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viernes, 10 de mayo de 2019

#hemeroteca #mujeres #politica | Discípulas de Thatcher

Imagen: El País / Margaret Thatcher
Discípulas de Thatcher.
¿Hasta qué punto algunas de las políticas españolas imitan a la Dama de Hierro? De poco servirá un Congreso paritario si está lleno de herederas de esta forma de hacer política.
M. Ángeles Cabré | El País, 2019-05-10
https://elpais.com/elpais/2019/05/08/mujeres/1557340774_060144.html

Si nuestro país no se ha escorado hacia la derecha en las últimas elecciones como algunos predecían, es, en parte, gracias a la democratización del feminismo, es decir, al ensanchamiento de su base en todo el espectro político. Las mujeres no votan a quienes las insultan, o al menos no mayoritariamente, y por eso seguramente la menor parte de los votantes de Vox son mujeres. Además, a pesar de lo mucho que alarmaba la foto de los candidatos a la presidencia del gobierno, el anuncio del primer Congreso de los Diputados paritario es una conquista digna de ser celebrada: ¡Ya tocaba!

Las recientes movilizaciones de las mujeres en España, con dos esplendorosos 8 de marzo, han movilizado también su voto. Donald Trump provocó las Women’s March en Estados Unidos y el paso de un aluvión de activistas a la política, mientras en España una suma de factores ha despertado el interés de la sociedad por la ‘res publica’ y ha hecho que la participación haya sido esta vez de más del 75%, frente a los casi 10 puntos menos de los anteriores comicios. Entre esos factores es evidente que se cuenta el desprecio por los derechos conquistados por las mujeres que algunos partidos ejercen. “Ni un paso atrás”, se gritó el Día de la Mujer. Y así ha sido.

Pero más parlamentarias no es sinónimo de más política “en femenino” y, ahora que se cumple el 40 aniversario de la llegada al poder de Margaret Thatcher —exponente máximo del ejercicio masculino de la política bajo la apariencia de una mujer—, no está de más analizar en qué medida pervive su legado. ¿Hasta qué punto algunas de nuestras políticas la imitan? De poco servirá ese congreso paritario si está lleno de herederas suyas.

La Dama de Hierro se convirtió en 1979 en la Primera Ministra de Reino Unido, siendo la primera fémina en tomar las riendas de un estado en Europa. Desde el número 10 de Downing Street, jamás le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones. Sus únicos modelos habían sido masculinos y, en demasiadas ocasiones, ejemplos de crueles gobernantes e implacables estadistas. En ellos se espejeó y de ellos fue digna epígona. ¿Ese modelo perdura o está ya finiquitado?

La conservadora y autoritaria Thatcher permaneció en el cargo hasta 1990. Nos preguntamos qué fue lo que sus electores y sus electoras valoraron de ella. Las privatizaciones salvajes, el combate a los sindicatos y la supresión de derechos laborales no parecerían en principio buenas escaleras para llegar al triunfo y, sin embargo, fue reelegida. La situación geopolítica era en aquellos años muy distinta a la de hoy. El mundo sufría los coletazos de la Guerra Fría y el capitalismo salvaje afianzaba posiciones. No había espacio para perfiles bajos ni gestos conciliadores. Y Thatcher cumplió con su papel de ferviente partidaria del neoliberalismo que en fechas recientes nos estalló entre las manos como una granada. ¿Ese modelo feroz es ahora válido?

La campaña electoral que aún estamos viviendo —centrada ahora en la lucha por los municipios, las autonomías y el Parlamento Europeo—, nos ha dado ejemplos de ‘thatcherismo’ que han provocado reacciones beligerantes, sobre todo entre las integrantes de su propio sexo. Tanto Rocío Monasterio en la capital como Cayetana Álvarez de Toledo en Barcelona, presidenta de Vox en la Comunidad de Madrid y cabeza de lista del PP por la Ciudad Condal, han demostrado saber poco de discursos dialogantes. Permanentemente airadas, lanzándose a la mínima a la yugular de los y las contrincantes, han hecho del actual panorama político, polarizado y crispado, un lugar mucho menos habitable.

A su lado Inés Arrimadas o la misma Isabel Díaz Ayuso, las representantes de Ciudadanos y del PP, ambas poco dadas al arte del masajismo lingüístico, son meras aprendices. Monasterio y Álvarez de Toledo son de clase alta, hieráticas y altivas. Nacidas ambas en 1974, han demostrado una especial beligerancia hacia el feminismo organizado y no quieren ni oír hablar del MeToo, que les parece un ejercicio de victimismo. También cuestionan la Ley de la violencia de género y la huelga feminista del 8 de marzo les parece un disparate.

