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jueves, 1 de abril de 2021

#hemeroteca #memoria | Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells

Imagen: la Marea / Ida B. Wells

Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells.

Recordamos a la periodista estadounidense, y su lucha antirracista y feminista, en el 90º aniversario de su fallecimiento. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.
Manuel Ligero | La Marea, 2021-04-01
https://www.lamarea.com/2021/04/01/no-conoces-a-ida-b-wells-pues-deberias/ 

Antes de Rosa Parks, antes de Martin Luther King, antes de Malcom X, antes de James Baldwin, antes de todos ellos estuvo Ida B. Wells. Ignorada durante buena parte del siglo XX, solo recientemente se ha empezado a reivindicar la figura de esta mujer adelantada a su tiempo. Muy adelantada. Tanto que nació siendo esclava, unos meses antes de que Abraham Lincoln dictara la orden de emancipación de los esclavos afroamericanos en septiembre de 1862. Que una niña negra, nacida en el Estado sureño de Mississippi y en una época salvaje, lograra alfabetizarse, estudiar, independizarse, trabajar como periodista de investigación y militar como sufragista y defensora de los derechos civiles es una proeza. En realidad, lo sería para cualquier mujer, pero para una mujer negra, en ese contexto histórico, es algo sencillamente increíble.

Ida B. Wells estaba hecha de una pasta especial. A los 16 años, cuando se quedó huérfana (sus padres murieron a la vez y repentinamente por un brote de fiebre amarilla), en un manifiesto ejemplo de remango, decidió cuidar y sacar adelante a sus seis hermanos pequeños. Así que consiguió un empleo de profesora en una escuela de secundaria de Holly Springs. Profesora a los 16 años.

Es muy revelador colocar su vida y sus escritos en una línea temporal y compararlos con otros similares que ocurrieron mucho después. Fue, por ejemplo, una Rosa Parks ‘avant la lettre’. Wells sufrió un episodio parecido a bordo de un tren, cuando un revisor la conminó a abandonar su asiento en el vagón de mujeres y pasarse al vagón de los fumadores, que ya iba lleno de pasajeros. Ida, que estaba muy alejada del perfil del negro obediente, se negó. Ella estaba donde debía estar, en el vagón de mujeres, y de ahí no la iban a mover. La disputa subió de intensidad y otros dos hombres ayudaron al revisor a arrastrar a la brava Ida fuera del tren. Durante este forcejeo, y antes de ser expulsada, logró morder en la mano al revisor. Era indomable.

¿Qué hizo tras este lamentable suceso? Contó el caso en un artículo publicado en un periódico adscrito a una iglesia negra, con lo que ganó bastante popularidad en su comunidad, y denunció oficialmente a la compañía ferroviaria. El juez falló en su favor y consiguió una indemnización de 500 dólares. Era 1884, setenta y un años antes del sonado incidente protagonizado en un autobús por Rosa Parks.

La activista periodista
La fecha del incidente es importante porque ocurrió en una época y un lugar, los Estados del Sur, en el que los negros podían ser linchados impunemente por el simple hecho de ser «descarados» con los blancos o por «no ceder el paso en la acera a una persona blanca si esta se lo exigía». Así lo explicaba Ida B. Wells en su obra The Red Record (1895), un pormenorizado alegato contra el linchamiento cuya lectura produce escalofríos.

La turba podía linchar a un negro por un delito imaginado (el más común era el de la violación de mujeres blancas, había una verdadera obsesión con ese tema) incluso después de ser declarado inocente por un jurado. Para más señas: por un jurado enteramente blanco y en un tribunal presidido, obviamente, por un blanco. Ni siquiera eso los ponía a salvo. Es lo que le ocurrió a Meredith Lewis en Roseland (Luisiana) en 1893. Algunos días después del juicio por asesinato en el que fue absuelto lo sacaron de su casa y lo colgaron.

Wells denuncia en su obra la impunidad y la frecuencia con la que ocurrían estas atrocidades. Lo hace limitándose a relatar los casos ocurridos en los meses inmediatamente anteriores y el recuento es abrumador. Particularmente espeluznante es el caso de Henry Smith, torturado lentamente y quemado en la plaza pública el 1 de febrero de 1893 en Paris (Texas). El suplicio tuvo lugar ante una masa enfervorecida de 10.000 personas que celebraba con vítores «cada grito, cada contorsión» producida por el efecto del hierro candente en los ojos, la garganta y el cuerpo de Smith. Eso fue antes de que lo rociaran con queroseno y le prendieran fuego. Según varios diarios, aún estaba vivo mientras ardía en el patíbulo.

Aquella barbaridad, «más allá de toda descripción», como apunta Wells, fue cubierta por varios periódicos nacionales. Pero había muchos casos que pasaban totalmente inadvertidos. En el año 1893 nuestra reportera contabiliza cinco víctimas mortales sin que se sepa el motivo por el que fueron linchados. De dos de ellos ni siquiera se sabía el nombre. «El linchamiento es tan común en Estados Unidos que el hallazgo del cadáver de un negro, colgado de una rama entre el cielo y la tierra, tiene tan poca importancia que ni las autoridades civiles ni las agencias de prensa consideran que el asunto sea digno de ser investigado», denuncia Wells. En el prefacio de 'The Red Record', el líder abolicionista Frederick Douglass ponderaba así su ejercicio periodístico: «Usted ha tratado los hechos con una fidelidad fría y minuciosa, y ha dejado que esos hechos desnudos y sin contradicciones hablen por sí mismos».

No te puedes fiar de los blancos
Ida B. Wells aprendió pronto, y por experiencia propia, a desconfiar de los blancos. La victoria que consiguió en primera instancia en su caso contra la compañía ferroviaria fue posteriormente revocada por el Tribunal Supremo del Estado de Tennessee. «El sistema judicial de este país está enteramente en manos de la gente blanca», escribió Wells. «A esto hay que añadir el prejuicio inherente contra las personas de color, con lo que se verá claramente que un jurado blanco encontrará inevitablemente culpable a un acusado negro si hay la menor evidencia para justificar tal hallazgo». Las estadísticas, 126 años después de que escribiera estas líneas, parecen darle la razón: en 2020, más del 41% de los presos sentenciados a muerte en Estados Unidos (2.555 personas) eran negros; en cambio, el porcentaje de población negra del país no llega al 13,5%.

Al no encontrar en casa el suficiente apoyo a su causa antilinchamiento, Ida B. Wells hizo un «llamamiento mundial», con similar resultado. Vio con especial tristeza cómo eran recogidas en la prensa inglesa las noticias sobre la violencia contra los negros americanos. El Times de Londres, en un ejercicio supremo de cinismo y frío cálculo capitalista, desaconsejaba estas prácticas, pero no por inhumanas sino en aras de la productividad: «La matanza de negros por turbas sedientas de sangre no es un hecho infrecuente y no conduce al éxito de la industria. (...) El trabajo negro, que significa, en el mejor de los casos, trabajo ineficiente, aún debe confiarse a ellos en gran medida, y este terrorismo espasmódico disminuye aún más su eficiencia».

Afirmaciones como aquella ratificaron a Ida B. Wells en su idea de llevar la resistencia a otro nivel: «El dólar es el dios del hombre blanco, y detener esto será detener los atropellos en muchos municipios», escribió a principios de la década de 1890 en un artículo recogido después en el volumen 'Southern Horrors: Lynch Law in All Its Phases'. Esta convergencia entre la lucha por la igualdad racial y la lucha obrera podía, a su juicio, tener el beneficioso efecto de una «revolución incruenta». Pero había aprendido a no ser ingenua. Sabía que había que ir más allá y por eso empieza a hablar de autodefensa (una noción particularmente perseguida en nuestros días por los críticos del antifascismo).

