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sábado, 4 de julio de 2015

#hemeroteca #orgullo | ¿Chueca es genial?

Imagen: Zoozobra / Verónika Arauzo
¿Chueca es genial?
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-07-04
http://zoozobra.com/chueca-es-genial/

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez portarán la misma pancarta del Día o semana del Orgullo Gay. Esto no suena solo a oportunismo sino que a todas las fuerzas políticas parecen tener una misma y limitada visión de las luchas y microluchas LGTBQ. Hace poco la canción de Kika Lorace “Adiós Botella” (conocida por sus declaraciones homófobas y su servilismo a los políticos de la ultraderecha europea) batió records en Internet por su desparpajo y saludable sentido del humor. Pero hay algo de la canción que rechina demasiado y es el epitafio “Chueca es genial”. Uno entiende las razones personales y socioeconómicas que llevan a gente LGTB de provincias o pueblos a buscar unos días de esparcimiento y encuentro con la libertad en un Madrid capitalino, capitalista, caluroso y abarrotado. Pero el espejismo no debe ser tan pronunciado cuando los precios en los bares no cesan de subir, los negocios más interesantes merman, las propuestas mas estimulantes no salen adelante y los propios gays masculinos (en este caso) hacen una distinción tendenciosa entre gente de bien y transexuales a los que, al menos el dueño del famoso y lujoso Hotel, consideran gente disfrazada que no puede acceder al interior sin ofender al respetable. Además la Ley Mordaza, entre otras muchas cosas, impide beber en la calle (o sea a pagar el doble en los bares) y filmar a la policía. No hace tanto que algunas de estas manifestaciones, como ha ocurrido con el “Orgullo Crítico” eran reprimidas por la policía, que no se cansaba de tomar fotos o mirar al colectivo LGTB con ironía o abierto desprecio. Vamos, que la multiplicación de personas en las calles de Madrid que vienen de peregrinajes de sus localidades provincianas o pronunciadamente LGTBfóbicas no supone, así de entrada, un aumento de los derechos de las personas LGTB sin recursos, que juegan con los roles de género o que ya no se pueden permitir llenar la caja del empresario u hostelero de turno. O el dueño del museo o la carroza esponsorizada.

Pero Chueca, así en conjunto, no es genial. Sino que se lo digan a Veronika Arauzo, una joven activista trans de sólida trayectoria a la que se le negó la entrada al Hotel Oscar -cuyo dueño iba a ser premiado (afortunadamente fue retirado el premio) por Cogam por su compromiso con la “causa”-. Que el compromiso se mida en términos crematísticos o que unas y otras fuerzas políticas hagan lo justito “porque toca” no nos llena de gozo y, desde luego, dista de ser genial. Arauzo continua la batalla contra la hipocresía, el mercantilismo y las formas sutiles de racismo, clasismo o heterosexismo y no está sola en la batalla aunque no vaya a salir en la foto como los políticos que, en esta ocasión, portan la misma pancarta en primera fila. Y la única razón es que no se molestan en escuchar a aquellos/as a los que dicen defender y/o representar. Ay Manuela, que hace tiempo que Chueca dejó de ser genial.

#hemeroteca #ambiente | Sobre osos y masculinidades

Imagen: Zoozobra
Sobre osos y masculinidades
Javier Sáez | Zoozobra, 2015-07-04
http://zoozobra.com/sobre-osos-y-masculinidades/

En los últimos años proliferan en el estado español dos subculturas gays que expresan el deseo por los hombres “viriles”: los osos y los leather (cuero). Como aficionado a ambas culturas, en mis paseos virtuales (por los chats) y reales por los lugares de encuentro osunos y letherones he encontrado cierto tufillo plumófobo que me da que pensar (no hablar en femenino, no soltar pluma, etc). Podemos entender estas posiciones sobre la masculinidad de dos formas: asumiendo que existen “hombres de verdad” (como la canción de Alaska o el anuncio de Soberano), o bien mostrando que la masculinidad no deja de ser un recurso tan artificial como la pluma.

En la portada de revista Bear magazine, fundadora del movimiento bear, encontramos la siguiente frase: “Masculinity without the trappings” (masculinidad sin adornos). Esta frase nos remite a ese ideal del hombre “natural”, masculino, recién salido del bosque con su hacha al hombro y su aroma sudoroso de macho montañés. Pero cuando nos adentramos en las páginas de la revista encontramos otra cosa bien distinta: más de la mitad del ejemplar son anuncios de objetos, ropa y complementos ideales para la fabricación del oso perfecto: vaqueros, camisas de cuadros tipo leñador, tirantes, gorras, botas de montaña, cinturones, llaveros, muñequeras… O sea, un montón de “trappings” que, colocados en un cuerpo más o menos gordo con una perilla perfectamente recortada, constituyen ese hombre ‘natural’ tan ansiado.

Aunque nadie cuestiona el atractivo de esa imagen para muchos de nosotros, es importante señalar que la masculinidad no deja de ser una representación, lo que Butler llama “una performance de género”... El nombre de uno de los bares más famosos para osos da cuenta, quizá a pesar suyo, de lo artificial de la masculinidad osuna: “Bear factory”. En efecto, se trata de un proceso de ‘fabricación’ de osos, donde uno asume esos requisitos estéticos y se construye como oso. Los bares para osos de Sevilla siguen con la misma copla: “El hombre y el oso” y “Man to man”, título que nos recuerda una de las peores frases de la tradición heterosexista, cuando el padre se acercaba al hijo y le espetaba con eso de “vamos a hablar de hombre a hombre”, frase que producía un pánico inmediato en el hijo en el caso de que fuera marica.

En el mundo leather la cosa no es menos teatral. La cultura del cuero valora también los cuerpos masculinos y viriles, hasta el punto de no dejar entrar en sus bares a las mujeres (como si la masculinidad fuera una cosa de hombres, cosa que mujeres como Judith Halberstam –Female masculinity- o Del Lagrace Volcano –Sublime Mutations- han cuestionado radicalmente con sus prácticas y sus libros). Sin embargo, en la puerta del bar Eagle de Madrid encontramos toda una lista de requisitos de entrada que nos dicen cómo alcanzar la masculinidad: ropa de cuero, botas, zapatillas deportivas (no dice de qué marcas), uniformes (suponemos que no vale el de las Concepcionistas, como ya señalaron en una ocasión Paco Vidarte y Ricardo Llamas), trajes de bombero o de obrero de la construcción, prohibido llevar colonia… Vista la lista de trajes, es fácil comprender que la cultura leather se basa en el travestismo, por mucha rabia que les dé esa palabra a los militantes leather más integristas (que no son todos).

Los movimientos bear y leather podrían ser un buen ejercicio de desvelamiento de la fragilidad y provisionalidad de la masculinidad, en vez de convertirse en un nuevo alegato de identidades esenciales y naturalizadas sobre lo masculino. De hecho, el panorama no es tan triste como lo he pintado hasta ahora. Una de las situaciones más divertidas y subversivas que podemos ver en este mundo es cuando dos o más osos comienzan a soltar pluma como descosidos, o cuando a un grupo de moteros leather chillan desesperados porque se les ha roto la cremallera de la chupa de cuero (doy fe de que se trata de casos verídicos). Estas situaciones rompen con el código de la masculinidad, y disuelven la posibilidad de reforzar esa imagen del hombre cerrada y tradicional que tanto contenta al dispositivo heterocentrado (¡que majos: son maricas pero no lo parecen!). Lo subversivo de nuestras identidades es mostrar su fragilidad, como un espejo que devuelve al sistema homófobo que nadie está a salvo, que no hay un lugar seguro donde reposar la cabeza… o el culo.

domingo, 28 de junio de 2015

#hemeroteca #orgullo | Orgullo gay, fiesta y homofobia

Imagen: Zoozobra
Orgullo gay, fiesta y homofobia
Juan Argelina | Zoozobra, 2015-06-28
http://zoozobra.com/orgullo-gay-fiesta-y-homofobia/

Ahora que, aprovechando el aniversario de los acontecimientos de Stonewall este 28 de junio, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha declarado legal el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país, conviene advertir cómo la apariencia de este progreso social va unida, no a la normalización de una conducta, sino a la defensa y a la conservación del sistema de valores familiares propio de la sociedad de consumo tradicional, mal que le pese a los sectores cristianos integristas. La ampliación del concepto de familia es el resultado lógico de la necesidad de cubrir nuevos espacios de mercado no resueltos por parte del capitalismo. La moralidad solo es útil al sistema mientras mantiene a raya a sus posibles enemigos, y amplía sus límites cuando es necesaria la “socialización” de sectores antes marginados.

Un vistazo al excelente libro de Geoffroy Huard, “Los Antisociales”, una historia de la homosexualidad en Francia y España entre 1945 y 1975, nos enseña cómo tanto en dictaduras como en democracias, las legislaciones penales no sólo reprimían la expresión de la homosexualidad como escándalo público, sino que iban ligadas a una educación basada en la procreación como idea básica de una sexualidad heterosexual destinada a regenerar sociedades castigadas por el desastre demográfico de la guerra y necesitadas de una rápida reconstrucción. Había que evitar que el buen ciudadano heterosexual fuera “contagiado”, y por tanto, se fomentaba la homofobia institucionalizada. Se hablaba del factor antisocial de aquellos elementos “frustrados” afectivamente e incapaces patológicamente de integrarse en el sistema. Por tanto, no solo había que “heterosexualizar” obligatoriamente al macho, sino también establecer claramente sus diferencias con respecto al sexo opuesto, con el objetivo de marcar bien los roles entre el hombre-padre y la mujer-madre, al tiempo que se inducía a la gente a pensar que un individuo “normal” debía vivir en un medio heterosexual homogéneo.

Según la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970, la homosexualidad se relacionaba con la vagancia y la delincuencia. Un médico forense examinaba al detenido y emitía un informe que avalaba las decisiones judiciales. Estos “expertos” consideraban la homosexualidad como un peligro para la sociedad, y los efectos perversos de sus dictámenes han venido reproduciendo un estado de alarma que se ha interiorizado en la mentalidad conservadora de varias generaciones. Tanto es así que en 2005, el catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense Aquilino Polaino Lorente, citado por el PP en la Comisión de Justicia del Senado para analizar las repercusiones de la ley que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo en España, aseguró que “las personas con conducta homosexual” padecen “una psicopatología“, consecuencia de haber sido educados por padres “hostiles, alcohólicos, distantes” y por madres “sobreprotectoras“, y rechazó la adopción por parte de las parejas del mismo sexo al considerar que ese entorno condicionaría la orientación sexual del niño.

