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miércoles, 25 de mayo de 2022

#hemeroteca #amor | Aura García-Junco sobre las relaciones abiertas: «Quería entender por qué generan tanto rechazo»

El País / Ana García-Junco //

Aura García-Junco sobre las relaciones abiertas: «Quería entender por qué generan tanto rechazo»
La escritora mexicana ha publicado ‘El día que aprendí que no sé amar’, un libro que rompe con el mito del amor romántico.
Beatriz Martínez | SModa, El País, 2022-05-25
https://smoda.elpais.com/placeres/aura-garcia-junco-sobre-las-relaciones-abiertas-queria-entender-por-que-generan-tanto-rechazo/ 

Aura García-Junco (Ciudad de México 1988) estudió letras clásicas, conoce los textos antiguos, pero también los contemporáneos. Así que se le ocurrió la idea de utilizar a Ovidio para enfrentarlo a las nuevas teorías feministas. Todo surgió una noche en la que tenía una cita y, tras explicitar que estaba en una relación abierta, la persona en cuestión reaccionó diciéndole: “Lo que pasa es que tú nunca te has enamorado”. Esa anécdota personal es la que precisamente abre ‘El día que aprendí que no sé amar’ (Seix Barral) un libro a medio camino entre el ensayo y la experiencia propia absolutamente revelador que intenta a golpe de investigación romper con el mito del amor romántico al mismo tiempo que se trata toda una serie de temas que impactan de manera directa en cómo abordamos las relaciones las mujeres en la actualidad.

¿Cómo empezó tu proceso de investigación para escribir el libro?

Estaba pasando por un periodo confuso en mi vida y mucha gente a mi alrededor estaba en la misma situación. Empecé a plantearme la pregunta, ¿qué está pasando con las relaciones en mi generación? Me di cuenta de que había una incertidumbre muy grande al respecto y pensé que era una buena línea de investigación. ¿Por qué nos sentimos tan perdidos, por qué estamos naufragando? Me puse a bucear en libros que hablaban sobre el amor, pero había tantos que decidí delimitar mi estudio y los temas que quería tratar. También quería introducir de qué forma impacta la cultura popular en nuestro modo de concebir las relaciones a través de las canciones, las películas.

Sería un trabajo arduo, hay montones de citas en el libro que nos remiten a otras tantas lecturas fundamentales...


Pasé alrededor de cuatro años de escritura, reescritura, lectura e investigación. Al final también le pedí a un amigo sexólogo que lo leyera por si estaba diciendo alguna tremenda barrabasada. Quería que fuera muy completo en el tema de la bibliografía para no reducir los temas a mis propios prejuicios y ofrecer todos los ángulos posibles.

De entre todas esas lecturas, ¿hubo alguna que te resultara más reveladora?

Fueron varias, siempre en el lado más radical de la balanza. Por supuesto, Brigitte Vasallo y su ‘Pensamiento monógamo. Terror poliamoroso’. También muchos libros de sociología, los de Eva Illouz, que tienen un sustrato histórico muy importante que ayuda a generar perspectiva.

Durante el tiempo que estuviste escribiéndolo supongo que se colaría no solo la actualidad, sino también los cambios en tu propia vida. ¿Cómo combinaste esa parte más ensayística con la personal?

Ha sido una época muy convulsa al respecto y hemos tenido que reformular los términos constantemente. Es una materia muy viva y lo interesante es que se trata de temas que no se pueden separar de tu propia existencia. Así que, conforme vives, tienes que repensarte. En ese sentido, se trata de un libro bastante impermanente, porque todo está cambiando constantemente. Por eso decidí incluir algunas de mis experiencias para introducir asuntos que me interesaba explorar.

No sé cómo estructuraste el libro, porque se hablan de muchos temas, algunos que están desde siempre, otros son muy nuevos y los estamos viviendo en tiempo presente...

Totalmente, creo que es algo que está en movimiento y es muy difícil de asir. Si escribiera el libro ahora, tendría que agregar unas cuantas cosas. Por ejemplo, hay algo que me obsesiona últimamente: El balance tan delicado entre la vida pública y la privada. Parece que tenemos que retransmitir todo lo que nos ocurre como si fuera un espectáculo y solo compartimos aquello que es bueno. Hay mucha mentira y vacío. Todo parece como parte de un experimento, así que nos va a tomar un rato entender las consecuencias y el análisis de estos fenómenos. Por eso creo que nos encontramos en una época bisagra tras el estallido de las redes sociales. No sabemos ahora dónde nos puede llevar.

También abordas de qué forma ha cambiado nuestra forma de buscar el amor (o el sexo) a través de las Apps de contactos...

Me parecía muy importante escribir de eso, porque es fácil perder la perspectiva cuando estamos rodeados de tanta tecnología que acaba impactando en la forma en la que nos relacionamos sin que nos demos cuenta. Hay cosas que son muy evidentes, estás viendo una pantalla, no a una persona, por lo que la deshumanización está muy presente. La tecnología se presta a crear una especie de aparador, una vitrina donde hay muchas caras que más bien parecen maniquíes con cierto grado de capacidad para contestar algunas preguntas estándar. Y con las redes sociales es muy fácil perder la perspectiva. Lo que más me incomoda es la propensión tan grande para agredir a otras personas, porque la lejanía que proporciona la tecnología te lo permite. Hay una enorme diseminación de los afectos y me parece muy duro ver cómo se pierde la capacidad de ver a las personas tal y como son, no solo como portadoras de ideas.

¿Qué aspectos fundamentales querías desmitificar a través de este libro?

Al principio no lo tenía claro, así que empecé con intuiciones y terminé con otras impresiones y muchas preguntas. Lo que sí me interesaba entender era por qué había personas que reaccionaban de una manera tan drástica e intensa al hecho de que yo tuviera una relación abierta, y para llegar a ese punto tenía que ver por qué era tan importante la idea de la monogamia y el concepto del amor romántico. Son fundamentos medulares no dichos, pero sí explícitos que condicionan todo lo demás. Por ejemplo, la idea del matrimonio, a la que yo tengo tanto rechazo. Tenía que desmitificarme a mí misma para hablar sobre eso, porque si no, hubiera sido un panfleto, y era algo de lo que quería huir. Así que para mí ha sido una especie de terapia enfrentarme a ciertos temas.

En el libro dices que el amor es un aspecto ideológico, social y económico. Por lo que ir en contra de la monogamia es hacerlo contra los constructos sociales que parecen inamovibles...

Estamos rodeados de estos valores y hay gente a la que le va la vida en defenderlos, porque para ellos es la base de nuestra sociedad, y eso implica la moral. Solo hace falta que hurgues un tantito para darte cuenta de que esto no es así. Las relaciones homosexuales están ahí desde el principio de los tiempos, así que es como tapar el sol con un dedo, y así muchas otras cosas. En el capítulo sobre la monogamia me interesaba hablar de que la no monogamia también ha existido siempre y desde otros lugares que no tienen que ver con el poliamor o las relaciones abiertas occidentales. Así que esos mitos están destinados a chocar con una pared. Para mí el libro es una invitación a pensar, a dar cabida a otras realidades que existen.

¿Por qué crees que las mujeres seguimos acumulando tantos traumas en torno a esa idealización del amor romántico? ¿Por qué a pesar de que seamos más conscientes que antes, sigue ocurriendo?

Efectivamente, sigue pasando. Yo creo que ahí es donde está el entramado más complejo. Porque, por un lado, nuestro primer aprendizaje sobre el amor nos lo dan nuestros padres. ¿Por qué eso se nos queda grabado a pesar de la cantidad de libros que hayamos leído? Por supuesto, ayuda leer, también la terapia para reflexionar, tener buenos amigues con los que hablar. Pero hay un sustrato del cual partimos. No surgimos de la nada, y en parte tenemos asumido ese discurso patriarcal tan nocivo. Es difícil desprenderse de todo eso. Por eso para mí es súper importante el llamado a la paciencia con nosotras mismas, porque al final, cambiar es difícil e implica muchas cosas, no solamente querer hacerlo.

¿Crees que se puede educar de alguna manera a las nuevas generaciones para que esa cadena heteropatriarcal se vaya rompiendo?

Creo que sí. De hecho, está ocurriendo, sobre todo porque tienen más referentes y referentes más diversos. Creo que antes, en anteriores generaciones no se hablaba lo suficiente de sentimientos. En la medida que tengamos una educación emocional sana, van a cambiar muchas cosas. Las emociones estaban relegadas al campo de lo que no se podía hablar, convirtiéndolas en algo estrictamente femenino y, por tanto, minusvalorado. Se ha intentado enseñar a través de la imposición de lo racional, aplastando lo emocional y eso es un error.

Ovidio y su ‘Ars Amatoria’ se convierten en un eje estructurador del libro. Cada capítulo comienza con una de sus citas en las que borras aquello que debemos desterrar...

