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lunes, 3 de julio de 2023

#hemeroteca #lgtbi #memoria | El Movimiento Español de Liberación Homosexual, la organización clandestina que retó a Franco y se rebeló contra la homofobia

1975, Sheffield / Josep Domènech, Armand y Marga Trallero //
El Movimiento Español de Liberación Homosexual, la organización clandestina que retó a Franco y se rebeló contra la homofobia
Jose Carmona | Infobae, 2023-07-03

https://www.infobae.com/espana/2023/07/03/el-movimiento-espanol-de-liberacion-homosexual-la-organizacion-clandestina-que-reto-a-franco-y-se-rebelo-contra-la-homofobia/

Durante los años sesenta y setenta, la lucha armada y los movimientos rebeldes antisistema tenían cierta legitimación en la izquierda. En un mundo empañado por dictaduras militares y la presión de Estados Unidos contra el bloque soviético de la Guerra Fría, la victoria de la revolución de Fidel Castro y el movimiento sandinista en Nicaragua dieron alas a una infinidad de Frentes de Liberación que poco a poco, el s.XXI terminó por enterrar y deslegitimar.

Pero había muchos tipos de “liberación”, aunque el concepto evoque a guerrilleros armados en frondosas selvas. No todos requerían un pasamontañas ni todos sabían armar un rifle; los puntos de unión eran otros: la clandestinidad, la insurrección frente al Estado y la desobediencia. Estos últimos términos sí van más acorde a lo que fue el Movimiento Español de Liberación Homosexual, una pequeña y furtiva organización de hombres que, hartos de ser tratados como enemigos, decidieron unirse para exigir al estado franquista y a su máxima autoridad, Francisco Franco, que la homosexualidad no debía ser perseguida ni tratada como una enfermedad.

El franquismo, en ocasiones, ni mentaba de forma explícita la homosexualidad en su legislación, aunque redactaba leyes para ella. Por ejemplo, el Código de Justicia Militar condenaba “actos deshonestos” a la dignidad militar. La ambigüedad, sin embargo, luego era un movimiento evidente para reprimir la homosexualidad en el Ejército.

Obviamente, para las miradas conservadoras del momento, la homosexualidad y el comunismo iban de la mano: “La sodomía tiene una función comunista a través de los siglos, pues ambas aberraciones, aun siendo de distinto tipo, son contrarias a la familia, a la propiedad privada y al orden tradicional”, rezaba la obra ‘Sodomitas’, publicada en 1956 y tan exitosa que sus reediciones llegaron hasta la década de los 70.

La organización se fundó en 1971, en esos últimos años del tardofranquismo cuando las generaciones nacidas en dictadura exigían cambios y aires de libertad más parecidos a los vecinos europeos. La homosexualidad fue fuertemente reprimida durante los cuarenta años que duró la opresión. De hecho, la Ley de Vagos y Maleantes se reformó en 1954 para incluir de forma explícita a los homosexuales.

Ya en 1970, llegó la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social (LPRS), que pese al paso del tiempo volvía a apuntar contra “los que realicen actos de homosexualidad” con sanciones que podían llevar al exilio de la región. Incluso con la llegada de la democracia, esas normas se mantuvieron en el tiempo. El primer partido que movió ficha fue el Partido Comunista de España (PCE), aunque sus peticiones se desoyeron hasta 1980, año en el que la LPRS fue derogada. El camino venía de lejos: durante la dictadura de Primo de Rivera, la pena para los homosexuales era de entre dos a doce años de cárcel, multas de mil a diez mil pesetas e inhabilitación para la función pública durante seis y doce años.

Tratados como apestados, el objetivo principal del MELH era ser considerados parte de la sociedad española: “Buscaban concienciar a los homosexuales en la reivindicación de sus derechos, romper con su aislamiento y lograr el reconocimiento y aceptación de la sociedad”, asegura Valentín Galván en su estudio ‘De vagos y maleantes a peligrosos sociales: cuando la homosexualidad dejó de ser un delito en España (1970-1979)’. Sus fundadores fueron Francesc F. (bajo el seudónimo de Mir Bellgai) y Armand de Fluvià (con el de Roger de Gaimon), que a través de cartas logran algo que en su momento se vendió como una concesión: apresar solo a los que realizaran “más de un acto de homosexualidad”.

El tiempo ha colocado a Armand de Fluvià en la posición de líder activista por los derechos LGTBI. Fue la primera persona en España en hacer pública su homosexualidad a través de la televisión y lideró el Movimiento Español de Liberación Homosexual gracias a sus contactos en el extranjero. Las reuniones clandestinas en hogares de Barcelona, donde llegaron a contactar con unas 60 personas —con una escasísima representación de mujeres, aún más invisibilizadas y perseguidas— y a enviar panfletos a Francia para que desde allí se redistribuyeran por España. Ser descubiertos no era una opción, así que nunca se repetía lugar de reunión. Sin embargo, la existencia del grupo fue breve. En 1972, la Policía terminó por identificarles y forzar a la disolución de la organización. No sería hasta la muerte de Franco cuando estos militantes volvieran a tomar la palabra.

El MELH sirvió de despertador, de instigador, y durante el Gobierno de Carrero Blanco se generó una efervescencia del movimiento LGTBI en España. A Cataluña se sumaron Valencia, Mallorca, Madrid, Málaga, Zaragoza, Santiago de Compostela, Bilbao... El país comenzó a demostrar que la fórmula franquista estaba agotada. Una vez murió Franco, el Movimiento de Liberación pudo ampliar sin tanto miedo sus posturas marxistas y eso ayudó a que otros movimientos radicales y politizados irrumpieran en la escena: el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) de Madrid, la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga (UDHM) o el Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua (EHGAM) de Bilbao fueron algunos de ellos. Fue entonces, ya en 1976, cuando pudieron ser quienes realmente eran: hombres, gays y marxistas. Así lo constataron en el llamado Manifiesto de Marzo de 1977, cuando dieron a entender que ellos no iban a cambiar, que el cambio tendría que hacerlo el resto del mundo: “Nosotros no somos reformistas, somos radicales y revolucionarios”.

