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martes, 12 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #federicogarcialorca | El Lorca enamorado y celoso de su intimidad

Federico (c, de pie) en Buenos Aires, 1933-1934
El Lorca enamorado y celoso de su intimidad.
Una exposición en el centro consagrado al escritor en Granada transita por el deseo y el sexo en su vida y su obra.
Margot Molina | El País, 2019-11-12
https://elpais.com/cultura/2019/10/09/actualidad/1570636358_811482.html

“Tenemos curiosidad, que no es malsana sino algo muy natural, por saber más sobre Lorca, porque es una persona que despierta simpatías”, apunta Christopher Maurer, el hispanista estadounidense especialista en el poeta granadino que ha comisariado la muestra ‘Jardín deshecho’. Es la primera gran exposición que ofrece el Centro Federico García Lorca de Granada tras recibir, en junio del pasado año, todo el legado del autor de ‘La casa de Bernarda Alba’. “Él mismo, cuando empezaba a ser conocido, le dijo a un amigo: ‘Quiero y retequiero mi intimidad’. Pero debemos de tener en cuenta que entonces la idea de privacidad era muy distinta. Ahora el ámbito privado es como el Ártico, queda cada día menos. Vivimos el gran deshielo de la privacidad”, agrega el comisario.

La muestra, que estará abierta hasta el 6 de enero de 2020, gira en torno a los conceptos de amor, deseo y sexualidad en la vida y la obra del poeta granadino y descubre a un hombre "valiente y sincero, que criticó directamente, sin tapujos, lo que no le gustaba de la sociedad granadina de principios del siglo XX", apunta Sara Navarro, directora del centro.

"Quien ha vivido como yo y en aquella época en una ciudad tan idiota y tan bárbara bajo el punto de vista social como Granada cree que las mujeres, o son imposibles o son tontas. Un miedo frenético a lo sexual y un terror al 'qué dirán' convertían a las muchachas en autómatas paseantes, bajo las miradas de esas mamás fondonas que llevan zapatos de hombre y unos pelitos en el lado de la barba", escribió el poeta recordando su adolescencia en 1932 en su elegía a la pintora María Blanchard.

"En muchas de sus obras está presente el deseo. Sus personajes desean algo que no pueden conseguir, como Yerma, al hijo que no tendrá, o doña Rosita, al novio que nunca vendrá, o la voz del poeta en ‘Sonetos del amor oscuro’", reflexiona Laura García-Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lora y directora artística de ‘Jardín deshecho’.

Un deseo muchas veces frustrado, como el que sintió su amiga Emilia Llanos, de quien se exhibe un sugerente retrato con los pechos desnudos realizado por Ismael González de la Serna, junto al primer libro publicado en 1918 por Lorca, ‘Impresiones y paisajes’, que dedicó a su amiga: "A la maravillosa Emilia Llanos, tesoro espiritual entre las mujeres de Granada; divina tanagra del siglo XIX". "Lo que podía haber sido un amor con una mujer que nunca fue. Al final de su vida ella lamentó que nunca los hubieran dejado estar solos", apunta Laura García-Lorca.

El mismo libro, el único escrito en prosa en el que narra sus viajes por España cuando estudiaba en la universidad, que se autodedica el poeta y que puede verse ahora por primera vez: "A mi queridísimo Federico García Lorca, único que me conoce y sabe ahondar todo el encanto de tristezas que tiene mi corazón. Su propio corazón".

La idea del jardín, tan presente en la producción del poeta español más universal que está traducido a 38 lenguas, se materializa al comienzo de la muestra en una instalación de la granadina María Moreno creada con plantas y frutas que la artista ha recogido en la Vega de Granada y que aparecen en la obra de Lorca. Un jardín poético, humilde, que cuelga sobre una alfombra alpujarreña del siglo XIX en la que puede leerse "Viva mi dueño" y que da paso a las cinco salas que vertebran la exposición y que incluyen algunos libros y documentos que se exhiben por primera vez.

"La mayoría de las obras procede del legado que incorporamos, por fin, en junio del año pasado. Pero también hay préstamos de la Biblioteca Nacional, el Ayuntamiento de Granada, los museos Casa de los Tiros y Casa Natal de Fuente Vaqueros, del Archivo Agustín Penón/Marta Osorio o de la familia de Rafael Rodríguez Rapún, uno de los amantes de Lorca, que fue secretario del grupo de teatro que montó el poeta, La Barraca, y a quien dedicó su ‘Sonetos de amor oscuro’", comenta Sara Navarro. "Es curioso ver el listín de teléfonos de Rafael, en el que aparece el nombre de Federico, pero sin el número; obviamente porque se lo sabía de memoria", apunta Laura García-Lorca, sobrina del poeta, que agradece la colaboración del dramaturgo Alberto Conejero, autor de la obra 'La piedra oscura' inspirada en las últimas horas de la vida de Rodríguez Rapún, quien ha hecho posible que la familia de Rapún preste el material.

La llegada de todos los manuscritos, documentos, fotografías y dibujos que custodiaba la Residencia de Estudiantes de Madrid va a convertir a Granada “en el epicentro del universo lorquiano”, ha asegurado Maurer por teléfono desde Boston (EE UU), en cuya universidad es profesor de Literatura Española. "Hemos incluido una sección con las lecturas de Federico, para recordar que no fabricó su obra espontáneamente; sino que es fruto de sus lecturas. En su poesía amorosa él dialoga con autores del Renacimiento, con Góngora, Juan de la Cruz o Teresa de Jesús; algo que me parece muy bonito. Siempre me han interesado los artistas que reconocen sus influencias", añade Maurer, académico correspondiente de la Real Academia Española desde 2009, especialista en el Siglo de Oro y en la Generación del 27 y autor de más de 15 ediciones.

