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sábado, 11 de julio de 2015

#hemeroteca #matrimonio | 2005-2015: ¿De la tolerancia a la igualdad?

Imagen: El Mundo / MADO, 2005-07-02
2005-2015: ¿De la tolerancia a la igualdad?
Bárbara G. Vilariño | Pikara Magazine, 2015-07-11

http://www.pikaramagazine.com/2015/07/decimo-aniversario-ley-matrimonio-homosexual/

Diez años después de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario cabe plantearse diez preguntas -más allá del “sí, quiero” como respuesta- para revisar lo que supuso una medida legislativa que pretendía promover la igualdad para todas las siglas de la fórmula LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

El 3 de julio de 2005 España fue el cuarto país del mundo en legitimar jurídicamente a las parejas del mismo sexo por medio del matrimonio; cinco años más tarde que el primero, Holanda. Fue una medida que afectó a la intimidad de muchas personas y que contagió al conjunto de la sociedad. Más allá de la efeméride, y con los eventos del Orgullo mediante, las propias parejas y activistas, y en algún caso parejas de activistas, plantean sus reflexiones para revisar, evaluar y por supuesto, celebrar.

¿Qué balance hacemos tras los diez años de la aprobación del matrimonio igualitario?

“Hubo un salto cualitativo, todo lo relacionado con el colectivo LGTBIQ [la I suma a las personas intersexuales y la Q a las queer] pasó a ser algo que incluir en la agenda política y objeto de debate en esta esfera; no tan solo en los bares, donde también es muy necesario”, sopesa Lucas Platero, profesor y activista trans. “Fue importante que se denominase matrimonio y que exista como la ampliación de una Ley, no como una nueva”, aclara.

Por su parte, la también activista y política Beatriz Gimeno resalta “la importancia simbólica de reconocer una igualdad legal, que ha hecho que pasemos a tener un 80% de aceptación en este país”. De porcentajes también habla José Ignacio Pichardo Galán, doctor en Antropología por la Universidad Complutense de Madrid, quien destaca dos lecturas: “España es el país del mundo donde mayor número de católicos manifiestan aceptación, incluso llegando el 46% a defender un matrimonio por la iglesia”, y como experto en parentesco, familia y sexualidad apunta que “tras varias investigaciones, hemos constatado el cambio cultural que la aprobación de la Ley produjo en las nuevas generaciones de jóvenes homo y bisexuales, que comenzaron a relacionarse en este amparo legal. Están describiendo unos horizontes vitales -emparejarse, convivir, casarse o tener descendencia- porcentualmente muy similares a sus compañeros y compañeras heterosexuales”.

El presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), Jesús Generelo, matiza que la visibilidad de estas familias “ha hecho auténtica pedagogía, pasando de ser toleradas a ser iguales ante la ley, como así ha ocurrido con el resto de parejas a lo largo de la historia”.

¿Se alcanzó la igualdad para el colectivo LGTBIQ?


“La igualdad tiene dos vertientes: la legal, que sí hemos alcanzado, y la real, que es una lucha mucho más larga que se apoya en la legitimidad y el carácter educativo de las leyes”, expone Beatriz Gimeno. Evitar perder avances es otro de los puntos que señala José Ignacio Pichardo, quien advierte de la necesidad de “vigilancia”, y aclara que “la conquista social todavía no está cimentada y precisa de los pequeños gestos del día a día, no solo de fotos de bodas de personas famosas”. Añade Pichardo que las agresiones por orientación sexual, otro de los baremos del avance de la igualdad, “no se han disparado, ahora se perciben mucho más debido a la alarma social que generan, pero nuestros estudios revelan que no han aumentado los casos”.

El sociólogo Martín Leña se cuestiona la medida legislativa de raíz y pregunta si la consecución de derechos para parejas legitima los individuales: “El fondo es la regulación de una situación jurídica, ¿es que acaso formamos parte de la ciudadanía solo por esta regulación traída por el matrimonio? El Estado tiene que salvaguardar mis libertades me case o no”, sentencia.

¿Qué rumbo ha tomado el activismo en estos diez años tras la consecución de la Ley?

“Parece que el movimiento quedó desactivado tras conseguir el matrimonio, se siguió luchando pero sin una causa tan concreta”, coinciden el coordinador federal del grupo LGTB del PSOE, Fito Ferreiro, y el sociólogo Martín Leña. Precisamente, sobre la necesidad de lo concreto se articularon los eventos de conmemoración del Orgullo de este año (“Leyes por la igualdad real ya”), en el décimo aniversario de la aprobación del matrimonio, con la memoria del activista impulsor de la medida, Pedro Zerolo, fallecido el pasado 9 de junio. “Se espera que el Ayuntamiento de Madrid ponga su nombre a la plaza de Chueca, es una demanda palpable tras las muestras de cariño y reconocimiento manifestadas el día de su muerte, cuando pusimos un homenaje que pretendíamos retirar esa madrugada, pero eran tantas muestras diversas, cartas, dibujos, velas… Que decidimos dejarlo en su honor”, explica el presidente de la FELGTB.

Y de los grandes actos a los pequeños gestos, como ejemplifica la primera pareja de mujeres casadas en Galicia, la profesora Estela Lama y la funcionaria Guillermina Domínguez: “Es que, en realidad, el activismo de supermercado, de hacer la compra juntas como cualquier pareja, ha hecho mucho más que muchas manifestaciones”.

¿Era el matrimonio el paso necesario o debieron haberse legislado antes otras medidas jurídicas?


“Para responder a esta pregunta plantearía otra: si no te contratan porque tienes pluma y estás sin un duro, ¿es una prioridad casarse, si para ello tienes que estar fuera del armario? ¿Era la única forma de legitimar las vivencias de una persona LGTBIQ?” plantea Lucas Platero. Sobre el éxodo para desarmarizarse reflexiona Fito Ferreiro, quien afirma que existen “migraciones de pequeñas a grandes ciudades” y pide que haya “un amparo legal que posibilite aspirar a vivir tu sexualidad allá donde te encuentres”. Ferreiro incide en la persistencia de una “homofobia pasiva” y cita una situación en la que la policía no quería recoger una denuncia por una agresión con huevos a un grupo de activistas, manifestados en un acto de repulsa ante una paliza a una pareja de jóvenes gay. “Hay que implantar una ley de visibilidad para evitar este tipo de circunstancias y asentar una sensibilidad que dignifique nuestras reclamas como ciudadanía que también paga sus impuestos y tiene unos derechos”, concluye.

“Al menos el matrimonio ha puesto sobre la mesa algunos de esos derechos que no se cumplían, como ocurría con las personas transexuales, reconocidas en parte en la Ley de Identidad de Género del año 2007; y algunos que siguen sin cumplirse, como la reproducción asistida para lesbianas”, anota Lucas Platero, y complementa Jesús Generelo: “La Ley de Identidad de Género salió gracias al debate que puso de manifiesto que nuestra lucha no acaba aquí, que quedan flecos por cumplir para la igualdad real”. El punto clave, según apunta el sociólogo Martín Leña, es que “a las asociaciones siguen llamando chavales que están sufriendo acoso, no llaman preguntando cómo regular el patrimonio entre dos personas del mismo sexo”.

¿Los cambios se producen a golpe de legislación o de políticas sociales?

“Estamos en un país donde nos gustan mucho las leyes, mucho más que concebir un cambio social”, critica Lucas Platero.”Estas leyes y estructuras son discriminatorias”, añade José Ignacio Pichardo, “por sí solas no valen, lo hemos visto en el caso de la legislación del Deporte, en la que se sancionan insultos homófobos… Creo que nunca escuché tantos improperios de este tipo como en un estadio”.

¿Cómo articular entonces un cambio? “De abajo hacia arriba, como deben calar las grandes medidas para que sean efectivas”, contesta Pichardo. La profesora Estela Lama suma una clave más, “la educación en género”, señala, “porque si hasta segundo de Bachillerato no se conoce la existencia de mujeres científicas, artistas… ¿cómo vamos a mantener un respeto a la mujer y a la diversidad sexual?”. Sobre el calado del respeto incide Martín Leña, y destaca que es “muy complicado” legislar algo como el reconocimiento social porque “no hay régimen sancionador ni medidas para que se aplique”.

¿Podemos leer el número de casamientos como un parámetro válido del éxito de la Ley?

En el afán de los medios de comunicación generalistas por ofrecer datos de la cantidad de matrimonios y divorcios que tuvieron lugar desde el año 2005, se plantea si en este caso son realmente una medida válida. “Esas cifras de 30.000 uniones pueden dar idea de una necesidad que existía, pero no sirve para nada como variante sociológica, ni para medir la efectividad de una normativa ni para otro tipo de aspectos socioeconómicos”, explica Leña. “El número que hay que tener en cuenta es el 65% de la población que estaba a favor de la aprobación en 2005, si bien hay que entender que ese 25% en contra estaba creado por un lobby que, aunque significativamente inferior, era quien manejaba el poder, porque llegó a crear debate sobre si era apropiado o no permitirlo”, señala el antropólogo José Ignacio Pichardo.

¿El matrimonio ha sido la solución para todas las parejas del mismo sexo?

“El matrimonio es una institución criticable en esencia por ser el mecanismo reproductor del heteropatriarcado y cuya última finalidad es la conservación del patrimonio, así que es probable que las parejas del mismo sexo estén sufriendo esa carga simbólica a su vez. Además, no creo que el Estado deba legitimar las relaciones, mi pareja no es menos para mí que alguien que sí ha pasado por el aro institucionalizador” opina Leña secundado por la pareja formada por Norma Vázquez y Clara Murguialday: “Casarse por amor es mitología, tiene que ver con derechos relacionados con la salud y el dinero”, defienden.

Fito Ferreiro pone la nota discordante y sostiene que “se puede ir contra el matrimonio… O con él”. Va más allá y plantea: “Si la Iglesia se ha apropiado de infinidad de costumbres paganas y las ha hecho propias, ¿por qué no íbamos a poder hacer lo mismo con el matrimonio? Las relaciones homosexuales están enseñando mucho a las heterosexuales sobre cómo gestionar la pareja, las libertades, las responsabilidades y complicidades… Creo que hay que hacer nuestros estos conceptos, no destruirlos”. Anota con cierta sonrisilla irónica que “lo curioso es que se hayan casado políticos del PP cuando fueron quienes pusieron un recurso ante el Tribunal Constitucional, institución que avaló la legalidad de nuestras uniones en 2012″.

¿Debería ser la única forma de convivencia reconocida por el Estado?

