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martes, 12 de noviembre de 2019

#hemeroteca #clitoris | ¿El clítoris sirve para algo más que dar placer? Un investigador le atribuye una segunda función

Imagen: El País / Vagina Museum
¿El clítoris sirve para algo más que dar placer? Un investigador le atribuye una segunda función.
El científico defiende que estimular este órgano puede tener consecuencias importantes para la natalidad.
Manuela Sanoja | Buena Vida, El País, 2019-11-12
https://elpais.com/elpais/2019/11/11/buenavida/1573479765_583268.html

El clítoris ya no vive en la oscuridad, ahora es el gran protagonista de las conversaciones sobre sexo. Todo gracias al succionador de clítoris, un juguete sexual que lo estimula tan bien que lleva a las mujeres a ver las estrellas en cuestión de unos pocos minutos. En definitiva, que explota al máximo la única función que se le ha atribuido a este órgano hasta ahora: dar placer. Pero, ¿y si no fuera este su único cometido? Según un investigador de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, también tiene un objetivo reproductivo.

Según el trabajo, la excitación de la mujer activa su cerebro para producir una serie de cambios físicos que convierten la vagina en un entorno más adecuado para la fecundación. Una combinación de un aumento del flujo sanguíneo, un aumento de la lubricación, una subida de la temperatura y el nivel de oxígeno de los genitales y —lo más importante— una variación en la posición del cuello del útero que evita que los espermatozoides entren en él demasiado rápido. El tiempo extra que se gana con este cambio de postura permite que las células reproductoras masculinas se activen y ganen movilidad para fertilizar el óvulo, detalla en el estudio, publicado en la revista Clinical Anatomy.

Dos caminos para llegar al mismo punto
Conseguir estos cambios no sería posible sin estimular el clítoris, algo que se puede lograr de muchas maneras. Según la literatura científica que cita el único autor del texto, hay una diferencia cualitativa en la calidad del orgasmo según cómo se llegue a él, y la estimulación de la parte externa del clítoris es la más eficaz para alcanzarlo y dar placer. Pero el investigador –y aquí viene otro asunto que llama la atención de su trabajo– dice que la estimulación interna trae los mismos resultados que la externa.

Con una media de entre 9 y 11 centímetros, el grueso de este órgano (sus raíces, sus bulbos y su tronco) está oculto en el cuerpo de la mujer, y se puede tocar desde el interior de la vagina, provocando excitación y distintas sensaciones internas. En principio, podría parecer que esta forma de estimulación es la mejor, ya que se puede abarcar más superficie, pero esta visión choca con el hecho de que la mayor parte de las 8.000 terminaciones nerviosas del clítoris están en el glande (parte exterior).

Así, mientras que la estimulación interna se consigue únicamente a través de la penetración, la externa, mucho más variada, se alcanza desde la parte más pequeña y visible del órgano, verdadera estrella del placer femenino. Y también es, por cierto, dónde actúa el ya famoso succionador.

miércoles, 2 de mayo de 2018

#hemeroteca #cuerpos #trans | Cuerpo abierto

Kenny Jones, trans
Cuerpo abierto.
La batalla por el descubrimiento o invención de nuevos órganos es eminentemente política.
Paul B. Preciado · Filósofo | Ara, 2018-05-02
https://www.ara.cat/es/opinion/paul-b-preciado-cuerpo-abierto_0_2007399421.html

En los últimos días, la comunidad científica ha anunciado el descubrimiento de un nuevo órgano del cuerpo humano. Lo que han dado en llamar “intersticio” sería un “conglomerado de tejidos llenos de líquido, de la misma dimensión que la piel, que actúa de amortiguador protegiendo los músculos y otros órganos”. El anuncio ha generado una ardiente polémica en el ámbito médico. Mientras que parte de la comunidad científica afirma que es posible descubrir nuevos órganos hasta ahora no detectados por los modos tradicionales de examen o visionado, otra parte de la misma comunidad considera que la anatomía humana ha sido ya explorada de forma exhaustiva y que no hay posibilidad de hablar de “nuevos órganos”. Así por ejemplo, James Williams, director del Laboratorio de Anatomía Humana de la Universidad Rush, ridiculizaba el descubrimiento afirmando que “hoy en día los únicos órganos del cuerpo humano que se pueden descubrir son los que sirven para hacer música”.

