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martes, 17 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #violenciasexual | De Alcàsser a La Manada: ellos violan, matan, o ambas, y ellas tienen la culpa

Imagen: El País / Nerea Barjola
De Alcàsser a La Manada: ellos violan, matan, o ambas, y ellas tienen la culpa.
La investigadora Nerea Barjola analiza en 'Microfísica sexista del poder' el triple crimen de los noventa desde una perspectiva feminista.
Alba Moraleda | El País, 2018-04-17
https://elpais.com/elpais/2018/04/17/mujeres/1523917280_748392.html

Nerea Barjola (Santurtzi, 1980) lo tiene claro, el triple crimen de Alcàsser fue un escarmiento para todas las mujeres de una generación. El relato del suceso a través de los medios de comunicación supuso un ataque contra la libertad personal y sexual de las mujeres. La doctora en Género por la Universidad del País Vasco desmenuza esta idea en su libro ‘Microfísica sexista del poder. El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual’ (Virus, 2018).

Las víctimas, Miriam, Toñi y Desiré salieron para ir de fiesta, hicieron autostop. Una cuarta amiga, Esther, esa noche estaba enferma y se quedó en casa. “Es el símbolo de la generación de mujeres jóvenes que salvó la vida y que, para vivir, tienen que aprender la lección. Que su imagen apareciera en televisión junto a la de sus amigas representa, como ninguna otra, la fuerza de la disciplina del terror sexual y el adoctrinamiento”, reflexiona Barjola.

Los programas de televisión '¿Quién sabe dónde?', de Paco Lobatón, y 'De tú a tú', de Nieve Herrero, dieron una intensa cobertura al crimen y llegaron a los hogares de millones de personas. La explotación del sufrimiento de los familiares en plató, que se revestía de objetividad con la presencia de médicos según la investigadora, transformó un caso de violencia sexual en una teleserie. El espectáculo y el morbo permitieron categorizar el crimen como un “suceso” y despojarlo de la necesaria reflexión social. “La verdad sobre Alcàsser no se encuentra en descubrir cómo sucedió o dónde se cometió el crimen, sino en cuestionar por qué puede suceder, por qué y quién puede cometerlo”, dice la autora.

P. Han pasado 25 años del crimen de Alcàsser, ¿por qué es importante un acercamiento desde el feminismo?
R. Lo viví cuando era adolescente, fue terrorífico. Me parecía muy importante contarlo de otra manera, con una base teórica feminista importante. Quería que hubiese un texto en el que fueran las mujeres las que hablaran de Alcàsser. No los periodistas, ni los criminólogos, ni los forenses, sino que nosotras contáramos lo que supuso el crimen en nuestras vidas. Fue un acontecimiento que tuvo una gran trascendencia para las mujeres y sus cuerpos. Muchas sienten todavía verdadero terror al hablar del crimen.

P. ¿No hubo en ese momento respuesta feminista?

R. Sí hubo contestación, pero la maquinaria mediática fue muy potente. Era muy difícil contrarrestarlo. El debate no se centró en los derechos que permiten a los hombres tener acceso a los cuerpos de las mujeres, sino en la vida de ellas. Por qué estaban en ese lugar y no en otro. Cuando en enero de 1993 se encuentran los cuerpos, las víctimas pasaron a ser públicas para la sociedad, igual que lo fueron para sus agresores. Todo el mundo tenía el derecho de hablar de sus cuerpos, de si le ocurrió esto o aquello. Estaban consumiendo sus cuerpos.

P. Dices en el libro que el relato de Alcàsser fue un duro golpe a los avances del movimiento feminista...
R. La despenalización parcial del aborto o la ley del divorcio fueron grandes logros que se venían trabajando desde los ochenta. Esto, en el contexto de la época, lesionaba los grandes ejes del patriarcado: la institución de la familia, el cuerpo y la sexualidad de las mujeres y la división sexual del espacio público-privado. La narrativa de Alcàsser trata de minar esto. Busca una vuelta de las mujeres al espacio privado, al hogar, como un espacio seguro donde van a estar cuidadas por el padre o por el marido. Fue el mecanismo que, en un momento de ruptura con el statu quo sexual, intentó introducir elementos continuistas para impedir que se produjese un cambio radical para las mujeres.

P. Haces una analogía con Jack el Destripador, el hito del terror sexual en Londres.

R. Lo vi como un caso extrapolable para acercarme al crimen de Alcàsser. Judith Walkowitz en ‘La ciudad de las pasiones terribles’ no se fija en los actos macabros de este hombre. Yo tampoco he puesto aquí el foco. Lo terrorífico, lo morboso del triple asesinato, ya estaba escrito. Como Walkowitz, me fijé en lo que hay alrededor. Ambas partimos de la hemeroteca mediática del momento, de cómo se construye el relato. En Londres en la época victoriana, las mujeres de clase media comenzaban a tomar el espacio público. El relato de Jack el Destripador irrumpe y funciona como un aviso aleccionador. Este hombre solo asesinaba a mujeres que se concebían como públicas. El discurso les dice: “Esto es lo que les pasa a las que toman el espacio público”.

P. En el libro partes de una convicción, la de que las narraciones sobre el peligro sexual funcionan como proyecto político.

R. Desde que eres pequeña, los mensajes sobre el terror sexual te dicen lo que te puede pasar si haces determinadas cosas. Le dicen a las mujeres cuáles son los límites que no deben traspasar y dónde tienen que estar. Son avisos aleccionadores que las mujeres reciben constantemente. Adoctrinan y van mermando la libertad. Así, se va construyendo un cuerpo dócil y útil para el sistema heteropatriarcal. Esta idea la desarrolla a través de la violación Virginie Despentes en su libro 'Teoría King Kong'. Lo leí y me impresionó. Mi trabajo de investigación se ha guiado en esta línea.

P. En casos más actuales como el de La Manada, ¿se repite este relato aleccionador en los medios?
R. Sí, porque no se ha hecho un análisis político sobre qué permite a cinco hombres agredir sexualmente a una chica. No se hizo en Alcàsser y tampoco ahora. No se ha puesto sobre la mesa el debate de por qué los hombres detentan este derecho sobre el cuerpo y la vida de las mujeres. De lo que se habló es de por qué ella hace una vida normal o de por qué se fue con ellos. Es importante añadir que al hablar de los medios y el relato que divulgan, no hablamos de entes abstractos. Los medios están constituidos por personas y forman parte de un conjunto social. Es este el que construye el relato, el que quiere salvaguardar el status quo sexual. Para cambiarlo, hay que formarse en feminismo. Es el único antídoto a la violencia sexual, no hay otra.

P. Entonces, ayer y hoy, tras una agresión sexual ellas son las juzgadas.
R. Así es. El relato social se construye para culpabilizar a las adolescentes. En La Manada, en Alcàsser o en el caso de Diana Quer. El foco no está puesto en ellos y además se les busca eximentes de responsabilidad. Lo vimos en el caso de La Manada con titulares que hablaban de cómo uno de los agresores había sido padre dentro de la cárcel. Mientras, a ella, se le puso un detective privado. Todo el imaginario colectivo nos juzga incluso cuando decidimos silenciarnos. Cuando después de muchos años, una mujer se empodera y dice: “Este tío me agredió”, se le responde, “¿ahora lo dices?, eso es mentira”. Cuando se juzga a la mujer se está indultando socialmente al agresor.

