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domingo, 18 de enero de 2026

#hemeroteca #gais #saludmental | Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

Centro de atención de Adhara, en Sevilla //

Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

La asociación Adhara pide que esta práctica se recoja como una prioridad dentro de la agenda de salud pública con tal de evitar la estigmatización del colectivo
Carla Rivero | El Diario, 2026-01-18
https://www.eldiario.es/sevilla/malestar-estres-soledad-sevilla-pone-foco-salud-mental-hora-abordar-chemsex_1_12859428.html

Frente al estigma, educación y sensibilización. Dos corrientes en las que avanza la asociación Adhara cuando se habla de chemsex con el fin de contrarrestar el prejuicio que se da en la esfera pública. Más allá del sensacionalismo, los expertos de la asociación advierten de la estrecha relación que hay entre la sensación de malestar, estrés o soledad cuando se acude a esta práctica. Claves dentro de la salud mental para lograr una mayor prevención a la hora de trabajar en materia de salud pública.

El chemsex, término referido al consumo de ciertas drogas durante los encuentros sexuales, está mayormente relacionado con el grupo de hombres gais, bisexuales y aquellos hombres que tienen sexo con hombres, bajo las siglas GBHSH. Un fenómeno que tiene cada vez más peso en el ámbito sanitario y en el que se avanza en conocimiento y divulgación, como ocurre desde el Centro de detección de VIH y otras ITS que tiene Adhara en Sevilla. En 2017, se comenzó a catalogar el término en las atenciones que realizaban y, desde entonces, abordan de forma específica a los usuarios, quienes suelen estar atravesados por otras dificultades, tanto de calado social como por otro tipo de enfermedades.

Hay tres factores principales que motivan a la persona a hacer un uso intencional de drogas, tales como la metanfetamina, GHB/GBL o la mefedrona, explica Jose Miguel Saucedo Águila, psicólogo de la entidad: las motivaciones relacionadas con el bienestar emocional y físico, es decir, la desinhibición, aumentar la duración del encuentro o la satisfacción de sentirse parte de un grupo, “ese espacio relajado, de no juicio y de pertenencia, es muy potente”; por otra parte, estaría la experiencia interna, donde desaparecen las vivencias negativas, “el estima del VIH, la LGTBIfobia, la soledad, el estrés, o cualquier malestar emocional”; y, por último, la estrategia desadaptativa, donde la huida hacia delante permite olvidar ese malestar interior que se intenta ahogar durante unas horas.

En un momento en el que las infecciones de ITS aumentan a nivel nacional, según los datos del Ministerio de Sanidad, como la gonorrea, la sífilis y la clamidia, el chemsex está atravesado por el debate público y, como marcan análisis europeos, se demandan programas de educación sexual. Para tomarlo con perspectiva, un estudio elaborado por la Universidad Antonio de Nebrija y publicado en la revista 'International journal of clinical and health psychology' determina que aquellas personas con una alta homofobia interiorizada tienen mayor probabilidad acudir a estas sesiones donde se utilizan químicos, así como que ser VIH positiva aumentaba cuatro veces el riesgo de participar.

Casos atendidos

“Se vende el chemsex como una manera de pasárselo bien en los medios de comunicación, sin atender a estas cuestiones, por lo que parte del proceso terapéutico es escarbar en la experiencia interna y en la estrategia desadaptativa, ya que, muchas veces, una vez se solucionan estos aspectos, la persona no consume y aprende a análisis europeos otro tipo de disfrute a nivel sexual”, especifica el especialista.

Contra la trampa de la desinformación, la asociación, en colaboración con las entidades Stop y Apoyo Positivo, participó recientemente de la II Jornada Chemsex Andalucía que estuvo organizada por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad. Un espacio en el que se dio a conocer un estudio pionero en Andalucía a cargo del Hospital Virgen del Rocío y enmarcado dentro del Plan Andaluz de ITS, VIH y Sida (PAITSIDA), en el que participaron unas 700 personas. En él, se avanzan algunas cuestiones relacionadas con el perfil de individuo que consume chemsex y que concuerda en varios aspectos con los datos registrados por Adhara.

A partir de su base de datos, la ONG contabiliza que el número de personas atendidas en el ámbito del chemsex fueron un total de 77 en 2019, mientras que en 2020 ascendieron a 118, luego, en 2021 repuntaron a 139, seguido por 2022 con 102 atenciones, mientras que en 2023 acudieron 192 usuarios y, en 2024, unas 131 personas. En lo que va de este año, se registraron 57 de forma específica. Una cifra que varía en función de los recursos económicos de los que disponga la asociación, dado que “es un servicio totalmente gratuito y, en general, el periodo de atención mínimo es de un año, aunque las atenciones individuales suelen ser quincenales”.

Extensión al ámbito rural
Con respecto al perfil, Saucedo determina que la franja de edad se extiende de entre los 20 a los 50 años, aunque hay casos de jóvenes de 18 años que se inician en el chemsex o mayores de 60 años que “sufre de soledad y lo encuentra como una vía de escape”. Además, una mayoría de las personas que lo practican tienen estudios superiores y, en el último tiempo, se aprecia que se extiende a núcleos urbanos fuera de los centros metropolitanos, como en localidades próximas de Carmona, Camas, Utrera o Mairena del Aljarafe. “Antes era específico de ciudades grandes, pero el consumo se normaliza y para tener este ocio sexual se utilizan aplicaciones en las que se comparte una misma jerga e iconografía y, luego, los encuentros se dan en entornos privados, como pisos”, apunta.

También, se observa que hay una incidencia más alta entre la población migrante. Sumado al estrés que soportan por el cambio de país, hay una serie de impedimentos que las aboca a una realidad cruel, sin red ni apoyos. Vulnerables, optan por la venta de drogas o el trabajo sexual, incluso, por el consumo de estupefacientes con tal de sobrellevar las condiciones extenuantes en las que sobreviven. “En España y otros países no son amables con el migrante a la hora de encontrar un trabajo, por ejemplo, y de igual manera pueden pertenecer a otras minorías, como queer, trans”, sostiene el psicólogo, “por tanto, se suman todas estas barreras, al igual que los obstáculos para acceder a recursos sociosanitarios relacionados con la prevención de las ITS, cómo protegerse frente al VIH o al tratamiento PrEP”.

Más allá de la labor de las entidades sociales, al sistema público le ponen una serie de deberes. Entre ellos, dar al chemsex prioridad en la agenda política de Andalucía, así como proporcionar más espacios amables, discretos e inclusivos dentro en las instalaciones sociosanitarias para que este colectivo se sienta escuchado, en vez de juzgado. En paralelo, mantienen que hay que profundizar en la sensibilización del personal sanitario que atiende cada día a estos usuarios. “La formación debería llegar con apoyo psicoemocional para entender los problemas adicionales a la salud que hay en esa persona y que, quizás, en un principio no se vean”, entiende.

Una máxima en este trato debería ser “tener una actitud cero paternalista y, sobre todo, basarse en la educación”. Dar acceso a la información para que, si el individuo finalmente decide tener una sesión de chemsex, sea lo más seguro posible. “En muchas ocasiones, estas personas nunca se han sentido parte de nada, no han sido escuchadas, se han visto como las diferentes, las sensibles, las raras, y, de repente, tienen un espacio agradable en que se les aporta todo lo que se les había negado y, a la vez, desaparecen ese montón de emociones negativas”, determina Saucedo. Así que, tender la mano y actuar de forma preventiva es la opción que toma cada vez que alguien se sienta en su consulta.

lunes, 13 de octubre de 2025

#hemeroteca #violencia | Las incógnitas del crimen del 'chemsex': un piloto y un joven que trabajaba de 'escort', el arrebato previo, drogas y un final fatal

Aaron, junto a la traductora que le asiste en el juicio //

Las incógnitas del crimen del 'chemsex': un piloto y un joven que trabajaba de 'escort', el arrebato previo, drogas y un final fatal

El acusado afronta una petición de 19 años de cárcel de la Fiscalía en un juicio con jurado popular
Cristina Rubio | El Mundo, 2025-10-13
https://www.elmundo.es/cataluna/2025/10/13/68e95a4fe85ece42578b45aa.html

Aaron J. R., un piloto de helicóptero de nacionalidad británica, cogió un vuelo desde Londres con destino El Prat (Barcelona) el 16 de febrero de 2023 para tener un encuentro sexual con Óscar, un joven de 38 años, que trabajaba de ‘escort’ y con el que ya había mantenido relaciones en ocasiones anteriores. Él fue a recogerle al aeropuerto a las 19.20 horas y ambos condujeron hasta Vallgorguina, un pequeño municipio en la falda del Montseny donde Óscar tenía una casa.

El domicilio, el lugar escogido para una velada de ‘chemsex’ -largas sesiones de drogas y sexo- acabó convirtiéndose en escenario de un final fatal: a las 2:45 horas del día 17, el acusado fue a la cocina, cogió un cuchillo y lo clavó en varias ocasiones a Óscar, que falleció de las heridas tras intentar escapar de la casa. Ahora, un jurado popular juzga en la Audiencia de Barcelona al piloto británico, en prisión preventiva desde el momento del crimen, para el que la Fiscalía pide 19 años de cárcel y la acusación particular eleva a 20 por el crimen de Óscar en una fiesta ‘chemsex’.

«Dejen fuera sus prejuicios. Aquí no se juzga la prostitución masculina ni el consumo de drogas, sino que había un chico al que le quitaron la vida», avisó el fiscal Félix Martín en la primera sesión. En el juicio, lo que se debate no es la autoría, es la intencionalidad y si las drogas (metanfetaminas y GHB) afectaron a la conciencia del acusado. En este sentido, el fiscal recordó al jurado popular que la complejidad de este caso es determinar si el procesado sufrió un brote psicótico -rebajaría su responsabilidad penal- o si era consciente de lo que hacía pese a estar «alterado» por las drogas.

