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viernes, 4 de marzo de 2022

#libros #homosexualidad #cine | Galopa y corta el viento

Galopa y corta el viento / un guión inédito de Gonzalo Goicoechea y Eloy de la Iglesia ; ed. crítica de Eduardo Fuembuena ; prólogo de Eduardo Mendicutti.

Madrid : Niños Gratis, 2022 [03-04].
320 p.

/ ES / Libros / ENS / Cine / Homosexualidad / Homosexualidad en el cine / Política / Relaciones amorosas
📘 Ed. impresa: ISBN 9788494933363 / 29,90 €

«Al parecer, aún no hay la suficiente democracia para que se pueda narrar una historia de amor entre un etarra y un guardia civil». Eloy de la Iglesia. 1986.

En 1981, Gonzalo Goicoechea y Eloy de la Iglesia escribieron una película que nunca se llegó a rodar. Se llamaba ‘Galopa y corta el viento’. Era la historia de amor imposible entre un abertzale y un guardia civil andaluz destinado en el País Vasco. La osadía era tal que todos los intentos de poner en marcha la producción fracasaron, pero ‘Galopa y corta el viento’ se convirtió en una pequeña leyenda del cine español.

Este libro contiene el guion íntegro de ‘Galopa y corta el viento’, publicado ahora por primera vez, el documento primigenio que escribieron sus autores, un hermoso prólogo de Eduardo Mendicutti y un estudio introductorio en el que Eduardo Fuembuena reconstruye la historia de la película y de la España en la que no se pudo hacer.

DOCUMENTACIÓN
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Galopa y corta el viento.
Jabichillo | Le Cool Barcelona, 2022-03-02

https://barcelona.lecool.com/event/galopa-y-corta-el-viento/
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'Galopa y corta el viento', la historia de amor entre un guardia civil y un abertzale que Eloy de la Iglesia nunca llegó a rodar.

En 1981, en medio de los años más duros de la violencia de ETA, el director y su colaborador habitual, Gonzalo Goicoechea, escribieron un guión al que diferentes obstáculos y el clima político y social de la época condenaron a un cajón.
Carlos Madrid | EPE, 2022-03-09
https://www.epe.es/es/cultura/20220309/galopa-corta-viento-historia-amor-13342186
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‘Galopa y corta el viento’: la historia de amor entre un ‘abertzale’ y un guardia civil que Eloy de la Iglesia no logró rodar.

En 1981 el director de ‘El pico’ y Gonzalo Goicoechea escribieron un guion que hubiera supuesto una película rompedora. Ahora el libreto se publica en una edición crítica.
Gregorio Belinchón | El País, 2022-03-17
https://elpais.com/cultura/2022-03-17/galopa-y-corta-el-viento-la-historia-de-amor-entre-un-abertzale-y-un-guardia-civil-que-eloy-de-la-iglesia-no-logro-rodar.html
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'Galopa y corta el viento': ve la luz el amor entre un etarra y un guardia civil que Eloy de la Iglesia no pudo rodar.

La editorial Niños Gratis* recupera el guion íntegro de la atrevida película nunca realizada del director de 'El pico'.
Manuela Partearroyo | Cinemanía, 20 Minutos, 2022-04-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/galopa-corta-viento-amor-etarra-guardia-civil-eloy-iglesia-4979893/
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La historia de amor gay en tiempos de ETA que fue censurada por décadas sale a la luz.

'Galopa y corta el viento': Un guardia civil, un etarra y un romance secreto, así es el guion de la película que Eloy de la Iglesia nunca pudo rodar por la censura. Los guionistas recibieron amenazas por abordar temas controvertidos como la homosexualidad o el terrorismo de ETA. La película no logró superar los controles de censura de la época.
Celia Torres | Uppers, 2022-04-13
https://www.uppers.es/cultura-y-entretenimiento/cine/amor-gay-eta-censurada-decadas_18_3313023339.html
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El romance entre un abertzale y un guardia civil que Eloy de la Iglesia nunca rodó.

El guion de su filme inédito 'Galopa y corta el viento' se publica en una edición que viene acompañada de un estudio del experto en su obra Eduardo Fuembuena.
El Diario, 2022-04-16
https://www.eldiario.es/cultura/cine/romance-abertzale-guardia-civil-eloy-iglesia-rodo_1_8914165.html

martes, 6 de julio de 2021

#hemeroteca #libros #testimonios | Del mito a la realidad

El Periódico de Aragón / Eloy de la Iglesia en Donostia //

Del mito a la realidad.

El zaragozano Eduardo Fuembuena desvela la vida de José Luis Manzano y Eloy de la Iglesia en ‘Lejos de aquí’
Daniel Monserrat | El Periódico de Aragón, 2017-07-06
https://www.elperiodicodearagon.com/cultura/2017/07/06/mito-realidad-46909141.html 

Una historia alucinante pero llena de leyendas y muy incompleta. Esa era la historia de José Luis Manzano, actor del cine quinqui por excelencia de la mano de Eloy de la Iglesia elevado a mito por los seguidores del género, que se encontró el zaragozano Eduardo Fuembuena cuando tras revisionar El pico hace siete años, se fijó «en la presencia de Manzano». «Había visto la película cuando era bastante joven pero no había tenido esa fascinación por el cine quinqui como otra mucha gente. Sin embargo, en esta ocasión, me atrapó la película y su protagonista y empecé a investigar en la red». Su conclusión, faltaba un estudio riguroso sobre su figura. Siete años después, Fuembuena acaba de publicar 'Lejos de aquí' (Uno Editorial), un libro que se centra en José Luis Manzano y Eloy de la Iglesia.

Primer contacto
Una relación que comenzó en 1978 en la puerta de los billares Victoria de Madrid donde el joven se ofrecía a los gays. La versión oficial que contaban los propios protagonistas es que Eloy de la Iglesia lo había sacado de la obra donde trabajaba. Y es que, dos años después, el director lo buscó para que protagonizara su película Navajeros. Desde entonces y durante ocho años, Manzano, de 17 años, vivió en casa del cineasta donde le puso una profesora particular para que se alfabetizara. «Era un actor natural, sin formación actoral -explica Fuembuena. Su manera de entender la interpretación era desnudarse delante de la cámara. No vivía el personaje, simplemente los personajes eran él. Eloy era muy inteligente porque lo que le ofrecía siempre eran papeles que tenían que ver con él y Manzano los asimilaba porque los podía entender, miraban a su altura». El tándem De la Iglesia-Manzano duró cinco películas (a 'Navajeros' le siguieron 'Colegas', 'El pico', 'El pico 2' y 'La estanquera de Vallecas') que situaron tanto al director como al actor en el primer plano de la escena española, que retrata, como a la época, de manera detallada el libro.

«Es que de él hasta la fecha de nacimiento se desconocía... El libro no es una biografía al uso. Yo he querido utilizar algunas herramientas de ficción como la novela histórica pero también doy voz a una serie de ensayos sociológicos y también hay unos capítulos de análisis fílmico de las películas de De la Iglesia. Tiene una estructura de novela dividida en tres partes clásicas y por capítulos», explica el autor que ha buceado durante siete años en un buen número de fuentes: «Contacté con ambas familias, con los compañeros del cine, del PCE de Eloy, montadores, ayudantes de dirección, productores y paralelamente ha habido una documentación exhaustiva en hemeroteca que no había en ninguna biografía publicada, en el archivo de la administración, en el archivo de su productora y todos los expedientes de cinematografía de proyectos realizados, no realizados, contratos...». El resultado, este Lejos de aquí, es un libro abrumador y minucioso de 810 páginas que hasta ahora sólo se puede comprar por internet bajo petición o en Amazon (en formato electrónico).

En todo este proceso, Eduardo Fuembuena ha confirmado sospechas que ya tenía («no es normal que De la Iglesia pasara 16 años sin hacer una película después de firmar las más comerciales y taquilleras de esos años») y ha descubierto historias «apasionantes». «Después de 'La estanquera de Vallecas', una radiografía de una España posfranquista muy crítica con el partido que estaba en el gobierno en esa época que suscita tanta incomodidad en la administración que los demás proyectos se le bloquean», explica un Fuembuena que, por otro lado, destaca la historia de Manzano con «el cura obrero que, una vez abandonado por Eloy de la Iglesia, lo recoge en un poblado sur de Madrid para su desintoxicación».

Todo hasta llegar a su triste final cuando, tras cumplir condena en la cárcel por un robo con violencia «que él no cometió sino la persona que iba con él», acaba en casa de Eloy de la Iglesia donde, cinco horas después de hablar con su madre, fallece por sobredosis de heroína en una escena reconstruida por el propio Fuembuena en el libro: «Yo hago mi hipóteis en la que no acuso a nadie. Si hubiera que hacerlo posiblemente sería a una sociedad en general que auspicia a un actor por intereses capitalistas de joven rebelde y delincuente para luego cuando deja de tener valor desecharlo generando en él unas frustraciones enormes. Y eso habría que encuadrarlo en la problemática general del país».

sábado, 17 de abril de 2021

#hemeroteca #libros #testimonios | Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: una historia de amor, cine, heroína y autodestrucción

El País / Estreno de la película 'El pico 2', en 1984 //

Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: una historia de amor, cine, heroína y autodestrucción.

El libro ‘Lejos de aquí', que se convertirá en serie de televisión, explora la tortuosa relación entre el director y el actor de películas como ‘El pico’ o ‘La estanquera de Vallecas’, fallecido por sobredosis a los 29 años.
Gregorio Belinchón | El País, 2021-04-17
https://elpais.com/cultura/2021-04-17/eloy-de-la-iglesia-y-jose-luis-manzano-una-historia-de-amor-cine-heroina-y-autodestruccion.html 

Esta es una historia de amor. Y de adicciones, a las drogas y a las personas. Es también una historia de cine y de una parte de España empujada a las alcantarillas de la historia por la versión oficial y sus creadores culturales, que escondieron bajo la etiqueta de cine quinqui a muy distintas visiones de lo que ocurría a espaldas de la movida. Es, sobre todo, la historia de una relación atormentada, tóxica y apasionada, la del director Eloy de la Iglesia y su actor fetiche, José Luis Manzano. Juntos rodaron ‘Navajeros’ (1980), ‘Colegas’ (1982), ‘El pico’ (1983), ‘El pico 2’ (1984) y ‘La estanquera de Vallecas’ (1987). Se conocieron en otoño de 1978 en la puerta de los Billares Victoria, en el centro de Madrid, donde chavales de extrarradio se ofrecían a gays por dinero; el actor murió en el piso del director por una sobredosis de heroína el 20 de febrero de 1992.

