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domingo, 28 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Erika Hilton, una activista negra y ‘trans’ en las antípodas de Bolsonaro

Imagen: El País / Caricatura de Erka Hilton
Erika Hilton, una activista negra y ‘trans’ en las antípodas de Bolsonaro.

La mujer más votada en las últimas elecciones de São Paulo recibe amenazas y ataques tránsfobos.
Joana Oliveira | El País, 2021-03-28
https://elpais.com/ideas/2021-03-28/erika-hilton-una-activista-negra-y-trans-en-las-antipodas-de-bolsonaro.html 

Cuando, de niña, a Erika Hilton (Franco da Rocha, Estado de São Paulo, 28 años) le preguntaban qué quería ser de mayor, tenía la respuesta preparada: presidenta de Brasil. Un sueño ya de por sí complicado que se hace casi imposible para personas transgénero, como ella, cuya expectativa de vida en ese país es de 35 años —por la cantidad de asesinatos de estas personas que allí se producen—. Desafiando las estadísticas, se convirtió en la primera concejala ‘trans’ y negra de São Paulo en las municipales de noviembre de 2020, y en la mujer más votada de Brasil en esos comicios, con 50.508 votos— cifra abultada en un país en que se eligen muchos concejales por ciudad—. “Espero que mi cuerpo abra caminos para que otras como yo lleguen a esos espacios de poder”, celebra. El martes, fue nombrada presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Concejales de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil.

Su militancia empezó años más tarde, ya reconciliada con su madre y estudiando en la Universidad. En 2015 se enfrentó en los tribunales a una empresa de transporte público que se negaba a permitir el uso de su nombre en su abono. Ganó el pleito, sumó más de 100.000 firmas en una petición por internet y, así, llamó la atención del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que la invitó a sumarse a sus listas. Poco después, Erika creó un curso de ingreso preuniversitario en la Universidad Federal de São Carlos para personas ‘trans’. Su teoría es firme: hay que ocupar las instituciones. “El pueblo brasileño no es la minoría blanca, rica, cisgénero [que se identifican con el mismo género que les fue asignado al nacer] y heterosexual”.

La presencia de alguien como Erika Hilton en la política brasileña tiene mucho de simbólico. El Gobierno de Jair Bolsonaro está abiertamente en contra de los derechos LGTBI y refleja así una “ola fascista” que se ha extendido por todo Brasil, según Hilton. Los malos ratos que ha pasado en la vida explican por qué no titubeó ante la idea de hacer política en un país en la cola de los ‘rankings’ de participación femenina en ese ámbito y donde parlamentarias como Marielle Franco, también miembro del PSOL, son impunemente asesinadas —todavía no hay responsables identificados por su muerte a tiros en marzo de 2018—. El mismo día en que se conoció la elección de Hilton como concejala empezaron los discursos de odio. Ya había recibido amenazas de muerte en 2018, cuando hacía campaña por la Bancada Activista —una plataforma para que los activistas fueran elegidos, con la que Hilton llegó a ser diputada estatal—: alguien pintó en un muro la frase “Travesti elegida muerta”, y por correo electrónico la amenazaron con cortarle la cabeza y violarla con objetos. Ahora lucha en los tribunales para que las redes sociales identifiquen 50 perfiles responsables de ataques ‘tránsfobos’, racistas y misóginos.

La diputada Sâmia Bonfim, amiga y compañera de partido, alaba la valentía de Hilton: “Siempre ha sido muy contundente en sus opiniones. Es firme y fuerte, y no tiene miedo a decir las cosas como son”. Ambas se conocieron en reuniones por los derechos LGTBI y de las mujeres, antes de que entrara en política. Hilton ha recibido críticas de colegas políticos por centrarse demasiado en temas de género. “Quisiera que la falta de respeto al derecho a la niñez y adolescencia generara la misma indignación en la izquierda que provoca la transfobia, por ejemplo”, afirmó Raquel Marques, también diputada de la Bancada Ativista en São Paulo desde 2018 —Erika dejó el puesto el año pasado para presentarse a las municipales—. Tras esa declaración, Marques fue expulsada.

