Mostrando entradas con la etiqueta Lukas Avendaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lukas Avendaño. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de mayo de 2021

#hemeroteca #muxes #identidades | Lukas Avendaño: “La ‘ideología de género’ nace en 1521 con la llegada de los peninsulares”

Imagen: Seminario Universidad

“La ‘ideología de género’ nace en 1521 con la llegada de los peninsulares”.

Entrevista a Lukas Avendaño, activista y artista mexicano.
Ana Beatriz Fernández González | Seminario Universidad, 2021-05-04
https://semanariouniversidad.com/cultura/la-ideologia-de-genero-nace-en-1521-con-la-llegada-de-los-peninsulares/ 

El antropólogo y artista escénico mexicano Lukas Avendaño fue el dedicado del recién concluido Festival Paréntesis de Danza Universitaria. Semanario Universidad conversó con él sobre los muxes zapotecas, la desaparición forzada de su hermano Bruno y Chavela Vargas, influencias decisivas en su vida y trabajo estético.

“Lloverá a cántaros y entonces sabrán que encontramos a Bruno y también temblará porque sigues estando vivo entre nosotros”.

Con este amoroso lamento comienza el video que el mexicano Lukas Avendaño presentó en el Festival Paréntesis de Danza Universitaria llevado a cabo de manera virtual del 26 al 30 de abril.

Danza U retoma este espacio de vital encuentro dancístico e interdisciplinario, luego de un año de ausencia debido a la pandemia por la COVID-19, que no permitió que se llevara a cabo en el 2020.

El Festival fue dedicado al antropólogo, activista y artista escénico mexicano, de quien se programó un video con su propuesta estética, entre otra veintena de obras de autores costarricenses; además, Avendaño participó en conversatorios vía ‘streaming’ abiertos al público.

El corto animado de Avendaño titulado “No por venganza, sí por justicia” gira en torno al proceso vivido por el artista y su familia, luego de la desaparición forzada de su hermano Bruno, quien fuera hallado muerto en una fosa clandestina el 12 de noviembre del año pasado, entre los límites de los municipios de Salina Cruz y el Istmo de Tehuantepec.

Avendaño es oriundo de la Región Istmo de Tehuantepec. Es descendiente del pueblo originario de los zapotecas, en donde nacen y viven los muxes en un tejido cultural que conforma un hecho social total.

Los muxes son “aquellas personas con aparatos reproductores considerados masculinos, pero que desempeñan roles sociales, culturales, sexoafectivos considerados no masculinos”, explica lento y minuciosamente Avendaño.

En conversación con este Semanario, el artista fue desgranando en detalle qué significa vivencialmente haber adoptado como manifiesto estético, cultural y político la visibilización y defensa del criterio de verdad que lo define en su muxeidad performática.

Desde su casa en la Región Istmo, los inmensos Pochotes y el canto de los gallos y los pájaros enmarcan el diálogo profundo y respetuoso de Lukas, persona defensora de los derechos LBGTIQ+, su etnicidad y género, entre otras causas éticas insoslayables.

¿Cómo ha sido este camino en que escogiste ser antropólogo y artista comprometido con tu cultura?


—Cuando uno vive en el campo, las experiencias estéticas están en la cotidianidad y a flor de piel, es decir, en las festividades locales y en la naturaleza —si la naturaleza nos permite nombrarla como una manifestación estética—, desde el trino de los pájaros, hasta cuando uno siembra una semilla de maíz o ve las borregas parir.

Yo empiezo a bailar danzas tradicionales para competencias en la escuela secundaria y de ahí surge mi aproximación a la danza formal y sistematizada. Después de la secundaria, para poder estudiar la preparatoria, fui a prestar un servicio social que le llaman instructor comunitario. Te capacitan dos meses como maestro rural y después te mandan a las zonas más marginadas del Estado para que atiendas a niñas y niños en educación básica. Yo tenía 15 años cuando me convertí en maestro rural y me mandaron a una comunidad en donde para llegar tenía que caminar 12 horas; eso me marcó profundamente porque veía mucha desigualdad.

