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miércoles, 21 de febrero de 2024

#hemeroteca #homofobia #masculinidad | “La nueva masculinidad no resuelve la homofobia”: Germain Louvet, bailarín estrella

“La nueva masculinidad no resuelve la homofobia”: Germain Louvet, bailarín estrella
El bailarín de la Ópera de París, imagen de la primera colección masculina de Antik Batik, debate sobre cómo está cambiando la industria de la moda y las tendencias
Sandra Arbat | La Vanguardia, 2024-02-21
https://www.lavanguardia.com/magazine/moda/20240221/9523761/antik-batik-germain-louve-opera-paris.html 

Germain Louvet para Antik Batik //
Decía la bailarina y coreógrafa Martha Graham, mundialmente conocida por sus innovaciones en danza moderna, que “el movimiento es un lenguaje y el cuerpo es el vocabulario”. Una fórmula perfecta capaz de expresar emociones, ideas y narrativas a través de algo tan puro y genuino como el propio ser. Así entiende su profesión Germain Louvet, bailarín estrella de la Ópera de París, quien se convierte en el protagonista de la primera colección masculina de Antik Batik.

Gabrielle Cortese, fundadora y directora creativa de la marca, comparte esa sensibilidad por la belleza de la danza y se enzarza en la búsqueda de una moda inclusiva que abrace el cuerpo sin limitarlo. Con este fin, camisas y chalecos bordados, estampados y tejidos a mano, pantalones cortos surfistas, kurtas indias e incluso unos elegantes pantalones de pescador chinos se enmarcan en un viaje inmersivo que empieza en la Ópera de París.

P. ¿Por qué decidió trabajar con Antik Batik?

Me gusta la estética del universo de la marca. La calidad de sus tejidos, cómo estos se deslizan por el cuerpo, las siluetas... Todo esto me inspira y creo que caza muy bien con mi personalidad.

P. La moda también es muy relevante en su trabajo como bailarín

Todo es relevante hasta cierto punto y es importante tocar con los pies en la tierra. Bailar es mi vida y es a lo que dedico 6 o 7 hora diarias pero, en resumidas cuentas, es solo bailar. No soy un doctor que está salvando vidas, ni estoy luchando por mi supervivencia. Pienso lo mismo de la moda. Es una industria muy importante, por supuesto, y da trabajo a muchísimas personas. La moda tiene el superpoder de crear belleza y aportar personalidad y seguridad, pero no me parece algo vital. Yo la percibo como una manera más de expresarme, de jugar. Además me ayuda a ser más creativo en mi trabajo y esto me divierte mucho.

P. ¿Cómo definiría su estilo?

Tengo muchos estilos, creo que mi armario se compone entre una gran variedad de posibilidades de jugar. A veces me encanta vestir como super chic, con abrigos oversize, fulares y botas de cuero. Y al día siguiente me encanta vestirme en chándal con una sudadera y unas sneakers gigantes. Además comparto mi armario con mi novio porque tenemos exactamente la misma talla. Excepto en los zapatos. Siempre que llego al vestidor me encuentro con una prenda nueva, un accesorio diferente...

P. ¿Sigue las tendencias?

A mí las tendencias me aportan una visión muy amplia sobre cómo piensa la gente. Ante una guerra como la de Ucrania o un conflicto como el de Israel y Palestina, el público debate y se crean, de alguna manera, algunas tendencias. Es muy interesante ver cómo la moda reacciona ante las crisis mundiales. Que ahora la gente vuelva a vestirse con una estética muy ‘trash’, parecida a la de los noventas y los dos mil, no es casualidad. Al final es una manera de escapar de cierto estilo aburguesado, aunque todas esas grandes marcas y firmas de moda se dirijan precisamente a esa élite.

Yo que trabajo en la Ópera de París, un lugar muy frecuentado por gente adinerada, a veces voy a la gala vestido en chándal para provocar un poco. Es mi manera de decir: ‘¡hola! El mundo no solo está aquí en esta preciosa ópera’. Están ocurriendo cosas terribles ahí fuera y reflejarlo a través de tu vestuario me parece algo muy interesante.

P. ¿Se identifica con la nueva masculinidad liderada por Harry Styles o Timothee Chalamet?

No me identifico con ellos como individuos, pero sí con la manera en la que expresan otro aspecto de cómo puede ser la masculinidad. Y es algo que a mi especialmente me interesa como bailarín, porque desde hace 20 años practico algo que no está considerado un ideal de la masculinidad. El balet se ve como algo muy femenino y desde que era un niño se burlaban de mí cuando decía que practicaba esta danza.

