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sábado, 24 de mayo de 2025

#hemeroteca #antimilitarista #feminismo | Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme: por qué se celebra cada 24 de mayo y cuál es su importancia

Las mujeres no solo piden la paz, la construyen desde abajo, desde las heridas, desde la escucha //

Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme: por qué se celebra cada 24 de mayo y cuál es su importancia

Cada 24 de mayo se visibiliza una lucha silenciosa: mujeres que cambian armas por acuerdos, trincheras por redes de cuidado y poder por dignidad. Una revolución pacífica que no deja de crecer
Manoel Obando | Infobae, 2025-05-24
https://www.infobae.com/peru/2025/05/24/dia-internacional-de-las-mujeres-por-la-paz-y-el-desarme-por-que-se-celebra-cada-24-de-mayo-y-cual-es-su-importancia/ 

A menudo invisibilizadas en las narrativas oficiales, las mujeres han estado presentes en cada rincón del planeta donde la violencia ha marcado generaciones. Pero no solo como víctimas: también como gestoras de paz.

El Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme nació del coraje de activistas que acamparon frente a bases militares, exigiendo el fin de la carrera armamentista. Desde entonces, esta jornada se ha convertido en un punto de encuentro para quienes trabajan en resolver los conflictos desde la empatía, el diálogo y la memoria.

Cada año, miles de mujeres —campesinas, académicas, políticas, artistas y defensoras— renuevan su compromiso con un mundo donde las armas dejen de ser solución y se reconozca el valor de las estrategias no violentas. La paz, para ellas, no es solo la ausencia de guerra, sino la construcción activa de justicia y dignidad.

Un origen en protesta: la raíz femenina del pacifismo contemporáneo
Fue en la década de 1980 cuando un grupo de mujeres británicas tomó la decisión de instalar un campamento frente a la base de misiles de Greenham Common, en Inglaterra. Aquella acción, nacida desde la indignación por la presencia de armamento nuclear estadounidense en suelo europeo, marcó el inicio de un movimiento que uniría a mujeres de diferentes continentes bajo una causa común: detener la proliferación de armas y reclamar una seguridad centrada en la vida, no en la destrucción.

El gesto de ocupar ese espacio militar fue simbólico y radical. Las mujeres no solo se manifestaban contra la guerra, sino que también desafiaban los roles tradicionales impuestos por una sociedad militarizada.

Con cantos, performances y vigilias, convirtieron un lugar destinado al conflicto en un territorio de resistencia civil. Aquella semilla sembrada en Greenham germinó en redes globales que hoy siguen defendiendo la paz como derecho y necesidad.

Tejedoras de acuerdos: la presencia femenina en procesos de diálogo
Los acuerdos de paz no se firman solos. Y aunque las mesas de negociación históricamente han sido ocupadas por hombres, la presencia de mujeres en esos espacios ha sido clave para garantizar procesos más amplios y sostenibles.

Desde Filipinas hasta Colombia, pasando por Ruanda y Sudán del Sur, múltiples experiencias han demostrado que cuando las mujeres participan activamente en la resolución de conflictos, se amplían las perspectivas, se consideran las heridas del tejido social y se priorizan acciones reparadoras.

Pese a los avances, los obstáculos persisten. La representación femenina en estos procesos aún es limitada, y muchas veces su voz queda relegada a espacios secundarios o simbólicos. Sin embargo, las organizaciones lideradas por mujeres han sabido construir canales de participación más allá de lo institucional. Desde las comunidades hasta los foros internacionales, insisten en que la paz no puede construirse sin escuchar a quienes más han cargado con los efectos de la guerra.

El desarme como compromiso ético y político
Hablar de desarme implica ir más allá del retiro de fusiles o la desactivación de misiles. Para las mujeres que protagonizan este movimiento global, significa cuestionar el sistema que justifica el uso de la fuerza como forma de control. Por eso, el 24 de mayo se convierte también en una fecha para visibilizar las luchas contra el comercio de armas, la militarización de territorios y el gasto público destinado a la guerra.

Numerosas activistas denuncian que mientras los presupuestos militares crecen, los fondos para educación, salud y desarrollo se reducen. Frente a ello, proponen alternativas centradas en la prevención de conflictos, la educación en derechos humanos y el fortalecimiento de comunidades. El desarme, entonces, no es solo técnico: es una apuesta por otro modelo de sociedad, donde el poder no se mide en arsenales sino en la capacidad de proteger la vida.

