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miércoles, 24 de mayo de 2023

#hemeroteca #inmemoriam | Muere a los 96 años Kenneth Anger, realizador de cine ‘queer’ y ocultista, y escritor de los libros de cotilleos ‘Hollywood Babilonia’

El País / Kenneth Anger //

Muere a los 96 años Kenneth Anger, realizador de cine ‘queer’ y ocultista, y escritor de los libros de cotilleos ‘Hollywood Babilonia’

Fabulador de los años dorados del cine de estudios de EE UU, amigo de The Rolling Stones o Jimmy Page, el cineasta influyó en la obra de David Lynch, Gaspar Noé o John Waters
Gregorio Belinchón | El País, 2023-05-24
https://elpais.com/cultura/2023-05-24/muere-a-los-96-anos-kenneth-anger-cineasta-del-cine-queer-ocultista-y-escritor-de-los-libros-de-cotilleos-hollywood-babilonia.html

Fue un enorme fabulador. En el cine, en los libros, incluso a la hora de recordar su vida. Y también un creador adelantado a su tiempo y a la vez muy del siglo XX. Este miércoles ha fallecido a los 96 años Kenneth Anger, ha anunciado la galería de arte Sprüeth Magers (con sedes en EE UU y Europa), donde había expuesto sus últimos trabajos, y sin dar más datos de su muerte. En Anger convivió el cineasta experimental apasionado del cine ocultista, que abrió camino a nuevas generaciones de directores ‘queer’, como John Waters, o apasionados por lo onírico en la pantalla, como David Lynch, o de las imágenes turbadoras, como Gaspar Noé, con el escritor que hizo negocio de desvelar y hacer ficción de los secretos más turbios y, si eran depravados, mejor, de las estrellas de la época dorada del cine estadounidense en los dos volúmenes de ‘Hollywood Babilonia’, libros que se vendieron por todo el mundo y de los que no llegó a hacer una tercera parte “por miedo a las demandas de quienes sigan vivos”, contaba en una charla con El País.

Hoy, el eco de esos libros se pierde ante las redes sociales, que desvelan los secretos al segundo. Un ruido que deviene en negocio con la web ‘TMZ’. Pero antes de ‘TMZ’ existió Kenneth Anger. Supo inventarse y reinventarse: nunca fue actor infantil, aunque así lo contaba en las entrevistas. Pero sí fue de los primeros directores de cine psicodélico y ‘queer’. Apasionado del ocultismo, por su pasión por Aleister Crowley y la música rock, piezas como ‘Invocation of My Demon Brother’ (1969), ‘Lucifer Rising’ (1972) y ‘The Man We Want to Hang’ (2002), han influido, especialmente las dos primeras y ‘Scorpion Rising’ (1963), en generaciones posteriores tanto de realizadores de vídeos musicales y artistas arietes del cine guerrilla.

Anger nació como Kenneth Wilbur Anglemyer en Santa Mónica (California) en 1927. El cine alimentó su vida. Nieto de una reputada diseñadora de vestuario del cine mudo, contaba que a los cinco años había hecho de príncipe en ‘Sueño de una noche de verano’ (1935), de Max Reinhardt, mentira que se vino abajo con las nuevas restauraciones del filme. Su instituto estaba pared con pared con los estudios de la Twentieth Century Fox, y desde sus ventanas espiaba los rodajes. Ya entonces Anger dirigía películas caseras, como ‘Ferdinand the Bull’ (1937) o ‘Who Has Been Rocking My Dreamboat’ (1941), que él definió como su primer trabajo decente. En un pase de películas experimentales conoció a Curtis Harrington, uno de los pioneros del Queer Cinema estadounidense. Con él, Anger dio dos pasos que cambiaron su vida: juntos fundaron una productora para sus películas, Creative Film Associates, y Harrington le descubrió la figura del británico Aleister Crowley y su teoría filosófica Thelema.

Crowley fue uno de los primeros pensadores occidentales en importar filosofías orientales, en un cóctel de mística budista, yoga y alucinógenos, al que, felices, se apuntaron años después los rockeros (Crowley sale en la portada del ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ de The Beatles). Sin embargo, debido a que Crowley invocaba demonios que requerían sacrificios de sangre, a pesar de que se burlaba de la magia negra, sus sucesivas generaciones de seguidores alteraron sus textos y enseñanzas tras su muerte, en 1947, convirtiéndole en el gran satanista. Toda la obra fílmica de Anger quedó marcada por Thelema y su pasión por la imaginería cosmogónica egipcia.

Durante sus años en la universidad de Southern California descubrió su homosexualidad y la plasmó en ‘Fireworks’ (1948), filme con momentos eróticos por el que fue detenido, ya que en aquellos años en EE UU la homosexualidad era un delito. Anger se mudó a París y allí se hizo amigo de Jean Cocteau y trabajó en la Cinemateca francesa. Siguió filmando (él recuerda esa temporada, que incluyó una estancia en Roma, como de las más felices de su vida). En 1954 filmó ‘Inauguration of the Pleasure Dome’, otro mediometraje ‘thelemita’ y se mudó con el sexólogo Alfred Kinsey, la figura paternal que siempre echó en falta. Tras la muerte de Kinsey se asentó en París. Deprimido y sin dinero, reunió y coloreó los rumores y las historias contadas en voz baja que había escuchado durante décadas y en 1959 publicó en Francia ‘Hollywood Babilonia’, un compendio de carnaza, sexo, asesinatos, ídolos caídos y regodeo en el barrizal de las cloacas de lo que él mismo llamaba el bulevar de los sueños truncados.

Hay que reconocer que el libro, que no se editó en EE UU hasta 1974, fascina tanto por su material como por su estilo ampuloso y su habilidad para subrayar el detalle escabroso. Durante las siguientes décadas, Anger vivió de las rentas del libro, de becas de fundaciones para realizar cine experimental y de amigos como Mick Jagger, Jimmy Page o Keith Richards. De 1982 a 1999, Anger se retiró del cine, que no del cotorreo: en 1984 publicó ‘Hollywood Babilonia II’.

