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miércoles, 8 de marzo de 2023

#hemeroteca #testimonios | Historia de vida de Mikel Martín Conde

Ez adiorik, lagun!

Historia de vida de Mikel Martín Conde

Republicamos la entrevista realizada en 2014 a Mikel Martín Conde, fallecido recientemente, para el libro MIRADAS ATREVIDAS. Historias de vida y amor lésbico y gay durante el franquismo y la transición en Euskadi, sobre la memoria histórica y realizado por EGHAM y Aldarte.
Pikara Magazine, 2023-03-08
https://www.pikaramagazine.com/2023/03/historia-de-vida-de-mikel-martin-conde/

He de reconocer que yo he vivido mucho.

Soy Mikel Martín Conde, tengo 58 años y aunque nací en Donostia hasta los 29 años viví en Renteria, a donde regresé tras un periodo de 14 años viviendo en Bilbao. Empecé a trabajar a los 15 años, y estuve en diferentes trabajos hasta que con 45 años, hace ya 14 años, enfermé de una derivada del sida y me retiraron del mundo laboral.

Siempre fui un poco revoltoso. Si empecé a trabajar joven fue porque tuve que dejar los estudios de Formación Profesional (FP), debido a mi temperamento. En realidad fue cosa del director del centro que era un fascista. Ya de antes venía a por mí y me acusó de haber sido uno de los provocadores de una huelga de estudiantes. Era el año 1973. El Proceso de Burgos me marcó mucho, muchísimo, y adquirí conciencia política. Total que me largué de la escuela porque allí me hacían la vida imposible. Además, yo venía de una escuela mixta, donde estudiábamos chicos y chicas y ahí me sentía yo muy a gusto. Durante toda mi vida con quienes mejor me he encontrado ha sido con las chicas. Éramos amigas, teníamos confidencias, jugábamos, construíamos nos divertíamos también.

A mí los chicos no me hacían mucha gracia. No me gustaba la manera como se mostraban, como se comportaban. Los veía tan machos, tan masculinos, aquello no era para mí. Y en FP sólo había chicos. El cambio fue tremendo. Yo no me sentía con ellos. Para ellos todo era fútbol, todo se centraba en el deporte y en la competición, y eso a mí no iba, nada, nada. Así es que, empecé a trabajar, hasta que me jubilaron. 

Un chico como los demás
Yo de pequeño no sabía, no tenía conciencia de lo que era ser heterosexual, de lo que era ser homosexual. La sexualidad era algo que me llamaba la atención, por supuesto, la sentía, me provocaba, era algo que quería buscar, algo que notaba. Pero era la sexualidad, no la heterosexualidad, ni la homosexualidad. Me acuerdo perfectamente de que no era un chico como los demás, y por eso recibía muchos insultos, comentarios que luego se han codificado como insultos: “nena”, me decían; “qué nena eres”; “mariquita”, me decían también. Y yo no tenía ni pajolera idea de qué es lo que había detrás de eso. Recuerdo que en la comunidad de vecinos y vecinas todos, sobre todo ellas, las señoras, me trataban en femenino, y yo encantada. Eso no me generaba ningún problema, ninguna culpa. Yo me sentía súper a gusto. Claro, entonces no tenía esa conciencia de heterosexualidad, o de homosexualidad. Yo solo sabía que era diferente, porque notaba que era distinto a los demás chicos, que no era igual que mis hermanos.

Yo tengo dos hermanos, y tres hermanas más. Con todos ellos, y con mi padre y con mi madre compartía yo la vida, además de con primos y primas que vinieron de la emigración, de Extremadura. Yo en ese ambiente notaba que era distinto a mis hermanos, yo sabía, más bien intuía, que no me iba a casar nunca. Mis hermanos hablaban de matrimonio, hablaban de tener hijos y yo tenía esa sensación de que iba a estar siempre solo, de que iba a vivir solo y que no me iba a casar. No sabría decir por qué, pero así era. Quizás fuera por mi carácter, por mi forma de ser. No me gustaba que me manipularan, yo quería ser libre, y para mí el matrimonio era una especie de corsé.

La sexualidad me llamaba la atención, pese a que cuando hablaban de relaciones sexuales siempre tenían que ver con la reproducción, y poco más. El caso es que con 10 o 12 años me iba a la biblioteca del pueblo a mirar libros que hablaran de sexualidad. Allí empecé a ver todo el tema de los cuerpos de hombres y de mujeres en imágenes, en fotografías o en láminas. Y también algunos contenidos sobre cómo se nombraban a los órganos genitales, y de ahí seguido recuerdo que empezaban a pasar imágenes en las que se veía ya el vientre de mujeres embarazadas. Sobre reproducción había mucho, pero de homosexualidad nada. 

Solo maricas y maricones
De niño no recuerdo haber oído nada en torno a la homosexualidad. Solo oía de maricones y de maricas, del hombre del saco, y de los solterones, los ‘mutilzaharrak’. Recuerdo que cuando yo tenía 10 u 11 años en el barrio se hablaba mucho de un señor, que era peluquero y que vivía lejos de nuestro barrio. Mi padre nos llevaba a mis hermanos y a mí a un peluquero de otro barrio que a mí no me gustaba nada. No me gustaba cómo me cortaba el pelo, con esa raya al medio. Un día agarré y yo solito me fui con el otro peluquero, con ese del que todo el mundo hablaba. La verdad es que me sentí muy bien cuando me metí en su casa. Y me dejó el pelo fantástico, como a mí me gustaba. De hecho años más tarde cuando supe que había muerto me dio un palo de la hostia. Habíamos perdido a alguien a quien el pueblo había hecho sufrir. Fue con el tiempo que yo tomé conciencia de lo que había ocurrido con este hombre del que todo el mundo hablaba mal: “Ese maricón que vivía ahí arriba”. Todo sobre él era despectivo, todo era malo. Ser maricón era algo malo, muy malo.

