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jueves, 27 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | “¿Violencia de género? Es el mismo género el que produce violencia”

Imagen: Público / Ilustración de Susanna Martín
“¿Violencia de género? Es el mismo género el que produce violencia”.
Inma Saranova · Strambotic | Público, 2016-10-27
http://blogs.publico.es/strambotic/2016/10/diez-ingobernables/

¿Ser mujer y no depilarte la barba? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Salir del armario a los 40 años? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Poner tu vida en riesgo por defender los derechos de otras personas? Qué ganas de complicarte la vida. ¿No esconder la pluma ni siquiera delante de las monjas de tu residencia de ancianos? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Empeñarte en mantener vivo un juego tradicional de mujeres que a nadie le importa? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Reconciliarte con tu cuerpo en vez de llevarlo al quirófano para que te lo arreglen? Qué ganas de complicarte la vida.

¿Estudiar Periodismo y llegar a trabajar en El País para dejarlo y montarte una revista feminista? ¿Hacer periodismo con perspectiva de género? Qué ganas de complicarse la vida. Afortunadamente, en el mundo hay personas con ganas de complicarse la vida y una de ellas es precisamente June Fernández (Bilbao, 1984), periodista, activista, directora de la revista feminista Pikara Magazine y escritora del libro “10 Ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía” (Libros del K.O. 2016) en el que recoge “diez historias de gente ingobernable que prefiere complicarse la vida a asfixiarse en el estrecho y absurdo modelo de normalidad”.

Y como en Strambotic también nos encanta complicarnos la vida y no nos gusta que nos gobierne ni María Cristina, hoy hablamos con June Fernández para conocer un poco mejor las transgresoras y rebeldes historias de 10 Ingobernables.

Strambotic.- ¿Hay que ser un poco ingobernable para hacer periodismo con enfoque feminista y no morir en el intento?

June Fernández.- Sí, hay que ser muy ingobernable porque supone cuestionar todos los dogmas del periodismo. Cuestionar qué es noticia, a quiénes legitimamos como expertos, cómo utilizamos las imágenes, el lenguaje, etc. Creo que eso favorece mucho la innovación y la calidad porque supone romper con todas las inercias que lastran el periodismo. Sin embargo, al mismo tiempo es difícil que te reconozcan como periodista al mismo nivel.

S.- Hablando de a quién se legítima como expertos, ¿cómo escogiste a las diez personas que retratas en tu libro? Porque ninguna de ellas es académica sino que parecen personas corrientes pero fuera de lo común, llevando a la praxis lo que otras simplemente teorizan…

J.F.- Realmente las historias me fueron encontrando a mí. Primero fui recopilando unas cuatro o cinco a las que había conocido en años anteriores en Latinoamérica y que me habían impactado por tener historias potentes. Nicole, la salvadoreña intersex a la que conocí en unas jornadas, Yasmín, la cubana con velo, Doña Sebastiana, una líderesa indígena que había entrevistado para un documental para Oxfam… Una vez que vi claro ese hilo conductor de gente rebelde y transgresora, fui completando el libro con gente del estado español de la que me iban hablando; por un lado conocí a la gallega que hace su tesis doctoral sobre ese juego tradicional en Ourense y le pedí acompañarla, por otro, una colaboradora de Pikara me habló del ajero y fui a hablar con él… Al fin y al cabo no se trata de salir afuera a buscar historias sino que esta es mi gente, la gente con la que me cruzo por la vida y que me deja huella.

S.-Y como dices todas ellas tienen algo en común, la transgresión, la rebeldía… ¿Algo más?

J.F.- Que han enfrentado violencia y exclusión pero no se han victimizado sino que han convertido el estigma en silencio y la vergüenza en orgullo. Por eso empiezo el libro con esa cita de “Soy lo que dijeron que no fuera“. Varias historias comparten que son gente a la que su entorno les ha hecho sentir que su cuerpo o su sexualidad están mal. Ya sean gordas, trans, mujeres con el cuerpo lleno de cicatrices… Todas han hecho un proceso parecido de aceptar su cuerpo y entender que no hay que cambiarlo, que lo que hay que cambiar son esos modelos de belleza y normalidad tan opresivos.

