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sábado, 11 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #vih | COVID-19 y la crisis del SIDA: los gais de Nueva York ven semejanzas y contrastes

Imagen: Debate / 1.500 colchas con los nombres de víctimas del Sida en Nueva York, 1988-06-25
COVID-19 y la crisis del SIDA: los gais de Nueva York ven semejanzas y contrastes.
Se estima que más de 62,000 personas murieron de SIDA en Nueva York entre 1981 y 1995. COVID-19 ha matado a más de 6,300 en la ciudad en solo cuatro semanas una situación muy semejante a la actual.
AP | Debate, 2020-04-11
https://www.debate.com.mx/mundo/COVID-19-y-la-crisis-del-SIDA-los-gays-de-Nueva-York-ven-semejanzas-y-contrastes-20200411-0256.html

Los neoyorquinos LGBT que vivieron la crisis del SIDA de la década de 1980 ven algunos paralelos sombríos en la pandemia de COVID-19 que ahora azota su ciudad. Pero más aún, enfatizan las diferencias.

Ahora, comparten la misma situación que sus conciudadanos, mientras que el gobierno federal promete billones de dólares para combatir la pandemia. En aquel entonces fueron marginales atemorizantes ante la indiferencia de los líderes gubernamentales y gran parte del público.

"Había mucho miedo y mucha ira", dijo el Dr. Jack Drescher, un psiquiatra de la ciudad de Nueva York. "Miedo porque nadie sabía cuál era la causa, enojo por la falta de respuesta concertada".

Drescher estaba haciendo su pasantía y residencia en los hospitales de Nueva York a principios de los años 80 mientras los médicos luchaban por conocer la causa del SIDA. El tratamiento efectivo no surgió hasta 1995.

"En ese momento, muchos murieron, incluidos muchos de mis colegas profesionales, pacientes y amigos", recordó Drescher. "Mi pareja y yo nos sentamos de vez en cuando y preguntamos: '¿A quién hemos perdido?'"

Según el departamento de salud de la ciudad , más de 62,000 personas murieron de SIDA en Nueva York entre 1981 y 1995. COVID-19 ha matado a más de 6,300 en la ciudad en solo cuatro semanas.

Perry Halkitis, decano de la Escuela de Salud Pública de Rutgers y especialista en prevención del VIH / SIDA, fue estudiante en la Universidad de Columbia y en el Hunter College de Nueva York durante los años 80. "Estaba petrificado", recuerda.

Halkitis dice que él y otros sobrevivientes homosexuales de esa época tienen cicatrices emocionales permanentes. Le resulta traumático ver algunas similitudes en el brote de COVID-19.

"Hay la misma ansiedad e impotencia e impotencia que estuvo muy presente en los años 80", dijo. "Y este virus podría matar a una persona en 10 días, en lugar de años".

Andy Humm, de 66 años, coanfitrión de la publicación semanal de noticias de televisión Gay USA, se encontraba entre varias docenas de hombres homosexuales convocados por el activista Larry Kramer a una reunión en agosto de 1981, poco después de las primeras noticias de una misteriosa enfermedad que estaba matando a gais. Escucharon a un médico "suave y aterradoramente decirnos qué estaba pasando", dijo Humm.

Kramer y algunos colegas pronto fundaron Gay Men's Health Crisis, la primera organización sin fines de lucro en Nueva York enfocada en atender a personas con SIDA.

"Recuerdo una reunión de GHMC: los chicos se desmoronaban, llorando por los amigos y la forma de vida que estaban perdiendo", dijo Humm. "Fue escalofriante".

Recuerda la primera transmisión importante de noticias de televisión que muestra a hombres consumiéndose del SIDA.

“La gente jadeó. Estos eran tipos guapos que ahora se parecían al Fantasma de la Ópera”, dijo Humm. "Dos hombres en mi edificio se ataron y saltaron por la ventana".

Entre los cofundadores de Gay Men's Health Crisis se encontraba el Dr. Lawrence Mass, quien en mayo de 1981 escribió el primer artículo sobre el SIDA.

"Hubo confusión, caos, mucha negación", dijo. “Ni siquiera sabíamos con qué estábamos tratando. Con la homofobia tan abierta, nos preguntamos si podría ser algún tipo de complot".

Con 73 años, Mass sigue practicando en Nueva York, especializándose en medicina para la adicción. Él recuerda que algunos hombres homosexuales, en la década de 1980, continuaron teniendo relaciones sexuales promiscuas incluso cuando los riesgos se hicieron más evidentes.

El SIDA no era una enfermedad de igualdad de oportunidades en sus primeros años. Abrumadoramente, sus víctimas fueron hombres homosexuales, usuarios de drogas intravenosas, haitianos y hemofílicos. Los activistas homosexuales creen que el estado marginado de esas víctimas facilitó que la administración del presidente Ronald Reagan, y en cierta medida el gobierno de la ciudad de Nueva York, descartara la gravedad de la crisis.

"El SIDA fue visto como la plaga de Dios y como nuestros postres para un estilo de vida hedonista", dice James Esseks, un neoyorquino desde 1987 que dirige el Proyecto LGBT y VIH de la Unión Americana de Libertades Civiles. "La mayor parte de la nación simplemente miró para otro lado".

COVID-19, por el contrario, ataca a prácticamente todos los grupos demográficos, aunque algunos activistas LGBT dicen que su comunidad puede sufrir de manera desproporcionada debido a las mayores tasas de VIH y cáncer, y la discriminación en algunos entornos de atención médica.

Peter Staley, un antiguo activista contra el SIDA/VIH en Nueva York, dijo que la respuesta inicial de la administración Trump al brote de coronavirus lo enfureció, recordándole la indiferencia de la administración Reagan al principio de la crisis del SIDA.

"En los próximos nueve meses, todos conoceremos personas que morirán", dijo Staley. "Vamos a tener, compactado en nueve meses, lo que pasamos por más de 15 años en la ciudad de Nueva York".

"Al menos podríamos ir a los funerales en ese entonces y abrazarnos con todo ese dolor", dijo. “No vamos a tener eso esta vez. No podemos reunirnos en persona para celebrar la vida de aquellos que hemos perdido".

Entre los miles de neoyorquinos asesinados por el SIDA había una gran cantidad de hombres homosexuales altamente talentosos y creativos: artistas, músicos, diseñadores y otros.

Las muertes de COVID-19 están menos enfocadas, aunque la comunidad LGBT ha sufrido pérdidas notables. Incluyen al dramaturgo Terrence McNally, a la activista transgénero Lorena Borjas y al abogado Richard E. Weber, Jr., de 57 años, miembro de la junta de la Asociación de Abogados LGBT del Gran Nueva York que administraba su clínica legal gratuita.