Dibujos, pinturas, libros, carteles de las representaciones de sus obras de teatro, el traje de marinero con el que posó en Buenos Aires (entre finales de 1933 y principios de 1934) y cartas, muchas cartas, componen esta partitura a cuatro manos —las de Maurer y Laura García-Lorca— con la que el espectador tiene la sensación de estar abriendo cajones en la casa del poeta.

martes, 8 de mayo de 2018

#hemeroteca #memoria #federicogarcialorca | El hombre que buscó a Federico

Imagen: Zenda / Agustín Penón
El hombre que buscó a Federico.
Miguel Barrero | Zenda, 2018-05-08
https://www.zendalibros.com/hombre-busco-federico/

Creo que fue Vázquez Montalbán quien escribió que Federico García Lorca es el muerto peor enterrado de nuestra historia. El paso del tiempo no hace sino corroborar cíclicamente la verdad de una aseveración que regresa a la memoria cada vez que se acometen nuevos intentos de localizar el cuerpo del poeta. La historia de las últimas horas de Lorca sobre el mundo es de sobra conocida: apresado en el domicilio granadino de su amigo Luis Rosales —que cargaría durante mucho tiempo con la culpa adjudicada por quienes le acusaron a él de delatarlo—, fue fusilado en el barranco de Víznar y sepultado después en un punto cuya localización exacta ha sido siempre motivo de controversia. Se ha querido dar con sus huesos muchas veces, sin éxito. Hace unas semanas, el periodista Víctor Fernández contaba en ‘La Razón’ cómo había conseguido recabar testimonios que afirmaban que lo que probablemente eran los huesos lorquianos se habían exhumado y trasladado, en algún momento de la década de los ochenta, bajo una fuente del parque de Alfacar. Aún es pronto para saber si esa teoría resulta ser la buena y se da por cerrado uno de los capítulos más negros de nuestra historia civil y literaria. Quedará entonces, en el mejor de los casos, una incógnita resuelta, y quizá sea el momento de comenzar a contar otras historias: no la del pobre Federico García Lorca, sino las de las personas que lo buscaron.

Hay que recordar que, aunque ahora se sepa todo o casi todo, no siempre ocurrió así. A Lorca lo asesinaron en el verano de 1936, cuando la guerra civil aún no había vertido ni la décima parte de su horror, y las noticias en torno a su desaparición fueron confusas. Se sabía que su muerte no había obedecido a causas naturales, pero nadie daba muchas indicaciones sobre las circunstancias verdaderas del deceso. Aunque no era difícil deducir el meollo de la cuestión —resumido en aquel poema memorable de Antonio Machado, «El crimen fue en Granada»—, no existían datos fidedignos y cuanto llegaba a comentarse, en el interior y en el exterior, no hacía más que dar pábulo a la confusión. Uno de los que se aventuraron a sacar conclusiones en esos terrenos pantanosos fue el escritor Gerald Brenan, quien tras varias estancias en España hizo en 1949 un viaje del que saldría un libro, ‘The Face of Spain’, en cuyo capítulo sexto desvelaba lo que había conseguido averiguar sobre la muerte de Lorca, principalmente el lugar de su asesinato. Brenan, que había conocido la ciudad de Granada en sus anteriores desplazamientos, le encontró en esta nueva visita otro aire bien distinto: «Éste era el Albaicín tal y como acostumbraba a ser y sin embargo ¿por qué parecía tan cambiado, tan distinto? Mientras permanecía allí sentado escuchando el canto de los gallos, me llegó la respuesta: ésta era una ciudad que había matado a su poeta.»

No había sido el británico, sin embargo, el primer extranjero que se presentó en Granada y sus alrededores para buscar respuestas. En 1948, un joven hispanista llamado Claude Couffon se encontró a los pies de la Alhambra con una ciudad arisca y temerosa. «Era peligroso hacer preguntas y era imposible entrar en Víznar», recordaría algún tiempo después. En aquella ocasión se fue de vacío, pero al año siguiente regresó y tuvo más suerte. Pasó en Granada tiempo suficiente para trabar amistades y una de ellas le terminó abriendo las puertas de aquel pueblo prohibido. De vuelta en su país, en 1951, escribió un reportaje que vio la luz en ‘Le Figaro Littéraire’ y que cayó como un tiro en la diplomacia española. Cuando había transcurrido ya más de una década desde su fusilamiento, Lorca seguía siendo un tema tabú.