Me parece muy interesante ver cómo juegan con los códigos de género, pero esto no resuelve la homofobia, ni todo ese bullying que tiene que soportar alguien gay o no, por ser considerado demasiado femenino. Ser queer no significa solo llevar vestidos y faldas o brillos en tus outfits. No puede quedarse en una fotografía. Tiene que haber un discurso detrás orquestado por alguien que esté en la misma situación de vulnerabilidad que el colectivo.

Con esto no quiero decir que ellos no estén haciendo suficiente por la causa pero, ocurre algo parecido con el racismo. Si no eres negro, nunca habrás experimentado realmente lo que es el racismo. Yo soy un hombre blanco y por esta razón siempre voy a darles apoyo pero respetando que no está en mi posición decir qué es o no lo correcto para ellos.

jueves, 30 de noviembre de 2023

#hemeroteca #queer #danza #flamenco | Flamenco punk y género fluido en el Ballet Nacional

El País / Ensayo de 'Afanador' en la sede del Ballet Nacional //

Flamenco punk y género fluido en el Ballet Nacional

La formación estrena en Sevilla un rompedor espectáculo inspirado en la estética del fotógrafo Ruvén Afanador
Mercedes L. Caballero | El País, 2023-11-30 *** [MyNews]
https://elpais.com/cultura/2023-11-30/flamenco-punk-y-genero-fluido-en-el-ballet-nacional-de-espana.html

Posiblemente, el Ballet Nacional de España (BNE) esté a las puertas de lo que será uno de los grandes acontecimientos de la temporada escénica. Pero también de los tres años que lleva dirigiéndolo Rubén Olmo (Sevilla, 43 años) y hasta de los 45 de trayectoria que la agrupación pública estatal está a punto de cumplir: Marcos Morau (Ontiyent, Valencia, 41 años), director de la compañía La Veronal, creador escénico contemporáneo y en principio ajeno al flamenco y a la danza española (pero no a montar obras para grandes colectivos), y el coreógrafo más internacional y solicitado del país, ha ideado para el BNE un espectáculo. Se trata de ‘Afanador’, y con el título de la pieza entra en juego el tercer hombre de esta singular ecuación: el de Ruvén (con “v”) Afanador (Bucaramanga, Colombia, 64 años), reputado fotógrafo internacional afincado en Nueva York, que además de llevar a las portadas más punteras el rostro de estrellas de cine y ‘top models’ desde hace décadas, cayó rendido al flamenco y lo registró en dos libros de factura de lujo y estética absolutamente fascinante de flamenco punk futurista en escenarios desérticos de Andalucía: ‘Mil besos’ (2009) y ‘Ángel gitano. The men of flamenco’ (2014). Dos dispositivos de costumbrismo rupturista en blanco y negro que despliegan sensualidad y dinamitan estereotipos. “Tanto él como yo nos acercamos al flamenco con una admiración y un desconocimiento que nos permite estirar el margen para llegar a deformarlo”, explica Marcos Morau. “Tenemos algo en común y es que no copiamos la vida, sino que la inventamos”.

La entrevista se desarrolla en la sede del Ballet Nacional de España, en Madrid, en vísperas del gran estreno de mañana en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. En una sala, un grupo de bailarines con falda larga negra ensaya a las órdenes de Morau y ante la mirada de Olmo. En un banco, junto a otros miembros de las dos compañías, el BNE y La Veronal (“Me llevo a parte de mi equipo cuando monto para otras agrupaciones”, aclara Morau), descansa la publicación ‘Ángel gitano’, de la que asoman numerosos papelitos amarillos, que seguramente señalan ideas y momentos clave. Morau se desplaza por la sala mientras da indicaciones que los bailarines reciben y devuelven con sus cuerpos y con más preguntas. Del encuentro se desprende diálogo y reciprocidad. También entusiasmo. “La confianza es muy importante”, declara Morau, “no están acostumbrados a esta manera de trabajar basada en la improvisación y en la búsqueda, en dejar las cosas flotando y unirlas en algún momento, y hay una apertura y generosidad muy grandes”.

¿Y cómo está resultando la mezcla de lenguajes? “No se trata de que ellos bailen con el lenguaje de La Veronal, pero sí de que nos alimentemos en dos direcciones. Hemos llegado a un acuerdo: cómo entiendo yo el cuerpo y cómo conocen ellos el cuerpo. Se abren ventanas y noto cómo buscan la disociación, el cambio de foco… Por mi parte, nunca antes había trabajado con unos bailarines con semejante capacidad rítmica, con esa velocidad de pies y una particular manera de escuchar la música y trabajar el compás”, responde el coreógrafo. Afanador cuenta con música original de Juan Cristóbal Saavedra, música en directo (cante, guitarras y percusión) e interpretación de todo el elenco de la compañía, formado por 33 bailarines. Tras su estreno en Sevilla podrá verse en Madrid (febrero de 2024), Pozuelo de Alarcón (abril de 2024) y Valencia (junio de 2024).

