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lunes, 25 de noviembre de 2019

#hemeroteca #feminicidio #violenciamachista | La heterosexualidad es peligrosa

Imagen: El País / Protesta feminista en Madrid, 2019-01-15
La heterosexualidad es peligrosa.
Los asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco de ese tipo de relación. El dato no se menciona cuando se habla de feminicidio, pero es quizás políticamente el más importante.
Paul B. Preciado · Escritor | El País, 2019-11-25
https://elpais.com/elpais/2019/11/24/opinion/1574609789_778125.html

Las estadísticas más recientes revelan que cada día siete mujeres mueren a manos de sus maridos, exmaridos, padres de sus hijos, compañeros sentimentales o novios en uno de los países de la comunidad económica europea. La mayoría de estos asesinatos se producen dentro del espacio doméstico o a menos de 300 metros de éste y tienen lugar, en su mayor parte, después de que las mujeres hubieran denunciado, al menos una vez, la violencia de sus compañeros, sin que estas denuncias hubieran dado lugar a medidas preventivas o cautelares, jurídicas o policiales que pudieran evitar la repetición y la amplificación de esa violencia. Hasta la muerte. Esto, señalémoslo por si hubiera podido pasarnos por alto, ocurre en países occidentales que tradicionalmente se presentan como desarrollados y que se rigen por constituciones así llamadas democráticas.

Estudiar de cerca las estadísticas de feminicidios nos permite sacar algunas conclusiones sobre la relación entre necropolítica y género, entre gobierno de la vida y la muerte y gestión de la sexualidad. En primer lugar: ser un cuerpo identificado como “mujer” sobre el planeta Tierra en 2019 es una posición política de alto riesgo. Y digo “posición política” y no posición anatómica porque no hay nada, empíricamente hablando, que permita establecer una diferencia sustantiva entre hombres y mujeres. No conozco mujeres que sean agredidas porque se paseen con una carta cromosómica XX dibujada sobre la frente, ni actos de violencia machista que requieran un examen del útero como condición previa para llevar a cabo el ataque.

Las mujeres son objeto de violencia porque son culturalmente situadas en una posición política subalterna frente al hombre hetero-patriarcal. Las mujeres transexuales, los hombres afeminados y las personas cuya coreografía corporal o código vestimentario no corresponde a lo que en términos de género se espera de ellas en un contexto social y político dado, son también objeto de violencia. En este contexto de violencia, resultan no sólo empíricamente erróneas sino también políticamente obscenas las críticas de las feministas conservadoras españolas como Amelia Valcárcel o Lidia Falcón contra las mujeres trans. No sólo las mujeres trans no son agentes de violencia, sino que, al contrario, son uno de los sujetos políticos más vulnerables frente a la violencia hetero-patriarcal.

Vivimos, como afirma la feminista boliviana María Galindo, en “machocracias”, o por decirlo con Cristina Morales, culturas “macho facho neoliberales” donde la violencia se ejerce sobre todas las mujeres y sobre todos los cuerpos no-binarios y no heteronormativos, ya sean cis (se denominan “cis” aquellas personas que se identifican como el género que les fue asiganado en el nacimiento, a diferencia de las personas “trans” o “no-binarias” que no se identifican con el género que les fue asignado) o trans y en esto en regímenes políticos aparentemente tan distintos como Bolivia, Irán y Francia. La revolución feminista será la revolución de todes o no será.

No caigamos ni en una oposición binaria, maniquea y genérica, entre hombre-violentos y mujeres-víctimas de violencia, ni en argumentos naturalistas que harían que los cromosomas y no las relaciones de poder determinen nuestra posición política. Si la violencia fuera sólo cosa de hombres entonces, cada día morirían también siete hombres a manos de sus amantes, compañeros o novios dentro de relaciones homosexuales. Miremos atentamente las cifras de feminicidios. La segunda conclusión que emerge del examen de estas cifras es que los ataques, abusos y asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco de la relación heterosexual. Este dato no es nunca mencionado cuando se habla de feminicidio, pero es quizás políticamente el más importante. La heterosexualidad es un régimen sexual necropolítico que sitúa a las mujeres, cis o trans, en la posición de víctima y erotiza la diferencia de poder y la violencia. La heterosexualidad es peligrosa para las mujeres.

El reconocimiento de esta relación silenciada entre violencia y heterosexualidad exige el cambio de nuestros objetivos políticos. Mientras el movimiento gay y lesbiano se ha concentrado en los últimos treinta años en la legalización del matrimonio homosexual, un movimiento de liberación somatopolítica se daría hoy como objetivo la abolición del matrimonio heterosexual como institución que legitima esa violencia. Del mismo modo, el reconocimiento del hecho de que la mayor parte de los abusos y las violencias sexuales contra niños, niñas y niñes tienen lugar en el seno de la familia heterosexual llevaría a la abolición de la familia como institución de reproducción social, en lugar de a la demanda de legalización de la adopción por parte de las familias homoparentales. No necesitamos casarnos. No necesitamos formar familias. Necesitamos inventar formas de cooperación política que excedan la monógama, la filiación genética y la familia hetero-patriarcal.

Si las mujeres trans fueran el problema del feminismo, entonces, déjenme decirles que no habría problema. Las mujeres trans no son el agente de la violencia, del abuso o del maltrato. Pero les es más fácil a las feministas naturalistas acusar a las mujeres trans en lugar de señalar un problema que concierne a sus propias vidas y requiere cuestionar sus propias camas: la heterosexualidad normativa. El carácter constitutivamente violento de la heterosexualidad normativa fue denunciado desde mediados del siglo pasado por buen número de feministas radicales, sin embargo, esas críticas no pudieron ser oídas a causa de la lesbofobia que atraviesa el sistema patriarcal y que impregna también el feminismo, una lesbofobia sólo equiparable a la transfobia del feminismo actual.

