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miércoles, 6 de febrero de 2019

#hemeroteca #vih | Héctor Adell Lorente, de Stop Sida: "Lo ideal sería quitarnos de una vez el miedo al VIH"

Imagen: El Diario / Héctor Adell Lorente
Héctor Adell Lorente, de Stop Sida: "Lo ideal sería quitarnos de una vez el miedo al VIH".
Atendemos a personas con VIH, trabajadoras/es del sexo, mujeres trans, personas que vienen por el programa de inserción sociolaboral y, por otra parte, ofrecemos atención psicológica para gente que practica ‘chemsex’. Sobre el ‘chemsex’, también puede evolucionar, por ejemplo, hacia el consumo de tina: otra sustancia que es bastante placentera, adictiva y la protagonista de esta práctica.
S. Matamala (aka Eduardo Espín) | El Diario, 2019-02-06
https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-genero/Hector-Lorente-Stop-Sida-VIH_6_865173481.html

Héctor Adell Lorente es técnico de Stop Sida. Héctor estaba con gripe, pero no le importó recibirme con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Nuestro contacto ha sido siempre desde el ocio y la distensión, pero pensé que tocaba ponernos serias y hacer una especie de debate intenso 'Foucault vs Noam Chomsky'.

Por fortuna para nosotras y para vosotras, querides lectores, esto no llegó a pasar nunca. Siempre en clave de cuidados y con una cercanía propia de quien habla desde el conocimiento y el respeto, Héctor pone los puntos sobre las íes en una cuestión sobre la que más que certezas, tenemos incertidumbres.

P. Vamos a presentarte al mundo. ¿Quién eres y a qué te dedicas?

R. Soy Héctor Adell Lorente.Tengo 27 años, original de Vinaroz, un pueblecito de Castellón. Soy filósofo, educador en Derechos Humanos y sexuales LGTBIQ, además de activista transmaricabollo. Actualmente trabajo en el área de Stop Sida como técnico para facilitar el acceso sanitario a personas con VIH, en especial, a inmigrantes que no tienen acceso al tratamiento.

P. Sobre StopSida, cuéntame un poquillo qué hacéis por aquí. Por ejemplo, ¿cuántas personas atendéis normalmente?

R. Pues mira, por un lado, hacemos la prueba rápida de VIH, sífilis y/o otras ITS (Infecciones de Transmisión Sexual). Habrán sido, a ojo, como unas dos mil en este último año. También atendemos a personas con VIH, trabajadoras/es del sexo, mujeres trans, personas que vienen por el programa de inserción sociolaboral y, por otra parte, ofrecemos atención psicológica para gente que practica 'chemsex'.

Por cierto, Edu, quería aclarar también que antes me hablabas de VIH/SIDA. Conviene separar términos ya que el SIDA es la última fase de la enfermedad, donde tu cuerpo comienza a fallar.

Lo digo porque trabajamos con personas que están bajo tratamiento para el VIH que presentan unos niveles virales tan bajos que son intransmisibles, es decir, que no pueden infectar a otros. No es necesario estar diciéndole continuamente a alguien que tiene VIH/SIDA... Sería como estar continuamente diciéndole a alguien ‘VIH/tu muerte’. Al igual que se evitan las palabras de contagio ya que, al estar bajo tratamiento, no proceden.

P. ¿Entonces qué es?

R. Infecciones. El VIH sin tratamiento se infecta o se transmite, y un contagio es mucho más fácil. Por ejemplo, la gripe que yo tengo te la puedo contagiar por el aire. La infección se contagia a través de un fluido como el semen, sangre, fluido vaginal o leche materna al entrar por mucosas como la vagina, el pene o el ano.

P. Se comenta que ha aumentado el número de prácticas de riesgo como follar a pelo o ‘barebacking’ y se observa un incremento en el uso de drogas en el sexo o ‘chemsex’ - incluso están surgiendo noticias un poco preocupantes en relación al mismo. ¿Tú crees, personalmente, que se ha perdido el miedo al VIH?


R. Creo que lo ideal sería quitarnos de una vez el miedo al VIH. Perder el terror al VIH significa perder el miedo a las personas que tienen VIH. Hablar de VIH sin miedo es el primer paso para amar a las personas con VIH.

No es que se haya perdido el miedo al VIH, es que subyace un desconocimiento respecto a que esas prácticas puedan transmitir el virus o no. La gente siempre me dice que hay mucha información, pero cuando hablo con ellos veo que su información es errónea. Por ejemplo, mucha gente considera práctica de riesgo correrse en la boca y, de hecho, es de las prácticas con menos riesgo que hay. Pensamos que por no haber preservativo la práctica se convierte en arriesgada. Hay un riesgo teórico porque la saliva tiene una enzima que destruye al VIH en la boca...