El director ejecutivo de la asociación, Eric Lesh, era un estudiante de primaria en Florida a medida que se desarrollaba la crisis del SIDA. Lleva casi 20 años en Nueva York y conoce a muchos sobrevivientes de esa epidemia.

Lesh, de 42 años, quien junto con su esposo resistió un episodio de COVID-19, se sorprendió por la muerte de Weber.

"Richard habría visto morir a muchos de sus amigos en la crisis del SIDA", dijo Lesh. "Y luego ser arrastrado por otra pandemia, se siente tan triste".

viernes, 27 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #vih | No es una guerra: el coronavirus y la advertencia de Susan Sontag

Imagen: El Confidencial / Susan Sontag
No es una guerra: el coronavirus y la advertencia de Susan Sontag.
La desaparecida escritora estadounidense escribió 'La enfermedad y sus metáforas' cuando el cáncer era un tabú absoluto, y sus enseñanzas siguen siendo útiles en estos tiempos de pandemia.
Rubén Amón | El Confidencial, 2020-03-27
https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-03-27/coronavirus-guerra-advertencia-susan-sontag_2519016/

La primera vez que las enfermedades se convirtieron en metáfora militar fue en 1880, precisamente cuando se observaron las bacterias como agentes patógenos y cuando se las relacionó con la invasión y la infiltración en el cuerpo humano. Había que combatirlas. Y transformarlas en un enemigo de connotaciones bélicas cuyo valor alegórico ha terminado generalizándose. La guerra contra el cáncer es ahora la guerra contra el coronavirus.

Explica el fenómeno Susan Sontag en un ensayo de 1978 cuya vigencia se entiende en la propia repercusión epidemiológica y sanitaria del Covid-19. “La enfermedad se convierte en el enemigo contra el que la sociedad entera debe alzarse en pie de guerra”, señala la escritora neoyorquina en alusión al cáncer, pero también advierte del efecto contraproducente que implica la analogía castrense, no ya porque se desvirtúa el rigor científico y se degrada a los enfermos, sino porque la retórica militar o la épica suscitan el desasosiego y el desánimo de quienes la padecen o la combaten.

Una guerra es devastadora, independientemente de que se termine ganando. Y es un mal enfoque cultural en el que se está volviendo a incurrir cada vez que cogen el megáfono los coroneles laicos. Habla Sánchez de economía de guerra. Y de guerra al coronavirus. Se recrudecen las crónicas belicistas tanto como se descuida el efecto psicológico que conlleva luchar desde el frente, atrincherarse, derrotar a un virus hipercontagioso e invisible.

Susan Sontag escribió 'La enfermedad y sus metáforas' cuando el cáncer era un tabú absoluto y cuando la tuberculosis estaba casi erradicada, pero el ensayo también aludía a la buena fama literaria de esta última enfermedad. Por los mártires que la padecieron —Chejov, las Brönte, Chopin, Modigliani, Novalis— y por la reputación del padecimiento entre los románticos, más o menos como si un cuerpo frágil y lánguido predispusiera la visita de las musas, antes de que aparecieran las parcas. La enfermedad de los poetas, se llamaba a la tuberculosis, mientras que el cáncer se clasificaba como una enfermedad siniestra y oculta que solo tenía sentido exponerse en el campo de batalla. El tumor avanzaba silencioso. E intentaba derrotarse con el acopio de química y radiaciones devastadoras.

La propia Sontag padeció cáncer y tuvo que prolongar sus consideraciones metafóricas cuando apareció la epidemia aniquiladora del sida. Una suerte de maldición bíblica que condenaba a los homosexuales y a los libertinos. Y que luego extendía su ferocidad a los promiscuos y a los drogadictos, de tal manera que los más exacerbados militantes religiosos observaron en el acrónimo del VIH al Dios justiciero y vengador del Antiguo Testamento.

Guerra y estigma
El sida era una enfermedad más vergonzosa aún que el cáncer. Porque escarmentaba el desorden de la vida sexual. Porque maldecía a los sodomitas. Y porque convertía al enfermo en culpable, amén de prisionero de guerra en el lenguaje social. “Las metáforas militares”, escribe Sontag, “contribuyen a estigmatizar ciertas enfermedades y, por ende, a quienes están enfermos (...) Todas las enfermedades metaforizadas que rondan la imaginación colectiva tienen muertes duras, o así se cree. Que una enfermedad sea mortal no basta para provocar terror —el infarto es un claro ejemplo de patología mortal prestigiosa—. Las enfermedades más aterradoras son las que parecen no solo letales sino deshumanizadoras, en sentido literal”.

Tienen un valor premonitorio las palabras de Sontag. Las escribió en 1989, pero tanto sirven para definir la situación de psicosis en que nos encontramos. Y la clasificación de la sociedad entre infectados y no infectados. El coronavirus es una pandemia cuyo valor simbólico es más letal incluso que su ferocidad biológica. Lo demuestra, evocando a Sontag, la naturalidad y familiaridad con que ha reaparecido el lenguaje militar entre los cronistas, los políticos y hasta los enfermos que padecen el brote.

Le decepcionaría a Sontag la ineficacia de sus ensayos. Los había escrito para liberarnos de las “metáforas siniestras”. Y para sustituirlas acaso por metáforas de connotaciones científicas, incluidas las “defensas naturales” (sistema inmunológico) y las alegorías terapéuticas no culpabilizadoras. Era y es una tarea imposible. El coronavirus se nutre de la mixtificación y de la sobrecarga fantasiosa que tanto preocupaban a Sontag cuando exponía ante la sociedad el tabú del cáncer.

“Las metáforas que hemos impuesto”, razona Sontag, “denotan las vastas deficiencias de nuestra cultura, la falta de profundidad en nuestro modo de encarar la muerte, nuestras angustias en materia sentimental, nuestra negligencia y nuestros problemas de crecimiento”.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

#hemeroteca #vih #campañas #exposiciones | 30 años de campañas publicitarias contra el sida: del 'Póntelo. Pónselo' al '#TransmiteRespeto'

Imagen: Nius / Exposición de las campañas contra el VIH
30 años de campañas publicitarias contra el sida: del 'Póntelo. Pónselo' al '#TransmiteRespeto'.
Una exposición repasa las campañas para informar y sensibilizar sobre el sida y el VIH. 'SiDa. NoDa' fue el primer anuncio, en 1988´. Nius te muestra la exposición antes de que se inaugure. Rostros conocidos como el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se atrevieron a dar la cara para concienciar.
Beatriz García Fernández | Nius, 2019-11-27
https://www.niusdiario.es/sociedad/sanidad/30-anos-campanas-publicitarias-sida-vih-pontelo-ponselo-transmite-respeto_18_2857320380.html

El sida llegó pronto a España, a los pocos meses de diagnosticarse el primer caso en Estados Unidos en 1981. Allí lo llamaban el cáncer raro. Era una nueva enfermedad de origen desconocido y destino cruel: en España hasta 1995 –año en el que se empezó a administrar el tratamiento con retrovirales de alta eficacia- morían miles de personas al año por sida. Se tardó dos años en dar con el origen, un virus al que llamaron VIH, y más de una década en encontrar un tratamiento que evita desarrollar el sida.

