Mostrando entradas con la etiqueta Relaciones interculturales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relaciones interculturales. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de agosto de 2017

#hemeroteca #literatura #historia | Aparición de los negros en las letras españolas

Imagen: Jot Down / 'Bashi-Bazouk', por Jean- Léon Gérôme, 1868–69
Aparición de los negros en las letras españolas.
Santiago Auserón | Jot Down, 2017-08-07
http://www.jotdown.es/2017/08/aparicion-los-negros-las-letras-espanolas/

Durante los siglos XVI y XVII, coincidiendo con el incremento de la trata atlántica, la presencia de esclavos africanos se volvió costumbre en la literatura española. El tipo jocoso del negro músico y lenguaraz surgió en las coplas, se instaló en el escaparate de la vida social que fue el teatro ligero e hizo su aparición en la incipiente novela. Los poetas jugaron a imitar las alteraciones que el «habla de guineo» hacía sufrir al castellano y a reproducir con pies métricos su ritmo musical, contagiados por la viveza de las jergas de germanías en ambientes donde la rítmica sincopada de los africanos despertaba un viejo poso de sonoridades mestizas. En sus obras dejaron constancia de un sorprendente estado de proliferación de la lengua muy distinto del marmóreo ejercicio de erudición aprendido en los colegios jesuitas, relacionado con la movilidad social y con el hechizo expansivo de las modas musicales de la época. Coplas con estribillos marcadamente rítmicos, bailes con nombres propios que retumban con afán de mito efímero, revelan una erótica de la fonación complementaria de la expresión danzante de la libido denunciada por los censores. A lo largo de los dos siglos siguientes a la invención de la imprenta, una marea musical y poética llevó en España la tradición oral hasta su extremo desarrollo. Esa actividad febril amplió el radio de acción de las canciones tanto como era posible antes del advenimiento de la era electrónica. Este es un aspecto de la literatura del Siglo de Oro poco tenido en cuenta hasta la fecha.

La presencia de africanos en la Península llegó a ejercer un influjo que los datos demográficos no explican. Los primeros rastros literarios pueden ayudar a comprender el significado de este hecho un tanto hermético. Los negros y su música aparecen primero, de forma todavía borrosa, en la literatura gallego-portuguesa: don Lopo Lias, nacido probablemente en Lugo, escribió en la primera mitad del siglo XIII una cantiga de escarnio que empieza diciendo: «En este son de negrada / haré un cantar». Está dedicada a un infanzón de Lemos a quien se reprocha su falta de aliño, el vestir un brial de tejido arábigo importado de Sevilla, ciudad recién reconquistada a los musulmanes. «Son de negrada» tiene en ese contexto un carácter particularmente despectivo y se refiere a la música de gente de piel oscura —moros norteafricanos o esclavos negros— que ya en la Edad Media era reconocible como adecuada para cantar coplas de escarnio en lengua de cristianos, aunque fuera con intención de producir un efecto grotesco.

En las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, escritas poco después, la figura del negro aparece como presencia demoniaca. Una de ellas presenta a un monje «bueno, casto y muy fiel», acosado en su lecho por unos simbólicos puercos a las órdenes de «un hombre negro de color» que les incita a que no dejen conciliar el sueño al pobre clérigo. Este pide auxilio a la Virgen, que aparece en hábito de pastora provista de una vara, con la cual dispersa a «aquella compaña del malvado demonio». El tema de la tentación del monje era tradicional en los relatos de los padres eremitas. La cantiga acentúa el tratamiento rústico y elige a un negro como representante de Satanás. Es la primera vez que un negro toma la palabra en nuestras letras, pero no es hombre, sino diablo, y habla gallego-portugués. En el marco de la poesía gallego-portuguesa, la negritud es todavía una presencia distante, son extranjero o alteridad que simboliza el pecado.

Hacia 1335, Don Juan Manuel, sobrino del Rey Sabio, recoge en El Conde Lucanor un cuento árabe destinado a hacerse famoso. Un rey avaricioso e incauto se deja engañar por «tres omnes burladores» y «muy diestros en fazer paños» con la propuesta de financiar un vestido que solamente será visible para «omne que fuesse fijo daquel padre que todos dizían». El rey calcula el beneficio que obtendrá al quedarse con los bienes de los súbditos —previsiblemente numerosos— que no alcancen a ver el tejido milagroso, «ca los moros non heredan cosa de su padre si non son verdaderamente sus fijos». Los tejedores se encierran en un palacio con «mucho oro e plata e seda e muy grand aver» para acabar de urdir el engaño. El rey envía emisarios a comprobar el paño, pero ninguno de ellos se atreve a decir que no lo ve, por no ser acusados de bastardos. Cuando se decide a comprobarlo por sí mismo, los tejedores le muestran la labor, ensalzan cualidades inexistentes, ante lo cual el rey, creyendo que todos los testigos previos han visto lo que él no alcanza a ver, exagera entre los suyos las maravillas del tejido. Llegado un día de señalado festejo, todos aconsejan al monarca que vista el paño maravilloso. Con malicioso esmero, los tejedores hacen de sastres para cortar y coser el traje imaginario, de mayordomos para ayudar a vestirlo. El rey, «vestido tan bien commo avedes oído» —es decir, desnudo— se pasea a caballo por toda la villa sin que nadie ose desengañarle; lo cual —anota el infante socarrón— «le avino bien, que era verano». Hasta que «un negro, que guardava el cavallo del rey e que non havía que pudiesse perder, llegó al rey e díxol: —Señor, a mí no me empeçe que me tengades por fijo de aquel padre que yo digo, nin de otro, e por ende, dígovos que yo so çiego, o vos desnudo ides».

