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viernes, 13 de febrero de 2026

#hemeroteca #lgtbi #ideologiadeodio | La bandera LGTBIQ+ regresa a Stonewall desafiando al Gobierno de Trump

Momento del izado de la nueva bandera LGTBIQ+ en Stonewall //

La bandera LGTBIQ+ regresa a Stonewall desafiando al Gobierno de Trump

La enseña había sido retirada la madrugada del lunes de este monumento histórico
Pablo León | El País, 2026-01-13
https://elpais.com/sociedad/lgtb/2026-02-13/la-bandera-lgtbiq-regresa-a-stonewall-desafiando-al-gobierno-de-trump.html

La bandera LGTBIQ+ ha vuelto a ondear en el Monumento Nacional de Stonewall, en Nueva York. La enseña, que había sido retirada del lugar, en el barrio neoyorquino de Greenwich Village y cuna de la lucha por los derechos del colectivo, tras un memorándum de la Administración Trump, ha sido colocada de nuevo este jueves por funcionarios de la ciudad, gobernada por los demócratas. “Hemos prevalecido. Nuestra bandera representa la dignidad y los derechos humanos”, ha expresado Brad Hoylman-Sigal, presidente del distrito de Manhattan, donde se ubica Stonewall, tras izarla de nuevo.

Desde este jueves, la bandera LGTBIQ+ ondea junto a una estadounidense, que había sido instalada en el poste en sustitución de la multicolor que había sido retirada. El lunes por la mañana, los vecinos del barrio se percataron de que la enseña del colectivo había desaparecido del espacio, declarado Monumento Nacional de Estados Unidos en 2016 por el entonces presidente Barack Obama.

La enseña había sido retirada siguiendo las directrices de un memorándum, impulsado por la Administración del presidente Donald Trump, para “orientar sobre las políticas y procedimientos para la exhibición e izado de banderas y estandartes” en los espacios que gestiona el Servicio de Parques Nacionales, responsable de los monumentos nacionales. Ese documento establecía que los lugares oficiales solo pueden exhibir la bandera de Estados Unidos, la del Departamento del Interior y algunas excepciones, como banderas históricas o las relativas a las tribus indígenas americanas.

Stonewall es un lugar histórico no solo para Nueva York o EE UU, sino global. El 28 de junio de 1969, se desplegó una redada policial en el Stonewall Inn, local de ambiente de la zona, que tuvo como respuesta una gran protesta ciudadana de varios días y que acabó dando origen a la lucha LGTBIQ+. Desde entonces, el 28 de junio, jornada en la que se produjo la incursión policial, es el Día Internacional del Orgullo.

El izado de la nueva bandera, que había sido anunciado por las autoridades demócratas de la ciudad, ha reunido a cientos de personas, según 'The New York Times', y en torno a un millar, según otros medios locales. “Así que [Trump] quiere quitar nuestra bandera. Adelante. Tenemos un millón más para izar”, ha dicho a 'Reuters' una de las asistentes al izado, Nichole Mallete. “El colectivo LGTBIQ+ “no se va a dejar intimidar”, ha añadido. Al acto, presidido por el presidente del distrito de Manhattan, han asistido, además de ciudadanos, funcionarios municipales, del Estado de Nueva York y también federales.

Desde el Departamento de Interior del Gobierno de Trump, del que depende el Servicio de Parques Nacionales, han calificado el izado de la nueva bandera de “maniobra política”. “Esta puesta en escena demuestra lo totalmente incompetentes y desconectados que están los funcionarios de la ciudad de Nueva York respecto a los problemas que enfrenta la ciudad”, ha dicho un portavoz gubernamental.

Desde el inicio de su segundo mandato, Trump ha puesto en la diana a las personas LGTBIQ+. Una de las estrategias de ataque ha consistido en fomentar el borrado de la diversidad sexual y de género. Así, en febrero del año pasado, toda mención a la realidad trans y 'queer' desapareció de Stonewall y del site en el que se explica su historia.

A lo largo de 2025, Trump ha firmado 12 órdenes ejecutivas que erosionan los derechos LGTBIQ+. Por su parte, los republicanos, partido al que pertenece Trump, han impulsado 104 propuestas legislativas federales y más de un millar de proyectos de ley estatales que recortan derechos del colectivo, con especial incidencia en las personas trans.

miércoles, 11 de febrero de 2026

#hemeroteca #lgtbifobia | La Administración Trump retira la bandera LGTBIQ+ del Monumento Nacional de Stonewall

Protesta en el Monumento Nacional de Stonewall, este martes //

La Administración Trump retira la bandera LGTBIQ+ del Monumento Nacional de Stonewall

El lugar, en el barrio neoyorkino del Greenwich Village, es considerado cuna de la lucha por los derechos del colectivo por las protestas de 1969
Pablo León | El País, 2026-02-11
https://elpais.com/sociedad/lgtb/2026-02-11/la-administracion-trump-retira-la-bandera-lgtbiq-del-monumento-nacional-de-stonewall.html

La Administración de Trump ha retirado la bandera LGTBIQ+ del Monumento Nacional Stonewall, en Nueva York, cuna de la lucha por los derechos del colectivo. El Servicio de Parques Nacionales, agencia federal responsable de la supervisión de los monumentos nacionales estadounidenses, ha retirado la enseña durante la noche del domingo o la madrugada del lunes, según 'Gay City News', la primera publicación en mencionar el asunto.

El Servicio de Parques Nacionales publicó el mes pasado un memorándum para “orientar sobre las políticas y procedimientos para la exhibición e izado de banderas y estandartes” en los espacios que gestiona. En ese documento se destacaba que en lugares oficiales solo se permite el izado de la bandera de Estados Unidos, la del Departamento del Interior y algunas excepciones, como enseñas históricas o las relativas a las tribus indígenas americanas.

Justamente, Stonewall es un lugar histórico, de memoria, que fue designado Monumento Nacional de EE UU en 2016 por el entonces presidente Barack Obama. Se ubica en el Greenwich Village, barrio de Manhattan que a finales de los sesenta y principios de los setenta concentraba los locales de ambiente de la urbe. El 28 de junio de 1969, una brutal redada policial asaltó el Stonewall Inn, uno de esos espacios. Como respuesta, se organizaron una serie de manifestaciones que dieron origen a la lucha LGTBIQ+: de ahí que el 28 de junio sea el Día Internacional del Orgullo, y todo el mes, una celebración de los derechos humanos. En Stonewall, la brutalidad policial provocó una reacción de protesta y animó al surgimiento de un movimiento social.

“Estoy indignado por la retirada de la bandera del Orgullo del Monumento Nacional Stonewall”, ha expresado el alcalde de Nueva York, el demócrata Zohran Mamdani en sus redes sociales. “Nueva York es la cuna del movimiento moderno por los derechos LGTBIQ+, y ningún acto de borrado cambiará ni silenciará jamás esa historia. Nuestra ciudad tiene el deber no solo de honrar este legado, sino de estar a la altura del mismo”, ha agregado. El martes, un centenar de personas se concentró en el Monumento Nacional Stonewall para protestar contra la retirada de la bandera. 

No es la primera vez que el Gobierno ultraconservador de Trump se fija en Stonewall. En febrero de 2025, retiró toda mención a la realidad trans y 'queer' del espacio, así como del 'site' en el que se explica su historia. Además, en junio del año pasado, el Ejecutivo ultraconservador de EE UU cambió el nombre de un buque de la Armada que honraba al activista y político Harvey Milk, otro icono de la lucha por los derechos LGTBIQ+. En 2009, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad a Milk y en 2016, antes del primer advenimiento de Trump, puso su nombre al barco de guerra mencionado.

“Me complace anunciar que la Armada de los Estados Unidos cambiará el nombre del USNS Harvey Milk al USNS Oscar V. Peterson. Estamos eliminando la política del proceso de nombramiento de los buques”, defendió entonces el Secretario de Defensa de EE UU, Pete Hegseth. “Es un vergonzoso intento de borrar las contribuciones de las personas LGTBIQ+ a la sociedad”, respondieron desde la Fundación Harvey Milk, que defiende el legado del activista y que comenzó a vender camisetas con la forma del navío y el nombre original.

Previamente, en enero, nada más llegar por segunda vez a la Casa Blanca, Trump firmó una orden ejecutiva en la que solo reconocía la existencia de dos géneros: masculino y femenino. Desde el inicio del segundo mandato del republicano, en Estados Unidos se han impulsado al menos 12 órdenes ejecutivas presidenciales; 104 proyectos legislativos federales; y más de un millar de proyectos de ley estatales que erosionan los derechos LGTBIQ+, según los datos que recopila Trans Legislation Tracker.

Además, una de cada dos personas LGTBIQ+ de Estados Unidos (51,1%) se ha visto empujada a ser menos visible a lo largo de 2025, según la Encuesta anual LGTBIQ+ ('Annual LGBTQ+ Community Survey') que elabora Human Rights Campaign, organización estadounidense de referencia en la defensa de los derechos del colectivo, con más de 3,6 millones de afiliados. En esa investigación, un 47,5% reconocía haber ocultado su orientación o identidad en algunas situaciones: en espacios públicos (28,3%); en sus puestos de trabajo (26,5%); en las consultas médicas (25,4%); o en los colegios donde estudian sus hijos (40,1%).