#hemeroteca #libros #violenciasexual | Nerea Barjola: “El crimen de Alcàsser fue una agresión directa a todas las mujeres de la época”

Imagen: Eslang
Nerea Barjola: “El crimen de Alcàsser fue una agresión directa a todas las mujeres de la época”.
Doctora en Feminismos y Género, Barjola acaba de publicar un libro que analiza el crimen desde la perspectiva feminista. El asesinato de las tres jóvenes (Miriam, Toñi, Desirée) se lee por primera vez no como un suceso, sino como una narración política.
Eslang, 2018-04-17
http://www.eslang.es/identidades/nerea-barjola-alcasser-fue-una-narrativa-politica-que-produjo-terror-sexual-en-toda-una-generacion-de-mujeres_20180417-n.html/

Del crimen de Alcàsser, ocurrido hace ya 26 años, las mujeres aprendimos muchas ‘moralejas’. Que la tragedia es el motor del que viven los programas de la tele por las mañanas. Que hubo dos acusados, uno se fugó y otro cumplió condena, pero todo el mundo sabe que fueron solo cabezas de turco; los verdaderos culpables eran ricos y poderosos aficionados a las ‘snuff movies’. Que las chicas no pueden andar solas, y que hacer autostop es de locas o inconscientes. Que cuando eres asesinada te acaban juzgando a ti.

Las adolescentes o niñas de entonces se hicieron adultas con el miedo y con la angustia, con las enseñanzas impuestas. Quizá si leen ahora ‘Microfísica sexista del Poder. El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual’, sientan alivio y encuentren explicación a las cosas que dolían e incomodaban de aquel relato de violencia sexual y de los que han venido después. Nerea Barjola (Santurtzi, 1980, doctora en Feminismos y Género) se enfrentó en su tesis doctoral al terror que ella vivió en su momento, pero esta vez con las herramientas del pensamiento feminista. “A partir de ahí hago la tesis, fue un proceso súper duro. La defiendo y hago un parón. Fue un trabajo muy emocional y en el que habían participado muchas mujeres. Sentí la responsabilidad de que eso no se quedara en un cajón. A partir de ahí es cuando decido volver a sentarme y reescribir todo el texto para hacer todo un libro más liviano”.

Para construir todo este relato, Barjola se sirve de conceptos de los filósofos franceses Michel Foucault y Jean Braudillard, de la historiadora Judith Walkowitz (que en su libro ‘La ciudad de las pasiones terribles’ reinterpreta desde un prisma feminista los asesinatos de Jack el Destripador), de archivos sobre la cobertura periodística y de entrevistas con periodistas, conocidas de las chicas asesinadas y mujeres que eran adolescentes en el momento del crimen. El libro, que acaba de publicar la editorial Virus y que cuenta con un prólogo de Silvia Federici, argumenta cómo Alcàsser se convirtió en un relato de terror sexual que marcó a miles de mujeres en un momento en que el Movimiento Feminista había conseguido varias conquistas, en vez de en la oportunidad para analizar los privilegios que los hombres detentaban -detentan- sobre las mujeres y cuestionar el sistema que produce y perpetúa la violencia contra las mujeres.

P. Dedicas un capítulo a la reapropiación de conceptos desde el feminismo, y en general el lenguaje te parece un campo de batalla muy importante. Con las que se forman cada vez que una política dice algo como miembras o portavoza, parece que es pinchar en hueso esta cuestión. ¿Qué conceptos consideras que es importante que se reapropien el feminismo y las mujeres?

R. Para mí el feminismo en general ya hace un gran trabajo de resignificación de los conceptos en la medida en que pone nombre a la violencia sexual situándolos en el contexto de una sociedad machista y patriarcal. A lo largo de la investigación he articulado varios conceptos que me han servido para resignificar y reconceptualizar el crimen de Alcasser como una narrativa política que produjo terror sexual en toda una generación de mujeres. El concepto de mujer pública me lo sugiere Judith Walkowitz. Ella lo utiliza para designar a las trabajadoras sexuales. Yo habilito en mi texto un interespacio que llamo tierra de nadie. Es ese espacio que las mujeres transitamos y que en ausencia de protección masculina nos convierte en mujeres públicas: somos de nadie y por tanto somos de todos o de cualquiera. Todas esas voces que se levantan en contra del sexismo en el lenguaje probablemente no tengan formación feminista ni les afecte el lenguaje sexista. Para mí el lenguaje, las formas, la intención de lo dicho y de lo no dicho son muy importantes, no solo en mi trabajo sino también en mi vida diaria. Esa ha sido mi lupa para buscar qué conceptos reconceptualizar en este caso.

P. El titulo del libro es ‘Microfísica sexista del poder’, ¿por qué?


R. Microfísica del poder es un concepto de Foucault. Para él, el poder es algo circular, algo que ha de analizarse en cadena. Cuando hablo de ello en el libro me refiero a ese poder difuso, que no se sabe bien quién lo tiene pero todos lo ejercemos. El caso Alcàsser es el resultado de este poder difuso que fue ejercido por toda la sociedad para construir el relato del terror sexual de la década de los 90. El concepto en sí se me quedaba corto para demostrar que todos esos significados y discursos que se construyeron son sexistas. La intención fue introducir dentro del término el concepto sexista, porque ese poder que se ejerce es machista y es sexista.

P. A Anglés se le presentó como un hombre “analfabeto, perverso y primitivo”, afeminado, homosexual, con gustos por el sexo sadomasoquista. A Miguel Ricart, al final, como un ‘cabeza de turco’. Una estrategia del sistema que destacas en todo el relato es señalar que la violencia sexual es propia solo de locos, de inadaptados o psicópatas, y que se hace así por una razón muy concreta. ¿Piensas que es algo que se sigue haciendo hoy día, en casos como el de Diana Quer, por ejemplo?

R. Esas estrategias del patriarcado siguen totalmente operativas. El conjunto de la sociedad va a buscar siempre no responsabilizarse de la violencia sexual, ya sea apelando a eximentes de la responsabilidad, hablando de los agresores como si fueran monstruos o locos, que es una manera de sacar el caramelo envenenado: ‘esto no tiene que ver con la sociedad, es un acto individual’, cuando no es así; o las noticias en que se habla de los agresores a través de esas declaraciones de los vecinos: ‘era muy buena persona, muy educado’. O bien se les trata de sacar de la sociedad o se les intenta representar como personas normales para generar la duda de si son culpables o no. Ese esquema se ve desde Alcàsser hasta nuestros días.

P. Otra estrategia, y seguimos viéndolo día a día, es culpar a la víctima, ya sea desde el ‘ha provocado’ al ‘se ha arriesgado demasiado’. Esto ocurrió con este crimen atroz y sigue pasando. Pero lo peor de todo esto es que esta culpa es algo que casi todas las mujeres hemos interiorizado. ¿Cómo nos la borramos?

R. La disciplina del terror sexual nos afecta a todas. La generación de los 90 tenemos nuestro relato con Alcàsser, pero cada generación tiene el suyo. Como estos relatos se construyen desde la culpabilidad de las mujeres, de ‘esas cosas que hiciste y no deberías haber hecho’, tú vas filtrando en tu cuerpo la forma de limitarte y controlarte. Para borrar eso hay que ponerse de frente, darnos cuenta de que somos un cuerpo construido socialmente. Desde pequeñas nos dicen qué límites tenemos que negarnos, qué actitudes que tenemos que reformular y qué nos puede ocurrir de no hacerlo. Sé que dicho así es muy fácil, pero la manera de borrar esto es el feminismo y la autodefensa feminista, estar rodeada de compañeras.