Para entonces yo ya era consciente de que no notaba deseo sexual con las chicas. Con las chicas del barrio jugaba, claro, pero éramos amigas, nada más. Por suerte, donde vivíamos era una zona bastante salvaje, con muchísimo monte y muy pocos vecinos. Alrededor todo era monte, monte y monte. Y muchos árboles. A mí me encantaba tanta naturaleza. Cada año, en mayo, siempre llegaba a casa con ramos de flores y cuando era pequeño jugábamos y nos vestíamos con plantas, con enredaderas que tenían campanillas blancas. Era una gozada, nada que ver con el ambiente del cemento que conocí después.

Cuando llegaba el verano solía ir al ‘baserri’ de un amigo a cortar la hierba, a dar la vuelta a la cuadra, a limpiar; o me juntaba con otro chaval que venía con 30 o 40 caballos. Aquel era un chico muy guapo. Me encantaba aquel chaval, su pelo, como lo tenía cortado, el color del pelo, su cara, la forma de su cuerpo... Bueno, todavía hoy cada vez que lo veo me encanta. Era hijo de un amigo de mi padre. Yo tendría entonces 9 o 10 años y él era como 10 años mayor. De hecho yo me escapaba, no iba a la escuela en verano, desde que venía él con sus caballos, y me iba con él, solo a estar con él. Alguna vez montamos en el mismo caballo los dos. Yo me agarraba a él y era fantástico.

Primeros contactos
Mis primeros contactos físicos con otros hombres fueron en la escuela de Formación Profesional, cuando tenía yo unos 14 años. Antes que eso solo había visto a los chicos mayores del barrio, que tendrían entre 15 y 18 años, masturbarse en el camino viejo. Ahí solíamos ir todos los chicos a pajearnos. Pero el primer contacto que yo tengo con el cuerpo de otro hombre es en la escuela. Fue con un compañero que se sacó la polla y me dejó que se la masturbara. Aquello me gustó, me parecía bonito ver como la polla se pone dura, crece, cambia... Recuerdo que me encantó aquello, lo pasé bien y me gustó.

Cuando íbamos a la playa y paseábamos por la orilla, me encantaba ver a los chicos, mirar sus bañadores. No sabía exactamente por qué, pero se me iba la vista hacia ellos. Los demás chicos hablaban de chicas, de sus tetas, de su culo. A mí me gustaba ver a los hombres, mirarles el paquete, la polla, los genitales... Me encantaba observar a los hombres, mirar esa parte de su cuerpo.

Para entonces yo era consciente de que soy una persona sexual, que mi cuerpo me producía bienes, que me producía placer cuando me masturbaba. Lo que me faltaba y quería era poder compartir ese goce, poder estar con alguien. Era todo un gran interrogante: ¿cómo son?, ¿serán iguales?, ¿distintos?, ¿qué pasará? 

Palabras que hieren
Tengo que reconocer que desde pequeño siempre viví la sensación del sexo como pecado, como algo nocivo, malo. Recuerdo perfectamente que vivía con miedo todo lo que tuviera que ver con la sexualidad. Era una sensación muy compleja, nada lineal. Esa era la información que recibíamos en aquel momento. Y la peor información, la que más temor me producía, la que recibía con mayor temor era la que me trasmitía un cabrón, un cura. ¡Me decía unas barbaridades! Sus palabras las tenía como una losa, me producían una gran angustia, una desazón. Menos mal que en la misma congregación de este señor había otro cura, muy conocido y muy querido en el pueblo, con el que tuve una relación bien diferente. Fue de los curas que en la época dejaron la sotana para ponerse un buzo. Todavía recuerdo la impresión que me dio el día que lo vi en la playa en traje de baño. Tendría yo 13 o 14 años y... fue espectacular lo que mis ojos vieron, el cuerpo que había debajo de aquella sotana, de aquel buzo de currela.

En aquellos primeros años de juventud no pasaba de masturbarme con revistas pornográficas, o de pasar a Hendaya a ver películas X. Durante mucho tiempo el sexo era conmigo mismo, hasta que llegó ese momento en el que, digamos, me ofrecí, nunca mejor dicho, me dejé someter, por un chico. Las caricias, los besos, chuparnos las pollas... todo eso fue encantador. Ahora bien, el sexo anal, la penetración fue más o menos placentera, más o menos buena. Ahí fue donde yo empecé a descubrir otra faceta de mi sexualidad, más adulta, diferente, más desarrollada.

Fue en Donostia, después de una reunión de amigos que tenía que ver con el movimiento de liberación gay. Fue una ocasión en la que solamente nos juntamos chicos. Después de la reunión nos fuimos a comer, anduvimos poteando y ya a la noche fuimos al hostal donde estaba hospedada la gente que había venido de Bilbao. Ahí pasamos la noche, cuatro tíos en dos camas, y esa fue la primera vez que tuve sexo explícito con otro hombre. Yo tendría 21 años.