P. (Interrumpo) ¿Y el semen?

R. Una estrategia, no te lo quedes. Escúpelo o trágatelo porque si te lo tragas va al estómago y es eliminado ahí y no está directamente en contacto con el torrente sanguíneo. Lo que no hay que hacer es volvernos locas y vomitar, ya que eso causa heridas y eso sí que es una vía de acceso a la sangre.

P. El ‘bareback’ y el ‘chemsex’ parece que son un tema nuevo, pero ¿no será que es una realidad que siempre ha estado?

R. Es una pregunta interesante porque las cosas siempre están, pero cómo las asumimos es otra cosa. Sobre el ‘chemsex’, teniendo en cuenta la época de la heroína que era lo puto peor, también puede evolucionar, por ejemplo, hacia el consumo de tina: otra sustancia que es bastante placentera, adictiva y la protagonista de esta práctica.

Otra cosa que no se tiene muy clara es la diferenciación entre 'chemsex' y echar un polvo con drogas. Ahora yo te pregunto ¿has follado drogado?

P. ¿Yo? Puede ser

R. Mejor. ¿Alguna vez has follado un poquito borracho? Has follado con drogas. ¿Alguna vez has follado con un porrito? Has follado con drogas. Quiero decir que no todos los actos sexuales con drogas son 'chemsex', ni siquiera con cocaína. ¿Mis padres hicieron ‘chemsex’ al tener a mi hermano porque estaban borrachos? Desde luego que no.

P. Vamos a hablar de PrEP ¿Crees que la aparición de la PrEP supone el fin de la transmisión de VIH y su futura desaparición?

R. No, definitivamente no. Te explico, no creo que ninguna herramienta, como el PrEP, acabe con el VIH porque las herramientas las llevan las personas, y mientras no tengamos las personas información, sensibilización y educación para tomar las decisiones que queramos tomar, no vamos a acabar con el VIH.

P. ¿Crees que los avances en medicina relacionados con el tratamiento y prevención del VIH van por buen camino?

R. Si te soy sincera no leo divulgación científica sobre el VIH porque mi trabajo es desde el acompañamiento y la biografía de las personas: las suyas, las mías, las de todas, las de todes, cómo podemos vivir con calidad, con dignidad, entender que somos personas deseantes y no cuerpos enfermos, que no tengamos que sentir culpa y sobre todo no tener que escuchar a Mario Vaquerizo y Alaska diciendo que quien tiene VIH es su responsabilidad.

Si una cura hace que una persona no tenga que estar en tratamiento y eso significa que no llega a fase SIDA, perfecto, lo aplaudo. Como eso no existe, dar esperanza desde ahí no me parece, yo estoy en el aquí y en el ahora.

viernes, 17 de noviembre de 2017

#hemeroteca #chemsex | Chemsex: Sexo de alto riesgo

Imagen: La Vanguardia
Chemsex: Sexo de alto riesgo.
Preocupación en los hospitales por el aumento de encuentros de 24 horas seguidas entre hombres con cócteles de drogas.
Ana Macpherson | La Vanguardia, 2017-11-17
http://www.lavanguardia.com/vida/salud/20171117/432933660490/chemsex-sexo-drogas-vih.html

El uso de drogas para tener mejor sexo o para atreverse a tenerlo es un clásico de la humanidad, pero en las grandes ciudades y entre hombres que tienen sexo con hombres adquiere actualmente talla de problema de salud pública, reconocido como tal en Barcelona y Madrid, porque las consecuencias empiezan a ser visibles en consultas de hospital e incluso en urgencias. Este año en el Clínic, por ejemplo, han atendido en ­urgencias casos “con depresión del sistema nervioso central, pérdida de conciencia, algunos necesitaron ser intubados. Y dos personas murieron”, relata José Luis Blanco, médico de la unidad de VIH del hospital. “Y en la consulta de VIH, el 40% practica chemsex y en la de infecciones de trans­misión sexual, entre el 55% y el 60%”. Así que es ya un problema de salud pública de grandes urbes por los múltiples efectos de las drogas, por la natural multiplicación de contagios y por lo que se deja de hacer al perder la sensación de que hay algún riesgo.

Esta práctica de grandes sesiones de sexo en fiestas privadas o en saunas, que pueden convocar a un número elevado de participantes con una simple aplicación del móvil y que se prolongan e intensifican gracias al uso de múltiples drogas a buen precio y fácilmente disponibles tiende a crecer. Nadie se atreve a asegurar cuán grande es el fenómeno, pero para Stop Sida, entidad dedicada a la prevención del VIH, entre el 10% y el 20% de los hombres que tienen sexo con hombres participa de él.