Recuperó la cámara en este siglo para filmar ‘The Man We Want to Hang’, en la que sencillamente rueda pinturas de Aleister Crowley expuestas en una galería en Londres, como despedida de su guía vital. Y se despidió del arte con ‘Elliott’s Suicide’ (2007), tributo al músico Elliott Smith, y con ‘Mouse Heaven’ (2005), 11 minutos de imágenes de Mickey Mouse y de su ‘memorabilia’, que Anger adoraba. En total, su filmografía suma 36 cortometrajes y ocho horas de duración.

En un cajón decía que guardaba ‘Hollywood Babilonia III’: “Hay un apartado entero dedicado a Frank Sinatra y sus problemas con las drogas. No pude publicarlo en la segunda parte porque Sinatra estaba vivo y era violento y vengativo. Si todavía no ha salido el libro es porque un capítulo está dedicado a la Iglesia de la Cienciología, un culto que considero peligroso”, contaba en 1999 para El País en un homenaje en el festival de Gijón. Aunque también analizaba el cambio de moralidad: “Antes, quienes cometían esos pecados jamás volvían a trabajar, y ahora los ejecutivos parecen perdonar los delitos, quizá porque ellos también los cometen”. Y contaba, disfrutando, historias como esta: “Los estudios Warner casaron en 1925 a la estrella que les salvó de la bancarrota, el pastor alemán ‘Rin tin tin’, en una espectacular ceremonia envuelta en los fastos más increíbles de la época, que incluía trajes de novios y cama matrimonial, con una perra que resultó ser hermana suya, de la misma camada”. Por todo su pasado, Anger se definía como “un poeta del cine y detective de archivos”.

viernes, 27 de septiembre de 2019

#hemeroteca #sexualidad | Ni la orientación sexual es para siempre

Imagen: El País
Ni la orientación sexual es para siempre.
Los estudios indican que no es algo estable, que puede ir evolucionando y cambiando a lo largo de la vida, y que el cambio suele suceder en la madurez.
Silvia C. Carpallo | Buena Vida, El País, 2019-09-27
https://elpais.com/elpais/2019/09/24/buenavida/1569326902_514951.html

Imagina que un día tu madre, a sus cincuenta años, se sienta contigo y te cuenta, que tras el divorcio, se ha vuelto a enamorar. Te sientes algo incómoda, pero no pasa nada; es normal, deberías alegrarte por ella. Lo que rompe tus esquemas por completo es lo que dice a continuación: "Se llama Mónica, y creo que te va a caer estupendamente". ¿De una mujer, se ha enamorado de una mujer? No comprendes nada, y la inercia te lleva a plantearte cuestiones como que la atracción por su mismo sexo quizá ya existía y había estado reprimida. Pero la realidad es mucho más sencilla: lo que no sabes es que la orientación sexual varía a lo largo de nuestra vida.

Al menos, es lo que afirma un estudio publicado en la revista ‘The Journal of Sex Research’. En primer lugar, el trabajo concluye que los conceptos de "homosexual, bisexual y heterosexual" no capturan la gama completa de la sexualidad humana y, por otra parte, insiste en que la atracción por uno u otro sexo puede variar con el tiempo. Otras de sus conclusiones es que los hombres son más propensos que las mujeres a ser heterosexuales, mientras que las mujeres muestran una mayor fluidez en la preferencia sexual a lo largo del tiempo. Por último, el artículo apunta que la edad adulta es, de hecho, un momento especialmente dinámico para el desarrollo de la orientación sexual.

Los pros y los contras de las etiquetas
Para entender todo lo que aborda este estudio, lo primero que explica la sexóloga y educadora social Silvia Pérez es que "el ser humano es diverso en todas sus dimensiones, también en su sexualidad y, por lo tanto, en su orientación". Para la experta, el concepto de orientación sexual se define como "la atracción sexual, afectiva y emocional que sentimos hacia otras personas". En este sentido, se entiende por homosexual sentirse atraído por el mismo sexo, heterosexual por el sexo contrario y bisexual, sentirse atraído por ambos. Pero esta idea no debe confundirse con la identidad sexual, que es sentirse hombre o mujer, o, en su caso, no sentirse identificado con un género concreto, o ir fluyendo entre ambos.

Curiosamente, pese a que cada vez aparecen más nombres y definiciones, parece que no bastan para abordar el gran espectro de la sexualidad humana. "Las etiquetas tienen un doble rasero, por un lado, a veces nos sentimos cómodos porque nos definen y nos sacan del cubículo de 'lo raro', haciéndonos pertenecer a un grupo. Pero, por otro, las etiquetas nos encasillan demasiado, y parece que si elegiste una ya no puedes cambiar a otra nunca más", cuando la realidad demuestra que en la vida no todo es blanco o negro.

Un cambio de perspectiva propio de la madurez
Para Pérez, el estudio revela algo que ella ya había percibido en su trabajo. "Efectivamente, en consulta me he encontrado más mujeres que hombres", dice. La experta cree que, más que por una razón biológica, la explicación está en una cuestión social. Pérez opina que muchas mujeres se quejan de que los hombres no las acompañan en ese momento de crecimiento y maduración sexual, y que es entonces cuando "encuentran un nivel más íntimo y satisfactorio en otras mujeres. Se sienten más comprendidas, sexualmente más libres, y sobre todo dueñas de su sexualidad y no al servicio del placer masculino como venía siendo costumbre".

"Los hombres solemos tener un nivel de angustia considerable con los asuntos íntimos, especialmente los que envuelven a variables relacionadas con nuestra mal construida masculinidad", apunta el sexólogo Alberto Álamo. Ante ello, es lógico que les cueste más asumir este tipo de situaciones, al menos tanto como para atreverse a dar el paso, que no suele darse en la juventud.

Si habitualmente se entiende que la adolescencia es un momento de cambios, tiene sentido que en la madurez, tras muchas experiencias vividas y tras una mayor aceptación del yo, también se produzca este giro en torno a la sexualidad. "En consulta hemos visto personas de todas las edades, aunque la tendencia parece encontrarse en aquellas de mediana edad, posiblemente porque, por una cuestión de generación, su educación sexual ha sido restrictiva y escasa", dice Álamo. Así, una vez que se llega a la madurez y se olvidan los prejuicios, uno es más capaz de abrirse a nuevas experiencias, a vivencias que le hubieran parecido del todo improbables anteriormente.

