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lunes, 15 de enero de 2024

#hemeroteca #igualdad | El 44% de los hombres cree que las políticas de igualdad han ido demasiado lejos y que son ellos los discriminados

Manifestación 8M en Palma de Mallorca //

El 44% de los hombres cree que las políticas de igualdad han ido demasiado lejos y que son ellos los discriminados

La encuesta sobre la percepción de la igualdad publicada por el CIS muestra que las mujeres dedican tres horas al día a las tareas del hogar, frente a las dos de los hombres. La brecha se agranda cuando hay hijos: ellas emplean 6,7 horas; ellos 3,7
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2024-01-15
https://www.eldiario.es/sociedad/44-hombres-cree-politicas-igualdad-han-ido-lejos-son-discriminados_1_10837784.html

El 44,1% de los hombres cree que las políticas de igualdad han llegado demasiado lejos, tanto que ellos son ahora los discriminados. El dato choca, sin embargo, con que la mayoría de varones (el 48,2%) asegura, al mismo tiempo, que las desigualdades entre mujeres y hombres siguen siendo “muy grandes o bastante grandes”. Y con el 49,2% dice haber escuchado comentarios sexistas de amigos o familiares. Las tres cifras salen de una encuesta sobre la percepción de la igualdad en la población que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha publicado este lunes.

Esa percepción es distinta en mujeres y hombres. Mientras que el 67,2% de ellas ven las discriminaciones aún “muy grandes o bastante grandes”, esa cifra cae veinte puntos cuando se les pregunta a ellos. La encuesta pregunta por la evolución de la última década y ahí el 70,7% de la población cree que esas desigualdades son ahora menores. Eso sí, un 22,4% de las mujeres aseguran que el panorama no ha cambiado tanto y que la desigualdad es similar a la de hace diez años.

Si el 44,1% de los hombres está convencido de que la igualdad ha ido demasiado lejos, también hay mujeres que los afirman, aunque en menor medida: el 32,5%. Eso sí, es mayoría el número de mujeres que asegura que esa afirmación es falsa, el 65,5%.

Cruzar el nivel de apoyo a esa frase con cuál fue el signo del voto en las últimas elecciones generales arroja un dato relevante: el 86% de los votantes de Vox el 23J están muy o bastante de acuerdo con que las políticas de igualdad han sido excesivas y discriminan ahora a los hombres. Lo están también el 66% de quienes votaron al PP, pero solo el 22% de quienes optaron por el PSOE y el 9,5% de las personas que apostaron por Sumar.

Las opiniones sobre qué papel tienen los hombres en el fin de la discriminación también varían. Hasta el 81,2% de las mujeres asegura que la igualdad no se logrará “a menos que los hombres también luchen por los derechos de las mujeres”, una afirmación que sostiene el 74,2% de los hombres.

Cuidados y empleo
La encuesta muestra que las percepciones son también diferentes en cuando a la discriminación laboral y la conciliación. Pero más allá de la percepción, está la medición que el CIS ha hecho de los minutos diarios dedicados a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. De media, las mujeres emplean 172 minutos, casi tres horas diarias, a labores como limpiar, cocinar o hacer la compra. Ellos, 126 minutos, esto es, dos horas al día. La brecha es aún mayor si hablamos del cuidado de los hijos durante los días laborables: las mujeres dedican 6,7 horas diarias a sus hijos, mientras que los hombres 3,7.

A pesar de estos datos, si volvemos a las percepciones, un 72,5% de las mujeres asegura que lo tienen peor ellas para conciliar la vida personal y profesional, mientras que solo el 58,5% de los varones cree que ellas son las perjudicadas. “Las mujeres tienen que esforzarse más que los hombres para demostrar que pueden desempeñar el mismo puesto de trabajo” es otra de las frases que genera resultados bien distintos por sexo: el 78,1% de las mujeres está de acuerdo frente al 51,8% de los hombres.