El jueves, tomó la palabra el acusado para negar que a día de hoy se sienta «responsable» del crimen. «Tengo la sensación de que no he sido responsable de esto», dijo a preguntas del letrado de la familia de la víctima. Aaron, con vida acomodada en Londres como él mismo reconoció, pagó a Óscar 285 euros por las drogas y 300 por los servicios sexuales de la fiesta ‘chemsex’ de Vallgorguina. Una vez allí, y «con la finalidad de alcanzar la mayor excitación sexual posible», comenzaron a injerir metanfetaminas y GHB -el acusado «en mayor cantidad» que el fallecido- e «instalaron un colchón en el salón» con distintos juguetes sexuales y las drogas mencionadas, según recoge el escrito de acusación de la Fiscalía.

En este punto y bien entrada la madrugada, Aaron aseguró que actuó con miedo y confusión tras consumir importantes cantidades de droga, la tesis que mantiene su defensa para pedir la absolución. Y armó un relato paralelo: dijo sentirse asustado ante el temor de que la sesión se estuviera retransmitiendo en directo o que Óscar le estuviera grabando; mantuvo haber escuchado un ruido y pensó que había alguien más en el salón; percibió una amenaza de «fuera de la casa, de múltiples personas»; e incluso llegó a imaginar que la víctima se comunicaba a través de gestos con terceras personas por las cámaras de videovigilancia (que estaban apagadas y la luz se veía en el salón). Fue entonces cuando dijo haber relacionado todos estos episodios hasta el punto de empezar a pensar que había gente en el exterior del domicilio de la víctima que iba a entrar al interior para violarlo.

El procesado insistió en que empezó a sentirse «aterrorizado», fue a la cocina a buscar un cuchillo para «protegerse», según su declaración, y cerró la puerta de entrada con llave para evitar que entraran en la vivienda los hombres que creía que aguardaban fuera. En este punto inmovilizó a Óscar y le asestó varias cuchilladas en el pecho y la espalda, aunque aseguró no recordar cuántas. «Mi instinto me dijo que estaba en graves problemas», mantuvo el acusado.

Sin embargo, las pruebas recopiladas por los Mossos contradicen esta versión: Óscar apagó las cámaras del interior de la vivienda antes de empezar las relaciones sexuales y solo una de fuera se activó con el movimiento de la víctima, cuando saltó por un balcón para huir antes de desplomarse y morir desangrado unos metros más adelante. En el exterior no había nadie y en las imágenes se veía también a Aaron, cuchillo en mano, en lo alto del muro de la casa y en estado de completa agitación ante el cadáver. Los vecinos que llamaron al 112 aseguraron que decía: «I'll fucking kill you!» (¡Te voy a matar, joder!. Una escena que se prolongó hasta que llegaron los Mossos d'Esquadra y lo arrestaron.

Otro aspecto a tener en cuenta es el testimonio de un bailarín apodado Victory, que este lunes declara como testigo. El 14 de febrero de 2023, solo tres días antes del crimen de Óscar, el acusado se citó con él para una sesión de ‘chemsex’ donde protagonizó un «episodio de ira y violencia». «Pensaba que cogerías un cuchillo para matarme», escribió Victory a Aaron por whatsapp horas antes. «Fue un preludio macabro», resumió el abogado de la familia de Óscar.

sábado, 29 de marzo de 2025

#hemeroteca #controlsocial | La 'ley mordaza' cumple diez años sin derogación a la vista tras recaudar más de 1.000 millones en multas

Campaña de Amnistía Internacional contra la Ley Mordaza //

La 'ley mordaza' cumple diez años sin derogación a la vista tras recaudar más de 1.000 millones en multas

Los partidos confían en poder aprobar antes del verano la reforma de los aspectos más lesivos de la norma que simbolizó la respuesta del Gobierno del PP al descontento social tras la crisis
Oriol Solé Altimira, Alberto Ortiz, Raúl Sánchez | El Diario, 2025-03-29
https://www.eldiario.es/politica/ley-mordaza-cumple-diez-anos-derogacion-vista-recaudar-1-000-millones-multas-cat_1_12171627.html

“La Ley Mordaza y la reforma del Código Penal han sido aprobadas por el rodillo del PP. Las derogaremos cuando gobernemos”. Así se expresó el 26 de marzo de 2015 el entonces líder de la oposición, Pedro Sánchez. Una de las normas más representativas del mandato del PP de Mariano Rajoy cumple una década. La derogación prometida de la ley no se realizará al 100%, aunque el PSOE y parte de sus socios han logrado, tras años de desencuentros, un acuerdo para reformar sus aspectos más lesivos, cuya aprobación está pendiente en el Congreso.

“La ley ha tenido efectos devastadores en las libertades civiles, en especial el derecho a la protesta”, denuncia Cèlia Carbonell, miembro del Centro Irídia. “Es incomprensible que la ley todavía no se haya derogado ni se haya realizado una reforma profunda”, constata el catedrático de Derecho Penal de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Josep Maria Tamarit.

La experiencia de esta década, destaca el catedrático, ha mostrado “un uso bastante arbitrario de los poderes de la policía, con un amplio margen de tolerancia hacia ciertas conductas, sin poderse prever cuándo harán uso de sus poderes y por qué motivos”. “Y con el COVID, se realizó un uso injustificado de la ley para aplicar un control desmedido a la población”, denuncia Tamarit.

El empleo de la norma durante el estado de alarma y la posterior desescalada del COVID ha hecho que, tal y como muestran los datos del Ministerio del Interior analizados por elDiario.es, 2020 fuera el año récord en recaudación de multas por la ‘ley mordaza’, con un total de 252 millones de euros.

El siguiente año con mayor recaudación fue 2023, con 175 millones de euros, mientras que en los años restantes, las multas se sitúan en alrededor de los 150 millones anuales. Entre 2016 y 2023 (último año con cifras disponibles), las sanciones ascendieron a un valor de 1.250 millones de euros. El número de multas no presenta grandes variaciones tanto bajo Gobiernos del PP como del PSOE y sus socios a la izquierda.

Por motivos de sanción, tres artículos suponen el 90% de las multas de la 'ley mordaza': la más repetida fue el consumo de drogas en la calle, que ha acarreado multas por valor de 803 millones de euros. Le siguen la resistencia o la desobediencia a la autoridad (246 millones) y la exhibición de armas prohibidas (104 millones de euros).

“Hay aspectos de la ley, como el control de armas, que tienen un sentido y deben ser una prioridad”, apunta Tamarit, que recuerda además que la norma fue avalada casi en su totalidad por el Tribunal Constitucional. Sin embargo, el catedrático también denuncia que la norma ha consagrado sanciones administrativas más graves “y con menos garantías” que las que antes imponían los tribunales con las antiguas faltas.

“Las sanciones previstas en la ley son desproporcionadas: puedan llegar hasta 600.000 euros”, recuerda Tamarit, que añade que las infracciones “no están definidas de forma suficientemente taxativa, se usa un concepto tan indeterminado y peligroso como 'alarma social' (o la 'seguridad ciudadana' en sí) y llegan a castigarse actos cuyo impacto en la seguridad no está claro si la entendemos en un sentido restrictivo, como el mero consumo de drogas”.

Uno de los aspectos más polémicos de la norma es la sanción administrativa por faltar al respeto a los agentes de la autoridad, inexistente en otros colectivos de funcionarios. Ello ha comportado sanciones tanto a jubilados anónimos que protestaron por una actuación racista como a premios Pulitzer como Javier Bauluz, multado por la ley mordaza mientras fotografiaba la llegada de migrantes a Canarias.

El camino político para la reforma
Durante estos diez años, los grupos de izquierda y las fuerzas nacionalistas han intentado hasta en cuatro ocasiones dar forma a un texto que modifique los aspectos más lesivos de la norma. El intento que más se acercó se produjo durante la legislatura pasada, a partir de un texto del PNV, pero entonces las tensiones entre el PSOE y partidos independentistas como ERC y EH Bildu dieron al traste con las negociaciones.

Esas conversaciones chocaron en cuatro puntos: el uso de las pelotas de goma –que no regula esta norma–, las devoluciones en caliente, las multas por desobediencia y faltas de respeto a la autoridad. ERC y EH Bildu exigían la eliminación de esos cuatro puntos, los más “lesivos”, según sus argumentos, y el PSOE desestimaba esas demandas que consideraba “excusas”.

En octubre del año pasado, el Gobierno alcanzó con EH Bildu un acuerdo para reformar la ley. Ese texto hablaba de sustituir las pelotas de goma por un material menos lesivo e incluye una disposición para que en el plazo de seis meses se aborde una modificación en la ley de extranjería. Este acuerdo sirvió para acercar también a ERC al acuerdo y facilitó su toma en consideración.

Los partidos debaten ahora sobre ese acuerdo como base para la reforma que todos esperan que esté aprobada por el Congreso antes de que termine el periodo de sesiones. Para Carbonell, del Centro Irídia, ese pacto es “una oportunidad que presenta avances”, aunque resulta “insuficiente para la garantía total de los derechos y libertades”, y advierte de que las organizaciones por derechos humanos presionarán para que los cambios en la ley “sean una garantía y no una represión de los derechos y libertades”.

El 1 de julio, fecha en el calendario
Fuentes parlamentarias confirman que ha habido algunos encuentros entre los grupos para empezar a negociar un texto a partir de las enmiendas que registraron a finales del año pasado. Esos encuentros se han dado de forma bilateral entre algunos de los grupos que conforman el bloque de la investidura, aunque la sensación general es que apenas se han movido las cosas por ahora.

Todas las partes tienen en la cabeza como límite el 1 de julio, cuando se cumplen diez años de la fecha en la que entró en vigor oficialmente la ley. Fuentes de Sumar hacen un llamamiento a la responsabilidad al resto de grupos para no permitir que se llegue a esa “ignominiosa fecha” sin acuerdo para derogar la ley y piden a algunas formaciones que no antepongan sus “intereses partidistas por encima de los generales”. Más aún, ante la posibilidad de que esta legislatura sea la última oportunidad para abordar esa reforma ante la perspectiva de una mayoría de derechas en unas próximas elecciones.