Afrontar esta nueva perspectiva conlleva un proceso
La naturalidad con la que la sociedad acepta la sexualidad de cada uno es cada vez mayor, pero redescubrirse con 50 años precisa un proceso. Según el sexólogo, "lo más efectivo en estos casos es el asesoramiento sexológico, y suelen bastar pocas sesiones". Las ideas que suelen trabajarse, en primer lugar, se basan en "la información libre de mitos, estereotipos y prejuicios acerca de la orientación sexual". Después llega la segunda parte. Una vez que hemos asumido este deseo sexual, en una época madura, lo que nos faltan son recursos respecto a cómo ligar e interactuar con ese otro sexo, con el que empezamos desde cero. De esta forma, Álamo explica que también se ayuda a abordar técnicas de seducción y de comprensión del otro, que en ningún caso es un tema baladí.

Por otra parte, en ocasiones la consulta no tiene tanto que ver con la aceptación de uno mismo sino con la necesidad de que te acepten los demás. En estas situaciones hay que trabajar "otro tipo de factores, como el de vivir en poblaciones pequeñas y sentir miedo del juicio de la gente ante una determinada orientación". De esta forma, y volviendo a una situación como la del primer párrafo de este texto, muchas veces lo que cuesta es que tu propia familia entienda, para empezar, que sigues siendo una persona sexualmente activa, y para terminar, que tus deseos sexuales ya no son del todo los que eran. Por eso hay veces que la consulta no es individual, sino de familia.

Álamo recalca la idea de que "la orientación no se puede elegir, no es voluntaria", por ello insiste en que no se trata de una condición sexual, "porque no condiciona nada". También explica que "es importante respetar los tiempos y formas de cada persona con respecto a la aceptación y la expresión de su orientación sexual del deseo erótico". Por último, cuando cuesta entender este proceso, el experto recuerda el conocido continuo de los sexos elaborado el siglo pasado por biólogo Alfred Kinsey, que no entendía la orientación como dos polos opuestos, sino como una escala entre la homosexualidad y la heterosexualidad, en la que las personas se van moviendo a lo largo de la vida, sin tener que quedarse siempre en un punto concreto. Al fin y al cabo, pensar que siempre nos quedarán nuevas experiencias y sentimientos que nos sorprenderán con el paso de los años es la esencia de la vida.

miércoles, 24 de octubre de 2018

#hemeroteca #lgtbi | El carné de maricón

Imagen: El Diario
El carné de maricón.
¿No encuentras empleo? ¡Forma parte del colectivo LGTBQ! ¡Todo ventajas! ¡Cero discriminaciones! ¡Rápida incorporación al mercado laboral! Lee este artículo y descubre todas las claves.
Bárbara G. Vilariño | +Pikara, El Diario, 2018-10-24
https://www.eldiario.es/pikara/carne-maricon_6_828427178.html

Ay, pillines del 'clikcbait'... Cómo explotáis la mariconez para conseguir un sueldo con la gorra. Desde que el rojerío desbordó el amarillo de nuestra bandera no paran de ocuparse puestos de trabajo con profesionales que forman parte de grupos de presión. Ya saben: mujeres, personas con diversidad funcional... ¡hasta mariquitas y bolleras! ¿Qué será lo siguiente? ¿Salvaguardar a los rubios de ojos azules frente al moreno español? ¡Vienen a robarnos nuestros trabajos! ¡Solo “el mejor” puede merecer su puesto! ¿Nadie piensa en la meritocracia, esencia muy y mucho española?

Pero no se alteren, por suerte algo cala del discurso de Vox y de la sangre renovada de Casado. Este descalabro cuesta abajo pudo frenarse gracias a sentencias ejemplarizantes como la anulación de un concurso municipal “en el que se puntuaba por no ser heterosexual” (según recogía el objetivísimo y reflexivo titular del sexto diario más leído de España). Pero si los mariquitas, las bolleras y los transformistas (que ya me lío con el resto de siglas de ese singular número Pi de la diversidad sexual) están integradísimos. ¡Que se casan y todo! ¿Qué necesidad tendrán de priorizarse en un concurso público? ¿Nadie piensa en los heterosexuales?

Modo ironía off. Porque miren, para una vez en esta vida que me daban puntos por ser bollera... ¡Van y me los quitan en mi cara! No, de verdad: que modo ironía off. Aplaudo la intención de promocionar a un colectivo discriminado (con la armarización como minimísima violencia que se sufre en un entorno laboral distendido; otro día les cuento los chunguísimos). Esto tiene mayor sentido cuando se trata de licitar un espacio de atención a personas que sufren discriminación por su orientación sexual o su identidad de género, como era el caso. Pero claro, lo público tiene su burocracia, su papeleo… y eso de pedir una declaración jurada de ser bollera, como que no encaja, ¿no?

Lo que tampoco encaja es que este requiebro -aunque naif- de la buena intención contra la res pública (porque efectivamente, el carné de bollera no lo tengo y no se puede jurar tu orientación sexual, escala de Kinsey mediante) no sirva a ese diario, o a cualquier otro que se haga eco del caso, de que el fondo de la cuestión radica en facilitar la integración laboral, especialmente cuando convivimos con discursos de odio institucionalizados y con discriminaciones que van desde lo sutil a lo indecente: “¿cómo va a hablar ante el cliente él, con esa pluma que tiene?” o expresiones como “el lobby rosa”. Por no hablar de la alta tasa de desempleo de las mujeres transexuales (37%), en caso de necesitar algo certificable ante jurado (al menos la transexualidad normativa, la avalada por el sistema sanitario mediante hormonación).

Que critiquemos el capitalismo atroz pero no defendamos la necesidad de favorecer el acceso al mercado laboral a quien puede enfrentarse a mayores barreras no perjudica solo a la empresa o a sus trabajadores. Nos toca hondo como sociedad, más cuando hablamos de un contrato avalado por el sistema público. Cómo insertar esa cuestión en la burocracia y en los formalismos excesivos de las instituciones públicas -y de paso, en el ADN individual- ya es otra batalla que no quita mérito al afán. Errores de principiante en política frente a errores permanentes como sociedad. Me quedo con la espita que prende la mecha.

viernes, 10 de agosto de 2018

#hemeroteca #sexualidad | ¿Saben los hombres hacer el amor?