S.- En este sentido, muchas de las historias a las que te refieres podría decirse que son disidentes sexuales, o de género: a Julio, un vendedor de ajos de 86 años que nunca ha ocultado la pluma ni se ha hecho pasar por heterosexual; a Juanita, mujer trans que ahora se traviste para hacerse pasar por el hombre que nunca fue; a Antar, doctor en Antropología, un hombre trans que no siente necesidad de pasar por quirófano para modificar su cuerpo; o con Irina, mujer trans, enferma de esclerosis, casada con una mujer y revolucionaria. ¿Podría decirse que sus historias son un ejemplo de cómo sacar la Teoría Queer del ámbito de la Academia para ponerla en práctica sin necesidad de grandes discursos?

J.F.- Sí, eso me interesa mucho. Me preocupa ese prejuicio de que lo Queer es una teoría posmoderna elitista anglosajona o europea. Me interesa visibilizar prácticas queer de gente que incluso no sabe lo que significa queer ni se ha planteado conscientemente transitar entre los géneros como forma de dinamitar nada. Me parece interesante el caso de las trans de Nicaragua como Juanita. En un país en el que no hay reconocimiento institucional a la transexualidad, las trans resisten con estrategias como moverse entre los géneros, lo cual contrasta tendencia en países como España a que la ley marque una única manera de transitar. Pero ahí también tenemos a Antar, que desde Madrid nos dice que no está por la labor de pasar por el aro de la hormonación y que no va a pedir permiso a un psiquiatra.

S.-Precisamente, estos días ha sido noticia que en Cataluña los transexuales podrán cambiarse de sexo sin diagnóstico psiquiátrico. Sé que este es un tema que te interesa.

J.F.- Suelo hablar de la necesidad de que el feminismo asuma como prioridad en su agenda la despatologizacion de la transexualidad y la lucha contra la Lgtb-fobia porque la base es la misma. Me gusta mucho una cita de Paul B Preciado que no cree en la violencia de género sino en que el género mismo produce violencia. Me parece que las personas trans e intersexuales pueden señalar de manera especialmente encarnada cómo se construye este sistema violento y desigual. Son vivencias clave que el feminismo ha tendido a obviar o a recelar de ellas.

S.- Porque, evidentemente este es un libro que habla del feminismo, pero curiosamente son muy pocas las ocasiones en las que se menciona este término a lo largo de los diferentes capítulos. ¿A qué se debe esta ausencia?

J.F.- La editorial me propuso escribir un libro de artículos que explicasen qué es el feminismo de una manera irreverente que rompiera con el estereotipo. Les dije que no me apetecía hacer pedagogía feminista sino hacer periodismo, contar historias de gente que encarnar esa ruptura de los mandatos de género porque me interesaba atraer a un público amplio del que no comprara un libro “sobre feminismo”. De ahí que no aparezca la palabra en portada ni contraportada y que Susanna Martín huyera también de la iconografía clásica del feminismo en la ilustración. Un periodista me decía que 10 ingobernables le sonaba a libro de historia con mucha épica y eso me gustó porque era el objetivo. De hecho en el libro hay épica, hay heroínas, algunas más espectaculares y otras más cotidianas, pero hablar de esas personas concretas también sirve como pretexto para hablar de mil cosas: desde las maras en El Salvador, el genocidio maya en Guatemala, hasta los movimientos de izquierda crítica en Cuba… Como hacemos con Pikara, mi empeño es siempre hacer entender que el feminismo no es un tema sino una mirada.

S.- El éxito que está teniendo Pikara es evidente, por fin podemos decir que es posible escribir con perspectiva de género para grandes audiencias?

J.F.- Bueno, yo creo que eso ya lo estaban demostrando compañeras que escriben en medios masivos. Ana Requena en El Diario, es un ejemplo. Las píkaras trabajamos o hemos trabajado como “infiltradas” en medios generalistas. Una píkara incluso trabajaba en el programa de Mariló Montero he influía ahí como podía. Otra cosa es que en un medio como Pikara hay libertad para romper con todos los corsés. Más allá de posicionar unos temas en la agenda, podemos desarrollar una cultura periodística propia fundiendo lo que hemos aprendido de los medios generalistas y alternativos y lo que aprendemos del feminismo.

