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sábado, 26 de febrero de 2022

#hemeroteca #lgtbifobia #crimenesdeodio | Brasil registró en el 2021 al menos 300 muertes por homofobia

RT / Protesta contra la LGTBIfobia en Sao Paulo, 2018-12-29 //

Brasil registró en el 2021 al menos 300 muertes por homofobia.

Es el país del mundo con mayor tasa de asesinatos motivados por el odio al colectivo LGTBI.
EFE | La Voz de Galicia, 2022-02-26
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2022/02/26/brasil-continua-siendo-pais-muertes-homofobia-mundo/00031645864641028984211.htm 

Al menos 300 personas LGBTQIA+ fueron víctimas de homofobia en Brasil el año pasado -prácticamente una diaria-, una cifra que mantiene al gigante suramericano como el país con el mayor número de asesinatos de esta población en todo el planeta. Según el balance anual divulgado este viernes por la ONG Grupo Gay da Bahía, una persona LGBTQIA+ es víctima de muerte violenta en Brasil cada 29 horas.

Tal y como informa Efe, el informe señala que los crímenes aumentaron un 8 % frente a 2020, un número que puede ser mayor, ya que de acuerdo con la organización la cantidad de víctimas divulgada «solo representan la punta de un iceberg de odio y sangre».

El colectivo de homosexuales fue el más afectado por la violencia letal en el país en 2021 cuando volvió a ocupar el primer lugar en el ranking de muertes LGBTQIA+, con el 51 % de los casos, luego de que en 2020 ese fatídico espacio lo ocuparan las víctimas transgénero.

En total, 153 homosexuales perdieron la vida por homofobia el año pasado en el gigante suramericano. Le siguieron las víctimas travestis y transexuales (con 110 casos), las lesbianas (12) y los bisexuales y personas trans hombres, con cuatro casos. Asimismo se registró una ocurrencia de una persona no binaria y una de una heterosexual, siendo esta última confundida con una persona gay.

Según el balance, la mayor parte de las víctimas fue asesinada (92%), mientras que el otro 8 % se suicidó. Del total, el 28% eran blancas, el 25% mulatas, el 16% negras y solo una indígena. Sao Paulo fue el estado con mayor número de muertes (42), seguido de Bahía (32), Minas Gerais (27) y Río de Janeiro (26). El informe también señala que alrededor del 47% de la población LGBTQIA+ tenía entre 20 y 39 años.

Estos datos se basan en noticias publicadas en los medios de comunicación, que son recopilados, analizados y divulgados por el Grupo Gay da Bahía desde hace 40 años, pero que no reflejan la «sangrienta» realidad de esta población en Brasil. De acuerdo con Luis Mott, fundador de la ONG, «el descuido de la policía y la dejadez de los periodistas para registrar con precisión la información básica indispensable para la identificación de (las personas) LGBTQIA+ asesinadas» obstaculiza una documentación más acertada de estos crímenes que revelan «la homotransfobia cultural» que «tiñe» a la sociedad brasileña.

Y TAMBIÉN…
Brasil, el "campeón mundial" en crímenes contra las minorías sexuales.
RT, 2019-02-19

https://actualidad.rt.com/actualidad/306047-brasil-campeon-mundial-crimenes-minorias-sexuales
>
La homofobia será delito en Brasil.

El Supremo de Brasil ha decidido que se tratará igual que los crímenes por racismo hasta que el Congreso apruebe una ley sobre el tema.
RT, 2019-06-14
https://actualidad.rt.com/actualidad/317997-homofobia-brasil-tribunales-racismo-delito

domingo, 4 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | "Ni Grindr, ni discoteca": el miedo LGTBI en Brasil se multiplica con Bolsonaro