Imagen: El Mundo
¿Saben los hombres hacer el amor?
Lidia Falcón | Públco, 2018-08-10

https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2018/08/10/saben-los-hombres-hacer-el-amor/

Mis amigas y confidentes jóvenes me confiesan otra preocupación que las tortura después de la de saberse engañadas por sus parejas. La torpeza que muestran, ya enamorados, en las lides de la sexualidad.

Torpes y egoístas, me dicen. No todos, añaden, pero sí la mayoría. Ellos son tan machotes, lo saben todo, y lo realizan todo rápida y bruscamente, sin tener con su pareja la delicadeza y el juego previo que toda mujer desea. Y eso después de presumir de conquistadores y expertos.

¿Se lo decís?, pregunto a mis interlocutoras, y, poniéndose encendidas me replican, oh no, no se puede decir, les ofendería. ¿Qué es, vergüenza, pudor? “Bueno sí, también, pero es que él ni te escucha ni se fija en ti. Como es muy hombre lo sabe todo”. Y mientras ellas no se atreven a manifestarles su desencanto por no molestarles ellos actúan con total prepotencia y seguridad, sin que les inquiete la aceptación de su pareja.

Pienso en los años heroicos del feminismo, cuando salíamos de las tinieblas franquistas, y organizamos cursillos, encuentros y discusiones sobre sexualidad, ansiosas de aprender lo que la educación nacional-católica nos había hurtado. Eran los tiempos en que clandestinamente se conseguían los libros de Freud, de Melanie Klein, de Alejandra Kollöntai, de Simone de Beauvoir, de Marie Bonaparte, de Willhem Reich, que leíamos y absorbíamos como esponjas.

Las primeras lecciones fueron de anatomía, ya que la mayoría de las mujeres ni siquiera conocían su propio cuerpo. Y fue importante para aquellas generaciones lograr el acercamiento a las otras compañeras, compartir las nociones fundamentales de sexualidad femenina y exigir a sus compañeros de cama la cuota de placer que les pertenecía.

En los prematuros años 60, Eliseo Bayo y yo nos lanzamos a hacer una encuesta sobre el comportamiento sexual de los hombres españoles. Yo había comprado clandestinamente el Informe Kinsey. Aquel trabajo monumental que Kinsey, Pomeroy y Martin, los profesores de la Universidad de Indiana realizaron en los años 50 en Estados Unidos investigando la verdadera conducta de los estadounidenses en el arte de hacer el amor. No lo que dictaba la puritana e hipócrita moral oficial ni lo que presumían los textos pornográficos. Después los trabajos de Johnson y Johnson de investigación práctica con decenas de parejas que a ello se prestaron. Y publicamos unos reportajes que estremecieron a la asustada y pacata sociedad española.

No sé cuántos de mis compatriotas, que no sean profesionales de la investigación sexual, conocen hoy los trabajos de Kinsey y Johnson o la magna obra de Willhem Reich. Ciertamente no todas las participantes del Movimiento los leyeron, pero las que los divulgamos y trabajamos en su estudio y discusión llegamos a varias generaciones de jóvenes que realizaban sus primeras armas en el difícil arte de la sexualidad.

Hoy observo que de los cursillos, talleres, encuentros y debates feministas la sexualidad está excluida. Supongo que hasta el mundo feminista entiende que la liberalidad con que se expresan -tantas veces soez- los escritores, los medios de comunicación, los participantes en los programas televisivos, profesores y políticos, significa que no hay misterio ni secreto que las mujeres y los hombres ignoren sobre tal actividad humana.

Y veo, triste y espantada, que la principal fuente de información sexual para los jóvenes, niños casi, es la pornografía. Difundida hasta la náusea por revistas y películas tiene sobre todo su soporte en Internet.

Ya en aquellos primerizos años, el Partido Feminista llevó adelante una oposición activa a la legalización de la pornografía, que comenzaba a inundar las salas de cine. No podíamos imaginar el vehículo digital. Pero sí sabíamos que la pornografía está basada en el desprecio hacia la mujer. En sus horribles productos, los hombres disfrutan impunemente de cuerpos femeninos para obtener orgasmos rápidos con prácticas agresivas y hasta crueles.

Mis discusiones con el pornógrafo más respetado de aquellos tiempos en los medios de comunicación Román Gubern, que pontificaba diariamente sobre la bondad de la pornografía, no evitaron que ya no se haga distinción entre el erotismo y la pornografía, y que los cultos, sabios, modernos y posmodernos especialistas del sexo, tacharan a las feministas de pacatas, ñoñas, reprimidas, dominadas por la moral católica, y otras lindezas semejantes. Alguno supongo que también afirmó que estábamos mal jodidas, como acusaban los estudiantes franceses del 68 a las feministas que comenzaban a plantear sus reivindicaciones. Hasta que éstas sacaron un enorme cartel que colgaron en los balcones de la Universidad de Nanterre que decía “Todas estamos mal jodidas”. Parece que indujo al silencio a más de uno.

Y esto es lo que deberíamos divulgar hoy, cincuenta años más tarde. Las nietas y bisnietas de las “soixante-huitards” siguen estando mal jodidas. Y pueden plantear las mismas quejas que sus antepasadas. Desapego, impaciencia, brusquedad y egoísmo que en tantas ocasiones rigen en los varones la relación de cortejo, seducción y consumación del acto sexual. Con una absoluta indiferencia hacia la sensibilidad, ignorancia o retardo de su compañera.

Los agresores de la Manada, los jovencitos de las últimas violaciones en Málaga, en Vitoria, en Cádiz, explican que la pornografía es su vademecum que les guía desde la absoluta ignorancia adolescente a la realización de las fantasías que abonan las imágenes que se transmiten a velocidad astronómica por las pantallas de ordenadores y de móviles. Imágenes de violaciones, maltrato, exhibición de los cuerpos y de los coitos. Humillación de las mujeres y triunfo machista de los varones.

El desprecio hacia la mujer en estos tiempos está siendo movido por las potentes empresas de pornografía, que tienen el mejor mercado: la rijosidad y la incultura de los jóvenes. Parece que la información sexual que se imparte en las diversas escuelas es incompleta, vergonzante, y destinada sobre todo a evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Y nada sobre el complejo proceso de realizar un amor placentero, sofisticado y respetuoso con su compañera.

