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martes, 3 de diciembre de 2019

#hemeroteca #trans #menores | El discurso ante los políticos extremeños de Elsa, una niña trans de 8 años

Imagen: El País / Elsa Ramos
El discurso ante los políticos extremeños de Elsa, una niña trans de 8 años.
"Sigan, pese a las amenazas, haciendo leyes que reconozcan que las personas somos diversas".
Héctor Llanos Martínez | Verne, El País, 2019-12-03
https://verne.elpais.com/verne/2019/12/03/articulo/1575364001_857825.html

"Tengo el derecho a ser llamada como yo me siento", dice Elsa Ramos, una niña trans de ocho años ante la Asamblea de Extremadura. Durante un minuto y medio, ha contado este lunes ante el micrófono cómo es su vida en Arroyo de San Serván (Badajoz) y cuáles son los derechos que reclama.

Su intervención ha formado parte del IV Pleno Escolar contra el acoso por LGBTIfobia, celebrado en la Asamblea de Extremadura y organizado por la Fundación Triángulo y el Instituto Santiago Apóstol de Almendralejo.

Este es su discurso al completo:

Me llamo Elsa y tengo ocho años. No es la primera vez que se habla de mí en este sitio, en la Asamblea de Extremadura. Hace cuatro años, ya vino mi madre y estuvo contando cuál era mi historia.

Soy una chica transexual, vivo en Arroyo de San Serván y durante los cuatro últimos años he vivido un camino muy importante, el camino de mi felicidad. Estoy en el colegio Nuestra Señora de la Soledad, el cole de mi pueblo, y allí he tenido la suerte de que mis compañeros y compañeras han comprendido cómo soy desde el primer día. Sin embargo, sigue siendo necesario recordar que tengo el derecho a ser llamada como yo me siento. Y que, cuatro años después, las equivocaciones son un poco raras, como si alguien pudiera dudar de que yo soy una niña trans.

Y también quiero decir que en el fondo he tenido suerte de nacer en mi pueblo. Allí todo el mundo sabe que soy una chica diferente, una chica transexual, y me siento querida y respetada. Todo el mundo me conoce. Pero de todo lo que tengo que decir hoy lo más importante es esto: señores y señoras que se dedican a la política sigan, pese a las amenazas, haciendo leyes que reconozcan que las personas somos diversas. Por encima de todo, las personas transexuales tenemos el derecho a ser quienes somos. No permitan que nadie nos arrebate la felicidad.

Gracias.

La Asamblea de Extremadura ha publicado en su cuenta de Twitter un hilo con todas las intervenciones de profesores y alumnos en torno al acoso escolar y la LGTBIfobia. El vídeo con las palabras de Elsa se ha compartido miles de veces, a través de la cuenta de Twitter de la Asamblea de Extremadura, de la de Rubén López, miembro de la ejecutiva de la asociación LGTBI+ Arcópoli, y de la del escritor Nando López, entre otras.

Como dice Elsa en su intervención, su madre Anabel Pastor participó en 2014 en el I Pleno contra el Bullying LGBTIfóbico. "Mi niña no ha sufrido ningún tipo de acoso. Ojalá ella pueda vivir en un mundo sin odio", decía entonces. [...]

Pastor cuenta a Verne por teléfono que Elsa no es consciente de lo popular que se han hecho sus palabras porque vive ajena a las redes sociales. "Pero era importante para nosotros que, con ocho años, ella tuviera la oportunidad de hablar ante los políticos. Nos preocupa mucho el ascenso que está teniendo Vox y queremos que Elsa mantenga los derechos que ha ganado en los últimos años. También queremos que sirva de referente para familias que viven situaciones más complicadas que la nuestra".

La lucha de Elsa
Elsa y su familia forman parte del área trans de Fundación Triángulo Extremadura desde hace cuatro años y "han trabajado por los derechos del colectivo desde entonces", cuenta a ‘Verne’ Silvia Tostado, presidenta de la Asociación.

"Cuando llegaron, nos decían que estaban preocupados por cómo se lo tomarían en su pueblo. Decidimos organizar una charla informativa en el Ayuntamiento de Arroyo de San Serván, pensando que irían unas pocas personas. Pero fueron cientos de ellas. No solo a escuchar, también a acompañarlos", explica Tostado, que celebra que historias como las de Elsa "recuerden que en el entorno rural no solo hay casos de rechazo al colectivo LGTBI+".