P. Porque como comentas, no es lo mismo autodefensa feminista que defensa personal.

R. Tú puedes tener recursos físicos para defenderte, pero tenemos ese aprendizaje de miedo y terror sexual que nos puede paralizar. La importancia de juntarse con mujeres en un taller de autodefensa feminista y exponer las agresiones desde el feminismo… Se crea una energía súper potente que nada tiene que ver con la defensa personal. Si se quiere hacer autodefensa tiene que ser feminista.

P. Una de las cosas significativas de las historias de vida que recoges, e incluso de las entrevistas con algunas de las mujeres de Alcàsser que eran conocidas de Miriam, Toñi y Desirée, es que muchas consideraban este suceso como tabú, y que no habían hablado de él ni de lo que había supuesto para ellas. ¿Qué piensas que significa este silencio y por qué ha sido una reacción por lo que parece bastante común en las mujeres?

R. Es una respuesta al dolor. De frente te estaban poniendo una realidad muy cruda, te llegaban detalles muy duros y tú, de inmediato, te identificabas. Ese silencio tiene que ver, en primer lugar, con una incapacidad de dar respuesta a algo que no sabías que te podía ocurrir. Hablar de las agresiones cuesta: una de las mujeres que entrevisté me dijo que este caso lo había vivido como una agresión sexual sobre su propio cuerpo. El crimen fue una agresión directa a todas las mujeres de la época.

P. Otra idea fuerte es cómo impactó este relato del crimen en la libertad de las mujeres. El autostop, sin ir más lejos, pasó a ser visto como una práctica de riesgo. También sobre cómo los hombres se reafirmaron como figura protectora. Hoy en día, cuando se habla de violencias que les han ocurrido a mujeres, se pregunta ¿pero es que iban SOLAS? Porque ir con otra mujer no se considera ir acompañada, y eso es algo que tenemos todos y todas inscrito en la cabeza. ¿Cómo crees que se podría revertir esta especie de ‘indefensión aprendida’ que tenemos las mujeres?


R. Para explicar esto me remito al concepto de mujer pública. La sociedad construye los espacios en función de que las mujeres estemos solas si no nos acompaña un hombre. Esta indefensión aprendida que me comentas, la única manera de contrarrestarla y de deconstruirla es el feminismo. El feminismo te explica el por qué de la violencia sexual. No nos sentimos indefensas porque sí, es que se nos está construyendo como cuerpo público. El feminismo te da herramientas y te empodera de manera individual y colectiva.

P. Algunas de las mujeres del pueblo de las tres chicas asesinadas te contaban que, pese a todo, habían seguido haciendo autostop y que en varias ocasiones, subidas al coche de un desconocido, este les había dicho algo así como ‘Y ahora si no paro, ¿qué?’. Una especie de ‘no te hago daño, pero porque yo no quiero’.

R. Lo importante es eso: no lo hacen porque no quieren, pero podrían hacerlo. Es asombroso la cantidad de veces que en las entrevistas ha salido esto del ‘¿y si no paro?’ Eso también es violencia sexual en el momento en que se ejerce un poder muy concreto. La frase no es exclusivamente un correctivo, significa la posibilidad que tiene él de ejercer violencia sobre tu cuerpo. Esto es muy grave, porque ellos están reproduciendo una amenaza.

P. Es muy revelador cuando en el libro repasas todas las iniciativas que el movimiento feminista llevó a cabo en los 80 y los 90 y que tú relacionas con el crimen y su relato, que funcionan como escarmiento para meter en vereda a las mujeres que pretendían alterar el statu quo. Muchas jóvenes hoy en día desconocen cómo actuó o se organizó el feminismo entonces para conseguir cosas como la despenalización parcial del aborto o que en el Código Penal la violación figurara como delito contra la libertad sexual y no contra el honor. ¿Algún día se estudiará Historia del movimiento feminista en las escuelas?

R. El feminismo en los colegios como asignatura es fundamental, pero la tienen que dar personas que estén formadas en feminismo. Hay una carencia de memoria histórica: se estudia la Transición pero no los logros del movimiento feminista en los 80. Hay un vacío y una invisibilización de la lucha de las mujeres como sujeto político. Te diría que hay muchas jóvenes hoy que no saben qué mujer fue la que consiguió el derecho al voto en el Estado Español. Mujeres como Nuria Varela o Begoña Zabala aquí en Euskal Herria están recogiendo ese testigo. Para que el feminismo llegue a los colegios vamos por buen camino. Para mí las nuevas generaciones vienen muy potentes y cada vez empiezan antes. No sé, yo tengo esperanza.

P. En el libro también abordas el tratamiento sensacionalista y poco ético que los medios le aplicaron al caso, pero tu punto de vista es algo diferente al discurso general. No crees que esto fuera necesariamente el nacimiento de la telebasura, sino que fue el poder social el que se sirvió de los medios para afianzar el statu quo, ¿por qué piensas esto?

R. Desde la perspectiva periodística, se considera que con la emisión del programa ‘De tú a tú’ de Nieves Herrero el 28 de enero de 1993 [cuando se hallaron los cadáveres de las tres jóvenes] la tele entra en otra era y va a nacer la telebasura. Yo discrepo: ese antes y después no creo que se diera, o no del todo, en los medios. Los medios forman parte del aparato social machista que va a utilizarlos para divulgar a gran escala terror sexual, para tratarlo como un suceso. Esto va a impedir repensar el crimen en términos políticos, no se va a hablar de los derechos que los hombres detentan sobre las mujeres y sus cuerpos, sino que se va a montar un reality alrededor.

P. Además, señalas que Nieves Herrero, sin eximirla de toda la responsabilidad respecto a cómo cubrió el caso, se llevó la peor parte de las críticas, y ahí detectas misoginia.


R. Para nada descargo la responsabilidad que tuvo, pero Paco Lobatón [que ese mismo 28 de enero emitió un especial de ‘Quién sabe dónde’] usó los mismos recursos que ella y quedó como un periodista serio y de rigor. Comentarios de columnas de opinión o editoriales del día después hablaban de ella en términos machistas. Uno decía que no debería volver a presentar un programa de televisión y que se tendía que volver a su casa a fregar.

P. En una entrevista en ‘Pikara Magazine’ hace poco comentabas: “Entre contar qué está sucediendo y promover el terror sexual la línea es muy fina. Yo tenía ese miedo al escribir el libro: producir lo que estaba tratando de denunciar”. Creo que es un miedo compartido por muchas compañeras periodistas a la hora de informar sobre violencia machista. ¿Cómo crees que podemos evitar esto de caer en lo que queremos evitar?

R. En mi caso, el crimen me afectó directamente, y tuve miedo de enfrentarme a lo que me generó tanto terror. Hay muchas mujeres que tienen los detalles muy corporizados. Me he dado cuenta de que no hay manera de deconstruir el relato del terror sexual si no lo miramos de frente. Sin embargo, yo tenía herramientas teóricas y empiezo y cierro la historia, pero cuando hay que hacer el seguimiento de una noticia surgen dificultades. Imagino que a unos más que otros: hay una diferencia clara entre las periodistas con formación feminista y los que no la tienen. Es esencial tratar de nutrirnos de las herramientas que otras compañeras utilizan para contar la noticia desde otro lugar, es fundamental compartir conocimiento. Todo lo que tenga que ver con detalles morbosos o con la vida de la mujer agredida y todo lo que impida repensar el crimen en términos políticos sobra.