NOTA DE IGLU: Pese a lo que se afirma en el artículo, la LPRS no fue derogada en 1980. lo que sí se hizo el 26 de diciembre de 1978 fue despenalizar la homosexualidad, eliminándola de ahí. El efecto de la despenalización tuvo lugar en enero de 1979. 

domingo, 17 de mayo de 2020

#hemeroteca #lgtbifobia #lgtbi #memoria | Día contra la LGTBI-fobia: así salió España del armario

Imagen: 20 Minutos / MADO 2018
Día contra la LGTBI-fobia: así salió España del armario.
Se cumplen 30 años desde que la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. En 1977, Barcelona acogió la primera manifestación homosexual en el país.
Judith Calderón | 20 Minutos, 2020-05-17
https://www.20minutos.es/noticia/4260260/0/dia-contra-lgtbi-fobia-asi-salio-espana-armario/

Este domingo es el Día Internacional contra la LGTBI-fobia, una jornada para conmemorar que hace 30 años, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Este año, además, las primeras organizaciones españolas creadas para defender los derechos de los homosexuales cumplen 50 años y el Palau de la Generalitat de Cataluña acogerá, cuando la crisis del COVID-19 lo permita, un acto para rendirles homenaje.

Este acto homenajeará también a uno de los impulsores clave de estas asociaciones, el activista Armand de Fluvià, "pionero del movimiento de liberación gay en Cataluña y en el Estado", ha señalado el Govern en un comunicado.

Armand de Fluvià y el Movimiento Español de Liberación Homosexual
En el año 1970, el régimen de Francisco Franco impulsó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, una adaptación de la antigua Ley de Vagos y Maleantes.

Esta nueva ley condenaba, además de los actos sexuales, las asociaciones, encuentros y cualquier expresión (verbal o de vestimenta) que pudiera suponer una ‘inclinación homosexual’.

El genealogista y activista Armand de Fluvià lideró entonces una ofensiva para denunciar la situación de las personas no heterosexuales durante la dictadura. En ese mismo año, 1970, impulsó desde la clandestinidad la Agrupación Homófila por la Igualdad Sexual (AGHOIS), que más adelante pasaría a llamarse Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

Cuando se aprobó la ley, el MELH decidió editar de forma clandestina una especie de boletín al que bautizaron con el nombre inicial de la organización, AGHOIS.

"Para que la policía no lo descubriera, los originales los hacíamos en Rubí con una máquina de escribir vieja y luego los pasábamos por la multicopista. Una vez terminado el trabajo, íbamos a Perpinyà y los enviábamos a París, desde donde se remitían los ejemplares a los suscriptores”, cuenta Fluvià en la publicación ‘Orígenes e historia del movimiento homosexual en los Países Catalanes’ de la revista DivÈrsia de la Universidad Pompeu Fabra.

Primera manifestación homosexual en España
Tras la muerte del dictador, en 1975, el movimiento hizo un gran cambio. El MELH era una organización reformista, así que algunos de los que lo formaban iniciaron en Barcelona una asociación más revolucionaria: el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC).

Con una actitud más combativa, el FAGC organizó el 26 de junio de 1977 en Barcelona la primera manifestación LGTBI que tenía lugar en España. En esta concentración, además de homosexuales, participaron muchas personas transexuales. Al llegar a la fuente de Canaletas de la Rambla, los 'grises' cargaron fuertemente y la disolvieron.

"Cargaron de una forma indiscriminada y hubo varios detenidos", cuenta Eugeni Rodríguez, portavoz del FAGC y presidente del Observatorio Contra la Homofobia (OCH) de Cataluña.

El 26 de diciembre de 1978, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social fue modificada y se eliminaron varios artículos, entre ellos el referente a "los actos de homosexualidad". En aquel momento, el FAGC empezó a reclamar la legalización de los colectivos de gais y lesbianas. Sin embargo, el gobierno español la denegó.

"El FAGC tenía dos objetivos principales: primero, derogar una ley que nos consideraba enfermos y, segundo, la legalización de las organizaciones", explica Rodríguez.

El FAGC interpuso un recurso contra la denegación y el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) hizo una interpelación en el Congreso. Finalmente, la legalización se consiguió en 1980.

El VIH y la estigmatización del colectivo
A principios de la década de los 80, se detectaron los primeros casos de VIH en Estados Unidos. En 1985, el virus estaba en todas las regiones del mundo.

Como, inicialmente, un gran número de infectados era homosexual, la enfermedad fue bautizada al principio como "cáncer gay", lo que llevó a una fuerte estigmatización del colectivo.

“La gente se moría cada día y, como éramos maricones y drogadictos, nadie hacía nada”, relata el portavoz del FAGC. Esta situación propició que nacieran los primeros grupos de apoyo entre el colectivo.

En España, la campaña 'Si Da, No Da' del Ministerio de Sanidad a finales de los 80 trató de acabar con los mitos y el pánico. El anuncio informaba a la población sobre cuáles eran las vías de transmisión del virus y de qué manera podía evitarse la infección.

Matrimonio homosexual
En 1987, Josep Teixidor y Jesús Lozano, de Taradell (Barcelona), pidieron casarse civilmente al juez titular de Instrucción de Vic. Este acto se convirtió en el primer intento de legalizar el matrimonio homosexual en España y obligó a la justicia a pronunciarse al respecto por primera vez. La petición fue denegada.

Uno de los fundamentos jurídicos de la sentencia se basó en las redacciones del Código Civil y de la ley del Registro Civil y su reglamento, según las cuales para el juez "es tan obvio que el matrimonio lo componen un hombre y una mujer que no se han ocupado de concretar que los matrimonios deben celebrarse entre personas de distinto sexo".

El matrimonio homosexual fue finalmente aprobado en julio de 2005, bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), y convirtió a España en el cuarto país del mundo que legalizaba estas uniones.

17 de mayo, Día Internacional contra la LGTBI-fobia
El 17 de mayo de 1990, la OMS dejó de considerar la homosexualidad como una enfermedad mental y este día se ha tomado como referencia para reivindicar la lucha contra la LGTBI-fobia.

Pese a los avances de la sociedad respecto a los derechos de esta comunidad, las situaciones de violencia y discriminación se siguen sucediendo.

Sin ir más lejos, el Observatorio Contra la Homofobia (OCH) de Cataluña publicó un comunicado el pasado jueves para recordar que el confinamiento ha agravado la situación de LGTBIfobia y machismo que sufren algunas personas y que, en lo que va de confinamiento, ha supuesto el registro de 22 incidencias por parte de la entidad.