Tratemos de escuchar ahora a las guerrilleras de finales del siglo XX que habiendo sido situadas en la posición heterosexual (muchas de ellas lo fueron) se afirmaron como “cimarronas” y escaparon hacia el lesbianismo político: En 1968, Ti-Grace Atkinson se define como lesbiana y rompe con el movimiento feminista americano NOW presidido por Betty Friedan, denunciando la defensa que NOW hacía del matrimonio, una institución que para Atkinson legitima la expropiación del trabajo de las mujeres y les somete a la voluntad y al deseo masculinos. Betty Friedan verá en las lesbianas una “amenaza violeta” a los valores heterosexuales de su feminismo. Jill Johnston, la primera lesbiana que salió del armario en las columnas del Village Voice en Estados Unidos, solía presentarse en las reuniones y en las fiestas con su pelo largo y su camisa entreabierta dirigiéndose a las chicas heterosexuales con una actitud jovial e irreverente que ella misma denominaba “seducción como protesta política contra la heterosexualidad.” Es así como surgió la expresión “el feminismo es la teoría, el lesbianismo es la práctica”. Y algunas chicas pasaron a la práctica.

Unos años más tarde, Monique Wittig define la heterosexualidad no como una práctica sexual sino como un régimen político. La afirmación de que hay mujeres que son naturalmente heterosexuales es tan falaz como la de que los hombres son por naturaleza violentos. Para Adrienne Rich, la heterosexualidad no es una orientación o una opción sexual, sino una obligación política para las mujeres. No hay deseo, hay norma. Rich denomina a esa ley no escrita heteronormatividad. Audre Lorde examina la relación entre heterosexualidad y racismo y nos enseña a detectar las violentas formas de erotización de los cuerpos subalternos en las culturas hegemónicas. Si para Virginia Woolf una mujer necesitaba una habitación propia para escribir, para Audre Lorde esa habitación, si es libre y segura, no puede estar en el domicilio heterosexual y mucho menos conyugal.

Cincuenta años después de las primeras guerrilleras, las mujeres heterosexuales siguen siendo asesinadas por sus maridos y por sus novios. Si es cierto que hoy es más fácil afirmarse como lesbiana que en 1960, la heterosexualidad recalcitrante no ha dejado de ser por ello igualmente mortífera. Gayle Rubin, Pat Califia y Kate Bornstein, influenciadas por la cultura BDSM y trans, dan una vuelta más de tuerca y sugieren no entrar en relaciones heterosexuales, sea con quien sea. Esto exige una des-identificación previa tanto de los hombres, como de las mujeres. ¿Qué sería una relación heterosexual en la que aquel que supuestamente ocupa la posición política de hombre renuncia a la definición soberana de la masculinidad como detentora de poder? ¿Cómo sería una relación supuestamente “heterosexual”, pero sin hombres y sin mujeres? Son los hombres cis los que deben iniciar ahora un proceso de des-identificación crítica con respecto a sus propias posiciones de poder en la heterosexualidad normativa. Des-machificarse, des-fachoizarse, des-neoliberalizarse.

Con las políticas de género nos ocurre lo mismo que con las políticas del medioambiente: sabemos muy bien lo que está ocurriendo y nuestra propia responsabilidad en ello, pero no estamos dispuestos a cambiar. Esta resistencia al cambio se manifiesta no sólo por parte de aquellos que ocupan posiciones hegemónicas, sino también por parte de los cuerpos subalternos, aquellos que sufren de forma más directa las consecuencias de un régimen de poder. Nos da miedo perder privilegios, o renunciar a lo poco que tenemos, tememos reconocernos en lo abyecto. Pero lo supuestamente abyecto es mejor que la norma.Sólo la transformación del deseo podrá movilizar una transición política. Imagino que lo que estoy diciendo no genera un entusiasmo inmediato en las masas, pero es preciso afrontar colectivamente las consecuencias de la herencia necropolítica del patriarcado —si fuera un disco lo habrían llamado 'Expansive shit'—. Sólo la des-patriarcalización de la heterosexualidad permitirá redistribuir las posiciones de poder, sólo la des-heterosexualización de las relaciones haría posible la liberación no sólo de las mujeres, sino también y paradójicamente, de los hombres. Entre tanto, que cada mujer tenga una pistola y sepa usarla. No hay tiempo que perder. La revolución ya ha comenzado.

viernes, 29 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #activismo | María Galindo: “No podemos seguir tolerando ese desfase entre el poder político y las soberanías de las mujeres y las marikonas”

Imagen: El Diario / maría Galindo (d)
María Galindo, feminista y lesbiana boliviana: “No podemos seguir tolerando ese desfase entre el poder político y las soberanías de las mujeres y las marikonas”. 
“En la marcha oficial del orgullo el gay se presenta ante el poder como un cliente que viene a pedir un derecho”. ”No son marchas del orgullo, son marchas de la domesticación del orgullo, de una domesticación del mundo marika, un domesticación neoliberal, una domesticación ONGera.
Gabriela Wiener / Rocío Lanchares | El Diario, 2018-06-29
https://www.eldiario.es/sociedad/ENTREVISTA-Maria-Galindo-feminista-soberanias_0_787422286.html

María Galindo llega hasta Cibeles y saca su grabadora. Se dispone a hacer el relato radial de la Manifestación del Orgullo Crítico. Les niñes trans encabezan la marcha con sus banderas de colores pastel y sus alas de mariposa. “Es una casualidad que yo haya llegado el 28 de de junio, día internacional del orgullo a Madrid, pero aquí estamos queridas amigas y amigos. Les voy a contar por qué en esta ciudad hay dos manifestaciones...”, habla a su grabadora. Si Galindo viviera aquí se manifestaría en ésta, no en la otra. En unos días, cuando vuelva a Bolivia, esta misma historia la oirán miles de personas a través de Radio Deseo, la única radio feminista comunitaria que se escucha en toda la ciudad, y es una de las puntas de lanza del colectivo que fundó Galindo hace veinte años, Mujeres Creando. Allí practican un feminismo autónomo que llaman “urgente”, ofensivo, descarado, insumiso. Y autogestionario. Tienen una asesoría legal (y alegal), con la que han prestado apoyo gratuito a miles de mujeres. Desde su sede en La Paz –La Virgen de los deseos, una casona roja como las llamas del infierno– se orquestó, por ejemplo, la campaña contra los “padres irresponsables”, una lista negra de hombres que no pagaban pensiones para sus hijos, que incluía a ministros y que encabezó el propio Evo. Aparecer en la lista de Mujeres Creando suponía tal deshonra que acababan pagando.