De su boca hemos oído cosas como que el feminismo infantiliza a las mujeres y las convierte en seres sin criterio, cosa que se traduce en tomar a millones de mujeres por idiotas. ¿De verdad somos susceptibles de sumisión las feministas que celebramos el 8 de marzo? ¿A quién se supone que obedecemos? ¿Al espíritu de Simone de Beauvoir, a Judith Butler, a Oprah Winfrey? Para empezar existen múltiples feminismos, con diferencias sustanciales en sus idearios, lo que ya de por sí dificulta el borreguismo. ¿O más bien será que tanta librepensadora suelta y cabreada no conviene a algunos partidos, basados en la perpetuación del patriarcado?

Cuando quedan pocos días para celebrar las elecciones municipales, basta con retrotraernos a las de 2015 para advertir que quienes votaron a Manuela Carmena y a Ada Colau no sólo se inclinaron por programas políticos de izquierdas, sino que también valoraron justamente lo contrario de lo que propugnan Monasterio y Álvarez de Toledo. Carmena y Ada Colau prometían una feminización de la política —tanto en las formas como en el fondo— y lo han hecho desde las premisas del feminismo y sin ocultar su adscripción al movimiento.

Las elecciones del 2015 fueron un punto de inflexión en la historia del país. No sólo feminizaron el gobierno de nuestras dos principales ciudades, sino que supusieron un golpe a la política patriarcal, a su tono autoritario y a sus maneras corrosivas. Se diría que ahora la irrupción de Vox y la peligrosa deriva del PP hacia postulados afines a la ultraderecha, han recuperado la obsoleta figura de la Señorita Rottenmeier. Se entiende que hayan querido disfrazar sus ideas de empoderamiento femenino, que es lo que movió en su día a Ciudadanos a escoger a Inés Arrimadas como cabeza de lista en Cataluña —un partido hasta entonces profusamente masculino—, pero diría que es una pésima estrategia para captar votos femeninos.

En plena cuarta ola del feminismo, no parece una táctica brillante ejercer el antifeminismo tan descaradamente desde las tribunas públicas. ¿Quién quiere señoritas Rottenmeier pudiendo tener a políticas conciliadoras, dialogantes y empáticas? Adoptar las maneras autoritarias que se han adscrito históricamente al género masculino, ahora que este se está reinventando y feminizando, es involución y contrasentido.

miércoles, 24 de abril de 2019

#hemeroteca #consentimientosexual | Casado utiliza una referencia incorrecta al Código Penal de 1822 para defender que no hace falta cambiar el consentimiento sexual

Imagen: El Diario / Pablo Casado, en 'El Debate Decisivo'
Casado utiliza una referencia incorrecta al Código Penal de 1822 para defender que no hace falta cambiar el consentimiento sexual.
"La libertad sexual no ha estado reconocida en el Código Penal hasta 1989. Antes se consideraban atentados contra la honestidad", explica la catedrática de Derecho Penal María Acale. En el Código Penal de 1822 la palabra consentimiento aparece mencionada tres veces y ninguna para hablar de delitos contra la libertad sexual. El 'solo sí es sí' busca que jurídicamente no pueda exigirse a las mujeres la mención de un 'no' expreso para considerar unos hechos como agresión sexual.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-04-24
https://www.eldiario.es/politica/Casado-referencia-Codigo-Penal-consentimiento_0_891711749.html

"¿En una relación sexual un silencio es un sí?" La pregunta de la periodista y moderadora del segundo debate electoral Ana Pastor buscaba que el líder del Partido Popular, Pablo Casado, se pronunciara sobre las polémicas palabras de su candidata por Barcelona. Cayetana Álvarez de Toledo dijo la semana pasada : "¿Si no es sí, también es no? ¿El silencio también es no?". Casado ha negado que un silencio equivalga a un sí en una relación sexual: "No, ni para mí ni para el Código Penal, eso tiene que ser explícito y figura en el Código Penal desde 1822".

La referencia a esa norma de comienzos del siglo XIX no ya obsoleta, sino incorrecta. La catedrática de Derecho Penal María Acale señala que el consentimiento está regulado en los delitos de lesiones pero no en los delitos contra la libertad sexual. "La libertad sexual no ha estado reconocida en el Código Penal hasta 1989. Antes se consideraban atentados contra la honestidad", explica.