Según Polaino Lorente, la homosexualidad “se suscita” en los hijos adoptados por gays o lesbianas. Esta mentalidad conservadora, propia de la tradicional política de diferenciación obligatoria de sexos, chocaba ya en aquel momento con la necesidad del sistema económico de incluir al homosexual dentro de los marcos institucionales establecidos. Otra cosa bien distinta es querer habilitar espacios de libertad fuera de las instituciones (cosa, por cierto, que siempre ha existido). Lo que hace 20 años era revolucionario, ahora está integrado. La lucha ya no se orienta hacia la defensa de nuevos tipos de unidad familiar, sino a la libertad del individuo por decidir su propia orientación y conducta sexual sin categorizaciones, y por tanto hacia el combate contra la homofobia largamente incubada durante tantos años de represión.

Desde la hemeroteca dos noticias sobre la homofobia en el mundo procedentes de lugares bien diferentes: el asesinato de un activista gay en Uganda, y la censura de una foto en la que Elton John y su marido muestran a su bebé en la portada de una conocida revista norteamericana. Ahora que en nuestra bien desarrollada sociedad hemos acabado acostumbrándonos al viejo discurso etnocéntrico sobre la inferioridad de culturas ajenas a Occidente, aunque ya no se le llame así por ser “políticamente incorrecto”, y a que la globalización lo engulla todo como una nueva forma de imperialismo cultural, nos parece casi lógico y natural que en las “salvajes” tierras de africanos o musulmanes se produzcan atroces violaciones de derechos humanos y el integrismo se desarrolle, produciendo efectos devastadores, desde el genocidio de Ruanda hasta las ejecuciones de adolescentes gays en Irán y lapidaciones de mujeres en Nigeria o Arabia Saudí. Por tanto una noticia más sobre el asesinato de un conocido activista homosexual en Uganda no debería sorprendernos más que las declaraciones homófobas de un Mugabe o las redadas antigays de Marruecos o Egipto, del mismo modo que asociamos el fundamentalismo al islam o a otras religiones del Tercer Mundo, cuyas culturas, ya digo, como en los mejores tiempos del colonialismo, se nos antojan atrasadas y destinadas en justicia a ser “redimidas” por el progreso de nuestra civilización.

Pero he aquí que un viajero acostumbrado a vivir precisamente entre “salvajes”, que hace ya tiempo que regresa a su cómodo mundo occidental con menos frecuencia, y que precisamente por ello es capaz de observar nuestro desarrollo como sociedad más objetivamente, se da cuenta de la creciente merma de libertades que vamos sufriendo durante los últimos años, con su consecuente aumento de prohibiciones y obsesiones con la seguridad y “protección” de derechos, creando un nuevo fundamentalismo cultural, silencioso, sin algaradas, que llega a formular, por ejemplo, la excusa de la “protección a la familia o a la infancia” para censurar una fotografía de Elton John y su pareja con su hijo en la portada de una revista.

Se puede decir que no son comparables los dos casos, el de Uganda con el de EEUU, por la atrocidad del primero y lo anecdótico del segundo, que ya hace tiempo que no se persigue a los homosexuales por aquí, y que si la historia de la revista ha llegado a ser noticia, es precisamente por el escándalo que ha producido, y que por ello se ha corregido inmediatamente. Pero aún admitiendo este argumento, no deja de ser cierta la fragilidad de la línea que separa la defensa de ese pretexto con su contrario. Desde hace tiempo hemos normalizado la presencia de cámaras de seguridad en todas partes, consideramos a los fumadores como apestados, caemos en las redes del consumo con una facilidad que pasma (aunque la crisis nos ha dado una buena bofetada), somos más moralistas que nunca (y por tanto más hipócritas), comemos telebasura hasta hartarnos, y todos seguimos las normas dictadas por los señores de la estética (obligándonos a seguir dietas y a estar constantemente en forma).

La inducción es claramente efectiva, y ha conseguido que la mayoría de la población sea fiel a un sistema insaciable. A esto también le podemos llamar fundamentalismo: nuestro sistema de creencias es firme porque no prevé alternativas, aceptamos su funcionamiento, con todas las cargas e inconvenientes que conlleva, y, a diferencia de los musulmanes, que sí se han rebelado contra sus gobiernos, nosotros nunca nos atreveremos a decir una palabra en contra. Seguro que, a pesar de las protestas contra la actitud del establecimiento que censuró la portada de la revista con la foto de Elton, hubo muchos que pensaron que no estaba mal, que se estaba obrando con un razonamiento acorde al derecho a defender al más débil, partiendo de la base de que siempre se puede ser algo homófobo siempre que haya que salvaguardar un bien mayor; igual que se recortaron derechos fundamentales como la libertad de expresión, la privacidad de las comunicaciones, o la presunción de inocencia, cuando se convenció a la población de que su seguridad estaba en juego. Es tremendamente triste ver la facilidad de manipulación que existe. ¡Y nos sorprendemos de los extremistas suicidas cuando nosotros llevamos largo tiempo suicidándonos con una precisión lenta y calculada! Recuerdo un excelente cómic de Ralph König, en el que sobre la barra de un bar gay se producían dos conversaciones paralelas, o mejor dicho una conversación entre tres jóvenes que charlaban sobre lo aburridos que estaban de divertirse, y el monólogo de un viejo marica que pensaba en voz alta sobre cómo la homofobia cotidiana le había jodido la vida. No puedo dejar de escribir sus últimas frases:

“Hoy en día todos quieren ser jóvenes y guapos y bailar cada noche… ¡Todo menos pensar y tener inquietudes políticas, y mientras tanto los neonazis están preparando el terreno!

Algunos tendrían que haber experimentado lo que era antes… ¡Cuando de repente se abrían las puertas y aparecía la policía y te pedía los documentos! Uno no se sentía seguro ni siquiera en su propia casa, ya que los vecinos podían ver cómo traías visitas masculinas. Por eso había que ir con mucho cuidado y sin hacer ruido, si no, te rescindían el contrato del piso. ¡Así de sencillo! ¡Entonces no había discotecas con zonas nudistas, ni drogas, ni aros en la nariz…! ¡Pero de aburrirnos no nos aburríamos!”

Pensamos que hemos vencido los prejuicios homofóbicos de nuestra sociedad porque ya tenemos ley de matrimonio gay, los guetos se han convertido en templos del consumo, las celebraciones del orgullo gay atraen a las mejores marcas, y las discos ofrecen macrofiestas cada fin de semana, cuando la verdad es que, ante nuestros ojos el mercado se ha convertido en la religión oficial, mucho más agresivo que el peor de los integrismos, con el que no se juega, y que un día nos alaga como clientes necesarios, y otro, en un hipotético futuro, nos puede volver a hundir en el ostracismo. La misma mentalidad que ha censurado la foto de portada, y que ha cedido ante el escándalo, no desaparecerá si no abandonamos la seguridad que hemos creído conseguir. Como dice Zygmunt Bauman:

“Las libertades de los ciudadanos no son propiedades adquiridas para siempre; no se trata de pertenencias que se encuentran seguras en cuanto se guardan en cajas fuertes privadas. Están plantadas y arraigadas en el sustrato socio-político y éste ha de ser fertilizado a diario; si no reciben los cuidados debidos día tras día (en forma de acciones informadas a cargo de un público entendido y comprometido), acaban secándose y desintegrándose.

El pasado tiende a ser despiadada y sistemáticamente destruido, lo que hace que la redención de las esperanzas sea sencillamente imposible desde el momento en que los individuos son reducidos a una mera secuencia de experiencias instantáneas que no dejan rastro o cuyo rastro, mejor dicho, es odiado por irracional, superfluo y “superado” en el sentido más literal de la palabra. Cuando los individuos han quedado así reducidos, es improbable que traten de hallar seguridad en la esperanza (es decir, en una causa que todavía no se ha materializado en realidad)… Quienes no tienen un mínimo control sobre el presente no serán capaces de reunir el coraje necesario para controlar el futuro… El estado de precariedad reinante hace que el futuro en su conjunto resulte incierto y, por tanto, impide toda previsión racional, y anula ese mínimo de esperanza en el futuro que se necesita para rebelarse…

Desairado y frustrado a diario, el individuo halla un refugio para su narcisismo personal en el narcisismo colectivo: una promesa de seguridad que resulta inevitablemente engañosa en lo que a la salvación de esa individualidad gravemente herida respecta…

El mundo quiere que le engañen… No es que las personas se traguen el cuento, como se suele decir, es que desean que les engañen; sienten que sus vidas serían completamente insoportables si dejaran de aferrarse a satisfacciones que no lo son en absoluto.

En el relato que hizo Lion Feuchtwanger de las aventuras de Ulises, los navegantes transformados en cerdos por el hechizo maligno de Circe renunciaban a recuperar su forma humana cuando se les daba la oportunidad: cómodamente descargados de toda preocupación gracias a la comida que, aunque frugal, recibían regularmente y sin condición alguna, y gracias al refugio (mugriento y maloliente, pero gratuito) que les proporcionaba la pocilga, no estaban dispuestos a probar una alternativa que era más emocionante, sí, pero también más inestable y arriesgada.

sábado, 20 de junio de 2015

#hemeroteca #activismo | Los porqués del orgullo monstruo

Los porqués del orgullo monstruo
Transfeminalia | Zoozobra Magazine, 2015-06-20
http://zoozobra.com/los-porques-del-orgullo-monstruo/

Supongo que hay textos más difíciles que otros.

Somos un colectivo Transfeminista de Palencia. No somos democráticxs porque en el colectivo no hay hombres cis y esto ha sido una decisión voluntaria. No somos democráticxs porque la democracia es la tiranía de la mayoría sobre unxs pocxs y nosotrxs venimos de ser siempre esxs pocxs. No puede haber democracia si los espacios no se ocupan desde las posibles diversidades. No puede haber democracia si hay cuerpo más expuestos a abusos que otros, por eso no somos democráticxs.