Si en ‘Mil besos’ son mujeres, cantaoras y bailaoras de flamenco como Esperanza Fernández, Eva Yerbabuena y Matilde Coral son quienes inmortalizan las imágenes de Ruvén Afanador, en ‘Ángel gitano’ son ellos, Israel Galván y el propio Rubén Olmo, entre otros hombres de la profesión, quienes ocupan las páginas del libro. Más allá del binarismo, que también estará presente en escena, el género fluido empapa buena parte del montaje. Tal y como pasa en el libro habrá faldas, hombres con pezoneras, ropa interior y un juego de transformación y anulación de género. “Para mí, aquella sesión de fotos para el libro fue muy especial. Hacia el final del espectáculo, bailo tres minutos la escena de cómo se preparó la fotografía en la que salgo con el mantón y que responde a la muerte del cisne”, apunta Olmo. “Me mandó la grabación el propio Afanador”, cuenta Morau, “y aunque el espectáculo salta hacia otros lugares a partir de su universo, sí está esa mirada oblicua hacia el flamenco”.

Confiesa el coreógrafo que cuando hizo la primera videollamada para comentarle este proyecto (Afanador en Nueva York, Morau en España), el artista colombiano se mostró ilusionado y muy generoso. “Imagínate que me dijo: ‘Para mí es un honor que la gente más joven se inspire en mi trabajo. Disfrútalo, pásalo bien, estoy contigo y te veo el día del estreno”. Está previsto que Ruvén Afanador vuele a Sevilla para las representaciones en el Maestranza.

Preguntados por la singularidad de que un creador de danza contemporánea estrene en el Ballet Nacional de España en lugar de, por ejemplo, la Compañía Nacional de Danza, que dirige Joaquín de Luz, la otra agrupación pública estatal y tal vez, en principio, más afín a un lenguaje contemporáneo, ambos, Morau y Olmo, lo tienen claro por razones diferentes aunque complementarias. “Forma parte de la línea que mantiene el BNE entre la tradición y la vanguardia, las raíces y la apertura. Es una manera de crecer todos juntos. El Ballet Nacional de España es de todos y, por lo tanto, nos debemos a todos”, explica Olmo. “Yo creo que el Ballet Nacional de España es más moderno y abierto que la Compañía Nacional de Danza en estos momentos. Los bordes de las artes están más diluidos que nunca y es fundamental que nos crucemos y estemos interconectados. Me siento muy honrado de estar aquí”, declara Morau.

Gala y documental
Otra fecha se alza flagrante en el calendario del BNE en diciembre: el de la gala del 45º aniversario de la compañía, los días 21 y 22 de diciembre en el Teatro de la Zarzuela. “Me dieron solo un día pero rescaté otro quitándolo de los que tenemos para ensayar”, apunta Olmo. En escena, cuatro números de obras de repertorio de la compañía y el estreno del documental ‘Todo un pasado por delante’, del cineasta Emilio Belmonte, con música en directo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. “La película recoge la historia de la compañía, pero sobre todo el momento actual, con entrevistas a algunos de sus directores o viajes”.

La Veronal también tiene una agenda propia que llevará a la compañía por escenarios de medio mundo con actuaciones cerradas para los próximos cinco años. “Soy afortunado”, declara Morau. “Y aunque yo esté dentro de ese circuito de creadores que sí son programados, soy consciente del problema que existe con la danza contemporánea y de quienes la programan, como apuntaba Daniel Abreu” (se refiere Morau a unas declaraciones que el coreógrafo canario dio a este periódico el día 3). “Hay cinco o seis festivales y teatros en Europa que son los que deciden la programación y los demás la repiten. Vivimos en la cultura del plagio en muchos sentidos. Benditos los que somos programados, pero benditos también quienes somos conscientes de lo que pasa y de que no está bien que pase”, explica.

miércoles, 16 de enero de 2019

#hemeroteca #homofobia #machismo | Sergei Polunin, expulsado de la Ópera de París por homófobo

Imagen: ABC / Sergei Polunin
Sergei Polunin, expulsado de la Ópera de París por homófobo.
La directora del Ballet francés ha retirado al bailarín ruso la invitación para actuar en febrero en «El lago de los cisnes».
J. B. | ABC, 2019-01-16
https://www.abc.es/cultura/teatros/abci-sergei-polunin-expulsado-opera-paris-homofobo-201901160106_noticia.html

En tiempos de dominio de lo políticamente correcto no encaja un espíritu libre como Sergei Polunin. El Ballet de la Ópera de París ha retirado la invitación que le había hecho al bailarín ruso para interpretar en febrero «El lago de los cisnes» en la Ópera Bastilla.