¿Quién es María Galindo y por qué, pese a su relevancia y a su contribución con el avance de los feminismos del sur, no nos suena tanto como otras feministas, ni hay largas colas para ir a verla? Quizá porque ella incomoda a todxs por igual. A la derecha y a la izquierda. A las feministas institucionales y a las otras. A la iglesia. Y, por supuesto, a Evo.

Quién no ha visto alguna imagen de sus graffitis, con los que lleva muchos años invadiendo las calles y muros de La Paz: “tú me quieres virgen, tú me quieres santa, tú me tienes harta”. Una vez pintó al Papa masturbándose. Otra vez rompió en mil pedazos el premio que le acababan de entregar. Hasta se hizo pasar por novicia en el Vaticano. Marikona, terca, gorda, como se autodefine, latiguillo de los conservadores, lesbiana, María es para los machistas bolivianos (y los del mundo entero) algo así como la encarnación femenina de Satanás. Su look gótico de abrigo de piel a lo Cruella de Vil y esa larga uña de metal que lleva por anillo y agita vehemente completan el cuadro. Este sábado 30 presenta su libro ‘No hay libertad política sin libertad sexual’, una investigación sobre la homofobia en el mismísimo seno de la Asamblea Plurinacional de Bolivia que pone al descubierto las mentalidades ultraconservadoras respecto al sexo de los legisladores, la razón de por qué las políticas sobre diversidad nunca llegan a buen término.

P. ¿Cuándo te diste cuenta de que eras feminista?

R. Yo planteo un concepto bien bonito del feminismo que es el feminismo intuitivo. Hablo de un feminismo que no te viene de los libros o por un contacto con el feminismo como ideología política, sino que te viene desde una rebelión profunda de ti misma para con mandatos patriarcales, porque te niegas a acatarlos. Y ahí yo creo que hay un feminismo intuitivo, durmiendo, o despierto, en cientos de miles de mujeres, que se van rebelando sin llamar a esa su rebeldía feminismo. Si hablamos de este feminismo intuitivo yo sí que tengo memoria desde pequeña, desde muy jovencita, de haberme ido moviendo de los cánones, de las imposiciones. Ahora, mi despertar como feminista ideológica más politizada, eso me pasó a la media hora de meterme en un partido político de izquierdas.

P. ¿Y a la lesbiana cuándo la intuiste? Fuiste una de las primeras, sino la primera mujer, en declararse lesbiana públicamente en Bolivia.

R. Yo fui la primera, y por eso digo y me reivindico como monumento arqueológico [risas]. Mira, lo de ser lesbiana es una cosa que lo vas armando –como nos pasa un poco a todas– lo vas armando como un rompecabezas: un día encuentras una pieza, al día siguiente encuentras la otra y al siguiente otra. Es un camino entre tortuoso y placentero, porque vas, por supuesto, descubriendo el lesbianismo desde el placer sexual, desde la atracción física, desde la atracción homosexual, que es una cosa muy linda, pero también vas sintiendo la angustia de descubrir ese placer en medio de una sociedad heteronormativa, heteropatriarcal, en la que es condenado, perseguido. Yo también he tenido pánico a la palabra lesbiana. Por eso fue para mí desde adolescente una construcción lenta, placentera, también trágica.

P. ¿Es Bolivia un país homofóbico por encima de la media?

R. No me gusta mucho que se midan los grados de homofobia en términos de países; es un estereotipo que Sudamérica sea un continente supuestamente más machista o más homofóbico que Europa. En este libro muestro claramente cómo en los primeros años de conquista y colonización fueron perseguidas formas de homosexualidad muy presentes en las culturas precoloniales y cómo esa memoria de persecución, de castigo, de humillación profunda, ha quedado marcada como un rasgo casi ancestral. En Bolivia sí hay mucha homofobia. Hay mucha homofobia en la izquierda, por ejemplo. Yo tenía pánico, porque estaba convencida de que como mujer lesbiana mi palabra iba a valer menos de lo que ya valía como mujer. Hay mucha persecución y se debe en gran parte a la influencia y al poder la iglesia católica.

P. A la que tú has plantado cara una y otra vez, además.

R. Sí, muchas veces. Nosotras hemos sido muy claras en nuestros frentes de lucha y de manera muy específica, manejando cuestiones simbólicas, manejando su propio lenguaje. Creemos que hay que interpelar a la Iglesia Católica pero de frente. No entiendo por qué muchas movidas marikas o han abandonado ese frente, o no lo toman en cuenta a la hora de, por ejemplo, discutir cosas como la ley de identidad sexual o la de identidad de género. Sabemos que la iglesia mueve sus hilos, maneja sus teléfonos para presionar y que las leyes marikas no se den nunca. La iglesia permanentemente está persiguiendo el cuerpo, persiguiendo el placer, persiguiendo las formas de soberanía del cuerpo y lo hace de frente y lo hace a escondidas, con esa típica doble moral. Hay que plantarle cara a la Iglesia y hay que desarrollar una lucha de frente. Además no es tan imbatible como se piensa que es. La iglesia católica tiene un gran caparazón, como el PP, pero luego escarbas un poco y encuentras que dentro solo hay decadencia.