Las respuestas a esta cuestión han sido sintéticas y concisas. “Lo más reprochable del matrimonio es que se tome como fórmula universal de relación, restringida a la monogamia o incluso a la obligación de convivencia”, responde Lucas Platero. “La aprobación de la Ley dejó la lucha de las personas poliamorosas o las relaciones abiertas en segundo plano, como lo raro y fuera de la moral; si nos sentamos a legislar debería permitirse que se unan tres personas o las que tengan a bien”, recrimina Leña.

¿Qué ha cambiado para las parejas que se dijeron “sí, quiero”?

“No ha cambiado nuestra manera de vivir la relación, sin embargo, sí la manera en la que el resto de personas la perciben”, explica Norma Vázquez, casada con Clara Murguialday desde hace diez años. “Hay quien se disculpa cuando presupone la existencia de un marido, como nos ocurrió cuando fuimos juntas a firmar una hipoteca”, comenta entre risas. Aclara que cuando se casaron en 2005 “había más asombro” y con el paso del tiempo ven “caras de haber metido la pata al hacer este tipo de suposiciones heterosexistas”. Ellas, contrarias a la institución del matrimonio, se vieron obligadas a pasar por ello para evitar problemas con la residencia de Norma, mexicana de nacimiento. “Al final le cogimos el gusto porque nos encanta provocar esos rostros desencajados cuando ven a dos mujeres de cincuenta y tantos que son pareja, como si además fuese cosa de gente joven… Lo tomamos como un acto de militancia cotidiana”. Dentro de ese activismo del día a día, Vázquez sentencia que “quien niega nuestro amor, que podamos tener familias, descendencia… está cometiendo un crimen; siguiendo la norma jurídicas, cometen una ilegalidad y así debemos señalarlo”.

Fito Ferreiro, casado desde hace ocho años, reflexiona sobre la necesidad del matrimonio “por cuestiones del día a día, porque en cuanto compras una televisión a medias, sin hablar de grandes propiedades ni mucho menos, ya sería recomendable regular eso por cuestiones de herencia; o por asuntos de salud en las que mi pareja debe tomar parte como pasaría con cualquier otra pareja heterosexual. Sigue habiendo homofobia pero el papel te da fuerza para legitimarte”. De lo pragmático a lo sentimental, le resulta inevitable comentar que el día de su boda “fue lo más bonito, porque a mis 53 años pertenezco a una generación que vivió armarizada hasta los treinta y pico”. Un papel que marca toda una vida: “Nunca había pensado que podría llegar a vivir en pareja con normalidad”.

Con normalidad, “hasta espetando el Libro de familia a quien haga falta”, también conviven el primer matrimonio de gallegas en un pueblo cerca de Santiago de Compostela, donde dicen que son más aceptadas por su vecindario “porque en el rural, mientras no te metas con la parcela del otro, nadie se mete con la tuya”. Estela y Guillermina reconocen las dificultades que pasaron incluso tras haberse casado. “La maternidad fue algo que provocó aún más revuelo, tuve que llegar a escuchar comentarios sobre la suerte que había tenido con que mis tres hijas hubiesen estudiado…”, explica Estela, profesora convencida en la coeducación como clave para avanzar hacia la igualdad de género. De nuevo en el presente, admite que “aún hay caras de sorpresa, te miran raro… ¡Y nosotras decimos que viva la diferencia!” y proclama que para que funcionen los avances sociales “a veces hay que radicalizarlos: no queremos la tolerancia, queremos el respeto”.

Sobre el respeto y su carencia, recuerdan cuando Guillermina tuvo que ser operada hace tres años, y Estela, como familiar, fue ignorada por parte del médico ante la presencia de un hermano de su esposa, “con quien no convive y a quien no vale de nada explicarle las pautas sanitarias” y aclara que fue necesario reiterarle al médico su condición familiar para que la tuviese en cuenta “aún con un amparo legal mediante”. “Pero asumimos que nos pasaremos lo que nos queda de vida luchando. Fíjate que estamos menopáusicas y aún seguimos yendo, como hace treinta años, a manifestaciones a favor del aborto”, lamenta.

¿Qué ha cambiado para las parejas que no se reconocen en un matrimonio?

Martín Leña lleva diez años con Luis, los mismos que desde la aprobación de la Ley. "Y no creo que nos casemos salvo alguna necesidad patrimonial o sanitaria, que parece ser el único amparo que ofrece. Nuestra manera de vivir la pareja no pasa por que el Estado nos tenga que legitimar, ya bastante tenemos con hacer la declaración de la Renta", aclara, "pero sí pienso que ha sido un gran avance para personas que han sentido esa necesidad que siempre se les ha negado hasta el año 2005. No se trata de hacer crítica por la crítica, es que si fuésemos complacientes con este tipo de cuestiones, ¿hubiésemos logrado más avances? No solo de lo político, sino de nuestra propia forma de vivir el amor y las relaciones."

Diez años para cuestionarse diez interrogantes que se responden con más preguntas, porque el Orgullo tiene que ser protesta y crítica para poder ser también celebración.

#hemeroteca #matrimonio | Diez años de matrimonio homosexual en Asturias

Imagen: LNE / Raúl Premió y Julius levy
Diez años de matrimonio homosexual en Asturias
Más de medio millar de enlaces se han registrado en el Principado en una década. El colectivo destaca el "hito histórico" y apunta como nuevo reto la lucha contra la lgbtifobia.
Pablo Zariquiegui | Asturias24, 2015-07-11
http://www.asturias24.es/secciones/vivir/noticias/diez-anos-de-matrimonio-homosexual-en-asturias/1436292248

Emilio y Carlos se casaron en Tres Cantos el 11 de julio de 2005. De sus vidas se ha publicado todo. Emilio Menéndez, de Pola de Allande, y Carlos Baturín, de Nueva York, se enamoraron en la España de los 70. Los dos estudiaban en Madrid y bastó una mirada para darse cuenta de que había feeling. No se han separado desde entonces. A su enlace asistieron 180 medios de comunicación y 17 invitados.

Ana y Cristina lo hicieron el viernes, 3 de julio, en Gijón. Apenas hay detalles del enlace. Se casaron en el Ayuntamiento de Gijón con la única presencia de su familia y amigos. Ni un solo fotógrafo de prensa, ni falta que hace.

Ambas parejas, aunque no se conocen, están unidas por una ley, la conocida popularmente como la ley de matrimonio homosexual. La historia de los diez años de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en España es también la historia del largo proceso hacia la normalización. Una camino que no se entendería sin la lucha continua del activismo LGBTI. Y, también hay que decirlo, una meta en el camino que fue posible gracias a la decisión de un Gobierno, el de Zapatero, que se atrevió a dar el paso.

Más de medio millar de parejas del mismo sexo, exactamente 537, se han casado en Asturias entre 2005 y 2014. Mayoritariamente son parejas masculinas. El matrimonio homosexual, lejos de lo que auguraban algunos, no ha registrado ningún boom. Cada año contraen matrimonio entre 40 y 70 parejas del mismo sexo. Los dos récords en la todavía corta serie histórica, según los datos de Sadei, se registraron en 2006 y 2008, con 72 enlaces cada año.

Yosune Álvarez, coordinadora de Xente Gai Astur, explica que, más allá de la magnitud de las cifras, el matrimonio homosexual marcó un "hito histórico" en el reconocimiento de los derechos del colectivo LGBTI en España. Álvarez aporta dos logros: normalización y visibilidad.

El camino abierto por Emilio y Carlos, expuesto a los focos de centenares de medios de comunicación, ha permitido que Ana y Cristina se casaran el pasado viernes en Gijón sin más presencia que la de sus familias y amigos. Es un claro ejemplo de la normalización que tanto reclama el colectivo.

La coordinadora de Xega apunta que el matrimonio homosexual normalizó la relación de cientos de parejas que vivían una situación legal, cuando menos compleja. Recuerda ahora Yosune Álvarez, pese a que casi se ha olvidado, que gracias a la normalización de las bodas gais los integrantes de la pareja tienen respaldo legal en el cobro de pensiones en caso de fallecimiento o en la adopción de hijos. Son cuestiones relacionadas con la vida diaria que ahora parecen asumidas pero que en su momento no lo fueron.

La estadística recogida por Sadei, que da cuenta pormenorizada de estos diez años de matrimonio homosexual en Asturias, revela un dato que a menudo pasa inadvertido. Y es que los varones se casan más, mucho más, que las mujeres. O, al menos, se casaban.

¿Razones? La coordinadora de Xega echa mano de nuevo de la visibilidad. "Los chicos ya tienen ganado el espacio social", comenta. "Dos chicas van cogidas de la mano sin levantar sospechas", apunta Álvarez. "Una mujer puede mantenerse en el armario de manera más cómoda", añade. Precisamente por eso la representante de Xente Gai Astur cree que los varones han utilizado más los cauces legales, han abierto camino.

La situación, con todo, está cambiando. "La gente joven que ha crecido con la ley vigente vive la situación de otra manera", comenta la coordinadora de Xega. Yosune Álvarez tiene 36 años y reconoce que, entre su generación, aún persiste el temor a dar el paso. Hay repercusiones sociales, laborales... "Las más jóvenes han crecido con otros referentes y han asumido el matrimonio como una posibilidad más", añade. Y algo de eso debe haber a juicio de la estadística de Sadei.

De hecho, por primera vez, en la serie histórica y con datos aún provisionales, de los 59 matrimonios homosexuales que se registraron en Asturias el pasado año, 30 se llevaron a cabo entre varones y 29 entre mujeres. Nunca hasta ahora los enlaces han estado tan igualados.

Yosune Álvarez, una activista del movimiento LGBTI, afirma, echando la vista atrás, que para buena parte del colectivo el matrimonio y la adopción parecían marcar el punto y final de la lucha en la calle. Pero no ha sido así. "Queda muchísimo por hacer, mucha batalla, hasta que dos chicos o dos chicas puedan ir por la calle sin tener miedo", comenta. "Sin que les llamen maricones o bolleras. Claro que queda por hacer", destaca.

Qué será lo próximo. La coordinadora de Xega está convencida de que lo más necesario es avanzar contra la llamada lgbtifobia, el odio a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales o intersexuales. Un camino no exento de obstáculos. En los últimos años, ha crecido el número de agresiones al colectivo. Un informe del Ministerio del Interior recoge que las agresiones al colectivo homosexual son hoy en España el principal delito de odio, por encima de los ataques racistas a extranjeros o a personas con diversidad funcional.