«Las únicas veces en las que un afroamericano ha sido asaltado y ha podido escapar ha sido cuando tenía un arma a mano y la usó en defensa propia», afirma Ida en uno de sus escritos más revolucionarios. «La lección que esto nos enseña, y que cada afroamericano debería sopesar bien, es si el rifle Winchester debería tener un lugar de honor en cada hogar negro, con el objeto de ser utilizado para conseguir la protección que la ley le niega».

No es un miembro de las Panteras Negras quien así se expresa (el partido de los Panteras Negras no se fundaría hasta 1966), es una joven periodista afroamericana a finales del siglo XIX. «Cuando el hombre blanco, que siempre es el agresor, sea consciente del riesgo que corre de morder el polvo al atacar a una víctima afroamericana, más respeto tendrá por las vidas afroamericanas», añade. El concepto, en esencia, ya está ahí: las vidas negras importan. Black Lives Matter.

En todos los frentes
Evidentemente, todos estos artículos tendrían consecuencias para ella. Durante un viaje a Filadelfia, sus enemigos aprovechan su ausencia para quemar la redacción del periódico en el que trabaja como editora y del que es copropietaria en Memphis, el ‘Free Speech and Headlight’. Ida B. Wells se mantuvo, bajo amenaza, lejos de su antiguo trabajo. De hecho, no volvería a Memphis en los siguientes 30 años.

Se instaló primero en Nueva York, donde sus artículos contra el fenómeno de los linchamientos en los Estados del Sur armaron un ruido considerable, y después en Chicago. Allí protestó por el hecho de que se excluyera a los afroamericanos de la Exposición Universal de 1893. Solo desde el pabellón de Haití pudo poner en circulación un pequeño libro en el que contaba la historia de opresión que habían sufrido los negros americanos en «la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes».

Como pionera que fue en todos los frentes, Ida B. Wells también militó en el movimiento en favor del derecho de la mujer al voto, una reivindicación a la que tenía sus propios matices que aportar. Creía que había que tener en cuenta todas las discriminaciones de las que somos objeto en su conjunto. No es lo mismo ser marginada por mujer que serlo por mujer, por pobre y por negra. A eso, mucho más tarde, se le llamaría interseccionalidad.

En 1913 fundó en Chicago el Alpha Suffrage Club, una asociación de mujeres negras en favor del derecho al voto. Como presidenta del club participó en la primera manifestación sufragista que tuvo lugar en Washington ese mismo año. Lo hizo a pesar de que la mayoría de sus compañeras blancas eran notorias segregacionistas y quisieron mandarla al final, cerrando la marcha, para que las blancas del Sur no se molestaran. Pero a Ida nadie le iba a decir dónde tenía que ponerse, ni en un tren ni en una manifestación. Así era ella.

Ida B. Wells murió en Chicago hace 90 años, el 25 de marzo de 1931. Tuvo que esperar hasta el año pasado para obtener el más alto reconocimiento de la prensa en Estados Unidos. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.

domingo, 21 de febrero de 2021

#hemeroteca #sufragismo #violencia | El movimiento sufragista y la violencia

Imagen: Google Imágenes
El movimiento sufragista y la violencia.

Beatriz Gimeno. Directora del Instituto de las Mujeres | Público, 2021-02-21

https://blogs.publico.es/dominiopublico/36540/el-movimiento-sufragista-y-la-violencia/ 

Estos días, a cuenta de las manifestaciones en las que se pedía la libertad de Pablo Hasel y el eterno debate sobre la violencia de los manifestantes (o la policial) se desataba otra polémica en Twitter en la que se intentaba defender que los manifestantes pro libertad de expresión debieran aprender de las sufragistas, dado que este movimiento consiguió sus objetivos sin violencia. Este es un lugar común que merece ser desmentido por muchas razones. Frente a la imagen naif que se ha querido transmitir del movimiento sufragista como de un movimiento de mujeres de clase alta que consiguió sus objetivos pacíficamente, lo cierto es que se trató de un movimiento que sufrió muchísima violencia, una violencia que hoy sería muy duramente contestada en una democracia. Olvidar la violencia que sufrieron es borrar el sufrimiento que padecieron aquellas mujeres; es olvidar la lucha y lo que costó conseguir la igualdad ante el sufragio. Por su parte ellas, aunque desde luego no mataron a nadie, aprendieron a defenderse e hicieron uso de la violencia contra los bienes públicos y privados. Ningún objetivo importante se consigue sin lucha y cuando se lucha por objetivos radicalmente transformadores, el sistema siempre reacciona con violencia.

Para empezar, las sufragistas fueron mucho más que un grupo de mujeres que luchaban por conseguir el sufragio, aunque este fuera uno de sus principales objetivos. Pero lucharon también por conseguir derecho a la educación y establecieron profundas alianzas interclasistas dando ejemplo de pactos antipatriarcales entre mujeres muy distintas. Fueron pioneras en muchas cosas, pero lo fueron especialmente en su forma de protesta, imitada después por muchos movimientos sociales y que ha llegado hasta hoy. Ellas fueron las iniciadoras de una manera de luchar y protestar que buscaba la espectacularidad en acciones pequeñas, pero muy llamativas, en las que lo que se ponía en juego eran sus propios cuerpos. Así, durante años, se introdujeron en todo tipo de actos políticos para gritar, lanzar panfletos, tumbarse en el suelo, encadenarse, formar entre ellas cadenas humanas que impidieran el paso etc. Alquilaron un dirigible para lanzar proclamas desde el cielo, se hicieron grabar dentro del parlamento (al que tenían prohibida la entrada) proclamando sus derechos, gritaban consignas durante horas subidas a una banqueta en cualquier esquina de Londres. Sus acciones eran subversivas no sólo porque desafiaban las leyes, sino porque el hecho de hablar en público ya suponía transgredir la prohibición existente para las mujeres de mostrarse y de hablar en el espacio público. Por esto, todas las que se atrevían a hacerlo eran recibidas con insultos, huevos, objetos e intentos de tocamientos o violaciones. Esto lo aguantaron muchas de ellas durante años. No creo que seamos capaces de imaginar lo que suponía para ellas.

Por ponerse en estas situaciones muchas de estas mujeres fueron secuestradas por sus familias y encerradas en psiquiátricos. Tampoco podemos hacernos una idea hoy día de lo que suponía por entonces para una mujer ser llevada a uno de estos lugares en los que cualquier maltrato o humillación era posible. Hablamos de Guantánamos en los que se sufrían electrochoques y todo tipo de torturas y en las que lo normal era perder la cordura. Además, era una pena sin final, ningún juez juzgaba, nadie podía sacarte, dependía únicamente de la familia, de los varones de la familia. Los manicomios del siglo XIX y del XX han sido lugares de tortura que se han tragado las vidas de muchas mujeres rebeldes.

Poco a poco, las sufragistas fueron radicalizando sus métodos. Y pasaron a lo que hoy se llamarían manifestaciones violentas: destrucción del mobiliario urbano y de la propiedad. Durante un tiempo, armadas de martillos destrozaron escaparates, farolas, coches, persiguieron a los políticos hasta sus casas, rompieron las ventanas de sus casas particulares, irrumpieron en los mítines de los partidos, interrumpieron en varias ocasiones la vida parlamentaria con sus gritos... Algunos grupos sufragistas decidieron atacar la propiedad privada incendiando casas de campo, destruyendo los campos de golf o los jardines reales. No atacaron ni se cobraron vidas, pero no desdeñaron la violencia.