Pero sin duda la gran peripecia fue la de Agustín Penón. Él fue quien primero aclaró cómo habían transcurrido los últimos compases de la vida del poeta, y también el que con más ahínco se inmiscuyó, en fechas tempranas, en las interioridades de un lugar y de una época poco o nada proclives a abrirse ante los desconocidos. Era un personaje peculiar. Nacido en Barcelona en 1920, se exilió con su familia, afín al bando franquista, cuando en 1936 estalló la guerra y la FAI requisó su fábrica de muebles. Antes de su partida, un amigo le regaló un ejemplar del ‘Romancero gitano’ que le iba a hacer más llevadero, según confesó él mismo, las nostalgias del destierro. Aunque la familia se instaló en Costa Rica, Penón optó por acomodarse en los Estados Unidos. Se incorporó al ejército, obtuvo la nacionalidad norteamericana y comenzó a trabajar en Nueva York como traductor. Escribió junto a su amigo William Layton un serial radiofónico que conocería un gran éxito en Latinoamérica y tradujo al inglés algunos textos del teatro español contemporáneo. Sin embargo, su trabajo más importante fue también, durante muchos años, el más desconocido: se trata de la investigación que, entre 1955 y 1956 y sin duda inspirado por aquellas lecturas lorquianas de adolescencia, le llevó a perseguir por Granada y Madrid los últimos rastros del poeta entonces maldito. Lo curioso es que Agustín Penón —que se suicidaría en San José de Costa Rica en 1976, esto es, veinte años después de su odisea española— nunca llegó a publicar los frutos de sus pesquisas. El contenido de sus papeles, que puso a buen recaudo en una maleta de la que no se separó nunca, sólo pudo conocerse mucho después de su muerte y gracias a Marta Osorio, otra figura singular en este entramado de historias pequeñas que se entrecruzan en pos del gran misterio. Osorio, actriz granadina, ensayaba en 1955 su papel en la adaptación que de ‘La Celestina’ había llevado a cabo Martín Recuerda cuando aparecieron en su vida Layton y Penón. Hicieron enseguida buenas migas y mantuvieron el contacto cuando el investigador abandonó España. Agustín Penón, antes de suicidarse, envió su maleta a Layton, quien la mantuvo escondida bajo su cama hasta que, poco antes de morir, quiso legársela a su antigua amiga. Entre medias, sólo una persona tuvo acceso a los frutos de aquella investigación fantasmal: fue el hispanista Ian Gibson, que escribió un libro al respecto, ‘Agustín Penón. Diario de una búsqueda lorquiana (1955-56)’, y que supo de la existencia de Penón cuando él mismo viajó a Granada para desenredar la madeja. Tampoco Marta Osorio se quedó atrás. En cuanto tuvo la maleta en sus manos, dedicó más de catorce años a trabajar con toda la documentación para terminar elaborando un libro que tituló ‘Miedo, olvido y fantasía’ y que no deja de ser el apasionante y pormenorizado registro de una investigación detectivesca.

Agustín Penón llegó a Granada dispuesto a todo. La fortuna que había amasado junto a su amigo Layton, gracias a aquel serial radiofónico, le daba un buen margen para actuar y no tenía ninguna gana de emprender el viaje de vuelta sin antes resolver un misterio que le obsesionaba. Llegar a Granada en mitad de la década de 1950 y preguntar por la muerte de Federico García Lorca tenía sus complicaciones. Desde el primer momento, Penón tuvo bajo su cogote la vigilancia pertinaz de la policía franquista, y los testigos que se avinieron a hablar con él sólo lo hicieron después de que él se ganara sobradamente su confianza, por lo general a través de invitaciones a copas y francachelas. No tardó en darse cuenta de que su propósito no iba a ser fácil. Cuando aún llevaba poco tiempo en la ciudad, consiguió que le invitaran a una fiesta en honor de José Rosales, ‘Pepiniqui’, jefe local de la Falange y hermano del poeta Luis, y allí alguien le pidió que pronunciara unas palabras. Penón levantó su copa e hizo un brindis: «Por Granada y por Federico García Lorca». A su alrededor se abrió un silencio sepulcral.

En el largo año y medio que duró su aventura, aquel barcelonés con nacionalidad estadounidense consiguió entrevistarse con familiares de Lorca, descubrió su partida de defunción y obtuvo testimonios tan relevantes como los de José Jover Tripaldi, el hombre que estuvo con el poeta en su última noche de vida, o los hermanos Gerardo y Blas Ruiz Carrillo, que le indicaron el lugar donde se habían llevado a cabo los fusilamientos y le condujeron hasta el punto en el que creían que se encontraba la fosa. No llegó a saber que sus confidentes iban a pagar cara su colaboración: Blas tuvo que irse de Granada y Gerardo acabó suicidándose. Todo empezó a ser tan asfixiante que Agustín Penón optó por cruzar de nuevo el océano antes de lo que esperaba. Jamás regresó y nunca dio cuenta de las razones que le llevaban a mantener inédito su trabajo. Sí dejó consignada en sus diarios la sospecha de que la policía secreta empezaba a interesarse demasiado por sus andanzas. Puede que también temiera que su condición homosexual le convirtiese en víctima propiciatoria de una ley, la de Vagos y Maleantes, que si bien no le iba a causar grandes estragos dado su pasaporte norteamericano sí podía echar al traste su investigación.