S.- Hay gente que critica que algunos discursos feministas están llegando a espacios mucho más masivos por ejemplo Beyoncé con sus carteles feministas en los decorados de los conciertos o Emma Watson en sus discursos como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU etcétera, y se muestran escépticos de que el feminismo se convierta en una ‘moda’ más de eslóganes vacíos en camisetas. ¿Qué opinas al respecto?

J.F.- Sí, ese es un debate recurrente en Pikara. También cuando se nos ha propuesto colaborar con medios que encarnar esa tendencia porque por una parte nos parece interesante tener referentes feministas tan masivos e influyentes, pero, por otra, su agenda suele ser muy light, individualista, etnocéntrica, etc. Así que nosotras aprovechamos esos espacios para llegar a más gente pero con la tranquilidad de que abogamos por una transformación social radical y que nuestra agenda no se limita a la de las divas del pop sino que hablamos de vidas precarias, de derechos humanos, de colonialismo… Por ejemplo en Pikara 4 incluimos un reportaje sobre la cadena de explotación, precariedad y consumo rápido en la que se sostiene la industria de la moda y empresas como Inditex. Así que Beyonce aporta para conectar con públicos amplios pero nuestra lucha es anticapitalista por definición.

S.- Hablando de colonialismo y visiones etnocéntricas, en ’10 ingobernables’ se muestran muchas historias de América Latina. ¿Siguen anclados los discursos feministas más oficiales o institucionales en las perspectivas blancas occidentales urbanitas heterosexuales y de clase media?

J.F.- Me cuesta generalizar porque por ejemplo en las casas de mujeres que han montado algunos ayuntamientos del País Vasco sí que hay una apuesta internacionalista y de aprender de los feminismos del sur, pero sí que creo que el feminismo institucional más visible en España tiende a mirar más a Europa y Estados Unidos y a victimizar y tutelar a “las otras”: las mujeres migradas, gitanas, trabajadoras del hogar y trabajadoras del sexo. En el movimiento feminista también me parece que últimamente hablamos mucho de interseccionalidad, pero que en la práctica nuestros referentes siguen estando bastante anclados en la Academia o las vanguardias intelectuales.

S.- Para quien no esté versado en la terminología, cómo definirías la interseccionalidad y porqué la consideras necesaria?

J.F.- Es un concepto que aportaron las feministas negras, que se sentían discriminadas tanto por las mujeres blancas como por los hombres negros. El feminismo institucional tiende a hablar de desigualdad entre hombres y mujeres de una forma muy monolítica, pero las relaciones de poder son más complejas. El ejemplo típico es que un inmigrante sin papeles enfrenta mayor exclusión que una mujer empresaria blanca. Más que andar jerarquizando y comparando a ver quién está más oprimido, se trata de entender que las personas estamos atravesadas por identidades múltiples: yo no soy solo mujer, soy blanca, urbana, lesbiana… Y todo eso supone que a veces estoy en una posición privilegiada y otras veces en una posición de exclusión. En el libro un ejemplo es Antar que siente la violencia social como persona transgénero pero al mismo tiempo reconoce su privilegio como persona blanca, con estudios universitarios y recursos económicos. O Yasmín, que de joven se supo fea por ser mujer, negra y con el cuerpo lleno de cicatrices. Sería absurdo ponerse a decidir si la han discriminado más por negra, por mujer o por un cuerpo no normativo. Otra cosa importante del enfoque interseccional es que no se centra solo en la opresión sino también en las formas de resistir, en las rebeldías que es algo muy presente en el libro; no se trata de hablar de colectivos oprimidos sino de señalar a una hegemonía que excluye a todas las personas que no encajan por algún motivo.

S.- De todas las historias que se narran en el libro ¿Cuál es la que te parece más transgresora?

J.F.- Qué difícil. Yo creo que el libro va de reconocer todas las transgresiones. La historia de Irina es la más espectacular: una comunista trans en silla de ruedas que se lió a tiros en la guerra de Nicaragua. Pero para mí también es transgresor que unas mujeres mantengan vivo un juego tradicional en una aldea de Ourense con cero apoyo social.

