Mostrando entradas con la etiqueta Zinemaldia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zinemaldia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de marzo de 2025

#hemeroteca #cine | La conexión vasca del 'oscarizado' Sean Baker: «El cine de Eloy de la Iglesia es cercano al mío»

La conexión vasca del 'oscarizado' Sean Baker: «El cine de Eloy de la Iglesia es cercano al mío»
El director de 'Anora' sorprendió en el último Zinemaldia con sus conocimientos del 'terror' español, de Jess Franco a Paul Naschy. «Le dimos una colección de DVDs», recuerda Rebordinos
Mitxel Ezquiaga | El Diario Vasco, 2025-03-05 [MyNews]

Sean Baker llegando al María Cristina //
Llegó al Zinemaldia con una sonrisa, su película 'Anora', su mujer y productora Samantha Quan y un perrito que hizo las delicias de los fotógrafos. Pocos podían imaginar que el norteamericano Sean Baker, icono del cine independiente que acaba de triunfar en los Oscar, traía también unos sorprendentes conocimientos del director zarauztarra Eloy de la Iglesia. «Su mundo es muy cercano al mío, con gente al margen de la sociedad», dijo en varias entrevistas, incluida la concedida a este periódico, sobre el autor de 'El pico' o 'Navajeros'. También mostró su interés por el 'terror español'.

José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia, recuerda bien las dos visitas de Baker (New Jersey, 1971) a Donostia, en 2021 y 2024. «Es un cineasta de enorme talento, como acaba de verse con la lluvia de Oscar que ha cosechado su película, pero también un hombre extremadamente cercano y con una inesperada cultura del cine español», dice Rebordinos. «Uno espera que un cineasta norteamericano independiente te hable de Almodóvar, pero sorprende que sepa tanto de Eloy de la Iglesia o de las películas de Jess Franco o Paul Naschy. Se interesó mucho por nuestra Semana de Cine Fantástico y de Terror y le enviamos una colección de carteles, unos cuantos DVDs con películas como 'La residencia', de Narciso Ibáñez Serrador, y por supuesto el libro que editó el Festival sobre la vida y obra de Eloy de la Iglesia. Baker ha tenido una vida dura, empezó tarde y con pocos medios a hacer películas, y se interesa mucho por quienes están al margen, en la vida y en el cine. Por eso nos alegra tanto que Hollywood haya premiado a 'Anora' y que tuviéramos la fortuna de presentarla, con su presencia, en el ciclo 'Perlak' del Zinemaldia», añade Rebordinos.

Sean Baker no solo estuvo en la proyección de gala del Victoria Eugenia y en las rondas de entrevistas. Participó en una 'master class' en Tabakalera de la que salió encantado. «Queremos profundizar en ese tipo de actividades», explica el director del Zinemaldia, «porque mucha gente del cine, incluso consagrados, valoran cada vez más el carácter cinéfilo de San Sebastián y la posibilidad del diálogo con el público, no solo con profesionales».

«Este tío te interesa»
Así se soltó Baker ante el público que llenó la sala de Tabakalera: «Entre mis influencias está Almodóvar, claro, pero también dos directores españoles que no mucha gente de mi país conoce», dijo. Por un lado, el icono del underground, Jess Franco (19302013): «La forma de filmar a su musa, Soledad Miranda, me ha marcado mucho, le he terminado apreciando porque reconozco su sensibilidad independiente y su obsesión por hacer una película detrás de otra. Me siento inspirado por eso y a veces también por su falta de oficio. Esa torpeza tiene su encanto»».

Y también se declaró admirador del zarauztarra Eloy de la Iglesia (1944-2006): «A la Universidad de Nueva York no nos llegaba ese cine. Lo he descubierto hace unos cinco años y me siento más alineado con él que con Fellini», explicó. En la entrevista concedida en septiembre a DV lo explicitaba: «Algunos amigos me dijeron, en referencia a Eloy de la Iglesia: 'Este tío habla de cosas que te interesan'. He estado leyendo sobre su vida y su lucha y he sentido una conexión porque trata los mismos temas que yo. También yo he sufrido adicciones y me impresionó que Eloy terminara 'enganchado' por empatía con sus personajes y sus actores».

El cine de Eloy de la Iglesia, no valorado en su momento por su éxito en taquilla y su carácter «de género», fue recuperado después como un espejo de su época. Películas como 'El pico' (1983), 'Navajeros' (1980) o 'La estanquera de Vallecas' (1987), mostraban el mundo 'quinqui' o de las drogas.

El filme vuelve a las salas
Baker vino a Donostia en septiembre con la Palma de Oro que había ganado en Cannes y sabiendo ya que las quinielas lo colocaban en las candidaturas del Oscar. 'Anora', la historia de una trabajadora sexual que cree encontrar en el hijo de un oligarca ruso a su 'príncipe azul', es una muestra de cine independiente finalmente reconocido por la Academia. Esta semana vuelve a numerosas salas del País Vasco.

«Es una pena que 'Cónclave' no haya logrado más», se despide Rebordinos. «Logramos que compitiera en Donostia tras 'pelearnos' con otros grandes festivales y al final no entró en el palmarés del Festival y tampoco en los Oscar, aunque tuviera tantas candidaturas y tan merecidas».

domingo, 23 de febrero de 2025

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, mujer trans: “No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”

Nacha Sánchez en Berlinale //

Nacha Sánchez, mujer trans: “No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”

Entrevista a Nacha María Sánchez Sánchez, superviviente del elenco de la película 'Vestidas de azul', documental de culto sobre mujeres trans en los años 80, estrenado en la Berlinale
Rosa Die Alcolea | Artículo14, 2025-02-23
https://www.articulo14.es/cultura/nacha-sanchez-mujer-trans-no-teniamos-otra-opcion-de-vida-que-la-del-espectaculo-o-la-de-prostituirnos-20250222.html

Mercury Films recupera y promueve el largometraje documental Vestida de azul, dirigida por Antonio Giménez-Rico que, hasta su incorporación en el catálogo de FlixOlé, permaneció durante décadas “maldita” debido a la limitada distribución que se hizo tras su paso por la gran pantalla. La película se estrenó en 1983 con cierto éxito de público y críticas no muy positivas. A partir de ahí, Vestida de azul fue cayendo en el olvido poco a poco con el paso del tiempo… hasta hoy. La 75ª del Festival de Cine de Berlín, recientemente celebrado, la ha incluido en su sección “Berlinale Classics” y puede verse en el catálogo de FlixOlé.

Para la comunidad LGTBI se convirtió en un film de culto, ya que se trata de una película pionera a la hora de reflejar a las personas transexuales, especialmente por ser la primera que refleja sus problemas diarios con honestidad: el rechazo de la familia, el difícil acceso al mercado laboral, el abuso policial y la prostitución como única vía de supervivencia.

Nacha Sánchez, una de las seis mujeres protagonistas, relata que en aquella época no tenían “otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”, sobre la Ley Trans, opina que es un “apoyo maravilloso para todas nosotras, que los médicos te puedan recetar hormonas, que nos traten como nos sentimos” y expresa con esperanza que “las universidades ya tienen más capacidad para entender y tratar a las personas trans” y “hay trabajos en los que hoy por hoy, gracias a Dios, ya se nos acepta”.

P. La película retrata a seis mujeres trans en los años 80. Algunas también erais en ese momento travestis y/o transformistas. ¿Puedes explicar los matices de los tres conceptos: mujer transexual, travesti y transformista?

Las personas que salimos en el documental, las seis (también la que ha des-transicionado, que se llama Josette) en aquella época éramos todas travestis, pero Josette era una chica trans también, después, reculó y echó para atrás. La diferencia es que un travesti es un señor que por la noche se traviste con ropa de mujer y de día tiene una vida normal de hombre. Un transformista es simplemente alguien que verdaderamente está dedicada al espectáculo, no tiene nada que ver, puede ser una persona que ni siquiera sea homosexual, no tiene por qué ser un homosexual o un transformista, son artistas. Y las transexuales somos las personas que damos un paso hacia adelante y cambiamos nuestra manera de vivir y ya directamente mañana, tarde y noche, somos mujeres o intentamos o luchamos justo por conseguir tener un aspecto femenino y un aspecto como el de una mujer, puesto que nos hormonamos y nos intervenimos a cirugías y a cosas por el estilo para llegar a nuestros logros.

P. La película se produce en 1983, ocho años después de la muerte de Franco, es un contexto muy complicado para la libertad de expresión en España. Parece que hubo dificultades para la distribución de la película, una vez exhibida en cines. ¿Cómo contactó con vosotras Antonio Giménez-Rico para hacer la película y qué motivación os transmitió sobre el proyecto?

Sí, fue un momento muy duro y muy cruel porque acababa de morir Franco y estábamos en un momento de transición. Antonio Giménez-Rico tenía la idea de no hacer un documental, sino de hacer un largometraje de ficción, pero al ver cómo éramos personalmente nosotras, decidió que era mucho mejor para lo que él quería comunicar, directamente grabarnos sin ningún tipo de guion, espontáneamente que le fuéramos contando nuestras vidas. Y una por una le expusimos cómo vivíamos, de qué vivíamos y qué hacíamos y así fue como resultó ‘Vestida de azul’, en el 1981 la grabamos, luego se dio a conocer en el 82 y en el 83, es cuando llegamos al Festival de Cine de San Sebastián.

P. En el documental se da a entender que las opciones que teníais las mujeres trans en esa época se reducían a trabajar en el mundo del espectáculo o ejercer la prostitución. ¿Crees que ha habido una evolución real en este sentido hasta el momento actual? ¿Tenéis ahora más opciones económicas y sociales? ¿cómo lo has vivido tú?

Verdaderamente, en aquellos tiempos no teníamos opción a nada. Como bien digo en todos los reportajes que hago, quien vale para artista puede también valer para la prostitución, por supuesto, eso depende de las necesidades de cada uno. No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos.

Cada una adoptaba una manera de vivir, dependía de su condición. Muchas personas valen para ser artistas y no valen para ser prostitutas, y muchas prostitutas no valen para ser artistas. La profesión de prostituirse es un poquito dura y muy difícil, y sigue estando muy mal mirada por la sociedad, pero no dejo de puntuar que para mí es un trabajo cotidiano, es un trabajo sexual, nada más, no tiene nada que ver ni con el amor, ni con ese tipo de historias normales y cotidianas de un ser humano hacia otro. La prostitución es simplemente un trabajo: lo hemos hecho por necesidad, no se nos daba un trabajo en ningún sitio.

P. ¿Qué opinas de la Ley Trans aprobada en febrero de 2023? Especialmente, ¿cómo valoras que la Ley Trans de 2023 eliminara la obligación de informes médicos para llevar a cabo la operación de cambio de sexo?

Yo creo que un cambio de sexo es algo que debe estar bajo vigilancia médica, por supuesto, para que vean que esa persona que se decide a tener un cambio de sexo, que lo haga correctamente y después no tenga ningún tipo de problemas mentales ni cosas por el estilo. La edad, verdaderamente yo creo que uno debe tener un conocimiento mínimo de lo que quiere hacer, que a las personas tan jóvenes se les vaya instruyendo y se les vaya ayudando con documentos y cosas por el estilo me parece muy bien, y si las familias aceptan el ir hormonándolo o hormonándola, porque ahora, gracias a Dios hay mucha visibilidad también de chicas que ahora son chicos, me alegro, ya era hora que también se visibilizaran, todas juntas somos más fuertes.