“Durante décadas, la visibilidad ha sido la estrategia más poderosa en la lucha por la igualdad LGTBIQ+”, explicaban desde HRC, “ahora, sin embargo, la Administración Trump amenaza con deshacer este progreso al borrar a las personas LGTBIQ+ de la política federal y de la historia estadounidense".

“Siempre lucharé por una ciudad que invierta en nuestra comunidad LGTBIQ+, que defienda su dignidad, que proteja a cada uno de nuestros vecinos, sin excepción”, ha incidido el alcalde Mamdani con respecto a la retirada de la enseña multicolor de Stonewall.

“Es un ataque deliberado contra la comunidad LGTBIQ+”, ha añadido el presidente del distrito de Manhattan, el también demócrata Brad Hoylman-Sigal. Además, ha afirmado que colocarán una nueva bandera, previsiblemente este jueves: “Las personas que se levantaron aquí en 1969 se enfrentaron a un peligro real. Honrar ese legado requiere acción, no silencio. El peor resultado sería un arresto, pero eso [la resistencia ante un abuso de autoridad] está en el espíritu mismo de Stonewall”.

viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteca #homosexualidad | Sebastiano Mauri: "Históricamente, en la ficción, las historias de amor gay terminan en tragedia"

Imagen: Télam / Sebastiano Mauri

Sebastiano Mauri: "Históricamente, en la ficción, las historias de amor gay terminan en tragedia".

"Disfruta del problema" aborda la historia de un joven cineasta italiano nacido en Milán y radicado en Nueva York, que lleva toda una vida de reprimir aquello que -intuye, a su vez- le permitiría ser feliz.
Mercedes Ezquiaga | Télam, 2021-04-16
https://www.telam.com.ar/notas/202104/551029-sebastiano-mauri-historicamente-en-la-ficcion-las-historias-de-amor-gay-terminan-en-tragedia.html 

En su primera novela, "Disfruta del problema", el escritor, artista y cineasta ítalo-argentino Sebastiano Mauri (Milán, 1972) despliega una prosa cinematográfica para narrar una serie de situaciones desmesuradas, casi fellinescas, en la Nueva York de los años 90, donde el protagonista relata su derrotero de autorreconocimiento, en su camino para reconocerse como gay.

Despóticos productores de cine, caprichosas estrellas de Hollywood, temibles sets de filmación, restaurantes y discos de moda, supermodelos y grandes dosis de humor acompañan el relato del protagonista Martino, un joven cineasta italiano nacido en Milán y radicado en Nueva York, que lleva toda una vida de reprimir aquello que -intuye, a su vez- le permitiría ser feliz.

Publicado en la Argentina por Adriana Hidalgo Editora, la novela (en el original "Goditi il problema") arranca con el despertar de Martino en una orgía a la que no recuerda ni cómo llegó, para continuar con un encuentro sexual con una deseada top model que le produce perplejidad y desconcierto, lo que dispara una serie de acontecimientos que lo llevarán a repasar todo lo que hizo desde niño para negarse a sí mismo -y a los demás- su verdadero deseo.

"Pienso que el libro nació principalmente por la ganas de compartir mis errores, en la esperanza de que otros aprendan de ellos. Para decirlo con las palabras de Eleanor Roosevelt 'aprende de los errores ajenos porque no vivirás lo suficiente para cometerlos todos'", le dijo a Télam Mauri, desde Italia, donde se encuentra actualmente, aunque suele repartir el tiempo entre Milán, Nueva York y Buenos Aires.

"Siempre vuelvo a la Argentina -aclara este artista plástico, cuyas obras han sido exhibidas en galerías y museos de todo el mundo-, allí tengo familia y amigos muy queridos. Y Entre Ríos, el lugar que más amo en el mundo. Allí pasé siete meses el año pasado, durante la primera cuarentena, escribiendo mi ultima novela 'La nuova Terra', que acaba de publicarse en Italia".

- Télam: ¿Cuánto de vos tiene el protagonista? ¿Cuánta libertad te brinda tomar elementos de tu propia vida para armar un personaje de ficción?

- Sebastiano Mauri: La ficción es un instrumento muy poderoso para ir a fondo de la verdad. Paradójicamente, liberarse de la etiqueta ‘basado en hechos reales’ te permite despreocuparte de lo que quieres o no quieres compartir sobre ti mismo o las personas cercanas a ti. Accedes a un nivel de intimidad más profundo, más honesto y finalmente más realista. A menudo la ficción logra ser plausible adonde la realidad falla.

- T: ¿Cuáles crees que son los motivos por los que las personas encuentran dificultades en reconocer su orientación sexual? ¿Aun hoy es un tabú 'salir del closet'?
- SM: El hecho de que las cosas hayan mejorado para las personas LGBTIQ+ no significa que hayamos alcanzado la igualdad o la aceptación. Hay todavía mucha homofobia en el mundo, como sigue habiendo machismo, y las dos formas de discriminación están profundamente conectadas. Se trata siempre de defender la jerarquía de la sociedad que pone al hombre (blanco) heterosexual en la cima de la pirámide. Al hombre gay no se le perdona escapar del modelo granítico de masculinidad (tóxica) promovido por la sociedad, y a la mujer lesbiana de esquivar el deseo. Hasta que no haya una profunda y concreta igualdad entre las mujeres y los hombres en el desarrollo de nuestras vidas, entre los femeninos y los masculinos, en el desarrollo de nuestros imaginarios, no habrá tampoco una sincera aceptación de las personas LGBTIQ+. Mientras que un niño, por no jugar a la pelota, sea llamado ‘nena’ o ‘marica’ y eso sigue siendo el peor insulto que pueda recibir, es difícil imaginar que no estamos perpetuando una visión jerárquica y tóxica de los seres humanos.

- T: En 2017 ganaste el premio Flaiano con "Favola", tu primera película. ¿Tu faceta de cineasta influye en la escritura?
- SM: Yo, como el protagonista, fui a EEUU a estudiar cine en la New York University y allí aprendí las técnicas para escribir guiones. Es una narración principalmente visual, que pide acción, movimiento y ritmo. Desde la primera página, imaginé la historia como un film y con esa perspectiva fui construyendo el libro. La llamaría una película en forma de novela, y al mismo tiempo una letra de amor al cine, porque en el mundo del cine se mueve el protagonista y allí se estrellan sus sueños.

- T: El protagonista tiene una "Lista de cosas para hacer" que incluye una película de éxito mundial en la cual "la historia de amor gay tenga un final feliz". ¿Crees que hacen falta más historias de amor homosexual en los medios audiovisuales hegemónicos?
- SM: El amor mueve el mundo y, mientras lo vivamos, lo contaremos, ojalá en todas sus maravillosas formas. Históricamente, las historias de amor gay en el cine o eran escondidas en los pliegues de la narración o, si eran contadas abiertamente, terminaban, sin excepción, en tragedia. En el libro repaso cómo terminan los personajes gay en las películas que tuvieron éxito internacional: "Rebecca, una mujer inolvidable", quemada viva; "De repente, en el verano", linchado; "Filadelphia", destruido por el sida; "Los muchachos no lloran", acuchillada y baleada; "Secreto en la montaña", muerto a patadas. Es como si el "felices para siempre" aplicado a una pareja gay no sea una opción que apasiona los productores, los cineastas o quizás, en ultima instancia, al público. Entonces, sí, creo todavía que hace falta contar historias que permitan imaginar un futuro feliz para todxs.

- T: La historia se ambienta en la ciudad de Nueva York en en el cambio de milenio. ¿Cuáles eran los principales aspectos citadinos que querías remarcar?

- SM: Los años anteriores al 11 de septiembre 2001 representan el auge de una New York que ya no existe. No solo por el ataque a las Torres Gemelas, pero también por el implacable proceso de gentrificación promovido por el alcalde Rudolph Giuliani y ahora, en última instancia, por la pandemia de Covid-19. La New York de 'Disfruta del problema' es el 'melting pot' (crisol de culturas) con la más alta diversidad étnica, social, religiosa y cultural del mundo. La ciudad es, en cierta manera, uno de los personajes más intrusivos de la historia, con su carácter fuerte, casi prepotente, pero siempre dispuesta a sorprenderte, a ponerte en duda, a invitarte a una nueva aventura. New York representa el lugar del ‘otro’ por definición: Oz, la Tierra de los juguetes, el País de Nunca Jamás, el lugar donde perderse para poder reencontrarse.

- T: Estudiaste letras en Italia, arte en Londres y cine en Nueva York. ¿Alguna de estas disciplinas ocupa un espacio más relevante en tu vida que las otras?

- SM: Sospecho que solo al final de mi vida podré determinar cuál de las disciplinas en las que me he aventurado habrá tenido un espacio más determinante para mi, por el momento dejé de preguntármelo. Siempre he tenido la impresión de que todo es parte del mismo camino, utilizando medios distintos. Estudiando pintura estaba afinando mi ojo para las tomas cinematográficas, aprendiendo a escribir guiones, terminé escribiendo novelas, profundizando los temas de mis novelas han nacidos mis trabajos en escultura, instalación o videoarte. Más que identidades, yo las veo como actividades, y me quedo en movimiento entre una y otra.

lunes, 5 de abril de 2021

#libros #literatura #homosexualidad | Disfruta del problema : (relájate y goza)

Disfruta del problema : (relájate y goza) / Sebastiano Mauri ; traducción de Ana Miravalles.