Diez años después, cuando Ian Gibson llegó a Granada para investigar el mismo asunto, todos le hablaban de un tipo llamado Agustín Penón que se le había adelantado y de cuya existencia él no tenía la menor noticia. Intentó localizarlo, pero le resultó imposible. Sólo al cabo de los años, con Penón ya fallecido, consiguió que William Layton le entregara provisionalmente, y bajo contrato notarial, aquella maleta en la que se custodiaba el bosquejo de un libro que nunca llegó a ser. Es el libro que existiría más adelante gracias a la entrega y la dedicación de Marta Osorio, que quiso que el buen nombre de su amigo figurara en los anales de las investigaciones lorquianas. Se publicó en 2006 una novela gráfica, ‘La araña del olvido’ (Astiberri), en la que Enrique Bonet relata los andares dubitativos de Penón tras la pasión y muerte de Federico. Concluye la historia con la última y crucial entrevista que el norteamericano mantuvo en una imprenta de Madrid por la que, diez años más tarde, pasaría también Ian Gibson. Cuando el historiador irlandés se vio al fin ante Ramón Ruiz Alonso, el hombre que según todos los indicios había detenido a García Lorca, éste le corroboró aquello que tantas veces le habían dicho ya en Granada: «Antes que usted estuvo aquí haciendo preguntas un mariquita norteamericano».

martes, 18 de agosto de 2015

#hemeroteca #garcialorca | Más enigmas sobre la muerte de García Lorca

Imagen: El País / Marta Osorio
Más enigmas sobre la muerte de García Lorca
Emilia Llanos, amiga del poeta, estaba convencida de que los restos habían sido trasladados por el franquismo o la familia
Raúl Limón | El País, 2015-08-18
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/17/actualidad/1439830278_064808.html

Hay muertes que trascienden tanto como la vida. Es el caso del asesinato de Federico García Lorca (Granada 1898-1936), el universal autor cuyo fusilamiento por parte del franquismo hace 79 años se conmemoró este lunes. Marta Osorio, editora del imprescindible libro “Miedo, olvido y fantasía: crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico Garcia Lorca” (Comares), publica ahora en la misma editorial “El enigma de una muerte. Crónica comentada de la correspondencia entre Agustín Penón y Emilia Llanos”. Este libro, que recoge las cartas entre el primer y exhaustivo investigador de la vida y muerte de su adorado autor y su amiga, es un complemento de la primera obra, arroja luz sobre el crimen y genera más sombras. La principal: la posibilidad de que el cuerpo fuera trasladado de la fosa donde los testigos señalaron como el lugar de los disparos.

Penón, un barcelonés de nacionalidad estadounidense, llegó a Granada en 1955 con su amigo Willian Layton y su inseparable primera edición del “Romancero Gitano” de Lorca. Apasionado por el autor andaluz, se encuentra una ciudad sumida en el miedo donde el “nombre de Federico estaba prohibido”, según relata Osorio. Sin ánimo de “remover pasiones”, como él mismo escribió, y con la única voluntad de establecer una “cronología de sucesos”, lleva a cabo durante año y medio la más importante investigación sobre la muerte del poeta.

Tras entrevistarse con testigos y recorrer palmo a palmo la carretera de Alfacar a Víznar y el barranco donde los franquistas ejecutaron a cientos de personas, recopila información fundamental y dibuja posibles localizaciones del cuerpo. Pero la presión del régimen del dictador le hace temer que le confisquen toda la documentación recogida y parte aliviado hacia Nueva York en 1956 con una maleta de documentos que terminó en manos de Osorio.

En su estancia conoció a Emilia Llanos, una íntima amiga del poeta cómplice de las pesquisas de Penón y con quien mantiene una relación epistolar que ahora rescata la escritora granadina.

Penón llegó a establecer el emplazamiento de la fosa bajo un olivo, a 10 metros de la carretera y cerca de la Fuente Grande del hoy parque García Lorca. Las cartas evidencian la voluntad de comprar los terrenos y Llanos le advierte en marzo de 1957 que la finca ha sido puesta a la venta. Dos meses más tarde, desisten de la idea. “Tenemos que dejarlo por ahora, no es oportuno”, escribe la amiga del poeta. Otros dos meses más tarde Llanos le revela a Penón el porqué de sus reparos: “El que estaba allí ya no está. ¿Comprendes? Hace mucho tiempo se supone que está en Madrid con la familia. Eso me ha contado una persona enterada”. Después de que Penón le interrogue sobre la fiabilidad de la fuente, Llanos mantiene en secreto su identidad —“una alta persona”, contesta en el tono sigiloso de las cartas, marcadas por el miedo a las represalias—. “Sí, el sitio fue en los olivos, después lo cambiaron de sitio”, concluye Llanos.

“Las cartas añaden incertidumbre”, admite Osorio quien cree que el cuerpo de Lorca pudo ser trasladado por los franquistas, para evitar que el lugar se convirtiera en un lugar de peregrinaje de los demócratas, o por la propia familia, pero a otro punto del camino. La autora se niega a validar ninguna hipótesis y participar en la vorágine generada en torno a la localización de los restos del autor. “Se dicen muchas cosas y algunas tiene un punto de veracidad que solo generan confusión”, explica.

"No se ha hecho nada"
"A pesar de todo, Federico vivirá para siempre, mucho, mucho después de que todos estemos muertos, y si los hechos reales no están escritos, la fantasía los reemplazará. Y la fantasía apasionada puede ser inmisericorde", escribió Penón en 1955. Osorio, en su nuevo libro, afirma que el investigador "se anticipó a lo que iba a ocurrir desde entonces hasta el día de hoy y que han hecho posible que a los 78 años [79 ya] del asesinato de García Lorca haya tan pocos hechos comprobados sobre la realidad de su muerte y tantas preguntas sobre lo que pudo suceder sigan en pie".