Contrariamente a lo afirmado por Williams, el discurso médico-científico no ha dejado de descubrir (¿o habría que decir inventar?) nuevos órganos del cuerpo durante los dos últimos siglos. Ocurrió con el descubrimiento del clítoris en el siglo XVI, con el descubrimiento de las trompas de Falopio en el siglo XVIII, con el óvulo y el espermatozoide en el siglo XIX… la lista sería interminable. Lejos de lo que podríamos imaginar, que nuevos órganos puedan ser descubiertos (o inventados) no es una mala noticia, sino todo lo contrario.

Lo que la polémica actual por el descubrimiento del "intersticio" pone de manifiesto es la lucha entre dos epistemologías del cuerpo. Del mismo modo que Karl Popper elaboró la distinción introducida por Henri Bergson para diferenciar las “sociedades abiertas” de las “cerradas”, podríamos decir que hay dos epistemologías del cuerpo humano según las cuales los cuerpos podrían ser considerados como “cuerpos abiertos” o “cuerpos cerrados”. En las epistemologías del “cuerpo cerrado,” el cuerpo es entendido como una entidad sagrada, determinada por leyes naturales, una anatomía finita, un territorio absolutamente cartografiado, un espacio vallado (y dicho sea de paso, mercantilizado), en el que la ciencia puede intervenir para afinar la representación, pero cuya definición formal y funcional está acotada. Frente a ésta, existe una epistemología del “cuerpo abierto” según la cual el cuerpo está siendo redefinido y modificado constantemente por sus usos sociales y su relación con el lenguaje y la tecnología.

La batalla por el descubrimiento o la invención de nuevos órganos no es una mera cuestión de nomenclatura o de representación. Se trata de una cuestión eminentemente política. Donde hay un órgano es posible indicar una función, un uso, una relación social, y, por tanto, un proceso de agenciamiento y de re-apropiación. La Escuela Universitaria de Medicina de Nueva York que ha anunciado el descubrimiento del “intersticio” ha hablado inmediatamente de nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento. El descubrimiento del “intersticio” abre, por tanto, un nuevo dominio de intervención social, nuevas enfermedades, nuevas curas, nuevos fármacos, nuevas cátedras... Cada órgano es un ámbito de acción política. El carácter político de esta disputa por los órganos se pone de manifiesto de forma estridente en la resistencia del discurso médico-científico a aceptar los genitales transformados por las terapias hormonales y las prótesis sexuales como nuevos órganos de pleno derecho del cuerpo trans.

El dogma anatómico-político de la diferencia sexual que preside la anatomía del “cuerpo cerrado” hace imposible que la medicina reconozca y certifique la existencia de nuevos órganos genitales trans. Hasta ahora, el discurso científico-legal insistía en la posibilidad de transformar la anatomía femenina en masculina o viceversa. Se hablaba de las operaciones de “vaginoplastia” y de “faloplastia” para referirse a la construcción quirúrgica de una vagina o de un pene, pero no existía posibilidad de nombrar o reconocer otros órganos fuera del binarismo genital. El rechazo de un gran número de personas trans a las operaciones de reconstrucción genital hacia el binarismo y la aparición de intervenciones que no tienen como objetivo la construcción de una vagina o de un pene, como por ejemplo la “metoidioplastia” (que corta el ligamento del clítoris para transformarlo en órgano externo), pone de manifiesto la necesidad del reconocimiento de la existencia de nuevos órganos trans.

Mientras tanto, atrapados en la epistemología del cuerpo cerrado, nuestros cuerpos trans existen en un vacío anatómico-político. Habito ese vacío anatómico-político cuando voy, por ejemplo, a la ginecóloga, y espero, con mi nombre y mi cuerpo trans, en una sala llena de mujeres embarazadas. Imagino que las mujeres se preguntan si soy el acompañante de alguna de ellas. El estupor aumenta cuando la doctora me llama por mi nombre masculino. No soy el acompañante de ninguna mujer. Soy un hombre trans en una consulta ginecológica. Pero nada de eso puede ser nombrado ni certificado. ¿Cuándo aceptará la comunidad médico-científica descubrir, nombrar y autorizar nuestros órganos trans?

jueves, 1 de marzo de 2018

#hemeroteca #clitoris | El clítoris: oro entre las piernas

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'Le clitoris'
El clítoris: oro entre las piernas.
De cómo obviaron el placer femenino conscientemente.
Celia Blanco · Mordiscos y Tacones | El País, 2018-03-01
https://elpais.com/elpais/2018/03/01/mordiscos_y_tacones/1519915333_782896.html

La mujer posee el órgano con más terminaciones nerviosas, algo exclusivo del género femenino. Hay mujeres que reconocen no tener la más mínima idea de dónde está y para qué sirve. ¿Nadie va a enseñarnos para qué sirve ese órgano del que solo vemos la puntita?