Y sobre la Ley Trans, creo que es un apoyo maravilloso para todas nosotras que los médicos te puedan recetar hormonas, que nos traten como nos sentimos; ya no digamos mujeres, porque mujeres se nace, pero al menos que nos traten femeninamente y nos ayuden como debe ser. Y verdaderamente, si pides ayuda ahora mismo, hay ayudas económicas en el país, por ejemplo, a las personas que ya tienen una edad, y las universidades ya tienen más capacidad para entender y tratar a las personas trans y darles la posibilidad de estudiar. También hay trabajos en los que hoy por hoy, gracias a Dios, ya se nos acepta.

martes, 30 de enero de 2024

#audovisuales #trans #cine #memoria | Vestida de Azul: memoria y activismo trans

 

Vestida de Azul: memoria y activismo trans | Pensamiento y Debate | Festival de San Sebastián 2023
Alejo Duclós | Memorias Sinvergüenzas, 2024-01-30


Conversación "Vestida de azul: memoria y activismo trans en el Festival de 1983" dentro del marco del Área de Pensamiento y Debate del Festival de San Sebastián.

Durante el corriente año, estuve investigando en el Archivo del Festival cómo la prensa retrató el estreno de la película "Vestida de azul" de Antonio Gímenez Rico en el Festival de San Sebastián. Se trata de un documental que retrata la vida de seis mujeres trans trabajadoras sexuales en los 80s en España. Este 2023, se cumplen 40 años de su estreno. Y coincide con que la serie "Veneno" de Javier Ambrossi y Javier Calvo, basará su segunda temporada (que se estrenará pronto) en esta misma película. Con esto en mente, propuse realizar una mesa redonda que dialogue acerca del gran acontecimiento que fue el estreno del film en el Festival, la importancia de reivindicar estas películas LGBTQIA+ de la historia del cine, la actualidad de la representación trans en pantalla y mucho más. Lxs grandiosxs invitadxs fueron Nacha Sánchez (@nachamariasanchezsanchez), Lola Rodríguez (@lolarodriguez), Ian de la Rosa y Julen Zabala (@sorveneno). Modera: Alejo Duclós. ¡Gracias a ellxs por participar y al Equipo de @sansebastianfes y @eqze.zine.eskola por hacerlo posible!

jueves, 28 de septiembre de 2023

#hemeroteka #trans #memoria | Trans memoria Zinemaldian: inor ez izatetik, txalotuak izatera... eta berriz ahanztura

Julen, Ian, Lola, Nacha eta Alejo, moderatzailea //

Trans memoria Zinemaldian: inor ez izatetik, txalotuak izatera... eta berriz ahanztura

Zinemaldiko trans oroimena eta aktibismoa
Xalba Ramirez | Irutxuloko Hitza, 2023-09-28
https://irutxulo.hitza.eus/2023/09/28/trans-memoria-zinemaldian-inor-ez-izatetik-txalotuak-izatera/ 

1983ko Zinemaldia ez da 2023ko Zinemaldia. Lehen, adibidez, euskara gutxiago entzuten zen, eta, ez zegoen gauza guztiei ingeles izena jartzeko moda zatarrik –jaialdiaren izen ofizialari, demagun–. Polemikoak ziren, eta jendeak begi onez ikusten ez zituen filmek bazuten lekua. Tartean, LGTB problematikek, esaterako. Egun beharrezkotzat jotzen ditugunak, garaian haserrea eta mespretxua jasotzen zuten prentsaren aldetik.

Hori izan zen, duela 40 urte, ‘Vestida de azul’ dokumentala (1983, Antonio Gimenez-Rico). Zinemaldian estreinatu zen Espainiako emakume transen errealitatea islatu nahi izan zuen filma. Prentsak gogor kritikatu bazuen ere, publikoak oso ondo baloratu zuen; hala erakusten dute Zinemaldiko artxiboetako irudiek.

Mahaiaren bueltan elkartu dira gaur, Tabakaleran, dokumentalaren urteurrenean, Zinemaldiaren trans memoria eztabaidatzeko. Dokumentaleko protagonistetako bat izan zen Nacha Sanchez emakume transexualak hartu du parte hitzaldian, baita ‘Veneno’ serieko aktorea den Lola Rodriguez, serie bereko gidoigile Ian de la Rosa, eta Julen Zabala, EHGAMeko militantea.

Francisen erailketa eta lehen harrotasun eguna
Zabalak jarri du abiapuntua, oroituz nolako giroa zegoen 1983. urtearen aurretik Donostian. “Francisen erailketara joan behar dugu lehenik”, esan du Zabalak. Errenteriako trabestia zen Francis –”Emakumez jantzitako gizona”, garaiko prentsaren arabera–, eta polizia batek hil zuen tiroz. “Hor izan ziren gay eta lesbianen ikusgarritasuna zuten Donostiako lehen manifestazioak, eta hor abiatu zen mugimendu zabalago”.

Beste gauza askoren artean, Zabalak kontatu du Zinemaldiarekin harremana egiten hasi zirela EHGAMekoak Comision de Barrios y Pueblos-ekin, eta, hainbat auzotan saiatzen ziren LGTBI edukiak zituzten filmak proiektatzen. Testuinguru horrek –Zinemaldi herrikoiagoa izatea, eta A klaseko kategoria galdu izana–, baimendu zuen ‘Vestida de azul’ estreinatzea, eta ikuslegoaren babesa izatea. Ez, ordea, prentsarena, ezta botere politikoarena ere.

“Beste gauza garrantzitsu bat: proiekzio guztiak Viktoria Eugenian egiten ziren, eta, guk, EHGAMekook, Guria tabernan egiten genituen bilerak, Viktoria Eugenian zegoen tabernan”, kontatu du Zabalak. Festan ere, La Goteran ateratzen ziren LGTBI komunitatekoak, hor bertan. Akaso irudituko du ez dela garrantzitsua, baina iruditzen zait hiriaren banaketak eta gauzak non gertatzen diren jakiteak laguntzen duela ulertzen. Espazioen banaketek baimentzen dituzte loturak.

Zabalaren anekdotek beste Zinemaldi bat erakutsi dute –Bixente Ameztoy poxpoliñez jantzita, pinu hostoak kokatzen, pinuaren monolaborantzaren kontra, Orquesta Mondragonekoak antzokira kantuan sartuz, euren diskoa promozionatzeko...–. De la Rosak eten egin dio: “Barkatu, baina hau guztia kontatuta... Zinemaldia apur bat atzerakoia bihurtu da, beraz, ezta?”. Zabalak testuingurua gehitu du. “Baina, bai; lehen punkyagoa zen, eta gaur egun Zinemaldia ez da batere punkya”.

Txaloak trabestientzat
Gaira itzuliz, hitzaldiko hunkigarriena izan da Sanchezen hitzartzea. Hunkiduraz gogoratu du duela 40 urteko estreinaldia: “Guk ez genekien zer ari ginen egiten. Ez ginen konturatu publikoari gure bizitzak erakusten ari ginela”. Horrek txaloak ekarri zituen, baita irainak eta txistuak ere, han-hemenka.

Baina estreinaldiaren unean iltzatu da Sanchez. “Pelikula amaitu zenean, fokuak gu argitu, eta 10 edo 15 minutuko txalo zaparrada bat jaso genuen. Harrigarria izan zen. Inor ez izatetik, txalotuak izatera pasatu ginen”, kontatu du malko artean, Tabakalerako aretoak txalo zaparrada eskaini dion bitartean.

De la Rosak eztabaidaren maila igo du, eta hainbat galdera planteatu ditu. Onartu du, berak ere, ez zuela filma ezagutzen: “Nola da posible ni transa izanik, ez ezagutzea film hau?”. Eta gogoeta findu du: “Ikusi ditugun artxiboko irudietan jendea pozik zegoen, eta transen errealitatea ez zuela ezagutzen onartzen zuen. Badirudi aldatu egingo dela, argiune bat izango dela. Baina errealitatea da ezetz; 40 urtera film hori ahanzturan erori dela. Zergatik gertatzen da hori?”.

Trans memoriaren ezezagutza arbuiatu du de la Rosak, eta galdera bat ireki du: “Nork kontrolatzen du kontakizuna?”. Izan ere, ‘Vestidas de azul’ filmean, transexualitatera egiten den hurbilketa “pikardiatik” egin dela salatu dute. Pikardiatik baino, morbo puntu batetik egin dela dirudi, trans pertsonen alderdi gatazkatsuenak erakutsiz. De la Rosaren arabera, transen bizitzak pantailara eramaten ari diren arren, soili “trans gatazkan” zentratzen dira: “Hau da, transitoa egin dutenen identitate gatazkan kontatzen da. Baina askoz gehiago dago”.

Argi dio gidoigile eta zinemagileak: “Trans pertsonak ez gara gure historia kontatzen ari. Utzi iezaguzue ez dakizuena kontatzen”.

#hemeroteca #trans #memoria | Memorias sinvergüenzas

Revista polaca Ekran, 1983-11-18 //
Memorias sinvergüenzas

Alejo Duclós | Zinemaldia, Diario del Festival, SSIFF, 2023-09-28

https://www.sansebastianfestival.com/2023/diario_del_festival/1/21320/es 

La trigésimoprimera edición del Festival de San Sebastián, celebrado en 1983, tuvo en su Sección Oficial a competición el estreno de ‘Vestida de azul’ de Antonio Giménez Rico. Estuvieron presentes en la première mundial del documental cuatro de las seis protagonistas: Loren, Eva, Nacha y Josette, quienes desfilaron por la misma alfombra roja que transitaron figuras como John Travolta, Helmut Berger, Patricia Highsmith y Graciela Borges. El diario "La Voz de Euskadi" las describía así: “Vienen pidiendo guerra, con pantalones ceñidísimos durante el día, lentejuelas y tacones, casi zancos, para la noche. Están dispuestas a demostrar que en Donostia hay mucho reprimido”.

El estreno y la rueda de prensa tuvieron una gran asistencia, con numerosos periodistas y espectadores curiosos ante la rebeldía y valentía de las protagonistas. Los titulares las definieron como “corral de gallinas” o “nido de víboras”, pero ellas aprovecharon su poco habitual altavoz mediático para señalar la violencia policial, el hambre, la discriminación y las demás problemáticas a las que se enfrentaban siendo mujeres trans (en su mayoría trabajadoras sexuales) en la España de los 80. En "La Voz de Euskadi" se rescataban las palabras de Nacha, una de las protagonistas: “Yo quería decir que los travestis somos personas normales y que no es ningún delito ser de esta forma y creo que lo he conseguido al intervenir en la película”.

A pesar de las críticas que tachaban el film de “oportunista” o “poco discreto”, el tiempo le devolvió su reconocimiento como uno de los pioneros en retratar a la comunidad trans dentro de la cinematografía española. Con la preciosa fotografía de Teo Escamilla (también productor del film), el director presenta a sus personajes con una mirada sincera y desprejuiciada a través de entrevistas, ‘reenactments’ y mucha improvisación. Sus protagonistas debaten acerca de las leyes opresoras de la época, como la parcialmente vigente ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que las patologizaba y censuraba, la precariedad del mundo del espectáculo, las operaciones de reasignación de sexo, las rivalidades entre el propio colectivo, el consumismo, sus deseos, sueños y anhelos, sus historias familiares y su agudo instinto de supervivencia. Sus propias vidas dieron cuenta de la fragilidad a la que estaban expuestas, falleciendo la mayoría del grupo a los pocos años del estreno del documental.

Su paso por San Sebastián fue un hito importante en los años de renovación y democratización que experimentó el Festival a partir de 1978, que indudablemente, ajustó cuentas en la representación de las realidades del colectivo LGBTQIA+. En el cuadragésimo aniversario de su estreno, las historias de Loren, Eva, Nacha, Josette, Tamara y Renée volverán a ser contadas en la continuación de la aclamada miniserie Veneno (Javier Ambrossi y Javier Calvo, 2020). Basada en el ensayo homónimo de la escritora Valeria Vegas "Vestida de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española" (2019), se rendirá homenaje a estas mujeres que se atrevieron a vivir y a contar sus vidas con libertad vestidas de azul.