La escritora lamenta la situación. “No se ha hecho nada ni nadie sabe nada”, se queja la autora, quien es partidaria de hacer un plan serio de investigación a raíz de la documentación que recopiló Penón y abordar todas las posibilidades. Defiende que, independientemente del hallazgo del cuerpo de Lorca, se podrían recuperar restos de decenas de personas ejecutadas en la zona y que merecen un lugar en la memoria. En su libro destaca, entre otros, a una joven alemana judía que huyó de la persecución nazi y fue asesinada en el mismo lugar que Lorca por ser amiga de un arquitecto socialista.

La autora conoce bien las heridas de la represión franquista. Desde su casa en El Realejo es difícil no ver una casa donde no haya familiares de concejales, intelectuales o profesores asesinados por el franquismo, que dejó en Granada una secuela de miedo, olvido y fantasía, como reflejó en su primer libro sobre el investigador.

"Si se sigue la línea correcta, se podrán saber muchas cosas", afirma la periodista Isabel Reverte, autora del documental “La maleta de Penón”, realizado y editado por Miguel Santos. Reverte considera "apasionante" el relato de este investigador que culmina Osorio y que cree fundamental para encontrar la verdad. La periodista es una de las personas que mejor conoce a la autora granadina, una excelente escritora de cuentos infantiles y relatos que se vio abocada a acabar la obra del investigador cuando Willian Layton le entregó antes de morir la maleta con los papeles de su amigo. El capítulo de Lorca está cerrado para Osorio, pero conserva relatos cortos y cuentos que esta vital escritora no descarta publicar.

Soleá Morente da voz a los desaparecidos
“Es necesario ir donde está el silencio y darle voz a esas personas que fueron sepultadas por el poder”. Con estas palabras explicó Soleá Morente el sentido del homenaje que este lunes se celebró en Alfacar (Granada) a García Lorca y a las decenas de represaliados del franquismo enterrados en la misma zona.

A las nueve de la noche, y tras una ofrenda floral en el monolito conmemorativo del parque, se celebró el concierto “Fragmento de la mañana”, de Morente acompañada al piano por J. J. Machuca.

Morente cantó obras del poeta a partir de los trabajos de su padre, como una versión de “Doña Rosita la soltera” y “Pequeño vals vienés”, incluido en el disco “Omega” de Enrique Morente.

Este acto se sumó a otros vinculados a lugares en los que el poeta pasó sus últimos días, como el acto en la finca de Fuentevaqueros el “5 a las cinco”, la polémica inauguración del Centro Lorca o los proyectos de promoción de una ruta cultural vinculada a la vida y obra del poeta en Granada.

DOCUMENTACIÓN
“Penón buscó el eslabón perdido”
La escritora ha pasado de la literatura infantil a investigar el pasado reciente. Edita el libro que cuenta la relación secreta de Federico García Lorca
Amelia Castilla | El País, 2012-07-22
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/22/actualidad/1342987314_092276.html
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Y TAMBIÉN…
Federico García Lorca
El Blog de Tuico, 2013-01-29

http://elblogdetuico.blogspot.com.es/2013/01/federico-garcia-lorca_902.html

miércoles, 1 de julio de 2015

#libros #garcialorca | El enigma de una muerte : crónica comentada de la correspondencia entre Agustín Penón y Emilia Llanos

El enigma de una muerte : crónica comentada de la correspondencia entre Agustín Penón y Emilia Llanos / Marta Osorio
Granada : Comares, 2015 [07-01]
308 p.
Colección: La Vela. Obras Generales
ISBN 9788490452714 / 21 €

/ ES / ENS
/ Agustín Penón / Correspondencia / Crónicas / Emilia Llanos / Federico García Lorca / Franquismo / Guerra Civil / Historia – Siglo XX / Testimonios

Con la publicación del libro “Miedo, olvido y fantasía” Marta Osorio dio a conocer en su integridad la investigación realizada por Agustín Penón en los años 1955-56 sobre la muerte de Federico García Lorca; investigación hasta entonces casi desconocida. Con este nuevo libro, “El enigma de una muerte”, complementa y resalta con nuevos datos y la correspondencia comentada entre Emilia Llanos y Agustín Penón durante los años 1955-58 (que se conserva en el archivo), la importancia del trabajo que realizó este investigador.

DOCUMENTACIÓN
Más enigmas sobre la muerte de García Lorca

Emilia Llanos, amiga del poeta, estaba convencida de que los restos habían sido trasladados por el franquismo o la familia
Raúl Limón | El País, 2015-08-18
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/17/actualidad/1439830278_064808.html
«El que estaba allí ya no está»
Víctor Fernández | La Razón, 2015-08-13

http://www.larazon.es/cultura/libros/el-que-estaba-alli-ya-no-esta-FM10496751#.VdMfmH3l9D1
“Penón buscó el eslabón perdido”
La escritora ha pasado de la literatura infantil a investigar el pasado reciente. Edita el libro que cuenta la relación secreta de Federico García Lorca
Amelia Castilla | El País, 2012-07-22
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/22/actualidad/1342987314_092276.html

jueves, 10 de mayo de 2012

#hemeroteca #garcialorca | El amor oscuro de García Lorca

El amor oscuro de García Lorca
Durante toda la vida, Juan Ramírez de Lucas calló su apasionada relación con el poeta, truncada por una familia conservadora y por el asesinato del escritor
Amelia Castilla / Luis Magán | El País, 2012-05-10
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/09/actualidad/1336592315_908655.html

Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010), periodista y crítico de arte, no quiso llevarse a la tumba su secreto. Guardó silencio durante más de 70 años, con todos los recuerdos (dibujos, cartas, un poema, su diario…) de su tragedia sentimental ocultos en una caja de madera. Sin embargo, antes de fallecer, entregó a una de sus hermanas su legado para que se hiciera público. Pese al férreo silencio que mantuvo en vida, apoyado por los propios amigos de la pareja que respetaron su intimidad, Ramírez de Lucas no quiso que la memoria de su gran amor de juventud, el poeta Federico García Lorca, se perdiera para siempre.