Los partidos que han puesto más pegas al texto en sus enmiendas son Podemos, Junts y el BNG. El partido de Ione Belarra dio su apoyo en octubre a la toma en consideración de la proposición de ley, pero ha reclamado que la prohibición de las pelotas de goma y de las devoluciones en caliente sea efectiva. En una de las enmiendas, a las que tuvo acceso este diario, incluyen una prohibición expresa de las balas de goma “o de cualquier otro instrumento o producto análogo que pueda producir para las personas graves lesiones, pérdidas, inutilidad o deformidad de órganos o miembros, pérdida de un sentido o incluso la muerte”.

Junts y el BNG también registraron enmiendas que van en la misma línea. Los independentistas catalanes establecen que con fecha 31 de diciembre de este año “sea efectiva la prohibición total” de esos proyectiles y se establezca un nuevo modelo que “deberá garantizar en cualquier caso la disponibilidad de herramientas robustas que permitan un abanico de opciones tácticas diferenciadas”.

La ley que ha empezado a tramitar el Congreso recoge sin embargo buena parte de los acuerdos que se alcanzaron en la fase de ponencia en la legislatura pasada y añade además dos aspectos que formaron parte del choque que rompió las negociaciones. Por ejemplo, objetiva lo que antes se consideraban faltas de respeto para que ahora se refieran a “insultos o injurias” que no sean delito.

Además, la desobediencia a los agentes pasará de una infracción grave a leve y se añade un criterio para que sea “manifiesta, clara y objetivable”. El PSOE ha asumido con esta redacción una posición prácticamente idéntica a la que defendían durante la legislatura pasada EH Bildu y ERC. Eso sí, esos puntos pueden suponer un choque en los próximos meses con el PNV, que ha registrado enmiendas para mantener como graves esas faltas.

jueves, 27 de febrero de 2025

#hemeroteca #homofobia #policias | Denuncian una actuación "desproporcionada" de la Guardia Urbana en un club LGTBIQ+ de Barcelona

Imagen de archivo de una manifestación LGTBI en Barcelona //

Denuncian una actuación "desproporcionada" de la Guardia Urbana en un club LGTBIQ+ de Barcelona

Más de una decena de agentes registraron y cachearon a las personas del local, según testigos. Desde el consistorio explican que se trata de una "inspección administrativa rutinaria.
Judit Castaño, María Martínez Collado | Público, 2025-02-27
https://www.publico.es/sociedad/denuncian-actuacion-desproporcionada-guardia-urbana-club-lgtbiq-barcelona.html

Organizaciones de la comunidad LGTBIQ+ han denunciado públicamente una actuación policial de la Guardia Urbana de Barcelona "totalmente desproporcionada" en un club gay de la ciudad. Según han informado diferentes testigos a entidades locales, este martes tuvo lugar una redada en un local que se encuentra en la calle Calàbria, en el Eixample, en la que participaron más de una decena de agentes. Los policías registraron a todos los clientes e inspeccionaron el local durante dos horas. El encargado del espacio afirma que no había pasado nunca algo parecido.

Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona han confirmado a ‘Público’ que la operación efectivamente tuvo lugar y explican que consistió en una "inspección administrativa rutinaria" en el marco de las inspecciones de los locales de pública concurrencia. Algo que difiere de la versión ofrecida por Javier Rodríguez Núñez, responsable del Comissionat de Polítiques d’Infància, Adolescència, Joventut i LGTBI, que ha justificado que "se ha actuado por quejas vecinales que referían menudeo" en su cuenta de X (antes Twitter). Según el consistorio, en el local se detectaron cuatro infracciones y se detuvo a una persona por tráfico de drogas. "Durante el inicio de la inspección se personaron en el local tres agentes de la Guardia Urbana, pero tras la detención acudieron cuatro agentes más", detallan desde el Ayuntamiento. Testimonios que estaban presentes en el momento de la actuación contradicen, sin embargo, al consistorio y elevan la cifra a 13.

La comunidad LGTBIQ+, organizada en colectivos y asociaciones, viene denunciando que desde hace años muchas personas del entorno han sufrido todo tipo de redadas arbitrarias y humillaciones con la excusa de las drogas y el chemsex (fenómeno sociocultural que consiste en mantener relaciones sexuales en un ambiente de consumo de sustancias psicoactivas). ‘Público’ se hizo eco de este tipo de actuaciones a mediados de febrero, en una exclusiva donde tres personas relataron su testimonio y confesaron haber vivido diferentes tipos de abusos policiales. El Movimiento Marika de Madrid también continúa monitorizando y recogiendo información al respecto.

Una actuación "desproporcionada" y "militarista"
Luis Villegas, gerente de la ONG Stop, ha expresado su preocupación en una conversación con ‘Público’. Villegas señala que esta intervención policial ha supuesto un impacto importante en la comunidad LGTBIQ+, en especial para las personas que se encontraban en el local en el momento del operativo: "Supongo que fue un impacto brutal para quienes estaban en ese momento allí, el hecho de verse rodeadas de agentes...".

Desde la ONG explican que tienen una relación estrecha con el establecimiento intervenido, ya que en ese espacio realizan labores de prevención y distribución de material informativo. Para Villegas, este tipo de operativos, sin previo aviso y con una presencia policial tan numerosa, generan una situación de vulnerabilidad extrema: "Que de pronto entren más de diez policías en un club donde se supone que se generan espacios de mucha intimidad es muy violento".

En Stop advierten que esta intervención "no es un hecho aislado" y que en los últimos meses han observado un "incremento de la presión policial en espacios frecuentados por la comunidad LGTBIQ+", en especial en zonas de ‘cruising’. "Nos hemos enterado de que este mismo fin de semana ha habido redadas en un parque público, una zona de 'cruising' histórica en Barcelona, algo que la gente no vivía desde la transición", denuncian.

La ONG ha trasladado estas preocupaciones a diversas instancias, incluyendo los Mossos d'Esquadra, la Guardia Urbana y el Comissionat LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, pero, según Villegas, no han recibido respuestas claras. "Nos dicen que esto no va a ir a más... pero las redadas continúan", lamenta. El Ministerio del Interior, bajo el mando de Fernando Grande-Marlaska, también está en conocimiento de este tipo de actuaciones. De hecho, el departamento respondió en octubre de 2024 a un escrito de un activista que se dirigió personalmente al director de gabinete del ministro para informarle de dichos abusos. La respuesta, tal y como adelantó ‘Público’, consistió en instarles a que presentaran denuncian formales en los canales correspondientes.

Desde Stop critican que la acción policial parece tener un carácter "estigmatizante". Villegas se pregunta por qué "mientras se criminalizan estos espacios de socialización de la comunidad LGTBIQ+", no se adoptan medidas similares en otros entornos. "No se van a la salida de una multinacional a vigilar a todos los ejecutivos que salen a ver cuánta cocaína llevan: ¿por qué a nosotros sí y a ellos no?".

Asimismo, denuncia que este tipo de actuaciones refuerzan la criminalización de las personas más vulnerabilizadas, como los usuarios de ‘chemsex’, un fenómeno sociocultural que, según Stop, requiere un abordaje desde la salud pública y no desde la represión policial. "Es una auténtica caza de brujas. Están penalizando el consumo, no el tráfico, de una forma escandalosa", señala Villegas. Además, afirma conocer casos de detenciones y registros injustificados, como la de un voluntario de otra entidad que fue cacheado e intimidado por la policía mientras realizaba labores de salud comunitaria: "Estamos muy enfadados. Esto no tiene ningún sentido. Si más de 0,3 gramos de metanfetamina se considera tráfico y la dosis mínima de consumo es de 0,5 a un gramo, y según estudios de Barcelona un 12% de los GBHSH (hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres) practican ‘chemsex’ con ‘tina’, ¿la policía va a detener a toda esa población?", concluye Villegas.

El Observatori Contra la LGTBIfòbia, por su parte, ha denunciado la actuación a la Oficina para la No Discriminación (OND) del Ayuntamiento de Barcelona y ha activado su protocolo contra la LGTBIfobia. También informará de la actuación policial al sindicato de Greuges de Barcelona para que valore si ha sido correcta o no.

Eugeni Rodríguez, presidente de la entidad, reclama explicaciones por parte del Gobierno municipal de Jaume Collboni (PSC), independientemente del motivo de la actuación. "Que entren a un local 13 agentes de la Guardia Urbana es absolutamente desproporcionado y militarista, que infringe el ordenamiento jurídico de cualquier Estado de Derecho y democrático como es el español. Es desproporcionado, con todo lo que conlleva de criminalización e incriminación del colectivo", ha reprochado.

Rodríguez lamenta que este tipo de "redadas arbitrarias" en bares de ambiente, "que ya se daban hace 40 años", estigmatizan este tipo de locales y las practicas que allí se desarrollan. "Hay otras formas de solucionar posibles incidencias más allá actuaciones policiales de este tipo, como hablar con las entidades, la mediación...", señala en declaraciones para este medio.

No es un caso aislado
Barcelona en Comú, el principal grupo de la oposición, también ha mostrado su preocupación por una actuación policial que consideran "sobredimensionada". Sospechan que no se trata de algo puntual, sino que formaría parte de un conjunto de actuaciones que se están dando últimamente contra este tipo de locales y prácticas concretas. Jessica González, regidora de los Comuns, ha anunciado que pedirán explicaciones al Ejecutivo municipal. "Presentaremos una pregunta por escrito para que el Gobierno responda con trasparencia. Utilizaremos todas las herramientas para esclarecer los hechos", han confirmado fuentes de Barcelona en Comú.

jueves, 13 de febrero de 2025

#hemeroteca #homofobia #policia | ¿Podemos confiar en ellos?

La policía escoltando a Ciudadanos en MADO 2019 //

¿Podemos confiar en ellos?