Ha sido muy divertido hacer eso. Eran tres libros, en realidad, dos para los hombres, uno para las damitas de la época que se consideraban cortesanas, no mujeres de bien, como se decía. En su momento, se le tachó de libertino y revolucionario, porque explicitaba lo que se hacía y no se decía. Pero luego, corte a 2000 años después y, yo que estudié letras clásicas, me encuentro con que se habla de él en foros de Internet en el que los pick up artists lo utilizaban como modelo, porque, en el fondo, ahí hay ideas encapsuladas de muchos supuestos del amor romántico, incluyendo los más fieros y desagradables, como las incitaciones a la violación, explícito en el Rapto de las Sabinas, que él dice que fue por el bien de la comunidad, de la patria. Increíble, ¿no? Y a lo largo de los libros hay un montón de cosas que ahora son absolutamente inaceptables, pero… que siguen vigentes en muchos sectores de la sociedad, como la idea de poseer a la pareja y demás. Y claro, hay una movida con todo eso, porque es un receptáculo de valores súper occidentales y súper patriarcales, súper machistas que les encantan a los hombres. Ellos piensan: es lo que merezco, esto es lo que voy a obtener y lo voy a hacer de esta manera, porque estoy en mi derecho, porque soy hombre. Así que yo tengo una relación bipolar con Ovidio, porque es uno de mis poetas favoritos de la antigüedad por la belleza de sus textos, pero es cierto que hay que leerlo desde una perspectiva crítica.

¿Cómo querías tratar el cuerpo femenino en el libro?


Me interesaba tratarlo desde dos lados, desde la manera en la que la mirada de los demás conforma nuestra mirada sobre nosotras mismas, pero también sobre las otras personas. No se trata ya de que te guste más alguien o no, no es cuestión de autocensurarse, pero a las mujeres nos han jodido mucho históricamente con eso y ha constituido un arma para desvalorizarnos. Me gusta hablar también del cuerpo que envejece. ¿Por qué a los hombres se les permite envejecer y a las mujeres no? ¿No estamos yendo todos al mismo lado? También me interesaba mucho la manera en que nos ven desde fuera como objetos, y ahí entra en juego la cultura de la violación. ¿Cómo encajan en nuestro cuerpo esos supuestos, cómo nos sentimos, cómo tenemos que actuar, por qué tenemos que continuar tragando? Muchas veces siento que tendemos a hacer esa diferenciación tajante entre alma y cuerpo, o mente y cuerpo. Y no es así, porque una cosa impacta en la otra.

Todo esto entronca con lo que tú llamas “esa pequeña o gran red de abusos a los que toda mujer, incluso sin darse cuenta, ha estado sometida a lo largo de su vida”


Nadie se salva de eso, siempre hay fisuras entre las fichas del rompecabezas. Pero en el caso particular de las mujeres, se incrementan esas fisuras desafortunadamente, porque hay acoso, menosprecio sexual, presión social. Y todo eso se vuelve tan cotidiano que es difícil de desarraigar. Así que muchas mujeres optan por una supervivencia reptiliana, especialmente si han estado sometidas a algún tipo de violencia. Afortunadamente tenemos recursos que los hombres no tienen, la capacidad de poder hablar y tener amigas que nos escuchen. Creo que es algo que tenemos que sanar colectivamente, no hay nada peor que el dolor individual.

En el libro hablas de ‘La princesa prometida’ como una película que te marcó negativamente a la hora de hacer frente a la idea del amor romántico. ¿Crees que están surgiendo nuevas ficciones que ayudan a romper los tabúes y los clichés?


Ahora hay muchas, ninguna abarca todo, pero pienso en ‘Sex Education’, que además de ser una serie juvenil, tiene la capacidad de hablar de muchos temas profundos de una manera muy amena. Es la clase de series que pueden romper los estereotipos en los adolescentes. Hay otras que se enfocan en cosas muy concretas, acabo de ver ‘Heartstopper’, sobre el despertar homosexual de dos personajes y otros que se abren a la diversidad sexual. Si hubiera tenido ese referente cuando era adolescente hubiera sido como una caricia a mi alma. Me gusta que exista y que se pueda ver de una manera tan masiva. También es muy interesante 'Todo va a estar bien', de Diego Luna, porque rompe con muchos paradigmas, qué pasa cuando un matrimonio se acaba y hay hijes, cómo se reconfiguran las familias. Todas esas cuestiones empiezan a plantearse en la pantalla tratando se saltarse las reglas no dichas, los prejuicios naturales, me parecen súper imprescindibles.

miércoles, 15 de enero de 2020

#hemeroteca #television #heteronorma | La isla de la heteronorma

Imagen: Pikara / Grabación de 'La isla de las tentaciones'
La isla de la heteronorma.
El programa ‘La isla de las tentaciones’ es un catálogo de toda la mierda que nos tragamos en nombre del amor romántico y la heterosexualidad cuando los medios de comunicación son el embudo.
Irantzu Varela | Pikara, 2020-01-15
https://www.pikaramagazine.com/2020/01/la-isla-de-la-heteronorma/

Mónica Naranjo ha devenido en presentadora y está -espero que peleando contra la vergüenza ajena- lidiando con un programa, ‘La isla de las tentaciones’, de esos en los que ponen a un montón de gente que se cree muy lista -porque no lo es- y que se cree muy guapa -porque cree que es lo que importa- en los que la edición de los vídeos permite fingir que estás presenciando historias con el más mínimo interés, cuando estás presenciando el anodino espectáculo de la estupidez humana.

La fórmula es sencilla: cinco parejas “ponen a prueba” su relación, permaneciendo separadas unos días, en una villa caribeña, con un grupo de personas que pretenderán tentarlas. La gracia está en presenciar cómo se tambalea o se consolida la fortaleza de las parejas. O eso parece.

Pero este programa de mierda es un gran cañón de mierda heteruza y reproductora de la peor mierda del “romanticismo” (esa cosa que legitima que querer a alguien significa tener poder sobre esa persona y que causa la mitad de los feminicidios).

Y os cuento por qué.

El programa se basa en una serie de dogmas sacados de la manga de la heteronormatividad, según los cuales todo está bien como está y si no has encontrado a tu media naranja que te trate como a una princesa, cambia de frutero, rarita.

Dogma 1. Lo normal es ser heterosexual
Cinco parejas y las cinco son heterosexuales. Que es casi de agradecer, si lo pienso, porque en estos programas, en las pocas ocasiones en las que aparecen personas que muestren la mínima disidencia sexual suelen ser clichés que cumplen con los estereotipos que asustan a los heteros, pero aspiran al mismo tipo de relaciones que ellos. Maricas y (menos) bolleras emplumadas que dan penica y ternurica porque quieren quererse y casarse, como la gente.

Ni por ampliar audiencias se les ha ocurrido meter a alguna tentadora de heterocuriosas entre ellas o a algún tentador de heteroflexibles entre ellos. No vaya a ser que en directo se nos caiga eso de que a la gente normal le gusta la carne o el pescado (las pollas o los coños, vamos).

Dogma 2. Las personas normales son payas y blancas
Entre las veinte personas “tentadoras” hay varias racializadas -pero no mucho- (más entre ellas que entre ellos, ¡oh, sorpresa!) y migradas, por aquello de ponerle un poco de “salsa” y de «exotismo» a las tentaciones. Pero las personas “normales”, esas que han ido al programa a demostrar que El Amor Todo Lo Puede, son bien blancas, bien payas y bien españolas. Como tiene que ser. Y así queda bien clarito quiénes son las personas decentes, las de casarse y llevar a cenar a casa de tu madre, y quienes vienen “de fuera” a quitarnos lo que es nuestro.

Me encantaría escuchar las quejas de las personas que han creado el ‘casting’, protestando porque no tiene nada que ver con el racismo, que salió así, que el público tiene que sentirse identificado, que no ven colores, ven personas. Bueno, no.

Dogma 3. Los cuerpos normales son delgados y musculosos

Poca gente de la que sale en la tele se parece a las personas que andamos por la calle. Pero es que en este programa, los cuerpos son prácticamente idénticos, sin grasa, sin vello, sin cicatrices, sin diversidades, con las curvas obligatorias y los músculos de enseñar. Eso le quita hasta un poco la gracia, porque resulta difícil explicar diferencias evidentes entre esa cuadrilla de guerreras y guerreros de terracota, que parecen haber salido de una “cadena de montaje”. Como si no hubiera gente gorda, baja, con lorzas, con cicatrices, con brazos lacios, con tripa, sin culo, con pieles lánguidas, con pelos, sin pelo, con prótesis, con chepa. (O con tatuajes bonitos, porque de verdad, qué espantos.) Como si esas personas no se enamoraran, no follaran, no pusieran en peligro la pareja de nadie. Como si nadie quisiera verlo.

Dogma 4. Todas las parejas están en peligro
Vamos, que el amor de tu vida y tu media naranja y mi vida comienza cuando te conocí, pero tu proyecto vital está a unos días en un ‘resort’ hortera con un montón de maromos o maromas de irse al carajo. Todas y todos los participantes están con la mejor persona sobre la faz de la tierra, pero se cagan de miedo de pensar que ese ser maravilloso y celestial pueda pasar unos días tomando el sol y mojitos (porque les van a dar alcohol como si fuera una fiesta en mi casa, ya te lo digo) con gente depilada que va al gimnasio y respira.

La pregunta es ¿pero qué hace esta gente en su vida? ¿No viajan sin su pareja? ¿No salen de juerga por separado? ¿No trabajan? ¿No conocen gente por su cuenta?
La respuesta es no.

Dogma 5. La única alternativa a la monogamia es la traición
No he tenido que consultar a mi bola, ni leer a Deleuze, para entender que, si te vas a un programa en el que vas a conocer a gente por separado y eso te parece una prueba para tu amor, te has planteado que, en algún momento, una de los dos se folle a alguien. Y, a la vez, te parece que eso es lo peor que puede pasar. Entonces, ¿para qué vas? Si crees que existe la posibilidad de que alguna de las dos personas rompa con la exclusividad, ¿de verdad crees que la mejor opción es que lo graben, te lo pongan, y a la vez que tú se entere tu prima la del pueblo, tu vecino, y decenas de miles de personas desconocidas?