Los Mossos d'Esquadra, por su parte, investigan 35 denuncias en lo que va de año por delito de odio en el ámbito LGTBI. El año pasado cerró con 119 denuncias de este tipo, un 58% más que el anterior.

martes, 19 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #politica #memoria | Piro Subrat, escritor: ''La Iglesia es el mayor enemigo de la libertad sexual en España''

Imagen: El Diario / Piro Subrat
Piro Subrat, escritor: ''La Iglesia es el mayor enemigo de la libertad sexual en España''.
''La izquierda no asumió el movimiento homosexual hasta los años 80, cuando cambió el paradigma político y social, y lo hizo con ciertas resistencias'', sostiene Piro Subrat. La presentación del libro 'Invertidos y rompepatrias' de este escritor tendrá lugar en la librería La Libre de Santander este miércoles 20 de noviembre a las 20.00 horas. ''El Partido Popular se unió por primera vez al desfile del Orgullo en el año 2000, pero no estuvieron cuando había que partirse la cara'', afirma el autor.
Celia Álvarez | El Diario, 2019-11-19
https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/Piro-Subra-Iglesia-libertad-Espana_0_965203729.html

¿Cuántas veces has oído que la izquierda es más tolerante que la derecha con el movimiento LGTBI? ¿Qué tiene de cierta esa afirmación? ¿Ha sido así siempre? El colectivo homosexual, con mayor o menor visibilidad, ha existido siempre, pero los partidos políticos se han ido sumando a su apoyo en los últimos años.

A este reflexión llega Piro Subrat (Alcalá de Henares, 1990) quien presentará este miércoles 20 de noviembre su libro 'Invertidos y rompepatrias. Marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el estado español (1868 —1982)', en la librería La Libre de Santander, a partir de las 20.00 horas. El autor ha llevado a cabo, durante 9 años, una particular investigación acerca del movimiento LGTBI y su vinculación con la corriente de izquierdas en España. Su objetivo es ''demostrar que la homosexualidad ha existido siempre'' y, así, conseguir ''cambiar el sistema''.

En su libro, Piro hace un recorrido histórico que comienza en el siglo XIX y pasa por los periodos más significativos de la historia de nuestro país, como la República, la dictadura franquista o la Transición, para explicar cómo se ha tipificado el concepto de la homosexualidad. ''A mí este tema me atravesaba. Cuando te das cuenta de que eres homosexual, parece que eres el único en el mundo. Y si encima estás vinculado a ideas políticas radicales, ya eres la oveja negra'', sentencia en conversación con eldiario_es, preguntado por el motivo que le llevó a realizar esta investigación.

''Cuando hablo de la izquierda me refiero sobre todo al marxismo y al anarquismo, aunque también hago alusión a la Confederación Nacional de Trabajo (CNT), grupos republicanos y partidos políticos como el Partido Comunista Español (PCE)'', aclara el autor del libro.

Piro sitúa el origen del movimiento homosexual en España en los años 70, a raíz del surgimiento del MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). ''Durante el franquismo era muy complicado tratar este tema. Hasta que no murió Franco, no se pudo dar visibilidad a la homosexualidad'', sostiene. El autor desvela que durante la dictadura ''se enviaban boletines a gente vinculada a la izquierda y a la corriente progresista''.

El madrileño recuerda nombres como los de Fernando Lumbreras, Empar Pineda o Jordi Petit como algunos de los primeros defensores de los derechos del colectivo LGTBI en España. Sin embargo, considera que la izquierda no siempre ha apoyado a estos colectivos. ''En los años 30 existía una corriente imperante que era homófoba y consideraba la homosexualidad como una patología. No fue hasta los años 80 cuando, a raíz del nuevo paradigma político y social, la izquierda comienza a asumir, con ciertas resistencias, este movimiento'', sentencia tajante.

''Había que hacer una revolución, y dicha revolución tenía que ser integral, incluyendo también la sexualidad'', afirma Piro en referencia al contexto de represión vivido durante la dictadura. ''La izquierda demandaba libertad, así que fue el propio colectivo homosexual quien demandó su apoyo'', revela. Sin embargo, el madrileño apunta que ''a partir de los años 80 hubo una despolitización de los movimientos LGTBI'', por lo que ya no están tan vinculados con los grupos de izquierda como en la transición.

¿Evolución o estrategia política?
Por otra parte, el autor cree que ''la derecha no asume la homosexualidad por la moral católica imperante'' que tiene. Por ello, acusa a la Iglesia de ser ''el mayor enemigo de la libertad sexual que ha habido y que hay en el Estado español''. Además, acusa a ''la derecha moderna'' de aceptar los movimientos LGTBI en un contexto social ''en el que ya estaba todo hecho''.

Respecto a la presencia de los partidos políticos en el desfile del Orgullo, Piro afirma que ''los militantes del PCE o de la CNT han ido a la manifestación del Orgullo desde su primera edición, mientras que el Partido Popular se unió, por primera vez, en el año 2000''. ''Hasta entonces, el PP defendía políticas contrarias a la defensa de los derechos LGTB y solo había ido al Orgullo a molestar. No estuvieron cuando había que partirse la cara'', cuenta indignado. ''La presencia de partidos políticos como Ciudadanos en el Orgullo es un acto electoralista'', opina.

Al hablar de electoralismo, Piro cree que también hay una parte de la izquierda que se identifica con el movimiento LGTB para ganar votos. ''Una persona del Partido del Trabajo de España me lo reconoció'', concluye.

viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #activismo | De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario

Imagen: El Diario / Boti García Rodrígo
De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario.
Armand de Fluvià, Carla Antonelli y Boti G. Rodrigo son tres de las activistas históricas que llevarán la pancarta de cabecera este sábado en el Orgullo LGTBI. "Nos reuníamos a escondidas en pisos. Vivíamos una doble vida", cuenta Armand sobre la fundación en la clandestinidad del primer colectivo gay en España, en 1970. Con 17 años, Carla huyó de su casa para poder desarrollarse como era, una mujer. "A mí el activismo me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa", dice Boti.
Marta Borraz | El Diario, 2019-07-05
https://www.eldiario.es/sociedad/Historicas-cabecera-abrir-camino-arcoiris_0_917258883.html

Cuando Armand de Fluvià fundó el primer colectivo gay de España lo tuvo que hacer en la clandestinidad y bajo pseudónimo. Unos años después, Carla Antonelli huía del pueblo que la vio nacer para poder ser quien era y Boti García Rodrigo vivía con el anhelo del activismo en el que más tarde despuntaría. Armand, Carla y Boti son tres de las activistas históricas que este sábado ocuparán la cabecera de la manifestación del Orgullo LGTBI. Los tres sujetarán la pancarta que pretende homenajear a los mayores y recordar la represión que sufrieron por sentir y ser diferentes a lo que la férrea norma marcaba.