Buenos Aires : Adriana Hidalgo Editora, 2021 [04-05].
360 p.
Serie: Narrativas.

/ ES / NOV / Libros / Aceptación / Cine / Gais / Homosexualidad / Literatura / Nueva York / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9789878388175 / 9788416287239

[.es] 'Disfruta del problema' es un feliz, desesperado e incontenible himno a la libertad de gozar de la vida a pesar de todo, sin dudas y antes que sea demasiado tarde. ‘Disfruta del problema’ es una novela de autorreconocimiento, en la que Martino, un joven cineasta italiano nacido en Milán y radicado en Nueva York, termina por reconocerse como gay, para abrirse a la posibilidad de ser feliz. El encuentro sexual con una supermodelo le produce perplejidad y desconcierto, y a partir de allí relata sus experiencias con diferentes personajes, alternando con flashbacks donde narra el modo en que, siendo niño, intuyó su orientación, y todo lo que hizo para negárselo a sí mismo y a los demás. A partir de su relación con Alejo, su primer novio, y luego con otros personajes, mientras vive en Nueva York y trabaja como asistente de un célebre productor de cine, el protagonista atraviesa varias transformaciones que lo llevan a una vida mundana.

La contrafigura de Martino es Lina, la niñera ya mayor que sólo habla dialecto lombardo y sigue viviendo en la casa familiar con los padres del niño al que ayudó a criar. Ella es la que sostiene desde hace cuarenta años la vida doméstica de esa familia y mira con tierno escepticismo a sus patrones burgueses progresistas. Lina es la que le dice a Martino “todas las verdades”, en esa lengua que se supone el repositorio del conservadurismo más tradicional. Y es quien le aclara, cuando él tiene cinco años, que “homosexual” no es una mala palabra. Como se trata de la historia de un cineasta, las referencias al cine son constantes, y en varios planos simultáneos, apelando a la cultura cinematográfica del lector. En ‘Disfruta del problema’ todo está contado con mucha gracia, ritmo y humor, comenzando por el fascinante tema del autodescubrimiento.

👤 Sebastiano Mauri. De origen ítalo-argentino, Sebastiano Mauri nació en Milán en 1972 y ha vivido entre su ciudad natal, Nueva York y Buenos Aires. Artista plástico, sus obras han sido exhibidas en galerías y museos de todo el mundo. En 2015 publicó el ensayo ‘Il giorno più felice della mia vita’. En 2017 ganó el premio Flaiano Opera Prima con Favola, su primera película. Disfruta del problema es su primera novela.

viernes, 19 de febrero de 2021

#hemeroteca #cine #trans | Tras lo pasos de un amor trans

Imagen: El país / Fotograma de 'Port Authority'

Tras lo pasos de un amor trans.

Este interesante debut de Danielle Lessovitz, que cuenta con Scorsese entre sus productores, se enmarca en la subcultura del ‘voguing’.
Elsa Fernández-Santos | El País, 2021-02-19

https://elpais.com/cultura/2021-02-18/tras-lo-pasos-de-un-amor-trans.html

Con Martin Scorsese, el azote del algoritmo, entre sus productores y la modelo trans Leyna Bloom entre sus personajes principales, ‘Port Authority’ lo tiene todo para ser noticia. Pero además, la ópera prima de Danielle Lessovitz es una interesante incursión en las calles de Nueva York detrás de un tipo tímido, vulnerable y calladamente violento que logra transmitir de principio a fin la tensión que sostiene toda la película. Una película callejera sobre una historia de amor entre dos personajes marginales. Desde que el que interpreta Fionn Whitehead llega a Nueva York la dureza de la ciudad se adueña de un filme enmarcado en la subcultura del ‘voguing’. Whitehead encarna a un joven con un pasado conflictivo que no conocemos, pero sobre el que pesa una libertad condicional. Su único lazo con ese pasado es una hermanastra que vive en un buen sitio de Manhattan, pero que le niega atención y techo. Desamparado, lo primero que descubre de la ciudad es a un grupo que practica sus estudiados pasos de baile en plena calle. Atraído por esa fuente de alegría de ‘reinas’ negras y latinas, al joven blanco de Pittsburgh se le ve fuera de lugar.

Desde que Jennie Livingston estrenó a principios de los años noventa la ya histórica (y polémica) ‘Paris Is Burning’, la subcultura LGTB de los ‘ballrooms’ y su danza inspirada en las poses de las revistas de moda se convirtió una seña más de identidad de la ciudad de Nueva York, concretamente, del barrio de Harlem. En ‘Port Authority’ el ‘voguing’ y sus conocidas casas (Leyna Bloom fue una destacada integrante de la Miyake-Mugler) se convierten en la tabla de salvación de un náufrago que malvive entre comida basura, puñetazos y pisos destinados a sin techo. Sin regodearse en ello, Lessovitz retrata un Nueva York sórdido y duro a través siempre del itinerario de trabajo precario y escapadas nocturnas de su protagonista. Entre patrullas de matones que vacían casas de inquilinos morosos, tipos tatuados y homofóbicos, la única luz llega de esa escena ‘queer’ afrolatina donde los márgenes de la ciudad y del mundo se ensanchan.

sábado, 27 de junio de 2020

#hemeroteca #lgtbi #28J | Stonewall, una noche que la comunidad LGTBI no quiere olvidar

Jóvenes en la entrada del Stonewall Inn //

Stonewall, una noche que la comunidad LGTBI no quiere olvidar

El 28 de junio de 1969, tras la redada de la policía en el célebre bar de Nueva York, se iniciaron una semana de revueltas que se conmemoran cada año con el día del orgullo gay
Carlos Sala | La Razón, 2020-06-27
https://www.larazon.es/cataluna/20200623/e64l2kmupbbt5ispo52k7w7tvy.html

A la 1.20 horas de la madrugada del 28 de junio de , seis agentes de la policía entraban en el bar Stonewall, un local del Greenwich VIllage de Nueva York donde homosexuales, lesbianas, transgénero, y travestis se reunían para beber y bailar. Apagaron la música y encendieron las luces al grito de: “¡Policía, tomamos el control del local!”. Había 205 personas allí dentro y todas quedaron en silencio. Algunas intentaron huir, pero la policía tenía controlada las salidas. A las demás se las obligó a formar filas en la pared y a identificarse. Redadas de ese tipo eran constantes y todas seguían el mismo patrón. Pero aquella noche nada fue como siempre.

La redada oficial era clausurar el local debido a no tener licencia de alcohol. Stonewall, como muchos locales similares, estaban regidos por la mafia, que conocía de antemano el calendario de aquel tipo de redadas. Sin embargo, aquella noche era diferente. Nadie hacía avisado. Además, la ley municipal prohibía que ningún hombre vistiese más de tres prendas femeninas, así que de pronto el objetivo de la redada pasó a ser la detención de los travestis y personas transgénero.

En el local había dos hombres y dos mujeres, policías de paisano, que llegaron antes al local de incógnito en busca de confirmar que se vendía alcohol, algo que sabían de sobra, y la presencia “indecente” de personas transgénero. Pasada la una de la madrugada, cuando el pequeño local estaba lleno, (un viernes noche de verano), con la intención de mandar un claro mensaje, llamaban desde el teléfono público instalado en la parte de atrás del local para que se iniciase la redada.

Los protocolos dictaban que las mujeres policía llevasen a las personas vestidas de mujer al lavabo y certificar su sexo. Si éste resultaba ser masculino, eran arrestadas. Nunca se habían atrevido a contravenir las instrucciones de la policía, pero aquel día fue distinto. De pronto, los hombres se negaron a enseñar sus identificaciones y las mujeres no aceptaron que se las llevase aparte a ningún lado. La policía, confusa, no estaba acostumbrada a que se pusiese en duda su autoridad, sobre todo en estos colectivos. Decidió que detendría a todo el mundo e hizo llamar a furgones policiales para arrestos colectivos. “Mi primer miedo fue que me arrestaran. Aunque mi mayor temor era que saliese mi foto al día siguiente en el periódico con el vestido de mi madre”, recordaba Mary Ritter, una joven transexual que aquella noche celebraba su 18 cumpleaños y el fin del instituto. “Yo conocía lo que se contaba que les pasaba a los queer en la prisión... así que imagina”, añadiría.

El local tenía dos salas de baile y se intentó separar a los gays de los transgénero y travestis. Empezó a hacer desfilar a la gente fuera del local a la espera de que llegaran las furgonetas. La sorpresa fue que el boca oreja había hecho que la noticia de la redada corriese por el barrio y ya había más de un centenar de personas observando lo que ocurría y dando ánimos a los que estaban dentro. La policía retrocedió mientras hacía inventario y confiscaba el alcohol. Incluso pretendían llevarse el jukebox que servía de banda sonora. Así que se empezó a dejar marchar a los que no iba a detener. La sensación de injusticia empezó a crecer. ¿Por qué estos sí se podían marchar y los otros no? En lugar de marcharse a su casa, los liberados se quedaron con los recién llegados y la atmósfera de unidad dentro de la comunidad LGTBI fue in crescendo.