Estereotipos
La mayoría de la población está de acuerdo con que se sigue juzgando la vida sexual de las mujeres. El 87,2% de la población femenina confirma que se critica más a una mujer con una vida sexual activa que a un hombre. También el 76,2% de ellos creen que esto es así.

La cosa cambia más cuando hablamos de los llamados piropos: el 49,5% de los hombres asegura que “siempre es agradable recibir uno”, algo que solo piensan el 35,7% de las mujeres. Es más, el 60,5% de ellas están en contra de esta afirmación. También hay más hombres que mujeres que creen que la crítica a los chistes machistas es exagerada, incluso más hombres que mujeres que sostienen el tópico de que la maternidad es “la mayor satisfacción que una mujer puede tener”.

miércoles, 25 de octubre de 2023

#hemeroteca #erotismo #mujeres | El erotismo se cuela en misa de ocho en 'Mamacruz'

Público / La cineasta venezolana Patricia Ortega en el rodaje de la película //

El erotismo se cuela en misa de ocho en 'Mamacruz'

Begoña Piña | Público, 2023-10-25

https://www.publico.es/culturas/erotismo-cuela-misa-ocho-mamacruz-1.html 

El tercer largometraje de Patricia Ortega, historia de despertar sexual y de liberación de una mujer mayor, revela cómo el erotismo y la sexualidad que la Iglesia intenta castrar está en el imaginario religioso, repleto de "Cristos buenorros y musculosos". Protagonizada por Kiti Mánver, la película se estrenó en el Festival de Sundance.

Kiti Mánver se acerca al rostro de un Cristo crucificado tamaño natural para besarle los labios. Con esta imagen aterrizó Patricia Ortega en Sundance con su tercer largometraje, ‘Mamacruz’. La película, que se pensó para ser rodada en Venezuela y terminó haciéndose en Sevilla, llega aquí a los cines con un cartel de la actriz tocándose un pecho, disfrutando. La provocación, de cualquier modo, está servida, porque liberar a una mujer de sus roles impuestos y del peso agobiante del patriarcado sigue siendo un desafío, para muchos, una ofensa.

La cineasta venezolana Patricia Ortega lo ha hecho en esta película, historia de una mujer, madre y abuela, católica devota, que un día comienza a sentir de nuevo deseos y sensaciones que pensaba que habían muerto. En ‘Mamacruz’ están el despertar sexual de una mujer que ya no es joven, la celebración de la vida y las ganas de gozar, la sororidad, el erotismo presente hasta en el imaginario y los textos de la Iglesia, la liberación... la reconstrucción completa de una mujer.

P. Todavía no vemos a las madres y abuelas como mujeres, ¿la mirada de la mujer hacia otras mujeres sigue contaminada por el patriarcado?

Sí. En la casa donde crecí, en Maracaibo, las líderes eran mi mamá y mi abuela. Mi mamá nunca se casó e hizo un sacrificio en su vida, precisamente, por estar del lado del patriarcado, porque pensaba que para poder ser una buena madre, además madre soltera, tenía que renunciar a su vida sexoafectiva, a su vida como mujer. Y de hecho lo hizo, igual que mi abuela, que siempre estaba cocinando o lavando o limpiando, era básicamente la doméstica de la casa, también por un rol asumido. Creo que yo en mi familia fui de las pocas chicas que no se casaron o que no tuvieron hijos. Entonces crecí en una familia donde el rostro de mujer se había opacado. Y me ha pasado también con mis amigas, a las que, a pesar de ser otra generación, les cuesta separarse de eso. Y creo que incluso las que más han logrado deconstruirse todavía se preguntan si hicieron bien o no en no casarse. Yo también pasé por esa etapa, de preguntarme si hice bien. Ese peso del patriarcado con el que crecemos está tan arraigado que te hace dudar. Y de ahí, también las consecuencias, esas maternidades que a veces no son deseadas, sino impuestas como un rol.