Ya para entonces en Donostia existía lo que se conocía como La cuesta del culo, en Miraconcha. Aquel no era un mundo abierto, era un mundo dentro de otro mundo. Ahí te encontrabas diferentes bares donde poder encontrar otros hombres: el Master, el Valentino, el Mostacho, el Cul, la Malmesón [La Malmaison]... Había otros dos bares, Txirula y el Maruxa [La Maruja], que quedaban un poco más apartados. He de decir que en aquel momento todo esto fue para mí como una explosión. Yo ya tenía una actitud muy vital y muy reivindicativa. Ya había asumido para entonces que iba a vivir de una forma muy destapada. Muy, muy destapada. De hecho sí que veía un chico en la calle que me hacía tilín, me lo hacía notar, no me cortaba nada: miraba, me fijaba, me paraba, le seguía, o me acercaba directamente a él y lo saludaba. Él podía girar la cabeza, andar cinco metros, o veinte y volver y girarse. O simplemente se quedaba quieto, y en ese estar quieto, en vez de ir en sentido contrario y girarse, lo que hacía era, venir hacia donde yo estaba, y en ese él venir y yo ir, nos encontrábamos.

Yo había empezado a vivir con libertad, o con la libertad que yo decidía tener, y reconozco que igual era muy descarado. Aunque eso sí, siempre respetuoso. Y a la vez, libre. Si a mí un tío me gustaba, yo era el que se acercaba y le decía:

– Hola, ¿qué tal por aquí?, ¿estás de paso?, ¿te apetece que charlemos?, ¿te apetece dar una vuelta?

Y eso, de alguna manera, dejaba muy claro que lo que buscaba era mantener una relación sexual con él. Eso podía ocurrirte, o puede ocurrirte, en cualquier sitio. Con el tiempo me di cuenta que en Donostia había sitios donde los hombres iban directamente a eso. Y digo Donostia porque yo salía de Renteria donde no conocía a nadie de mi edad y me iba a Donostia, a Iruñea o a Bilbao para poder encontrarme chicos. Allí había bares donde poder bailar, beber, cantar, dejarte ver, dejarte tirar los tejos y… al final dependía de las las habilidades de cada cual. Me estoy refiriendo a bares gais, a bares de encuentro de hombres, aunque algunos de ellos se negaban a reconocerse como tales. Recuerdo que hace 33 o 34 años fui a uno de esos bares con propaganda de EHGAM, el movimiento de liberación gay, y me dijeron que ese no era un bar de maricas, que esa propaganda ahí no tenía sentido y no me dejaron ponerla.

Digo maricas porque esa era la terminología que usábamos entonces: maricón y homosexual. Ese era el argot. El término gay yo siempre lo he utilizado como término político, como un término de liberación. Para mí gay sigue siendo un término fundamentalmente liberación.

Luego, poco a poco ya fui dándome cuenta y fui conociendo que también se podía ligar en los bajos de La Concha, al aire libre, sobre todo durante la noche. Había otra zona, en Amara, por el puente de hierro. Con el nuevo puente toda esa zona ha cambiado, pero entonces aquel era un sitio de la periferia de Donostia. Tiempo después me di cuenta que de niño ya había oido hablar de ese sitio como un punto negro, un lugar peligroso al que era mejor no acercarse. Era peligroso porque había hombres.
Soy seropositivo

He de reconocer que yo he vivido mucho, que he sido una persona muy activa en esa parte de mi vida. Por unos años me voy a Bilbao a vivir, conozco Madrid, Barcelona, Valencia. En todas partes he descubierto sitios de ligue, sitios al aire que me encantan. Me encanta el sexo en la naturaleza, entre árboles, rocas... a mí eso me gusta mucho. En mi caso ocurre que un día hace ya un montón de años van y me dicen que soy seropositivo. Fue un impacto, pero yo ya sabía que me podía ocurrir. La verdad no me alteré mucho. Sabía que me podía ocurrir. Por otro lado desde los 15 años yo viví un proceso de vida duro, porque he sido una persona que, aparte de maricón, era una persona luchadora, una persona que quería hacer la revolución. Durante cinco años fui clandestino, antes de cumplir los 16 años, hasta que murió el dictador Francisco Franco, aquel mal nacido. En aquellas circunstancias yo sabía que me podían matar, que me podía morir. Yo era muy consciente de los riesgos que tenía vivir en la clandestinidad y aprendí a no temer a la muerte.

Llegados a este punto, quiero recordar mis años de militancia política porque fue una mis responsables políticas en la organización la que me animó a contactar con EHGAM. Antes de que yo tomara la decisión, ella me animaba a conocer el movimiento de liberación gay. Me acuerdo de ella perfectamente, una compañera a la que he quiero mogollón. Con esto quiero decir que en la organización política en la que yo estaba, el EMK (movimiento comunista de Euskadi), hicimos mucho por la liberación sexual. Fuimos una organización que montamos, dentro de la propia organización, una estructura de gais y lesbianas a escala de Euskadi y del Estado español. Una estructura que a su vez hacía trabajo ideológico dentro de la organización. Estoy hablando de la década de los 80. Pero he de confesar que esto no era así siempre, ni con todas las personas. Una compañera del partido, lesbiana ella, me contaba como otro compañero le llegó a decir que no se preocupara, que algún día encontraría un buen camarada. Eso también ocurría dentro de nuestra organización.