El pánico cundió entre la población: los primeros años lo contraían personas adictas a las drogas, que adquirían el virus al compartir jeringuillas. Pronto la epidemia llegó al colectivo homosexual, que en esa época era el principal ejecutor de prácticas sexuales de riesgo (sin protección). Y después a los bebés que nacían de madres afectadas.

El ministerio de Sanidad se puso a trabajar: había que parar la epidemia. En 1988 ve la luz la primera campaña dirigida a toda la población: las ciudades se inundaron de carteles y la televisión empezó a emitir un anuncio que todos recuerdan: SiDa-NoDa. El objetivo era claro: informar a la población de cómo se transmitía el VIH.

Desde entonces han pasado 30 años y los mensajes han cambiado tanto como lo ha hecho la epidemia y la sociedad. El Ministerio de Sanidad ha recopilado estas tres décadas de lucha en una exposición que recorre no sólo la publicidad de 30 años, sino que permite ver la evolución de la enfermedad y de la propia sociedad española en tan poco tiempo. Nius ha podido verla antes de que se inaugure, y hablar con algunos de los protagonistas de lucha de tres décadas.

Del pánico al estigma
Ramón Espacio, activista del VIH desde 1993 y director de la Coordinadora Estatal de VIH y sida desde 2017, recuerda que los primeros años fueron terribles. “Los médicos se ponían traje de buzo para atender a los enfermos, y algunos se negaban”, rememora. “La desinformación hizo mucho daño, y hoy en día seguimos luchando contra los estereotipos del sida”, dice, Espacio, que recalca que aún muchos marcan distancia cuando saben que una persona es portadora del VIH.

“En esos momentos tan dramáticos había que lanzar mensajes muy claros, muy didácticos”, explica Julia del Amo, presidenta del Plan Nacional Contra el Sida. “Cómo se contrae el sida y cómo no, para poder evitarlo”, aclara. Hoy los mensajes van dirigidos a acabar con esa imagen de marginalidad que se asocia al sida y al VIH. “Todavía hoy es algo que se cuenta en voz baja, que muchos ni siquiera cuentan”, reconoce Espacio.

La valentía del “Póntelo. Pónselo”
Muy pronto la medicina descubrió cómo se transmitía el VIH y, como no se sabía frenar la enfermedad que provoca –eso llegaría a mediados de los 90- los departamentos de salud de todo el mundo se empeñaron en evitar la expansión del virus. La mejor manera de evitarlo era proteger las relaciones sexuales. Así que eso había que decirle a la población: usen preservativo.

Fue el germen del famoso 'Póntelo. Pónselo', que soliviantó a los sectores más conservadores de la sociedad e incluso puso en pie de guerra a la Conferencia Episcopal. Era 1990, la epidemia estaba en plena expansión, y la campaña publicitaria se coló en el imaginario colectivo de varias generaciones.

Hoy: la lucha por el diagnóstico y contra el estigma
Julia del Amo tiene claro que hoy en día el miedo al sida es menor. Al fin y al cabo, se puede vivir con VIH y no desarrollar la enfermedad, e incluso en los últimos cinco años se ha descubierto que portadores bien medicados ni siquiera transmiten el virus.

“Eso reflejan también las campañas, la evolución de la enfermedad y de la sociedad”, explica Del Amo. “Al principio el sida y el VIH se perciben desde la gravedad y ahora quizás desde un excesivo optimismo cuando las cosas todavía no están normalizadas, porque hay casi 4.000 nuevos diagnósticos cada año, que es un número altísimo”, advierte.

Así que sí, campañas como #TransmiteRespeto, de 2018, luchan por la no discriminación, pero también ponen el foco en que ante cualquier sospecha las personas se sometan a la prueba del VIH (un simple análisis de sangre). Cuanto antes se comience con la medicación, más se inactivará el virus.
  • Algunos datos sobre el sida y el VIH
  • Entre 140.000 y 170.000 personas viven en España infectadas por el VIH.
  • Un 18% de los infectados no está diagnosticado.
  • La mayoría de los nuevos casos se dan en hombres (84,6 % ) y la media de edad se sitúa en los 35 años.
  • Desde que comenzó la epidemia del sida se han notificado un total de 87.369 casos.
  • Se estima que en el último año se han diagnosticado 571 casos.
  • En el mundo, desde 1981 78 millones de personas han contraído el VIH y 35 millones han muerto por enfermedades relacionadas con el sida.
  • Hoy 36,7 millones de personas viven con VIH.
  • 16 millones no reciben el tratamiento que les permitiría llevar una vida prácticamente normal.

jueves, 18 de octubre de 2018

#hemeroteca #homofobia #musica | Ana Torroja, abucheada por el público de ‘OT’

Imagen: El País / Ana Torroja en la gala de OT
Ana Torroja, abucheada por el público de ‘OT’.
La gala de esta noche está marcada por la polémica del término 'mariconez' del tema de Mecano 'Quédate en Madrid', que la concursante María Villar pidió no cantar.
El País, 2018-10-18
https://elpais.com/cultura/2018/10/17/television/1539809379_980522.html

Ana Torroja ha sido abucheada esta noche por el público de ‘Operación Triunfo’ a su entrada en plató. La cantante, miembro del jurado de este ‘OT 2018’, ha tenido que escuchar gritos de desaprobación tras la polémica suscitada por la palabra "mariconez" en la letra de la canción ‘Quédate en Madrid’, que Mecano publicó en 1988 dentro del álbum ‘Descanso dominical’, y que ahora, en la edición del concurso musical de TVE una de las concursantes pidió no cantar. María Villar, participante en Operación Triunfo, justificó su negativa porque ‘mariconez’ es "un insulto muy homófobo" y pidió sustituir esa palabra por "gilipollez", algo que la dirección del concurso autorizó en un principio a hacer.

"En la canción dice 'me han parecido una mariconez'. Y yo he dicho que yo no voy a decir ‘mariconez’ porque es un insulto muy homófobo. Entonces han dicho que nos dejan que lo cambiemos y que pongamos 'gilipollez' en su lugar, que no ofende a nadie salvo a los que sean gilipollas", explicaba María Villar a otra de las concursantes. Más adelante, la dirección del concurso trasladó que Torroja dejaba que se sustituyera la palabra por "estupidez", aunque finalmente la cuenta de Twitter de OT rectificó horas después y aseguró que finalmente se cantaría la versión original de la letra. "José María Cano no nos permite cambiar esa palabra", les dijo Noemí Galera, directora de la academia, a los concursantes.

