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miércoles, 24 de octubre de 2018

#hemeroteca #lgtbi | El carné de maricón

Imagen: El Diario
El carné de maricón.
¿No encuentras empleo? ¡Forma parte del colectivo LGTBQ! ¡Todo ventajas! ¡Cero discriminaciones! ¡Rápida incorporación al mercado laboral! Lee este artículo y descubre todas las claves.
Bárbara G. Vilariño | +Pikara, El Diario, 2018-10-24
https://www.eldiario.es/pikara/carne-maricon_6_828427178.html

Ay, pillines del 'clikcbait'... Cómo explotáis la mariconez para conseguir un sueldo con la gorra. Desde que el rojerío desbordó el amarillo de nuestra bandera no paran de ocuparse puestos de trabajo con profesionales que forman parte de grupos de presión. Ya saben: mujeres, personas con diversidad funcional... ¡hasta mariquitas y bolleras! ¿Qué será lo siguiente? ¿Salvaguardar a los rubios de ojos azules frente al moreno español? ¡Vienen a robarnos nuestros trabajos! ¡Solo “el mejor” puede merecer su puesto! ¿Nadie piensa en la meritocracia, esencia muy y mucho española?

Pero no se alteren, por suerte algo cala del discurso de Vox y de la sangre renovada de Casado. Este descalabro cuesta abajo pudo frenarse gracias a sentencias ejemplarizantes como la anulación de un concurso municipal “en el que se puntuaba por no ser heterosexual” (según recogía el objetivísimo y reflexivo titular del sexto diario más leído de España). Pero si los mariquitas, las bolleras y los transformistas (que ya me lío con el resto de siglas de ese singular número Pi de la diversidad sexual) están integradísimos. ¡Que se casan y todo! ¿Qué necesidad tendrán de priorizarse en un concurso público? ¿Nadie piensa en los heterosexuales?

Modo ironía off. Porque miren, para una vez en esta vida que me daban puntos por ser bollera... ¡Van y me los quitan en mi cara! No, de verdad: que modo ironía off. Aplaudo la intención de promocionar a un colectivo discriminado (con la armarización como minimísima violencia que se sufre en un entorno laboral distendido; otro día les cuento los chunguísimos). Esto tiene mayor sentido cuando se trata de licitar un espacio de atención a personas que sufren discriminación por su orientación sexual o su identidad de género, como era el caso. Pero claro, lo público tiene su burocracia, su papeleo… y eso de pedir una declaración jurada de ser bollera, como que no encaja, ¿no?

Lo que tampoco encaja es que este requiebro -aunque naif- de la buena intención contra la res pública (porque efectivamente, el carné de bollera no lo tengo y no se puede jurar tu orientación sexual, escala de Kinsey mediante) no sirva a ese diario, o a cualquier otro que se haga eco del caso, de que el fondo de la cuestión radica en facilitar la integración laboral, especialmente cuando convivimos con discursos de odio institucionalizados y con discriminaciones que van desde lo sutil a lo indecente: “¿cómo va a hablar ante el cliente él, con esa pluma que tiene?” o expresiones como “el lobby rosa”. Por no hablar de la alta tasa de desempleo de las mujeres transexuales (37%), en caso de necesitar algo certificable ante jurado (al menos la transexualidad normativa, la avalada por el sistema sanitario mediante hormonación).