Entre medias, un drama y dos vidas, ilustradas por el zaragozano Eduardo Fuembuena en 'Lejos de aquí', un libro autoeditado que está en fase de desarrollo para convertirse en serie de televisión. Ochocientas páginas que radiografían ese amor/odio, cartografían la España de esa década, y reproducen cada conversación gracias a los 10 años que Fuembuena ha dedicado a la investigación. En 2017 publicó una primera versión del libro, que ahora ha reescrito en un 70%, en pro de la exactitud de los hechos y del material aportado por nuevas fuentes sobre la relación entre De la Iglesia (Zarautz, 1944-Madrid, 2006) y Manzano (Madrid, 1962-1992).

Fuembuena estudió en la ECAM, la escuela de cine de la comunidad de Madrid, donde coincidió una vez con De la Iglesia. “Recuerdo que por curiosidad pasé por la puerta de la clase donde él estaba dando una charla y hubo un momento en que nuestras miradas se cruzaron”, cuenta el cineasta y escritor. Ya le atraía su cine, aún no había convertido aquella historia en la historia de su vida. “Mi libro ha sido un acto de necesidad”, reflexiona. Hoy forma parte de la segunda promoción del programa Residencias de la Academia de Cine, donde está desarrollando, tutorizado por Agustí Villaronga, una serie de televisión centrada en este amor. “Porque siempre tuve una intención audiovisual para plasmar esta pasión”.

En el libro De la Iglesia explica: “Cuando escribo, siempre asumo como referencia de destino un cine de barrio. Lo que cuento debe llegar al mayor número posible de espectadores; el de autor es un término que desprecio como marxista que soy”, y Fuembuena añade: “Sus películas son autobiografías encubiertas”. A finales de los ochenta, el director ya se había ganado un nombre como cineasta con películas como ‘Juegos de amor prohibido’ (1975) o ‘El diputado’ (1978). Metido en la preproducción de un drama sobre José Joaquín Sánchez Frutos, El Jaro, precoz delincuente y mito popular tras morir en febrero de 1979 con 16 años, De la Iglesia recordó a un chaval bellísimo de Vallecas que se sacaba de vez cuando dinero con su cuerpo. Era José Luis Manzano, al que llamaban ‘Muñequita Ortopédica’ por el arnés que durante mucho tiempo llevó para curar una grave lesión de espalda.

Y así Manzano pasó de la UVA (unas viviendas proporcionadas por el Estado) de Vallecas a la casa de De la Iglesia, que le pagó una educación y le preparó para el rodaje. Comenzaron una apasionada relación sentimental, que el chaval compaginaba con varias novias, y el cineasta, maestro de las imágenes explícitas, con otros pretendientes. El estreno de ‘Navajeros’ convirtió a Manzano en el gran rostro de ese género de cine, que Fuembuena prefiere llamar “poesía del lumpen” y que se acuñó como “cine quinqui”. Un corpus fílmico “producido por el choque entre un vasco marxista materialista de educación humanista y un adolescente de Vallecas de familia desestructurada”. En esa película también debutó José Luis Fernández, ‘Pirri’, otro mito de los ochenta que falleció de sobredosis. ”Como decía Diego Galán, eran películas de crónica con olfato comercial”.

La carrera de Manzano es la perfecta ejemplificación de lo que pudo ser y no fue. Su relación sentimental y profesional con De la Iglesia, en la que por etapas uno fue parásito del otro, fagocitó su recorrido profesional. Solo trabajó con él (solo tuvo pequeños papeles en otras dos películas). Era un monumento de actuación auténtica, natural, sin poses. Su talento acabó cercenado por un parón de un año al realizar la mili y por su adicción a las drogas, un enganche que compartió con su mentor. “El carácter de José Luis, débil, siempre le hizo depender de alguien”, se cuenta en el libro, construido a la manera anglosajona de las biografías: mucha investigación, más de un centenar de voces, relato novelizado basado en abundantes fuentes. Así se asiste al triunfo del cine de De la Iglesia, a pesar de la oposición que encontró en los creadores procedentes del PSOE. El mejor ejemplo es que tras ‘La estanquera de Vallecas’ estuvo sin dirigir 16 años. Volvió en 2003 con ‘Los novios búlgaros’, ya con el PP en el poder (dejó 47 guiones sin filmar en diversas fases de desarrollo). Era un cine que encontró su público, que llegó a ir a festivales como el de San Sebastián y que a cambio recibió furibundos ataques en contra en las críticas periodísticas.

En ‘Lejos de aquí’ hay también sordidez, podredumbre moral y física, y una hábil reconstrucción de la fauna cinematográfica, política y social de la época. La heroína (y la posterior llegada del sida) acabó destruyendo a varias generaciones. Tras ‘La estanquera de Vallecas’, De la Iglesia, para desengancharse, echa de su mundo a Manzano, que se apoya en un cura de Getafe, Pedro Cid, que lucha por rehabilitar a chavales como él. Por eso, el rostro del actor aparece en un mural sobre la Última Cena en la iglesia getafense de Nuestra Señora de Fátima. Encontró un trabajo de ayudante en una productora, pero le despidieron por robarles material y venderlo para pagarse la droga. Hundido, acabó atracando a un peatón en la Gran Vía e ingresó en la cárcel de Carabanchel para cumplir una condena de 18 meses.

Al salir de prisión, Manzano entró durante dos semanas en un nuevo tratamiento de desintoxicación y buscó a De la Iglesia, que se arrastraba de piso en piso, sin levantar ningún proyecto, aunque apoyado por Juan Diego y Juan Antonio Bardem, viejos compañeros de luchas comunistas. “La industria cinematográfica en España se diluye en esos años y solo se filman los proyectos subvencionados desde el Estado”, explica el escritor. Manzano se coló en la casa de De la Iglesia el 18 de febrero de 1992 y dos días después, al despertarse el director a las seis de la tarde, encontró a su examante en el baño, sin vida por una sobredosis. “Es una historia de desencantos”, resume Fuembuena. “De la Iglesia, marxista convencido, en cuanto a lo ideológico y lo cinematográfico. Manzano, en lo vital, porque había rozado un sueño que se le escapó entre los dedos. Él aprendió a vivir a través del cine”.

#hemeroteca #libros #testimonios | Prostitución, heroína y comunismo: la terrible historia de amor de Eloy de la Iglesia y Manzano

El Español / José Luis y Eloy en La Concha donostiarra //

Prostitución, heroína y comunismo: la terrible historia de amor de Eloy de la Iglesia y Manzano.

En 'Lejos de aquí', el historiador e investigador Eduardo Fuembuena destripa, tras una investigación de once años, los secretos de esta pareja de amigos, amantes y dependientes que triunfaron con el cine quinqui.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-04-17
https://www.elespanol.com/cultura/20210417/prostitucion-comunismo-terrible-historia-eloy-iglesia-manzano/573694224_0.html 

Eloy de la Iglesia era una santería de navajas y besos con lengua, de cabinas reventadas, de voltios en el coche y chupetes mojados en heroína. Un héroe inrreinsertable que quiso airear las cloacas de la Transición y dejó al irse un rosario de esquelas tristes, aunque con él pudo sólo un tumor maligno. De la Iglesia llevaba los años perros de España en las cavidades de la cara, en los hundimientos que van de la mejilla a la boca. Homosexual gozoso, comunista de médula: alojado para siempre en una marginalidad que no terminó de subsanar la democracia.

Extraño y auténtico en medio del tiempo, dueño de un cine vilipendiado por los biempensantes, y por toda la crítica, hasta hace poco -que nos llenamos de nostalgia de su talento-: porque habló de las drogas, de la prostitución, del sexo. El cine quinqui era una oda a los niños malos del extrarradio, al lumpen tierno y atroz, a los excluidos de la verbena democrática: todos aquellos chicos analfabetos que vivían de robos modestos. Ahí José Luis Manzano (Paco en ‘El Pico’) soplando las velas de su dieciocho cumpleaños con la ‘Obertura 1812’ de Tchaikovsky de fondo y los antebrazos negros. "¿Quieres un tirito?". Busca la paz. Ráscate esos picores. "Revienta de potro", como dicen en la película.

Felipe González salía en la televisión. Los Calis cantaban aquello de "Más chutes no, ni cucharas impregnadas de heroína, no más jóvenes llorando noche y día". Las paredes de Bilbao rezaban ETA. La población crecía a la vez que el paro. Las clases ricas salían a exhibir sus alegrías como pavos reales. Claro que la vida era la obra y también el retrato de la España bochornosa. Claro que la realidad se extendía como un virus por las periferias. Eloy -que había dejado Filosofía y Letras en el tercer curso y se había puesto a escribir para medios televisivos- ya llevaba metiéndose desde los 60. Y no sólo se juntó con otros adictos como él, sino que casi los creó, como le sucedió con Manzano.

En ‘Lejos de aquí’, un libro autopublicado por el cinéfilo, cineasta, historiador e investigador Eduardo Fuembuena, se cuenta por fin la historia verdadera -hiperrealista hasta el dolor- de Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano. Once años de trabajo para destripar y abrazar un amor de esos locos y viejos, entre la amistad, la complicidad, la prostitución, la simbiosis, el compañerismo, la pasión, la devoción ante el cine, la supervivencia y el tremendo dolor de dos adictos a la heroína y también dos adictos a sí mismos. El uno al otro.

Cuando Eloy conoció a José Luis
Manzano era un chaval de la UVA de Vallecas, aún menor de edad, cuando una noche en medio de su calamidad le dio por rondar los billares del centro de Madrid en busca de algún curro, algún favor, alguna tropelía para pillar algo de pasta. Allí conoció a Eloy de la Iglesia, quien iba a ser su mentor, su maestro, su media mitad, su tremendo amante. Se habían encontrado una vez primera, cuando el chaval tenía 15, pero a los 17 empezarían a ser uno.