Lo anunciaba así la cuenta de Twitter de la propia Ópera de París: «Dadas las declaraciones públicas hechas por Sergei Polunin, Aurélie Dupont, directora de Danza, ha tomado la decisión de no invitar al artista. Estas declaraciones no están de acuerdo con sus valores ni con los de la institución». Antes de este tweet, Aurélie Dupont había comunicado su decisión a los bailarines de la compañía.

Las declaraciones que han motivado la expulsión del «enfant terrible» de la danza se publicaron a través de Instagram (cuya cuenta tiene 17.000 seguidores), y provocaron rechazo inmediato por su descarada homofobia y machismo. «El hombre debe ser un hombre y la mujer debe ser una mujer. Las energías masculinas y femeninas crean equilibrio. Esa es una de las razones por la que tienes huevos. Igual piensa fuera del ballet, hombre, ¿qué te pasa? Las hembras ahora intentan asumir el rol de hombre porque no las follas y porque eres una vergüenza. Los hombres son lobos, los hombres son leones, los líderes de la familia que se supone que deben cuidar de todo. ¿Qué ocurre? Deja de ser débil, sé un hombre, sé un guerrero, ¿qué te pasa? Sin respeto por ti, la vida te derribará, te pondrá de rodillas y te lavará. Necesitas una buena bofetada para despertarte Increíble !!!»

Polunin, un hombre envuelto en polémicas desde hace años, es un ardiente defensor de Vladimir Putin, cuyo rostro se ha tatuado en el pecho. Entre otras lindezas en el pasado, propuso que se abofeteara a los gordos y criticó el afeminamiento de sus compañeros. «Ya hay una bailarina en escena, no se necesitan dos».

Los incendiarios textos del bailarín habían obtenido la respuesta, en algunos caso acaloradamente airada y en otros irónica, de artistas del Ballet de la Ópera de París -que la semana próxima actúa en el Teatro Real-, entre ellos Adrien Couvez y Ludmila Pagliero.

Sergei Polunin es una de las figuras más fascinantes y a la vez más controvertidas del mundo de la danza. Nacido en Ucrania en 1989, con trece años se trasladó a Londres a estudiar en la escuela del Royal Ballet. Tras entrar en la compañía en 2007 y ascender en tan solo tres años a la categoría de Primer Bailarín -con solo 19 años se convirtió en el más joven de la historia de la prestigiosa compañía-; allí se convirtió en una estrella. Los focos del mundo de la danza se centraron en él; sus actuaciones eran seguidas por cientos de fieles, los críticos se deshacían en elogios y se le comparaba nada menos que con Rudolf Nureyev, tal era la perfección de su técnica y la fiereza de su baile. Logró varios premios, entre ellos la medalla de oro del Prix de Lausanne. Pero en 2012, con solo 22 años, Sergei Polunin anunció su sorprendente retirada. El bailarin ucraniano adujo entonces que «el artista que llevo dentro estaba muriendo» y que se sentía profundamente desgraciado.

Su situación familiar (la abrupta separación de sus padres), la fama mal asimilada y la presión del lugar de privilegio que mantenía en el mundo del ballet, que le obligaba a mantener una estricta disciplina provocaron su situación. El bailarín combatió entonces sus depresiones con excesivas salidas nocturnas -aireadas por él mismo a través de las redes sociales, y aceptando el papel de «chico malo» que los medios de comunicación le adjudicaron-; con la bebida, primero, y más tarde con la droga. Sergei Polunin ha reconocido que llegó a subir al escenario para bailar «colocado» y bajo los efectos de la cocaína. «Decidí seguir la corriente a los medios de comunicación -dice Polunin-, aunque, en realidad, hizo que todo fuera más difícil porque a raíz de esa imagen nadie quería trabajar conmigo; las grandes compañías preferían trabajar con alguien más seguro y predecible. Básicamente estaba cavando mi propia tumba».