En este cuento se anticipa la obsesión por la limpieza de sangre en la sociedad española. Los tejedores muestran artes y mañas comúnmente atribuidas a los judíos, pero el rey no parece menos avaricioso ni menos dado al engaño. Por agrandar su fortuna, especula con el derecho sucesorio, hace cuentas con el número de vasallos que verán descubierto su falso linaje, provocando la deshonra de sus madres respectivas, pero la misma amenaza vuelve su dedo contra el rey y su corte. La mentira se agranda como alegoría del edificio social completo. Tiene que ser un negro el único que diga la verdad. Carece de motivo para fingir honra, pero detenta el único papel noble del cuento. En la tendencia a identificarse con la verdad, el lector o el oyente sospechan por un momento su igualdad con el esclavo negro. Es la primera vez que un africano habla —y con sentido común— en castellano. Su papel escueto no hubiera podido ser superado, si no fuese porque la verdad nunca aparece tan desnuda como el rey del cuento.

La primera narrativa española hace hablar a un negro en un cuento tomado de los árabes, pero la poesía portuguesa se anticipa en la elaboración del tipo cómico en coplas y representaciones. El Cancioneiro geral de García de Resende incluye dos octavas de Fernam de Silveyra escritas en torno a 1455, en las que un rey de Sierra Leona, con ocasión del enlace entre la infanta doña Juana de Portugal y Enrique IV de Castilla, expresa reconocimiento hacia la corona a la que sirve y ofrece que baile su gente al modo en que se hace en su tierra. El motivo burlesco está supeditado a la alabanza del poder colonial y no transmite veracidad, salvo la posibilidad de que la desnuda gestualidad africana irrumpiese en la celebración de la corte lusa, lo cual parece proporcionar al poeta callado regocijo. También en el Cancioneiro geral, un poema burlesco de Anrique da Mota presenta a un clérigo lamentándose porque se le ha derramado un tonel de vino. Culpa injustamente a su esclava negra y la amenaza con lardearla, es decir, con verter tocino derretido en las heridas provocadas por los azotes, práctica común entre los propietarios de esclavos de la Península. Ella se defiende haciéndose entender en su jerga risible, habla de dirigirse al juez con su reclamación agravada por la sospecha de amancebamiento, hasta que el cura renuncia a la acusación. Un amigo poeta le sugiere que se consuele de la pérdida del vino con la posesión de la esclava. Aquí no solo percibimos acentos más reales, sino cómo la figura de la negra cobra protagonismo, se defiende de la injusticia, afirma su carácter y su posición sirviéndose del motivo sexual, que se insinúa como poderoso implícito.

Rodrigo de Reinosa es el primero que hace hablar a los negros en verso castellano, unas décadas después, con realismo mucho más crudo que los cortesanos portugueses. Viajero aficionado a la música y al festejo de taberna, se familiarizó con el habla de los «rufos» y «marcas» del hampa y con la jerga afroibera en Sevilla, donde los esclavos llegaban habiendo aprendido algo de portugués en los puertos africanos o en Lisboa. El tipo cómico que luego pasa a entremeses y comedias apunta en sus coplas, cuyo interés, más que poético, es documental. Los negros se presentan como objeto de burla por su manera de expresarse, por su baja condición, por su alimentación repugnante, pero a la vez se insinúa a través de ellos la parodia de las costumbres castellanas: un esclavo y una esclava se motejan de «putos negros escarabajosos», con el tratamiento de «don» y «doña» propio de hidalgos, alardeando de la superioridad de sus respectivas etnias y de la alcurnia de sus amos (uno obispo, otro corregidor). Se alude repetidamente a la sexualidad, el negro se envanece de su brío, pretende hacer con la negra «choque-choque». Otras coplas, que «hánse de cantar al tono del guineo», hacen referencia a las bajas tareas en que se ocupa el esclavo para aliviar su miseria. Y en otras atribuidas al mismo autor, una dama se rebaja a pedir a su esclavo prieto que le cante y le conceda trato carnal, mientras su esposo se afana en Tierra Santa. El esclavo se resiste, reprochando a su ama la altivez y la crueldad habituales, pero finalmente accede, no sin antes alardear de músico: «Sé cantar con mil primores / tiples, contras y tenores / que más de veinte cantores / me cobdician la garganta». El autor juega con la burla escabrosa, pero, por encima de todo, pone de relieve la musicalidad del negro. Cuando se complace en imitar su jerga por primera vez en castellano, el «tono» y el baile del guineo son ya populares. El hecho musical precede al interés por las maneras de los negros y en cierto modo trasciende su eficacia cómica.