P. La mirada hacia la religión de la película es muy provocadora, el personaje encuentra erotismo en la Iglesia...

Cuando llegué acá vi algunos Cristos muy guapos, muy buenorros, hay algunas figuras de Cristos que son despampanantes, musculosos, bronceados, que son súper sensuales, y le dije a mi productor que eso confirmaba mi sospecha de que los imagineros usan como referentes a sus amantes o a sus novios o algunas fantasías sexuales que tienen. Lo confirmé cuando vi el documental ‘¡Dolores, guapa!’ (Jesús Pascual, 2021). Sabía que esto sucedía y, por ejemplo, cuando tú lees toda Santa Teresa te das cuenta de que hay una pasión allí, expresiones de éxtasis literario... En la misma religión se cuela ese erotismo, se cuela esa sensualidad porque es imposible reprimirla y se manifiesta en un Cristo musculoso, en un texto sobre el amor a Cristo que realmente es un texto de excitación y no precisamente religiosa... Ahí está el erotismo, porque es imposible desvincularlo de la naturaleza humana. Y en figuras más andróginas, como un querubín o un ángel, hay algo del elemento ‘queer’. O sea, en las imágenes está toda esa realidad humana que la Iglesia intenta castrar. Me pareció interesante abordar la historia desde allí, cómo esta mujer empieza a encontrar lo erótico en lo que le rodea y lo que le gusta, en las imágenes de la religión.

P. ¿Haber hecho la película en Sevilla tiene que ver con el cambio de cartel?

Ajá, sí, es una estrategia. El cartel internacional es más polémico. Cristo es como una estrella pop y detrás de la imagen de Cristo, seas o no creyente, hay un peso simbólico, entonces tener a esta mujer acercándose sensualmente a Cristo sabíamos que iba a ser súper polémica. Eso nos convenía en su momento, pero también para mí era importante en la historia que Cruz entiende que no necesita a nadie para encontrar su placer. Y la imagen con Cristo relaciona su placer a la figura masculina y yo no quería eso. La imagen con la que vamos a estrenar aquí es la que yo recomendaba, porque es el centro de la película. Sabíamos que en Sevilla salir con la imagen de Cristo podría quitarnos público, porque cuando la usamos un montón de gente salió diciendo que era una ofensa. ¡No lo es, no está santificada, es un muñeco, Cristo no está en ese cuerpo! La decisión también tiene que ver con sumar público en lugar de restar, porque puedes creer en Dios, puedes ser militante, pero eso no quiere decir que no tengas sexualidad y no tengas deseo, ese es el punto de vista de la película.

P. ¿Cuánta intención hay en esta película de celebrar y reivindicar las ganas de vivir y de disfrutar de la vida?

Pues todas, porque y eso sí, está muy inspirado en mi madre. Mi mamá sobrevivió al cáncer y cuando estuvo ya libre cambió totalmente y ahora está viviendo con el amor de su vida, con el que nunca quiso vivir por sus hijos y está viviendo su sexualidad. Se dio cuenta de que la vida es corta. De ahí esta última conversación que Cruz tiene con su hija, donde le dice que si le dieran otra vez su tiempo, haría todas las cosas que quisiera hacer. Toda esa culpa o ese deber, todo eso con lo que crecemos, eso de productividad, eficiencia, competitividad, excelencia... eso es un cuento no solamente del patriarcado, sino también de la industria, del sistema, del capitalismo, que va negando poco a poco lo que uno es como ser humano.

P. ¿Cree que las mujeres deberíamos hablar más de sexo?

Pues a mí me parece que deberíamos ser más sinceras con nuestras necesidades, porque creo que hay una noción muy básica de la sexualidad y la sexualidad es infinita, no hay un formato, no hay un deber ser y, sí, creo que hablar más de eso es necesario. Creo que hay mucha culpa y mucha vergüenza. Y también mucha gente que piensa que el sexo es algo que tiene que ser de la alcoba o de la clandestinidad, cuando la sexualidad debería ser algo cotidiano, de todos los días. Quería cambiar la visión que tenemos de estar recibiendo pasivas o escondidas o debajo de una sábana, como si estuviésemos muertas, que es terrible, es horrible. Quería romper el esquema de "me voy a masturbar, voy a encender una vela...", ¿quién impuso ese ritual erótico? Nosotras estamos intoxicadas por todo eso. Sí, ojalá habláramos más.