Retomando el tema del vih y el sida, no puedo negar que la pandemia se vivió mal, muy mal en el colectivo homosexual. Se vivió con miedo, con mucho temor, porque se trataba de una enfermedad que esos años era mortal. A pesar de lo que he dicho antes, yo no sé hasta qué punto era consciente de que podía infectarme, porque no lo supe hasta que estuve muy grave. Cuando ya lo supe, lo asumí. Decidí que iba a vivir con ella y que iba a vivir sin miedo, sin esconderme. Decidí hacerle frente, y decidí cuidarme. También decidí convertirme desde ese momento en un agente de salud, en un activista en pro de la salud y en contra de toda sidofobia. Eso por un lado, y por otro, las relaciones sexuales cambian. El contacto con los hombres es diferente, porque ya sabes cómo no tienes que hacerlo y cómo sí. Verbalizar que eres seropositivo a otro hombre es muy difícil, es muy duro. Tu condición te genera miedo, miedo al rechazo, una gran inseguridad frente a la respuesta que te va a dar el otro cuando sepa que eres seropositivo. El rechazo ya lo he vivido. 

Ese culo perfecto
Las cosas han cambiado mucho gracias a los antirretrovirales. Pero no podemos olvidar los inicios y los primeros años de esta enfermedad. Algunos fármacos que nos metimos en aquellas épocas generaron una metamorfosis en nuestro cuerpo. Ya no eres ese culo perfecto, no son esos brazos maravillosos, no es ese pecho fantástico, ni es esa cara preciosa. Todo se transformó. El cuerpo dejó de ser aquella atracción, dejó de ser atrayente para el resto de ojos. También es verdad que, a pesar de que en el mundo gay sigue dominando el culto al cuerpo, últimamente he notado que se está abriendo una cuña y que cada vez se valora más la persona, más allá del cuerpo.

Pero, claro, si eres una persona pública y todo el mundo sabe que eres seropositivo, efectivamente los hombres no van a querer follar contigo. Porque, hoy por hoy, follar con condón no es lo mismo que follar sin condón. Yo creo que es más placentero follar sin, esa es mi experiencia. Pero, siendo seropositivo hay que follar con condón, no hay de otra más allá de lo que cada quien quiera arriesgar en su vida. Yo tengo muy claro que esta situación la quiero vivir con mucha tranquilidad, con mucha naturalidad, intentando ser la persona más feliz del mundo, o al menos tan feliz como los demás, como los no infectados. Trato de engañarme lo menos posible, y de no sucumbir a la sidofobia social, que se transmite incluso entre los seropositivos.

sábado, 4 de marzo de 2023

#hemeroteka #inmemoriam | Borrokaren arima eta gorputza

Oarsoaldeko Hitza / Mikel Martin //

Borrokaren arima eta gorputza

Joxemari Carrere, Alternatibako Koordinakunde Nazionalaren izenean | Naiz, 2023-03-04

https://www.naiz.eus/es/iritzia/cartas/borrokaren-arima-eta-gorputza

«Zeren esperoan dago/ gure Herria?/ nondik etorriko zaio/ argi berria? Nola kenduko zaio lepotik uztarria?/ Noiz onartu behar du etorkizun gorria?» Arestiren olerkia Oskorrik musikatua hamaika aldiz abestuko zuen Mikel gure burkideak. Gustukoa zuelako abestea, gustukoa Aresti, gustukoa Oskorri, baina batez ere, gustukoa zuelako eta amets egiten zuelako Euskal Herriarentzat zein munduarentzat etorkizun gorri eta koloretsua. Mikel Martin Conde joan zaigu eta Alternatibako kideok krak bat sentitu dugu.

Gazterik hasi zen militantzia komunistan EMKn, gero etorri ziren Zutik, Gorripidea eta Alternatiba; baina izena aldatu arren militantziaren izanaren koherentzia mantendu zuen azken hatsa arte. Mundu hobeago baten alde, injustizia guztien kontra; munduan diren askatasun borroka guztiekin bat eginez; euskalduntze bidean; presoak gogoan; faxismoa borrokatuz; LGTBI borrokaren arima eta gorputza, hori guztia zen Mikel. Ez zuen ulertzen bizitza gorria ez bazen. Gorria elkartasunaren kolorea, askatasunarena, elkar zaintzarena, mundu justu batena.

Alternatiban krak bat sentitu dugu gure burkidearen galerarekin eta egin diezaiogun omenaldirik sutsuena eta maiteena berak altxatzen zituen bandera guztiak airean mantendu. Askatasun haizean. Mikel Martin Conde gure kamarada zen eta ez dugu ahaztuko.

Egun batean
eztu inork
ezer erosiko;
egun batean
ezta merkatuetan
sagarrik
salduko.
Egunen batean
guztiok
izanen gara
zoriontsuak.

(G. Aresti)

#hemeroteca #inmemoriam | Mikel Martin (in memoriam)

Mikel Martin (in memoriam)
Vicente Huici Urmeneta | Deia, 2023-03-04

https://blogs.deia.eus/el-paseante/2023/03/04/mikel-martin-in-memoriam/ 

Mikel Martin, signo de sí mismo y de una generación que intentó abrazar todas las utopías que cobraron tanta fuerza durante la denominada Transición.

Mikel Martin Conde, uno de los fundadores de EHGAM (Euskal Herriko Gay-Les Askapen Mugimendua / Movimiento de Liberación Gay-Les del País Vasco), falleció el pasado jueves, 2 de marzo.

Conocí a Mikel en 1980 , durante las jornadas de la «II Semana de Estudios Sexológicos de Euskadi » en las que también surgió la amistad con otras personas que fueron más adelante un referente de mi vida personal y profesional como Jesús Arpal, Monserrat Roig o Josep-Vicent Marqués.