P. Para terminar, concluyes con lo necesario que es producir contrarrepresentaciones del terror sexual. Por ejemplo, ‘Teoría King Kong’, un ensayo en el que Virginie Despentes habla sobre su propia violación y que cuentas que te influyó al escribir este libro, es una de estas contrarrepresentaciones. ¿Qué otras conoces y piensas que otras mujeres deberíamos empezar a conocer?

R. Empezar a nutrirse de literatura feminista es súper importante, el feminismo crea contrarrepresentaciones constantemente. Muchas mujeres lo están haciendo, ya sea desde el humor, el teatro, la música. En general, cualquier grupo feminista, desde el más pequeño hasta el más numeroso, está creando. Un buen artículo o una buena reseña de un libro feminista es una contrarrepresentación. Tú puedes producir contrarrepresentaciones.

Y TAMBIÉN…
El caserón de Alcàsser 25 años después: aquí asesinaron a las niñas.

El asesinato de las tres niñas desaparecidas a finales de 1992 conmocionó a la sociedad española. Un periodista de El Español reconstruye el dramático episodio a través de los protagonistas vivos.
David López Frías | El Español, 2017-11-13
https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20171112/261474386_0.html

sábado, 14 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #violenciasexual | Nerea Barjola, investigadora: "El crimen de Alcàsser sirvió como mensaje aleccionador para las mujeres jóvenes"

Imagen: El Diario / Nerea Barjola
Nerea Barjola, investigadora: "El crimen de Alcàsser sirvió como mensaje aleccionador para las mujeres jóvenes".
La investigadora Nerea Barjola reinterpreta el caso Alcàsser en ‘Microfísica sexista del poder’. "No se habló sobre cómo y por qué los hombres detentan el derecho de torturar sexualmente a tres adolescentes, sino de por qué ellas hicieron autoestop", afirma. "Los medios de comunicación no son entes ajenos a la violencia, no solo producen y reproducen violencia sino que son violencia sexual".
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2018-04-14
https://www.eldiario.es/sociedad/Alcasser_0_760474109.html

El caso Alcàsser ha quedado para la historia como uno de los crímenes más horrendos ocurridos en España. Veinticinco años después, la investigadora y doctora de la Universidad del País Vasco Nerea Barjola reinterpreta en clave feminista el relato de la tortura sexual y asesinato de las tres adolescentes Míriam, Toñi y Desirée: "Alcàsser no se contó. Se hizo reproduciendo todo el rato significados profundamente sexistas, responsabilizándolas a ellas y, por ende, al resto de mujeres jóvenes". No se habló, dice Barjola, del impacto que el caso y sus relatos tuvieron para toda una generación de mujeres. En ‘Microfísica sexista del poder’ (Virus editorial), la autora desmenuza cómo el crimen y su cobertura sirvió como una nueva disciplina sexual para las mujeres. "Una generación de mujeres sintió en sus cuerpos lo que les podía pasar si pasaban ciertos límites", subraya.

P. El crimen de Alcàsser, el de Marta del Castillo, Rocío Wanninkhof, Sonia Carabantes, Diana Quer... todos son casos con mucha repercusión y que han sido presentados como sucesos, ¿han pasado desapercibidos como crímenes de género?
R. Sí, directamente no se encuadran dentro de la violencia de género. El movimiento feminista sí los encuadra ahí pero los medios de comunicación suelen tratarlos como sucesos y así impiden repensar estos crímenes en términos políticos. El movimiento feminista le pone nombre pero a la vez el conjunto social no le da esa cobertura. Los medios forman parte de la sociedad y entenderlos como un ente abstracto que está ahí irresponsabiliza al resto de la sociedad porque, al fin y al cabo, están formados por personas, personas que muchas veces tratan estos hechos como sucesos porque no tienen formación o herramientas feministas para denominar los asesinatos como asesinatos machistas.

P. Toma incluso el antecedente de Jack el Detripador, ¿es la típica historia que hemos leído y transmitirlo de una manera concreta y de la que se ha invisibilizado su componente de género?
R. Parto del trabajo de Jane Walkowicz, que es otra mujer que contextualiza el relato que se construyó sobre Jack el Destripador. Ella no se fija en lo crudo o lo terrorífico, sino en las dinámicas sociales y culturales que atraviesan la sociedad del momento. Cuando investiga se da cuenta de que entonces había una fuerte política feminista, las mujeres de clase media estaban empezando a tomar el espacio público, a hablar de la doble moral de los hombres sobre la sexualidad y, como Jack el Destripador solo asesinaba a lo que se entendía como mujeres públicas, el relato que se construyó alrededor fue aleccionador: esto es lo que le pasa a las mujeres que empiezan a tomar el espacio público.

Yo recojo esta idea, no investigo lo crudo del crimen de Alcàsser, sino ver a dónde se dirige la construcción del relato, que es mandar un mensaje aleccionador a las mujeres jóvenes de entonces, que estaban empezando a incorporar todos los avances abiertos por el movimiento feminista.

P. Llega a afirmar que Alcàsser es un régimen político, ¿qué significa eso?
R. Lo es porque no deja de suceder, porque nos siguen asesinando y está en el centro mismo de la cotidianidad social. No es algo excepcional, tratarlo como excepcional lo sitúa fuera del conjunto social. Yo cojo un concepto de Agamben, que es excepción, y que lo que plantea es que todas las situaciones que son vividas, gestionadas o construidas como excepcionales en realidad lo que hacen es mostrar la esencia misma de la norma. Si se quiere estudiar lo general, hay que estudiar la excepción. Eso me ha permitido sacar el crimen de Alcàsser de su variable terrorífica y situarlo en el centro mismo de la cotidianidad, porque no es un caso aislado, sino que forma parte de la estructura social. La violencia machista es estructural.

P. ¿Sirven estos relatos, como el de Alcàsser, para imponer disciplina sexual a las mujeres?
R. Sí, lo que pasa es que no se usa de una manera intencionada. Forma parte de las estrategias y las dinámicas del conjunto de la sociedad, que se defiende a sí misma como sociedad machista que somos. Los discursos que construyen las representaciones del peligro sexual forman parte de la sociedad y eso, poco a poco, va introduciendo la disciplina del terror sexual en las mujeres y te va construyendo como cuerpo.

P. ¿Cómo funciona esa disciplina?
R. Foucault habla de las disciplinas, que serían todos aquellos métodos que consiguen controlar el cuerpo para volverlo dócil. La disciplina del terror sexual es cómo la representaciones sobre el peligro sexual hacen que las mujeres se nieguen espacios, actitudes, no vuelvas a casa por un sitio porque tienes miedo, que no te muestres sexualmente activa por el qué dirán... Todas esas representaciones introducen el terror sexual desde que eres pequeña.

