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lunes, 5 de abril de 2021

#hemeroteca #masculinidad | Octavio Salazar: "A veces le dan más valor a lo que yo digo por ser hombre que a una compañera que lleva toda la vida en el feminismo"

Imagen: El Diario / Octavio Salazar

Octavio Salazar: "A veces le dan más valor a lo que yo digo por ser hombre que a una compañera que lleva toda la vida en el feminismo".

El catedrático e investigador Octavio Salazar publica 'La vida en común. Los hombres (que deberíamos ser) después del coronavirus', donde analiza la oportunidad para replantear el sistema que deja la pandemia.
David Noriega | El Diario, 2021-04-05
https://www.eldiario.es/cultura/octavio-salazar-feminismo-masculinidades-pandemia-hombres_128_7365717.html

El 14 de marzo de 2020 se decretó en España el primer estado de alarma por la pandemia del COVID-19. Durante meses, y hasta hoy, se ha limitado la movilidad con más o menos restricciones y durante semanas solo estuvo permitido salir para lo básico: trabajar si no era posible hacerlo desde casa e ir a la compra. En este largo año, nuestra forma de vivir y de relacionarnos ha cambiado como pocas veces antes lo había hecho. Al catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba e investigador especializado en igualdad de género y nuevas masculinidades Octavio Salazar todo este tiempo le ha servido para replantear en su libro 'La vida en común' (editorial Galaxia Gutenberg) qué sistema queremos tener cuando pase la crisis y qué hombres deberíamos ser después del coronavirus.

P. En el libro hace un resumen de cómo la pandemia ha afectado a los hombres y cómo hemos tenido que cambiar la dimensión pública por esa otra más privada a la que siempre han estado relegadas las mujeres. ¿Cómo cree que nos hemos adaptado a ese espacio cuando hemos construido nuestra razón de ser sobre lo público?


R. Toda esta experiencia que vivimos nos ha podido obligar a revisar las prioridades, las formas de organizar nuestras vidas, cómo nos proyectamos en lo público desconectándonos prácticamente de lo privado, cómo organizábamos los tiempos en función de nuestro trabajo y nuestra proyección profesional. De lo que no tengo datos es de si, efectivamente, nos ha servido de manera positiva o si nuestra memoria es muy corta e, inmediatamente, nos hemos incorporado a la normalidad. Esta crisis podría haber sido una magnifica oportunidad para que hombres y mujeres revisáramos cómo organizamos nuestra convivencia.

P. La pandemia ha hecho más visibles aquellas necesidades que estaban en el imaginario colectivo en un lugar secundario, como los cuidados o la parte emocional. ¿Cree que le hemos dado un valor real o nos hemos quedado en lo simbólico?

R. Más allá de que a nivel personal hayamos valorado muchísimo más lo que tiene que ver con los trabajos de cuidado y los sostenes emocionales, todo eso necesita unos compromisos colectivos y públicos. Ahí es donde no se han dado los pasos que se tenían que dar. Quizás algunas personas se hayan visto obligadas a replantear muchos aspectos de su vida cotidiana, pero no tengo tan claro que desde el punto de vista político se hayan priorizado estas cuestiones ante la urgencia de resolver la situación sanitaria y la económica.

P. Los cuidados también tienen una dimensión económica.

R. Ese es el cambio de paradigma que tendremos que plantearnos. Todas esas dimensiones de la vida que tradicionalmente no hemos valorado porque hemos entendido que no son productivas también son trabajo. Esas esferas tienen que ser prioritarias y estar en el foco central de las políticas económicas de cualquier gobierno. Por ejemplo, ¿qué está pasando en las ciudades? El debate fundamental está siendo la hostelería, los horarios de los bares, cómo pueden utilizar el espacio público... pero no se está debatiendo sobre cómo ese espacio tiene que ser repensado para que todos y todas podamos disfrutarlo de otra manera. No estamos pensando en las ciudades desde una dimensión humana por esa visión productiva economicista, incluso de los entornos urbanos. No está habiendo una reflexión sobre si las ciudades son accesibles, sostenibles, si garantizan niveles de salud e integridad física o si responden a las necesidades de las distintas generaciones que las habitan. Muchas de las medidas que se han ido adoptando durante la pandemia son muy cuestionables desde el punto de vista de cómo se han limitado las necesidades vitales.

P. ¿Cree que esas necesidades se han visto limitadas por la pandemia o que esas limitaciones ya existían?

R. Yo tengo la sensación de que pasa con los dos extremos de la vida: los niños y las niñas y las personas mayores. En el caso de los niños, medimos su interés en función del nuestro y del propio sistema, como si no fueran sujetos que tienen una serie de derechos. Por ejemplo, la escuela se mira para la conciliación, pero no pensando en el papel que tiene en el desarrollo del niño y de la niña. Y a las personas mayores las tratamos de una manera tremendamente proteccionista, como si no fueran sujetos capaces de tomar las decisiones que afectan a sus vidas. Como no son productivos para el sistema económico, no son ciudadanos de primera y están en los márgenes. Cada vez vamos a vivir más años y hay más personas en esa fase, por lo que tenemos que resolver qué lugar ocupan las personas cuando acaban con su edad "productiva".

P. En este verano, la ministra de Igualdad, Irene Montero, propuso un pacto de estado por los cuidados. ¿Lo ve factible?

R. En 2017 el Parlamento aprobó por una amplia mayoría un pacto de Estado contra la Violencia de Género y todavía estamos esperando que se traduzca en alguna medida efectiva. Me parece muy bien que haya un pacto, pero lo que hay que hacer es traducir esos grandes proyectos en medidas concretas, leyes concretas y que en la ley de Presupuestos se concrete que los cuidados son una cuestión prioritaria, que se creen infraestructuras para sostener esos cuidados, que se contrate a personal de manera digna.

P. En los últimos meses ha habido un 'boom' de teletrabajo, que en muchos casos ha terminado por ser una carga más para las mujeres: según diferentes estudios han visto alargadas sus jornadas, su actividad laboral se ha desplazado a la madrugada o han sido relegadas a los peores espacios de la casa. ¿Es el teletrabajo la mejor fórmula para favorecer un reparto más equitativo de las responsabilidades? ¿Hemos perdido una oportunidad de hacerlo?


R. Podría serlo si partiéramos de una situación de igualdad de oportunidades y de cómo nos situamos hombres y mujeres en el mercado laboral y en la corresponsabilidad, pero existe una tremenda asimetría. Desde esa asimetría de género, las mujeres son las que están soportando la peor parte. Sé por varias compañeras del ámbito universitario, sobre todo las que tienen hijos o personas dependientes a cargo, que el teletrabajo se ha convertido en un auténtico infierno, porque no hay separación entre el espacio de trabajo y el espacio de vida. Al estar en casa 24 horas al días, han estado disponibles para trabajar y para cuidar. Eso es una bola tremenda, que ha multiplicado el esfuerzo, la carga y la presión emocional. Para la mujer esto tiene el elemento añadido de que quedarse en casa supone verse condenada de nuevo al espacio privado, a no ser visible en lo público y no poder interrelacionarse y tener presencia.

P. En el libro hace referencia a la situación "perversa" que hace que para que muchas mujeres del mundo "más desarrollado" puedan desempeñar su carrera profesional son otras, en su mayoría mujeres migrantes, las que tienen que trabajar en condiciones cercanas a la servidumbre. Es un discurso de la activista Audre Lorde, que la actriz Daniela Santiago verbalizó el 8M y que generó muchísima polémica, sobre todo en redes sociales. ¿Por qué cree que ese discurso genera polémica dentro del feminismo?

R. Cuando analizamos cuál es la situación de las mujeres y por qué sigue habiendo desigualdad, hay muchos factores que interseccionan con el género y crean situaciones específicas de vulnerabilidad. A veces, desde determinados ámbitos del feminismo –léase académico, institucional o el adjetivo que queramos ponerle– tenemos una mirada muy estrecha sobre las múltiples realidades en las que se encuentran las mujeres. Soy el primero que entono el ‘mea culpa’, porque acabas muy condicionado por el mismo estatus que tú ocupas. Ahora más que nunca es necesario tener presente que hay un factor que tiene que ver con la clase y muchísimas cuestiones que tienen que ver con problemas de recursos económicos o de minorías que tienen más dificultades para conseguir un estatus de ciudadanía o las familias monoparentales, que enfrenan más dificultades. En todo ese contexto, las mujeres están doble o triplemente discriminadas y hay que ir incorporando esas miradas. Yo no entiendo porqué existe esa resistencia o se hacen esas críticas, porque justamente ahora hay que enfocar la cuestión con todas esas perspectivas.

P. La candidata de Más Madrid a las elecciones del 4M, Mónica García, dijo hace unos días que la política española estaba cargada de testosterona. Tampoco es raro ver en sede parlamentaria comentarios machistas, como el sufrido hace poco por la ministra Yolanda Díaz. ¿El clima político actual favorece que las masculinidades tradicionales se perpetúen?

R. Hay grupos políticos que han introducido en su proyecto la lucha contra el feminismo y contra leyes que suponen avances en igualdad. Estamos viendo cómo se convierte en opción política el ataque al feminismo y a conquistas que hasta hace poco tiempo entendíamos consensuadas. Ahora se ha abierto la veda y hay una postura muy exhibicionista del machismo. No hay ningún corte en decir una barbaridad. No solo lo hace un diputado en sede parlamentaria, sino que luego lo dice un ciudadano en Twittter, en un grupo de WhatsApp o en un debate en una cafetería. Parece que está de moda cuestionar a las mujeres y al feminismo y siempre hay una corte que te ríe las gracias. Es un punto muy perverso de involución.