Cuando todavía no eran las dos de la mañana, el arresto de una mujer, que salía esposada del local, provocó las primeras reacciones de rechazo. Ella intentó zafarse, asegurando que las esposas le hacían daño. Un policía la agredió y a partir de aquí los ánimos se descontrolaron. “¡Por qué no hacéis nada!”, gritó a los que miraban la detención. Otro punto de fricción empezó cuando una mujer travestida agredió con su bolso a un policía que la estaba empujando. “No me toques”, gritaba. La policía, de pronto, ya no era intocable.

Empezaron a volar monedas hacia los policías, después fueron botellas de cerveza, hasta que empezaron a lanzarse contenedores de basura. Los agentes, que todavía no entendían lo que estaba pasando, en inferioridad numérica, no pudieron más que refugiarse en el local y esperar a que llegaran los refuerzos. Pero ya era tarde, un nuevo movimiento había nacido. Por primera vez, la comunidad LGTBI se daba cuenta que, unida, era una fuerza poderosa y podía hacer recular a sus perseguidores. “Creo que todos sentimos de forma colectiva que ya habíamos aguantado suficiente este tipo de humillación. No hubo nada que lo provocase, ninguna acción o palabra, sino una acumulación de mierda que esa noche superó a todos y explotamos. Cada uno de los que estábamos allí sabíamos de forma inconsciente que no había marcha atrás, era el momento de reclamar lo que nos habían negado todo este tiempo... nuestra dignidad”, recordaba el activista Michael Faber.

En aquellos momentos había mucha gente en las inmediaciones de la calle Christoph, donde estaba el Stonewall Inn. Allí estaba, por ejemplo, Holly Woodland, actriz warholiana y la mujer transvestida que inspiró a Lou Reed su “Walk on the wildside”. También estaba el crítico y escritor Edmund White, el músico folk y mentor de Bob Dylan, Dave van Ronk. O artistas como el escultor Martin Boyce, el pintor Richard Segalman, el creador kitch Thomas Lanigan-Schmidt o el escritor John O’Brian. “Los gays nunca habían sido una amenaza para la policía. Se esperaba que fuéramos débiles, incapaces de defendernos. Pero ahí estábamos, peleando y atacándolos”, rememoraba éste.

Además, junto toda aquella confusión, dos mujeres transgénero empezaron a liderar la revuelta, empezando a lanzar ladrillos a los furgones blindados de la policía. Eran la portorriqueña Sylvia Rivera y la afroamericana Marsha P. Johnson, amigas desde 1963 y activistas a favor de las mujeres transgénero cuya vida estaba tan al límite que se les llamaba “ratas callejeras” por su capacidad de supervivencia a pesar de todo. “Fue el mejor día de mi vida”, afirmaba Rivera. “Recuerdo ver desfilar a los drags más ostentosos y extravagantes en fila, acercándose al local, gritando todo tipo de cosas. Todo tenía una aureola cargada de energía, en una de las noches más calurosas que recuerdo”, comenta Joey P, uno de los primeros homosexuales que liberaron.

Los cánticos ahora conocidos como “¡Gay power!” empezaron a oírse y el espíritu de fiesta fue creciendo, a la par que los roces empezaron a crecer y los nervios sustituyeron a los comentarios jocosos. Cuando llegaron los refuerzos, ya nada era una broma. Las inmediaciones del Stonewall ahora estaban repletos y empezaron a haber las primeras cargas. A las cuatro de la madrugada, la situación estaba controlada, el silencio volvía a imperar en la calle, y la policía había regresado a sus comisarías. 13 personas fueron detenidas, una docena tuvo que ser hospitalizada y cuatro policías fueron heridos. Todo lo que había en Stonewall quedó destrozado, el teléfono público, los lavabos, los espejos, la máquina de tabaco, el jukebox, no se sabe si por los clientes o la propia policía. Y, aun así, el local abrió al día siguiente.

Pero el recuerdo de aquella larga noche no paraba de crecer. La prensa informó en primera página de lo sucedido y la noticia se convirtió de interés nacional. Ahora que la comunidad LGTBI veían lo que podían conseguir juntos, no iban a dar marcha atrás, y aquella misma tarde se inició la primera manifestación por defender sus derechos. “¡Poder gay! No es maravilloso... ya era hora de que hiciésemos algo para darnos valor”, dijo el poeta beat Allan Ginsberg, que vivía en la misma calle de Stonewall. Aquella noche, él no había estado, pero sí fue al día siguiente. “Los chicos eran tan hermosos, habían perdido la mirada herida que todos los maricones teníamos hace diez años”, afirmó.

Cada día hasta el 3 de julio se reprodujeron este tipo de protestas, hasta que empezó a tener eco en otras ciudades americanas. Más de 50 años después, su alcance es ahora universal y cada 28 de junio se celebra el día del orgullo gay para no olvidarlo nunca.

miércoles, 27 de mayo de 2020

#hemeroteca #inmemoriam | Fallece de neumonía Larry Kramer, dramaturgo y destacado activista del VIH

Imagen: La Vanguardia / Larry Kramer
Fallece de neumonía Larry Kramer, dramaturgo y destacado activista del VIH.
Kramer ha muerto después de haber padecido varias enfermedades durante buena parte de su vida adulta.
EFE | La Vanguardia, 2020-05-27
https://www.lavanguardia.com/cultura/20200527/481429109409/muere-larry-kramer-dramaturgo-autor-activista-vih.html

El dramaturgo y destacado activista del VIH Larry Kramer ha fallecido este miércoles en Manhattan (EE.UU.) a causa de una neumonía a los 84 años, según ha confirmado al New York Times su marido, David Webster. Kramer ha muerto después de haber padecido varias enfermedades durante buena parte de su vida adulta, ya que después de haberse infectado de VIH, contrajo una enfermedad del hígado que llevó a que tuviera que someterse a un exitoso trasplante.

Kramer cofundó en 1981 la organización Gay Men’s Health Crisis (Crisis Sanitaria de los Hombres Homosexuales), la primera que se creó para apoyar a personas contagiadas del virus de inmunodeficiencia humana, aunque más tarde se le echó de la misma por sus agresivas posturas, lo que le llevó a tildar a la entidad como una “triste organización de cobardes”. Después pasó a fundar el grupo Act Up, que organizaba protestas en las calles para exigir un impulso en la investigación de medicamentos para el sida y el fin de la discriminación contra los hombres y mujeres homosexuales, que llegaron a afectar el funcionamiento tanto de las oficinas gubernamentales como de Wall Street.

Al inicio de la década de los 80, fue uno de los primeros activistas en prever que aquella rara dolencia que se creía era una forma de cáncer entre los hombres homosexuales se extendería por todo el mundo como una enfermedad de transmisión sexual.

Uno de los expertos que entendió el mensaje de Kramer fue Anthony Fauci, el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU., después de que el escritor le calificara como un “completo idiota” en un artículo publicado en el San Francisco Examiner en 1988. Más tarde ambos se convirtieron en amigos, y Fauci dijo del activista que le ayudó a ver que la burocracia federal de EE.UU. estaba ralentizando la búsqueda de una cura para la enfermedad, y dijo que jugó un papel esencial en el desarrollo de tratamientos que prolongaban la vida de aquellos infectados por el VIH.

Nacido el 25 de junio de 1935 en Bridgeport (Connecticut) Kramer inició su carrera como escritor en Hollywood a los 23 años, en un trabajo como operador de teletipos en Columbia Pictures. Ese puesto le llevó después a perfeccionar los guiones escritos en el estudio. Su primer reconocimiento lo obtuvo como el escritor de diálogo de ‘Here We Go Round the Mulberry Bush’, una olvidada comedia sexual de adolescentes de 1968 y, al año siguiente, recibió una nominación a un Oscar por ‘Women We Love’, su adaptación de la novela de D.H. Lawrence.

Desde los primeros años de su trayectoria profesional, Kramer quiso explorar lo que significaba ser gay en EE.UU., lo que le llevó desde Hollywood a Nueva York, donde se estrenó con la obra de teatro ‘Sissies’ Scrapbook’ (1973) sobre un cuarteto de amigos, de los que uno era abiertamente homosexual. Más tarde, profundizó en el asunto en su primera novela, ‘Faggots’ (1978), cuyo protagonista basó en su propia persona y en el mundo del sexo, drogas y fiestas que predominaba por aquel entonces en la Gran Manzana, lo que fue recibido con rechazo por la comunidad gay.