Una jornada que une generaciones y territorios
En el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme no hay un único rostro ni una sola bandera. La diversidad de voces que lo integran es su principal fortaleza. Desde las mujeres indígenas que defienden sus tierras hasta las diplomáticas que impulsan tratados multilaterales, todas comparten una convicción: la paz es una tarea colectiva que debe incluir a quienes históricamente han sido excluidas.

En escuelas, plazas públicas, plataformas digitales y espacios legislativos, el 24 de mayo se conmemora con actividades que buscan sensibilizar, formar y movilizar. No se trata de celebrar, sino de recordar que aún queda mucho por transformar. Las historias de quienes resisten con palabras, abrazos y gestos cotidianos de dignidad siguen alimentando esta fecha que no quiere héroes, sino aliadas dispuestas a imaginar futuros libres de violencia y dominación.

#hemeroteca #antimilitarismo #feminismo | «Ninguna paz florece desde el cañón de un arma»

Ecuador Etxea / Armiarma se concentra por la paz en Bilbao //

«Ninguna paz florece desde el cañón de un arma»

En el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, Armiarma denuncia el negocio de la guerra y propone una alternativa basada en los cuidados y la justicia social.
David BM | Ecuador Extea, 2025-05-24
https://www.ecuadoretxea.org/ninguna-paz-florece-desde-el-canon-de-un-arma/ 

En el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, el colectivo Feminista y Antimilitarista, Armiarma, se congregó frente al Gobierno Militar de Bilbao para proclamar, con voz firme y sin rodeos: “Las feministas decimos NO a todas las guerras, a la industria militar y a las estructuras que las sostienen”.

En un acto cargado de simbolismo y determinación, las activistas leyeron un manifiesto que no escatimó en críticas hacia la lógica militarista que, según denunciaron, convierte la defensa en amenaza y la seguridad en control. “Defendamos la vida de otro modo”, clamaron, proponiendo una alternativa basada en los cuidados compartidos, las escuelas abiertas y las comunidades vivas.

El manifiesto también arremetió contra el negocio de la guerra y la industria armamentística, que, según las organizadoras, convierte el dolor en cifras y las fronteras en campos de batalla. “Ninguna paz florece desde el cañón de un arma”, afirmaron con contundencia.

Desde una visión feminista, Armiarma subrayó la importancia de poner en el centro los cuidados, la justicia social y la organización colectiva. “Nosotras, que sostenemos la vida, sabemos que la verdadera seguridad está en el vínculo con lo colectivo, no en el poder del fuego”, enfatizaron.

El manifiesto concluyó con un llamado a la acción: “Este 24 de mayo, salgamos juntas. Llevemos nuestras voces, nuestras pancartas, nuestras amigas. Ocupemos las plazas, los barrios, los espacios comunes. Porque la paz se construye en red. Y la red somos todas”.

La concentración de hoy en Bilbao se enmarca en una jornada internacional que conmemora el papel de las mujeres en la construcción de la paz y el desarme, recordando que desde 1982, el 24 de mayo se celebra el liderazgo y la participación de las mujeres en los procesos de paz y la erradicación de la violencia.

viernes, 22 de enero de 2021

#hemeroteca #homofobia #politica | 'Levanten nalgas' y la 'insumisión marica' siembran la polémica en Zizur


'Levanten nalgas' y la 'insumisión marica' siembran la polémica en Zizur.

Navarra Suma ha censurado las charlas que se han realizado esta semana en torno al movimiento y los colectivos defienden su postura.
Virginia Urieta | Noticias de Navarra, 2021-01-22
https://www.noticiasdenavarra.com/navarra/comarca-pamplona/2021/01/22/levanten-nalgas-insumision-marica-zizur/1113711.html

Puede que las expresiones "insumisión marica" y "levanten nalgas" consigan hacer saltar por los aires el imaginario de la derecha más añeja, la tradicional y conservadora, pero como dicen quienes los acuñan –por cierto con mucho orgullo– no hay nada como apropiarse de un término para revolucionar su significado. Y es que parecen haber sembrado la polémica en Zizur, donde durante toda esta semana la Casa de Cultura ha acogido una serie de charlas y debates, además de una exposición, en torno al movimiento insumiso. Actividades que por cierto han atraído a un buen puñado de gente dispuesta a dialogar sobre un tema del que poco se habla, y que incluía en una de sus jornadas una ponencia a cargo del colectivo EHGAM, que lucha desde 1977 "por la liberación de gais, lesbianas, bisexuales, transexuales y otras expresiones sexuales no heteronormativas", como ellos mismos se definen.

