Fernando Ruso | EPS, El País, 2020-12-05
https://elpais.com/elpais/2020/12/04/eps/1607072645_532834.html

Vero se reconcilió con su feminidad al renunciar a ser solo mujer. La joven se mueve con una mutabilidad sorprendente entre lo masculino y lo femenino, virando involuntariamente con el lenguaje, los gestos, las poses y jugando con su pelo y la ropa. Tiene 28 años y es género fluido, una de las posibilidades que se enmarcan dentro del amplio abanico de las identidades ‘trans’ no binarias, todo aquello que está fuera de la dualidad hombre o mujer. “El no binarismo, el tercer género, ¿es artificial?”, se pregunta sarcástica. Y responde: “Sí, tan artificial como ser hombre o mujer”.

El conflicto forma parte de la vida de Vero desde su adolescencia. La idea de sentirse mujer nunca acabó de encajarle y empezó a —como ella lo llama— masculinizarse, aferrándose a roles asociados a hombres; primero con la ropa, luego con el tabaco, el peinado, los andares e incluso la postura al sentarse. Así, su apariencia cuadraría con su orientación sexual; una forma de justificar, al menos ante el exterior, su atracción por las mujeres. Pero aun así algo seguía sin encajar.

Un conato de disforia, de rechazo a su propio pecho, a punto estuvo de llevarla por un camino de bloqueadores hormonales y testosterona que aflorasen al hombre y sepultasen a la mujer. Años después se alegra de no haber tomado ese camino. “Porque todo hoy hubiese sido distinto”, razona la joven, licenciada en Historia del Arte y diseñadora de arquitecturas efímeras.

Vero mantiene una relación estable con un chico. Explica que su orientación, pansexual —atracción por lo masculino o lo femenino cisgénero, transexuales o no binarios—, nada tiene que ver con su identidad de género. Nació con vulva, pero se siente ambivalentemente mujer y hombre. Varía entre uno y otro en función de la compañía, del tema de conversación o sin explicación alguna. Simplemente fluye, de ahí su género: fluido.

Como muchos otros no binarios, Vero prefiere el invierno al verano. A más capas de ropa, más posibilidades tiene de readaptar su vestimenta al género, siempre en transición. Entallado y colorido, mujer; suelto y oscuro, hombre. “Huyo del neutro”, recalca, “me gusta que la ropa fluya conmigo”.

“Si de la ecuación quitas el pene y la vagina, y los atributos físicos, solo quedan los roles, razona Vero. “¿Qué haces?, ¿quién eres? Yo soy género fluido y voy variando”, resuelve la joven o, dependiendo del momento, el joven.

El término género fluido —‘genderfluid’ en inglés— empezó a acuñarse a principios de 2000 por activistas ‘queer’, una teoría que entiende los géneros como una construcción social, una ficción cultural, que marginaliza y excluye a lo no normativizado. La comunidad LGTBI se apropió de esta voz, adaptada al español como ‘cuir’ y usada antes peyorativamente para referirse a ellos. De extraño o peculiar, hoy la palabra ‘cuirgénero’ ha pasado a englobar dos conceptos: transgénero, que su género no es el mismo que le asignaron al nacer, y no binario, que “tiene difícil encaje en las categorías hombre o mujer y que tienen asociadas ser masculinos o femeninos”, explica el profesor Lucas Platero Méndez, activista LGTBI e investigador posdoctoral del departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Alguien no binario, aclara Platero, “es quien dice que no es binario”. No hay más. “Son personas cuyas vivencias exceden las normas cotidianas y que tienen una mirada propia sobre su cuerpo, las relaciones que establecen y su estar en el mundo, de manera que buscan maneras habitables de poder ser y obtener reconocimiento de su entorno”, amplía el investigador.