Que critiquemos el capitalismo atroz pero no defendamos la necesidad de favorecer el acceso al mercado laboral a quien puede enfrentarse a mayores barreras no perjudica solo a la empresa o a sus trabajadores. Nos toca hondo como sociedad, más cuando hablamos de un contrato avalado por el sistema público. Cómo insertar esa cuestión en la burocracia y en los formalismos excesivos de las instituciones públicas -y de paso, en el ADN individual- ya es otra batalla que no quita mérito al afán. Errores de principiante en política frente a errores permanentes como sociedad. Me quedo con la espita que prende la mecha.

martes, 3 de abril de 2018

#hemeroteca #disidencia | El eje del bien es homosexual (y vegano)

Imagen: El Diario / Yuval Noah Harari
El eje del bien es homosexual (y vegano).
Las formulaciones queer y el pensamiento divergente traen consigo pequeñas revoluciones. En los últimos meses Christopher Wiley y Yuval Noah Harari están abriendo caminos entre la normatividad. Ellos plantean, desde su posicionamiento abiertamente gay y antiespecista, cuestiones como los límites de nuestra vida virtual y real, la manipulación de nuestras elecciones o nuestra propia esencia como seres humanos frente a otro tipo de animales.
Bárbara G. Vilariño | +Pikara, El Diario, 2018-04-03
https://www.eldiario.es/pikara/eje-bien-homosexual-vegano_6_757034294.html

En 2005, la publicación del libro ‘El eje del mal es heterosexual’ se convirtió en todo un lema en un momento político relevante en España. Prácticas queer dejaban ver que el cambio, si es que se podía producir, no iba a llegar de mano de varones blancos y heterosexuales, sino a través de personas diversas quienes, desde su divergencia, pudiesen atisbar otro panorama gracias a la mirada que concede vivir y pensar como ente ajeno a la norma.

Christopher Wiley y Yuval Noah Harari son los nuevos referentes de pensamiento divergente. Ambos gais. Ambos veganos. Uno destapó en los últimos meses las prácticas poco éticas de Facebook y la manipulación política a través de esta red social y otro plantea a través de sus ensayos la génesis de nuestra propia especie humana y nuestras posibilidades de progreso y futuro como especie animal sobre otro tipo de congéneres. Cuestiones que se han saltado a la palestra desde medios generalistas y que nos ayudan a plantearnos otras formas de ver fuera de los dogmas.

De Wiley se ha hecho mucho hincapié en las últimas semanas en su perfil como rarito: pelirrojo, gay, vegano, hiperactivo… Esta descripción sintetiza una buena parte de prejuicios y anima a descubrir las querencias de este agitador que, a sus 28 años, se convirtió en un arma del sistema para generar mensajes políticos personalizados a través de Facebook y que, posteriormente, reveló estas prácticas poco éticas. ¿Cómo reaccionó el imperio de las redes sociales ante tal denuncia? Suspendiendo su cuenta. Sin duda, resulta vital curiosear en su cuenta de Twitter –ay, la vida y sus incongruencias- para estar al tanto de la deriva de este caso, que será antes o después condenado a un olvido de mano del caballero Don Dinero… Ciberpunk en estado puro.

Yuval Noah Harari resulta más mainstream -a pesar de lo grandilocuente que queda citar su complicado nombre para esta latitud nuestra-. Sus libros están recomendados desde las contraportadas por personalidades que acogen un amplio rango de cuestionable autoridad: desde Barack Obama a Risto Mejide. Los publican editoriales como el gigante Penguin Random House. No obstante, su pensamiento no deja de ser poderoso desde un planteamiento antiespecista que cuestiona el sistema capitalista desde la raíz. ‘Sapiens, de animales a dioses’, abrió el veganismo de una manera sutil al gran público, y ‘Homo Deus: breve historia del mañana’ plantea cuestiones tan controvertidas como el sentido del trabajo o las creencias religiosas, situando a la especie humana como una suerte de bípedos que lograron tecnificar su modo de vida por casualidad.