"El pueblo apoya a mi hija de una forma muy natural porque conocen su lucha. Han visto como ella ha cambiado su situación siendo muy pequeña y sin dar un paso atrás. Ven que ahora es más feliz que antes, que juega y se divierte, y por eso lo entienden y lo apoyan sin problemas", cuenta la madre de Elsa.

Un caso similar al de Esla es el de Mikele Grande, una adolescente trans que muestra en un documental que lleva su nombre el apoyo que ha recibido toda su vida en Huarte (Navarra). “Informar y corregir sobre la transexualidad sin enfados es la forma de hacerse entender”, decía en 2018.

martes, 17 de enero de 2017

#hemeroteca #vidarural #testimonios | Derribando armarios de paja y de hormigón

Imagen: El Diario / Ilustración de Emma Gascó
Derribando armarios de paja y de hormigón.
El 'sexilio' ha provocado que muchas personas LGTBI abandonen su pueblo y emigren a las ciudades. Con cinco años Elsa obligó, con su decisión y arrojo al gritar que es una niña, a que en su pueblo de poco más de 4.000 habitantes se hablara de transexualidad. ¿Existe más lgtbifobia en las ciudades que en los entornos rurales?.
Mª Ángeles Fernández | El Diario, 2017-01-17
http://www.eldiario.es/pikara/Derribando-armarios-paja-hormigon-lgtbi-pueblos_6_602699750.html

Carla Antonelli se tuvo que marchar de su pueblo, Güímar (Tenerife), en 1977 porque "en aquellos momentos se hacía impensable que una persona transexual pudiera desarrollar su identidad de género en un entorno rural"; tal cual lo recoge la Wikipedia. No volvió hasta 2009. La ahora diputada por el PSOE en la Asamblea de Madrid, primera mujer trans con un cargo de representación parlamentaria en el Estado español, recuerda que "sigue existiendo lgtbifobia en el entorno rural". De hecho, se podría hablar de ‘sexilio’, un término que explica la migración del campo a la ciudad de muchas personas debido a su identidad de género o de sexo. ¿Existe lgtbifobia en las ciudades? sería la pregunta obligada. La cuestión, por supuesto, no es cerrada.

Para abordar el tabú de ser persona lgtbi en un entorno rural, en el laboratorio de periodismo de Pikara, #PikaraLab, hemos creado el especial ‘Armarios de paja’. Porque Óliver, por ejemplo, cree que aunque en el pueblo no seas una persona anónima, y por tanto tu identidad de género o de sexo tampoco lo sea, en la ciudad las agresoras también pasan tan desapercibidas, como les ocurre a lesbianas, gays, transexuales, bisexuales o intersexuales. "Si me agreden en mi pueblo sé quién es y le voy a señalar", sostiene y defiende.

Las experiencias son múltiples, diversas, nunca unánimes, llenas de matices, peros y condicionantes. Son tantas como personas, como vidas. Sagrario es de Extremadura, como Óliver, y recuerda que no se puede comparar la situación de las lesbianas con la de los gais. Ellas sufren una doble o tal vez triple discriminación: mujer, lesbiana y de pueblo.

No hay estudios ni estadísticas, pero los géneros periodísticos habituales (entrevista, reportaje y crónica) y las nuevas herramientas (vídeos, diseño web o ilustraciones) nos han ayudado a indagar en un asunto poco tratado, aunque muy comentado. Lo que no se nombra no existe y la invisibilización de las personas lgtbi en entornos rurales no hace sino ahondar el problema.

Fue Elsa, de cinco años, quien obligó, con su decisión y arrojo al gritar que es una niña, a que en su pueblo de poco más de 4.000 habitantes se hablara de transexualidad. Y el aforo fue insuficiente. Los medios extremeños repicaron la noticia y por unos días la gente leyó sobre personas trans; sin tapujos y en una de las regiones más rurales. El debate ha saltado a medios de ámbito estatal por el caso, por ejemplo, de la hija del actor porno Nacho Vidal o por la excelente campaña publicitaria de la asociación de familias de niños, niñas y adolescentes transexuales Chrysallis Euskal Herria: ‘Hay niñas con pene y niños con vulva’.

Una valla publicitaria ha sido destrozada en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Y Facebook, punto de encuentro de activistas, urbanitas, ‘gentes’ de pueblo, modernas, retrógrados y el sinfín de fauna humana, ha bloqueado la imagen. Pues resulta que el salón de plenos del Ayuntamiento de Arroyo de San Serván se llenó para apoyar a Elsa y su familia. Su madre no sabe cómo se hubiera gestionado el caso de su hija en una urbe, pero el hablar con libertad ante su vecindario ha empoderado a la familia y, sin duda, a la niña.