Imagen: El Diario
"Ni Grindr, ni discoteca": el miedo LGTBI en Brasil se multiplica con Bolsonaro.
Brasil es uno de los países con mayor tasa de asesinatos de personas LGTBI. La llegada del ultraderechista Bolsonaro ahonda la preocupación de muchas personas: "He dejado de salir a la calle en algunos momentos y de ir a discotecas gais". La red social para ligar Grindr advierte a sus usuarios: "Tome las medidas necesarias para mantenerse seguro esta semana".
Paula López Barba | El Diario, 2018-11-04
https://www.eldiario.es/internacional/LGBTfobia-Brasil-Bolsonaro_0_832217102.html

“Prefiero no dar mi nombre para esta entrevista”. Una frase que se repite en Brasil desde que las encuestas auguraron que el capitán Jair Bolsonaro se haría con el mando del país. Muchas personas contrarias al ultraderechista ahora presidente electo quieren expresar su opinión sobre el resultado electoral del domingo, pero no identificarse. En sectores minoritarios como el LGBT este miedo va más allá. “Hace semanas que no duermo bien, estoy aterrorizado por la represión que puede haber partir de ahora contra las minorías”, cuenta C. en Vila Isabel, su barrio de clase media-baja de la zona norte de Río de Janeiro. C. es del nordeste, negro y gay. Nunca le ha sido fácil ser todo eso en Brasil, uno de los países más desiguales y violentos y que registra más asesinatos LGBT del mundo, según un informe del Grupo Gay da Bahia (GGB) que desde hace 38 años reúne y divulga estadísticas sobre el tema.

C. nació en 1984, sólo vivió un año de la dictadura militar brasileña (1964-1985) en la que los derechos LGBT tenían todavía mucho que conquistar. Ahora, el creciente aumento de agresiones a homosexuales --445 muertes por LGBTfobia en 2017, récord histórico según GGB -- sumado a la victoria de Bolsonaro en las urnas, modifica sus hábitos de vida. “He dejado de salir a la calle en algunos momentos y de ir a discotecas gays”. Lo cuenta mientras se prepara para ir al ensayo de Vila Isabel, la escuela de samba que tiene a pocos metros de casa y que como todas ya se está preparando para el Carnaval 2019.

En la enorme nave, rodeado de amantes de la samba de varias edades, sexos y razas, se siente protegido y sonríe mientras se le escapan los pies a ritmo de la música. La trepidante batería -- orquesta de instrumentos de percusión -- le aleja por un momento de las amenazas y frases agresivas que ha recibido por las redes sociales las pasadas semanas. “He quitado toda la propaganda política que tenía en las redes y he salido de las apps de relaciones homosexuales por miedo, porque hay gente que las usa ahora sólo para insultar, amenazar o agredir a gais”.

Recuerda el reciente caso de la muerte de un joven homosexual en el vecino estado de Minas Gerais el pasado 27 de octubre. La víspera de las elecciones, Michel Messias Cunha salió a tomar algo con sus amigos por la pequeña ciudad minera Nova Ponte. En torno a las 4 de la madrugada un conductor le encontró en calzoncillos pidiendo socorro. Herido y con el rostro ensangrentado, Michel le dijo que ocho hombres le habían dado una paliza mientras gritaban “Bolsonaro va a matar a los gais”. Le llevó a casa, donde se quedó dormido. Por la mañana su madre y su hermana le encontraron sin vida. La policía aún investiga las causas de la muerte, pero su familia afirma que fue una víctima más de la homofobia relacionada con la actual situación política. Recuerdan que Michel solía hacer propaganda de sus ideas y colocaba mensajes anti-bolsonaristas en las redes sociales.

El 10 de octubre, tras el resultado de la primera vuelta de las presidenciales brasileñas, en la que Bolsonaro arrasó con un 46% de los votos, la mayor plataforma mundial de encuentros homosexuales “Grindr” emitió un mensaje oficial de aviso: “Después de las recientes elecciones, miembros de la comunidad Grindr plantearon preocupaciones sobre el riesgo con el aumento de la violencia. Tome las medidas necesarias para mantenerse seguro esta semana".