Hoy a las 12.00 conversarán en la sala Z de Tabakalera Juan [i.e. Julen] Zabala (EGHAM) [i.e. EHGAM], el director Ian de la Rosa y la actriz Lola Rodríguez para celebrar el 40º aniversario del estreno de Vestida de azul y la inminente llegada de la segunda temporada de la serie Veneno. Las invitaciones gratuitas están disponibles en la web del Festival, en las taquillas del Zinemaldi Plaza y en la taquilla de Tabakalera. Personas acreditadas: a través del sistema online de reserva de entradas.

Nota de IGLU: Finalmente también participó Nacha Sánchez, una de las mujeres trans que participaron en el documental ‘Vestida de azul’.

sábado, 1 de julio de 2023

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Nacha Sánchez //
Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Alex Ander | El Asombrario, 2023-07-01

https://elasombrario.publico.es/nacha-sanchez-trans-de-vestida-de-azul-vuelve-a-la-tele-con-los-javis/ 

‘Vestida de azul’ (1983), de Antonio Giménez-Rico, ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. De las seis protagonistas del filme, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962): “Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios”.

‘Vestida de azul’ (1983) ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. En un primer momento, su director, Antonio Giménez-Rico, pensaba rodar una película de ficción. Sin embargo, cambió de opinión cuando empezó a documentarse para escribir el guion y comprobó la triste y brutal realidad de las personas trans de la época, quienes, en muchos casos, debido a la escasez de oportunidades laborales, se veían abocadas a la prostitución callejera (o, en el mejor de los casos, el cabaré, donde los empresarios de las salas de fiesta que las contrataban buscaban exhibirlas como fenómenos de feria).

«Esta película la hice con mucho amor», contó luego el cineasta en el libro ‘Vestidas de azul’ (Dos Bigotes). «Es un mundo que nada tiene que ver conmigo, pero no se juzga a nadie. En un principio podría haber tenido morbo, pero luego la ves y no hay morbo alguno. Se presenta una realidad, esos chicos que deciden ser chicas con todas sus complicaciones. Mi acierto fue no hacer una película moral, sino una película documental».

De las seis protagonistas del filme, que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y funcionó bastante bien en taquilla, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, que frente a la cámara protagoniza un curioso reencuentro con quien entonces era su ex mujer en la vida real, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962).

¿Tuviste dudas a la hora de aceptar aparecer en la serie de los Javis?

No, ninguna. Sucedió de la mano de Valeria Vegas, con la que participé en la semana del Orgullo en Pontevedra. En un principio, los Javis no me querían, porque me quisieron dar un papel para hacer de puta en el Parque del Oeste en ‘Veneno’ y les dije que no. Cuando empezaron a buscar gente para su nueva serie, Valeria les dijo que yo debía estar en ella. Me llamó un día Javier Ambrossi y me invitó a viajar a Madrid para conocernos. Cuando me presenté allí, las guionistas me hicieron una prueba. A mí no se me da bien la lectura, pero me dijeron que tanto ellas como Valeria me querían en la serie, y que tenía que estudiar el guion, aunque luego no lo siguiera al pie de la letra. A partir de ahí, se portaron muy bien conmigo: me dieron dinero para mis gastos, me pagaron hoteles y me llamaron varias veces. En una de las llamadas, me explicaron que Penélope Guerrero iba a hacer de Nacha en la época de 'Vestida de azul'. La chica exigió conocerme antes de firmar su contrato, así que volví a Madrid para ello. Ahí ya les pregunté si realmente pensaban contratarme o solo me querían para que les diera información de cara a la escritura del guion. Al rato, el principal productor me llamó y me dijo ‘Mira, Nacha, yo no tengo un papel en la serie para ti, pero sí te ofrezco una colaboración especial y un capítulo entero’. Es cierto que yo salgo solo al final, pero realmente aparezco en toda la serie, porque esa chica que hace de mí está representando mi vida.

¿Y cómo ha sido el rodaje?

Al final han sido 15 sesiones, más tres especiales que se han grabado. Me pagaron un dinero bastante considerable y me han tratado divinamente, aunque no me ha gustado mi vestuario en la serie. Decían que, al ser la estrella de la serie, tenía asignado un color concreto. Me tocó el dorado, pero ese es un color que no me gusta para nada.

En su día fuiste amiga de Cristina la Veneno. ¿A ti te pasó como a ella, que durante su etapa como prostituta callejera se ganó el respeto de sus compañeras a base de broncas y alguna que otra hostia?

No, yo nunca me he peleado con nadie. Solamente tuve problemas con la famosa Manola, que me odiaba. El respeto no me lo gané peleando con nadie, sino ayudando a la gente, dando consejos, acogiendo en mi casa a las personas que no tenían dónde vivir… Cristina era muy agresiva. A ella vinieron a agobiarla y atosigarla porque, de la noche a la mañana, se convirtió en una bomba de tía. Encima, ella tenía un carácter muy malo. Se reía de la gente fea y se creía que era la mejor.

A raíz de su muerte, el movimiento asociativo de las personas trans empezó a reivindicar a Cristina, después de haber pasado muchos años rehuyéndola. ¿Entiendes su postura?

Hombre, muy buen ejemplo no daba. Cristina no gusta hoy a todo el mundo. La que gusta es Dana [Daniela Santiago], la actriz que hace de Cristina en ‘Veneno’. Cristina era muy buena persona, pero tenía un carácter terrible. Justo estás hablando con la única persona que nunca tuvo un problema con ella. Los primeros pendientes que tuvo se los regalé yo. Ella no bebía ni se drogaba nada entonces, fue al final de su vida cuando le dio por esas locuras.

Creo que tenías apenas 14 años cuando te escapaste de casa.


¡Tenía 13! Justo ayer lo estaba comentando con mi hermana, que también es una mujer trans y ahora cuida de mi madre, que tiene demencia senil. Mirábamos fotos antiguas y hablábamos de lo diferentes que eran mi padre y mi madre. De niña, me peleaba todos los días con él. Por las noches me escapaba, me iba de petardeo y tenía otra hermana que luego me abría la puerta. Una noche, mi padre me pilló y me pegó una paliza. Después de eso le dije: ‘Bueno, creo que me voy a ir con unos amigos míos de vacaciones’. En realidad, cogí un dinerito que tenía ahorrado y me fui a Barcelona.

¿Con qué apoyos contaste cuando empiezas en Barcelona tu proceso de transición social y modificación corporal?


Al principio fui con unas personas a un hotel y, cuando me vine a dar cuenta, todas ellas desaparecieron de allí sin pagar la cuenta. No tenía dinero, pero sí tenía algo de plata, porque entonces me gustaba mucho, así que tuve que venderla para poder pagar la cuenta del hotel. Después me tiré a la calle para ver qué hacía o qué no hacía. Ahí me encontré con una mariquita de Huelva, Toñi ‘la Pómulos’, que me vio sentada en un banco y me preguntó qué me había pasado. Me dijo que me fuera con ella a su casa, donde vivían cuatro o cinco chicos que por las noches salían a prostituirse por el Boulevard Rosa de Barcelona. Un día me fui con ellos, pero no conseguí ningún cliente vestida de hombre. Pasaron dos o tres días ayudándome y luego, una noche, me picó la curiosidad y me asomé a una calle que había por delante para ver por qué pasaban tantos coches por ahí. Me encontré en la puerta del hotel Calderón con una mujer enorme, vestida con un abrigo de piel, que empezó a hablar conmigo. Me dijo: ‘Lo que tienes que hacer si te sientes más chica que chico es esto, y si quieres venirte por aquí, te echaré una mano’.

Esa misma noche, cuando ya me iba para casa, encontré en un contenedor de basura unos zapatos y un vestido, y los cogí. Al día siguiente les dije a los chicos con los que vivía que iba a salir con ellos, pero que esta vez me iba a poner a trabajar con aquellas chicas, que yo ni sabía que eran travestis o trans. Así fue como empecé en la prostitución, con 13 o 14 años. No podía vivir del aire, y no encontré otro medio. Entonces ganaba dinero y todo era barato. Recuerdo que pagaba 80 o 90 pesetas de pensión más 150 pesetas de comida, pero que igual conseguía hacer 10.000 o 15.000 pesetas trabajando.

¿Tu familia sabía a qué te dedicabas?


Sí. Mi familia lo sabía perfectamente. No lo aceptaban, porque eso no lo acepta nadie, pero tampoco me lo criticaban. Procuraba además hacerlo discretamente y, de hecho, pasé muchos años viviendo fuera. Cuando vivía en Madrid, tenía primos taxistas que le decían a mi padre: ‘Uy, hemos visto a tu hijo vestido de mujer en la calle’, y otras cosas así, por lo que decidí quitarme de en medio. He estado viviendo en Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria... Me lo he recorrido todo.

¿Y dónde dirías que has sido más feliz?

Ay, no sé. Creo que aquí, en Vigo, porque es donde mejor me encuentro. En todos los sitios en los que he vivido ha habido muchas drogas, mucho alcohol y mucho vicio. En esta ciudad, a la que ya vine hace 40 años para trabajar en un espectáculo, la mentalidad de la gente es muy abierta. Los gallegos son los primeros que han viajado por el mundo y lo han visto todo.

¿Qué relación has mantenido tú con el alcohol y las drogas?

¡Yo me he drogado como loca y he bebido como loca! Pero ya hace como cinco o seis años que dejé de hacerlo. Vendí un piso que tenía en Madrid para poder operarme del pecho, porque lo tenía muy duro y resulta que por dentro estaba con necrosis. Si no me lo llego a cambiar entonces, hoy estaría muerta. El médico tuvo que arrancarme la silicona de los huesos y aquello me dejó destrozada. En ese momento decidí que no iba a volver a meterme una raya ni a beberme un whisky. Ahora, cuando bebo, me pongo malísima y me da como asco. Cuando me meto una raya, tengo la sensación de que ese pecho que el médico me arregló como pudo se me va a salir de su sitio.

Además, me he hecho mayor. Ahora soy muy casera, me gusta hacer mi comida, ir a hacer la compra y estar tranquila. Como he conseguido tener una buena pensión, tengo un dinero guardado y además hago muchas cosas, no necesito salir a la calle. Además, salir solo sirve para discutir con las demás ‘maricas’, porque el alcohol y las drogas siguen existiendo y la que no los toma se siente desplazada. Por otro lado, la prostitución callejera murió a raíz de la pandemia. Ya no hay trabajo y, sinceramente, para salir a ganar 20 euros, prefiero administrarme un poco mejor y no hacerlo.

¿Pasaste mucho miedo durante tus comienzos en la calle?

No, porque yo entonces era tan atrevida como lo soy ahora. A mí me echaban de todos los sitios, porque no tenía tetas (me ponía unos calcetines) y no te puedes ni imaginar lo guapas que eran las transexuales que había en esa época en Barcelona. Luego, poco a poco, fui haciendo amistad con una y con otra. No he pasado miedo nunca en la calle, aunque sí me han pasado muchas cosas. Me han robado, me han puesto una pistola en la cabeza, y hasta me han llevado en el coche a un lugar en el que había tres o cuatro hombres más que han hecho conmigo lo que han querido y luego no me han pagado.

¿A qué se debe tu mote ‘la Poderosa’?