Paco Tomás | Público, 2025-02-13

https://www.publico.es/opinion/columnas/podemos-confiar.html

Tras leer las dos informaciones que ha difundido esta semana Público, me atrevería a escribir que a las comunidades LGTBIQ+ no nos ha sorprendido. Llevamos años denunciando los abusos policiales y esto es solo una gota más que deseo acabe por colmar el vaso. La mayoría de las personas LGTBIQ+ hemos tenido una experiencia desagradable con la policía, sea nacional o municipal. Desde el año 1986, cuando Arantxa Serrano se besó con una amiga en la puerta de la Dirección General de Seguridad y ambas fueron detenidas y sometidas a registros vaginales, hasta hoy, cuando Alberto (seudónimo de una de las personas que contó su testimonio a este diario) es detenido al salir de una discoteca y, en comisaría, le hicieron desnudarse, abrirse las nalgas y mostrar sus genitales a ocho policías, han pasado treinta y ocho años y, supuestamente, una democracia que nos dotaba, a las personas LGTBIQ+, no solo de derechos sino también de libertades.

Yo sufrí una humillante redada en un bar gay de Palma, en Mallorca, porque la policía tenía la sospecha de que en su interior se había escondido un delincuente que perseguían. No sé si lo encontraron pero desde luego, a todos los que estábamos allí, nos trataron como si fuéramos el delincuente. Hace nueve años, en el barrio de Lavapiés, mi amigo Antonio se dirigía a un local gay cuando un coche de policía le deslumbró con las luces largas. La policía le desnudó completamente en plena calle para ver si llevaba algo de droga para consumo personal. Hace dos años, de madrugada, mi amigo Alberto se estaba besando con otro chico y un coche de policía se detuvo a su lado. Los policías les llamaron la atención de malas maneras y les preguntaron que qué estaban haciendo. Mi amigo contestó que besarse y los policías les ordenaron que se separasen. Mi amigo y su ligue se fueron de allí pero aún recuerda el miedo que sintió ante la posibilidad de que la pareja de policías se hubiera bajado del coche. Frases como “ahora verás lo que te va a pasar en Leganitos”, o expresar “qué asco” cuando una persona, en el registro, saca un lubricante, son propias de una policía heredera del franquismo.

El hostigamiento sistemático que sufren las comunidades LGTBIQ+ por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es tan antiguo como la homofobia que reside en ellos, de manera estructural. Es cierto que hay asociaciones de policías LGTBI+ que trabajan por la diversidad e imparten formaciones específicas para acabar con la lgtbifobia en la policía pero también es igual de cierto que apenas logran que el grueso de la profesión asista a ellas. Después de las informaciones que hemos conocido esta semana es lógico que nos preguntemos si podemos confiar en la policía. Resulta obvio señalar que son Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. No están para protegerte a ti. Están para proteger y defender al Estado. Y tú eres un vecino, una mano de obra, un voto, pero no el Estado. Y mientras el Estado se rija por la heteronorma, mientras por las grietas del sistema se filtre la homofobia, estarán en nuestra contra. Y lo más duro de tener que escribir este párrafo es hacerlo con un ministro del Interior que es gay.

Hemos leído en este diario que Grande-Marlaska conoce, desde hace más de tres meses, las detenciones arbitrarias, los cacheos humillantes y las infiltraciones de agentes en espacios seguros gais y, que sepamos, se ha desentendido del problema. Lo que se contesta desde el Ministerio de Interior es que si te sientes perjudicado por una mala praxis policial, lo denuncies en la policía. Eso es como decirle a una víctima de violencia de género que primero informe a su maltratador de que va a denunciarle.

Por supuesto que no estamos en los años de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Ni siquiera en los años de la ley de Escándalo Público. Faltaría más. Pero estos 47 años que han pasado desde entonces no pueden ser un pretexto para dejar de prestar atención al hostigamiento actual. Las personas LGTBIQ+ sabemos que pocos individuos e instituciones se atreven a señalarnos y discriminarnos directamente por nuestra orientación o identidad. Desde Stonewall, siempre se ha usado una excusa para hacerlo. Desde la protección de la infancia hasta la ideología de género pasando por el borrado de las mujeres o, como en este caso, la lucha contra la droga. Como si el consumo recreativo de estupefacientes fuese un hábito exclusivo de las personas LGTBIQ+.

La Jefatura Superior de Policía dice que no hay discriminación. Que ellos actúan sobre zonas y espacios donde creen que puede existir algún hecho delictivo. Esa es la clave. Donde “ellos creen”. ¿Y en qué se basa esa creencia? Pues en sus prejuicios, que les llevan a discotecas, saunas o zonas de la ciudad concurridas por hombres homosexuales. ¿Habéis visto redadas y actuaciones policiales en los bares de Ponzano o en los locales frecuentados por jóvenes de chaleco y pelo acolchado? No. Y os aseguro que hay motivos para hacerlo. Es ahí cuando una investigación se convierte en una investigación de características homófobas.

En el estado mental de los policías sigue instalada una idea excluyente del enemigo, de lo correcto y lo admisible, que hace que nunca piensen que el delito está en un hombre hetero blanco, con traje y corbata, que se toma una copa en el barrio de Salamanca. Para ellos, el color de tu piel, tu vestimenta, tu orientación sexual o identidad de género o el barrio en el que vives es algo que, sin más, te convierte en sospechoso.

Y que no vengan ahora a decirnos que están luchando contra el chemsex. Crearse perfiles en aplicaciones gais de contactos para atraer a chicos a direcciones falsas de chills, animándoles a comprar droga que luego ellos van a utilizar como prueba para tu detención, es propio de una caza de brujas. Es bien conocida mi postura ante el chemsex. Me preocupan muchas de las conductas que suceden en esos espacios y las razones que llevan a las personas a participar de esas largas sesiones de drogas y sexo. Pero esas conductas no son exclusivas de la población homosexual. Son muchos los hombres cishetero que las hacen en habitaciones de hoteles y con presencia de prostitutas. Algunos con afiliaciones políticas incluso. Pero, al margen de eso, si una sociedad ha asumido que las adicciones son un problema de salud, ¿qué hace la policía deteniendo a personas que lo que necesitan es un acompañamiento terapéutico? Esa persecución policial es íntegramente homófoba porque se canaliza exclusivamente hacia hombres homosexuales y exime a la sociedad y a las administraciones de su responsabilidad en la información sobre prevención, reducción de daños y terapia.

Todo esto es un problema muy serio porque hace que las personas LGTBIQ+ sigamos sin denunciar las agresiones que sufrimos porque, claramente, desconfiamos de la policía. Y nuestra confianza es algo que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se tienen que ganar. Y actos como estos echan para atrás cualquier avance. Y más cuando su jefe es un hombre homosexual que ignora las llamadas de atención que le da su propia comunidad.

#hemeroteca #homofobia #controlsocial | Marlaska se desentendió de advertencias de abusos policiales contra el colectivo LGTBIQ+

Fernando Grande-Marlaska en un encuentro con colectivos LGTBI+ //

Marlaska se desentendió de advertencias de abusos policiales contra el colectivo LGTBIQ+

'Público' ha tenido acceso a una carta dirigida al director de gabinete de Interior, donde se documenta un hostigamiento sistemático por parte de agentes en zonas frecuentadas por el colectivo. Desde el ministerio se limitan a aconsejar que "cualquier ciudadano que se sienta perjudicado por una presunta mala 'praxis' policial, lo que tiene que hacer es denunciar" ante la propia Policía.
María Martínez Collado, Sato Díaz | Público, 2025-02-13
https://www.publico.es/sociedad/marlaska-desentendio-advertencias-abusos-policiales-colectivo-lgtbiq.html

El Ministerio del Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska, tiene constancia desde hace más de tres meses de que hay personas LGTBIQ+ que afirman sufrir una situación de discriminación y acoso sistemático por parte de la Policía Nacional y Local en Madrid. Más de 50 años después de Stonewall, la historia de represión por tener una sexualidad no normativa parece estar repitiéndose. Este mismo lunes, Público sacó a la luz el testimonio de tres personas tras una investigación del Movimiento Marika de Madrid –que lleva años monitorizando este tipo de casos–. Desde Interior insisten en que "cualquier ciudadano que crea, vea, note o se sienta perjudicado por una presunta mala praxis policial, lo que tiene que hacer es denunciar" ante la propia Policía.

Estos testimonios relatan diferentes episodios de detenciones arbitrarias, cacheos humillantes e infiltraciones de agentes en espacios que creían seguros bajo el pretexto de poner fin al narcotráfico. Para las víctimas, se trata de una caza de brujas que criminaliza sus cuerpos y su existencia misma. A pesar de las reiteradas advertencias y peticiones de intervención, la respuesta del Gobierno, sin embargo, ha sido el silencio o la inacción.

Este medio ha tenido acceso a una carta del pasado 4 de octubre de 2024 dirigida a Lorenzo Martínez, director del gabinete del ministro del Interior, Grande-Marlaska, donde se documenta un hostigamiento sistemático por parte de agentes en zonas frecuentadas por personas LGTBIQ+. La misiva describe registros "invasivos y sin justificación", y el uso de "insultos homófobo por parte de la Policía". "En numerosos casos, incluyen tocamientos en zonas íntimas y, en ocasiones, la desnudez parcial en plena calle, lo que constituye una grave vulneración de la dignidad y los derechos de los ciudadanos", recoge el escrito.

Las historias que expusieron a este medio las víctimas, y que ilustran la existencia de estas actuaciones, revelan un engranaje de control que lleva décadas acechando a las disidencias sexuales. Sus relatos dejan ver cómo detrás de cada operativo policial disfrazado de lucha contra las drogas parece existir un sesgo evidente a la hora de determinar quién es sospechoso. "Están jugando con nuestras vidas y con nuestra intimidad para conseguir hacer detenciones a mansalva", declaraba uno de ellos.

"Mientras que las drogas recreativas tradicionales como el MDMA, la cocaína y la marihuana, generalmente asociadas a patrones de consumo de personas heterosexuales y normativas, disfrutan de un rango de tolerancia muy elevado, las drogas emergentes como el speed, la ketamina, el GHB (llamado éxtasis líquido) y las catinonas (comúnmente conocidas como mefedrona) –habituales entre el colectivo LGTBIQ+– son objeto de una criminalización desproporcionada. Esta diferencia de tratamiento no solo es un ejemplo flagrante de discriminación, sino que también ha dado lugar a la apertura de causas penales injustificadas que, en muchos casos, terminan por truncar la vida de personas inocentes", continúa el texto.

