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martes, 31 de diciembre de 2019

#hemeroteca #testimonios | Cómo es posible que los amigos de Freddie Mercury sigan recibiendo regalos del cantante 28 años después de su muerte

Imagen: El País / Freddie Mercury
Cómo es posible que los amigos de Freddie Mercury sigan recibiendo regalos del cantante 28 años después de su muerte.
Los grandes almacenes londinenses Fortnum & Mason cumplen con una de las últimas peticiones del líder de Queen.
Óscar Tévez | Icon, El País, 2019-12-31

https://elpais.com/elpais/2019/12/29/icon/1577622769_180200.html

Freddie Mercury (Tanzania, 1946 - Londres, 1991) falleció el 29 de noviembre de 1991 en su casa de Kensington. Tan solo 24 horas después de que confesara al mundo aquello que muchos de sus seguidores y periodistas habían temido durante las últimas semanas: el carismático líder de Queen había contraído el sida. "Creo que ha sido conveniente mantener esta información en secreto para proteger la intimidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado el momento de que mis amigos y mis fans de todo el mundo sepan la verdad y espero que todos se unan a mis doctores y aquellos que luchan contra esta terrible enfermedad", explicaría el artista en el comunicado.

Mercury pasó los últimos meses en su mansión londinense, donde vivía con su novio Jim Hutton (juntos desde hacía seis años) y cinco gatos que habían adoptado, componiendo y disfrutando de sus amigos, sí, pero también cerrando todos los cabos sueltos para cuando él que ya no estuviera. A Hutton le pidió que todo sucediera rápido. "Quería que todo se acabara cuanto antes, con el mínimo alboroto posible. A él le habría gustado que lo incineraran el mismo el mismo día de su muerte para acabar de una vez con todo y que todo el mundo pudiera volver a la normalidad", revela su pareja en 'Freddie Mercury: la biografía definitiva'. A su exmujer y mejor amiga, Mary Austin, a quién dejaría la mansión Garden Lodge y la mitad de su herencia, le susurró qué le gustaría hacer con sus cenizas. Una voluntad que a día de hoy sigue siendo un misterio.

También los grandes almacenes londinenses Fortnum & Mason cumplen desde hace 28 años con una de las últimas peticiones del cantante: enviarle una cesta de Navidad a cada una de las personas que dejó anotadas en una lista. "Pensamos que es un gesto encantador, que sabemos que se repite cada año", comentaba un portavoz de los almacenes al medio 'Mirror'. Cada una de las cestas corren a cargo de la herencia de Freddie Mercury, quién defendía que el dinero no puede comprar la felicidad, pero puede muy bien darla. "Un pequeño regalo, un gesto, un detalle... significa mucho más que alguien que te compre el Big Ben", llegó a afirmar en su momento.

Elton John, íntimo del líder de Queen, fue el primero en recibir uno de sus inesperados regalos en la mañana de Navidad de 1991, apenas un mes después del fallecimiento de su amigo. "Apareció un amigo en la puerta de mi casa y me entregó algo envuelto en una preciosa funda de almohada. Lo abrí y dentro había una acuarela de uno de mis pintores favoritos. Venía con una nota de Freddie que decía: 'Querida Sharon, vi esto en una subasta y pensé que te encantaría. Te quiero, Melina", recuerda el cantante en el libro 'Love is the cure: On life, loss and the end of AIDS'. "Fue realmente conmovedor. Se estaba muriendo y todavía pensaba en sus amigos. Todavía tengo la sábana al lado de mi cama. Ese era el tipo de persona que era. Estaba tan lleno de amor y vida", rememora el cantante. Los nombres tampoco están escogidos al azar. Freddie era Melina y Sharon, Elton John. "Eran como nuestros alter egos de ‘drag queen’", explicaría el británico en el libro.

No es el único que alabaría su generosidad. Su amigo y asistente personal Peter Freestone, conocido como Phoebe, comentaría lo importante que era para Mercury celebrar las fechas importantes. "Tenía un libro de cumpleaños con la fecha de nacimiento de todos sus amigos. Quería asegurarse de que no se olvidaba de ninguno", revelaría en una entrevista a 'Express Online'. "Si conocía a alguien y le gustaba, sacaba el libro y anotaba su cumpleaños en él. También enviaba una nota de agradecimiento después de una cena agradable. Era un auténtico caballero".

domingo, 2 de diciembre de 2018

#hemeroteca #testimonios #vih | La historia detrás de las dos últimas fotografías de Freddie Mercury, hechas poco antes de su muerte