P. ¿Por qué “no hay libertad política sin libertad sexual”?

R. Entraña una estrategia política diferente. Mi libro nace justamente de una protesta o un acto simbólico que celebramos un 28 de Junio. Nosotras [Mujeres Creando] jamás asistimos a las marchas del orgullo. En Bolivia se hacen marchas desde hace mucho tiempo pero no son marchas del orgullo, son marchas de la domesticación del orgullo, de una domesticación del mundo marika, un domesticación neoliberal, una domesticación ONGera. También es una domesticación porque el gay se presenta ante el poder como un cliente que tiene que pedir un derecho. Por si fuera poco son derechos que presentan una visión totalmente pequeñoburguesa, clasemediera del concepto de lo marika, de lo marikón, de lo no hetero. Nosotras ese día hacemos otra cosa.

P. ¿Por ejemplo?

R. Bueno, aquella vez hicimos una escultura erótico política lésbica muy fuerte en la puerta de la Catedral. El Parlamento protestó contra nosotras y aprovechamos ese acto de homofobia para exigir algo: Como nos dijeron que teníamos que aceptar ese acto de homofobia en la medida en que representaba la visión de la sociedad, entonces dijimos, ok, si esto refleja la visión de la sociedad nosotras queremos hacer la investigación sobre esos portavoces de la sociedad que son los parlamentarios. Queremos saber. Y logramos –un poco porque Mujeres Creando tiene mucha legitimidad política y también porque somos irreverentes– que la Presidencia de la Asamblea Legislativa nos abriera sus puertas para hacer una investigación sobre machismo y homofobia en el conjunto del parlamento.

P. ¿Cuál fue el método que utilizaron?

R. Hicimos la investigación parlamentario por parlamentario, para saber de dónde sacan sus conceptos de cuerpo, de hombre, de mujer, cómo se construye su visión de la sexualidad, y cómo luego todas esas construcciones terminan reflejadas en leyes, que son negadoras de formas de soberanía fundamentales para la sociedad. Esto se explica también ahorita en España con lo que ha pasado con La manada. ¿Cómo te explicas que los magistrados no hayan calificado ese acto como violación cuando la sociedad entera lo ve como un acto de violación? Ese desfase entre estas esferas de poder político y las soberanías que estamos ejerciendo las mujeres, la marikonada, en fin, los, les, las en la sociedad, es una cosa que no podemos seguir tolerando. No pedimos tolerancia, lo que queremos es destrozar el rayado de cancha político donde nosotras somos unas simples clientas del Estado.

P. Hay la sensación de que se da una amonestación directa a las mujeres que protestan, que denuncian, que se atreven a enfrentar el poder. Supongo que Mujeres Creando, por su constante revuelta, debe sentirlo muy duramente.

R. Lo vivimos de manera muy directa, eso es cierto, pero también lo disfrutamos mucho. Nosotras somos productoras de lenguajes de lucha política, nosotras somos productoras de un poética de lucha. Nosotras queremos desatar esos lenguajes, además, y hemos hecho del escándalo una potencia política importante en Bolivia. Si el problema es la homofobia nuestro objetivo es llevar los lenguajes al extremo, de manera que se muestre evidente. Eso me parece importante.

P. Sabemos que seguiste de cerca el caso de La manada, incluso escribiste una columna, pero no sé si llegó hasta Bolivia el caso de las trabajadoras de la fresa en Huelva: mujeres marroquíes que denunciaron haber sido violadas por sus patrones. Aquí el feminismo antirracista ha señalado cómo cambia la reacción del feminismo hegemónico cuando se trata de la violencia contra personas racializadas. ¿Suscribes esa crítica?

R. Yo creo que una cosa no quita la otra y que es muy importante cuestionar lo que ha pasado con La manada porque tiene un impacto sobre la sociedad española y sobre el mundo entero. Hay un efecto dominó con lo que ha sucedido, más allá de las fronteras españolas, y por supuesto sobre el conjunto de nosotras las mujeres, seas quien seas. Nosotras en Bolivia estamos viviendo casos, no te digo similares, pero sí análogos permanentemente. Pero, ¿qué pasa cuando a la violencia se le suma lo racista y colonial? Hay violencias ya normalizadas, violencias ante las que hay que supuestamente callar, que hay que aceptar, como la que sucede con las trabajadoras marroquíes; por lo tanto esas violencias no van a la primera página, ni de un periódico, ni de una protesta, ni de nada. Hay cuerpos desechados por el neoliberalismo, cuerpos destinados a vivir violencia. Por ejemplo, nosotras que estamos muy cerca de las compañeras en situación de prostitución todos los días comprobamos que sus cuerpos son violables y son asesinables, sin que exista ningún margen, ni siquiera de indignación. No solamente hay que alzar la voz, sino entender desde qué campo se está hablando. Lo que a mi me parecía un error, es pensar que gritar contra la violación de los patrones contra las compañera marroquíes en Huelva, significa que no tienes por qué gritar contra La manada. Esa es la cosa que a mí más me angustia.

P. ¿Por qué te angustia?

R. Me angustia porque creo que es una estrategia errada poner en balanza a las víctimas. Porque le estamos haciendo el juego al patriarcado. Una víctima no vale menos que la otra. Ese es el mensaje del patriarcado todo el tiempo. Si la asesinada es una mujer indígena y pobre, su asesinato es menos relevante que si la asesinada es una chica blanca, universitaria y de clase media urbana. Eso lo veo todos los días. Es un error que nosotras digamos que no vamos a gritar cuando se asesina a la chica de clase media urbana porque la vida de la indígena está siendo desvalorizada: ese es un error de estrategia desde mi punto de vista. Nosotras tenemos que tener la capacidad de trabajar sobre lo uno y lo otro. Porque además el efecto de la sentencia de La manada tiene efecto sobre el conjunto de nosotras. A mí me parece que es una cosa muy importante de discutir y reflexionar. Yo he visto la crítica, al menos en Facebook, que muchas de ustedes han lanzado –a las migrantes yo las llamo exiliadas del neoliberalismo– y la respeto mucho. Yo he vivido en calidad de exiliada del neoliberalismo muchos años, en esta parte del mundo entre Italia y Alemania, y he visto esto: una mujer blanca tiene un valor y la mujer que no lo es tiene un valor menor. Pero nosotras no podemos trabajar bajo ese código.