S.- Y para terminar, June, ¿porqué merece la pena no dejarse gobernar?

J.F.- En la presentación del libro en Madrid, un amigo activista trans feminista dijo que esto de ‘¿por qué te complicas la vida?’ culpabiliza a las personas que se ven excluidas por ese modelo de normalidad. En el libro cito que la madre de la escritora Jeanette Winterson le preguntó: “¿por qué ser feliz si puedes ser normal?” cuando esta le contó que se había enamorado de otra mujer. Dauder decía que en realidad no buscamos la felicidad, sino que sobrevivimos como podemos. No lo hacemos por complicarnos la vida o por llevar la contraria o ir de rebeldes. Los personajes del libro no pueden sino resistir a ese machaque social tirando para adelante, construyendo espacios de seguridad en los que pueden ser como son y resquebrajando ese modelo asfixiante de normalidad con su práctica cotidiana.

viernes, 30 de septiembre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | June Fernández: "La historia de las mujeres está ninguneada y la de las personas 'trans', olvidadísima"

Imagen: El Diario / June Fernández
June Fernández: "La historia de las mujeres está ninguneada y la de las personas 'trans', olvidadísima".
June Fernández publica '10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía': personas de uno y otro lado del Atlántico que han decidido salirse de la norma y complicarse la vida de un modo u otro. "Hablamos de gente que cuestiona las expectativas de género y me interesaba hacerlo no evangelizando sino contando experiencias".
Belén remacha | El Diario, 2016-09-30
http://www.eldiario.es/cultura/libros/historia-mujeres-ingobernables-June-Fernandez_0_563794083.html

Todo empezó con Yasmín. La escritora y periodista June Fernández viajó a Cuba en 2012 y conoció a esta mujer, crítica con el Gobierno cubano desde una posición marxista y feminista. Una mujer que, además, había decidido llevar velo. Ella fue su primera ingobernable.

A lo largo de cuatro años y a su paso por otros países de Centroamérica y también por España, llegaron a su vida nueve más: “Ese es un diálogo que me parece bonito. El viejito que ha vivido ser homosexual durante el franquismo con la lideresa indígena anciana que te cuenta la historia de la violencia en su pueblito maya. Son historias muy distintas pero con ese hilo en común de inconformismo, de gente que está siento constantemente cuestionada”.

‘10 ingobernables, historias de transgresión y rebeldía’ constituye así un mapa de los lugares donde la directora de Pikara Magazine ha ejercido el periodismo, y de las personas que le han impactado. La presentación del libro se le ha juntado con la del cuarto número de la revista: “La obsesión de Pikara y del libro es la misma, lo consigamos o no: transversalizar el feminismo. El feminismo es una mirada, no una especialidad”.

En la ilustración que lo abre, de Susanna Martín, aparece la metáfora de la periodista que, entre todo el grano, busca las historias fuera de lo común: “O tu cuerpo está equivocado o lo tienes que arreglar, lo que haces no tiene sentido, vaya chorrada, por qué arriesgas tu vida siendo activista, por qué dedicas tu vida a mantener vivo un juego tradicional que no le interesa a nadie”.

Ni en la portada ni en la contraportada aparece la palabra feminismo: “Pero al final es feminismo en vena, hablamos de gente que cuestiona la expectativas de género. Me interesaba hacerlo no evangelizando sino contando experiencias, y que cada cual las interprete como quiera; para mí son ejemplo".

¿Qué se llevó de América Latina, tan presente en el libro, donde empieza todo?

En Centroamérica me llamó mucho la atención la situación de las personas ‘trans’, porque a diferencia de aquí, no hay una ley de identidad de género. Eso les obliga a estar toda su vida con un carné de identidad que tiene un nombre y un sexo que no se corresponde con su sentir y vivencia cotidiana.

En España pasa todo lo contrario: ha habido una ley, pero con una trampa, que es exigir protocolos superrígidos, años de hormonación, de terapia psiquiátrica y cierta perspectiva de operarte, donde terminaría el proceso de tránsito.