Luego ingresé a la preparatoria e inicié los estudios de Derecho en Oaxaca, pero me di cuenta de que no era lo que deseaba por las limitaciones en relación con la conciencia social. Solo estudié un año y me pasé a Antropología; sin embargo, me encuentro que por ser una disciplina considerada una ciencia social, debe estar desmarcada de la subjetividad y no estaba dentro de mis posibilidades incidir en la realidad.

Accidentalmente llegué a la unidad de Arte, donde todas estas experiencia estéticas que yo había tenido en la infancia en el campo cobraban otra vitalidad con los estudiantes de escultura, de fotografía, de pintura, de grabado, de teatro, danza, música, de canto, y me sentí como pez en el agua. Ingresé a Danza mientras estudiaba Antropología.

Previo a esto yo venía haciendo intervenciones en el espacio público. Al llegar a Artes encuentro, si no las respuestas a mis preguntas, al menos que yo podía inventarlas, cosa que no me comprometía a ejercer de manera amoral o aética la profesión. Así tocó los temas que me interesan y sobre todo de la manera en que quiero abordarlos, mediante herramientas que me permitieron llevar estas interrogantes a espacios como la escena, la academia y el espacio público.

Simone de Beauvoir escribió que la mujer no nace sino se hace. Vos estás trabajando en la construcción de tu identidad, tu expresión, tu cuerpo, a partir de los muxe, ¿es una narrativa de esa subjetividad con elementos antropológicos? ¿Hacés también un trabajo arqueológico?

—Toda esta reflexión que llevo a la escena tiene que ver con haber nacido en la Región Istmo de Tehuantepec, en un ecosistema cultural de ascendencia de pueblos originarios zapoteca; y con haber llegado a Antropología. Cuando estoy por hacer el proyecto de investigación para el trabajo de titulación, una catedrática me motivaba a abordar el tema de los muxes. Los muxes son aquellas personas con aparatos reproductores considerados masculinos pero que desempeñan roles sociales, culturales, sexoafectivos considerados no masculinos.

Antes de que saliera del Istmo pensaba que el mundo se organizaba de esa misma manera en todas partes, pero cuando llego a la universidad en Jalapa, Veracruz, me doy cuenta de que el mundo es complicado, diverso, y que este ecosistema cultural tiene ciertas particularidades. Ese conflicto me llevó a reflexionar sobre la mismidad.

Una vez que obtuve la cédula profesional empecé a ahondar en una cosa que le llamé después “arqueología de la memoria”. Los peninsulares que llegan a esta región en 1521, nos llamaron culturales ágrafas, sin escritura, fuimos llamados denaturales, y se me hizo necesario hacer un ejercicio de arqueología de la memoria, sobre todo entendida como aquella epistemología no considerada como sujeta de generar conocimiento. Pareciera ser que desde Occidente solo era “de verdad y de razón” aquello que podía hacerse tangible en una escritura y un idioma conocido y ejercido por ellos; todo lo demás estaba sujeto a duda, sospecha e invalidación.

Y yo, que he crecido en una genealogía casi de transmisión de conocimientos femenina, me di cuenta que la memoria era importante para nosotros; entonces siendo antropólogo y dado que la antropología legitima discursos, estoy en la posibilidad de legitimar mi discurso, mi memoria y esto que llamo “arqueología de la memoria”.

Terminé mis estudios para ser reconocido y escuchado, porque si fuiste a la escuela eres sujeto de ser escuchado, eres gente “de razón”, como decía mi abuelo; si no fuiste eres un ignorante, es decir, gente de “no razón”: no sabes, no hablas bien castellano, no te sabes expresar, y toda la carga peyorativa que pueda connotar el no haber pasado por un formación escolar. Reconocer al sujeto de razón era no solamente reconocer que tenía el dominio y el control de la lectoescritura sino que conlleva implícitamente reconocer un criterio de verdad absoluto.