Junto a ellas tres, dos decenas de activistas más relegarán a los partidos políticos, que tradicionalmente han ocupado ese lugar, a la cola de la marcha. El objetivo es recuperar el espíritu reivindicativo de Stonewall, la revuelta neoyorkina que en 1969 inició el Orgullo tal y como lo conocemos. Por aquel entonces, Armand de Fluvià (Barcelona, 1931) miraba con inquietud lo que estaba ocurriendo en Nueva York, donde "había un ambiente diferente" al de la oscura y represiva España franquista. Y un año después, a sus 39, fundó el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

"Nos reuníamos a escondidas en pisos, de los que salíamos de uno en uno para no llamar la atención. Era una época en la que vivíamos una doble vida y siempre con miedo a que nos detuviera la Policía", cuenta mientras recuerda las peripecias que pasaba el grupo para imprimir la revista homosexual ‘Aghois’ y sortear la censura franquista. De mes en mes, cruzaban la frontera para llegar a la región francesa de Perpiñán, desde donde la enviaban a París para su posterior distribución en España. Entonces, el principal objetivo del MELH era la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, usada de forma sistemática para perseguir a los LGTBI.

Carla Antonelli (Güímar, 1959), mujer trans y actual diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, fue víctima de esa represión legal de forma cotidiana. Con 17 años, huyó de su casa natal "porque allí era imposible desarrollarme como lo que era" y se fue a vivir a las Palmas de Gran Canaria "con 300 pesetas en el bolsillo". "Allí me di de bruces con la sociedad del momento, con las leyes que nos perseguían. Recuerdo mucho la noche de San Juan de 1977, cuando la Policía me detuvo y me dio una paliza en comisaría. Acabé en un charco de mi propia sangre y le cogí un miedo atroz a la calle. Aquello era durísimo", relata.

Mientras tanto, Fluvià seguía en la militancia activa por la liberación sexual y había impulsado, tras el MELH, la creación de varios de los llamados Frentes de Liberación Homosexual (FAC) en algunas comunidades autónomas. El de Catalunya, aún ilegal, convocó la primera manifestación por los derechos LGTBI de España, que recorrió Las Ramblas de Barcelona en 1977 para pedir la derogación de la leyes franquistas contra la homosexualidad. La marcha acabó con la represión de la Policía, que dispersó a los manifestantes con golpes y balas de goma.

Siempre dice que llegó tarde a todo –"al activismo, a la conciencia política, al feminismo"–, pero Boti G. Rodrigo (Madrid, 1945) lo hizo pisando fuerte. "Yo sufrí las normas del nacionalcatolicismo, pero era una niña tranquila y solitaria que iba a mi bola. ¿Yo me daba cuenta de que era lesbiana? No. De lo que me daba cuenta es de que era rara, y eso me decían mis mayores...", recuerda sobre su infancia. El ambiente universitario sembró en ella una semilla que ya no se fue nunca: la del activismo. "Nunca estuve dentro del armario, pero sí llegó un momento en el que notaba que necesitaba ser activa en mostrar cómo yo era. Veía el Orgullo por televisión y sentía que quería estar allí". Era el principio de los años 90.

Imagen: El Diario / Carla Antonelli
La vida activista
En aquellos años, Carla ya llevaba un tiempo viviendo en Madrid, donde había salido en varios reportajes periodísticos en defensa de los derechos de las personas trans, y militaba en el PSOE. "Nos trataban de enfermos, imagínate... .pero yo aprovechaba para visibilizar. En aquella época no había referentes", explica. En 1997 empezó a coordinar el Área Transexual del Grupo Federal GLTB del partido. Empezaba a despuntar políticamente, pero había pagado un precio por ser quien es. "Salí de mi casa y no pude regresar. Tu familia no te entiende, oyes barbaridades e incluso hermanos que te dejan de hablar hasta el día de hoy".

La mítica libreria Berkana, regentada aún a día de hoy por Mili Hernández en el corazón de Chueca (Madrid), fue el destino al que llegó Boti en busca de aire de libertad "y de otra gente que fuera como yo". "No entré directamente. Pasé varias veces por delante de la puerta hasta que me decidí. Allí estaba Mili, todavía lo recordamos y nos reímos, a la que le dije que creía que era lesbiana. Tú donde tienes que ir, me dijo, es a COGAM". Y allí se plantó. En 1995 se unió al colectivo, fundado en 1985 tras una reunión de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español en Madrid.

Boti se curtió en COGAM, llegó a ser su presidenta –cargo que repetiría luego en la posterior Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB)– y aprendió "muchas cosas", entre ellas, "que había muchos gais y muy pocas lesbianas". "Había una misoginia bestial. Recuerdo que nosotras teníamos un grupo que nos reuníamos creo que los viernes. Bueno pues uno de estos días llegamos a la sede y nos encontramos con pintadas enormes en el pasillo que rezaban 'fuera lesbianas'. Eran mensajes claramente lesbófobos por parte de miembros del colectivo", rememora.

Imagen: El Diario / Armand de Fluvià
Lo que está por venir
Carla también relata la exclusión de las personas trans del movimiento LGTBI, que siempre ha tenido una deuda pendiente con ellas. "Éramos ninguneadas y detestadas, e incluso se opinaba que dábamos una mala imagen al colectivo. Esto viene desde Nueva York, donde el ‘Power Gay’ absorbió incluso a las lesbianas".

Son muchos los hitos personales y políticos que Armand, Carla y Boti han retenido en la mente. La derogación de la Ley de Peligrosidad Social, la legalización de los colectivos a principios de los 80, la aprobación del matrimonio igualitario en 2005 o la puesta en marcha de la ley de identidad de género dos años más tarde, citan. "Pasamos de la nacional católica España a ser un referente", resume Armand.