¿Has oído hablar del poliamor, de la negociación, de las parejas abiertas, de los pactos construidos entre personas que deciden cumplir sólo lo que han elegido prometer? Pareciera que el programa se ha construido sobre la obligatoriedad de la exclusividad sexual. Pero no es verdad. La gracia está en que quienes no tienen pruebas de que su pareja les ponga los cuernos (o -al menos- no las tienen también sus vecinos) se rían de cómo sufren quienes descubren lo idiotas que fueron cuando se creyeron que su amor -el suyo sí- era eterno.

Dogma 6. Los chicos tienen empresas y las chicas, su belleza
Y las chicas tienen 20 y los chicos 30. Ahora que ya se puede decir que esa chorrada de que las mujeres somos de Venus y no entendemos los mapas y los hombres son de Marte y no escuchan es una horterada, también hay que decir que es una perpetuación -velada pero eficaz- de los estereotipos sobre la masculinidad y la feminidad que están detrás de las desigualdades entre mujeres y hombres y, por tanto, de la violencia machista; lo que mola son los mismos estereotipos, pero con flecos nuevos.

Ellas (me refiero a “las otras”, las señoras que han sido seleccionadas para “tentar” a los incautos enamorados) son el ideal femenino: veinteañeras, modelos, ‘influencers’, presentadoras (de programas inexistentes). Mujeres jóvenes, bellas y complacientes. Con profesiones (a veces inventadas) que garantizan que su belleza es incuestionable. O que no tienen muchas más cualidades, quién sabe. Ellos (me refiero a “los otros”, los señoros que han sido seleccionadas para “tentar” a las incautas enamoradas) son el ideal masculino: treintañeros, empresarios, surferos. Hombres maduros y activos. Chulazos que hacen cosas. ¿Qué más se puede desear?

Por si te quedan dudas, varias de ellas dicen “yo soy una princesa” (y no hay constancia de que, por consanguinidad o como consortes, aspiren a ejercer la jefatura de ningún estado anacrónico) y alguno de ellos dice “soy Thor” (y no hay mazo a la vista).

Dogma 7. Una novia es una propiedad, un novio es un premio
Para ver a un hombre heterosexual comportándose como si la mujer con la que comparte proyecto vital fuera de su propiedad, algunas sólo tienen que abrir un ojo por la mañana. Pero, para las que hemos perdido la costumbre de la cohabitación hetero, o para las que nunca la encontraron, resulta chocante ver cómo chavalotes jóvenes, con su crestita y sus ‘tatoos’, hablan como «cromañones» de “sus” mujeres. Esos seres frágiles e inconscientes de su voluptuosidad, como las orquídeas. A las que ellos tienen que proteger, que no cuidar. Es “su” novia y, como decía Pancho en Verano Azul, cuando se enamoró como un quinceañero (que lo era) de Bea, “que ni el viento la toque”. Pues diría que te has equivocado de programa, chato.

Ellas no. A ellas les ha tocado el premio. Ese tío guapo y fuerte y listo (!), que han tenido la suerte de que las elija, es quien las hace especiales, ‘queribles’, importantes, distintas. Y por eso, uno de ellos, diciéndole a su novia la cosa más romántica que le puede decir un hombre a una mujer (que es, precisamente, la mayor mierda patriarcal que te puede decir un tío), va y le suelta: “No tienes rival”. Que, no os confundáis, amigas, no significa que eres la mejor mujer que hay sobre la faz de la tierra, que eso es una cosa que no te crees ni los primeros días, cuando todo es follar y endorfinas y no tienes ni hambre; sino una expresión misógina y antisororidad como pocas, que viene a decir “tú no eres como las demás”. “Las demás”, o sea “las mujeres”, no molan. Pero tú (y mi madre, ningún machista sin su Edipo), sí.

Dogma 8. Las demás mujeres son tus enemigas, sobre todo las solteras
Porque no hay premio para todas, chicas.

Los chicos majos y buenos y limpios y trabajadores y musculados y tatuados y con los huevos depilados no abundan. Aunque viendo este programa, pareciera que sí. Por eso, que todas lo sabemos, que no hay hombres para todas, la vida es una ‘ginkana’ para encontrar un hombre que te elija para que le chupes los huevos depilados. Y, una vez que lo has encontrado, una batalla como la de Beatrix Kiddo (¿cómo?, ¿que no has visto Kill Bill?) para espantar a todas las lagartas que van a hacer todo lo que puedan para robártelo. Y ser ellas las que le chupan los huevos.

Por eso ya casi todas las “legítimas” (las que pueden demostrar, de momento, que han sido elegidas al menos una vez) han dicho, en referencia a las diez mujeres que han sido seleccionadas para tentar a “sus” electores: “No es su prototipo”. Primero, cayendo en ese error de mierda de confundir “tipo” con “prototipo”, como si tuvieran enfrente a Terminator II. Y, segundo, dando a entender que su propio mayor mérito es responder a las expectativas de su elector, construidas antes de haberlas conocido. Y que su mayor miedo es que aparezca otra que las responda mejor. O que cambie las preguntas.

A ver, ¡par favar!, ¡que una de las parejas se conoció porque ella respondió “correctamente” a un cuestionario de “novia perfecta” que el elector había elaborado!

En resumen, aventuro que este culebrón caribeño, sin personas LGTBI, ni gordas, ni modelos de pareja diversos, ni pelos en el cuerpo, va a acabar con todas esas parejas. Y nos va a ofrecer un espectáculo de normalización del control, de la desconfianza, de la falta de empatía y de los celos. Y, cuando las feministas queramos enseñar nuestros cuerpos diversos, quitarnos o dejarnos los pelos, follar con quien y en los marcos que nos dé la gana, nos preguntarán que qué tiene que ver el feminismo con eso.

Irantzu Varela. Periodista y feminista. Coordinadora de Faktoria Lila, presentadora de Aló Irantzu en Pikara Magazine y creadora de El Tornillo en La Tuerka TV y Público. Lo mejor que le han regalado últimamente es una katana.

domingo, 3 de febrero de 2019

#hemeroteca #violenciamachista #feminicidio | Salvadoras de nada

Imagen: Twitter - Ayuntamiento de Zaragoza / Concentración de repulsa por el asesinato de Rebeca, Zaragoza
Salvadoras de nada.
A menudo sucede que, en vez de intentar mirar de verdad a un varón y conocerlo, la mujer se lo inventa, lo idealiza, le adorna con todo tipo de virtudes.
Rosa Montero | EPS, El País, 2019-02-03
https://elpais.com/elpais/2019/01/28/eps/1548672505_550375.html

A veces me pregunto qué maldito cable suelto tenemos la mayoría de las mujeres para actuar como actuamos. Me lo he vuelto a plantear a raíz de la reciente tragedia de Zaragoza: el asesinato de Rebeca Santamalia, una abogada de 47 años, a manos de José Salvador, de 49, que ya había matado en 2003 a su primera y joven esposa. Le disparó 11 tiros de escopeta, algunos a cañón tocante en la cabeza. Una carnicería. Por entonces conoció a Rebeca: ella le defendió en el juicio. Condenado a 18 años de cárcel, cumplió 14 y salió en 2017. En algún momento de ese largo trayecto, la abogada y él comenzaron una relación sentimental. Hace un par de semanas, ese energúmeno acuchilló repetidas veces a Santamalia. Arma blanca, odio negro: aún parece más violento y feroz este segundo crimen. A continuación, el tipo se arrojó por un viaducto. Una pena que no se matara antes.

Rebeca, todo el mundo lo dice, era inteligente, valiente, generosa. Me acongoja pensar que este triste suceso pueda haber sido propiciado por un mal que nos aqueja a muchas mujeres: ese absurdo impulso regenerador que hace que nos sintamos impelidas a salvar a toda costa a los varones. ¿Y a salvarlos de qué? Bueno, ahí empieza el lío. ¿Cómo pudo esta abogada experimentada, sensible y lúcida enamorarse de un asesino frío y brutal que, al parecer, jamás mostró arrepentimiento por la muerte de su primera esposa? Leo en el ‘Heraldo’ que, durante el juicio, Rebeca se esforzó en mostrar a su defendido como una buena persona, huérfano de padre y madre desde los 13 años, separado de su hermana pequeña y con una niñez carente de afecto. Yo no sé si convenció al jurado con todo esto, pero es posible que, por desgracia, se convenciera a sí misma. Esta infancia de Dickens es el relato perfecto para que se active la patología de la redentora.

A las mujeres se nos ha educado tradicionalmente con un énfasis tan enfermizo en el amor romántico que tendemos a inventarnos a los amados. Y así, a menudo sucede que, en vez de mirar de verdad a un varón e intentar conocerlo, la mujer se lo inventa, lo idealiza, le adorna con todo tipo de virtudes, aunque no resulten visibles para nadie. O sea, a lo mejor el tipo es un grosero y un zafio, pero la mujer se empeña en intuir que, en lo más hondo de su corazón atormentado, ese hombre es un poeta, un ser tierno y sensible. Para peor, la mujer se convence, enardecida, de que va a ser ella quien lo va a salvar de sí mismo. Ella curará sus heridas y liberará al prisionero interior, al dulce amado. Ya lo dice con toda claridad el cuento clásico: las mujeres se pasan la vida besando repugnantes ranas con la loca ilusión de transmutarlas en príncipes.

