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sábado, 11 de abril de 2020

#libros #saludpublica | ¡Pandemia! COVID-19 sacude el mundo

¡Pandemia! COVID-19 sacude el mundo / Slavoj Zizek ; traducción de So on in spanish.
[Pandemic!: COVID-19 Shakes the World. Español]
[S.l.] : So on in spanish, 2020 [04-11].

/ ES / EN* / ENS / Crisis económicas / Crisis sociales / Enfermedades infecciosas / Política / Salud pública
🔓 Ed. digital: Open Access / Dialektika
https://dialektika.org/2020/04/11/pandemic-covid-19-shakes-the-world-slavoj-zizek/

A medida que una pandemia mundial sin precedentes barre el planeta, ¿quién mejor que el filósofo esloveno, Slavoj Žižek para descubrir sus significados más profundos, maravillarse de sus paradojas alucinantes y especular sobre la profundidad de sus consecuencias, todo ello de una manera que le hará sudar profusamente y jadear para respirar? Vivimos en un momento en el que el mayor acto de amor es mantenerse alejado del objeto de su afecto. Cuando los gobiernos famosos por sus despiadados recortes en el gasto público pueden conjurar de repente billones. Cuando el papel higiénico se convierte en una mercancía tan preciosa como los diamantes. Y cuando, de acuerdo con Žižek, una nueva forma de comunismo puede ser la única manera de evitar el descenso a la barbarie global. Escrito con su acostumbrado brío y su amor por las analogías en la cultura popular (Quentin Tarantino y H.G. Wells se sientan junto a Hegel y Marx en estas páginas), Žižek proporciona una instantánea concisa y provocativa de la crisis a medida que se amplía, englobándonos a todos.

miércoles, 25 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica | Zizek cree que la solución al Covid-19 es el comunismo: publica un libro sobre la pandemia

Imagen: El Español / Slavoj Zizek
Zizek cree que la solución al Covid-19 es el comunismo: publica un libro sobre la pandemia.
El célebre filósofo apunta a que el Covid-19 es "un golpe de Kill Bill al capitalismo" y que la solución es fundar un nuevo comunismo apoyado en la solidaridad y la ciencia.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2020-03-25
https://www.elespanol.com/cultura/20200325/zizek-solucion-covid-19-comunismo-publica-libro-pandemia/477452876_0.html

El filósofo, sociólogo y agitador cultural Slavoj Zizek lo tiene claro: la respuesta al Covid-19 es el comunismo. Así lo detalla en su nuevo ensayo-exprés '¡Pandemia! El Covid-19' sacude al mundo: en este libro, recién lanzado, apunta que este virus ha puesto en evidencia que ya vivíamos con otro virus dentro, metido en los huesos, normalizado en todas nuestras estructuras vitales. El capitalismo. Señala que, mientras miles de personas mueren en todo el mundo a causa de esta infección, lo que sigue quitando el sueño a los grandes empresarios y estadistas es cómo afectará esta situación a la economía (ya saben: conceptos como "recesión" o "falta del crecimiento del PIB").

Siente el filósofo que esta confusión se basa en que la economía se sustenta en el consumo y en la obsesión por lo material. Pide que, aprovechando esta crisis, nos libremos de la "tiranía del mercado". Que reinventemos nuestro propio mundo. Recuerda que vivimos en un momento en el que "el mayor acto de amor es mantenerse alejado del objeto de su afecto". En un momento en el que los gobiernos demuestran que de repente pueden generar miles de millones, a pesar de haber sido "conocidos por sus despiadados recortes en el gasto público". En un momento en el que "el papel higiénico se convierte en una mercancía tan preciosa como los diamantes".

Un nuevo comunismo
¿La respuesta? De nuevo, una nueva forma de comunismo que evite un descenso a la barbarie global. Zizek lo vende, como siempre, con su provocación innata y con sus guiños a la cultura popular, de Quentin Tarantino a HG Wells pasando por Hegel y Marx. En fin: sus cosas. Cuenta que el coronavirus es un golpe "a lo Kill Bill" al sistema capitalista que está sacando a la luz la basura que guardábamos debajo de la alfombra: la histeria colectiva, las noticias falsas, la conspiranoia y el racismo.