La pareja se conoció en el convulso Madrid republicano, donde mantuvieron su idilio de espaldas a sus familias, una de ideas muy conservadoras y otra socialista pero con sentimientos cercanos en cuanto a la homosexualidad. Culto y muy atractivo, Ramírez de Lucas soñaba con ser actor y Lorca prometió llevarlo por los teatros del mundo. Locamente enamorados decidieron escapar juntos a México. La situación de Lorca en Madrid, convertido ya en un autor de éxito en medio mundo y una de las figuras más odiadas por los grupos violentos de derechas, se hacía más peligrosa por momentos. Sus amigos le advirtieron del peligro que corría, pero el poeta no quería viajar solo. La pareja se despidió, el mes de julio de 1936, en la estación de Atocha. Ramírez de Lucas, que apenas contaba 19 años, iba camino de Albacete, buscando el permiso familiar (la mayoría de edad era a los 21) para poder marcharse a América con el poeta. Lorca subió al tren rumbo a Granada para despedirse de sus padres antes de partir para México.

La vuelta a escena de Ramírez de Lucas ha sido saludada por los expertos lorquianos, dada la importancia histórica que supone que afloren nuevos documentos que ayuden a comprender mejor la historia. Laura García Lorca, sobrina del poeta, que conocía la existencia de la carta, aseguró que podría tratarse de “material de enorme interés para el archivo de la Fundación Lorca”. Una novela de Manuel Francisco Reina, “Los amores oscuros”, que Temas de Hoy publica el 22 de mayo, recupera la relación de ambos. Los herederos de Ramírez de Lucas, que negocian con una editorial la posible publicación del diario y otros documentos, no quisieron aportar ningún dato a este diario, alegando problemas de herencia y de criterios sobre el destino del legado.

A estas alturas del siglo XXI sobra contar que los planes de la pareja no pudieron salir peor. Como sospechaba Ramírez de Lucas su padre puso el grito en el cielo y amenazó con poner el asunto en manos de la Guardia Civil si intentaba salir de Albacete sin su autorización. Lo había mandado a Madrid para estudiar administración pública y, pese a los buenos resultados escolares, había defraudado su confianza. Su vida paralela como actor en el Club Teatral Anfistora, creado por Pura Ucelay para estrenar, entre otras, las obras de Lorca, no encajaba para nada en sus planes, y menos aún su relación sentimental con un poeta homosexual. Trató de intermediar a su favor Otoniel, el mayor de sus 10 hermanos, miembro de las Juventudes Socialistas y el único que conocía su doble vida, pero fue en vano. Simultáneamente, desde la Huerta de San Vicente en Granada, Lorca telefoneaba animándole a que fuera paciente y comprendiera a su familia. Pensaba que se impondría la razón y acabarían entendiéndolo. Llegó una carta, fechada en Granada el 18 de julio, pero ahí perdió su rastro. El arresto de Lorca, en casa de la familia Rosales, y su fusilamiento no fueron conocidos en los primeros momentos en la confusión de la guerra. El asesinato del poeta dejó a Ramírez conmocionado. Su sentimiento de culpa no hizo sino aumentar con el paso de los años.

Tras su paso por la División Azul para limpiar su pasado, Ramírez de Lucas regresó a Madrid y rehizo su vida. Solo Agustín Penón, el escritor que viajó a Granada para investigar la muerte de Lorca en 1955, descubrió la relación y dejó constancia de ello en sus anotaciones, que posteriormente serían publicadas, en primera instancia, por Ian Gibson y después recogidas también en la edición que Marta Osorio realizó de la maleta de Penón. Se trataba en ambos casos de unas pocas líneas perdidas entre cientos de páginas, algo que alentó el propio amante de Lorca al no contestar a los requerimientos de ninguno de los estudiosos. Perdido en el anonimato que ofrece una gran ciudad, recurrió al poeta Luis Rosales, gran amigo de Lorca, quien lo ayudó a entrar en el diario “Abc”, donde comenzó su carrera como crítico de arte y arquitectura, que luego desarrollaría en otros medios especializados.

Comenzó a redactar un diario y nunca se desprendió de los recuerdos que le unían a Lorca, entre ellos un poema escrito en el reverso de una factura de la academia Orad, donde estudiaba en Madrid. No contó su relación con Lorca ni a su nuevo compañero, con el que vivió 30 años. “Tenía encanto, sentido del humor, personalidad y era muy atractivo”, cuenta Julia Sáez-Angulo, vicepresidenta de la Asociación de Críticos de Arte, quien lo valora como un pionero en la crítica de arquitectura y un gran experto en arte popular.