Su ponencia ('Levanten nalgas', un relato de la insumisión marica) y la propia Semana insumisa llevaron a Navarra Suma en Zizur Mayor a emitir un comunicado en el que criticaron que es una actividad "totalmente rechazable en términos de inclusión e igualdad", además de "prescindible" en tiempos de pandemia y que "este tipo de actos sólo sirven para difundir mensajes ideologizados". Según indican, la actividad "cuenta con la colaboración pública del Ayuntamiento a pesar de que se haya rechazado una de sus actividades por todos los grupos políticos, a excepción de EH Bildu". Éste extremo fue desmentido desde el Consistorio, desde donde señalaron que el resto de grupos sí apoyó la iniciativa.

Desde EHGAM han avanzado que el título de su ponencia "ha sido el reflejo del lenguaje y la iconografía utilizada por un determinado número de personas contra el militarismo y la mili obligatoria, entre ellas jóvenes de Zizur. Sería una flagrante tergiversación de la historia el modificar tanto la iconografía como el vocabulario utilizado en aquella época para la tranquilidad de algunas personas. La utilización de la Insumisión Marika ha sido, es y será una estrategia de lucha contra el militarismo y la heteronorma".

Sobre el término "marica", asumen que "cuando nos reapropiamos del insulto lo que estamos haciendo es abrazar con alegría aquello con lo que los otros aspiraban a estigmatizarnos, dejando claro que no sentimos ninguna vergüenza ni deshonra por aquello que intentan afearnos. Al hacer bandera de la ofensa, no solo se desactiva el insulto y se desmonta el ataque, sino que además le damos la vuelta poniendo en evidencia a quien intentaba herir".

Les apena "terriblemente" el ataque a un acto y a una semana cultural de reflexión "de una lucha de luchas que tuvo el apoyo de casi la mayoría de la sociedad navarra y que con este apoyo consiguió acabar con el servicio militar obligatorio para todos los hombres. La LGTBIfobia sigue estando presente desde múltiples situaciones y frentes por lo que invitamos a una reflexión profunda desde el conocimiento y desde la vivencia de los propios colectivos", señalaron, y propusieron la organización de una semana LGTBI+ en Zizur Mayor "para ahondar en el discurso y pensamiento de las cuestiones que atañen a la diversidad sexual y de género".

También se ha pronunciado el colectivo insumiso, promotor de las actividades. "Hace tiempo que 'marica' en el mundo dejó de ser un insulto para ser patrimonio de un orgullo, de la misma manera que la palabra desobediente se reivindicó de la mano de Navarra en el país del toro demostrando que una actitud insumisa ante una legalidad injusta podía acabar con el servicio militar obligatorio, situación de la que hoy los hijos de esa derecha se benefician sin pudor", valoran. "Eso es lo que le produce sarpullido a esa derecha dominante y de mal perder: que desde el espacio público de Zizur se recuerde que Navarra fue bastión y ariete de una desobediencia que le ganó el pulso al poder militar y que parte de aquellos reductos desobedientes fueran maricones. Nosotras no escondemos que somos desobedientes ante lo injusto y maricas frente al homófobo y aunque ellos no lo entiendan, seguiremos contaminando las generaciones futuras desde el poder de lo público usando el derecho a dar nuestra versión".

sábado, 16 de noviembre de 2019

#hemeroteca #antimilitarismo #memoria | 30 años de insumisión, el movimiento que llenó calles y cárceles de desobediencia civil

Imagen: Cuarto Poder / Manifestación por la Insumisión en Albacete
30 años de insumisión, el movimiento que llenó calles y cárceles de desobediencia civil.
El 16 de noviembre de 1989 se celebraron los primeros juicios militares contra insumisos en nuestro país contra Josep María Moragriega y Carlos Hinojosa. “El rechazo a la mili era compartido por la mayoría de la sociedad, era muy transversal”, afirma Nacho Murgui, juzgado por insumisión en 1996. “Nuestra lucha sigue siendo un referente para los movimientos sociales”, señala José Manuel López, antimilitarista e insumiso a principios de los años 90.
Miguel Muñoz | Cuarto Poder, 2019-11-16
https://www.cuartopoder.es/espana/2019/11/16/30-anos-de-insumision-el-movimiento-que-lleno-calles-y-carceles-de-desobediencia-civil/

Año 1989. Mes de noviembre. El PSOE de Felipe González gobierna con una mayoría absoluta obtenida, en esta ocasión, por la mínima. En las calles aún resonaban los ecos de la huelga general celebrada un año antes. Y de las movilizaciones anti OTAN surgidas años antes del referéndum de permanencia celebrado en 1986. 1989 sería un año clave para entender un movimiento político histórico en nuestro país: la insumisión. El rechazo a formar parte del ejército, al servicio militar obligatorio. A “la mili”. Tal día como hoy, 16 de noviembre, se celebraron hace tres décadas los primeros juicios militares contra insumisos en nuestro país.

