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viernes, 5 de febrero de 2016

#hemeroteca #lesbianismo | Patricia Highsmith y el amor entre mujeres.

Imagen: Google Imágenes / Patricia Highsmith
Patricia Highsmith y el amor entre mujeres.
Aunque la escritora sabía que una visión positiva de su sexualidad le estaba vetada, con ardor juvenil se lanzó a escribir esa pasión.
M. Ángeles Cabré | El País, 2016-02-05
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/04/actualidad/1454582425_178964.html

Las fotos del exilio suizo de la escritora Patricia Highsmith (1921-1995) la muestran cejijunta y rodeada de gatos. En esos últimos años vivió recluida en una aldea de apenas doscientas almas, amenizando las horas con la lectura del Herald Tribune. Era la misma autora que en 1952 había visto censurada por sus propios editores la novela 'Carol', un canto a las relaciones lésbicas que ella misma practicó. Se vio obligada a publicarla bajo pseudónimo, Claire Morgan, y con el título de 'El precio de la sal'. Y es que los años cincuenta fueron los años del estilo 'pin-up', pero también de la eclosión de “la mística de la feminidad” que Betty Friedan tan bien diagnosticaría en el ensayo del mismo título.

La literatura de temática lésbica arrastraba por aquel entonces un pasado bastante oscuro: las lectoras de inclinaciones sáficas habían tenido que zambullirse en 'El pozo de la soledad', de Radclyffe Hall, para extraviarse después en 'El bosque de la noche', de Djuna Barnes. Y aunque la autora sabía que una visión positiva de su sexualidad le estaba vetada, con ardor juvenil se lanzó a escribir la pasión amorosa de la sofisticada Carol por Therese, la vendedora que es en realidad un trasunto de la autora, quien en una navidad neoyorquina, trabajando como dependienta en los grandes almacenes Bloomingsdale’s, se vio subyugada por la aparición de una clienta. Acabada la jornada llegó a casa, tomó la pluma y escribió el argumento de 'Carol' de un tirón. Pensar que ese trabajo ocasional le permitió pagarse el psicoanálisis que le llevó a no casarse con su novio de entonces, hace la historia de la gestación de la novela aún más genial.

'Carol' tuvo que esperar casi cuarenta años para recuperar su autoría y ostentar su título original. Entonces fue un rotundo éxito, pues el amor entre mujeres había dejado de ser un tabú. Ignoramos si la película de Haynes le hubiera gustado, teniendo en cuenta que de entre las adaptaciones cinematográficas de sus novelas, como 'Extraños en un tren', que Hitchcock llevó al cine, tan solo salvaba 'A pleno sol', protagonizada por Alain Delon.

Sí es en cambio seguro que ver a Cate Blanchett y a Rooney Mara la pasada primavera pisando la alfombra roja de Cannes le hubiera hecho esbozar una enigmática sonrisa. Aunque visto lo que sucedió con 'La vida de Adèle' en países no muy lejanos, 'Carol' no tardará en ser incluida en el índice de las películas prohibidas.

M. Ángeles Cabré es escritora y crítica literaria. Dirige el Observatorio Cultural de Género.

jueves, 4 de febrero de 2016

#hemeroteca #cine | El cine en un pálpito

Imagen: El Mundo / Fotograma de 'Carol'
El cine en un pálpito.
Luis Martínez | Metrópoli, El Mundo, 2016-02-04

http://www.metropoli.com/cine/2016/02/04/56b34875e2704ef93d8b45f1.html

Justo cuando ‘Breve encuentro’ llega a su fin, su protagonista (Celia Johnson) acierta a pronunciar una de esas declaraciones que, de puro en llamas, erizan el vello de la retina. Tan cursi tan real. En el momento de la despedida de un amor fugaz consumido a pie de andén, se oye: "Este sufrimiento no puede durar... Nada dura realmente. Ni la felicidad ni la desesperación. Ni siquiera la vida dura tanto. Llegará un día... en el que pueda mirar atrás y decir en paz y tranquilidad lo tonta que fui... ¡No, no, no quiero que ese momento llegue nunca! Quiero recordar cada minuto, siempre, siempre hasta el fin de mis días".