Hay excepciones, claro, pero se trata de un comportamiento muy extendido (yo misma caí alguna vez en mi juventud en tal demencia). Somos mineras de amor e intentamos extraer paladines perfectos de la morralla de la imperfecta realidad. Y es así porque estamos educadas en el machismo, una ideología profundamente patológica que nos hace a todos muy desgraciados. Porque el síndrome de las redentoras no sólo puede conducir a sangrientas tragedias (como quizá haya sucedido con Rebeca), sino que hay otros dramas cotidianos que también parten de ahí. Como dice el cómico francés Arthur, “el problema de las parejas es que las mujeres se casan pensando que ellos van a cambiar y los hombres se casan pensando que ellas no van a cambiar”. ¡Qué terrible lucidez! Muchas mujeres están empeñadas en mudar al amado para que se convierta en el hermoso príncipe que ellas han inventado. Empiezan la relación creyendo que lo conseguirán, pero cuando transcurre el tiempo y la pobre rana sigue siendo, como es natural, verde y viscosa, hay mujeres que se sienten estafadas, sin advertir que son ellas mismas quienes se han engañado; y comienzan a sentir un rencor desatinado e injusto por el otro, el cual a su vez comprobará, pasmado, el cambio aterrador de su mujer, que ahora ya no sólo no le idolatra como antes, sino que incluso parecería que le odia. De estos sueños rotos nacen en ocasiones dolores muy profundos, convivencias tóxicas. Si queremos jugar a salvadoras, salvémonos en primer lugar a nosotras mismas de los espejismos. 

domingo, 23 de septiembre de 2018

#hemeroteca #amor | Coral Herrera, investigadora feminista: "El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo"

Imagen: El Diario / Coral Herrera
Coral Herrera, investigadora feminista: "El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo".
La investigadora feminista Coral Herrera ha publicado ‘Mujeres que ya no sufren por amor’, un libro con el que pretende construir nuevas formas de relacionarnos para liberar "al amor del machismo". "A los hombres les cuesta mucho el amor compañero en las parejas heterosexuales porque están acostumbrados a ganar todas las batallas y se les hace difícil relacionarse en horizontal con nosotras". Apuesta por construir redes de afecto más allá de la pareja: "Es terrible la mitificación que hacemos del amor como la quintaesencia de la felicidad".
Marta Borraz | El Diario, 2018-09-23
https://www.eldiario.es/sociedad/poliamor-panacea-patriarcado-adapta_0_816819022.html

Entre el convencimiento que le provoca el poder transformador del feminismo y la crítica frontal a un sistema "patriarcal y capitalista" que jerarquiza el amor de pareja, lanza sus reflexiones la escritora feminista Coral Herrera. Esta ‘investigadora del amor’ radicada en Costa Rica intenta desentrañar lo que se esconde detrás de un fenómeno al que, asegura, las mujeres "nos hemos vuelto adictas". Creadora de la Escuela del Amor, en la que imparte talleres y coordina una red social, Herrera asegura que "cada vez somos más". Se refiere a las ‘Mujeres que ya no sufren por amor. Transformando el mito romántico’ (Catarata), su nuevo libro.

¿En qué nota que cada vez hay más mujeres que rompen con la alianza entre el amor y el sufrimiento?
Cuando me decidí a hacer una tesis sobre el amor romántico mi director se sorprendió tanto que tuve que replantearme si este tema era de verdad una construcción socio-cultural susceptible de ser analizada. El caso es que cuando la terminé, lo primero que pensé es que no quería que se quedara ahí, así que abrí un blog y empecé a ser activa en redes sociales. Era el año 2007 y con el paso del tiempo fui notando que cada vez más gente se interesaba por el tema, surgieron foros, se escribía más. Ahora cuando doy una conferencia, las salas se llenan. Cada vez somos más las que disociamos el amor y el sufrimiento y es un acto profundamente político y feminista.

¿En qué consiste esa ruptura?
La clave es romper con la idea de que estamos condenadas a sufrir por amor, de que inevitablemente tenemos que pasarlo mal. Es esa noción del aguante, de la entrega eterna, del sacrificio, de la renuncia... Debemos dejarlo atrás, rescatar el amor de pareja y reinventarlo. El patriarcado también está en las tripas y en el corazón, por eso tenemos que ir ahí, a las emociones y sentimientos, para cambiarlo.

¿Cómo se logra?
Para empezar hay que partir de la idea de que amar es un aprendizaje. Aprendemos a amar en el entorno, la escuela, los medios de comunicación... Y lo hacemos según las normas, los tabúes, las creencias y los prejuicios de cada cultura amorosa. Hay que tener muy presente que nuestros sentimientos y emociones no son algo individual que nos pasa a cada una. Por eso debemos trabajar el amor de forma colectiva, porque es un asunto social y no es un tema de que cada cual se apañe como quiera, sino que entre todas debemos construir las herramientas para empezar a querer mejor.

Se trata de liberar al amor del machismo y comunicarnos con amor y respeto, aprender a resolver los conflictos sin violencia y poner en el centro los cuidados. Hay que replantearse esa entrega que se les exige a las mujeres, el sufrimiento como prueba de amor eterno... Al fin y al cabo, cuestionar esa estructura de dominación y sumisión en la que nos movemos para relacionarnos. Hay que desaprender la forma en que amamos.

¿Los mismos elementos se dan también en las parejas no heterosexuales?
Las parejas no heterosexuales también están bajo estas estructuras porque la mayoría de nuestras emociones están construidas desde ahí. Ocurre en todas nuestras parejas, incluso las relaciones más libres y transgresoras reproducen el romanticismo patriarcal.

Cada vez se habla más de formas de amar no monógamas o alternativas, que en muchos casos se venden como fórmulas mágicas...
No hay fórmula mágica. No la hemos encontrado y no la vamos a encontrar. El modelo de relación depende mucho de cada persona, cada una tenemos que encontrar nuestro camino a la hora de construir nuestras relaciones. En este sentido, yo creo que cada cual debe encontrar la fórmula que mejor le encaje, sin poner tantas etiquetas. El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo, a cualquier formato. Ningún modelo resuelve por sí mismo los problemas principales. Por eso, el trabajo es desalojar el patriarcado que nos habita a todas.

¿Qué consecuencias tiene esta forma de amar?
La consecuencia es que sufrimos mucho, nos cuesta disfrutar del amor, nos cuesta querer bien. Mitificamos el amor e idealizamos a los demás y luego es difícil que eso encaje con la persona real que tenemos delante. Esta idea nos mete a las mujeres en un círculo de ilusión-decepción constante y mucha gente piensa que es mala suerte y que no ha encontrado su media naranja, pero no es un tema personal si no que la estructura no está bien construida. Nos merecemos relaciones basadas en el disfrute, la ternura, la solidaridad, en el amor compañero. En las parejas heterosexuales a los hombres les cuesta mucho relacionarse como un amor compañero porque están acostumbrados a ganar todas sus batallas, así que se les hace difícil relacionarse en horizontal y tratarnos de igual a igual a las mujeres. Nosotras ya llevamos mucho trabajo hecho, a ellos les queda mucho.

Precisamente el feminismo pretende construir nuevos marcos afectivos a la hora de relacionarnos, pero ¿qué ocurre cuando la teoría no se corresponde con la práctica? ¿Qué hacer con las contradicciones que surgen?
Es difícil llevar la teoría a la práctica y trasladar el feminismo al terreno de lo personal, de lo íntimo y lo emocional. Pero yo creo que un paso muy importante es tomar conciencia. De alguna manera, el ver que tenemos problemas comunes y que a todas nos pasan cosas, nos debe llevar a construir herramientas colectivas que nos permitan construir otro tipo de relaciones. Tenemos muy naturalizada la violencia y el maltrato... No nos damos cuenta cómo tratamos a los niños, a las personas mayores, a nuestras propias familias. Precisamente llevar la teoría feminista a la práctica sería eso, practicar el autocuidado y el cuidado de los demás.

Socialmente suele concebirse el amor de pareja de una forma jerárquica como si fuera el tipo de amor esencial, con el que nos aseguramos el cuidado. ¿Qué consecuencias tiene esto?
Tiene mucho que ver con el patriarcado y el capitalismo. La estructura basada en el clan, en el grupo o en la familia extensa ha ido desapareciendo y la consecuencia de esto es que fundamentalmente nos organizamos en parejas heterosexuales para formar una familia feliz y generar ingresos. Todo a la vez. Lo que promueve es que los hombres carguen con el peso económico y nosotras, además de eso, con el resto. En esencia, es una estructura de explotación que se aprovecha, sobre todo, de las mujeres. Yo creo que tenemos que pensar cómo romper con la sacralidad del dúo porque, de alguna manera, el mito de la monogamia y la exclusividad está construido sobre todo para nosotras.

Es terrible la mitificación que hacemos del amor de pareja como la quintaesencia de la felicidad porque el mundo está lleno de afectos. Seríamos mucho más felices si pudiéramos tener tiempo de construir esas redes horizontales basadas en la solidaridad. El mundo sería otro, desde luego.