Estemos más o menos de acuerdo, aprovechemos que estos dos perfiles se han dado a conocer a través de charlas TEDx, bestsellers o escándalos en medios generalistas para trascender en otro tipo de pensamientos desde lo divergente. Compartamos y difundamos mientras no clausuren nuestras redes sociales. El ciberespacio es nuestro.

martes, 12 de abril de 2016

#hemeroteca #testimonios #activismo | Ya no se lleva Preciado, cari

Ya no se lleva Preciado, cari.
El feminismo y el activismo LGTBI encuentran nuevos referentes en las redes sociales. ¿Estamos centrando el debate de derechos en el tono y cauces adecuados o nos resistimos a otear desde la torre de marfil?
Bárbara G. Vilariño | +Pikara, El Diario, 2016-04-12
http://www.eldiario.es/pikara/lleva-Preciado-cari_6_504709545.html

Hace tiempo que sé más del estado del feminismo y lo LGTBI por redes sociales que por los medios generalistas... E incluso alguno especializado. Me refiero a los relatos vivenciales de personas más o menos conocidas que, de una manera espontánea, hacen a veces más activismo que muchos de nuestros referentes habituales de mesita de noche. Hablemos claro, ¿qué le llega más a quien padece ‘lgtbifobia’: nuestro sesudo relato nutrido de "fuentes autorizadas" o la acción en contra del sexismo de los bolígrafos BIC hecha por Ellen Degeneres? O poniéndonos más banales, ¿y si Nicky, el primer participante transexual del programa televisivo Gran Hermano, fue el único y más fuerte contacto que muchas personas han tenido con la transexualidad?

Sin caer en la relajación de un discurso que cale y promueva el cambio, periodistas y quienes trabajamos por la igualdad debemos ponerle mucho ojo a los canales, sin más filtros que los de instagram, en los que es posible una comunicación directa. Vaya, ¿qué mejor para aumentar la visibilidad lésbica que contar con estrellas mediáticas visibles? Ya hablamos en Pikara del salero y arte de las Ellen (Degeneres y Page), simplemente colgando fotos y mensajes inclusivos en instagram.

Que sí, que negarnos la palabra sagrada de Paul B. Preciado o Monique Wittig es hasta sacrílego, pero superada esta fase inicial de desarrollo teórico toca profetizar a todo quisqui, y eso a veces nos falla mucho cuando requerimos más a personas pensadoras que a las vividoras. Sigo citando a Ellen Page con su conmovedor discurso de salida del armario y defensa de derechos, pero también empodera que suba fotos con su pareja, al igual que hacen Ellen Degeneres y su pareja Portia de Rossi, o en este lado del charco, una figura interesante por el público que la sigue, la modelo Patricia Yurena, primera "miss" en salir del armario.

Aydian Dowling es otra figura inspiradora por, entre otros motivos, ser el primer hombre trans en optar a portada de la revista Mens' Health; que también tiene un público objetivo jugosísimo, oigan. Podremos criticar el cierto halo heteronormativo de su interpretación de la masculinidad y sus constantes referencias al amor romántico, pero ahí está desmontando prejuicios. Predicar con el ejemplo y menos supercaligragilisticoexpialidoso, al hilo de lo que ya comentó Alicia Murillo en su videoblog.

Y con esto de la efervescencia y del actualízame-rápido-ya también hay que seguirle la pista a las píldoras de ‘videobloggers’ como Queer Avengers, un grupo que ronda los veinta tacos, y que tanto explican conceptos básicos de feminismo como desmenuzan las relaciones tóxicas. En la línea, Ray NTG incluye el veganismo en el pack didáctico, y de corte más humorístico y de asuntos lésbicos cotidianos es el canal de YouTube de Sixtagésima.

Gracias a esta sinfonía coral de figuras mediáticas mostrando su expresión de género o sus afectos estamos sumando otro apoyo en el camino hacia la igualdad. En una sociedad cada vez más digital, los referentes también lo son, y hablan ese lenguaje. Cuentan además con sus propias herramientas como altavoces. Como hablábamos en este artículo de +Pikara, seguimos necesitando salidas del armario y que más personas nos tuiteen que contamos con su hacha ‘labrys’.

sábado, 11 de julio de 2015

#hemeroteca #matrimonio | 2005-2015: ¿De la tolerancia a la igualdad?