Gil Vicente escribió sus farsas para divertimento de la corte lusa, algunas de ellas en el castellano de uso protocolario. El clérigo de Beira se representó ante Juan III de Portugal en 1526. Igual que otras farsas vicentinas, consta de una serie de escenas dialogadas, con un personaje que hace de hilo conductor para representar el contraste entre corte y aldea, o entre lenguaje culto y vulgar, con el único objeto de provocar situaciones jocosas. Precedido por su fama de ser «el mayor ladrón del mundo», aparece un pícaro negro que despoja de su vestimenta al hijo de un labrador mientras se baña. Entra en escena cantando, se expresa en jerga afroibera con abundantes invocaciones religiosas, fragmentos deformados del padrenuestro y de la salve. Fingiendo espantarse del robo y del engaño generalizados, apela a la omnisciencia del Todopoderoso de modo caricaturesco: «¡Calla! Rios [Dios] encima é / y a quien furta ele lo ve. / Rios nunca va drumí, / sempre abre oyo así». Un poco más adelante, utiliza los mismos atributos para describir los poderes del maligno: «Mi no hablá burlería, / pos ¿para qué furtá? / Que riabro sempr’etá / abre oyo turo ría». Dejándose llevar por su locuacidad, bajo el lema «mundo, turo cansera» (todo en el mundo es fatiga), el pícaro prieto entona un responsorio en el que la palabra «cansera» se repite al final de cada verso, como antífona africana que al producirse en lengua romance parece anticipar el son montuno. Mientras busca la ropa del labriego entre los matorrales, libra una letanía grotesca, retazos de una salve corrompida mezclados con expresiones escatológicas, monólogo fascinante, semejante al encantamiento brujeril de un babalao. Gil Vicente concede mucho espacio al negro, se sirve de él para expresar humorísticamente su concepción fatalista. El negro acaba haciendo una defensa del robo como única forma de supervivencia, compatible con la fe religiosa más sencilla: «Quen furtá, homble sesuro / y loar a Rios con turo / y Siñó Pirito Santo». Gil Vicente documenta el extraño germinar del sincretismo religioso afrohispano. La jerga del pícaro negro serpentea entre dos lenguas peninsulares y adapta su comportamiento a la práctica común: hurtar mientras se invoca al cielo. Su carácter esquematizado basta para expresar la amarga —pero risible— verdad del mundo.

Las letras castellanas desarrollan ese arquetipo, que poco a poco va adquiriendo carnación humana. Todavía en el segundo cuarto del XVI ocupa poco espacio la negra de la Farsa de la hechicera de Diego Sánchez de Badajoz, pero se muestra llena de buenos sentimientos. A un galán a punto de darse muerte por desengaño amoroso, la negra le arrebata el puñal diciendo: «nunca bono sar morira». Y junta afectuosamente su cara con la de él, pero es brutalmente rechazada por el hidalgo que exclama: «puta negra dasme besos / hacerte he saltar los sesos». Un caballero español puede pecar contra su propia vida, pero no llegar hasta el extremo de aceptar mimos de negra, aunque el impulso que promueve el contacto entre pieles tan dispares fuera solo fraterno. La negra honrilla puede más que la bondad, en el plano moral se invierten las coloraciones. En la Farsa teologal, mientras un teólogo verboso alecciona a un pastor, una muchacha prieta viene cantando un villancico, tañendo alegremente un pichel con el que va a buscar vino para su señor, dando al teólogo motivo de alabanza y regocijo: «O sacro verbo divino / o misterios eternales / que aun a los negros bozales / manifiestas tu camino». El teólogo la requiere, capcioso, pero la negrita se asusta; la retiene por un brazo para que siga cantando, pero ella insiste en escabullirse y amenaza con gritar; le ofrece nueces y el pastor la increpa: «ven acá, negra maldita». Ella se niega a cantar, aunque le dieran higos. El pastor la llama «doña negra de azabache» y le arrebata el jarro de estaño para hacer con él un espantajo: lo ata a su cayado, mete una vela dentro, lo tapa con un papel negro «con ojos y boca, por donde sale la luz de la vela». La brutalidad rústica construye un esbozo de escenografía pagana que poco tiene que ver con sentimientos cristianos. Sánchez de Badajoz compara en un plano de igualdad la moralidad de la negra, del caballero, del teólogo y del pastor. Ella muestra sentimientos que el autor quiere hacer cercanos, mientras en ellos se delatan dobleces crueles que, puestos en escena, resultan exóticos, aunque propios de la gente ibera.