Kramer escribió una de sus obras más destacadas ‘The Normal Heart’, en 1983, poco después de haber sido expulsado de ‘Gay Men’s Health Crisis’, cuando, inspirado por una visita al campo de concentración de Dachau, decidió contar el inicio de la crisis del sida a través de la vida de varios personajes afectados por la enfermedad. ‘The Normal Heart’ volvió a Broadway en 2011 en una nueva versión protagonizada por Joe Mantello y John Benjamin Hickey que ganó tres premios Tony, y después fue llevado a la televisión en 2014 por HBO bajo la dirección de Ryan Murphy y con la actuación de Mark Ruffalo, Matthew Bomer y Julia Roberts.

domingo, 24 de mayo de 2020

#hemeroteca #federicogarcialorca #homosexualidad | Poeta en Nueva York, el poemario anticapitalista de Federico García Lorca

Imagen: El Salto / Emilio Aladrén y Federico García Lorca
Poeta en Nueva York, el poemario anticapitalista de Federico García Lorca.
Un día como hoy, en 1940, se publicó 'Poeta en Nueva York'. En un fango de confusiones interiores, marcado por el desamor (homosexual) y en plena crisis vital, la feroz crítica al capitalismo y a la deshumanización de la sociedad moderna vertebran un poemario que, ochenta años después, sigue siendo considerado la obra culmen del poeta.
Francis Reina Corbacho | El Salto, 2020-05-24
https://www.elsaltodiario.com/poesia/poeta-en-nueva-york-poemario-anticapitalista-federico-garcia-lorca

Para entender las particularidades que determinaron el viaje de Federico García Lorca a Nueva York, la inmensa mayoría de estudiosos lorquianos aluden -entre otros motivos- a Emilio Aladrén como causa ineludible de la crisis vital que le llevaría a Estados Unidos. Sin embargo, el relato oficial disimula que la relación afectiva entre ambos era, al menos para el poeta granadino, de marcado carácter homoerótico. Lo que instituciones oficiales como la Fundación Federico García Lorca llama “circunstancia vital” por “una fuerte relación afectiva”, en realidad era la consecuencia sentimental del amor -homosexual- no correspondido. Y es que aquel escultor madrileño que los ojos enamorados de Federico veían como un “príncipe ruso” o “efebo griego de aires tahitianos”, hizo que Lorca se diera cuenta “de qué es eso del fuego del amor del que hablan los poetas eróticos” o, siguiendo el Sodoma y Gomorra de Proust, interiorizase en aquel desamor la pertenencia a una “raza pobre sobre la que pesa una maldición y que tiene que vivir en mentira y perjurio, ya que sabe que se tiene por punible y bochornoso, por inconfesable su deseo”.

Su corazón, preso en la cárcel del amor oscuro, se quebró del todo cuando en aquel océano de tristeza y confusión, Buñuel, su amigo y compañero en la mítica Residencia de Estudiantes, tachó el Romancero Gitano de “poesía de hoy para que guste a los (...) poetas maricones y Cernudos de Sevilla” o cuando Salvador Dalí, su Dalí, contribuyó junto al director aragonés a alicatar su imagen de perro andaluz. Para más inri, en el epicentro de “una de las crisis más hondas de mi vida” y “convaleciente de una gran batalla”, sufrió censura por parte de la dictadura de Primo de Rivera ya que, en febrero de 1929, la policía prohibió la representación de “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín” por “inmoral”, y se llevó todos los duplicados de la obra, que terminó archivada en la sección de Pornografía de la Dirección General de Seguridad.

Entre la primavera y el verano de ese año, 1929, tras pedirle a su familia que no estuviesen indignados con él porque la situación que vive “es culpa es de la vida y de las luchas, crisis y conflictos de orden moral que yo tengo”, aprueba el consejo de Federico García Rodríguez, su padre, y acepta el viaje hacia el nuevo continente junto a quien sería años más tarde Ministro de Instrucción Pública durante la II República, su amigo Fernando de los Ríos, socialista y sobrino de Francisco Giner de los Ríos. Aprender inglés, conocer la Universidad de Columbia, dar conferencias como poeta renombrado y empaparse del crisol de culturas de la ciudad norteamericana parecía un pretexto atractivo, aunque a cuenta de sus sentimientos, más que viajar a Nueva York, Lorca, “deprimido y lleno de añoranzas”, huyó de España y de sí mismo.

Un poeta en nueva york o nueva york en un poeta

Tras visitar París y Londres, Federico García Lorca y Fernando de los Ríos se embarcaron en el RMS Olympic -primo hermano del Titanic- para arribar a finales de junio en Nueva York y vivir, tal y como diría el propio poeta, una de las experiencias más útiles de su vida. La ciudad que nunca duerme fue para Lorca el descubrimiento abrupto de la modernidad: desmedidas masas urbanas, imponentes rascacielos, diversidad racial, grandes avenidas… que hacían de esa “Babilonia trepidante y enloquecedora” el corazón de la globalización y del capitalismo.

En la realidad abrumadora de la metrópolis neoyorquina, Lorca encontró un bálsamo vital en el plano literario y sexual. Las experiencias en la Universidad de Columbia, el teatro neoyorquino, las conferencias impartidas, el jazz, leer a Walt Whitman, el sinfín de veladas literarias y musicales a las que asistió… le enriquecieron teórica, intelectual y poéticamente. Atrás quedaba el folclore andaluz; ahora la crítica social se encerraba en metafóricos y simbólicos versos fríos, metálicos, surrealistas. En la esfera vital, huyendo -recordemos- del conflicto interno que atravesaba, su desinhibición en clubes nocturnos (y gais, según su amigo y poeta Hart Crane) como el Small’s Paradise, lograron una catarsis sentimental y sexual donde se liberó de las máscaras que le oprimían. “Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía, esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol (...) que mana de las ondas por donde el alba no se atreve” (de su poema ‘Paisaje de la multitud que vomita’) parece un buen ejemplo de exención. Aunque la tragedia del amor que no tiene nombre, que diría Oscar Wilde, seguía bastante presente. “Poema doble del lago Edem” no deja lugar a dudas: “Quiero llorar porque me da la gana/ como lloran los niños del último banco/ porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja/ pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado. Quiero llorar diciendo mi nombre/ rosa, niño y abeto a la orilla de este lago/ para decir mi verdad de hombre de sangre/ matando en mí la burla y la sugestión del vocablo”.

Como exponen Fernando Lázaro Carreter y Vicente Tusón, a lo largo del poemario Lorca “expresa una profunda angustia existencial, una frustración debida a su condición sexual y a las rígidas conductas morales de la época, así como a una reivindicación social por las clases más humildes y desfavorecidas, por la miseria y opresión del hombre. Todo ello se funde con un sentimiento de fatalidad, de destino trágico, un ‘pathos’ que impregna la obra de Lorca y que resultará premonitorio de su trágico final”. Justamente ahí, en la opresión multiforme del hombre, establece Federico García Lorca el eje sobre el que pivota un poemario feroz y desgarrado contra la religión, las convenciones sociales o la deshumanización, la dictadura del dinero, el racismo y la desigualdad inherente a una ciudad y a un sistema alienador del ser humano.

La cruel ciudad donde no hay mañana ni esperanza posible

Lorca describe a la Nueva York capitalista de los incipientes años 30 como una ciudad frenética, insomne, en la que “vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan”, deseo y profecía donde la naturaleza, vengativa, destruirá la degradación de una sociedad cosificada, alejada de lo prístino. Entre el pronóstico y la voluntad, los versos emanan una predicción apocalíptica restituyente: “un día/ los caballos vivirán en las tabernas/ y las hormigas furiosas/ atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas…”. En este adulterado artificio, si alguien se atreve a soñar, “si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!” (Ciudad sin sueño. Nocturno del Brooklyn Bridge).

Para el poeta, la deshumanización se palpa hasta en el despuntar del día: “La aurora de Nueva York tiene/ cuatro columnas de cieno/ y un huracán de negras palomas/ que chapotean las aguas podridas/ La aurora de Nueva York gime/ por las inmensas escaleras/ buscando entre las aristas/ nardos de angustia dibujada”. Las arquitecturas verticales de los rascacielos constriñen los amaneceres, convirtiendo lo hermoso en grosera podredumbre. Abajo, en la metrópoli, “la luz es sepultada por cadenas y ruidos/ en impúdico reto de ciencia sin raíces” (La aurora). Federico sabe que, en el corazón del capitalismo y en medio de ese cieno de números y leyes, “de la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso que atraviesa el corazón de todos los niños” y empatiza, como poeta comprometido, con los “gemidos de obreros parados que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, ¡oh salvaje Norteamérica!, ¡oh impúdica! (Danza de la muerte). No clama en abstracto, García Lorca fue testigo directo de una de las mayores catástrofes de la bolsa en Estados Unidos (el crac del 29), y presenció personalmente “un verdadero tumulto de dinero muerto que se precipitaba al mar”. Nunca “jamás, entre varios suicidas, gentes histéricas y grupos de desmayados, he sentido la impresión de muerte real, la muerte sin esperanza, la muerte que es podredumbre y nada más, como en aquel instante, porque era un espectáculo terrible pero sin grandeza” (Conferencia de Federico García Lorca).

Los hombres vestidos de blanco y los negros de Harlem
Quizás como espectador de aquella Gran Depresión, en una destrucción donde la justicia divina es invisible, “Grito hacia Roma” sea, como dice Miguel García-Posada, la diatriba poética más furibunda jamás lanzada contra el Vaticano: “Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino, ni quien cultive hierbas en la boca del muerto (...) Pero el hombre vestido de blanco ignora el misterio de la espiga, ignora el gemido de la parturienta…”. Cargando contra la jerarquía de la Iglesia, en un claro mensaje antieclesiástico, sabemos gracias a Ian Gibson que, en tres versos desechados del poema, se encuentra por un lado al Lorca más revolucionario e internacionalista (“Compañeros de todo el mundo/ hombres de carne con vicios y con sueños/ ha llegado la hora de romper las puertas”) y, por otro, al Lorca antifascista (“Caerán sobre la gran cúpula/ que untan de aceite las lenguas militares/ donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma/ y escupe carbón machacado rodeado de miles de campanillas”). Según María Clementa Millán, en esos títulos eliminados había una meridiana denuncia de los pactos de Letrán entre Mussolini y La Santa Sede.