Torroja, por su parte, había dado su punto de vista en las redes sociales, donde justificó la letra y también se mostró contraria a la modificación de la letra: "Mecano, tanto como grupo, como cada uno por separado, siempre ha defendido la diversidad, el amor libre, la libertad de expresión y un largo etcétera, y además tiene uno de los himnos más bellos escritos nunca defendiendo el amor homosexual: 'Mujer contra mujer'. No confundamos insulto homófobo con expresión coloquial. Cuando la expresión dice: 'siempre los cariñitos me han parecido una mariconez', quiere decir que siempre los cariñitos le han parecido una tontería, bobada, estupidez y hasta cursilería".

En la gala de esta noche, el público esperaba la actuación de María Villar junto a su compañero Miki. Finalmente entonaron la palabra de la polémica, "mariconez". Al final de la interpretación, el público coreó "estupidez" y se escuchó una fuerte ovación. Previamente, Torroja opinó: “Realmente el debate es sano siempre, y la libertad de expresión. Yo la canto orgullosa como fueron siempre escritas”.

viernes, 28 de septiembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Marlaska, en el "Ochéntame" de la lucha LGTBI: "Cuando se lo conté a mi madre, estuvimos 4 años sin hablarnos"

Imagen: El Diario / Fernando Grande-Marlaska en 'Ochéntame otra vez'
Marlaska, en el "Ochéntame" de la lucha LGTBI: "Cuando se lo conté a mi madre, estuvimos 4 años sin hablarnos".
El programa nostálgico emitió anoche este reportaje que contaba, entre otros, con el testimonio del actual ministro del Interior.
Vertele!, El Diario, 2018-09-28
http://vertele.eldiario.es/noticias/GrandeMarlaska-Ochentame-lucha-LGTBI_0_2053294655.html

‘Ochéntame otra vez’ emitió este jueves en La 1 de TVE su entrega "Mamá, soy gay", un reportaje sobre la lucha de diferentes colectivos por visibilizar y normalizar la homo o la transexualidad en el que, como les contamos, participaba el ministro Fernando Grande-Marlaska con su testimonio.

La emisión de esta entrega ha coincidido en la semana en la que han salido a la luz unos audios en los que Dolores Delgado, titular de Justicia, se refiere a su hoy compañero en el Consejo de Ministros como "maricón". Eso sí, la grabación del programa fue anterior a estos hechos.

"La reacción de mi madre fue como si la hubieras matado"
En el reportaje, el ministro de Interior realiza un repaso a momentos importantes en la lucha del colectivo LGTBI y relata sus propias experiencias personales. "La primera vez que lo conté fue en el 88, y a mi madre 10 años después. La reacción fue un desgarro, como si la hubieras matado, como si fuera el daño más profundo que has podido causarle... Es tremendo, es como responsabilizarte totalmente", cuenta Grande-Marlaska, que confiesa que perdió el contacto con su progenitora al salir del armario: "Retomamos la relación después de 4 ó 5 años. Durante ese tiempo no la vi".

Cuenta el ministro que "un chico de 18 años, en mi caso en una capital mediana como Bilbao, en ese aspecto primero tienes que saber si hay, dónde... Bastantes problemas tienes en la cabeza con esa edad en asumirte, admitirte... La familia, la sociedad de uno pesa mucho. Por mi carácter era dificilísimo, imposible, dar ese paso", explica.

Además, Marlaska algún momento de esos primeros años: "Me acuerdo un poquito más mayor, casi saliendo y yendo a Nueva York a alguna zona de ambiente, cuando entrabas en un pub gay casi que mirabas si había alguien conocido detrás".

La lucha por los derechos LGTBI, a través de diferentes voces
‘Ochéntame otra vez’ hizo un repaso a los puntos claves de la lucha por los derechos LGTBI, desde los años de la dictadura hasta la aprobación de la Ley del matrimonio homosexual, a través de voces importantes del movimiento. Además de la del ministro, se escuchan los testimonios de Carla Antonelli, Luis Gé Martín, María Giralt y Jordi Petit, entre otros.

También aparece el recordado Pedro Zerolo, en una entrevista de archivo. "En aquella época -dictadura- se ingresaba a los homosexuales en prisión para rehabilitarnos y para reeducarnos. Recuerdo con horror cómo se señalaba al homosexual, al maricón, al sarasa, invertido...", cuenta en el vídeo. Tal como afirma la voz en off del reportaje, más de 4.000 homosexuales fueron sometidos a torturas en las prisiones españolas durante el franquismo, según datos de la Asociación de expresos sociales.

"Después de las primeras elecciones democráticas todavía se estaba ingresando en centros cerrados a homosexuales, sometiéndoles a terapias contra su voluntad", recuerda Grande-Marlaska. Se siguió penando la homosexualidad y la transexualidad hasta 1988, cuando se deroga la figura del escándalo público.

En este camino, el ministro destaca la lucha de los transexuales: "A las personas transexuales, el mundo LGTBI les debe muchísimo, porque esa es la gente que realmente lo tuvo difícil y peleó en unos momentos nada fáciles".

Por último, Grande-Marlaska recuerda el momento de la aprobación de la Ley que permite el matrimonio homosexual, en 2005, por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: "La sociedad respondió de una forma más que razonable, muy positiva en aquel momento", apunta. "Son cuestiones de dignidad humana, y todo aquello que es cuestión de dignidad humana es cuestión de derechos humanos", concluye.

sábado, 14 de julio de 2018

#hemeroteca #memoria | 30 años sin Rafi Escobedo: quieren reabrir el crimen de los marqueses de Urquijo

Imagen: El Mundo / Rafi Escobedo
30 años sin Rafi Escobedo: quieren reabrir el crimen de los marqueses de Urquijo.
Marcos García-Montes sostiene que el testimonio de la ex, Myriam de la Sierra, el diario de Rafi y su autopsia pueden confirmar que era inocente.
Consuelo Font | LOC, El Mundo, 2018-07-14
http://www.elmundo.es/loc/2018/07/14/5b48d241e2704e77b48b466b.html

Este 27 de julio se cumplen 30 años de una muerte muy sospechosa: Rafi Escobedo, condenado a 53 años de prisión como autor del espeluznante asesinato de sus suegros, los marqueses de Urquijo, que en 1980 fueron acribillados a balazos mientras dormían, apareció ahorcado en su celda del penal santanderino de El Dueso, con el cuello atado a una sábana sujeta a los barrotes. No sorprendió demasiado, pues días antes, el propio Escobedo, de 33 años, confesó al periodista Jesús Quintero en televisión. "Me quedo horas mirando las rejas de la ventana y repitiéndome: cuélgate, termina de una vez con todo esto".