P. ¿Dónde se rompió el ese consenso?


R. Es una reacción frente a los grandes momentos que el feminismo ha tenido en los últimos años, como las convocatorias del 8M, las movilizaciones en campañas como el #Metoo, la conciencia social en torno a las violaciones y las agresiones sexuales... Esta presencia absolutamente determinante del feminismo en la agenda pública ha provocado una reacción de sectores de hombres que ven eso como una amenaza y entienden que su lugar dominante se encuentra en peligro. Si a eso le añades la crisis económica y la situación de inseguridad, se genera el caldo de cultivo para que los discursos viscerales y populistas enganchen a más gente.

P. ¿Estamos los hombres dispuestos a renunciar a los privilegios inherentes a ser hombres?


R. Ahí es donde está uno de los grandes obstáculos con los que se encuentran las mujeres. En el siglo XX, las mujeres se han movido muchísimo con respecto a lo que era su estatus tradicional. No hay más que ver cuál era el papel de las abuelas de las mujeres que viven ahora. Los hombres estamos prácticamente en el mismo sitio respecto a nuestro lugar en la sociedad y nuestra forma de concebirnos como hombres. Ese cambio es muy difícil porque implica cuestionar el modelo tradicional que nos ha privilegiado siempre. Es una tarea difícil en la que tenemos que hacer renuncias y asumir responsabilidades que hasta ahora no hemos asumido. Nadie que está en una posición dominante quiere renunciar a ella tan fácilmente.

P. Siempre hablamos de renunciar a privilegios pero, ¿hace falta más pedagogía sobre lo que los hombres tenemos que ganar con el feminismo?


R. No me gusta enfocarlo como si fuera un juego de pérdida y ganancia, porque parece que estamos en una suerte de dinámica competitiva. Lo que hay que hacer es una pedagogía sobre si realmente queremos una sociedad que funcione democráticamente, de manera plena y donde todos podamos disfrutar mucho mejor de los derechos fundamentales que nos reconocen las leyes. El feminismo también puede ser emancipador para nosotros, porque gracias a él ya no tendremos que ser "tíos de verdad". Vamos a empezar a disfrutar y a desarrollar toda una serie de capacidades y habilidades que nos hemos negado por entender que no eran propias de lo masculino. Eso requiere un trabajo de concienciación progresivo, de mucho debate.

P. En el libro hace hincapié en la necesidad de contar con la visión y recuperar la voz de las mujeres. Sin embargo, aquí estamos: un hombre preguntando a otro hombre por un libro sobre cómo superar esa desigualdad estructural que sufren las mujeres. ¿Dónde está la línea entre ser aliados y el ‘mansplaining’?

R. Me lo planteo todos los días. Estamos en un alambre entre, por un lado, lo importante que es que haya hombres que podamos tener voz en estas cuestiones para llegar a otros hombres que nos pueden tomar más en serio que a las mujeres y, por otro, que ocupemos espacios que les corresponden a ellas. Yo me nutro de lo que piensan las mujeres, de lo que leo, de lo que mis compañeras me enseñan todos los días y con todo eso trato de dirigirme a los hombres. Creo que el papel que tendríamos que tener nosotros en el feminismo es trabajar con nosotros mismos, interpelar a los hombres y asumir ese protagonismo, sobre todo, en aquellos espacios que nos puedan generar incomodidad pero donde tenemos la capacidad de cambiar determinadas cosas.

Muchas veces, los propios medios parece que te prestan más atención cuando eres un tío, a pesar de que estás diciendo algo menos relevante o lo mismo que te dice mucho mejor una compañera. Yo colaboro en Córdoba con asociaciones de mujeres y ayuntamientos. En alguna ocasión desde los colectivos me han dicho: "Es que quiero que vayas tú, porque te toman más en serio". Lamentablemente, temo que es así: le dan más valor a lo que yo digo que a lo que dice una compañera que lleva toda su vida en el feminismo.


Y TAMBIÉN…
Octavio Salazar: urge construir un discurso alternativo a los movimientos anti igualdad.
Laura de Grado Alonso | Efeminista, 2021-02-02

https://www.efeminista.com/octavio-salazar-la-vida-en-comun-discurso-anti-igualdad/

viernes, 15 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #educacion |politica | La Universidad vaciada

Imagen: Cuarto Poder
La Universidad vaciada.
"Los estudiantes anti-Bolonia, que lucharon durante diez años en las calles para defender su Universidad, tenían, como se ha demostrado, toda la razón". "No tenemos ninguna prisa por llegar al infierno del futuro que se avecina. Que lo hagan las universidades privadas, que para eso están". "A un ministro supuestamente de izquierdas lo que le pedimos es que haga lo posible porque el futuro nos deje en paz en la Universidad estatal".
Carlos Fernández Liria | Cuarto Poder, 2020-05-15
https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/15/la-universidad-vaciada-carlos-fernandez-liria/

No recuerdo en muchos años haber sentido tanta impotencia, tanto hastío y tanto cansancio como después de leer la entrevista a Manuel Castells publicada el otro día en Público: "La universidad híbrida es ya la regla. La aceptación de esa realidad es cuestión de tiempo. El aprendizaje a la fuerza que hemos tenido que hacer en esta pandemia nos permite un salto adelante en el nuevo modelo pedagógico". O sea: lo que nos ha traído este estado de excepción y esta tragedia es, en realidad, para la Universidad, una gran oportunidad para ponerse al día y modernizarse. De nuevo, se trata de un reto, de un desafío. Es la nueva normalidad que ya ha llegado por fin. Da mucha pereza recordar que hace ya dos décadas que, para la Universidad, esto de los “retos”, los “desafíos” y la “gran oportunidad” que nos brinda un futuro inevitable ha sido nuestra cotidiana normalidad.

Así llevamos desde el año 2000, encarando la urgente tarea de destruir el modelo “europeo y humboldtiano” de la Universidad estatal para metamorfosearla según el modelo “anglosajón” de la Universidad privada. Así expresaba el asunto el documento del Círculo de Empresarios “Una Universidad al servicio de la sociedad”, un documento de hace quince años. Por aquél entonces, había que implantar el Plan Bolonia, pese a que gran parte del profesorado y el noventa por ciento de los estudiantes se oponían a ello. Ahora bien, no era un futuro posible, era un destino. Bolonia fue como una apisonadora, no dejaba opción. La cosa había sido diseñada en las conversaciones sobre educación de la OMC y no admitía réplica. Primero se nos dijo que si las Facultades no querían implantar másteres de postgrado, no pasaba nada, pero que nos quedaríamos sin postgrados. Luego, se nos dijo que nadie nos obligaba a implantar los grados, pero que si no lo hacíamos, nos quedaríamos sin grados (impartiendo alguna suerte de actividades extraescolares). De modo, que los postgrados y los grados se aprobaron con nuestro consentimiento, pese a la resistencia heroica del movimiento estudiantil, que fue reprimido, como siempre, a golpe de porra. Nada era obligatorio, pero todo era inevitable.

Lo más repugnante que tuvo todo este sarcástico chantaje vino por parte de los que, sobre todo desde la izquierda (la derecha no necesitaba disimular su consentimiento), decidieron que esta “revolución educativa” era, de todos modos, una “gran oportunidad”. Una gran ocasión para ponerse al día y modernizarse. Un reto y un desafío para transformar el modelo de Universidad. El delirio de la izquierda superó todas las previsiones. Era la oportunidad, sobre todo, de superar el caduco imperio de la “lección magistral” y cambiar por entero “el modelo de aprendizaje”, implantando una nueva “cultura educativa” que pondría al estudiante en el centro de gravitación. Las autoridades académicas del momento y un despliegue obsceno de propaganda mediática explicaron así cómo iba a ser el futuro. Menos teoría, más práctica. Al fin y al cabo, se repetía sin cesar, los contenidos ya están todos en Internet. Movilidad, mucha movilidad, los alumnos viajarían ahora por Europa, estudiando primero en Madrid, segundo en Varsovia y tercero en Roma o Berlín. Homologación de títulos automática. Clases reducidas: se decía, incluso, que habría que reconstruir las aulas para hacerlas más pequeñas e idóneas para pequeños grupos que aprenderían practicando, por ejemplo, la oceanografía (no es broma, así se explicó el Plan Bolonia en un Informe semanal: así será la nueva Universidad, se decía, mientras se mostraba a unos supuestos alumnos haciendo submarinismo en el Caribe). Al mismo tiempo, algunas empresas se preparaban para ayudar al dinosaurio de la universidad estatal a superar tantos nuevos retos y desafíos. Una empresa llamado Educlick aprovechó los telediarios para vender ‘power points’ y mandos a distancia que podían perfectamente ahorrarnos el profesorado. Las tarimas serían sustituidas por mesas circulares para que los alumnos jugaran al corro de la patata mientras aprendían. Los viejos títulos universitarios serían sustituidos por una tarjeta que llevaría consignada en su banda magnética todos los cursillos, másteres, grados y gradillos que habría cursado el alumno. Así podría negociar sus “competencias” de tú a tú en cualquier entrevista de trabajo, sin las interferencias de los convenios colectivos y los corsés exigidos por los sindicatos y el derecho laboral. Todo en nombre de la libertad. Con los profesores lo mismo, por supuesto: los rectores y los decanos podrían contratar de tú a tú, de forma individualizada, el contrato, el sueldo y la dedicación. Todo mucho más flexible, por tanto.

