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| Imagen: El País |
Novela negra de Granada
El drama del hombre que huye buscando refugio al lugar donde lo aguardarán para matarlo tiene algo de la fatalidad inexorable de un mito griego. 'Miedo, olvido y fantasía', de Marta Osorio, es un libro que no se parece a ningún otro escrito sobre García Lorca.
Antonio Muñoz Molina | El País, 2011-07-09
En las novelas policiales una voz lleva a otra, la solución
parcial de un enigma lleva a otro enigma, hasta llegar al enigma final
que suele ser el de una muerte. Algunas veces con los libros sucede lo
mismo. Un libro llega inesperadamente y cambia de golpe la dirección de
las lecturas. Mi amigo Alfonso Alcalá, director de la Casa Museo García
Lorca de Fuente Vaqueros, me mandó la investigación de Miguel Caballero
sobre las trece últimas horas de la vida del poeta. Esa inmersión en la
negrura del crimen me hizo dejar en suspenso cualquier otra lectura que
tuviera entre manos para recobrar libros a los que no volvía hace
tiempo, aunque esa muerte, y la obra y la vida de Lorca, están siempre
muy presentes en mí, mezcladas al recuerdo de la ciudad a la que llegué
treinta y ocho años justos después de su asesinato, y donde me quedé a
vivir veinte años, el tiempo más largo que he pasado en ninguna parte.
A García Lorca uno no deja nunca de leerlo. En sus mejores versos hay
una consistencia de pedernal indestructible, hecha de exactitud en la
observación de las cosas y de temeridad visionaria que se vuelca con
igual vehemencia en la celebración del amor y de la naturaleza que en la
denuncia de lo injusto. Dice él mismo, en un soneto dedicado a Manuel
de Falla:
Álgebra limpia de serena frente, / disciplina y pasión de lo soñado.
En un país donde cualquier efusión sentimental es considerada
intelectualmente de mal tono, García Lorca se permitió en sus poemas
amorosos un impudor de confesión en carne viva que nos sigue
estremeciendo al cabo de tres cuartos de siglo. En la capital de
provincia cerrada y hosca a la que volvía de Madrid con sus camisas de
colores llamativos y sus ademanes fantasiosos aquella singularidad suya
se debió de hacer aún más ofensiva cuando la agravó el éxito, a medida
que la escalada de la tensión política alimentaba las formas más
primitivas del odio. El drama del hombre que huye buscando refugio justo
al lugar donde lo aguardarán para matarlo tiene algo de la fatalidad
inexorable de un mito griego. He vuelto a seguir esos pasos de Lorca por
los mismos libros que ya he manejado otras veces: el diario de Carlos
Morla Lynch, la biografía de Ian Gibson. Pero sobre todo he leído con
más sosiego y más atención un testimonio que ya es en sí mismo otro
enigma, porque más que un libro es la conjetura o el proyecto de un
libro que no llegó a existir: una maleta llena de páginas
mecanografiadas, cuadernos de diario, copias de documentos, fotografías;
una maleta que su dueño, Agustín Penón, llevó consigo en el barco que
lo devolvía a Nueva York en 1956, después de más de un año de
indagaciones sobre la muerte de Lorca en Granada y Madrid; que
permaneció intocada durante más de veinte años, mientras ese hombre,
distraído en otras obligaciones, postergaba el momento de ponerse a
trabajar en su libro, quizás temeroso de hacer daño a los testigos que
habían confiado en él y que seguían viviendo bajo la dictadura de
Franco, quizás desalentado de antemano por la dificultad de una tarea
que le parecería superior a sus fuerzas.
Uno va dejando para otro
día sus mejores propósitos y de repente el tiempo se ha acabado. La
maleta que había venido de Granada a Nueva York viajó con Agustín Penón
de Nueva York a San José de Costa Rica. En su interior permanecían los
testimonios escritos de muchas personas que ya estaban muertas o que
habían perdido la memoria, las fotos en blanco y negro de un país cada
vez más lejano en el pasado. Antes de morir, en una última tentativa de
que no hubiera sido vana su búsqueda de tantos años atrás, Agustín Penón
envió la maleta de vuelta a España, dejándola como herencia a su amigo
William Layton. Hasta las cosas más frágiles duran más que las personas:
el papel quebradizo de las fotografías, el de las copias en calco, la
tinta de las máquinas de escribir. Como un tesoro de tiempo la maleta de
Agustín Penón la abrió en los primeros años ochenta Ian Gibson, que
hizo uso de ella para documentar los episodios finales de su biografía
de Lorca. Y aunque el propio Gibson le dedicó luego un libro, pocas
personas supieron de ese hombre y de su búsqueda hasta que la editorial
Comares de Granada publicó en 2000, y luego en 2009, una edición de sus
papeles al cuidado de Marta Osorio:
Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956).