¿Por qué nos cuesta tanto construir este tipo de redes?
Además de esta estructura del dúo que le conviene tanto al capitalismo, está la concepción del amor de pareja como si fuera el más puro, eterno y maravilloso. Toda esta jerarquía de afectos va encaminada a que demos menos valor a la amistad y a las redes que nos unen con la comunidad más próxima. Algo que se consigue también promoviendo el clasismo y el racismo que nos hace buscar un enemigo y, de alguna manera, nos hacer querer la media naranja para aislarnos del resto.

Sin duda esto es una estructura capitalista y patriarcal que nos quiere a las mujeres emparejadas y aisladas y nunca unidas porque podría resquebrajarse el sistema.

jueves, 16 de agosto de 2018

#hemeroteca #machismo #musica | ‘Mala Mía’ de Maluma, el último caso de videoclip machista a debate

Imagen: El País / Fotograma de 'Mala Mía', con Maluma y 'sus' chicas
‘Mala Mía’ de Maluma, el último caso de videoclip machista a debate.
Cuando el formato vive un repunte acaparando más atención y alcance que nunca gracias a plataformas como YouTube, cada vez más consumidores cuestionan a artistas como Maluma, Drake o C. Tangana por perpetuar comportamientos sexistas con sus vídeos.
María López Villodres | SModa, El País, 2018-08-16
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/mala-mia-de-maluma-el-ultimo-caso-de-videoclip-machista-a-debate/

Childish Gambino con 'This is America', Beyoncé y Jay-Z con 'Apeshit' o, en España, Rosalía con 'Malamente', son tres ejemplos que confirman que, en 2018, el videoclip es la vía definitiva de los artistas musicales para lanzar un discurso y quedarse con el público. Una declaración de intenciones que les sirve, además de para dar a conocer su música, para crear su marca personal y generar un nivel de expectación y debate con un alcance sin precedentes gracias a YouTube y a las redes sociales. Ya sea como provocación o como reflejo de una sociedad patriarcal (o ambas cosas a la vez), artistas como Maluma, que acaba de publicar el vídeo de ‘Mala Mía’, aprovechan ese ‘boom’ para seguir haciendo caja transmitiendo un relato machista sin pudor con imágenes de mujeres que, en el caso del colombiano, figuran en la escena sin más texto que el deleite sexual del cantante. O en otros casos también recientes como el del clip ‘In my feelings’ de Drake o ‘Bien Duro’ de C. Tangana, ‘embellecen’ y romantizan escenas de realidades tan crudas como el acoso machista o la violencia de género -en lo que va de año han muerto 23 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en nuestro país-. En un clima de mayor conciencia feminista, la respuesta a esta tendencia arraigada que prolifera resulta necesaria.

“Machismo en una imagen”, resumía un usuario de Twitter. La polémica en torno al machismo del nuevo videoclip de Maluma surgió incluso antes de que este se lanzara cuando el cantante publicaba en su Instagram una foto para promocionarlo. Él tumbado en una cama rodeado de mujeres semidesnudas y con pose chulesca que sintetiza a la perfección el vídeo: misma situación que se repite también fuera de la cama, en una fiesta y en una piscina. Decenas de mujeres que no hablan, que están ahí bailando sin más propósito que agradarle y como meros objetos sexuales, plantea el vídeo dirigido por Jessy Terrero que, en cinco días, ya suma casi 20 millones de reproducciones en YouTube. Cosificación sin ningún tipo de complejos que el propio artista justifica con su letra: “Así es mi vida, es sólo mía. Tú no la vivas”. No es la primera vez que Maluma es tildado de machista, algunas de sus letras y el videoclip de ‘Cuatro babys’ ya han marcado el precedente, llegándose a crear incluso una petición en Change_org para retirarlo.

“Desde sus inicios en los 80 el videoclip ha servido para que la juventud tome postura y cree su identidad respecto a cuestiones como el género, clase, identidad sexual…”, explica Ana Sedeño Valdellós, doctora en Comunicación Audiovisual y autora de ‘Lenguaje del videoclip’ (Universidad de Málaga), a ‘S Moda’. “El vídeo resulta atractivo a todo un segmento de la población, la juventud, que ve en ellos posibles mensajes o propuestas discursivas de sus artistas. Con ellos el artista musical construye su relato, su historia y la comunica a sus fans”, cuenta. Así se explica que el tipo de mensajes o roles que algunos de estos vídeos presentan sean objeto de cuestionamientos.

Apenas una semana antes de que Maluma lanzara ‘Mala Mía’, el video ‘In my feelings’ de Drake daba lugar a una polémica parecida. Más allá del revuelo causado por el peligroso ‘challenge’ con el que lo ha estado promocionando (#InMyFeelingsChallenge o #KikiChallenge), algunos usuarios de Twitter y desde Playground, la periodista Elena Rue Morge, subrayaban la toxicidad de su relato. Al principio del vídeo Drake se planta en casa de una chica (Kiki) y le espeta: “¿Qué pasa? Te he estado escribiendo todo el día, me has estado ignorando… Vengo aquí, como un hombre (…) Intento demostrarte que te quiero”. Una forma de normalizar el acoso machista maquillándolo de romanticismo. “Vemos a Drake una vez más siendo un acosador y un machista de manual disfrazado de ‘nice guy’”, escribía Rue Morge. Drake remata con frases como “te compro champán pero quieres a un tal Henny”, otra vez la idea de que la mujer es un objeto que se compra con dinero.

En esa misma línea, el también reciente ‘Bien Duro’ de C. Tangana. Un vídeo que rinde culto al cine kinki en el que el artista protagoniza junto a la actriz Berta Vázquez una escena de violencia de género explícita. La moraleja al final del vídeo, lejos de los discursos críticos de los que Tangana acostumbra a hacer gala, se podría resumir como: tratar mal a la chica sale bien. “Una clara romantización de la toxicidad propia dentro de las relaciones de maltrato”, apuntaba la periodista cultural Margot Rot en su análisis sobre la pieza en The Medizine. “El problema no es exponer esta circunstancia, sino cómo lo haces. En qué contexto y de quién está viniendo el mensaje”, explica Rot vía e-mail.

Ya en 2014, el videoclip ‘Blurred Lines’ de Robert Thicke con Pharrel Williams y T.I, en el que se rodean de modelos que, al estilo del vídeo de Maluma, están ahí exclusivamente para deleite de ellos, se presentaba como paradigma en un estudio sobre la representación sexista de las mujeres en los vídeos musicales de End Violence Against Women Coalition y Imkaan and Object. La investigación apuntaba que sexismo y racismo son endémicos en este formato y señalaban que pueden propiciar que quienes lo consumen adopten este tipo de actitudes sexistas. Ana Sedeño reconoce la presencia de estos modelos ya desde los 80, “el hip hop, con su ostentación de poder social en torno a los coches, las joyas y las chicas sería un ejemplo”.

Según explica Sedeño, “en el momento actual puede localizarse un repunte de representaciones machistas en el videoclip (quizás más notable en ciertos géneros musicales, como el rap o en la música latina)”. Pero también existe la tendencia contraria: el auge del empoderamiento femenino. El vídeo de ‘Pienso Tu Mirá’ de Rosalía, que ha suscitado teorías sobre si se trata de una crítica a las relaciones tóxicas y a la violencia de género, ‘Gitanas’ de Mala Rodríguez a modo de alegato por una minoría en doble desventaja o la oda a la vulva muy visual que presentaba Janelle Monae con ‘Pynk’ son algunos e los ejemplos más recientes. “Vídeos también como los de Beyoncé, Lady Gaga, MIA, o Dua Lipa, donde además va unido a un componente de denuncia social diverso, abordando temas de inmigración, los derechos de colectivos LGTBIQ+… se suman a ese fenómeno. El videoclip también puede ser comprometido”, apunta Sedeño.

El complejo debate sobre libertad de creación artística y límites sigue abierto. ¿Qué hacer con estos productos que reflejan y promueven la cultura machista? Para la periodista cultural Margot Rot, “este es el punto en el que podemos empezar a trabajar porque ya nos hemos dado cuenta de que hay un estereotipo; un tipo de artista, un tipo de hombre heterosexual normativo que, con ayuda del poder que le brinda todo un sistema, no hace sino perpetuar conductas que evidencian un problema estructural social. Lo más importante como consumidor es ser consciente de qué estás promoviendo con lo que consumes”.

jueves, 26 de julio de 2018

#hemeroteca #gais #cine | El crucero del amor (y el sexo) donde los gais encuentran la libertad

Imagen: El Español / Fotograma de 'Dream Boat'
El crucero del amor (y el sexo) donde los gais encuentran la libertad.
El documental 'Dream Boat', disponible en Netflix, cuenta la vida de cinco viajeros de un barco en el que más de 2000 gais viven una semana de sexo, fiesta y orgullo.
Javier Zurro | El Español, 2018-07-26
https://www.elespanol.com/cultura/cine/20180726/crucero-amor-sexo-gays-encuentran-libertad/325218496_0.html

La mítica serie Vacaciones en el mar cambió en España su título. Sustituyó el original Love Boat (barco del amor), mucho más sugerente, por uno más pacato. El nombre real hacía justicia a esa fantasía anclada en el imaginario popular de que un crucero es un lugar maravilloso para encontrar a la pareja perfecta. Un estereotipo que tiene su base en el amor romántico, y que con su destrucción ha dado paso a otras estampas idealizadas en las que entran otras fantasías, también las sexuales, y hasta las ansias de libertad.