Si ellas se atrevieran a plantear sus deseos y exigencias, ¿estarían hoy calificadas por sus compañeros de cama como reprimidas y ñoñas o los jóvenes aprenderían a aceptar verse en la imagen que ellas transmiten?

¿Aprenderían a moderar sus impaciencias, a controlar su testosterona y a disfrutar del más refinado placer de ir descubriendo los secretos de la capacidad más misteriosa y placentera del ser humano, que es la sexualidad?

¿A qué ha llevado esa proliferación de imágenes destinadas únicamente a exhibir cuerpos hermosos de mujeres, que son utilizados groseramente por los hombres? A aumentar el consumo de prostitución y de agresiones sexuales. A creer que el placer sexual se puede comprar o alquilar como practican los prostituidores. A entender la sexualidad como violencia y no como sensibilidad, ingenio y habilidad. Si la sexualidad masculina se satisface con cuatro prácticas elementales, ¿para qué detenerse en el cortejo, en las insinuaciones eróticas, en las caricias previas y en los diálogos excitantes? Como algunas especies animales, se va al coito rápidamente y tan contentos.

Pero no todas las especies animales son tan bruscas, en algunas el cortejo lleva muchas horas de exhibición de sus cualidades, de sus características especiales, de sus adornos y belleza. De cantos especiales que embelesan en el ruiseñor, de frotamientos repetitivos y extenuantes en el grillo, del zureo de las palomas, de la exhibición de las plumas del pavo real. Y los juegos de los homínidos, variados e ingeniosos: frotando hojas para hacer ruido y llamar la atención, jugando con ramas, practicando el sexo oral.

Y ahora son los hombres los que imitan a los más rudos y elementales de sus antepasados.

Y TAMBIÉN…
Doctor Sexo.
Sus investigaciones sobre sexualidad, las mayores hasta la fecha, fueron tachadas de “inmorales” por los sectores reaccionarios de EEUU en los años 40. Alfred Kinsey analizó “conductas desviadas”, como el sexo oral o la homosexualidad, destapando la doble moral americana. Su herencia está viva: su instituto está embarcado en un gran estudio y una película narra su vida.
Carlos Fresneda | Magazine, El Mundo, 2005-02-27

domingo, 11 de diciembre de 2016

#hemeroteca #demisexualidad | Demisexuales: cuando solo las emociones generan deseo

Imagen: El País
Demisexuales: cuando solo las emociones generan deseo.
Los foros de internet y las redes sociales sirven de apoyo para esta comunidad.
Héctor Llanos Martínez | Verne, El País, 2016-12-11
http://verne.elpais.com/verne/2016/12/01/articulo/1480592839_847894.html

Solo sienten atracción sexual hacia personas con las cuales tienen un fuerte vínculo emocional; no son asexuales, pero rara vez muestran interés por el sexo en comparación con la media de la gente. Son los llamados demisexuales. Su orientación apenas encuentra reflejo en las instituciones especializadas ni respuestas en las consultas médicas. A falta de más información oficial, internet se ha convertido en el refugio en el que compartir experiencias con sus semejantes.

Los demisexuales difícilmente han tenido una relación sexual de una noche surgida en una discoteca. No encuentran a alguien atractivo desde el punto de vista sexual hasta que no lo hacen antes en el plano sentimental. Así lo explica Demisexuality Resource Center, web que recopila los conceptos básicos de esta orientación casi desconocida para muchos y de la que apenas se habla en España.

"Desde que inicié mi vida sexual, sabía que algo era diferente. Constantemente pensaba que quizá estaba pasando por un bajo nivel hormonal y mi propósito permanente era poder decirle al ginecólogo: cúreme, no siento deseo sexual como todas mis amigas, así que debo estar mal", explica a Verne Elena, cineasta y emprendedora treintañera que no encontraba un término para definir lo que le ocurría.

Sin embargo, cuenta, "sí que había experimentado la atracción sexual ‘explosiva’ con tres parejas anteriormente. Entonces, ¿qué estaba pasando?". Elena descubrió el término demisexual a través de uno de los vídeos de YouTube de la activista LGBT y economista colombiana Ophelia Pastrana. Encontró primero preguntas y luego muchas respuestas. Se identificó con las explicaciones que se daban en él, que nunca le habían ofrecido antes.

"La gente llega hasta mis vídeos porque hay muy poco material educacional. Todo lo que se considera ahora ‘fenómeno nuevo’, siempre han estado ahí. Pero antes existía una cantidad inmensa de presión por hacer callar a la gente que tiene formas de pensar diferentes. Gracias a internet es mucho más difícil silenciar a las minorías", nos comenta Pastrana.

Tras ver a Ophelia, Elena investigó en la red no tanto para buscar un diagnóstico médico sino como para encontrar otros testimonios similares al suyo. Muchos demisexuales los hacen en foros como los de la web Asexual Visibility and Education Network (AVEN) y en grupos privados en Facebook a los que se puede acceder solicitando una invitación a su moderador.

Demisexuales, con casi 1.500 miembros, es uno de ellos dedicado a usuarios hispanohablantes y en Reddit existen varias comunidades en inglés para debatir sobre esta orientación sexual. En la comunidad YouTube, canales en inglés como GirlfriendsTV trazan una línea entre asexualidad y demisexualidad.

"Nunca sé el tiempo que voy a necesitar [hasta saber que alguien me atrae sexualmente]. También es frustrante para mí. No me siento preparada para algo más que para un abrazo de buenas noches hasta que de pronto sí que lo estoy. A veces pasan semanas, a veces meses y a veces nunca llego ahí", cuenta en primera persona en The Washington Post una de sus redactoras, Meryl Williams.

Una vez que encuentran a la pareja adecuada, la frecuencia a la hora de tener relaciones sexuales con ella puede llegar a ser tan habitual como la de cualquier otra pareja, explica a Verne un portavoz de Asexual Community España (ACES), considerada la primera asociación española centrada en estas orientaciones sexuales.

"Vi hacer una referencia en Twitter sobre el término demisexual. No estaba familiarizada con ello (...) Supe de inmediato que esa descripción me definía perfectamente", comenta la periodista estadounidense. El famoso informe Kinsey sobre el comportamiento sexual "ya hablaba de ello en los años 40, pero no le daba un nombre. El término ha surgido por tanto entre la comunidad virtual en vez de en la científica. Hay médicos que siguen tratándolo como un trastorno", confirma ACES. Fue AVEN, que nació en 2001, la asociación online que lo impulsó de forma definitiva, primero en Estados Unidos, donde el concepto es más popular que en otros países, y luego entre la comunidad hispanohablante.