En nuestro país la rebeldía es no querer pasar por ese aro de ir a terapia para que se reconozca la identidad escogida, reivindicar la androginia frente a la idea de nacer en el cuerpo equivocado y deber cambiarlo para adaptarse; eso contrasta con países como Nicaragua.

Y quitarnos la idea de que es un "problema del Primer Mundo", supongo.

Otra obsesión mía es esa cosa de que transitar entre los géneros es europea, de gente con las necesidades básicas cubiertas. De jerarquizar los sufrimientos: están las violencias gordas y luego la LGTBIfobia, que afecta en ciertos contextos. Eso es una mentira.

He estado en países donde la situación material es muy jodida, y en esos países también hay personas que se salen de las expectativas de género y la violencia cotidiana o la incomprensión le provoca igual o más sufrimiento que la precariedad, la pobreza o incluso la violencia intrínseca del país. Por ejemplo Yuri, que vive una situación de exclusión muy fuerte y en parte es porque es una mujer con barba. Y también estaba el reto de incluir la ley española, que ha conceptualizado lo que es a violencia de género de una manera muy estrecha.

¿Cuestionar el binarismo de género es la última frontera? ¿La que más difícil cala?

Cuestionar el binarismo es la última frontera, sí. Mira la historia de Nicole en El Salvador. Piensas: "Ser intersexual ahí, qué duro". Pero es que realmente tú preguntas por la calle aquí y casi nadie sabe qué es una persona intersexual. Hay desconocimiento, desconcierto y además los protocolos médicos tienden a modificaciones corporales de bebés (si alguien nace con genitales que no encajan en la expectativa pene/vulva enseguida el consejo habitual es la hormonación o cirugía).

Nicole, la protagonista de una de las historias historia, fue criada como hombre sin ser intervenida, luego pasa a una identidad de género mujer para descubrir más tarde que es intersexual. Ese tema es muy poco conocido y es la prueba de que la idea de que somos mujeres y hombres choca incluso con las evidencias biológicas.

En una nota hace un apunte: en la cultura popular se suele presentar la intersexualidad como algo excéntrico, monstruoso, amenazante, de lo que hacer mofa.

Sí, al final es eso: dos grandes grupos. Por una parte, las deportistas, el machaque cuando una rompe expectativas de género porque tiene unas marcas muy superiores a lo que se espera de una atleta mujer, se activan todas las alarmas y protocolos de vigilancia, se mira la testosterona, los cromosomas… Y el otro gran grupo, el famoseo. Qué ha pasado con la "leyenda" de Anne Igartiburu, con Lady Gaga (en su caso lo ha desmentido con humor, y muy bien, defendiendo la diversidad).

Desde el activismo, el caso de Nicole es muy interesante: una mujer que reivindica romper ese tabú, contar a las mujeres de las comunidades que en el mundo hay más intersexuales que personas pelirrojas.

“La revolución será interseccional o no será”, dice en el epílogo.

Es que incluso dentro del feminismo han primado agendas concretas, sujetos determinados. A mí me interesaba recoger experiencias trans y no todas urbanas y europeas. Salirnos de Judith Butler, de EEUU como la vanguardia.

A veces tenemos la idea de que la Teoría Queer nos llega de la academia estadounidense, de Beatriz Preciado, de las élites culturales, cuando fue algo que se gestó desde los bares de travestis de Stonewell hasta cualquier aldea de El Salvador. La mujer cubana de la que hablo en el prólogo, que dice: "Me siento mujer, visto con ropa masculina porque me gusta, tengo barba y no me la quito porque no me da la gana, y ni ‘trans’ ni leches, soy así". Para mí no hay nadie más Queer que ella.

El otro día en Pikara, a raíz de la polémica con los muñequitos de Playmobil, pedimos a nuestras seguidoras una lista para ayudarles a incluir a mujeres importantes en la historia. Y la gente contestaba, con toda la buena voluntad, pero al final salían perfiles muy determinados: mujeres blancas, del activismo europeo o de la academia. En mi vida cotidiana me ha interesado mucho salirme de mi contexto feminista y aprender de las compañeras negras, gordas, ‘trans’. De todo aquello que me abra la mirada respecto a mis inquietudes como feminista blanca urbana de clase media precaria.