En dos comedias de Lope de Rueda representadas en torno a 1540, la negra aparece como tipo cómico plenamente configurado. En la Comedia llamada Eufemia, el taimado lacayo Polo intenta seducir a la negra Eulalla. Desde la puerta de la calle, la oye cantar y exclama: «¡Qué embebida está en su música!». La esclava da a entender que la música es el don de los negros: «Ofréscomela Dios turo poreroso, criaror na cielos e na tierras». Asoma de mala gana, porque se ha quemado el pelo con hojas de lejía, intentando volverse rubia. Polo la requiebra con hipocresía, le ofrece mentidos regalos y ella desconfía, pretendiendo que podría casar mejor. El afán de mejora social de Eulalla, en razón de sus cualidades físicas («que aunque tengo la cara na morenicas, la cuerpo tienes como un terciopelo dobles») se cruza dramáticamente con la perversa y codiciosa intención de Polo: «¡Pese a tal con la galga! Yo la pienso vender en el primer lugar diziendo que es mi esclava, y ella póneseme en señoríos». Lope de Rueda hace gala de un instinto dramático electrizante, aunque su escritura genere reservas entre los críticos. Cervantes afirmaba su excelencia en el prólogo a la edición de sus propias comedias y añadía un dato interesante: el mismo autor se encargaba con éxito de los principales roles cómicos, entre ellos el de negra. En la Comedia llamada de los engañados se inserta una escena doméstica en la que, en presencia de la joven ama Clavela, la moza Julieta y la negra Guiomar intercambian insultos. Ante las ofensas de la criada blanca, el ama se compadece de su esclava. Aunque se sirve del insulto racista para provocar la risa, Lope de Rueda busca la identificación de su auditorio con el papel que él mismo representa.

Por la misma época, la novela incipiente confirma el relativo grado de inserción de los negros en las capas bajas de la sociedad. El salmantino Lázaro de Tormes «nacido en el río», en una aceña emplazada dentro del cauce, es el prototipo del castellano mísero. Cuando su madre enviuda, recibe como padrastro a un negro mozo de establo y de la unión de ambos nace un hermanito igualmente oscuro que crece desconcertado entre rasgos diversos: «como el niño via a mi madre e a mi blancos y a él no, huya dél con miedo para mi madre y, señalando con el dedo, dezia: “¡Madre, coco!”. Respondió él riendo: “¡Hideputa!” Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanico e dixe entre mí: “¡Quantos deve de aver en el mundo, que huyen de otros, porque no se veen a sí mesmos!”». Más hondo que el efecto burlesco alcanza el espíritu humanista que insinúa la falsedad del sentimiento de superioridad de unos humanos sobre otros. Esa ambigüedad moral caracteriza toda la literatura de negros en España: se inicia con la extrañeza despectiva, se deja atraer por el hechizo musical y evoluciona hacia la conmiseración, aunque sin desligarse de la burla. La minoría negra provoca un efecto revelador de inquietas duplicidades en la realidad española. 

Y TAMBIÉN…
De esclavo a catedrático.
Juan Latino pasó de servir a ser profesor de latín. Escritores como Cervantes lo citan en sus textos.
Ángeles Lucas | El País, 2016-12-30
La puesta en escena de Lope de Vega / Eva María Rodríguez García ; dirigida por Inmaculada Urzainqui Miquelez
Tesis Universidad de Oviedo, Departamento de Filología Española. Fecha defensa: 2014-01-22
TEXTO COMPLETO | RUO – Universidad de Oviedo

lunes, 8 de mayo de 2017

#hemeroteca #literatura #homosexualidad | María Tena : “Hoy, en España, el tema gay ya no debería ser un tema”


Imagen: Cuarto Poder / María Tena
María Tena : “Hoy, en España, el tema gay ya no debería ser un tema”.
Juan Ángel Juristo | Cuarto Poder, 2017-05-08

https://www.cuartopoder.es/detrasdelsol/maria-tena-hoy-en-espana-el-tema-gay-ya-no-deberia-ser-un-tema/9266