No sé qué da más miedo: que exista el placer femenino o que pueda existir. Nuestra sexualidad ha estado sometida desde el día en el que los machos decidieron que además de amantes debíamos ser de su propiedad. Permítanme que no tenga ni idea de si aconteció el día que dejamos de fornicar a cuatro patas y los miramos a la cara (genial escena de 'En busca del fuego', de Jean-Jacques Annaud, que en España se eliminó cada vez que se mostró en televisión). Desde entonces, parece que se permiten el lujo de tratarnos a patadas. Llevo todo ese desprecio en el ADN de hembra; nos enseñan desde pequeñas a escapar de los peligros de no ser un hombre. Siempre insisto en que la única tortura que concibo es la perpetrada por amantes en plena sesión, por eso tengo tan clara la dominación que se ejerce sobre nuestra sexualidad, la femenina. Tranquilos, hombres. Vosotros fuisteis educados para experimentarlo todo. Y desde el lado dominante. En el cuerpo lo lleváis. Pero a las mujeres no nos ocurre. Nuestro placer siempre ha pertenecido al macho que anduviera cerca. Nos educaron así y así hemos perpetrado la especie.

Pagamos carísimo que clamen por nosotras los desterrados hijos de Eva. Se nos ha limitado desde todas las religiones, culturas y épocas llegando a extremos como los de la ablación del clítoris, práctica habitual en más de 30 países. Según datos de la OMS, cada año, se les saja el único órgano cuya función es dar placer a tres millones de niñas en el mundo, la mayoría menores de 15 años. Entre 100 y 140 millones de mujeres han sido condenadas a esa tragedia. Y no crean que esto son barbaries que ocurren solo en el África más lejana. Más de 18.000 niñas están bajo la amenaza de ser cercenadas en nuestro país. El resultado después de semejante salvajada es la condena a no sentir placer genital nunca más. Supeditada al placer ajeno, obligada a satisfacer al hombre que le quede más cerca.

Se considera anorgasmia la ausencia o insuficiencia de orgasmo sexual. Y parecía estar muy extendida porque hasta que no llegaron los sexólogos a nuestras vidas, nos habíamos conformado con lo que tocara. La mayoría de las que acuden a un profesional descubren que ni siquiera sabían cómo disfrutar consigo mismas. Carolina Armero de 'Paraíso Secreto' es cruel con las cifras: “Solo un 1% de las mujeres que acuden con problemas para alcanzar el orgasmo tienen alguna anomalía que de verdad impide que disfruten. En la mayoría de los casos ni siquiera saben dónde tienen el clítoris. Se empieza de cero con ellas”. En sus tratamientos, Armero recurre con frecuencia a los juguetes sexuales y reconoce que entre los más usados, están los succionadores clitorianos. Según Venus O’Hara semejante artilugio es un “atracador de orgasmos”. Necesitamos entender la magnitud de ese pellizco de carne que se mutila en más de treinta países y se obvia entre el 5% y el 40% de las camas, según un estudio del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología que recogió la ausencia de orgasmos como la segunda causa de consulta más frecuente. Ningún tratamiento farmacológico tiene éxito, por lo que las pacientes suelen ser derivadas a terapeutas sexuales que, como poco, obligarán al visionado de este corto que está arrasando a premios por todo el mundo.

Las mujeres tenemos entre las piernas un órgano con más de 8.000 terminaciones nerviosas, el doble de terminaciones que tiene el pene. Externamente, en la parte superior de la vulva, solo se ve un ápice, la punta del iceberg que dicen, el glande, para ser exactos. Un pellizco de carne que también aumenta de tamaño con una erección cuando se estimula. Dentro del cuerpo, el clítoris se extiende con sus brazos por los labios mayores, el perineo y rodea el tercio inferior de la vagina. Por mucho que se empeñara Freud en que los únicos orgasmos son los vaginales (para los que necesitaríamos siempre un cuerpo fálico), siento rebatir a este misógino de libro.