Parte de mi trabajo en la escena que toca y coquetea con el tema de la etnicidad, del género, está encaminado a tal vez no desmentir el criterio de verdad hegemónico, pero cuando menos a que exista un ápice de posibilidad de ser falseado.

Actualmente en México, ese criterio de verdad es una Santa Cruzada en contra de las personas no heteronormadas haciendo alusión a una cita de la Biblia en el libro de Levítico: «aquel hombre que se acostara con otro hombre como con mujer comete abominación», y yo me doy a la tarea de pensar cómo falseo ese criterio de verdad.

La fecha de nacimiento de la ideología de género en el continente es 1521, con el arribo de esta institución que dice: estas tierras son de la Corona y por lo tanto pertenecen al Rey, a la santa María y a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y todo aquel que no esté sujeto a ser bautizado será esclavizado o eliminado.

Esa ideología de género instaura que solo aquel nacido con aparatos reproductores reconocidos como masculinos es al que le corresponde el género masculino o el género hombre, y aquellas personas nacidas con aparatos reproductores reconocidos como femeninos se les reconoce el género femenino o mujer. Todo aquello que nazca en el intersticio de estos dos géneros son monstruos, seres luciferinos, antinatura. Eso es ideología de género. En la América seguramente habían otras prácticas completamente distintas al conocimiento que tenían los peninsulares y de ahí que en Panamá se reconozcan unas identidades que disienten de la construcción cultural de la heteronorma; en Ecuador se reconocen los hombres enchaquirados en documentos del siglo XVI; entre los nativos de Norteamérica y Canadá están los manitou. Ahora podemos hablar con menos ortodoxia de la muxeidad de la Región Istmo donde yo he tenido la fortuna de nacer y vivir, y desarrollarme. Espero morir aquí y eso me hace tener la corresponsabilidad del ejercicio de la ciudadanía.

¿Cómo se vive la muxeidad?


—Cuando hablo de un ecosistema cultural me refiero a la categoría sociológica propuesta por Émile Durkheim del hecho social total. Con la palabra muxeidad estoy refiriéndome a este hecho social total, es decir, no es una particularidad de un sector o de unos individuos que deciden tener una práctica disidente a la heteronorma, sino que estoy concibiendo que hay una serie de relaciones culturales, sociales, económicas, políticas que generan las condiciones para que la existencia de esta particularidad se convierta en una totalidad.

Hace 30 años, los muxes cumplían el rol de regulador de la sexualidad de la masculinidad mientras que había una institución punitiva y restrictiva con relación a la sexualidad de la feminidad. .

La masculinidad que responde a impulsos biológicos tenía que encontrar una válvula de escape a toda esa presión de la sexualidad reprimida, y para eso existía o se institucionalizó la figura de la muxeidad, se reconoció la figura del muxe y esta a manera de visagra articulado en muchos espacios tanto públicos como privados.

He leído que la muxeidad es considerada un género, ¿lo es?

—Yo pienso que no. Si el género de la feminidad es una construcción social y cultural, entonces cuando al muxe lo asocian con el género femenino —porque no es asociado con el no masculino—, no es un tercer género sino el género femenino, punto. Si yo estuviera en la necesidad de reconocerle un género yo diría que es un género no heteronormado masculino. Si se reconoce como un tercer género habría que reconocer la mujer hombre zapoteca, que son aquellas mujeres que desempeñan roles sociales y culturales no femeninos.

Es no ubicarlos de forma binaria.

—Sí, porque aquellos que han enunciado el tercer género, lo hacen desde un criterio de verdad que inaugura un nuevo orden de acuerdo con lo que conocen y al poder que tienen.

¿Cómo a partir de esta elección que vas construyendo, te vivís en el ámbito estético, del arte?