Existen diversos estudios que fijan distintas prevalencias en la población general. En uno hecho en Bélgica, la ambivalencia de género o el no binario se daba en un 1,8% de quienes fueron asignados varones al nacer y en un 4,1% de las señaladas como mujeres. En otra investigación holandesa, el 4,6% de los inscritos como hombres en el nacimiento y el 3,2% de las mujeres en la misma situación se identificaban como ambivalentes con su identidad. Ese mismo estudio significaba que el 1,1% de los determinados como ellos y el 0,8% como ellas afirmaban tener una identidad de género incongruente.

“La diversidad de formas de entender el género no hace sino reactualizar la importancia que tiene el género y el sexo en nuestra sociedad”, asegura el profesor Platero. “Entender que hay condicionamientos sociales que dan forma al género no es lo mismo que decir que dicha construcción social no tiene un peso en la vida, aunque seas una persona disidente de tales normas. Saber que es una construcción social no te exime de la discriminación o del castigo por salirte de ellas”.

“Los géneros sobran”, afirma rotundo Sam, agénero, ‘queer’ y pansexual de 24 años. “Los usamos a modo de cajas en las que quedarnos encerrados y en las que hay que seguir unas normas de obligado cumplimiento”, sigue, “y lo que habría que eliminar es la importancia que se le da al género, no el género en sí”, añade. Sam es profesor de inglés y tiene un discurso muy didáctico. “Cuando hablas de helados, la gente piensa en chocolate o vainilla, pero hay más sabores; y eso mismo respondo cuando me preguntan que qué es ser agénero”, explica. “Porque yo no soy ni chocolate ni vainilla”, zanja.

Se define como una persona no binaria agénero transmasculino. No binario porque no se enmarca en la dualidad de chico o chica, agénero porque no se identifica con ningún género y transmasculino porque su estilo de vestir —“socialmente hablando”, explica— se suele identificar más con los hombres que con las mujeres. “Si naces con pene eres un hombre y te gustan las mujeres y las cosas masculinas; si tú naces con vulva eres una mujer, te gustan los hombres y las cosas femeninas y ahí tienes tu ‘starter pack’. Cuando empiezas a hacer la deconstrucción te das cuenta de que ese paquete inicial no tiene por qué ser así, hay muchísimas opciones y vertientes. Entonces yo separaría la genitalidad de la identidad, de la sexualidad y de las preferencias románticas”. Sam nació con vulva. En la adolescencia, probó a acentuar sus rasgos de mujer para intentar acomodar su apariencia a lo que le dictaban sus nuevas compañías. “Y fue horrible”. “Te puedes poner un disfraz”, en referencia a su ropa femenina, “un día, pero si te ves obligado a llevarlo acaba generando rechazo; y así me sentía cuando trataba de vestirme de mujer”.

Pasó por el quirófano para hacerse una mastectomía que le supuso “un antes y un después”. Pidió un préstamo a un banco y se operó. Cambió. “Solo entonces volví a tener esa sensación de bienestar con mi cuerpo como antes de que se me desarrollase ese pecho”, apunta.

Con su cambio físico también empezaron las preguntas —esta vez no suyas, pero sí de otros—, a las que respondía sin reservas. Ha tenido peleas, ha recibido insultos, pero se considera afortunado si se compara con las historias de otros como él. Convencido activista queer, reparte su teléfono en bares a quienes “de forma sincera y no como una anécdota de una noche de fiesta” demandan más información sobre el género no binario.

En torno a los 15 años y en mitad de una tormenta de preguntas sin respuesta se topó con el término agénero. “Encajó, vi que pegaba con lo que me pasaba”, recuerda Sam. Pero por falta de energías para enfrentarse lo dejó en pausa. Volvió a él un par de años después. “La etiqueta se ajustaba y, cuando descubrí que había otros como yo, ¡que existíamos!, sentí una enorme libertad”, recuerda.

En España, el ‘genderqueer’ se topa de bruces con la Administración, en la que se impone la definición únicamente dentro de la dualidad hombre o mujer. Existen precedentes como los de Australia, la India, Alemania o Argentina, donde o reconocen la existencia de un tercer género o permiten el uso de un sexo no determinado, la identidad de género autopercibida, en los documentos oficiales.