Somos Transfeminalia el espacio para los cuerpos que transitamos. Transfeminalia surge, nace, se hace, se forja dentro de un espacio de confort, un espacio de protección que no tuvimos en el colectivo Chiguitxs lgtb+. Nos hicimos con los restos de lo que quedo cuando nos dijeron que nos fuéramos porque éramos molestxs cuando algunxs éramos cofundadorxs. Pero para llegar a eso hace falta que nos remontemos. Nos enfrentamos al colectivo que se encargaba de defender nuestros derechos a ser diferentes, nuestro derecho a defender diversidades afectivo-sexuales y de género.

Cuando se formó el grupo de Chiguitxs, el nombre le propuso un compañero que está ahora en nuestras filas. Nos quitaron el nombre y sabemos que sin nombre no nos podemos nombrar y nombrar quiere decir hacer el verbo con un cuerpo.

Tuvimos problemas desde el principio. Se aludió a que el nombre podía hacer referencia a un grupo de pedófilos y que qué era eso de la “X”. Y eso hubo que explicárselo a muchxs, incuido a quien ahora es la cabeza visible de dicho colectivo.

Después de los problemas que se plantearon con el uso de la X y, por tanto, con las identidades disidentes no binarias, los cuerpos vulnerables dentro de sistemas patriarcales ganamos el pulso. Esos cuerpos éramos y somos bolleras, trans* (ftm) y mujeres. Nos fuimos contentes a casa pero sabiendo que seguramente vendrían más puesto que las diferencias radicaban en la concepción de deseo, identidades…

Después algunxs participantes del colectivo hicieron de la lucha por atender a las diversidades una lucha instrumentalizada y sobre todo una lucha institucionalizada. Y cualquier lucha institucionalizada no es una lucha para cuerpos diversos, puesto que los espacios donde estás se llevan a cabo son espacios masculinizados al más puro estilo cishet. Había en algunos participantes del grupo una necesidad constante de estar en prensa, a modo de notas de prensa, otres de las participantes estábamos diciendo que era necesario estar dentro, que no se puede hacer lucha fuera si dentro no se habla, no se crea debate puesto que veíamos posiciones lesbofóbicas, machistas y transfóbicas (y ver esto dentro de un colectivo elegetebéplus es muy fuerte). Estas posiciones venían siempre a modo de risa y de humor, o simplemente de invisibilización. Comentarios como “esta sociedad es matriarcal, porque sois las mujeres las que mandáis”, “la lucha lgtb tiene que ser apolítica” (no deja de ser curioso que en la actualidad se reúnan con partidos políticos o sindicatos), “no debemos apoyar otras luchas que no sean las propias del colectivo” (en alusión al conflicto Palestino-Israelí), o poner en duda la diversidad de identidades trans y remitirse a ellas con el consabido –y claramente dañino- “el cuerpo equivocado”. Sólo son algunas de las cosas que se ve no debían de ser resueltas, que a pesar de los intentos por resolverse, eran silenciadas y ninguneadas y otra vez, y lo que ocurre siempre es que lo no resuelto es una bomba de relojería a los pies de la cama. La bomba de relojería estalló en UNA conversación de wasap que conservamos íntegra, y que cualquiera que desee, puede consultar, y que empieza porque un ex miembro de Chiguitxs LGBT+ -hoy miembro de Transfeminalia-, bloqueó desde el twiter de Chiguitxs a un usuario desconocido que estaba escribiendo tuits ofensivos, claramente homofóbicos y machistas, en los que se burlaba del colectivo y del lenguaje inclusivo. Nuestro compañero bloqueó la cuenta y lo comunicó en el grupo de wasap que compartíamos lxs miembros de Chiguitxs, con la intención, simplemente, de informar sobre el reporte, de lo que un miembro hoy aún activo de Chiguitxs, se burló con un “pues a mí no me parece para tanto, o tanta, o tantx”, añadiendo el consabido “sois unas exageradas”. A partir de ahí, una compañera trató de explicar –con clara vocación educativa- que el lenguaje es un arma importante, y que los discursos del odio se generan precisamente así (puso como ejemplo el discurso del odio utilizado por la Alemania nazi). Compañera que, también, fue ridiculizada. A partir de aquí, otra compañera que acababa de vivir una historia afectiva complicada en Rumanía, precisamente, por la opresión social construida en base a las palabras, expuso también desde el respeto y la primera persona su vivencia personal, mostrándose vulnerable, a lo que este miembro de Chiguitxs respondió con un “eso será tu opinión”, reduciendo así a una mera opinión la vivencia opresiva por la que una compañera acababa de pasar, infringiéndola así más daño aún, y dejándola en una situación total de, podríamos decir, intemperie afectiva.

Algunas mujeres, bolleras y trans*, alertamos de que la situación estaba siendo alarmante, y de que esto había que atajarlo; a lo que se nos hizo el caso de “bueno ya veremos” o el “habrá que limar asperezas”. Y demás cosas que lo que ponen de manifiesto es la intención del no diálogo, del “ahora eso no es importante” y de intentar hacer de menos los abusos y la lesbofobia y transfobia y machismo galopante que habíamos sufrido. Porque el discurso subyacente era el mismo que lleva recibiendo el feminismo desde tiempos inmemoriales, “ahora no es importante”, “sois unxs exageradxs”, “tenéis que comprender que…”.

Se fue a la reunión y desde la reunión se acusó a las personas que nos habíamos sentido violentadas de que nuestros agravios eran, simplemente “cosas personales”, de tomárnoslo todo como “algo personal”. Con esto, por si alguien no lo entiende, lo que se hizo fue descalificar el discurso, un discurso que se sustenta desde unas bases jerárquicas y opresoras a una mera experiencia subjetiva deslegitimando de este modo el abuso o la fobia ejercida desde cuerpos de hombres blancos que se denominan osos sobre cuerpos de mujeres, bolleras y trans* blancxs. Cuando en la reunión, hicimos saber que nos habíamos sentido claramente vulneradxs, violentadxs y dolidxs por todas esas actitudes y comentarios machistas, y de burla hacia el lenguaje inclusivo y las identidades no binarias, y que no estábamos dispuestxs a seguir soportando ese tipo de cuestiones, la respuesta de quien hoy es cabeza visible del colectivo Chiguitxs fue la de, con un lenguaje corporal con una energía claramente agresiva –dada su envergadura, su cuerpo, y su modo de ocupar el espacio-, espetar un grito con un “no voy a consentir que se hable así a un compañero”. Un arranque de “defensa” que en ningún momento tuvo cuando, de manera continuada, se habló así a las compañeras bolleras y trans*. Como si, por otro lado, él fuese alguien para decidir si consiente o no consiente, como si fuese el emperador del colectivo, el jefe de la tribu o alguna otra figura patriarcal que, enseguida, se posicionó convirtiendo en “agresorxs” a quienes nos habíamos sentido “agredidxs”; infringiéndonos así una especie de “castigo” por haber osado a alterar la calma (la falsa calma, claro), con nuestras quejas. Se insistió en que había que respetar a quien, en ese caso, había resultado ser el agresor, pero ¿acaso él respetó las identidades?, ¿acaso él respetó los conocimientos que con vocación educativa compartía una compañera?, ¿acaso él respetó una situación de una compañera que comentaba sobre su experiencia?

Tras una discusión acalorada –no están acostumbradxs a que cuerpos de mujeres, lesbianas y trans* se empoderen en los espacios sociales-, se nos dijo, literalmente, que “si esto no nos gusta, os vais”, y salimos por la puerta siete personas, quedándose 4.

No conformes con esto, utilizaron ideas y llevaron a cabo acciones que salieron de nosotres, como la del “saldeunpax” y la vendieron como propia. Algo que podemos demostrar porque unas amigas con las que fuimos hace más de dos años de esto a IKEA nos hicieron una foto saliendo de un armario del IKEA, y fue algo como muy familiar y divertido, y desde ahí lo transportamos a una reunión anterior para hacer una performance con ese mismo sentido con el que la hicimos la primera vez…

Eso por no hablar de que no sabían diferencias entre género, deseo sexual, identidad y sospechaban de todo lo que no era “normal”, más el intento constante de buscar la normalización y la burocratización de nuestros cuerpos.

Después se nos ha acusado de ser lxs disidentes –¡cuando nos echaron!-, lxs raritxs y lxs “personales” cuando en la asamblea de Chiguites, en el momento en el que nos fuimos quedaron cuatro personas y nos fuimos siete, perdón echaron a siete (más de la mitad del colectivo, ojo), y una de las personas salió llorando. Nos fuimos a tomar unas cañas y de ahí salió Transfeminalia, de esas cañas y de esos abusos. Y de la necesidad de crear espacios de confort para cuerpos e identidades disidentes. Porque una vez creíamos estar a salvo, pero nos equivocamos. Evidentemente, en Transfeminalia hay nuevo tejido social, nuevos cuerpos que han sentido la necesidad de aliarse en espacios de confort transfeministas, que no pertenecían ni pertenecieron en ningún momento a Chiguitxs lgtb+, por lo que ese trato que nuestro colectivo está y sigue recibiendo por parte de Chiguitxs (y que a continuación se relata), resulta especialmente injusto y doloroso.

A partir de ahí, hemos trabajado y participado de manera conjunta con la buena gente de la PAC LGTB+ Valladolid, con quien no sólo nos une las luchas, sino también las estrategias y la vocación “transfeminista” (palabra de la que también se nos “acusó” en Chiguites, como si fuese algo de lo que estar avergonzadx). Por eso, cuando nos propusieron participar en la mesa de organización del orgullo CyL, pensamos que estaría bien sumar voces distintas, distintos enfoques de abordar una misma lucha. Sabíamos que en esa mesa iba a estar, entre otros, el colectivo del que “nos echaron”, pero claramente, pensamos que las personas adultas por muy “desviadas”, que sean, -como es nuestro caso, el de todxs, quiero decir- pueden compartir luchas conjuntas. Pero nuestra sorpresa fue grande cuando Chiguitxs LGTB+ reaccionó de manera claramente negativa (conservamos mails que lo ilustran), y se cerró en redondo a nuestra participación en el orgullo CyL 2015. A esta negativa, se sumó, más diplomática, eso sí, pero negativa igualmente, la postura de la FEcylgtb+, argumentando que teníamos que pasar no sé cuántas cribas para ver si ellOs decidían “darnos permiso” para participar. Evidentemente, Transfeminalia no quiere estar en una mesa en la que le ponen trabas para estar, en una mesa en la que “deben darle permiso” ya desde el principio. No deja de ser alucinante que quienes llaman a la unidad, se apropien de los espacios de confluencia, de las organizaciones y, si me apuras, también de la calle.

