jueves, 20 de abril de 2017

#hemeroteca #testimonios | Pierre Bergé: "Le Pen es incluso peor que Trump"

Imagen: El Mundo / Pierre Bergé
Pierre Bergé: "Le Pen es incluso peor que Trump".
Compartió su vida con Yves Saint Laurent, le ayudó a construir un imperio de la moda y se instaló en la jet parisina con sus ideas socialistas. Ahora ve con pavor tanto el ascenso de la ultraderecha como la confección de 'burkinis': "Los diseñadores de hoy no van por buen camino", alerta.
Regina Navarro / Léo-Paul Ridet | Papel, El Mundo, 2017-04-20
http://www.elmundo.es/papel/historias/2017/04/20/58f8e17446163f704d8b45c8.html

El despacho de Pierre Bergé está ubicado en la planta superior de la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent, en el exclusivo distrito XVI de París. Las vistas son privilegiadas, una especie de acuarela con el Sena de fondo peleando por alcanzar el horizonte. Dentro, la madera viste las paredes de un espacio salpicado por retazos de una vida. Sobre el escritorio preside, imponente, un retrato de Yves Saint Laurent pintado por su amigo Andy Warhol; enfrente, encima del sofá, hay un ‘picasso’. La mesa está cuajada de libros y en la chimenea ‘art nouveau’ se ven algunas fotos en blanco y negro, como si Bergé, a quien le gusta tenerlo todo controlado, las hubiera colocado de forma concienzuda.

Cuando llegó a París a finales de los 40, recién estrenada la mayoría de edad, Pierre Bergé (Saint Pierre d'Oléron, 1930) no tenía dinero, ni nadie a quien rendirle cuentas. Desde entonces ha sido marchante de arte, coleccionista y mecenas de la cultura; dirigió la casa de moda Yves Saint Laurent, decidió venderla y fue el punto de apoyo del diseñador durante 50 años; ha ayudado a financiar a candidatos políticos de izquierdas, es filántropo de la causa homosexual y uno de los principales accionistas del diario francés ‘Le Monde’. Ahora su fortuna se estima en más de 180 millones de euros y sigue sin tener a nadie a quien darle explicaciones.

A unos días de las elecciones francesas, se muestra desencantado con la política: su izquierda le ha decepcionado y la derecha... «No tengo nada que decir de François Fillon, no es asunto mío. No soy partidario de nada de lo que pasa en su partido. Yo soy más de izquierdas. Espero que Macron gane las elecciones».

- ¿Por qué?
- Porque me gusta, es joven, sólo tiene 39 años. Estoy bastante disgustado con el socialismo de hoy, por lo que creo que es el mejor candidato. Es la solución para Francia.

Su relación con el socialismo viene de lejos. Conocido de pintores, literatos y de la ‘jet’ parisina, entre sus amistades destacó François Mitterrand, presidente de 1981 a 1995. Con él compartía ideas, el gusto por la cultura y el amor por los libros. Juntos pasaban la Nochevieja y paseaban por el Sena en busca de tesoros con los que engordar sus bibliotecas. Eran amigos, muy buenos amigos. Y no, no tuvieron ninguna aventura. Porque Bergé solo ha tenido tres grandes relaciones -el pintor Bernard Buffet, Yves Saint Laurent y el paisajista Madison Cox-, aunque su «verdadero amor» fue el modisto. Con Mitterrand sólo hubo un intercambio de carácter intelectual y político, se entendían bien.

- Las encuestas ven a Macron como ganador en la segunda vuelta, pero Le Pen también tiene posibilidades...
- Si eso sucediera me mudaría inmediatamente a Marruecos. Desde mi punto de vista creo que ella es incluso peor que Donald Trump. Aunque hemos de reconocer que si gana sería culpa nuestra, significaría que gran parte de la población la apoya. Y los populismos, tanto de derechas como de izquierdas, son un desastre para la sociedad.

- ¿Piensa que los populismos ganan peso en Europa en detrimento de la socialdemocracia?
- Depende de qué clase de socialdemocracia. Yo soy socialdemócrata, pero ¿qué es Europa? ¿Es algo más que una simple unión comercial? Creo que acciones como el Brexit son un error. Con los Tratados de Roma del General Charles de Gaulle, Europa se concibió como un espacio de comercio, de compraventa y creo que Europa no es sólo eso. De Gaulle cometió muchos errores, pero el más grave de todos es que para crear esta unión, para sentir que se forma parte de algo, es necesario hablar la misma lengua. Es complicado crear los Estados Unidos de Europa si no se habla el mismo idioma.

Su voz suena autoritaria, cortante incluso. Sus frases breves, pero bien elegidas, son y han sido siempre carne de titular, igual que su fuerte temperamento. Lo fueron cuando, el pasado mes de abril, se pronunció sobre lo terrible que resultaba que las casas de moda diseñaran burkinis y «tomaran parte de la esclavización de las mujeres». O cuando se deshizo de su colección de arte, subastando piezas hasta obtener 373,9 millones de euros. Sí, hace falta carácter para convertirse en uno de los franceses más ricos e influyentes, defender aun así su convicción de socialista, hablar abiertamente de su homosexualidad y ser la eterna pareja de Yves Saint Laurent.

El sol entra de medio lado en su despacho. Cuando Bergé aparece, con el rostro apretado, dando indicaciones en francés sobre el lugar exacto que desea ocupar y saludando con cierta distancia, mientras uno de sus empleados empuja la silla de ruedas en la que se sienta, es complicado imaginarse a aquel hombre que ha hecho las grandes cosas de su vida por amor. «A mí no me gusta la moda. Me encanta Yves Saint Laurent, Chanel... pero no me gusta la moda en sí. Si estoy metido en todo esto es porque amaba a Yves», señala.