Probablemente, ese día firmó su sentencia de muerte, ofreciendo la coartada perfecta a quienes querían eliminarle, pues Rafi, condenado por un crimen que juraba y perjuraba no cometió, estaba a punto de desenmascarar a los verdaderos culpables. Algo que atestigua su íntimo y abogado, Marcos García-Montes, quien revela en exclusiva a LOC que va a solicitar la reapertura del sumario por la muerte de Rafi, cuyo último instructor, Grande Marlaska, actual ministro de Interior y juez entonces de Santoña, cerró el caso determinando que recibió "ayuda para suicidarse".

"No se suicidó, lo mataron y me remito al informe de los doctores que le hicieron la autopsia, Andrade, Vilanova y Folguera, del Anatómico Forense, que encontraron 14 miligramos de cianuro en sus pulmones, riñones, hígado e intestinos. Esta dosis provoca la muerte o, en el mejor de los casos, la pérdida de conocimiento, lo que demuestra que le suicidaron. Los autores fueron dos sicarios, gracias a los cuales los verdaderos asesinos de los marqueses brindaron con champán".

Misteriosamente, una mano negra frustró que se investigara la muerte de Rafi, y fue seguramente la misma mano la que hizo desaparecer las pruebas del crimen de los marqueses de Urquijo, lavando sus cadáveres y eliminando el arma homicida. Según los estudiosos del caso, respondió a una trama financiera con implicaciones políticas a altísimo nivel, cuyo epicentro fue la fusión del Banco Urquijo con el Hispano Americano, a la que el marqués se negaba, pero que tras su muerte permitieron sus hijos, Juan y Miryam.

García-Montes revela a LOC que existen unas memorias de Rafi depositadas en un lugar secreto de México que sólo conocen él y René Reinoso, un íntimo del preso, donde desvela quienes son los asesinos de los marqueses. "Rafi no quería publicarlas hasta que no falleciera su madre, a la que adoraba, para evitarle el disgusto, pues los criminales, según manifestó, eran personajes muy allegados a la familia Escobedo y también a los marqueses de Urquijo", asegura el abogado, quien detalla: "Sólo pensaban matar al marqués, pero tropezaron con una silla y el ruido despertó a su mujer, Lourdes, quien les reconoció, y seguramente la asesinaron para que no les identificara".

Sobre Rafi no existían pruebas demasiado concluyentes, pese a que estuvo en el chalé la noche del crimen, como corroboró su amigo Javier Anastasio, que huyó de España al ser acusado de cómplice, y que junto con López Roberts, condenado como encubridor, forman el trío que "pagó el pato".

Violado en la cárcel
"Rafi había quedado con Juan, el hijo de los marqueses. Después me entregó una pistola y me dijo que la tirara", reveló Anastasio. Pero lo definitivo fue que el propio Escobedo se confesó autor, aunque bajo enorme presión, como relata García-Montes. "En la DGS le quitaron la ropa y le sometieron a vejaciones, como hacer flexiones desnudo, para que confesara su culpabilidad. Lo lograron cuando trajeron a su padre con grilletes en las muñecas, y le amenazaron con detener también a su madre".

Rafi, un chico de familia "bien", no estaba psicológicamente preparado para vivir algo tan duro. Nieto del que fue decano del colegio de abogados e hijo de un jurista, Miguel Escobedo Gómez-Martín, su madre, Ofelia Alday Mazorra, era de origen aristocrático. Residían en el exclusivo paseo de la Castellana y los fines de semana, él y sus hermanos, Miguel, Carlos, Alfredo, Manuel y Alberto, los pasaban en la finca familiar de Moncalvillo de Huete, en Cuenca.

En esta finca fue donde se encontraron centenares de casquillos similares a los que mataron a los marqueses, otra de las pistas que condujeron a acusar a Rafi, pues Miguel, su padre, según Myriam de la Sierra, tenía un arma del mismo calibre a la usada en el crimen.

Rafi conoció a Myriam en el Club Hípico de Somosaguas en 1977, cuando tenía 22 años y ella 20. Según su ex mujer: "Era muy carismático y divertido. Siempre estaba haciendo planes, me llevaba a fiestas y acabó conquistándome". Se casaron el 21 de junio de 1978, pese a la oposición de Manuel de la Sierra, marqués de Urquijo. "Rafi no encajaba con el perfil de lo que mi padre quería para mí. Me advirtió que era muy joven e inmaduro y de que no tenía futuro, porque ni estudiaba ni trabajaba". Seguramente, Manuel de la Sierra y Lourdes Urquijo ambicionaban un yerno con más fuste, pues eran uno de los matrimonios más influyentes de la alta sociedad: Manuel era hijo de un general y una noble tarraconense, aunque su salto social se produjo al casarse en 1954 con la aristócrata María Lourdes Urquijo, apadrinados por los condes de Barcelona. Marieta, tal como apodaban a Lourdes, una mujer frágil, que padecía frecuentes jaquecas y vinculada al Opus Dei, era heredera de los marquesados de Urquijo, Loriana y de Villar del Águila y pertenecía a la familia propietaria del banco Urquijo. Quizá por eso el marqués respiró cuando a los seis meses de casarse, su hija le comunicó que se separaba.

Nadie podía sospechar que meses después, el 1 de agosto de 1980, los marqueses de Urquijo, con las maletas hechas para marcharse de vacaciones a su chalé de Sotogrande, fueron asesinados a tiros mientras dormían en su mansión de Somosaguas. Un shock que afectó doblemente a Myriam, ya que su ex marido se autoinculpó del crimen, siendo condenado a 53 años de cárcel en 1983. Aunque su mayor calvario fue que ni ella ni su hermano Juan se vieron libres de ser señalados por el asesinato de sus padres. "Nadie imagina el dolor que me produce que alguien pueda sospechar de nosotros", declaraba.

Rafi inició en la cárcel su declive, refugiándose en la droga para sobrellevar una condena que consideraba injusta, a lo que se añadía que le denegaban sistemáticamente los permisos. Algo difícilmente soportable para un chico criado entre algodones, cuyo físico agraciado le convirtió en víctima de repetidas violaciones por parte de otros presos, como confesó. También se quejaba del abandono por parte de sus hermanos y de su padre, Miguel Escobedo, que falleció en 1993, cinco años después de Rafi.

Su gran consuelo era su madre, a la que telefoneaba frecuentemente, que murió en 2000, y los escasos amigos que le visitaban, entre ellos Marcos García Montes, que cada 15 días le llevaba sándwiches y Coca-Colas. También revistas, donde aparecía su ex, Myriam, ya casada con el norteamericano Dennis Rew. "Rafi fingía que no le importaba, pero a escondidas, miraba su foto con ojos de enamorado", asegura su abogado.