“Se vieron en la trasera del cine Carretas. José Luis era uno de tantos chavales que saltaba de un oficio a otro para ganarse la vida”, cuenta Fuembuena a este periódico. Ahí se le ofreció a cambio de subsistencia. A cambio de resquebrajar su destino de lumpen. Primero en cuerpo, evidentemente: luego llegó todo lo demás. Algo había que vender a cambio de esa Derbi Diablo 80 CX5 roja que le compró Eloy, algo había que entregar a cambio de protagonizar las películas más taquilleras de su época, de Navajeros a ‘Colegas’ pasando por ‘El Pico’ o ‘La Estanquera de Vallecas’. Fue el rostro de un tiempo roto. De todos esos chavales jóvenes y viejos al mismo tiempo que no tenían futuro desde el momento de su nacimiento.

Venía de una familia muy desestructurada, Manzano. “Una familia con valores férreos, pero populares, digamos, no exactamente tradicionales, sino muy telúricos, muy conectados a la tierra. Eran inmigrantes manchegos de la ola migratoria que se desplazó a finales de los años cuarenta hacia el centro de la península. Su madre era de Urda y el padre que le dio el apellido era de Consuegra, pero si investigas un poco más, la historia es diferente: a lo mejor el padre biológico de Manzano era gato”, desliza, sin querer concretar más. “Esa es otra historia”.

Sin amor y sin futuro
“Manzano tenía muchas carencias emocionales y educacionales. Eran ocho hermanos de distinto grado. Él era el tercer varón. Era de una de esas familias que vivían en focos chabolísticos, en cuevas. El Instituto de la Vivienda creó en esas barriadas viviendas provisionales que se conocían como UVAS. La construcción que se les prometió en el 63 se les entregó a finales de los ochenta, lo que dice mucho de la historia de este país”, expresa. José Luis nunca recibió educación primaria: era casi analfabeto. Su vida era como aquel poema de Mark Strand: “En un campo / yo soy la ausencia de campo. / Donde quiera que esté / yo soy lo que falta”. Su vida era una oquedad constante, un grito silencioso pataleando por atención. Por cuidados. Por dignidad.

Tanto fue así que cuando tuvo un terrible accidente en el que se rompió la columna vertebral, Manzano pasó once meses en el hospital de San Rafael. “Lo recordará toda su vida con cariño porque a sus doce años y medio recibió por fin un afecto que no había tenido anteriormente. La operación fue tremenda. Se le extrae la tibia y se le coloca en la columna con unos clavos. Su crecimiento se detiene. Nunca llegó al 1,70. Pero además jamás tendrá vello facial ni corporal, lo que subrayaba esa apariencia aniñada de eterno adolescente”, relata Fuembuena.

A ojos del investigador, es escandaloso que ese chaval que demostró tantos talentos interpretativos no tuviera una carrera mayor, de corte internacional. ¿Por qué no tuvo más oportunidades a partir del 86, con ‘La Estanquera de Vallecas’, hasta su fallecimiento en el 92? La belleza de Manzano era descacharrante. Desarmante. Había algo desquiciantemente triste en su cara, una hermosura herida que avisaba de todos los malos presagios, de todas las malas horas. El cabello rizado. La mandíbula cuadrada. Una diminuta nariz de boxeador. Una especie de ángel maldito, frágil, gamberro a la vez, callejero, envalentonado sólo en la ficción, colmado de una ternura incomparable.

Sexo y víctimas
¿Fue una víctima Manzano de Eloy de la Iglesia? “Bueno, consensuaron un pacto según el cual Manzano obtendría algo que hacer en la vida, ya que no había tenido la oportunidad de desarrollarse profesionalmente por las tasas de paro de la juventud, tan altas... estos chicos no eran del interés de los políticos reformistas, no. Entonces él acepta y Eloy lo elige como intérprete, así que le enseña a leer, a transmitir, le da nociones de cultura... lo convirtió en un privilegiado, y Manzano responde como había aprendido a responder: con disposición, estando prácticamente a su merced”, revela.

“Claro que había una faceta sensual y carnal. La relación nació así. De ese intercambio: un encuentro sexual a cambio de compensación económica. Pero todo va más allá y Eloy tiene la intuición y la valentía de apostar por este chaval. No creo que José Luis fuese consciente de que se estaba prostituyendo. Era algo muy común en la época y también lo hacían los militares totalmente heterosexuales”, comenta. “Para demostrar su hombría o para redondear su sueldo o para tener un estatus económico mínimo le hacían este tipo de servicios a los señores. No sólo a los señores. Mucha gente humilde tenía esa apetencia sexual y buscaba a chavales de 15 o 16 años”.

La policía, dice, hacía oídos sordos. “Sabían que existía esta actividad económica subterránea en plena puerta del Sol, pero el código penal no contemplaba que eso pudiese pasarle a un varón. Además, entonces la edad de consentimiento eran 14 años, ahora 16. Y además vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto y todo tiene estos aires tan puritanos... es lógico que ahora nos resulte chocante y escandaloso”, concluye.

Pero había amor, recalca, porque “el amor pertenece al mundo de las ideas y significa poner tus ideas en otro ser, proyectarse en otro ser, y eso fue lo que hicieron juntos”. Ambos fueron vulnerables, ambos fueron dependientes y ambos -juntos- construyeron una gran poética del lumpen. “En la crítica triunfaba más Manzano que Eloy, porque era un estupendo actor natural, pero las películas de De la Iglesia no eran bien recibidas en las publicaciones de masas, sólo se celebraban en revistas del partido comunista, Mundo Obrero, o en revistas marxistas... pero todo el mundo destacaba la interpretación de aquel joven de 17 años como el Jaro en Navajeros. Destacaron su valor interpretativo y lo llegaron a comparar con José Luis Gómez en La estanquera de Vallecas”.

Heroinómanos y amantes
Mientras tanto, obviamente, “los amores y las apetencias de José Luis iban por otros derroteros”: “Tuvo sus novias y se las ocultaba a Eloy de la Iglesia o él apartaba la mirada. Era un chaval heterosexual, aunque sentía mucha dependencia emocional de Eloy. Tampoco Eloy le era exclusivo, porque era muy promiscuo y él estaba en una situación de privilegio”. Pero había algo de posesión ahí, porque el cineasta se encargó de que nadie más contratase a Manzano, de que todos entendieran que era suyo. Pronto la atracción física se diluyó y su relación se centró en el mundo del cine.

“Aunque por otra parte a Eloy le venía bien tener a una persona que estaba siempre a su servicio, que le solucionaba un montón de problemas y cualquier necesidad cotidiana que pudiera tener. José Luis era extremadamente servicial, pero todo se complicó cuando ambos se engancharon a una sustancia tremenda como los opiáceos, la heroína, y a partir de ahí todo gira alrededor de conseguir la dosis. Eran heroinómanos que se aislaban en su mundo aunque estuviesen rodando una película”, cuenta. Si hacían falta 4 gramos de caballo al día, Eloy los compraba. Luego llegaron los tiempos malos, la falta de chavos. Las peleas. Las tensiones. Incluso las amenazas por parte del chaval al director para que le diese más heroína.

En el 88, al contrario de lo que se pensaba, Eloy dejó de consumir heroína, pero Manzano vivió siempre con reenganches y recaídas, como El Pirri. ¿Qué cree Fuembuena que hubiera sido de él si hubiera seguido vivo? “Lo he hablado con sus familiares y con sus seres cercanos. Pensamos que en José Luis había una tendencia muy marcada a la fatalidad. Si miras a los chicos que se criaron con él, a sus primos maternos o sus compañeros de la UVA de Vallecas, acabaron igual. El camino iba a ser siempre terrible, o incluso peor. Se hubiera enganchado al caballo igual, hubiera tenido una muerte violenta como la que tuvo. Quizás menos cinematográfica, pero habría muerto por enfermedades derivadas del VIH, un tiroteo con la policía o una sobredosis. O hubiera durado menos. Él era consciente de la desgracia que le marcaba”, revela.

Marxismo y muerte
Habla del niño como un chaval “con una personalidad no construida, pero una persona muy generosa, de alma muy bella, muy entregado a los demás”. Un chico desclasado, sin más signo político que la supervivencia, aunque acabó diciendo, por ósmosis con Eloy, que era comunista, aunque no sabía enunciar ningún dogma marxista. No le importaba, en verdad, traicionar a los de su clase. Tenía que vivir. Vivir, también, para consumir. Consumía por pánico a la soledad, por miedo, por aislarse del horror del mundo.

Cuando intentó salvarse -o dejarse ayudar por los sacerdotes que acogían a los errantes en sus parroquias- ya era demasiado tarde. El único reproche que se le puede hacer a alguien es a las clases altas de la sociedad y a los supuestos popes de la democracia. Al final, Eloy acabó temiendo a Manzano. “Temía su propia creación, el monstruo que había construido y que le reclamaba droga con violencia... ya le era casi un objeto abandonado en un Rastro”. Un día apareció muerto en su apartamento en la calle Rafael de Riego número 5, cerca de Atocha. Eloy no fue al tanatorio ni a entierro. Temía a su familia.

La intención de Fuembuena con este libro ha sido retratar “cómo dos historias humanas se unen para cambiarlo todo”, aunque al final no cambien nada: “Por un lado ese mundo de los chavales de barrio con un pie en la delincuencia que necesitan sustancias y luego un grupo de intelectuales marxistas... ambos, juntos, intentan cambiar este país como buenamente pueden; los primeros, de manera inadvertida, sin ser conscientes del hecho, y los segundos, intentando imponer un modelo de sociedad que no se producirá”. Es tan hermosa y desgarradora esa frustración. “Quisieron cambiarlo todo, pero al final no consiguieron siquiera cambiarse a ellos mismos”.

miércoles, 31 de marzo de 2021

#libros #homosexualidad #memoria | Lejos de aquí : la verdadera historia de Eloy de la Iglesia y Jose Manzano

Lejos de aquí / Eduardo Fuembuena //
Lejos de aquí : la verdadera historia de Eloy de la Iglesia y Jose Manzano / Eduardo Fuembuena.