Ante esa situación, la PACLGTB+Valladolid y Transfeminalia, decide sumarse también a la celebración del orgullo 2015 CyL, pero desde otro enfoque, y con otra óptica. Si la lucha empieza en algún sitio, es en casa. Si el cambio ha de llegar, llegará por nuestras camas y nuestros cuerpos y nuestras palabras, y entrará por nuestras puertas y ventanas. Si quienes dicen estar por la defensa de la diversidad, toleran y fomentan y silencian las agresiones, e incluso las perpetran, no sólo no nos defienden, sino que además, invisibilizan y neutralizan nuestra lucha. Por eso, ahora más que nunca, el orgullo será interseccional. Por eso el orgullo será en primera persona, ahora más que nunca, será transfeminista, o no será.

sábado, 6 de junio de 2015

#hemeroteca #cine | A escondidas

Imagen: Google Imágenes
A escondidas
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-06-06
http://zoozobra.com/a-escondidas/

“A escondidas” del joven cineasta vasco es una película más que interesante. Es una buena película, que sin grandes aspavientos logra un intenso retrato humano y social, amargo y conmovedor. Rueda no solo consigue hacer creíble la atracción de los dos protagonistas masculinos jóvenes, uno marroquí y el otro bilbaíno perdidos en una tierra escasa de oportunidades reales sino que consigue un retrato urbano y social bastante contundente, a ratos desesperanzado, que nos puede recordar vagamente el cine de Pasolini, Eloy de la Iglesia, Antonio Hens, etc. El problema es que “A escondidas” muestra cierta incapacidad, me da que no solo característica del cine vasco, para plasmar el homoerotismo en imágenes, para ir más allá de las medias tintas en los guiones, aunque el realizador sepa dotar de vida a sus imágenes y de humanidad a sus personajes y sus encuentros y desencuentros. Las trilladas declaraciones de los dos actores jóvenes sobre lo que mas les costó es la escena del beso en un filme donde hay amenazas, represión policial, racismo, marginalidad y homofobia decepciona al público, entre otras cosas porque no hay un solo beso en condiciones, o yo no lo he visto. ¿Dijo alguna vez Rock Hudson lo que le costó besar a Doris Day? Con todo, la apuesta no debe pasar desapercibida. Rueda, a pesar de este deje ya clásico en nuestro país, sabe filmar el deseo, las ofensas materiales y simbólicas y los mecanismos de exclusión clasista racista y sexista que se acentúan mucho más en las clases mas desfavorecidas o en las personas que vienen o van de otras culturas en busca de oportunidades que no siempre se materializan, igual que no se materializa “ese loco amor” que intenta filmar Rueda.

El filme desde el comienzo atrapa al espectador, y aunque finalmente cae en cierta retórica social característica del cine en el estado español, estamos ante una gran historia de amor intercultural en un entorno degradado y hostil. Sus imágenes tienen una gran capacidad de sugerencia, aunque algunos secundarios sean un poco unidimensionales. Una historia de amor sin sexo, lo cual es muy respetable sino resultara, como en esta ocasión, una clara concesión a no sé quién. Rueda sabe capturar las atmósferas donde se mueven sus protagonistas, sus ilusiones, la represión selectiva sobre los sin papeles, el machismo y la homofobia de las cuadrillas a esa edad, pero si la ausencia de sexo en “80 egunean” tenía un sentido en una obra delicada y poética sobre el amor en la vejez, en “A escondidas” parece que hay más miedo en mostrar el homoerotismo juvenil que en denunciar el racismo, la desestructuración de un sector de la población o las formas de racismo institucionalizadas.

Gracias a un elaborado guión y una cuidada puesta en escena, con imágenes nada desdeñables, “A escondidas” se convierte en un trabajo a tener en cuenta, pero como se dijo a propósito de la muy inferior “Ander” hay algo antiguo en ella, una resistencia ya casi tópica en “nuestro cine” a traspasar en sus fronteras una extraña pulcritud que la convierten en una muy apreciable rareza. Afortunadamente “A escondidas”, a pesar de sus imperfecciones, y al contrario que, por ejemplo, “15 años y un día” de Gracia Querejeta -y otros títulos pretendidamente progresista del cine patrio- se introduce en los sentimientos de sus personajes, hay elementos palpables, sin concesiones, aunque sin dejar de caer, eso sí, en cierto esquematismo. “La partida” de Antonio Hens, rodada en Cuba y llena de sexo, denuncia y sudor, no ha sido ni siquiera acogida por los festivales por nuestros lares. Ninguneada y condenada a circuitos reducidos de distribución. “A escondidas” ha tenido un poco de mejor suerte, pero al no entrar en terrenos de expresión emocional más que en un plano casto y temeroso deja no solo una sensación de tristeza sino también de frustración, a pesar de la valentía inicial de su propuesta y el esfuerzo con el que conduce a sus protagonistas por los escenarios de una huida sin fin. El llamado “tercer mundo” habita también en las calles de Europa, y la expresión de las sexualidades no normativas se sigue encontrando con actitudes arrogantes o violentas. La falta de contacto físico puede parecer una observación frívola o superflua pero al ver cómo plasma la alienación social y los mecanismos de seducción se echa de menos ese beso que tanto les costó darse a los dos actores protagonistas.

lunes, 1 de junio de 2015

#hemeroteca #homofobia | ¿Se reabrirá el gulag para los homosexuales en Rusia?

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¿Se reabrirá el gulag para los homosexuales en Rusia?
Juan Argelina | Zoozobra, 20165-06-01
http://zoozobra.com/se-reabrira-el-gulag-para-los-homosexuales-en-rusia/

“En los países fascistas, la homosexualidad, azote de la juventud, florece sin el menor castigo; en el país en donde el proletariado ha alcanzado el poder social, la homosexualidad ha sido declarada un delito social y es severamente castigada. En Alemania ya existe un lema que dice “Erradicando a los homosexuales desaparece el fascismo”. Máximo Gorki, “El Humanismo Proletario”, 1934.

La despenalización de la homosexualidad en la Unión Soviética de 1917 no partía de supuestos de “normalización” o de igualdad sexual. Los legisladores revolucionarios aún pensaban en ella como una enfermedad. Lo que les impulsó a tal hecho fue la compasión hacia quienes consideraban que sufrían el dolor de su condición, y la idea de que, al considerar a los homosexuales como víctimas del moralismo religioso, ridiculizarían al antiguo orden burgués. No obstante, en esta legislación “progresista” ya se exponía la necesidad de un tratamiento de “cura” para esta “anormalidad psicopatológica” (aunque en un principio no fue obligatorio). Fue a partir del stalinismo cuando, siguiendo criterios “patrióticos”, se redujo la sexualidad a la función procreadora, con un fin social. La familia cobró importancia como la principal “célula” de socialización, y el buen ciudadano soviético no sólo era productor en el sentido económico, sino “reproductor” en el sentido sexual.

Es irónico que la erradicación de la homosexualidad en la Alemania nazi (al igual que la del pueblo judío) tuviese las mismas justificaciones que en la Rusia soviética. La homosexualidad era un desprecio de energía y de producción, y así la represión comenzó en 1934: calificados como la “hez de la sociedad”, “canalla desclasada” y asimilados con la decadencia moral burguesa, miles fueron enviados al gulag, donde fueron humillados y esclavizados, y donde la psiquiatría experimentó sus métodos para erradicar lo que consideraba una “perversión psicopática”.Gorki publicó ese mismo año en Pravda el artículo “Erradicad la homosexualidad y desaparecerá el fascismo”, mientras el Código Penal regresaba a los mismos términos de represión de 1832. El primer deportado soviético que denunció la atrocidad de la situación sufrida por los “opouchtchennie” (homosexuales pasivos) fue GuennadiTrifonov, que en 1977 envió una carta abierta a la Literatournaia Gazeta (que no fue publicada) desde su campo de los Urales: “He sufrido la experiencia de todo lo que se pueda imaginar en materia de horror y pesadillas; la situación de los homosexuales en los campos nazis no era nada comparada con la nuestra; reducidos a un estado animal, soñábamos con contraer una enfermedad mortal para conseguir unos días de reposo antes de morir”.

Uno de los más conocidos entre los internados en estos campos fue el director de cine Serguei Paradzhanov, condenado por homosexualidad en dos ocasiones, en 1952 y 1973. Sin duda, la experiencia del gulag es el sustrato de la cultura gay postsoviética, marcada por el miedo, la dureza y la violencia. Además es la raíz de la extrema homofobia que domina en la sociedad rusa actual. El periodista gay Yaroslav Mogutin, que se interesó por la historia de los homosexuales en el gulag, se vio obligado a pedir asilo político en Estados Unidos en 1995.

Hubo que esperar hasta 1993 para ver la abolición de la homosexualidad como delito, aunque esta medida se hizo más por aparentar una imagen de democratización en la nueva era postsoviética de Yeltsin, que como un recurso real contra el heterosexismo, ya que la fuerte crisis económica sufrida durante los años 90, junto a la rampante corrupción, hizo desconfiar al pueblo ruso de su recién estrenada “democracia”; y su decepción, asociada a la descomposición del país, fomentó la idea de un régimen débil, “femenino”, objeto de mofa, vinculado con la homosexualidad despenalizada por ese mismo poder. Para los nacionalistas y los nostálgicos del stalinismo, el “vicio homosexual” simbolizaba la perversión moral extranjera y la consecuencia de la influencia del enemigo en la santa Rusia. Fue la iglesia ortodoxa la que exigió al Estado la protección de los menores y la prohibición de la enseñanza a los homosexuales. La nueva Rusia de Putin defiende el renacimiento de las virtudes nacionales. Su imagen como gran macho, deportista y heterosexual, es elogiada por los intelectuales. El historiador AndreiGruntovsky dice: “La ausencia de tradición en el campo de la educación sexual produce el desarrollo de la inversión (rechazo de la norma sexual), lo que está ligado a la aparición del sadismo bajo una forma abierta u oculta” (El Boxeo en Rusia: historia, etnografía, técnica; 2002). La psiquiatría ha vuelto a revelarse como la perfecta aliada de la criminalización penal, y se vuelve a hablar de tratamientos médicos contra las “anormaliades” sexuales.