Mikel era ya por entonces un referente en el Movimiento de Liberación Gay, compartiendo su activismo con la militancia en el EMK ( Movimiento Comunista de Euskadi),y la proximidad ideológica facilitó en aquella ocasión largas y matizadas discusiones muy enriquecedoras.

Mantuvimos siempre el contacto y, cuando se asentó en Bilbao, tuvimos la oportunidad de participar en actos conjuntos, como el que menciona en un artículo reciente el también colega Iñaki Urdanibia, en el Hika-Ateneo bilbaíno.

Mikel no dejó nunca de participar en el mundo político vasco, sumándose primero a Zutik! y posteriormente a Alternatiba, fuerza que finalmente se integró en EHBildu.Y era muy frecuente verlo en actos y manifestaciones a favor de los migrantes o tratando de detener los desahucios.

En 2005 sufrió una brutal paliza a manos de varios oficiales del ejército español que le supusieron lesiones de importancia y grave duración toda vez que, al parecer, vieron en él una representación de todo lo peor: maricón, vasco y revolucionario.

Y quizás en esta acusación, vuelta del reves, residió, ha residido la vida de Mikel Martín, signo de sí mismo y de una generación que intentó abrazar todas las utopías que cobraron tanta fuerza durante la denominada Transición, a pesar de las severas advertencias de los sucesos criminales del 3 de marzo de 1976 en Vitoria y del 8 de julio de 1978 en Pamplona...

viernes, 3 de marzo de 2023

#hemeroteca #inmemoriam | Agur Mikel!

Oarsoaldeko Hitza / Mikel en un 28-J //
Agur Mikel!

Kaosenlared, 2023-03-03
https://kaosenlared.net/agur-mikel/ 
Publicado también en: Naiz, 2023-03-04
https://www.naiz.eus/es/iritzia/cartas/agur-mikel

Me entero de que ha muerto Mikel Martin Conde, Mikela desde que declaró su homosexualidad. Tenía sesenta y ocho años

Tuve la suerte de conocer a este militante incombustible, que cual perejil de todas las salsas de la rebeldía, no daba tregua al combate contra las discriminaciones por motivo de la opción sexual y otras. Recuerdo, tras volver del exilio, las reuniones con militantes de EMK la zona de Errenteria y allá estaba él, que participaba en las discusiones y no se perdía una ocasión a la hora de repartir propaganda o pegar carteles; por entonces pertenecía a las juventudes de la organización. Fue finalizada la década de los setenta del siglo pasado cuando en unión con otros compañeros participó en la fundación de Euskal Herriko Gay-Les Askapen Mugimendua (EHGAM, Movimiento de Liberación Gay-Les del País Vasco), y... de su pueblo natal se fue a Bilbao, y allá andaba por el Hika-Ateneo, participando en la dinamización cultural y rebelde; le recuerdo organizando las mesas y los pintxos y bebidas en la presentación de un libro de Kepa Bilbao que me tocó presentar junto al Peli, Vicente Huici Urmeneta. Luego de vuelta a su casa, aunque sus casas eran todas por las que habitaba, dejando ver su figura en todo tipo de movilizaciones, en especial las relacionadas con la galaxia LGTBI, y con una dedicación plena a la hora de desenmascarar las falacias que sobre el SIDA se difundían; más no solamente se implicaba en las movidas nombradas ya que más de una vez le vi en actos de defensa del laicismo, del combate a antimiltarista y contra la OTAN, o a favor de los migrantes, o los derechos de Palestina, o tratando de detener los desahucios..., en donde se alzaban las voces en contra de las injusticias se oía sin falta su voz. Mantuve una relación esporádica con él, en especial cuando me invitó a presentar algunos libros gays, más de uno y de dos también; estos encuentros nos sirvieron para recordar viejos tiempos y para discutir de lo divino y de lo humano, más de lo segundo que de lo primero.

La muestra inequívoca de que no era plato de gusto para los defensores del orden y del prietas las filas, fue la brutal paliza que, con nocturnidad y alevosía propia de la carcundia, le propinaron varios oficiales del Ejército español que le supusieron lesiones de importancia y grave duración.

Si había militado en diferentes causas y en organizaciones como la nombrada EMK, luego siguió su compromiso en las filas de Zutik! Y cuando ésta echó la persiana, se unió a Alternatiba, fuerza que finalmente se integró en EH Bildu.

Ahora que la dama de negro se lo ha llevado, se le echará en falta en las movilizaciones en las que faltará el colorido de su descarada y tenaz presencia.

Y qué más voy a decir, recuerdo a César Vallejo:

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos lo hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

‘Goian bego’ y que la tierra te sea leve laguna!

#hemeroteca #inmemoriam | Cuerpo y alma de la lucha LGTBI

Alternatiba / Mikel Martin //

Cuerpo y alma de la lucha LGTBI

Coordinadora Nacional de Alternatiba | Alternatiba, 2023-03-03

https://alternatiba.net/es/2023/03/03/cuerpo-y-alma-de-la-lucha-lgtbi/ 

“Zeren esperoan dago/ gure Herria?/ nondik etorriko zaio/argi berria? Nola kenduko zaio lepotik uztarria?/ Noiz onartu behar du etorkizun gorria?” (“¿A qué espera nuestro pueblo? ¿De dónde le llegará una nueva luz? ¿Cómo le quitaremos el yugo del cuello? ¿Cuándo aceptará su futuro rojo?”) El poema de Aresti, musicado por Oskorri, lo cantaba muchas veces nuestro compañero Mikel. Porque le gustaba cantar, le gustaba Aresti y le gustaba Oskorri pero, sobre todo, porque le gustaba y soñaba con un futuro rojo y colorido, tanto para Euskal Herria como para el mundo. Se nos ha ido Mikel Martín Conde y quienes formamos Alternatiba sentimos un gran pesar.