De trazos delicados, pelo afro y postura de bailarina, Hilton lidia con la presión de una vida pública con ayuda de terapia y tratamientos holísticos. Ha tenido que escuchar de un colega parlamentario que él “sacaría a bofetones a una persona ‘trans’ de un baño femenino”, y en la Asamblea de São Paulo, de mayoría conservadora, cree que tendrá que pasar por situaciones similares. “La elección de personas como yo es una respuesta al avance de la ultraderecha, el fascismo y el conservadurismo en Brasil. Y no me dejaré intimidar”, sostiene. Ya ha demostrado que es buena en la pelea.

miércoles, 27 de enero de 2021

#hemeroteca #trans #violencia | Carolina Iara, concejala del PSOL, sufre un atentado en São Paulo: ¡Exigimos investigación, ya!

Imagen: Poder Popular / Carolina Iara

Carolina Iara, concejala del PSOL, sufre un atentado en São Paulo: ¡Exigimos investigación, ya!

Poder Popular, 2021-01-27

https://poderpopular.info/2021/01/27/carolina-iara-concejala-del-psol-sufre-un-atentado-en-sao-paulo-exigimos-investigacion-ya/ 

Carolina Iara, concejala del PSOL en São Paulo elegida en 2020 por la Bancada Feminista, sufrió un atentado en esta madrugada de martes a miércoles (27). Dispararon dos tiros dentro de la casa de Carol.

Tanto ella como su familia están bien y nadie quedó herido en otro episodio de violencia política contra una mujer negra, travesti e intersexual que fue elegida para representar al pueblo paulista en el Ayuntamiento por parte de la Bancada Feminista.

Se tomaron medidas urgentes de seguridad a lo largo de este miércoles (27) y el Informe Policial está siendo realizado esta misma tarde en la Delegación de Protección a la Persona.

Imágenes obtenidas por una cámara de seguridad muestran un coche blanco, con cristales oscuros, parado en frente de la casa de la concejala durante aproximadamente 3 minutos, entre las 2h07 y las 2h10. Los vecinos confirman que este fue el horario del sonido de los disparos escuchados.

«Exigimos una investigación inmediata, puesto que no podemos permitir que una mujer negra, travesti e intersexual sea silenciada con la violencia. Los fascistas no pasarán!» , divulgó la Bancada Feminista en repulsa al atentado cometido contra una de sus integrantes.

La Bancada Feminista otuvo el 7ª puesto en las elecciones municipales de 2020 en la ciudad de Sao Paulo, con 46.267 votos, y es uno de los 6 cargos electos del PSOL en el Ayuntamiento de la mayor metrópoli del país. Son representantes electos, además de Carolina Iara, Silvia Ferraro, Paula Nunes, Dafne Sena y Natália Chaves.

viernes, 27 de marzo de 2020

#hemeroetca #lgtbi #television | São Paulo ‘queer’ en tiempos de Bolsonaro

Imagen: El País
São Paulo ‘queer’ en tiempos de Bolsonaro.
HBO apuesta con ‘Todxs nosotrxs’ por la primera serie latinoamericana sobre diversidad de género.
David Marcial Pérez | El País, 2020-03-26
https://elpais.com/television/2020-03-26/sao-paulo-queer-en-tiempos-de-bolsonaro.html

En ‘Todxs nosotrxs’, la primera serie latinoamericana centrada en la diversidad de género, hay una representación holgada de la comunidad LGTBI+ en prácticamente cada uno de los escalones de la producción: guionistas, reparto, figurantes. Pero justo en la punta de la lanza, la protagonista de la serie, Clara Gallo, es una actriz ‘cis hetero’ interpretando el papel de Rafa, un adolescente no binario (las personas que no se identifican con el género masculino ni el femenino).

“Durante el casting probamos también con actores no binarios, algunos amateurs y otros profesionales, pero cuando apareció Clara nos dimos cuenta que tenía que ser ella. Sabemos que es un tema delicado y que puede que haya parte de la comunidad que nos critique, pero es ficción, interpretación, y hay cosas que tienen que funcionar”, explica Vera Egito, la codirectora de la serie, una producción brasileña de HBO Latinoamérica que se estrenó este domingo en toda la región, además de EE UU.