¿Hacen faltan referentes populares?

Faltan referentes incluso históricos. Pareciera que esto de las diversidades de identidades de cuerpos y sexualidades es algo nuevo pero lo que ocurre es que estas historias no se han contado. Por ejemplo, en el libro aparece Julio, ‘El Ajero’, un anciano de Bilbao que tiene 86 años y que cuenta cómo era ser homosexual en el franquismo. Todavía hoy tenemos pocos relatos de este tipo.

Yendo más atrás, en el País Vasco tenemos a Catalina de Erauso, ‘la Monja Alférez’, que recurrió al travestismo para huir de la guerra y siguió viviendo luego con su masculinidad. Hoy se la reconoce dentro de la historiografía de las mujeres pero el otro día una periodista planteaba por qué no se la reconoce como referente ‘trans’. Si la historia de las mujeres está bastante ninguneada, la de las personas ‘trans’ o que se salen de la norma de heterosexualidad y binarismo de género está directamente olvidadísima.

El feminismo y Píkara fue su propia manera de complicarse la vida, supongo.

Sí, claro. Rompes expectativas familiares. En la familia, por muy bien que vaya Pikara, siempre te preguntan: ¿y no has pensado volver a un medio de los de verdad? El otro día en la presentación me dijeron que yo soy la undécima ingobernable. Abro el libro con una cita que dice “soy lo que me dijeron que no fuera”. Es algo que yo también siento, mi identidad como periodista, feminista, como mujer, como lesbiana tiene que ver con haber roto expectativas todo el rato. Eso todo el rato genera incomprensión, el bicho raro de la cuadrilla, la feminazi, la que se fue a un país (Nicaragua) que no le importa a nadie.

También dice que las personas que aparecen en el libro son tus verdaderas heroínas.

Si me preguntas a quién admiro, yo no te voy a mencionar ni a feministas históricas ni a personajes relevantes; su aportación ya está reconocida. Yo admiro a las abuelas gallegas que con 80 y pico años juegan la partida a pesar de que nadie las apoya y nadie las entiende, y les construyen un parking en su campo y el párroco les quiere cobrar la luz. Las historias que me importan salen de la burbuja: al final nos estamos leyendo las mismas, conociendo las mismas.

En vez de sentir el feminismo como vanguardia para emancipar a otras mujeres quiero hacer lo contrario: nutrirnos como feministas de las realidades cotidianas de las mujeres que no están debatiendo sobre sororidad y empoderamiento sino que lo practican en el día a día.

lunes, 26 de septiembre de 2016

#libros #testimonios | 10 ingobernables : historias de transgresión y rebeldía

10 ingobernables : historias de transgresión y rebeldía / June Fernández ; ilustraciones de Susanna Martín.
Madrid : Libros del KO, 2016 [09-26].
264 p.
ISBN 9788416001606 / 15,90 €

/ ES / ENS
/ América latina / Diversidad sexual / Franquismo / LGTBI / Testimonios / Transfeminismo / Transgresión

Con la excusa de contar la vida o la rutina de gente que le ha fascinado, June Fernández habla en este libro de muchas cosas: celebra las diversidades, critica mandatos sociales, estéticos y sexuales, recupera la memoria de quienes no suelen salir en los libros de texto, descubre heroínas que esconde la historiografía machista-leninista, rompe tabúes, reivindica la risa, el cabreo, la excentricidad, la contradicción, el derecho a vivir como nos da la gana, el derecho a complicarse la vida. 

¿Ser mujer y no depilarte la barba? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Salir del armario a los 40 años? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Poner tu vida en riesgo por defender los derechos de otras personas? Qué ganas de complicarte la vida. ¿No esconder la pluma ni siquiera delante de las monjas de tu residencia de ancianos? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Empeñarte en mantener vivo un juego tradicional de mujeres que a nadie le importa? Qué ganas de complicarte la vida. ¿Reconciliarte con tu cuerpo en vez de llevarlo al quirófano para que te lo arreglen? Qué ganas de complicarte la vida. 

Este libro recoge diez historias de gente ingobernable, que prefiere complicarse la vida que asfixiarse en el estrecho y absurdo modelo de normalidad.