Las vidas que se perdieron fueron las suyas. Y la violencia que recibieron no deberíamos permitir que se olvidara porque forma parte de la historia de la lucha de las mujeres. Algunas de las manifestaciones que convocaron fueron durísimamente reprimidas. La manifestación de 1910, el llamado Black Friday, la mayor manifestación política conocida hasta ese momento, se saldó con tres manifestantes muertas por las heridas sufridas. La policía recurrió a infiltrados que se liaron a golpes contra las manifestantes, además de someterlas a todo tipo de agresiones sexuales. Al día siguiente, con miles de agredidas y tres muertas, la policía y los medios culpaban de la violencia a las propias sufragistas. Después de la represión sufrida en sus primeras manifestaciones las mujeres aprendieron a defenderse y crearon un cuerpo de guardaespaldas que portaba bajo sus ropas porras, mazas, martillos y cuchillos que no dudaban en emplear para defenderse de la policía y de los agresores que las acosaban cuando marchaban públicamente. Algunas aprendieron incluso técnicas orientales de autodefensa.

Además, como consecuencia de la radicalización de las acciones violentas, aunque sin víctimas, de las sufragistas, el gobierno ordenó una campaña de detenciones y encarcelamientos. Las detenciones eran arbitrarias y la policía aparecía en casa de cualquiera de ellas para detenerlas sin cargos ni acusaciones. Al ser detenidas, muchas de ellas se declaraban en huelga de hambre (también inauguraron esa forma de protesta) exigiendo ser consideradas presas políticas. Y aquí, con la respuesta del gobierno a las huelgas de hambre comienza uno de los episodios más terribles de la historia de la protesta social. La orden del gobierno fue la de alimentarlas a la fuerza, lo que se hacía atándolas a la silla, abriéndoles la boca, introduciéndoles una goma hasta el estómago y por ahí la comida; lo que les provocaba obviamente heridas, vómitos, sensación de ahogo... Una tortura en toda regla que sufrieron decenas de mujeres. Cuando sus vidas estaban en riesgo real, la policía las soltaba y cuando habían pasado unos días o semanas en las que habían mejorado, las volvía a detener y las sometía al mismo trato. Para que nos hagamos una idea del sadismo de tal comportamiento, este era regulado por una ley conocida como "del gato y del ratón": torturar, liberar cuando estaban a punto de morir y volver a detener cuando estaban recuperadas... para volver a torturarlas.

El movimiento sufragista hizo uso de lo que lo hoy llamaríamos violencia contra las propiedades públicas y privadas, acosó a los políticos que se negaban a escucharlas, se defendieron a martillazos, rompieron cristales y quemaron incluso casas. Redefinió la relación de las mujeres con la violencia. La que ellas ejercieron no fue en absoluto comparable a la que recibieron por defender unos derechos de los que hoy disfrutamos todas. Sufrieron torturas, palizas, violaciones, asesinatos, encarcelaciones e internamientos psiquiátricos, se vieron expulsadas de sus casas; acosadas en la calle y en sus trabajos. Muchas lo perdieron todo, algunas perdieron la vida, pero su herencia hoy la disfrutamos todas.

El sufragio femenino equiparable al masculino se aprobó finalmente en 1928. Allí estaba Charlotte Despard una sufragista ya anciana que dijo: "Jamás pensé que vería la concesión del voto. Pero cuando un sueño se hace realidad, hay que ir a por el siguiente". Ahí estamos.

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Contornos de un feminismo conservador

Imagen: ctxt / 8M 2017 en Madrid
Contornos de un feminismo conservador.
Las posiciones esencialistas pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.
Josefina L. Martínez | ctxt, 2020-02-17
https://ctxt.es/es/20200203/Politica/31021/feminismo-trans-migrantes-precariedad-mujeres-historia-josefina-martinez.htm

El debate sobre el sujeto del feminismo ha estado presente en toda la historia del movimiento y en diferentes contextos se han delineado los contornos de un feminismo conservador, con una noción abstracta o esencialista de las mujeres, sin considerar las contradicciones de clase, el racismo, o la diversidad sexual. Hoy nos encontramos de nuevo con feministas que pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y que, de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.

¿Acaso no soy una mujer?
“¡Yo he arado, he sembrado y he cosechado en los graneros sin que ningún hombre pudiera ganarme! ¿Y acaso no soy una mujer? Podía trabajar como un hombre, y comer tanto como él cuando tenía la comida ¡y también soportar el látigo! ¿Y acaso no soy una mujer? He dado a luz a trece niños y he visto vender a la mayoría de ellos a la esclavitud. ¿Y acaso no soy una mujer?”.

Sojourner Truth, una mujer negra que había sido esclava, pronunció estas palabras en la conferencia sufragista de Ohio en 1851. Era su respuesta a quienes sostenían que las mujeres no podían votar porque eran el “sexo débil”. El discurso de Sojourner impugnaba ese modelo ya que sus brazos labraban y recibían tantos latigazos como los de sus compañeros. Pero su alegato apuntaba también a las mujeres blancas de clase media que buscaban limitar las reivindicaciones del movimiento sufragista, sin considerar los agravios de las trabajadoras y las esclavas.

En ‘Mujeres, raza y clase’, Angela Davis señala que el movimiento abolicionista de la esclavitud, el movimiento sufragista y las organizaciones sindicales tendieron a converger a comienzos del siglo XIX en Estados Unidos, algo potencialmente explosivo. Sin embargo, en tiempos de la Guerra Civil norteamericana, crecieron las posiciones excluyentes dentro del feminismo liberal hegemónico. Mientras algunos líderes del movimiento abolicionista mantuvieron posiciones misóginas, organizaciones del movimiento de mujeres como la Asociación Americana por el Sufragio de la Mujer (NAWSA) adoptaron posiciones racistas. Hasta allí podemos rastrear los antecedentes del ‘separatismo’ en el movimiento de mujeres, que devino en posiciones reaccionarias.

A finales del siglo XIX, la cuestión de clase también delimitó corrientes enfrentadas en el feminismo sufragista en Inglaterra. Las Pankhurst (Emmeline y sus dos hijas, Christabel y Sylvia) eran las figuras más representativas del sufragismo radical, que había adoptado métodos de acción directa en las calles contra la represión del Estado. Lo que se conoce menos es que la madre y la hermana mayor terminaron expulsando a Sylvia Pankhurst de la WSPU (Unión Social y Política de las Mujeres). ¿El motivo? Sylvia y sus compañeras socialistas se dedicaban a organizar a las mujeres trabajadoras de las barriadas pobres del East End de Londres. Esto no era del agrado de quienes pensaban que las protestas de las trabajadoras contra la miseria social, las huelgas por igual salario o sus reclamos en las fábricas podían alejar a los políticos moderados de la causa del voto femenino. Sylvia Pankhurst escribió más tarde, seguramente pensando en su hermana: “Algunas dicen que las mujeres trabajadoras tienen unas vidas demasiado duras y su educación es tan escasa que les impide tener una voz poderosa a la hora de ganar el voto. Las personas que piensan así han olvidado su historia”.

Lo que aparecía primero como una diferencia sobre cuál era el sujeto del movimiento –las mujeres de clase media alta o las trabajadoras precarias– llevaría a profundas divergencias en las posiciones acerca del Estado y la guerra imperialista. Mientras Sylvia Pankhurst encabezó el movimiento de protesta de las mujeres obreras contra la guerra y apoyó la revolución rusa, Christabel y Emmeline promovieron campañas nacionalistas reaccionarias a favor del alistamiento en el ejército y en defensa del Estado imperialista. Una anécdota ilustra este giro conservador: como muestra de su patriotismo, rebautizaron el periódico de la WSPU, ‘The Suffragette’, que pasó a llamarse ‘Brittannia’.