Al margen de cuántos, en Stop Sida decidieron realizar un estudio cualitativo, analizar en profundidad cómo es el fenómeno explicado por sus propios usuarios y lo han hecho con un grupo de personas que atendieron en su servicios de apoyo psicológico y social a lo largo de dos años. Es el primer perfil local que se hace del chemsex y sus autores, que han contado con el apoyo de la Agència de Salut Pública de Catalunya, creen que es importante conocer la realidad propia para proporcionar asistencia y prevenir con eficacia “y no limitarse a hablar de oídas de lo que pasa en otros países”.

Las personas que en Barcelona practican chemsex tienen mayoritariamente entre 30 y 40 años, estudios universitarios, principalmente españoles y, entre los extranjeros, sobre todo, de países latinoamericanos. Para las sesiones utilizan una amplia variedad de sustancias, siempre dos o más cada vez, y las que más abundan son la metanfetamina, la GHB, cocaína, viagra y popper. La de mayor impacto y probablemente la que más acrecienta el fenómeno es la extensión de la tina, la metanfetamina, que sustituye a menudo el uso clásico de la cocaína, porque resulta más barata y accesible. Pero que es también la más peligrosa, porque provoca más rápidamente adicción, inhibe el sueño y el cansancio, lo que facilita la celebración de maratones sexuales. Los autores del estudio consideran que esa droga supone un punto de inflexión en el crecimiento del fenómeno, prácticamente exclusivo del mundo gay, donde también clásicamente hay una mayor desinhibición a la hora de usar drogas.

Lo más frecuente, según se refleja en el estudio de Stop Sida, es que las maratones de sexo duren 24 horas, seguidas de las que duran 48, todo el fin de semana. Y cada semana. Las sesiones no solo se celebran en fiestas privadas a las que se suman participantes convocados vía aplicación de móvil, o en saunas abiertas 24 horas. “También hay chemsex individual y cibersexo mientras se consumen drogas, uno a uno o en grupo”, explica Percy Fernández Dávila, responsable de investigación de la entidad. En todo caso, se trata de sexo mayoritariamente sin condón, con un 65% de personas con VIH y con infecciones de transmisión sexual en 2 de cada 3 y hasta un 17% de casos con hepatitis C en el último año. Y según el estudio, cuando se les pregunta a los usuarios por el nivel de satisfacción que logran, el 42 por ciento admite que sólo les satisface “a veces”.

La percepción de peligro no pesa mucho entre los usuarios del chemsex, pero sí hay un reconocimiento de que da problemas: no se presentan en el trabajo, pierden amigos y hasta la pareja (la mayoría tiene pareja) porque se les pasó ir a casa o que habían quedado, la vida se vuelve muy revuelta; o directamente detectan efectos de las drogas en su ­salud.

Las motivaciones para acudir a esta forma de relacionarse sexualmente, además de para mejorar la experiencia sexual propiamente dicha, incluyen colmar otras muchas necesidades psicosociales: personas que no se atreven a tener relaciones con el mismo sexo o realizar determinadas prácticas si no es mediante drogas; jóvenes sin redes sociales y que de esta forma encuentran o creen encontrar un grupo; historias de malos tratos en la adolescencia; dificultades para implicarse emocionalmente...

“La frecuencia nos preocupa y va en crescendo”, apunta el especialista del Clínic. Pero ni los expertos en drogas, ni los especialistas en salud mental ni los dedicados al VIH consiguen abordar correctamente el problema. Se sabe poco y no es sólo un problema de drogas. Ni sólo de sexo. Por eso abrirán una consulta específica para ofrecer asistencia más adecuada.

“Estamos a tiempo de poder actuar”, señala Percy Fernández Dávila. “Si la tina salta a la sociedad en general será catastrófico. Ahora aún está concentrada”, advierte. El Ayuntamiento de Barcelona estudia crear un circuito de atención en el que participarán los hospitales y algún centro de seguimiento de drogas, como el de Sants. “La gran mayoría de los encuestados no sabía adónde acudir para pedir asesoramiento o ayuda”, detallan los autores del estudio.

jueves, 16 de noviembre de 2017

#hemeroteca #chemsex | Radiografía del usuario de las ‘chemsex’

Imagen: El País / Fotograma de 'Chemsex', 2015
Radiografía del usuario de las ‘chemsex’.
Un estudio de Stop Sida revela que los participantes aducen motivos diversos para participar en estas fiestas sexuales, desde aumentar el placer o desinhibirse, hasta buscar intimidad emocional o lidiar con momentos complicados de su vida personal.
Jessica Mouzo Quintáns | El País, 2017-11-16
https://elpais.com/ccaa/2017/11/15/catalunya/1510779431_805182.html