—Considero que los espectros que se le abren a los muxes es la experiencia estética. Ahora hay cada vez más muxes profesionistas, doctores, enfermeros, docentes, contadores, abogados; pero hace 30 años a los muxes que conocíamos se dedicaban hacer la comida, a cortar el cabello, a hacer trajes, oficios asociados a experiencias estéticas. Aún cuando están inmersos dentro de la religiosidad, están asociados con experiencias estéticas si pensamos la religiosidad como una experiencia escénica.

Es performativa...

—Es performativo, escenográfico, hay una vena de la estética entendida como un código de emociones olfativas, gustativas, visuales, táctiles, hasta transitar al nivel de la psique y que pueden conllevar a conceptualizarse en estética. Creo que ese es el proceso que yo pasé. Oler las flores, la tierra. Eso me lleva a abordar mi propuesta en la escena, ese bagaje, del cual culturalmente yo me había alimentado y ahora tengo la posibilidad de hacerle un pequeño tratamiento, para brincar al espacio performativo, escénico.

En el caso de la desaparición de tu hermano, escojés esa vía para denunciar este hecho, inmerso en un contexto de desapariciones forzadas, de muerte, de impunidad, del no compromiso del Estado para solucionar un entorno tan violento.

—Seguimos teniendo un sistema procurador de injusticia virreinal, donde hay ciudadanos de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta clase, y los lumpen. Esto lo puedo ver por el proceso que nosotros llevamos, en que se nos era negado el derecho a hacer la denuncia siquiera, y no se diga el acceso a la justicia, el esclarecimiento de los hechos, a localizar a mi hermano. Simplemente el poner la denuncia —una experiencia que viven muchas familias que proceden de contextos rurales, campesinos e indígenas— pasa por este filtro.

Puedo decir esto con toda certeza porque hasta que fui a plantarme afuera del consulado de México en Barcelona fui escuchado. Todavía hay un gran sector de la población que a España la ve como la madre patria, y si algo dice España ese sector en automático se pone firme y obedece. Yo tuve que apelar a esos mecanismos virreinales: me planté ahí no sin antes estar acompañado de muchos medios de comunicación españoles. Solo entonces la Secretaría de Relaciones Exteriores llama la atención del Fiscal General y del Gobernador del Estado de Oaxaca, para que ponga atención al tema no por el tema en sí mismo, sino por el revuelo que está teniendo en el extranjero.

La figura de Chavela Vargas fue un ejemplo para vos, ella te marcó, ¿por qué?

—Considero que fue una mujer como tantas otras que vivieron el México posrevolucionario adelantada a su tiempo. A ella se le conoce por cómo acuerpa la cultura mexicana desde la música, pero también desde una afectividad no heteronormada. Hay una pieza, la Macorina, que yo uso de una interpretación de Chavela, que he dicho es un homenaje a su coraje, valentía, a su decisión, su determinación, a su arrojo de vivir la vida como a ella se le vino en gana.

Yo me siento profundamente identificado con ella porque es como el prototipo de la abuela que tuve y de la madre que tengo. La veo como una gran abuela, como una gran madre. Recuerdo una entrevista donde a ella le preguntan: “usted no es mexicana; tenemos entendido que nació en Costa Rica; y ella para falsear el criterio de verdad y ante la necesidad de legitimarse, responde: “los mexicanos podemos nacer donde se nos pegue la gana”. Esa respuesta sintetiza su determinación y su arrojo de ser la mujer que fue, de ser el ejemplo que seguramente va a seguir siendo el imaginario de muchas generaciones.

viernes, 29 de junio de 2018

#hemeroteca #muxes | 'Muxe', la identidad que cuestiona la división de géneros desde una región de México

Imagen: El Diario / Lukas Avendaño
'Muxe', la identidad que cuestiona la división de géneros desde una región de México.
El artista mexicano Lukas Avendaño habla sobre su identidad muxe, propia de la cultura zapoteca y que no encaja en las categorías de hombre y mujer. Nacidos con sexo masculino, asumen un rol y una estética femenina, en una tradición que encuentra sus raíces en la época precolombina. Avendaño ha llevado la 'muxeidad' al arte escénico: "Partió de una necesidad de evidenciar que el mundo es más que una escala de grises".
Pau Rodríguez | El Diario, 2018-06-29
https://www.eldiario.es/catalunya/identidad-cuestiona-pequena-comunidad-Mexico_0_786721755.html