Informe psiquiátrico
El testimonio de su ex mujer es uno de los argumentos que va a utilizar García-Montes para pedir la reapertura del sumario. "El informe psiquiátrico sostiene que por su personalidad psicopatológica no tenía capacidad para matar. Hasta la propia Myriam reconoce en su libro que no está segura de que Rafi asesinara a sus padres".

martes, 27 de marzo de 2018

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Section 28 protesters 30 years on: ‘We were arrested and put in a cell up by Big Ben

The Guardian / Michael Cashman (2i) e Ian McKellen (3i), Manchester

Section 28 protesters 30 years on: ‘We were arrested and put in a cell up by Big Ben’.

In May 1988, the reviled law that forbade ‘promoting’ homosexuality came into force. Here, some of those who made headlines fighting back – from invading the BBC News studio to abseiling into the House of Lords – explain why they had to act.
Chris Godfrey | The Guardian, 2018-03-27
https://www.theguardian.com/world/2018/mar/27/section-28-protesters-30-years-on-we-were-arrested-and-put-in-a-cell-up-by-big-ben 

Lesbians stormed the BBC to protest about it. Twenty thousand Mancunians took to the city streets to march against it. Ian McKellen came out as gay to fight it. It inspired songs by Boy George and Chumbawamba, and an apology from David Cameron. You would be hard pressed to find a recent British law more controversial and more reviled than section 28 of the Local Government Act 1988.

In the late 80s, the gay and lesbian people of the UK were loudly demanding equality, much to the chagrin of traditionalists. Section 28 was the Conservative government’s response; Margaret Thatcher’s answer to those who believed “they have an inalienable right to be gay”.

The vaguely worded law prohibited local authorities and schools from “promoting” homosexuality and prevented councils from funding much-needed lesbian and gay initiatives. At a time when gay people were struggling to cope with the Aids epidemic, it was a callous attempt to suppress an already marginalised group.

For Conservative politicians, section 28 was an easy, short-term win. It was an obvious populist gambit to solidify support among the 75% of the population who thought that homosexual activity was “always or mostly wrong”. What section 28’s supporters failed to foresee was that it would inspire one of the most rapidly successful civil rights movements in modern British history.

Paul Fairweather

In the days before social media, the Mancunian Paul Fairweather had to spread the word about a protest against section 28. On 20 February 1988, the march took place through Manchester city centre. It was one of the largest LGBT demonstrations ever held in the UK.

At the time that section 28 was being discussed in parliament, I was one of Manchester city council’s gay men’s officers, working on issues such as employment, service delivery and developing community groups. I had also helped to set up the North West Campaign for Lesbian and Gay Equality, the group responsible for orchestrating the Manchester demonstration.

We had a secret office in the town hall attic where more than 100 people would meet every week. We were in a local government office, organising a demonstration against the government to try to stop legislation being presented. What we were doing was completely illegal.

No one in the group had organised such a large event before, but a core group had been very active in the gay movement since the early 1970s. The gay scene was quite small and I knew the owners of the local venues well.

We went to the gay bars and clubs – such as New Union, Rembrandt, the Thompsons Arms and Napoleon – where the owners agreed to stop the music so that we could speak about the march and section 28. We would make a night of it. When we stopped the music, there was some grumbling from people, but once they had heard us speak most were positive.

There was a sense that the whole community was under threat. There were also lots of questions about section 28’s possible impact on gay bars and clubs, as well as concerns about the attitude of the police force.

Under the then chief constable of Greater Manchester, James Anderton, the police were very hostile and were raiding gay bars and clubs. I had experienced some harassment on the street and in the gay village, but no one would report hate crimes because of the attitude of the police. We certainly felt they were becoming more aggressive, encouraged by section 28.

Police hostility didn’t put people off on the day, though. Twenty thousand turned up for the march, and it revitalised the gay movement in the city.

Booan Temple


On 23 May 1988, the evening before section 28 came into force, lesbian activists stormed the BBC News studio where Sue Lawley was midway through the Six O’Clock News. Booan Temple was one of the protesters.

The LGBT community had been getting more vociferous in the 80s. We were starting to demand more rights, not least of which was the right to live in safety.

I, and many of my loved ones, had been attacked in the street. There was an atmosphere that “the other” needed to be eradicated and I think the LGBT community was seen as a threat to the institution of the family. Section 28 was part of that.

I was engaged with a lesbian feminist network, but the campaign against section 28 was not an organised campaign in the traditional sense. Many women and mothers felt duty-bound to protect themselves, their families and their friends. They chained themselves to the railings at Buckingham Palace like the suffragettes did, and there were massive marches in Manchester and in London. Lots of women came up with loads of very innovative protests, but none of it got reported. We couldn’t get our arguments out there. So a small group of us decided to go into the Six O’Clock News studio. By getting on the news, we would be the news.

Once in the BBC building, we waited until the “live” light came on and ran into the studio wearing T-shirts saying “Stop the Clause”. One woman handcuffed herself to a camera, and one to the news desk, where Nicholas Witchell held her down very aggressively. He has since apologised for his heavy-handed behaviour. I was rugby-tackled to the ground and dragged away.

We were held in an office until we were arrested and taken to Shepherd’s Bush police station. I believe the BBC and others had a meeting and decided not to press charges, so we were released without charge and made our way to the Houses of Parliament to join the protesters there, as section 28 passed in to law at midnight.

Michael Cashman


Now a Labour politician, in 1988 Michael Cashman was in his second year on EastEnders, where he played Colin, one of the first gay characters in a national soap. He later helped to form the LGBT rights organisation Stonewall.

I clearly remember reading about section 28 in January 1988 in the weekly paper Capital Gay. I was dumbfounded. It had the date of the London march against it and I knew that, as a gay man playing another on television, I had to be there or I could never look at myself in the mirror again.

I attended on my own. I didn’t consult anyone, and didn’t even tell my late husband. I just knew I had to keep it to myself and get there. June Brown, who played Dot Cotton, helped me get the time off rehearsals. When I told her I was going, she said: “OK, Mike, but don’t get arrested, dear.”

When I got to the march, people pushed me towards the front, then an actor grabbed me and said: “No, you’ve got to be with the arts lobby.” But then a member of the arts lobby sent me back to the front again. Suddenly, there I was at the front of the march, clutching a banner.

As soon as I grabbed the banner, a bevy of television cameras focused in on me and someone was interviewing me. That was the start of helping to lead the campaign against section 28. I linked up with Ian McKellen there, and, along with many others, became a spokesman for the campaign. We went on that amazing march in Manchester, where Ian and I addressed the crowds.