La respuesta que ofreció a esta misiva el departamento de Grande-Marlaska, en un correo fechado a 10 de octubre, fue que se denuncien estas prácticas "ante las autoridades competentes y en la forma y lugares previstos por las leyes procesales". Es decir, "ante el abuso de las fuerzas de seguridad del Estado, se recomienda pedir ayuda a los propios cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado", critica en una conversación con este medio la persona que elevó la queja y que prefiere mantener su nombre oculto por temor a las posibles represalias.

‘Público’ ha preguntado al departamento de Grande-Marlaska por esta situación y el equipo de Interior ha insistido en la necesidad de que cada agraviado presente una denuncia por los cauces "correspondientes" para que se proceda a la investigación "pertinente" y se llegue a las conclusiones que "toquen". En todo caso, insisten, "tiene que investigarse y lo lógico es que se presente primero una denuncia". No hay mención a la responsabilidad política.

La constante sensación de amenaza de ser "abordados, humillados y criminalizados" ha dado lugar a un clima agravado de desamparo en parte del colectivo LGTBIQ+. Activistas y defensores de los derechos humanos critican que se "desvíen recursos valiosos" que deberían ser invertidos en "luchar contra amenazas reales", como la violencia contra esta población.

Estas actuaciones se enmarcan en un contexto en el que están saliendo a la luz no pocos casos de policías infiltrados en movimientos sociales. Una serie de prácticas que ponen contra las cuerdas, entre otras cosas, el derecho a la libre asociación y a la libertad de expresión. El ‘modus operandi’ coincide. El Movimiento Marika de Madrid lleva tiempo monitorizando y denunciando testimonios sobre el comportamiento de los agentes. Algunos de ellos describen cómo los policías se hacen pasar por consumidores o personas que están de fiesta, participando de los ‘chill’ –sesión de sexo en grupo en la que a menudo se consumen sustancias psicoactivas–, para luego aprovechar y detener por narcotráfico a las personas que se encuentran allí con sustancias para el consumo propio.

El problema, a juicio de las víctimas, radica en el tipo de abordaje estrictamente punitivo que se ha diseñado para intervenir las drogas y las adicciones. Todas, por ejemplo, alegaron no haber recibido apoyo emocional ni asistencia social cuando fueron detenidas por llevar sustancias para el autoconsumo; y, aunque existen entidades como el Servicio de Asesoramiento a Jueces y Juezas, e Información al Detenido y a su Familia (SAJIAD), declaran que su acceso es limitado –en todos los sentidos, pues quienes han entablado algún tipo de contacto con la entidad se muestran muy críticos con sus enfoques y "desactualización"–. "A nadie del sistema judicial o policial le importa cómo lo estés pasando durante todo un proceso que es bastante chungo", lamentaba uno de los testimonios que hizo público este medio el pasado martes.

sábado, 25 de enero de 2025

#hemeroteca #homofobia | «Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»

«Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»
Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo»
María Curiel | El Debate, 2025-01-25
https://www.eldebate.com/sociedad/20250125/cabinas-patera-sauna-gay-mortal-cada-semana-sacan-cadaver_263560.html 

Entrada de la sauna Center //
A las tres y media de la tarde de este miércoles una ambulancia del SAMUR aterriza en la madrileña calle Valverde. «Es una alteración cardiaca, una arritmia», afirma el equipo de Emergencias Madrid a este diario. «Es así todas las semanas», revela una vecina.

«Desde hace un mes la Policía secreta lleva rondando por esta calle, preguntando en todos los locales. Están buscando droga. Desde diciembre hasta ahora siempre hay policía en esta calle. Ambulancia mínimo una vez por semana; policía casi todos los días», asevera esta vecina en conversación con El Debate.

Esta calle, ubicada en pleno corazón de Madrid, alberga una sauna de temática gay, garito reservado exclusivamente para los hombres y que cuenta con servicios 24 horas de sauna vapor, sauna finlandesa, cabinas, sala de cine y bar, según aseguran en su cuenta de Instagram.

«Siempre da problemas. Una vez me encontré en el patio una prostituta con las rodillas ensangrentadas hablando con un chulo que venía de ahí dentro», explica otra mujer que vive en el barrio. «El otro día me paró un señor que iba puesto hasta arriba, como de unos 40 años, que no tenía mala pinta y me dijo en inglés: 'Oye, perdona, es que me han echado de la sauna porque le he tocado el culo a un camarero, pero ha sido sin querer. He perdido un vuelo. ¿Te importa darle al camarero 300 euros para que me vuelva a dejar entrar y a ti te doy 100 pavos?'. Obviamente yo no entraba ahí ni muerta. Consiguió volver a entrar y al segundo le echaron de la sauna y vino la Policía. Y así siempre», relata esta joven vecina de Valverde.

Interior de la sauna
Las patrullas de la Policía Nacional recorren el barrio de forma constante y siempre acaban estacionando frente a este local. «Todas las semanas muere alguien por sobredosis», comentan dos residentes de la zona. «Desde que llevo aquí, ya he visto tres cadáveres», asegura otra vecina a este medio. «Imagino que si la gente se muere a las 3 de la mañana, limpian todo y llaman a la Policía para que levanten el cadáver a las 11, que es cuando yo los he visto», añade.

Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo», se lamentan. Por su parte, trabajadores de la sauna han afirmado a este diario que desconocen si se han sacado cadáveres del local: «Yo no sé nada de eso», ha afirmado uno de ellos. «No sabría decirle por qué viene la Policía», ha añadido.

«Un antro de mala muerte»
«Ha sido la primera vez que he estado este antro por llamarlo de alguna forma. Más que una sauna es un local de ‘cruising’... He estado cerca de 40 minutos. La gente estaba en las cabinas como si fueran cabinas pateras», reza una de las reseñas de Google sobre esta sauna.

«Primera y última vez que voy. Sauna en muy mal estado, sucia, poca higiénica, gente fumando en cabinas. Sin piscina, sauna de vapor o no sé qué era eso, pero muy descuidado, puertas rotas, suelo resbaladizo. Un antro de mala muerte», denuncia públicamente otro cliente. «Puedes comprar drogas, contratar ‘escorts’. La gente no va a por sexo, van a drogarse», explica otro.

«Las reglas de higiene no se cumplen. La gente te propone drogas delante de los empleados, y fuma por todas partes. Servicio de condones / lubricante casi inexistente», dejó escrito otro usuario hace 9 semanas.

Una vecina del barrio ha afirmado, asimismo, a este periódico que «ya solo por sanidad e higiene no podría tener los permisos. Su sistema de ventilación da a la calle. Eso no puede pasar una inspección de sanidad». Por otro lado, relata que «llamé el otro día a la policía porque un chico que venía de la sauna estaba estampándose la cabeza contra una pared».

lunes, 13 de enero de 2025

#libros #rockradicalvasco #sociologia | Fiesta y rebeldía : historia oral del rock radical vasco

Fiesta y rebeldía : historia oral del rock radical vasco / Javier Corral ‘Jerry’.
Bilbao : Liburuak, 2025 [01-13].
848 p.

/ ES / Libros / ENS / Contracultura / Drogas / Euskal Herria / Memoria histórica / Música / Rock radical vasco / Sociología / Testimonios

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419234209 / 28.00 €
📝 Cita APA-7: Corral, Javier (2025). Fiesta y rebeldía : historia oral del rock radical vasco. Liburuak.

Javier ‘Jerry’ Corral consigue reunir en este definitivo libro a todas (o casi todas) las voces del movimiento musical más mítico de los años ochenta. Una crónica (c)oral en la que conviven diferentes escenas, ideologías y generaciones -de ayer y hoy- que lo cantaron, lo contaron, se sumaron y también que se opusieron. A través de 71 entrevistas inéditas a Evaristo Páramos, Pako Eskorbuto, Fermin Muguruza, Loles Vulpes, Aurora Beltrán, Pablo Cabeza, Marino Goñi, Carlos Tena, Kirmen Uribe, Ramoncín, Mikel Erentxun, Anje Duhalde, Ruper Ordorika, Anari, Verde Prato o Chill Mafia; ‘Jerry’ tira de los hilos que entretejen el relato de lo que fue el RRV, para recorrer orígenes, ascenso, caída, funeral y herencia del fenómeno. Las escenas más icónicas (e iconoclastas) de la historia de la música vasca en los ochenta: Los Clash enarbolando una ikurriña en Anoeta, los fanzines tomando la calle, la izquierda abertzale cambiando el kaiku por la chupa de cuero, una fábrica abandonada, las Vulpes en TVE cantando «¡Me gusta ser una zorra!», un chute de heroína o los chavales corriendo delante (o detrás) de la policía fueron el coctel molotov de una juventud posfranquista que, sobre todo, quiso pasárselo bien. Y dar (o devolver) algo de guerra.

😏 Javier Corral ‘Jerry’. Periodista bilbaíno de referencia en la escena musical vasca. Desde 1980, ha colaborado en distintos medios de prensa y radio como ‘Muskaria’ o el programa ‘Dios salve a los maravillosos grupos locales’, de la FM Popular 3 Stereo. Después llegaron Ruta 66, Disco Actualidad, La Gaceta del Norte, El Tubo, Sintonía Cerebral, Gaur Express, Diario Vasco, La Ría del Ocio, Periódico Bilbao, Diario Metropolitano, Radio Euskadi y un largo etcétera. También ha participado en los libros ‘Musiketan’ (Producciones Serrano, 2008), ‘Live Music Experience’ (Alhóndiga Bilbao, 2012), ‘Kafe Aleak’ (Kafea Eta Galletak, 2018) y ‘Kokotxas’ (Liburuak, 2024).