Al tiempo, el bailarín exhibió su rebeldía llenando su cuerpo de tatuajes, algo prácticamente proscrito entre los bailarines de ballet; entre esos tatuajes -tiene más de una docena- la imagen de Heath Ledger como Joker en uno de sus hombros; las cicatrices del zarpazo de un tigre en su pecho; un «kolovrat», símbolo eslavo pagano, en su estómago; la imagen de la parca en su costado derecho, un lobo, recordando su primer papel como primer bailarín en «Pedro y el lobo», en su cintura; el símbolo de la bandera chechena en su costado izquierdo; la iglesia donde fue bautizado en su espalda; o una frase (con errata incluida): «I am not a human. I am not a god. I am hwo I Am» («No soy humano. No soy un dios. Soy quien soy»).

A estos se suma el rostro de Vladimir Putin en el pecho, uno de sus últimas adquisiciones -se lo hizo a finales del pasado año-: le valió críticas en su Ucrania natal y al tiempo la nacionalidad rusa.

viernes, 27 de enero de 2017

#hemeroteca #testimonios | Ahmad Joudeh y el baile de la vida

Ahmad Joudeh y el baile de la vida.
Alumno del Nationale Ballet de Ámsterdam, donde ha debutado en ‘Coppélia’, el bailarín Ahmad Joudeh no tiene pasaporte porque nació en el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en Damasco. Los yihadistas amenazaron con tirotearle y su respuesta fue danzar en las ruinas de Palmira.
Isabel Ferrer | El País Semanal, 2017-01-27
http://elpaissemanal.elpais.com/confidencias/ahmad-joudeh/

La carga emotiva asociada a los tatuajes alcanza cotas difíciles de igualar cuando Ahmad Joudeh se pone de espaldas. Bajo la nuca lleva escrita una frase que es un reto y una dolorosa declaración de intenciones; casi una plegaria. Dice así: “Baila o muere”, en caligrafía hindi. No escogió ese ángulo anatómico al azar. “Por ahí cortan la cabeza de sus víctimas los verdugos del ISIS (siglas en inglés del Estado Islámico), y quería demostrar que no podrán detenerme. Ellos prohíben la danza y el arte. Han destruido los templos de Palmira, que son el corazón y la belleza de Siria. Creo que mantener viva la cultura es una forma de vencerlos”, señala enfundado en unas mallas negras en uno de los estudios del Nationale Ballet de Ámsterdam, que lo ha sacado de Damasco para inscribirlo en su academia durante los próximos cuatro años. Ahmad, de 26 años, es bailarín, y tiene fe y esperanza, fortaleza y templanza, virtudes que le han ayudado a cruzar fronteras a pesar de que no dispone de pasaporte. Carece de Estado porque nació en el campo de refugiados de Yarmuk, hijo de un palestino y una siria. No dispone de patria legal, una situación precaria a la que se une un oficio “mal visto en el mundo árabe para un hombre, y que muchos solo admiten como una actividad teatral y siempre con el cuerpo cubierto”.

Su padre, Wafik, tomó como una afrenta el deseo de Ahmad de acudir al Enana Dance Theater, fundado en 1998 en la capital siria, y que mezcla el folclore con la danza clásica, y al Instituto Superior de Arte Dramático de la ciudad. Un hijo varón no debía bailar. “Me encerró y llegó a pegarme en las piernas para que lo dejara, hasta que, con 17 años, hice una tontería de adolescente”. Quiso cortarse las venas, y sobre esas cicatrices lleva ahora su segundo tatuaje: una paloma junto a la palabra “libertad”. “Y eso que con tatuajes no puedo entrar en el paraíso”. Para evitarse la vergüenza, el progenitor se marchó y contrajo un nuevo matrimonio, del que nacieron dos niñas. “Son fantásticas, y les enseñé a bailar a escondidas”, dice Ahmad entre risas. Cuando Yarmuk fue tomado en 2015 por el ISIS y la situación se hizo insostenible, “mi padre anunció que aquello era muy peligroso para los hombres y se fue con su nueva familia; ahora está en un centro de refugiados de Alemania”. Atrás quedaron Ahmad y su madre, Ramzeiah, además de su hermana Rawan, de 23 años, y su otro hermano, Amjad, de 25 años. “Dos chicos en edad militar…, ¿se imagina?”.

Su suerte cambió el pasado verano, cuando el reportero Roozbeh Kaboly, del programa Nieuwsuur de la televisión holandesa, lo convirtió en protagonista de una serie de documentales. Ted Brandsen, director del Nationale Ballet, los vio y organizó una campaña de recogida de fondos que llamó 'Baile por la Paz'. “Después de salir en pantalla, recibí ofertas desde Alemania hasta Estados Unidos, pero allí me reclamaban como refugiado. En Holanda me querían como alumno, y yo había visto su montaje de La Bayadère una y otra vez en YouTube. Acepté, y fue arriesgado, porque solo tenía un visado y los documentos de viaje, nada de pasaporte”. En 2014, antes de que el ISIS ocupara Yarmuk, participó en la versión árabe de 'Mira quién baila', celebrada en Líbano. Quedó finalista y conmovió al jurado con una historia que no necesita sentimentalismo añadido.