P. Dice que Alcàsser afectó a toda una generación de mujeres, ¿de qué manera lo hizo?
R. La primera consecuencia que saco del análisis es que para muchas mujeres fue su primer relato sobre peligro sexual, hasta ese momento no estaban construidas de esa manera, no lo identificaban. Aparece también por primera vez el hombre malo, ese hombre que puede hacerte cualquier cosa en cualquier sitio. Existe una limitación de espacios y una reformulación de actitudes, por ejemplo, en el miedo a hacer autostop porque todo el relato que se construye consiste en culpar a las adolescentes por haberlo hecho. No hablan del crimen en términos políticos feministas para pensar en cómo y por qué los hombres detentan el derecho de torturar sexualmente a tres adolescentes, sino que se habla de por qué ellas hicieron autoestop.

Otra consecuencia fue que muchas mujeres que hasta ese momento vivieron ciertos espacios con liberad, como ir con tus amigas a los naranjos o al monte, a partir de ese momento empiezan a ser lugares en los que se percibe el miedo. La explosión del terror sexual fue exponencial.

P. Es fácil hacer un paralelismo con el caso de Diana Quer: una chica joven vuelve sola a casa, de fiesta, se encuentra con un hombre que la asesina. Se cuestiona su vida, su carácter, el uso de sus redes sociales... ¿Ha jugado ese papel para las generaciones adolescentes actuales?, ¿no sirve, en cualquier caso, para atemorizar a todas las mujeres, sean de la edad que sean?
R. Cada generación tiene su relato sobre el peligro sexual. Yo creo que Diana Quer puede ser el relato para la generación actual: vuelve de una fiesta, andando hacia su casa y no regresa, y todo lo que han construido sobre ella la culpabiliza, a ella y a su entorno. Y sí, ante algo así vuelves a conectar con el terror sexual y el relato vuelve a ser el mismo, por eso Alcàsser no deja de suceder.

P. También habla de que estos relatos tienen efectos en los hombres, ¿cuáles?
R. A ellos les pone en contacto con los privilegios que detentan sobre la vida y el cuerpo de las mujeres y con su rol de propiedad. Si tú analizas como hombre que tiene privilegios lo que te están diciendo los relatos sobre terror sexual dices no quiero participar de esto. Ahora, si no lo analizas y no lo ves, continuas reproduciendo violencia sexual. Los hombres tienen esa opción de ejercer poder sobre el cuerpo de las mujeres, pueden decidir si usarlo o no, pero tener la opción de hacerlo ya es muy grave.

P. Dice que los propios medios de comunicación son violencia sexual, ¿por qué?
R. No son entes ajenos a la violencia, no solo producen y reproducen violencia sino que son violencia sexual, en el momento en que das una noticia que no es meramente descriptiva sino que culpabilizas a una persona, estás ejerciendo violencia sobre el resto de mujeres, que están siendo interpeladas por ese relato.

P. Hasta qué punto esos relatos mediáticos eran y son a propósito, ¿qué parte de intencional hay y qué parte de inercia?
R. Inercia se me queda cojo porque parece que nos irresponsabilizamos. Insisto, los medios forman parte del conjunto social pero también de no tener la voluntad política de tener la perspectiva feminista para hablar de esto. Hay algo de no querer cambiar el ‘statuo quo’ sexual. En esos momentos, la televisión es lo que más llegaba a las adolescentes. Hoy el feminismo maneja muy bien las redes y eso hace que se contrarresten rápido esos relato de miedo y aleccionadores que llegan a los adolescentes.

P. Critica el uso que se hace de la palabra desaparición y defiendes la expresión desaparición forzosa para hablar de estos casos de violencia sexual y asesinatos.
R. Sí, tenemos un término que es desaparición forzada que se utiliza en regímenes totalitarios para hablar de personas que están desapareciendo y que son torturadas. ¿Por qué no usar ese término para hablar de la desaparición sistemática, tortura y desaparición de las mujeres? Es una herramienta importante para hablar y conceptualizar: no desaparecemos, nos hacen desaparecer en un régimen sexista.

P. Y que este tipo de relatos siga existiendo, desde Alcásser a Diana Quer, ¿quiere decir que las mujeres quieran ejercer su libertad sexual y traten de superar los límites del patriarcado sigue teniendo un castigo?, ¿seguimos en un punto no tan diferente a los noventa, aunque las mujeres crezcamos con más libertad sexual que antes?
R. El patriarcado se va a defender siempre y tiene un mecanismo muy potente de estrategias y métodos. Como decía Silvia Federici, el precio de la resistencia es el exterminio. Resistir al patriarcado en cada generación es muy duro y tiene un precio y las mujeres lo pagamos.

P. ¿Cómo contrarrestamos esos relatos, esas realidades?
R. Feminismo, feminismo y feminismo. No hay otra. Es lo único para el terror sexual. Feminismo en las aulas, en el periodismo, en los hospitales, feminismo transversal.

jueves, 12 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #violenciamachista | Nerea Barjola: “Alcàsser no deja de suceder y la única forma de pararlo es el feminismo”

Imagen: El Salto / Nerea Barjola
Nerea Barjola: “Alcàsser no deja de suceder y la única forma de pararlo es el feminismo”.
Nerea Barjola reescribe en ‘Microfísica sexista del poder’ el crimen de Alcàsser, que sirvió para disciplinar a toda una generación de la mano de un relato mediático que hoy sigue advirtiendo a las mujeres de las consecuencias de traspasar los límites marcados por el patriarcado.
Patricia Reguero | El Salto, 2018-04-12
https://www.elsaltodiario.com/violencia-machista/entrevista-nerea-barjola-alcasser-no-deja-de-suceder-unica-forma-pararlo-feminismo

Conceptualizar el crimen de Alcàsser como una narrativa sobre el peligro sexual es lo que hace Nerea Barjola en ‘Microfísica sexista del poder, el caso Alcàsser y la construcción del terror sexual’ (Virus, 2018). Del mismo modo que el relato construido en torno a Jack El Destripador en el Londres de finales de siglo XIX sirvió para marcar los límites a las mujeres en un momento de transgresión, la narración sobre Alcàsser se utilizó para disciplinar a una generación de mujeres tratando como un “suceso” lo que es en realidad, dice la autora, “un régimen político”.

“Creo que los medios de comunicación no solo producen y reproducen violencia sexual, sino que son violencia sexual”, explica Barjola, que en el libro que presenta esta tarde en Madrid desentraña los discursos que a través de Nieves Herrero o Paco Lobatón calaron en miles de jóvenes. Su texto destripa estos relatos para resignificar la narración y “utilizar la fuerza patriarcal para contrarrestar y destruir su narrativa”.

P. La primera frase que he subrayado en tu libro es esta: “Alcàsser es un régimen político”... que se nos presentó como un “suceso” libre de intención. ¿Quiénes son o quiénes somos la generación Alcàsser?
R. Evidentemente el relato Alcàsser interpeló directamente a las mujeres más jóvenes porque estábamos sintiéndonos identificadas con lo que les había ocurrido a ellas. Pero la generación Alcàsser no somos solo las jóvenes que sufrimos el impacto del relato, fue un relato que impactó a todas las mujeres de la década de los 90, y a las más jóvenes de una manera mucho más cruda.