Así lo muestra el documental ‘Dream Boat’, dirigido por Tristan Ferland Milewski y que se puede ver en Netflix, que sigue demostrando su músculo en el género de la no ficción. Una película que muestra el crucero de ensueño que lleva a 2.386 pasajeros en un viaje de una semana desde Lisboa a las Islas Canarias. Los primeros fotogramas indican que no será un trayecto cualquiera, las chicas de la limpieza dejan las toallas limpias en la cama, y a su lado cuatro preservativos perfectamente alineados. Saben que comienzan siete días de fiesta a la que sólo tienen derecho entrar hombres gais.

Este barco es para la mayor parte de sus pasajeros una semana de placer, en la que el sexo, el alcohol y la diversión se mezclan en una 'rave' sin fin, pero para unos pocos, es la única oportunidad de salir de una vida de represión en la que ocultan quiénes son por miedo al qué dirán o incluso a la violencia o la cárcel. Al ‘Dream Boat’ van muchos gais de países donde la homosexualidad está penada con la cárcel y salir del armario puede significar que te maten. Una ventana a un mundo libre y civilizado que no suelen vivir y que ansían cada día. En estos personajes, para los que supone un hecho extraordinario ver a miles de hombres con los abdominales marcados y el trasero al aire, es en los que se centra el director.

Es el caso de Dipankar, un joven indio que asegura que ha estado trabajando su cuerpo en el gimnasio para no desentonar en ese campo de efebos. Confiesa en el documental que aunque su familia es “tolerante”, no podía escapar de la tradición de su país, así que comenzó a conocer a chicas obligado para realizar un matrimonio concertado hasta que se mudó a Dubai hace dos años, cuando realmente se sintió “confiado respecto a mi sexualidad”. No ha tenido novios, y confía en encontrar el amor en aquel barco. Su inocencia contrasta con la del 90% de habitantes de ese microcosmos que sólo quieren pasar un buen rato. Su historia muestra las dos caras del crucero, la positiva, por sentirse por fin libre y poder vestir sólo con una bandera de su país, pero la tristeza de descubrir un mundo occidental en el que solo se valoran los cuerpos y la belleza externa y en el que él no encontrará su lugar.

Muchos de los protagonistas de ‘Dream Boat’ huyeron de sus países. Uno de ellos escapó de Polonia porque no podía soportar la mirada acusadora de una sociedad profundamente católica. “No quería reconocer que era gay, me preguntaba si no habría algo mal en mí”, dice con la libertad y confianza de quien lleva 20 años en Inglaterra. Ya no tiene miedo, como antes, y agradece tener una familia “abierta de mente” con la que pudo ser sincero, porque no hubiera podido “vivir mintiendo a mi madre”.

El documental también adopta un punto crítico a la homogeneización del colectivo gay. A esos torsos anabolizados que colonizan el barco y que no dejan hueco para los diferentes, que entran con ilusión pero muchas veces también se sienten excluidos entre ellos. Es lo que le ocurre a Philippe, uno de los más veteranos y anclado a una silla de ruedas desde que hace 20 años enfermó de meningitis. El más optimista es Martin, portador del VIH y feliz entre la turba.

El quinto pasajero de este crucero del amor y el sexo, es el palestino Ramzi, que huyó a Bélgica para poder vivir su sexualidad abiertamente. Cuando llegó allí no creía que la policía pudiera defender al colectivo LGTB en vez de perseguirle y apresarle. Al barco ha acudido con su pareja belga, recién recuperado de un cáncer. Cinco espíritus diferentes con una cosa común: las ganas de libertad y de encontrar en ese barco la esperanza de un mundo donde tengan los mismos derechos que los heterosexuales en todos los países del mundo.

viernes, 18 de mayo de 2018

#libros #feminismo | Mujeres que ya no sufren por amor : transformando el mito romántico

Mujeres que ya no sufren por amor : transformando el mito romántico / Coral Herrera Gómez.
Madrid : Los Libros de la Catarata, 2018 [05-18].
128 p.
Colección: Mayor ; 677.
ISBN 9788490974629 / 15 €

/ ES / ENS
/ Amor / Amor romántico / Empoderamiento / Feminismo / Mujeres / Patriarcado / Relaciones humanas / Rol según el sexo

¿Qué tal si desterramos, de una vez por todas, al príncipe azul de nuestras vidas, o mejor dicho, de nuestros sueños? En este momento, mujeres de todo el mundo sufren por amor soñando con un modelo de hombre que no existe, con una pareja ideal como tabla de salvación. Gracias a la educación recibida, a la sociedad, a los cuentos de hadas, al cine de Hollywood, a la herencia religiosa, a un larguísimo etcétera han conseguido volvernos adictas a la droga del amor, al milagro romántico, a la satisfacción de esa utopía individual. Todos estos relatos parecen inocentes, pero en realidad no lo son. Como afirma Coral Herrera, al patriarcado le conviene que permanezcamos encadenadas a esta ilusión, porque mientras nos abracemos a ella, permaneceremos débiles y no volveremos la mirada hacia lo que verdaderamente importa: que las mujeres unidas, empoderadas en busca del bien común, pueden resultar muy peligrosas para el sistema. Este libro es una invitación a sufrir menos y a disfrutar más del amor. Una invitación a que hombres y mujeres se deshagan de sus antiguos roles, de sus viejas penas y, con ilusión y rebeldía, avancen decididos hacia su libertad. Desembarazarse del mito del amor romántico no es fácil: conlleva un proceso lento, un viaje interior convulso, pero también apasionante. Porque no, las mujeres no somos sufridoras por naturaleza y sí, otras formas de amarse son posibles.

Coral Herrera Gómez. Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, especialista en teoría de género (feminismos, masculinidades, teoría ‘queer’), ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD o AECID. Actualmente trabaja en UNED Costa Rica y en el Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). También coordina el Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan ‘La construcción sociocultural del amor romántico’ (Fundamentos, 2010) y ‘Más allá de las etiquetas’ (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.

ÍNDICE
Capítulo 1. Qué bonito es el amor
Capítulo 2. El amor total: incondicional y para siempre
Capítulo 3. El amor te cambia la vida: el mito romántico de la transformación
Capítulo 4. Yonquis del amor (o por qué nos gusta sufrir)
Capítulo 5. Cómo aprendemos a amar
Capítulo 6. Los donjuanes y las doñaineses
Capítulo 7. Por el interés te quiero, Andrés
Capítulo 8. Nena, no te enamores de mí’: mi novio es un mutilado emocional
Capítulo 9. Las supermujeres y las chicas malas
Capítulo 10. La guerra de los sexos, el amor romántico y la violencia machista
Capítulo 11. La guerra contra las mujeres
Capítulo 12. El arte de quererse bien a una misma: autoconocimiento y autocrítica amorosa
Capítulo 13. ¿Cómo usas tu poder en el amor?
Capítulo 14. El arte de elegir buen compañero
Capítulo 15. Las guerras románticas
Capítulo 16. El arte de separarse con amor: cómo cuidarnos cuando llega el final
Capítulo 17. A otra cosa, mariposa: consejos feministas para desenamorarse
Capítulo 18. Mejor solas que mal acompañadas: cómo ser felices sin pareja
Capítulo 19. El amor compañero
Capítulo 20. Feminismo para sufrir menos y disfrutar más del amor
Capítulo 21. Cómo cuidarnos cuando estamos enamoradas
Capítulo 22. ¿Cómo trabajar el amor romántico?
Capítulo 23. Utopías amorosas para todas

martes, 3 de abril de 2018

#hemeroteca #mujeres #literatura | Amparo Sanchís, la gran dama madrileña de la novela romántica

Exposición dedicada a Amparo Sanchís
Amparo Sanchís, la gran dama madrileña de la novela romántica.
Aloña Fernández Larrechi | El Confidencial, 2018-04-03

https://www.elconfidencial.com/multimedia/album/cultura/2018-04-03/amparo-sanchis-martos-conde-duque-escritora_1543625

La Biblioteca Histórica Municipal de Madrid acoge, hasta el próximo 31 de julio, 'Amparo Sanchís: Destino en Sombra' la primera muestra dedicada a la novelista y guionista madrileña Amparo Sanchís Martos. Compuesta por publicaciones, dibujos y fotografias personales, la exposición es "un homenaje al trabajo silencioso y aplicado de aquellas mujeres trabajadoras que después de atender todos sus deberes familiares" ejercían una profesión, según reza el folleto de la misma.

Autora de guiones para seriales radiofónicos y novelas rosa, Sanchís Martos tuvo que enfrentarse a una doble discriminación por su condición de mujer y por su dedicación a un género literario desprestigiado. Unos inconvenientes que no pudieron combatir su deseo de contribuir a la literatura con mayúsculas mientras se ocupaba del cuidado de sus hijos.

Nacida en el seno de una familia de clase media en el Madrid de los años 20, apenas era una adolescente cuando tuvo que dejar su casa familiar a causa de la Guerra Cilvil. Su matrimonio con un capitán de infantería le llevó a vivir en diversas ciudades españoles, aunque en una sociedad de militares restringida.