Todd Haynes cita el trabajo de David Lean para intentar explicar el punto exacto en el que ‘Carol’, su película, se rompe por dentro, se hace grande. Y acierta. Hay una línea tenue pero precisa que une una obra maestra con la otra. Pues de eso se trata. La cinta del director de ‘Lejos del cielo’ aparece en la pantalla con la contundencia precisa de lo que, como diría la propia Celia Johnson, no se quiere olvidar "hasta el fin de los días".

Basada en el relato homónimo de Patricia Highsmith, ‘Carol’ cuenta el encuentro de dos mujeres en el Nueva York de los años 50. Se trata, sencillamente, de una historia de amor. No hay más. Como en el texto original, la idea es describir el lento proceso que va desde el descubrimiento a la aceptación, desde la sorpresa al tacto de la piel. La piel dulce. Y todo ello, con la sensación de un animal acosado; en permanente estado de peligro.

Se diría que la arquitectura de la película conserva el rastro de un relato de suspense. En la conservadora sociedad de la época, el amor lésbico es una amenaza. Y esa evidencia permanece al lado del espectador todo lo que dura ‘Carol’. Cada plano, siempre de una exactitud abrumadora, transmite la sensación de, otra vez, el fin de los días. Cada secuencia, sencillamente, vibra. Todo discurre entre vaho de unos cristales empañados. Es el dolor, o el miedo quizá, quien no deja ver con nitidez.

La cámara se mueve entre los cuerpos acechante, más pendiente de lo que oculta que de lo que se muestra. Y es ahí, en la pulsión de lo incierto, donde Haynes levanta un extraño artefacto en vibración permanente. Como el gesto sorprendido y aún cálido por el tacto, ‘Carol’ es una película que se ve por dentro. Y así hasta romperse en dos.

Therese (Rooney Mara), joven empleada por accidente de unos grandes almacenes, se encuentra con Carol (Cate Blanchett), una sofisticada mujer que vive el castigo de un marido no tan elegante. Lo que sigue no es más que la detallada descripción de una herida. El universo que describe Haynes nada tiene que ver con las imágenes pastel de una película de época. Tanto el trabajo de dirección de arte como, más importante, el de fotografía firmado por Edward Lanchman, están al servicio de la reconstrucción realista de un mundo mítico y a la vez sucio, empañado decíamos. La idea es capturar la temperatura precisa de la modernidad que irrumpe.

Si en ‘Lejos del cielo’ el director reinventaba las reglas del ‘melo’ según Douglas Sirk, ahora, en un ejercicio aún más sofisticado, se trata de desnudar la narración de cualquier artefacto dramáticamente postizo. Sólo importa la descripción exacta de la emoción, de la pausa, del hallazgo cálido de la piel, de la fiebre.

El resultado es una película inmensa en su perfección; deslumbrante hasta el agotamiento. El trabajo de Blanchett es algo más que simplemente preciso. No hay rastro de la espectacular transformación en Bob Dylan que hiciera 'I'm not here'. Esta vez todo es más tenue y, al mismo tiempo, mucho más intenso. Todo, de nuevo, por dentro. En ningún momento, la actriz se adelanta ni se retrasa a la exigencia de un personaje que se debate entre la necesidad y el miedo; en el angustia y la esperanza; entre el amor y el amor.

Así, toda la película se vive en un pálpito. Nada sobra porque nada la falta. Se trata de apenas un breve encuentro con el cine empeñado no tanto en durar como en vibrar, en romperse por dentro. "Nada dura realmente. Ni la felicidad ni la desesperación", dice Celia Johnson como la agria evidencia de lo que pasa. Y acto seguido, se levanta contra el rigor de lo pueril: "Quiero recordar cada minuto". Era esto.