Imagen: El País / Freddie Mercury
La historia detrás de las dos últimas fotografías de Freddie Mercury, hechas poco antes de su muerte.
Fueron tomadas en la primavera del mismo año en el que murió. Aparece relajado, muy delgado, sin bigote, junto a su gato Óscar. La persona que se las hizo le acompañó hasta su último aliento.
Noelia Fariña | Icon, El País, 2018-12-02
https://elpais.com/elpais/2018/11/28/icon/1543401746_945856.html

Tiene una sonrisa relajada. Está extrañamente sin bigote. Delgado. Mucho. Con una camisa hawaiana que le queda holgada y unos pantalones de pinzas con el tiro hasta el ombligo. Está en el jardín de su casa en lo que parece un día soleado. Cuando se disparó esa foto tenía 44 años. Unos pocos meses después, muy cerca de ese jardín, en el dormitorio de su mansión londinense (a la que llamó Garden Lodge), Freddie Mercury, una de las estrellas del rock más queridas de la historia, moría a causa del sida.

La mayoría de los estudiosos de la vida de Freddie Mercury (1946-Tanzania, 1991-Londres) señalan que estas que se ven en este artículo son las dos últimas fotos tomadas al cantante de Queen. Fue en primavera de 1991: él moriría ese mismo año en noviembre. Al menos son las últimas fotos en las que él posa (existe otra, capturada a traición por un paparazi y publicada en el tabloide ‘Daily Mirror’).

Las imágenes están tomadas por Jim Hutton, su pareja durante sus últimos seis años de vida. Cuando el cantante descubrió su enfermedad quiso terminar la relación con Hutton, pero este no quiso ni oír hablar del tema. "Te quiero, Freddie. No voy a ir a ningún sitio", le contestó. Y así fue. Y el caso es que la relación entre los dos no empezó muy bien. Se conocieron en un local en 1984. Pero en ese momento Hutton tenía pareja y rechazó a Mercury.

"John Alexander, mi novio por aquel entonces, fue al cuarto de baño y un tipo aprovechó para coquetear conmigo. Yo tenía 34 años y él un poco más. Estaba vestido informalmente con jeans y un chaleco blanco y, como yo, llevaba bigote. Era delgado y no el tipo de hombre que yo encontraba atractivo. Prefería los hombres más grandes y toscos. 'Te invito a tomar una copa', me dijo. Yo tenía mi cerveza casi llena y contesté: 'No, gracias'. Después me preguntó qué estaba haciendo esa noche. 'Sería mejor que se lo preguntaras a mi novio', le dije". Así relata Hutton en su libro ‘Mercury y yo’ cómo fue su primer encuentro con el cantante, y cómo rechazó a toda una estrella del rock.

Cuando su novio volvió del baño, Hutton le contó que alguien acaba de intentar ligar con él. "Le señalé quién había sido y me dijo: '¡Ese es Freddie Mercury!'. Algo que para mí no significó nada porque nunca estuve a la última en música y no había oído hablar de Queen. John, por su parte, se sintió halagado por el hecho de que un cantante famoso se hubiera interesado en su chico", afirma Hutton en su libro.

Sin embargo, el destino quiso que se encontrasen dos años después, en 1986, en otro club nocturno. Hutton estaba entonces soltero y aceptó la proposición del artista para salir a cenar. Y ya no se separaron más. Hutton pasó a trabajar como peluquero y estilista del artista. "La reacción de Freddie ante su enfermedad fue de total incredulidad. No se hundió hasta las últimas semanas, cuando realmente se estaba muriendo", recordó Hutton.

En una de estas dos últimas fotografías a Freddie Mercury le acompaña Oscar, uno de los cinco gatos que adoptó. Pocos meses después de que se tomara la instantánea, tanto el animal doméstico como el artífice de esta improvisada sesión fotográfica (Hutton) permanecerían al lado del músico durante sus últimas horas de vida. Días antes, Mercury se había asegurado de que sus mascotas recibieran los cuidados necesarios una vez él no estuviera para velar por ellos.

La muerte de Mercury ocurrió poco antes de que los avances científicos permitieran tratar y aliviar los síntomas del sida. "Si todo hubiera ocurrido un poco más tarde, Freddie todavía estaría con nosotros gracias a los avances en la investigación del sida. Estoy seguro", declaró Brian May, guitarrista de Queen, a ‘Sunday Times’.

“Freddie me dijo que, cuando muriera, quería que se lo llevaran de inmediato. Quería que todo se acabara cuanto antes, con el mínimo alboroto posible. A él le habría gustado que lo incineraran el mismo día de su muerte para acabar de una vez con todo y que todo el mundo pudiera volver a la normalidad”, revela Hutton en ‘Freddie Mercury: la biografía definitiva’, el libro escrito por Lesley Ann-Jones.