“La bien fundamentada necesidad médica de establecer aislamientos ha hecho eco en las presiones ideológicas para establecer límites claros y mantener en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza a nuestra identidad. Pero tal vez otro -y más beneficioso- virus ideológico se expandirá y tal vez nos infecte: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá de la nación-Estado, una sociedad que se actualice con solidaridad global y cooperación", ha escrito en un artículo sobre la misma cuestión.

Ha detallado Zizek que "han resonado especulaciones que apuntan a la caída del comunismo en China, de la misma forma que Gorbachov dijo que la tragedia de Chernobyl llevó al fin del comunismo soviétivo", pero que la paradoja es la siguiente: "El coronavirus también nos obliga a reinventar el comunismo basándonos en la confianza en las personas y la ciencia”.

Indica que, cuando salgamos de ésta, no seremos tan alegres con los parques, los baños públicos o las barandillas. Ni siquiera nos tocaremos del mismo modo la boca o los ojos a nosotros mismos: "No son sólo el Estado y sus agentes quienes nos controlarán, también debemos aprender a controlarnos y disciplinarnos a nosotros mismos. Tal vez sólo la realidad virtual se considere segura, y moverse libremente en espacios abiertos será limitado a islas pertenecientes a los ultraricos”.

No existen los liberales
Algo bueno tendrá todo esto, señala: la muerte de los cruceros -ese "lujo obsceno"- y la debilitación en la producción de automóviles -lo que nos llevará, dice, a buscar vías alternativas de movilización, posiblemente más sanas para el planeta-.

“En un reciente discurso, el primer ministro húngaro Viktor Orban dijo: ‘No existe el ser un 'liberal'. Un liberal no es más que un comunista con un diploma’. ¿Qué pasa si lo contrario fuese cierto? ¿Y si consideramos ‘liberales’ a todos los que se preocupan por nuestra libertad y 'comunistas’ a todos los que consideran que podemos salvar esas libertades sólo con cambios radicales desde que el capitalismo global se acerca a una crisis?", lanza en su artículo.

"Entonces deberíamos decir que, hoy, aquellos que aún se reconocen como comunistas son liberales con diploma, liberales que realmente estudiaron por qué nuestros valores liberales están bajo amenaza y se dieron cuenta que sólo el cambio radical los puede salvar”, concluye Zizek.

viernes, 20 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #crisissociales | Un golpe tipo ‘Kill Bill’ al capitalismo

Imagen: ctxt / Fotograma de 'Kill Bill: Volumen 2'
Un golpe tipo ‘Kill Bill’ al capitalismo.
La epidemia de coronavirus es una especie de “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al sistema capitalista global. Una señal de que no podemos seguir por el camino que estábamos recorriendo.
Slavoj Žižek | ctxt, 2020-03-20
https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31443/Slavoj-Zizek-coronavirus-virus-sistema-Orban-comunismo-liberalismo.htm

La actual propagación de la epidemia de coronavirus ha desencadenado a su vez vastas epidemias de virus ideológicos que yacían latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspiratorias paranoicas, explosiones de racismo, etc.

La necesidad de cuarentenas, bien fundamentada médicamente, ha encontrado un eco en la presión ideológica para establecer fronteras definidas y poner en cuarentena a enemigos que supongan una amenaza para nuestra identidad.
Pero quizá otro virus ideológico, mucho más beneficioso, se extenderá y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado nación, una sociedad que se actualice a sí misma en la forma de la solidaridad y la cooperación global.

Se suele oír hoy la especulación de que el coronavirus puede dar lugar a la caída del gobierno comunista chino, de la misma manera que (como el mismo Gorbachov admitió) la catástrofe de Chernóbil fue el evento que desencadenó el fin del comunismo soviético. Pero hay una paradoja en esto, el coronavirus también nos obliga a reinventar el comunismo basándonos en la confianza en la gente y la ciencia.

En la escena final de ‘Kill Bill: Volumen 2’, de Quentin Tarantino, Beatrix derrota al malvado Bill y le asesta la “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón”, el golpe más mortífero de todas las artes marciales. El movimiento consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos en cinco lugares distintos del cuerpo del enemigo. Cuando el herido retrocede y da cinco pasos, su corazón explota dentro de su cuerpo y este cae irremisiblemente muerto al suelo.