La serie, estructurada en su primera temporada en ocho capítulos de 30 minutos, es ante todo una historia de iniciación y un retrato del Sao Paulo 'queer'. Rafa, un adolescente de 18 años, llega a la megaurbe de los rascacielos de una provincia del interior de Brasil: libertad versus claustrofobia. Comparte casa con su un primo Vini y su compañera de piso, Maya. El ramillete de género se despliega casi desde el arranque: “Vini es gay pero no entiende mucho de que se trata eso del género no binario. Rafa se reúne con los tres en el salón de la casa y les explica que no es su prima es su prime, porque no es una chica, es un chique”, apunta el otro codirector, Daniel Ribeiro

Durante el metraje se suceden los ritos iniciáticos. Rafa invita a sus amigos a una fiesta ‘queer’ para que conozcan su mundo. En un teatro con solera paulista, la cámara sigue la entrada de los tres jóvenes a la fiesta. A medida que avanzan, el plano se va cerrando sobre el rostro de Rafa, que se encoge de hombros, da saltitos como si un hormigueo le recorriera todo el cuerpo, sonríe nervioso y abre mucho los ojos sin parar de mirar a su primo.

Al terminar el rodaje, al que tuvo acceso El País, Clara Gallo, una actriz pujante que ya ha protagonizado un par de largometrajes brasileños sobre historias de iniciación posadolescente, contaba que el trabajo más fructífero para preparar su personaje ha sido con el resto del equipo: “las personas no binarias saben explicar muy bien cómo fue su proceso de deconstrucción. Y de algún modo, al ser un tema tan real, me puedo identificar con lo difícil que es luchar contra los dogmas de la sociedad”.

‘Todxs nosotrxs’ fue concebida durante la primera mitad de 2018, antes de la llegada a la presidencia del reaccionario exmilitar Jair Bolsonaro. “Ha cambiado mucho el contexto y ha convertido este trabajo en más relevante. Ha pasado de ser una serie sobre la libertad a ser una serie sobre la resistencia”, explican los directores. Brasil, y más concretamente Sao Paulo, presume de celebrar cada año la fiesta del orgullo gay más multitudinaria del mundo, pero tiene a un presidente explícitamente homófobo. Alguien que para atacar Lula da Silva, le llama homosexual; que afirma que preferiría “que un hijo muriera en un accidente a que apareciera por aquí con un bigotudo” o que ha dicho que Brasil “no puede ser un país de turismo gay”.

Los creadores de la serie elevan en todo caso el foco a la hora de definir su temática: “No somos un producto de nicho, existe un respeto en el tratamiento de la comunidad LGTBI+, pero le puede interesar a todos los que les gusten las comedias dramáticas sobre jóvenes que empiezan a vivir su vida”, explican los creadores, ellos mismos dos jóvenes cineastas que se estrenan en el formato serie con esta cinta. De hecho, ‘Todxs nosotrxs’ es la respuesta a una búsqueda por parte de HBO Latinoamérica, que lleva 15 años produciendo en Brasil, de contenidos destinados al público ‘millenial’.

Como retrato, los guionistas también han tratado de cuidar otros conflictos generacionales propios de una ciudad tan desigual y mestiza como Sao Paulo. Rafa viene de una familia de provincias conservadora y pudiente. “Su siente amargada, sola, incomprendida y coartada por la figura autoritaria de su padre. En Sao Paulo vive como una revelación, una toma de conciencia tanto de género como de clase y raza”, cuentan los directores. La realidad, por ejemplo, de la comunidad trans, su doble discriminación cuando su piel es negra, su casi inevitable salida al mundo de la prostitución por las calles de Sao Paulo, su pobreza y marginación.

domingo, 23 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Una marea contra la homofobia en Brasil

Imagen: El País / Beso en la marcha del Orgullo LGTBI de Sao Paulo, Brasil
Una marea contra la homofobia en Brasil.
Cientos de miles de personas toman São Paulo para defender las conquistas LGTB ante la amenaza del presidente Bolsonaro.
Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-06-23
https://elpais.com/sociedad/2019/06/23/actualidad/1561312625_853317.html

En el Brasil de Bolsonaro ocurren cosas que parte de sus compatriotas creían desterradas. “Hace poco, en el cumpleaños de mi sobrina me llamaron anormal. Fue una amiga de mi cuñada”, explica dolida la emprendedora social Isabel Marçal, 37 años, junto a su esposa, Sofía Quevedo, artista plástica de 34. Enfundadas en banderas arcoíris, este domingo han venido al Orgullo gay de São Paulo tras muchos años de ausencia. “Nunca en 20 años había sufrido tanto prejuicio”, asegura. La creciente hostilidad que sufren en diversos ámbitos, del poder para abajo, ha empujado a la pareja de nuevo a las calles. “No va a ser tan fácil que nos arrebaten nuestros derechos”, advierte Marçal en el primer desfile de la era Bolsonaro.