I also lobbied within the Labour party to make sure it opposed section 28 because initially, when the bill was introduced, there was some confusion as to what it meant.

What was so incredible was the political opportunism. Section 28 had been brought in on the back of the stigmatisation and discrimination suffered by gay men; in particular those dealing with Aids and HIV. Some people were facing the most appalling deaths, and this was designed to kick us firmly underground.

Looking back, if we had won the battle of section 28, Stonewall would probably never have been founded. I don’t think we would have progressed to equality as far as we have now. The fact that we lost meant we had to make sure another section 28 didn’t happen again. Maybe if we had won, we would have all sat back, glowed, then lived in inequality for decades after.

Sally Francis

In one of the most memorable protests against section 28, a group of lesbian activists abseiled into the House of Lords after peers voted in favour of the bill. Sally Francis helped orchestrate the action.

We had done lots of actions, lots of blockades and breaking into places. But this was different. The day before, one of my friends was in the chamber of the House of Lords wondering what we could do there. She had the idea of swinging from the microphones hanging from the ceiling. We thought they were probably not strong enough.

In the end, we bought a washing line in Clapham market and knotted it up on the bus on the way up – it was pretty low-tech stuff. I smuggled the rope in under my donkey jacket and didn’t set off any alarms.

Ten of us set off for the action, but only six of us got into the Lords, four as guests of one of the peers. Those of us in the public seats would try to block the security from getting to the other women on the balcony.

We waited till the vote went for the clause. If they had voted against it, we weren’t going to do it. But they voted for it. When the vote finished, we were all looking at each other; the other group was going: “Oh, God, we can’t do it,” and we were going: “Don’t fucking do it.” Then, all of a sudden, two of them went over.

The security panicked. The women who had gone over the balcony with the washing line were thrown out of the House of Lords. The rest of us were arrested and put in a cell up by Big Ben. They didn’t know what to do with us.

After about six hours, we were released and met up with the women who had been thrown out. They had spoken to the press, but the press didn’t believe they had done it because they didn’t understand why they hadn’t been arrested.

When we were all reunited, we went to the pub by the bridge on Whitehall – a real press haunt. There were a lot of journalists there and I remember us telling them: “If you all buy us a drink, we’ll tell you what happened and what we did.” I remember it feeling really special.

Michael Dance


Schools were one of section 28’s main targets, with the bill prohibiting the promotion or “acceptability of homosexuality as a pretended family relationship”. When it was introduced in 1987, Michael Dance was training to be an English teacher.

While I didn’t hide my sexuality from my colleagues, being open with the students was more problematic. I was careful at first because I did not trust the management of my secondary school to support me. I also felt potentially vulnerable to attack by parents.

It didn’t help that where I taught there were few visible out teachers and section 28 made it much more unlikely that would change. The effect was isolating. What was brilliant, though, was that my school turned out to be 100% supportive and that I had the support of straight teachers and the Haringey branch of the National Union of Teachers, which always stood up for gay teachers nationally.

After section 28 came in, there was certainly a difference in school environments. A lot of teachers did not want to deal with the subject out of fear. Bigoted teachers were emboldened. A lot of schools pretended that homosexuality did not exist and it allowed a lot of misinformation, prejudice and abuse to go unchallenged. And, of course, it had a terrible effect on young people: students suffered homophobic abuse in silence and teachers and schools did nothing about it.

While section 28 made me more cautious, however, it didn’t stop me from taking up issues to do with sexual liberation or equality. If students were homophobic, I always challenged them.

I remember a lot of students sitting around my desk talking about how sick and tired they were that no one talked about teenage sexuality and that there was no openness about sexuality in the curriculum. I started to encourage this discussion, about texts, in English lessons, and the students enjoyed it. I remember one student doing a presentation on the difference between HIV and Aids to dispel the myths about the idea it was a “gay plague”, which caused major interest among the students.

I fought against section 28 all the way, undermining it everywhere I could in my teaching and personal life. When it was abolished, it allowed me to do all the things I had wanted to do when I was younger, such as developing LGBT support groups in schools. History has vindicated those who fought against this legislation that enshrined bigotry and prejudice.

Lisa Power

Founded in 1987, the weekly Pink Paper helped to mobilise lesbian and gay readers against section 28. Lisa Power was one of its co-editors, as well as an activist with the Organisation for Lesbian and Gay Action.

A lot of lesbians and gay men in the 80s weren’t political; they just went out to bars and clubs. The politicised group was much smaller. But one of the things section 28 did was bring what we called the scene queens together with the political.

I still find it interesting when people talk about section 28 as if we won because they remember the abseiling and protests. Those didn’t make a blind bit of difference to the passage through parliament: we lost the battle on section 28. But this did make people think much more strategically about how we should go about getting lesbian and gay rights to win the war. What we had at the time was a gay movement that was very good at fighting among itself and very good at debating political points – but with no history of making allies with the wider world and no effective lobbying mechanism.

After section 28 happened, some of us quietly went away and began working on what would become Stonewall. Some people in the gay movement were angry that we had started something that acted like a straight lobby group, but we were convinced it needed doing. And I think it’s the strongest example in the entire world of a successful LGBT lobbying group changing a country’s mind about some of its citizens.

Section 28 was repealed in Scotland in 2000 and in the rest of the UK three years later. In 2009, the then Tory leader, David Cameron, who had previously backed the law, apologised for its introduction and described it as a “mistake” that was “offensive to gay people”.

miércoles, 28 de junio de 2017

#hemeroteca #gais #activismo #memoria | Magneto contra la Dama de Hierro: cuando Ian McKellen se enfrentó a Margaret Thatcher

Imagen: Cinemaía / Ian Mckellen (i)
Magneto contra la Dama de Hierro: cuando Ian McKellen se enfrentó a Margaret Thatcher.
¿Quién es peor: Sauron, o una primera ministro homofóbica? Lee esta historia, y entenderás que el intérprete de 'X-Men' y 'El señor de los anillos' tenga sus dudas.
Yago García | Cinemanía, 20 Minutos, 2017-06-28
https://cinemania.20minutos.es/noticias/magneto-la-dama-hierro-cuando-ian-mckellen-lucho-margaret-thatcher/

Que Ian McKellen es una de las personas más tremendas sobre la Tierra es algo que salta a la vista. A sus venerables 78 años, el actor inglés puede ufanarse de ser Gandalf, Magneto, un distinguido intérprete clásico, el mejor amigo de Patrick Stewart... y uno de los activistas gay más famosos del mundo, responsable de demoler más de un prejuicio. Ya que el 28 de junio celebramos el día del Orgullo LGBT, es el momento perfecto para recordar uno de sus momentos cumbre más allá de ‘X-Men’ y ‘El señor de los anillos’. Y uno, además, que se presta mucho a la guasa. Porque, tratándose del Amo del Magnetismo, tiene lógica que McKellen saliese del armario para plantarle cara a la ‘Dama de Hierro’. Es decir, a la primera ministro Margareth Thatcher.