Lo personal es político, pero la biología no es destino
Con la Segunda Ola del feminismo a fines de los sesenta se renovaron los debates al calor de las confluencias, desencuentros e intersecciones con el movimiento por los derechos civiles y el poder negro, los colectivos LGTB, las luchas antiimperialistas, las rebeliones obreras y las revueltas estudiantiles.

El feminismo logró instalar en el debate público la idea de que lo personal es político, desnaturalizando el orden sexual y visibilizando el trabajo de las mujeres en el hogar. En medio de una ebullición política de carácter antisistémico y antiestatal, la definición del patriarcado como exclusivo sistema o eje de dominación que afectaba a las mujeres, tal como definía el feminismo radical, fue cuestionado por múltiples feminismos. El feminismo socialista, los feminismos negros, el feminismo lésbico, los feminismos antimperialistas y otras corrientes disputaron sobre el sujeto del feminismo y las vías de emancipación.

Pero llegados los años ochenta, se producirá un nuevo giro conservador. Con el neoliberalismo se institucionaliza un feminismo liberal que prioriza el empoderamiento individual mientras ganan peso lo que algunas autoras denominan el feminismo cultural y el feminismo punitivo. Estas corrientes van a focalizar la opresión de las mujeres exclusivamente en el ámbito de la sexualidad, construyendo una falsa polaridad entre una sexualidad masculina esencialmente agresiva y depredadora frente a una supuesta naturaleza femenina asexuada y emocional, que condena a las mujeres a la victimización. Mediante un desplazamiento hacia planteamientos esencialistas y biologicistas, algunas feministas terminarán pensando la liberación femenina en oposición a la liberación sexual. El punitivismo, las campañas antipornografía y las mociones para engordar el código penal de feministas como Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon pasan a ocupar un lugar central, mientras el movimiento abandona las calles para centrarse en los tribunales. Paradójicamente, estos planteamientos tendían a confluir con los valores que promovía la New Right norteamericana en su lucha contra el feminismo, el aborto y los derechos de la diversidad sexual.

En ese contexto, se publica en 1979 el libro de Janice G. Raymond, ‘El imperio transexual: la creación de la mujer-varón’. Esta exmonja católica desarrolla una visión transfóbica que ha hecho escuela hasta hoy, llegando a afirmar que “los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”.

¿Nos encontramos hoy ante un nuevo giro conservador en algunos sectores del movimiento de mujeres? Cuando leemos columnas de reconocidas feministas que lamentan que el 8M tome las reivindicaciones de las mujeres migrantes, de las trabajadoras, la diversidad sexual y las mujeres trans, todo indica que lo estamos presenciando. Cuando el debate acerca de la abolición de la prostitución se transforma en punta de lanza para polarizar y romper espacios de autoorganización, sin considerar que existen múltiples posiciones en el movimiento de mujeres, que no se reducen a dos campos enfrentados, esta intuición se comprueba. Y cuando desde el nuevo Gobierno se promueve incrementar las penas del código penal para delitos de violencia de género, pero no se piensa derogar la ley de extranjería, ni cerrar los CIEs, ni terminar con las reformas laborales que precarizan a las mujeres, o separar la Iglesia del Estado, solo se refuerzan los contornos de este giro conservador.

Aun así, este 8M volvemos a movilizarnos, porque las trabajadoras, las migrantes, las trans y las mujeres precarias también decimos: ¿acaso yo no soy una mujer?

miércoles, 7 de febrero de 2018

#hemeroteca #sufragismo | El derecho al voto de las británicas cumple 100 años

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Mujeres laboristas celebran los 100 años del voto femenino en Gran Bretaña
El derecho al voto de las británicas cumple 100 años.
La sufragista Emily Davison se arrojó bajo el caballo de Jorge V.
Guillermo Ximenis · EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2018-02-07
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2018/02/07/sociedad/el-derecho-al-voto-de-las-britanicas-cumple-100-anos

El Reino Unido conmemoró ayer los 100 años desde que las mujeres británicas conquistaron el derecho al voto, tras una larga campaña de desobediencia en la que las sufragistas protagonizaron huelgas de hambre, provocaron incendios y se encadenaron frente al palacio de Buckingham.

El Parlamento británico aprobó el 6 de febrero de 1918 una ley que otorgaba el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 30 años, que en aquel momento eran más de ocho millones en un país inmerso todavía en la Primera Guerra Mundial.

El éxito de las sufragistas británicas se enmarca en un movimiento social más amplio que ya había llevado a reconocer el voto femenino en Nueva Zelanda (1893), Australia (1902), Finlandia (1906), Noruega (1913) y la Unión Soviética (1917), y sería posteriormente imitado en Alemania (1918), Estados Unidos (1920) y España (1931).

Los primeros grupos favorables al sufragio de la mujer se formaron en el Reino Unido a finales de la década de 1860, pero no adquirieron relevancia hasta que la activista Emmeline Pankhurst fundó en 1903 el Sindicato de las Mujeres.

En los primeros años del siglo XX, tan solo el Partido Laborista, una joven organización fundada en 1900, estaba a favor de otorgar el derecho al voto a las mujeres en el Reino Unido, mientras que el Partido Liberal y el Partido Conservador se oponían, explicó Sarah Richardson, investigadora de Política e Historia de Género en la Universidad de Warwick.

"Los conservadores estaban, en general, en contra de cualquier extensión del derecho a voto. Entre los liberales, aunque muchos de ellos apoyaban una ampliación de la democracia, cundía la preocupación de que las mujeres votarían de forma abrumadora a los conservadores", indicó Richardson.

El grupo liderado por Pankhurst renunció a las medidas de presión política que habían utilizado hasta entonces sus compañeras, basadas en tratar de convencer con cartas y argumentos a los diputados, e inició una campaña radical bajo el lema 'Hechos, no palabras'.

Años después, las sufragistas quemaron el contenido de cientos de buzones de correos, rompieron las ventanas de miles de comercios y cortaron cables telefónicos. También llamaron a los ciudadanos a invadir la Cámara de los Comunes y lograron reunir frente al palacio de Westminster a cerca de 60.000 personas en octubre de 1908.

La ausencia de resultados tangibles a favor de su causa las llevó a partir de 1913 a radicalizar sus acciones y colocaron diversas bombas que provocaron daños materiales. El acto de militancia más conocido fue el de la activista Emily Davison, que se convirtió en una mártir del movimiento al arrojarse bajo el caballo del rey Jorge V durante una carrera en el hipódromo de Epsom Downs, un atropello que le provocó la muerte pocos días después.

Y TAMBIÉN…
Se cumplen 100 años desde que las sufragistas conquistaron el derecho al voto en el Reino Unido.
Protagonizaron huelgas de hambre, provocaron incendios y se encadenaron frente al palacio de Buckingham.
EFE | Noticias de Gipuzkoa, 2018-02-06
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2018/02/06/mundo/se-cumplen-100-anos-desde-que-las-sufragistas-conquistaron-el-derecho-al-voto

martes, 6 de febrero de 2018

#hemeroteca #sufragismo | Sufragistas: cien años de la victoria de las guerreras por el voto de la mujer

Imagen: El Periódico / La concejala Elaine Pantling recuerda a la sufragista Alice Hawkin
Sufragistas: cien años de la victoria de las guerreras por el voto de la mujer.
El 6 de febrero de 1918 el Parlamento británico reconoció el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años.
Begoña Arce | El Periódico, 2018-02-06
http://www.elperiodico.com/es/internacional/20180206/cien-anos-de-la-victoria-de-las-guerreras-sufragistas-por-el-voto-femenino-6604508

Fue la victoria de un grupo de revolucionarias y cambió la condición femenina para siempre. La batalla por el derecho al voto de las mujeres en el Reino Unido, de unas militantes dispuestas a pagar el precio más alto por acabar con aquel ultraje. Centenares de pioneras por la igualdad ante la ley fueron perseguidas, insultadas, encarceladas, estigmatizadas. En prisión protagonizaron largas huelgas de hambre. Una de ellas, Emily Wilding Davison, lo pagó con su vida, cuando se arrojó al paso del caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom. El martes se cumplieron 100 años del triunfo de las sufragistas y los ojos del mundo se vuelven hacía aquellas británicas valientes y decididas, precursoras de las feministas del siglo XX.