Y TAMBIÉN…
Una boda gay de altos vuelos

El ovetense Raúl Premió y el sargento de las Fuerzas Aéreas estadounidenses Julius Levy se casan en el Consistorio coincidiendo con el Día del Orgullo
Féliz vallina | La Nueva España, 2014-06-29
http://www.lne.es/oviedo/2014/06/29/boda-gay-altos-vuelos/1607392.html

sábado, 4 de julio de 2015

#hemeroteca #derechos | Un país diverso del que sentirse orgullosa

Imagen: El País / Orgullo 2015 en Madrid
Un país diverso del que sentirse orgullosa
Estefanía Torres · Eurodiputada de Podemos en el Parlamento Europeo | Público, 2015-07-04
http://blogs.publico.es/otrasmiradas/4942/un-pais-diverso-del-que-sentirse-orgullosa/

España está hoy de celebración. Se cumplen ya diez años del primer matrimonio gay, diez años de una nueva legislación que marcó una tendencia de cambio histórico. Este avance fundamental se ha conseguido gracias al trabajo de los colectivos LGTB, organizados y perseverantes, que han estado en las calles hasta lograr que las instituciones hiciesen visible primero y tangible después, legislativamente hablando, el derecho de las personas homosexuales a elegir la fórmula que prefieran para convivir en pareja.

Un avance de tal dimensión no es mérito o patrimonio de una fuerza política concreta. Los cambios históricos de este calibre sólo se logran gracias al empuje y a la lucha constante de mucha gente durante muchos años.

¿Sabías que España es, según el Pew Research Center, el país más tolerante del mundo con personas LGTB? En Europa, países como Alemania o Italia no reconocen aún los derechos de los gays y las lesbianas al matrimonio, y otros como Portugal no permiten que los matrimonios gays puedan adoptar. Además, en la mayor parte de los países de Europa del Este las personas LGTB apenas tienen derechos y persisten unas legislaciones muy homófobas. Y esto sin mencionar que en alrededor de una decena de países (como Nigeria, Yemen, Arabia Saudí o Sudán) la homosexualidad está castigada con la pena de muerte y en más de 70 supone algún tipo de delito penal e incluso la cárcel.

En 2014, en Podemos nos planteamos entrar en las instituciones para abrir puertas y ventanas y que entrase el aire fresco de quienes, desde las calles, desde sus puestos de trabajo, desde sus casas, desde la vida pública o desde sus esferas privadas, clamaban porque estas instituciones estuviesen, de una vez por todas, a la altura de la gente decente que vive en este país.

Hoy, en 2015, parte del cambio ya se ha notado. La bandera del orgullo ondea estos días en numerosos Ayuntamientos y Parlamentos Autonómicos. Ada Colau, por ejemplo, ha sido noticia por transformar la Concejalía de Juventud en la del Ciclo de Vida, Feminismos y LGTB.

El Ayuntamiento de Oviedo ha lucido, por primera vez en la historia, la multicolor en uno de sus balcones para alegría de las vecinas y vecinos. Todo ello refleja que ya no tenemos que pedir a otros que hagan los cambios que queremos o necesitamos. Estamos entrando en las instituciones para hacer esos cambios nosotros mismos.

Partiendo de la responsabilidad que eso supone, hemos de ser conscientes de cuál es la realidad que viven todavía las personas LGTB. Quedan muchos retos por delante en esta materia y no podemos caer en una conducta que suponga vanagloriarnos de lo bueno que es nuestro país en ciertos aspectos sin tener en cuenta la parte negativa que pervive en la otra cara de la moneda.

Por ejemplo, durante 2013 hubo 413 agresiones a personas LGTB derivadas de conductas homófobas. El 43% de los escolares homosexuales ha sufrido algún tipo de acoso en las aulas y un 43% de éstos ha llegado a plantearse el suicidio. Es fundamental, por tanto, aprobar una Ley contra la LGTBfobia o por la igualdad de trato para conseguir la plena normalización y erradicar este tipo de conductas homófobas.

Necesitamos también mejorar la integración de las personas trans y acabar, así, con su estigmatización social y laboral. Según un informe de la Agencia para la protección de los Derechos Fundamentales en la Unión Europea, el 62% de las personas trans en Europa han sufrido algún tipo de acoso, sobre todo, de ámbito laboral.

Este dato revela que es necesario adoptar una Ley integral de transexualidad a nivel estatal. En algunas autonomías ya existen este tipo de leyes. No podemos permitir que las personas trans sean tratadas como “enfermas mentales” o que estén sometidas a exámenes psicológicos o médicos para cambiar su identidad de género. Aministía Internacional o la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea son algunos organismos que llevan mucho tiempo haciendo estas recomendaciones.

Se trata únicamente de aplicar un poco de sentido común a la lógica política para que el país en el que vivimos sea más tolerante, más abierto, y que disponga de unas instituciones que estén a la altura que la sociedad merece.

Diez años después de que se aprobase la ley del matrimonio homosexual, vivimos de nuevo un período de cambio político e histórico, un período de cambio que ha venido marcado desde la calle por diferentes movimientos sociales, y del que las ciudadanas y los ciudadanos de nuestro país estamos siendo los verdaderos protagonistas.

Un cambio que sentimos que está contagiando a otros países de nuestro entorno y que, de alguna manera, España está liderando, un cambio que debe teñirse y ha de beber continuamente de la tolerancia y la igualdad pues sólo así conseguiremos una democracia más plena y que el ejercicio de los derechos humanos sea siempre una garantía para cualquier persona.

Estamos orgullosas del papel que está jugando España y, sobre todo, estamos orgullosas del cambio que estamos protagonizando a nivel mundial. Estamos orgullosas, por supuesto, de que España sea el país más tolerante con personas LGTB. Y queremos que tanto las personas LGTB como toda la sociedad en su conjunto, también puedan sentirse orgullosas de las instituciones que están a su servicio.

Por eso, este fin de semana el día del Orgullo Gay lo viviremos como el día del Orgullo del País, un país que estamos cambiando y construyendo entre todas para que mañana sea un lugar en el que cualquier ser humano, con independencia de su identidad de género o su conducta sexual, se sienta a gusto, feliz y en plenitud de derechos.

Orgullo de la gente.

viernes, 3 de julio de 2015

#hemeroteca #orgullo | El orgullo del cambio

El orgullo del cambio
El derecho al matrimonio, del que este año se celebra el décimo aniversario, es de esas conquistas simbólicas con capacidad para cambiar la manera en que una sociedad piensa y se piensa, como el derecho al voto de las mujeres
Beatriz Gimeno | El Diario, 2015-07-03
http://www.eldiario.es/zonacritica/orgullo-cambio-lgtb-igualdad-matrimonio_igualitario-diversidad_6_405319489.html

La reivindicación de la igualdad legal (simbolizada por el matrimonio igualitario) no es una reivindicación cualquiera (por más importantes que puedan ser otras reivindicaciones). Es un avance civilizatorio de esos que poco tiempo después de ser aprobado, nadie discute. A estas alturas ya todo el mundo entiende que esta reivindicación no tiene que ver con casarse o no, sino con la eliminación de la más importante discriminación legal basada en la orientación sexual que quedaba. Hay otras muchas que quedan pendientes y que pueden ser mucho más dolorosas para la gente que las sufre que el hecho de poder o no casarse, pero creo que conseguimos explicar que la igualdad legal es una base imprescindible sobre la que continuar batallando contra la lgtbfobia. No votar seguramente producía menos dolor a las mujeres que sufrir malos tratos, pero conseguir el derecho a voto es imprescindible para continuar esa lucha mucho más larga hacia la completa igualdad que permitirá disfrutar de una vida libre de violencia.

El derecho al matrimonio, del que este año se celebra el décimo aniversario, es de esas conquistas simbólicas con capacidad para cambiar la manera en que una sociedad piensa y se piensa, como el derecho al voto de las mujeres. La igualdad legal crea conciencia del derecho a la igualdad. La prueba es que en aquellos países en los que se aprueba este derecho, la lgtbfobia desciende acusadamente en poco tiempo. Es, por tanto, una modificación legal con un enorme potencial de cambio social. Eso era visible el día que se aprobó y ha sido visible ahora, al celebrar un aniversario tan redondo como el décimo.

Ahora que muchos medios me buscan para preguntarme algo especial, algo que no se haya contado de aquellos días, lo que me viene a la cabeza es, precisamente, eso. La sensación de cambio que iba más allá del matrimonio. Y esa sensación no sólo la teníamos nosotras, las personas lgtb, sino mucha gente que no tenía en principio que ver con nosotros/as. Si la ley salió adelante es porque una gran mayoría social la hizo suya, vio en ella ese potencial de cambio hacia una sociedad mejor y la apoyó. Nuestro éxito estuvo basado en que conseguimos transmitir a la gente que una ley así nos afectaba a todos y todas como sociedad y no sólo a las personas lgtb. Recuerdo especialmente que el día en que se aprobó la ley y volvía a casa andando desde el Congreso, la gente me paraba y me daba besos, los coches tocaban la bocina y todo el mundo me daba la enhorabuena. Y todas esas personas no eran lgtb, era gente que habían identificado una ley concreta con un cambio social hacia una sociedad más libre, más igual, más justa.

Casual pero felizmente, este año, décimo aniversario, ha ocurrido lo mismo. Nuestra ley de la igualdad se ha convertido en el símbolo del cambio que ya ha comenzado en la política española. Es simbólico y es precioso que para simbolizar este momento, nuestros ayuntamientos e instituciones públicas hayan ondeado banderas del Arcoiris en plazas llenas de gente entusiasmada. Es la igualdad, es la reivindicación lgtb pero es, otra vez, el cambio hacia una sociedad mejor. Otra vez ha ocurrido que nuestra bandera se ha convertido en una bandera de ilusión y de esperanza que simboliza más libertad, más igualdad, más felicidad, más democracia y más justicia. Después de una década en la que los políticos del Partido Popular (recordemos que recurrieron la ley al Tribunal Constitucional) se habían convertido en cerrojos ante el Orgullo, el que los nuevos alcaldes y alcaldesas hayan enarbolado la bandera Arcoiris ha significado abrir las puertas y ventanas al aire fresco que necesitamos. Otra vez, como en 2005, el Orgullo simboliza el cambio. Por eso este año, igual que en 2005, celebramos el Orgullo del cambio. Es otro cambio pero lo estamos viviendo con la misma ilusión, empeño y con la misma necesidad con la que vivimos aquel de 2005.

jueves, 2 de julio de 2015

#hemeroteca #matrimonio | Diez años de matrimonio homosexual: "El día que nos casamos cambiamos un poquito el mundo"

Imagen: El Diario
Diez años de matrimonio homosexual: "El día que nos casamos cambiamos un poquito el mundo"
La aprobación de la ley de matrimonio homosexual en España, que entró en vigor un 3 de julio, cumple una década. Ricardo, Fernando, Elena, Ana o Antonio son algunas de las 31.600 parejas de gais y lesbianas que se han casado desde 2005. "La clave de la fuerza de este cambio radica en la palabra matrimonio", explica Ricardo.
Miguel A. Parra Anguita | El Diario, 2015-07-02
http://www.eldiario.es/andalucia/Matrimonio-homosexual-anos-extraordinaria-normalidad_0_404909786.html

Ana, Elena, Antonio, Ricardo, Fernando... vivieron una revolución hace diez años. No fueron los únicos. Entonces fue un pequeño cambio para el hombre, un gran cambio para la sociedad. Así se podría definir lo que causó la modificación del artículo 44 del Código Civil que permitió ampliar el matrimonio y la adopción a las parejas del mismo sexo. Sólo hubo que cambiar los términos "marido" y "mujer" por "cónyuges", y "padre" y "madre" por "progenitores". Además, se añadió una frase: “ El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o diferente sexo”. Y con esta pequeña reforma, la ley 13/2005, aprobada en el Congreso el 30 de junio de hace diez años por iniciativa del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y que entró en vigor un 3 de julio, venía a traer seguramente una de las mayores revoluciones sociales vividas en este país. Con esta ley, España se convertía en el cuarto país del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo aunque, como declara a eldiario.es José Luis Rodríguez Zapatero, "era la ley más completa y avanzada de todas".