Ese mote me lo pusieron estando ya en Madrid, donde empezaron a llegar muchas chicas de las Canarias, que tienen otra forma de hablar. Cuando acabábamos de trabajar, nos íbamos a cenar o a la discoteca. Allí sacaba el dinero de mi cartera y me ponía a frotarlo mientras decía: ‘¡Qué poderío!’, y ahí es cuando las otras empezaron a llamarme ‘la Poderosa’. Luego, además, soy una tía que ha ganado mucho dinero y que ha guardado mucho también. Igual me compraba un bolso bueno y me quedaba luego sin comer. Tuve buenas joyas, buenas pieles y apartamentos divinos. Ahora no, ahora vivo de alquiler, porque cuando me operaron de la uretra tuve dificultades y necesité vender para no tener que pedir nada a nadie.

¿Cómo apareció en tu vida Antonio Giménez-Rico?

Apareció porque, cuando trabajaba como prostituta, hice un reportaje para televisión titulado 'Alma de mujer' que él vio. Me reuní con él y con otro productor, me dijeron lo que estaban preparando y les dije que sí. Luego conocí muy bien a Giménez-Rico, que conmigo fue el hijo de puta más grande del mundo. A nosotras no nos quería, para él éramos un negocio. Nunca me he llevado bien con él. Cuando presentó el libro de Valeria Vegas con ella, dijo que yo pasé de ser un ser humano tranquilito y normal a convertirme en un monstruo de la cirugía estética y de las joyas. Nunca le caí bien, porque soy muy descarada y si hay algo que no me gusta, lo digo.

Por ejemplo, en la serie que acabo de hacer, tuve que pasar 14 horas rodando una de las secuencias. Cuando me enseñaron los zapatos que tenía que llevar puestos, les dije que no rodaba así, porque necesito llevar algo con lo que me sienta cómoda. Querían que saliera al lado de las otras chicas, que miden 1,80, con unos taconcitos bajos, dando el aspecto de señora mayor que trabaja de puta callejera y está ya como acabada. Podré tener 60 años, pero me gusta ponerme zapatos con tacón de 18 centímetros y me muevo divinamente con ellos. Los de vestuario lo consultaron y lo acabaron entendiendo. Al final salgo con unos tacones que me permiten estar a la misma altura que las demás. No hay dinero suficiente para que alguien me diga lo que tengo que hacer.

¿Desconfiaste en algún momento del resultado final del documental ‘Vestida de azul’?

Sí, siempre dudé. El día que la vimos por primera vez, en San Sebastián, lloré y me asusté. Nada más empezar el documental, se nos ve pegándonos con la policía. Mi vida tenía que continuar, y yo debía seguir acudiendo a esos mismos sitios en los que había rodado el documental. Me daban miedo las represalias, que pudieran pasar por mi lado y pegarme un tiro en la cabeza por haber hecho aquello. Recuerdo que un día aparecieron dos coches llenos de gitanos que se bajaron y me preguntaron dónde estaba Tamara. Les dije que no lo sabía, y uno de ellos comentó a otro: ‘Pues córtale los huevos a este maricón’. El documental era tremendo. Tanto, que al cabo de seis meses dejó de poder verse.

‘Veneno’ cosechó un gran éxito a nivel nacional e internacional. ¿Estarías preparada para convertirte en una estrella?

Me siento preparada, pero veo un poco difícil que la serie pueda competir con ‘Veneno’. Aunque la idea de todos los productores con los que he hablado es que tiene que superarla. No sé, podría ser. A fin de cuentas, ‘Veneno’ habla de una sola vida, pero ‘Vestidas de azul’ cuenta muchas historias. Aunque ya estoy algo mayor para estas cosas, estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios. Si es para hacer cosas de ese tipo, mejor que se olviden de mí.

viernes, 29 de octubre de 2021

#hemeroteca #cine #violencia | Manu Gómez: "El ver, oír y callar sigue existiendo en Euskadi"

Público / Fotograma de 'Érase una vez en Euskadi' //

Manu Gómez: "El ver, oír y callar sigue existiendo en Euskadi".

El director debuta en el largometraje con 'Érase una vez en Euskadi', estrenada en el Festival de San Sebastián y en la que, desde sus recuerdos de infancia, rememora años duros del conflicto, la violencia, el miedo, la heroína en la calle y la aparición del sida.
Begoña Piña | Público, 2021-10-29
https://www.publico.es/culturas/estreno-erase-vez-euskadi-manu-gomez-ver-oir-callar-sigue-existiendo-euskadi.html 

Hace muy poco, en las calles de Arrasate-Mondragón, en el Parque de Monterrón, se celebró una concentración en defensa de los derechos del preso de ETA Henri Parot. Al mismo tiempo, Vox y PP celebraron en otro punto de la misma localidad actos de desagravio a las víctimas. La tensión en el País Vasco, diez años después de que ETA anunciara el fin de la violencia armada, no desparece. Los ecos de los negros ‘años del plomo’ resuenan, pero la intensidad no es la misma. Manu Gómez recuerda muy bien esos tiempos y los comparte en su ópera prima, ‘Érase una vez en Euskadi’, construida sobre su propia memoria de infancia.

Presente en el 69 Festival de San Sebastián, la película muestra desde los ojos de cuatro niños de doce años los tiempos en que un viernes sí, otro, también, había manifestaciones en las calles de Mondragón, con enfrentamientos entre los manifestantes y los antidisturbios de la Guardia Civil, contenedores quemados, balas de goma volando por los aires… Fueron también los días de la invasión de la heroína en las calles y la aparición del siniestro sida. Horror, violencia, muerte alrededor de unos chavales que, además, veían otros problemas en casa.

Manu Gómez, hijo de emigrantes de Granada, vivió allí su infancia y su juventud, y de sus recuerdos y de los de sus amigos, ha nacido esta película. El director y guionista habló con ‘Público’ de ella.

Se han cumplido diez años del fin de la lucha armada de ETA. ¿Qué sintió entonces y qué piensa ahora?
Fue una gran liberación. Llevo 20 años viviendo en Madrid, pero he ido mucho a mi pueblo, y ahora se nota en las calles, en los bares, en la gente, ahora hay tranquilidad, normalidad. Euskadi está infinitamente mejor.

Pero parece que el ‘ver, oír y callar’ no ha terminado del todo ¿es así?
El ver, oír y callar de entonces ahora sigue existiendo, sobre todo en los pueblos, mucho menos en las ciudades. De todos modos, nosotros lo vivíamos de otra manera, de ventanas para dentro teníamos un problema más preocupante, que era llegar a fin de mes. Cuando el viernes las calles del pueblo se convertían en un campo de batalla, nosotros teníamos otros problemas en casa.

De niño jugaba con las pelotas de goma de la policía, como en las zonas de guerra donde los niños juegan a matarse. ¿Cómo le ha marcado a usted crecer en ese ambiente de conflicto y de peligro?
Entonces se vivía con una absoluta cotidianidad y normalidad. Eso con los años se ha convertido en algo atractivo para volver a verlo en forma de película. Por cierto que la película también tiene una especie de misión didáctica que es contar cómo se vivía allí en esos años. Cuando salíamos de Euskadi, fuera había un concepto de guerra constante y tampoco era eso.

El arranque de la película viene de la realidad, aquello era constante, cuando terminaba la manifestación del viernes, nosotros buscábamos las pelotas de goma que habían lanzado los antidisturbios. Eran nuestros galones, nuestros juguetes. Esperábamos a que todo terminase y lo recogíamos. Creo que es una buena metáfora de ese conflicto y de cómo nos involucramos en él.

Pero, ¿hoy se siente marcado por ello?
Todo eso te marca mucho, por supuesto, y te posiciona en un sitio sensitivo a la hora de convivir con la violencia. Si con doce años ves cómo se cargan a un tío delante de ti, claro que te deja un poso, se queda algo ahí dentro. Lo que todo eso ha provocado en mí es que odie las banderas, todas, y los nacionalismos, empezando por el español. Ese sitio donde nos apartaban por ser hijos de maquetos nos hizo ser niños sin patria, cosa que hoy agradezco bastante.

Le señalaron entonces por ser hijo de ‘maquetos’ ¿la necesidad encajar de esos chicos es uno de los temas de la película?
Sí, porque teníamos la necesidad de encajar, pero sobre todo teníamos la necesidad de ser felices. Con doce años estás más allá de los problemas, tienes necesidad de descubrir, de enamorarte, de jugar, de disfrutar. El término maqueto era peyorativo y se usó en Euskadi y en Cataluña, pero en Catalunya desapareció antes porque el idioma se aprendía, era más fácil. De todos modos, la película se ha hecho con el paso del tiempo, con la distancia. Volver 35 años después a esa inmigración, a los contenedores quemados, todo envuelto en una atmósfera violenta, a los años del plomo de ETA o el sida o la heroína… Sí, aquella fue una época en la que la gente salió de Extremadura, de Andalucía, para ir a vivir a Euskadi.

En la película están la música punk y el rock duro vasco, ¿aquella influencia persiste en usted hoy?
Persiste y ha dejado una señal absoluta, en mi caso, maravillosa. Me encanta retroceder a esa música y a ese lugar donde fue feliz. La propia escritura del guion fue una especie de viaje de tripi porque la hice de una forma anómala. Escribí desde el principio hasta el final, sin estructura, sin sinopsis. Al recordar y plasmarlo en el relato, un recuerdo te lleva otro... Y poder rodar donde sucedió, porque el 80% se ha rodado en Mondragón, ha sido un sueño.

¿Hay algo especialmente personal en la historia?
Todo es muy personal y uno de esos niños soy yo, Marcos, un ciclista frustrado que se autolesionaba y que sufría la ausencia de su madre. En mi caso real era la ausencia de mi padre que murió muy joven víctima de un cáncer. Yo vine a Madrid se 1999, y ahora me gustaría seguir la pista de esos niños, en los años 90, donde también pasaron cosas muy bestias.

¿Cómo son las relaciones que tiene usted ahora de entonces?
De todo, he tenido amigos y conocidos que han pasado por la cárcel. Todo resulta ahora muy impactante, a posteriori, pero entonces, si desaparecía un chaval en el pueblo no se daba la voz de alarma, se sabía que había huido a Francia. De entonces he tenido buenas y malas relaciones, como todos en la vida, y tengo muy buenos amigos en la izquierda abertzale.

¿Qué piensa cuando ve estos días tantas declaraciones de personas que no han vivido directamente la violencia del País Vasco?
Siento vergüenza. Me da mucha vergüenza ver a Mayor Oreja diciendo que ETA está más viva que nunca. Lo que ha conseguido la sociedad vasca, entrar en la democracia... Es vergonzoso politizar todo esto. En un documental que he visto en televisión española Eduardo Madina decía que de todos los comentarios de estos días ninguno era de alguien que viviera aquello. Muchos de los que hablan hoy no saben lo que era tomarse un zurito en un bar en medio de una situación tan violenta.

Parece que su película está más dedicada a los que emigraron a Euskadi entonces.
Sí, sobre todo quería rendir un homenaje a esa gente que después de una guerra, nuestros abuelos, tuvieron que salir de Granada con sus hijos y meterse en un pueblo de la Guipúzcoa profunda. Mucha gente me está agradeciendo hoy que hable de ellos en la película.

¿Y cómo ha sido el trabajo con los cuatro niños protagonistas?
Ha sido muy sencillo y maravilloso. Hicimos un casting con 500 o 600 niños. Antes de la prueba les hacíamos una entrevista y a los cuatro en seguida los vi. Eran unos vacilones, tenían arte, eran unos macarras y ese macarrismo es el que yo quería, quería cuatro macarras. Nada cursis cero. Se dedicaron a jugar a interpretar.

lunes, 27 de septiembre de 2021

#hemeroteca #lesbianismo #cine | Benedetta Carlini, la monja lesbiana que hizo un consolador con una talla de la Virgen

El Mundo / Fotograma de 'Benedetta' //

Benedetta Carlini, la monja lesbiana que hizo un consolador con una talla de la Virgen.