En 1953 su primera novela, 'Lo que yo forjé', le valió el premio de Ediciones Agemundo aunque su publicación no estuvo exenta de polémica por el revuelo que causó su argumento y su forma de desarrollarlo. De forma paralela a su actividad literaria, la escritora comenzó su vinculación con el mundo de la radio, escribiendo textos para radionovelas como 'Natacha', 'Como una pesadilla' o 'Luna Nueva para dos', que la Cadena Ser emitía en aquella época con enorme éxito.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 31 de julio, ha contado con el apoyo de la familia de la autora para exponer imágenes personales de Sanchís, así como ejemplares de sus publicaciones. Los comisarios han aprovechado además la importancia de la autora en la novela rosa para mostrar la relevancia que este género tuvo en el mercado literario español. Y lo hace exhibiendo algunos de los ejemplares más conocidos de las colecciones editoriales que se publicaron en la época, como "Biblioteca de Chicas". La escritora madrileña también participó en ésta última con obras como 'Mentira de Amor' o 'Pasión para Jessica', con su pseudónimo habitual, Miriam Grey.

domingo, 18 de febrero de 2018

#hemeroteca #machismo | 'Sunshine', la historia del novio de instituto que no ama, maltrata

Imagen: El País / Fotograma de 'Sunshine'
'Sunshine', la historia del novio de instituto que no ama, maltrata.
Este corto de tres minutos sirve para reconocer a los adolescentes maltratadores.
Emilio Sánchez Hidalgo | Verne, El País, 2018-02-18
https://verne.elpais.com/verne/2018/02/18/articulo/1518954072_605559.html

“’En el instituto yo tenía un novio que…’ es una frase a la que le pueden seguir decenas de ejemplos. Yo tenía un novio que no me dejaba ponerme algunos vestidos porque eran muy cortos, o muy escotados, o ambas cosas; que se enfadaba cuando quedaba con aquellos amigos que a él no le caían bien; que acabó prohibiéndome estar con ellos; que me interrogaba cuando había salido sin que él estuviese; que decidía qué hacíamos, dónde íbamos y hasta a qué hora".

La periodista de El País Isabel Valdés, coordinadora del blog 'Mujeres', empieza así el texto que escribió en el Día contra la Violencia de género de 2017. "Probablemente todas nos reconozcamos en cualquiera de esos ejemplos en algún momento de nuestra vida [...]. La idea de que el amor es posesivo y permisivo con todo está tan arraigada que es difícil verlo", añade. Para distinguir ese amor falso y que maltrata ayudan cortometrajes como el que abre este artículo, promovido por Day One, una asociación estadounidense que lucha contra la violencia machista entre jóvenes.

Es menos de tres minutos, ‘Sunshine’, obra del brasileño Guilherme Marcondes, muestra cómo una adolescente va descubriendo poco a poco que su novio es un maltratador. El machismo siempre había estado ahí, pero la protagonista lo confunde con el ideal del amor romántico al ritmo de la canción 'Walking on sunshine'. Al principio todo parece muy bonito, pero enseguida aparecen los celos.

Al novio le molesta que su novia se ponga faldas o vestidos, no le gusta que baile con sus amigas, le presiona para que no coma... Cada vez disimula menos su agresividad hacia ella.

Cuando el hombre se quita la careta del todo, la novia está atrapada. Unos tentáculos la ahogan, se pierde en un laberinto y, cuando encuentra la salida, él está al otro lado de la puerta con un ramo de flores. "No confundas amor y abuso", dice el texto con el que termina el corto.

"En esta época digital en la que un vistazo -en redes sociales- a una relación muestra siempre una pareja feliz, hay que recordar que las apariencias engañan más que nunca. Un romance adolescente pasa de emojis felices a los celos y el control frente a tus ojos", explica en su página web la productora estadounidense que firma el corto, Lobo. También colabora la productora BBDO. "El ritmo de 'Walking on sunshine' se mezcla con la sutil y siniestra dirección de la narrativa. Al principio coincide con los momentos románticos de la pareja, pero pasa rápidamente a un segundo plano que esconde comportamientos abusivos", añade.

Este cortometraje se ha empezado a mover en redes sociales después de que fuera compartido el 16 de febrero en Twitter por el blog 'La criatura creativa'. Lleva más de 18000 retuits en dos días. En las respuestas al tuit, además de los comentarios machistas que nunca faltan, muchas mujeres aseguran haber visto o vivido situaciones parecidas a las descritas en el cortometraje.

La violencia machista afecta especialmente a las jóvenes
La Macroencuesta de violencia contra la mujer que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad publicó en 2015 muestra que las jóvenes son un colectivo especialmente vulnerable. El 25% de las mujeres de 16 a 25 años consultadas aseguran haber padecido violencia machista en los últimos 12 meses. La media general es del 9,6%, 15 puntos menos.

Sin embargo, muchas personas sigue sin entender la violencia machista como un problema de primer orden. Y, lo que es peor, los jóvenes son los primeros que le quitan hierro al asunto. Según los datos del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), uno de cada cinco españoles (21,2%) de 15 a 29 años están muy o bastante de acuerdo en que la violencia de género es un tema "que está politizado, se exagera mucho". Más de uno de cada cuatro (27,4%) señala que es una conducta "normal" dentro de la pareja. Las últimas cifras del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran un aumento de la preocupación por la violencia machista en España.

El cortometraje de este artículo recuerda bastante a ‘La historia de Pepe y pepa’, un cuento con el que la socióloga cordobesa Carmen Ruiz Repullo ayuda a los adolescentes a detectar posibles situaciones de maltrato. "Es habitual ver miradas y codazos mientras la cuento, porque siempre hay aludidos", dijo a Verne en noviembre de 2017. La pareja de la historia va avanzando en una escalera de conductas machistas. Varios escalones se pueden ver en el cortometraje ‘Sunshine’.

sábado, 17 de febrero de 2018

#hemeroteca #machismo #educacion | Contra el machismo de recreo

Imagen: El País / La profesora Leticia Secall explicando quién es Malala, premio Nobel de la Paz en 2014
Contra el machismo de recreo.
Las aulas españolas combaten la desigualdad de género desde la raíz. "Para ellos, las chicas son un producto, como los móviles", dice la socióloga Carmen Ruiz Repullo.
Manuel Jabois | El País, 2018-02-17
https://politica.elpais.com/politica/2018/02/17/actualidad/1518890847_686037.html

El psicólogo César de la Hoz da una charla a 150 niños en un colegio de Salinas, un pueblo asturiano que se levanta frente al mar. Coloca imágenes de tres famosos: Cristiano Ronaldo, Albert Einstein y Barack Obama. Entonces una niña levanta la mano: "¿Por qué son todos hombres?". César de la Hoz ni lo había pensado. Pero una niña de seis años sí. Y su profesora, Leticia Secall, también. "No le di importancia", dice al acabar la charla. La niña de seis años, sin embargo, se la dio.

El colegio se llama Manuel Álvarez Iglesias y lleva desde 2010 promocionando la igualdad de género gracias a la profesora Secall. Hace cinco años ganó el Premio Nacional de Educación por un proyecto llamado ‘Genero(sa)mente’. Durante el curso se han proyectado, por ejemplo, montajes audiovisuales sobre las mujeres afganas y otro acerca de la tradición del vendaje de los pies a las niñas chinas, como símbolo de belleza y sumisión. Otro día, para dar a conocer el teléfono de ayuda a las víctimas de la violencia de género, los escolares se dibujaron unos a otros en la mano el número 016 para que esa información, explica Secall, llegase a todos los hogares. También hay en el colegio un libro de firmas contra el maltrato en el que cualquiera pueda dejar su testimonio, mensaje de apoyo o consejo.

1 de febrero de 2018. La ministra Dolors Montserrat hace balance del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Anuncia en cada colegio un "profesor de coeducación" que combata el machismo desde la raíz y promueva la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. El contexto -la violencia de género- no es inocente. Pero esa figura educativa, que ya funciona en Andalucía y Valencia, se enfrentará a un problema entre muchos: la diferente percepción que hay entre escolares sobre lo que es y no es machismo.

"¿A cuántas de vosotras os han tocado el culo sin permiso?", pregunta en una clase la socióloga Carmen Ruiz Repullo. Más de la mitad de las niñas levanta la mano. Pero no todas consideran que sea machismo: han interiorizado tantas conductas que les cuesta reconocerlas como lo que son. Ruiz Repullo es la autora del estudio ‘Voces tras los datos: una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes’, encargado por el Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía. "Se asientan mitos entre chicos, y uno de esos mitos es que hay dos tipos de chicas: las putas y las decentes. Unas son para una cosa y otras para otra. Porque son un producto, como los móviles o la tablet".

El estudio de la Junta recoge experiencias de decenas de chicas violentadas física o verbalmente por sus parejas con un patrón común: los celos, la posesión. La imposibilidad de muchas de ellas de dejar a su pareja por estar "enchochaísima", como reconoce una chica de quince años a la que su novio le pone una pistola en la cabeza, o por amenazarla de muerte a ella o a su familia. "Yo lo intenté dejar un día y fue a pegarle a mi hermano (…) ‘Como me dejes, mato a tu hermano, verás como así no me dejas", dice una chica de dicieséis años. Y otra, de diecisiete: "Cada vez que nos peleábamos me decía: ‘voy a matar a tu padre, tengo que matar a tu padre’. Mi padre nunca le ha hecho nada. Mi padre no le ha dicho vete de mi casa, deja a mi niña y no te acerques más a ella. No: mi padre no se metía".