A primera vista, el desfile de esta 23 edición es el de otros años. Música atronadora, baile, disfraces, mucha purpurina, mares de cerveza, drag queens, parejas sin y con hijos, adolescentes con ganas de ligar, de ver... de dejarse ver en el que se vende como el mayor Orgullo del mundo. Pero los cientos de miles de personas que han tomado varias grandes avenidas de la metrópoli también se han reunido en defensa de las conquistas sociales de los últimos años porque, como explica la cocinera Linda Suzana, de 34 años, Brasil tiene ahora un “presidente homófobo que ha levantado la bandera contra los gais”.

Jair Bolsonaro es un homófobo sin complejos. Orgulloso. Y con él, los prejuicios contra la comunidad LGTB han salido con fuerza del armario. “La gente siente que está más aceptado porque el discurso del presidente los legitima”, explica Renan Almeida mientras reparte pegatinas multicolor. “Volvemos a Stonewall”, afirma, en referencia al bar de Nueva York donde hace 50 años empezó la batalla del movimiento pero también a defender lo más básico.

Bolsonaro llamó homosexual a su predecesor Lula da Silva para insultarle en sede parlamentaria en 2005. Y en 2011 afirmó que preferiría “que un hijo muriera en un accidente a que apareciera por aquí con un bigotudo”. Existen muchos más ejemplos. Incluso recientes porque, ahora como presidente, insiste. Hace solo unos días calificó de “niñita” en un acto oficial a un antiguo diputado abiertamente homosexual. Y en abril declaró en un acto que Brasil “no puede ser un país de turismo gay” para añadir, como si fuera incompatible: “Tenemos familias”.

La familia formada por Wensell, de 6 añitos, y sus dos papás podría ser la idílica postal del Brasil más abierto. Pero Renato Teixeira, 51 años, admite la desilusión que supuso descubrir votantes de Bolsonaro entre parientes de los que siempre creyeron que los aceptaban tal como son. Su marido, el arquitecto Antonio Carlos Rodrigues, de 54 años, explica que el hijo que ambos adoptaron y al que han vestido de Batman para el Orgullo no ha notado la creciente hostilidad porque “vive en una burbuja” de críos con padres varones y “va a un colegio muy caro”.

Las conquistas de los últimos años, las legales y las simbólicas, son evidentes en el conservador Brasil desde que en 2002 la homosexualidad dejó de ser oficialmente una enfermedad. El matrimonio igualitario y la adopción fueron legalizados por el Tribunal Supremo en 2013, el Estado paga la reasignación de sexo… y las telenovelas van reflejando los cambios sociales. Millones de telespectadores vieron hace cuatro años el primer beso gay en ‘Amor a Vida’.

Pero tampoco hay que buscar mucho para encontrar la hostilidad de toda la vida, la primera, la familiar. Bien lo sabe Stefani, enfermera de 27 años, a la que su familia echó de casa después de que el año pasado saliera del armario. “No me aceptan. Mi madre es de la Iglesia (evangélica) y cree que tengo cura”, explica con infinita tristeza. Esta joven ha venido en autobús con una veintena de amigos desde Santa Catarina, una ciudad en la que es mejor no besarse en la calle con alguien del mismo sexo. El grupo entero disfruta con euforia de la ansiada libertad que les brinda São Paulo este par de días lejos de casa. Y cuentan divertidos que los participantes del Orgullo han compartido los hoteles del centro con miles de visitantes atraídos por la Marcha para Jesús, la mayor fiesta de los evangélicos. Ambos eventos coinciden en la ciudad el puente del Corpus Christi.

De todos modos, antes y después de la victoria de Bolsonaro, de las conquistas legales, de la visibilidad en las telenovelas, Brasil mantiene el récord de muertes violentas de personas LGBT. Nada menos que 126 personas han sido asesinadas solo en lo que va de 2019. El alcalde de São Paulo, Bruno Covas, defiende que “el poder público tiene la obligación” no solo de “proteger” la diversidad, sino “también celebrarla”.