Un orgasmo vaginal también acontece por obra y gracia del clítoris. Ni las vergas más fabulosas consiguen solas semejante obra de arte. El clítoris vendría a ser el glande masculino, si no fuera por su extremada sensibilidad y porque, a diferencia del glande masculino, el nuestro no interviene en la función reproductiva. En una pareja, las caricias de los órganos genitales suelen ser una de las prácticas sexuales más repetidas, pero recuérdelo la próxima vez: la entrepierna femenina está el doble de excitada que la masculina. Tenemos más terminaciones nerviosas alteradas. Eduard García Cruz, urólogo especializado en sexo, recorre el pene en esta entrevista a la Cadena SER y rompe otro mito: “Hay una falsa creencia de que el órgano genital masculino, incluidos los testículos, tienen una sensibilidad especial cuando eso es falso; de hecho, tiene la misma sensibilidad que otra parte del cuerpo. Excepto el glande, que sí la tiene”. Y recordemos que esa parte tan sensible del cuerpo masculino tiene la mitad de sensibilidad que si en vez de a un señor, estuviéramos metiéndole mano a una señora.

Tenemos oro entre las piernas. Cualquiera que se adentre en ellas debe idolatrarlo como merece. Las mujeres ya no admitimos sacrilegios.

martes, 30 de enero de 2018

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | El himen como prueba de virginidad y otros mitos que desmontan estas dos noruegas

Imagen: El País / Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl
El himen como prueba de virginidad y otros mitos que desmontan estas dos noruegas.
Hablamos con Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl, autoras de ‘El libro de la Vagina’, un ensayo con el que pretenden acabar con los conceptos equivocados que rodean a la sexualidad femenina.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2018-01-30
https://smoda.elpais.com/placeres/sexo/el-himen-como-prueba-de-virginidad-y-otros-mitos-que-desmontan-estas-dos-noruegas/

La cambiante y misteriosa sexualidad y genitalidad femenina es como el universo, un vasto e inexplorado territorio con agujeros negros, sujeto a todo tipo de leyendas, mitos, malentendidos y suposiciones que van cambiando o desmontándose con una teoría nueva. Como una cueva, la vagina guarda sus secretos en la oscuridad y la ciencia, con una trayectoria de siglos poco interesada en el placer femenino y más en la reproducción de la especie, se ha mostrado poco curiosa respecto a las peculiaridades eróticas de las mujeres.

Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl, dos estudiantes noruegas que se graduarán este año en la Universidad de Medicina de Oslo, son profesoras y trabajadoras sociales de salud sexual con jóvenes y minorías; además de escribir un blog sobre sexualidad, 'Underlivet', uno de los más populares en su país. Ellas son también las autoras de 'El libro de la vagina' (Grijalbo), que en nuestro país se ha publicado a finales del pasado año pero que en Inglaterra, EEUU e Italia sale el próximo 8 de marzo.

Nina y Ellen son también conocidas por su charla TED sobre el mito de la virginidad, que explicaron con ayuda de un hula hop, y que en Youtube cuenta ya con más de dos millones de visitas. Su libro pretende acabar con muchas de las ideas erróneas que las mujeres tenemos todavía sobre nuestros cuerpos y comportamientos entorno al sexo. Y además, lo hacen con un lenguaje divertido y grandes dosis de ironía, lo que ha hecho que muchos las relacionen ya con Guilia Enders y su famoso libro 'La digestión es la cuestión' (Urano), en el que desvelaba los misterios del intestino, la microbiota y el papel fundamental que este órgano tienen en la salud física y psíquica. Nina y Ellen son a la vagina lo que Enders al tracto intestinal. ¡Y su trayectoria no ha hecho más que empezar!

¿Qué es lo que más va a sorprender a las mujeres al leer su libro?, ¿qué mito es el que se va a hacer pedazos cuando caiga?

Nina Brochmann. Para nosotras, como estudiantes de medicina y como doctoras, lo más sorprendente es la información errónea que se ha tenido y aún se tiene sobre el clítoris y el himen porque son conceptos anatómicos y la anatomía ha sido siempre la base de la medicina. Pero cuando hablamos del cuerpo femenino incluso la anatomía es un campo ‘nuevo’. Hemos crecido creyendo que podíamos perder el himen yendo en bicicleta o montando a caballo pero es falso. También muchas mujeres han tenido miedo de su primera relación sexual coital porque se decía que se sangraba y que dolía mucho, pero eso solo le ocurre a una minoría. El himen está situado a la entrada de la vagina y es elástico, con forma de media luna o de aro y puede expandirse hasta dejar entra el pene o un tampón sin sufrir ningún daño. En otras palabras, la primera vez que hay sexo no tiene por qué haber dolor o sangrado y muchas mujeres mantienen su himen intacto después de su primera experiencia sexual.