Actos, no palabras
La de las sufragistas fue una larga lucha. La primera petición ante el Parlamento británico reclamando el voto femenino se había presentado en 1832, pero no se logró hasta casi un siglo más tarde. El movimiento nació en Manchester, a partir de la organización Unión Social y Política de Mujeres, creada en 1903 por Emmeline Pankhurst. Militante por el voto desde los 14 años, viuda de un abogado que apoyaba la causa, madre de cinco hijos, la activista acabó 11 veces en la cárcel y otras tantas fue liberada. Aunque, como ella, las impulsoras del movimiento sufragista pertenecían mayoritariamente a la burguesía, Pankhurst logró movilizar a las trabajadoras de las fábricas textiles en el norte del país y del foco de miseria que era el este de Londres.

La reclamación del voto femenino había sido ignorada y ridiculizada por los políticos y era motivo de mofa y sarcasmos en la opinión pública. El grupo creyó que hacían falta medios contundentes y el uso de la violencia para lograr el objetivo. Su eslogan fue: 'Actos y no palabras'. A diferencia de otras organizaciones pacifistas, optaron por campañas de choque que dejaron estupefacta a una sociedad dominada por los valores tradicionales victorianos, donde las mujeres solo podían ser esposas y madres.

Manifestaciones y bombas
En sus manifestaciones las sufragistas se encadenaban a las verjas de edificios públicos como el palacio de Buckingham, provocaban incendios, rompían escaparates y peleaban con la policía, que a rastras las llevaban al calabozo. Aquellas mujeres no dudaron en colocar bombas o sabotear las redes de tendido eléctrico. En 1913 llegaron a atacar con un explosivo el domicilio del primer ministro de la época, David Lloyd George. En la cárcel, las militantes en huelga de hambre fueron alimentadas a la fuerza. Al comienzo de la primera guerra mundial, Pankhurst pidió a las simpatizantes que suspendieran sus ataques para colaborar en los esfuerzos en la lucha nacional contra el enemigo. El papel fundamental jugado por las mujeres durante el conflicto contribuyó decisivamente a que finalmente obtuvieran el voto el 6 de febrero de 1918.

Punto de no retorno
Con la llamada ley de representación popular, 8 millones de mujeres con más de 30 años engrosaron los registros electorales. Pasarían aún 10 años hasta que todas las británicas lograran exactamente los mismos derechos de voto que los hombres. Pankhurst ya había muerto para entonces y poco a poco la sociedad ha ido concediéndole el reconocimiento que merece. En 1999 la revista 'Time' la situó entre las personalidades más influyentes del siglo XX. “Ella modeló una cierta idea de la mujer contemporánea: cambió el orden social hasta el punto de no retorno”, señalaba la revista.

La casa de Pankhust en Manchester es hoy un museo y la ciudad le erigirá una estatua a finales de este año. Hay también una campaña reclamando que se anulen los antecedentes penales de las sufragistas. “El problema no eran ellas saltándose las leyes, era las leyes las que restringían nuestra democracia”, ha declarado a la BBC Helen Pankhurst, recordando a su ilustre bisabuela.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | Elvia Carrillo Puerto, ‘La monja roja’ que logró el derecho al voto femenino en México

Imagen: El País / Elvira Carrillo Puerto
Elvia Carrillo Puerto, ‘La monja roja’ que logró el derecho al voto femenino en México.
Consiguió ser la primera diputada electa en el Congreso de Yucatán y consagró su vida a la lucha social y política en favor de las mujeres.
Alberto López | El País, 2017-12-06
https://elpais.com/internacional/2017/12/06/mexico/1512553573_210132.html

Elvia Carrillo Puerto fue una líder feminista en toda la extensión de la palabra. Su lucha y su activismo social le valieron el mote de ‘La monja roja del Mayab’, ya que consagró su vida a lograr el sufragio femenino, la emancipación de la mujer y sus derechos en México. Destacó, por encima de sus cualidades como maestra y poeta, por su discurso en favor del control de la natalidad, la libertad sexual, el divorcio y contra lo que consideraba la opresión religiosa de la época.

Desde muy joven Elvia Carrillo Puerto anheló ser independiente, ilustrarse y llevar una vida distinta de la de las mujeres de la época, y lo consiguió porque fue pionera en casi todo y hasta considerada la chispa de la revolución posterior. Nació en Motul, Yucatán, el 6 de diciembre de 1878. En una familia numerosa Elvia siempre estuvo muy cerca de su hermano Felipe mientras él vivió, aunque destacó por sí misma en la lucha social. Felipe sintió como propios los problemas de los indígenas y se metió en política, llegando a gobernador de su estado y realizando una vasta obra en poco tiempo.

Apenas con 6 años, cuando comenzaba a ir al colegio con sus hermanos, y al que iban también los hijos de los obreros del lugar que hablaban hablan la lengua maya entre sí, Elvia se percató de la desigualdad entre las clases sociales, lo que sin duda despertó su conciencia crítica.

Elvia Carrillo Puerto fue alumna de la poetisa Rita Cetina Gutiérrez, que había fundado la primera escuela secundaria para mujeres del estado de Yucatán y, posteriormente, la primera organización feminista: la Siempreviva. En ella aprendió nociones de igualdad de género y gracias a su influencia estudió textos escritos por grandes teóricas de los derechos de la mujer como Mary Wollstonecraft, Flora Tristán y Victoria Woodhull.

Desde niña Elvia destacó por su inteligencia, su astucia y también su singular belleza. Siempre sensible ante las problemáticas sociales, se fue convirtiendo en revolucionaria por convencimiento a pesar de pertenecer a una familia de las consideradas pudientes en aquella época.

Un sacerdote anarquista español llamado Serafín García también ejerció una influencia importante, tanto en ella como en su hermano Felipe, a través de la lectura y la conversación, al advertir en ellos inteligencia y sensibilidad para defender a los desprotegidos. Tal era el bagaje cultural de Elvia Carrillo Puerto que en la adolescencia, en lugar de conversaciones con los compañeros de su edad, prefería los libros y la música.

Tan adelantada fue Elvia Carrillo a su tiempo que vio el matrimonio como una salida, una vía hacia su independencia y se casó con un maestro de Motul natal a los 13 años de edad. Tuvo un hijo, pero enviudó diez años después. Solo gracias a la mediación de su antigua maestra de escuela la aún demasiado joven Elvia para enfrentarse a un mundo machista consiguió el permiso para impartir clases de mecanografía, trabajo con el que logró, además de la remuneración económica, cierta sensación de independencia también desconocida para la mayoría de mujeres hasta entonces.

Su hermano Felipe Carrillo Puerto siguió influyendo en ella al conseguirle una traducción en maya de la Constitución mexicana de 1857 que Elvia se encargó de leer a sus alumnas para que fueran adquiriendo conciencia de sus derechos. Su colaboración a partir de ahí fue estrecha, ya que en 1907 Felipe empieza a publicar el periódico ‘El heraldo de Motul’ y ella le ayuda en la redacción y corrección de artículos.

En 1910, con solo 29 años, Elvia Carrillo Puerto participa en la llamada rebelión de Valladolid originada por el Plan de Dzelkoop, que llamó al pueblo yucateco a levantarse en armas contra la tiranía de Olegario Molina y el gobernador de Yucatán, Enrique Muñoz Arístegui. Aquel movimiento fue bautizado después como “la primera chispa de la Revolución Mexicana”.