Grindr es una de las apps de encuentros más utilizadas en Brasil. Jack Harrison-Quintana, director ejecutivo de Grindr para la Igualdad responde por email las razones de este aviso: “Tras las recientes elecciones en Brasil, varias organizaciones locales nos informaron sobre la violencia contra miembros de la comunidad queer. Esto llevó a nuestro equipo a compartir recordatorios de seguridad generales para nuestros usuarios brasileños con un enlace a nuestra guía de seguridad en línea, en caso de que necesiten recursos o información adicionales".

A pesar de la preocupación real basada en las agresiones a LGBT con aparente tinte político reportadas las últimas semanas, los que apoyaron a Bolsonaro el pasado domingo no perciben que haya una especial represión contra minorías LGBT. “Es una exageración, siempre han pasado esas cosas en Brasil, ahora Bolsonaro no va a perseguir a los gais. Es verdad que ha pronunciado frases homófobas en el pasado, pero es porque se le calienta la boca, ahora les acepta” cuenta una seguidora del exmilitar pocos momentos después de su victoria.

En la privilegiada zona sur de la ciudad, junto al amplio paseo marítimo de Copacabana, Renata, 44 años, está rodeada de amigas de clase alta que como ella ya habían votado al PT en otras elecciones, pero que ahora celebran eufóricas su derrota ante el PSL, un partido diametralmente opuesto. A su lado, su empleada doméstica Graciely luce una camiseta con la cara del vencedor de las elecciones presidenciales de Brasil. Negra, pobre, mujer y sin formación, es la primera vez que vota, a sus treinta años. “Ningún político me había convencido antes, pero estoy segura de que Bolsonaro va a mejorar nuestro país. Y todo eso que dicen de que es racista, machista y homófobo, es prejuicio, mentiras del PT. Me han llegado muchos mensajes por Whatsapp, Instagram y Facebook diciendo que es un buen candidato. Yo creo en la palabra de Bolsonaro y de Dios”, concluye en un incorrecto portugués.

Lejos de aquí, en su deprimido barrio de clase baja, Duque de Caxías, en la periferia de Río de Janeiro, todos sus conocidos apoyan al ultraderechista. Cuando se le pregunta si sabe algo de las llamadas “fake news” -noticias falsas- que corrían por las redes las pasadas semanas, no sabe qué responder y mira de reojo a su jefa mientras levanta los hombros. Lo que sí sabe es que el PT tiene un proyecto al que llaman “kit gay” con el que se va a enseñar detalladamente a niños de seis años cómo son las prácticas homosexuales. Esta es una de las noticias falsas que ha circulado últimamente por Whatsapp, manipulando la información del proyecto “escuela sin homofobia”, con material didáctico para profesores y no alumnos. Renata, que sigue a su lado y sí tiene formación superior reconoce que ha habido muchas noticias falsas. “De ambos lados”, puntualiza. Pero no le nubla la razón por la que ha apoyado a Bolsonaro: la esperanza de que con mano dura acabe con la inseguridad y corrupción en Brasil.

Este apoyo a la ultraderecha en clases altas con formación superior es lo que más preocupa a algunos analistas de izquierdas porque creen que el masivo apoyo de las clases trabajadoras que históricamente votaban al Partido de los Trabajadores se ha producido por resentimiento contra el PT -envuelto en el reciente caso Petrobras, uno de los mayores escándalos de corrupción de América Latina- y por la supuesta manipulación por redes sociales en la campaña de Bolsonaro, que actualmente está siendo investigada. Esto explicaría que sectores que pueden ser perjudicados por las políticas de un gobierno de extrema derecha, le apoyen.