Con el clítoris, nadie nos ha dicho que es un extenso órgano y no solo un botoncito y mucho menos que su construcción es muy similar a la del pene, con un glande o cabeza, cuerpo cavernoso y la posibilidad de tener erecciones. Cuando estamos excitadas el complejo del clítoris puede hincharse hasta doblar su tamaño. La anatomía de este órgano se conoce desde 1800 pero no se ha incluido en los libros de texto. Puesto que no tiene ninguna función reproductiva, solo sexual, puede que históricamente se haya visto como una amenaza que había que esconder. Podemos imaginar lo escandaloso que sería saber que las mujeres también tienen erecciones y un órgano dedicado exclusivamente al placer, sobre todo desde un punto de vista puramente religioso.

Cuesta entender como la evidencia médica de un himen elástico puede compatibilizarse con los test de virginidad (Indonesia los pide a sus aspirantes a entrar en el ejército) y las operaciones de restauración del himen que hacen muchas clínicas.

Ellen Stokken. Este conocimiento no es nuevo, el problema es que no se ha traspasado, no ha estado a disposición de los médicos, ni se ha enseñado en las escuelas de medicina. Sabemos poco del himen. De hecho, la mayoría de la gente no sabe localizarlo. Algunos doctores en noruega siguen haciendo tests de virginidad para proteger a mujeres o a niñas de determinadas culturas minoritarias, en las que sus padres quieren estar seguros de su ‘pureza’ antes de casarlas. A menudo esos matrimonios están arreglados a distancia y la familia de la otra parte espera algún tipo de pruebas de que la novia es ‘decente’. Incluso en la liberal Noruega las pruebas de virginidad existen. Generalmente, los médicos certifican a favor de las chicas para evitar que tengan problemas con sus familias. Lo hacen con buena intención pero lo que consiguen es perpetuar el mito de la virginidad. Tal vez deberían decir a sus padres que no hay forma de saberlo realmente y que deberían confiar en sus hijas. Seguimos creyendo en los viejos mitos porque nos sirven para controlar a las niñas y mujeres de todo el mundo.

¿Dónde se localizaría exactamente el himen?

Ellen Strokken. Está en el borde exterior de la vagina y a veces tiene la forma de un volante. Recuerdo que cuando lo vi por primera vez pensé que era parte de los labios menores pero no, es el himen. Y éste viene en diferentes variaciones y formas, algunos están parcialmente rotos o presentan agujeros.

El libro pretende también acabar con la diferenciación entre orgasmo vaginal y clitoriano.

Nina Brochmann. Creemos que hacer esa diferenciación no es del todo correcto, en parte porque el clítoris se extiende también por el interior de la vagina. Pero lo cierto es que solo entre una tercera y una cuarta parte de las mujeres llegan al orgasmo solo con la penetración. La mayoría necesita estimulación de la parte externa del clítoris, ya sea con sus dedos o con sexo oral. Desde el punto de vista femenino, el 50% del sexo debería ser lo que se llaman los preliminares, pero si se quieren tener orgasmos con el coito hay una posición especialmente indicada para ello, de la que también hablamos en el libro. Lo que en inglés se llama la ‘cat position’ (‘coital alignment technique’). Es una postura en la que hay mucha fricción de los cuerpos, lo que hace que así se estimule también el clítoris. Ella está tumbada con las piernas juntas y él encima, apoyado en sus antebrazos. En lugar del habitual movimiento de meter y sacar hay que deslizar el cuerpo horizontalmente para que los genitales se encuentren. Como cuando un gato se restriega en tus piernas.

Más ideas novedosas salidas de 'El libro de la Vagina' podrían ser la de unos óvulos que, lejos de estar tranquilitos dentro del útero esperando a ser fecundados, luchan por ser los elegidos. “La diferencia con el esperma no es tan grande como suele creerse”, cuenta la obra, “En el caso de las mujeres también hay numerosos gametos que libran una dura batalla interna para ganarse el derecho a tratar de engendrar un niño. Cada mes empiezan a madurar mil óvulos pero solo uno pasa el control de seguridad y es elegido para salir del ovario. El resto se desecha y destruye de un modo brutal”.