Madrid : Autor, 2021 [03]
968 p.

/ ES / ENS / Libros / Capital erótico / Cine / Drogas / Eloy de la Iglesia / Homosexualidad / José Luis Manzano / La Movida / Marginalidad / Memoria sentimental / Transición
📘 Ed. impresa: ISBN 9788409274543 / 30,00 €
Nota: Se trata de una edición muy revisada y ampliada de ‘Lejos de aquí’, publicada por Uno Editorial en 2017 [03].


[.es] 1978. Jose Manzano, un chaval de la UVA de Vallecas, sumiso y fantasioso, se ofrece a la salida de unos billares del centro de Madrid. Lo recoge Eloy de la Iglesia, rara avis, vasco, homosexual, comunista y el cineasta más comercial del momento. Eloy queda fascinado con Jose, se lo lleva a vivir a su apartamento y lo elige como protagonista de ‘Navajeros’, exponente del nuevo cine coyuntural sobre la situación de la juventud española en una apenas estrenada España constitucional. Eloy modela a la medida de sus deseos a José Luis Manzano, el actor, imagen del lumpen, del quinqui y del delincuente juvenil. Para los chicos de barrio él es el Jaro, su héroe, un rebelde con causa. Manzano se convierte en un icono de esa España que De la Iglesia codifica, presentando sus claroscuros, en cinco películas, las más valientes de su tiempo. Sin embargo, José resulta un chico contradictorio e infeliz, que sobrevive entre las apariencias reales y ficticias, en busca de un lugar en el que poder ser lo mejor que intuye de sí mismo.

‘Lejos de aquí,’ el libro sobre la generación perdida de los años ochenta —el lado oscuro de la Movida madrileña— y sus conexiones con el cine, ofrece la posibilidad de mirar hacia atrás con perspectiva histórica y a la vez introspectivamente. Con el fin de comprender por qué la España de hoy es lo que es —algo a lo que De la Iglesia y Manzano contribuyeron—, el autor hace balance del periodo histórico relatado 1977-1992 a partir del paradigma y las vivencias de dos seres desarraigados.

martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca ##libros #testimonios | La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda

Imagen: Cinemanía / José Luis Manzano en 'El pico' //

La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda.

El historiador Eduardo Fuembuena publica una nueva versión de su rigurosa investigación sobre el director de 'Navajeros' y su actor fetiche.
Álex Andre | Cinemanía, 20 Minutos, 2021-03-23
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/eloy-de-la-iglesia-jose-luis-manzano-verdadera-historia-4628863/ 

Siete películas. Ni un filme más, ni tampoco uno menos, necesitó el joven actor José Luis Manzano para convertirse allá por los ochenta en todo un icono de la España constitucional. Este mes de marzo, coincidiendo con el 15 aniversario de la muerte del que fuera su mentor, Eloy de la Iglesia, ve la luz ‘Lejos de aquí. La verdadera historia de Eloy de la Iglesia y José Manzano’, la nueva versión de un riguroso y exhaustivo ensayo escrito por el historiador Eduardo Fuembuena donde se relatan sin titubeos las peripecias vitales del director vasco y su pupilo, así como la historia de la generación perdida de los ochenta y sus sorprendentes conexiones con el cine.

Eloy conoció a José Luis Manzano un día de finales de 1978, en unos billares de la madrileña calle Victoria que el vasco solía frecuentar en busca de chicos jóvenes con los que acostarse. José, un humilde chaval heterosexual procedente de una familia desestructurada de la UVA de Vallecas, mantuvo entonces un encuentro íntimo y puntual con Eloy, comunista aburguesado y homosexual.

"Soy un marginado y, como tal, defiendo y analizo la marginación porque, para mí, no deja de ser un hecho cotidiano. Sé lo que es sentir y vivir las contradicciones de una sociedad reaccionaria", explicaría en una entrevista el propio cineasta, un tipo políticamente incorrecto que retrató como nadie la marginalidad y la delincuencia juvenil presentes en la España postfranquista.

Al cabo de un año de aquel fortuito encuentro, Eloy volvió a buscar a José Luis para pedirle que protagonizase su siguiente película, 'Navajeros' (1980). Como no tenía muchas oportunidades y debió pensar que había poco que perder, el joven lumpen aceptó esa propuesta para debutar en el mundo de la interpretación.

“Como Eloy había buscado a Manzano solo unas semanas antes de comenzar a rodar 'Navajeros' y no se podía cubrir el tiempo mínimo de su formación, el joven memorizó el guion de la película con alguien próximo al director que se lo hacía repetir. Llegó al rodaje con el texto aprendido, incluidos los diálogos de los otros personajes. Concluido aquel rodaje, Eloy le puso una profesora privada que consolidó su alfabetización en menos de cuatro meses", señalaría Fuembuena en una entrevista concedida a nuestra revista el pasado año.

José Luis Manzano, actor fetiche
Tras filmar 'Navajeros', José pasó a ser el actor fetiche de Eloy, que gracias a sus películas —a menudo criticadas por su supuesto estilo efectista y truculento— se convirtió en el cineasta más comercial del momento. Además, el vallecano se erigió también en uno de los máximos exponentes de eso que llaman cine quinqui —gracias a su trabajo en melodramas sociales como 'El pico', la película más taquillera del año 1983—.

Según cuenta el escritor zaragozano, Eloy y José Luis mantuvieron durante años una relación tan intensa como imposible de etiquetar. "José y Eloy suscribieron un pacto personal y artístico", explica ahora a Cinemanía. "José se ponía siempre al servicio de Eloy y realizaba cualquier labor cotidiana que el adulto necesitara, pero también se situaba delante de la cámara en los rodajes y encarnaba retratos de la juventud de la Transición política española. Eloy elevó el nivel intelectual y social de Manzano y le dio algo que hacer en la vida: ser actor. Funcionó, con todas las contradicciones que provocan las carencias afectivas y de personalidad y la marginación social que los dos sufrían, hasta que la droga dura lo jodió todo".

En este sentido, ambos comenzaron fumando porros y tomando cocaína, pero, al cabo de un tiempo, acabaron enganchados también a la heroína. Eloy empezó entonces a perder rápidamente el interés por aquel joven, a la misma velocidad que su carrera cinematográfica se iba al garete. De hecho, tras el rodaje de ‘La estanquera de Vallecas’ (1987), pasaría más de tres lustros sin ponerse detrás de las cámaras.

Entrevistas para conocer la historia
Aunque muchos lo desconocen, ‘Lejos de aquí’ es fruto de años de esfuerzo y sacrificio en los que Fuembuena tuvo que ganarse la confianza de numerosos familiares y allegados a Eloy y José para escribir la historia definitiva del dúo. "Todos son personas extraordinarias. Creo que entendieron enseguida que mis intenciones eran idealistas y buenas, y me hace muy feliz haber mantenido su respeto y aprecio a lo largo de los años", asegura el historiador, quien por distintas razones acabó tomando la decisión de autopublicar su obra.

"Antepongo mi independencia y mi integridad personal y carezco de ambición, por lo que he escrito el libro que hacía falta escribir sobre Eloy y Manzano, no el comercial y luciferino que se podría haber fabricado sobre su historia. Además, la de ellos, y la mía como escritor, son realidades que se encuentran muy alejadas de los planes y los intereses de los editores tradicionales y, desde luego, de los de los grandes grupos de comunicación. Luego se da una cuestión que ha pesado más que el rechazo. Esta es el silencio editorial, que he terminado aceptando como algo inevitable en esta sociedad por una cuestión práctica: la mayoría de los editores no saben que yo y mi obra existimos. Dicho esto, Eloy, como cualquier persona que cuestiona el sistema de poder y no se arrastra ante este, es siempre incómodo".

De todas las personas a las que pudo entrevistar para su proyecto, Fuembuena recuerda con especial afecto a Pedro Cid Abarca, "un humanista y la persona más grande que he conocido. Fue un sacerdote salmantino que cuidó de Manzano durante sus últimos dos años y medio de vida, y que es el tercer vértice de un triángulo que era necesario mostrar". No en vano, Pedro acogió al actor madrileño en la casa de su parroquia entre junio de 1989 y abril de 1990, consolidando su alfabetización, pagándole también unos estudios de producción audiovisual y, sobre todo, dándole el calor humano que tanto necesitaba.

"Pedro inició un trabajo con Manzano para que este recuperase una dignidad personal y para que naciese en él la persona consciente. El resultado final no cambió por ello, pues la fatalidad tan propia de Jose, la desmemoria crónica, por no decir otra cosa, del cine español y el mal que lo ensombrece todo en este mundo pesaron mucho", cuenta.

La caída de José Luis Manzano

En cierto modo, José Luis era un chico contradictorio e infeliz. Pero Eloy le hizo creer que podía ganarse la vida como actor y, quizás por eso, él se entregó en cuerpo y alma a la misión. Pero el mundo del cine le acabó dando la espalda sin contemplaciones y eso terminó de hundirle. En junio de 1991, José Luis fue detenido junto a otro joven por asalto con intimidación. Aquello condujo a que terminara cumpliendo condena en régimen abierto en la antigua prisión de Yeserías.

Tras su periplo carcelario, el muchacho intentó esquivar la muerte ingresando diez días en el Sanatorio Esquerdo e iniciando después un programa de reinserción para expresos con problemas de drogodependencia en una asociación religiosa. Tristemente, no encontró la fuerza necesaria para conseguirlo. En febrero de 1992, apenas un día y medio después de abandonar el programa, murió de una sobredosis de droga con solo veintinueve años.

El libro de Fuembuena ahonda en cómo Eloy descubrió el cuerpo sin vida de José Luis en su apartamento, con una jeringuilla hipodérmica clavada en la rodilla izquierda. Un episodio bastante dramático y sórdido que, en el fondo, funcionaba como la perfecta crónica de una muerte anunciada. "A partir de 1987, José vivía en un estado de ansiedad prolongado frente a la incertidumbre de su situación vital y sin alcanzar a comprender que el mundo del cine le había dado la espalda", relata el autor. "En cambio, Eloy sí era consciente del ostracismo alrededor de su persona y también de un estatus profesional perdido o negado por la profesión del cine".