Es el artículo 155 del actual Código Penal el que habla del consentimiento en las lesiones: "En los delitos de lesiones, si ha mediado el consentimiento válida, libre, espontánea y expresamente emitido del ofendido, se impondrá la pena inferior en uno o dos grados. No será válido el consentimiento otorgado por un menor de edad o una persona con discapacidad necesitada de especial protección".

En los delitos contra la libertad sexual también aparece mencionado el consentimiento, pero no está definido. Se menciona "sin que medie consentimiento" o bien "cuando el consentimiento se obtenga prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima". En ningún momento el Código explica si el consentimiento tiene que ser expreso o si un silencio o la ausencia de 'sí' se entiende o no como consentimiento.

Las reformas del Código Penal que proponen tanto el PSOE como Unidas Podemos buscan precisamente poner en el centro de los delitos sexuales el consentimiento. El 'solo sí es sí' busca que jurídicamente no pueda exigirse a las mujeres la mención de un 'no' expreso para considerar unos hechos como agresión sexual.

De vuelta al Código Penal de 1822, la palabra consentimiento aparece mencionada tres veces y ninguna para hablar de delitos contra la libertad sexual. En una ocasión aparece ligada a los indultos, en la segunda ocasión, al aborto, y en la tercera ocasión, a los delitos de robo.

La norma también hablaba de los "raptos contra las personas". "El que sorprendiendo de cualquier otro modo á una persona, y forzándola con igual violencia ó amenazas ó intimidándola de una manera suficiente para impedirle la resistencia, intente abusar deshonestamente de ella, sufrirá la pena del raptor, y ocho años mas de obras públicas, con igual destierro si consumare el abuso". La pena se agravaba si el rapto era de una mujer casada y quedaba reducida a la mitad si era una "mujer pública".

lunes, 22 de abril de 2019

#hemeroteca #antifeminismo #politica | Sobre el antifeminismo de Álvarez de Toledo

Imagen: ctxt / Cayetana Álvarez de Toledo
Sobre el antifeminismo de Álvarez de Toledo.
Cuando nosotras decimos que no somos víctimas afirmamos que somos el legado de las que lucharon, las herederas de la memoria feminista.
Cristina Vega | ctxt, 2019-04-22
https://ctxt.es/es/20190417/Firmas/25708/Cristina-Vega-antifeminismo-victimas-memoria-franquista.htm

A las derechas españolas, que no son varias, sino Una, en este singular pacto que siempre las reúne y convoca, ya no les queda más remedio que hablar de feminismo. Tradicionalmente lo habían ninguneado en la medida en que su modelo de hombre, de mujer, de familia, de sexualidad, de amor, de infancia, de vida, de país, de mundo, nada tenía que ver con la autonomía, con la libertad, con la experimentación, con cuestionar los lugares prefigurados para cada cual, con las preguntas acerca de la identidad y del deseo, con la violencia y la desigualdad que sufren quienes están debajo y también de quienes no se conforman. Su modelo se oponía abiertamente a todo esto, a todo lo que sembrara una sombra de duda acerca de la jerarquía que Dios manda. Las cuestiones y los interrogantes no caben, porque el patrón ya viene prefigurado por el llamado “diseño original”, y ya se sabe que quien calla... pues otorga.

De un tiempo a esta parte las cosas han cambiado. En adelante, ya tienen que decir algo sobre violencia, desigualdad, diversidad sexual, machismo, trabajo, sin obviar por completo los anhelos de libertad y justicia que expresan muchas mujeres.

Y ¿qué dicen? Pues reciclan viejos lugares comunes (como que la violencia no tiene género; que en democracia cabe esperar que las manadas sean tanto masculinas como femeninas), al tiempo que retoman y recomponen algunos significados asentados por el propio feminismo. Esto último es lo que resulta más paradójico, desconcertante y, sin duda, repugnante.

Tres elementos aparecen en la parte “novedosa” del esquema. El primero es que las mujeres no somos víctimas; la señora Álvarez de Toledo está contra el victimismo y, si me apuras, contra la revictimización. Tan en contra está de esto que elimina todo trazo de violencia, abuso y dominación en la sociedad. De víctimas, mujeres lastimeras, pasivas, desprotegidas, pasamos a la Wonder Woman, tan propia del neoliberalismo. Como no nos gusta el victimismo, pues ofrendamos una buena dosis de superpowers; mujeres rotundas a la que nadie las chista. Me viene aquí el viejo lema de las compañeras antirracistas del arrabal francés: “ni putas, ni sumisas” o mejor, “ni víctimas, ni sumisas”.