Y TAMBIÉN…
Todd Haynes: "Aquí se habla de lo radical que puede ser el amor".
El director californiano dirige un drama romántico nominado a seis Oscar que retrata una relación lésbica en los años 50.
Marianne Smith | Metrópoli, El Mundo, 2016-02-05
http://www.metropoli.com/cine/2016/02/04/56b3394422601d0f3c8b464b.html
Cate Blanchett: "¿Si soy lesbiana? Eso no debería interesar a nadie".
"Esto es como el amor de Romeo y Julieta pero entre Julieta y Julieta".
Luis Martínez | El Mundo, 2016-02-04

#hemeroteca #cine | Una historia de pasión

Imagen: El País / Fotograma de 'Carol'
Una historia de pasión.
Parece una película filmada por Douglas Sirk: con su sensibilidad, su brillante barroquismo, su espectacular tratamiento de la luz.
Javier Ocaña | El País, 2016-02-04
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/04/actualidad/1454582934_775912.html

"Tenía los ojos grises, incoloros pero dominantes como la luz o el fuego (...). La mujer también miraba a Therese (...). Luego la vio avanzar lentamente hacia el mostrador y el corazón le dio un vuelco recuperando el ritmo. Sintió cómo le ardía la cara mientras la mujer se acercaba más y más", escribió Patricia Highsmith en ‘Carol’. La radiografía de una excitación física, quizá también mental, que se produce interiormente y lucha por salir al exterior. En apenas un párrafo, como en tantas otras grandes novelas. No como en tantas otras: dos mujeres. En 1952 Highsmith logró publicar ‘Carol’, una historia de amor prohibido. Tan prohibido que en el cine de los años cincuenta hubiera sido impensable su adaptación. Llega ahora, en 2016, gracias al trabajo de Todd Haynes, empeñado en reconstruir el cine de aquella década con la libertad de ésta.

‘Carol’ parece una película filmada por Douglas Sirk: con su sensibilidad, su brillante barroquismo, su espectacular tratamiento de la luz, su sabor a melodrama. Pero Sirk a lo máximo que pudo llegar, código Hays de por medio, fue a narrar una historia de amor interclasista, un jardinero y una viuda rica, en ‘Sólo el cielo lo sabe’ (1955). Haynes, que ya abordó esa reelaboración en ‘Lejos del cielo’ (2002), subiendo un escalón en materia homosexual y relación interracial, se acerca ahora a Highsmith, que escribió su novela inspirada por un encuentro real con aquella señora de ojos grises sobre la que elucubró en su máquina de escribir. Como los grandes narradores cinematográficos, Haynes y Phyllis Nagy, su guionista, no transcriben el libro: eliminan secundarios o los reducen a la mínima expresión; también diálogos; y construyen una película más conceptual, de miradas y sensaciones más que de palabras o intrigas. Además, varían la estructura comenzando por una escena prólogo que da paso a un larguísimo ‘flashback’, lo que potencia su dramatismo a lo ‘Breve encuentro’.

Haynes utiliza la puesta en escena para guiar emocionalmente al espectador sin que este se dé cuenta (esos planos de la magnífica Rooney Mara, como Blanchett, en el extremo izquierdo del encuadre, para mostrarlo a la deriva), y como ya hicieran Hitchcock y Powell en los cincuenta (el restaurante de ‘Vértigo’, en la memoria), aplican los dominantes colores rojo y verde en un mismo plano como elemento dramático además de estético: los jerseys de las protagonistas en la cafetería. ‘Carol’ es estética, pero también ética. Es gran cine. Es amor y pasión. Es Sirk, redivivo y actualizado.

martes, 2 de febrero de 2016

#hemeroteca #lesbianismo | La novela homosexual que censuraron a Patricia Highsmith

Imagen: El Español / Fotograma de Carol
La novela homosexual que censuraron a Patricia Highsmith.
El viernes llega a los cines 'Carol', basada en la obra que la autora tuvo que escribir bajo el seudónimo de Claire Morgan.
Javier Zurro | El Español, 2016-02-02
http://www.elespanol.com/cultura/20160202/99240295_0.html

“Sus brazos se cerraban alrededor de Carol y sólo tenía conciencia de Carol, de la mano de Carol que se deslizaba sobre sus costillas, del pelo de Carol rozándole sus pechos desnudos, y luego su cuerpo también pareció desvanecerse en ondas crecientes que saltaban más y más allá de lo que el pensamiento podía seguir”.

Esta descripción de un encuentro sexual entre dos mujeres se publicó hace casi 60 años. Si todavía hay ciertos sectores que se escandalizan por la promoción de un restaurante que incluye a dos personas del mismo sexo, imaginen cómo fue recibida en 1952 la novela ‘El precio de la sal’, de una joven autora desconocida llamada Claire Morgan.