Lo de la flexibilidad sí salió bien, es verdad, pues la condición de funcionario (que es la base de la libertad de cátedra), salió muy debilitada según el plan previsto. Todo lo demás, lo de las mesas circulares, las clases pequeñas, las prácticas en el Caribe, la movilidad europea y la homologación de los títulos, de eso, no quedó nada de nada. Sencillamente se subieron las tasas universitarias, multiplicándolas por tres, por cuatro, por cinco o incluso por diez. Las clases de la Universidad estatal siguieron siendo igual de grandes y los profesores se precarizaron hasta la humillación. Había desde luego la manera de cumplir con el sueño de Bolonia en otra parte, pagando en la Universidad privada. Pero el mensaje había quedado bien claro: la sociedad no tiene por qué mantener una Universidad para todos y todas. Ese lujo y ese despilfarro habían llegado a su fin.

En resumen, y como siempre se repetía: la Universidad tiene que rendir cuentas a la sociedad, tiene que estar a su servicio. Esta barbaridad, sonaba incluso de izquierdas. Para nada se recordaba ya lo que en otros tiempos (tan “humboldtianos”) fue una evidencia: la sociedad tiene que estar orgullosa de su Universidad, tiene que estar orgullosa de que haya una institución al servicio de la Verdad, del mismo modo que tiene que estar orgullosa de que haya una institución al servicio de la Justicia (porque no es el Derecho el que tiene que estar al servicio de la sociedad, sino la sociedad la que tiene que estar “en estado de derecho”, como mandan la Constitución y la Declaración de los derechos humanos).

Los estudiantes anti-Bolonia, que lucharon durante diez años en las calles para defender su Universidad, tenían, como se ha demostrado, toda la razón: lo que se estaba jugando aquí no era una “revolución educativa” sino una reconversión económica de la Universidad estatal. Se trataba, sencillamente, de acabar con el despilfarro económico de una universidad de masas y reconducir el dinero público hacia el mundo empresarial. El procedimiento era tan sencillo como un chupete: condicionar toda asignación de dinero público a la previa obtención de alguna “fuente de financiación externa” (una casilla muy temida por los que solicitamos Proyectos de investigación), es decir, a alguna fuente de financiación privada. Si alguna empresa llega a mostrar interés por tu unidad docente e investigadora, el dinero público está asegurado, tendrás financiación y becarios. Es decir, un pequeño ejército que pagado por el Estado trabajará por los intereses de la empresa en cuestión. La Universidad estatal tendrá, por tanto, derecho a existir en la medida en que la empresa privada pueda utilizarla como un aspirador de dinero público y obtener trabajadores a los que paguen otros trabajadores (es decir, becarios pagados con el dinero de los impuestos). Así pues, no solo las tarimas tenían que desaparecer. Había que acabar con las cátedras en tanto que unidades de docencia e investigación y también con los Departamentos, las Secciones y las Facultades, o por lo menos, dejarlos como cascarones vacíos destinados a extinguirse. En la práctica, ya han quedado casi inutilizados y han sido sustituidos por lo que se llaman Grupos de Investigación que sólo son financiados si obtienen, cada tres años, Proyectos de Investigación, que a su vez sólo son verdaderamente financiados si tienen “fuentes de financiación externas o privadas” (si no directamente, al menos a través de los ‘think tanks’ europeos que administran la gobernanza neoliberal).

La pinza fatal ha cumplido su cometido. Como rezaba el subtítulo de un libro que publiqué hace unos años (junto con Enrique Galindo y Olga García), “entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda” ha llegado a su fin una de las más bellas y grandiosas conquistas que las clases trabajadoras brindaron a la historia de la humanidad: la enseñanza pública, en este caso, la Universidad estatal. De nada sirve lamentarse, es lo que tienen las derrotas, y los trabajadores hace ya muchas décadas que llevan perdiendo la batalla de la lucha de clases. Pero una cosa es ser derrotado y otra cosa es que además te tomen por tonto y te hagan pis encima. Este último papel es el que suele asumir lo que llamamos el “delirio de la izquierda”: no es una derrota, se dice, es una gran ocasión para afrontar los nuevos retos y desafíos.

Lo mismo ocurre en esta trágica ocasión. La crisis del coronavirus ha acelerado la llegada del siniestro futuro, y un ministro supuestamente de izquierdas aplaude. Tenemos que acostumbrarnos a una Universidad no presencial, pero ya no porque el coronavirus nos fuerce a ello, sino porque lo reclama un futuro deseable. Es la vuelta de tuerca que faltaba, suprimidos los alumnos y los profesores, se acabó la Universidad pública. Tenemos Youtube para aprender, ahí hay enseñanza online de sobra y a veces de muy buena calidad. Ya se está barajando, incluso, la posibilidad de bajar las tasas. Sin profesores, sin Departamentos, sin Facultades, sin alumnos presenciales, todo saldrá mucho más barato. Bastará con comprar más ordenadores a algunas empresas privadas que harán fortuna con ello.

¿Quiénes somos los que, ante este inminente futuro, nos morimos de pena? Los que recordamos que la Universidad presencial que conocimos representó quizás la única etapa de nuestra vida en la que fuimos capaces de descubrir y experimentar todo aquello que hacía a la vida digna de ser vivida. El único momento de tranquilidad que hemos conocido en este mundo vertiginoso del turbocapitalismo. Los artífices de esta revolución neoliberal no se empachan en reconocerlo; según el tecnócrata de la educación Malcolm Skilbeck “la universidad ya no es más un lugar tranquilo para enseñar, realizar el trabajo académico a un ritmo pausado y contemplar el universo como ocurría en siglos pasados. Ahora es un potente negocio, complejo y competitivo, que requiere inversiones continuas y de gran escala”. De nada sirve ya recordar que todo lo verdadero, todo lo justo y todo lo bello que ha experimentado el ser humano ha nacido de la tranquilidad, del ocio, incluso del aburrimiento. Cuando en su momento ingresamos en la Universidad, tuvimos la sensación de entrar en un paréntesis, en la ‘epojé’ de los estudios superiores, donde, como decía Humboldt, “el profesor ya no se debe al alumno, sino que ambos dos, profesor y alumno, se deben a la verdad”. Un momento, además, en que nos encontramos en estado de libertad con toda una generación que estudiaba lo mismo que nosotros, con un empeño que, por aquél entonces, todavía se podía permitir el lujo de ser desinteresado. Porque todas las grandes conquistas teóricas de la humanidad, han nacido del desinterés, del amor por el saber, de la filosofía. En ese lugar “tranquilo”, algunos conocimos que era posible lo que más ha podido dar sentido a nuestras vidas: aprender de los profesores que sabían algo que nosotros no sabíamos y convivir con nuestros compañeros que querían saber por lo mismo que nosotros lo queríamos: por saber. A esto hay que llamarlo “presencialidad”. Ahora bien, no es una presencialidad cualquiera. Es una presencialidad que hace presente todo aquello por lo que merece la pena estar vivo, la verdad, la justicia y la belleza. Desligados ‘online’ del lastre físico de la presencialidad, sin duda llegaremos muy lejos. Pero yo me pregunto para qué podría merecernos la pena. No es una buena idea llegar a la meta sin amigos y sin amor, sin nada que nos merezca un mínimo de respeto. ¿A dónde vamos tan deprisa? ¿Tanta prisa tenemos en llegar al abismo, por otra parte inevitable, que nos augura el agotamiento ecológico de este planeta? Para llegar a este fin, hemos sacrificado ya a media humanidad, escarnecido las más mínimas cotas de justicia social, hemos puesto, como decía Eduardo Galeano, todo “patas arriba”. Ahora, es necesario –a causa de una pandemia- que, además, lo hagamos ‘online’. ¿Pero tenemos encima que estar contentos de ello? ¿Tenemos de verdad que ver en ello una gran oportunidad para ponernos a la altura de los tiempos? No, ministro, no señor Manuel Castells, no lo queremos. En esas alturas no hay más que desolación y tristeza. Preferimos quedarnos aquí abajo, aprendiendo a tocar la guitarra en el jardín de alguna Facultad, bebiendo botellines y disfrutando del hecho de estar vivos, tener amigos presenciales y la convicción de que podemos aprender por el mero hecho de saber, por amor al saber, le venga bien o mal al mundo de los negocios que administra esta sociedad poseída por un sistema demente, absurdo y canalla.

Esta pandemia nos ha quitado todo eso. No nos empeñemos en estar felices y contentos por ello. No tenemos ninguna prisa por llegar al infierno del futuro que se avecina. Que lo hagan las universidades privadas, que para eso están. A un ministro supuestamente de izquierdas (al que se presupone estar a favor de lo público), lo que le pedimos es que haga lo posible porque el futuro nos deje en paz en la Universidad estatal, donde tenemos cosas mucho mejores que hacer que participar en esta carrera suicida hacia ninguna parte. Nosotros no necesitamos triunfar en los negocios, sino trabajar en la verdad, reflexionar sobre la justicia y agradecer que en este mundo haya poesía y belleza además de la urgencia de los compromisos mercantiles.

Postdata
El ministro Manuel Castells acaba de aplazar la discusión que había propuesto, en pleno estado de alarma, sobre el real decreto de Ordenación de las Titulaciones Universitarias. Este documento, que toma por base el que en su día propuso el PP y que tuvo que ser retirado a causa de las protestas sociales, es una nueva vuelta de tuerca en el Plan Bolonia: apuesta por el modelo 3+2 que el movimiento estudiantil logró impedir en su momento, propone estrechar los vínculos entre las universidades y las empresas, y como siempre, flexibilizar aún más el tejido universitario para amoldarlo a los retos y desafíos que las voces de los mercados dicten desde las alturas. Pero gracias al coronavirus, todo esto lo haremos online, a la altura de los tiempos.

martes, 5 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #educacion | ¿Clases con 15 alumnos? «No se puede doblar plantilla ni reducir la ratio a la mitad»

Imagen: El Mundo
¿Clases con 15 alumnos? «No se puede doblar plantilla ni reducir la ratio a la mitad».
La vuelta al cole el próximo curso plantea el reto de cómo guardar la distancia social. La Administración considera inviable contratar a más docentes por falta de presupuesto pero también alterar la ratio.
Noa de la Torre | El Mundo, 2020-05-05
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2020/05/05/5eb1af8321efa027278b4608.html

Ministerio de Educación y comunidades autónomas se encuentran en pleno debate sobre cómo garantizar la vuelta al colegio en septiembre de los miles de alumnos y alumnas garantizando la distancia social. La ministra Isabel Celaá ha abierto esta semana el debate sugiriendo clases reducidas que, en la práctica podría implicar incluso aulas con no más de 15 estudiantes y, por tanto, que se alternasen a la hora de acudir al centro. Pero, ¿cómo hacerlo?