P. Bolivia es el país con más alto índice de violaciones de toda América del sur. También son altísimas las cifras de feminicidios. Sabemos que con Evo se aprobó la ley contra la violencia hacia las mujeres pero que no ha funcionado como se esperaba y ha quedado más bien en letra muerta. ¿Ha habido algún avance en ese sentido en el último año?

R. Las cosas están muy mal, porque nosotras estamos en una sociedad donde el régimen de gobierno tiene un efecto muy fuerte sobre el conjunto de la población. Estamos hablando de un presidente, Evo Morales, con una mentalidad caudillista y con una mentalidad muy machista, que hace un refuerzo de esos comportamientos todos los días a través de un lenguaje presidencial, que permanente está aplaudiendo gestos de machismo, gestos de humillación, gestos de denigración de las mujeres. Por otro lado, es un gobierno que ha decidido convivir con una tremenda corrupción policial. La policía es una mafia autárquica en Bolivia, y esto solo quiere decir que cuando denuncias violencia tú te tienes que relaciona con este tejido corrupto.

P. Por eso Mujeres Creando promueve la autogestión en los casos de violencia contra las mujeres.

R. Así, es. Nosotras no hemos delegado todo en el Estado. Nosotras también gestionamos casos de violencia machista y estamos planteando una serie de estrategias que van más allá de la ley, que son alegales, que son muy irreverentes y que son muy interesantes como formas alternativas que nos tenemos que crear. En términos de violencia machista no es suficiente con que las mujeres feministas planteemos la ley, planteemos alguna corrección a la ley y luego la décima o millonésima corrección a la ley, porque no va por ahí. Nosotras podemos tener esa discusión pero también tenemos que gestionar los casos de violencia machista con prácticas feministas completamente alternativas.

P. El gabinete de Pedro Sánchez, como habrás visto, tiene una mayoría femenina y es el más femenino del mundo. Desde que está Evo, también en Bolivia hay una voluntad de paridad y gran presencia de mujeres en la política. ¿Esto ha cambiado las cosas?

R. En Bolivia el 54% del Parlamento está compuesto por mujeres y el primer gabinete de Evo Morales debutó con el 50% de mujeres en el Consejo de ministras, como dicen por aquí. Pero nosotras precisamente cuestionamos la presencia de mujeres en el Parlamento o en un Consejo de Ministros, mientras sea una presencia reducida al hecho biológico de ser mujer –porque así se piensa que las mujeres están representadas–, y que no implique en el fondo un proyecto político, un contenido ideológico, si no es así no interesa y no marca ninguna diferencia. Te voy a poner el ejemplo indígena. Un indígena no por tener piel morena o usar traje indígena representa los sueños indígenas sino a partir de la mentalidad descolonizadora. Lo mismo que una mujer machista dentro del poder. La Cospedal, la Cifuentes, ¿qué expresan? La derecha ha sido muy hábil en crear frentes de mujeres pero mujeres que son parte del proyecto patriarcal. Creo que eso es muy importante, entender que esa presencia hoy aún tiene un carácter biológico y no ideológico.

P. Son célebres las Evadas –frases misóginas pronunciadas en público–, pero nos hemos encontrado con una gran cantidad de gente, que siendo feminista y de izquierdas, toleran al Evo macho porque está haciendo un gobierno de izquierda. ¿Tú no se la toleras, no?

R. Totalmente. Nosotras hemos dicho: “No saldrá Eva de la costilla de Evo” desde el primer día de gobierno. Cuando hablamos de un régimen caudillista hablamos precisamente de que al caudillo se le justifica todo precisamente por serlo, porque es el salvador, el padre. Además, el proyecto político de Evo no es un proyecto de izquierda. Es un proyecto de convivencia pacífica con el neoliberalismo. El régimen en Bolivia es un régimen de extracción de materias primas salvaje, a costa de la naturaleza, a costa de la vida y la supervivencia de una cantidad importante de pueblos indígenas y bajo un régimen completamente transnacional, neoliberal, de capitalismo financiero. Quítense el chip de que Evo es un gobierno de izquierda. Evo es un gobierno de convivencia con las estructuras internacionales de carácter, colonial, neoliberal y depredador.

P. ¿Crees en la fuerza que está demostrando el feminismo a nivel global o eres escéptica?

R. No, no soy tan escéptica. En mi libro No se puede descolonizar sin despatriarcalizar hablo de que hay un proceso de despatriarcalización en marcha, invisibilizado, que estamos protagonizando las mujeres a escala planetaria y desde abajo, reventando los moldes, horadando los moldes en los cuales se nos quiere meter. Hablo de las mujeres que están abortando de forma ilegal, las mujeres que están denunciando violencia machista, las mujeres que están rompiendo barreras sexistas. Este es un proceso más amplio, por eso no se hace solo desde el feminismo sino desde amplios sectores populares. Ahorita los feminismos tenemos que hacer el trabajo de hilvanar esa fuerza rebelde, despatriarcalizadora y de entender ese proceso, interpretarlo y aportar con todo el trabajo que venimos haciendo. En Bolivia no damos a basto para responder a ese despertar rebelde, furioso e interesante en grandes sectores de mujeres.