Tras su polémico paso por Cannes, llegó al Festival de Cine de San Sebastián la película de Paul Verhoeven 'Benedetta', inspirada en la historia real de una religiosa del siglo XVII.
Darío Prieto | LOC, El Mundo, 2021-09-27
https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2021/09/25/614dff15e4d4d814648b45c9.html 

Paul Verhoeven (83) conserva la misma mirada indecente y cochina que lleva exhibiendo desde hace medio siglo, cuando se dio a conocer como cineasta con 'Delicias turcas' (1973). Escenas como el cruce de piernas de Sharon Stone en 'Instinto básico' (1992), los bailes de barra americana de 'Showgirls' (1997) o la puntería pistolera en la entrepierna de 'Robocop' (1987) forman parte ya de la iconografía popular. Pero la edad no ha apaciguado el interés turbador del director holandés. Así se pudo comprobar en el Festival de Cine de San Sebastián (que terminó el sábado) con su última obra, 'Benedetta'.

La película, cuya premiere tuvo lugar en el pasado festival de Cannes, se inspira en el libro 'Immodest Acts: The life of a lesbian nun in Renaissance Italy (Studies in the history of sexuality)', de la historiadora estadounidense Judith C. Brown, quien estudió el caso real de Benedetta Carlini, una monja que vivió en Italia en el siglo XVII. A partir de los archivos de los tribunales eclesiásticos, se sabe que Benedetta venía de una familia bien situada económicamente, y que entró en el convento de la Madre de Dios, en la ciudad toscana de Pescia. Igual que otras místicas de la época, Benedetta comenzó a experimentar una serie de visiones y apariciones. Fue nombrada abadesa del convento, mientras crecía su popularidad como hacedora de milagros.

Ante su creciente influencia, el nuncio en la zona realizó una serie de visitas al convento, hasta que una de las religiosas, Sor Bartolomea, confesó que mantenía una relación lésbica con Benedetta y que ambas se habían entregado a actos impúdicos que incluían el 'frottage'. Según cuenta el filme, Benedetta fue condenada y despojada de su rango de abadesa, aunque se le permitió permanecer en el convento y comer en el refrectorio con sus compañeras, eso sí, sentada en el suelo y en silencio. Así permaneció más de tres décadas, hasta su muerte en 1661 a los 70 años.

La historia de Benedetta sirve a Verhoeven para volver a su obsesión sobre el cuerpo y sus procesos de florecimiento y degradación. La actriz belga Virginie Efira encarna a Benedetta y lo hace poniendo toda su anatomía, desde la aparición de estigmas hasta lúbricas escenas con su amante. Verhoeven introduce un elemento aún más turbio en esta relación: una figurita de madera de la Virgen que las monjas lesbianas tallan hasta darle la forma de un falo, para usarlo así como consolador en sus juegos sexuales.

La aparición de este elemento ha soliviantado a ciertos sectores católicos, que han llegado a pedir la retirada del filme. Es el caso de la plataforma CitizenGO (heredera de HazteOír), que lleva recogidas 200.000 firmas (su objetivo es medio millón) de una petición al millonario francés Jérôme Seydoux, copropietario de la productora Pathé, para que "no siga distribuyendo este material altamente ofensivo".

"Por supuesto", denuncia CitizenGO en la presentación de la campaña, "una blasfemia abierta y obscena como esta nunca se habría permitido con el Islam o Mahoma. Se tolera y se aplaude porque se trata de una monja cristiana. Cuando no hay talento, la blasfemia es el único recurso...".

El texto de la petición a Seydoux reza así: "Quiero manifestarle mi preocupación por la muestra abierta y obscena de una blasfemia. También quiero manifestarle mi malestar y mi sentimientos ofendidos por esta película. No sólo se regodean con la homosexualidad de unas personas consagradas, sino que las muestran obteniendo placer sexual con una imagen de la Virgen... No sólo me ha ofendido a mí, sino también a la comunidad de 2.000 millones de cristianos del mundo". Y termina exigiendo una disculpa "con la comunidad cristiana a la que ha dañado gravemente". A falta de saber si el escándalo tiene efecto o no sobre la taquilla, el estreno de 'Benedetta' en España se ha adelantado al 1 de octubre.

Sin querer desmerecer de su carga sexual, Verhoeven siempre ha querido dejar claro que su principal interés era indagar sobre la religión y lo sagrado. Es más, la película llega después de una tentativa infructuosa de adaptar a las pantallas el libro que Verhoeven escribió sobre Jesús de Nazaret en 2007 y que iba a llevar el título de 'Jesús, el hombre'.

lunes, 20 de septiembre de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #cine | El amante homosexual de Marguerite Duras

El País / Yann Andréa y Marguerite Duras //

El amante homosexual de Marguerite Duras.

‘Quiero hablar de Duras’ ilustra las confesiones a una periodista de Yann Andréa, secretario personal y la última pareja de la escritora y cineasta.
Gregorio Belinchón | El País, 2021-09-20
https://elpais.com/cultura/2021-09-20/el-amante-homosexual-de-marguerite-duras.html 

Una fría tarde de 1982, el escritor Yann Andréa se sentó delante de su amiga la periodista Michèle Manceaux en el ático de la mansión que compartían él y la cineasta y literata Marguerite Duras, su pareja, en Neauphle-le-Château, a unos cincuenta kilómetros de París. Más allá de la diferencia de edad —Duras era 38 años mayo que Andréa—, a este lo que le remordía de su relación, nacida de una pasión desaforada del primero por el arte de la segunda, era su homosexualidad. Manceux puso la grabadora en marcha, sin más intención que Andréa pudiera verbalizar su dolor y sus sentimientos, y él empezó a hablar. Aquellas casetes quedaron en manos de la periodista y solo tras la muerte de ambos la hermana de Andréa las recuperó, las transcribió y las publicó en 2016. Esa es la base de ‘Quiero hablar de Duras’, la película de la francesa Claire Simon, que levanta pulcro testimonio de aquella conversación y que concursa en el festival de San Sebastián.

Yann Andréa descubrió a Duras a los 20 años, cuando estudiaba Filosofía en Caen. Impresionado por su literatura, decidió que no leería a nadie más durante el resto de su vida. En 1975 se acercó a una proyección con coloquio de ‘India Song’, la sexta película de Duras, y tras una reflexión en público de Andréa sobre la toma final acabaron de copas con otros universitarios. Durante los siguientes cinco años, él le envío una carta diaria, hasta que se hartó de que no le respondiera, desistió y solo en ese momento Duras, estrella de la literatura y el cine, figura capital en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, decidió hacerle caso.

Era 1980 y ahí empezó una relación que solo finalizó tras la muerte de Duras a los 81 años, en 1996. Fueron años en el que la figura de Andréa —que se llamaba en realidad Yann Lemée, Duras le obligó a cambiárselo para que usara de apellido el nombre de la madre de Yann, Andréa— aparece como un fantasma en la obra de ella, mientras que el mismo Andréa escribió novelas hasta cierto punto autobiográficas que la crítica literaria ridiculizó, considerándole un simple añadido de Duras. De puertas adentro vivieron 16 años de brutal relación, en la que la escritora le humilló, tiranizó y maltrató. El alcohol maceró aquella violencia. “Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo”, escribió Duras.

Sin embargo, el uno no podía vivir sin la otra, y ella encontró en él su propio despertar literario y alguien a quien esclavizar, en quien derramar su carácter volcánico. Andréa además devino en su secretario personal. Aquella tarde de 1982 Andréa ve venir, como un pez al que la red del pescador va envolviendo, la futura imposibilidad de salir de esa relación. Simon ha tomado un par de riesgos artísticos: el primero, casi obvio, es que el espectador no ve a Duras; el segundo es dejar que la conversación fluya en pantalla como si fuera una obra de teatro, e ilustrar así la opresión que atenaza a Andréa.

“Yo crecí con la literatura de Duras —mi madre, que no leía mucho sí seguía a Duras—, pero quiero recalcar que esta es una película sobre Yann. El texto contiene la historia, a los seres, es un archivo que hemos convertido en imagen y sonido, una traslación de la emoción que yo viví cuando lo leí”, contaba este lunes en San Sebastián Claire Simon, que confesó la impresión que le causó el libro cuando lo leyó en 2016. “Tanto que volví a leerlo, Y aunque parecía material de teatro, y así se lo recomendé a una amiga, finalmente se convirtió en mi película”, recordaba la directora y fotógrafa, veterana documentalista, sobre su quinto largometraje de ficción. “Para mí todo es cine, no diferencio entre documental y ficción. Ya estaba el texto original, solo había que desplegarlo, hacerlo presente para el espectador y trabajar con Swann Arlaud [que encarna a Andréa] y a Emmanuelle Devos [que da vida a Michèle Manceaux]. Sabía que esta historia era más universal que solo la plasmación de la relación de Andréa y Duras, que es en realidad el amor entre dos personas”. Aunque regateó cualquier influencia de Duras cineasta: “Lo mío es otra cosa. Tenía que rehuir la terrible posibilidad de que parecieran dos personas hablando en la televisión, y a la vez que el público tuviera claro que efectivamente existió una relación sexual entre Duras y Andréa”, algo que ilustra con acuarelas que salpican el metraje, “dibujos que muestran cuerpos y deseo”.

miércoles, 3 de junio de 2020

#hemeroteca #vih #memoria | Pepe Espaliú y el «carrying» que merecemos

ABC / Acción 'Carrying' en Donostia, 1992-09-26 //

Pepe Espaliú y el «carrying» que merecemos

Hace casi 30 años Espaliú nos alertó de las desigualdades generadas por otra pandemia
Jesús Alcaide | ABC, 2020-06-03
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-pepe-espaliu-y-carrying-merecemos-202006030047_noticia.html 

El 26 de septiembre de 1992, coincidiendo con el Festival de cine de San Sebastián, Pepe Espaliú (1955-1993) daba por finalizado el taller que durante tres meses había realizado en Arteleku con su conocida acción ‘Carrying’. Transportado por parejas, su cuerpo enfermo pasaba de una a otra, entre brazos entrelazados y sin que el suelo tocase sus pies desnudos. No hubo lágrimas, pero si lluvia, pues el ‘Carrying’ quiso convertir el dolor en lucha, y la rabia, en amor.

Como recuerdo de las maneras de gestionar los cuidados a los enfermos de sida en Nueva York por parte de las comunidades queer negras y latinas desde los inicios de la pandemia, Espaliú idea ‘Carrying’ como acción simbólica, una acción en el sida , en la que es transportado (‘carrying’) y, al tiempo, cuidado (‘caring' por una grupo de personas que hacen de muletas de un cuerpo enfermo. Espaliú la realiza como finalización del taller «La voluntad residual. Parábolas del desenlace», en el que, entre otros, había invitado a John Greenberg , de Act Up, para dar una charla. Nombrar el sida, sacarlo a la calle, ocupar los medios, vencer el miedo, organizarse y actuar.

El 1 de diciembre, la acción se repetía en Madrid. Era el ‘Carrying’ de «los famosos», el que ocupó las portadas de los diarios, el que fijó el instante en el que la esposa del presidente del gobierno, Carmen Romero , portaba el cuerpo de Espaliú por las calles de Madrid hasta su entrada en el Museo Reina Sofía. Sólo hubo una parada en el trayecto. Frente al Ministerio de Sanidad, la cadena humana reclamaba que el gobierno actuase y tomase medidas para los que luchaban día a día con una enfermedad que no solo afectaba al cuerpo propio, sino al de toda la sociedad del mal llamado bienestar.