La respuesta no es nada sencilla porque, como explica en declaraciones a este diario el secretario autonómico de Educación, Miguel Soler, hay que partir de la base de que «no hay espacio». Es decir, las instalaciones educativas no están preparadas para duplicar su número de aulas ni para meter en una clase a 30 alumnos guardando la distancia de seguridad.

A partir de ahí, «tampoco se puede doblar la plantilla de profesorado». «Ni nosotros ni ningún país tiene capacidad para duplicar el número de profesores» por una cuestión presupuestaria, admite Soler. Así que «no se puede doblar plantilla pero tampoco reducir la ratio a la mitad».

De hecho, la ratio de alumnos por aula ya se incrementó como medida de ahorro para las arcas públicas durante la pasada crisis económica. En el caso de la Comunidad Valenciana, en Primaria se incrementó esa ratio hasta los 30 alumnos por clase -en los últimos años se ha comenzado a bajar a 25-, una cifra máxima que vale también para Secundaria y que se eleva todavía más (hasta los 35) en el caso de Bachillerato. Solo en Infantil de 2 años la ratio está en los 18 alumnos por aula, porque incluso a partir de 3 años sube hasta 25.

Según Soler, «bajar la ratio no es factible», porque no se estaría hablando de reducir un número pequeño de alumnos por aula, sino prácticamente de recortar a la mitad este número. Dicho con otras palabras, el proceso de matrícula que se inciará en unas semanas no se verá alterado. El debate, eso sí, se centra en cómo dar respuesta al conjunto del alumnado y, especialmente y además, al más vulnerable con problemas por ejemplo de conexión a internet en casa.

En los centros, la incertidumbre es total. Fuentes de la patronal de colegios concertados Feceval, señalan que hay incógnitas importantes por resolver: «Cómo se gestionan los desdobles de profesorado para la atención telemática y presencial, qué capacidad hay de flexibilizar horarios, flexibilidad para autorización de instalaciones provisionales...». Los interrogantes, según las mismas fuentes, no son pocos: qué pasa con la conciliación, los horarios de los colegios, la regulación de la enseñanza virtual... Lo que está claro es que el curso 2020-2021 no será tampoco normal.

viernes, 1 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #educacion | Los universitarios se rebelan: “No se dan las condiciones para examinarse”

Imagen: El País
Los universitarios se rebelan: “No se dan las condiciones para examinarse”.
Muchos estudiantes denuncian desidia de una parte de los profesores para terminar el curso ‘online’ y en Galicia se organizan para demostrar que el campus virtual colapsa.
Elisa Silió | El País, 2020-05-01
https://elpais.com/sociedad/2020-04-30/los-universitarios-se-rebelan-no-se-dan-las-condiciones-para-examinarse.html

Hace una semana, el ministro de Universidades, Manuel Castells, fue meridiano en su llamamiento desde el palacio de La Moncloa: “Hay que consultar rápidamente a los estudiantes [sobre la evaluación a distancia], pero no en dos meses, cuando el curso haya fracasado”. Y ahondó con su sorna habitual: “Quizá algún profesor —porque las personalidades siempre varían— puede decir: con los problemas que tenemos, ¿además tenemos que ponernos de acuerdo con los alumnos? Pues lo siento, pero sí, porque si no, no funcionará el sistema”. Con ese vértigo del curso fracasado del que hablaba Castells, se mueven ahora los rectores. Hoy es el día D, termina el plazo que se marcaron para explicar a los alumnos cómo se les va a puntuar —con la tarea diaria a través de trabajos o con un examen final—, porque el aprobado general está descartado.

Las redes sociales son un hervidero de descontento diario. Muchos universitarios se sienten desamparados, temerosos de la repercusión de esta evaluación a distancia. “Un documento PDF con todos los temas que faltaban por dar no es dar clase ‘online’”, resumía el sentir de muchos un tuit del ‘hashtag’ #EscuchaUCM que el jueves fue ‘trending topic’. Otro día alcanzó el pódium #LosMonosdelaUJA porque en Jaén se sintieron menospreciados durante una reunión con el rectorado.

“Al ministerio le hemos pedido que en este curso no se contemple la devolución de la beca por motivos académicos y, de cara al curso que viene, que se supriman los criterios académicos en su totalidad”, sostiene Carolina García, presidenta de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (Creup). “Entendemos que la nota media se puede ver afectada, que haya gente que no pueda aprobar por motivos diversos: haber contraído la enfermedad, estar cuidando a un familiar o estar trabajando...”. Un becado debe devolver la ayuda si no ha aprobado el 80% de los créditos (el 50%, en las carreras técnicas).

En el apartado de flexibilizar las becas hay consenso entre los universitarios, pero este se diluye ante el aprobado general. “El Sindicato de Estudiantes reivindicó la postura del apto general y todos los consejos estudiantiles nos mostramos en contra, tanto a nivel individual como en asociaciones como Creup”, prosigue la presidenta de este colectivo estudiantil. “Creemos que va en perjuicio de todos los alumnos, que es una solución a muy corto plazo que realmente va a perjudicar. Supondría no tener una formación mínima. Un aprobado general marca como la generación covid”, argumenta. Al ministro Castells la idea tampoco le convence: “No puede ser que los estudiantes decidan solos en una situación tan compleja, porque hay quien se aprovecha y hace propuestas demagógicas o ideológicas”.

Apto no computable
Paula Vidal, de 18 años, estudiante de Filosofía en la Complutense de Madrid, defiende la posición contraria desde un nuevo colectivo, 'Apto no computable', que surgió en su facultad y cuyo ideario se ha extendido. Ella es partidaria de que sigan las clases y que todos los estudiantes terminen el curso con una calificación de apto que no debería condicionar el expediente. Cree su colectivo que es la única medida no excluyente porque hay estudiantes sin medios técnicos (alrededor del 3%, según los cálculos de los rectores), enfermos, con problemas de ansiedad o al cuidado de familiares.

“En la Universidad de Barcelona pasó en 1975 porque hubo disturbios políticos y el Estatuto de los Estudiantes —el publicado en el BOE, no el de las universidades que está editado— nos ampara. Dice que el alumno tiene derecho a una evaluación justa y paritaria y es lo que no vamos a tener”, dice Paula. E insiste: “No somos unos vagos a los que nos vale con un cinco —por eso no hemos querido hablar de aprobado general, y sí de apto—, sino que creemos que no se dan las condiciones para examinarse”.

Desde la UCM explican que están escuchando a las asociaciones de estudiantes y que han “establecido un marco general de directrices para que a partir de ahí los centros puedan adaptarlas a sus necesidades y a las características de sus estudiantes y profesores”. Libertad para gestionar cada facultad en la universidad presencial más grande de España con 72.000 alumnos y 6.000 profesores.

Las universidades están permitiendo la desmatriculación de quienes justifican fuerza mayor para no seguir las clases, de forma que no les penaliza ni académica ni económicamente. Caso de fuerza mayor es el de Silvia Patiño, de 19 años. Estudia Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, pero el decreto de alarma la pilló con citas médicas en Ciudad Real, lejos de sus libros y apuntes. Ahora reside con sus abuelos en su pueblo, Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real), porque su madre es sanitaria y han optado por distanciarse. Tira de datos en el móvil mientras espera que su universidad, que ya ha entregado 80 portátiles y 120 routers wifi a otros alumnos sin medios, le envíe un dispositivo de conexión.

“De algunas asignaturas doy el curso por perdido, no sabemos ni qué tenemos que estudiar. Estamos siendo autodidactas”, se lamenta Silvia, que pertenece también a 'Apto no computable'. La Complutense tiene un amplio fondo bibliográfico digital al que se puede acceder desde casa (400.000 libros y 36.000 revistas), “pero hay muchos títulos de letras que no encuentras en ese formato”, aclara Silvia, que al menos tiene un portátil. Pese a cumplir los mismos umbrales de renta que el curso anterior, explica Silvia, este año el Estado no le renovó la beca y teme seguir sin ella. La UCM creó un fondo para ayudar a alumnos en situaciones problemáticas sobrevenidas en la anterior crisis y ahora planea ampliarlo.

Protesta
El foco más mediático e intenso es Galicia, donde los problemas de conexión se suman al descontento. El sindicato estudiantil Anega, que también aboga por el apto general, convocó una huelga el 19 de abril y la bronca ha ido en aumento. En la Universidad de Santiago y en la de A Coruña los estudiantes se han organizado para conectarse a la vez y demostrar que el campus virtual no puede soportar exámenes de varias facultades a la misma hora.