P. Desde el #MeToo o el #Cuéntalo en España, uno de los temas que más escuece es el de la justicia popular, el de las mujeres haciendo justicia por su propia mano. ¿Cómo debe ser ese ajuste de cuentas, esa reparación, cuando tenemos a la justicia institucional patriarcal dándonos las espalda?

R. Nosotras lo tenemos claro. Hay mujeres que nos piden legitimar documentos, procesos, en los aparatos de justicia formales, y nosotras lo hacemos porque ahí la que decide lo que quiere tiene que ser la mujer y eso se respeta. Pero también hemos generado una serie de alternativas paralelas, que empiezan en el escrache, pasan por la acción directa y van más allá, que son alegales. Creo en la acción directa y por supuesto creo en una acción directa no violenta. Nosotras hemos llegado a robar autos, a recuperar niños, a recuperar bienes y lo hacemos más allá de cualquier sentencia judicial. Eso nos ha dado mucho poder también de cara al Poder Judicial.

P. Ustedes son temibles.

R. Cuando nosotras presentamos casos se hace presente nuestra leyenda negra, tenemos un mala fama legendaria; entonces el Poder Judicial no te digo que se ponga necesariamente las pilas, no es una varita mágica, pero se pone en alerta. Lo que no podemos es seguir aceptando la frustración que representa depender de éste. Todo el mundo te dice denuncia, denuncia. Y al rato que tu denuncias no pasa nada y eres tú la juzgada, la interpelada, la que pierde el puesto de trabajo, la que pierde el prestigio, la que está controlada. No, esa frustración es histórica y nosotras como feministas no la podemos avalar.

jueves, 14 de mayo de 2015

#hemeroteka #feminismoa | Maria Galindo, ekintzaile feminista eta idazlea: «Parekidetasuna kontzeptu hutsa da»

Irudia: Berria / Maria Galindo
Maria Galindo, ekintzaile feminista eta idazlea: «Parekidetasuna kontzeptu hutsa da»
“A despatriarcar” liburuaren egileak gobernuek «etxekotutako» borroka feministak kritikatu ditu. «Gaitzigarria da ezkerra eskuina bezalakoa izatea emakumeoi dagozkigun gaietan».
Saioa Alkaiza Guallar | Berria, 2015-05-14
http://www.berria.eus/paperekoa/1845/040/001/2015-05-14/parekidetasuna_kontzeptu_hutsa_da.htm

Boliviako Mujeres Creando talde feministako ekintzailea da Maria Galindo (La Paz, Bolivia, 1964). Ez hori bakarrik, ordea. Teorialaria ere bada, eta egitura patriarkalaren eraistearen inguruko hausnarketa plazaratu du” A despatriarcar” liburuan. Euskal Herrian izan da egunotan.

Zure teoriaren arabera, borroka feministek ez lukete erakundeetan egon behar.

Patriarkatua, kapitalismoa eta kolonialismoa gauza bera dira fusionatuta: hierarkien egitura indartsu bat. Horregatik, feminismoek ikuspuntua aldatu behar dute, eta uko egin behar diote errotik patriarkala den sistema horretan sartzeari. Feminismoek desegituraketa funtzioa bete beharko lukete, desordena funtzioa, desmitifikaziokoa, zatitzekoa... Estatuek eta nazioarteko organizazioek diote espazio gehiago nahi dugula sistema honetan, baina sistema bera deuseztatu nahi dugu.

Zer da despatriarkatzea?

Despatriarkatzea da eskubideen eta parte hartzearen bidez emakumeen borrokak etxekotu dituen gizarte liberalaren kontrako antidotoa. Egiturak ezbaian jartzea da. Utopia bat da, ortzi muga urrun bat delako; baina, aldi berean, metodo bat ere bada botere egituren desmuntatzea proposatzen duelako. Eta, hirugarrenik, borrokan hasteko abiapuntua ere bada.

Hari beretik, diozunez, estatuei ez zaizkie eskubideak eskatu behar.
Prozesu neoliberala sutsua izan da, eta, menperatzeko mekanismo gisa, lege partzialak eta sektorialak eskaini ditu: behar bereziak dauzkatenentzat, lesbiana eta gayentzat, atzerritarrentzat, emakumeentzat... Baina gatazka soziala disolbatzea baino ez dute helburu. Ez dute estruktura hierarkikoa gainditzen.

Instituzioek eta gobernuz kanpoko erakundeek feminismoak «etxekotu» dituztela diozu.
Zuzenbidearen solasek, ahalduntzearen gogoetabidearen bidez eta indarkeriaren kontrako borrokak baliatuta, feminismoak irentsi nahi izan dituzte. Haatik, argi geratu da garatutako legeak ez direla baliogarriak izan emakumeontzat. Emakumeon egoera erreala aztertuz gero, ikus dezakegu pobrezia kuota handiena dutenak garela, bazterketa handiena, lan karga handiena... Hori ez da egitura neoliberalekin konponduko.

Erakundeetako parekidetasuna ere kritikatu duzu.
Parekidetasuna eta emakumeen txandakatzeak kontzeptu hutsak dira, eta, oinarrian, emakumeak biologikoki emakumeak direlako talde bat osatzen dutela defendatzen dute. Kuota biologikoak dira, irizpide patriarkalaren araberakoa. Hala, emakumeoi ideologia kendu digute. Pentsagaitza litzateke gizon batek, gizon izate hutsarengatik, gainontzeko guztiak ordezka ditzakeela. Gizonek ideia multzoak ordezkatzen dituzte, eta emakumeek ez. Botoan oinarritutako zabor gizarte honetan, emakumeen presentzia erabiltzen ari dira sistema legitimatzeko asmoz.