Boti nombra además su propia boda, "una mezcla perfecta de la teoría y la práctica, entre el amor y el activismo". "Entonces había muy pocas bodas de mujeres, así que Pedro Zerolo nos dijo: tenéis que casaros. Y eso hicimos". Entonces, el PP había presentado el recurso ante el Tribunal Constitucional contra las bodas entre las parejas del mismo sexo, que en 2012 fueron declaradas constitucionales. "Fue una alegría enorme... Recuerdo celebrándolo en la Puerta del Sol con muchísima emoción", dice Boti. Tres años antes, Carla volvía a pasear por las calles de su pueblo 33 años después para recibir un premio.

Los tres activistas históricos a los que este sábado rendirá homenaje el Orgullo LGTBI saben mucho del pasado, pero no pierden de vista lo que está por venir. "Tenemos que estar ojo avizor y muy atentos ante el auge de la extrema derecha", dice Armand a sus 87 años. "Están trabajando para hacer de este país otra vez el país en blanco y negro del que salimos... Y no lo vamos a permitir", concluye Boti.
  • Un Orgullo, un reto y una lección
  • Un Orgullo
  • Boti: El de 2005. Fue el año del matrimonio igualitario y el primero que acabó en Colón. Fue muy multitudinario.
  • Carla: Recuerdo dos. El de 1980. Hubo altercados con neonazis y ahí sentí mucho la falta de espacio en esta sociedad. Recuerdo también el primero en el que hubo carrozas, en los 90. Ahí sentí lo contrario: que las calles eran nuestras y teníamos permiso para vivir y ser.
  • Armand: El de 1977 en Nueva York. Es el que más recuerdo. Fue una experiencia extraordinaria.
  • Un reto
  • Boti: Es el momento de rearmarnos. Debemos hacer un activismo muy político y una militancia más consciente que nunca.
  • Carla: Yo lo que deseo es que el colectivo LGTBI se unifique más si cabe. Ante la extrema derecha, la unión es la herramienta indispensable para combatir a quienes nos quieren hacer repetir la Historia.
  • Armand: Debemos seguir luchando contra la LGTBIfobia en todos los sitios, sobre todo en los aparatos transmisores de la ideología dominante: los medios de comunicación y la educación.
  • Una lección activista
  • Boti: A mi el activismo me lo ha dado todo. Me ha rellenado. Me ha enseñado cuáles son las verdades por las que tenemos que luchar y me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa.
  • Carla: La supervivencia. Porque, sin duda alguna, mirando hacia atrás, con todo, lo bueno y lo malo, concluyo que todo ha merecido la pena. Que lo volvería a repetir una y 10.000 veces.
  • Armand: El activismo me ha enseñado, sobre todo, que si luchas, consigues las cosas. Y si no luchas, te oprimen y te reprimen.

martes, 27 de junio de 2017

#hemeroteca #orgullocritico #memoria | 40 años después

Imagen: ctxt / Orgullo Crítico 2015, Madrid
40 años después.
Este 28 de junio muchxs nos sumaremos, un año más, a la manifestación del Orgullo crítico en Madrid, una plataforma de grupos políticos que lleva una década cuestionando el Orgullo oficial, su despolitización y mercantilización.
Gracia Trujillo | ctxt, 2017-06-27
https://ctxt.es/es/20170621/Firmas/13514/ctxt-orgullo-critico-LGBTI-queer-trans.htm

El próximo miércoles, 28 de junio, conmemoramos la primera manifestación del Orgullo. Ese día de 1977 cuatro mil personas se manifestaron por las Ramblas barcelonesas y acabaron corriendo perseguidas por los grises. La revista Triunfo recogió entonces: “La celebración del Día del Orgullo Gay en Barcelona ha sido el detonante que ha puesto en evidencia la cantidad de homosexuales que hay en España y que están dispuestos a salir a la calle”. Esos homosexuales se habían organizado ya en la clandestinidad del régimen franquista en el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), primer grupo de activismo sexual creado en 1971, embrión del posterior FAGC catalán de 1975, que convocó aquella primera manifestación.

Las reivindicaciones de los Frentes de Liberación Homosexual que comenzaron a surgir por todo el Estado español eran, en consonancia con su ideología libertaria, la revolución sexual en el marco de una transformación política, cultural y económica; la supresión de la marginación social y sexual, y la lucha contra las instituciones sostenedoras de una cultura represora, como la familia, la Iglesia, la escuela y el Estado burgués, entre otras. Para hablar de liberación era necesario que desaparecieran las categorías de heterosexualidad-homosexualidad, activo-pasivo, masculino-femenino, y la sociedad que las creaba. Estas críticas suenan, leídas hoy, bastante actuales (y vigentes). Se trata de los cuestionamientos de los binarismos sexuales y genéricos que vienen planteando los activismos y teorías feministas y queer desde los noventa, retomando aquellos de los setenta, sea conscientemente o no.

Mucho ha llovido desde entonces, bastante es lo que hemos recorrido, pero también lo que nos queda por batallar, cuarenta años después.

Este 28 de junio muchxs nos sumaremos, un año más, a la manifestación del Orgullo crítico en Madrid, una plataforma de grupos políticos que lleva una década cuestionando el Orgullo oficial, su despolitización y mercantilización (en los últimos años mucha gente llama a este último “desfile”, expresión que refleja muy bien su transformación). El germen del Orgullo crítico fue el Bloque Alternativo para la Liberación Homosexual (BALS) que se organizó en 2007 como respuesta al Europride y que englobaba varios colectivos como el Grupo de Trabajo Queer, Panteras Rosas, Towanda, Liberacción, RQTR, y el colectivo feminista Lilas, entre otros. A lo largo de estos años esta plataforma se ha ido llamando de diferentes maneras, además de Orgullo crítico: indignado, coincidiendo con el comienzo del 15M, o Toma el Orgullo después. Una de las cuestiones que nos planteamos en sus inicios, y así hicimos, fue recuperar la fecha del 28 de junio, cargada de simbolismo activista a nivel internacional, para celebrar nuestra manifestación de protesta frente a la oficial, que en esos años ya comenzaba a estar peligrosamente invadida por una multitud de carrozas de empresas gais, el llamado capitalismo rosa, que nos dejaba poco espacio a los grupos políticos. La fecha recuerda la noche del 28 de junio de 1969, cuando se produjeron los disturbios frente al bar Stonewall, situado en el barrio del Village neoyorquino. La enésima redada policial en bares de gais, lesbianas, travestis y trans hizo saltar aquella noche la rabia de los allí presentes. Las protestas se extendieron a lo largo de tres días por la ciudad, espoleando la reemergencia del activismo de la liberación sexual, en estado de “latencia” durante las décadas anteriores, en Estados Unidos y en otros países como Gran Bretaña, Canadá o Francia. En esa fecha es en la que se siguen celebrando, hoy día, las manifestaciones del Orgullo en multitud de ciudades, y en otras lo intentan; como en Estambul, en las que las autoridades han prohibido la manifestación estos dos últimos años.