Mikel empezó joven en la militancia comunista en EMK, luego vinieron Zutik, Gorripidea y Alternatiba; pero a pesar de los cambios de nombre, mantuvo la coherencia de la militancia hasta su último aliento. Mikel era el alma y el cuerpo de la lucha LGTBI por un mundo mejor, frente a todas las injusticias; en todas las luchas por la libertad que hay en el mundo; por la euskaldunización; por las y los presos; contra el fascismo. No comprendía la vida si no era en rojo. Rojo del color de la solidaridad, de la libertad, del cuidado mutuo, de un mundo justo.

Con la pérdida de nuestro compañero, en Alternatiba sentimos un enorme dolor; hagámosle el mejor homenaje posible, el más sentido, manteniendo en el aire todas las banderas que el mismo ondeó. En viento de libertad. Mikel Martín Conde era nuestro camarada y no lo olvidaremos.

Egun batean
eztu inork
ezer erosiko;
egun batean
ezta merkatuetan
sagarrik
salduko.
Egunen batean
guztiok
izanen gara
zoriontsuak.
(G. Aresti)

(Un día, nadie comprará nada; un día no se venderán manzanas en los mercados. Un día todos seremos felices. G. Aresti)

sábado, 7 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #cine #memoria | Un cinefórum gigante, trashumante y bohemio

SSIFF / Begoña del Teso //
Un cinefórum gigante, trashumante y bohemio

Entrevista con Begoña del Teso
Pablo La Parra Pérez y Sara Hernández | San Sebastián Festival SSIFF, 2019-12-07
https://www.sansebastianfestival.com/archivo/zinemaldia70/1/8704/es
Publicado también como:
https://artxiboa.sansebastianfestival.com/investigaciones/entrevista-con-begona-del-teso-un-cineforum-gigante-trashumante-y-bohemio/

Nos remontamos a principios de los años 70 y te imaginamos como una mujer joven que ya tiene inquietudes cinéfilas. ¿Para ti qué significaba el Festival de San Sebastián y qué relación tenías con él?

Mi relación es muy sencilla. En el año 72 me quedo enamorada de Katharine Hepburn y resulta que en el 72 hay un ciclo de Howard Hawks en el Festival. Ponen ‘La fiera de mi niña’ [‘Bringing Up Baby’, 1938] y, a pesar de que aún no era mayor de edad, como ya estaba acostumbrada a colarme en algunos cines con ayuda de mi madre, decido que quería ir al Festival a verla. Tengo todavía la entrada de aquella sesión. También me gustaba Barbara Streisand y creo que la segunda película que vi fue el remake de El sueño eterno con Elliott Gould [‘The Long Goodbye/Un largo adiós’, Robert Altman, 1973]. No es que fuera cinéfila a tope y fuera a ver un Pasolini. Katharine Hepburn y Elliott Gould, que entonces era el marido de Barbara Streisand.

1976 fue un punto de inflexión en este modelo de "Festival feliz" que daba la espalda a la tensa realidad política y social de los últimos años de la dictadura: el asesinato de Jesús María Zabala en Hondarribia puso al Festival en el punto de mira de los movimientos sociales.

Recuerdo que la gente que teníamos entradas nos negamos a ir al Festival aquel año, las regalamos como protesta. No se quiso ir a ese Festival. Yo me acuerdo, en el Paseo República Argentina regalándole a unas señoras un par de entradas. No queríamos ir, pero por otro lado entendíamos la pasión de la gente. Antes tener entradas del Festival era maravilloso, tampoco nuestro compromiso era tal como para romper la entrada delante de la puerta [risas]. Pero fue muy tenso: Zabala fue asesinado justo antes de empezar el Festival.

Barrios y Pueblos, una iniciativa en la que participaste directamente, es quizá uno de los ejemplos más claros de las transformaciones que conoció el Festival a partir de 1977, pero sus antecedentes se remontan años atrás.


Yo ya estaba vinculada al cineclub de Gros, en la Asociación de Vecinos. Todo estaba muy ligado y conectado: Asociación de Vecinos, cineclub, las películas en la pantalla blanca. El cineclub estaba en la calle Padre Larroca, enfrente de los taxis, era el típico hueco magnífico para reuniones, asambleas y cinefórums. Y yo creo que a partir de ese conglomerado de cineclub "asociacionero", surge la posibilidad de participar en Barrios y Pueblos.

Barrios y Pueblos era lo que tenía que haber para quitarle al Festival el componente del glamour, las estrellas, Hollywood. Había que politizarlo, había que salir al pueblo. A los que estaban arriba del Festival les interesaba preservar un Festival de cine glamouroso e institucional, pero había que mantener un poco contentos a los que estaban pidiendo participación.

No lo digo ni por romper los esquemas ni irónicamente, pero para muchos de nosotros [participar en Barrios y Pueblos] era una forma de tener una acreditación, aunque fuera muy precaria, para el Festival. Lógicamente no te daba acceso al Victoria Eugenia, pero nosotros en aquella época tampoco éramos del Victoria Eugenia: éramos más del Astoria [por aquello de que] "el pueblo unido jamás será vencido". Yo creo que todo cinéfilo o cinéfago donostiarra ha querido estar alguna vez presente en el Festival.