Tras dos años de investigación exhaustiva, que ha volcado en su novela testimonial, Manuel Francisco Reina tiene claro que Ramírez de Lucas fue el protagonista último de los “Sonetos del amor oscuro”. Para el biógrafo Ian Gibson la recuperación de la documentación, que obra en poder de los herederos de Ramírez de Lucas, sería fundamental para aclarar los últimos días de Lorca. “Intenté entrevistarle, pero no fue posible. Sabía que era un personaje fundamental pero supongo que su silencio tuvo que ver con el tema gay”.

Todos los expertos en la obra del poeta aplaudieron ayer la noticia. Para Félix Grande la sorpresa fue escuchar su nombre: “Sabíamos que había un gran amor, que en cierto modo inspiró los “Sonetos de amor oscuro”, pero no sabíamos cómo se llamaba”, explicó el poeta. “En las muchas conversaciones que tuve con Rosales me contó que durante los días que Lorca pasó escondido en su casa corregía sin parar esos versos. Nunca logré que me diera el nombre. Le había prometido a Federico que mantendría el secreto y era una persona de palabra”. Para el flamencólogo, que una historia de ese calibre permanezca oculta prueba el mundo en que vivimos tres cuartos de siglo después del asesinato. También el poeta Antonio Hernández conocía la relación. De hecho, lleva tiempo trabajando en un libro que cerraría la obra poética de Luis Rosales en el que aborda, entre otros, el tema de la homofobia y de Lorca y en el que aparece Ramírez de Lucas.

DOCUMENTACIÓN
“Querido Juan, es preciso que vuelvas a reír...”

Una carta y un poema simbolizan la pasión de la pareja
A. C. / L. M. | El País, 2012-05-10
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/09/actualidad/1336592881_755639.html

sábado, 9 de julio de 2011

argitalpenak | Novela negra de Granada

Imagen: El País
Novela negra de Granada
El drama del hombre que huye buscando refugio al lugar donde lo aguardarán para matarlo tiene algo de la fatalidad inexorable de un mito griego. 'Miedo, olvido y fantasía', de Marta Osorio, es un libro que no se parece a ningún otro escrito sobre García Lorca.
Antonio Muñoz Molina | El País, 2011-07-09

En las novelas policiales una voz lleva a otra, la solución parcial de un enigma lleva a otro enigma, hasta llegar al enigma final que suele ser el de una muerte. Algunas veces con los libros sucede lo mismo. Un libro llega inesperadamente y cambia de golpe la dirección de las lecturas. Mi amigo Alfonso Alcalá, director de la Casa Museo García Lorca de Fuente Vaqueros, me mandó la investigación de Miguel Caballero sobre las trece últimas horas de la vida del poeta. Esa inmersión en la negrura del crimen me hizo dejar en suspenso cualquier otra lectura que tuviera entre manos para recobrar libros a los que no volvía hace tiempo, aunque esa muerte, y la obra y la vida de Lorca, están siempre muy presentes en mí, mezcladas al recuerdo de la ciudad a la que llegué treinta y ocho años justos después de su asesinato, y donde me quedé a vivir veinte años, el tiempo más largo que he pasado en ninguna parte.

A García Lorca uno no deja nunca de leerlo. En sus mejores versos hay una consistencia de pedernal indestructible, hecha de exactitud en la observación de las cosas y de temeridad visionaria que se vuelca con igual vehemencia en la celebración del amor y de la naturaleza que en la denuncia de lo injusto. Dice él mismo, en un soneto dedicado a Manuel de Falla: Álgebra limpia de serena frente, / disciplina y pasión de lo soñado. En un país donde cualquier efusión sentimental es considerada intelectualmente de mal tono, García Lorca se permitió en sus poemas amorosos un impudor de confesión en carne viva que nos sigue estremeciendo al cabo de tres cuartos de siglo. En la capital de provincia cerrada y hosca a la que volvía de Madrid con sus camisas de colores llamativos y sus ademanes fantasiosos aquella singularidad suya se debió de hacer aún más ofensiva cuando la agravó el éxito, a medida que la escalada de la tensión política alimentaba las formas más primitivas del odio. El drama del hombre que huye buscando refugio justo al lugar donde lo aguardarán para matarlo tiene algo de la fatalidad inexorable de un mito griego. He vuelto a seguir esos pasos de Lorca por los mismos libros que ya he manejado otras veces: el diario de Carlos Morla Lynch, la biografía de Ian Gibson. Pero sobre todo he leído con más sosiego y más atención un testimonio que ya es en sí mismo otro enigma, porque más que un libro es la conjetura o el proyecto de un libro que no llegó a existir: una maleta llena de páginas mecanografiadas, cuadernos de diario, copias de documentos, fotografías; una maleta que su dueño, Agustín Penón, llevó consigo en el barco que lo devolvía a Nueva York en 1956, después de más de un año de indagaciones sobre la muerte de Lorca en Granada y Madrid; que permaneció intocada durante más de veinte años, mientras ese hombre, distraído en otras obligaciones, postergaba el momento de ponerse a trabajar en su libro, quizás temeroso de hacer daño a los testigos que habían confiado en él y que seguían viviendo bajo la dictadura de Franco, quizás desalentado de antemano por la dificultad de una tarea que le parecería superior a sus fuerzas.