En sus visitas a Harlem -barrio popular, médula del florecimiento de la cultura afroamericana- y el consiguiente conocimiento de la segregación y discriminación racial, los negros harlemitas les recuerdan a los gitanos de Andalucía. Ahora sabe que flamenco y blues comparten grito. Como diría a su vuelta de EEUU, con la “comprensión simpática de los perseguidos, del gitano, del negro, del judío… del morisco que todos llevamos dentro“, defendió en poemas como “Los Negros” o “El rey de Harlem” al “gran rey prisionero con un traje de conserje”, llegando a escribir que “es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente/ a todos los amigos de la manzana y de la arena/ y es necesario dar con los puños cerrados/ a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas/ para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre”. Este ejemplo de poema antirracista supone “un ataque contra los valores culturales (…) que han llevado por su orientación material a la deshumanización del negro, es decir, de la raza humana (…) Poeta en Nueva York es un grito contra el inhumanismo instaurado en 1929 por la decadente burguesía capitalista” (José Ortega). La indignación de Lorca ante la discriminación de los negros de Harlem queda resumida en una parte de “Nueva York. Oficina y denuncia”: “Yo denuncio a toda la gente/ que ignora la otra mitad (…) Os escupo en la cara”. La voluntad de “subrayar el dolor que tienen los negros de ser negros en un mundo contrario, esclavos de todos los inventos del hombre blanco y de todas sus máquinas”, aspiración declarada en una de sus conferencias, revela una noción de la otredad que, por supuesto, no le era ajena.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman
Como indica Millán, ‘Poeta en Nueva York’ se centra en dos aspectos fundamentales: la ciudad y el poeta. En cuanto al segundo, Federico García Lorca seguía siendo un “pobre muchacho apasionado y silencioso que (...) tiene dentro una azucena imposible de regar (...) con el matiz sexual de peonía abrileña que no es la verdad de mi corazón”, como se autodefinió en una carta a su amigo Adriano del Valle con tan sólo veinte años de edad. En Nueva York, régimen desolador de formalismo y ausencia de espíritu, la llama ininterrumpida de la opresión que le atenaza se hace más candente, acentuada por el entorno. La voz angustiada del poeta lamenta los amores perdidos (“yo no podré quejarme si no encontré lo que buscaba”); no para de latirle la desesperación, su pesimismo le ahoga, sabe que “no hay siglo nuevo ni luz reciente. Solo un caballo azul y una madrugada” (‘Nocturno del hueco’). Siente que “el verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas/ es una pequeña quemadura infinita/ en los ojos inocentes de los otros sistemas“ (‘Panorama ciego de Nueva York’), y protesta contra la insoportable condena del oprimido: “Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina/ quiero mi libertad, mi amor humano/ en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera” (‘Poema doble del lago Edem’).

Esa mescolanza de dolor y angustia se desbocan en ‘Oda a Walt Whitman’, un poema donde “el yo-lírico alaba al poeta que cantó, frente a la degradación urbana, a la autenticidad del amor” (Millán). No hay versos en todo el poemario donde García Lorca condense de manera más beligerante sus conmociones interiores, su homosexualidad enclaustrada. La condición sexual alienada frente a condición asumida, la ética del maquinismo acumulativo frente a ética del goce y la razón tecnológica frente a la razón vital que cuestiona moralmente la civilización mercantilizada (Calviño Iglesias), se condensan en la figura de Whitman, síntesis para Lorca de la tensión dialéctica entre naturaleza y ciudad, lo auténtico y lo apócrifo. Esa dualidad puro-impuro revela su ciénaga interior; decidir entre Walt Whitman o “los maricas de las ciudades” puede verse -en palabras de Paul Binding- como una “dicotomía conflictiva entre las diferentes expresiones de la identidad y sexualidad”. Hay que aclarar que García Lorca, al tiempo que erigía al poeta estadounidense como modelo, dejaba claro que no levantaba la voz “contra el niño que escribe/ nombre de niña en su almohada/ ni contra el muchacho que se viste de novia/ en la oscuridad del ropero (...) ni contra los hombres de mirada verde/ que aman al hombre y queman sus labios en silencio”. Cómo iba a hacerlo. Lorca elogia a Whitman por ensalzar la opción espiritual de la expresión homosexual en una situación caracterizada por la ausencia de relaciones afectivas, por el predominio de relaciones exclusivamente mercantiles (Dorde Cuvardic). Federico, que con tan solo veinte años ya intuía “muchas inquietudes en la batalla del cerebro y corazón”, revela en ‘Oda a Walt Whitman’ cómo placer y dolor marcan su propia personalidad homosexual, y de qué manera la interiorización homófoba de su sino es un motor incesante de sufrimiento.

Después de Nueva York: Cuba, II República y muerte
Desde que Federico García Lorca terminó ‘Poeta en Nueva York’ hasta que se publicó la obra pasaron diez años. Cuentan que una mañana de 1936, el poeta acudió al despacho de su amigo José Bergamín, director de la revista cultural ‘Cruz y Raya’. Bergamín no estaba, había salido. Lorca cogió un papelito y escribió “Querido Pepe: He estado a verte y creo que volveré mañana”. Pero nunca volvió. Bergamín llevó el manuscrito al exilio, de Madrid a París y de París a México, donde se publicó, un día como hoy, en 1940. El prólogo, a su cargo, empezaba así: “El poeta Federico García Lorca murió asesinado en Granada (…) Al amanecer de la Falange. Es inútil, y antiespañol, tratar de ocultar o disimular esta muerte y el hondo sentido de su significado trágico (...) A Federico García Lorca lo asesinaron quienes han asesinado a España en sus pueblos vivos (...) El poeta (...) es el más puro y claro ejemplo español del martirio de un pueblo entero“. El porqué de su no regreso es sobradamente conocido.

Tras Nueva York, Lorca fue a Cuba. Desde marzo hasta junio de 1930 Federico da conferencias y disfruta, en contraposición con Nueva York, de “la América con raíces”. En La Habana, “una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico”, habló de Góngora, el cante jondo o la mecánica de la poesía ante admiradores entusiasmados, y trabajó en la obra teatral ‘El público’, “de tema francamente homosexual” (carta a Martínez Nadal). No hubo país donde viviese más libre su sexualidad. El escritor guatemalteco Luis Cardoza, que coincidió allí con Lorca, y otros poetas coetáneos, dejaron constancia verbal y escrita de sus encuentros con los marineros negros de la isla. Por algo diría a sus amigos cubanos que había pasado los días más felices de su vida (Gibson).

En junio de 1930 Lorca abandona Cuba y vuelve a España. El 14 de abril de 1931 se proclama la II República, y Lorca ofrece su compromiso y aportación político-cultural con la mítica organización del teatro universitario La Barraca. En verano de ese año, no sabemos si marcado por la experiencia neoyorquina (que, en realidad, no era el germen de su pensamiento sino la afirmación de su cosmovisión progresista), entusiasmado por la naciente República o por ambas cosas, inauguraba la biblioteca pública de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, mencionando al “gran Lenin”, Dostoyevsky (como “padre de la revolución rusa”) y hasta el “gran libro” de Karl Marx, ‘El Capital’. Desde entonces, la ideología política de Federico García Lorca se hace, más si cabe, explícita e incuestionable.

Se vincula con los republicanos Comités de Cooperación Intelectual y las Misiones Pedagógicas (años 30); se muestra ”contentísimo porque (...) las derechas no pueden de ninguna manera asaltar España“ (carta desde Buenos Aires a su familia, año 1933); firma manifiestos como miembro de la Asociación de Amigos de la URSS -ese país “formidable (…) polo opuesto a Nueva York”- donde se decían cosas como ”nosotros, escritores y artistas españoles, al mismo tiempo que protestamos contra la barbarie del fascismo, mandamos a nuestros camaradas alemanes perseguidos, encarcelados y maltratados, nuestro saludo, nuestra solidaridad y nuestras comunes palabras de fe en la causa del proletariado y de la revolución“ (Manifiesto firmado el 1 de mayo de 1933, Madrid); declara ser “del partido de los pobres” (1934); protesta contra “un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden” (1935) y añade su firma, como dice Rafael Inglada, “en multitud de causas izquierdistas y claramente antifascistas: contra las dictaduras de Salazar, contra la intervención imperialista en Puerto Rico, contra el procesamiento de Manuel Azaña o posicionándose del lado del Frente Popular la víspera de las elecciones de 1936”. Y esto, en el preludio del totalitarismo golpista, tenía unas consecuencias funestas. Lorca, además, reunía todo lo que los golpistas odiaban: poeta, militante de la cultura, y por encima de todas las cosas, de izquierdas y homosexual.

¿Qué final tenían aquellos y aquellas que hacían de sus vidas y de sus obras un canto a la vida en la España del yugo y de las flechas? ¿Cuál era el destino de los que, como Lorca, bordaban en la bandera de la libertad el amor más grande de sus vidas? En agosto de 1936, “sacado por fuerzas del Gobierno Civil” y “pasado por las armas” por “socialista” y por “masón”, tildado de “prácticas de homosexualismos, aberración que llegó a ser ‘vox pópuli’” (informe de la Jefatura Superior de Policía de Granada), se le vio, como escribió Antonio Machado, “caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico -sangre en la frente y plomo en las entrañas- ... Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada”.