“Precisamente es en las periferias donde las personas y los LGBT corren más riesgo” piensa B, otro gay treintañero que tampoco quiere ser identificado por miedo. De origen humilde, pero con formación superior, ahora trabaja como analista para una compañía de inteligencia de datos y vive en una situación privilegiada en São Paulo. Hace años que utiliza apps de relaciones homosexuales y coloca mucha propaganda política en sus redes sociales. A medida que la victoria de Bolsonaro se acercaba fue saliendo de las apps y bloqueó sus redes sociales. Lo que más le duele es que hasta en su propia familia algunas personas consideran que está paranoico. “No me siento respetado. Es un problema real con casos reales. Conozco a dos personas cercanas a las que después de la primera vuelta les han gritado 'Bolsonaro va a matar a los gais'. El problema es que con un gobierno así las personas homófobas se sienten empoderadas”.

De la boca de Bolsonaro han salido frases que han recorrido el mundo. En 2011, en una entrevista publicada en la revista Playboy, Bolsonaro afirmó que "sería incapaz" de amar a un hijo homosexual y que preferiría que “muera en un accidente”, pero desde que comenzó su triunfal carrera para hacerse con la presidencia del gigante latinoamericano, este tipo de comentarios se entremezclan con mensajes de tolerancia al colectivo LGBT. Y es que parte del electorado de Bolsonaro es LGBT. 29% de los no heterosexuales declaró apoyo al candidato ultra, según el levantamiento del 25 de octubre de DataFolha, uno de los principales institutos de estadísticas de Brasil. Es la primera vez que se incluye la variable de orientación sexual.

No toda la comunidad LGBT se cree amenazada por el triunfo del ultraderechista presidente electo de Brasil, pero desde las asociaciones de activistas por los derechos LGBT luchan contra el apoyo a Bolsonaro. Dani Balbi es directora de la Uniao Nacional LGBT, mujer negra transexual, profesora y candidata a diputada estatal del partido comunista PCdoB en Río de Janeiro. No ha conseguido los votos necesarios para hacerse con el puesto, pero su lucha por colocar los derechos LGBT entre las prioridades políticas no termina. Por eso está aquí, rodeada de cientos de personas, en el primer encuentro organizado en Río de Janeiro por los contrarios a Bolsonaro, tras asimilar la derrota del PT, dos días después del resultado. “He venido a esta primera manifestación y asamblea en el centro de Río de Janeiro porque, aunque tengamos miedo, no podemos quedarnos en casa y parar de luchar en las calles”. Lo cuenta con decisión y con una eterna sonrisa optimista, a pesar del panorama.

Pero Bolsonaro y su gobierno no andan preocupados con estas cuestiones de derechos LGBT. El futuro presidente de Brasil nunca ha apoyado la causa, al contrario. Ya lo dejaba claro en 2013 en una entrevista para el documental “Out There” emitido por la cadena británica BBC sobre el avance de la homofobia en el mundo cuando afirmaba que "no hay homofobia en Brasil, el 90% de los homosexuales que mueren, muere en lugares de consumo de drogas, en locales de prostitución, o ejecutados por su propia pareja". En 2018, en Brasil, novena economía mundial -FMI- y uno de los países que registra más casos de asesinatos homófobos del mundo, la lucha contra la homofobia no es prioridad.

viernes, 26 de octubre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Bolsonaro y el odio

Imagen: El País / El símbolo brasileño contra el odio de Jair Bolsonaro
Bolsonaro y el odio.
El candidato a la presidencia de Brasil lleva años haciendo declaraciones que deberían invalidarle para detentar un cargo institucional. Pero la 'LGTBfobia' no parece contar a la hora de votar.
Rubén López | Planeta Futuro, El País, 2018-10-26
https://elpais.com/elpais/2018/10/23/planeta_futuro/1540292061_305144.html

Brasil ha tenido la primera vuelta de las elecciones generales y el resultado causa conmoción en materia de derechos, con la victoria de Jair Bolsonaro con un 46% de los votos, pese a mostrar un absoluto desprecio a los derechos humanos a los que incluso llegó a considerar “estiércol” en una declaración.