Imagen: El Mundo / MADO, 2005-07-02
2005-2015: ¿De la tolerancia a la igualdad?
Bárbara G. Vilariño | Pikara Magazine, 2015-07-11

http://www.pikaramagazine.com/2015/07/decimo-aniversario-ley-matrimonio-homosexual/

Diez años después de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario cabe plantearse diez preguntas -más allá del “sí, quiero” como respuesta- para revisar lo que supuso una medida legislativa que pretendía promover la igualdad para todas las siglas de la fórmula LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

El 3 de julio de 2005 España fue el cuarto país del mundo en legitimar jurídicamente a las parejas del mismo sexo por medio del matrimonio; cinco años más tarde que el primero, Holanda. Fue una medida que afectó a la intimidad de muchas personas y que contagió al conjunto de la sociedad. Más allá de la efeméride, y con los eventos del Orgullo mediante, las propias parejas y activistas, y en algún caso parejas de activistas, plantean sus reflexiones para revisar, evaluar y por supuesto, celebrar.

¿Qué balance hacemos tras los diez años de la aprobación del matrimonio igualitario?

“Hubo un salto cualitativo, todo lo relacionado con el colectivo LGTBIQ [la I suma a las personas intersexuales y la Q a las queer] pasó a ser algo que incluir en la agenda política y objeto de debate en esta esfera; no tan solo en los bares, donde también es muy necesario”, sopesa Lucas Platero, profesor y activista trans. “Fue importante que se denominase matrimonio y que exista como la ampliación de una Ley, no como una nueva”, aclara.

Por su parte, la también activista y política Beatriz Gimeno resalta “la importancia simbólica de reconocer una igualdad legal, que ha hecho que pasemos a tener un 80% de aceptación en este país”. De porcentajes también habla José Ignacio Pichardo Galán, doctor en Antropología por la Universidad Complutense de Madrid, quien destaca dos lecturas: “España es el país del mundo donde mayor número de católicos manifiestan aceptación, incluso llegando el 46% a defender un matrimonio por la iglesia”, y como experto en parentesco, familia y sexualidad apunta que “tras varias investigaciones, hemos constatado el cambio cultural que la aprobación de la Ley produjo en las nuevas generaciones de jóvenes homo y bisexuales, que comenzaron a relacionarse en este amparo legal. Están describiendo unos horizontes vitales -emparejarse, convivir, casarse o tener descendencia- porcentualmente muy similares a sus compañeros y compañeras heterosexuales”.

El presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), Jesús Generelo, matiza que la visibilidad de estas familias “ha hecho auténtica pedagogía, pasando de ser toleradas a ser iguales ante la ley, como así ha ocurrido con el resto de parejas a lo largo de la historia”.

¿Se alcanzó la igualdad para el colectivo LGTBIQ?


“La igualdad tiene dos vertientes: la legal, que sí hemos alcanzado, y la real, que es una lucha mucho más larga que se apoya en la legitimidad y el carácter educativo de las leyes”, expone Beatriz Gimeno. Evitar perder avances es otro de los puntos que señala José Ignacio Pichardo, quien advierte de la necesidad de “vigilancia”, y aclara que “la conquista social todavía no está cimentada y precisa de los pequeños gestos del día a día, no solo de fotos de bodas de personas famosas”. Añade Pichardo que las agresiones por orientación sexual, otro de los baremos del avance de la igualdad, “no se han disparado, ahora se perciben mucho más debido a la alarma social que generan, pero nuestros estudios revelan que no han aumentado los casos”.

El sociólogo Martín Leña se cuestiona la medida legislativa de raíz y pregunta si la consecución de derechos para parejas legitima los individuales: “El fondo es la regulación de una situación jurídica, ¿es que acaso formamos parte de la ciudadanía solo por esta regulación traída por el matrimonio? El Estado tiene que salvaguardar mis libertades me case o no”, sentencia.

¿Qué rumbo ha tomado el activismo en estos diez años tras la consecución de la Ley?