Eso sí, una revolución silenciosa, calmada y progresiva y normal. Al principio, tuvo que lidiar con algunos obstáculos, como las protestas de la Iglesia Católica y de los sectores más conservadoras de la sociedad. En el trámite legal, el Partido Popular llegó a interponer un recurso ante el Tribunal Constitucional, que unos años después, en 2012, se pronunció a favor del texto legal. Pero ahora son ya 31.610 bodas homosexuales las celebradas (12.200 de parejas lesbianas y el resto, 19.410, de parejas de hombres). Y a la sociedad no le ha pasado nada. Más bien, al contrario, ya que España encabeza la lista de países con mayor aceptación de la homosexualidad, y según un estudio del Pew Research Center, en ningún otro país del mundo es tan bajo el porcentaje de personas que creen que la homosexualidad es moralmente inaceptable.

En este sentido, Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, destaca que España es uno de los países en los que más se ha avanzado en tolerancia y en reconocimiento de la diversidad y los distintos estilos de vida. "Lo que ha pasado en España es un proceso muy, muy destacable. Somos la avanzadilla en términos de valores sociales: libertad, tolerancia, respeto, multiculturalismo… cualquier valor social que se considere como un valor de progreso", asegura.

Ana y Elena
Hace justo ahora unos diez años, conocimos a Emilio y a Carlos, la primera pareja homosexual que contrajo matrimonio en España, tras 30 años de relación. Fue el 11 de julio de 2005, tan sólo once días después de la aprobación de la ley y ocho días después de su entrada en vigor. Tras ellos, vinieron muchos otros y otras. Como Elena y Ana, dos madrileñas de 48 años que se casaron el mismo año 2005. Sus mellizos nacieron el 17 de junio, sólo 13 días antes de promulgarse la ley, de ahí que tuvieran que ser registrados como hijos exclusivamente de la madre biológica. "Quisimos casarnos cuanto antes para iniciar el proceso de adopción y que la otra madre lo fuera también de derecho", relata Ana.

"Nos casamos el 1 de diciembre en el Registro Civil de Madrid. El proceso fue rápido y ágil. La boda se desarrolló igual que el resto de bodas oficiadas ese día. El contenido formal era y es el mismo, pero nosotras no lo sentimos así", reconoce Ana. Y lo explica: "Éramos de las primeras parejas que nos casábamos y nuestros sentimientos eran mucho más extensos. Gratitud, alegría, justicia, orgullo... Esos sentimientos hicieron que, aunque aparentemente, fuera una boda similar, no lo fuera. Ese día estábamos cambiando un poquito el mundo, haciéndolo más justo e igualitario. Todo fue extraordinariamente normal”.

Antonio: el primer divorcio
La nueva ley normalizaba los matrimonios entre personas del mismo sexo y todo lo que eso conllevaba: la adopción conjunta, el derecho de sucesiones, el derecho de residencia, los efectos tributarios, las pensiones y, cómo no, la separación y el divorcio. En estos diez años se han registrado en nuestro país un total de 1.858 divorcios de parejas homosexuales. Uno de estos divorcios fue el de Antonio, un sevillano de 37 años, y su ex marido, que sólo permanecieron casados 7 meses. Como se suele decir, ‘fue bonito mientras duró’ pero, como a muchas otras parejas, se les rompió el amor y el suyo fue el primer divorcio de una pareja gay con sentencia firme.

"Fue de mutuo acuerdo y no había hijos ni bienes que repartir, por lo que fue un divorcio exprés, que también se acababa de aprobar en aquel entonces", recuerda Antonio. Él y su pareja, de nacionalidad argentina, pagaron entre los dos 550 euros y dejaron de estar casados. "Todo el proceso de separación fue muy rápido y una separación muy cordial, no hubo ningún problema", señala.

Ricardo y Fernando… y César y Javier
Una de las cosas que hace de la norma española una de las más avanzadas es que iguala de pleno derecho al matrimonio homosexual con el heterosexual, incluyendo el derecho a la adopción, un aspecto más sensible socialmente hablando a pesar de los estudios que dicen que no afecta al desarrollo de los pequeños. Según un estudio de 2013, el 73% de los españoles está a favor de la adopción por parte de homosexuales, sólo superados por los suecos (78%) y muy por delante de franceses (53%) e italianos (42%).

Ricardo, jiennense 43 años, y Fernando, madrileño de 31, se casaron en 2010 y desde hace un año y medio son los papás de César y Javier, a los que tienen en régimen de acogimiento. La pareja asegura que no ha sentido discriminación en ningún momento: "La diferencia con respecto a las parejas heterosexuales es que ellas pueden solicitar adopción internacional en países en los que nosotros no podemos, pero no por culpa de la legislación española, sino de la extranjera", asegura Ricardo. Este matrimonio recuerda el buen trato recibido durante el proceso: "En el Instituto Madrileño de la Familia y el Menor no hay homofobia ni ningún tipo de trato discriminatorio. Son profesionales con gran sensibilidad, vocacionales, con magnífica formación, amplísima experiencia y la libertad que te da ser funcionario público", destaca Ricardo.

Ahora, los niños están "plenamente integrados" en sus colegios y son "muy queridos" por sus compañeros, que saben y aceptan con normalidad que tienen dos papás. "Los compañeros de César no reciben ningún mensaje negativo ni contradictorio sobre nosotros en sus casas, cuando nosotros no estamos delante. No ha habido tampoco ningún problema con la dirección del colegio ni con los profesores y profesoras, sino más bien al revés", dice Ricardo.

Eso sí, como si fuera el popular anuncio de refrescos, siempre surge la pregunta de ¿Por qué César tiene dos papás? "Una niña incluso me preguntó que cuál de los dos era el auténtico -recuerda Ricardo-, y le dije que los dos, pero me hubiese gustado explicarle que el padre verdadero es el que cría, cuida y quiere, que la paternidad en el siglo XXI no se funda ya en la biología sino en la intención, en la voluntad y el compromiso de por vida de ser padre para un niño".

Normalidad
Para Bericat, "así como en otros países se han generado disensos, en España ha habido debate, disparidad de opiniones, pero no una guerra cultural, y los avances se han conseguido sin una resistencia excesiva. En comparación con otros países, y considerando de dónde venimos, 40 años de dictadura, se ha abierto la puerta a cualquier derecho o estilo de vida que se considerase dentro del ejercicio de la libertad y del ámbito de los derechos íntimos, con ciertas resistencias pero sin guerras culturales ni valorativas".

Por su parte, Ana y Elena creen que en esta década han cambiado las actitudes: "Nuestras familias, integradas han demostrado que esta ley, no sólo no perjudica a nadie, sino que hace enormemente feliz a muchos y a muchas”. "Creemos que el tiempo facilita la interiorización de la ley y el que la gente normalice un hecho que antes se percibía desde un mayor desconocimiento y con más prejuicios. Queda mucho trabajo de concienciación pero cada pareja que se ha casado en estos años ha facilitado ese trabajo", afirma Ana.

A ellas dos –reconoce- esta ley las hizo "sonreír, porque nuestros hijos podían ser titulares del derecho básico de ser protegidos y amados de hecho y derecho por sus dos progenitoras. Nosotras llevábamos 15 años comprometidas la una con la otra pero el día que nos casamos demostramos que un mundo más justo e igualitario es posible”.

Para Ricardo y Fernando, la ley de matrimonio igualitario ha tenido "un poder de cambio en la sociedad y en nuestras vidas extraordinario. Podemos afirmar sin temor a exagerar que nuestra felicidad presente es gracias a esa ley. Y la clave de su fuerza radica en la utilización de la palabra matrimonio".

Según Ricardo, "cuando te casas todo el mundo entra en el chip de que te casas y, por tanto, todo el mundo hace lo propio: las amigas de tu madre no se apenan por ella por tener un hijo gay, sino que la felicitan porque su hijo se casa; tus tías-abuelas te lanzan con frescura ‘¡Bueno, y ahora a por los hijos!’; y ves a tu madre llorar de alegría. Es tanta la capacidad que ha tenido el matrimonio para reconciliarnos con la familia y para devolvernos nuestra dignidad en la sociedad que no puede expresarse con palabras".

martes, 30 de junio de 2015

#hemeroteca #matrimonio | María Teresa Fernández de la Vega: “La ley fue una inyección de autoestima para nosotros”


Imagen: El País / Osmond Ayo, refugiado nigeriano perseguido por homosexual
“La ley fue una inyección de autoestima para nosotros”
María Teresa Fernández de la Vega hace balance en el décimo aniversario de la norma que legalizó el matrimonio homosexual
Emilio de Benito | El País, 2015-06-30
http://politica.elpais.com/politica/2015/06/23/actualidad/1435061576_853715.html

María Teresa Fernández de la Vega (Valencia, 1949) era vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno que presidía José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) cuando las Cortes aprobaron, el 30 de junio de 2005, la ley de matrimonio igualitario. “Hubo una inyección de autoestima para nosotros. La ley fue muy bien acogida por el partido. ¡Estábamos eliminando una discriminación de siglos!”. En el despacho de la Fundación Mujeres por África, que preside, De la Vega recuerda con precisión los últimos pasos del proyecto: “El Congreso la aprobó el 30 de junio, el Rey la sancionó el 1 de julio, el 2 se publicó en el BOE, y el 3 entró en vigor”, recita casi de carrerilla. “Para estas cosas tengo mucha memoria”, presume.