En ambos campus el sistema colapsó —también ha ocurrido en otras situaciones— “y las universidades nos han acusado de usar bots cuando para entrar necesitas una cuenta de la universidad”, se sorprende Miguel García, de 19 años, estudiante de Comunicación Audiovisual. “Eso ha hecho que nos sintamos más solos y ha crecido la indignación”. La versión de las universidades es distinta. La de A Coruña habla de “un ciberataque, que fue contenido a los 15 minutos, con un incremento de las conexiones del 600%” y la de Santiago, de un “ataque informático deliberado con 12.000 conexiones simultáneas que impidieron el acceso a muchos usuarios”.

jueves, 30 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #teletrabajo | El teletrabajo llega para quedarse, con escasa regulación y riesgo de efectos psicológicos

Imagen: Google Imágenes
El teletrabajo llega para quedarse, con escasa regulación y riesgo de efectos psicológicos.
Este modelo permite a las empresas ahorrar costes (alquiler, luz, internet...) pero, por la falta de regulación, estos gastos puede recaer de forma directa sobre la espalda de cada empleado.
Alejandra de la Fuente | Público, 2020-04-30
https://www.publico.es/economia/teletrabajo-llega-quedarse-escasa-regulacion-riesgo-efectos-psicologicos.html

Antes de que la emergencia del coronavirus llegase a nuestro país, la cifra de españoles que teletrabajaban se situaba en un 7% aproximadamente. Una cifra muy por debajo de la media europea.

El modelo, que hasta entonces conocíamos, se ha visto alterado, provocando una instauración obligada y a toda prisa de una forma de trabajo a la que los ciudadanos no estaban acostumbrados y que parece que ha venido para quedarse.

De ser así, se plantean varias cuestiones, como la escasa regulación que existe al respecto y los efectos psicológicos que puede acarrear esta nueva forma de trabajar.

Este modelo permite a las empresas ahorrar costes (alquiler, luz, internet...), pero, de no regularse, la parte proporcional de luz e internet pueden recaer de forma directa sobre la espalda de cada empleado, algo que es perjudicial para los mismos.

Raquel comenzó a teletrabajar a finales del mes de marzo y, desde entonces, las horas extra (sin remunerar) no han dejado de crecer y está segura de que la factura de la luz aumentará.

El día 25 de marzo tuvo que ampliar su tarifa de internet para poder trabajar al ritmo que le requería su empresa.

"En ningún momento mi empresa me va a pagar el aumento de la factura de la luz y los 25 € de más que estoy pagando por Internet", cuenta a ‘Público’.

Aunque en su empresa no están fichando, Raquel apunta cada día las horas que regala a su empresa y asegura que puede llegar a hacer 15 horas extra a la semana.

Aunque asegura que en estos momentos "hay que arrimar el hombro", le preocupa la idea de que esta tendencia se normalice cuando la emergencia del coronavirus haya pasado.

"Tengo la sensación de que sólo vivo para trabajar, empiezo a las 9 de la mañana y acabo a las 8 de la tarde", lamenta.

Sin legislación los trabajadores pierden
La regulación del teletrabajo en España es muy escasa y solamente se recoge en el artículo número 13 del Estatuto de los Trabajadores, en el que se especifica que los trabajadores a distancia tendrán los mismos derechos que los que prestan servicio en el centro de trabajo de la empresa y que el empresario deberá establecer los medios necesarios para asegurar el acceso efectivo de estos trabajadores a la formación profesional para el empleo.

También se añade que los trabajadores tienen derecho a una adecuada protección en materia de seguridad y salud y que podrán ejercer los derechos de representación colectiva conforme a lo previsto en la ley.

El artículo 13 del ET apenas tiene seis párrafos, por lo que la regulación del teletrabajo debe ser mucho más extensa.

El abogado laboralista Robert Gutiérrez asegura que es muy importante regular el teletrabajo y explica a ‘Público’ que, como mínimo, se deben legislar cinco aspectos.

En primer lugar se debe dejar constancia sobre quién va a sufragar los gastos de actividad como pueden ser el aumento de la factura de la luz o de internet.

Hay que tener en cuenta que muchos de estos trabajadores no necesitaban una conexión potente de internet, ya que trabajaban en una oficina. Además, si se trabaja desde casa, la factura de la luz por el ordenador y de la calefacción aumentará de forma notable.

Otro punto que se debería tratar es el de quién pone los equipos de trabajo. Gutiérrez explica que, en principio, debería ser la empresa.

"Aunque muchos trabajadores tienen ordenador en casa, la realidad es que no tienen porqué utilizarlo para trabajar ya que, por ejemplo, el ordenador puede estropearse antes por el uso. En principio, se debería regular que sea la empresa la que dota a los trabajadores del material necesario para poder desarrollar su actividad", explica.

En tercer lugar añade que se debe especificar la regla de fichar en el trabajo, ya que, aunque sea obligatorio desde el año pasado, es importante dejar constancia de que en el teletrabajo se debe fichar y cómo se debe realizar este fichaje.

La prevención de riesgos laborales es otro tema que se debe legislar de forma específica en el teletrabajo, ya que no solo hablamos de accidentes laborales, sino también de enfermedades que se pueden producir por no contar con las medidas suficientes para poder desarrollar el ejercicio de forma correcta.

"Por ejemplo, un trabajador puede estar desarrollando su actividad con un nivel de luz que le perjudica a la vista o con una silla y una mesa que le produzca una enfermedad en el cuello o en la columna vertebral", explica Gutiérrez.

Este punto es muy importante porque no es lo mismo que un trabajador esté de baja por una enfermedad profesional, a que lo esté por una baja de enfermedad (no profesional). Ya que si el empleado está de baja por una enfermedad profesional cobrará el salario entero y, además, podrá demandar a la empresa y exigir una indemnización por daños y perjuicios además de denunciar en la Inspección de Trabajo.

Por último, Robert Gutiérrez añade la necesidad de hacer un control de actividad para las empresas y propone enviar reportes mensuales o semanales para que la empresa pueda seguir la actividad de sus empleados.

El inspector de trabajo, Gerard Lujan, añade a ‘Público’ que adaptar la obligación de registrar la jornada y regular específicamente la prevención de riesgos laborales en el trabajo a distancia es importante.

"El tema de las horas extraordinarias no declaradas, no remuneradas y/o no cotizadas es más complicado de comprobar en el caso del teletrabajo porque no estás viendo físicamente al trabajador en el centro de trabajo. Al estar en su casa puede que registre la jornada correspondiente, pero que después haga más horas", explica.

La psicología puntúa
Marisa Álvarez es psicóloga del trabajo y explica a ‘Público’ que el teletrabajo puede ser positivo para los empleados si se cumplen unas cuestiones muy concretas.

"En España la clase trabajadora no suele vivir en grandes casas, por lo que es difícil que tengan un despacho o una zona determinada para trabajar", explica.

Álvarez asegura que si un trabajador no puede separar su vida personal de la profesional puede generarse una dinámica "muy tóxica" para el empleado.

"Si un trabajador vive en una casa de 40m² va a ser muy complicado que separe los dos aspectos de su vida, por lo que puede desarrollar cuadros de ansiedad importantes. Eso, sumado a que todavía no existe una regulación, puede provocar problemas serios en estos trabajadores, no solo a nivel físico, sino también a nivel psicológico", finaliza.

Y TAMBIÉN…
El coronavirus lleva a muchas empresas a aparcar o relajar el registro horario.
Las horas que los empleados trabajan desde sus casas no se contabilizan en ninguna parte.
EFE | El País, 2020-04-13
https://elpais.com/economia/2020-04-13/el-coronavirus-lleva-a-muchas-empresas-a-aparcar-o-relajar-el-registro-horario.html

domingo, 26 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica | España tras la cuarentena: así será la “nueva normalidad”

Imagen: El País
España tras la cuarentena: así será la “nueva normalidad”.
La distancia física se mantendrá durante meses, así como el uso de mascarilla. Por una vez, el ámbito rural tendrá ventaja sobre el urbano.
Pablo Linde / José Marcos | El País, 2020-04-26
https://elpais.com/sociedad/2020-04-25/espana-tras-la-cuarentena-asi-sera-la-nueva-normalidad.html

El miedo a la tuberculosis y a las gripes, cuenta el epidemiólogo Joan Ramón Villalbí, levantó hace décadas barreras de vidrio entre los trabajadores y el público en bancos, administraciones públicas, oficinas de correos... Los tiempos cambiaron, el temor a estas enfermedades decayó y la cercanía se convirtió en un valor que fue derribando estas pantallas. La nueva normalidad de un mundo golpeado por la covid-19 alejará a las personas, volverá a levantar diques de contención que se habían olvidado y dará un revolcón a buena parte de las costumbres sociales, al menos, hasta que una vacuna consiga doblegar al coronavirus.

Nadie sabe exactamente cuándo, pero los saludos, las clases, el comercio, el turismo, los bares y los espectáculos volverán. Lo que sí parece claro es que durante un buen tiempo no lo harán de la misma forma en que los conocíamos, según el panorama que vaticinan más de una decena de responsables públicos y especialistas en salud pública de toda España consultados por El País.

Las dos semanas de transición que quedan hasta el final del estado de alarma y lo que pase durante el mes de mayo se despejará el próximo martes, según ha anunciado este sábado el presidente del Gobierno. Sánchez también explicó que a partir del próximo sábado día 2 de mayo se permitirá practicar deporte al aire libre de forma individual y pasear en familia, siempre que el grupo conviva en la misma casa, medidas que se suman al permiso para salir a jugar, caminar y montar en bicicleta o patinete de los menores de 14 años que arranca este domingo. Estas medidas de alivio del confinamiento suponen un ensayo general para otras aperturas; una vez se tomen, y siempre que los contagios siguen a la baja, se podrán ir abriendo otras puertas hacia la vida normal.

“Ahora viene lo más difícil. Ser sensato en el confinamiento inicial era más sencillo. Serlo ahora resulta más complicado”, advierte contra las prisas Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura. Después de eso, salvo alguna que otra certeza, todo son incógnitas. Las reglas de higiene y distancia física se mantendrán, como mínimo, hasta final de año. “La distancia de dos metros se va a convertir en una constante en nuestras vidas”, augura José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Adiós a los besos y apretones de manos. Llevar mascarilla —hay comunidades que ya las reparten con la tarjeta sanitaria, como la Comunidad Valenciana y Navarra— no será obligatorio, pero se recomendará en espacios como supermercados y el transporte público.