Uno va dejando para otro día sus mejores propósitos y de repente el tiempo se ha acabado. La maleta que había venido de Granada a Nueva York viajó con Agustín Penón de Nueva York a San José de Costa Rica. En su interior permanecían los testimonios escritos de muchas personas que ya estaban muertas o que habían perdido la memoria, las fotos en blanco y negro de un país cada vez más lejano en el pasado. Antes de morir, en una última tentativa de que no hubiera sido vana su búsqueda de tantos años atrás, Agustín Penón envió la maleta de vuelta a España, dejándola como herencia a su amigo William Layton. Hasta las cosas más frágiles duran más que las personas: el papel quebradizo de las fotografías, el de las copias en calco, la tinta de las máquinas de escribir. Como un tesoro de tiempo la maleta de Agustín Penón la abrió en los primeros años ochenta Ian Gibson, que hizo uso de ella para documentar los episodios finales de su biografía de Lorca. Y aunque el propio Gibson le dedicó luego un libro, pocas personas supieron de ese hombre y de su búsqueda hasta que la editorial Comares de Granada publicó en 2000, y luego en 2009, una edición de sus papeles al cuidado de Marta Osorio: Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956).

Solo un trabajo filológico que no sé si está hecho permitirá conocer la naturaleza exacta de los materiales agrupados en el libro. Algunas veces se leen como entradas de diario, o como anotaciones rápidas hechas inmediatamente después de una conversación. En ocasiones la voz de la editora no acaba de distinguirse del relato original de Penón, y no estamos seguros de si todas sus notas las tomó en inglés, o de si han sido solo traducidas, y por quién, o también resumidas o arregladas de algún modo.

Sea como sea, el resultado es un libro que no se parece a ningún otro escrito sobre García Lorca. Agustín Penón, muerto hace tantos años, no recordado por nadie o por casi nadie, no acreditado por ningún título de erudición universitaria, viajó a Granada cuando la mayor parte de los amigos y de los enemigos del poeta estaban todavía vivos y lúcidos y cuando se respiraba todavía físicamente el terror de una represión que había tenido algo de meticulosa venganza social. Penón es el desconocido que llega haciendo preguntas a la pequeña ciudad en la que todos se conocen: el detective que ha venido para investigar uno de esos crímenes cometido en la claustrofobia de un recinto sin salida en el que las caras de todos los sospechosos son igualmente familiares. En Granada, a mediados de los años setenta, cuando yo me empeñaba en imaginarme a mí mismo como un escritor sin haber escrito apenas nada, leía a Raymond Chandler y a Dashiell Hammett e intuía en las noches de la ciudad la trama posible de una historia policial que la abarcaría entera, con sus callejones y sus barrancos, con sus zaguanes oscuros de viejas casas en ruinas, con sus periferias de bloques especulativos que arrasaban la Vega, con su castillo rojo en lo alto de una colina a la que se ascendía por un bosque.

Solo ahora, leyendo a Agustín Penón, me doy cuenta de que aquella novela negra había existido sin necesidad de ser inventada ni escrita, menos aún por mí. El crimen es simultáneamente la muerte de Lorca y la de los miles que cayeron asesinados al mismo tiempo que él: el detective es ese hombre joven con apellido español y pasaporte americano que llega a la ciudad en 1955 y tiene la misma perspicacia para intuir la verdad o la fantasía en lo que le cuentan y para comprender más hondamente que ningún otro biógrafo cómo fue Federico García Lorca. Qué triste que se muriera sin recibir ni rastro de la gratitud que merecía.

Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956). Comares. Granada, 2009. 800 páginas. 37 euros.


La maleta de Penón
El escritor norteamericano Agustín Penón [también homosexual] viajó a Granada, donde vivió entre 1955 y 1956, para investigar el asesinato de Lorca.‘La maleta de Penón’ presenta la investigación más exhaustiva sobre la muerte del poeta y la búsqueda de sus restos. Datos inéditos sobre las circunstancias y la fecha de su fusilamiento.
RTVE, 2009-08-18

Hizo grandes descubrimientos, entre otros, que al poeta no le mataron la noche de su detención, sino que hubo tiempo de sobra para salvarle, pero, en aquél momento, nadie calculó la gravedad real de la situación.

Tras llamar la atención de las autoridades franquistas a consecuencia de sus preguntas sobre García Lorca, Penón tuvo que salir apresuradamente de España y constató el miedo y el silencio que rodeaban el asesinato del granadino.

Todos los documentos de la exhaustiva investigación que realizó permanecieron ocultos en una maleta durante cuarenta años. El periplo de esa maleta y su valioso contenido –el certificado original de la defunción de Lorca, dos obras inéditas, cantidad de fotografías y entrevistas con el falangista que custodió a Federico su última noche y con el enterrador que marcó el lugar del asesinato- dan origen al documental.

Cuando se cumplen los 73 años del fusilamiento de Federico García Lorca, Documentos TV emite ‘La maleta de Penón’, un documental de producción propia sobre los últimos días, la muerte y la posterior búsqueda de los restos del poeta andaluz.

Fuente
La maleta de Penón

El escritor norteamericano Agustín Penón [también homosexual] viajó a Granada, donde vivió entre 1955 y 1956, para investigar el asesinato de Lorca.‘La maleta de Penón’ presenta la investigación más exhaustiva sobre la muerte del poeta y la búsqueda de sus restos. Datos inéditos sobre las circunstancias y la fecha de su fusilamiento.
RTVE, 2009-08-18


Documentación
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