De este modo la actividad militante contra la homofobia estatal se convierte en disidencia política, aunque se castiga como mera delincuencia. La legislación, la policía y las administraciones locales animan la homofobia de la población, llegándose a crear verdaderas “cazas” de homosexuales por parte de bandas organizadas. “Considero que es insuficiente multar a los gais por hacer propaganda de la homosexualidad entre los adolescentes. Hay que prohibirles que puedan donar sangre, esperma, y sus corazones, en caso de un accidente automovilístico, deben ser enterrados o quemados como impropios para la continuación de otra vida”, declaraba DmitriKiseliov, presentador de un programa político semanal en Rusia Uno en 2013. El grupo neonazi Okkupái Pedofiliái tiende trampas —generalmente contactos en Internet— para capturar a gais e infligirles humillaciones que son grabadas y luego subidas a la Red. Estos ataques no se reducen a la homofobia; son racistas que atacan también a los emigrantes y a los rusos que no son de raza blanca. La posiciónantigay de la Iglesia ortodoxa explicaigualmente el apoyo que han tenido las leyes que prohíben la propaganda de “relaciones sexuales no tradicionales” entre menores y la adopción de niños rusos por parte de parejas de un mismo sexo. Gorki se hubiera sentido satisfecho en la Rusia de Putin, tal y como lo estaba en la de Stalin. Las conexiones entre las políticas totalitarias de los años 30 con la actualidad son palpables, aunque no deberíamos dejarnos llevar por la ilusión de un problema exclusivamente ruso.

El nacionalismo impregnado de homofobia de la Rusia de Putin ha sido la marca histórica de nuestras sociedades occidentales durante todo el proceso de su formación desde las revoluciones burguesas. Aquí se podría abrir un debate acerca de la deriva política y las consecuencias sociales de la Revolución Rusa en lo que respecta a la construcción de Rusia como nación misma frente a Occidente. Pero es perfectamente constatable que las mismas características morales relacionadas con el esquema social patriarcal, machista y heterosexista, han sido repetidas tanto en las democracias europeas como en los fascismos y el comunismo soviético. De hecho, los “triángulos rosas” que sobrevivieron a los campos de exterminio no pudieron acceder a las compensaciones reconocidas a las personas deportadas por motivos étnicos, religiosos o políticos, ya que fueron consideradas condenadas por derecho común por delitos anteriores al nazismo, que siguieron vigentes tanto en la República Federal como en la República Democrática Alemana, así como en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia hasta hace bien poco.

Por tanto, no debería sernos extraño que la homosexualidad sea ideológicamente señalada como “destructora de la sociedad” por parte de un Estado que construye su identidad nacional sobre una moral religiosa. No olvidemos que durante años, los homosexuales fueron considerados “antiamericanos” y “comunistas” en EEUU antes de las revueltas de Stonewall. La homofobia como recurso ideológico es eficaz para “purificar” el espacio social. Se ha empleado a derecha e izquierda y se ha interiorizado en la mente de los individuos, haciéndoles creer en su necesidad, como parte de la defensa de su propia identidad heterosexual “natural”. Cuando burgueses y obreros, fascistas y revolucionarios, blancos y negros, se intercambian “acusaciones de homosexualidad”, refuerzan su común intolerancia a la libertad del placer, creyendo que así refuerzan su identidad, asumiendo la debilidad de su enemigo. De este modo la homosexualidad se convierte en el “enemigo universal”, que debe ser silenciado. Las “mariconadas” a las que normalmente se refieren los machos heterosexuales cuando hablan de las debilidades de sus iguales, no solo son un desprecio sino un refuerzo de lo que consideran su esencia como hombres, que deja fuera a todo aquel cuyo comportamiento, actitud o presencia puede constituir una amenaza a su posición en la escala de valores que ha aprendido y asumido en la sociedad tradicional, a pesar de que su conciencia política pueda ser muy “revolucionaria”. Así se reproduce la homofobia, y así se conjura el peligro de un cambio real en el sistema.

La detención de uno de los líderes del movimiento homosexual ruso, Nikolái Alekséyev, al intentar celebrar una marcha del orgullo gay sin autorización del Ayuntamiento de Moscú, atacado por unos activistas radicales ortodoxos cuando se personó en la céntrica calle Tverskaya para celebrar el acto el pasado 30 de mayo, no es sino la culminación de la serie de políticas represivas que he citado. Desde 2006, Alekséyev ve rechazada su solicitud para celebrar una marcha del orgullo gay, pese a lo cual algunos activistas salen a la calle y se enfrentan a los ultranacionalistas y radicales ortodoxos, lo que suele desembocar en choques violentos y detenciones. El alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, calificó estas manifestaciones como “satánicas”. Sin duda, si pudiera, enviaría a sus convocantes de nuevo al gulag.

viernes, 22 de mayo de 2015

#hemeroteca #cine | Xenia. Esta es mi Grecia

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Xenia. Esta es mi Grecia
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-05-22

http://zoozobra.com/xenia-esta-es-mi-grecia/

Grecia ha subido a la palestra del mundo entero. Para bien y para mal. Primero por el saludable desplante del pueblo griego a la prepotencia neoliberal y criminal de la Troika, luego por ese machismo social que se refleja en un gobierno compuesto sólo de hombres y además con re-sabios homófobos, que piden opiniones médicas sobre “lo nuestro”. Algunas de sus políticas son envidiables -como cerrar centros de internamiento para extranjeros-, entre otras, más en estos tiempos en que, algunos, a lo que está pasando en Europa “lo llaman yihadismo cuando quieren decir islamofobia”, o “libertad cuando quieren decir petróleo”. “Xenia” de Panos H. Koutras, realizador de la estupenda “Strella” sobre un ex-presidiario en busca de su antigua amante transexual, es una de esas películas dotadas de magia, poesía, realismo social pero donde la capacidad de soñar da frutos auténticos y donde se respira una mezcla de colorismo, ilusión, melancolía e inmediatez. Un regalo de “la otra Grecia”, la que no aparece representada pero también lucha en las calles, esa lucha que esperamos también de frutos aquí si siguiendo, sin ir más lejos, a Goytisolo hay unidad frente al bipartidismo y el avance de la derecha religiosa.

Estamos ante la es la historia-odisea de Danny, un joven gay -eje de conducción de la trama-, errabundo, lleno de pluma y un extraño candor, ocasional chapero y ladrón de poca monta y la de su hermano Odysseas en busca de un pasado y un futuro inseguros. La muerte de la madre ambos -antigua estrella del pop griego- marca su regreso a una Grecia bastante creíble donde mucha gente malvive en las calles, el miedo tiene forma de uniformes, y el machismo, el racismo y la homofobia están cada vez más presentes en muchas esquinas, sea en forma de agentes o neonazis (“Amanecer Dorado”, a la sombra del lepenismo francés o de nuestros “peperos” y “ciudadanos”).

Estos dos hermanos, mitad griegos, mitad albaneses, más unidos de lo que parece a siempre vista, son de aspecto y caracteres muy diferentes y ambos buscan la sombra de sus progenitores, una cantante femenina de gran popularidad a la que quieren incorporar en un concurso y a su verdadero padre “casado con otro hombre” y empresario de una sala de fiestas, donde oculta más que lo que muestra, como ocultan más de lo que muestran muchos gobiernos de la Europa de nuestros días.

La película quizás esté un poco alargada en su parte final -que se decanta por el trazo algo grueso- pero consigue lo que todavía no hemos visto en el cine español, reflejar las ofensas materiales y simbólicas de una juventud escindida entre la precariedad y los sueños de fama, con un canto además a la diversidad sexual frente a la violencia y el racismo, venga de donde venga. Entre trabajar mucho por cobrar poco y buscar un enchufe o lugar en el sol. Entre las libertades conseguidas y los recortes impuestos en todos los campos.

Cuando Dany dispara a una pandilla de homófobos violentos en acción los dos hermanos se refugian en el bosque hasta que encuentran una suerte de empresa-hotel en ruinas donde refugiarse, “Xenia”. Koutrhas rinde homenaje a “La noche del cazador” (el clásico de Laughton) en el momento los dos hermanos (entre los que existe una extraña relación) van a la deriva nocturna con el bote por las aguas del rio y también se acercan a sus vecinos italianos (como Ozpetek) en su definición de nuevos lazos afectivos y formas de vivir la sexualidad, el amor, la disidencia social o la resistencia al auge del fascismo (ese ominoso “Amenecer Dorado” que aparece en una violenta secuencia y que, como he señalado tiene su correlato en Francia y, de otro modo, también en el Estado Español, bajo formas cada vez menos sutiles .

Aunque el realizador no llega hasta el final en su discurso transgresor, de su denuncia social ni en su estética poco convencional lo que tiene entre manos no deja de ser un hermoso cuento de hadas con apuntes sociales (más realista, por otro lado, que la simpática, resultona, pero sobrevalorada “Pride”), sobre la unión de mineros y activistas LGTB contra el thatcherismo). Danny y su hermano (en trabajos precarios) están destinados a conquistar corazones y ganar ese “concurso” donde han heredado ensueños de “diva” pero formas de pensar más cercanas de lo que parecen aunque Odysseas está integrado en un mercado laboral alienante e inseguro (como vendedor de pizzas) mientras que Danny, el menor, sueña con una Ítaca que vemos desarrollarse y frustrarse a través de sus ojos, intentando reconstruir las piezas de un pasado familiar y social hecho pedazos. Dany tiene visiones que tal vez le sirven para sobrevivir o para confundirse pero al menos planta cara a una sociedad crispada, empobrecida y donde los fascismos o los moldes rígidos de género pueden cebarse en las clases populares, en las familias estafadas por los bancos y, sobre todo, en las todavía llamadas “minorías”.

sábado, 9 de mayo de 2015

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud, Lacan: El sexo a la deriva

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Freud, Lacan: El sexo a la deriva
Javier Sáez | Zoozobra, 2015-05-09
http://zoozobra.com/freud-lacan-el-sexo-a-la-deriva/
“El goce fálico es el obstáculo por el cual el hombre no llega, diría yo, a gozar del cuerpo de la mujer, precisamente porque de lo que goza es del goce del órgano”. - Lacan, Seminario 20, “Aún”.
Un refrán nicaragüense dice que “cuando un sabio señala las estrellas, los tontos miran al dedo”. Creo que a una gran parte del movimiento de liberación de lesbianas y gays les ha pasado eso respecto al psicoanálisis. De la ingente obra de Freud sólo han trascendido en la mayoría de los escritos de muchos teóricos queer dos o tres tópicos, a saber:

– Freud llama “perversión” a la homosexualidad, en su obra "Tres ensayos para una teoría sexual" (de 1905), por lo que parece ser que la considera algo anormal, insertándola en el sistema médico- patologizante homófobo que se inició a finales del siglo XIX.