Una genealogía, entre otras posibles
Leo estos días muchas referencias a los sucesos de Nueva York de 1969 en textos sobre las celebraciones del Orgullo, pero creo que nuestras genealogías políticas tienen más que ver con aquellas Ramblas del 77 y las manifestaciones que vinieron después que con las revueltas del otro lado del océano, aunque se recurriera a aquella fecha simbólica para convocar la protesta. El régimen franquista aprobó en 1970 la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que incluía a los homosexuales en la lista de “peligrosos sociales”. Que esto sucediera un año después de las revueltas de Stonewall da cuenta de cuál era la situación aquí y el nivel de hostilidad legal y social hacia todo lo que se escapaba del régimen de la heterosexualidad, del machismo, de la familia tradicional y del puritanismo sexual. Para los desviados sexuales, la ley preveía una serie de medidas de “cura” y tratamiento, y con ese fin se crearon dos centros de rehabilitación, uno en Huelva para homosexuales activos (sic) y otro en Badajoz destinado a los pasivos, aunque la mayor parte de las condenas se cumplían en cárceles convencionales. Sobre si algunas lesbianas o mujeres bisexuales fueron a las cárceles no tenemos datos, al menos todavía, pero lo que sí sabemos es que la represión hacia ellas supuso que muchas acabaran internadas en sanatorios psiquiátricos, sometidas a tratamientos de “rehabilitación” también.

En ese contexto, las activistas lesbianas se unieron a los gais, travestis, transexuales y otros peligrosos sociales en las manifestaciones que reclamaban la despenalización de los actos homosexuales, la amnistía, la legalización de sus organizaciones políticas y el fin de las redadas policiales. Con la supresión de la LPRS del artículo referente a los “actos de homosexualidad” en 1979, los Frentes de Liberación Homosexual entraron paulatinamente en un proceso de desmovilización, que discurrió en paralelo al desarrollo de espacios comerciales de ocio para gais (varones), el denominado “ambiente” que empezaba a desarrollarse en grandes ciudades como Barcelona o Madrid. A las activistas lesbianas, el movimiento feminista, aglutinado en torno a importantes y urgentes reivindicaciones como la consecución de la despenalización de los anticonceptivos, del adulterio y el aborto, les ofrecía un corpus ideológico y una plataforma donde organizarse. Muchas se sumaron entonces al feminismo organizado. Las feministas lesbianas compartían con el ideario feminista la reivindicación del derecho al propio cuerpo (tema de actual debate, por cierto), e hicieron suyas las reivindicaciones de las mujeres en general. No será hasta una década después, en 1989, cuando los colectivos de feministas lesbianas orienten una parte de su actividad política a sus propias demandas. Un año antes, en 1988, se había derogado el delito de escándalo público (artículos 431 y 432 del Código Penal) con el que se detenía a parejas por besarse o mostrar su afectividad. La LPRS no desapareció completamente hasta el 23 de noviembre de 1995, aunque desde 1979 se eliminasen varios artículos, entre ellos el referente a los “actos de homosexualidad”.

A comienzos de los años noventa, grupos queer como La Radical Gai o LSD continuarán la estela de radicalidad de los setenta en sus discursos, representaciones, repertorio de acciones y formas organizativas. Lo que espoleó la rabia y la necesidad de reaccionar en esta ocasión fue, sobre todo, la crisis del sida y la espiral de homofobia que trajo consigo. El sida hizo evidentes las diferencias de planteamientos entre esta corriente radical, autónoma, y la más moderada, pragmática, del activismo gay, orientada a ofrecer servicios a la comunidad y a la consecución de avances legales (la ley de parejas de hecho entonces, demanda que se modificaría a finales de la década por la del matrimonio). La pandemia activó, por otra parte, la política de alianzas entre lesbianas y gais (como la de los grupos mencionados más arriba), al igual que sucedió en otros países occidentales.

Es interesante analizar los elementos que comparten los activismos queer con los de liberación sexual de los años setenta, entre ellos la demanda de la transformación social a gran escala y la defensa de la autonomía política, el ubicarse en los márgenes sin perseguir la negociación institucional sino la denuncia en la calle contra las agresiones y la lgtbifobia en sus diversas formas. En esta misma genealogía radical y autogestionada se inscriben muchos grupos que llegaron después, con un ideario queer/cuir y transfeminista, como Bollus Vivendi, Post op en Barcelona, Maribolheras precarias en A Coruña, Migrantes Transgresoras, la Asamblea Transmaricabollo de Sol, el Bloque Andaluz de la Revolución Sexual, y otros tantos por toda la geografía ibérica, a los que hay que sumar la plataforma del Orgullo crítico. Esta última se autodefine, en un texto reciente, como “anticapitalista, autogestionada, transfeminista, asamblearia, antirracista, horizontal, antiespecista, apartidista, anticolonialista, antifascista, anticlasista y anticapacitista”, llamando la atención, como otros grupos queer, sobre fenómenos actuales preocupantes como el pinkwashing o el homonacionalismo.