Josep María Moragriega y Carlos Hinojosa fueron los nombres propios de aquel día. Ambos formaron parte de los 57 primeros insumisos declarados. Se presentaron, coordinadamente, el 20 de febrero del citado año 89, ante diferentes gobiernos militares. Solo 11 fueron detenidos. Moragriega fue uno de ellos. Pasó quince días en prisión preventiva. Y posteriormente fue citado, junto a Hinojosa, a juicio militar para el mes de noviembre.

“Organizamos una movilización estudiantil muy potente, hubo huelga ese día. Culminó con una macromanifestación a las puertas del gobierno militar donde se realizaba el juicio en Barcelona”, recuerda el propio Moragriega en conversación con cuartopoder. El juicio se celebró un año después de la primera presentación. La condena fue de 13 meses de prisión. “Intentaron hacer una condena suave para intentar desmovilizar a los futuribles insumisos. Eso no fue así porque en la segunda presentación se incrementó el número de manifestantes”, señala Moragriega.

Aunque el primer objetor de conciencia por razones no sólo religiosas fue Pepe Beunza, que se declaró insumiso en 1971 y estuvo preso hasta 1974, el año 1989 marca un antes y un después. Se había anunciado la próxima puesta en marcha de la Prestación Social Sustitutoria (PSS) por parte del Gobierno. Es decir, realizar un servicio social en sustitución de la mili. Además, se comenzaron a denegar las declaraciones colectivas de objeción de conciencia que habían sido aceptadas en años anteriores. Los colectivos antimilitaristas, entre los que destacan el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) o el Mili KK, intensificaron sus acciones.

“Usaban la represión selectiva de baja intensidad, con el objetivo de intentar frenar la ola que se les venía encima. Fue una ola que creció exponencialmente. No tuvo fin ni siquiera cuando sacaron la ley civil para regular la PSS”, reflexiona. La variedad de movimientos también produjo diferentes estrategias que variaban entre hacer visible la causa entrando voluntariamente a la cárcel o la “insumisión total”, que incluía no presentarse a los juicios.

La sentencia de Moragriega tardó en llegar tras varias vistas. No ingresó en prisión hasta el año 1991. “Del juicio militar salí por la puerta, la sentencia salió 48 horas después”, recuerda. Entonces pasó a situación de clandestinidad para no ser detenido. La idea era entregarse cuando más le interesara al movimiento, para que causara mayor impacto. Ese momento llegó el 15 de Mayo, Día Internacional de la Objeción de conciencia.

Moragriega fue detenido. Se presentó solo porque Hinojosa seguía la línea de la “insumisión total”. “Fui al gobierno militar, dije que ahí estaba y que procedieran a hacer lo que tuvieran que hacer. Me trasladaron a Cartagena después de un viaje larguísimo, incomunicado. Me aplicaron ley antiterrorista, estuve desaparecido más de 72 horas, todas de conducción. Pisé cuatro prisiones: Modelo y Trinidad en Barcelona. Modelo de Valencia, Sangonera (Murcia) y finalmente Cartagena, en el Penal Naval de Santa Lucía”, relata. Pasó allí unos 11 meses.

Dentro de prisión, la lucha seguía. Entre otras cuestiones, aportaba textos que eran leídos en actos del movimiento insumiso. “Había que mantener alta la moral antirepresiva. Yo desde la cárcel poca cosa más podía hacer, confiar en todos mis compañeros y esperar mi día”, apunta. Moragriega “celebró” su 25 cumpleaños en prisión y allí acabó su carrera universitaria. Luego empezó a trabajar como profesor.

Con los años se vinculó mucho a la situación creada por la Guerra de los Balcanes. “La insumisión continuaba activa pero ya dejé paso a nuevos insumisos. A nivel de organización me retiré y pasé a fundar y trabajar en Maestros por Bosnia”, señala. En febrero de este año, aprovechando el aniversario de aquella primera presentación ante los gobiernos militares, la prisión de la Modelo en Barcelona, convertida ahora en un centro de memoria, organizó un acto de recuerdo y homenaje de aquellos pioneros.