A mediados de 1912 Elvia Carrillo organiza la primera Liga Feminista Campesina en la que se discute la propiedad de la tierra, se plantea que las jornadas de trabajo deben ser de 8 horas, que hay que liberar a los indígenas de trabajos esclavos, educar a las mujeres para tener los hijos que decidan... La joven activista también propone en ese foro crear escuelas rurales en todo el territorio de esa entidad federativa.

Durante el gobierno del general Salvador Alvarado en Yucatán, de 1915 a 1918, siguió organizando grupos feministas y participó activamente en la organización y fundación del Partido Socialista Obrero de Yucatán, que más tarde sería el Partido Socialista del Sureste. En 1918 se celebra en Motul el Primer Congreso Obrero de Yucatán organizado por el Partido Socialista del Sureste, en el que Elvia Carrillo Puerto incorporó el punto de “Aceptación de la mujer obrera en las Ligas de Resistencia”. Este fue el leit motiv de su vida, luchar por la liberación de la mujer a través de su actividad social y política en las 51 Ligas de Resistencia que logró organizar.

Como uña y carne con su hermano Felipe, lo apoyó en el puesto de gobernador del estado de Yucatán en todas las tareas que hacían referencia a la mujer, la niñez, la familia y la educación. Tras el asesinato de su hermano por los militares, en enero de 1924, Elvia continuó siendo diputada durante un tiempo, hasta que las amenazas de muerte de sus adversarios en Yucatán la hicieron dejar el cargo y marcharse a la Ciudad de México, en donde fue protegida por el presidente Álvaro Obregón, primero, y después por su sucesor, Plutarco Elías Calles, y donde continuó con su particular lucha en favor de las mujeres.

Entre 1930 y 1934 se realizaron tres congresos de mujeres obreras y campesinas en la capital mexicana y ella fue la principal responsable de reunir a las delegadas. En el Congreso de 1931 es donde surge la idea de crear una organización exclusiva para exigir el sufragio femenino.

Ni siquiera durante la presidencia en México del general Lázaro Cárdenas Del Río (1934-1940), caracterizada por avances políticos y sociales importantes, los esfuerzos de Elvia Carrillo Puerto por lograr el sufragio para las mujeres se vieron recompensado y redujo su activismo social a partir de ese momento.

Sin embargo, en 1947, ya bajo la presidencia de Miguel Alemán Valdés, se dio un paso adelante y se aprobó el derecho de voto de la mujer en las elecciones municipales en México. Años más tarde, en 1952, la Cámara de Diputados reconoció a Elvia Carrillo Puerto como Veterana de la Revolución Mexicana y le concedió la Medalla de Honor al Mérito Revolucionario.

Elvia Carrillo Puerto recuperó su lucha y, finalmente, se vio recompensada durante mandato presidencial de Adolfo Ruiz Cortines, cuando en 1953 fue modificado el artículo 34 de la Constitución para otorgar la igualdad de derechos políticos a las mujeres mexicanas, incluyéndose por tanto su derecho al sufragio.

Hoy Google recuerda a la activista social e impulsora de los derechos de la mujer en México dedicándole su doodle en el día en que se cumple el 139 aniversario de su nacimiento. La ilustradora de la Ciudad de México Hilda Palafox es la creadora de la ilustración que honra su activismo y en el que la representa tirando de la mano de otras mujeres, pancarta en mano y subiendo la escalera de la igualdad.

Elvia Carrillo Puerto murió en la Ciudad de México el 15 de abril de 1968 con 89 años de edad y sus restos se encuentran en el cementerio general de Mérida.

Recordada por su lucha encendida en favor de los derechos de las mujeres, principalmente las indígenas, campesinas mayas y las obreras mexicanas, en octubre del 2013 la Cámara de senadores de México anunció la concesión de un reconocimiento a la memoria de Elvia Carrillo Puerto por su labor de “defensa, protección, ejercicio e investigación de los derechos humanos de las mujeres y de la igualdad de género en México”.

domingo, 3 de diciembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | Perico el de los palotes era mujer

Perico el de los palotes era mujer.
Varios actos por su 150º aniversario rescatan la figura de Carmen de Burgos 'Colombine', la primera corresponsal de guerra española.
Rut de las Heras Bretín| El País, 2017-12-03
https://elpais.com/cultura/2017/12/03/actualidad/1512263824_712147.html

"Está tan cercana la muerte de Carmen de Burgos que no es posible con sinceridad enjuiciar la magnitud de su obra. Algún día espero y confío que habrán de revisarse los valores históricos y sociales de esta gran mujer", escribía Concha Peña en el ‘Heraldo de Madrid’ el 14 de octubre de 1932, solo cinco días después de que Carmen de Burgos falleciera. Las esperanzas de Peña no cundieron. Todo lo contrario. Tras la Segunda República, Carmen de Burgos ‘Colombine’ quedó enterrada, silenciada, desaparecida y todos los sinónimos posibles de una manera muy eficaz por quienes cumplieron esa misión: la de borrar la figura, la obra y el legado de una de las escritoras más importantes del primer tercio del siglo XX, primera redactora en plantilla de un periódico (hoy casi totalmente desconocida en las Redacciones) y la primera mujer española corresponsal de guerra.

Carmen de Burgos ‘Colombine’ (1867-1932) nació en Rodalquilar (Almería) un 10 de diciembre de hace 150 años. Durante la primera parte de su vida, la que transcurrió en el siglo XIX, estuvo casada con un periodista, con el que tuvo un matrimonio "insufrible", según lo describe en una autobiografía que años después de este periodo le pidió el escritor Ramón Gómez de la Serna, autor 21 años más joven que ella que sería su pareja sentimental durante dos décadas. De su marido se quedó con lo que le enseñó de su profesión y con su hija, la única que sobrevivió, ninguno de los tres anteriores llegó al primer año de vida. Con el cambio de siglo, De Burgos pareció experimentar un viaje en el tiempo con respecto a la sociedad finisecular. En un momento en el que las mujeres no podían hacer nada sin la aprobación de un hombre y no eran dueñas casi ni de sí mismas, dejó a su marido, aprobó unas oposiciones de maestra y se marchó con su hija a vivir a Madrid.

En la capital tuvo muy claro lo que quería: participar en la intelectualidad del momento, conocer a pensadores y literatos que se reunían en las tertulias de los distinos cafés y escribir, sobre todo escribir. Lo consiguió. Se rodeó de Galdós, de Emilia Pardo Bazán, de Gregorio Marañón, mantuvo correspondencia con Juan Ramón Jiménez... Compartía con ellos la preocupación por el devenir del país, pero le daba su punto de vista: el de una mujer. Escribía desde lo que hoy se llamaría perspectiva de género mucho antes de que existiera ese concepto. Era consciente del poder que le daba el llegar a los lectores. Uno de sus primeros reportajes trataba sobre la situación de los niños en las cárceles. Ese fue solo el principio de una prolija carrera: más de cien novelas cortas, una docena de largas, ensayos, traducciones, cerca de 10.000 artículos de prensa, sobre los que versará la próxima publicación de Concepción Núñez Rey. Esta profesora, ya jubilada, del departamento de Filología Española III de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense ha dedicado su vida a Colombine. Hacia febrero quiere presentar los dos tomos de la obra periodística de Colombine, en los que ha reunido unos 300 textos. Este será uno de los actos de celebración del 150 aniversario, también la Biblioteca Nacional ha organizado una pequeña muestra bibliográfica que se puede ver hasta el 9 de diciembre con todo tipo de ediciones de la autora que se conservan en la institución y en el Ateneo de Madrid hay otra, hasta final de año, con portadas de sus publicaciones.