El escritor piensa que "José nunca entendió el valor ni el significado de la muerte, a pesar de estar sumergido en un proceso de destrucción personal como politoxicómano que era, aunque, por otra parte, manifestó en ocasiones que deseaba morir, ya que sentía que su juventud y belleza física se le escapaban de las manos. Por lo tanto, la muerte fue un punto final consecuente y liberador para el joven. Eloy aceptó este hecho como inevitable cuando se produjo. Y creo que debió de sentirse liberado de la amenazadora presencia de su exactor, que lo maltrataba en la última época".

Diez años después de su muerte, los restos de José Luis fueron incinerados y esparcidos en un cenicero común por impago de la renovación de la sepultura. Tampoco le fue mucho mejor a Eloy, que no acudió ni a su funeral ni a su entierro y, además, vio cómo varios de sus proyectos cinematográficos eran bloqueados administrativamente. En 2006, tres años después de rodar su última película, falleció en Madrid tras someterse a una operación de cáncer de riñón. Un dramático final, el de ambos, a la altura del mejor guion de filme de temática social rodado jamás en nuestro país.
 

Y TAMBIÉN…
40 años de 'Navajeros', la película que convirtió a José Luis Manzano en un icono quinqui.

Fue la película más emblemática del cine quinqui y la que impulsó el mito de José Luis Manzano. Hablamos con el experto Eduardo Fuembuena sobre 'Navajeros'.
Álex Ander | Cinemanía, 20 Minutos, 2020-10-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/navajeros-eloy-iglesia-jose-luis-manzano-icono-quinqui-160915/ 

miércoles, 7 de octubre de 2020

#hemeroteca #cine #memoria | 40 años de 'Navajeros', la película que convirtió a José Luis Manzano en un icono quinqui

Imagen: Cinemanía / José Luis Manzano en 'Navajeros' //

40 años de 'Navajeros', la película que convirtió a José Luis Manzano en un icono quinqui.

Fue la película más emblemática del cine quinqui y la que impulsó el mito de José Luis Manzano. Hablamos con el experto Eduardo Fuembuena sobre 'Navajeros'.
Álex Ander | Cinemanía, 20 Minutos, 2020-10-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/navajeros-eloy-iglesia-jose-luis-manzano-icono-quinqui-160915/ 

El director vasco Eloy de la Iglesia, cronista único de los mundos subterráneos patrios, llegó a convertirse en los años ochenta en el máximo exponente del (mal) llamado cine quinqui. Y lo logró gracias a películas como Navajeros (1980), una coproducción hispano-mexicana en la que el director quiso que actuaran tanto actores profesionales como chavales sacados de la calle. De hecho, esta fue la cinta que permitió al público descubrir al entonces jovencísimo José Luis Manzano.

De la Iglesia conoció a Manzano, un chaval humilde y algo fantasioso de la UVA de Vallecas, en unos billares del centro de Madrid a finales de 1978. Quedó prendado de él y, solo un año después, le ofreció ser protagonista de su siguiente película, 'Navajeros', la cual había escrito a pachas con el periodista y guionista Gonzalo Goicoechea.

Manzano desconocía entonces por completo el mundo de la farándula, pero aceptó de buen grado el reto de dar vida a El Jaro, el delincuente juvenil adolescente cuya historia se relata en el filme.

Aunque apenas tenía estudios básicos, el actor se entregó en cuerpo y alma al que fue su primer proyecto cinematográfico. “Antes de su mayoría de edad, Manzano tenía nociones de comprensión oral y escrita, pero no las suficientes como para estudiar el guion de la película”, señala a Cinemanía el historiador Eduardo Fuembuena.

“Como Eloy había buscado a Manzano solo unas semanas antes de comenzar a rodar Navajeros y no se podía cubrir el tiempo mínimo de su formación, el joven memorizó el guion de la película con alguien próximo al director que se lo hacía repetir. Llegó al rodaje con el texto aprendido, incluidos los diálogos de los otros personajes. Concluido aquel rodaje, Eloy le puso una profesora privada que consolidó su alfabetización en menos de cuatro meses”, explica Fuembuena.

José Luis Manzano, actor innato
El actor Ángel Pardo, quien tuvo que doblar la voz de Manzano en la mayoría de sus secuencias en la película, corrobora la versión de Fuembuena y recordaba al vallecano como un joven rápido e intuitivo.

“Estábamos ante un boom del cine quinqui, películas que en aquel momento hicieron mucho dinero ya que reflejaban perfectamente la realidad de los chavales de barrio, hijos casi todos de familias que abandonaron la vida agraria. Además, esas películas recordaban perfectamente a los western que tantísimo nos habían gustado en años anteriores: persecuciones, asesinatos, robos a bancos, escopetas de cañones recortados… En el cine quinqui casi todos los directores buscaban actores no profesionales, precisamente para dar más realismo y credibilidad a ese tipo de cine, que rozaba el documental”, explica Pardo a nuestra revista.

Fuembuena comenta también que, durante el tiempo que duró el rodaje del filme, Manzano se mostró siempre como un actor natural que se desenvolvía cómoda y profesionalmente frente a la cámara. "Memorizaba todos los diálogos del libreto, no solo los suyos. Había sido convocado a la gran pantalla para representar una parte de esa realidad marginal que él conocía y le tocaba sufrir. Transmitirla ante la cámara era una responsabilidad que se autoimpuso".

"De igual modo, se percibe en sus interpretaciones que era uno de esos actores que llegaban al final de su personaje y que se implicaba sin filtros y sin reservarse”, explica el escritor, autor del libro Lejos de aquí, centrado en la peculiar relación personal y profesional que unió a Eloy de la Iglesia con José Luis Manzano.

Según explica también el zaragozano, el equipo de Navajeros, estrenada en octubre de 1980, trabajó en “los más de 200 exteriores naturales sin permisos de rodaje” del Ayuntamiento de Madrid. “Participaron delante de cámara tanto guardias civiles, haciendo de números de su cuerpo que persiguen a un comando de ETA, como personas afines a la organización terrorista, haciendo de los perseguidos. Era el típico juego un poco perverso de Eloy”, añade.

La película, en la que también participaron miembros auténticos de la banda del Jaro –y de otras bandas en activo entonces en el norte de Madrid–, sirvió para que Manzano se convirtiera, además de en amante de Eloy de la Iglesia, en el protagonista de cinco de las películas más comerciales de la carrera del vasco, retratista de la marginalidad por antonomasia.

Eloy de la Iglesia, francotirador
El actor José Sacristán, quien en ‘Navajeros’ da vida a un periodista vasco que aporta el contrapunto sociológico hablando del altísimo paro juvenil y las consecuencias de la tremenda falta de oportunidades para muchísimos jóvenes de la Transición, recuerda a Eloy como un tipo inteligente y “un gran pensador”.

Pero también como un provocador encantado de serlo. “Si Eloy tenía la oportunidad de hacerle la colonoscopia al personal, se la hacía. Él perdía el equilibro e iba a tiro hecho, y a veces era un temerario”, apunta el de Chinchón.

De hecho, muchos críticos le colgaron rápidamente a Eloy el sambenito de que era un cineasta escandaloso y efectista, aunque él se defendió siempre señalando que solo se dedicaba a mostrar con su cine lo que el resto de directores ocultaban en sus películas.

En cualquier caso, Eloy era un hombre bastante contradictorio. Alguien que arremetía en sus trabajos contra las creencias e instituciones sacralizadas, y que criticaba duramente los abusos del sistema político y económico establecidos, pero que, al mismo tiempo, participaba y se aprovechaba del susodicho sistema.

“Eloy militaba en el Partido Comunista de España, pero estaba muy protegido por su amiga Pilar Miró. El director fue parte interesada y beneficiada mientras Miró ocupó el sillón de directora de la Dirección de Cinematografía, luego del ICCA. Pero su discurso popular se hizo más radical y combativo contra el partido en el gobierno de España, ¡y con dinero público! Además, casi todos los productores y aliados de un tiempo le dieron la espalda hacia 1985 y se vio obligado a producirse él mismo para seguir rodando hasta que le cortaron el grifo de las ayudas oficiales”, argumenta Fuembuena.

José Luis y Eloy, un romance herido
El romance entre Eloy y Manzano terminó, y la carrera cinematográfica de ambos quedó herida de muerte, tras el rodaje de ‘La estanquera de Vallecas’ (1987).

Después de filmarla, el vasco –fallecido en marzo de 2006– pasaría 16 años sin volver a ponerse detrás de las cámaras. El actor madrileño, por su parte, dejó de serle útil al sistema y acabó entregándose como nunca antes al consumo de heroína tras verse internado en la prisión de Carabanchel.

“[Manzano] vivió en contradicción frente al mundo del cine que le dio la espalda. Trató de volver a él con la ayuda de personas menos conocedoras del medio, como Pedro Cid, y no lo consiguió. Pedro Cid fue una figura humanista de gran peso que ejercía en una parroquia obrera en el barrio de La Alhóndiga de Getafe y, entre otras muchas actividades, ayudó a más de mil jóvenes a salir del caballo. También se arriesgó con José llevándoselo a vivir a su parroquia y lo acompaña durante los primeros monos y hasta un día antes de su muerte, dos años y medio después de su primer encuentro”, apostilla Fuembuena.