P. Sitúas la creación del relato de Jack el Destripador como respuesta a un contexto en el que las mujeres comenzaban a transgredir algunas normas, como explica Judith Walkowitz en ‘La ciudad de las pasiones terribles, narraciones sobre peligro sexual en el Londres victoriano’ (Cátedra, 1995). ¿Qué estaba pasando aquí en los años 90 para que se diera esa “disciplina” del régimen? ¿qué ponía en peligro el statu quo?
R. Fundamentalmente en la década de los 90 lo que hay es un contexto feminista potente que venía de trabajar en la década de los 80 y de abrir caminos de avance para las mujeres, y lo que ocurre es que ya están incorporando esos caminos que había trabajado el movimiento feminista. Entonces, cuando analizas el relato de Alcàsser te das cuenta de que esos pilares que el movimiento feminista había conseguido desestabilizar, todos esos caminos abiertos, son lo que a través de relato van a tratar de restaurar. Hay un llamamiento de ‘las calles no son vuestras’, el espacio público se concibe como peligroso y el lugar seguro va a ser la casa bajo la protección y la autoridad del padre. Y en ese sentido yo hago ese paralelismo con el trabajo de Walkowitz porque, al igual que ella, no me he centrado en ver lo macabro de los actos del crimen sino cuáles son las dinámicas sociales y culturales que permitieron crear ese hito y a qué estaban respondiendo.

P. Dices que el crimen de Alcàsser “podría haber sido la narración que cuestionara las relaciones de poder entre hombres y mujeres”. ¿Había mecanismo para hacer ese cuestionamiento entonces? En ese sentido, ¿cada nuevo crimen machista es una oportunidad perdida de crear contrarrepresentanciones?
R. El impacto fue tan potente que en un primer momento no tienes las suficientes herramientas como para responder. Había un movimiento feminista que estaba potente, pero los medios de comunicación expusieron un relato muy crudo. Pero me preguntabas si había sido una oportunidad perdida y no creo que haya sido una oportunidad perdida. Yo, veinte años después, he tenido la oportunidad de analizar y resignificar un relato que a mí me produjo verdadero terror. Sí creo que hay relatos que por sus características se convierten eh hitos, hay un antes y un después. En ese sentido, ese relato lo fue y lo sigue siendo.

Lo interesante sería poder recoger esa fuerza patriarcal que está impresa en ese relato para contrarrestar y destruir la narrativa patriarcal del terror. Y creo que resignificando el relato Alcàsser, o cualquier otro relato sobre el peligro sexual, esa respuesta es legítima venga en ese momento o después. En su momento hubo respuesta por parte del movimiento feminista, hubo muchos artículos de opinión, hubo manifestaciones... lo que pasa es que el aparato patriarcal fue muy potente.

Entonces, sí, totalmente: es una oportunidad y además ese activismo feminista que ya se da en las redes y que es parte de un sector de periodistas es una oportunidad de poner sobre la mesa y de cuestionar las relaciones de poder que hay entre hombres y mujeres y los derechos y privilegios que detentan los hombres sobre los cuerpos y la vida de las mujeres.

P. ¿Crees que esta resignificación se ha dado con el caso de Diana Quer o con el de La Manada?
R. Lo positivo que destaco del caso de La Manada es todo el movimiento que ha habido y que ha sido una manera de poner las cosas en su sitio y llamar a las cosas por su nombre. El ‘hermana, yo sí te creo’ o el ‘nik sinisten dizut’ en euskera ha sido una campaña para contrarrestar la ofensiva patriarcal y poner las cosas en su sitio desde nuestro activismo feminista, de acompañar a la compañera agredida, y creo que en ese caso sí está habiendo una respuesta muy potente. Y luego indudablemente el 8 de Marzo ha sido un movimiento imparable que ya nadie puede cuestionar y también es una respuesta.

P. En este “régimen”, ¿qué papel juegan los medios? ¿Pueden ser aliados de las mujeres?
R. Creo que los medios de comunicación no solo producen y reproducen violencia sexual como si fueran un ente ajeno, los medios de comunicación son violencia sexual porque están formados y constituidos por el conjunto social. Claro que pueden ser aliados, siempre y cuando tengan formación y perspectiva feminista. Esos medios está construidos por personas y esas personas forman parte del conjunto social y no solo reproducen, son violencia.

P. Al nombrar las desapariciones de mujeres como “desapariciones forzosas” haces visible que estas desapariciones son sistemáticas y no responden a un caso aislado, al impulso de un loco asesino...
R. Para mí era fundamental dejar claro que no desaparecemos, sino que nos hacen desaparecer y que esas desapariciones son sistemáticas y son continuadas. Cuando leemos determinados textos sobre regímenes totalitarios en los que desaparecen personas y vemos que hay un concepto que se utiliza para definir esas desapariciones, pues yo lo que me pregunto es por qué no expropiar este concepto desde una perspectiva feminista y utilizarlo. Como no podemos llamarlo “régimen totalitario” porque nuestro escaso vocabulario en cuestión de conformación de Estado nos lo impide, pues voy a llamarlo “régimen sexista”. Todas sabemos que vivimos en él. Y para mí era fundamental dejar claro que no desaparecemos, nos hacen desaparecer.

P. “La transmisión de la violencia sexual es plenamente discursiva y enteramente corporal”. ¿Qué quieres decir con esto?

R. Parto del trabajo de Judith Butler cuando dice que los discursos habitan los cuerpos y crean cuerpo. Entonces la violencia sexual no existe en tu cuerpo porque sino que tiene una base discursiva hay un adoctrinamiento constante a las mujeres desde que somos pequeñas. No sientes miedo porque sí, tienes miedo porque te lo han construido. El relato de Alcàsser fue para muchas mujeres el primer momento en el que sintieron que podían ser víctimas de tortura sexual. Y todos los significados que se filtraron a partir de ahí.

P. Ese hito luego se ha ido renovando. ¿Necesita el sistema advertirnos periódicamente de este peligro?
R. Sí, a veces es como cuando te tienes que poner la segunda vacuna de refuerzo, creo que el patriarcado funciona un poco así: introduce la disciplina el terror sexual de esa manera, y luego se va renovando. Y luego cada generación tiene su relato. Las chicas que tienen ahora 20 años entran en contacto con sus propias disciplinas del terror sexual cuando les hablo de Alcàsser, se sienten identificadas aunque no es este su relato.

P. ¿Alguno en concreto?
R. Por ejemplo, el de Marta del Castillo fue un relato que a cierta generación le afectó, aquí en Bilbao Virginia Acebes, o probablemente Diana Quer… cada generación tiene su relato y está claro que en la década de los 90 fue Alcàsser.

P. Cuando explicas que algunos ordenamientos jurídicos consideraban que podría existir un “consentimiento arrancado por coacción” pienso en este titular sobre una menor víctima de violación: “Aceptó tener sexo para no ser violada”. ¿Persiste hoy esta idea de que el consentimiento se puede conseguir por la fuerza?
R. De manera muy sutil… y digo sutil aunque no lo sea, porque lo cierto es que sueltan esos titulares y luego dicen que se ha sacado de contexto… pero queda claro lo que nos quieren decir. Este titular al final lo que dice claramente es que los medios de comunicación son violencia sexual. Detrás de este titular hay una persona que forma parte de los medios y del conjunto de la sociedad, y que con ese titular está haciendo apología de la violación. Lo que no puede ser es que no tenga repercusión, que no tenga consecuencias para quien ha escrito ese titular. ¿No está viendo que está diciendo que una mujer puede ser violada? Ahí lo que se ve es que tiene muy interiorizada esa raíz de consentimiento arrancado por coacción.