Por esto estaba también allí Carlos, 20 años, cajero de supermercado, y máscara antifaz para completar su sexy disfraz de mujer gato. Para exigir que no le maten, además de “salir del gueto a rebelarse y a gritar con alegría” en una reivindicación de los derechos conquistados por quienes le precedieron.

lunes, 20 de noviembre de 2017

#hemeroteca #arte #sexualidad | Azul de ultramar: Prohibido entrar con niños

Imagen: El País / 'Historias de la sexualidad' en el MASP
Azul de ultramar: Prohibido entrar con niños.
La muestra 'Historias de la sexualidad' muestra en São Paulo las reflexiones de artistas que trabajan alrededor de la sexualidad.
Estrella de Diego | Babelia, El País, 2017-11-20
https://elpais.com/cultura/2017/11/16/babelia/1510851619_547447.html

El pasado 20 de octubre se abría en el Museo de Arte de São Paulo (MASP) la muestra ‘Historias de la sexualidad’. Se trataba del colofón para unas reflexiones puestas en marcha dos años antes, en 2015, a través de seminarios internacionales y una serie de exposiciones centradas en artistas que trabajan alrededor de la sexualidad, entendida esta del modo abierto e inclusivo en el cual debe ser entendida hoy. Exposiciones individuales de Tracy Moffatt, Toulouse-Lautrec, Miguel Rio Branco o Teresinha Soares habían preparado el terreno para la llegada de esta muestra ambiciosa, con más de 300 obras de unos 120 artistas.

La exposición no trataba de un tema radical en la escena artística de Occidente. Se diría que todo lo contrario. A mediados de la década de 1970, Foucault abría con su ‘Historia de la sexualidad’ una estela de pensamiento para el cual la sexualidad dejaba de ser un tabú o un tema de degenerados y mirones. Se convertía en un lugar privilegiado para esas “técnicas del yo” que interesaban al filósofo francés. El sexo como tal era muy aburrido, confesaba Foucault en una entrevista.

Partiendo de ciertas propuestas de raíces foucaultianas, ‘Historias de la sexualidad’ —de recorrido transnacional y transhistórico— se convertía en una oportunidad para repensar la colección, como hizo el Prado el verano pasado con motivo del Orgullo LGTBI: ¿qué pasa si desvelamos lo camuflado por las imágenes impuestas? Los maestros clásicos de la espectacular exposición del MASP —­Picasso, Valadon, Toulouse-Lautrec o Gauguin— dialogaban con artistas actuales —Guerrilla Girls, Adriana Varejão o Cristina Lucas— sobre esa sexualidad que “ha ocupado un papel central en el imaginario colectivo y la producción artística desde siempre”, explicaba el texto de presentación de los comisarios.

Pese a todo, tras pasear entre una selección de obras más que potente y un recorrido muy bien pensado, lo único de lo que se hablaba el día de la inauguración —lo único de lo que sigue siendo urgente hablar— era el cartel colgado en las salas del MASP y la advertencia que se leía en la página web del museo: “Prohibida la entrada a menores de 18 años”. Que nadie se diera, pues, un paseo en balde, sobre todo los colegios, cuyas visitas a museos y muestras son muy frecuentes en São Paulo.

La polémica nacional sobre lo que moralmente debía o no ser expuesto y para quién se había abierto dos meses antes, con el cierre de la muestra ‘Queermuseo’ en la sala del Santander en Porto Alegre —por su contenido ofensivo—; o con la recogida de firmas para cancelar la ‘performance’ de Wagner Schwartz en su relectura de los ‘Bichos’ de Lygia Clark en el MAM. Un niño tocaba el tobillo y el pie del hombre desnudo y algunos veían en esa escena indicios de pedofilia. Grandes museos y organizaciones como el propio MASP o SESC firmaban un manifiesto de apoyo a la libertad de expresión. De poco servía. Cuando le tocaba el turno al MASP, el cartel advertía a la entrada. ­Lilia Moritz Schwarcz, en una columna publicada en ‘Nexo Jornal’, ­comparaba incluso esta maniobra moralista con la pintura degenerada en tiempos de Hitler. Es absurdo que el arte deba ser sometido a un asesoramiento jurídico —­escribía—.