Manzano, icono indiscutible de la España constitucional, acabaría muriendo de una sobredosis de heroína, en el apartamento que ocupaba Eloy cerca de la estación de Atocha, en febrero de 1992. Vivió deprisa, deprisa. Murió más rápido aún.

viernes, 8 de febrero de 2019

#hemeroteca #cine #testimonios | Historia negra del cine quinqui: la reivindicación de un género que no dejó supervivientes

Imagen: El País / José Luis Manzano y Rosario Flores en 'Colegas' (1982), de Eloy de la Iglesia
Historia negra del cine quinqui: la reivindicación de un género que no dejó supervivientes.
Rosalía o C. Tangana lo recuerdan musicalmente y películas recientes como 'Quinqui Stars' le rinden homenaje. Se diría que este género tan español está más vivo que nunca, pero sus artífices nos dejaron hace tiempo de forma trágica.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2019-02-08
https://elpais.com/elpais/2019/02/06/icon/1549449208_098050.html

Jose Antonio Valdelomar, muerto a los 36 años. Lali Spinet, muerta a los 34. Sonia Martínez, muerta a los 34. José Luis Manzano, muerto a los 30. José Luis Fernández Eguia, muerto a los 23. Todos ellos eran intérpretes célebres entre la juventud de los ochenta gracias a películas como ‘Deprisa, deprisa’, ‘Colegas’ o ‘El pico’. Si el cine quinqui mantiene hoy un poder de fascinación perenne incluso entre espectadores que no habían nacido cuando reinaba en taquilla se debe, en gran parte, a ser el retrato literal de una generación perdida.

¿Qué era el cine denominado quinqui (un mote que no gustaba nada a algunos de sus artífices)? Eran historias de delincuencia, drogas y amor que triunfaron a finales de los setenta y principios de los ochenta y casi siempre tiraban de actores no profesionales, directamente recogidos de las calles. No eran prodigios visuales y tampoco tenían guiones redondos, pero con su mezcla de tragedia, lumpen, sexo y honor se cuentan entre las películas más efectivas y exitosas que ha dado el cine español y han alcanzado, con el tiempo, el estatus de radiografía social de ese extrarradio que el poder olvidó.

Estos días se vuelve a hablar mucho de él gracias a la interpretación que Rosalía hizo de ‘Me quedo contigo’ (canción de Los Chunguitos que aparecía en la banda sonora del clásico del género quinqui ‘Deprisa, Deprisa’, de Carlos Saura). A su vez, figuras del ‘trap’ como Yung Beef, La Zowi o C. Tangana reivindican, de forma voluntaria o no, cierto espíritu de una juventud desencantada que ha preferido optar por los placeres efímeros e inmediatos de la vida.

El propio Tangana fue mucho más explícito en su vídeo de ‘Bien duro’, homenaje en toda regla a la estética y el espíritu del cine de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma. La película independiente 'Quinqui Stars', de Juan Vicente Córdoba, lleva diez semanas triunfando en los cines Renoir Princesa de Madrid. Y después de muchos años de espaldas al género, la cultura oficial también reconoce la trascendencia de este cine: el pasado año el Kutxa Kultur Artegunea de San Sebastián organizaba 'Oscuro objeto de deseo', una completa retrospectiva a Eloy de la Iglesia, director de clásicos del género como ‘Colegas’, ‘El Pico’, ‘Navajeros’ o ‘La estanquera de Vallecas’.

¿Pero es este ‘revival’ sociocultural o puramente mercantil? “No hay comparación posible ya que la situación social es otra y el ciudadano está mucho más controlado y es más dependiente del sistema", dice Eduardo Fuembuena, autor de ‘Lejos de aquí’ (que será reeditada esta primavera con material extra por la editorial Applehead). Su libro no es solo la biografía más completa que se ha publicado sobre Eloy de la Iglesia y su ‘muso’ José Luis Manzano, sino un tratado sobre aquella España democrática que echaba a andar con entusiasmo desmedido, pero olvidando ciertos flancos, y sobre una intelectualidad comunista (como Eloy de la Iglesia) que se rendía a todos los placeres, legales o no, que podía comprar el capital.

"Se han perdido la militancia política, la defensa y reivindicación de los derechos del trabajador y la conciencia de clase –añade Fuembuena–. Los ‘quinquis’ originales no tenían conciencia política, pero sí de clase o de procedencia, eran lumpen o niños delincuentes que se vieron abocados a la lucha callejera para subsistir en un contexto de país en el que se les miraba bajo sospecha solo por ser jóvenes. Eso terminó por quitarles cualquier atisbo de dignidad y exterminarlos con la pandemia de heroína y sus consecuencias. Sin duda, la fea realidad que mostraba De la Iglesia en su cine no era la imagen del país que interesaba mostrar a los gobiernos de turno".

Ese trágico destino de casi todas las estrellas del género es uno de los motivos por los que el cine quinqui sigue teniendo hoy tanto poder de fascinación. Sus intérpretes eran, casi siempre, actores sacados de la calle y que, de alguna manera, se interpretaban a sí mismos. Lo hacían, según Fuembuena, "de una manera natural, sin métodos, remitiéndose a la realidad que conocían por observación directa y que les había tocado padecer. En el caso de José Luis Manzano, interpretar significaba incorporar prototipos de la juventud del momento, vivir en el personaje y no soltarlo después de la claqueta final".

José Luis Manzano (Toledo, 1963-Madrid, 1992) fue el Jaro en ‘Navajeros’, José Luis en ‘Colegas’, Paco en ‘El pico’ y ‘El pico 2’ y Tocho en ‘La estanquera de Vallecas’. Procedente de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Vallecas (Madrid), conoció al director de cine Eloy de la Iglesia cuando, para sacarse un dinero, se prostituía en unos billares cercanos a la Puerta del Sol de Madrid. El director pronto se quedó fascinado con él. Entre los dos surgió una relación ambigua: creador y ‘muso’, ¿pero amantes? Manzano tenía novias y coqueteaba con sus admiradoras, pero a la vez su relación con De la Iglesia se tornó enfermiza. No solo por la dependencia a las drogas, sino por la dependencia laboral y, al final, en cierto modo, emocional.

La imposición de Eloy para que Manzano no trabajase con ningún otro director pudo afectar a la carrera del joven, que pese a ser un sus inicios prácticamente analfabeto y no tener ningún tipo de formación actoral, tenía carisma para parar un tren, una belleza entre cruda y apolínea que la cámara amaba y un talento innato para seducir al espectador. Tras ‘La estanquera de Vallecas’, su última colaboración en 1988, director e intérprete se distanciaron.

"Estos jóvenes fueron seres humanos explotados por un sistema industrial, como era el cine español entonces, y desechados cuando dejaron de ser útiles", denuncia Fuembuena. Manzano recibió ayuda de un cura de Getafe y consiguió un trabajo en 1990 como el de chico de los recados en algún programa de TVE. Pero la adicción no desapareció. En 1992 fue condenado por un robo con intimidación en plena Gran Vía. Tras salir de prisión (donde concedió su última entrevista a la revista ‘Interviú’), fue hallado muerto en el apartamento madrileño de su mentor, Eloy de la Iglesia, debido a una sobredosis de heroína.

Una historia semejante se repitió con José Luis Fernández Eguia (Madrid, 1965-1988), alias El Pirri. Llamativo secundario en el cine de Eloy de la Iglesia y otras películas de los ochenta, su voz y porte de macarra le dieron, sin embargo, más oportunidades que a Manzano: aparte de en las películas de De la Iglesia trabajó con Emilio Martínez Lázaro, Gutiérrez Aragón y Carlos Saura y llegó a tener una breve aparición en 'The Hit', de Stephen Frears. Sin embargo, el cine no le dio la oportunidad de cambiar su vida: en 1985, ya convertido en un rostro famoso, confesó a El País que seguía viviendo con sus abuelos y no tenía “ni una ‘lechuga’ [como se llamaba al verde billete de mil pesetas, unos seis euros] para tomar unas cañas”. Durante la entrevista, la periodista narra cómo uno de los amigos del Pirri, que se preparaba para ir a Sevilla a promocionar una película, le cuenta que en el barrio de Triana de la capital hispalense “te ofrecen de todo y por kilos”, refiriéndose a sustancias ilegales.

El 9 de mayo de 1988 un transeúnte descubrió el cuerpo sin vida del Pirri en un descampado de la carretera de Vicálvaro a San Blas. Tenía una aguja colgando del brazo. Era el Pirri, el actor que recientemente acaba de dar el salto también a la televisión y la radio y se había hecho todavía más reconocible entre el público.

Fuembuena añade un caso menos conocido de la órbita de De la Iglesia, pero igualmente trágico: el de Lali Spinet, que rodó con el director vasco ‘El Pico’. Era una "talentosa actriz del cine de la Transición que también se enganchó, poco antes de rodar con De la Iglesia ‘El pico’, y llegó a estar detenida y recluida en la cárcel Modelo de Barcelona por tráfico de estupefacientes antes de fallecer a causa de enfermedades derivadas del sida, en 1994".

José Antonio Valdelomar (Ciudad Real, 1958-Madrid, 1992) conoció la gloria como protagonista de ‘Deprisa, deprisa’, la película que lo sacó del barrio madrileño de Villaverde Alto y lo llevó hasta Berlín, donde la cinta se llevó el Oso de Oro en 1981. Solo dos semanas después de esa victoria y tres antes del estreno de la película en España, Valdelomar fue detenido en Madrid después de atracar un banco en la calle Ríos Rosas y huir en un taxi robado con un botín de 167.000 pesetas (algo más de mil euros en su día, pero equivalentes a casi cinco mil de hoy).

No hizo ninguna película más. El cine no lo salvó de continuar con sus problemas de criminalidad y adicción a las drogas y la siguiente vez que los medios se refirieron a él fue para anunciar su muerte en 1992, con solo 34 años, debido a una sobredosis que sufrió cuando cumplía otra condena en la cárcel de Carabanchel.

El caso de Sonia Martínez fue muy diferente. Sonia era de clase media, tenía formación actoral (y dominaba el inglés) y participó en más películas más allá del género quinqui (‘Epílogo’, de Gonzalo Suárez, o ‘Violines y trompetas’, de Romero Marchent), series (‘Segunda enseñanza’) y programas de televisión (‘3,2,1, contacto’ y ‘Dabadabadá’). Incluso rodó en alemán. Fue también una de las protagonistas de ‘Perras callejeras’ (1985), de José Antonio de la Loma, uno de los últimos estertores del género, y su destino fue a partir de ahí semejante al de Manzano y Pirri.