Recuperar y reconocer esta(s) genealogía(s) radical(es) de la protesta sexual y genérica no significa no tener en cuenta, por otra parte, los cambios legales que también costaron mucho esfuerzo colectivo y que están disponibles para quien quiera disfrutarlos, como el derecho a contraer matrimonio (Ley 13/2005), la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción asistida que abrió la posibilidad de la filiación con independencia de la opción sexual, o la Ley 3/2007 por la que las personas trans tienen el derecho a registrar su identidad deseada (si bien mantiene la consideración de las identidades trans como algo patológico, una cuestión que es urgente modificar). Sin las movilizaciones en la calle poco habríamos conseguido en estos años, y todas, más moderadas o críticas, han ido sumando. Sin embargo, y contra lo que a veces se argumenta, creo que la contribución de los grupos queer, ya en marcha desde comienzos de los noventa, de todos los que vinieron después, de los Orgullos críticos, etc., ha sido clave para conseguir esos avances. Sin activismos de corte radical los cambios legales y sociales habrían llegado, pero más tarde. El cuestionamiento de la heterosexualidad como régimen sexual y político, con un especial énfasis en cómo la sexualidad intersecciona con otros factores que pueden acentuar discriminaciones, violencias o vulnerabilidades, como la clase social, el género, la raza, la etnia, la diversidad funcional o la situación legal; la movilización frente a la crisis del sida, la batalla en el ámbito cultural frente a invisibilidades y prejuicios, etc., han sido y siguen siendo fundamentales para la mejora de las vidas de las personas que cuestionan las normas sexo-genéricas dominantes, y para la sociedad en general.

En este sentido, creo que es importante, más allá de la mera celebración y/o recuperación del pasado y de estos 40 años de lucha y avance colectivos, que nos preguntemos cómo nos interpelan los activismos de entonces, los de los noventa y los que siguieron, en el momento actual y cómo pueden contribuir a activar contrarrelatos, discursos críticos y nuevas formas de imaginación política, que tanto necesitamos. En esta línea, me parecen de especial interés las relaciones de los activismos de América Latina con los del Estado español (y viceversa), de entonces y de ahora, y las de los movimientos LGBTI-transfeministas en el momento actual con otros o dentro de otras protestas sociales, como ha sucedido con el 15M.

Hoy en día nos siguen sobrando los motivos para salir a la calle, pensando desde lo local pero en términos globales: que no nos agredan ni nos maten, que se respete a nuestras familias, que no se acose a lxs chavales diferentes en los centros escolares (ni al profesorado). Que, como decían lxs activistas en los setenta, nos dejen vivir en paz. Tenemos muchos frentes abiertos, y es necesario continuar con la articulación con otros grupos sociales frente a los recortes y las políticas de austeridad en el contexto actual de crisis del sistema neoliberal. Este conjunto amplio de luchas incluye, entre otras, la despatologización de las identidades trans; el control y/o modificación de nuestros cuerpos y sexualidades; los derechos reproductivos; el VIH/sida; la educación sexual; la lucha por los derechos de ciudadanía para todxs; por los derechos de las trabajadoras del sexo y domésticas; la denuncia de las agresiones homófobas y la mencionada despolitización y mercantilización de la manifestación del Orgullo.

Este año será el Worldpride el que atraerá cientos de miles de personas a Madrid, para el que el Ayuntamiento de Ahora Madrid ha dedicado unas cantidades nada desdeñables de dinero público, no sin polémica (una parte importante de esa financiación ha ido a parar a AEGAL, la asociación de empresarios gais que lleva funcionando desde 2004, para organizar actividades, fiestas, etc.). Algunxs, muchxs, nos uniremos a la manifestación del Orgullo crítico para seguir reclamando, como hicimos hace ya más de una década, que Orgullo es protesta, que nos queda mucho por conseguir y que, en el contexto actual, los cambios obtenidos pueden también perderse. No es que no nos guste la fiesta; como decía la anarquista Emma Goldman, si no puedo bailar no es mi revolución. Pero no nos olvidemos de que esto será realmente una fiesta cuando hayamos alcanzado ese horizonte de libertad y no discriminación que ya demandaban por las Ramblas hace cuarenta años.

Gracia Trujillo es doctora en Sociología, profesora en la UCLM y activista feminista queer. Autora del ensayo 'Deseo y resistencia. Treinta años de movilización lesbiana en el Estado español' (1977- 2007) (Egales), entre otras publicaciones.

domingo, 25 de junio de 2017

#hemeroteca #memoria | 1977: El día en que la homosexualidad salió de la clandestinidad para tomar la calle

Imagen: El Diario / Manifestación por la Liberación Gay en Barcelona, 26 Junio 1977
1977: El día en que la homosexualidad salió de la clandestinidad para tomar la calle.
Hablamos 40 años después con quienes organizaron la primera manifestación del movimiento gay en España. La marcha por las Ramblas de Barcelona reunió multitud de militantes políticos, no sólo gais y lesbianas, y sufrió la represión de los ‘grises’. La homosexualidad formó parte de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social hasta el año 1978.
João França | El Diario, 2017-06-25
http://www.eldiario.es/catalunya/barcelona/homosexualidad-salio-clandestinidad-calles-Barcelona_0_657585022.html

A los pocos días de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, una organización clandestina convocó una manifestación en las Ramblas de Barcelona que sería también histórica. Era el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que por primera vez en España tomaba la calle para reivindicar los derechos de gais y lesbianas. "Teníamos que conseguir libertad en el momento en que el resto de la población alcanzara libertad", recuerda Eliseu Picó, uno de los fundadores del FAGC. Por eso después de la llamada a las urnas del 15 de junio de 1977, organizaron su primera manifestación el domingo 26.

El movimiento, por supuesto, no nace en ese momento. Desde 1970 se había ido articulando una respuesta a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que aprobarían ese año las Cortes franquistas. Era una evolución de la Ley de Vagos y Maleantes, que provenía de la República pero a la que en 1954 se incorporó la homosexualidad. En ese contexto se organiza lo que más tarde vendría a ser el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), y sus impulsores envían primero cartas anónimas a los obispos presentes en las Cortes y más tarde, con el apoyo de la revista francesa ‘Arcadie’, hacen llegar a todos los miembros de la cámara información sobre homosexualidad y ley.

"Fue el primer éxito que nos dio coraje para seguir, porque hubo un debate en las Cortes y la ley ya no perseguía a los homosexuales por el simple hecho de serlo, sino a quienes cometieran actos, en plural, de homosexualidad", explica Armand de Fluvià, uno de los impulsores de ese movimiento. A partir de ahí el MELH siguió su trabajo, y en 1972 empezó a publicar una revista, ‘Aghois’, que se enviaba por correo desde Francia a los "valientes suscriptores" y pretendía romper con la soledad de los homosexuales.