Si con los derechos humanos en general muestra ese desprecio, con la igualdad LGTB el desdén es aún mayor. Bolsonaro lleva años haciendo declaraciones públicas que deberían poder invalidarle para detentar un cargo institucional. Sin embargo, la ‘LGTBfobia’ no parece contar a la hora de votar en el quinto mayor país del mundo por población. En 2014 el candidato llegó a afirmar: “Los homosexuales los son por consumo de drogas; solo una pequeña parte lo es por defecto de fábrica”. En 2011, en una entrevista publicada por la revista ‘Playboy’, afirmó que sería "incapaz de amar a un hijo homosexual" y que preferiría que un hijo gay "muriera en un accidente". En 2014 en una entrevista declaró: “¿Crímenes de homofobia? Mueren muchos más heterosexuales”. Además, acabó esa entrevista preguntándose: “¿Solo porque a alguien le guste poner el culo ya tiene que ser un semidiós y no puede llevarse una paliza?”.

Podríamos seguir, pero de nada serviría, puesto que ya casi la mitad del pueblo brasileño ha votado a favor de este homófobo y machista declarado, y la frase de “prefiero un homófobo a un ladrón” se escucha por las calles de Brasilia con suma facilidad. Pero es que la involución puede ser total en un país que ostenta el triste récord de asesinatos de personas LGTB de toda América.

El Grupo Gay de Bahía que lleva una década especializado en la lucha contra la LGTBfobia publicó el informe de 2017, donde recoge 445 personas asesinadas por ser LGTB. Esto implica un aumento del 30% con respecto al año anterior. De ellos casi la mitad son personas trans (179). Esto significa que cada 23 horas muere asesinada una persona LGTB en Brasil. Las ayudas a la lucha contra la LGTBfobia han sufrido una caída exponencial en los últimos años mientras las cifras no paraban de subir. Los gobiernos brasileños, lejos de realizar un plan de acción o elaborar una regulación imprescindible similar a la Ley Zamudio de Chile, se han ido desentendiendo de esta lacra y con la probable elección de Bolsonaro, la situación se va a recrudecer.

Si el presidente de Brasil saca a relucir su homofobia públicamente, la legitima en una gran parte. Esto hace un daño terrible a la sociedad ¿Exageramos? Unos días antes de las elecciones, una pareja de gais recibió el siguiente cántico cuando iba en el metro: “Cuidado, maricones, que Bolsonaro os va a matar”. Similares a este, se han recogido ya varios testimonios, como la pintada “tortilleras vais a morir”. El lunes, después de las elecciones, una mujer transexual tuvo que ser hospitalizada tras una paliza por parte de seguidores del candidato Bolsonaro. Hasta la ‘app’ de citas gais Grindr avisaba al conectarse del incremento de agresiones a personas LGTB tras la victoria del candidato abiertamente homófobo.

Y es que en esto consiste el discurso de odio. Lejos de ser libertad de expresión, las declaraciones de Bolsonaro en un país asediado por crímenes LGTBfóbicos los legitiman y normalizan la homofobia. Por eso esperemos que el pueblo brasileño no vote contra el 10% de la sociedad brasileira el 28 de octubre y la pesadilla con nombre de un exmilitar que defiende la dictadura sea solo un mal sueño en el avance de los derechos LGTB, que ha de ser imparable.

Mientras tanto, en España podemos aprender en cabeza ajena que los derechos conseguidos pueden ser reversibles. Por eso, desde FELGTB consideramos imprescindible la aprobación de la Ley de Igualdad LGTBI que lleva un año estancada en su tramitación en el Congreso de los Diputados. Una ley que emana del movimiento LGTBI, que es preventiva y que establece completas herramientas pedagógicas, así como garantías para preservar los derechos de todas las personas, independientemente de su orientación o características sexuales, su identidad o expresión de género o de la composición de sus familias.

Nos encontramos en un momento histórico en el que la inmensa mayoría del Parlamento está a favor de esta regulación y, sin embargo, intereses partidistas o de otras índoles están prevaleciendo a la necesidad de garantizar la dignidad y la seguridad de una buena parte de la población. ¿A qué están esperando nuestros políticos? ¿A que en España se viva una regresión similar a la que ahora sufre Brasil?