La segunda cuestión que aparece es que el feminismo divide, fractura e impide un mundo compartido. El símil entre nacionalismo (el otro, no el españolista) y feminismo viene aquí a la mano. Si el segundo ha fracturado España generando un clima de guerra y confrontación entre “españoles” (que, por cierto, recuerda tristes tiempos de nuestra historia que no se avergüenzan de apropiarse), el feminismo, para ellos lo que hace es replicar esa misma fractura entre mujeres y hombres. Se quebranta así lo que tanto esfuerzo doctrinal cuesta levantar en los tiempos que corren. Allí donde debería dominar la armonía, la unidad, la concordia, la paz y la complementariedad, el feminismo impone división y conflicto. No todas las mujeres son víctimas y no todos los hombres son victimarios, dicen. Esta polarización innecesaria y maniquea que promueve el feminismo se convierte en una forma abominable de tiranía contra la que es preciso levantarse. El feminismo echa así a perder, de golpe y plumazo, largos años de socialización femenina hecha de aguante, sostén y espíritu colaborativo. El feminismo está por la división, la ruptura de la familia y otras maldades que rompen España. El feminismo desestima la potencialidad política de lo común, dice toda esta gente maligna.

La tercera entrada, y esta ya sí que termina de rematar el trabajo, es que el feminismo, estas feministas de la ruptura, “no nos representan”, vamos, que no hablan en nuestro nombre: en nombre de las mujeres normales. Ni el más sutil y retrógrado think tank habría reformulado con tanto tino la falta de unidad del sujeto mujer que viene formando parte de las disputas en los feminismos. Las mujeres, españolísimas ellas, se entretienen más bien en la comunión entre PP-Ciudadanos-Vox.

Pero la violencia sí tiene género y, más que “de género”, es machista. No hace falta mucha estadística para entender esto. Las mujeres, las niñes, los cuerpos feminizados y racializados, las bolleras, las maricas, las trans... la experimentamos de distintas formas cuando introyectamos no sólo el golpe, sino el miedo a recibirlo. Y sí somos víctimas, algunas supervivientes, receptoras de buenas dosis de violencia y dominación. Ciertamente no solo somos víctimas, también somos luchadoras, resistentes, cuestionadoras y personas alegres y capaces de mostrar rechazo ante el abuso de una y mil formas. Quienes nos traen esta capacidad no es el trío maravillas, que viene de largo predicando la subordinación, sino las que luchan, las se juntan en la calle, y en la casa se oponen en grandes y pequeñas dosis diarias al orden patriarcal. Por eso, cuando decimos que no somos víctimas, lo que estamos afirmando es que somos el legado de las que lucharon, la presencia de quienes resistieron, la expresión de flujos de memoria feminista, en algunos casos organizada y en otros difusa pero no menos presente. La fractura no es nuestro sello, sino el de quienes buscan doblegarnos diciéndonos que el precio de la paz, la armonía, la unión natural y todas esas monsergas es la sumisión y el amor al prójimo-en-tanto-que-opresor. Un precio demasiado alto, ¿no es cierto? Y por último, qué rabia les da que el feminismo, en sus distintas formas, represente a más y más mujeres y hombres que buscan un mundo más justo entrelazándose pero buscando también lenguajes que expliquen que ese común no es un común plano y uniforme, que también está atravesado por diferencias y desigualdades. Más que “representar” en sentido estricto, lo que hace el feminismo es poner en práctica un sentir, y es que la cosa así no marcha. Que jóvenes y viejas de distintas procedencias, lugares sociales, colores y clases quieren que cambie este esquema injusto de desigualdades entrecruzadas que aplaude el abuso y premia el silencio en los distintos niveles de la sociedad; que explota el diferencial sexual y racial; que saca el jugo a las asimetrías. Los políticos buscan reconducir sentires fijándolos en sus oponentes electorales. Por fortuna los sentires se propagan por sus propios medios.

Pero, mire usted, a pesar de todo... impresiona este conjunto de tips y performances de las derechas recombinadas con sus portavoces femeninas.

Cristina Vega es profesora investigadora en el programa de género de FLACSO-Ecuador.