De la Vega inscribe esta ley dentro de la apuesta general del PSOE tras las elecciones de 2004 por el “reconocimiento y ampliación de los derechos de la ciudadanía”. “A lo mejor el matrimonio homosexual no estaba en el programa con esas palabras, pero estaba en esta idea”, defiende. Con esa ley y otras aprobadas en la misma legislatura (la de violencia de género, de igualdad, de dependencia, tabaco, reproducción humana asistida, cotitularidad de la tierra), España “se situó en el grupo de países pioneros”.

En lo que respecta al matrimonio homosexual, no solo se situó en el grupo: se puso en cabeza. “Había países muy avanzados, como Holanda y Bélgica, que ya permitían el matrimonio homosexual, pero no la adopción. Nosotros lo teníamos claro. La igualdad significaba que se tuvieran todos los derechos, incluso a acceder a la adopción”, afirma la actual miembro del Consejo de Estado.

En su recuerdo, la ley fue un hito, pero no un problema especial. “Nunca tuvimos ninguna duda al respecto, sino la constancia, en términos democráticos, de que la ley tenía un apoyo mayoritario. Lógicamente, nos hubiera gustado que se aprobara con mucho más consenso, pero teníamos el apoyo de quienes nos habían votado para emprender esos cambios. Era un ejercicio de la acción del Estado que demostraba un blindaje de la libertad y la autonomía. Fue la defensa del interés general confirmada democráticamente”.

Sabe De la Vega que aquella ley tuvo una especial carga en la imagen de España. “¡La de entrevistas que di! Nadie se lo esperaba de un país como España!”, comenta. Y resalta un aspecto “bonito” de esta y otras leyes sociales de aquella legislatura anterior a la crisis. “Eran una ampliación de la libertad sin menoscabo de nadie. Se eliminaba una discriminación secular que había impedido a unos conciudadanos vivir en plenitud de derechos en libertad e igualdad. Y, más allá de los aspectos legales, se les daba el derecho de expresar sus emociones sin ser señalados”, afirma. Pero el beneficio de la ley no fue solo para gais y lesbianas. “Con ella se fortalecía el Estado de derecho y se reforzaba la convivencia democrática”.

Desde su puesto de presidenta de la Fundación Mujeres por África, la exvicepresidenta valora aún más aquel logro. “África es probablemente el continente más homófobo, pero la discriminación más onerosa sigue siendo la de género”, dice. “Es la desigualdad más difícil de erradicar. Aquí mismo acabó, legalmente al menos, hace relativamente poco. En la militancia por la igualdad hemos recorrido un largo camino. Yo misma adquirí la mayoría de edad y acabé de estudiar Derecho sin tener derechos. Y, aún ahora, en la configuración normativa estamos en la vanguardia, pero falta por adquirir la igualdad real”. Esto mismo podría decirse sobre los derechos de la población LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales). De la Vega coincide con el recientemente fallecido Pedro Zerolo en que esa lucha debe ir de la mano del feminismo.

De la Vega, que también es juez, afirma que “nunca hubo en el Gobierno dudas acerca de la constitucionalidad de la ley, como luego demostró el fallo del propio Constitucional”. También admite que “hubo oposición de los sectores más conservadores de la sociedad y de la Iglesia católica”, pero dice que nunca les hicieron dudar. “Estaban en su derecho de manifestar su opinión, incluso convocaron manifestaciones, pero nosotros teníamos la convicción democrática de que había que hacerlo”, declara. Con algo más de intensidad recuerda que entre quienes más se opusieron estaba el sector de jueces más conservador. “Hubo quien se negó a aplicarla, quien dijo que iba contra su conciencia, pero el poder Judicial y el Supremo les quitaron la razón. Cuando uno es juez lo es para defender la ley, no para imponer sus ideas”, concluye tajante.

Hay satisfacción en el balance de aquella época. “Zapatero dijo que con esta ley el país se volvía más decente. Yo añadiría que también más digno”.

DOSIER
10 años de matrimonio homosexual en España
El País, 2015-06-30

http://elpais.com/especiales/2015/matrimonio-homosexual/

#hemeroteca #matrimonio | En esta aldea se casa

Imagen: El País / Paco Maroto
En esta aldea se casa
Campillo de Ranas (Guadalajara) es el pueblo de bodas gais más conocido de España. ¿Qué ha cambiado diez años después?
Pablo León | El País, 2015-06-30
http://politica.elpais.com/politica/2015/06/22/actualidad/1434975221_508307.html

Él dijo que iba a casar. Alto y claro. Esa declaración de intenciones fue una de las primeras reacciones de Paco Maroto, apicultor de 51 años y alcalde de Campillo de Ranas, a la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario. Ha pasado una década desde esa sesión histórica en el Congreso de los Diputados, cuando a instancias del Gobierno socialista de Zapatero se aprobó la reforma del Código Civil que permitió contraer matrimonio a parejas del mismo sexo y que les otorgó los mismos derechos que a las uniones heterosexuales, incluida la adopción. En ese tiempo, por el Ayuntamiento de Campillo (Guadalajara) han pasado centenares de parejas. "Calculo que ahora habrá unas 70 u 80 bodas al año", cuenta Maroto, "un 30% de ellas entre parejas homosexuales". Él quiso decir en alto que iba a casar porque ediles como el de Lugo o el de Valladolid, ambos del PP, plantearon la objeción de conciencia ante las bodas entre personas del mismo sexo. Con esa decisión, "hecha desde la militancia y el apoyo a ZP", Maroto transformó Campillo. Antes de 2005, en el pueblo había una casa rural y un bar; ahora, una decena de alojamientos y establecimientos funcionan a todo gas en el valle cada fin de semana para casar a quien quiera en este idílico entorno. Una revolución socioeconómica a golpe de sí quiero, una estrategia nupcial de desarrollo rural a la sombra del Pico Ocejón, en plena ruta turística de los Pueblos Negros.

Maroto sigue siendo alcalde de Campillo. Cuando comenzó a casar, ninguno de los 182 habitantes de este pequeño pueblo de Guadalajara dijo nada. "Un alcalde representa a sus vecinos; la mayoría de ellos piensa como yo", cuenta desde el jardín de su casa unas semanas después de revalidar el cargo con mayoría absoluta, por cuarta vez consecutiva, tras las siglas del PSOE. De fondo resuena el campo: los pájaros, la brisa o el zumbar de algún insecto. Recuerda con cariño la primera boda que se celebró en su pueblo: "Vinieron muchos vecinos al Ayuntamiento para mostrar su respaldo por si aparecían extremistas a boicotear el acto; aún les estoy agradecido". También la última, que tuvo lugar hace escasas 24 horas. "Es muy grato para un alcalde casar. Las bodas son muy alegres".

Pero además de traer alegría, los sí quiero se han convertido en la principal línea de negocio en Campillo de Ranas, en una época en la que la despoblación amenaza la supervivencia de los pueblos. "Lo gay situó a Campillo de Ranas en el mundo. Todas las semanas hay bodas aquí, y no solo homosexuales. Nos hemos convertido en un lugar de referencia para los casamientos", dice Maroto. Situado en medio de un hermoso valle y custodiado por el Pico Ocejón, el pueblo, dividido en siete barrios o pedanías separadas entre sí por campo y verde, transmite calma y belleza. Forma parte de los denominados pueblos negros, cuyas casas están hechas con pizarra. "Mucha gente venía por militancia: 'Si me caso, que me case Paco", recuerda el alcalde. Por eso acudieron Pepe y Ray, español y estadounidense, hace una década. Su boda forma parte del documental Campillo, sí quiero, estrenado en 2007. La cinta, que se ha visto en más de 40 países, llevó al alcalde a festivales de cine en Reikiavik, Sao Paulo, Turín o Londres, donde el público le gritó: 'you are great' (qué grande eres). Campillo de Ranas ha aparecido en revistas y periódicos de todo el mundo, como en el New York Times, entre muchos otros.

"Ya no es tan extraordinario. El contacto que tenía con los novios no es el mismo. Al principio, tenía un libro de visitas. Llené dos y dejé de contar", cuenta Maroto. Pero siempre hay gente especial: en septiembre se casa la hermana de Pepe. "La gente quiere celebrar su boda en sitios bonitos. Campillo lo es y el boca a boca ha hecho que muchos que vinieron como invitados lo elijan luego para su propia celebración", explica el alcalde. Aunque algunos hayan pasado por el altar con ropajes de la Tierra Media, inspirados por “El Señor de los Anillos”, y otros lo hayan hecho a la escocesa, con falda y sin ropa interior, "al final, todas las bodas se parecen mucho", dice. "Los novios se vuelven locos para que todo esté a su gusto y se gastan un dineral en los detalles", añade.

En Campillo de Ranas no ha habido crisis. Los casamientos no han parado y sigue ostentando el título de pueblo de Castilla-La Mancha que más bodas realiza; es el enclave rural español donde más bodas se celebran. La temporada alta: otoño y primavera. Su caso ha pasado por foros de trabajo sobre estrategias de desarrollo rural, recibiendo muestras de reconocimiento y admiración. "Esta ley nos situó en el mundo", insiste Maroto. Y en un par de frases resume el cambio que se ha producido en España: "Con 16 años me pasé 48 horas en la Dirección General de Seguridad acusado de vago y maleante por ser homosexual. Y ahora he casado a más de 300 parejas gais". "Cuando viajo y me dicen: 'Eso [en referencia al matrimonio igualitario] aquí no podría pasar', yo les digo: tranquilos, en Campillo de Ranas tampoco era imaginable, y mira ahora".

DOSIER
10 años de matrimonio homosexual en España
El País, 2015-06-30

http://elpais.com/especiales/2015/matrimonio-homosexual/

#hemeroteca #matrimonio #sociologia | Un país que cambia

Imagen: El País
Un país que cambia
Ha pasado una década. ¿Se ha convertido España en un país más igualitario? ¿Han seguido otros el ejemplo español? ¿Ha devuelto la norma la libertad y la dignidad a este colectivo?
Ana Alfageme | El País, 2015-06-30
http://politica.elpais.com/politica/2015/06/23/actualidad/1435075099_139603.html

30 de junio de 2005

Los informativos repiten machaconamente una imagen: el presidente del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, en el estrado del Congreso: “Un pequeño cambio en la letra que acarrea un cambio inmenso en la vida de miles de compatriotas”, proclama. Ese día España se convierte en el cuarto país del mundo en aprobar el derecho de dos hombres o dos mujeres a casarse (tras Holanda, Bélgica y Canadá, que lo aprobó tan solo dos días antes pero cuya ley entró en vigor después de la española) y en el más avanzado del planeta al posibilitar también la adopción.