Eran los 60. Llevaban dos años viviendo juntos e Yves le pidió que crearan una casa de moda. Formaban el tándem perfecto. Él diseñaría mientras Bergé se encargaba de los negocios. Pero pronto llegaron «los años terribles», los que sumieron al modisto en una interminable vorágine de drogas y alcohol que lo llevaría, más de una vez, a clínicas donde recuperar algo de su espíritu, cada vez más deprimido y maltratado. Bergé, astuto, viendo que las recaídas eran cada vez más frecuentes, vendió la ‘maison’. La empresa ELF-Sanofi pagó por ella aproximadamente 200 millones de euros que engrosaron el patrimonio de la pareja.

Saint Laurent fue un genio incomprendido, un artista que democratizó la moda con la popularización del ‘prêt-a-portèr’, que empoderó el armario femenino dotándolo de trajes de chaqueta, esmoquin o saharianas. Amante de la mujer moderna y del arte -en 1965 creó un vestido en tributo a Mondrian y homenajeó a Picasso y a Braque en varias de sus colecciones-, se retiró, agotado, en 2002, dejando un vacío, como tantos otros. «Yves Saint Laurent sin Yves Saint Laurent, Chanel sin Chanel... ahora las casas de moda pueden hacer lo que quieran», apunta Bergé.

- ¿Hacia dónde va la moda en la actualidad?
- Los diseñadores de hoy en día no van por buen camino, cometen errores una y otra vez. Si pensamos en la moda de hoy ni si quiera pensamos en los diseñadores, sino en marcas, en grandes cadenas como Zara o H&M.

- ¿Cree que falta talento en el sector?
- Sí, hoy día ya no hay artistas, hay gente muy guapa que hace lo que puede para intentar ampliar el negocio.

- Habla de artistas y, sin embargo, en muchas ocasiones ha comentado que la moda en realidad no es arte.
- No, la moda no es un arte, pero necesita al arte y a los artistas para existir. Yves Saint Laurent era un artista y la firma, ahora, necesita otro, igual que Chanel.

Resulta llamativo que Bergé, cuando habla de moda, solo elogia el trabajo de su pareja y el de Chanel (la diseñadora le ofreció que dirigiera su empresa, pero él declinó su oferta). Sobre el resto camina de puntillas, como si apenas existiesen, como si no tuvieran la misma relevancia que los otros. En su libro ‘Cartas a Yves’, publicado en 2010 y en el que habla de su relación con el modisto, revela los motivos de esta especie de obsesión. «Me he preguntado muchas veces si sabías que tu mayor mérito fue abandonar el territorio estético por el territorio social. Si Chanel dio, como dicen, la libertad a las mujeres, tú les diste el poder. [...] Yves, por eso fuiste, junto a Chanel, el único modisto genial. Los demás, incluso los más grandes: Dior, Balenciaga y Schaparelli, se plantaron en su panteón estético, no dieron el salto».

Cuando Yves Saint Laurent murió, en 2008, víctima de un cáncer cerebral del que nada supo -no le contaron que estaba enfermo-, Bergé tuvo claro que debía rendirle un homenaje. Hizo construir en Marrakech, una ciudad llena de recuerdos, una estatua del diseñador; organizó exposiciones y convirtió la sede de la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent en una especie de mausoleo. «He decidido cancelar la exposición itinerante que hacíamos dos veces al año y crear un museo sobre Yves. Conservamos una magnífica colección de sus trabajos, sus creaciones, sus vestidos...», explica. Y adelanta que el próximo 3 de octubre, en la sede de la Fundación en París, abrirá un espacio dedicado íntegramente al diseñador. Repasará sus 40 años de trayectoria en un recorrido que llevará al visitante a su estudio y lo sumergirá en los salones de alta costura.

Fue en Marrakech donde Saint Laurent redescubrió las texturas y los colores y donde juntos fueron «más felices». Bergé, al que nunca le han gustado las manifestaciones de excesos, que ha rehuido las etiquetas y siempre rindió culto a la fidelidad -a la del corazón, la del cuerpo va por otro lado- decidió, al final de los días del modista, formalizar su relación. «En realidad no nos casamos, lo que hicimos fue formalizar la unión civil», puntualiza. La unión legal de dos personas del mismo sexo entró en vigor en Francia en 2013.

- Piensa que la homosexualidad está plenamente aceptada por la sociedad?
- No, en realidad creo todavía no se ha aceptado en ningún país. Es que es así. Es como el caso de los judíos: todos son buenos judíos, todos son buenos homosexuales.

- Usted siempre ha luchado por los derechos del colectivo LGTB y ha apoyado a las asociaciones contra el sida. Pero no le gusta que exista el Día del orgullo gay o que se haga 'alarde' de ello.
- No me gusta el ruido, ni las comunidades homosexuales. No obstante, me he dado cuenta de que es un privilegio ser homosexual de la mano de Yves Saint Laurent, no requiere mucho esfuerzo mantener una relación con una persona como él cuando tú no eres nadie. Quizá por eso los homosexuales han sentido la necesidad de reclamar su condición. Ahora creo que la sociedad ha progresado en ese aspecto, igual que en otros temas, como en la aceptación del matrimonio homosexual, aunque todavía queda mucho por hacer.

Es en ese instante, tras hablar de su relación con Saint Laurent, de su condición de homosexual, de sus pensamientos políticos y de su pasión por el arte, cuando el carácter de Bergé parece relajarse. En el rostro salpicado por los años de un hombre que se rodeó de poetas y novelistas como Cocteau, Genet o Camus; que vivió durante medio siglo pendiente de un genio destartalado por las drogas, se adivina la sonrisa de alguien que, las grandes cosas de su vida, las hizo por amor.

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