La trayectoria literaria de María Tena (Madrid, 1953) es la de una autora que publica pocos libros pero cada uno de ellos incide en una temática y un desarrollo muy distinto al libro anterior, así, ‘Tenemos que vernos’, ‘Todavía tú’ o ‘La fragilidad de las panteras’, de hermoso título, y que fue finalista del Premio Primavera en 2010. Gestora cultural conocida –estuvo a cargo del Instituto Cervantes en Nueva York– editora, escritora, María Tena ha ganado el Premio Málaga de Novela con ‘El novio chino’ (Fundación José Manuel Lara), una historia amorosa que se desarrolla en Shanghai en 2010 entre Bruno, un algo desengañado ejecutivo cultural español, y John, un campesino chino que recientemente llegó a la ciudad proveniente de la aldea. Desde que se publicó, debido a su temática, la novela ha sido objeto de malentendidos, malentendidos a los que la autora se refiere en esta entrevista, donde se nos dan ciertas claves de la misma para mejor comprensión de su lectura, a la vez que reflexiona sobre la generación literaria a que pertenece.

– ‘El novio chino’ es una novela que trata el tema de la homosexualidad masculina. ¿Cuál fue el mecanismo que le indujo a ello?

– No fue premeditado, se me impuso. Una noche en Shanghái, en un bar tan friki como el que se muestra en la novela, asistí a un intercambio de miradas entre dos hombres. Uno era un español hecho a sí mismo y muy sofisticado y el otro un chino recién llegado de una aldea rural que había huido de un padre cruel que quería obligarle a casarse. Me conmovió su atracción inmediata. La soledad radical que compartían. Ahí me quedé. Fue la chispa, todo lo demás es ficción. Supe después que esos dos hombres siguen juntos. Pero eso es lo de menos.

La ficción que escribí resultó más creíble, más coherente, que la realidad. Una historia llena de tropiezos, malentendidos, desencuentros. Pero también mucha hambre de estar juntos. La Expo, con sus seis meses de duración, funciona en la historia como esa bomba que se pone debajo de la mesa de la negociación en algunas películas. Ese límite de tiempo que agobia tanto a los dos y que crea una intriga que nos mantiene alerta como lectores.

– ¿No le hubiera sido más fácil que los personajes fueran mujeres?

– No suelo escoger historias fáciles, soy un desastre, siempre me complico la vida. Esta novela conecta con esa sensación de que la soledad te hace débil y ser querido por otro te fortalece. Aunque el tema es muy tangencial en la novela también me hizo recordar a la época más dura del sida. Por otra parte, la historia coincide con esa permanente preocupación que tengo con la gente que sufre por los prejuicios de los demás. Hay una parte de los españoles que todavía se resiste a normalizar formas distintas de relacionarse y a admitir otros modelos de familias. Seguimos teniendo esos miedos atávicos a lo diferente. No soy ni gay ni china pero me parece que hoy, en España, el tema gay ya no debería ser un tema.

Esta historia de amor es también un relato de desencuentros permanentes. Son malentendidos que se dan normalmente en las parejas pero que aquí se acentúan por la diferencia cultural. Cuando la relación empieza apenas se entienden, ni pueden dar nada por sobrentendido. Y en cada momento son conscientes de que, de repente, todo puede irse al garete. Nada más les une la soledad y sus cuerpos. Pero esta también es una historia de poder. Y de cómo su relación los hace cambiar radicalmente durante la historia. Quieren ser diferentes para poder convivir. Y, de alguna manera, se pasan de rosca.

– ¿Podría hablarnos de las dificultades que tuvo a la hora de que aceptaran la novela? Tengo entendido que querían que lo cambiara por una pareja heterosexual.

– “A los heteros no les interesan nada las novelas gay”, me dijo un editor. Y otro: “Lo gay no vende”. Pero es que no todo el mundo escribe para vender. Lo que quiero, lo que me mueve a escribir son pulsiones infinitamente más complejas y ambiciosas. Me interesan las historias que me plantean preguntas. Por ejemplo, en este caso, la historia me ha hecho pensar el misterio que es poder vivir con otro. En por qué estamos por aquí y por qué necesitamos tanto a los demás. Si luego puedo publicar lo que hago, si encima se vende, mejor que mejor. Pero no es eso lo que me conmueve, lo que me excita. Tampoco estoy segura de que esos editores tuvieran razón. Y aquí tengo que dar las gracias al Jurado del Premio Málaga, al Ayuntamiento y a la Fundación José Manuel Lara por apostar por El novio chino. Por premiarla y por publicarla.

– Sigamos con los malentendidos. He visto en algunas librerías la obra en la sección de novela romántica, versión anglosajona de nuestra novela rosa…

– Así es. Son temas del mundo editorial que confunden a los lectores. Mis anteriores novelas, y ésta mucho más, surgen de la ambición literaria. Ponerle otro adjetivo, es reducirla, domesticarla. No, ‘El novio chino’ no es para nada la típica novela romántica. Tiene su ‘Sturm und Drang’… pero a lo bestia. Muy poco que ver con la, por otra parte muy meritoria, Corín Tellado.