Bien es verdad que los moralistas están siempre al acecho, desde la exposición de Mapplethorpe en 1989 en la Corcoran Gallery hasta la clausura en Porto Alegre, pero a menudo se trata de una excusa que esconde otros objetivos espurios. Por fin han quitado el cartel —y la advertencia en la web— y los menores de 18 años pueden pasar acompañados por los padres o responsables. ¿Se pedirá el libro de familia a la entrada? Aunque más importante aún: ¿de verdad creen los censores que la moralidad es aplicable al arte en su cualidad de representación? ¿Siguen siendo los cuerpos desnudos en una situación de arte un asalto a la moralidad? ¿No han aprendido los censores que, como dijera alguien sobre la muerte, la diferencia entre el sexo y su representación es la misma que entre la comida y el menú? Aunque quizás es cierto que en esta ocasión, como en otras, incluidas las de los abusos, no se está hablando de sexo, sino de poder.

jueves, 30 de marzo de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | Los niños (gays) del Brasil

Imagen: El Mundo / Personas acogidas en Casa I
Los niños (gays) del Brasil.
En una de las ciudades del mundo más crueles con los gays, São Paulo, encontramos una casa que cobija a jóvenes desterrados por sus familias. Cuando Fernanda era un niño y tenía siete años, sus padres la azotaron con una correa por ponerse falda y tacones. "Además de tener un hogar, es la primera vez que tengo la libertad de ser yo mismo", dice Vinicios. Llegó hace un mes.
Agnese Marra | Crónica, El Mundo, 2017-03-30
http://www.elmundo.es/cronica/2017/03/30/58d57b97e5fdea80658b458a.html

Fernanda da Silva, hoy transexual de 20 años, tenía apenas siete cuando sus padres cogieron la correa del perro y le dejaron la espalda hecha un cristo. Su madre acababa de volver del trabajo y se la encontró vestida con una de sus faldas y unos tacones, entonces se llamaba Caio y no Fernanda. Después usarían la manguera del jardín, el palo de la escoba, y la última gran paliza, cuando cogieron una pala y la tumbaron a golpes hasta que quedó desmayada en la puerta de casa: "Me salvaron los vecinos cuando me quitaron de encima a mi padre y llamaron a la ambulancia, si no fuera por ellos estaría muerta", relata a ‘Crónica’ en la casa especial donde ahora vive. A su lado están Vinicios y otros jóvenes que prefieren no dar su nombre.

No superan los 20 años pero llevan una mochila que carga toda una vida. Violaciones. Maltrato físico. Intento de asesinato... No son niños soldado, ni refugiados de una guerra. La batalla diaria la sufrían entre cuatro paredes y como enemigo, su propia familia. Primero les decían que dejaran de caminar tan "raro", que un niño no debe llevar el pantalón tan corto, o el famoso "habla como Dios manda y no con esa voz de pito". En la escuela les insultaban, les meaban encima, o hacían la gracia de colocarles en el cubo de la basura.

Imagen: El Mundo / Vinicios de Lima
Fernanda tenía 13 años largos cuando volvió del hospital de aquella última paliza. Sus padres la echaron de casa con las marcas de la pala y una mano delante y otra detrás: "Después de vagar como un perro durante siete años me considero una superviviente". Así también se define Vinicios de Lima (19), a quien su familia le cerró las puertas dos veces. El pasado mes de febrero fue la definitiva. Con diferentes cicatrices, esta historia es la misma para los otros nueve habitantes de Casa 1 -cuatro mujeres transexuales, una lesbiana, seis gays-, el primer centro de acogida de Brasil que recibe a jóvenes LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) expulsados de sus hogares.

Un espacio más que necesario en un país que se mantiene como campeón mundial de crímenes contra minorías sexuales: un asesinato cada 25 horas, 343 muertes en 2016, más de lo que se mata en los trece países de África y Oriente que castigan la homosexualidad con pena de muerte, dice el último informe de Grupo Gay de Bahía (GGB), única ONG que recoge estos datos.