  • CONTENIDO
  • Agradecimientos
  • A modo de confesión
  • Prólogo (Pablo Cabeza)
  • Ecos de una revuelta
  • Una primera aproximación
  • Una musa llamada Cabreo
  • De monstruos y monstruosidades: radiografía social
  • El mundo miraba a Inglaterra
  • Do it yourself
  • Back to basics
  • Prender la mecha
  • Y llegaron los Clash
  • Cuando Euskadi hizo punk
  • 1983 como año cero
  • RRV vs La Movida
  • El nacimiento de una etiqueta
  • Cuando l aizquierda abertzale descubre la 'martxa'
  • Martxa eta borroka
  • Banda sonora de lucha y diversión
  • El papel de los medios
  • ¿Cómo se comportaron los medios vascos?
  • ¿Y los medios estatales?
  • La droga mata: ¿Hubo un plan desestabilizador?
  • Opinan externos y disidentes
  • El RRV visto desde el primer rock euskaldun (Ruper Ordorika, Anje Duhalde)
  • El RRV visto desde el folk y la dramaturgia(Fran Lasuen)
  • El RRV visto desde el jazz y el rock progresivo (Eduardo Basterra)
  • El RRV visto desde la vanguardia eskaldun (Xabier Montoia )
  • El RRV visto desde el pop (José López Iturriaga)
  • Coetáneos de otras escenas (francis Díez, Alfredo Romero, Mikel Erentxun, Rafa Balmaseda, Lavabos Iturriaga)
  • Repercusión internacional
  • Manel Domenech (Decibelios) Catalunya
  • Morfi Grei (La Banda Trapera del Río) Catalunya
  • Karmelo Mclaren (Mánager M.C.D.) Eiskadi-Catalunya
  • Ramoncín (WC) Madrid
  • Servando Carballar (Aviador Dro) Madrid
  • Manuel Quevedo (La UVI) Madrid
  • Julián Hernández (Siniestro Total) Galicia
  • Mariví Ibarrola (Fotógrafa) Madrid- Euskadi
  • Pamela Gaete (Periodista) Chile
  • Orquesta Macabeo, Puerto Rico
  • El declive
  • ¿Le ponemos un epitafio?
  • Llegan los noventa
  • Álvaro Heras-Gröh (Bonzos, The Painkillers)
  • Gonzalo Ibáñez (La Perrera, NCC)
  • Alberto González (6nemen9, Aterkings)
  • Anari Alberdi (Anari)
  • Manu Pulleiro (Porco Bravo)
  • Juan Carlos Parlange (Los Clavos, Bonzos)
  • Juan Luís Pérez Mitxelena Petti (Noise Hole)
  • Alex Sardui (Gatibu)
  • Aitor Ibarretxe (Lendakaris Muertos)
  • Iñaki Antón Uoho (Platero y Tú, Extremoduro)
  • Y un nuevo siglo
  • Transcendencia generacional: ¿por qué seguimos recordando a día de hoy?
  • ¿Qué ha quedado de todo aquello? ¿Cuál es su incidencia actual?
  • Últimas generaciones (Chill Mafia, Vulk, Belako, Tatxers y Verde Prato)
  • De hombres para hombres
  • Voces de una revuelta
  • Aurora Beltrán (Belladona, Tahures Zurdos)
  • Andoni Basterretxea y Txufu ( Delirium tremens)
  • claus Groten (Vómito)
  • Evaristo Páramos ( La Polla Records)
  • Fermín Muguruza (Kortatu, Negu Gorriak)
  • Jimmi (Tijuana in Blue)
  • Josu Zabala (Hertzainak)
  • Kaki Arkarazo (M-ak, Negu Gorriak)
  • Loles Vázquez (Vulpes)
  • Marieli Arroniz, Poti (Cicatriz en la matriz)
  • Mikel Abrego, Pintza (BAP!!)
  • Niko Vázquez (M.C.D.)
  • Pako Galán (Eskorbuto)
  • Pedro Espinosa (Potato)
  • Roberto Moso (Zarama)
  • Txerra Bolinaga (RIP)
  • Epílogo (Teniente Bluxberri)
  • Glosario
  • Dramatis Personae

miércoles, 10 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #drogas | “La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Presentación del Proyecto Chueco en su local, en octubre de 2023 //

“La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que busca especializarse en los procesos de recuperación de personas LGTBIAQ+ con problemas con las drogas. El proyecto, además, se propone acompañar a trabajadoras sexuales y a personas en situación de calle.
Andrea Momoitio | Pikara, 2024-07-10
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/la-gente-queer-se-abre-a-un-abanico-de-tipos-de-sustancias-mayor/

Las cosas como son: han triunfado. El local que una vecina ha cedido al Proyecto Chueco es una maravilla. Está a apenas cien metros de la parada de metro de Chueca; reformado, grande, agradable. Una lonja de dos plantas, unas escaleras de caracol de hormigón pulido, un espacio diáfano en el bajo para bailar y ver películas, un pequeño despacho. Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que se construye desde el colectivo LGTBIAQ+ para el colectivo LGTBIAQ+.
“Hemos intentado ir más allá del ‘chemsex’. No hay un programa específico para personas LGTBIQA+ que no lo practican”
Abraham Mesa es la coordinadora del programa y eso significa que se encarga de... casi todo, pero prefiere no personalizar el proyecto en su figura. Por eso, opta por no aceptar que le haga fotos aunque contesta, con gusto, a todas mis preguntas. Hay algo que le hace especial ilusión: “Hay peña que hacía mil años que no venía a Chueca y que ha vuelto porque está este proyecto. Da mucha felicidad volver a traer lo asociativo”.

Proyecto Chueco tiene tres focos de acompañamiento: las personas con problemas con las drogas, las que ejercen un trabajo sexual y las personas sin hogar: “Lo correcto es hablar de situación de sin hogar o en situación de sinhogarismo porque no todas las personas en situación de sinhogarismo están en situación de calle”, explica. De momento, sin embargo, se han centrado, sobre todo, en lo relacionado con el consumo de drogas.

P. ¿Cómo llega la gente al proyecto?

Por Instagram, por el boca a boca, derivadas de otros recursos, tanto de otras entidades como Apoyo Positivo o como el Programa LGTBI de la Comunidad de Madrid. Nos empiezan a escribir desde otras entidades para preguntarnos cómo se hacen las derivaciones. Hay gente que de repente ve una actividad que le interesa, viene y después sigue participando en otras. Por ejemplo, llegan a través del club de lectura y se enteran de que hay un grupo de apoyo mutuo para personas con problemas con las drogas.

P. ¿Cómo surge este grupo?

Hablo de problemas con las drogas y no de adicciones. No todas las personas con problemas con las drogas son adictas, pero todas las adictas tienen un problema con las drogas. En los procesos de recuperación, hay una parte en la que sí que es necesario estar acompañada por un profesional, pero llega un punto del proceso en que el sentarse frente a otra persona adicta hace que afloren otras cosas. En el grupo de apoyo no pueden participar profesionales a no ser que vengan en calidad de personas adictas o con problemas con las drogas.

P. No pueden participar profesionales, pero en la información que difundís sí que es un requisito que estén en un proceso de acompañamiento terapéutico.

Sí. Esto nos crea conflicto. Lo decidimos así por si algo se va de madre dentro del grupo y no somos capaces de gestionarlo. Es verdad que es un poco contradictorio, pero no queríamos dejar a nadie con un melonaco abierto que no supiéramos cerrar.

P. ¿Cómo funciona?

Nos reunimos todos los lunes. Hay una estructura fija, que se ha decidido en común entre todas las personas participantes, que empieza con una ronda de sentires. Luego tratamos alguno de los temas que hemos elegido en una primera lluvia de ideas que se hizo cuando se formó el grupo: qué pasa con el estigma, por ejemplo, de no poder compartir el problema con tu familia o amigas.
“Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente”
P. ¿Hay especificidades en el consumo de droga por parte de la comunidad LGTBIQA+?

Sí, hay especificidades que hacen que caigamos más en estas problemáticas. Desde Proyecto Chueco hemos intentado abrir un poco el discurso para ir más allá del 'chemsex' [el consumo de drogas para facilitar o intensificar la actividad sexual] sin menospreciar esa problemática. Durante los últimos años, en las entidades LGTBIQA+ se ha puesto el foco ahí, pero empezamos a ver a peña que solicitaba otro tipo ayuda. Si no practicas 'chemsex' no hay un programa específico para personas LGTBIQA+. Tendrías que ir a cualquier programa general y había una sensación de que nos estábamos dejando a gente atrás. Entonces lo que hicimos, simplemente, es ampliar el discurso con tres preguntas: ¿Crees que tienes un problema con las drogas? ¿Te cuestionas tu consumo? ¿Te preocupa que tus relaciones afectivo-sexuales se den únicamente cuando están mediadas por las drogas? Así ya estás ampliando el abanico de personas a las que llegas.

P. ¿Qué diferencias en el consumo habéis detectado?


Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente porque históricamente hemos tenido encuentros de libertad clandestinos. Hemos llegado a la conclusión de que van un poco por ahí los tiros. Ninguna somos profesionales, pero son nuestras vivencias. Las adolescencias tardías que vivimos muchas veces las personas queer hacen que luego andemos a trompicones. Creo que compartimos el no habernos podido desarrollar con naturalidad de pequeñas. En lo relacionado con el 'chemsex' problemático, vemos mucha masculinidad tóxica y homofobia interiorizada; la soledad por no tener un grupo de amigas sólido y solo tener amigos de fiesta... Entonces, llega la pandemia y caen en el 'chemsex' problemático un montón de personas, porque no tiene esos lugares de socialización de fiesta.

P. ¿Qué tipo de consumo se aborda en el grupo? ¿Participan, por ejemplo, personas con adicciones al alcohol?


No ha venido nadie por eso, pero sí que estaría abierto. Es una droga legal, pero es una droga. Intentamos no poner el foco en qué sustancias se consumen y pedimos no ser muy detallistas con los consumos porque no es necesario y, muchas veces, nos recreamos.

P. Es un espacio libre de cualquier tipo de consumo, ¿apostáis políticamente por la abstinencia o el consumo cero?

Creemos que no se puede pedir la abstinencia total a una persona que acaba de llegar y que se está empezando a plantear que tiene un problema con las drogas. Las personas tienen que ser protagonistas de sus propios procesos de recuperación y tienen que estar implicadas. Creemos en la prevención de riesgos. Hay que ir tomando decisiones poco a poco y cada persona tiene que decidir si quiere ir hacia la abstinencia o no. En el grupo hay personas que tienen como objetivo la abstinencia total; otras que quieren reducir el consumo. En general, tenemos muy poca formación en drogas. Empezamos a consumir y lo hacemos mal.