P. Dices que no tiene consecuencias pero creo que sí ha habido titulares, artículos, enfoques, que con un movimiento muy alerta en las redes han tenido consecuencias...
R. Tiene repercusión en redes pero no tiene consecuencias para quien ha escrito este titular, por mucho menos hay gente en la cárcel con multas. Lo que nos demuestra esto es que está acorde al sistema social.

P. Psicópata, depredador, traficante de drogas, atracador, analfabeto… así se hace el perfil de Ricart y Anglés, como monstruos fuera del sistema. ¿Qué hay detrás de esta construcción de lo que es un asesino machista?
R. Siempre va a haber una tendencia a poner el foco fuera de lo que pueda implicar o responsabilizar al conjunto social. Porque si lo ponemos fuera se les va a conceptualizar como fuera de la sociedad: psicópata o depredador es alguien que está fuera y nunca es el hombre normal, está fuera de lo social y al final es una sociedad que está tratando de proteger su mecanismo y su estructura. Si ponemos la atención fuera, salvamos a la sociedad en su conjunto y no la cuestionamos. Alcàsser y los relatos de ahora comparten patriarcado, comparten las estrategias del patriarcado, y comparten una sociedad machista que busca protegerse a sí misma.

P. Los asesinos como los de Miriam, Desiré y Toñi, ¿son hijos sanos del patriarcado?
R. Totalmente, son hijos supersanos del patriarcado.

P. De Nieves Herrero a Susana Griso, ¿ha habido cambios?
R. A mí lo que me sorprende es la cantidad de burradas que se pueden llegar a decir todavía hoy en la tele. En los medios en general, pero es que cuando lo ves en la tele me impacta que se sigan haciendo prácticamente las mismas barbaridades. E incluso en su momento, al día siguiente de la noche de ‘De tú a tú’, todos los medios escribieron sus editoriales hablando muy mal de Nieves Herrero y luego todos volvieron a reproducir lo mismo durante el tiempo que duró el caso, es sorprendente que no hay esa conciencia de lo que se está haciendo.

P. ¿Por qué elegiste Alcàsser?
R. Estaba haciendo el máster de Feminismo y Género, llega el momento de hacer la tesina y yo me había leído el libro de Virginie Despentes ‘Teoría King Kong’ que para mí fue un bombazo y tenía claro que quería escribir sobre la violación como un proyecto político. Empecé a pensar en cuáles habían sido mis relatos y me di cuenta de que un relato que había estado súper presente y que me generó mucho terror fue Alcàsser. Y decido ponerme de frente a ese terror.

P. ¿Cuáles crees que son las aportaciones de tu libro?
R. Lo principal es que da un porqué a un terror que vivimos una generación de mujeres jóvenes. Cuando lo definen como suceso es como si fuera algo que acontece porque sí, esa lectura nos deja inermes, nos posiciona en el centro de un terror contra el cual al parecer no podemos hacer nada y para mí una de las aportaciones es dar un por qué a la existencia, existe un motivo por el que existe el terror sexual Y creo que conceptualizar algunos espacios que existen pero no tienen nombre, que no sabemos verbalizar o yo al menos no sabía, a mí me ha sanado el hecho de poder poner nombres a cosas que hasta entonces no nombraba.

Y fundamentalmente hablar de ello, que ya no es la aportación de mi libro sino cómo a raíz de hablar de Alcàsser desde otra perspectiva va a haber muchas mujeres que van a hacer frente al terror sexual y van a hablar de lo que supuso para ellas, y lo vamos a resignificar desde nosotras. Me parece que es una aportación colectiva que puede ser muy bonita.

P. “Alcàsser no deja de suceder”. ¿Cómo cambiamos el relato?
R. Pues feminismo, feminismo y más feminismo. Cuando digo que Alcàsser no deja de suceder es porque la violencia sexual es una práctica que caracteriza al conjunto social y se comete bajo su cobertura. Entonces en realidad es como decir que la sociedad no quiere que esto deje de suceder. Nos tenemos que poner de frente a esa verdad, de manera honesta, de forma individual y colectiva, y la única forma de llegar a comprender y situarnos en ese punto es el feminismo y la única manera de pararlo es el feminismo.

lunes, 9 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #violenciasexual | Alcàsser no deja de suceder

Imagen: El País / Despedida en Alcàsser a las tres víctimas el 30 de Enero de 1993
Alcàsser no deja de suceder.
Carolina León | Estado Crítico, 2018-04-09
http://www.criticoestado.es/alcasser-no-deja-de-suceder/

¿Por qué retrotraerse al crimen de Alcàsser para construir un análisis del discurso sexista y de su capacidad para amoldar actitudes y domesticar estilos de vida? ¿Desde aquel 1992 nuestro entorno no ha aprendido nada? ¿La televisión y la prensa escrita no han dejado de narrar “sucesos” de violencia sexual o asesinatos machistas exclusivamente en clave individual, cuestionando a la víctima (por dónde andaba, qué ropa llevaba, cómo se relacionaba) y exculpando o suavizando la responsabilidad del victimario (“siempre saludaba en el ascensor…”)? Así es, para aquellas que estéis cabeceando: poco ha cambiado todo.

Tengo pocos recuerdos del episodio que mantuvo en vilo a todo el país durante seis meses y hasta cuatro años más tarde, las “desapariciones forzadas” (como insiste en llamarlas la autora) de tres jóvenes valencianas; en mi casa por entonces estaban prohibidos los canales privados. Aún así tengo inscritos los nombres de Miriam, Toñi y Desirée y sus historias como “lo que te puede pasar” si te saltas algunas normas. ¿De qué normas estamos hablando? ¿Qué actitudes o comportamientos justificarían el rapto, violación, tortura y asesinato de tres adolescentes? Era muy joven, éramos todas muy jóvenes y también lo era nuestra “democracia”, así como los logros del movimiento feminista que había acompañado el final del franquismo y la transición. Por eso, sobre todo por eso, este libro revisa algo que resulta fundamental.

Según Nerea Barjola en esta ‘Microfísica sexista del poder’, el relato (que no el “suceso”) de Alcàsser habría constituido una baza reaccionaria contra las incipientes libertades (de movimiento, de acción, sobre sus cuerpos o sus decisiones vitales) conquistadas por las mujeres muy poco tiempo atrás, y mal asentadas por entonces. A lo largo de la lectura de este libro se puede sentir que aquella sobreabundancia mediática fue algo así como el castigo colectivo que se le planta a todo un aula cuando uno solo entre cuarenta alumnos ha dejado caer el lápiz; o como un estado de sitio implantado en una ciudad tras unas barricadas purificadoras. Pero se trató de otra cosa, más sutil y más total. Más libidinal. Se trató de aplicar un microscopio minucioso sobre las vidas, los cuerpos (torturados, muertos) y la biografía de las víctimas, sobre los que las rodeaban, sobre sus amistades y costumbres, cada noche durante semanas y meses en horario de máxima audiencia, para (re)instalar domesticación y disciplina no directa, sino incorporada en toda una generación de mujeres. O más.

Se trata, según la autora, de la disciplina del terror sexual a través del relato, diseminado en cientos de horas de programas y piezas escritas. Barjola hace este ejercicio y convence. Sin amarillismo ni morbo, como investigadora y analista, describe el contexto: algo más de década y media después de la llegada de las “libertades democráticas”; tras el recorrido de la lucha feminista, que hasta entonces se asienta en micropolíticas antes que en cambios a nivel macro; y revisa todo el proceso del caso, desde la desaparición de las tres jóvenes hasta el juicio, con el foco puesto en qué contaron, exhibieron y expandieron los medios, armada de algunas herramientas discursivas (Foucault, Agamben, Butler, y otros cuantos) y algunas de investigación, como las historias de vida de mujeres que incorporaron todo aquel terror a su devenir cotidiano.