Coordinación y multiplicación de casos

El número de personas insumisas creció exponencialmente con el paso de los años. Los juicios pasaron a ser de carácter civil por la entrada en vigor de la PSS. Las historias son innumerables. Otros hitos a tener en cuenta tuvo lugar en 1991 en Albacete. Allí tuvo lugar el primer juicio contra insumisos a la PSS. Los juicios siguieron mientras la administración ejecutaba esa “represión selectiva” o “de baja intensidad”. Entre otras cosas esto derivaba en diversidad de condenas dependiendo del juez en cuestión e incluso absoluciones.

El periodista Joan Canela es autor del libro ‘Insubmissió. Quan joves dearmats van derrotar a un exércit’ (Sembra Libres, 2019). También fue activista, en su caso del Mili KK. “El movimiento fue muy potente pero más tarde, no en sus primeros años”, señala a este medio. Canela destaca que la estrategia a seguir era dura, había que asumir que se iba a la cárcel y no se sabían bien las consecuencias de las acciones. “Al principio hubo muchas dudas y debates, si seguir una estrategia u otra, si había posibilidades, etc.”. El periodista recuerda además la actuación del PSOE amnistiando a todos los objetores acumulados en espera de aprobar la nueva ley. “Se hizo para quitarse un grueso de activismo de en medio”, afirma.

“El movimiento antimilitarista fue muy capilar. En número y cantidad, Catalunya y País Vasco fueron los puntos fuertes, pero hubo insumisos en todos sitios. En sitios con escasa presencia de movimientos sociales alternativos, había insumisos. Fue muy generacional y transversal”, describe este periodista. Además, destaca la coordinación estatal que había entre diferentes partes del Estado. El MOC y el Mili KK eran coordinadoras estatales, asamblearias. Tenían núcleos locales, intercomarcales y una coordinación estatal que cada dos meses iba a Madrid a reunirse durante el fin de semana.

“Era un nivel de militancia muy intenso, la gente estaba muy comprometida”, señala. La actividad era incesante, y en época pre-redes sociales. “Era muy espectacular, detenían a dos insumisos en Sevilla y desde allí llamaban por teléfono, local por local, a todo el Estado. A la mañana siguiente ya había concentración en Valencia, Madrid, etc. Había cierta cohesión de colectivo. Eso ayudó mucho a mantener la lucha contra la represión”, argumenta Canela.

Esa coordinación estatal la vivieron personas como Carlos Herrero Canencia. En 1988 descubrió el movimiento insumiso mientras estudiaba Filología en la Universidad Complutense. Además, participó en unas pioneras jornadas antimilitaristas en Zaragoza ese mismo año. “Me daba al principio mucho miedo, era algo ilegal, podías entrar en la cárcel”, reconoce. Su condición de homosexual, además, fue relevante para su lucha. “Tenía claro que el ejército era un sitio completamente homófobo. En el juicio, una de las razones que alegué era el hecho de ser gay y estar en contra del ejército por su homofobia”, afirma. En marzo de 1990 se presentó como insumiso y tuvo el juicio cuatro años más tarde.

Herrero pertenecía a la Coordinadora Antimilitarista. “Fueron años de muchísimo activismo, dando charlas, montando manifestaciones, acompañamiento a los presos, etc. En Madrid se hizo un trabajo antirrepresivo muy importante”, comenta. Recuerda una acción concreta en la prisión militar de Alcalá de Henares, donde el director de la prisión provocó agresiones entre algunos soldados presos y los insumisos. A él le tocó visitar a los presos el día de los hechos. “Llegué a casa, llame a toda la gente, se organizó mucho follón, una manifestación, etc. Aparte de que fue algo muy bonito y surgió un efecto grande. Contamos con el apoyo de varios diputados y el director de la prisión se acojonó”, señala.

Aquello fue en 1998. Pero antes, Herrero pasó por su proceso judicial. Juicio. “Fue, por un lado, muy tenso y por otro muy emocionante porque se montó un acto de solidaridad brutal. En el momento del discurso final vi que había entrando gente y la sala estaba hasta arriba”, apunta. Su condena fue de un año de cárcel por lo que te podían hacer firmar la libertad condicional y no entrar. “Me pasaba que no sabía qué hacer. Si firmaba me quitaba de problemas. Fue muy duro pero no lo firmé. Me volvieron a llamar pidiendo que firmara un papel diciendo que no había firmado el otro papel. Yo dije que no iba a firmar ya nada. Los meses que mayor tensión tuve fueron ahí cuando tenía la orden de búsqueda y captura. Me podían detener en cualquier momento”, recuerda.