“Parece que el movimiento quedó desactivado tras conseguir el matrimonio, se siguió luchando pero sin una causa tan concreta”, coinciden el coordinador federal del grupo LGTB del PSOE, Fito Ferreiro, y el sociólogo Martín Leña. Precisamente, sobre la necesidad de lo concreto se articularon los eventos de conmemoración del Orgullo de este año (“Leyes por la igualdad real ya”), en el décimo aniversario de la aprobación del matrimonio, con la memoria del activista impulsor de la medida, Pedro Zerolo, fallecido el pasado 9 de junio. “Se espera que el Ayuntamiento de Madrid ponga su nombre a la plaza de Chueca, es una demanda palpable tras las muestras de cariño y reconocimiento manifestadas el día de su muerte, cuando pusimos un homenaje que pretendíamos retirar esa madrugada, pero eran tantas muestras diversas, cartas, dibujos, velas… Que decidimos dejarlo en su honor”, explica el presidente de la FELGTB.

Y de los grandes actos a los pequeños gestos, como ejemplifica la primera pareja de mujeres casadas en Galicia, la profesora Estela Lama y la funcionaria Guillermina Domínguez: “Es que, en realidad, el activismo de supermercado, de hacer la compra juntas como cualquier pareja, ha hecho mucho más que muchas manifestaciones”.

¿Era el matrimonio el paso necesario o debieron haberse legislado antes otras medidas jurídicas?


“Para responder a esta pregunta plantearía otra: si no te contratan porque tienes pluma y estás sin un duro, ¿es una prioridad casarse, si para ello tienes que estar fuera del armario? ¿Era la única forma de legitimar las vivencias de una persona LGTBIQ?” plantea Lucas Platero. Sobre el éxodo para desarmarizarse reflexiona Fito Ferreiro, quien afirma que existen “migraciones de pequeñas a grandes ciudades” y pide que haya “un amparo legal que posibilite aspirar a vivir tu sexualidad allá donde te encuentres”. Ferreiro incide en la persistencia de una “homofobia pasiva” y cita una situación en la que la policía no quería recoger una denuncia por una agresión con huevos a un grupo de activistas, manifestados en un acto de repulsa ante una paliza a una pareja de jóvenes gay. “Hay que implantar una ley de visibilidad para evitar este tipo de circunstancias y asentar una sensibilidad que dignifique nuestras reclamas como ciudadanía que también paga sus impuestos y tiene unos derechos”, concluye.

“Al menos el matrimonio ha puesto sobre la mesa algunos de esos derechos que no se cumplían, como ocurría con las personas transexuales, reconocidas en parte en la Ley de Identidad de Género del año 2007; y algunos que siguen sin cumplirse, como la reproducción asistida para lesbianas”, anota Lucas Platero, y complementa Jesús Generelo: “La Ley de Identidad de Género salió gracias al debate que puso de manifiesto que nuestra lucha no acaba aquí, que quedan flecos por cumplir para la igualdad real”. El punto clave, según apunta el sociólogo Martín Leña, es que “a las asociaciones siguen llamando chavales que están sufriendo acoso, no llaman preguntando cómo regular el patrimonio entre dos personas del mismo sexo”.

¿Los cambios se producen a golpe de legislación o de políticas sociales?

“Estamos en un país donde nos gustan mucho las leyes, mucho más que concebir un cambio social”, critica Lucas Platero.”Estas leyes y estructuras son discriminatorias”, añade José Ignacio Pichardo, “por sí solas no valen, lo hemos visto en el caso de la legislación del Deporte, en la que se sancionan insultos homófobos… Creo que nunca escuché tantos improperios de este tipo como en un estadio”.