La muerte de su madre en 1985 le dejó muy tocada anímicamente y poco después empezó a consumir cocaína y posteriormente heroína (como ella misma confesó en una cruda entrevista con Isabel Gemio). En 1989 ingresó en un centro de rehabilitación y al año siguiente concedió una entrevista con Isabel Gemio. “La gente se cree que sigo pinchándome, pero estoy viva, con muchas ganas de vivir y de trabajar”. Llevaba, según confesó, solo 17 días sin pincharse. Al final de la entrevista, un momento que hiela la sangre: “Me he hecho los análisis del sida y aún no tengo los resultados. Puedo tenerlo o no puedo tenerlo”. Se supo poco después (ella misma lo declaró) que los resultados eran positivos. Falleció el 4 de septiembre de 1994, con solo 30 años.

Estas fueron las víctimas más visibles y célebres de ese cine de los ochenta que creó industria, pero abocó a sus estrellas al abismo. Pero hay más: en el plano musical, relacionado también con este movimiento cultural, podemos citar a tres cantantes que fallecieron, casualmente, en 1995: Juan Antonio Jiménez ‘Jeros’, de Los Chichos (que se tiró del balcón de su casa de Madrid), Antonio Flores (uno de los protagonistas de ‘Colegas’ junto a José Luis Manzano, que sucumbió a una sobredosis dos semanas después de la muerte de su madre Lola) o Tina Muñoz, de Las Grecas, que tras alternar la calle, la prisión y algunos psiquiátricos, falleció de sida.

Es posible que ningún género haya caminado de forma más paralela y trágica a la realidad de sus directores e intérpretes. Eloy de la Iglesia, para la posteridad el gran director de cine quinqui (aunque su carrera, que duró unos 35 años, conoció muchos más estilos y contiene grandes hallazgos), moriría en 2006. Antes, en una entrevista a El País, declaró que no creía que fuese el éxito lo que los hubiese llevado a todos hacia el abismo. Aclaró a continuación que, más bien, "se podría decir que fue el fracaso". Sea cual sea la causa, la consecuencia fue devastadora y Eduardo Fuembuena la resume de un modo punzante y seco: "Salvo algunos como Javier García (Urko en ‘El pico’) o Manuel Álvarez (el Chus en ‘Navajeros’), que han optado por vidas anónimas, todos los demás están muertos".

jueves, 22 de junio de 2017

#hemeroteca #libros #testimonios | José Luis Manzano: 10 cosas sobre el actor mítico del cine quinqui que (probablemente) no sabías

Imagen: El País / José Luis Manzano
10 cosas sobre el actor mítico del cine quinqui que (probablemente) no sabías.
Cuando se cumplen 25 años de la muerte por sobredosis del actor José Luis Manzano (‘Colegas’, ‘El Pico’, ‘La estanquera de Vallecas’...) , Eduardo Fuembuena publica ‘Lejos de aquí’, un libro sobre su vida con datos sorprendentes.
Anónimo García | Tentaciones, El País, 2017-06-22
http://elpais.com/elpais/2017/06/22/tentaciones/1498122849_795792.html

España pasó de ser tercermundista a estar entre las primeras potencias mundiales en apenas 20 años. En ese breve lapso su economía dejó de ser agraria, se especializó en los servicios, y abandonó la peor tasa de mortalidad de Europa para abrazar una de las mayores esperanzas de vida del mundo.

Ese avance brutal tuvo no pocas fricciones. La emigración masiva de los pueblos a las ciudades resultó en muchos poblados chabolistas (cuentan que Franco, al ver uno en Bilbao, ordenó que se construyesen casas “como Dios manda”, resultando la barriada de Otxarkoaga) que, unidos al paro resultante de la crisis del petróleo del 73, el impacto de la recién llegada heroína y la incertidumbre política tras la muerte de Franco, creó unas desigualdades en las que muchos adolescentes no encontraron mejor modo de ganarse la vida que echándose a la calle.

Es, por supuesto, la situación que retrata y denuncia el cine quinqui. Y dentro de él, dos nombres destacan con fuerza: el director Eloy de la Iglesia (1944-2006) y su actor fetiche, José Luis Manzano (1962-1992). Juntos rodaron los cinco filmes más importantes del género, entre ellos ‘Navajeros’ o la saga ‘El Pico’, y protagonizaron una relación muy poco conocida pero muy sintomática de este género cinematográfico puramente español, donde realidad y ficción se confunden constantemente.

El realizador zaragozano Eduardo Fuembuena se ha propuesto arrojar luz sobre esa relación. Tras siete años de trabajo, en los que se ha entrevistado con multitud de personas relacionadas con sus protagonistas, acaba de publicar el libro 'Lejos de aquí', cuyo título se inspira en una canción que interpreta Antonio Flores en la película 'Colegas'. “Comencé a preguntarme quién era ese actor vulnerable que caminaba como James Dean y tenía la mirada triste de un Brad Davis,” relata Fuembuena. “Por entonces, de José Luis Manzano solo había mentiras en la red y prácticamente nada reseñable o lo suficientemente extenso publicado.”

Del libro, que desde el pasado 21 de junio puede conseguirse en internet, hemos extraído los diez puntos más reveladores de una pareja fundamental para entender el cine quinqui y la España de la Transición.

1. De la Iglesia y Manzano se conocieron en 1978 a la salida de los billares Victoria, en Madrid, donde los chavales del lumpen madrileño se ofrecían a los gais. El realizador se llevó al joven, y más tarde, cuando buscaba un actor para ‘Navajeros’ (1980), lo llamó. En ese momento lo acogió y le puso una profesora particular que lo alfabetizase. Manzano vivió regularmente con el director desde marzo de 1980 hasta el otoño de 1988, una situación clásica en el cine quinqui. Sin embargo, el actor siempre contaba que su encuentro fue a raíz de una prueba cinematográfica a la que se había presentado, y aseguraba que seguía viviendo con su familia en la UVA de Vallecas.

2. Según su libro de familia, Manzano nació el 20 de diciembre de 1962. Según su DNI, por algún tipo de error ‘buromundano’, el 30 de ese mismo mes. El actor celebraba su cumpleaños en esta última fecha sin que nadie le corrigiera. Más adelante pasó a celebrarlo el 31 de diciembre para hacerlo coincidir con el de De la Iglesia, nacido un 1 de enero.

3. De la Iglesia era comunista, pero afirmaba que su barba no emulaba a la de Carlos Marx sino a la de Stanley Kubrick. En realidad, la barba ocultaba su labio incipientemente leporino. La influencia de Kubrick, especialmente ‘La naranja mecánica’, en el cine de De la Iglesia es manifiesta.

4. La segunda unidad de rodaje de ‘Navajeros’ operaba como una guerrilla. Filmaba planos generales, usando una cámara con teleobjetivo situada a considerable distancia para no tener que pedir permisos o cortar la calle. En la plaza de España de Madrid rodaron sin contratiempos un tirón a plena luz del día. Luego se desplazaron a un lateral del Palacio Real para grabar a Manzano haciendo un trompo y un nuevo tirón. Durante esta toma llegó un coche de policía, que cerró el paso al vehículo de escena, hizo bajar a los chavales y encañonó a quien conducía (sin carné), que no era otro que Manzano. Con verdadero terror, el director de la segunda unidad y el auxiliar salieron corriendo hacia los jóvenes actores y trataron de hacer comprender a los policías que la situación era ficcionada. No pudieron continuar el rodaje, y para esa secuencia tuvieron que apañárselas con el material conseguido.

5. Manzano fue un gran aficionado al fútbol. Jugó primero en La Unión, equipo de categoría juvenil de la UVA de Vallecas. Luego, tras mudarse a casa de De la Iglesia, en el Sporting de Arganzuela. También le gustaba el julepe, juego de cartas con el que participó en campeonatos, y los videojuegos: con su primer sueldo se compró una videoconsola Atari 2600. Además, tras probar la experiencia de conducir en los rodajes, se despertó en Manzano una afición por el motor, algo impensable para un hijo de la UVA. De la Iglesia le regaló una Derbi Diablo 80 CX5 roja. También era aficionado al cine, incluso antes de ser actor, y su género favorito eran las películas de kung-fu.

6. La mili supuso una ruptura en la carrera de Manzano. Una vez agotado el máximo de dos años de prórroga, fue llamado a filas a finales de noviembre de 1983. Tuvo que rechazar ‘Playa prohibida’ (Enrique Gómez Vadillo, 1985) y una pequeña colaboración en la producción internacional ‘The hit’ (Stephen Frears, 1984).

7. Una de los proyectos de De la Iglesia giraba alrededor de un romance entre un etarra y un guardia civil. El guión, titulado ‘Galopa y corta el viento’, no se pudo rodar a causa de amenazas de ETA publicadas de forma más o menos velada en el diario Egin. Restos de esta idea quedan en ‘El pico’, cuyos dos protagonistas, amigos entre sí, son hijos de un guardia civil y un líder político abertzale, respectivamente.

8. El pico 2 se iba a rodar casi íntegramente en la cárcel de Carabanchel, contando con un centenar de presos comunes como figurantes. Sin embargo, en la segunda semana de rodaje, un preso intentó fugarse escondiéndose en una maleta de proyectores. Aunque los técnicos del equipo le pidieron de inmediato que saliese y un funcionario fuese testigo, el incidente bastó para que las autoridades revocaran el permiso.

9. Manzano no toleraba el alcohol, y el hachís le producía grandes colocones. Era en parte debido a problemas circulatorios tras un accidente que sufrió a los 14 años mientras trabajaba en las Bodegas Santullán de Puente de Vallecas, y que le obligaron a permanecer en un hospital durante seis meses. A pesar de ello, partir de 1980 se asentó su costumbre al tabaco rubio americano, ya que podía pagarlo, y al hachís, que solía llevar siempre encima. En 1981 comenzó a consumir cocaína y a partir del rodaje de El pico también heroína esnifada.