– Freud establece una especie de desarrollo armónico heterosexual al final del complejo de Edipo, una vez “superadas” esas fases infantiles polimorfas donde hay deseos bisexuales y de otro tipo. Es decir, sería uno más de los que legitiman el sistema hetero-normativo.

- Freud sería un machista homófobo porque plantea que las mujeres tienen “envidia del pene”, o sea, que les falta algo que los hombres tienen, y además las lesbianas quedarían excuidas del mundo del deseo según este proceso falocrático.

En estas críticas habituales a Freud se olvidan bastantes cosas. En primer lugar, que los desarrollos iniciales de su teoría (que he caricaturizado aquí) fueron modificados sustancialmente por el mismo Freud en sus obras de los 30 años siguientes, hasta el punto de no considerar la homosexualidad como algo específico a “tratar”, sino una orientación sexual más en medio de una infinita multiplicidad del deseo donde no hay lugar para la normalidad, ni siquiera heterosexual (“Carta a una madre americana”). También aporta una crítica feroz al psicologismo y a las visiones “organicistas” o biologicistas del deseo, que incluso hoy siguen pensando que el deseo de los sujetos está escondico en ciertas partes del cerebo o en algún rincón de los cromosomas.

Muchos teóricos queer omiten también a otro autor fundamental que puso de relieve el potencial subversivo de la obra de Freud, y que en su enseñanza desde 1950 a 1980 elaboró un desmantelamiento implacable de las categorías de hombre y mujer, de relación sexual y de armonía entre los sexos: nos referimos a Jacques Lacan.

La obra de Freud y la de Lacan suponen dos herramientas fundamentales a la hora de cuestionar la construcción social y discursiva de “la homosexualidad”, siempre y cuando sepamos mirar hacia dónde apuntan y no nos quedemos en la literalidad de sus textos. Evidentemente, es cierto que Freud asume en su lenguaje muchos de los prejuicios positivistas y machistas de su época, pero eso no invalida la totalidad de su obra. De hecho, ya es bastante sorpendente que un médico de la burguesía vienesa de finales del XIX llegue a asumir (por primera vez en la historia de la cultura occidental) que no hay una normalidad en el deseo, que el deseo humano no está relacionado con la biología, que las prácticas sadomasoquistas, lesbianas, masturbatorias, coprófilas, etc, no son algo “especial” o de “los otros”, y que la “heterosexualidad” no es un estatuto natural, sino más bien una aspiración impuesta culturalmente que además nadie cumple sin pagar un precio.

Cuando Lacan afirma que “no hay hombres ni mujeres, sino tan sólo sujetos, todos castrados, todos perdidos”, está abriendo las puertas al terreno de la multiplicidad, a una concepción del deseo humano que no tiene que ver con el discurso de la ciencia, ni con el de la psicología, ni siquiera con esa “incitación a saber sobre el sexo” que denució Foucault en La voluntad de saber, puesto que lo que plantea Lacan precisamente es que “no hay saber sobre el sexo”, y que ese “no saber” tiene efectos sobre los sujetos, pero siempre efectos de singularidad, que no se clausuran en la hermenéutica ni en ningún discurso de salvación o transparencia explicativa.

Otra confusión muy común sobre Lacan, que se da también entre algunas teóricas del feminismo (otras, precisamente, son lacanianas), es la de considerar “el falo” (noción simbólica, que nadie posee) como “el pene”, el órgano. Esa confusión es precisamente la que marca muchas vivencias de la sexualidad llamada “masculina” (esos hombres, esas mujeres, homos o héteros, fascinados por la esperanza de un pene todopoderoso). En la medida en que el falo no da respuesta a la pregunta “qué es ser un hombre y qué es una mujer”, el sujeto no tiene una relación a priori ni con el género, ni con el otro, ni con el cuerpo, ni con el sexo biológico (ni consigo mismo). Mayor carga de dinamita para el orden social y (hetero)sexual, imposible.

sábado, 11 de abril de 2015

#hemeroteca #cine | Pride: ¿Diversidad contra el thatcherismo?

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Pride: ¿Diversidad contra el thatcherismo?
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-04-11

http://zoozobra.com/pride-diversidad-contra-el-thatcherismo/

Se acaba de estrenar en las áridas carteleras burgalesas una película resultona y valiente pero, en algunos sentidos, insatisfactoria. “Pride” -basada en un hecho real poco recordado pero realmente memorable- narra cómo unos jóvenes manifestantes el Día del Orgullo Gay toman la decisión de unirse a las protestas de los mineros y huelguistas contra el austericidio del gobierno liderado Margaret Tatcher, en plenos años ochenta, un gobierno que se hizo con los medios de producción y también con los de comunicación. Algunos comentaristas, sin mucho tino y bastante pereza mental, han visto ecos de filmes como “Billy Elliot” o “Full Monty” pero la historia es bien distinta y esta simpática y, a ratos, conmovedora película va por otros derroteros y queda como un delicioso testimonio. La propuesta fílmica resulta en principio estimulante para los que hemos vivido la despolitización del movimiento LGTB, las luchas sindicales y por la libertad sexual pero también resulta algo cargante al insinuar que, a priori, gays militantes y mineros pertenecen a dos esferas públicas y laborales bien diferentes, que “por primera vez aúnan fuerzas”.

Es decir, que no hay gays mineros sino mineros machistas que ven como los jóvenes gays se ponen en primera línea de fuego con ellos, al lado de su causa y contra la violencia y la brutalidad policial. Una premisa hermosamente desarrollada, con mucho humor , dosis de ironía, sentido del ritmo y un montaje ágil – es difícil aburrirse a lo largo de sus dos horas aunque algunos giros argumentales sean previsibles- y aunque matiza al final este dualismo con una serie de secundarios mayores algo perdidos y confusos la película resulta, a pesar de su cálida inmediatez, menos natural que la visualmente algo relamida “Ginger and Rosa” de la también británica Sally Potter , En “Ginger y Rosa” la joven protagonista se une como una más a las manifestaciones contra el armamento nuclear en la Inglaterra de los sesenta.

“Pride” está hecha por un director que se apoya en actores y actrices jóvenes con mucha fuerza aunque, a mi entender, falla un punto clave. ¿Por qué los gays deben aguantar ideas preconcebidas, entonces y ahora? ¿Nos imaginamos el movimiento contrario, o sea los sindicalistas se solidarizan o son gays con ganas de lucha? Resulta algo impreciso. Como se cuenta en el prólogo del libro colectivo “El eje del mal es heterosexual” de ese tiempo a esta parte seguimos en las mismas, poco a cambiado o solo algunas cosas.

¿No pueden ser ellos también lesbianas y gays explotados/as laboralmente, por no hablar de las personas transexuales y más en esa época? Su toma de conciencia se topa con los prejuicios de algunos huelguistas machirulos, unos más que otros, y la vitalidad de los principales personajes logra salvar los prejuicios instituidos en el conjunto de la sociedad del momento, sin distinción de clases sociales, y donde los líderes de cualquier movimiento se presentan como héroes viriles. Pero esta separación entre activismos lleva a una escisión simbólica entre los trabajadores de la calle que salen a la calle y los gays y lesbianas concienciados políticamente. Ciertamente en los años ochenta en Inglaterra como reacción a la derecha religiosa y el desmantelamiento del estado del “bienestar” el movimiento LGTB era más punki y combativo (Outrage, Derek Jarman, Act-Up, Communards, Morrisay, Peter Tatchell y el “outing” ) pero no era una suerte de limbo que de pronto se topa con la injusticia social, que ya estaba a su alrededor. Hermosa la toma de conciencia compartida y algunas escenas donde se mezcla la tensión y el humor inglés pero no acaba de convencer en su exposición, heredando elementos del “free cinema” en versión amable y para “todos los públicos”. La experiencia es que el cuento de amor, rabia, justicia y solidaridad que nos narran con soltura Mathew Varchus, el director (venido del teatro británico de calidad) y su guionista no suele ser tan bonito ni tan superficial , los prejuicios son más sutiles y ya hay gays y lesbianas entre los huelguistas, el problema es el precio de hacerse visibles o llamar a otras casusas, las causas del género y la el derecho a la subjetividad transformadora No vienen de otro planeta.