En el mundo del mañana, la limitación de aforos para garantizar una separación de entre metro y medio y dos metros dejará de sorprendernos en lo que el presidente del Gobierno ha definido como la “nueva normalidad”. “Habrá que estudiar la forma de que se respeten esos dos metros en estos lugares. En lugares con capacidad para 10.000 personas a lo mejor hay que vender 3.000 entradas”, sugiere Martínez Olmos. En cualquier caso, todas estas actividades tendrán que esperar hasta que prácticamente no haya nuevas transmisiones de coronavirus, opina Daniel López Acuña, exdirector de Acción Sanitaria en Crisis de la Organización Mundial de la Salud. “No puede ser que dos o tres casos asintomáticos infecten a decenas y se vuelva a hacer bola de nieve”.

Se dibuja un horizonte en el que, por una vez, el campo partirá con ventaja. Frente a las dudas que hubo en La Moncloa, la desescalada se ajustará a la peculiaridad de cada provincia. Comarca a comarca. Pueblo a pueblo. “La situación no es la misma en Soria que en Murcia. Pero tampoco lo es en Ávila capital que en sus otros municipios”, compara un presidente autonómico. La reapertura dependerá, en todo caso, del mando único.

La obsesión del Gobierno es impedir un rebrote, como ha sucedido en China, Japón y Singapur, que podría resultar letal para un sistema sanitario contra las cuerdas. Por no hablar de una economía en cuarentena. “Aplicar el estado de alarma ha sido fácil. El concepto es muy sencillo: nadie sale. Punto. En cambio, volver a nuestras vidas de antes... Es muy difícil. Los protocolos no están adelantados ni maduros. Dependen de muchos factores”, reconoce un ministro. “En esta crisis no hay cartas de navegación ni brújulas con las que orientarse. Por eso mismo habrá que tener una capacidad de reacción muy alta”, advierte Abel Caballero, alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Pedro Sánchez afirmó la semana pasada que los Ayuntamientos serán “actores clave” en la desescalada y la reconstrucción económica y social. Pero aún no saben qué papel tendrán.

Los meses de mayo y junio —y puede que la primera mitad de julio— servirán para comprobar el éxito o corregir las progresivas medidas de desconfinamiento. Será un proceso de prueba y error, coinciden los expertos. Un margen de tiempo lo suficientemente amplio como para sacar conclusiones, reactivar al país, darle un respiro en verano y prepararlo para otra potencial embestida de la covid-19 en otoño. Como si se tratara de un virus estacional como la gripe. “Hasta que haya una vacuna tendremos que convivir con el virus. Conclusión: nos vamos a tener que reinventar”, resume un presidente autonómico. La pauta que determinará el final del encierro más estricto de Occidente pivota en cuatro ejes que definió el viernes el ministro de Sanidad, Salvador Illa: que el sistema sanitario está suficientemente liberado y preparado para otra ola epidémica; una estricta vigilancia epidemiológica; mecanismos de identificación precoz y tratamiento de nuevos casos, y medidas de protección colectiva. El control de movimientos mediante aplicaciones móviles, como en Corea del Sur, podría exportarse a España. O que midan la temperatura. De los recursos sanitarios disponibles, con especial atención a la tasa de ocupación de UCI, dependerá la adopción de medidas.

En un escenario favorable, diferentes presidentes autonómicos coinciden en que habría que tratar que los niños regresen al colegio, en días alternos, hasta finales de junio. “Sería una manera de que los más pequeños terminasen el curso con cierta normalidad. No es bueno que estén seis meses sin ir a la escuela”, razona un líder territorial del PSOE. Pero probablemente tendrá más de simbólico que de normal. Porque la enseñanza también cambiará. El ministro de Universidades, Manuel Castells, ha advertido esta semana que nada será igual. “Habrá que adecuar las clases presenciales a aulas en condiciones que permitan mantener los dos metros. Requerirá aulas grandes y/o horarios distintos para que la misma aula, convenientemente desinfectada, pueda usarse con la mitad o un tercio de los estudiantes”, dijo, antes de señalar el camino de la enseñanza online como un complemento que ya no es de futuro, sino de presente.

Finalizado el estado de alarma, uno de los retos acuciantes será cómo gestionar la movilidad de millones de trabajadores. El uso del vehículo privado ha sido preferente en los trayectos puntuales durante el confinamiento, pero el Gobierno rechaza que pueda ser una alternativa al transporte urbano en las grandes ciudades. Ya hay alcaldes que avisan del riesgo de atascos en los días posteriores al estado de alarma. La Comunidad de Madrid estima que solo el 30% de los viajeros cotidianos de Cercanías, metro y autobuses los podrán usar si se quiere guardar una distancia adecuada. Fuentes del Ejecutivo calculan que el porcentaje de usuarios debería ser al menos del 60% “por poca actividad económica que pueda haber al principio”. Los desplazamientos en bicicleta tendrían sentido para trayectos cortos, de un radio de acción de entre 5 y 10 kilómetros. Escalonar turnos, sobre todo en la hora punta, y potenciar el teletrabajo dejarán de ser una rareza y aliviarán la presión sobre la red de transportes, uno de los focos más peligrosos para la propagación del virus. “Es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar y que puede que sea incluso beneficioso, una reorganización del trabajo que provoque menos desplazamientos, pero quizás también menos retrasos, menos reuniones poco productivas”, apunta Villalbí.

Varias compañías aéreas están estudiando cómo reducir la capacidad de los aviones, incluso suprimiendo la fila central, aunque se antoja difícilmente viable económicamente. Ryanair ya ha puesto el grito en el cielo y ha propuesto fórmulas como usar mascarillas de forma obligatoria. Una opción menos drástica puede ser agrupar a las personas que viajan juntas y dejar espacio con las demás. “Si queremos reducir el número de pasajeros inevitablemente habrá una subida de tarifas”, zanjan fuentes conocedoras del sector. Lo que nadie duda es que habrá que volver a ir con anticipación a los aeropuertos, como sucedió con el endurecimiento de los controles tras los atentados del 11-S. Para volar se tomará la temperatura y se harán test rápidos para descartar asintomáticos positivos. Baleares y Canarias, dos de las comunidades menos afectadas por el coronavirus, serían las grandes beneficiadas ya que esta sería la única vía de entrada a los archipiélagos.

Pero este nuevo mundo muy probablemente tendrá también menos turismo. Al menos internacional. “Cuando empiecen a abrirse fronteras creo que la gente va a ser más reacia a ir a países con infraestructuras sanitarias precarias. Esta explosión de vuelos baratos en la que la población mundial se mueve sin parar de un lado a otro creo que se frenará”, dice Villalbí.

Salvar parte de la campaña de julio y agosto dependerá del turismo nacional. Con 83,7 millones de turistas extranjeros en 2019, España ha propuesto en el G20 trabajar en medidas homogéneas para crear destinos seguros que contribuyan a recuperar a un sector que el año pasado aportó el 12% del PIB y el 13% del empleo. Pero el turismo cultural y de naturaleza ganará enteros frente al de chiringuito y playa. Una fórmula para regular el alejamiento social en las playas —al menos en las urbanas— sería marcar las distancias con sombrillas a varios metros. Pero serían parches: debería producirse un gran ejercicio de corresponsabilidad ciudadana. “Confiemos en la gente. Ha respondido de sobra. Tenemos que dejarnos de cierto paternalismo”, abunda un dirigente del PP.

La gran esperanza a la que se aferran Gobierno, comunidades y Ayuntamientos es que el coronavirus dé una tregua con el calor del verano. Sánchez ya adelantó la semana pasada que “deberá implantarse un sistema de control de personas procedentes de otras zonas para evitar nuevos contagios importados”. Qué sucederá con los viajes a segundas residencias, en trayectos en los que se llega a cruzar varias autonomías, es uno de los grandes enigmas. Presidentes de comunidades costeras confían en que será posible. Otra cuestión son los hoteles. El debate se centra en cuánto deberán reducir las habitaciones disponibles. Los hosteleros de Madrid han propuesto esta semana instaurar un certificado Covid Free para su reapertura. Están trabajando en unos protocolos de higiene que garanticen la seguridad de los clientes y el personal, que pasará inevitablemente por más espacio entre las personas. Los bufets multitudinarios serán un recuerdo. Eso en el caso de que puedan abrir. Ya hay compañías de viajes que proponen que las administraciones regalen estancias de varios días a los profesionales sanitarios.

La incertidumbre en la hostelería, sobre todo en cafeterías y restaurantes, es uno de los dramas para los que no hay respuesta. Habrá bares a los que no les salga rentable la limitación del aforo, por no hablar antes de la inversión en mamparas y otros elementos de seguridad. Las terrazas, mucho más limitadas, podrían ser una vía de escape, pero cumpliendo siempre unas estrictas medidas preventivas. Algunos epidemiólogos consultados sugieren la posibilidad de que los Ayuntamientos sean más generosos en la expedición de licencias para que pueda haber más actividad al aire libre, donde el virus se propaga menos. Generalizar la apertura del pequeño comercio es otra fuente de inquietud. “Si la papelerías abren, ¿por qué no las librerías?”, plantea un barón socialista. Los expertos en salud pública ven la solución en copiar lo que se ha hecho hasta ahora en los supermercados, que han funcionado cuando más gente necesitaba acudir a ellos, ya que las comidas fuera de casa se han suprimido.