Rubén López, 25 años, pasa el día pegado a la televisión. Julia Sevillano, 38, recibe un telefonazo de su madre: “¡Me ha llamado una amiga mía para darme la enhorabuena!”. Moisés, 28, sale disparado del trabajo a Chueca, el barrio más gay de Madrid.

“Estamos ayudando a construir un país más decente porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros”, prosigue el presidente. Los suyos le aplauden. El PP, no. Rodríguez Zapatero pronostica que el cambio en el Código Civil acabará con la infelicidad de muchos. Pide a los gais generosidad y respeto para los que se oponen, entre ellos, el Foro de la Familia o la Iglesia. La tribuna, con representantes de colectivos LGTB, estalla en aplausos. La ley se aprueba por mayoría absoluta, con solo los votos en contra de Unió y del PP. Una diputada popular, Celia Villalobos, da el sí a la norma. En la calle, más de la mitad de los españoles (56%) apoya el matrimonio igualitario, el 21% se opone y un 11% se muestra en desacuerdo con el término, según un sondeo de Metroscopia. Era 2005. Hoy, un 68% está de acuerdo en que la unión entre parejas del mismo sexo se llame matrimonio, según otra encuesta realizada también por Metroscopia este pasado 29 de junio.

Un compañero de trabajo de Emilio Menéndez, 50, le grita: “¡Han aprobado vuestra ley!”. Él llama a su novio de 30 años, Carlos Baturín. Ya tienen listos todos los papeles. “Tienes que pedir permiso a tu jefe”, le dice Carlos, “porque el lunes [el primer día hábil tras la entrada en vigor de la ley] tenemos que ir al Registro Civil”.

Julia, diseñadora gráfica y periodista, no es nadie respecto a los mellizos que gestó su pareja, Esther, y que han criado entre las dos durante 11 meses. Por su parte, Rubén anda enredado con el proyecto fin de carrera y pega en un cuaderno recortes de prensa que relatan los avances en la ley de matrimonio igualitario. Siente que se envalentona. Decide salir del armario y convertirse en activista. Moisés, psicólogo, se deja llevar por la euforia en la calle. No pensaba que lo que había prometido Zapatero en su discurso de investidura llegaría tan pronto. Emilio Menéndez sale con su novio y otras dos parejas de hombres a cenar, y brindan por sus futuras bodas. Ellos serán los primeros en casarse.

Han pasado 10 años. ¿Se ha convertido España en un país más igualitario?¿Han seguido otros el ejemplo español? ¿Ha devuelto la norma la libertad y la dignidad a un colectivo humillado, castigado en tiempos de Franco con la cárcel?

España es ahora el país del mundo donde es más aceptada la homosexualidad. Solo 6 de cada 100 personas cree que es inmoral, según una macroencuesta en 40 países realizada por el Pew Research Center en 2013. Un 55% considera que es aceptable y el 38% opina que no se trata de una cuestión moral.

La actitud de los españoles en 2004 era algo menos avanzada. Si bien ocho de cada 10 consultados por el CIS opinaba que ser homosexual es tan respetable como ser heterosexual, el 22% estaba de acuerdo con que la homosexualidad es algo “antinatural”. Cuatro de cada 100 creía que era una conducta sancionable y un 13%, una enfermedad que debería de ser tratada. Las cifras elevadas ahora corresponden a la tolerancia y el respeto. En la última encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, el pasado 29 de junio, solo el 4% de los encuestados creen que el matrimonio homosexual no debe ser legal en ningún caso. Silvia Bravo, investigadora senior del organismo, asegura que el crecimiento de 10 puntos en solo dos años en la aceptación del matrimonio homosexual como tal es un dato "estupendo". "Sí se observa un apoyo mucho más mayoritario entre los electorados de PSOE y Podemos que entre la derecha, y entre los jóvenes", comenta la también directora general adjunta.

“La ley es un símbolo. Es como decir, tú y yo somos iguales, te pongas como te pongas”, dice Julia Sevillano, que con su esposa, Esther Vivas, y sus hijos, Julia y Teo, de 11 años, constituyen una de las nuevas familias amparadas por el matrimonio igualitario. Son las que legalmente han constituido dos mujeres (10.609 enlaces hasta 2013, los últimos datos disponibles) o dos hombres (17.701 bodas). Suponen tan solo dos de cada 100 matrimonios. Un número ínfimo que esconde muchas historias de conquista de la igualdad.

Como en el caso de Julia. Cuando se aprobó el cambio legal, ella educaba a unos niños que solo tenían los apellidos de su pareja aunque eran su proyecto común. Todo cambió ante una juez que tuvo que pedir orden porque los invitados a la boda se pusieron a aplaudir. “Después nos quedamos como imbéciles fotografiándonos delante de una puerta en vez de posar ante el paisaje de Granada. Pero recuerdo salir con el Libro de Familia y sentir que te lo habías ganado”, rememora ella, que no renunció ese día a su atuendo favorito, pantalones y zapatillas, pero en la fiesta ella y su nueva esposa bailaron con unos vestidos de boda vintage que les regalaron. “No lloré, pero estaba muy feliz en las fotos”. Tras aquella celebración que duró tres días llegó la primera consecuencia. “Adoptar a Teo y a Julia, y todo fueron facilidades”. Nunca se ha sentido discriminada. “Siempre he notado receptividad en el médico y en el colegio”. Porque los hijos, sostienen todas las familias consultadas, son la última salida del armario. La visibilidad es total. A Julia le encanta cuando los mellizos dicen con toda naturalidad: “Yo tengo dos madres y un padre”. Porque el donante de esperma fue un amigo de la pareja con el que tienen relación constante.

Un año antes de aprobarse la ley, el 66% de los españoles declaraba estar a favor del matrimonio igualitario según un estudio del CIS, y solo el 48% a favor de que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar. Un estudio sobre discriminación en 2013 revelaba que el respaldo al matrimonio igualitario había crecido hasta el 71% y el apoyo a la adopción, hasta el 64%, sumados los porcentajes de quienes decían estar totalmente de acuerdo y algo de acuerdo. Este pasado 29 de junio, un 74% se mostraba a favor de la adopción entre parejas del mismo sexo; y para un 88% “lo realmente importante para un niño es poder crecer en un ambiente de cariño y protección y da igual que se lo proporcione una pareja formada por un hombre y una mujer que una pareja formada por personas del mismo sexo, o incluso por una sola persona”, según la última encuesta de Metroscopia.

“Es un espaldarazo a la visibilidad. Si apareces con un Libro de Familia, todas las puertas se abren”, mantiene la periodista Carmen López, casada en 2008 con otra mujer y recién divorciada. “El matrimonio nos ha servido para no dar explicaciones a nadie”. Carmen, de 46 años, vive en Madrid con Mario, su hijo, y no recuerda haber tenido ninguna experiencia discriminatoria, ni tampoco con el niño, que es el único hijo de dos madres en su colegio público. “Más bien al contrario, hay discriminación positiva. Aunque la casuística es diferente, no todas las familias homoparentales han experimentado lo mismo, pero yo creo que la gente tiene mucho cuidado, es una percepción”. La invisibilidad persiste en algo muy concreto, comenta divertida; “No hago más que tachar de los formularios la casilla de padre. El papeleo, 10 años después, no se ha adaptado”.

Una de las cuestiones más debatidas cuando la ley se tramitaba fue el asunto de la adopción, la capacidad de las parejas gais o lesbianas para educar a los niños. Fue cuestionada por los sectores más conservadores, pese a que el cuerpo académico había bendecido su pertinencia. Los hijos criados por dos padres o dos madres crecen con la misma normalidad que los conviven con una pareja heterosexual. “El matrimonio igualitario ha supuesto algo de muy largo alcance, y ha sido muy pedagógico y educativo para la sociedad”, dice Isabel Gómez, ex presidenta de la Asociación de Familias Homoparentales (Galehi) y madre de dos niñas. “Cuando empezamos a tener hijos sufríamos mucho miedo a la lesbofobia, y también a que, al llevar el niño al colegio, le señalaran por tener dos madres, pero esos miedos no han tenido reflejo real, según los resultados de muchísimos estudios de los que hemos sido objeto”.

Estas investigaciones han mostrado que las familias homoparentales están integradas en la sociedad con redes importantes tanto de amigos como de sus familias de origen (Mar González y María Ángeles Sánchez). Y que la aprobación de la ley ha supuesto que se dispare la visibilización ante la sociedad, además de un nivel superior de felicidad (Mar González y otros, 2013).

Las principales preocupaciones de las familias homoparentales son que se rechace a sus hijos en el colegio o que no hagan amigos, según una investigación de Enrique Arranz y otros publicada en 2010. “Pero lo que experimentan son grados de aceptación muy buenos, y ellos tienen una vivencia de género más flexible”, continúa Gómez, coportavoz de la FELGBT. “La familia en sí misma es muy tradicional, y con gais y lesbianas se normaliza y visibliza, es un elemento vehiculador de la diversidad como una riqueza social”. Esa percepción ha cambiado, ahora un 82% cree que en la adopción y a la hora de determinar qué es lo mejor para el menor, no debe influir en absoluto la orientación sexual de los adoptantes, según Metroscopia.

¿Ha ido todo bien? La ley peligró por el recurso del PP ante el Tribunal Constitucional, que intentó frenarla. Pero en 2012 los magistrados emitieron su voto: una mayoría absoluta del pleno, compuesto por 11 de los 12 magistrados que integran el Tribunal Constitucional, avaló la norma. También se tropezaron con concejales, alcaldes o jueces (pocos) que pusieron trabas o alimentaron la intolerancia. En junio de 2005, el catedrático de Psicopatología Aquilino Polaino fue uno de los expertos llamados por el PP a la Comisión de Justicia del Senado, que estudiaba la ley de matrimonio gay. Sus declaraciones hoy podrían ser sacadas de la hemeroteca como símbolo vetusto de lo que ya no existe: “Se les puede ayudar con terapia reparativa. Aunque se haya desclasificado [como enfermedad] no quiere decir que no haya trastornos", afirmó. El portavoz del PP, Agustín Conde, le contestó: "Usted nos ha descrito perfectamente la psicopatología de la homosexualidad".