"A nuestra consulta llegan muchos pacientes que nos comentan que su médico no les entiende", confirma a Verne Carmen Sánchez Martín, codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona. "Hay un boom de etiquetas sexuales porque, en determinadas situaciones, las personas necesitan categorizarse. No suelen existir publicaciones psicológicas o médicas que utilicen el término; son ellos los que se autodefinen", dice la sexóloga, quien ve positivo que se empleen "nuevos conceptos para describir aquellas opciones sexuales en las que no se hace daño a nadie".

¿Por qué es necesaria una etiqueta que distinga a unos y a otros? "Permite formar una sensación de comunidad y un sentido más fuerte de sí mismos. A través de ella descubren que existen otros semejantes y que hay una comunidad para apoyarlos. En esta comunidad, los demisexuales pueden hablar con otros que comparten sus mismas experiencias, compartir consejos sobre cómo navegar un mundo sumamente sexual y encontrar apoyo emocional", explica Arf Gray, el impulsor del Demisexuality Resource Center, en su guía básica. "El problema no es el de tener una etiqueta, sino el de que se discriminen esas etiquetas", defiende la activista Ophelia Pastrana.

Toda esta información en internet supone un alivio para los demisexuales, pero no soluciona el conflicto que viven al intentar mantener una relación con aquellas personas que sienten deseo sexual de forma habitual, a los que se denomina alosexuales. "Todavía hoy, estando en paz y habiendo encontrado nombre para mi condición y a mucha gente como yo, tengo miedo de salir con ellos. Simplemente soy esa pieza del rompecabezas que no encaja", comenta Elena.

Tres preguntas básicas sobre demisexuales

¿Es más común en hombres o en mujeres?
"En nuestras encuestas aparecen ahora mismo más mujeres, lo que no significa nada. Por varias razones, los hombres están menos dispuestos a identificarse como demisexuales", asegura a Verne el activista Arf Gray.

¿Un demisexual nace siéndolo?
"Puede nacer siéndolo o convertirse en uno. Su sexualidad puede variar a lo largo de su vida o que un suceso traumático lo provoque. Todas las opciones son válidas y aceptables", comenta Gray.

Carmen Sánchez Martín, del Instituto de Sexología de Barcelona, también considera que esta condición sexual "puede ser variable a lo largo de la vida de una persona y acercarse más a la asexualidad o a la alosexualidad en distintos momentos".

¿Qué hacer si descubres que tu pareja o la persona con quien estás comenzando una relación es demisexual?
"Que hagan preguntas y mantengan la mente abierta. Cada demisexual es diferente. Algunos aman el sexo a pesar de todo y otros no tanto. Hay que descubrir qué le gusta a esa persona y cómo se siente más cómoda", recomienda Arf Gray.

viernes, 28 de octubre de 2016

#hemeroteca #bisexualidad | Bisexualidad, ¿promiscuidad u orientación sexual?

Imagen: El Mundo
Bisexualidad, ¿promiscuidad u orientación sexual?.
El monosexismo sólo concibe la atracción hacia un sexo y postula que la bisexualidad no existe.
Ana Sierra | El Mundo, 2016-10-28
http://www.elmundo.es/vida-sana/sexo/2016/10/28/5810bfe6468aebc03f8b466e.html

El pasado 23 de Septiembre se celebró el día internacional de la bisexualidad, fecha coincidente con la muerte en 1939 del padre del psicoanálisis y primer teórico en estudiarlo, Sigmund Freud. Asimismo, siendo declarado 2016 el año de la visibilidad bisexual en la diversidad, no podía olvidarme de esta identidad tan desconocida y asociada a numerosos mitos y prejuicios.

¿Qué significa ser bisexual?
Desde el colectivo LGTB de Madrid, COGAM, y de la mano de Carlos Castaño Rodríguez, coordinador de su grupo de bisexualidad, se define la bisexualidad como "la capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de distinto género/sexo, no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, en el mismo grado, ni con la misma intensidad".

"De ahí su invisibilidad, pues es la única orientación sexual que no puede descubrirse fijándonos en el sexo/género de la pareja", añade Delfina Mieville Manni Delfina Mieville Manni, sexóloga, socióloga y experta en género y derechos humanos.

"Se es bisexual por si mismo, independientemente de con quién tenga relaciones sexuales o afectivas, habiendo tantos matices como bisexuales en el mundo, por este motivo suelen utilizar el término Bisexualidad-es", afirma Castaño.

En la conocida Escala de Kinsey sobre la conducta sexual, dentro del Informe Kinsey de finales de los años 40 y principio de los 50, el biólogo Alfred Kinsey realizó grandes avances visibilizando la bisexualidad. Sin embargo, este informe se basaba en prácticas que determinaban el comportamiento hetero y homosexual, evidentemente influidas por la época, quedando la bisexualidad como una orientación intermedia.

Por supuesto, hoy no nos sirve este criterio ya que conocemos más de dos orientaciones sexuales y sabemos que las prácticas no determinan la orientación de nuestro deseo. Afortunadamente, cada vez son menos las personas que creen que la penetración anal es exclusiva de la homosexualidad masculina, por ejemplo.

Por suerte, y por el esfuerzo de muchas personas estudiosas de este campo, existen informes sobre esta orientación sexual que esclarecen nuestras dudas y ya no la determinan como un grado intermedio entre estas otras dos orientaciones, sino como una orientación más.

Mitos y creencias sobre las Bisexualidad
Por creencias populares erróneas se identifica esta orientación con seres de deseos sexuales caprichosos, indefinidos y, por tanto, asumen que están pasando por una fase hasta llegar a definirse. Como si la vida sexual del resto de personas, con otras orientaciones, estuviera bien definida en todos los casos o la sexualidad y deseos no pasaran por diversas fases, ni cambiasen, a lo largo de la vida de todos. Por suerte la sexualidad evoluciona, independientemente de la orientación, prácticas o el valor que otorguemos a la misma.