¿Qué películas llegaban a las pantallas de Barrios y Pueblos?

El problema en aquellos tiempos, como sigue sucediendo, es que suele haber normas: las películas a concurso sólo pueden proyectarse una vez o dos, en aquella época en el Victoria Eugenia o en el Astoria. Entonces, como no se podía pasar las películas a concurso (que en el fondo es lo que todos hubiésemos querido ver, lógicamente, también en los barrios y los pueblos) se hizo un cinéforum gigante, trashumante y bohemio, con películas que venían con el sello del Festival.

En el fondo, el cine que se llevó se podía haber llevado de cualquier otra manera. Y eso lo sabíamos todos. Si no me equivoco, no creo que se viera realmente una película de Festival que no fuera una copia de ciclos paralelos. Estoy segura de que no pusieron ‘Alien’ [Ridley Scott, 1979] en el año en que estuvo aquí. Eso sí, eran películas que sí tenían ese punto rebelde, revolucionario, llámalo como quieras.

Has dicho que era la primera vez que tenías la oportunidad de presentar películas. Esto era algo bastante inédito en el Festival: en el Festival tradicional no había presentaciones y coloquios.

Tampoco es que me sintiera que estaba formando parte del Festival con mayúsculas. El Festival, para todos yo creo, era otra cosa. Pero desde luego no fue una pérdida de tiempo. Si me pongo en plan personal puedo decir que el origen de todo está ahí: si presento películas ahora en Tabakalera y hoy estoy con vosotros es porque mis primeras presentaciones fueron en la Asociación de Vecinos de Gros y en Barrios y Pueblos.

Desde su primer año, Barrios y Pueblos acogió algunas proyecciones míticas, como el pase de ‘Novecento’ en Intxaurrondo con la asistencia de Bernardo Bertolucci y Laura Betti. ¿Estuviste allí?

No, yo recuerdo la parte más cotidiana de la sección. Lo de ‘Novecento’ es algo parecido a cuando este año [2019] Ken Loach se unió a las [huelguistas] de las residencias. Me imagino que fue un gran golpe, aprovechando que Bertolucci es Bertolucci, como Loach es Loach. Me parece una jugada maestra. Ahora suena magnífico: Bertolucci y Laura Betti [en Intxaurrondo]. Pero es que creo que nos veían como tierra de pelea: estaban en un festival de cine, todo glamour, pero se iban a la revolución, aunque fuera pequeña. Cuando sucedió esto yo estaría presentando en un pueblo. ¡Que no me quejo, es lo que tocaba! Y a mí me parecía genial: ibas a sitios que en el fondo no conocías, hablabas de cine, te tomabas un bocadillo y volvías. Era muy poco institucional, ni te traían, ni te llevaban: ibas con la gente. El Festival no ponía ni un autobús, sino que había que presentar una película e íbamos. Era el momento: había tantísimos movimientos, el EMK [Euskadiko Mugimendu Komunista], la ORT [Organización Revolucionaria de Trabajadores], las Asociaciones de Vecinos… El Festival sabía que no podía oponerse a todo este impulso.

¿Se llenaban los pases [de Barrios y Pueblos]? Imaginamos a un público muy distinto al que era habitual en el Festival hasta la fecha.


Sí. Estas fuerzas que ahora recordamos con cierta nostalgia (la ORT y demás) tenían mucha capacidad de convocatoria. Además, las sesiones se hacían en los pequeños espacios de cineclubs y asociaciones de vecinos, que se llenaban enseguida. El público era lo que ahora llamaríamos "borroka" (pero que yo creo que antes tenía más poso cultural e ideológico) y toda esa gente para la que ir a un cineclub era un acto reivindicativo. Hasta las proyecciones de cine en el colegio Jesuitas eran liberales, imagínate en una Asociación de Vecinos, en Elgeta o en barrios y pueblos obreros como Intxaurrondo, Alza, Ermua y Eibar. El ambiente era tal que hasta los que iban por el señuelo del Festival de Cine, sabían que casi todo lo que no fuera [institucional/oficial] era revolucionario y contra el sistema.

Según las historias que hemos ido reconstruyendo, en muchas ocasiones las sesiones de Barrios y Pueblos se convirtieron en verdaderas proyecciones de guerrilla organizadas por activistas de la Asamblea de Mujeres o de EHGAM, con activistas gays como Mikel Martín Conde presentando películas de Fassbinder.

Muchas hemos sobrevivido paralelamente. La figura de Mikel es la de un superviviente nato de todo tipo de palizas. Todos hemos llegado de Barrios y Pueblos a compartir platea en [el Festival de Cine de] Derechos Humanos del Victoria Eugenia. La trayectoria es esa. En aquellos tiempos era todo tan difícil, que [Barrios y Pueblos] era el único espacio que podían tener EHGAM o la Asamblea de Mujeres. Y yo también lo entendía, claro, pero también había discrepancias. Yo decía "si estamos en el Zinemaldi vamos a hablar de cine: yo quiero poner ‘Cabaret’ [Bob Fosse, 1972], ‘West Side Story’ [Robert Wise, Jerome Robbins, 1961], ‘Alien’ [Ridley Scott, 1979] o algo de terror". Y te decían que no, porque ahí no había debate. Luego hemos aprendido el debate que hubiese podido tener ‘Cabaret’ o ‘West Side Story’, pero musicales, no querían.