Quedan señales de homofobia, violentas también, como el ataque que sufrieron Nacho Domínguez y sus tres amigos la madrugada del 26 de abril, cuando bajaban la calle de Montera agarrados del brazo de camino de una discoteca, “Dos chicos se cruzaron con nosotros, se volvieron y nos gritaron ‘¡Maricones de mierda!'. Luego se nos echaron encima y a uno del grupo le dieron un golpe en el cuello y en el pecho, un tortazo. Y se largaron”, cuenta Nacho, de 23 años, estudiante de Antropología. Se lo contaron a una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía que estaba por allí y los agentes se ofrecieron a buscar a los dos agresores, “que parecían jóvenes de nuestra misma edad volviendo a casa después de salir de fiesta, no tenían aspecto de skinheads o algo así”. Nacho y sus amigos pensaron que la cosa quedaría ahí y decidieron seguir de fiesta. “Giramos una calle y nos los volvimos a encontrar. Al mismo chico le golpearon en la mandíbula y en el cráneo”. Esta vez se acercaron a la Policía Municipal, que localizó a los violentos, les identificó y les dejó ir. “Nos dijeron que no podían detenerlos, que teníamos que ir a comisaría a denunciar. Luego supimos que la agresión figuraba en el parte como 'reyerta o pelea en la calle". Hubo una tercera agresión, que acabó con los chicos en Urgencias y denuncia en comisaría.

La mayor parte (un 39,9%) de los 1.285 delitos de odio registrados en 2014 en España fueron contra homosexuales, lesbianas o transexuales por encima de las vejaciones racistas o contra discapacitados, que son las siguientes en frecuencia. “Y calculamos que solo se denuncia un 20%”, dice Rubén López, también vocal de delitos de odio de la asociación Acrópolis, “porque implica visibilizarse o porque no se tiene confianza en la policía”.

Efectivamente, un estudio paneuropeo que entrevistó a casi 100.000 gais, lesbianas, transexuales y bisexuales en 2012 así lo manifiesta. Solo un 22% denunciaron episodios de violencia grave. La mitad de los que no acudieron a comisaría argumentaban que no tenía confianza en la policía y un 29% temía una reacción homófoba de los cuerpos de seguridad. Ese mismo estudio reveló que el 38% de los encuestados en España se había sentido discriminado o vejado durante el año anterior, una cifra por debajo de la media de la UE (47%) y que se sitúa en parámetros similares a los países más avanzados en igualdad (Holanda o Bélgica, que también tienen matrimonio igualitario).

Emilio Menéndez, el primer gay que se casó, dice que aún queda mucho camino por recorrer para la igualdad: “En educación, sobre todo”, asegura, “para que los niños no tengan que pasar el infierno de convivir en el colegio con compañeros que les maltratan y les insultan”. En la macroencuesta europea, nueve de cada 10 personas LGBT españolas habían sido testigos durante sus años escolares de afrentas a algún compañero por ser gay o lesbiana. La misma proporción se da de media en el resto de la Unión Europea. Por ello, dos de cada tres habían ocultado siempre o a veces su orientación sexual.

Junio de 2015

Rubén López ayuda a cubrir una papelera de la plaza de Chueca con una bandera gay para asentar allí el libro de condolencias por el fallecimiento del gran impulsor del matrimonio igualitario, Pedro Zerolo. Tiene 35 años, trabaja como ingeniero, se ha casado y también es activista en la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGBT). Cree que la igualdad legal ha servido de mucho. “Nos han hecho creer en nosotros mismos”.

Julia Sevillano acude con su esposa a Hacienda para hacer la declaración de la Renta. La funcionaria las mira. “Estáis casadas, ¿no?”. Y ni levanta la ceja. “Este país estaba totalmente preparado para esto. Se ha asumido como un derecho justo y necesario”, reflexiona ella, “y desde la aprobación de la ley ha cambiado muchísimo para bien. Yo, que tengo media familia francesa. he visto lo duro que ha sido allí, cuando pensábamos que era un lugar muy avanzado”.

Moisés tiene la cabeza dividida entre una oposición y los preparativos de su boda, el próximo mes de septiembre. Se va a casar “por simbolismo, por amor y por dar una cobertura legal a los niños que queremos tener”, dice. La boda y el proyecto de paternidad ha tenido una efecto catalizador en el padre de su novio, José, que ha pasado en un año de rechazar de plano la homosexualidad de su hijo a avalar el crédito para los gastos de la gestación subrogada en Estados Unidos. “El matrimonio no es opinable”, dice Moisés, emocionado, “tiene un efecto muy normalizador”.

Emilio Menéndez ha cumplido los 60. Ha encanecido y en su casa, además de su marido también vive un chihuahua. Lee en algún sitio que España es el país más tolerante del mundo con los homosexuales. “La ley del matrimonio igualitario ha hecho muchísimo no solo por nosotros sino por todos los españoles. Por su libertad”.

Hace 10 años, un presidente del Gobierno aseveraba: “Detrás vendrán otros muchos países impulsados por dos fuerzas imparables, la libertad y la igualdad”. Acertó. Hoy, casarse es legal para gais y lesbianas en 19 naciones. Ese presidente concluía su discurso con esta cita del poeta griego homosexual Constantino Kavafis: “Más tarde, en una sociedad más perfecta, algún otro, hecho como yo, ciertamente surgirá y actuará libremente”.

DOSIER
10 años de matrimonio homosexual en España
El País, 2015-06-30

http://elpais.com/especiales/2015/matrimonio-homosexual/

#hemeroteca #matrimonio #historia | Cómo se consiguió el matrimonio gay

Imagen: El País
Cómo se consiguió el matrimonio gay
La conjunción de activistas y políticos logró la aprobación de una ley pionera. El éxito comenzó al superar la idea de que bastaba una regulación de parejas de hecho
Emilio de Benito | El País, 2015-06-30
http://politica.elpais.com/politica/2015/06/25/actualidad/1435243061_680818.html

En diciembre de 2002, Pedro Zerolo dio una entrevista a El País con motivo de su reelección como presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Al acabar la exhaustiva conversación –dos horas de grabación; Zerolo siempre fue un chorro de ideas- llevó al periodista hasta una mesa de trabajo en su despacho de abogados del paseo de Rosales de Madrid. Sobre ella, desparramados, decenas de folios, impresiones del BOE y fotocopias de códigos marcados y subrayados. En el “off the record” (las declaraciones que se hacen pactando que no se van a publicar), Zerolo, orgulloso, explicó aquellos papeles: “Son el futuro. Las más de 60 leyes que estamos revisando para cuando se apruebe el matrimonio entre personas del mismo sexo”.

No dijo “si se aprueba”. No hubo condicional. Lo expresó como una certeza. Y una novedad. El activismo LGTB vivía tiempos convulsos. No hacía tanto, recuerda Miguel Ángel Fernández, entonces miembro de grupo LGTB del PSOE y secretario del Colectivo Lambda de Valencia, y posteriormente coordinador de la secretaría de Movimientos Sociales del PSOE cuando la dirigió Zerolo, que el objetivo más realista del movimiento era conseguir una ley de parejas de hecho que reconociera derechos básicos (herencia, pensión, acceso a la sanidad) a las uniones del mismo sexo.

Era el camino que se ofrecía entonces. Cataluña había aprobado su ley de parejas en 1998, y después llegaron las de Aragón, Navarra, País Vasco, y hasta comunidades gobernadas por el PP, como la valenciana y Madrid, hicieron las suyas. Además, en 1999 Francia aprobó su contrato de unión civil (PACS), poniendo las bases de lo que todos los participantes en esta historia no dudan en calificar ahora como “un matrimonio de segunda”, pero que, a principios de este siglo, parecía un avance enorme. “En 1991 y 1992, cuando empezamos a militar, bromeábamos sobre que nuestros hijos o, más probablemente, nuestros nietos, verían la legalización del matrimonio igualitario”, dice Toni Poveda, expresidente de la FELGTB.

Los últimos años del siglo XX apuntaban a que, después de siglos discriminados, gais y lesbianas se conformarían con una ley de parejas. De hecho, como recuerda Fernández, en 1997 y 1998 hubo dos manifestaciones en Madrid –“eran en febrero y pasábamos mucho frío”- pidiendo esa ley. No fueron tan multitudinarias como las del Orgullo, que desde 1995 a 2000 habían pasado de la pequeña marcha de decenas de activistas a congregar a miles de personas (ya se hablaba de 500.000 o más), pero sí fueron significativas.

Aquella reclamación tuvo su reflejo en las Cortes. Hasta cinco propuestas se presentaron durante las legislaturas de mayoría del Partido Popular (1996-2004), y el propio partido que dirigía José María Aznar llevó la suya en 1997, que no se llegó a votar. Fue la punta del iceberg de un interés del PP por orillar un problema que crecía por momentos, y que causaba una profunda división entre sus votantes y diputados. El veterano activista Jordi Petit, de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y ex secretario general de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gais (ILGA), relata cómo fue llamado dos veces a La Moncloa, sede de la presidencia del Gobierno, una durante cada una de las dos legislaturas de Aznar. “Fueron encuentros muy discretos, sin ninguna publicidad. Me llamaron para intercambiar opiniones, y ni me pagaron el tren”, recuerda. Él mismo, a través de aquellos encuentros, refleja el cambio de las aspiraciones de la población LGTB. “En el primer encuentro con los asesores de Aznar, pedimos una ley de parejas estatal que reconociera las relaciones de afectividad análogas a la del matrimonio con independencia de su orientación sexual”, recuerda Petit. Aquella fórmula, la de “relación análoga al matrimonio”, había sido acuñada por una abogada, María José Valera, que consiguió por primera vez que se indemnizara como si fuera el viudo a la pareja masculina de un hombre muerto en accidente de tráfico, cuenta Petit. “Más tarde se usó en la ley de arrendamientos urbanos de 1992”, y se mantuvo después.

Pero el propio Petit admite que cuando en la segunda legislatura (2000-2004) le volvieron a llamar, ya la coordinadora catalana había decidido que “no aceptaría leyes gueto”. “Teníamos claro que no entraríamos en una ley de segunda”. La calle ya pedía el matrimonio sin ambages, y que el PP al final no hiciera nada al respecto “fue una suerte”, reflexiona ahora Petit. “No queríamos un sucedáneo, tenía que ser matrimonio sí o sí. Algunos decían que el matrimonio no iba a salir jamás, pero luego se vio que el PACS francés fue un tapón que no reconocía la afectividad y era solo un contrato que, además, dejaba fuera aspectos como la posibilidad de adquirir la nacionalidad de la pareja o la adopción, y han tardado 15 años en regular el matrimonio igualitario”, añade.

Con ese bagaje, el congreso de la FELGTB de 2002 fue una “refundación orientada a la lucha por el matrimonio”, afirma Beatriz Gimeno, quien era presidenta de la asociación cuando se aprobó la ley. Pero hicieron falta una serie de cambios para que esa meta se viera con realismo.