Este ataque es parte de la mitología de las artes marciales, y evidentemente imposible de realizar en el combate real cuerpo a cuerpo. Pero, en la película, después de que Beatrix lo ejecute, Bill hace las paces calmadamente con ella, da cinco pasos y muere...

Lo que hace que este ataque sea tan fascinante es el tiempo que pasa entre el momento del golpe y el momento de la muerte. Puedo mantener una conversación con normalidad mientras me quede tranquilamente sentado, pero en todo momento soy consciente de que en el instante en que empiece a caminar, mi corazón explotará y yo moriré.

¿No es parecida la idea de aquellos que especulan sobre cómo el coronavirus puede suponer la caída del gobierno comunista chino? Como si fuera alguna clase de “técnica (social) de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al régimen comunista del país; las autoridades pueden sentarse, observar y tramitar formalidades como las cuarentenas, pero cualquier cambio real en el orden social (como confiar en la gente) resultará en su ruina.

Mi modesta opinión es mucho más radical. La epidemia de coronavirus es una especie de “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al sistema capitalista global. Una señal de que no podemos continuar por el camino que estábamos recorriendo hasta ahora, de que un cambio radical es necesario.

Triste realidad: necesitamos una catástrofe
Hace años, Fredric Jameson llamó la atención sobre el potencial utópico de las películas sobre catástrofes cósmicas (un meteorito que amenaza la vida en la Tierra o un virus acabando con la humanidad). Semejantes amenazas globales dan lugar a su vez a una solidaridad global, pues nuestras pequeñas diferencias se vuelven insignificantes y todos trabajamos juntos para encontrar una solución. Y aquí estamos, en la vida real. La cuestión no está en disfrutar sádicamente la expansión del sufrimiento en tanto sirve a nuestra causa, por el contrario, la cuestión es reflexionar sobre el triste hecho de que necesitemos una catástrofe para ser capaces de repensar las características básicas de la sociedad en la que vivimos.

El primer modelo, vago aun, de semejante coordinación global es la Organización Mundial de la Salud; de la cual no estamos recibiendo las típicas sandeces burocráticas, sino advertencias precisas anunciadas sin pánico. Organizaciones como esta deberían tener más poder ejecutivo.

Los escépticos han ridiculizado a Bernie Sanders por su defensa de la cobertura universal de la sanidad pública en EE.UU., pero ¿no nos enseña el coronavirus la lección de que necesitamos incluso más que esto?, ¿de que deberíamos empezar a crear alguna clase de red de sanidad pública GLOBAL?

Un día después de que Iraj Harirchi, viceministro de salud en Irán, diera una rueda de prensa restándole importancia al coronavirus y asegurando que las cuarentenas masivas no eran necesarias, hizo una breve declaración en la que informaba de que él mismo tenía el coronavirus y que iba a aislarse una temporada (ya desde su anterior aparición en televisión había dado muestras de fiebre y debilidad). Harirchi añadió: “Este virus es democrático, y no distingue entre pobres y ricos, entre hombres de Estado y ciudadanos corrientes”.

En esto tenía razón, estamos todos en el mismo barco. Es difícil no darse cuenta de la tremenda ironía de que aquello que nos empuja a unirnos y a abogar por la solidaridad global se manifiesta en el día a día a través de estrictos mandatos de evitar la cercanía y el contacto o incluso del autoaislamiento.

Y no solo estamos lidiando con amenazas virales, podemos ver en el horizonte toda otra clase de catástrofes que se avecinan, o que directamente ya están ocurriendo: sequías, olas de calor, tormentas masivas, etc. En todos estos casos, la respuesta adecuada no es el pánico, sino la acción urgente de establecer alguna clase de coordinación global y eficiente.

¿Solo estaremos seguros en la realidad virtual?
El primer espejismo que hay que despejar es aquél formulado por el presidente de los EE.UU., Donald Trump, durante su reciente visita a la India, donde dijo que la epidemia decrecerá rápidamente y que no tenemos más que esperar al pico de contagios y luego la vida volverá a la normalidad.