En su testamento, Mercury dejó la mansión Garden Lodge que aparece en las imágenes (valorada en 22,5 millones de euros de la época) y la mitad de su fortuna (y futuras ganancias por derechos de autor) a Mary Austin,la mujer con la que convivió durante seis años, hasta que Mercury le reveló que era gay en 1976. A su novio, Jim Hutton, que le acompañó hasta que exhaló su último aliento, Freddie dejó 560.000 euros. Tras la muerte del cantante, Hutton tuvo que pasar por el trago de abandonar la casa donde había convivido casi seis años con el cantante: Austin pidió a Hutton que dejara la mansión. De hecho, Austin (que hoy tiene 68 años) sigue viviendo en esa casa.

Sin muchas opciones, Jim Hutton decidió regresar a su Irlanda natal, donde vivió hasta que falleció de cáncer en 2010, con 61 años. Eso sí, publicó el libro ‘Mercury y yo’. "Lo escribí para aliviar todo el dolor que sentía", explicó en una entrevista donde promocionaba el libro.

"Una vez le pregunte por qué, de todas las personas del mundo que podía haber tenido me había elegido a mí para pasar los últimos momentos de su vida. Me miro y me dijo: 'Luchaste por mí, me ganaste'. Freddie fue el mayor amor de mi vida y sé que nunca volveré a amar así", reveló Jim Hutton en ‘Mercury y yo’.

jueves, 24 de noviembre de 2016

#hemeroteca #testimonios | 25 años sin Freddie Mercury: el impactante relato de sus últimos momentos

Imagen: Diario Registrado / Jim Hutton y Freddie Mercury
25 años sin Freddie Mercury: el impactante relato de sus últimos momentos.
Freddie Mercury fallecía un 24 de noviembre de 1991 en su mansión de Garden Lodge, en Kensington, hace exactamente 25 años. Pero fue recién en 1994 que su última pareja, Jim Hutton, publicó un estremecedor artículo en el diario británico, The Guardian, dando detalles de los últimos momentos del cantante, y desmintiendo algunas versiones que había instalado la prensa. El texto es tan emocionante como triste.
Diario Registrado, 2016-11-24
http://www.diarioregistrado.com/no-se/25-anos-sin-freddie-mercury--el-impactante-relato-de-sus-ultimos-momentos_a5836ec839bfd993f295b2380

Fue Jim Hutton, junto con otros dos colaboradores, quienes estuvieron con Freddie Mercury hasta sus últimos momentos. De hecho, Hutton -quien fuera su pareja durante 7 años- estuvo en el momento en que el cantante dio su último suspiro.

En aquel momento, la prensa británica ya había hecho girar el rumor sobre una posible enfermedad de Freddie. Pero el cantante, por cuestiones personales, lo mantuvo en secreto. Increíblemente, cuando decidió darlo a conocer a través de un comunicado, terminó falleciendo al día siguiente.

El comunicado fue el siguiente: "Siguiendo la enorme conjetura de la prensa de las últimas dos semanas, es mi deseo confirmar que padezco SIDA. Sentí que era correcto mantener esta información en privado hasta el día de la fecha para proteger la privacidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado la hora de que mis amigos y seguidores conozcan la verdad y espero que todos se unan a mí y a mis médicos para combatir esta terrible enfermedad. Mi privacidad ha sido siempre muy importante para mí y soy famoso porque prácticamente no doy entrevistas. Esta política continuará".

Luego de la muerte del cantante las versiones siguieron. Por eso, su última pareja de los últimos años escribió un importante artículo en el diario británico fechado el 22 de octubre de 1994.
"Contrariamente a algunas noticias en la prensa de la época, el dormitorio de Freddie nunca se convirtió en un minihospital. Tenía un gotero a su derecha por si necesitaba una transfusión de sangre, pero todo lo demás de la habitación estaba exactamente como había sido siempre. En los últimos días Freddie dejó de comer alimentos sólidos, sólo comía frutas y bebía zumos (…).

La mañana del jueves 21 de noviembre fue un día muy triste para mí. Fue la última vez que Freddie apareció en la ventana de su habitación gritando 'cooee' y yo sabía que el final estaba muy cerca. Esa noche tuve especial cuidado de él. Se quedó dormido y me acosté a su lado en la cama. Sólo tenía que darme suavemente con el codo y ya estaba despierto para lo que quisiera.

Al amanecer ya estaba despierto, tranquilamente viendo la televisión. Freddie estaba todavía dormido, acurrucado en mi brazo y aferrándose a mi mano. De vez en cuando me la apretaba suavemente. '¿Me quieres?', me preguntó al despertar. Hoy más que nunca necesitaba oír lo mucho que le querían. 'Sí, te quiero', susurré y le besé en la frente. (…) Freddie durmió durante gran parte del día siguiente y por la tarde subí a verlo. Estábamos acostados en la cama cuando me preguntó qué hora era.– 'Son las ocho"', le dije.– 'Pronto el mundo entero lo sabrá', suspiró mirándome con ojos tristes. Este fue el primer indicio de que había algo que estaba pasando.