Donde no habrá público será en los grandes espectáculos deportivos. Los derechos de televisión y la publicidad son los principales ingresos de los equipos de fútbol que retomarían la actividad a puerta cerrada. La asistencia a los cines también sería posible con aforos restringidos. Más dudas generan los teatros y conciertos. “De los eventos de masas tendremos que olvidarnos por un tiempo”, sentencia un peso pesado del Gobierno. Tampoco podremos desfogarnos en las verbenas. Se suspenderán sin excepciones, como ha hecho el Ayuntamiento de Madrid, que ha cancelado todas las fiestas hasta noviembre. Las piscinas municipales, otro ejemplo de evasión, reducirán su aforo si es que abren.

“No entramos en un punto y aparte. No cabe pensar en una vuelta abrupta a la realidad anterior”. “El horizonte de la normalidad lo dará la vacuna”, recalcan tanto interlocutores del Consejo de Ministros como expertos en salud pública.

sábado, 25 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Las vergüenzas de los pisos españoles quedan al descubierto

Imagen: El País / Viviendas en Barcelona
Las vergüenzas de los pisos españoles quedan al descubierto.
El confinamiento ha puesto en evidencia la falta de terrazas, espacios flexibles, luz natural y ventilación de millones de casas.
Sandra López Letón | El País, 2020-04-25
https://elpais.com/economia/2020-04-24/las-verguenzas-de-los-pisos-espanoles-quedan-al-descubierto.html

Algo más de 1.000 horas confinados desde el pasado 14 de marzo han sido suficientes para constatar la forzosa necesidad de mejorar y corregir las viviendas, sobre todo las que tienen más de una década. Buena parte de las casas construidas en España carecen de ventilación e iluminación natural, salubridad, accesibilidad y confort. Muchas no tienen terraza (tanto las más antiguas como las recién construidas) o son interiores. Las hay que van tan justas de metros cuadrados que se hace difícil encontrar un rincón en el que teletrabajar y hacer algo de deporte. Así viven, en propiedad y en alquiler, millones de españoles.

“Los arquitectos debemos imaginar y construir hogares donde prime la luz natural, la ventilación y una movilidad sencilla y cómoda, con independencia del tipo de vivienda. Estamos aprendiendo que hay que idear viviendas versátiles para un mundo imprevisto”, advierte el arquitecto Carlos Lamela. Cuando termine esta crisis “valoraremos la flexibilidad en la distribución, la entrada de luz natural, las vistas, la capacidad de realizar ventilación cruzada, los condicionantes acústicos y la presencia de zonas exteriores privadas”, coincide Sonia Hernández-Montaño, coordinadora de salud y arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña.

Son las lecciones de la crisis. Algunos, los que puedan, se plantearán cambiar de casa, sobre todo los alquilados en infraviviendas. Dicho sea de paso, esta podría ser la puntilla a muchos propietarios, que no tendrían más remedio que meter la piqueta si quieren seguir rentabilizando sus inmuebles. Otros, los que puedan, repensarán sus casas, porque no siempre es una cuestión de recursos, “sino de diseño, de cómo están ideadas las viviendas”, recalca Lamela.

El rapapolvo comienza en las terrazas, a las que se ha dado muy mala vida en ciudades como Madrid y que ahora son las grandes protagonistas de la crisis. Los propietarios que eliminaron estos espacios para ganar algunos metros cuadrados no han dejado de arrepentirse ni un solo día. De hecho, las búsquedas de viviendas con terraza o jardín han crecido el 26% desde el inicio del confinamiento, según Servihabitat.

“Es incomprensible que se permitiera cerrar las terrazas en Madrid, es algo que no ocurre en ninguna ciudad o país, es un auténtico cáncer de nuestro urbanismo”, lamenta Lamela. Porque, además de las vistas, protegen las fachadas del sol y la lluvia. Tras la crisis, “la terraza va a ganar protagonismo en tamaño y calidad. Una de las lecciones es la de valorar este espacio intermedio, este pulmón entre la calle y la casa”, apunta el arquitecto Julio Touza.

Siempre que la normativa no ponga zancadillas. En Madrid computan como edificabilidad, con lo que el promotor las elimina, las deja en la mínima expresión o las sustituye por un pequeño mirador. Esto no ocurre en la Comunidad Valenciana o Cataluña, donde se incentiva su colocación. Es una cuestión que solivianta a los arquitectos, que esperan que las ordenanzas municipales sean revisadas al terminar la crisis para fomentar “estos espacios de desahogo”, como los define José Antonio Tenorio, científico titular del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja-CSIC.

Peor solución tienen los pisos interiores. “Con esto habría que acabar mediante políticas de rehabilitación urbana”, opina Tenorio. El 7,9% de los españoles está pasando el confinamiento sin ver la calle desde su vivienda. Madrid es la capital con más pisos interiores (el 20,3%), seguida por Bilbao y Cádiz, según Idealista.

A la vivienda de mañana se le van a exigir distribuciones flexibles —añadir o quitar alguna estancia fácilmente— y nuevas funciones, que han llegado para quedarse. El teletrabajo y el desarrollo de actividades de ocio plantean un nuevo escenario. “Si vamos a pasar más tiempo en casa, deberemos tener nuevos espacios”, razona Touza. Este arquitecto propone volver a las distribuciones de las viviendas burguesas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX del barrio de Salamanca (Madrid) o del Eixample (Barcelona), donde había una pequeña biblioteca o despacho cerca del salón. “Hay que pensar en espacios diáfanos, polivalentes e integrados”.

La polivalencia cobra más sentido desde que hay que trabajar, entretenerse y hacer deporte en casa. Gonzalo Pardo, director de Gon Architects de la plataforma Houzz, asegura que el mayor impacto “será en la inclusión de más espacios habilitados para el teletrabajo, desde estancias específicas hasta habitaciones reconfigurables en función de la hora del día”. Cierto es que algunas promociones de vivienda nueva se han adelantado a estas necesidades y comercializan pisos con terraza y despacho y áreas de 'coworking' (compartido) para residentes. “La experiencia del confinamiento potenciará el tamaño y uso de áreas comunitarias y de las relaciones vecinales”, cree Teresa Marzo, directora general de negocio de Vía Célere.

Salubridad
Además, la pandemia ha evidenciado que lo de construir casas saludables iba en serio. Apenas 2,3 millones de viviendas están edificadas bajo el paraguas del Código Técnico de la Edificación, que entró en vigor en 2006 y que exige mayor calidad constructiva. En el resto “falta iluminación, ventilación y accesibilidad”, indica Enrique Rovira-Beleta, director del área de Accesibilidad de UIC Barcelona School of Architecture. Considera que cambiará la visión de los hogares y “las normativas se modificarán para conseguir que el espacio de las viviendas existentes esté mejor distribuido, iluminado y ventilado”. ¿Cómo? “Ampliando los huecos de ventanas, haciendo alguna de las paredes del baño traslúcida y agrandando pasillos y puertas para el paso de una silla de ruedas”, añade.

La ventilación será más importante que nunca, ya sea natural cruzada (ventanas contrapuestas para que las corrientes de aire atraviesen la vivienda) o mecánica (aparato que extrae el aire contaminado del interior e introduce aire limpio filtrado del exterior). La siguiente lección es la automatización de los accesos para evitar sistemas táctiles. Se potenciará el reconocimiento facial y de voz para puertas, tiradores y ascensores. “Es trasladar la arquitectura de los aeropuertos, que precisamente está diseñada con criterios de higiene”, apuesta Touza.

Y podría ser más que razonable que a medio plazo se potencie el uso de materiales y acabados antimicrobianos. Pablo Muñoz, experto en arquitectura de salud y consejero delegado de Espacios Evalore, habla de algunas medidas como “pintura fotocatalítica, y agarradores, mobiliario y encimeras antimicrobianos”. Y añade: “Las plantas contribuyen a mantener una humedad relativa interior entre un 40% y un 60% lo que, según algunos estudios, ayuda a reducir la transmisión del coronavirus”.

miércoles, 22 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #teletrabajo | Teletrabajopatía

Imagen: El País / Ilustración de Juárez Casanova
Teletrabajopatía.
Nerea Pérez | EPS, El País, 2020-04-22
https://elpais.com/elpais/2020/04/14/eps/1586861202_488614.html

En el edificio de enfrente hay una chica que nunca aplaude a las ocho desde su balcón ni golpea cacerolas a las nueve ni canta ‘Resistiré’ en ningún momento del día. Desde mi ventana, le veo la espalda y la pantalla del ordenador, que, por su carácter de elemento fijo en la escena, cuenta como parte de su cuerpo. Igual está afrontando todo este espanto desde la introspección. En eso la entiendo. La tarde en la que supe del primer ser querido que espe­raba cama en una silla del hospital 12 de Octubre tam­poco tuve ganas de aplaudir a los sanitarios. Tuve ganas de rezarles. Pero me temo que lo que le pasa a la vecina que mira la pantalla mientras a sus espaldas se desata la ovación colectiva, que en el madrileño barrio de La Elipa es intensa, es que está teletrabajando a todo gas. Para­dójicamente el ritmo de trabajo se ha intensificado para mucha gente cuya labor está muy alejada de los sectores imprescindibles en estos tiempos de emergencia sin precedentes.

Andamos todo el mundo haciendo yoga carcelario en un metro cuadrado del salón, pinchando sesiones ‘techno’ en el balcón, forzando la práctica de manualidades que antes de la pande­mia no nos interesaban en absoluto. El fin de la especie nos va a pillar si­guiendo las instrucciones de una ‘in­fluencer’ de Tarragona por Instagram para hacer un bizcocho vegano. Mis clases virtuales de ‘body combat’, esa disciplina deportiva de gimnasio que combina artes marciales y aeróbic, se han vuelto parcas en patadas en la úl­tima semana. La monitora que da las pautas, sola como yo, se contiene porque sabe que los del otro lado corremos el riesgo de golpear alguna es­tantería, gato, niño. Es asombroso lo rápido que nos hemos acostumbrado al estado de excepción o lo eficientemente que lo estamos distrayendo.