Cuando han pasado más de 25 años, y en un momento de colapso vital a causa del covid-19, han sido muchas las referencias cruzadas que se han intentado realizar entre la realidad de aquella época y la de estos momentos de incertidumbre. Frente a la distancia social, nuevas redes afectivas, y una diferencia fundamental: mientras que los enfermos de sida en los 80 tuvieron que organizarse ante la inoperancia y ocultamiento de la enfermedad por parte de las autoridades sanitarias, en la pandemia actual, es el trabajo humano de la sanidad pública la que está consiguiendo reducir los efectos mortales del virus y combatir con cuidados lo que el material sanitario muchas veces no puede cubrir.

¿Qué nos ha enseñado el ‘Carrying’ en estos años? ¿Cuál es el mensaje que esta acción tiene hoy? ¿Qué puede hacer el arte en un momento en que redes, medios e instituciones nos quieren convertir en puro entretenimiento? ¿Qué se quedó sin hacer? ¿Cuál es -por parafrasear a Crimp- el 'carrying' que merecemos hoy?

Lo que estaba por llegar
Este febrero, en ARCO, dentro del programa ‘It’s Just a Matter of Time’, una de las esculturas homónimas de Espaliú colgaba en el estand de García Galería casi como una presencia premonitoria de algo que estaba por llegar. Allí, la pieza hablaba de aislamiento y enfermedad, de ocultamiento y necesidad del otro . Se apagaron las luces de la feria y a los días fueron las camas, los goteros y respiradores los que ocuparon el lugar.

Hace 25 años, fueron otras luces las que se apagaron. Entre los fuegos artificiales de la Expo'92 y los Juegos de Barcelona, el ‘Carrying’ desvelaba que el sida era más que una simple enfermedad. Decía Espaliú, a propósito del mismo, que el hecho de que el enfermo fuera descalzo tenía que ver con la idea de contagio. «Está aludiendo a algo imposible: cómo estar en el mundo sin tocar el mundo».

Tras los días de confinamiento, ¿vamos a seguir queriendo no estar en el mundo? ¿Van a seguir prohibiéndonos tocar con las manos la piel de otros? ¿Seguiremos proyectando la ficción de un mundo inmune? ¿Qué va a hacer el arte? ¿Seremos la comunidad artística de una vez por todas una comunidad de cuidados? El ‘Carrying’ que merecemos está aún por construir. ¿Seremos capaces de hacerlo?

sábado, 25 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #cine | El Zinemaldia mantiene sus fechas y no se plantea un certamen ‘online’

José Luis Rebordinos
El Zinemaldia mantiene sus fechas y no se plantea un certamen ‘online’.
“Si en el Kursaal solo puede haber el 30% o el 50% de público, lo haríamos”, afirma Rebordinos.
EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2020-04-25
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/cultura/2020/04/25/zinemaldia-mantiene-fechas-plantea-certamen/1026809.html

Los responsables del Zinemaldia mantienen la idea de celebrar la 68ª edición en las fechas fijadas, del 18 al 26 de septiembre, y aunque saben que este año puede ser distinto, lo que no se plantean es hacer un certamen ‘online’. "No queremos hacer un festival digital, pero igual sí se puede con algunas secciones o actividades. Lo que es seguro es que la Sección Oficial y New Directors, cuyas películas son ‘premières’ absolutas, no las haríamos nunca digitales", afirmó el director del festival, José Luis Rebordinos.

Rebordinos señaló que apartados como ‘Made in Spain’, que reúne filmes españoles ya estrenados, sí podrían exhibirse ‘online’ para posibilitar que, en el caso probable de que se reduzcan los aforos, haya más pases de las películas de la Sección Oficial. Si los títulos que optan a la Concha de Oro y los que compiten por el premio de Nuevos Directores no se pueden programar en sala en las fechas previstas, se trasladarían a otras posteriores, señaló. "Y si no se puede hacer así, no se hace", indicó Rebordinos, que admite que ahora mismo están analizando "todos los escenarios", desde el cambio de fechas a un festival "con restricciones", e incluso la suspensión.

"Si de pronto las autoridades sanitarias dicen que hasta diciembre no se puede celebrar ningún festival ni actos con aglomeraciones, pues ya se ha acabado. Pero a día de hoy, seguimos trabajando con todo abierto, haciendo selección, con el fin de poder hacer algo que se parezca al festival, pero con muchas dudas", puntualizó.

Cuentan por ejemplo con la probabilidad de que los 180.000 espectadores que suelen sumar en cada edición, en la número 68ª pasen a ser 40.000. Con que no haya sesiones en la gran pantalla del velódromo de Anoeta y que el auditorio del Kursaal, con 1.800 butacas, solo pueda acoger a 600 personas por sesión.

"Si en el Kursaal solo puede haber el 30% o el 50% de público, pues así lo haríamos. Pocas o muchas, queremos que haya proyecciones públicas. Regularíamos las entradas para intentar que a todo el mundo le llegara algo, aunque algunos no puedan ver 40 películas, como veían antes. Nuestra idea es que el público siga disfrutando de una manera o de otra del festival", manifestó.

Dificultades
Lo que considera "más fácil" organizar de forma telemática son las actividades de la industria cinematográfica, entre otras razones porque da por hecho que se van a producir "dificultades" con los desplazamientos de los invitados desde otros países. "Parece que si no hay un rebrote la gente podrá viajar pero, ¿querrá viajar? De Europa y otras partes de España probablemente sí vendrán, pero de Estados Unidos y Asia tendrán miedo e igual no viene tanta gente", comenta.

El aplazamiento de otros certámenes a causa de la pandemia del COVID-19, con Cannes pospuesto y sin saber aún qué planes tiene, nutriría los meses de otoño de citas cinematográficas, aunque Rebordinos opina que no se van a pisar.

sábado, 7 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #cine #memoria | La pantalla del cine parroquial Don Bosco en la Sección Barrios y Pueblos

SSIFF / Laura Betti a la salida del cine parroquial Don Bosco de Intxaurrondo tras la proyección de Novecento (Festival, 12, 1977)

La pantalla del cine parroquial Don Bosco en la Sección Barrios y Pueblos
Clara Rus | Historia 1 · San Sebastián Festival SSIFF, 2019-12-07

https://www.sansebastianfestival.com/archivo/zinemaldia70/1/8702/es

La primera edición de Barrios y Pueblos nació en 1977, con pases en los pueblos de Andoain, Villabona, Pasaia (en Trintxerpe y Pasai Antxo), Hernani, Zarautz, Lasarte-Oria, Errenteria, Orio, Arrasate, Oñati, Legazpi y en diferentes barrios y localizaciones de Donostia (Ulia, Loiola, Añorga, la Sociedad Fotográfica, el Teatro Príncipe e Intxaurrondo).

Esta ‘Historia’ se centra en los pases programados en el cine Don Bosco, perteneciente a una parroquia salesiana, en el barrio donostiarra de Intxaurrondo. En los primeros años de la Transición, el Don Bosco se convirtió en uno de los puntos clave y de mayor efervescencia no solo de la sección Barrios y Pueblos, sino del Festival de San Sebastián en su conjunto. Lo que ocurrió en esta sala no fue una excepción. Se trata, más bien, de un caso paradigmático para entender el mecanismo de la sección Barrios y Pueblos y sus objetivos principales: popularizar el Festival y, sobre todo, crear un espacio de contacto inédito entre el cine y los movimientos políticos y sociales del momento. Al mismo tiempo, de manera transversal, el examen de la programación del cine Don Bosco arroja luz sobre lo que se programó y vio en el resto de las secciones proyectadas en las pantallas 'oficiales' del Festival (Victoria Eugenia, Cine Savoy, Teatro Principal y Salón Miramar).

Durante el Festival de 1977 se proyectaron cinco películas en la pantalla del cine Don Bosco como parte del Programa Barrios y Pueblos. La programación de todas ellas destacaba como un gesto político: 'El ángel exterminador' (Luis Buñuel, 1962), que se extrajo del ciclo en homenaje al director que le dedicó la edición de este año; la cubana 'La última cena' (Tomás Gutiérrez Alea, 1976); 'L'assassinio di Federico Garcia Lorca' (Alessandro Cane, 1976), perteneciente a la sección Otro Cine y proyectada junto 'Lorca y la barraca' (Miguel Alcobendas, 1977); y las películas de sección Informativa 'Mina, viento de libertad' (Antxon Ezeiza, 1977) y Novecento (Bernardo Bertolucci, 1977). La proyección de 'Novecento' en Intxaurrondo es recordada como una de las proyecciones más concurridas de la edición. La participación en el coloquio de Laura Betti, protagonista de la película, y del propio Bertolucci, generó una gran expectación en el barrio y fue la manifestación clara de que el Festival había desbordado su recinto y audiencia habitual.

Una de las características principales del programa de Barrios y Pueblos era la intensidad política de los debates que seguían a las proyecciones. Por ejemplo, en 1977 la revista Festival recogió referencias al coloquio que generó el pase de la producción mexicano-cubana 'Mina, viento de libertad' en la parroquia del Corazón de María, base de operaciones de la Asociación de Vecinos de Ulia, con la presencia de su director, Antxon Eceiza. La asistencia de Eceiza al Festival de 1977 significaba la primera actividad social y política pública del cineasta tras su exilio en México.

En el marco del proyecto 'Zinemaldia 70: todas las historias posibles' (Z70) hemos seguido la pista de las proyecciones de 'Mina, viento de libertad' hasta otra sesión celebrada en el Don Bosco, también con presencia de Eceiza. En concreto, el equipo de investigación ha localizado en la colección personal de la fotógrafa Maite Berradre (quien fue una de las principales impulsoras principales de la Comisión Barrios y Pueblos) una serie de fotografías que nos permiten conocer estas sesiones desde dentro. Estas imágenes inéditas revelan la cantidad y diversidad de espectadores que congregaba este programa y, a su vez, son las únicas fotografías localizadas hasta el momento que nos muestran la sala en pleno funcionamiento.

En 1978 se consolida la sección Barrios y Pueblos que, de acuerdo con la memoria del Festival de ese mismo año, aumenta en número de pases y espectadores. Además, se amplía su radio de acción geográfica sumándose los barrios de Amara Berri, Amara Zaharra y Gros en San Sebastián y los pueblos de Antzuola, Azpeitia, Beasain, Burlada, Eibar, Elgoibar, Hondarribia, Irun, Lazkao, Tolosa, Bergara, Zubieta, Zumarraga y Zumaia.

Uno de los eventos más destacados e innovadores del Festival de 1978 fue la sección denominada 'Cine realizado por mujeres'. En este ciclo, impulsado por la Asamblea de Mujeres de Donostia en colaboración con el comité de selección del Festival y organizaciones como Ciné-Femmes International, se proyectaron obras fundamentales de directoras contemporáneas. Siete películas de este programa recorrieron las diferentes salas de Barrios y Pueblos: 'The Double Day' ('La doble jornada', Helena Soldberg-Ladd, 1975), 'Hra o jablko' ('El juego de la manzana', Věra Chytilová, 1976), 'Восхождение' ('Ascensión', Larisa Shepitko, 1976), 'Kilenc hónap' ('Nueve meses', Marta Mészaros, 1976), 'Irrintzi' (Mirentxu Loyarte, 1976), 'La petición' (Pilar Miró, 1976) y 'Vámonos, Bárbara' (Cecilia Bartolomé, 1976). La programación en el cine Don Bosco incluyó dos de estas películas ('La petición' y 'Vámonos, Bárbara'), si bien su programa también dio cabida a títulos dirigidos por mujeres que no pertenecían al ciclo dedicado a ellas, como el cortometraje 'La última aventura de Rip Kirby' (Leticia Alegre, 1976) o 'Zdjęcia Próbne' ('Las pruebas', 1977) de Agnieszka Holland, codirigida junto a Pawel Kedzierski y Jerzy Domaradzki. Al año siguiente, a pesar de que no volvió a celebrarse un ciclo de estas características, la Asamblea de Mujeres mantuvo su colaboración con el Festival a través del programa de Barrios y Pueblos. Así, pantallas como la del cine Don Bosco acogieron debates donde se discutió la situación de la mujer desde una perspectiva feminista a partir de películas como 'A Woman Under the Influence' ('Una mujer bajo la influencia', John Cassavettes, 1974).