'Cuando Freddie asintió con la cabeza me fui abajo y le conté a Joe [Fanelli, ex amante y cocinero de Mercury] lo que me había dicho. Confirmó que se había preparado un comunicado explicando su condición. Estaba previsto que se emitiera a medianoche. Yo no tenía que ocuparme de Freddie el sábado por la noche, sino Joe. Pero se había ido al gimnasio, luego a tomar una copa y ya no apareció. Estaba con Freddie en su habitación alrededor de las 10 cuando se agitó terriblemente. No dejaba de preguntarme dónde había ido Joe.– '¿Por qué, cuál es el problema?', pregunté.– 'Bueno, tengo que tomar mi medicina'– 'Oh, eso no es un problema', contesté. 'Te puedo dar yo las pastillas. ¿Cuáles son?'. Él sabía exactamente cuáles eran las tres o cuatro que necesitaba. Analgésicos. Había estado tomando AZT, pero lo dejó junto a todas las demás. (…)

Freddie se despertó de nuevo a las seis de la mañana y pronunció lo que serían sus últimas palabras: 'Pis, pis'. Quería que le ayudara a ir al baño. Estaba terriblemente débil y tuve que llevarle en brazos. Al colocarle de nuevo en la cama oí un crujido ensordecedor. Sonaba como un si se le rompiera algún hueso, partiéndose como la rama de un árbol. Gritó de dolor y le dio una convulsión. Llamé a Joe a gritos. Le necesitaba para sujetar a Freddie a la cama para dejar de hacerse daño a sí mismo.

Con los años, Joe había visto Freddie tener un ataque de ansiedad tras otro y sabía exactamente cómo manejarlo, sujetándolo hasta que la ansiedad cedía. Le dijo: 'Freddie, cálmate'. Entonces Freddie lanzó su mano directa a la garganta de Joe. Era como un hombre que se ahoga luchando por conseguir un poco de aire. Joe se liberó de las garras de Freddie y, finalmente, le calmó. Luego, exhausto por el esfuerzo, Freddie se quedó rápidamente dormido. Llamamos al doctor Atkinson, que se acercó y le dio una inyección de morfina que le ayudara a tirar adelante. Joe me dijo después que Freddie era alérgico a la morfina, pero a estas alturas ya parecía no importar.

Mary [Austin, su mejor amiga] llegó más tarde y nos reunimos en la cocina, a la espera de escuchar el pronóstico del doctor Atkinson. Nos dijo: 'Freddie probablemente durará hasta el jueves'. Joe y yo nos miramos el uno al otro. Ambos sabíamos que no podría durar tanto. (…) El doctor Atkinson se quedó en casa toda la tarde y se fue poco después de las seis y media. Le di las gracias por haber estado tanto tiempo, le vi salir y luego volví a entrar para estar con Freddie.

Pidió ir al baño. Después de las terribles convulsiones que había tenido por la mañana después de ir al baño, no me atreví a lidiar con él otra vez con una sola mano. Corrí escaleras abajo y me encontré a Phoebe [seudónimo de Peter Freestone, que ayudaba al cuidado personal de Mercury]. Cuando llegamos al piso de arriba, Freddie había mojado la cama. Phoebe me miró y preguntó: '¿Cambiamos las sábanas?'– 'Más vale', contesté. 'Si no lo hacemos y se despierta y se pondrá de mala leche'. No sé por qué dije eso, tal vez fue mi subconsciente tratando de hacer ver que las cosas eran menos graves que la realidad. Phoebe comenzó a cambiar la cama mientras yo me ocupaba de Freddie. Cuando le estaba poniendo una camiseta limpia y un par de calzoncillos, sentí que trataba de levantar la pierna izquierda para ayudar un poco. Fue lo último que hizo. Bajé la vista hacia él, sabiendo que estaba muerto.

– 'Phoebe', grité. 'Me temo que se ha ido'. Puse mi brazo debajo del cuello de Freddie, lo besé y lo abracé. Sus ojos seguían abiertos. Recuerdo la expresión de su rostro y cuando me voy a dormir cada noche aún está ahí, frente a mí. Estaba radiante. (…) Detuve la manecilla del reloj de cuerda que estaba junto a la cama. Se lo había regalado a Freddie porque me dijo que siempre había querido uno. Ponía que eran las siete y 12 minutos. Nunca lo he vuelto a poner en marcha".