«Ezin da patriarkatua bukatu kolonizazioa bukatu gabe». Horrela hasten da zure lana. Zergatik dago kolonizazioa horren lotuta patriarkatuarekin?
Iparraldean, hegoalde asko dago, eta hegoaldean, iparralde asko. Hori esanda, pentsa dezagun kakotx artean munduko iparraldetzat dugun honetan: hemen, munduko hegoaldeko emakume masak daude etxeko lanak egiteko, prostituzioan aritzeko, zaintza lanak deritzogun horiek euren gain hartzeko... Horiek patriarkatuaren eta kolonialismoaren arteko lotura argiak dira. Diotenean gizarte neoliberal kapitalistek emakume subjektuari dagozkion arazoak konpondu dituela, hori gezur hutsa da, fikzioa. Lanaldi hirukoitzen arazoa ez da gainditu, ez eta lanaren dibisio sexuala ere: hegoaldetik datoz beste emakume batzuk horiek asetzera. Eta ohar gaitezen: ez dira gizonak hona etortzen direnak lan horiek egitera. Emakumeak dira.

Boliviarra zara. Evo Moralesen gobernuarekin, aldaketarik antzeman al da politika feministen esparruan?
Gobernua zurrunki patriarkala da: ekonomia neoliberala bultzatzea eta lurraren ustiapena du oinarri. Era berean, desarrollismoa da agintarien iparrorratza. Lehen gobernu eskuindarra genuen, eta Evo etorri da, ezkertiarra eta indigenista, eta aurreko gobernuak emakumeentzat bideratutako aurrekontu bera eman du. Gauza bera da. Hau etengabe pasatzen da.

Alde horretatik, aski sonatua den margoketa bat egin zuen Mujeres Creandok: «Matxista ezkertiar batek dauka matxista eskuindar baten antzik handiena».
Gaitzigarria da ezkerra eskuina bezalakoa izatea emakumeoi dagozkigun gaietan. Emakumeon gaiak ezin dira periferikoak izan, zentralak dira. Ez da egiturazko aldaketarik egongo feminismotik ez bada, eta ezkerreko kide batzuek ez dute hori ulertzen.

domingo, 12 de abril de 2015

#hemeroteca #feminismo | María Galindo: “Nos vienen robando hasta la palabra feminismo”

Imagen: Diagonal / María Galindo
María Galindo, militante feminista y miembro del colectivo boliviano Mujeres Creando: “Nos vienen robando hasta la palabra feminismo”
Hablamos con esta activista del colectivo Mujeres Creando sobre las luchas feministas, la despatriarcalización y los movimientos sociales en Bolivia.
A. Flores, J. de la Jara | Diagonal Periódico, 2015-04-12

https://www.diagonalperiodico.net/global/26238-nos-vienen-robando-hasta-la-palabra-feminismo.html

María Galindo es uno de esos personajes incómodos que no deja títere con cabeza. Tras 23 años de militancia en el colectivo boliviano Mujeres Creando, ha conseguido consolidarse como referente del movimiento feminista y ser la china en el zapato de ONG, gobiernos y cualquiera que haya tratado de erigirse en “la voz” de las mujeres. Con un feminismo construido desde el hacer cotidiano, hace frente a lo que denomina la “fallida revolución feminista” y al papel que juegan instituciones y organismos internacionales como traductores de los movimientos de lucha, encargados de escribir en su nombre los guiones oficiales, imponiendo categorías y despolitizando el lenguaje.

“Soy consciente de que nos vienen robando hasta la palabra feminismo. Uno de los actos del poder es devorárselo todo, ser el todo y que nada tenga sentido por fuera del sentido que el poder asigna a las cosas, por eso la necesidad de apropiarse de la palabra, del territorio feminista, la necesidad de cooptarlo, devorarlo y despojarlo de su sentido subversivo e inquietante”.

Mujeres Creando nace en 1992. ¿Cómo han sido estos años?

Ha sido una acumulación de conocimiento político imposible de resumir. Hemos ido reelaborando nuestras ideas muchas veces, y toda esta acumulación de trabajo político desde una perspectiva feminista le ha dado a Mujeres Creando una originalidad muy especial. Empezamos muy pocas mujeres y ahora somos más, aunque nuestra vocación nunca fue de masas.

Hubo un momento en que Muje­res Creando era un sueño. Nuestro “indias, putas y lesbianas; juntas, revueltas y hermanadas” parecía algo imposible de construir, un enunciado poético que no iba a concretarse nunca. Pero hoy somos una organización que mantiene la vitalidad con un alto grado de complejidad social. Hemos construido una organización política que ha jugado un papel histórico en nuestro país. De ser un grupo de feministas hemos pasado a ser un fenómeno cultural y un referente de rebeldía para las bolivianas.

Tu último libro reclama la autoría de la tesis de la despatriarcalización para evitar los usos demágogicos que se estaban sucediendo. ¿Qué aporta esta teoría a la lucha feminista?
La despatriarcalización supone un reposicionamiento de los feminismos en función de una visión utópica y no de una visión de derechos que limita el empoderamiento de las mujeres a la participación en estructuras engañosas que forman parte de la visión capitalista colonial. Conceptos como discriminación, igualdad o empoderamiento son engañosos y han abierto la puerta a la domesticación del feminismo. Una cosa es impugnar, subvertir y cuestionar el sistema y otra muy distinta demandar la inclusión en el mismo.

Teniendo en cuenta las diferencias Norte-Sur, ¿crees que la teoría de la despatriarcalización es exportable al mundo occidental?

El neoliberalismo ha sido muy hábil en utilizar todas las expectativas sociales e individuales de las mujeres para funcionalizarlas a sus objetivos, tanto a las del Norte como a las del Sur. Este libro desmonta muy bien esa trama para el Sur del mundo, pero también permite utilizar muchas de esas categorías para desmontar la manipulación de las expectativas de varias generaciones de mujeres en el mundo occidental. Lo que el sistema neoliberal está vendiendo a las mujeres europeas como conquistas para ellas es falso, pues está asentado sobre la servidumbre de las mujeres del Sur, sobre las exiliadas del neoliberalismo, que funcionamos como chantaje.