Estamos frenéticos, fantaseando con que en la cua­rentena entró un yo y va a salir otro con los glúteos toni­ficados que habla francés con fluidez, como si el mundo tal y como lo conocíamos fuera a estar esperándonos detrás de la puerta, la maldita puerta cerrada. Sospe­cho que se trata de estrategias para abstraerse de las di­mensiones de la incertidumbre. Y de todas ellas, la más perversa, la más extraña, es mantener y obligar a otros a intensificar una productividad corporativa estéril.

Responsables de ‘marketing’, consultoras, mandos medios de todas las labores de oficina imaginables se afanan elaborando informes sobre los reportes de pro­ductividad que otros compañeros elaboraban a su vez. Todos pegados a las pantallas, como la chica que no aplaude. Actualizando protocolos, lanzando comuni­cados, entregándose a la ‘performance’ del rendimiento porque ni en medio del apocalipsis puede una descan­sar del sistema, aunque la contribución al sistema sea solo un teatrillo.

No hablo de quienes tienen la precariedad o direc­tamente la pobreza respirándoles en la nuca, aquí no nos movemos en el terreno de la necesidad, sino en el del vicio. La ‘teletrabajopatía’ se da entre aquellos que no temen perder el trabajo, pero no saben qué demonios hacer sin él.

Las jerarquías del prestigio social se han trastocado de repente, eso es una buena noticia para la mayoría. Ojalá nos dure para siempre el respeto y el agradeci­miento con el que ahora miramos a las cajeras de super­mercado o a los tenderos de pequeños establecimientos de alimentación de barrio. Paralelamente, aquellos que habían construido su identidad y su autoestima sobre cargos que consumían la mayor parte de su tiempo se han dado de bruces con una realidad complicada de asumir: que sus reuniones y estrategias palidecen ante la actividad imprescindible del reponedor, la basurera, el enfermero, la neumóloga. Resulta que pueden parar sin que el mundo se entere. Y eso por lo visto duele.

Aviso a un amigo de la pandilla de que tenemos cita en uno de esos chats de vídeo que ahora llamamos vida social. “Sigo trabajando, es que mi jefa es muy difícil de entretener”, me contesta. Son las nueve de la noche.

Vivimos una calidad de pánico inédita, miedo simul­táneo y global, institucional, individual, miedo trans­versal que cala a todos los niveles. Cada cual lo gestiona a su manera. A mí, por ejemplo, me funciona bordar, los puñetazos al aire y desahogarme con las amigas en estas videollamadas que nos están salvando la cordura. A otra gente por lo visto lo que le funciona es reforzar su servidumbre a un sistema cuya pervivencia es muy incierta. Esa proactividad fantasma para llenar el día de obligaciones inventadas, para mantener la ilusión de que esa carrera de ratas que llamamos normalidad sigue en marcha, tiene algo de compulsivo, algo de mie­do a la libertad.

Me coloco frente al ordenador y aviso al resto de participantes frente a sus respectivos dispositivos en sus respectivos confinamientos, gestionando sus res­pectivos grados de preocupación de que hoy tenemos una baja por ‘teletrabajopatía`. “No es nada nuevo, cariño. Esto está ya todo en el ‘Discurso de la servidumbre volun­taria’, de Étienne de La Boétie. Siglo XVI, imagínate. Y otra vez un siglo después en Spinoza, que se preguntaba por qué los seres humanos luchan por su servidumbre como si se tratase de su salvación”, me dice mi amigo Juan, profesor de Políticas en Ciudad de México, desde su cuadradito en la pantalla iluminado por el soleado mediodía de Coyoacán.

A la de enfrente un día de estos le voy a gritar: “Vente a la ventana, vecina, si puedes evitarlo, no te encierres también en las celdas de Excel”.

martes, 21 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #politica | La atípica estrategia sueca frente al coronavirus da sus resultados

Imagen: Cinco Días / Estocolmo
La atípica estrategia sueca frente al coronavirus da sus resultados.
El país ha mantenido abiertos los locales públicos, pero ha pedido responsabilidad a la población.
Cinco Días, 2020-04-21
https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/04/21/economia/1587452011_175654.html

La inusual manera de Suecia para combatir la pandemia de coronavirus está comenzando a dar resultados, según el principal epidemiólogo del país. Anders Tegnell, el ideólogo de la respuesta relativamente relajada de Suecia a la enfermedad covid-19, dijo a los medios locales que las últimas cifras sobre tasas de infección y muertes indican que la situación está comenzando a estabilizarse. “Estamos en una especie de meseta”, señaló Tegnell a la agencia de noticias sueca TT.

Suecia ha mantenido abiertas sus escuelas, gimnasios, cafeterías, bares y restaurantes durante la propagación de la pandemia. En cambio, el Gobierno ha instado a los ciudadanos a actuar de manera responsable y a seguir las pautas de distanciamiento social.

La propagación de la enfermedad en todo el mundo está desencadenando diferentes respuestas a través de las fronteras nacionales e incluso estatales, a medida que las autoridades luchan por contener un brote que aún es muy desconocido.

No está claro qué estrategia resultará más efectiva en última instancia, e incluso los expertos en Suecia advierten de que es demasiado pronto para sacar conclusiones. Pero dado el enorme daño económico causado por los estrictos bloqueos, el planteamiento sueco ha despertado un considerable interés en todo el mundo.

Parte de esa estrategia se basa en tener acceso a uno de los mejores sistemas de atención médica del mundo. En ningún momento Suecia experimentó una escasez real de equipos médicos o de capacidad hospitalaria, y las tiendas instaladas como centros de atención de emergencia en todo el país han permanecido prácticamente vacías.

Tasas de mortalidad
Hasta el domingo, Suecia había reportado 1.540 muertes vinculadas a la covid-19, un aumento de 29 desde el sábado. Esa cifra es considerablemente más alta que la del resto de Escandinavia, pero mucho menor que la de Italia, España y el Reino Unido, tanto en términos absolutos como relativos.

Tegnell no es el único funcionario de alto nivel en Suecia que afirma que el país puede haber pasado lo peor.

“Se está estabilizando la tendencia que hemos visto en los últimos días de una curva más plana, con muchos casos nuevos, pero sin un aumento respecto del día anterior”, dijo el viernes Karin Tegmark Wisell, jefa del departamento de microbiología de la Agencia de Salud Pública de Suecia. “Estamos viendo el mismo patrón en los pacientes en cuidados intensivos”.

Popularidad del primer ministro
Hace solo dos semanas, la imagen era considerablemente más sombría y el primer ministro, Stefan Lofven, sugirió que el Gobierno podría necesitar revisar su estrategia en medio de la posibilidad de que fallecieran miles de suecos. En particular, se detectó una clara debilidad en la protección de las personas en residencias de ancianos, lo que ha contribuido a tasas de mortalidad más altas que en los países vecinos.

“La protección de las personas en hogares de ancianos debería haber sido mejor”, dijo Lofven la semana pasada. “Tenemos que analizar con mayor profundidad cuál fue el error”.

Pero en general, la estrategia de Lofven se ha ganado la aprobación de los suecos y su popularidad personal se ha disparado.

“Confío mucho en las autoridades suecas que manejan esto”, dijo Hakan Samuelsson, director ejecutivo de Volvo Cars, en una entrevista telefónica. “Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero tengo plena confianza en las medidas que Suecia ha tomado”.

Volvo, que se vio obligada a detener la producción en toda Europa y a prescindir de alrededor de 20.000 empleados suecos, reanudará la producción en sus plantas suecas el lunes.

“Nuestras medidas se basan en que las personas asuman la responsabilidad y eso también es una parte importante del modelo sueco”, dijo Samuelsson.

La economía
Según James Pomeroy, economista de HSBC Global Research, la estrategia sueca frente a la covid-19 podría resultar en una contracción económica menor —aunque históricamente profunda— que la que está enfrentando el resto de Europa.

“Aunque la falta de voluntad de Suecia de cerrar el país podría resultar imprudente, por ahora, si la curva de infección se aplana pronto, la economía podría estar mejor posicionada para recuperarse”, dijo.

Pomeroy mencionó algunas características del país que podrían estar ayudándolo a lidiar con la crisis actual. Más de la mitad de los hogares suecos están formados por una persona, lo que facilita el distanciamiento social. Más personas trabajan desde sus hogares que en cualquier otro lugar de Europa y todos tienen acceso a Internet de alta velocidad, lo que ayuda a que gran parte de la fuerza laboral se mantenga productiva fuera de la oficina.

Y mientras muchos otros países han introducido leyes estrictas, que incluyen importantes multas si se descubre que las personas violan las normas de distanciamiento social recientemente emitidas, los suecos parecen estar siguiendo esas pautas sin necesidad de legislación. Los viajes de Estocolmo a Gotland, un popular destino de vacaciones, se redujeron en 96% durante el fin de semana de Pascua, según datos del mayor operador móvil del país, Telia Company. Y estadísticas del servicio en línea Citymapper indican una caída de casi 75% en los desplazamientos en la capital.

Suecia también rechazó recientemente la noción de que hay poco o ningún distanciamiento social. “No tenemos una visión radicalmente diferente”, dijo la ministra de Asuntos Exteriores, Ann Linde, a Radio Sweeden. “El Gobierno ha tomado una serie de decisiones que afectan a toda la sociedad. Es un mito que la vida sigue siendo normal en Suecia”.