P. Pero la falta de información está generalizada. ¿Por qué crees que nos afecta más a las personas LGTBIQA+?

Históricamente, al estar en la vanguardia de muchos movimientos, hemos consumido más tipos de sustancias que las personas heterosexuales, que no conocían otra cosa que no fuera la cocaína o los porros. La gente 'queer' se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor. Estoy haciendo una reflexión que no es en absoluto académica sino que es una intuición. Llegamos antes a las nuevas sustancias y las probamos sin saber qué efectos producen, cuáles son los riesgos, cuáles son las vías de consumo.
“No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas”
P. ¿Hay una aceptación demasiado amplia del consumo en entornos feministas y ‘queer’?

A lo mejor nos hemos pasado un poquito de frenada en determinados entornos. El consumo está en todas partes, pero cuando empiezan a aparecer personas que tienen problemas, ¿qué pasa? ¿Que dejen de ir a las fiestas y ya está? No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas: la insistencia, la ridiculización de las personas que no consumen... No nos paramos a pensar que a lo mejor estamos ante una persona que tiene un problema y, por eso ha dejado de beber, por ejemplo. Quizá tenga que ver con el concepto de libertad... Pasa también con el 'chemsex' problemático, ¿esto era la libertad sexual? Pues vaya mierda.

P. Además, nos falta información sobre las consecuencias.


No tenemos datos de muertes ni de suicidios porque no se están contabilizando y las personas que atienden en los centros de urgencia no tienen formación. Si alguien llega con sobredosis de GHB [ácido gammahidroxibutírico, conocido como éxtasis líquido] pues a lo mejor es que estaba en una sesión de ‘chemsex’. La crisis del sida solo se abordó con medicamentos, pero no se abordó la cuestión psicológica de un universo criminalizador. Todo ese trauma sigue. Las nuevas generaciones no lo tienen tan presente, pero las que hemos nacido hasta los 90 sí teníamos muy presente la estigmatización. Es un trauma colectivo y el 'chemsex' problemático es el síntoma de que no está curado. De aquella época queda mucho de la masculinidad tóxica. Los hombres gais se empezaron a muscular para no parecer enfermos porque, entre los 90 y los 2000, el cuerpo homosexual masculino se empezó a construir por oposición al cuerpo marcado por la enfermedad del sida a través del desarrollo de la musculatura.

P. ¿Cómo se puede abordar este tema?

Desde el consumo solo, no. Porque hablamos de un trauma no resuelto y no trabajado en absoluto. No, tú no tienes un problema con las sustancias, tienes un problema contigo misma y el síntoma es la relación problemática con las sustancias, pero la sustancia en sí no es un problema. Entonces hay que abordar por qué has llegado ahí, buscar en todos los ámbitos de tu vida e ir rascando por ahí. Ir hablando y hablando, pero no solo hablar. Hay que ir moviendo el cuerpo también. Creo que en las entidades LGTBIQA+ no se ha puesto en valor, por ejemplo, la danza para los procesos de recuperación. Cuando mueves tus miserias con el cuerpo salen cosas increíbles y tiene un valor terapéutico superfuerte.

P. En el entorno transfeminista tampoco hay grandes críticas a las sustancias desde el punto de vista del consumo. Muchas marchas a la cárcel, pero ¿cuántas de las presas lo están por transportar drogas? ¿En qué condiciones se están produciendo las sustancias que consumimos?

Totalmente. Lo decía hace poco un compañero: ¿Desde dónde vienen las sustancias que se consumen? ¿Cómo podemos politizar esto? Quizá deberíamos hablar sobre este tema con las personas que participan en nuestros proyectos.

P. ¿Os habéis encontrado con alguien que, además de tener problemas con el consumo, los haya tenido por vender sustancias? Tengo la sensación de que no es una salida “laboral” muy habitual para personas LGTBIQA+.

Por venderla, no, pero se está viendo en Madrid, desde hace un tiempo, que la policía ya está entrando en cuartos oscuros de discotecas; se para a determinadas personas con un determinado aspecto por la calle el domingo por la mañana... Parece ser que están apareciendo muchas maricas en los calabozos.

miércoles, 3 de julio de 2024

#hemeroteca #marginalidad #cine | El legado del cine quinqui

El legado del cine quinqui
¿Cine social o extractivismo capitalista a través de la imagen? Volver al cine quinqui es recuperar la periferia como escenario y preguntarse, 40 años después, qué herencia narrativa dejó, qué estereotipos continúan aún vigentes y qué grietas abrió para una representación crítica y politizada de la precariedad juvenil más allá del producto audiovisual
Sonia Herrera Sánchez | Pikara, 2024-07-03
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/el-legado-del-cine-quinqui/

José Luis Manzano //
El cine quinqui tiene una narrativa cruda y artificial a la vez, interpeladora y desoladora, aparentemente abandonada en el tiempo y en la historia del cine español, pero, no obstante, actual. ‘La estanquera de Vallecas’, dirigida por Eloy de la lglesia y repuesta hace poco en una conocida plataforma de ‘streaming’, es un claro exponente de este género cinematográfico opuesto al policíaco y más cercano a las aventuras de bandoleros o de ladrones, pero sin la épica de un Robin Hood, ni la fineza de los cacos de Ocean o de ‘The Italian Job’, ni viajes iniciáticos con redención y recompensa como en las grandes historias de piratería. Un género que popularizó un relato supuestamente costumbrista de la precariedad juvenil de los años 70 y 80 del siglo pasado mientras construía una versión ‘made in Spain’ del negocio del ‘exploitation cinema’ de serie B.

Inolvidable resulta aquella secuencia donde Doña Justa se liaba a tiros contra los atracadores dentro de su propio estanco, medio poseída a lo ‘Rápida y mortal’, después de noquear con una maceta a un policía infiltrado. O aquella otra en la que los cuatro protagonistas conversaban y bebían Anís del Mono mientras escuchaban ‘Suspiros de España’ y en la que Leandro decía que “España no hay más que una”, a lo que Tocho respondía “que, si hubiera dos, nos iríamos todos para la otra”.

El cine quinqui, o el quinqui ‘exploitation’ —que diría Rafael Robles Gutiérrez—, se forjó alrededor de la figura de unes jóvenes antihéroes, “talegueros” sin porvenir; adherido al asfalto y a la velocidad desbocada por el hambre, la heroína y un Seat 124. Su puesta en escena fue la del barraquismo, las “casas baratas”, los descampados, los bloques con aluminosis y fibrocemento y las barriadas como Otxarkoaga, en Bilbao, Torre Baró o el Camp de la Bota, en Barcelona, La Mina, en Sant Adrià del Besòs o San Blas y El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Barrios cuya lucha vecinal pervive, a pesar de la falta de relevo generacional, porque la precariedad testamentaria del desarrollismo franquista persiste crisis tras crisis como una herencia intergeneracional alimentada por las promesas políticas incumplidas y por los deseos de transformación frustrados.
El cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso
Aunque con ciertas pretensiones de cinema ‘verité’ y neorrealismo, el cine quinqui nació como un género clandestino y paria dentro de la propia industria cinematográfica de su época, quizás, o precisamente, por la explotación que hizo de aquellos sujetos subalternos que, viendo una posible salida de la marginalidad en el mundo audiovisual, se convirtieron en objetos exprimidos mientras duró el fenómeno pop.

Este aprovechamiento utilitarista anclado en la criminalización de la juventud, la vulnerabilidad y la exclusión, hizo caja con la mirada ‘voyeur’ sobre la fronterización de la vida de aquellos y aquellas que habitaban —y habitan—esas periferias, a veces anómalas y situadas en el centro de la ciudad, marcadas por el paro juvenil y por la desesperanza aprendida.

Víctor Matellano
, en su libro ‘Spanish Exploitation. Sexo, sangre y balas’, define este uso y abuso como “todo un ‘exploit’ a la española”: “Las aventuras y desventuras de los adolescentes marginales se convierten en todo un género explotado por el cine español. En la mayoría de los casos con el exclusivo propósito de hacer taquilla, derrochando únicamente tremendismo, sensacionalismo, acción, sexo y drogadicción de forma explícita”. Un caso paradigmático lo podemos encontrar en la figura del actor amateur José Luis Manzano, protagonista de éxitos como ‘Navajeros’, ‘El Pico’ o ‘Colegas’. Descubierto por Eloy de la Iglesia y tras un fugaz idilio con la fama, Manzano fallecía en 1992, con tan solo 29 años, en el más absoluto ostracismo.

Podríamos decir que el cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso para bosquejar siquiera una crítica al sistema político y económico depredador que situaba a las infancias en la encrucijada entre la miseria y la resignación o la resistencia y la evasión, canalizada a través de la navaja y la aguja. Poco o nada contaban esas películas sobre resiliencia y otras posibilidades de organización colectiva en los barrios, estereotipando más aún las posibilidades de futuro para miles de niñes de nuestras ciudades en el tardofranquismo y los primeros años de democracia.

¿Qué tuvo de performativo ese cine en el imaginario de las generaciones posteriores? ¿Qué semillas de cambio dejó en las narrativas cinematográficas de los años 90 y los primeros 2000? ¿Por qué las cineastas no encontraron en el cine quinqui un paraguas bajo el que cobijar un discurso distinto y más complejo y crítico? Son preguntas para las que no he hallado respuesta y que lanzo tras revisionar títulos como ‘Perros callejeros’ (que también tuvo su versión en femenino años más tarde), ‘Los últimos golpes de El Torete' o 'Yo, El Vaquilla’ de José Antonio de la Loma; ‘El pico’, del mismo Eloy de la Iglesia; las pelis de Vicente Aranda sobre ‘El Lute’ o ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura, por poner algunos ejemplos del género.