– Bruno, es el ejecutivo español, y John, el campesino chino que huye a Shanghai en busca de una vida mejor. Supongo que dar sentido a tal contraste habrá sido para usted un aliciente por su dificultad…

– Exactamente. El autor nunca sabe del todo lo que ha escrito, ni sí la intriga funciona, o si ha conseguido crear un mundo autónomo y dinámico. Son los lectores, cuando se apropian de la historia, los que te dan la respuesta. La gracia de ‘El novio chino’ era precisamente la dificultad. Que dos personas con lenguas, ideas, culturas y comportamientos tan radicalmente distintos puedan convivir es un milagro. Hacerlo verosímil era todo un reto.

– Esa relación homosexual, llena de contrastes, ¿no podría ser la metáfora deseable de la unión de Oriente y Occidente?

– Empecé la historia con la secreta intención de que sus papeles se intercambiaran. Y quería que cada uno de ellos ocupara, casi simétricamente, las mismas páginas en la historia. Pero es cierto que cuando creas un personaje sucede eso que decía E.M. Forster en sus famosas conferencias en el Trinity College. Los personajes, decía, son masas de palabras que acuden cuando se les evoca. Pero a la vez son espíritus rebeldes, que se escapan, se van de las manos. Al ser creaciones dentro de una creación, a veces no guardan armonía con respecto esta. De hecho, a medida que la novela crecía las metáforas empezaban también a vivir. Era eso que tan bien has detectado de la unión entre dos mundos. Pero también muchas cosas más. Mis personajes llevan encima esa mugre del sufrimiento pasado. Sus mentiras y sus traiciones. Esas contradicciones que tenemos los humanos y que estalla en tantas parejas.

– La novela es, en realidad un canto a Shanghái. Usted estuvo en el Pabellón de España en la Expo en 2010…

– El Gobierno me nombró Comisaria de España ante la Expo de Shanghái. Una gran responsabilidad. Seis meses trabajando sin tregua con un equipo espléndido que recibió a más de siete millones de visitantes. Jefes de estado, reyes, artistas famosos, grandes empresarios. Pero, sobre todo, millones de chinos venidos de muy lejos, igual que John. Cuando llegué había leído mucho sobre China y estaba preparada. Pero Shanghái me trastornó… la ciudad del pecado, nacida sobre el barro pantanoso el río Huangpú. Sofisticada, bellísima y mugrienta y canalla a la vez. Casi todos los días, y han pasado siete años, la echo de menos. Tomé algunas notas, pero lo que vivía era tan intenso que hasta que no sedimentó no empezó a nacer la novela. Fue unos meses después y ya en Madrid.

– Muchos creen que aquella llamada nueva narrativa de los 80 era la versión socialdemócrata de la época, un poco como representó Günter Grass a la Alemania de la época. ¿Cómo ve el panorama actual de la literatura en España en las nuevas generaciones?

– Mientras parece que las pantallas han tomado el lugar del papel, las historias siguen floreciendo por doquier y en España la enseñanza obligatoria y gratuita que trajo la democracia amplió mucho el número de personas que quieren y creen que pueden ser escritores. Son deseos positivos, muy interesantes. Lo que me asombra es que haya tanta gente que crea que, sin apenas leer, sin ninguna preparación, se puede escribir una novela. Como si uno pudiera hacer un rascacielos con unos pocos kilos de cemento y hormigón. Cada escritor tiene unos deseos, unas ambiciones. Y no todos tienen por qué pasar a la historia. Pero, como decía Carver, el esmero debería ser la única convicción moral del escritor.

En cuanto a las nuevas generaciones de novelistas, hay gente muy brillante a la que admiro. Tengo la impresión que uno de los peligros que nos acecha a todos es la prisa. Leo novelas que son ideas espléndidas pero que a partir de la mitad se desinflan o se aceleran demasiado. Siempre recuerdo lo que decía Italo Calvino de los clásicos. Esa necesaria lentitud y concentración para que las obras que escribimos sean capaces de perdurar. Para mí una de las grandes enseñanzas de 'El novio chino' ha sido lo bien que le ha venido el tiempo que dediqué a la corrección y a la reflexión. A veces la masa tarda en cuajar. Ahora me asombra lo que era la primera vez que creí haberla terminado, y en lo que se ha convertido. Uno nunca está del todo satisfecho con lo que hace. Pero cuando más nos esforzamos por lo menos nos queda “La gloria del intento”, como decía Don Quijote.