La estrategia pasaba por elegir alguna acción concreta llamativa para provocar la detención y darle un sentido político. Pero había mandos policiales y políticos que preferían no dar más publicidad al movimiento y no los detenían. Finalmente, Herrero se presentó a entregarse junto con tres compañeros más. “Convocamos a la prensa y una concentración y fuimos. Fue muy emocionante, tener a toda la gente coreándote y gritando consignas mientras entras en prisión”. Cumplió su condena en Carabanchel, luego en Yeserías y finalmente en Valdemoro en régimen abierto. Desde entonces ha seguido vinculado a movimientos sociales y ha impulsado un colectivo en Madrid de Docentes LGBTi.

Referente de los movimientos sociales actuales
“Nuestra lucha sigue siendo un referente para los movimientos sociales”. Habla con José Manuel López, activista antimilitarista que formó parte del MOC desde el año 1987. Él estuvo presente, acompañando, aquel 20 de febrero, en Madrid en la primera presentación de insumisos pese a que todavía no lo era.

También pasó por la cárcel. “Hubo jueces que pensaban que no deberíamos ir a la cárcel y se inventaban eximentes. Es lo que pasó en mi caso, me condenaron a 6 meses”. Un tiempo que repartió entre las cárceles de Carabanchel y Valdemoro. “La PSS no tenía ninguna intención social, era simplemente un castigo. Durante los años que duró era una chapuza. Muchas organizaciones sociales se negaron a colaborar con el Estado. Como Cáritas, por ejemplo”, apunta.

Recuerda este activista aquellos años al movimiento “bastante coordinado y con muchos colectivos”. Y señala su vigencia. En su caso, el MOC pasó a llamarse Alternativa Antimilitarista. “A día de hoy se nos sigue llamando en muchos movimientos para pedirnos talleres sobre acción directa no violenta, desobediencia civil, campañas, etc. Desde el 15M hasta los movimientos por la crisis climática”.

Y es que los insumisos fueron en cierto modo pioneros en acciones llamativas. “Lo de colgarse de una pancarta en un puente, encadenarse en juzgados, ocupar cuarteles, etc. Fueron los primeros en actuar de esa forma. Supieron usar los medios de forma muy inteligente”, apunta por su parte el periodista Canela.

“El hecho de la desobediencia civil tiene una capacidad de impacto enorme. Se pusieron en juego todo un repertorio de acciones que de alguna manera fueron novedad y lograron que el movimiento tuviera mucha visibilidad: acciones en los cuarteles con las entregas de insumisos, encadenamientos en el gobierno militar, en el cuartel general del ejército, etc. Con no mucha gente lograbas un impacto enorme”. Quien habla es Nacho Murgui, insumiso en los años 90 y actual concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento.

El movimiento, como decía López, sigue vigente. Su “horizonte utópico” es la desmilitarización de la sociedad. Por ello han desarrollado varias campañas. Una, contra el gasto militar. Más antigua aún que la insumisión que es la objeción fiscal a los gastos militares. Se lleva haciendo desde principios de los años 80. “En el 15M tuvo un importante impulso”, apunta López. También se realizan campañas contra fabricación y venta de armamentos, que incluye, por ejemplo, denunciar las ferias de armas que se celebraban en Ifema. La militarización de las fronteras, en colaboración con otros colectivos como Caravana Abriendo Fronteras, es otro de los temas que siguen.

Amplio apoyo social
“En el tiempo que estuve en busca y captura a mí me avisaban todo el rato los vecinos. El frutero de la esquina, que no era un hombre de izquierdas precisamente, estaba pendiente y cada vez que veía alguna cosa extraña de que fueran a por mí, me avisaba. Lo viví con mucho apoyo, se generó una comunidad potente”. Son los recuerdos de Murgui, que fue juzgado en 1996 tras estar más de un año en busca y captura. En su caso, optó por no asistir a la citación judicial y formaba parte de un pequeño colectivo autónomo madrileño.