Fue al salir de su región natal, el istmo de Tehuantepec (Oxaca), cuando Lukas Avendaño se dio cuenta de lo que era ser muxe. En el ambiente diverso de la facultad de Antropología de la Universidad de Veracruz, no fueron sus pendientes, ni su pelo largo, ni siquiera las faldas que a menudo llevaba, lo que le hizo sentir cierto rechazo. Fue al tratar de entregarle un ramo de flores a un amor platónico con el que compartía clases: "Me dijo que no las aceptaba, que no podía ser", comenta.

Antes de que la teoría ‘queer’ desmontara a partir de los 80 las etiquetas masculino y femenino, atribuyendo las identidades sexuales y de género a una construcción social, el pueblo zapoteco -etnia indígena mexicana- ha venido incluyendo en su seno un colectivo que desafía estos conceptos. Son muxes. "Ni ‘los’ ni ‘las’ muxes, porque en zapoteco no existe un artículo que distinga entre géneros", precisa Avendaño.

Muxe es aquel que, habiendo nacido con sexo masculino, asume la estética y los roles reservados a mujeres. "Las familias lo asumen como algo natural; 'así me lo trajo Dios', dicen las madres, pero no como un castigo como se suele decir con los homosexuales, sino como algo bueno", resume Avendaño. Dada la naturalidad con la que han vivido históricamente en su comunidad, en la zona de Tehuantepec, descartan etiquetas como la de transsexual o la del llamado tercer género.

"No es un tercer género, porque se asume el femenino", resume Avendaño. A lo largo de los años, los jóvenes muxe han acompañado a madres y hermanas en las labores del hogar. "Es lo propio de un contexto agrario, donde no hay mucho donde escoger; ahora se ha diversificado todo y muxes como yo han ido a la universidad y viajado a Europa", comenta este mexicano desde una de las estancias del colectivo La Xixa Teatre en el barrio del Raval de Barcelona.

Nacido en 1978 en una localidad de 50 habitantes, Avendaño creció sin que nadie le corrigiera cuando escogía las figuras femeninas en los juegos infantiles. "Esto me permitió pensar que uno podía ser hombre, mujer o cualquier otra cosa", celebra. Antropólogo y artista de ‘performance’, se encuentra estos días en Barcelona impartiendo talleres de artes escénicas. Ha protagonizado además una protesta frente al Consulado de México, también mediante el arte de acción, para denunciar la situación de decenas de miles de desaparecidos en su país. Uno de ellos es su hermano Bruno, del que no tienen noticia desde el 10 de mayo.

Los orígenes de la ‘muxeidad’
El origen de la identidad muxe es materia de discusión por historiadores y antropólogos, pero pocos dudan de que sus raíces se remontan a la época precolombina, cuando la cultura zapoteca era una de las más importantes de centroamérica. Los ‘berdache’ o dos espíritus en norteamérica (nacidos hombres pero sin un género definido) o los enchaquirados en la zona de Guayaquil serían ejemplos, en otras puntos del continente, de identidades que desafiaban los dogmas occidentales de género, así como el de las relaciones sexuales y el matrimonio.

"La muxeidad no es por lo tanto algo excepcional; lo extraordinario es que haya podido sobrevivir a 500 años de persecución, negación e invisibilización", sostiene Avendaño. Para este artista, es una prueba más de que la heteronormatividad, es decir, la imposición de la heterosexualidad a lo largo de la historia, es solo eso: una imposición social y política, que en este caso tiene que ver además con la conquista española que llevó consigo una idea de sexualidad y género.