Rubén López es coordinador del área internacional de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB).

jueves, 30 de marzo de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | Los niños (gays) del Brasil

Imagen: El Mundo / Personas acogidas en Casa I
Los niños (gays) del Brasil.
En una de las ciudades del mundo más crueles con los gays, São Paulo, encontramos una casa que cobija a jóvenes desterrados por sus familias. Cuando Fernanda era un niño y tenía siete años, sus padres la azotaron con una correa por ponerse falda y tacones. "Además de tener un hogar, es la primera vez que tengo la libertad de ser yo mismo", dice Vinicios. Llegó hace un mes.
Agnese Marra | Crónica, El Mundo, 2017-03-30
http://www.elmundo.es/cronica/2017/03/30/58d57b97e5fdea80658b458a.html

Fernanda da Silva, hoy transexual de 20 años, tenía apenas siete cuando sus padres cogieron la correa del perro y le dejaron la espalda hecha un cristo. Su madre acababa de volver del trabajo y se la encontró vestida con una de sus faldas y unos tacones, entonces se llamaba Caio y no Fernanda. Después usarían la manguera del jardín, el palo de la escoba, y la última gran paliza, cuando cogieron una pala y la tumbaron a golpes hasta que quedó desmayada en la puerta de casa: "Me salvaron los vecinos cuando me quitaron de encima a mi padre y llamaron a la ambulancia, si no fuera por ellos estaría muerta", relata a ‘Crónica’ en la casa especial donde ahora vive. A su lado están Vinicios y otros jóvenes que prefieren no dar su nombre.

No superan los 20 años pero llevan una mochila que carga toda una vida. Violaciones. Maltrato físico. Intento de asesinato... No son niños soldado, ni refugiados de una guerra. La batalla diaria la sufrían entre cuatro paredes y como enemigo, su propia familia. Primero les decían que dejaran de caminar tan "raro", que un niño no debe llevar el pantalón tan corto, o el famoso "habla como Dios manda y no con esa voz de pito". En la escuela les insultaban, les meaban encima, o hacían la gracia de colocarles en el cubo de la basura.

Imagen: El Mundo / Vinicios de Lima
Fernanda tenía 13 años largos cuando volvió del hospital de aquella última paliza. Sus padres la echaron de casa con las marcas de la pala y una mano delante y otra detrás: "Después de vagar como un perro durante siete años me considero una superviviente". Así también se define Vinicios de Lima (19), a quien su familia le cerró las puertas dos veces. El pasado mes de febrero fue la definitiva. Con diferentes cicatrices, esta historia es la misma para los otros nueve habitantes de Casa 1 -cuatro mujeres transexuales, una lesbiana, seis gays-, el primer centro de acogida de Brasil que recibe a jóvenes LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) expulsados de sus hogares.

Un espacio más que necesario en un país que se mantiene como campeón mundial de crímenes contra minorías sexuales: un asesinato cada 25 horas, 343 muertes en 2016, más de lo que se mata en los trece países de África y Oriente que castigan la homosexualidad con pena de muerte, dice el último informe de Grupo Gay de Bahía (GGB), única ONG que recoge estos datos.

Casa 1 no podía estar mejor ubicada, en el centro de São Paulo, la ciudad que también lidera el primer puesto en violencia contra los LGTB. A las 11.30 de la mañana, Iran Giusti, fundador de este centro, levanta la persiana que da a la calle y nos muestra el pequeño espacio cultural que han montado en la parte de abajo del albergue. A sus 28 años -y una década de militancia LGTB, aclara- fuma un cigarro detrás de otro, envía mails, da órdenes a sus compañeros y al mismo tiempo atiende a esta periodista: "Hubo una época en la que presté el sofá de mi apartamento a jóvenes gays que vivían en la calle porque sus padres les había echado de casa. Me di cuenta de que había muchos en esa situación y quise hacer algo más".