10. En junio de 1991 Manzano fue detenido junto a otro joven por asalto con intimidación, una escena que tantas veces había protagonizado en la ficción. El actor no portaba armas. Fue enviado a la cárcel de Carabanchel, de donde salió en diciembre de ese año, enfermo y nuevamente enganchado a las drogas. Tres meses después, el 20 de febrero de 1992, De la Iglesia encontró su cuerpo sin vida en el baño de la vivienda que ocupaba. El joven había se había refugiado en el lugar 48 horas antes, a la espera de viajar a Sevilla para trabajar en Expo 92.

domingo, 11 de junio de 2017

#hemeroteca #libros #testimonios | José Luis Manzano: El drama del joven actor de ‘La estanquera de Vallecas’ que murió de sobredosi

Imagen: El Español / Eloy de la Iglesia con Antonio y Rosario Flores y José Luis Manzano
El drama del joven actor de ‘La estanquera de Vallecas’ que murió de sobredosis.
El actor, famoso por sus papeles en películas como 'El Pico' o 'La Estanquera de Vallecas', murió con solo 30 años en el domicilio del director de cine Eloy de la Iglesia. Veinticinco años después de su muerte, se publica un libro sobre su vida.
Diego Parrado | El Español, 2017-06-11

http://www.elespanol.com/corazon/famosos/20170610/222727939_0.html

La primera vez que el director de cine Eloy de la Iglesia vio al que se convertiría en su actor fetiche, José Luis Manzano, éste estaba apoyado en la puerta de los famosos Billares Victoria, en pleno centro de Madrid.

Repleta hoy de pubs y restaurantes para turistas, la calle Victoria era a finales de los setenta uno de los principales focos del 'lumpen' capitalino. Allí se mezclaban paracaidistas de paso en Madrid con chavales de los barrios del sur de la ciudad, dispuestos unos y otros a venderse a alguno de los señores que a esa hora salían del cine Carretas, templo gay de la época.

Destacaba entre los chavales un chico menudo y con la cabeza cubierta de rizos rubios de no más de dieciséis años. Su belleza ‘passoliana’, que a otros también recordaría al protagonista de 'El Lago Azul', enseguida llamó la atención de Eloy de la Iglesia. El director había encontrado a su Tadzio, aunque esa tarde solo buscaba un desahogo. Por unas 500 pesetas, Manzano fue suyo. Un año más tarde, el chico cobraría 300.000 por protagonizar 'Navajeros'. Al menos eso es lo que cuenta Eduardo Fuembuena en 'Lejos de aquí', la biografía de José Luis Manzano que este guionista y experto en cine ha escrito a partir de los testimonios de la madre de José Luis y otros familiares y amigos.

“Hasta ahora, de Manzano solo había mentiras en la red”, dice Fuembuena, que después de verle en 'El Pico', quedó prendado de este joven de aspecto vulnerable “que caminaba como James Dean y tenía la mirada triste de Brad Davis”. Con su libro, Eduardo se ha propuesto hacerle justicia. 'Lejos de aquí' es un canto de amor no solo hacia Manzano, sino a otros como Eloy de la Iglesia, el guionista Gonzalo Goicoechea o el cura Pedro Cid, dice su autor.

Su relación con Eloy de la Iglesia
José Luis Manzano nació en 1962 en el seno de una humilde familia de Vallecas (Madrid). Con solo 12 años, Manzano, que jamás fue al colegio, empezó a trabajar en unas bodegas del barrio cargando bidones y cajas durante diez horas al día.

De ahí la lesión de espalda que le obligó a pasar parte de su adolescencia, como una flor prensada entre las hojas de un libro, embutido en un corsé ortopédico de cuero. De ahí también que el chaval dejase de crecer y siempre fuese bajito. El día que Eloy de la Iglesia le conoció en los billares, lugar que Manzano frecuentaba para conseguir dinero (no podía ganarlo ya en la bodega), el joven llevaba puesto el corsé.

Tal vez fuese la imposibilidad de acariciar por completo su piel lo que llevara al director a llamarle un año después, cuando, metido ya en la preproducción de 'Navajeros', De la Iglesia buscaba un actor que diese vida a 'El Jaro', popular delincuente de la época. Tal vez el chico de los billares (“la muñequita ortopédica”, le había apodado) hubiese salido ya de su crisálida de cuero, pensó, y cuando por fin dio con su número de teléfono, le citó en el Parque de Atracciones y le ofreció el papel que le haría famoso.

Decidido a convertirse en su Pigmalión, aunque pensando igualmente en la película 'Lolita', el director se llevó al chaval a vivir con él. Una vez instalado en su casa, lo vistió con ropas de una calidad nueva para el vallecano y le brindó la educación que le faltaba. Por las tardes, lo llevaba a merendar hamburguesas a Vips o tortitas con nata a la desaparecida cafetería Manila, en la céntrica plaza de Callao, como un padre a sus hijos. Juntos rodarían otras cuatro películas: 'Colegas', 'El Pico', 'El Pico 2' y 'La estanquera de Vallecas'.

Sus problemas con las drogas
Fue su abuso de la heroína lo que malogró su relación y la carrera de ambos. Como cuenta Eduardo Fuembuena en 'Lejos de aquí', De la Iglesia siempre procuró que su protegido no cayese en las adicciones que a tantos jóvenes estaban matando. Sin embargo, ante la insistencia del chico, de vez en cuando no podía negarle una puntita de caballo y terminaba poniéndosela; “no con la intención de habituarle, escribe Fuembuena, sino como un padre que tinta ligeramente de vino la copa de agua de un infante, para que pruebe lo que corresponde a un adulto”.

Después, “la costumbre se hizo un hábito y la puntita se fue ensanchando y alargando, hasta convertirse en una raya en toda su longitud”. Al director, su adición a la heroína le costó entrar en una prolongada sequía creativa: tras 'La estanquera de Vallecas', no volvió a rodar una película hasta pasados casi quince años. Tuvo, además, que cargar con el sambenito de drogadicto y corruptor de menores. José Luis Manzano, por su parte, cayó en el olvido y fue expulsado del cómodo piso de Eloy de la Iglesia, que le abandonó para intentar desintoxicarse.

La muerte de José Luis Manzano
Aunque con la ayuda de Pedro Cid, el famoso 'cura de la Alhóndiga', el joven actor había comenzado a rehabilitarse, un desafortunado incidente en la Gran Vía le acarreó una condena de 18 meses de prisión en 1991. Enganchado de nuevo a la heroína en el correccional de Carabanchel, su destino se precipitaba. Por más que lo intentaba, no lograba escapar de la suerte que perseguía a los personajes a los que había dado vida en el cine. Al final, terminó como 'El Jaro'.

José Luis Manzano y Eloy de la Iglesia volvieron a verse una vez más. Después de salir de prisión, el joven se coló en el piso del director para despedirse de él: según le dijo, se marchaba a Sevilla para buscar trabajo. No fue posible. Tres días después, De la Iglesia se lo encontró muerto en el cuarto de baño, con una jeringuilla clavada en la rodilla izquierda. Tenía 30 años.

“Un pico, un flash y, ¡ala!, a descansar para siempre”, decía en 'El Pico 2' el personaje de Manzano. Las circunstancias exactas de su muerte, sin embargo, nunca estuvieron claras y hay que leer el libro de Fuembuena para hacerse una idea de las distintas hipótesis que se barajaron.

Cuenta la leyenda que, durante un viaje a Estados Unidos, a José Luis Manzano le ofrecieron una beca para estudiar en el Actor’s Studio, la mítica cantera de actores de la talla de Marlon Brando o Marilyn Monroe. Puede que la anécdota no sea cierta, pero desde luego Manzano, nuestro James Dean, acabó compartiendo el mismo destino trágico que muchas estrellas de la escuela estadounidense.

viernes, 31 de marzo de 2017

#libros #homosexualidad #memoria | Lejos de aquí

Lejos de aquí / Eduardo Fuembuena //
Lejos de aquí / Eduardo Fuembuena.

Albacete : Uno Editorial, 2017 [03].
814 p.

/ ES / ENS / Libros / Capital erótico / Cine / Drogas / Eloy de la Iglesia / Homosexualidad / José Luis Manzano / La Movida / Marginalidad / Memoria sentimental / Transición
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417055110 / 24,99 €
Nota: Hay una edición ampliada posterior, autoeditada por el autor en 2021 [03].

1978. Jose Manzano, un chaval de la UVA de Vallecas, sumiso y fantasioso, se ofrece a la salida de unos billares del centro de Madrid. Lo recoge Eloy de la Iglesia, rara avis, vasco, homosexual, comunista y el cineasta más comercial del momento. Eloy queda fascinado con Jose, se lo lleva a vivir a su apartamento y lo elige como protagonista de ‘Navajeros’, exponente del nuevo cine coyuntural sobre la situación de la juventud española en una apenas estrenada España constitucional. Eloy modela a la medida de sus deseos a José Luis Manzano, el actor, imagen del lumpen, del quinqui y del delincuente juvenil. Para los chicos de barrio él es el Jaro, su héroe, un rebelde con causa. Manzano se convierte en un icono de esa España que De la Iglesia codifica, presentando sus claroscuros, en cinco películas, las más valientes de su tiempo. Sin embargo, José resulta un chico contradictorio e infeliz, que sobrevive entre las apariencias reales y ficticias, en busca de un lugar en el que poder ser lo mejor que intuye de sí mismo.

‘Lejos de aquí,’ el libro sobre la generación perdida de los años ochenta —el lado oscuro de la Movida madrileña— y sus conexiones con el cine, ofrece la posibilidad de mirar hacia atrás con perspectiva histórica y a la vez introspectivamente. Con el fin de comprender por qué la España de hoy es lo que es —algo a lo que De la Iglesia y Manzano contribuyeron—, el autor hace balance del periodo histórico relatado 1977-1992 a partir del paradigma y las vivencias de dos seres desarraigados.

👤 Eduardo Fuembuena
nace en Zaragoza, en cuya Universidad (Facultad de Filosofía y Letras) se licencia en Historia del Arte. Continúa su formación en Barcelona (Máster de Escritura de Guión para cine y TV en la UAB) y en Madrid (diplomado por la ECAM, estudios de posgrado en la Universidad Carlos III de Madrid). Así mismo publica artículos cinematográficos en portales digitales, blogs y revistas, a la par que desarrolla una labor profesional como decorador en cine, televisión y publicidad. En 2010 dirige el cortometraje de ficción ‘Voces’ y en 2011 el poema audiovisual ‘Chico y barco’. ‘Lejos de aquí’ es el primer libro que publica.