Todavía quedaban tres años para que se fundara en San Francisco la primera asociación lésbica y doce para la primera manifestación en favor de los derechos de los homosexuales en EEUU a la que acudieron sólo diez personas. Los años 50 fueron dominados por la represión y por las políticas del senador McCarthy, que junto al Secretario de Estado John Puerifory declararon que había una “homosexualidad clandestina” que anticipaba una “conspiración comunista”.

Quizás por ello la autora eligió el anonimato a pesar del millón de unidades de bolsillo vendidas. ‘El precio de la sal’ ni siquiera fue reeditado y parecía desaparecido de las librerías hasta que en 1989 volvió con una sorpresa incluida. El nombre del libro se había cambiado por el de ‘Carol’, y su autora decidía en ese momento desvelar su verdadera identidad. Detrás de esta historia de amor se encontraba Patricia Highsmith que, por recomendación de sus editores, firmó su obra más personal con otro nombre para no ser encasillada como “escritora lesbiana”.

Entonces Highsmith acababa de arrasar con ‘Extraños en un tren’, que además se convirtió en un pelotazo de cinematográfico de la mano de Alfred Hitchcock. Los responsables del negocio tenían claro que puestos a poner etiquetas preferían la de 'reina del misterio' a la de 'reina de la literatura homosexual'.

Pero la autora, que también abordó el tema de manera secundaria en la saga de Ripley, decidió casi 40 años después que era hora de contar la verdad. De explicar que ella fue esa Carol que se quedó prendada de otra mujer cuando trabajó en la sección de juguetes de unos grandes almacenes. Para desquitarse escribió un prólogo en primera persona en el que se abría en canal y explicaba el proceso de creación de una obra que surgió “de mi pluma como si nada”.

Escribió un tratamiento en menos de dos horas, pero se quedó en un cajón. Sus editores querían que tras el éxito del filme de Hitchcock escribiera otro libro del mismo género para reforzar su reputación.

Condenados a un final trágico
“Si escribía una novela sobre relaciones lésbicas, ¿me etiquetarían entonces como escritora de libros de lesbianismo? Era una posibilidad, aunque también era posible que nunca más tuviera la inspiración para escribir un libro así en toda mi vida”, contaba Highsmith, que por ello decidió presentarlo bajo un seudónimo.

Su editorial habitual, Harper & Bros, rechazó el libro, así que buscó otra que se atreviera. Las críticas fueron positivas, pero el éxito llegó un año después. Las cartas de los fans de la novela llegaban sin parar a la atención de Claire Morgan. La propia Highsmith respondió en persona, sin desvelar su verdadera identidad, varias de ellas y fue allí cuando se dio cuenta de que ‘Carol’ había supuesto un antes y un después en el tratamiento del amor homosexual en la literatura.

“Antes de este libro, en las novelas estadounidenses, los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad, o cayendo en una depresión infernal”, recordaba la autora en ese prólogo en el que confiesa que fue precisamente su “final feliz” lo que emocionó a gais y lesbianas.

Echando la vista atrás Patricia Highsmith veía a su alter ego, Therese, como “demasiado timorata”, pero no podía ser de otra forma en unas décadas en las que la homosexualidad se vivía en la clandestinidad. Una época en la que los “bares gais eran sitios secretos y recónditos y la gente que quería ir bajaba una estación antes o después para no aparecer como sospechosa de homosexualidad”.

Los tiempos han cambiado, o puede que no. Este viernes llega a las pantallas la adaptación cinematográfica de ‘Carol’. Lo hace de la mano de Todd Haynes y con Cate Blanchett y Rooney Mara como la pareja de amantes. Tras su pase en Cannes la crítica acabó rendida. Todos coincidían en que era una de las mejores obras del año y que merecía un hueco importante en los próximos Oscar. Sin embargo la Academia de Hollywood ha vuelto a dar la espalda a la homosexualidad, como lo hizo cuando dio el premio a la Mejor película a ‘Crash’ en vez de a ‘Brokeback Mountain’.

A ellos Patricia Highsmith les hubiera dedicado las mismas líneas con las que cierra el prólogo que escribió en 1989: “Me gusta evitar las etiquetas, pero, desgraciadamente, a los editores estadounidenses les encantan”.