Así se puso fin a la vida del poeta. Al escritor del ‘Romancero Gitano’ y ‘Poeta en Nueva York’. Al dramaturgo que se atrevió a poner frente al espejo a la España siniestra con ‘La Casa de Bernarda Alba’. Al que dio vida a su universo femenino con ‘Yerma’ o ‘Doña Rosita’, mujeres libertarias en las aguas sombrías de la autoridad machista y patriarcal. Al que con dieciocho años protestaba “contra el abandono del obrero del campo” y al que, con treinta y ocho, tenía la valentía de decir en una entrevista, tan sólo un mes antes del Golpe de Estado franquista, que odiaba “al que es español por ser español nada más” y que execraba “al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos”.

Todas las personas que tenemos a Federico García Lorca como símbolo de tantas cosas, hemos imaginado una y mil veces qué hubiera pasado si las balas fascistas no hubiesen acabado con la vida del poeta. Hace unos días, la serie española El Ministerio del Tiempo utilizó la ficción para situar a Lorca en la Granada de 1979. Sentado en la mesa de una taberna, mientras se enorgullecía de escuchar a un tal Camarón de la Isla poner música a sus versos, Lorca, emocionado, dijo: “¿Tanto tiempo después España se acuerda de mí? ¿Entonces…? He ganado yo, ellos no”. Pues claro que no han ganado, poeta. Claro que no han ganado.

viernes, 22 de mayo de 2020

#hemeroteca #inmemoriam #vih | Nita Pippins, A Mother Figure for Countless AIDS Patients, Dies Of Coronavirus

Nita Pippins con una foto dr su hijo Nick
Nita Pippins, A Mother Figure for Countless AIDS Patients, Dies Of Coronavirus.
Ruschell Boone | Spectrum News NY1, 2020-05-22
https://www.ny1.com/nyc/all-boroughs/news/2020/05/23/nita-pippins--a-mother-figure-for-countless-aids-patients--dies-of-coronavirus

She only had one child, but Nita Pippins was a mother figure to many in the city who were living with AIDS.

She fell into that role after moving to New York to care for her dying son in 1987, but it lasted more than 30 years, right up until she could no longer get around on her own.

"Her work as supporting people with AIDS and supporting families with AIDS was the most important thing she did in her life," said Irwin Kroot, a close friend.

Kroot is also one of her unofficially adopted children. He said Pippins died at a Manhattan nursing after contracting the coronavirus. She moved there in January after she fell and broke her hip.

Pippins was in the middle of rehab when she became ill and died on Mother's Day. The woman who had held the hands of many during the AIDS epidemic died alone.

"She had been there in the nursing home for several months, so they knew her, but none of us who loved her, of course, were able to be with her. The last time I was able to FaceTime with her was earlier that week," Kroot said.

Pippins was a 60-year-old retired nurse when she left Florida to be with her son Nick, a 33-year-old actor. He died from AIDS three years later, but after becoming close with some of his friends, she decided to stay.

Pippins became an activist who helped to create Miracle House, a charity that provided free or low-cost housing for out-of-town families of AIDS patients. Her work made her an NY1 New Yorker of the Week.

In the 2010 interview, Pippins said, "I knew that for people to come up here and stay any length of time, it would be very expensive, and if they had a place to stay that didn't cost a lot, they could come and stay longer to see their sons."

She would also reach out to families to try to get them to see their loved ones before they died. She also started a breakfast program where she could sit and speak with them.

"I really wanted to get the mothers together and let them know that my son died of AIDS and it's very painful, and at that time, you were shunned," said Pippins.

Pippins was 93 when she died.

"She was a multifaceted human being who did wonderful things with her life," Kroot said.

She leaves behind a stepdaughter and three step-grandchildren, in addition to all of her unofficial sons.

martes, 19 de mayo de 2020

#hemeroteca #inmemoriam #vih | Nita Pippins, a Mother to AIDS Patients, Dies at 93

Imagen: Nita Pippins con su hijo Nick
Nita Pippins, a Mother to AIDS Patients, Dies at 93.
At 60, she moved to New York to care for her dying son. Instead of returning home, she dedicated herself to AIDS patients during the worst of the epidemic.
Steven Kurutz | The New York Times, 2020-05-19
https://www.nytimes.com/2020/05/19/obituaries/nita-pippins-dead-coronavirus.html

One day in 1987, Nita Pippins received a call from her only child, Nick, a 33-year-old actor in Manhattan who was dying of AIDS. “Mom, I’m in bed. I can’t get out of bed,” her son told her. “It’s time.”

Ms. Pippins, a retired nurse living in Pensacola, Fla., put her belongings in a friend’s house, took what she could and moved to New York to care for her son. At age 60, she began an improbable and remarkable second act.

Devastated and ashamed by her son’s AIDS diagnosis, and troubled that he was gay, Ms. Pippins initially kept the illness a secret from her family and friends. And she felt out of place in the big city. On breaks while caring for her son, with whom she had moved in, she would sit inside the Nathan’s Famous restaurant then in Times Square and repeat, “I hate New York. I hate New York. I hate New York.”

But Ms. Pippins nursed her son for three years as AIDS ravaged his body and he went in and out of the hospital. She saw members of the theater group he had founded and residents of their midtown building, Manhattan Plaza, falling sick also. And by the time her son died, in 1990, Ms. Pippins had been transformed.

She became close with her son’s gay friends, and decided to stay in New York. She dedicated herself to AIDS causes. She became a tireless volunteer for Miracle House, a charity that provided out-of-town families of AIDS patients with housing and support.

For mothers working through anger, guilt and sadness, Ms. Pippins served as a parent who had been there. For men estranged from their families, she became a replacement mother, sometimes holding their hands as they died.

“She didn’t come here to be an activist,” said Irwin Kroot, who met Ms. Pippins through her son’s partner, Dennis Daniel, and interviewed her for a possible memoir. “She was filling a void. She was usually with young men who were dying and was, at their request, a go-between for them and their families.”

Ms. Pippins died on May 10 at Amsterdam Nursing Home in Manhattan. She was 93. The cause was complications of the novel coronavirus, Mr. Kroot said.

At a time when AIDS was widely misunderstood and gay men who suffered from the disease were treated like pariahs, Ms. Pippins called on countless families across the country to come visit their children. Often, those parents had little sense of their sons’ lives in the city or how sick they were.

Ms. Pippins would tell them to set aside differences and be present for their child. Some took her advice, some didn’t. Ms. Pippins would meet wary out-of-towners at the Port Authority Bus Terminal or airport, and take them to breakfast at a midtown diner.

As a nurse, Ms. Pippins could answer their medical questions. As a mother, and someone from a conservative Southern upbringing, she could relate to their fears and concerns of being ostracized back home.

“At that time, you were shunned if your son died of AIDS, or you had AIDS in your family,” Ms. Pippins told NY1 in 2010. “And I wanted to get together and let them know there was other people having the same problem.”

For Ms. Pippins, her work with AIDS patients was redemptive. “I needed to give back,” she told Mr. Kroot. “I needed to have something to do that made me feel better about me.”

Jessie Juanita Pippins was born on Feb. 2, 1927, in Dothan, Ala., to Alto Lee and Junie Roberts. Her father was a cotton farmer and wanted his daughter to stay on the farm, Ms. Pippins told Mr. Kroot.

She was not interested. She pestered her father to let her study nursing at Florida State University until he relented. She became a registered nurse, and later director of nursing at a hospital in Pensacola. She retired in 1981.

She and her first husband, Joseph Pippins, divorced. A second marriage, in effect arranged by her son so she wouldn’t be alone after he died, was short-lived. Her survivors include a stepdaughter, Kelley Pippins Hays, and three step-grandchildren.

In her second life as a New Yorker, Ms. Pippins attended Broadway shows and dined out with friends like Mr. Kroot and his husband, Anthony Catanzaro. Other friends from her son’s circle took her on vacation with them to London. The group remained bonded for decades.

Ms. Pippins, who was present at the end of life for so many during the AIDS crisis, died alone on Mother’s Day.

sábado, 11 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #vih | COVID-19 y la crisis del SIDA: los gais de Nueva York ven semejanzas y contrastes

Imagen: Debate / 1.500 colchas con los nombres de víctimas del Sida en Nueva York, 1988-06-25
COVID-19 y la crisis del SIDA: los gais de Nueva York ven semejanzas y contrastes.
Se estima que más de 62,000 personas murieron de SIDA en Nueva York entre 1981 y 1995. COVID-19 ha matado a más de 6,300 en la ciudad en solo cuatro semanas una situación muy semejante a la actual.
AP | Debate, 2020-04-11
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Los neoyorquinos LGBT que vivieron la crisis del SIDA de la década de 1980 ven algunos paralelos sombríos en la pandemia de COVID-19 que ahora azota su ciudad. Pero más aún, enfatizan las diferencias.

Ahora, comparten la misma situación que sus conciudadanos, mientras que el gobierno federal promete billones de dólares para combatir la pandemia. En aquel entonces fueron marginales atemorizantes ante la indiferencia de los líderes gubernamentales y gran parte del público.

"Había mucho miedo y mucha ira", dijo el Dr. Jack Drescher, un psiquiatra de la ciudad de Nueva York. "Miedo porque nadie sabía cuál era la causa, enojo por la falta de respuesta concertada".

Drescher estaba haciendo su pasantía y residencia en los hospitales de Nueva York a principios de los años 80 mientras los médicos luchaban por conocer la causa del SIDA. El tratamiento efectivo no surgió hasta 1995.