El primero fue la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en 2000 en el congreso del PSOE que le nombró secretario general. El expresidente tuvo una madrina en Trinidad Jiménez, la misma que ofreció a Zerolo ir en su lista para el Ayuntamiento de Madrid en 2003, con lo que dio el salto desde el activismo en los movimientos sociales al de la política formal. “Le presenté a Zapatero a raíz de su entrada en el Ayuntamiento. No cabe duda de que Pedro era muy simpático y tenía mucho liderazgo. Le nombré portavoz de Medio Ambiente para que se construyera un perfil más allá del activismo LGTB, pero él nunca renunció a él. Zerolo participó mucho en la campaña, y, cuando Zapatero le conoció, quedó convencido”.

Nadie duda de aquel flechazo –el propio Zapatero ha admitido que aceptó la necesidad de esa ley por Zerolo-, pero no todo fue cuestión de simpatía. Gimeno cuenta que “al poco de ganar Zapatero el congreso”, fueron convocados a Ferraz, la sede del PSOE en Madrid. “Lo difícil fue convencerle de que pasara de una ley de parejas a la de matrimonio. Cuando nos vimos con él en un sótano de Ferraz al poco de ser elegido, gracias a Leire Pajín, en aquel momento secretaria de Movimientos Sociales del partido, no lo tenía muy claro. Pero hablamos mucho y él dijo que le habíamos convencido y que lo iba a meter en el programa”. Gimeno, que es actualmente diputada autonómica en Madrid, elegida en las listas de Podemos, cree que, en parte, fue relativamente fácil ganar su apoyo “porque nadie pensaba que fuera a ganar” en las próximas elecciones. “Pero una vez metido en el programa él se lo creyó, y nunca más temí por el proceso”, afirma. Jiménez va más allá en la importancia de que Zapatero estuviera convencido: “Con otros líderes del PSOE de entonces la ley no habría salido”, asegura.

Aquel apoyo político fue reforzado con el de otros partidos de izquierda, como IU. “A ellos también tuvimos que convencerles. Su reparo era que decían que casarse era conservador. En una reunión, una diputada me preguntó muy agresiva que por qué queríamos casarnos. Tuve que contestarle que ella se había casado ya tres veces”, cuenta Gimeno.

La lucha en los despachos no les hizo perder la de la calle. En octubre de 2003 los activistas escenificaron su apuesta y acudieron a los registros civiles de Madrid y Valencia a pedir casarse. Contaban con el rechazo, afirman Poveda y Fernández, pero aquella protesta fijó el objetivo. Y, también, dejó dos fotos simbólicas de los protagonistas símbolo de ese cambio. En Madrid, Zerolo, su novio, Jesús Santos, y la pareja formada por Gimeno y Boti García llevaron como testigos a las portavoces del PSOE, Trinidad Jiménez, y de IU, Inés Sabanés. En Valencia, a Fernández y Poveda les acompañaron Carmen Montón (PSOE) y el portavoz de L'Entesa en las Cortes Valencianas, Ramón Cardona.

“Eso fue antes de que fuera diputada nacional”, comenta Montón. Ella formó parte de “una casualidad” que, cuando el PSOE ganó las elecciones de 2004, llevó a buen término la promesa del programa electoral de modificar el Código Civil “a fin de posibilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo y el ejercicio de cuantos derechos conlleva, en igualdad de condiciones con otras formas de matrimonio, para asegurar la plena equiparación legal y social de lesbianas y gais”.

Montón –“una joven de 29 años sin conocimientos jurídicos”, como ella misma se define- se hizo cargo de la portavocía en la Comisión de Igualdad, y Zerolo de la secretaría de Movimientos Sociales en la ejecutiva del PSOE. “Yo era muy atrevida. Convencimos al portavoz del grupo, que era Alfredo Pérez-Rubalcaba, para presentar una proposición no de ley por parte del grupo parlamentario. Bono expresó dudas respecto a la adopción, pero luego nos apoyó”, cuenta. Fernández afirma que fue el propio Zerolo quien pidió a Rubalcaba y a Zapatero ese nombramiento para una diputada joven que se estrenaba esa legislatura, porque quería tener una aliada. Aun así, convencer a los diputados no fue fácil. “No hubo una guerra, pero sí tuvimos que ir uno a uno. Y no solo con los del PSOE; también queríamos que se unieran los de IU, ERC, PNV, CiU. Que fuera todo el mundo a excepción del PP, que sabíamos que se iba a negar”, añade. “Cuando fui a la Comisión de Justicia, hubo muchas preguntas sobre la adopción. Se esgrimieron estudios que eran falsos. Fue como estar ante un tribunal”, afirma.

Aquellos meses crearon “un fuerte vínculo en un pequeño grupo”, dice la diputada: Zerolo, Gimeno, Poveda, Fernández, ella misma… “Era un proyecto muy bonito del que nacieron alianzas indestructibles. Nos llamábamos todos los días, comentando lo que había pasado, preparando argumentarios, adaptándolos”, dice. “Aprendimos mucho”, afirma Poveda. “Por ejemplo, a referirnos a la jerarquía católica, y no a la Iglesia católica, porque teníamos el apoyo de muchas agrupaciones de base y queríamos marcar la diferencia. También que había que contestar con serenidad, sin agresividad”, cuenta.

En aquella lucha política y mediática, contaron con muchos otros cómplices. Fernández recuerda a Ximo Cádiz, que fue secretario de la FELGTB, “y una máquina haciendo argumentarios”. Gimeno menciona el papel de Javier Gómez, entonces tesorero de la FELGTB y militante reconocido del PP (su boda con el abogado Manuel Ródenas fue la única gay que celebró Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde de Madrid). “Él nos contaba lo que pasaba en el partido, y así íbamos preparados”, relata. Precisamente por Gómez y los encuentros personales, Giménez se dio cuenta de que “no todo el PP estaba contra la ley. Muchos tenían hermanos, hijos, amigos, gais o lesbianas, y cuando los veías te decían: ‘Ánimo, lo vais a conseguir”. Aquella división se mantuvo hasta el día de la votación de la ley. Con las invitaciones de los parlamentarios de izquierda agotadas, hubo gais que obtuvieron invitaciones de diputados del PP para asistir a la sesión, aunque los invitadores iban a votar que no.

Poveda añade a la lista de aliados fundamentales a Pilar Blanco Morales, directora de Registros y Notariado, “que sacaba argumentos propios que ni nosotros habíamos previsto, como hizo en un debate con Benigno Blanco, del Foro de la Familia”.

El trámite fue relativamente rápido –lógico si se tiene en cuenta el trabajo previo-, y tuvo una fuerte oposición en las Cámaras y en la calle. El Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto el 1 de octubre de 2004 y el Congreso votó la ley el 30 de junio de 2005. Pero, en medio, los obispos, parte del PP y organizaciones como el Foro de la Familia convocaron una manifestación el 18 de junio como último recurso de protesta. Fue muy numerosa, pero no torció la voluntad del Gobierno. “Aquella vez vi a Zerolo triste. Costaba ver tanto odio”, recuerda Fernández. Doce días después, la ley salió adelante con 187 votos: los de PSOE, ERC, Izquierda Verde, PNV, BNG, CC, CHA y los diputados de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) Carles Campuzano y Mercè Pigem. Celia Villalobos, del PP, también votó a favor. Se abstuvieron los otros cuatro diputados de CDC, y votaron en contra el PP y los diputados de Unió Democràtica de Catalunya (147 votos en total).

Parte de los populares no se resignó, y presentaron un recurso de anticonstitucionalidad. En noviembre de 2012, el tribunal avaló la ley. 31.610 matrimonios después (datos hasta 2014, los últimos que da el INE), de los que el 39% son de mujeres, la normalidad legal de estas parejas es el fruto de toda aquella frenética actividad.

Nos mostramos con orgullo
COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid)

Con motivo del día del Orgullo, el Cogam redacta un manifiesto que recuerda el décimo aniversario de la ley de matrimonio homosexual, el pasado, el presente y el futuro que todavía está por llegar.

Un 28 de junio, arrancó en las calles del Greenwich Village de Nueva York un nuevo grito histórico por la dignidad humana y hoy, 48 años después, volvemos a unirnos con una sola voz para reivindicar que la igualdad no sea sólo formal sino que se convierta en igualdad real.

En España esta manifestación comenzó en Barcelona y ya son varios años los que llevamos reivindicando igualdad, dignidad, respeto, inclusión, diversidad y aunque debemos estar contentos de lo conseguido, el camino no ha sido fácil.

Un camino de obstáculos es difícil de completar pero cuando lo terminas y miras atrás te sientes orgulloso. En muchos momentos de nuestra reciente democracia el Gobierno ha mirado hacia otro lado, nos ha dado la espalda, ha obviado el camino de la igualdad. Pero en otros, España ha sido de los primeros. Este año celebramos el décimo aniversario de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, ley que marcó el gobierno de Zapatero y nos puso a la cabeza en materia de igualdad.

Este año, orgullosos, reivindicaremos "Leyes por la Igualdad Real, ¡YA!". Leyes que hagan de esta sociedad un lugar mejor donde vivir, porque un país diverso es un país que merece la pena. La igualdad es el camino correcto, la no discriminación es la medida para hacer un país inclusivo y pacífico.

Por ello, por quienes no pueden vivir como son, reivindicamos que el gobierno tenga muy en cuenta a la población LGTB+ en los protocolos de asilo. Solicitamos una ley básica que aborde de manera integral las necesidades del colectivo transexual, una ley de igualdad de trato y contra la discriminación; en el terreno educativo es esencial aprobar un conjunto de normas que fomenten el respeto a la diversidad sexual en las aulas, un conjunto de leyes que nos permitan formar una familia, criar y educar a nuestros hijos en igualdad y, entre otras, también consideramos necesario un pacto social contra el estima y la discriminación por VIH/sida.

La diversidad en su propia definición es inclusiva y por eso vamos de la mano en nuestra lucha con la población inmigrante, con el pueblo gitano, con las personas con discapacidad... Con todos y todas que de un modo u otro sufren discriminación por su diferencia, que es precisamente lo que nos hace grandes e iguales. Seguiremos siendo activistas, peleando por una sociedad que nos trate a todos por igual, una sociedad más justa en la que poder vivir.

Esto es lo por lo que lucharemos y no pararemos hasta conseguirlo porque si algo hemos aprendido de nuestro querido presidente Pedro Zerolo, es que merece la pena pelear para que todos los españoles se puedan sentir orgullosos por convivir en igualdad.
 
DOSIER
10 años de matrimonio homosexual en España
El País, 2015-06-30

http://elpais.com/especiales/2015/matrimonio-homosexual/