El Gobierno maneja un anteproyecto de ley consensuado con la Plataforma Trans Estatal —que aglutina a la mayor parte del colectivo— que incluye el reconocimiento de las personas no binarias para que dentro del derecho a la autodeterminación de género puedan elegir sin hacer referencia al sexo en los documentos oficiales, que deberán ofrecer la posibilidad “no binario”. Parte del feminismo pide que se paralice por considerar que la autodeterminación de género amenazaría las leyes que evitan la discriminación de las mujeres. Mientras, la realidad de las personas no binarias seguirá sin existir en el ámbito legal. Pese al limitado alcance de algunas normas autonómicas, la actual ley obliga a quienes quieran cambiar su género a dos años de tratamiento hormonal y a tener el diagnóstico de disforia de género, condición que patologiza al colectivo. Y pese a cumplirlo, solo podrán elegir entre hombre o mujer.

Mel Constain nació en Colombia hace 27 años y vive en Andalucía. La legislación de esta comunidad sí reconoce la posibilidad de cambiar el nombre registrado al nacer por el sentido, pero solo en los ámbitos en los que tiene las competencias, como el educativo o el sanitario. Con la ley en la mano, Mel solo puede cambiarse el nombre, un farragoso trámite burocrático que depende de que un juez acepte el nuevo nombre para que se identifique con uno de los dos sexos: o chico o chica. “Es una lucha continua para que te reconozcan”, critica Mel, que rechaza el proceso de hormonación. “¿Para qué? Si tampoco me identifico con ser un hombre”, zanja. “Exige mucha energía, y quiero emplearla para disfrutar mi identidad; a fin de cuentas, cualquier escenario legal actual no se ajustará a lo que necesito”.

Mel ejerce como ‘psicólogue’, en versión neutra, y es no ‘binarie’. En su discurso es habitual el uso de la “e” para evitar masculinos y femeninos. “Mis espacios seguros suelen ser aquellos en los que se habla con la e, porque ahí se me identifica como no binaria, se me reconoce y no se me etiqueta como mujer u hombre”, defiende. Elle —el pronombre con el que se encuentra a gusto— cambió su nombre a algo neutro. “Somos superbinaristas, todo está clasificado entre lo masculino y lo femenino, y el lenguaje está para adaptarse a la sociedad, está para que las personas construyan, creen cosas nuevas”, apunta Mel, que ha investigado durante sus estudios sobre el género no binario y que divulga lo aprendido como activista y ‘sexólogue’.

Augura que con el género no binario ocurrirá como con el lenguaje apropiado para hablar de la discapacidad. “Antes, a las personas con diversidad funcional se las llamaba subnormales, ¡algo impensable hoy! ¿Por qué a ‘nosotres’ se nos cuestiona el tratarnos en la identidad que nos sentimos?”.

Insiste Mel en que aunque la adolescencia sea la fase en la que ‘todes’ exploraron, “el sentirse no binario siempre ha estado ahí”. “No es una construcción posterior, no es una ideología, aunque tiremos de las teorías ‘queer’”, sigue; “hemos pasado por una conflictividad interna, pero es algo común a todos; es un sentirse, como los ‘trans’ binarios o las personas ‘cisgénero’”. “No se decide tener una identidad con estigmas por gusto”, zanja.

El miedo al rechazo es una tónica constante entre las personas no binarias, aunque no todas responden igual ante él. Platero describe varias reacciones en su estudio "¡Faltan palabras! Las personas ‘trans’ no binarias en el Estado Español": desde el aislamiento, el regreso al armario o el hacer un uso instrumental de la identidad posible menos incómoda (o más útil) para cumplir con los objetivos.