El antropólogo Lynn Stephen lo dejó escrito así en un artículo en 2002: "La coexistencia del rol muxe con otros roles masculinos que ponen a los hombres en posiciones de dominación en relación a las mujeres sugiere la influencia del sistema de dos géneros colonial español, que resultó en la jerarquía de género y a menudo en la subordinación de la sexualidad de las mujeres a la de los hombres".

En la actualidad, tampoco la categoría muxe es algo cerrado. Los hay que han optado por hacer el tránsito a mujeres cambiando de sexo. Tampoco tiene que ver con la orientación sexual. Algunos tienen mujer e hijos, otros mantienen relaciones duraderas con hombres, otros tienen relaciones bisexuales.

En pleno siglo XXI, la muxeidad no es ajena al movimiento por los derechos LGTBI, aunque la aceptación con la que se vive hace que a algunos les cueste convertirla en materia de reivindicación política. "’Muxe’ no busca hacerse evidente, o enunciarse, o marchar debajo de una bandera, sino que simplemente ‘es’”, expresa Avendaño.

A su vez, este artista reconoce sin embargo que la influencia del colectivo LGTBI y las libertades sexuales ha impregnado esta identidad. Se percibe, por ejemplo, en la ropa. Pese a que en las imágenes más populares los muxe visten el tradicional y colorido traje de tehuana, no siempre es así. Avendaño viste durante la entrevista una camiseta básica, bermudas tejanas y unas zapatillas deportivas. Según un estudio de Amaranta Gómez, también muxe, la ropa femenina es un atributo reciente, a partir de los años 50 por influencia del travestismo.

La identidad ‘muxe’ y el arte

Desde que empezó recitando poemas en la facultad, pasando por sus estudios en la academia de arte, Lukas Avendaño no se planteó hacer de lo ‘muxe’ motivo artístico. Sus primeras performances, a principios de siglo, tuvieron que ver con otras realidades que le rodeaban: la guerra (acababan de suceder el atentado de las Torres Gemelas y la guerra de Irak), la inmigración (parte de su familia se había ido a vivir a Estados Unidos) o la pobreza (él es el primero de su familia en ir a la universidad).

"No es que yo lo decidiera en un momento dado, partió de una necesidad de evidenciar que el mundo es más que una escala de grises", reflexiona. La temática de la muxeidad la empezó a abordar en 2012 con ‘Réquiem para un alcaraván’, inspirado en el viaje de Frida Khalo y otros intelectuales y artistas a la zona de Tehuantepec. De aquel episodio de los años 30 surgió la obra de la pintora mexicana 'Las dos fridas', un autorretrato en el que Khalo aparece con el traje de tehuana.

Con la indumentaria tehuana se plantó Avendaño a las puertas del Consulado de México en Barcelona el pasado jueves. La ha traído consigo porque en las próximas semanas lleva ‘Réquiem para un alcaraván’ de gira por Polonia. La acción que protagonizó tiene que ver con otra realidad que sufre tanto él como México entero, y que está comenzando a impregnar su actividad artística. Se trata de las desapariciones, que han afectado a más de 34.000 personas en su país, entre ellas su hermano Bruno, del que no saben nada desde el pasado 10 de mayo, Día de la Madre.

‘Buscando a Bruno’ es el nombre que recibe su nueva performance. "El objetivo es que Bruno no se convierta en un ejemplo exitoso de impunidad del Estado mexicano", lamenta el artista. "Si esclarecemos su paradero, podremos dar esperanzas a muchísimas familias sobre esa posibilidad", confía.

jueves, 2 de febrero de 2017

#hemeroteca #transgenero | Muxes: una comunidad en Oaxaca desafía los conceptos tradicionales de la identidad y el género

Imagen: El País / Naomy Méndez, muxe
Muxes: una comunidad en Oaxaca desafía los conceptos tradicionales de la identidad y el género.
No hay una sola forma de llamar o definir a los miembros de este grupo.
Mónica Cruz | Verne, El País, 2017-02-02
https://verne.elpais.com/verne/2017/01/31/mexico/1485834145_612368.html