Desde Mujeres Creando reclamáis una política feminista basada en la cercanía, lo cotidiano y el placer. ¿Cómo se materializa todo esto en vuestras prácticas?
Una de nuestras patas es la política simbólica, la construcción de lo ideológico, pero sobre todo nos centramos en lo que llamamos “política concreta”, como la que usamos en los casos de violencia machista. Pro­po­nemos acciones concretas a cada mujer y luego ella decide: el escándalo público, la acción ilegal o la vía jurídico-policial. Con respecto al hom­bre, cuando se niega a ser parte de la solución, lo cercamos a través de su trabajo, lugar de residencia, amigos. En nuestra radio difundimos listas de padres irresponsables y de hombres violentos. Estas prácticas y metodolo­gías del ingenio, de la espontaneidad y del acompañamiento han generado que hoy nuestro servicio contra la violencia machista sea el más prestigioso de la ciudad.

A pesar de que el Estado plurinacional ha puesto en marcha diferentes políticas de género, no tienes una opinión demasiado positiva de ellas.
Las feministas parimos la idea de que la violencia machista es un delito público, no privado, un acto de poder y de dominación política. Fren­­te a eso, nosotras generamos todas las categorías para interpretar esa lucha. Pero el Estado se ha apropiado de ellas a través de sus instituciones limitando el discurso y acabando con lo interesante del proceso, que era romper con el asistencialismo. Por ello la relación de la institución con la realidad es nefasta: las políticas de género cooptan el discurso para justificar la propia institución y domesticar la lucha feminista.

Como parte de los movimientos sociales bolivianos, ¿os afectó la llegada al poder de Evo Morales?
Fue un momento de mucha frustración. Evo supo aprovechar un espacio vacío que se dio en la sociedad, y eso lo entendimos. Sin embargo, eso no significa que no podamos cuestionar lo que con ese poder ha hecho. La sociedad boliviana logró en 2003, gracias a una revuelta popular sin vanguardias, entender que el modelo neoliberal estaba agotado y, sin embargo, Evo se apropió de ese discurso para darle continuidad de una forma disfrazada. Otra cosa que le impugnamos a Evo es la relación que establece entre la cúpula gubernamental y los movimientos sociales, que empieza a ser una relación de clientelismo, de entrismo con una pequeña dirigencia. Y a los movimientos que de alguna manera no han confluido se les ha intentado dividir y anular, como ocurrió en el caso de los indígenas de las tierras bajas con el conflicto del Tipnis.

Entonces, ¿cómo hacer oposición al gobierno de Evo Morales, reelegido con más de un 60% de apoyo?
Nosotras no hacemos oposición, intentamos generar nuestras propias alternativas y provocar un escenario social que no sea exclusivamente de reacción. Gobierno y Estado no lo son todo, hay una sociedad más allá. Y nosotras interpelamos y hacemos política con esa sociedad tratando de inventar nuestros propios escenarios políticos.

El feminismo “clasemediero oenegero”
En su último libro, "A despatriarcar", la escritora boliviana carga contra el Gobierno de Evo Morales, contra el feminismo “clasemediero oenegero” y contra las propias mujeres que hacen gala de él, a las que clasifica dentro de una “tecnocracia de género” que lejos de construir movimientos sociales efectivos ha servido para desvirtuar horizontes de lucha y legitimar el proceso neoliberal en América Latina.

sábado, 31 de mayo de 2014

#libros #feminismo | ¡A despatriarcar! : feminismo urgente

¡A despatriarcar! : feminismo urgente / María Galindo
Buenos Aires, Argentina : Lavaca / Mujeres Creando, 2014 [05]
260 p.
ISBN 9789995426224

/ ES / ENS
/ Activismo / Bolivia / Capitalismo / Colonización / Feminismo / Mujeres / Patriarcado

La fundadora del colectivo boliviano Mujeres Creando y creadora de “Ninguna mujer nace para puta” nos entrega con este libro una herramienta para la acción. Teoría hecha desde y para la práctica que analiza la historia moderna del feminismo, plantea una hipótesis sobre su fracaso y promueve acciones concretas para recuperar el poder liberador y de transformación de esta concepción de la realidad, las relaciones y el poder, que involucra tanto a mujeres como a hombres. “¡A despatriarcar! Feminismo urgente” es un grito que nos convoca a salir de las trampas y casilleros para recuperar la calle y la alegría de crear, junto a otras y otros, nuevos horizontes.

DOCUMENTACIÓN
María Galindo, militante feminista y miembro del colectivo boliviano Mujeres Creando: “Nos vienen robando hasta la palabra feminismo”

Hablamos con esta activista del colectivo Mujeres Creando sobre las luchas feministas, la despatriarcalización y los movimientos sociales en Bolivia.
A. Flores, J. de la Jara | Diagonal Periódico, 2015-04-12
https://www.diagonalperiodico.net/global/26238-nos-vienen-robando-hasta-la-palabra-feminismo.html
María Galindo en Mu: arte y política para despatriarcar
Lavaca, 2014-05-22

http://www.lavaca.org/notas/maria-galindo-en-mu-arte-y-politica-para-despatriarcar/
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DOKUMENTAZIOA
Maria Galindo, ekintzaile feminista eta idazlea: «Parekidetasuna kontzeptu hutsa da»

“A despatriarcar” liburuaren egileak gobernuek «etxekotutako» borroka feministak kritikatu ditu. «Gaitzigarria da ezkerra eskuina bezalakoa izatea emakumeoi dagozkigun gaietan».
Saioa Alkaiza Guallar | Berria, 2015-05-14
http://www.berria.eus/paperekoa/1845/040/001/2015-05-14/parekidetasuna_kontzeptu_hutsa_da.htm