Se crea, dice Ruiz Repullo, la "cultura del miedo". Que suele comenzar por romper cosas. Y que se extiende hasta lo más inocente, como el "mándame una foto para ver si te queda guay" que el novio le pide a la novia para saber cómo sale de fiesta y, acto seguido, pedirle que no lleve esa minifalda. Una vez, en clase, Ruiz Repullo anunció tres tipos de pareja según su toxicidad: verde, naranja y roja. Dijo que la verde era una relación basada en la libertad, no en el control. La reacción generalizada entre los chicos fue que si le daban libertad a sus novias, pasaban de ellos. "Hay dos modelos de comportamiento entre adolescentes machistas: el que hereda el discurso del padre/abuelo según el cual la chica no puede tener amigos, y el refinado y modernito que de repente, ante la violencia de género, te dice muy tranquilo que habría que saber lo que hizo ella antes".

Los chicos listos

Marina tiene 13 años y estudia en el IES Lope de Vega de Madrid. Una tarde del año pasado varios niños, a los que gustaba, estuvieron timbrando al telefonillo de casa para que bajase a jugar. Se asomó a la ventana, les hizo un corte de manga y se metió para dentro. Ha crecido en un modelo de mujeres fuertes y libres, dice su madre, María. Y en el aula se refleja lo que lleva de casa. También entre sus amigas. "Son más sobradas, más independientes y más fuertes. Y no creo que su clase sea la única. A ellos los tienen a raya", dice María. Lo que ocurre es que ni Marina ni sus amigas se enfrentan sólo a niños que la importunen y a los que puedan mandar a tomar aire. Se enfrentan a una estructura gigantesca que ha hecho que incluso ellas formen parte de lo que tienen que combatir.

Lo explica José Ignacio Conde, doctor en Economía en la Universidad Carlos III de Madrid, con tres trabajos científicos de resultados demoledores. El primero lo publicó Science el año pasado: a partir de los seis años las niñas dejan de considerarse tan listas como los niños. El trabajo se hizo con 400 niños de entre cinco y siete años. En una de las pruebas se le contaba a los niños la historia de una persona muy inteligente sin decirles a qué género pertenecía. A los cinco años, los niños decían que el protagonista era un niño y las niñas, una niña. A los seis y siete, muchas niñas ya decían que el protagonista era un niño. El otro estudio lo publicó Harvard en 2002; a unos alumnos de un MBA se les entregaron copias de un trabajo de Heidi Roizen, una inversionista de capital riesgo, y a otros alumnos copias del mismo trabajo pero cambiando el nombre de Heidi por Howard. El grupo que leyó el trabajo firmado por Howard concluyó que era un tipo muy competente con el que apetecía trabajar, además de parecer un buen hombre; el grupo que leyó el trabajo firmado por Heidi la consideró "muy política", creyó que buscaba "su propio beneficio", que era "mandona" y no era apetecible trabajar con ella. Conde cita un estudio más. de Claudia Goldin y Cecilia Rouse para America Economic Review, del año 2000, que prueba que cuando las audiciones para las orquestas nacionales se hacen a ciegas, sólo escuchando el instrumento, se seleccionan más mujeres.

Irene Rial, profesora del colegio Cruceiro de Vilalonga (Pontevedra), afirma que el estereotipo comienza pronto, desde la ocupación del espacio del recreo, predominantemente masculina, hasta comentarios sobre la ropa o el físico. Rial da clases a niños de 9 años. "En general ellas sienten más necesidad de aceptación, como si estuviesen más examinadas". Este colegio lleva a cabo un intenso trabajo sobre igualdad. "Lo que notas es que tanto ellos como ellas responden a la perfección a preguntas relacionadas con feminismo, por ejemplo. Pero de memoria, como algo aprendido de una asignatura. Un niño te dice: 'Los niños y las niñas somos iguales y tenemos los mismos derechos', por ejemplo. Y le preguntas a ese niño qué hace él en casa y cómo ayuda a su familia, y responde con naturalidad: 'Ayudo a mi madre a recoger mi ropa'.

Otro aspecto que Rial destaca es el amor entendido como algo absoluto. Un lugar donde también se empieza a gestar el machismo. Según la socióloga Carmen Ruiz Repullo, hay cuatro grupos de mitos del amor romántico: 'con mi amor cambiará', 'somos uno para otra y otra para uno', 'tú lo eres todo para mí' y 'si tiene celos es porque me quiere'. Parte de la culpa, según las conclusiones de Ruiz Repullo, es de películas como Tengo ganas de ti, Crepúsculo o Cincuenta sombras de Grey porque favorecen "una clase de relación basada en el sufrimiento, el control, los celos o la violencia". También programas españoles de éxito como 'Mujeres y hombres y viceversa', 'Quién quiere casarse con mi hijo' o 'Gran Hermano'. Un estudio del CIS ofrecía en 2015 un dato monstruoso: un tercio de los españoles de entre 15 y 29 años creen que es "inevitable o aceptable" controlar los horarios de su pareja, impedir que vea a su familia o sus amistades, no dejarle que estudie o trabaje o decirle lo que puede y no puede hacer.

Hay abundantes casos de machismo en la educación española que afectan a todas las edades, pero cada vez son más señalados y expuestos a la luz pública. El año pasado se levantó un monumental escándalo en un instituto de Alcalá de Henares por la charla de unos agentes de la Policía para concienciar, en teoría, sobre la violencia de género. Lo hicieron con frases como "debería dejar de existir la ley que protege a la mujer (…) La pena debería de ser la misma para cualquier persona, no por pegar a una mujer debería de ser mayor" o la confesión de un agente de que una vez su mujer le pegó una patada en la boca "que no pude ni cenar" y no pudo hacer nada porque si lo hiciese dejaría de ser policía. "Ha habido 64 mujeres asesinadas este año, pero también 34 hombres asesinados por mujeres: eso no vende", dijo otro, citando un bulo, ante chicos de 15 y 16 años. También el año pasado un instituto de Boadilla del Monte (Madrid) apercibió a una chica por ir demasiado "provocativa" cuando los chicos, denunciaron ellas, iban con los pantalones debajo del culo y el calzoncillo al aire. Y el centro escolar Juan Pablo II fue objeto de una inspección por parte de la Comunidad de Madrid por tener talleres exclusivos de ganchillo para niñas y visitas al Santiago Bernabéu a las que sólo podían acudir niños. En 2016, un profesor de la Universidad de Santiago montó en cólera porque le distraía el escote de una alumna. "Te lo dije ya el primer día, ese escote me desconcentra". Discutieron hasta que el profesor le dijo que si insistía en venir así vestida, se tenía que sentar en la última fila para no distraerlo. La respuesta de las compañeras de esta alumna fue acudir a clase en sujetador.

"La culpa es suya"

Alba Villaravid es una chica de 20 años que estudia en Lugo. Su experiencia es reconocible para una infinidad de estudiantes: "Cuando empecé el instituto tenía 12 años. Algunos profesores nos llamaban la atención por llevar ropa demasiado corta o hacían burla sobre nuestro maquillaje, pero yo no entendía nada. Quiero decir, no entendía lo que era ser sexualizada a una edad en la que ni siquiera había descubierto mi sexualidad. Las niñas más desarrolladas eran las primeras en sufrir estos comentarios. Más tarde era muy común recibir fotos y vídeos de chicas de mi instituto desnudas que habían mandado a algún chico en el que habían confiado. Todos pensábamos lo mismo: 'la culpa es suya por haberlas enviado, vaya guarra'. No teníamos ninguna noción de feminismo, y habíamos crecido en una sociedad que nos enseñaba que las mujeres son objetos sexuales. Tampoco era raro oír que a algún profesor le gustaba tocar más de la cuenta".

Son diferencias que perpetúan un sentido perverso de los roles. Que pueden desembocar en la adolescencia, normalmente cuando empieza a haber atracción por el otro sexo. Mercedes Rodrigo Alfageme fue durante muchos años jefa de la unidad de Psiquiatría Infantil del Hospital 12 de Octubre. "En una relación amorosa la violencia se ejerce ya con una intencionalidad que sí puede llamarse machista: puede haber celos, posesión, intención de perseguir a la chica". Pero la violencia empieza mucho antes. "La violencia empieza cuando un niño de tres o cuatro años percibe que hay otra persona con una debilidad manifiesta. Entonces puede ejercerla. Pero esa otra persona puede ser niño o niña, incluso alguien con una minusvalía. ¿Por qué? Porque ese niño que ejerce la violencia intuye ya que no va a haber respuesta, que su violencia no va a tener consecuencias. Por tanto va a ejercer un dominio, un sometimiento para que la otra persona le obedezca”. ¿No es eso que puede ocurrir a los tres años una definición del machismo adulto? "Puede serlo, pero a esas edades el niño no lo hace porque su víctima sea niña. Lo que hace porque su víctima es débil. A los tres años aparece un 'yo' muy rudimentario, y unos rasgos de carácter que empiezan a ser muy poco definidos y que no pueden ser calificados como 'personalidad".

El feminismo crece, dice Irene Rial, y ese feminismo de chicas de 15 y 16 años no es acomplejado sino resuelto, en el que empiezan a tener cabida chicos que no son señalados ni estigmatizados "por los eternos machotes de clase", dice la socióloga Ruiz Repullo. "Hay una legitimidad cada vez más grande que implica que estas personas tengan más seguridad en sí mismas, tanto ellas como ellos", dice. Alba Villaravid observa que el machismo en las aulas perdura y crece, pero "también crece nuestra voz, nuestra sororidad y espero que poco a poco nuestros derechos". Lo que antes podía llegar a considerarse natural empieza a ser señalado y denunciado como lo que es y lo que significa. A una velocidad pequeña pero imparable. Con la esperanza de que las siguientes generaciones sean educadas ya de una forma radicalmente distinta.