La de Nel es otra opción posible: hacer activismo de su no encaje. “Me gusta atraer miradas y que les exploten las cabezas”, reclama. “Me pongo falda, me maquillo, voy con falda y vello en las piernas; soy un hombre, por mi transición con las hormonas, pero incorporo en mi vestuario prendas de mujer”, explica este joven malagueño de 20 años. Le gusta pensar que las utopías son solo el futuro, algo que ahora parece inalcanzable, pero llegará. No le preocupa que el lenguaje neutro todavía no esté en la calle, de hecho, le parece “muy ‘crazy’” que quienes le rodean, al verle, sepan cómo catalogarlo sin duda. Él prefiere el trato masculino, aunque sea género no binario. Nació con vulva y no le incomoda el pecho, que —como defiende— forma “parte de esa mezcla” que lo hace ser como es. “Y me encanta”, subraya.

Supo de su condición no binaria a los 13 años, cuando se topó con una escultura de Hermafrodito, mitad hombre y mitad mujer. Desde entonces está fascinado por ese ser mitológico, “tan lejano a la ficción y a lo que aspiraba a ser”. Se enorgullece al contar que, de todo el proceso, son sus abuelos, octogenarios, quienes más le han apoyado. “Me hago la ropa, ahora mismo una falda, con mi abuela y a mi abuelo le hace ilusión tener un nieto”, explica este estudiante de bachillerato de Artes.

Pese a su juventud, ya ha visto algunos avances. La psicóloga que lo trató por primera vez le obligó a definirse: A o B, hombre o mujer. Ahora, a esos niveles, ya se conoce el tercer género, en parte gracias al activismo de jóvenes como él. “Todos somos, como dice la teoría ‘queer’, seres individuales y llegará a un punto en el que las etiquetas no servirán de nada”, vaticina. “El género no binario será algo normal, una opción más; quizá yo no lo vea, pero si alguien llega a verlo: ‘¡Felicidades a todos, lo hemos conseguido!”.

miércoles, 23 de mayo de 2018

#hemeroteca #diversidad | Ni niño ni niña, Hollywood reivindica la diversidad sexual

Imagen: El País / Chaz Bono, EJ Johnson y la desaparecida Alexis Arquette
Ni niño ni niña, Hollywood reivindica la diversidad sexual.
Rocío Ayuso | El País, 2018-05-23

https://elpais.com/elpais/2018/05/23/gente/1527088590_066693.html

Cuando se cumple el segundo aniversario de la muerte de Alexis, la activista transexual y miembro del clan de los Arquette, las familias de Hollywood nunca se han mostrado más abiertas al mostrar que el género denominado fluido o no binario –cuando los individuos no se identifica ni con el género masculino ni con el femenino– se ha hecho hueco en sus hogares. Alexis fue una de las primeras transexuales activistas en Hollywood y en su defensa de esta comunidad estuvo siempre respaldada por sus hermanos Patricia, Richmond, David o Rosanna, que como ella forman parte de la industria. Intérprete de películas como ‘Pulp Fiction’ o ‘El chico ideal’ su muerte se debió a complicaciones del virus del HIV que contrajo décadas antes. “Por eso ahora tenemos una clínica. Se llama el Proyecto Alexis, es parte del centro médico USC y ayuda a la infancia”, declaró Rosanna Arquette a la revista ‘People’ orgullosa del legado que ha dejado su hermana. Un “lugar seguro”, como reza la página web del Proyecto Alexis, para la juventud que no se siente heterosexual o cisgénero.

Cada vez es mayor el número de familias de Hollywood que abrazan la diversidad sexual que se presenta en sus hogares y va más allá de los cánones establecidos. Charlize Theron apoya el gusto de su hijo Jackson, de 6 años, por el rosa, las faldas y los vestidos de princesa estilo ‘Frozen’, que le gusta ponerse. Las fotografías de familia han llevado a publicaciones como BET a preguntarse si el joven adoptado en Sudáfrica vive un momento de transición sexual mientras que otros medios alaban la forma abierta con la que le deja expresarse su madre.