La realidad es que la bisexualidad es muy desconocida, tanto que se han creado incluso nuevos términos para identificar lo que ya existía, según afirman algunos. Perdonen mi ignorancia, pero yo aun tengo mis dudas sobre si la pansexualidad es lo mismo que la bisexualidad, un tipo de bisexualidad o si, por el contrario, es la bisexualidad un subtipo de esta. Y me temo que no soy la única, conociendo la polémica sobre este tema y existiendo diversas líneas de pensamiento al respecto.

Bien es cierto que, el término bisexual puede confundir, pues parece hacer referencia exclusivamente a la orientación binaria, no incluyendo, aparentemente, al resto en su denominación. Sin embargo, desde COGAM, Carlos Castaño, me clarifica que la bisexualidad "no hace referencia sólo a la dicotomía hombres/mujeres, sino que integra la diversidad humana en toda su dimensión. Una persona bisexual tiene la capacidad de sentir atracción hacia otra en un abanico muy amplio de expresión del sexo biológico, género y otras características".

Y no es extraño que existan tantas confusiones y creencias erróneas sobre la bisexualidad pues no existen modelos sociales que muestren ésta abiertamente, como ocurre con la homosexualidad masculina, y cada vez más con la femenina. "Su invisibilidad no ayuda a que, quien lo desee, pueda sentirse identificado con ese término y orientación", apunta Castaño.

Otro de los grandes mitos, bastante freudiano, es pensar que todos somos bisexuales en cierto grado. El coordinador del grupo bisex de COGAM, afirma que se es bisexual o no se es.

La doble Bifobia
Las estructuras de poder social, que todos tenemos más o menos interiorizadas, nos afectan a la hora de entender, prejuzgar o castigar determinadas prácticas, orientaciones del deseo o identidades sexuales.

La denominada bifobia, u odio o aversión hacia las personas bisexuales su la diversidad sexual, se ve alimentada principalmente por la estructura del monosexismo, propia de los modelos patriarcales y tradicionales de nuestra cultura. El monosexismo sólo concibe la atracción hacia un sexo o género exclusivamente, y postula que la bisexualidad, por tanto, no existe. "En nuestra cabeza no entraría otro modelo identitario, aunque, curiosamente sí se concibe para estigmatizarlo", indica Castaño.

Esta supone otra de las dificultades para que se identifiquen como tales las personas bisexuales o lo haga su entorno. Todos hemos recibido esta estructura monosexista desde nuestra infancia y suele costarnos bastante cambiar estos aprendizajes y modelos tan arraigados.

Igualmente se ha asociado a la promiscuidad, pues le "dan a todo" y "les sirve cualquier persona". En ocasiones hasta se banaliza y se asegura que para ellos es más fácil "pillar" por este motivo, como mucha gente piensa y expresa alegremente, cuando la promiscuidad, el uso que se haga de la sexualidad o lo que se ligue, no depende en absoluto de la orientación, sino de la persona y su idiosincrasia.

A todas esas falacias y actitudes que atacan, marginan o invisibilizan al colectivo bisexual por el hecho de serlo, se le añade la doble bifobia, que supone el "rechazo tanto por parte del colectivo heterosexual, desde la tradicional homofobia, como del homosexual, por su supuesta indefinición y la posible heterofobia existente en algunos casos", me informa Mieville.

Por estas razones, "sería una de las orientaciones donde las personas que la configuran, se suelen encontrar subjetivamente menos a gusto con su identidad, hasta que la integran", añade la sexóloga.

Igualmente, para explicar el comportamiento bifóbico, Mieville alude a una posible proyección, sobre la persona bisexual, del propio miedo a la diversidad sexual o a no sentirse definido, generando rabia y sintiendo malestar por la existencia de una identidad integradora y diversa como son las bisexualidad-es.

Para las personas que deseen mayor información, el grupo de bisexualidad coordinado por Carlos Castaño se reúne los segundos y cuartos sábados de cada mes en COGAM.

martes, 1 de diciembre de 2015

#hemeroteca #ciencia | No hay un cerebro masculino y otro femenino

No hay un cerebro masculino y otro femenino.
El estudio de 1.400 cerebros humanos descarta que haya diferencias anatómicas significativas por razón de sexo.
Miguel Ángel Criado | El País, 2015-12-01
http://elpais.com/elpais/2015/11/30/ciencia/1448904392_009014.html

Un estudio con centenares de imágenes de cerebros de hombres y mujeres no ha encontrado pruebas de que existan un cerebro masculino y otro femenino. Aunque hay algunas diferencias anatómicas en determinadas áreas en función del sexo, estas no permiten dividir a los humanos en dos categorías. En realidad, el cerebro de cada uno es un mosaico con elementos tanto femeninos como masculinos.

Ideas como las de la inteligencia emocional, éxitos comerciales como el reciente libro ‘El cerebro femenino’ o, en el siglo pasado, la saga de ‘Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus’, abonaron el terreno al dimorfismo sexual del cerebro. Si hay diferencias entre hombres y mujeres en otras parte de su anatomía, en particular los genitales, ¿por qué no va a haberla en el cerebro? Y si la hay en lo físico, en el cerebro, igual también se da en lo esencial, la mente.

Sin embargo, no hay pruebas de que, desde el punto de vista de su materia gris, materia blanca, conexiones neuronales o el grosor de la corteza cerebral, el cerebro de una mujer y de un hombre sean diferentes por el simple hecho de su sexo. Más bien, las pruebas apuntan a lo contrario. En uno de los mayores estudios que se han realizado, un grupo de investigadores israelíes, alemanes y suizos han comparado la anatomía de 1.400 cerebros de hombres y mujeres para concluir que, más que dos categorías, lo que hay es un mosaico cerebral.

"En lo genital, hay diferencias según el sexo que se van sumando hasta crear dos tipos, los genitales masculinos y los genitales femeninos", dice la investigadora de la Universidad de Tel Aviv y principal autora del estudio, Daphna Joel. "Sobre el 99% de las personas tienen genitales masculinos o femeninos y solo unos pocos tienen ya sea órganos genitales cuya forma está entre las formas masculina o femenina, o bien tienen algunos órganos con la forma masculina y otros con la femenina. Son los que llamamos intersexuales", añade.