Si bien las fuerzas del orden no perseguían activamente a los homosexuales de la misma manera que a los militantes políticos, sí había detenciones, y cárceles destinadas a este fin en Badajoz y Huelva. "Básicamente a partir de denuncias de familia y de vecindario", explica Jordi Petit, fundador de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y más tarde secretario general de la International Lesbian and Gay Association (ILGA). "Ese período significó problemas de autorechazo y autohomofobia, de no aceptarse, y más en una cultura nacionalcatólica donde la iglesia imponía una determinada moral", apunta. Él mismo aceptó la recomendación de ponerse el silicio para "educar la voluntad".

La represión durante el franquismo, sin embargo, no afectaba de igual manera a hombres y mujeres. "Como siempre, las mujeres tenemos una sexualidad que no es reconocida, que se considera subsidiaria de la masculina, y por tanto en el caso de las lesbianas quedaba todo más escondido, sin nombre, también en cuanto a la persecución, y aún hoy cuesta conseguir la visibilidad lesbiana", apunta Mercè Otero, militante feminista y miembro de Ca la Dona.

La necesidad de salir a la calle
En este contexto, el cerco alrededor del MELH se fue estrechando. En 1973 Armand de Fluvià recibió una llamada de alguien que decía que quería recibir la revista Aghois. Reconoció la voz de Vicente Juan Creix, de la Brigada de Investigación Social de la policía, y supo que ya habían descubierto de dónde salía la publicación. "Les dije a los chicos que nos habían pillado y que teníamos que disolver los grupos, y sólo mantuvimos el que editaba la revista, que duró hasta el año 75, poco antes de morir Franco", explica.

Con la muerte del dictador el movimiento hizo un cambio importante. "Si bien el MELH era un movimiento reformista, con muchos de los que éramos y muchos más que reunimos, fundamos el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (Frente de Liberación Gay de Catalunya), que era un movimiento revolucionario, con un manifiesto todavía muy vigente que fue la base para todas las otras organizaciones que se formaron después en toda España", explica Fluvià. El cambio de nombre representaba la adopción de una perspectiva antipatriarcal y anticapitalista, y una estrategia frentista, que acabaría llevando el movimiento a salir a la calle.

Eugeni Rodríguez, que fue portavoz del FAGC desde 1985 y hoy preside el Observatori Contra l'Homofòbia, explica el carácter de esta nueva organización: "El emblema del FAGC es muy claro, tenemos el triángulo equilátero invertido, que era el símbolo que se ponía a los homosexuales en los campos de exterminio nazis, para recordar de dónde venimos; tenemos las cuatro barras, porque nos reivindicamos de una tierra oprimida, que es Catalunya; y el puño alzado, porque es una lucha que se hace desde una perspectiva obrera".

El FAGC empezó a salir a la calle para acompañar las otras luchas sociales del momento. La primera vez fue en la manifestación por la amnistía convocada por la Assemblea de Catalunya en 1976. "Salimos con miedo, con una pancarta tapándonos hasta los ojos, y en cambio nos encontramos aplausos en todas partes, ningún insulto ni nada, todos nos aceptaban, y eso nos alentó", recuerda Armand de Fluvià. A partir de aquí el FAGC empezó a hacer acto de presencia en el Día de la Mujer, el Primero de Mayo, en la Diada de Catalunya y mítines por la mayoría de edad a los 18 años o por el derecho al divorcio. Hasta que con las redes de apoyo tejidas con todo tipo de movimientos se vieron con fuerzas para convocar su propia manifestación.

Una manifestación unitaria
En la primera marcha por los derechos LGTBI que tenía lugar en el Estado, lo que pedía el FAGC, en ese momento todavía una organización ilegal, era la derogación de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social, y a pesar de la represión la respuesta fue muy amplia. "La convocaba el FAGC pero nos añadimos enseguida movimiento feminista, movimiento vecinal, sindicatos y partidos, y allá no había sólo militantes políticos y gais y lesbis, también matrimonios y parejas heterosexuales, porque se había contagiado mucho esta lucha antirrepresiva, y la gente respondía", explica Empar Pineda, militante feminista lesbiana y en ese momento dirigente del Movimiento Comunista. "Fue una manifestación muy unitaria y te sentías muy acompañada, y vale la pena recordarla aunque se haga una cada año", añade Mercè Otero.

La marcha subió las Ramblas de Barcelona casi enteras. "No nos lo pensábamos y llegamos casi hasta el final, en la Fuente de Canaletas", recuerda Eliseu Picó. Fue entonces cuando la policía dispersó la manifestación con golpes y balas de goma. "La presencia de los grises hacia la mitad de las Ramblas hizo que la gente se empezara a dispersar, y quien hizo de escudo y nos protegió fueron transexuales y travestis, a quienes no habíamos dejado ocupar la cabecera de la manifestación porque nos preocupaba la imagen", lamenta Pineda. "Las feministas decían que aquello era una caricatura de la mujer objeto y los gais decían que esto nos sacaba la seriedad, sólo después hemos visto que aquello fue un error", remacha Jordi Petit.

Una vez el movimiento tomó la calle ya no paró, y este 1 de julio se celebrará la 40ª manifestación por la liberación LGTBI en la ciudad de Barcelona, que resiste con un fuerte carácter político a la sombra del Pride. Al año siguiente el FAGC sufrió su primera escisión, con la formación de la Coordinadora de Col·lectius per l'Alliberament Gai (CCAG), de carácter más libertario, y las pocas lesbianas que militaban abandonaron la organización para integrarse en el movimiento feminista. Por otra parte, la manifestación de 1978 tuvo réplicas también en Madrid, Bilbao y Sevilla y a finales de ese año se consigue la retirada de la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social.

En 1979 el FAGC convocará la manifestación reivindicando la legalización de las organizaciones gais, que finalmente se conquista en 1980. Desde entonces el movimiento ha tenido altos y bajos con multiplicidad de organizaciones y reivindicaciones, pero todos los que lucharon entonces coinciden en reivindicar la importancia de ese momento histórico y que hoy todavía queda mucho por hacer para combatir la LGTBIfobia.