martes, 21 de febrero de 2017

#libros #literatura #homosexualidad | El novio chino

El novio chino / María Tena.
Sevilla: Fundación José Manuel de Lara, 2017 [02-21].
256 p.
Colección: Premios
ISBN 9788415673385 / 19 €
Premio Málaga de Novela 2016

/ ES / NOV
/ Amores / China / Homosexualidad / Literatura / Relaciones amorosas / Relaciones humanas / Relaciones interculturales

Bruno, un sevillano abrumado por los problemas económicos, es el jefe de protocolo del Pabellón de España en la Exposición Universal de 2010 que se celebra en Shanghái; John, que al llegar a la ciudad ha cambiado de nombre, es en realidad Wen, un campesino chino que ha atravesado 600 kilómetros para huir de un padre violento y de la miseria de su aldea natal. Dos seres muy diferentes unidos por la soledad. Y una historia de amor a pesar de todo.

sábado, 6 de junio de 2015

#hemeroteca #cine | A escondidas

Imagen: Google Imágenes
A escondidas
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-06-06
http://zoozobra.com/a-escondidas/

“A escondidas” del joven cineasta vasco es una película más que interesante. Es una buena película, que sin grandes aspavientos logra un intenso retrato humano y social, amargo y conmovedor. Rueda no solo consigue hacer creíble la atracción de los dos protagonistas masculinos jóvenes, uno marroquí y el otro bilbaíno perdidos en una tierra escasa de oportunidades reales sino que consigue un retrato urbano y social bastante contundente, a ratos desesperanzado, que nos puede recordar vagamente el cine de Pasolini, Eloy de la Iglesia, Antonio Hens, etc. El problema es que “A escondidas” muestra cierta incapacidad, me da que no solo característica del cine vasco, para plasmar el homoerotismo en imágenes, para ir más allá de las medias tintas en los guiones, aunque el realizador sepa dotar de vida a sus imágenes y de humanidad a sus personajes y sus encuentros y desencuentros. Las trilladas declaraciones de los dos actores jóvenes sobre lo que mas les costó es la escena del beso en un filme donde hay amenazas, represión policial, racismo, marginalidad y homofobia decepciona al público, entre otras cosas porque no hay un solo beso en condiciones, o yo no lo he visto. ¿Dijo alguna vez Rock Hudson lo que le costó besar a Doris Day? Con todo, la apuesta no debe pasar desapercibida. Rueda, a pesar de este deje ya clásico en nuestro país, sabe filmar el deseo, las ofensas materiales y simbólicas y los mecanismos de exclusión clasista racista y sexista que se acentúan mucho más en las clases mas desfavorecidas o en las personas que vienen o van de otras culturas en busca de oportunidades que no siempre se materializan, igual que no se materializa “ese loco amor” que intenta filmar Rueda.

El filme desde el comienzo atrapa al espectador, y aunque finalmente cae en cierta retórica social característica del cine en el estado español, estamos ante una gran historia de amor intercultural en un entorno degradado y hostil. Sus imágenes tienen una gran capacidad de sugerencia, aunque algunos secundarios sean un poco unidimensionales. Una historia de amor sin sexo, lo cual es muy respetable sino resultara, como en esta ocasión, una clara concesión a no sé quién. Rueda sabe capturar las atmósferas donde se mueven sus protagonistas, sus ilusiones, la represión selectiva sobre los sin papeles, el machismo y la homofobia de las cuadrillas a esa edad, pero si la ausencia de sexo en “80 egunean” tenía un sentido en una obra delicada y poética sobre el amor en la vejez, en “A escondidas” parece que hay más miedo en mostrar el homoerotismo juvenil que en denunciar el racismo, la desestructuración de un sector de la población o las formas de racismo institucionalizadas.

Gracias a un elaborado guión y una cuidada puesta en escena, con imágenes nada desdeñables, “A escondidas” se convierte en un trabajo a tener en cuenta, pero como se dijo a propósito de la muy inferior “Ander” hay algo antiguo en ella, una resistencia ya casi tópica en “nuestro cine” a traspasar en sus fronteras una extraña pulcritud que la convierten en una muy apreciable rareza. Afortunadamente “A escondidas”, a pesar de sus imperfecciones, y al contrario que, por ejemplo, “15 años y un día” de Gracia Querejeta -y otros títulos pretendidamente progresista del cine patrio- se introduce en los sentimientos de sus personajes, hay elementos palpables, sin concesiones, aunque sin dejar de caer, eso sí, en cierto esquematismo. “La partida” de Antonio Hens, rodada en Cuba y llena de sexo, denuncia y sudor, no ha sido ni siquiera acogida por los festivales por nuestros lares. Ninguneada y condenada a circuitos reducidos de distribución. “A escondidas” ha tenido un poco de mejor suerte, pero al no entrar en terrenos de expresión emocional más que en un plano casto y temeroso deja no solo una sensación de tristeza sino también de frustración, a pesar de la valentía inicial de su propuesta y el esfuerzo con el que conduce a sus protagonistas por los escenarios de una huida sin fin. El llamado “tercer mundo” habita también en las calles de Europa, y la expresión de las sexualidades no normativas se sigue encontrando con actitudes arrogantes o violentas. La falta de contacto físico puede parecer una observación frívola o superflua pero al ver cómo plasma la alienación social y los mecanismos de seducción se echa de menos ese beso que tanto les costó darse a los dos actores protagonistas.