La película plantea una visión de una izquierda heterosexista y desinformada que ve caer sus prejuicios ante el apoyo beligerante de unos manifestantes gays y lesbianas orgullosos de serlo, en su mayoría jóvenes de esos mismos barrios devastados por la recesión, esa recesión que deja en la calle a sus vecinos mineros/as. Podemos disfrutar el encanto juvenil y la ocasional poesía de “Pride”, de la ternura y coraje de todos casi todos sus personajes, pero su mensaje social es igual de esquemático que el de otros filmes, quedando por debajo de las propuestas sociales de Stephen Frears sobre la batalla perdida por los sindicatos (“Mi hermosa lavandería”, “Sammy y Rosie se lo montan”) ante un gobierno conservador dispuesto a hacerle pagar los platos rotos a los trabajadores al tiempo que legisla de la mano de la Iglesia anglicana contra la entrada de información antihomofóbica en las escuelas, promoviendo el inmovilismo en cuestiones de género, trayendo ideas feudales y recortando derechos civiles. A pesar de estar basada en un episodio histórico más que destacable la película no deja de ser un bonito cuento de hadas donde se presenta al mundo del activismo gay separado del activismo socioeconómico algo que hoy chirría bastante. y no acaba de resultar creíble. Con todo es un regalo en las áridas carteleras de esta ciudad donde las luchas suelen ser escasas, invisibles, y la mordaza precede a las personas. Parece ser que el cine social inglés tiene muchas vertientes y dentro de lo dramático de la situación “Pride” opta por la sátira, la ironía, la desinhibición y la comedia costumbrista. Pero yo acabo está crítica con una pregunta incómoda ¿donde están estos chicos/as, esta avanzadilla de los activismos queer en el cine de, por ejemplo, Ken Loach?

lunes, 30 de marzo de 2015

#hemeroteca #activismo | Justicia en memoria de Juan Andrés Benítez, asesinado por Mossos de Esquadra

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Justicia en memoria de Juan Andrés Benítez, asesinado por Mossos de Esquadra
Gerardo Ariza | Zoozobra, 2015-03-30

http://zoozobra.com/justicia-en-memoria-de-juan-andres-benitez-asesinado-por-mossos-de-esquadra/

La Audiencia avala juzgar por homicidio “doloso” y no por homicidio imprudente a los Mossos que redujeron al comerciante, vecino del Raval, Juan Andrés Benítez. Juan Andrés Benítez Álvarez, empresario, vecino del Raval, gay, políglota, monitor de culturismo, amante del arte y de la historia antigua, admirador de David Bowie, sencillo, cercano, risueño y con gran sentido del humor, gran conversador, jugador de baloncesto, amante de los animales, cofundador de la asociación LGTB Acegal, emprendedor, emigrante andaluz, 1.63 de estatura… Aprovecho estas líneas para dar las gracias una vez más a los valientes vecinos del Carrer de la Aurora en el barrio del Raval, ya que sin la aportación de sus videos y testimonios, posiblemente hubiese sido muy difícil visibilizar este dolorosísimo suceso; lo que para una gran mayoría cada vez más amplia, no es un caso aislado dentro de las políticas de seguridad ciudadana.

Gracias a todas y cada una de las personas y/o entidades que a través de su esfuerzo, por muy pequeño que parezca, han hecho que estos granitos de arena hayan sumado ¡tanto! en la construcción y consolidación de esta montaña de solidaridad. Especialmente a Rereguarda en Moviment, al Lokal y la Asamblea del Raval, al FAGC y a Gais positius, y por ende a todos los movimientos sociales, vecinales y de índole LGTB que iniciaron este proceso de defensa a través de la acusación popular. Gracias también especialmente a la aportación femenina de dos grandes mujeres: Laia Serra, abogada de la acusación popular y a Eva Moltó, jueza instructora. No olvidamos la ausencia de respuestas “decentes” desde la esfera de mandatarios políticos, y personalmente, me gustaría agradecer la solidaridad y el apoyo de aquellas personas y partidos que han sabido posicionarse al servicio de los vecinos y vecinas, víctimas de la constante falta de respeto a los Derechos Humanos, entendiendo que se está en política como servidor público. Las confluencias, sinergias y “Koinés” que la defensa de la muerte de Juan Andrés Benítez a través de la acusación popular han ido generando y la respuesta social, cargarán de valor simbólico y justicia social el juicio. Juicio de jurado (jurado popular), que esperamos desde hace 18 meses.

La figura de Juan Andrés se suma así, a uno más de los ejemplos de lucha vehiculados a través de la defensa de los Derechos Humanos. El caso de Ester Quintana, el de Bertrán Cazorla, el del armenio Alik, el de Yassir en el Vendrell, el de Pedro Álvarez, el de Idrissa, el del sufrimiento de la madre de Rodrigo Lanza, el de Can Vies, el de los encausados por el Parlament…el de Patricia, Patricia Heras… La justicia si se quiere, se puede obtener, se debe obtener.

Juan Andrés Benítez está muerto porque un grupo de Mossos de Esquadra lo intentaron reducir el 5 de Octubre de 2013 mediante un placaje que aunque ellos quieran considerarlo “praxis policial” a los ojos de la ciudadanía fue una violenta paliza innecesaria, que ningún político responsable de la seguridad ciudadana ha sabido justificar. Indecente, políticamente hablando, el silencio de Mercé Homs regidora del barrio donde ocurrieron los hechos, indecente la “no” respuesta de Xavier Trías, su mirar a otro lado, su postura de no ofrecerse jamás al diálogo con su familiares o amigos, indecente la postura adoptada por Ramón Espadaler, minimizando una actuación tan sumamente grave, …no hablo ya del comisario Trapero, de la actuación del sindicato de policías, y celebro la dimisión de Manel Prat, absolutamente necesaria, junto a la de Puig por el caso de Ester.

La muerte de Juan Andrés se enmarca en un conjunto de prácticas de represión sobre la ciudadanía. Se enmarca en la trastienda de una ciudad que se vende como Smart city al turismo de lujo, mientras vende sus barrios olvidando el bienestar de sus vecinos y vecinas a los que realmente no escucha ni atiende, ejerciendo la política del miedo y la represión sin medida contra la protesta social…pero los vecinos, vecinos valientes, esta vez grabaron. Y quizás, para los “no vecinos” como los de “gent de Ciutat morta” quede claro que la cárcel no devolverá la vida ni a Juan Andrés ni a Patri, ni tan siquiera una búsqueda de “culpables” como brazos ejecutores, porque no es una manzana, es toda la cesta podrida.

Es, esa cesta llena de responsables políticos, que siempre salen impunes ante casos de brutalidad policial, defensores de un sistema que no funciona. Que acaba con la vida. Que acaba matando. Cada día 5 desde hace 18 meses en el carrer Aurora hemos encendido velas a Juan Andrés, en su memoria, para homenajear el concepto de JUSTICIA porque creemos en ella escrita en mayúsculas, el concepto de amistad porque sabemos de ella, el de implicación política, porque consideramos que podemos vivir en otro modelo de sociedad, como respuesta a lo que personalmente consideré desde el primer momento que Juan Andrés Benítez (y aún a día de hoy), nos está preguntando a todos: ¿en qué modelo de barrio, de ciudad, de sociedad, de mundo, queremos vivir, si en uno solidario, o en uno que deja abandonados en la estacada a aquellos que muestran signos de debilidad o diferencia condenándolos al olvido de sus personas y de sus historias? ¡Prou Brutalitat, prou impunitat! ¡Stop Homofobia! Te esperamos el día 5, en el Carrer Aurora, donde la muerte se ha transformado en vida, alegría y creatividad en el Ágora Juan Andrés Benítez. Querido Juan Andrés: Sevilla está llena de azahar estos días…y Barcelona… de Dignidad.

sábado, 28 de marzo de 2015

#hemeroteca #activismo | Entrevista a Josué González Pérez, activista LGTBI y de izquierdas

Imagen: Zoozobra
Entrevista a Josué González Pérez, activista LGTBI y de izquierdas
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-03-28
http://zoozobra.com/entrevista-a-josue-gonzalez-perez-activista-lgtbi-y-de-izquierdas/

El activista feminista y LGTBI, el joven Josué González (@unvirusqueer), nos transmite su visión de la política madrileña y nacional. “Muchas nos hemos visto obligadas a invertir nuestras fuerzas en la construcción de otros espacios, para lograr, en efecto, procesos de convergencia que no se agotan en las elecciones de mayo”

Eres un canario asentado en Madrid. ¿La región ha recortado tu pluma o sabes cómo sortear ese tipo de recortes? ¿Qué te da más quebraderos de cabeza la universidad o tu militancia política y activista? ¿Y más alegrías?

Me gusta eso de “ha recortado tu pluma”. Sí, es la idea de que, en estos momentos, las personas LGTBI (Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales e Intersex) ocupamos posiciones de vulnerabilidad frente a los recortes ejecutados, más que por la “región”, por aquellos que velan por los intereses de los que mandan, de los que ganan sin presentarse a las elecciones. Por aquellos a los que Esperanza Aguirre les parece una tía “cojonuda”. Esa señora ha activado la fuerza de la gente, desde el momento en el que decide encargarse de expoliar todo lo público. Incluida esa universidad que tan disputada se encuentra hoy por miles de estudiantes que se movilizan contra el 3 más 2, que no es sino otra vuelta de tuerca más a la idea que manejan algunos de que la educación universitaria debe ser otro nicho de mercado y con ello destrozar los sueños de todas aquellas que pretendemos continuar nuestros estudios. ¿Alegrías? La más grande: que somos capaces de señalar a los culpables de esta situación. Si así no fuese, sí que tendría, como mínimo, muchos quebraderos de cabeza.

Las que mantenemos luchas también contra el sistema heteropatriarcal y no estamos ahora en ningún partido, nos tememos una experiencia bastante desagradable y ya vivida: que se nos repite que lo nuestro “no es prioritaria” Historias que se repiten, agudizadas por la llamada “crisis”.

Este temor lo hemos tenido todas, pero ya el miedo ha cambiado de bando en un sentido estricto. Ante una crisis de régimen como la actual, donde sus cimientos son puestos en cuestión por un amplio sector de la población, no podemos desaprovechar la oportunidad que nos permita disputar que ese sujeto político de ruptura no se muestre opaco ante las luchas feministas y LGTBI. Eso se podrá elaborar desde la forma “partido”, instrumental por ejemplo, o a través de los movimientos sociales porque, en ningún caso, una parte tiene que solapar a la otra cuando se pueden mantener dinámicas políticas, productivamente conflictivas y tensionadas, entre ambas en aras de una radicalización de la democracia.
El movimiento feminista, o mejor dicho los movimientos feministas, se queda estupefacto ante el gobierno varonil en Grecia. Claro está esto no es extrapolable aquí, sobre todo cuando en las organizaciones que apuestan por la ruptura democrática se empieza a trabajar por fin cuestiones de género y sexualidades, con bastantes mujeres ¿Crees que eso ocurre únicamente gracias a las propias mujeres o gente LGTBI que participan en esos espacios?