Cuando le despidieron del trabajo tuvo tiempo para pensar la idea y en tres meses la puso en marcha. El pasado mes de octubre montó un ‘crowdfunding’ con el que consiguió 31.000 euros (6.000 más de los que pedía). En diciembre encontró el espacio y adelantó el primer año de alquiler. Las 11 camas, los sofás, electrodomésticos, televisión, equipo de música, todo fueron donaciones. A lo largo de la entrevista llega un primer chico con una bolsa llena de productos de higiene. Un poco después, aparece otro con unas sillas: "Los vecinos siempre nos traen cosas, están muy contentos con nosotros", dice Giusti.

En enero abrieron sus puertas con la promesa de dar un techo, comida, ayuda para encontrar empleo y apoyo psicológico durante un máximo de tres meses: "La idea es darles herramientas para que puedan independizarse y tener una vida digna, es un lugar temporal". Para entrar deben ser mayores de edad, haber sido expulsados por sus familias, no tener problemas mentales severos (esquizofrenia, psicosis), ni un grado de dependencia química grave. Prohibida la entrada de amigos-parejas. Nada de alcohol, nada de drogas.

El primero en tocar su puerta llegó escapando de un monasterio benedictino al que le habían enviado sus padres para ver si se le quitaba el demonio que tenía dentro: "Este chico sufrió durante años exorcismos semanales hasta que aceptó que le recluyeran. Muchos de los que han pasado por aquí relatan lo mismo", nos aclara Iran. El 70% de las familias que echan a sus hijos de casa son evangélicas; el resto, "simplemente homofóbicas", continúa. El perfil de los habitantes es ecléctico, no hay distinción de raza, clase o edad. Lo que se repiten son los traumas. Sus padres les hacen pasar por una romería de santeros para "curarles". Violencia verbal y física. Otros son encarcelados por sus propias familias cortándoles todo contacto con el exterior. Luego están los que estudian fuera de casa y cuando sus padres se enteran de su homosexualidad les dejan de pagar el alquiler y la universidad. De un día para el otro se encuentran con las maletas en la calle y sin un duro, entonces comienza la segunda pesadilla.

Vinicios después de pasar por una anorexia nerviosa, automutilarse y recibir la única y gran paliza que le propinó su padre cuando le confesó que era gay, salió de casa a la fuerza. Se fue a vivir con un novio que apenas conocía que acabó siendo un torturador: "Me golpeaba, me violaba y me encerró en su casa con llave", lo relata como quien leyera un informe médico.

Fernanda, con sus espaldas anchas, boca carnosa y una delicadeza inesperada, dice que "siempre le pidió a Dios" que su madre estuviera de su lado. No fue así, y llegaron los intentos de suicidio, el ir de novio en novio para formar un hogar, los dos meses que durmió en la calle, y los tres años que vivió con una cincuentona adicta al crack que estuvo a punto de matarla a navajazos: "Mi madre me tiró al mundo como si fuera basura y eso me ha afectado", lo dice como si acabara de darse cuenta. Hace diez días que llegó a Casa 1 y la semana que viene tiene una entrevista de trabajo en una peluquería de perros. Vinicios ya lleva un mes, ahora puede llevar ‘short’, pintarse las uñas y dejarse el pelo largo sin la reprobación familiar: "Además de un hogar, es la primera vez que tengo la libertad de ser yo mismo".

Él habló hace dos semanas con su madre: "Me llamó y me dijo que tenía la culpa de todo". Fernanda hace años que no sabe nada de la mujer que la trajo al mundo, a veces espía sus fotos de Facebook. Ambos tienen miedo del futuro, pero dicen que los días que llevan en esta casa les han dado seguridad. Fernanda se pone romántica cuando le preguntan por sus sueños: "Me veo en una casa, con mis cuatros hijos adoptados y cuidando de mi marido. No pido más".