Casa 1 no podía estar mejor ubicada, en el centro de São Paulo, la ciudad que también lidera el primer puesto en violencia contra los LGTB. A las 11.30 de la mañana, Iran Giusti, fundador de este centro, levanta la persiana que da a la calle y nos muestra el pequeño espacio cultural que han montado en la parte de abajo del albergue. A sus 28 años -y una década de militancia LGTB, aclara- fuma un cigarro detrás de otro, envía mails, da órdenes a sus compañeros y al mismo tiempo atiende a esta periodista: "Hubo una época en la que presté el sofá de mi apartamento a jóvenes gays que vivían en la calle porque sus padres les había echado de casa. Me di cuenta de que había muchos en esa situación y quise hacer algo más".

Cuando le despidieron del trabajo tuvo tiempo para pensar la idea y en tres meses la puso en marcha. El pasado mes de octubre montó un ‘crowdfunding’ con el que consiguió 31.000 euros (6.000 más de los que pedía). En diciembre encontró el espacio y adelantó el primer año de alquiler. Las 11 camas, los sofás, electrodomésticos, televisión, equipo de música, todo fueron donaciones. A lo largo de la entrevista llega un primer chico con una bolsa llena de productos de higiene. Un poco después, aparece otro con unas sillas: "Los vecinos siempre nos traen cosas, están muy contentos con nosotros", dice Giusti.

En enero abrieron sus puertas con la promesa de dar un techo, comida, ayuda para encontrar empleo y apoyo psicológico durante un máximo de tres meses: "La idea es darles herramientas para que puedan independizarse y tener una vida digna, es un lugar temporal". Para entrar deben ser mayores de edad, haber sido expulsados por sus familias, no tener problemas mentales severos (esquizofrenia, psicosis), ni un grado de dependencia química grave. Prohibida la entrada de amigos-parejas. Nada de alcohol, nada de drogas.

El primero en tocar su puerta llegó escapando de un monasterio benedictino al que le habían enviado sus padres para ver si se le quitaba el demonio que tenía dentro: "Este chico sufrió durante años exorcismos semanales hasta que aceptó que le recluyeran. Muchos de los que han pasado por aquí relatan lo mismo", nos aclara Iran. El 70% de las familias que echan a sus hijos de casa son evangélicas; el resto, "simplemente homofóbicas", continúa. El perfil de los habitantes es ecléctico, no hay distinción de raza, clase o edad. Lo que se repiten son los traumas. Sus padres les hacen pasar por una romería de santeros para "curarles". Violencia verbal y física. Otros son encarcelados por sus propias familias cortándoles todo contacto con el exterior. Luego están los que estudian fuera de casa y cuando sus padres se enteran de su homosexualidad les dejan de pagar el alquiler y la universidad. De un día para el otro se encuentran con las maletas en la calle y sin un duro, entonces comienza la segunda pesadilla.

Vinicios después de pasar por una anorexia nerviosa, automutilarse y recibir la única y gran paliza que le propinó su padre cuando le confesó que era gay, salió de casa a la fuerza. Se fue a vivir con un novio que apenas conocía que acabó siendo un torturador: "Me golpeaba, me violaba y me encerró en su casa con llave", lo relata como quien leyera un informe médico.

Fernanda, con sus espaldas anchas, boca carnosa y una delicadeza inesperada, dice que "siempre le pidió a Dios" que su madre estuviera de su lado. No fue así, y llegaron los intentos de suicidio, el ir de novio en novio para formar un hogar, los dos meses que durmió en la calle, y los tres años que vivió con una cincuentona adicta al crack que estuvo a punto de matarla a navajazos: "Mi madre me tiró al mundo como si fuera basura y eso me ha afectado", lo dice como si acabara de darse cuenta. Hace diez días que llegó a Casa 1 y la semana que viene tiene una entrevista de trabajo en una peluquería de perros. Vinicios ya lleva un mes, ahora puede llevar ‘short’, pintarse las uñas y dejarse el pelo largo sin la reprobación familiar: "Además de un hogar, es la primera vez que tengo la libertad de ser yo mismo".

Él habló hace dos semanas con su madre: "Me llamó y me dijo que tenía la culpa de todo". Fernanda hace años que no sabe nada de la mujer que la trajo al mundo, a veces espía sus fotos de Facebook. Ambos tienen miedo del futuro, pero dicen que los días que llevan en esta casa les han dado seguridad. Fernanda se pone romántica cuando le preguntan por sus sueños: "Me veo en una casa, con mis cuatros hijos adoptados y cuidando de mi marido. No pido más".