Biopoder, estado de excepción, nuda vida, tierra de nadie: para aceptar que tres jóvenes fueron desaparecidas en un pueblo valenciano, contra su voluntad, y todo lo que ocurrió después, hace falta establecer una jerarquía de las vidas y unos condicionantes eximentes (o culpabilizadores) de la violencia. Barjola nos pone frente a un espejo incómodo, el mismo que muestra una sociedad que acepta sin mucho tembleque las 50-70-100 muertes por violencia de género cada año. ¿Fue la sociedad española la que torturó y asesinó a estas muchachas? No, pero las juzgó de forma colectiva, a través de su relato.

No es difícil canalizar a través de este libro otros relatos recientes de violencia sexual, por poner un ejemplo el caso de “la Manada”: cuestionamiento mediático y social; culpabilización de la víctima; exculpamiento (o intento) de los denunciados. Pero en 1992 no se contaban con las mismas herramientas de análisis del discurso, y el movimiento feminista, muy presente y activo en la transición, había quedado de algún modo arrinconado ante tanta “libertad sin ira” como de pronto disfrutábamos. Así que no fue difícil recurrir a la espectacularidad, el morbo y toda la parafernalia (en un momento de despegue de nuevas cadenas compitiendo por la audiencia) para generar un relato que hiciera retornar a las nuevas generaciones de mujeres a “su lugar”. Eso consigue hacer este ensayo: radiografiar las estrategias del disciplinamiento de los cuerpos y vidas de las mujeres de aquel momento, y su ola de influencia hasta el presente.

Todo eso lo procuró el “relato del terror sexual” anclado en el caso Alcàsser. Uno que no ahorró suciedad ni carta marcada, que destripó hasta el último rincón de la intimidad de las mujeres y que vistió a los presuntos ejecutores de hombres aproblemados o fallidos (y, por si fuera poco, homosexuales). A través de este análisis, el último tercio del libro se dedica a describir la influencia ejercida en aquellas a las que estaba destinado. Mujeres que aprendieron, a través de la exhibición minuciosa de las torturas que sufrieron las jóvenes, que no debían ir solas (sin hombres) a sitios apartados de los núcleos urbanos; que no debían hacer autostop (práctica donde se inscribían todos los peligros imaginables); que su libertad de movimiento estaba condicionada y coartada; que sus cuerpos eran territorios a invadir en cualquier circunstancia y que la culpa siempre la tendrían sus decisiones y estilos de vida; que debían contar con la protección de los “hombres buenos”; mujeres que sabrían por siempre jamás que si sufrían un asalto, una agresión, una violación o cualquier otra amenaza sería por su culpa y responsabilidad. El crimen de Alcàsser extiende sus tentáculos hasta nuestros días y ninguna, ni ninguno, de nosotras hemos evitado transmitir a las más jóvenes la prevención sobre sus trayectos, ropa, porciones del cuerpo a exhibir, elección de compañía. No todo es Alcàsser, pero Alcàsser no deja de suceder.

“Los relatos”, dice Barjola, “son campañas de terror sistemáticas con un objetivo específico: el control y la vigilancia sobre el cuerpo y las actitudes de las mujeres”. 'Microfísica sexista del poder' es una adaptación de su tesis, y esto no es un problema para su lectura y comprensión, aunque a veces el lector desea ver los argumentos extenderse hacia otros episodios del presente con los que el caso, obviamente, se conecta. Pero su detalladísimo análisis del discurso es una herramienta de por sí, y por tanto un contra-argumento. Algo como aquel crimen sexual ya es difícil hacerlo pasar por una consecuencia de las actitudes de la víctima, aunque queda mucho camino por delante. Hemos cambiado, crecido y mejorado las armas con las que oponernos a los “relatos del terror sexual”, que no han dejado de existir. El movimiento feminista se ha dotado de nuevas herramientas y hoy es capaz de contestar con “contra-representaciones” que son “el mejor antídoto contra el universo victimista, culpabilizador, agresivo y violento de las retóricas patriarcales”. Esto es: que lo que te suceda es responsabilidad tuya, ya sea por ponerte esa ropa o por andar por esa calle. Y una “contra-representación” acertada, afilada, atinada y viral fue el lema #MeToo, tan vital para tantas mujeres.

Quizá esas contra-representaciones de las que habla la autora hacia el final no podrían haber evitado un crimen como aquel, pero sí podrían haber dado fruto a un relato distinto, en el que no se revictimizara a tres jóvenes desaparecidas y asesinadas por querer llegar a divertirse en una discoteca, veintiséis años atrás. Enfangarse ahí, hoy por hoy, es imprescindible para abocarnos a un tratamiento de la violencia sexual que ponga cada cosa en su lugar. Las jóvenes de Alcàsser no fueron víctimas de un “suceso” por los errores cometidos, sino víctimas de un sistema patriarcal que toma vidas cuando lo cree oportuno y aprovecha para dar lecciones a todas las mujeres mediante sus agentes sociales, propiciando la autocontención y el cohibimiento de aquellas para mantener el statu-quo. Este libro es una herramienta excelente para una nueva lectura del terror sexual.

jueves, 1 de marzo de 2018

#libros #violenciasexual | Microfísica sexista del poder : el caso Alcàsser y la construcción del terror sexual

Microfísica sexista del poder : el caso Alcàsser y la construcción del terror sexual / Nerea Borjola ; prólogo de Silvia Federici.
Barcelona : Virus, 2018
304 p.
ISBN 9788492559831 / 18 €.

/ ES / ENS
/ Caso Alcàsser / Control social / Feminicidio / Feminismo / Medios / Patriarcado / Poder / Resistencia / Violencia machista / Violencia sexual

Los relatos sobre el peligro sexual son una forma muy precisa de comunicar, producir y reproducir violencia sexual. En Microfísica sexista del poder se analiza cómo, desde principios de la década de 1990, el relato sobre el llamado caso Alcàsser se articuló como una construcción social que trató de resituar unas fronteras que no deberían haber sido traspasadas por las mujeres. 

La narrativa creada en torno a la desaparición forzada de las tres chicas hablaba de límites que no deben ser cruzados y espacios que no deben ser ocupados (salir de noche, viajar sola, hacer autostop) para convertir el relato sobre el peligro sexual en un aviso y un castigo aleccionador. Así, los discursos sociales, mediáticos y políticos diseminados al hilo del crimen se orquestaron como una contraofensiva patriarcal ante la conquista de espacios de libertad del movimiento feminista y de las mujeres en general.

Nerea Barjola parte del caso concreto para hacer un planteamiento general sobre el funcionamiento de lo que denomina microfísica sexista del poder, entendida como una «dinámica del poder que hace del relato sobre el peligro sexual un mecanismo eficaz, escurridizo y complicado de asir» en que «el proceso de elaboración del relato es parte integrante de un todo, de un poder que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad».

Al reinterpretar dichas narrativas desde una perspectiva feminista, el libro busca situar la violencia sexual en términos políticos y fuera de los límites del terror, mostrando las fronteras de transgresión, lucha y resistencia feminista.