Otra sección destacable en el Festival de 1978 es 'El cine que no vimos en las últimas décadas', que ponía el foco en las lagunas en la historia del cine producidas por la censura franquista. Varias de las películas programadas llegarían a Barrios y Pueblos, como 'Tierra de España' (Joris Ivens, 1937); 'Las Hurdes, tierra sin pan' (Luis Buñuel, 1933); 'Sbatti il mostro in prima página' ('Noticia de una violación en primera página', Marco Bellocchio, 1972); 'Macbeth' (Orson Welles, 1948); 'Мать' ('La madre', Vsevolod Pudovkin, 1926); 'Три песни о Ленине' ('Tres cantos sobre Lenin', Dziga Vertov, 1934) o 'Freaks' ('La parada de los monstruos', Tod Browning, 1932).

En 1979, Barrios y Pueblos siguió ampliando su radio de acción con pases en Deba, Escoriatza, Urnieta, Tudela y Pamplona. Paralelamente, el Festival continuó diversificando su programación, con nuevas secciones como 'Panorama de arte y ensayo' (con la intención de promover un mercado especializado en el cine de autor), el 'Ciclo de las nacionalidades' (una iniciativa donde el papel de Juan Miguel Gutiérrez fue clave y que tenía por objetivo visibilizar el cine producido en naciones sin estado o recientemente independizadas) o los programas gratuitos 'Ciclo de cine para jubilados' y 'Ciclo de cine infantil'. Se mantenían, por tanto, varias líneas de trabajo que aspiraban no solo a incorporar a la programación del Festival nuevas miradas estéticas y políticas sino también a popularizar su estructura y la interacción con nuevos públicos que antes estaban excluidos de su actividad—exactamente las líneas de trabajo que comenzó a desarrollar Barrios y Pueblos dos años antes.

Sin embargo, a partir de este año, los promotores de Barrios y Pueblos constataron un problema fundamental: debido a las normativas de la FIAPF y las distribuidoras comerciales, que limitaban el número de pases y localidades en las que se podía proyectar una película estrenada en sección Oficial, la Comisión se verá obligada a recurrir a títulos que formaban parte de la llamada "filmoteca del Festival". Este archivo (actualmente conservado en Filmoteca Vasca) está formado por copias de películas premiadas en ediciones anteriores y que sus distribuidoras estaban obligadas a depositar en la colección del Festival. Poco a poco, estos títulos fueron ocupando más espacio en la programación de Barrios y Pueblos en detrimento de los estrenos y selecciones de otras secciones. Unido a otros factores como la desmovilización del movimiento vecinal en los 80, este cambio anunciaba el camino de la pérdida de interés de parte del público de Barrios y Pueblos hasta la desaparición definitiva de la sección en 1986.

Como muestra de este cambio, en 1979 la programación de Barrios y Pueblos de la sala Don Bosco estuvo compuesta principalmente por películas procedentes de la filmoteca del Festival, exceptuando 'Perla w koronie' ('La perla de la corona', Kasimierz Kutz, 1979) y 'Faustrecht der Freiheit' ('La ley del más fuerte', Rainer Werner Fassbinder, 1975).

La pieza de Fassbinder, junto a 'Sebastiane' (Derek Jarman, 1976) y 'Un hombre llamado Flor de otoño' (Pedro Olea, 1978), fueron las tres películas seleccionadas por EHGAM [Euskal Herriko Gay-Les Askapen Mugimendua] para realizar proyecciones y debates con el apoyo de la Comisión Barrios y Pueblos. Estas sesiones funcionaban como charlas pedagógicas y de sensibilización a favor de la diversidad y la liberación sexual. Es importante subrayar que en el momento en el que se estableció esta colaboración todavía estaba parcialmente vigente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, empleada de forma sistemática para la represión de la homosexualidad y la transexualidad. De hecho, tan solo unos meses antes del inicio del Festival de 1979, la sociedad vasca vivió lo que algunos activistas como JosebaGabilondo Marques han calificado como el "Stonewall vasco": el asesinato del travesti Francisco Vadillo ‘Francis’ en Errenteria a manos de un agente de la Policía Nacional desencadenó un intenso clima de movilización en favor de los derechos y la visibilización del colectivo gay y transexual y supuso el impulso definitivo para la fundación de EHGAM. Con este programa, diseñado junto a los propios militantes del movimiento gay, la Comisión Barrios y Pueblos demostraba de nuevo su capacidad de reacción para conectar la cultura cinematográfica con los movimientos sociales en curso.

En el desarrollo del proyecto Z70, localizamos al militante y cofundador de EGHAM Mikel Martín Conde. Su memoria de las sesiones de cine en las que participó supone un testimonio vivo que nos habla de la extraordinaria intensidad política y reivindicativa que alcanzó la sección Barrios y Pueblos. Pero que, sobre todo, nos recuerda cómo esta sección, surgida de la presión de asociaciones vecinales, cineclubs y movimientos sociales, terminaría por convertirse en un espacio de refugio, lucha y resistencia.

"Estábamos en un momento en el que habíamos salido de la dictadura fascista y había muchas cosas por hacer. A nosotras nos gustaba el cine y sabíamos que éste era un vehículo cultural a través del cual se veían y se identificaban realidades sociales que en el Festival 'grande', en el Festival de postín, el que daba caché a la ciudad, no se producía. Como activistas y militantes gays, teníamos muy claro cuál era nuestro objetivo. Y lo aprovechamos. A través de la sección Barrios y Pueblos canalizamos por primera vez la visibilización de la cuestión gay. También junto a mujeres, como nuestra compañera de EHGAM Emilia [Martín Sánchez], y otros compañeros como Santi [Santiago Vicente Altxu], Joseba [Sansinenea], Juantxo [Quiroga] y yo.

Lo que recuerdo, como activista gay que empezaba en aquel momento, es que dijimos: "qué bien, pues si nos podéis dejar elegir las películas vamos a elegir ésta, ésta y ésta". Recuerdo las tres películas: ‘Un hombre llamado Flor de Otoño’, ‘Sebastiane’ y ‘La ley del más fuerte’ de Fassbinder. Recorrimos bastantes localidades, con un éxito importante. Para mí, hoy en día, cuarenta años después, es una experiencia inolvidable. Era extraordinario visto desde fuera, pero visto desde dentro, más. Nosotras no solo nos relacionábamos con la gente que estaba en la comisión de Barrios y Pueblos sino también con el público. Nos sentíamos muy bien recibidas. Hoy puede sonar un poco raro, pero todas ellas eran cómplices. Éramos cómplices, ellos y ellas eran ‘friendly’ sin que entonces se utilizara ese apodo.

Barrios y Pueblos para nosotros era algo excepcional, era una gozada. No cobrábamos nada, íbamos por militancia, por nuestro propio interés, porque teníamos claro que lo que no hiciésemos nosotras por nosotras mismas no podíamos esperar que lo hiciera otra gente. En cuestiones culturales, sabíamos que la diversidad sexual tenía que pasar por la educación y que nuestra labor era la sensibilización revolucionaria de la sexualidad, de nuestros derechos como gays y lesbianas.

Recuerdo perfectamente, y con muchísima ilusión, Lasarte con la sala abarrotada en el [cine] Tedoso. Después de que finalizara la proyección hablábamos en primera persona. A mí me parecía impresionante que se quedara la gente al debate. Yo ya estaba acostumbrado a los debates desde hacía años, porque me gustaba ver cine y participaba en cineclubs y foros. Eso me permitía contrastar quiénes nos quedábamos cinco o seis años atrás y quiénes lo hacían cinco o seis años más tarde. Era perfectamente consciente, lo éramos todas, de que éramos un gancho también, por el morbo y por lo novedoso de [conocer a] homosexuales y lesbianas. Pero era una gozada: la gente era hiper respetuosa, con unos cariños de la leche. Aquella experiencia la guardo con muchísimo calor en mi ser. Y teníamos la certeza de que, de alguna manera, estábamos haciendo algo que tenía futuro: para poder vivir la diversidad afectivo-sexual en pie de igualdad. Porque entonces estaba la Ley de Peligrosidad Social, que aún llevaba la gente a la cárcel. Era muy empoderador."

#hemeroteca #lgtbi #cine #memoria | Un cinefórum gigante, trashumante y bohemio

SSIFF / Begoña del Teso //
Un cinefórum gigante, trashumante y bohemio

Entrevista con Begoña del Teso
Pablo La Parra Pérez y Sara Hernández | San Sebastián Festival SSIFF, 2019-12-07
https://www.sansebastianfestival.com/archivo/zinemaldia70/1/8704/es
Publicado también como:
https://artxiboa.sansebastianfestival.com/investigaciones/entrevista-con-begona-del-teso-un-cineforum-gigante-trashumante-y-bohemio/

Nos remontamos a principios de los años 70 y te imaginamos como una mujer joven que ya tiene inquietudes cinéfilas. ¿Para ti qué significaba el Festival de San Sebastián y qué relación tenías con él?

Mi relación es muy sencilla. En el año 72 me quedo enamorada de Katharine Hepburn y resulta que en el 72 hay un ciclo de Howard Hawks en el Festival. Ponen ‘La fiera de mi niña’ [‘Bringing Up Baby’, 1938] y, a pesar de que aún no era mayor de edad, como ya estaba acostumbrada a colarme en algunos cines con ayuda de mi madre, decido que quería ir al Festival a verla. Tengo todavía la entrada de aquella sesión. También me gustaba Barbara Streisand y creo que la segunda película que vi fue el remake de El sueño eterno con Elliott Gould [‘The Long Goodbye/Un largo adiós’, Robert Altman, 1973]. No es que fuera cinéfila a tope y fuera a ver un Pasolini. Katharine Hepburn y Elliott Gould, que entonces era el marido de Barbara Streisand.

1976 fue un punto de inflexión en este modelo de "Festival feliz" que daba la espalda a la tensa realidad política y social de los últimos años de la dictadura: el asesinato de Jesús María Zabala en Hondarribia puso al Festival en el punto de mira de los movimientos sociales.

Recuerdo que la gente que teníamos entradas nos negamos a ir al Festival aquel año, las regalamos como protesta. No se quiso ir a ese Festival. Yo me acuerdo, en el Paseo República Argentina regalándole a unas señoras un par de entradas. No queríamos ir, pero por otro lado entendíamos la pasión de la gente. Antes tener entradas del Festival era maravilloso, tampoco nuestro compromiso era tal como para romper la entrada delante de la puerta [risas]. Pero fue muy tenso: Zabala fue asesinado justo antes de empezar el Festival.

Barrios y Pueblos, una iniciativa en la que participaste directamente, es quizá uno de los ejemplos más claros de las transformaciones que conoció el Festival a partir de 1977, pero sus antecedentes se remontan años atrás.