No es la única. No importa que Brad Pitt y Angelina Jolie se hayan separado como pareja. Como padres su apoyo a todos sus hijos es incondicional, y ya es habitual la imagen de su hija biológica Shiloh vestida como a ella le gusta, de traje, con el pelo corto y apariencia masculina. Según comentó Jolie a la revista ‘Vanity Fair’ en 2010, Shiloh ha expresado su deseo de ser un varón, momento en el que sus padres consultaron con un especialista en género. La joven de once años también ha indicado su deseo de llamarse John. La modelo Amber Rose, amiga de la familia, se ha referido públicamente a Shiloh como “un chaval en transición”.

Son muchos los casos que antes se ocultaban y que ahora las estrellas prefieren compartir para fomentar el clima de normalidad que debe imperar a la hora de expresar la sexualidad de cada uno. Gwyneth Paltrow describió a su hija Apple (14 años) como una posible “lesbiana de carmín”. En el caso de Magic Johnson, el baloncestista no solo ayudó a la lucha contra el sida y el estigma que conlleva cuando hizo público que era portador del HIV sino que mostró su apoyo a la comunidad homosexual con el anuncio en 2013 de que su hijo E.J. es gay. Desde entonces E.J., de 25 años y comentarista de moda en televisión, no ha dudado en mostrar su gusto por todo lo femenino y hasta habló de su posible transición, especialmente tras seguir de cerca la evolución de la transexual Caitlyn Jenner.

Chaz Bono, nacida Chastity Sun Bono, hace años que vivió este cambio. El ahora hijo de los músicos Cher y Bono se identificó como lesbiana en 1995 tras años sufriendo que su orientación sexual fuera motivo de conversación en la prensa del corazón. Siempre tuvo el apoyo de su familia e incluso escribió dos libros en los que contó su proceso de aceptación sexual y, posteriormente, un documental, Becoming Chaz, que relata su transición hasta convertirse en hombre. Por su parte, la actriz Ally Sheedy prefirió describir a su hija Rebecca como ‘genderqueer’, término que hace referencia a aquellos que no se acomodan a las normas sociales en tema de género y cuya definición sexual va más allá de la heterosexualidad, una ambigüedad que la actriz apoya abiertamente.

En medio de esta apertura sexual en los hogares de Hollywood, a la industria cinematográfica le queda mucho camino por recorrer. El último informe publicado esta semana sobre la presencia de personajes y actores transexuales en la pantalla muestra un gran vacío. El informe de la asociación GLAAD que agrupa a todos los colectivos cisgénero asegura que el cine de 2017 tuvo la menor representación de gais, lesbianas, bisexuales, transexuales o fuera de la norma de los últimos cinco años.

miércoles, 9 de agosto de 2017

#hemeroteca #lgtbi | No binario, genderqueer y otras identidades que debes conocer

Imagen: Desastre / Ilustración de Rory Midhani
No binario, genderqueer y otras identidades que debes conocer.
Desastre, 2017-08-09
http://desastre.mx/cultura/no-binario-genderqueer-y-otras-identidades-que-debes-conocer/

El paradigma dicotómico que gobierna al mundo poco a poco ha comenzado a ser desmontado con la proliferación de diversas formas de expresión que desafían las lógicas binarias, rígidas y unidireccionales que dividen a las personas en hombres y mujeres y que determinan qué significa y cuáles deben ser las experiencias al asumirse de una u otra forma. Muchas de estas identidades cuestionan la naturalidad de aquello que llamamos sexo y de los comportamientos que están asociados con él.

A continuación te presentamos una pequeña lista de identidades para comprender y exponer la diversidad existente en materia de identidad de género y visualizar que el mundo no se divide únicamente en dos polos estáticos:

Cisgénero. Este término se usa para denominar a las personas cuyo género con el que se identifican coincide con aquel que les fue asignado al nacer, el cual a la vez está relacionado con la lógica de la segmentación del cuerpo, donde por medio de los genitales se determina y construyen la identidad, roles y comportamientos de las personas que son determinadas bajo un género específico.

La importancia de este término radica en que evidencia que incluso aquellos géneros que son considerados “normales” o “más comunes” son resultados de una construcción social y cultural.