Cuando Lukas Avendaño era pequeño jugaba con sus amigos a los 'Thundercats', la serie animada sobre un grupo de superhéroes con rasgos felinos. “Cuando teníamos que elegir un personaje, yo optaba por ser Chitara”, cuenta a ‘Verne’ vía telefónica. “Chitara es un personaje femenino, pero en ningún momento pensé que por esa elección yo era ‘muxe’ (mu-she) o que el resto de los niños lo viera de esa forma. Simplemente era algo natural que no se cuestionaba”. Avendaño, un antropólogo y artista de Tehuantepec (Oaxaca), es parte de un grupo que forma parte importante de la población del Istmo de Tehuantepec, en el sureste mexicano.

Se les llama ‘muxes’. Los textos académicos y los artículos periodísticos definen a esta comunidad como “hombres que presentan características femeninas”, “travestis”, “mujeres transgénero o transexuales” o como un “tercer género”. Para Avendaño, es difícil encontrar una sola definición de ‘muxe’. “Aún tengo dudas sobre si se debe llamar un tercer género porque si un hombre adopta características femeninas no deja ser hombre, solo escapan de la heteronormatividad”, comenta. “Por otro lado, si una ‘muxe’ aspira a ser mujer o se identifica como mujer, entonces no es un género distinto. En la ‘muxeidad’ hay muchas capas y no todos se identifican o son identificados de la misma forma”.

Desde niño, este artista ‘muxe’ ha sido llamado e identificado con artículos y adjetivos masculinos. “Yo soy el tercero de cinco hermanos varones, pero en lugar de salir con ellos y mi padre al campo me quedaba con mi hermana”, cuenta Avendaño. “Junto con ella realizaba roles que se consideran tradicionalmente femeninos como limpiar, lavar ropa y hacer la comida. Pero siempre me han llamado por mi nombre, José Lukas, y se refieren a mí como ‘él’, no como ‘ella’”.

Existe, sin embargo, la posibilidad de que en su comunidad y en ciertas circunstancias lo identifiquen bajo el género femenino. “Si yo entro a una cantina con el cabello largo recogido en un chongo o las uñas largas o pintadas, los varones me van a reconocer como ‘muxe’, pero en ningún momento me llaman así”, apunta Avendaño. “Se pueden acercar y decirme ‘guapa’, aunque en la mayoría de los casos es un coqueteo en el que no se usan adjetivos. Me pueden preguntar ‘¿cómo te llamas?’. Y yo respondo: ‘me llamo cariño’ y no digo mi nombre. Es una seducción en la que se juega con el espacio y el lenguaje, muy distinto a como ligan los hombres en la Ciudad de México”.

En la lengua zapoteca, añade Avendaño, no existe el género gramatical. “Esa es otra razón por la que en la cultura del Istmo no se acostumbra llamar a alguien en femenino o en masculino”, dice.

“Preguntar y no asumir”
El significado de la palabra ‘muxe’ aún se discute entre historiadores y antropólogos, según un estudio del Instituto de Estudios Sociales de La Haya (Países Bajos). Una teoría sugiere que proviene de la palabra en castellano ‘mujer’ que se adoptó al zapoteco en el siglo XVI. Avendaño, quien también es antropólogo social, explica que la cultura ‘muxe’ tiene una conexión con la tradición del ‘balana’, la preservación de la virginidad de las mujeres hasta el matrimonio, la cual se originó durante la evangelización en la época virreinal. “La mujer no puede tener una vida sexual activa hasta casarse, pero el hombre no tiene esta regla”, añade. “La ‘muxeidad’ nace en parte de esa necesidad sexual del hombre y al mismo tiempo la necesidad de mantener la integridad de las mujeres, por así decirlo”.