Solo
un trabajo filológico que no sé si está hecho permitirá conocer la
naturaleza exacta de los materiales agrupados en el libro. Algunas veces
se leen como entradas de diario, o como anotaciones rápidas hechas
inmediatamente después de una conversación. En ocasiones la voz de la
editora no acaba de distinguirse del relato original de Penón, y no
estamos seguros de si todas sus notas las tomó en inglés, o de si han
sido solo traducidas, y por quién, o también resumidas o arregladas de
algún modo.
Sea como sea, el resultado es un libro que no se
parece a ningún otro escrito sobre García Lorca. Agustín Penón, muerto
hace tantos años, no recordado por nadie o por casi nadie, no acreditado
por ningún título de erudición universitaria, viajó a Granada cuando la
mayor parte de los amigos y de los enemigos del poeta estaban todavía
vivos y lúcidos y cuando se respiraba todavía físicamente el terror de
una represión que había tenido algo de meticulosa venganza social. Penón
es el desconocido que llega haciendo preguntas a la pequeña ciudad en
la que todos se conocen: el detective que ha venido para investigar uno
de esos crímenes cometido en la claustrofobia de un recinto sin salida
en el que las caras de todos los sospechosos son igualmente familiares.
En Granada, a mediados de los años setenta, cuando yo me empeñaba en
imaginarme a mí mismo como un escritor sin haber escrito apenas nada,
leía a Raymond Chandler y a Dashiell Hammett e intuía en las noches de
la ciudad la trama posible de una historia policial que la abarcaría
entera, con sus callejones y sus barrancos, con sus zaguanes oscuros de
viejas casas en ruinas, con sus periferias de bloques especulativos que
arrasaban la Vega, con su castillo rojo en lo alto de una colina a la
que se ascendía por un bosque.
Solo ahora, leyendo a Agustín
Penón, me doy cuenta de que aquella novela negra había existido sin
necesidad de ser inventada ni escrita, menos aún por mí. El crimen es
simultáneamente la muerte de Lorca y la de los miles que cayeron
asesinados al mismo tiempo que él: el detective es ese hombre joven con
apellido español y pasaporte americano que llega a la ciudad en 1955 y
tiene la misma perspicacia para intuir la verdad o la fantasía en lo que
le cuentan y para comprender más hondamente que ningún otro biógrafo
cómo fue Federico García Lorca. Qué triste que se muriera sin recibir ni
rastro de la gratitud que merecía.
Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956). Comares. Granada, 2009. 800 páginas. 37 euros.
La maleta de Penón
El escritor norteamericano Agustín Penón [también homosexual] viajó a Granada, donde vivió entre 1955 y 1956, para investigar el asesinato de Lorca.‘La maleta de Penón’ presenta la investigación más exhaustiva sobre la muerte del poeta y la búsqueda de sus restos. Datos inéditos sobre las circunstancias y la fecha de su fusilamiento.
RTVE, 2009-08-18
Hizo grandes descubrimientos, entre otros, que al poeta no le mataron la noche de su detención, sino que hubo tiempo de sobra para salvarle, pero, en aquél momento, nadie calculó la gravedad real de la situación.
Tras llamar la atención de las autoridades franquistas a consecuencia de sus preguntas sobre García Lorca, Penón tuvo que salir apresuradamente de España y constató el miedo y el silencio que rodeaban el asesinato del granadino.
Todos los documentos de la exhaustiva investigación que realizó permanecieron ocultos en una maleta durante cuarenta años. El periplo de esa maleta y su valioso contenido –el certificado original de la defunción de Lorca, dos obras inéditas, cantidad de fotografías y entrevistas con el falangista que custodió a Federico su última noche y con el enterrador que marcó el lugar del asesinato- dan origen al documental.
Cuando se cumplen los 73 años del fusilamiento de Federico García Lorca, Documentos TV emite ‘La maleta de Penón’, un documental de producción propia sobre los últimos días, la muerte y la posterior búsqueda de los restos del poeta andaluz.
Fuente
La maleta de Penón
El
escritor norteamericano Agustín Penón [también homosexual] viajó a
Granada, donde vivió entre 1955 y 1956, para investigar el asesinato de
Lorca.‘La maleta de Penón’ presenta la investigación más exhaustiva
sobre la muerte del poeta y la búsqueda de sus restos. Datos inéditos
sobre las circunstancias y la fecha de su fusilamiento.
RTVE, 2009-08-18
Documentación
Lorca a su 'verdugo': «¿Cree usted que me pasará algo?»
Los investigadores Agustín Penón y Eduardo Molina Fajardo recogieron la versión de Ramón Ruiz Alonso
J.L. Tapia | Ideal, 2008-08-22