¿Cómo articular entonces un cambio? “De abajo hacia arriba, como deben calar las grandes medidas para que sean efectivas”, contesta Pichardo. La profesora Estela Lama suma una clave más, “la educación en género”, señala, “porque si hasta segundo de Bachillerato no se conoce la existencia de mujeres científicas, artistas… ¿cómo vamos a mantener un respeto a la mujer y a la diversidad sexual?”. Sobre el calado del respeto incide Martín Leña, y destaca que es “muy complicado” legislar algo como el reconocimiento social porque “no hay régimen sancionador ni medidas para que se aplique”.

¿Podemos leer el número de casamientos como un parámetro válido del éxito de la Ley?

En el afán de los medios de comunicación generalistas por ofrecer datos de la cantidad de matrimonios y divorcios que tuvieron lugar desde el año 2005, se plantea si en este caso son realmente una medida válida. “Esas cifras de 30.000 uniones pueden dar idea de una necesidad que existía, pero no sirve para nada como variante sociológica, ni para medir la efectividad de una normativa ni para otro tipo de aspectos socioeconómicos”, explica Leña. “El número que hay que tener en cuenta es el 65% de la población que estaba a favor de la aprobación en 2005, si bien hay que entender que ese 25% en contra estaba creado por un lobby que, aunque significativamente inferior, era quien manejaba el poder, porque llegó a crear debate sobre si era apropiado o no permitirlo”, señala el antropólogo José Ignacio Pichardo.

¿El matrimonio ha sido la solución para todas las parejas del mismo sexo?

“El matrimonio es una institución criticable en esencia por ser el mecanismo reproductor del heteropatriarcado y cuya última finalidad es la conservación del patrimonio, así que es probable que las parejas del mismo sexo estén sufriendo esa carga simbólica a su vez. Además, no creo que el Estado deba legitimar las relaciones, mi pareja no es menos para mí que alguien que sí ha pasado por el aro institucionalizador” opina Leña secundado por la pareja formada por Norma Vázquez y Clara Murguialday: “Casarse por amor es mitología, tiene que ver con derechos relacionados con la salud y el dinero”, defienden.

Fito Ferreiro pone la nota discordante y sostiene que “se puede ir contra el matrimonio… O con él”. Va más allá y plantea: “Si la Iglesia se ha apropiado de infinidad de costumbres paganas y las ha hecho propias, ¿por qué no íbamos a poder hacer lo mismo con el matrimonio? Las relaciones homosexuales están enseñando mucho a las heterosexuales sobre cómo gestionar la pareja, las libertades, las responsabilidades y complicidades… Creo que hay que hacer nuestros estos conceptos, no destruirlos”. Anota con cierta sonrisilla irónica que “lo curioso es que se hayan casado políticos del PP cuando fueron quienes pusieron un recurso ante el Tribunal Constitucional, institución que avaló la legalidad de nuestras uniones en 2012″.

¿Debería ser la única forma de convivencia reconocida por el Estado?

Las respuestas a esta cuestión han sido sintéticas y concisas. “Lo más reprochable del matrimonio es que se tome como fórmula universal de relación, restringida a la monogamia o incluso a la obligación de convivencia”, responde Lucas Platero. “La aprobación de la Ley dejó la lucha de las personas poliamorosas o las relaciones abiertas en segundo plano, como lo raro y fuera de la moral; si nos sentamos a legislar debería permitirse que se unan tres personas o las que tengan a bien”, recrimina Leña.

¿Qué ha cambiado para las parejas que se dijeron “sí, quiero”?

“No ha cambiado nuestra manera de vivir la relación, sin embargo, sí la manera en la que el resto de personas la perciben”, explica Norma Vázquez, casada con Clara Murguialday desde hace diez años. “Hay quien se disculpa cuando presupone la existencia de un marido, como nos ocurrió cuando fuimos juntas a firmar una hipoteca”, comenta entre risas. Aclara que cuando se casaron en 2005 “había más asombro” y con el paso del tiempo ven “caras de haber metido la pata al hacer este tipo de suposiciones heterosexistas”. Ellas, contrarias a la institución del matrimonio, se vieron obligadas a pasar por ello para evitar problemas con la residencia de Norma, mexicana de nacimiento. “Al final le cogimos el gusto porque nos encanta provocar esos rostros desencajados cuando ven a dos mujeres de cincuenta y tantos que son pareja, como si además fuese cosa de gente joven… Lo tomamos como un acto de militancia cotidiana”. Dentro de ese activismo del día a día, Vázquez sentencia que “quien niega nuestro amor, que podamos tener familias, descendencia… está cometiendo un crimen; siguiendo la norma jurídicas, cometen una ilegalidad y así debemos señalarlo”.