"En ese momento, muchos murieron, incluidos muchos de mis colegas profesionales, pacientes y amigos", recordó Drescher. "Mi pareja y yo nos sentamos de vez en cuando y preguntamos: '¿A quién hemos perdido?'"

Según el departamento de salud de la ciudad , más de 62,000 personas murieron de SIDA en Nueva York entre 1981 y 1995. COVID-19 ha matado a más de 6,300 en la ciudad en solo cuatro semanas.

Perry Halkitis, decano de la Escuela de Salud Pública de Rutgers y especialista en prevención del VIH / SIDA, fue estudiante en la Universidad de Columbia y en el Hunter College de Nueva York durante los años 80. "Estaba petrificado", recuerda.

Halkitis dice que él y otros sobrevivientes homosexuales de esa época tienen cicatrices emocionales permanentes. Le resulta traumático ver algunas similitudes en el brote de COVID-19.

"Hay la misma ansiedad e impotencia e impotencia que estuvo muy presente en los años 80", dijo. "Y este virus podría matar a una persona en 10 días, en lugar de años".

Andy Humm, de 66 años, coanfitrión de la publicación semanal de noticias de televisión Gay USA, se encontraba entre varias docenas de hombres homosexuales convocados por el activista Larry Kramer a una reunión en agosto de 1981, poco después de las primeras noticias de una misteriosa enfermedad que estaba matando a gais. Escucharon a un médico "suave y aterradoramente decirnos qué estaba pasando", dijo Humm.

Kramer y algunos colegas pronto fundaron Gay Men's Health Crisis, la primera organización sin fines de lucro en Nueva York enfocada en atender a personas con SIDA.

"Recuerdo una reunión de GHMC: los chicos se desmoronaban, llorando por los amigos y la forma de vida que estaban perdiendo", dijo Humm. "Fue escalofriante".

Recuerda la primera transmisión importante de noticias de televisión que muestra a hombres consumiéndose del SIDA.

“La gente jadeó. Estos eran tipos guapos que ahora se parecían al Fantasma de la Ópera”, dijo Humm. "Dos hombres en mi edificio se ataron y saltaron por la ventana".

Entre los cofundadores de Gay Men's Health Crisis se encontraba el Dr. Lawrence Mass, quien en mayo de 1981 escribió el primer artículo sobre el SIDA.

"Hubo confusión, caos, mucha negación", dijo. “Ni siquiera sabíamos con qué estábamos tratando. Con la homofobia tan abierta, nos preguntamos si podría ser algún tipo de complot".

Con 73 años, Mass sigue practicando en Nueva York, especializándose en medicina para la adicción. Él recuerda que algunos hombres homosexuales, en la década de 1980, continuaron teniendo relaciones sexuales promiscuas incluso cuando los riesgos se hicieron más evidentes.

El SIDA no era una enfermedad de igualdad de oportunidades en sus primeros años. Abrumadoramente, sus víctimas fueron hombres homosexuales, usuarios de drogas intravenosas, haitianos y hemofílicos. Los activistas homosexuales creen que el estado marginado de esas víctimas facilitó que la administración del presidente Ronald Reagan, y en cierta medida el gobierno de la ciudad de Nueva York, descartara la gravedad de la crisis.

"El SIDA fue visto como la plaga de Dios y como nuestros postres para un estilo de vida hedonista", dice James Esseks, un neoyorquino desde 1987 que dirige el Proyecto LGBT y VIH de la Unión Americana de Libertades Civiles. "La mayor parte de la nación simplemente miró para otro lado".

COVID-19, por el contrario, ataca a prácticamente todos los grupos demográficos, aunque algunos activistas LGBT dicen que su comunidad puede sufrir de manera desproporcionada debido a las mayores tasas de VIH y cáncer, y la discriminación en algunos entornos de atención médica.

Peter Staley, un antiguo activista contra el SIDA/VIH en Nueva York, dijo que la respuesta inicial de la administración Trump al brote de coronavirus lo enfureció, recordándole la indiferencia de la administración Reagan al principio de la crisis del SIDA.

"En los próximos nueve meses, todos conoceremos personas que morirán", dijo Staley. "Vamos a tener, compactado en nueve meses, lo que pasamos por más de 15 años en la ciudad de Nueva York".

"Al menos podríamos ir a los funerales en ese entonces y abrazarnos con todo ese dolor", dijo. “No vamos a tener eso esta vez. No podemos reunirnos en persona para celebrar la vida de aquellos que hemos perdido".

Entre los miles de neoyorquinos asesinados por el SIDA había una gran cantidad de hombres homosexuales altamente talentosos y creativos: artistas, músicos, diseñadores y otros.

Las muertes de COVID-19 están menos enfocadas, aunque la comunidad LGBT ha sufrido pérdidas notables. Incluyen al dramaturgo Terrence McNally, a la activista transgénero Lorena Borjas y al abogado Richard E. Weber, Jr., de 57 años, miembro de la junta de la Asociación de Abogados LGBT del Gran Nueva York que administraba su clínica legal gratuita.

El director ejecutivo de la asociación, Eric Lesh, era un estudiante de primaria en Florida a medida que se desarrollaba la crisis del SIDA. Lleva casi 20 años en Nueva York y conoce a muchos sobrevivientes de esa epidemia.

Lesh, de 42 años, quien junto con su esposo resistió un episodio de COVID-19, se sorprendió por la muerte de Weber.

"Richard habría visto morir a muchos de sus amigos en la crisis del SIDA", dijo Lesh. "Y luego ser arrastrado por otra pandemia, se siente tan triste".

jueves, 9 de abril de 2020

#hemeroteca #gais #arte | Keith Haring contra la insumisión

Imagen: El País / Untitled (1982), de Keith Haring, en el MoMA de Nueva York
Keith Haring contra la insumisión.
Los museos han cerrado sus puertas, pero la contemplación del arte sigue abierta. Cada día, recordamos la historia de una obra que visitamos a distancia. Hoy: 'Untitled (1982)'.
Peio H. Riaño | El País, 2020-04-09
https://elpais.com/cultura/2020/04/09/babelia/1586441125_777125.html

Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida. Lo hizo Keith Haring en Nueva York, en los ochenta. Una década, hasta su muerte en 1990, en la que actuó sin pausa, en cualquier lugar y a la vista de todos. Tres virtudes que el arte sublime contempla como perversiones de la creación auténtica, que se hace sin prisa, en un lienzo y en secreto. Los mandamientos dictan que sin óleo no hay gloria ni posteridad. Haring vivió el arte con la urgencia de lo que va a desaparecer. Tan frágil como un ‘graffiti’ en la pared, tan fuerte como una rebelión. A Roy Lichtenstein le pareció que Haring tenía un enorme talento para componer sobre la marcha escritos que improvisaba y no corregía. “Supongo que Keith miró nuestro arte pop, nuestras figuras de dibujos animados y se dio cuenta de que podrían ser arte”, dijo uno de los padres del pop, cuyos orígenes se remontan al expresionismo abstracto. Haring, no: era el relevo pop neto, había mamado el ‘graffiti’ y la televisión como forma de expresión irremediable y natural, aunque nunca llegara a ser un escritor de grafito. No era un rebotado de la intelectualidad, ni un decepcionado con la angustia existencial. Era pura vida sin destilar procedente de Reading (Pensilvania), donde casi un cuarto de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

“Keith era un ‘showman’”, remató con ternura Lichtenstein, que vio en el joven la culminación de su proyecto de fama en Nueva York. En parte tenía razón: la gente lo veía trabajar con sus tizas sobre los carteles del metro y Tseng Kwong Chi lo seguía y lo fotografiaba mientras ejecutaba los dibujos. Era una ‘performance’, era algo más que fama. Como escribía recientemente Álex Vicente en estas páginas, Haring adoptó “los códigos gráficos del mundo capitalista para inocular en él ideas susceptibles de destruir su dogma blanco y heterosexual. Cada dólar gastado en los productos derivados que reutilizan los motivos de sus obras supone una victoria para su causa”. El lenguaje imaginado por Haring fue la expresión desobediente de un diccionario contra la docilidad. Y uno de sus mejores ejemplos está en las paredes del baño The Center: Lesbian, Gay, Bisexual & Transgender Community Center, en Manhattan, donde en 1989 pintó un mural para celebrar el vigésimo aniversario de los disturbios de Stonewall, considerado el comienzo del movimiento de Liberación Gay y Derechos LGBT. El MoMA de Nueva York conserva un enorme mural de papel, de 1982, dividido en dos partes y con una extensión que supera los 17 metros de longitud.

Jeffrey Deitch, galerista, escribió en 1982 que “Haring nunca ha tenido que esperar a que alguien se le ofrezca para organizar una exposición. Su arte emerge directamente cuando está listo e invade las calles”. Tenía el metro. Haring encuentra en los vagones la edad dorada del ‘graffiti’ y “una increíble sensibilidad pop de dibujo animado”, que provenía de chavales que crecieron viendo dibujos animados y con “un concepto del color aprendido en la televisión”. Haring también incumplía todos los mandatos del ‘graffiti’ cuando sacaba sus tizas y actuaba sobre la publicidad de las paradas sin esconderse. Con una tiza dibujó una nueva forma de vida, era el arma perfecta de la insumisión.