¿Primaba un criterio de programación muy militante?

Exacto, claro.

¿Y había coloquios?

Sí, pero lo que suele pasar y sigue pasando: interesaba más el tema que el acto cinematográfico y a mí eso me ponía y me sigue poniendo de muy mal humor. Es como si hubiera películas que son "de debate" y películas que no lo son. Entonces yo tenía muchas limitaciones o carencias tanto cinematográficas como revolucionarias y a veces no podía mantener el nivel de los coloquios. Las discusiones temáticas eran a veces muy poderosas. Teníamos, entre muchas comillas, comisarios políticos, en el mejor sentido de la palabra. Gente que estaba muy imbuida en una ideología mucho más profunda y discutía mucho de la diferencia entre el PCE [Partido Comunista de España] y el PCI italiano o Carrillo. O de los odios entre el EMK y ORT. Las películas estaban muy dirigidas al momento y a lo que se quería contar. Por ejemplo, en alguna película en la que hubiese un traidor el debate era muy profundo: "¿tiene derecho a traicionar a la causa?", "¡Ten en cuenta que en el fondo es un guerrillero!", "¿Cuál fue la actitud del PC en la Segunda Guerra Mundial?". Yo, en el fondo, era muy tonta o demasiado joven. También ahí recibí mi primer baño no de multitudes sino de horror. Recuerdo estar presentando ‘El general de la Rovere’ [General della Rovere, Roberto Rossellini, 1960] y se me ocurrió decir que no se era una película de Hollywood como las que estábamos acostumbrados a ver. ¡Casi me echaron tomates! Por supuesto, el público ya suponía que Rossellini no hacía cine a lo Hollywood. Lo comento, a nivel personal, para que seáis conscientes de mis limitaciones en aquella época. A mediados de los 70, yo no me había visto todo Rossellini ni existía la posibilidad de pasarnos películas. Yo también estaba descubriendo que había un cine más allá de ‘Alien’, ‘La fiera de mi niña’ o ‘El sueño eterno’.

¿Y cómo te preparabas los coloquios?

A las bravas, leyendo lo que encontrabas. La mayoría de las películas no las conocías hasta después de haberlas visto. En las presentaciones situabas a la gente y la película y para eso conseguías información. Yo tenía amigos muy cinéfilos a los que pedía ayuda y después de verla era más fácil. Además, en el coloquio no estabas sola, siempre había más gente de los organizadores, de la Comisión Barrios y Pueblos. Sí que las preparaba pero no había ni Internet ni tantísimos libros de cine. Eran unas presentaciones habladas con la gente o con los libros que podías ir teniendo. Si era de un ciclo paralelo, leyendo aquellos libros pequeñitos que sacaba el propio Festival.

¿Dirías que tu participación en Barrios y Pueblos tuvo un componente de aprendizaje?

Sí. Por eso os he dicho desde el principio que si yo ahora presento pelis en todos los sitios que presento es porque todo empezó allí. Pero, sin desmerecerlo, os pongo en situación. La sensación era de un cierto descontrol e improvisación: los espectadores, el Festival, nosotros [mismos], los movimientos, la idea de lo que era un cineclub. Por lo menos yo lo viví así. Sabemos que existía Kresala, pero Kresala estaba en el centro de San Sebastián, en el edificio de la Caja de Ahorros Municipal, no estaba en el sótano de una Asociación de Vecinos. E Intxaurrondo era Intxaurrondo y Alza era Alza.

Nos llama mucho la atención cómo esta iniciativa, que con el clima eléctrico de los 70 tiene mucho empuje, poco a poco va perdiendo fuerza y hasta extinguirse a mediados de los 80, como desaparecieron muchas iniciativas utópicas de este periodo.

Cuando los que tiran del carro van perdiendo fuelle, los demás se van desintegrando. Son iniciativas muy personalistas, sin infraestructura: sólo los rollos de la película y un coche para que la gente que tiene que proyectarlas las proyecte si no hay proyeccionista en el lugar indicado. Nada más que eso. Como pasa con todos estos movimientos de base, cuando desaparecen las personas más movilizadas a los de arriba no les importa lo más mínimo. ¡Menudo descanso! Por otro lado, en cuanto las cosas empezaron a cambiar, al Festival no le interesaba lo más mínimo. Barrios y Pueblos fue un impuesto revolucionario. Y si no fue un impuesto revolucionario es porque directivas como las de Chillida o Larrandia no iban a decir que no a algo salido del pueblo. Pero con el paso de los años (y ya sé que los unos seguían matando, los otros también y seguía habiendo palos) las negociaciones para que no hubiera conflictos durante el desarrollo del Festival se llevaron a cabo por otros cauces. Eso también lo sabemos. Pero, como veis, no tuvo continuidad, nadie retomó la idea que, por ejemplo, en Berlín sí que existe. La sección 'Berlinale goes Kiez' lleva películas de sección oficial a cines de barrios muy diversos. Barrios y Pueblos sería una locura, pero al final todos los festivales han visto que no pueden estar encerrados solamente en las sedes oficiales.
 

Y TAMBIÉN…
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La pantalla del cine parroquial Don Bosco en la Sección Barrios y Pueblos
Clara Rus | San Sebastián Festival SSIFF, 2019-12-07

https://www.sansebastianfestival.com/archivo/zinemaldia70/1/8702/es