Una de las acciones que realizaban era mandar cartas a los juzgados, una vez citados a declarar, exponiendo sus razones políticas para no asistir. "No reconozco a ningún tribunal la capacidad de juzgar las conciencias y mucho menos a un movimiento social ampliamente reconocido por la población”, destaca uno de los alegatos de Murgui en su momento.

“El rechazo a la mili era compartido por la mayoría de la sociedad, era muy transversal”, destaca el actual concejal. La gran cantidad de personas que se fueron declarando insumisas suponía un problema incluso práctico a la hora de que el Gobierno aplicará la ley. “Era una ley inaplicable por la extensión del movimiento de desobediencia civil”, comenta.

Por su parte, el periodista Canela comparte que la insumisión generaba muchas simpatías sociales. Y además pone de relevancia que, visto desde la perspectiva actual, al movimiento insumiso lo trataban muy bien en los medios de comunicación. “En el momento, el movimiento no se sentía demasiado apoyado. Pero si lo comparas con cómo se tratan ahora los movimientos similares, es impresionante. Destacaban al movimiento antimilitarista como un actor político, no como una tribu urbana. Después sacaban las barbaridades del ministro o artículos criminalizando. Pero también salía la otra parte. No fue un apoyo pero sí una cobertura seria”. Un ejemplo: el diario El País publicó un artículo de Moragriega e Hinojosa el día que fueron juzgados.

Otro aspecto curioso fue la cierta presencia del cristianismo de base. “El MOC, en sus orígenes, tiene cierta conexión con el cristianismo de base”, destaca el periodista. Conviene recordar que el mencionado Pepe Beunza venía de ahí. Esas conexiones se van diluyendo a partir de los 80 y 90 pero agrupaciones con peso en la base, como Justicia y Pau, representada por Arcadi Oliveres, tuvieron su importancia. No obstante, aunque desde la jerarquía católica tuvieron su reflexión interna, se hizo una pastoral criticando a los insumisos. “La Iglesia en sí no apoyó nunca la insumisión”, apunta Canela.

Un movimiento que logró vencer
La mili acabó porque el gobierno de José María Aznar lo pactó con la CIU de Jordi Pujol en el famoso pacto del Majestic, en 1996. Se hizo efectiva en 2001. “En una década acabar con la mili está bastante bien. Teniendo en cuenta que veníamos de una dictadura militar, que el ejército en este país era una institución sagrada, el éxito es bastante grande, nosotros así lo vivimos. Supuso un impulso importante y 30 años después seguimos luchando”, señala López.

“El movimiento murió de éxito. Al principio todos los insumisos formaban parte de un colectivo, estaban coordinados, tenían abogados del movimiento. Pero llega un momento en que se desborda, empiezan a salir montones de insumisos, no se pueden juzgar a todos. Se creó como un manual para hacer campañas, se replican de formas autónomas, se desbordó el movimiento”, destaca, por su parte Canela. El periodista considera que el movimiento no tuvo la fuerza necesaria para vender políticamente su victoria. “Creo que estaba un poco decaído pero también hay que entender que del 89 al 92 o 93 fue la dinámica de activismo frenético. Desgastó a muchos activistas. En el 95 o 96 había mucha gente en segunda línea porque no podía más”, añade.

“Fue una victoria enorme. El movimiento partía de un discurso de mayor alcance, logró acumular mucha fuerza contra la mili pero cuando esa cuestión se acaba, el movimiento antimilitarista queda mucho más aislado de la sociedad”, apunta Murgui. Considera, además, que “cuando los movimientos sociales logran algunos de sus objetivos muchas veces languidecen”. Murgui reconoce que no recuerda que por ejemplo hubiera actos celebrativos. “En estos ámbitos siempre tenemos un carácter muy crítico y cuesta reconocer las victorias. Pasa en los movimientos sociales y en la izquierda. Pero el acabar con una institución como la mili, tan arraigada en un país como éste, tiene un mérito tremendo, fue una transformación de un alcance tremendo. No se ha reconocido, ni siquiera por quienes formamos parte de él, el papel que tuvo el movimiento”, concluye.

sábado, 26 de mayo de 2018

#hemeroteca #feminismo #antimilitarismo | Movilización feminista contra la industria militar vasca: "La guerra empieza aquí"

Imagen: Público / Marcha feminista antimilitarista
Movilización feminista contra la industria militar vasca: "La guerra empieza aquí".
Las manifestantes han llegado hasta las puertas de SENER, una empresa que trabaja en el ámbito de la fabricación de misiles. Se calcula que cerca de 100 compañías afincadas en Euskadi participan en el negocio de la guerra.
Danilo Albin | Público, 2018-05-26
http://www.publico.es/sociedad/feminismo-movilizacion-feminista-industria-militar-vasca-guerra-empieza.html