Fito Ferreiro, casado desde hace ocho años, reflexiona sobre la necesidad del matrimonio “por cuestiones del día a día, porque en cuanto compras una televisión a medias, sin hablar de grandes propiedades ni mucho menos, ya sería recomendable regular eso por cuestiones de herencia; o por asuntos de salud en las que mi pareja debe tomar parte como pasaría con cualquier otra pareja heterosexual. Sigue habiendo homofobia pero el papel te da fuerza para legitimarte”. De lo pragmático a lo sentimental, le resulta inevitable comentar que el día de su boda “fue lo más bonito, porque a mis 53 años pertenezco a una generación que vivió armarizada hasta los treinta y pico”. Un papel que marca toda una vida: “Nunca había pensado que podría llegar a vivir en pareja con normalidad”.

Con normalidad, “hasta espetando el Libro de familia a quien haga falta”, también conviven el primer matrimonio de gallegas en un pueblo cerca de Santiago de Compostela, donde dicen que son más aceptadas por su vecindario “porque en el rural, mientras no te metas con la parcela del otro, nadie se mete con la tuya”. Estela y Guillermina reconocen las dificultades que pasaron incluso tras haberse casado. “La maternidad fue algo que provocó aún más revuelo, tuve que llegar a escuchar comentarios sobre la suerte que había tenido con que mis tres hijas hubiesen estudiado…”, explica Estela, profesora convencida en la coeducación como clave para avanzar hacia la igualdad de género. De nuevo en el presente, admite que “aún hay caras de sorpresa, te miran raro… ¡Y nosotras decimos que viva la diferencia!” y proclama que para que funcionen los avances sociales “a veces hay que radicalizarlos: no queremos la tolerancia, queremos el respeto”.

Sobre el respeto y su carencia, recuerdan cuando Guillermina tuvo que ser operada hace tres años, y Estela, como familiar, fue ignorada por parte del médico ante la presencia de un hermano de su esposa, “con quien no convive y a quien no vale de nada explicarle las pautas sanitarias” y aclara que fue necesario reiterarle al médico su condición familiar para que la tuviese en cuenta “aún con un amparo legal mediante”. “Pero asumimos que nos pasaremos lo que nos queda de vida luchando. Fíjate que estamos menopáusicas y aún seguimos yendo, como hace treinta años, a manifestaciones a favor del aborto”, lamenta.

¿Qué ha cambiado para las parejas que no se reconocen en un matrimonio?

Martín Leña lleva diez años con Luis, los mismos que desde la aprobación de la Ley. "Y no creo que nos casemos salvo alguna necesidad patrimonial o sanitaria, que parece ser el único amparo que ofrece. Nuestra manera de vivir la pareja no pasa por que el Estado nos tenga que legitimar, ya bastante tenemos con hacer la declaración de la Renta", aclara, "pero sí pienso que ha sido un gran avance para personas que han sentido esa necesidad que siempre se les ha negado hasta el año 2005. No se trata de hacer crítica por la crítica, es que si fuésemos complacientes con este tipo de cuestiones, ¿hubiésemos logrado más avances? No solo de lo político, sino de nuestra propia forma de vivir el amor y las relaciones."

Diez años para cuestionarse diez interrogantes que se responden con más preguntas, porque el Orgullo tiene que ser protesta y crítica para poder ser también celebración.