Transgénero. Se usa para denominar a las personas que se identifican con el género opuesto que les fue asignado al nacer. En algunos casos, las personas transgénero suelen someterse a procesos hormonales para modificar su cuerpo y hacer que éste se adapte a las características femeninas o masculinas, según sea el caso; sin embargo, la intervención del cuerpo no da cuenta de la legitimidad de una identidad de género, por lo que muchas personas deciden no modificar su apariencia.

Transexual. El término, al igual que el de transgénero, se usa para nombrar a las personas que no asumen el género que les fue atribuido al nacer, una de las diferencias es que las personas transexuales se someten a cirugías de reasignación sexual para poseer órganos sexuales considerados como propios de los hombres o de las mujeres.

Travesti. En algunas zonas latinoamericanas el término se usa para nombrar la identidad de personas transgénero y transexuales. También se usa para describir a quienes usan prendas consideradas culturalmente propias del género opuesto del que socialmente se les atribuye.

Trans*. Algunas postura utilizan el término trans para englobar a transgénero, transexual y travesti con la intención de oponerse a la determinación patológica que en un origen tuvieron estas palabras. De forma general se trata de identidades en donde las personas transitan de un género a otro, renunciando a las determinaciones discursivas sobre su cuerpo.

Genderqueer. Se usa para describir a personas cuya identidad se distancia radicalmente de las normas de género y convencionalismos sociales que determinan qué significa hombre o mujer, por lo que estas personas no se identifican como uno ni como otra.

Género no binario. Es una identidad en la que las personas no asumen un género asimilado en el binarismo. Es decir, no se identifican como hombre o como mujer, sino que expresan una inconformidad a tener que asumirse como una de esas identidades. Las personas que se identifican como no binario se oponen a las categorías hombre-mujer como la base de la realidad. En muchos casos es usada como sinónimo o traducción de genderqueer.

Gender Bender. Esta categoría tiende a incluir a todas las identidades que cuestionan las normas de género basadas en el biologicismo y el esencialismo. Comúnmente esta identidad está asociada con posturas críticas que rechazan la imposición del género como resultado del sexo.

Muxe. Es un vocablo zapoteco, cuyo origen, se cree, proviene de la palabra “mujer”, al ser adaptado a la fonética de la lengua local. La palabra es usada específicamente en el Istmo de Tehuantepec, una zona conformada por Veracruz, Oaxaca y Tabasco, para referirse a las personas que al nacer fueron determinadas como hombres pero se identifican como mujeres.

No obstante, cabe aclarar que no necesariamente todas las muxes asumen vestimentas consideradas femeninas. En las familias tradicionales, los padres crían a uno de sus descendientes como muxe, es la hija a la que quieren más y es la encargada de hacer labores domésticos y cuidar a los padres hasta la vejez.

Marica. Es una identidad disidente que se opone a las normas heterosexuales que anclan el sexo, el género, el deseo. Tiende a usarse como una posición crítica frente a la sexualidad normativa, por ello utiliza una injuria como identificación, es una forma de reivindicación del insulto que sirve como figura de encuentro de todas y todos aquellos que han sido marginados por la sexualidad hegemónica.

Agénero. Se usa para describir a una persona sin género.

Género fluido. Pueden identificarse como hombre o como mujer, pero ello no determina que sus expresiones de género se limiten a lo que decimonónicamente se espera de esos géneros. Como su nombre lo dice, tienen a transitar entre ambos géneros sin estacionarse en ellos.

Pangénero. Es una identidad en la que convergen muchas identidades de género, aunque de una manera fija y no variable.

Existe una gran variedad de términos para nombrar identidades diferentes a la cisgénero. Estas identidades alrededor del mundo poseen particularidades específicas que se inscriben de acuerdo a cada región y el contexto, cultural, social y religioso; por ejemplo, en la cultura hindú existen las hijras, consideradas el tercer sexo, intermediario entre hombre y mujer; ejemplos como este hay muchos que dan cuenta de la complejidad de la identidad de género.