El concepto de impulso sexual es algo que también deberíamos revisar, ya que según estas autoras hay que diferenciar entre ‘deseo espontáneo’ y ‘deseo reactivo’. Éste último es el más frecuente en la mayoría de las mujeres, “lo que significa que surge como resultado de un contacto físico, íntimo o una situación sexual. Es decir, la excitación física aparece antes que el deseo y, por consiguiente, estas mujeres necesitan preliminares y contacto físico para encender los motores. Muestran un escaso interés por el sexo y rara vez toman la iniciativa en la cama, aunque tienen la capacidad de disfrutar del sexo una vez que se ponen en marcha”, cuenta ‘El libro de la Vagina’. La sexóloga Emily Nagoski es una de las que más ha estudiado este tipo de deseo que, según afirma en su obra ‘Come As You Are’, lo tienen una de cada tres mujeres. En el otro extremo, un 15% de las féminas tienen el tipo de deseo clásico, el del hombre, y el resto se sitúan en algún lugar intermedio.

Por si fuera poco, hay otro punto en el que la sexualidad femenina es algo más complicada o sofisticada que la del hombre. Nos referimos a la concordancia genitales-cerebro. Como estas autoras señalan en su libro, “en el caso de los hombres hay un 65% de correspondencia entre lo dura que se les pone y la excitación que sienten. Es decir, el cerebro y los genitales juegan en el mismo equipo. El deseo masculino está bastante ligado a los vaivenes del pene, por lo que las píldoras como la Viagra funcionan de maravilla para levantarlo. En el caso de las mujeres, en cambio, se observa tan solo un 25% de concordancia entre cerebro y genitales. La relación es tan insignificante que resulta imposible deducir por la humedad o la acumulación de sangre en los genitales hasta qué punto quieren tener sexo. Un hecho más inquietante aún es que algunas mujeres pueden excitarse físicamente y hasta tener un orgasmo en situaciones en las que no les apetece tener sexo. Hay que estimular nuestro cerebro y no nuestro chichi. Por eso la Viagra femenina no tiene mucho éxito”.

¿Desde su punto de vista de educadoras y trabajadoras sociales en salud sexual, qué deberes creen que tienen todavía pendientes las mujeres en términos de sexualidad?

Ellen Stokken. Nuestra experiencia nos dice que las mujeres todavía no conocen bien sus cuerpos. Cada semana vemos que muchas, incluso con estudios universitarios nos preguntan cosas básicas sobre salud o comportamiento sexual, lo mismo que las lectoras de nuestro blog. Las chicas jóvenes se masturban mucho menos que los chicos, lo que hace que no estén tan familiarizadas con su respuesta sexual y les cueste más tener orgasmos. Si se quiere tener buen sexo hay que responsabilizarse de ello y empezar con la masturbación. ¡Ese es el trabajo que hay que hacer en casa!

jueves, 28 de septiembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | El libro de la vagina

El libro de la vagina / Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl ; traducción de Bente Teigen Gundersen y Mónica Sainz Serrano.
Barcelona : Grijalbo, 2017 [09-28].
400 p.
ISBN 9788425355530 / 17,90 €

/ ES / NB* / ENS
/ Clítoris / Cuerpos / Educación sexual / Mujeres / Mujeres – Conducta sexual / Sexualidad / Vaginas

Ameno, desenfadado, sin juicios morales, y con divertidas ilustraciones, ‘El libro de la vagina’ te enseñará todo sobre el aparato genital femenino: el profundo secreto del clítoris, el salvaje baile de hormonas que controla la regla, cómo funcionan los anticonceptivos en el cuerpo, las afecciones más comunes en las mujeres... 

Aunque los órganos sexuales no sean, precisamente, un nuevo descubrimiento, hay una increíble cantidad de cosas que las mujeres no conocen sobre su propio cuerpo. ¿Por qué a tantas mujeres les duele la regla? ¿Existe la membrana de la virginidad? ¿Cuál es la razón por la que a algunas mujeres les cuesta tener orgasmos? ¿Hasta cuándo esperar para tener hijos? Combinando conocimientos generales de medicina con investigaciones científicas recientes, ‘El libro de la vagina’ trata, pedagógicamente, todo lo relacionado con el aparato genital femenino.