domingo, 22 de mayo de 2011

#hemeroteca #cine | Mikel Rueda: "Quiero huir del cliché del gay con pluma en 'A escondidas'"

Imagen: Deia
Mikel Rueda · Director de cine: "Quiero huir del cliché del gay con pluma en 'A escondidas'"
Mikel Rueda (Bilbao, 1980) sigue presentando 'Izarren argia' en festivales de medio mundo, pero ahora está centrado en 'A escondidas', un proyecto que cuenta la historia de amor de dos chavales de 14 años en un Bilbao que no sale en las postales turísticas
Andoni Iturbe | Deia, 2011-05-22

Hace tres años terminó el guión de "A escondidas", un proyecto que dice haber salido de sus entrañas. Pero en el camino irrumpió "Izarren argia" y tuvo que aparcarlo momentáneamente. Espera llevarlo a cabo en los próximos meses, sin embargo sus ojos delatan que Ibrahim y Rafa, los protagonistas, tienen vida propia.

¿Ha cerrado la puerta de 'Izarren argia' o le sigue iluminando por el camino?
No se va a cerrar nunca la puerta. Me va a acompañar siempre. Es mi primera película y siempre va a estar conmigo. Cada paso que das en este mundillo sirve para aprender y poder hacer más proyectos. No quiero decir que la película en sí fuera un aprendizaje, pero me sirvió para mucho. Además, la película sigue viva. Sigue todavía festivaleando. Y buscando distribución fuera del país.

¿Le preocupa el hecho de moldear un estilo cinematográfico?
El estilo se va haciendo poco a poco. No sé si tengo un estilo marcado. Izarren argia fue un producto de encargo y la hice muy mía porque si no es imposible que lo lleves a buen puerto. A escondidas es un proyecto que nace de mí. De mis entrañas y que va a ser muy mío. De ahí en adelante sabré si tengo un estilo propio o no. Eso lo tendrá que decir la gente, supongo. A mí lo que me interesa es contar historias. No sé si seré capaz de crear un estilo propio como el que tienen Almodóvar, o Amenábar.

Amenábar, no es el mejor ejemplo...
No, no tiene mucho estilo todavía, es verdad. No creo en directores con estilo, porque me parece que todo se centra en el director, y no en la historia.

¿Cómo va a ser 'A escondidas'?

Es un drama, no un dramón. La historia de dos chavales de 14 años que descubren unos sentimientos. No quiero acercarme a la homosexualidad como una problemática. Ellos van a vivir su primer amor como algo normal y natural. El resto no van a estar juzgando la relación. Es verdad que la historia tiene subtramas, relacionado con uno de los chicos, que está en un centro de menores y termina expulsado. Pero vamos, todos hemos sentido ese primer amor con una sensación de vértigo. El germen del amor es común.

¿Va a obviar el hipotético rechazo o discriminación que podrían sentir esos dos chavales?
Sí, es verdad que el chaval homosexual tiene una carga social que le obliga a vivir ese sentimiento en privado y oculto, pero cada vez menos, afortunadamente. Quiero huir de los clichés. Es decir, del gay con pluma, que siempre está con chicas. Es verdad que existe pero hay más abanicos.

¿Va a buscar caras nuevas? ¿Chicos del barrio que nunca han visto una cámara?
Vamos a hacer un gran casting porque la película está sustentada en estos dos protagonistas. Habrá que patear institutos y las calles buscando a estos dos chicos. No quiero unas caras conocidas. Los chicos de 14 años no suelen ser actores y es muy difícil que a esas edades encuentres a algún actor que te sirva. Ademas suelen venir de la publicidad y suelen estar moldeaditos y no tienen la frescura que irradian los chavales que te puedes encontrar en la calle.

¿Qué Bilbao quiere proyectar?
No me imagino otra ciudad para esta película. El guión está escrito para la ciudad. No quiero enseñar las postales típicas de Bilbao. A simple vista quizás la gente reconozcaque es Bilbao. Busco una ciudad que sea anónima. Pero vamos a enseñar barrios de Bilbao que hasta ahora no han sido mostradas cinematográficamente hablando, pero que son reales: Bilbao la Vieja y Santutxu, sobre todo.