“El carrusel de sexo y delito fascinaba a millones de españolitos crecidos bajo las arengas del NODO. Por militancia ideológica o como coartada para enseñar cacha, el género quinqui exorciza cinematográficamente las formas que le correspondían a un periodo de emergencia de la imagen de la marginalidad urbana, la contracultura y la explicitud en España”, explica Mery Cuesta, crítica de arte y comisariada de la exposición ‘Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle’.
Algunas películas permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes
En ese rasgo del “enseñar cacha”, cabe preguntarse por el papel que desempañaron las mujeres dentro del cine quinqui, un papel —no se puede obviar— que estaba íntimamente ligado al que ocupaban también las mujeres en el llamado cine del “destape” y que la propia historia del cine español y las reposiciones televisivas han invisibilizado. Títulos como ‘Las que empiezan a los quince años’ o ‘Los violadores del amanecer’ (ambas dirigidas por Ignacio F. Iquino en 1978), ‘Maravillas’ (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980), 'Nunca en horas de clase' (José Antonio de la Loma, 1978) o ‘Barcelona Sur’ (Jordi Cadena, 1981) permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes sobre cuestiones aún hoy centrales en la agenda feminista como la prostitución, la violencia sexual, el abuso contra las infancias, la relación entre feminización de la pobreza y drogodependencia, la privación de libertad, la heteronormatividad o las representaciones de lo femenino en relación a la criminalidad. Muy a nuestro pesar, queda mucho por decir y analizar desde los feminismos sobre esta versión “patria” del cine de explotación.

Interesante podría ser, por ejemplo, un acercamiento desde la deconstrucción de la masculinidad hegemónica a la escena de ‘Navajeros’ en la que El Marqués, interpretado por un jovencísimo Quique San Francisco, alienta la violación del Jaro entre las risas de sus “secuaces” —aunque la agresión en sí misma la oculte una atinada elipsis temporal, recurso que se utiliza muy poco en el caso de las mujeres— y la venganza multitudinaria posterior.

Y en deuda también está el análisis fílmico feminista con el personaje de Ángela (Berta Socuéllamos) en ‘Deprisa, deprisa’, y esos primeros planos en silencio con la mirada perdida frente el cuerpo moribundo de Pablo, y sus pasos seguros con una bolsa de deporte al hombro con el dinero del último palo, perdiéndose en la noche en el fundido sonoro entre los gritos de la chiquillería y el ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos.

Desaparecido el cine quinqui como género circunscrito a un momento muy concreto de nuestra historia, debemos y podemos interrogarnos sobre su legado: ¿qué punto de vista y qué relatos de ficción audiovisual encontramos hoy sobre la exclusión social en España?, ¿qué ha cambiado y qué permanece?, ¿quiénes serían los y las “quinquis” hoy?, ¿qué otros ejes de discriminación atraviesan ahora la precariedad económica que hace 40 años no se tenían en cuenta o no eran tan notorios?, ¿se ha caminado en algo hacia la autorrepresentación y los relatos de memoria y denuncia?

Quizás nos vengan a la cabeza películas recientes, protagonizadas además por mujeres, como ‘Techo y comida’ (Juan Miguel del Castillo, 2015) o ‘La hija de un ladrón’ (Belén Funes, 2019) y algunas anteriores como ‘Barrio’ (Fernando León de Aranoa, 1998) o ‘Báilame el agua’ (Josetxo San Mateo, 2000). Y, aunque no sea un leitmotiv homogéneo ni conformen un género propio, podemos constatar que la mirada se ha hecho más compleja, aunque todavía son muchas las inercias y silencios que estos filmes arrastran. Pero ¿qué más le podemos pedir al cine sobre la representación de la precariedad en las periferias, en las comunidades desfavorecidas, más allá de la mera visibilización sin sensacionalismo y de que prescinda de convertirlo en un safari por la pobreza como denuncia Darren McGarvey?

Judith Butler ofrece algunas claves en ‘Marcos de guerra: las vidas lloradas’ cuando explica que “si queremos ampliar las reivindicaciones sociales y políticas respecto a los derechos a la protección, la persistencia y la prosperidad, antes tenemos que apoyarnos en una nueva ontología corporal que implique repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia, la exposición, la persistencia corporal, el deseo, el trabajo y las reivindicaciones respecto al lenguaje y a la pertenencia social”.

Repensar las vidas al límite de las periferias hoy a la luz imperfecta del cine quinqui de entonces nos permite empezar a atisbar también reivindicaciones que continúan vigentes desde hace décadas y otras vulneraciones de derechos que aquel cine —más utilitarista que social— solo consiguió apuntar sin atreverse a involucrarse. Habrá que seguir tirando del hilo y hacerlo desde el reto ineludible de los saberes y luchas del antirracismo, de los movimientos LGTBIAQ+, del anticapacitismo..., desde las narrativas de quienes han forjado su mirada en los márgenes, también del relato oficial de la industria audiovisual.

jueves, 18 de abril de 2024

#hemeroteca #vih | La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de equidad

Mujeres jóvenes asisten a una sesión informativa sobre prevención de VIH, en Toumodi (Costa de Marfil) //

La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de equidad

Unas 4.000 niñas y mujeres jóvenes en el mundo siguen infectándose de VIH cada semana, principalmente en África subsahariana
Bience Gawanas | Planeta Futuro, El País, 2024-04-18
https://elpais.com/planeta-futuro/2024-04-18/la-lucha-contra-el-vih-ya-no-es-un-reto-de-la-ciencia-sino-de-equidad.html

Cada paso que demos hoy en la lucha contra el VIH va a ser laborioso: debemos presionar más para avanzar. Los profesionales de este virus se reúnen esta semana en Yaundé (Camerún) con motivo de AFRAVIH, la mayor conferencia internacional francófona sobre el VIH/sida. En los primeros años de la lucha contra este virus, nuestros avances fueron a menudo rápidos e inmensos porque, miraras donde miraras, había grandes necesidades. Fueron tiempos devastadores: la enfermedad mató a tres millones de personas en el año 2000, más de 2,4 millones de ellas en África. En el extremo sur del continente, de donde soy, la enfermedad amenazaba con desintegrar el tejido social.

Cuando el mundo se unió para formar asociaciones como la del Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la Tuberculosis y la Malaria y el PEPFAR, desafió la injusticia de que solo los ricos pudieran recibir tratamiento contra el VIH. Fue para frenar la posibilidad de perder a una generación de personas en muchos países de ingresos bajos y medios, así como a quienes eran estigmatizados y discriminados por ser considerados diferentes.

Me enorgullece decir que desde entonces hemos recorrido un largo camino. De menos de 50.000 personas en tratamiento contra el VIH en África en el año 2000 a más de 20 millones en la actualidad, las innovaciones en materia de prevención del VIH han proliferado, reduciendo drásticamente las infecciones por el virus. Sin embargo, más de 1,3 millones de personas se infectaron por el virus en 2022 en todo el mundo.

Estas infecciones se producen ahora principalmente entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, personas que se inyectan drogas, mujeres trans y trabajadores del sexo. Además, sus voces son cada vez más silenciadas y se encuentran bajo la amenaza constante de la violencia y el abuso, ya que la legislación discriminatoria dirigida contra las personas LGBTI está surgiendo en todo el mundo. Entre estos grupos, los jóvenes de 15 a 24 años soportan una carga desproporcionada de VIH y son aún más vulnerables, ya que se enfrentan a mayores barreras para acceder a los servicios sanitarios.

La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de la equidad. Para que volvamos a acelerar los avances, debemos recuperar ese firme espíritu de equidad que nos animó hace dos décadas. Eso significa centrarnos en las comunidades más afectadas por el VIH. En África, centrarse en los adolescentes de ambos sexos es un imperativo urgente.

Aunque la incidencia del VIH entre las adolescentes y las mujeres jóvenes ha disminuido enormemente en la última década, 4.000 niñas y mujeres jóvenes siguen infectándose por el VIH cada semana en todo el mundo, principalmente en el África subsahariana. Esto es inaceptable. Este grupo sigue sufriendo las condiciones más inicuas de todas, con injusticias estructurales que las predisponen a las enfermedades.

Si queremos prevenir las infecciones por VIH entre esta población, debemos reunir a diversos socios para invertir en esfuerzos a largo plazo para mantener a las niñas en las escuelas. La educación convierte a las niñas en mujeres con la posibilidad de una mayor igualdad de oportunidades, y las protege de enfermedades como el VIH. Las niñas educadas registran tasas más bajas de embarazos adolescentes, violencia sexual, matrimonios precoces y, en última instancia, menos infecciones por el VIH. También debemos acelerar las inversiones en programas que apoyen la salud y los derechos sexuales y reproductivos integrales, especialmente para las adolescentes y las mujeres jóvenes.

Y debemos asegurarnos de que las mujeres jóvenes y las niñas estén en el centro de los proyectos que buscan su participación. Estos son algunos de los objetivos que la asociación del Fondo Mundial trata de alcanzar con proyectos como Voix EssentiELLES y el Fondo HER Voice, que se esfuerzan por implicar de manera significativa a las mujeres jóvenes y las niñas en los programas de salud clave y en los foros de toma de decisiones de sus comunidades.

Para acabar con las infecciones por VIH entre las mujeres jóvenes y las niñas, también debemos reducir las infecciones entre sus parejas sexuales. Esto significa invertir en esfuerzos para transformar las normas culturales y sociales que predisponen a los hombres y los niños al VIH y que determinan su relación con las niñas y las mujeres en sus comunidades. También significa que los hombres con alto riesgo de infección por el VIH se sometan a pruebas y reciban apoyo para iniciar y mantener el tratamiento. Proteger a los hombres y niños heterosexuales del VIH también puede ayudar a proteger a las mujeres y niñas.

Se trata de renovar nuestro enfoque en la promoción de la equidad. Sabemos cómo hacerlo. Lo hicimos en el cambio de milenio con nuestro impulso a la equidad en el tratamiento del VIH. Faltan tres meses para la 25ª Conferencia Internacional sobre el sida de Múnich. Avancemos ahora y pongamos fin a esta lucha inacabada, reduciendo las infecciones por el VIH entre los grupos más afectados. Para conseguirlo, podemos reenergizarnos con los objetivos y el espíritu inquebrantable de aquellos años dorados de progreso en la lucha contra el VIH.