Es evidente que sí. La relación entre movimientos feministas y partidos políticos rupturistas siempre ha sido muy parecida a la de un “matrimonio infeliz”. Y quizás es deseable que así siga siendo. Con esto quiero decir que siempre será necesario que los movimientos mantengan una autonomía propia frente a los procesos más institucionales, porque no sería deseable que se suspenda un conflicto político productivo que, a ser posible, no destruya las condiciones políticas para el diálogo y la confluencia, pero igual de indeseable sería un orden donde lo institucional no pinte nada. Esto, por un lado, permite sostener las medidas impulsadas desde la institución, en un terreno complejo, pero, por otro lado, desbloquea la posibilidad de impulsar otras que se encuentren ausentes en las prioridades políticas de los partidos que pretenden representarlos o que se sienten representados en su actividad democrática en el asfalto. Dentro de los partidos como tal, existen grandes resistencias a que lo nuestro no sea relegado a “meras mariconadas” o a “cosas secundarias” pero también es cierto que tenemos a grandes aliadas cuyo trabajo y cuya lucha han agrietado esa falacia desde dentro y redefiniendo la política desde una posición feminista, explícita o no, como es el caso de María Espinosa (CxM), Beatriz Galiana (CxM), Beatriz Gimeno (Podemos), Ada Colau (BcnEnComú), Lara Hernández (IU) o la propia Tania Sánchez, sobre la cual han recaído todo tipo de tópicos machistas, empezando por considerarla una mera “herramienta” de su pareja, como si no tuviera existencia política propia, como si ya no se hubiera construido “esa habitación propia”.
Hablemos un poco de Podemos. Lo han atacado por todas partes de las formas más viles posibles, aunque también ha captado mucho descontento. Pero yo lo que me temo es que no puedan cumplir sus promesas, es decir, coacciones desde fuera como los griegos que se traducen en concesiones.

Cuando en un determinado momento, en la sociedad, existen una serie de demandas insatisfechas, que no son reconocidas por las instituciones, nos encontramos ante las condiciones de posibilidad de emergencia de populismos que pretenden construir un sujeto político, denominado “pueblo”, que puede fijarse contra una mafia que nos expropia e insulta o contra los inmigrantes, las feministas, los sindicatos o las personas LGTBI. En Francia ha sucedido esto último con Marie Le Pen, mientras Podemos, en nuestro país, ha logrado que eso no sea así, que ese hueco no lo dispute una fuerza política de “extrema” derecha. Por eso mismo surgen los ataques ya que lo que esperan los de arriba no es que el pueblo cuente en tanto que sujeto político que pide el respeto que estos no están dispuestos a concederle. Lógicamente no es suficiente, de ahí el affaire por la convergencia. Sobre todo porque, como bien dices, en el marco de la Unión Europea no nos lo van a poner sencillo y el primer síntoma de ello es la demonización que ha sufrido Syriza en los medios de comunicación y que sigue presente aunque desde el gobierno griego se hayan impulsado una serie de medidas que han abierto la brecha de la esperanza. Esto último se refleja en las últimas encuestas donde se sigue manteniendo como primera fuerza política y continúa creciendo.

En mi corta experiencia en un trabajo en una fábrica la homofobia era tan brutal que si hubiera dicho que era gay -y lo hice- no me hubieran creído. ¿Crees que hay sitios a donde los avances no han llegado y tardarán mucho en llegar o depende de cada caso?

Llevábamos una racha donde lo LGTB se pensaba desconectado de otros ámbitos de la sociedad, como es el caso del trabajo, y eso ha sido un error que vamos paulatinamente subsanando. Me parece positiva la actividad política que numerosas organizaciones LGTBI llevan a cabo con los sindicatos o que existan áreas LGTBI en las fuerzas sindicales mismas, como en CCOO-sindicato al que pertenezco-, porque también la aversión contra nosotras juega un importante papel en las relaciones laborales. Últimamente se están denunciando casos de homofobia en importantes empresas como SuperSol o Burguer King o de acoso sexual como en Mercadona y esos sucesos invitan a reconsiderar la forma en la que la homofobia puede ser un instrumento de domesticación dentro de las empresas para aceptar determinadas condiciones laborales bajo el miedo al despido por “maricón”. En este ámbito, en el mundo del trabajo remunerado, no puede darse una lucha eficaz contra el sexismo y la LGTBfobia (fobia a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) si no se derogan las reformas laborales, impulsadas por el PP y el PSOE, que cierran la puerta a la democracia en las empresas.

Parece que el PSOE está más cerca de pactar con el PP que de permitir que gane Podemos. Eso es triste pero parece cada vez más evidente. Pero ¿cómo enfrentar el reto de ser otro país que no sigue los dictados de la Troika?

Sobre todo es triste para muchas personas simpatizantes del PSOE, que se sienten engañadas porque no comulgan con los pactos que este realiza con el PP, tanto de forma visible como de forma más sibilina -como el caso del TTIP o de la reforma del artículo 135 de la Constitución Española-. Son personas inteligentes y muchas de ellas no han dudado en mostrar, desde aquí, su apoyo a Syriza. Eso demuestra que la política tiene un barniz de laicidad ante las siglas y que algunas del PSOE, paradójicamente, han aprehendido antes que otras situadas en círculos de una izquierda más clara y rupturista.

Respecto al reto, que lo es, de recuperar la democracia frente a la Troika, lo que hay que tener claro, antes que cualquier otra cosa, es que la economía de mercado no puede estar por encima de la voluntad general. Partiendo de esa posición, que no es otra que la que asumiría cualquier demócrata, nos situamos en un marco donde la negociación es diferente a la que mantiene Rajoy hasta el momento, si es que se puede llamar “negociación” en vez de “sumisión”. El ejercicio de inversión de las relaciones de poder en Europa que ha sido impulsado ya desde el triunfo de Syriza, debe seguir imitado por los paises del sur, en alianza fraternal, sustituyendo unas políticas que no convencen a nadie por otras que numerosos organismos consideran factibles y necesarias: de sentido común.

Dicho eso, continuamos hablando del Gamonal y del “si se puede”. Pero cuenta un triunfo por veinte derrotas frente al caciquismo neoliberal. Con la Ley Mordaza ya aprobada por el Senado ¿van a conseguir callarnos?

Diría que la llamada “ley mordaza” no es una demanda social. ¿Hemos visto masas enfurecidas de gente solicitando que se multen a quienes ocupan una sucursal bancaria para exigir lo que les ha sido robado? Es evidente que no. Esta ley es una respuesta de las élites a numerosas prácticas políticas, abanderadas sobre todo por el 15M, que han quebrado el violento consenso que alentaba a que todo siguiera igual, que nos invitaba digerir toda una serie de atropellos contra la democracia y contra nuestra dignidad. Sin embargo, la existencia de una compleja red de agentes políticos que han mostrado su oposición a la norma, ya advierte que el silencio no va imperar, que lo que debe ser silenciado son aquellos dictados de una Troika a la que nunca le concedimos el derecho de ejecutar determinadas políticas que nos arruinan una vida que solo se disfruta una vez.

Has dado tus pasos también en el mundo académico. Por mi parte, he visto claros enfrentamientos, o no tan claros, entre gente como Celia Amorós e Itziar Ziga. Parece que hay mucho desencanto y pocas ganas de entendimiento entre lo antiguo y lo nuevo, simplificando. Pero hay un problema generacional real porque lo queer, en estos tiempos, ha dejado de ser solo teoría para convertirse en experiencias nuevas y en ocasiones nada agradables.

Creo que sé a lo que refieres. Es un tema complejo y quizás ahondar en ello convertiría esta entrevista en algo demasiado cerrado, ya que son cuestiones que no son vox populi. A mi juicio, desde un sector del feminismo se mantiene la idea de que existe una jerarquía entre hombres y mujeres y que se conserva a través de prácticas violentas como el feminicidio que nos deja más de sesenta muertas al año en nuestro país. Por otro lado, hay otras voces que, sin negar lo anterior, también cuestionan ese binarismo que nos encasilla, de forma coercitiva, en “hombres” y “mujeres”, siempre heterosexuales, y que eso limita nuestro desarrollo humano. Dicho esto, no necesariamente debe existir un desencuentro entre ambas posturas que cierre cualquier posibilidad de diálogo y traducción, sobre todo cuando seguramente ambas partes aceptan que los principios, de libertad e igualdad, que alientan la emancipación de las mujeres y de todos los seres humanos siguen vigentes porque jamás se han realizado de una forma radical. Digamos, que podría darse una tensión entre ambas partes con un resultado productivo donde podamos aprovechar lo “mejor de cada casa”.

Para Sayak Valencia, escritora mexicana, no solo el capitalismo es gore si no que la izquierda debe abandonar su machismo y su homofobia y una visión tradicionalista del trabajo productivo que invisibiliza por ejemplo a las amas de casa, a las migrantes etc. ¿Qué opinas de la economía feminista en estos tiempos?

No sólo Sayak, a la que conozco poco, sino también muchas otras como Amaia Pérez Orozco, Bibiana Meldialdea, Cristina Carrasco, Yayo Herrero o Justa Montero han puesto su granito de arena para desplazar las fronteras de lo político, situando el trabajo de cuidados, lo que no se ve pero que “mueve el mundo”, en la arena de lo público, exigiendo su reconocimiento y visibilizando su importancia para sostener todo un aparato productivo que desprecia las necesidades de la vida. Los ritmos histéricos de un sistema económico, que no respeta los límites de la naturaleza o que promueve el eslogan de que somos “invulnerables”, sólo son posibles si existe una parte de la población que -de forma gratuita, sin derechos y parece que de forma “natural”-se encarga de ello. Por eso las consignas feministas de “nosotras movemos el mundo” porque nuestra sociedad adjudica a las mujeres el papel de cuidar de todo aquello que es necesario pero que no genera el beneficio inmediato que profesa el neoliberalismo, como el cuidado de las personas mayores. La economía feminista aquí nos invita a pensar la ruptura admitiendo las limitaciones del medio natural pero también aceptando nuestra interdependencia natural, es decir, que todas necesitamos cuidados y que todas somos capaces de ofrecerlos. Esto último implica un desafío en aras de un modelo desarrollo que apueste por el “buen vivir”, en un sentido amplio y controvertido, en lugar del viejo y agotado “modelo del ladrillo” y de la “espe”-culación que tanto ha llenado las colas del INEM de la Comunidad de Madrid y de toda España.