A pesar de la actitud paterna, el movimiento y la música son esenciales en su casa. Su madre daba clases de gimnasia en Siria y gestiona una escuela con chicos de 18 años a su cargo, una ocupación insólita para una mujer. Ella les aficionó al baile. Su hermana es profesora de educación física, y su hermano toca instrumentos de cuerda tradicionales. La destrucción causada por la guerra ha cambiado de tal modo la percepción del país que, sin mediar pregunta alguna, Ahmad recuerda las ruinas que tapan hoy su antiguo hogar, a sus cinco parientes muertos y el ruido constante de las balas. “El ISIS me amenazó con dispararme en las piernas si persistía, y he bailado en el teatro romano de Palmira, donde ellos rebanaban cuellos”. Pero también evoca la vida antes del horror. Establecido en 1957 para acoger a los palestinos escapados de la guerra árabe-israelí de 1948-1949, “Yarmuk acabó siendo un barrio al sur de Damasco, con escuelas y hospitales, del que podías salir y entrar”. “A nadie se le ocurría preguntar si éramos musulmanes, judíos o cristianos”.

El pasado noviembre, y ante la oportunidad de volver a empezar, Ahmad decidió darle una sorpresa a su progenitor. Durante los últimos 11 años, Wafik se negó a dirigirle la palabra. “Hablaba con mis hermanos y ni siquiera me nombraba. En plena guerra, y nada. Me ignoraba. Una vez en Europa, decidí mostrarle la importancia de la danza en mi vida y perdonarle si me aceptaba tal como soy. Fui a verle a Alemania y no se lo podía creer. No hacía más que pedirme perdón, darme las gracias y proponer que me quedara. Yo le dije que estaba allí gracias a la danza. Que el baile puede cambiar la vida, algo que él, profesor de arte, debería entender. Ahora lo ve, y aunque no pienso vivir a su lado, yo tenía que perdonar para seguir adelante”.

En el amplio estudio del ballet holandés donde ensaya, Ahmad gira y salta con gusto. Se siente seguro en la danza moderna, pero el ballet es diferente. Holanda es conocida por la base clásica de todos sus bailarines, “y aquí te das cuenta de que un pie ligeramente mal puesto o una mano sin la caída adecuada lo estropean todo”, dice, moviendo los dedos para diferenciar una postura de ballet de un gesto cualquiera. En una banqueta descansa su bolsa de ropa, y si se piensa que abandonó Damasco casi con lo puesto, parece su única posesión. Vestido de negro sobre un fondo blanco, el ascetismo de su figura contrasta con la expresividad de sus movimientos. “Sin la danza no puedo vivir”, asegura, y no suena cursi ni pueril. Viene del horror, pero no piensa desfallecer. “El baile es arte y podía estudiarse en Siria antes de la guerra. Con los condicionantes de cada cultura, pero teníamos una profesora, Albina Bilowa, una antigua bailarina rusa, que daba clases de ballet. Yo iba en secreto, por mi padre. Cuando estalló la guerra, ella se trasladó a Dubái”.

Ante la amenaza de ser llamado a filas para marzo de 2017 (un derecho otorgado por el mismo Gobierno sirio que le niega el pasaporte), su situación se hizo insostenible. El documental holandés hizo posible un viaje iniciado en Beirut, donde esperó cuatro horas en la aduana con sus escasos documentos válidos. La mediación de la Embajada holandesa en Líbano franqueó el camino hacia Estambul y desde allí hasta Ámsterdam. “Ha sido la primera vez en mi vida que llego a un sitio nuevo y me tratan con respeto. Me eché a llorar, claro”. Cuando por fin se instaló en Holanda, uno de sus compañeros de piso, un colega, resultó ser uno de los artistas que había visto mil veces en los vídeos del Nationale Ballet cuando vivía en Yarmuk. Sus nuevos amigos esperaban encontrar a un tipo sombrío, cercano a la depresión. Pero no. Ahmad, alto, bien parecido y en contacto permanente con los suyos, que siguen en Damasco “en una situación terrible”, mira hacia atrás, pero solo “con el deseo de curar las heridas” de un país que le ignora.



Y TAMBIÉN…
Ahmad Joudeh, de las ruinas de Palmira a los teatros de Europa.