Sin embargo, el hermafroditismo cerebral es la norma y los cerebros 100% masculinos o femeninos son la excepción. "Más bien, lo que hay son muchos tipos de cerebros", sostiene Joel. "Además, el tipo de cerebros que solo presentan características más prevalentes en los hombres que en las mujeres son muy raros, tan raros como el tipo de cerebros con un perfil que predomine entre las mujeres", añade.

Para sostener estas afirmaciones, Joel y sus colegas recopilaron imágenes del cerebro de voluntarios de varios proyectos científicos. Además de la heterogeneidad de la muestra (un total de 1.400 personas), su investigación, recién publicada en PNAS dispone de una fortaleza extra. Las neuroimágenes se obtuvieron con distintas tecnologías y métodos para evitar sesgos. Mientras unas determinan mejor el grosor de la corteza cerebral, otras registran la estructura y dimensiones de las distintas áreas del cerebro.

Uno de los estudios, por ejemplo, se apoyó en imágenes del cerebro de casi 300 personas (169 mujeres y 112 hombres). Usando la técnica conocida como morfometría basada en vóxel (VBM, por sus siglas en inglés) que les permitió establecer el volumen de materia gris de 116 áreas del cerebro.

"No hay ninguna región en nuestras muestras que revele una clara distinción entre una forma masculina y una forma femenina, es decir, que se presente de forma evidente solo en los hombres o solo en las mujeres", destaca Joel. "En realidad, hay un alto grado de superposición entre mujeres y hombres en todas las regiones estudiadas", añade. Aún así, se quedaron con las 10 zonas que mostraron mayor contraste en función del género. Fue el caso de los dos lados del giro frontal superior, del núcleo caudado o los dos hemisferios del hipocampo, todas por debajo de un nivel estadísticamente significativo.

Con estas diez áreas pudieron crear una especie de continuo desde el extremo masculino al extremo femenino. El cerebro de apenas el 1% de los hombres y solo el 10% de las mujeres caía en cada extremo y un tercio de las personas tenían cerebros anatómicamente intermedios. Las pruebas las repitieron con otras muestras de personas y tecnologías, como la de imagen por tensores de difusión, con la que se puede establecer la conectividad entre las distintas zonas del cerebro. En todas ellas, los resultados fueron similares.

"La mayoría de los humanos tienen cerebros compuestos por mosaicos de características que los hacen únicos, algunas son más comunes entre las mujeres en comparación con los hombres y otras lo son más en los hombres respecto de las mujeres y aún otras son comunes tanto a hombres como a mujeres", comenta la investigadora israelí.

Las teorías sobre la diferenciación sexual en el cerebro cobraron fuerza a mediados del siglo pasado. Pero, como comenta el investigador del Neurocom y profesor de la Universidad de Coruña, Xurxo Mariño, "aquellos trabajos se centraron en la sexualidad, en especial en el estudio de la emergencia de la homosexualidad". Algunos se empeñaron en encontrar características anatómicas que la explicaran y encontraron algunas, como el menor tamaño de una estructura cerebral llamada estría terminal en las mujeres y también en los hombres transexuales.

Los estudios entonces estaban basados en cuestionarios o en muestras cerebrales ‘post mortem’, no en observaciones directas del cerebro de personas vivas y sus diferencias anatómicas. Esto es algo que solo la moderna tecnología de neuroimagen está permitiendo. Aún así, recuerda Mariño, "ya en 1948 hubo quien habló más de un continuo cerebral que de categorías dicotómicas". Fue el biólogo Alfred Kinsey quien, con sus escala sobre la orientación sexual, se adelantó al estudio actual.

viernes, 17 de julio de 2015

#hemeroteca #bisexualidad | En realidad, ¿somos todos bisexuales?

Imagen: Divinity
En realidad, ¿somos todos bisexuales?
Hay quien rechaza a los bisexuales porque rompen con la tendencia natural humana a la categorización.
Patricia Peyró | The Luxonomist, Divinity, 2015-07-17
http://www.theluxonomist.es/2015/07/17/en-realidad-somos-todos-bisexuales/patricia-peyro

Hace apenas dos semanas celebrábamos en toda España la Semana del Orgullo Gay. Digo “celebrábamos” porque en los últimos años no es un tema homosexual, sino una fiesta popular en la que participan homos y heteros (¿a partes iguales?) En qué momento comenzó a volverse una verbena de celebración popular y cuándo se le empezó a llamar simplemente “Semana del Orgullo” escapa a mi memoria, pero la realidad es que la sociedad ha abierto los ojos a la diversidad sexual.

Sin embargo, ni todo el año se celebra “el orgullo”, ni el orgullo es tal según el sexo u orientación sexual. Dentro de la homosexualidad es bien conocida la discriminación descrita hacia la homosexualidad femenina respecto a la masculina (o al menos así lo explican las lesbianas).

A pesar de ello, dentro de la opción homo, los bisexuales son los auténticos incomprendidos, saliendo con frecuencia los peor parados de todos, afectados por estereotipos negativos mantenidos por una gran parte de la población y que hacen notar una profunda incomprensión sobre el tema.

El rechazo a esta orientación viene fundamentalmente motivado por la no adhesión del bisexual a una categoría pre-establecida, pero también tiene mucho que ver con la herencia cultural, por la que los comportamientos que se alejan de la monogamia se viven como amenaza para el principal núcleo social, que es la familia. Con estos principios, la reprobación social y los prejuicios sobre la bisexualidad están servidos.

Algunos de estos mitos falsos son:

- La bisexualidad no se puede definir como orientación sexual.
- La bisexualidad no existe: los bisexuales en realidad son homosexuales pero que no lo quieren o pueden reconocer.

Contrarios a estos estereotipos populares se encuentra el estudio sobre la sexualidad humana más importante de todos los tiempos, realizado por Alfred Kinsey, cuyos resultados publicó en dos libros en los años 1948 y 1953 sobre la sexualidad en el hombre y en la mujer, respectivamente.

En sus conclusiones estaban que sólo la mitad de los varones son exclusivamente heterosexuales y la mitad restante ha sentido atracción erótica hacia personas de su mismo sexo. ¿Eso convierte a las personas en homosexuales? ¿En bisexuales? Es un tema espinoso, pero su lectura adecuada es la concepción de la atracción sexual como un continuo en cuyos extremos están los polos heterosexual-homosexual y cada persona se sitúa en un punto de esta escala. Pocos blancos y pocos negros puros, pero mucho gris.