La comunidad científica ha empezado a poner el foco en las llamadas chemsex —sexo químico, en inglés—, como así se conocen las reuniones donde los participantes consumen varios tipos de drogas de forma intencionada para mantener relaciones sexuales entre ellos durante un largo período de tiempo. Esta fenómeno, acotado casi en exclusiva a una parte minoritaria del colectivo gay, ya es considerado un problema de salud pública por los riesgos que conlleva: en algunos casos puede generar adicción a determinadas sustancias tóxicas, desenvolver problemas de salud mental e incluso, según un estudio del centro comunitario BCN Checkpoint, puede triplicar el riesgo de infección por VIH —por la reducción de la percepción del riesgo al estar bajo los efectos de las drogas—. Sin embargo, poco saben todavía los expertos acerca de las dinámicas de estas prácticas. La organización Stop Sida se ha propuesto conocer, en primera persona, a los protagonistas de estas sesiones sexuales y ha realizado un estudio cualitativo con entrevistas a 26 usuarios. El resultado: un perfil heterogéneo, policonsumidor, con motivaciones diversas y alta percepción del riesgo.

Los usuarios entrevistados tenían entre 23 y 55 años y el 80% tenían estudios de formación profesional o superiores. El 46% eran personas que convivían con una infección por VIH. Percy Fernández Dávila, investigador de Stop Sida, explica, no obstante, que el perfil de participante en las chemsex es muy heterogéneo.

Aunque al principio las chemsex se vinculaban al uso de tres tipos de drogas concretas (GHB, mefedrona y metanfetamina) en contextos sexuales, el estudio de Stop Sida sostiene que el tipo de sustancias consumidas es muy amplio. Además de estas tres, las más frecuentes reportadas fueron la cocaína, el éxtasis, la ketamina e incluso la viagra. "La aparición de la metanfetamina supuso un punto de inflexión en el consumo de drogas entre hombres que tienen sexo con hombres en Barcelona", sostiene el investigador de Stop Sida. De hecho, alerta, muchos de los entrevistados aseguraron que desconocían lo que era la metanfetamina cuando la probaron por primera vez. "En Estados Unidos ya es un grave problema de Salud pública en todos los colectivos. Está considerada la droga más peligrosa del mundo por su poder adictivo", señala Fernández Dávila. Esta sustancia quita el sueño, el cansancio físico y la sensación de hambre y aumenta el apetito sexual.

Los motivos expuestos por los usuarios son muy variados: diversidad de formas de experimentar el sexo, búsqueda de intimidad emocional, socializar y hacer amigos, tener acceso a drogas... En esas prácticas, reconocieron los entrevistados del estudio, "se consumen todas las drogas que están disponibles y pueden durar entre cinco horas y varios días". El informe recoge, sin embargo, que "a través del sexo se expresan muchas necesidades no sexuales". Y agrega: "Varias motivaciones para hacer chemsex y asistir a los espacios donde se practica pueden estar relacionadas con la búsqueda de colmar ciertas necesidades psicosociales". De hecho, las rupturas sentimentales suelen aparecer como parte fundamental del relato de los entrevistados cuando hablan de cómo se acercaron al consumo de drogas.

Temor al consumo problemático de drogas
Pese a los riesgos que genera, ni mucho menos la práctica del chemsex resulta problemática para todos los usuarios. Solo hay una parte de los participantes que manifiestan un consumo problemático de sustancias para tener sexo o problemas de salud mental asociados. En este sentido, algunos de los entrevistados reconocieron sufrir síntomas de ansiedad, dependencia emocional o estado de ánimo depresivo. Además, el 70% de los participantes en este estudio de Stop Sida reconocieron estar preocupados por su consumo o encontrarse en riesgo de comenzar a tener problemas con él.

Conscientes del riesgo de adicción o auge de ITS —el 85% de los entrevistados indicó no usar el condón nunca o de forma inconsistente— que puede implicar esta práctica, algunos hospitales catalanes ya han empezado a abordar este tema entre los pacientes susceptibles de practicar chemsex y entidades como BCN Checkpoint o Stop Sida han abierto consultas de atención psicosocial para atender los casos de consumo problemático.

Fernández Dávila sostiene que lo que más apremia, en términos de prevención, es formar e informar a los usuarios. "Quieren saber qué efectos tienen las drogas, qué pasa si mezclan sustancias...", sostiene el investigador de Stop Sida. Fernández Dávila apuesta también por programas de reducción de riesgos, mejorar la formación de los profesionales de la salud de la red de atención a drogodependencias y vigilar el impacto de esta práctica en los colectivos de riesgo.