Primero eran unas pocas. Luego se animaron otras. Un día eran tantas que hasta se vieron con fuerzas para rodear una base militar. Ellas no llevaban armas, sino gargantas para gritar contra los que hacen la muerte y se enriquecen a su costa. Así nació Greenham Common, el campamento feminista que se instaló fuera de una base de la Royal Force británica en 1982. Este sábado, su lucha volvió a ser reivindicada por el movimiento feminista vasco frente a SENER, una empresa de esta tierra que gana dinero con las guerras lejanas.

La cita era a las 12.00 junto al Puente Colgante en Getxo, a unos 1.800 metros de esa compañía. No era difícil saber quiénes se dirigían hacia allí: tal como aparecía en la convocatoria, la mayoría de las participantes vestía ropa negra. La iniciativa servía para poner fin a una serie de actos celebrados esta semana por el Movimiento Feminista de Euskal Herria en el marco del Día Internacional de las Mujeres Contra la Guerra que se conmemoró el jueves 24.

“Vamos a ir a SENER porque no podemos ir a todas a la vez”, afirmaba a Público Irati González Larena, una de las organizadoras. En efecto, entidades que trabajan en el ámbito antimilitarista señalan que en Euskadi existen cerca de 100 empresas que participan, de una manera u otra, en el negocio de la guerra. Según el Centro Delàs de Estudios por la Paz, en el País Vasco se produce el 16% del volumen de fabricación para defensa del conjunto del Estado español.

La gigantesca SENER ocupa un lugar preponderante en esa lista. La compañía fundada por el millonario del Opus Dei Enrique Sendagorta —premiado en 2014 por el Rey Juan Carlos I con el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial— está considerada como una de las “referencias” nacionales “en sistemas de misiles y está especializada en aplicaciones de ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento)”, subraya un informe elaborado por el Centro Delàs de Estudios por la Paz y la Ong SETEM.

Colectivos antimilitaristas vascos también han denunciado que esta compañía mantuvo “compromisos de colaboración con la empresa israelí de armamento ‘Israel Aircraft Industries LTD’ para el diseño de ‘nuevos materiales aeronáuticos’ por valor de 5 millones de euros a través del programa VULCAN”. También habrían dado su aporte a la empresa militar Rafael, “para la cual ha diseñado los sensores que van en los aviones militares israelís, los cuales sirven para localizar y focalizar el objetivo a bombardear”.

Asimismo, los directivos de SENER formaron parte de la comitiva que acompañó al Rey Felipe VI en la polémica visita oficial que realizó el año pasado a Arabia Saudí, cuyas tropas mantienen a la población de la vecina Yemen bajo bombardeos indiscriminados. “Si una empresa con sede en Getxo está yendo a hacer negocios con un régimen de ese tipo, hay que señalarlo”, apuntó a Público Aitziber Lasa, otra militante feminista que este sábado participó en la movilización de este sábado.

Las manifestantes tardaron unos diez minutos en llegar hasta las puertas de SENER. Las mujeres que portaban la pancarta, en la que podía leerse "Las feministas nos plantamos ante la guerra", detuvieron allí su marcha. Entonces arreciaron los cánticos contra la industria militar, mientras otras colocaban un cartel en las rejas de la compañía con un mensaje que también se había escuchado a lo largo de la manifestación: “La guerra empieza aquí”.

“Heteropatriarcales y racistas”
En un manifiesto, el Movimiento Feminista de Euskal Herria denunció también que “las guerras son colonialistas, heteropatriarcales, imperialistas, racistas, clasistas y capitalistas”. Todo eso, apuntaron, “choca de lleno con las necesidades y reivindicaciones más básicas del feminismo”, dado que no quieren “un modelo social en el que las mujeres, sus cuerpos o sus territorios sean oprimidos bajo ninguna excusa”.

En tal sentido, señalaron que SENER y otras empresas relevantes con sede en Euskadi, entre las que ubicaron a ITP y SAPA, “colaboran con su tecnología en la fabricación de armamento causante de la muerte de centenares de miles de personas”. Al hilo de ello, denunciaron “el papel de las instituciones, gobiernos y banca en el mantenimiento de los conflictos y la militarización” y lanzaron un reclamo muy claro: “que dejen de amenazar nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestras vidas”.