Todos los nombres
El título de la exposición de la biblioteca apela a uno de los nombres con los que se conoció a la periodista: La dama roja, lo que ha provocado cierto disgusto en Núñez, ya que era uno de los términos insultantes que usaban sus detractores, sobre el todo los sectores eclesiales. "Es una reducción que hicieron sus adversarios ideológicos. No perdonaron que una señora rompiera tantos moldes", dice la profesora. También la llamaron La divorciadora por su obra ‘El divorcio en España’ (¡publicada en 1904!) en la que reunió las conclusiones que obtuvo tras pedir opinión sobre la necesidad de una ley que regulase el final de los matrimonios en una de sus columnas en el ‘Diario Universal’. Estas las firmaba como Colombine que pasó a ser el nombre por el que fue conocida. Entre 1917 y 1922, de manera anecdótica, usó el pseudónimo Perico el de los palotes para las reseñas literarias que escribía en el ‘Heraldo de Madrid’, periódico que mucho antes, en 1905, ya la había convertido en corresponsal en el extranjero.

En 1909 cubrió la guerra de Melilla (las tropas españolas contra las cabilas rifeñas), donde no solo narró la contienda, también la vida cotidiana de los soldados. Batalló —muy posiblemente literalmente en el hostil ambiente de las Redacciones— por hablar contra la pena de muerte, a favor del voto femenino, de la situación de los trabajadores más desfavorecidos, por abrir una ventana y mostrar lo que encontraba en sus viajes por Europa y América.

El querer vivir su vida y su afán de progreso social la llevaron a ser pionera en muchos campos, incluso en el que la borró de la historia, ya que era la primera mujer que aparecía en las listas de autores prohibidos durante el franquismo.

DOCUMENTACIÓN
Perico de los Palotes, de tonto tamborilero a diablo cojo.

Sebastián de Covarrubias ya se refiere a este personaje en 1611 como «un bobo que tañía con dos palotes» aunque existen otras suposiciones.
Mónica Arrizabalaga | ABC, 2014-09-26
http://www.abc.es/archivo/20140926/abci-perico-palotes-201409171043.html

martes, 21 de noviembre de 2017

#hemeroteca #politica| Podemos denuncia que no se ha celebrado oficialmente el 84º aniversario del voto femenino

Imagen: Europa Press / Irene Montero
Podemos denuncia que no se ha celebrado oficialmente el 84º aniversario del voto femenino.
Europa Press | La Vanguardia, 2017-11-21
http://www.lavanguardia.com/vida/20171121/433060310707/podemos-denuncia-que-no-se-ha-celebrado-oficialmente-el-84-aniversario-del-voto-femenino.html

La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, ha reconocido este martes estar "sorprendida" por que una "fecha tan simbólica" como la celebrada el pasado 19 de noviembre, cuando se cumplieron 84 años del voto femenino en España, no haya tenido "una celebración oficial".

"En una época en que las fechas se celebran con bombo y boato, esta celebración pasó desapercibida", ha denunciado la dirigente morada, quien ha hecho un repaso de los que supuso para las mujeres votar por primera vez en el país.

En este sentido, ha recordado el debate mantenido por Clara Campoamor en el Congreso, en el que tuvo que lidiar con diputados "que alegaban problemas biológicos" para rechazar el voto femenino, según ha recordado Montero. La diputada ha lamentado que, a pesar de la relevancia de Campoamor, en la Cámara Baja se le recuerde "con una sala situada en un sótano y un busto que no es de los más reconocidos de la Cámara".

Reconocimiento hacia la lucha de las mujeres
"Vaya, por parte de nuestro grupo parlamentario, un reconocimiento a la lucha de las mujeres", ha declarado durante la rueda de prensa posterior a la Junta de Portavoces del Congreso.

Además, ha destacado que las mujeres siguen defendiendo sus derechos en la actualidad y ha señalado las "multitudinarias" manifestaciones de los últimos días "exigiendo que las instituciones no reproduzcan los comportamientos machistas implantados en los últimos siglos", en los que "se cuestiona más a la víctima de una violación que al agresor". "Son tiempos de políticas feministas, de la revolución de las mujeres", ha concluido.

lunes, 20 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres

Imagen: La Izquierda Diario / Mujeres republicanas
A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres.
Hace 84 años, el 19 de noviembre 1933 durante la Segunda República, las mujeres votaron por primera vez, tras la lucha de Clara Campoamor expresada en su libro "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo". Una primera ruptura con el modelo de 'Ángel del hogar'.
Cynthia Lub | La Izquierda Diario, 2017-11-20
http://laizquierdadiario.com/A-84-anos-del-voto-femenino-en-Espana-el-pecado-mortal-de-las-mujeres

En España, las estructuras políticas del siglo XIX y XX eran limitadas para el desarrollo de movimientos sufragistas de mujeres como se dieron en Inglaterra por ejemplo, frente al lento desarrollo de las estructuras sociales y económicas en la España del siglo XIX.

La desintegración del Antiguo Régimen y de la monarquía absoluta dio paso a la consolidación de un nuevo sistema constitucional liberal a partir de los años 30. La fragilidad del Estado liberal y el profundo conservadurismo de los regímenes políticos a lo largo del siglo XIX se trasladó a carácter profundamente conservador respecto a las mujeres, con un peso de la Iglesia Católica muy fuerte.

De este modo, la estructura política de finales del siglo XIX fue poco propicia para el desarrollo del feminismo liberal político basado en el sufragio y los derechos políticos individuales, tal como había surgido en Gran Bretaña o EEUU donde se desarrollaba un procesos de secularización más profundo. Por lo menos hasta la Segunda República en 1931.

Primeras rupturas con los modelos de ’La perfecta casada’ y el ’Ángel del hogar’
“La perfecta casada” y el “Ángel del hogar” era el modelo femenino que se imponía a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El discurso de la domesticidad, ejemplificado en el famoso folleto publicado en 1886 de la colección “Biblioteca para Señoritas” que describía las obligaciones de las mujeres en el hogar, tanto en el gobierno de la economía como en el rol moral de las mujeres.

Acompañaban estas instrucciones los famosos argumentos del doctor endocrinólogo Gregorio Marañón, que en 1920 alcanzaron un consenso notable en la sociedad española tras su teoría de “la diferenciación y el carácter complementario de los sexos”, que aunque sostenía que las mujeres no eran inferiores, sí eran diferentes en sus rasgos psicológicos y biológicos: la razón, la lógica, la reflexión, la capacidad analítica e intelectual y la creatividad eran características biológicas del hombre. La sensibilidad, sentimentalidad, afectividad, intuición, pasividad y abnegación eran de la mujer. Es decir, unas características biológicas que determinaban y reforzaban el rol exclusividad doméstica de las mujeres.

Contra este discurso, hubieron voces de mujeres como Concepción Arenal, reformista liberal; Lucía Sánchez Saornil, telefonista, poeta y anarquista, luego fundadora de Mujeres Libre en 1936; María Cambrils, socialista que se enfrentó directamente a Marañón. Fueron voces fuertes pero marginadas, excepcionales, ante una sociedad en la que el discurso dominante de la domesticidad estaba muy extendido. A pesar de ello pasaron a la historia como pioneras de la lucha por los derechos de las mujeres.