Viajemos en el tiempo y el espacio, como si estuviésemos en 'Días del futuro pasado'. El lugar es Reino Unido, el año es 1988, y no es una buena época para los súbditos gais y lesbianas de Su Graciosa Majestad. En Inglaterra y Gales, la homosexualidad sólo dejó de ser un delito penal en 1969, hace menos de 20 años, mientras que la gente LGBT en Escocia ha tenido que esperar hasta 1980 para dejar de sufrir el acoso de la policía. Por si fuera poco, el sida hace estragos, y, frente a la pandemia, el gobierno de Thatcher reacciona con anuncios televisivos (con la voz en off de John Hurt) dedicados a fomentar el miedo, que no a informar sobre el síndrome. Mientras tanto el asesor de Thatcher Christopher Monckton asegura que tiene la solución para detener los contagios: internar a los enfermos en campos de concentración.

En este contexto tan poco halagüeño, un Ian McKellen de 49 años no se puede quejar. Aunque no ha rodado demasiado cine, sus dos décadas de carrera le han convertido en una presencia habitual en los escenarios y la TV, con cuatro premios Olivier y un Tony en la estantería. Por lo demás su sexualidad es algo que sólo conocen cuatro amiguetes (entre ellos, claro, Patrick Stewart) y está muy al margen de su imagen pública. Lo cual resulta irónico, como reconocerá más adelante: “En mi primera película, interpreté a un hombre gay, y después estrené ‘Bent’ [la obra de teatro de Martin Sherman sobre la homosexualidad en la Alemania nazi], lo cual es ya de por sí una salida del armario”. Sus pocas ganas de salir del armario se deben, en parte, a que aún tiene la esperanza de trabajar en Hollywood, y en parte a que él y algunas luminarias del activismo gay británico (como el insigne cineasta Derek Jarman) se profesan un odio del todo mutuo. La chispa que lo cambiará todo tiene el nombre de Sección 28.

Salir del armario en directo
¿Qué era la Sección 28? A primera vista, poca cosa: una enmienda a la Ley sobre Gobiernos Locales, tan trascendental como una regulación sobre la pesca de la anchoa. Pero las apariencias eran una cosa... y la realidad, otra muy distinta. Espoleado por el miedo al sida, con ganas de posicionarse frente a la actitud pro-gay del Partido Laborista y con un escándalo en la cartera (el de ‘Jenny Lives with Eric and Martin’, un libro para niños sobre una familia homoparental), el gobierno conservador decide proponer esta medida, semejante (pero no idéntica) a la actual ‘ley de propaganda homosexual’ en Rusia. O a la ley de registro de mutantes del senador Kelly, ya que estamos.

Si la medida llegaba a aprobarse, los organismos y medios de comunicación públicos tendrían prohibido “promover la homosexualidad o ayudar a quienes la promovieran”. Los centros de enseñanza, mientras tanto, deberían explicar a sus alumnos que el amor y la atracción entre personas del mismo sexo no constituían “un estilo de vida aceptable ni un auténtico vínculo familiar”. Llevado a la práctica, esto suponía la retirada de subvenciones y apoyo a las asociaciones LGBT (esas mismas que, ante la pasividad del gobierno, hacían lo que podían para frenar la expansión del sida) y la condena de los jóvenes gais, lesbianas, bisexuales y transgénero al desamparo más absoluto. ¿Cómo respondió Ian McKellen a esta amenaza? Pues con una muestra de valor que Aragorn hubiese admirado: saliendo del armario, en riguroso directo, durante una entrevista para la BBC.

A partir de ese momento, McKellen se convierte en el perejil de todas las salsas, siempre que esas salsas tengan por objeto impedir que la Sección 28 sea aprobada. Él mismo ha reconocido que, en parte, eso se debió a que acababa de cortar con Sean Mathias, su pareja de más de 10 años, y necesitaba algo en lo que desahogar la mala uva. Su presencia en las manifestaciones de rigor es constante, y en ellas pronuncia frases memorables. “Thatcher no tiene nada contra los gais, pero no quiere que los gais se reúnan, igual que no tiene nada contra los obreros, mientras no se les ocurra formar sindicatos (...). Están privatizando la homosexualidad. Y, si es así, yo quiero reclamarles mis dividendos”, señaló.

Imagen: Cinemanía / Ian McKellen (agacahado en el centro)
“Si McKellen puede...”
Como señala el propio McKellen, “el Reino Unido ama a sus actores”. Y nuestro hombre también tuvo eso en cuenta a la hora de buscar amigos que le ayudasen a llevar la pancarta. La presencia de Judi Dench, Vanessa Redgrave, Patrick Stewart (¡faltaría más!) y un Gary Oldman todavía muy pipiolo, por citar sólo unos nombres, convirtió los actos contra la Sección 28 en eventos mediáticos, algo que encarnizó todavía más el debate. El momento más jocoso (o así) de McKellen llegó cuando un ministro conservador le pidió un autógrafo. McKellen se lo firmó, y en su dedicatoria podía leerse “Que te jodan: soy gay”. Calcúlese, pues, el chasco cuando, en mayo de 1988, la ley de marras fue aprobada en la Cámara de los Lores.

“La Sección 28 tuvo algo bueno: me obligó a decir la verdad”, admite hoy Ian McKellen. Asimismo, el actor señala que le cogió el gustillo a eso de tomar la calle, y, a día de hoy, todo el mundo ha visto alguna foto suya en una manifestación o un acto público en favor de causas progresistas (no necesariamente LGBT). Por último, asegura que su visibilidad animó a otros actores gais a vivir su vida sin esconderse. “Debieron de pensar: ‘Si McKellen lo ha hecho, y sigue trabajando, entonces yo también puedo”. En 1991, se le concedió el título de ‘sir’, algo que llevó a su odiado Derek Jarman a ponerle como hoja de perejil. E, irónicamente, sus soñados trabajos en Hollywood empezaron a llegarle a finales de los 90, cuando ya llevaba una década larga ejerciendo su activismo.

La Sección 28 se mantuvo en vigor hasta 2000 (en Escocia) y hasta 2003 (en el resto de Reino Unido). Aunque no dio lugar a ningún proceso judicial, se considera que fue extremadamente lesiva para la causa LGBT... y también para la imagen pública de una Margaret Thatcher que fue depuesta por su propio partido en 1990. La ex primera ministro falleció en 2013. Ian McKellen sigue vivo y coleando, esperamos que por muchos años. Para entonces, él mismo ha pensado en su epitafio: “Fue Gandalf, y salió del armario”.