El vídeo de Ahmad Joudeh bailando en las ruinas de Palmira se hizo viral y casi le cuesta la vida, pero una compañía holandesa se fijó en él y ahora el joven palestino recorre danzando los teatros de Europa. 'Público' le ha entrevistado.
Beatriz Ríos | Público, 2018-12-07
https://www.publico.es/culturas/ahmad-joudeh-ruinas-palmira-teatros-europa.html

domingo, 1 de enero de 2006

#hemeroteca #homofobia | Reflexiones sobre el ballet cubano

Imagen: Google Imágenes
Reflexiones sobre el ballet cubano
Manuel Hidalgo, México 2005 | Danza en escena, n. 11, 2006-01/03

Hace poco, repasando las noticias de Arte en el New York Times, mis ojos cayeron, como atraídos por un imán, sobre un titular que clamaba ser leído con detenimiento: "El 'Nijinsky Cubano' Busca Asilo y Estrellato". Sin tomar en cuenta este tipo de comparación, que considero fuera de lugar ("La nueva Callas", "El nuevo Baryshnikov"), a medida que devoraba el artículo, inevitablemente mi mente volaba a un mundo de reflexiones familiares y siempre nuevas sobre la realidad de mi país, antes tantas veces llamado La Perla de las Antillas, donde surgió en la segunda mitad del siglo pasado lo que tantos expertos han catalogado El Milagro Cubano dentro del universo del ballet.

Pero ese "milagro" se produjo sobre unas bases muy concretas, que también habrían dado frutos abundantes en otro país bajo circunstancias similares. En primer lugar, la conjunción de un trío de luminarias de la danza mundial, Alicia Alonso, una de mejores bailarinas de todos los tiempos; Fernando Alonso, el gran maestro de ballet y Alberto Alonso, cuyas coreografías, como "Carmen", han recorrido todos los continentes, figuras que, pudiendo haberse con- formado con su propia fama individual, siempre quisieron formar una compañía profesional en Cuba que traspasara las fronteras del país y de América. Y por otro lado, el apoyo que les ofreció el gobierno de Fidel Castro para el desarrollo del conjunto, que se convertiría en uno de los mejores del planeta. Es conocida la anécdota sobre el líder comunista apareciéndose en casa de Alicia y Fernando Alonso una madrugada, poco después del triunfo, para preguntarles cuánto necesitaban para subvencionar una compañía de nivel mundial (y que le trajera al Sistema no sólo prestigio sino muchas divisas).

En entrevista hecha a Alicia Alonso en México, al preguntársele sobre los objetivos que tenían en aquellos momentos los fundadores del conjunto que al principio llevaba su nombre, la diva expresó: "Teníamos unas ideas artísticas fuertes. Pero la más importante de todas era desarrollar el ballet en Cuba profesionalmente, y desarrollarlo de tal forma que no tuvieran los artistas que salir de Cuba para hacer carrera."

Y en el conocido documental que le hizo la BBC de Londres, enfatizaba: "(...) hemos podido tomar los talentos y no desperdiciarlos y ponerlos en el camino correcto (...)" Lo cual se engarza con su contundente frase, que tantas veces me ha golpeado en la mente: "En Cuba no se pierde un talento."

Entonces uno se pregunta: ¿Por qué en una tierra aparentemente tan fértil para el desarrollo del ballet, los bailarines no se quedan? En un contexto social plagado de penurias y dificultades, los miembros del Ballet Nacional de Cuba son parte de la reducida clase privilegiada: pueden viajan, tienen acceso a una serie de productos y servicios que están vedados para la gran mayoría de la población, y además, gozan de la invaluable oportunidad de bailar en los escenarios más importantes; de crecer dentro de una escuela tan reconocida; de enriquecerse con el ejemplo de Alonso y de otras figuras que han hecho grande a la compañía.

Sin embargo, ¿por qué deciden irse? Unos, como José Manuel Carreño, primer bailarín del American Ballet Theater; Carlos Acosta, estrella de Royal Ballet de Londres, y la maravillosa Lorena Feijó, han optado por una solución diplomática que les permite actuar en Cuba, a cambio de aportar parte de lo que ganan al gobierno de Castro. Otros, como Jorge Esquivel, expartner de Alonso, y considerado en su momento el "mejor Apollo del mundo"; las extraordinarias Rosario Suárez y Dagmar Moradillo; el destacado solista Miguel Campanería; y recientemente, Rolando Sarabia, su hermano Daniel y la más importante ballerina cubana de este momento, Alihaydée Carreño, sin contar numerosos miembros del cuerpo de baile, han preferido renunciar a todo lo que podían hacer en la compañía e incluso a ver a sus familias por mucho tiempo.