Se partía muy de atrás para emprender esta lucha. Por ejemplo, el Códigos Civil y Penal establecía claramente la subordinación femenina para la mujer casada. Según la ley la autoridad del marido debía obedecerse automáticamente, recibiendo castigos si no lo hiciese. Desobedecer o insultar implicaba ser castigadas con la cárcel, mientras el marido sólo era castigado si la maltrataba. Un femicidio era castigado con el destierro a una distancia mínima de 25km, durante un período de entre 6 meses a 6 años. Si las heridas eran leves, no había castigo. Para las mujeres, se los consideraba parricidios, y se castigaban con la cadena perpetua. El considerado adulterio tenía connotaciones diferentes, de 2 a 6 años de prisión para la mujer. Nada para el hombre ya que no se lo consideraba adulterio, a no ser que tuviera otra concubina en el hogar conyugal.

Esto se mantuvo hasta la Segunda República, aunque con desigualdades regionales siendo Catalunya la más avanzada. Pero incluso en este período la Nueva Ley de Contratos Laborales de noviembre de 1931, el hombre mantenía en control del salario de la mujer y lo que había cambiado fue que la mujer podría ejercer el control pero con autorización del marido.

Respecto a la educación, el lento avance en el ámbito escolar y cultural de las mujeres constituía otro factor decisivo en la cuestión de género; diferente a los Estados liberales en Europa Occidental donde se expandió la educación pública como medio de propagación de la cultura burguesa y consolidación de los regímenes liberales.

En España, en 1860 el 86% de la población femenina era analfabeta y a comienzos del siglo XX se había reducido a un 71% en contraste con el 55,57% de analfabetos masculinos. Sólo el 25% de las mujeres sabía leer y escribir. Hacia 1930, las cifras se modificaban de un 47,5% las mujeres y el 36% para los hombres. Contra ello, el movimiento obrero desarrolló estrategias alternativas de renovación pedagógica y educación popular, en ateneos y centros culturales de socialistas y anarquistas.

En cuando al mundo del trabajo, existía una gran segregación laboral y discriminación de la mujer. Y sobre todo, una enorme hostilidad hacia el trabajo remunerado femenino y la entrada de las mujeres al trabajo. El culto a la domesticidad propagado sobre todo por la Iglesia católica, reforzaba el discurso de la dependencia económica de la mujer como elemento vital para ejercer su rol en el hogar: la “mujer asalariada” era un símbolo de la degradación masculina.

A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres

Publicamos este artículo, al cumplirse 80 años desde que, en las elecciones generales del 19 de noviembre 1933 durante la Segunda República, 6.800.00 mujeres pudieron votar por primera vez. Estas habían sido las segundas elecciones generales de la República proclamada el 14 de abril de 1931. En junio del mismo año habían transcurrido las primeras elecciones, convocadas tras la aprobación de la Constitución de la República en el Congreso de los Diputados el 9 de diciembre de ese mismo año, en las que las mujeres no podían votar.

El derecho al voto fue una conquista de las propias mujeres que, mientras luchaban por el sufragio femenino, fueron avanzando en otros derechos. Fue Clara Campoamor quien peleó en solitario como mujer parlamentaria y contra su propio partido. La vivencia de lo que fue un gran debate en el parlamento con otras mujeres diputadas, fue recogida por Campoamor en su libro "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo".

En las elecciones de junio de 1931 fueron elegidas dos mujeres diputadas de un total de 465 diputados: Clara Campoamor (Partido Radical) y Victoria Kent (Izquierda Republicana). En el mes de diciembre ingresó a las Cortes Margarita Nelken (Partido Socialista).

Pero de las tres, sobresalió una solitaria aunque vigorosa voz, defensora de los derechos de la mujer y del sufragio femenino: Clara Campoamor (Madrid 1988- Lausanne 1973), costurera, empleada de telégrafos, abogada (interesada por la situación jurídica de las mujeres) y periodista. Fundadora de la Unión Republicana Femenina en 1931, una organización sufragista que planteaba “la defensa y protección de los derechos políticos, jurídicos y sociales de la mujer” (Mary Nash, 2014).

Como diputada radical y miembro de la comisión parlamentaria, debatió contra el proyecto presentado por una comisión parlamentaria, presidida por el abogado socialista Luis Jiménez de Asúa. En dicho proyecto del 27 de agosto de 1931, respecto al sufragio femenino decía: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: el nacimiento, la clase social, la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas. Se reconoce en principio la igualdad de derechos de los dos sexos.”

Campoamor protestó porque sólo se reconociese “en principio” la igualdad de derechos. Y tras una dura batalla en solitario, en contra de su propio partido, consiguió finalmente que se incorporara la enmienda siguiente: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones o títulos nobiliarios (art. 25).

Pero el debate no quedó entre enmiendas jurídicas. Lo que se estaba cuestionando era todo un sistema de valores ideológicos y políticos sobre el rol social de la mujer, muchos de ellos sostenidos con argumentos biológicos y esencialistas arraigados durante siglos.

Así lo planteó uno de los representantes parlamentarios, el doctor Novoa Santos de la Federación Republicana Gallega, quien hablaba de la incapacidad natural femenina y del ’histerismo’ como componente esencial de su carácter: “El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer” (Nash, 1995). Motivo por el cual la mujer, dominada por los sentimientos y no por la razón y el espíritu crítico, no estaría apta para ejercer el derecho a voto.

Otro de los argumentos más adoptados por todas las fuerzas parlamentarias, de carácter político, era que la mujer se encontraba influenciada por la Iglesia y por tanto su voto iba a ir a favor de las fuerzas de la derecha conservadora contrarias a la República. Fueron los republicanos de izquierda, radicales y radicales-socialistas los que más se opusieron.

Después de los debates en las Cortes, las mujeres de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), —una organización muy combativa para la época que defendía los derechos sociales y profesionales de las mujeres, contra la violencia de género, la Iglesia Católica y acabó luchando por el sufragio femenino—, se enfrentaron a los parlamentarios y distribuían panfletos exigiendo el sufragio femenino.

Mientras Campoamor defendía decididamente sufragio femenino, la abogada Victoria Kent (Partido Radical Socialista) se oponía argumentando que no era por la ’capacidad’ de la mujer, sino de oportunidad para la República y proponía aplazar el voto femenino para cuando las mujeres pudiesen valorar la necesidad de construir una República, diciendo: “Lo pido porque no es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer; no, señores diputados, no es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República. Si las mujeres españolas fuesen todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un período universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino”.

Lo mismo planteó la socialista Margarita Nelken, más tarde diputada por Badajoz, quien justificó el aplazamiento del voto femenino en su libro “La mujer ante las Cortes Constituyentes”, publicado en 1931, en el que planteaba que las mujeres no estaban preparadas para votar al estar influenciadas por fuerzas conservadoras y eclesiásticas.

Campoamor, en solitario, respondía que la mujer había demostrado sentido de la responsabilidad social, que sólo aquellos que creyesen que las mujeres no eran seres humanos podían negarles la igualdad de derechos con los hombres. Así respondía a Kent: “Al hablar de las mujeres obreras y universitarias ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a otra? ¿No sufren éstas como las otras las consecuencias de la legislación? ¿No recae sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad?”.

También advirtió a los diputados de las consecuencias de defraudar las esperanzas que las mujeres habían puesto en la República. Así se enfrentó a las mujeres parlamentarias y a su propio partido: “Yo, señores diputados, me siento ciudadana antes que mujer y considero que sería un error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros… No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias.”

Finalmente, fue aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra, el artículo 34º que establecía la equiparación de derechos electorales para los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años.

Por primera vez en la historia de España las mujeres habían logrado el derecho al sufragio femenino. También otros derechos como el del divorcio o el artículo 40 sobre la contra discriminación en puestos oficiales. El artículo 46 declaraba que regularía los casos de seguro de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar, etc.

Sin embargo, estos avances fueron efímeros. Después de la derrota la de revolución española y el nuevo Estado Franquista impuesto el 1 de abril de 1939 se retrocedería a siglos pasados en cuanto a los derechos de la mujer.