Tradicionalmente la población ‘muxe’ no tiene relaciones monogámicas o duraderas y se considera un tabú que un o una ‘muxe’ se relacione con una mujer. “Hay varones que están casados y tienen hijos, y pueden tener una relación con un ‘muxe’, pero a ellos no se les dice ‘muxe’”, explica y agrega: “Con la influencia de la cultura occidental, algunas reglas han cambiado. Hay ‘muxes’ que tienen relaciones de pareja con hombres, pero normalmente son de otra zona de México”. También existen ‘muxes’, comenta Avendaño, que aspiran a adoptar una identidad de mujer occidentalizada. “Se maquillan, se someten a cirugías plásticas o cambios de sexo aspirando a esa imagen. Esas ‘muxes’ usan los adjetivos femeninos y en algunos casos no quieren ser llamadas ‘muxes’, sino por el nombre femenino que eligen”.

Avendaño dice que aún hay mucho por discutir y reflexionar acerca la ‘muxeidad’. “En el caso del género, lo mejor es siempre preguntar a la persona y no asumir”, comenta. “También es necesario que la gente entienda que no todo se debe encasillar bajo los estándares de su cultura. A veces me preguntan por qué en el Istmo hay tolerancia a los ‘muxes’. Yo les pregunto de vuelta: ‘¿por qué crees que en tu cultura no hay tolerancia hacia estas prácticas?’”

El residente de Juchitán realiza interpretaciones artísticas, que él define como instalaciones en el cuerpo humano, inspiradas en la cultura y experiencia’ muxe’. […]

Gunaa y nguiiu
Naomy Méndez es una ‘muxe’ que se identifica por el género femenino. “Hay una gran gama de ‘muxes’, pero existen dos categorías principales: las’ muxes gunaa’ y los ‘muxes nguiiu’ (in-gui-ú)”, dice a ‘Verne’ vía telefónica. El primer grupo se identifica como femenino y el segundo como masculino. Méndez, estudiante y activista de 25 años, dice que comenzó a reconocerse como ‘muxe’ desde los 12 años. “A esa edad empecé a maquillarme y a verme más femenina”, apunta. “El primer paso es reconocerse a una misma como ‘muxe’, pero también poco a poco vas conviviendo con otras ‘muxes’ que te van guiando en el camino y así es como vas formando tu identidad”.

Méndez dice que ella, como gran parte de la población ‘muxe’ no se identifica ni como hombre ni como mujer. “El problema es que en el español o eres uno o eres el otro, pero en muchos aspectos sí somos un tercer género”, comenta. “Hay ‘muxes gunaa’ que hacen una transición a mujer y quieren ser identificadas como mujer. En mi caso, yo me acepto como ‘muxe’”.

A pesar de que ella prefiere describirse y ser descrita con artículos y adjetivos femeninos, no encuentra ofensivo o hiriente que usen el género opuesto. “Yo no tengo ningún problema, pero sí es muy ofensivo para otras personas”, comenta. “Creo que aún hay que hacer más trabajo de sensibilización para que la gente entienda que hay que preguntarnos y llamarnos como nosotras o nosotros nos sintamos”.

Esta falta de consideración puede ocasionar problemas más graves para la comunidad ‘muxe’. “Desde hace muchos años, las ‘muxes gunaa’ hemos peleado por nuestro derecho a entrar al baño de mujeres”, comenta. "Nosotras no queremos usar el baño de hombres y nos sentimos más cómodas usando el baño de mujeres, pero todavía enfrentamos muchos impedimentos”.

Méndez asegura que esta discriminación va más allá del uso del baño. “En este sentido los ‘muxes nguiiu’ tienen más privilegios que las ‘gunaa’. No solo pueden entrar al baño de hombres (el de su elección) sin problemas, también tienen más oportunidades para estudiar y obtener empleo. Las ‘muxes gunaa’ aún enfrentan muchos obstáculos para ser aceptadas fuera de los oficios tradicionales de las artesanías y el bordado por ejemplo. Todavía hay mucho trabajo por hacer para terminar con este tipo de discriminación”.