He oído repetidamente juicios acerca de la política interna del Ballet Nacional, dirigido por Alicia Alonso, y de su carácter recalcitrante con respecto a permitir que artistas de la compañía sean contratados individualmente en otros países, evocando a una especie de Bernarda Alba con sus hijas. Sin embargo, la situación del principal conjunto danzario de Cuba hay que verla sólo como una parte del contexto general del país bajo un sistema donde los conceptos "libertad", "autodeterminación", "opciones", imprescindibles para el artista como el aire y el agua, brillan por su ausencia.

El primer gran escándalo sucedió en los años 70, cuando diez bailarines pidieron asilo político en París, tras un sonadísimo triunfo de la compañía en la capital francesa. Antes de la gira, existían fuertes rumores de que, al regreso, iban a perder su empleo y serían llevados a la UMAP, una especie de campo de concentración en Cuba, donde supuestamente se "rehabilitaba" a personas cuya conducta no se acoplaba a los lineamientos comunistas.

Poco después fueron tres, en España, Miguel Campanería, en Canadá, y la lista continuó engrosándose de "traidores" y "vende-patrias", como se etiqueta a todo el que opta por otro camino diferente al de Fidel Castro. Al principio, los que lanzaron esa mácula imperdonable sobre el Ballet Nacional y sobre el Sistema, eran hombres que habían recibido su entrenamiento de otras fuentes y habían sido aceptados en la compañía, ya adultos.

Cuando se va a hacer una gira al extranjero, aparte del criterio artístico de la dirección de BNC, cada candidato a viajar debe pasar por el delicado tamiz de la Seguridad del Estado. Antes de aquellos primeros escándalos de disidencia, Alicia y Fernando Alonso habían garantizado que dichos bailarines regresarían a Cuba, y tras la triste experiencia que incluso podía dañar sus propias relaciones con el régimen, se tomó la inflexible medida de que la única opción para ingresar en las filas de la compañía fuera la Escuela Nacional de Arte, lo cual aseguraría que los bailarines "se formaran también ideológica y moralmente". Por lo tanto, desde entonces, en el Ballet Nacional de Cuba no existen audiciones para incorporar a bailarines que se han entrenado en otras escuelas o conjuntos. A pesar de - y más bien a causa de - estas medidas de hierro, el éxodo ha continuado, incluyendo a muchos y muchas que se han considerado "frutos de la Revolución".

El mencionado artículo del New York Times sobre Rolando Sarabia se refiere a que "En el verano de 2003, antes de que la compañía comenzara una gira por los Estados Unidos, Alonso y Abel Prieto, el Ministro de Cultura, forzaron a todos los bailarines a firmar una enmienda en su contrato, la cual estipulaba que si abandonaban la compañía, no podrían regresar a Cuba en cinco años, ni sus familias podrían irse del país en ese tiempo."

Por otro lado, de acuerdo con las palabras del mismo Jorge Esquivel a un reportero del New York Times hace años, si a uno de los estudiantes de ballet se le nota alguna tendencia homosexual, o "el más mínimo amaneramiento", es mecánicamente "canalizado" a otra profesión. Es conocido el caso del alumno que sobresalió tanto en la escuela que incluso se le iba a preparar para que representara a Cuba en una importante competencia internacional antes de graduarse; sin embargo, sólo bastó exponer su homosexualidad por medio de una seducción premeditada y una luz encendida en el momento preciso, para truncar una prometedora carrera más.

Tampoco es raro que las mejores coreografías cubanas sean o ballets "abstractos"; o piezas basadas en la literatura universal - "Hamlet", "Carmen", "Romeo y Julieta", "La Casa de Bernarda Alba", u obras con un marcado aire de nostalgia por épocas pasadas - cuando sería lógico pensar que, si sus creadores se sintieran tan adheridos al pro- ceso político y a la "gesta libertadora de Fidel", abundarían piezas dedicadas a la Revolución. Hay también, claro, obras por encargo para celebrar los hitos de los comunis- tas; se le pone una fecha a la creación artística; el coreógrafo tiene que hacer un "ballet comprometido" - y por compromiso - y el resultado, por consiguiente, no trasciende casi nunca las fronteras ni geográficas ni temporales de su estreno.

Y reviviendo todas estas reflexiones, me viene a la mente el nostálgico dúo - durante tantos años soñado y frustrado por las mismas barreras - que finalmente pudo unir el arte de Alicia Alonso y Rudolph Nureyev en Palma de Mallorca al ocaso de sus carreras, sólo después de la caída del Muro de Berlín.