Que en los pueblos existe mucha presión, que todo el mundo se conoce y que los rumores vuelan es cierto. Pero, ¿acaso no existe chismorreo en las ciudades o en colectivos de activistas más urbanitas? En ‘Armarios de paja’ hemos querido soplar bien fuerte contra los múltiples prejuicios y discriminaciones, apostar por la diversidad de voces y de fuentes para intentar trazar una radiografía lo más amplia posible sobre la cuestión.

¿Sabías que la fiesta del Orgullo también se celebra el pequeño pueblo gallego de Lalín?, ¿y que se hace con un cocido?, ¿o que en esta región, concretamente en Monterroso, existe un festival agrogay digno de estudio? Las organizadoras lo tienen claro: "Se distingue de la tradicional fiesta gay, centrada exclusivamente en el consumismo y en el ocio nocturno". ¡Derribemos los armarios, sean de paja, de cristal, de hormigón o comprados en la tienda de moda!

jueves, 25 de febrero de 2016

#hemeroteca #transexualidad #menores | «Soy tu princesa, ¿no me ves?»


Imagen: Hoy / Anabel y Andrés
«Soy tu princesa, ¿no me ves?».
Transexuales y familiares asisten en Arroyo de San Serván a una charla organizada por la Fundación Triángulo. Los padres de un niño de cuatro años que se siente niña relatan su testimonio.
Celestino J. Vinagre | Hoy, 2016-02-25
http://www.hoy.es/extremadura/201602/25/princesa-20160225005411-v.html

Andrés y Anabel, que rondan los cuarenta años y se ganan la vida en un almacén de frutas, fueron ayer protagonistas de una charla en Arroyo de San Serván. Participaron más personas pero su testimonio sobre la pequeña Elsa, que en agosto cumplirá 5 años, es difícilmente superable. Es la historia de una persona que nació niño pero que se declara y actúa como una niña. El relato de la transexualidad se escuchó rotundo en una jornada organizada por la Fundación Triángulo a la que asistieron transexuales y familiares de Mérida y comarca. «¿Valiente nosotros, sus padres? Valiente ella. Lo menos que podemos hacer es ayudarla a ser feliz», relató su madre a Hoy.

«Desde que supo hablar ya sabíamos que era una niña. Tendría dos años y medio y lo dejó claro», relata Anabel, que se confiesa nerviosa al inicio de la entrevista con este periódico, pero que a medida que avanza la charla se relaja y muestra una gran determinación. «Me siento liberada por dar a conocer el caso de mi hija porque lo único que quiero es que crezca feliz», apostilla.

Su marido, Andrés, asiente. No añade nada más. Su mujer es la que asume el relato de su testimonio, el que ayer escucharon casi 200 personas en el salón de plenos de Arroyo de San Serván (4.200 vecinos, a 14 kilómetros de Mérida). Andrés y Anabel tienen una hija mayor que está a punto de cumplir diez años.

El miedo y el afecto

«Una cosa es que tengas una niña transexual y otra que lo traslades a la gente, que se sepa públicamente. Pero es que es lo que tenemos que hacer por ella. A nosotros como padres no nos ha costado porque lo hemos vivido casi desde que nació. Nos ha costado más por la gente, por el qué dirán. ¿La humillarán, le harán mucho daño? Es el miedo el que te frena pero mi hija es una pequeña que nació siendo niño», subraya emocionada. Cuenta Anabel que cuando empezó a atisbarlo buscó consejo en una tía a la que estima enormemente. «Tiene un hijo gay. Le conté lo que veíamos. Vino para el pueblo. Me dijo que el niño no era gay sino un transexual. A partir de ahí busqué ayuda en la Fundación Triángulo».

Esta organización no gubernamental tiene como objetivo la igualdad social de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales. Según su información, dentro del programa de atención a transexuales que lidera, ayuda a 59 personas en Extremadura. De ellas, el 90% tiene menos de 30 años, y además el 60% de ese porcentaje son menores de edad. El último caso, el de Elsa. «Cuando la conocí le dijo a su madre que no me presentara como su niño porque era su niña», agrega Hugo Alonso, coordinador de Fundación Triángulo de este programa «que sobre todo quiere dar cariño y afecto».

«Elsa ha vivido una experiencia muy fuerte que le ha hecho madurar más de lo que debiera», comenta Anabel cuando se le inquiere sobre su certeza acerca de la transexualidad de su hija cuando todavía tiene cuatro años de edad.