Contra semejantes esperanzas de una fácil solución, lo primero que debemos aceptar es que la amenaza está aquí para quedarse. Incluso si esta ola retrocede, reaparecerá bajo nuevas formas, quizá aún más peligrosas.

Por esta razón, podemos esperar que las epidemias de virus afectarán a nuestras interacciones más elementales con la gente y los objetos que nos rodean, incluyendo nuestros propios cuerpos: evitar tocar cosas que pueden estar (invisiblemente) contaminadas, no apoyarse en pasamanos, no sentarse en baños o bancos públicos, evitar abrazar o dar la mano a la gente. Quizá incluso nos volvamos más cuidadosos de nuestros gestos espontáneos: no tocarse la nariz o frotarse los ojos.

Así que no se trata solamente de que nos controle el Estado u otras instituciones similares, debemos también aprender a controlarnos y a disciplinarnos nosotros mismos. Quizá solo llegue a considerarse segura la realidad virtual, y moverse libremente al aire libre esté únicamente permitido en las islas poseídas por los ultrarricos.

Pero incluso aquí, en el nivel de internet y la realidad virtual, debemos ser conscientes de que, en las últimas décadas, los términos ‘virus’ y ‘viral’ han sido principalmente usados para hacer referencia a amenazas digitales que infectan la red y de las cuales no somos conscientes hasta que se desencadena su poder destructivo (el poder de destruir nuestros datos y nuestros discos duros). Lo que ahora vemos es un regreso masivo al significado original y literal del término virus. Las infecciones virales actúan codo con codo en ambas dimensiones, real y virtual.

El regreso del animismo capitalista
Otro extraño fenómeno que puede observarse en esta situación es el regreso triunfante del animismo capitalista, esto es, el tratar fenómenos sociales, como mercados o capital financiero, como si de organismos vivientes se tratase. Si se leen los grandes medios de comunicación, la impresión que se tiene es la de que lo que debería preocuparnos son los “mercados poniéndose nerviosos” y no los miles de personas que han muerto y los miles que aún quedan por morir. El coronavirus está quebrantando cada vez más el funcionamiento fluido del mercado mundial, y, según dicen, el crecimiento económico caerá alrededor de un dos o un tres por ciento.

¿Acaso no es todo esto una clara señal de que necesitamos una reorganización de la economía global para que deje de estar a merced de los mecanismos del mercado? Por supuesto, no estamos hablando aquí de comunismo de viejo cuño, sino simplemente de alguna clase de organización global que pueda regular y controlar la economía, así como limitar la soberanía de los Estados nación cuando sea necesario. En otros momentos los países han sido capaces de hacerlo frente a la amenaza de la guerra, y ahora todos nosotros nos estamos encaminando hacia un estado de guerra médica.

Además, no deberíamos tener miedo en reconocer en la epidemia algunos efectos secundarios potencialmente beneficiosos. Uno de los símbolos de la epidemia son las imágenes de pasajeros atrapados (en cuarentena) en enormes cruceros, lo cual me tienta a decir que se trata del fin de la obscenidad de semejantes barcos. Simplemente debemos tener cuidado de que desplazarse a islas lejanas o a otros lugares de vacaciones no se convierta de nuevo en el privilegio de unos pocos ricos, como pasaba hace décadas con viajar en avión. El coronavirus ha afectado seriamente también a la producción de coches, lo cual no es tan malo, en la medida en que puede inducirnos a reflexionar sobre alternativas a nuestra obsesión por los vehículos individuales. Y la lista sigue y sigue.

En un discurso reciente, el primer ministro húngaro Viktor Orban ha dicho: “No existe tal cosa como un liberal. Un liberal no es más que un comunista con un diploma”.

¿Y si la realidad fuera al revés? ¿Y si llamásemos “liberales” a aquellos que se preocupan por nuestras libertades, y “comunistas” a aquellos que saben que solo podremos salvar tales libertades a través de cambios radicales en un capitalismo global que se aproxima a su propio colapso? Entonces deberíamos decir que aquellos que se reconocen a sí mismos como comunistas son liberales con un diploma, liberales que han estudiado seriamente por qué nuestros valores liberales están bajo amenaza y que se han dado cuenta de que solamente un cambio radical puede salvarlos.

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Este artículo se publicó originalmente en inglés en RT.
Traducción de Marco Silvano.