Yo ya estaba vinculada al cineclub de Gros, en la Asociación de Vecinos. Todo estaba muy ligado y conectado: Asociación de Vecinos, cineclub, las películas en la pantalla blanca. El cineclub estaba en la calle Padre Larroca, enfrente de los taxis, era el típico hueco magnífico para reuniones, asambleas y cinefórums. Y yo creo que a partir de ese conglomerado de cineclub "asociacionero", surge la posibilidad de participar en Barrios y Pueblos.

Barrios y Pueblos era lo que tenía que haber para quitarle al Festival el componente del glamour, las estrellas, Hollywood. Había que politizarlo, había que salir al pueblo. A los que estaban arriba del Festival les interesaba preservar un Festival de cine glamouroso e institucional, pero había que mantener un poco contentos a los que estaban pidiendo participación.

No lo digo ni por romper los esquemas ni irónicamente, pero para muchos de nosotros [participar en Barrios y Pueblos] era una forma de tener una acreditación, aunque fuera muy precaria, para el Festival. Lógicamente no te daba acceso al Victoria Eugenia, pero nosotros en aquella época tampoco éramos del Victoria Eugenia: éramos más del Astoria [por aquello de que] "el pueblo unido jamás será vencido". Yo creo que todo cinéfilo o cinéfago donostiarra ha querido estar alguna vez presente en el Festival.

¿Qué películas llegaban a las pantallas de Barrios y Pueblos?

El problema en aquellos tiempos, como sigue sucediendo, es que suele haber normas: las películas a concurso sólo pueden proyectarse una vez o dos, en aquella época en el Victoria Eugenia o en el Astoria. Entonces, como no se podía pasar las películas a concurso (que en el fondo es lo que todos hubiésemos querido ver, lógicamente, también en los barrios y los pueblos) se hizo un cinéforum gigante, trashumante y bohemio, con películas que venían con el sello del Festival.

En el fondo, el cine que se llevó se podía haber llevado de cualquier otra manera. Y eso lo sabíamos todos. Si no me equivoco, no creo que se viera realmente una película de Festival que no fuera una copia de ciclos paralelos. Estoy segura de que no pusieron ‘Alien’ [Ridley Scott, 1979] en el año en que estuvo aquí. Eso sí, eran películas que sí tenían ese punto rebelde, revolucionario, llámalo como quieras.

Has dicho que era la primera vez que tenías la oportunidad de presentar películas. Esto era algo bastante inédito en el Festival: en el Festival tradicional no había presentaciones y coloquios.

Tampoco es que me sintiera que estaba formando parte del Festival con mayúsculas. El Festival, para todos yo creo, era otra cosa. Pero desde luego no fue una pérdida de tiempo. Si me pongo en plan personal puedo decir que el origen de todo está ahí: si presento películas ahora en Tabakalera y hoy estoy con vosotros es porque mis primeras presentaciones fueron en la Asociación de Vecinos de Gros y en Barrios y Pueblos.

Desde su primer año, Barrios y Pueblos acogió algunas proyecciones míticas, como el pase de ‘Novecento’ en Intxaurrondo con la asistencia de Bernardo Bertolucci y Laura Betti. ¿Estuviste allí?

No, yo recuerdo la parte más cotidiana de la sección. Lo de ‘Novecento’ es algo parecido a cuando este año [2019] Ken Loach se unió a las [huelguistas] de las residencias. Me imagino que fue un gran golpe, aprovechando que Bertolucci es Bertolucci, como Loach es Loach. Me parece una jugada maestra. Ahora suena magnífico: Bertolucci y Laura Betti [en Intxaurrondo]. Pero es que creo que nos veían como tierra de pelea: estaban en un festival de cine, todo glamour, pero se iban a la revolución, aunque fuera pequeña. Cuando sucedió esto yo estaría presentando en un pueblo. ¡Que no me quejo, es lo que tocaba! Y a mí me parecía genial: ibas a sitios que en el fondo no conocías, hablabas de cine, te tomabas un bocadillo y volvías. Era muy poco institucional, ni te traían, ni te llevaban: ibas con la gente. El Festival no ponía ni un autobús, sino que había que presentar una película e íbamos. Era el momento: había tantísimos movimientos, el EMK [Euskadiko Mugimendu Komunista], la ORT [Organización Revolucionaria de Trabajadores], las Asociaciones de Vecinos… El Festival sabía que no podía oponerse a todo este impulso.

¿Se llenaban los pases [de Barrios y Pueblos]? Imaginamos a un público muy distinto al que era habitual en el Festival hasta la fecha.


Sí. Estas fuerzas que ahora recordamos con cierta nostalgia (la ORT y demás) tenían mucha capacidad de convocatoria. Además, las sesiones se hacían en los pequeños espacios de cineclubs y asociaciones de vecinos, que se llenaban enseguida. El público era lo que ahora llamaríamos "borroka" (pero que yo creo que antes tenía más poso cultural e ideológico) y toda esa gente para la que ir a un cineclub era un acto reivindicativo. Hasta las proyecciones de cine en el colegio Jesuitas eran liberales, imagínate en una Asociación de Vecinos, en Elgeta o en barrios y pueblos obreros como Intxaurrondo, Alza, Ermua y Eibar. El ambiente era tal que hasta los que iban por el señuelo del Festival de Cine, sabían que casi todo lo que no fuera [institucional/oficial] era revolucionario y contra el sistema.

Según las historias que hemos ido reconstruyendo, en muchas ocasiones las sesiones de Barrios y Pueblos se convirtieron en verdaderas proyecciones de guerrilla organizadas por activistas de la Asamblea de Mujeres o de EHGAM, con activistas gays como Mikel Martín Conde presentando películas de Fassbinder.

Muchas hemos sobrevivido paralelamente. La figura de Mikel es la de un superviviente nato de todo tipo de palizas. Todos hemos llegado de Barrios y Pueblos a compartir platea en [el Festival de Cine de] Derechos Humanos del Victoria Eugenia. La trayectoria es esa. En aquellos tiempos era todo tan difícil, que [Barrios y Pueblos] era el único espacio que podían tener EHGAM o la Asamblea de Mujeres. Y yo también lo entendía, claro, pero también había discrepancias. Yo decía "si estamos en el Zinemaldi vamos a hablar de cine: yo quiero poner ‘Cabaret’ [Bob Fosse, 1972], ‘West Side Story’ [Robert Wise, Jerome Robbins, 1961], ‘Alien’ [Ridley Scott, 1979] o algo de terror". Y te decían que no, porque ahí no había debate. Luego hemos aprendido el debate que hubiese podido tener ‘Cabaret’ o ‘West Side Story’, pero musicales, no querían.

¿Primaba un criterio de programación muy militante?

Exacto, claro.

¿Y había coloquios?

Sí, pero lo que suele pasar y sigue pasando: interesaba más el tema que el acto cinematográfico y a mí eso me ponía y me sigue poniendo de muy mal humor. Es como si hubiera películas que son "de debate" y películas que no lo son. Entonces yo tenía muchas limitaciones o carencias tanto cinematográficas como revolucionarias y a veces no podía mantener el nivel de los coloquios. Las discusiones temáticas eran a veces muy poderosas. Teníamos, entre muchas comillas, comisarios políticos, en el mejor sentido de la palabra. Gente que estaba muy imbuida en una ideología mucho más profunda y discutía mucho de la diferencia entre el PCE [Partido Comunista de España] y el PCI italiano o Carrillo. O de los odios entre el EMK y ORT. Las películas estaban muy dirigidas al momento y a lo que se quería contar. Por ejemplo, en alguna película en la que hubiese un traidor el debate era muy profundo: "¿tiene derecho a traicionar a la causa?", "¡Ten en cuenta que en el fondo es un guerrillero!", "¿Cuál fue la actitud del PC en la Segunda Guerra Mundial?". Yo, en el fondo, era muy tonta o demasiado joven. También ahí recibí mi primer baño no de multitudes sino de horror. Recuerdo estar presentando ‘El general de la Rovere’ [General della Rovere, Roberto Rossellini, 1960] y se me ocurrió decir que no se era una película de Hollywood como las que estábamos acostumbrados a ver. ¡Casi me echaron tomates! Por supuesto, el público ya suponía que Rossellini no hacía cine a lo Hollywood. Lo comento, a nivel personal, para que seáis conscientes de mis limitaciones en aquella época. A mediados de los 70, yo no me había visto todo Rossellini ni existía la posibilidad de pasarnos películas. Yo también estaba descubriendo que había un cine más allá de ‘Alien’, ‘La fiera de mi niña’ o ‘El sueño eterno’.

¿Y cómo te preparabas los coloquios?

A las bravas, leyendo lo que encontrabas. La mayoría de las películas no las conocías hasta después de haberlas visto. En las presentaciones situabas a la gente y la película y para eso conseguías información. Yo tenía amigos muy cinéfilos a los que pedía ayuda y después de verla era más fácil. Además, en el coloquio no estabas sola, siempre había más gente de los organizadores, de la Comisión Barrios y Pueblos. Sí que las preparaba pero no había ni Internet ni tantísimos libros de cine. Eran unas presentaciones habladas con la gente o con los libros que podías ir teniendo. Si era de un ciclo paralelo, leyendo aquellos libros pequeñitos que sacaba el propio Festival.

¿Dirías que tu participación en Barrios y Pueblos tuvo un componente de aprendizaje?

Sí. Por eso os he dicho desde el principio que si yo ahora presento pelis en todos los sitios que presento es porque todo empezó allí. Pero, sin desmerecerlo, os pongo en situación. La sensación era de un cierto descontrol e improvisación: los espectadores, el Festival, nosotros [mismos], los movimientos, la idea de lo que era un cineclub. Por lo menos yo lo viví así. Sabemos que existía Kresala, pero Kresala estaba en el centro de San Sebastián, en el edificio de la Caja de Ahorros Municipal, no estaba en el sótano de una Asociación de Vecinos. E Intxaurrondo era Intxaurrondo y Alza era Alza.

Nos llama mucho la atención cómo esta iniciativa, que con el clima eléctrico de los 70 tiene mucho empuje, poco a poco va perdiendo fuerza y hasta extinguirse a mediados de los 80, como desaparecieron muchas iniciativas utópicas de este periodo.

Cuando los que tiran del carro van perdiendo fuelle, los demás se van desintegrando. Son iniciativas muy personalistas, sin infraestructura: sólo los rollos de la película y un coche para que la gente que tiene que proyectarlas las proyecte si no hay proyeccionista en el lugar indicado. Nada más que eso. Como pasa con todos estos movimientos de base, cuando desaparecen las personas más movilizadas a los de arriba no les importa lo más mínimo. ¡Menudo descanso! Por otro lado, en cuanto las cosas empezaron a cambiar, al Festival no le interesaba lo más mínimo. Barrios y Pueblos fue un impuesto revolucionario. Y si no fue un impuesto revolucionario es porque directivas como las de Chillida o Larrandia no iban a decir que no a algo salido del pueblo. Pero con el paso de los años (y ya sé que los unos seguían matando, los otros también y seguía habiendo palos) las negociaciones para que no hubiera conflictos durante el desarrollo del Festival se llevaron a cabo por otros cauces. Eso también lo sabemos. Pero, como veis, no tuvo continuidad, nadie retomó la idea que, por ejemplo, en Berlín sí que existe. La sección 'Berlinale goes Kiez' lleva películas de sección oficial a cines de barrios muy diversos. Barrios y Pueblos sería una locura, pero al final todos los festivales han visto que no pueden estar encerrados solamente en las sedes oficiales.
 

Y TAMBIÉN…
>
La pantalla del cine parroquial Don Bosco en la Sección Barrios y Pueblos
Clara Rus | San Sebastián Festival SSIFF, 2019-12-07

https://www.sansebastianfestival.com/archivo/zinemaldia70/1/8702/es