«Ves en el día a día lo que hacía, lo que te expresaba. Ejemplos hay doscientos, aunque al inicio, claro, le decíamos que era un niño y le explicábamos por qué. Pero no es solo que en los catálogos de juguetes siempre se iba a los regalos de las niñas y se empeñara un año como regalo de Reyes en una muñeca Rapunzel. Le explicas todo el día que era niño porque se ponía calzoncillos, no bragas. «No mami, tú me pones calzoncillos, pero yo quiero que me pongas bragas», me dijo seria. «La prueba definitivamente llegó en Carnaval», cuenta la madre.

Dice que ese día, en el pasacalles organizado por el colegio, Elsa llegó vestida de princesa. Era Carnaval, pensaron los padres, «y no iba a pasar nada», indican. En el fondo, de esta forma querían hacer visible la transexualidad de su hija. Sus compañeros de aula se rieron y hubo alguna que otra palabra despectiva. Elsa lloró y su madre, también.

«Se me cayó el mundo encima pero la niña acabó el pasacalles. Cuando llegó después a casa cogió una bolsa de la basura, abrió el armario y echó allí toda su ropa masculina. '¿Qué estás haciendo?', le pregunté. 'No me voy a vestir nunca más de niño. Soy tu princesa, ¿no me ves?', me respondió». Anabel dice que ahora ve apoyo y afecto en sus vecinos. Una alegría más para Elsa. 


«No se puede saber con exactitud si alguien es transexual a los cuatro años»
María Teresa Martínez, Equipo del SES que atiende a transexuales.
Celestino J. Vinagre | Hoy, 2016-02-25
http://www.hoy.es/extremadura/201602/25/puede-saber-exactitud-alguien-20160225005349-v.html

La psiquiatra María Teresa Martínez Rey forma parte del servicio que la sanidad pública extremeña tiene para abordar la atención a las personas transexuales o que presentan lo que, en términos médicos, se llama disforia de género. «Es un chico en un cuerpo de chica o al revés», concreta esta profesional del equipo de Salud Mental de Ciudad Jardín, en Badajoz.

El SES, en colaboración con la Fundación Triángulo, cerró un protocolo de atención con dos equipos para evaluar a los jóvenes de Extremadura que con probable diagnóstico de disforia de género.

Martínez relata que el protocolo dice que primero hay que acudir al médico de cabecera «y el pediatra o el médico de familia, en su caso, si considera que tiene una disforia de género nos lo deriva a nosotros. Nos encargamos de cotejarlo. Hacemos el diagnóstico clínico para ver si de verdad hay disforia porque a lo mejor no estamos ante eso sino ante travestismo o ante una persona fantasiosa que se viste de determinada forma». Una vez diagnosticado se hace un seguimiento para confirmarlo y pasa al endocrino. Es el que aborda los tratamiento hormonales futuros, que no se producen antes de los diez años normalmente.

La especialista señala que «muchos adultos transexuales se refieren a que ya de pequeño sabían que lo eran, que no estaban conformes con su cuerpo». Cuando se trata de personas menores pero que ya superan los 12-14 años «normalmente el diagnóstico es más fácil». Pero apunta más dificultades cuando se atiende a niños. Martínez indica que, a su juicio, no se puede saber si un niño de poca edad es de verdad transexual.

«No se puede saber. Yo no lo sabría con exactitud y no me atrevería a diagnosticarle a un niño de cuatro años disforia de género. Puede tener ciertas características que pueden apuntar a que puede en un futuro sea eso. Pero hay un porcentaje alto que en la adolescencia modifican y dejar de tener el deseo de tener otro cuerpo», relata.

La psiquiatra entiende que la transexualidad en menores y, más concretamente en niños, entra dentro del ámbito de la privacidad de la persona y de la familia. «Tienen que saber manejar eso. En estos casos más que con los niños se trabajan con los padres y con el ámbito familiar». Para eso reclama buenas dosis de prudencia.

Martínez Rey añade que «jugar con una barbie o con color rosa no es ningún problema. El problema es que el compañero de al lado le llame mariquita. Se trabaja más porque a un padre no le afecte».

La facultativa de la unidad del SES que atiende a personas transexuales insiste en que es clave que «el niño haga una vivencia normal de su sexualidad y cuando llegue el momento, si se confirma el diagnóstico en una edad para un tratamiento hormonal, nos lanzamos en esa atención. De trata de normalizar su situación, como se ha aceptado con normalidad la homosexualidad en la sociedad», finaliza.