P. ¿Cuánto ha cambiado la película en la que había pensado al traerla desde Venezuela a España?

Lo que tuve que hacer fue quitarle la forma de hablar, los lugares, lo que llamamos 'el mundo' de la película, que es lo local. Estaba lleno de elementos venezolanos y quitarlos fue súper difícil. Y luego, profundizar en la historia, que es lo universal. Luego fue el coguionista José Ortuño el que puso el mundo de Sevilla.

P. Al final, la película, el personaje... es todo lo mismo, las mujeres en Venezuela son iguales que en España y que en cualquier otro lugar del mundo, ¿no?

Sí, exactamente. Es que todas tenemos el mismo problema, es universal. Yo pensé que iba a encontrarme un abismo y llegué asustada a España, pero cuando empecé a hacer el casting, me di cuenta de que no. Ahí está la mujer a la que no le da tiempo de nada porque tiene muchos hijos, la que se arrepiente de no haber hecho algo que pudo haber hecho, la que no se ha atrevido a hacer algún tipo de fantasía porque cree que está mal, la que le cuesta tener un orgasmo y no lo dice porque cree que tiene un problema... Esas son situaciones que se repiten en todo el mundo. Tenemos situaciones muy parecidas y es que esto no tiene que ver con el territorio, tiene que ver con algo más profundo, con algo que trasciende la frontera.

sábado, 21 de enero de 2023

#hemeroteca #erotismo #mujeres | “Hay Cristos buenorros”: ‘Mamacruz’, la película española que reivindica el erotismo de la religión

El Diario / Kiti Mánver en el cartel de 'Mamacruz' //

“Hay Cristos buenorros”: ‘Mamacruz’, la película española que reivindica el erotismo de la religión

Patricia Ortega compite en la competición internacional del Festival de Sundance con esta historia sobre la sexualidad en la tercera edad y en una Sevilla donde la Semana Santa domina el imaginario
Javier Zurro | El Diario, 2023-01-21
https://www.eldiario.es/cultura/cine/hay-cristos-buenorros-mamacruz-pelicula-espanola-reivindica-erotismo-religion_1_9883978.html 

En España siempre ha habido un problema con la sexualidad. 40 años de dictadura y de nacional-catolicismo han hecho mella, y todavía se viven las consecuencias. Esa herencia religiosa hace que, para muchos, el sexo sea algo oscuro, sucio y avergonzante, de ahí que muchas mujeres hayan vivido negando su propio deseo. La ficción empieza a romper esos tabúes y comienza a traspasar ciertas líneas. Por ejemplo, en la sexualidad en la vejez. Pocas historias han mostrado con naturalidad a cuerpos ancianos. Aquí también se manifiesta el machismo de industrias como el cine, habituada a mostrar galanes de 60 años con parejas décadas menor. Las mujeres, a partir de los 50, se convierten en abuelas en el cine.

Todo eso se resquebraja. Lo mostró el año pasado 'Buena suerte, Leo Grande', donde Emma Thompson destrozaba prejuicios con un desnudo integral que era una declaración de intenciones. Precisamente aquel filme se presentó en el Festival de Sundance, mismo lugar donde se verá por primera vez la película española ‘Mamacruz’, dirigida por la venezolana Patricia Ortega y que realiza la misma operación. Esta vez cambiamos a Emma Thompson por nuestra Kiti Mánver y se le añade un contexto social y polític
o mucho más interesante, el de un pueblo sevillano donde la religión y la Semana Santa tienen mucha importancia. El descubrir sexual de la protagonista, a la que llaman todos Mamacruz, se hará a través del imaginario católico. Ya su póster es una declaración de intenciones, con Kiti Mánver a punto de besar un cristo. Una escena que se repite en un filme valiente y que abre conversaciones importantes y necesarias.

‘Mamacruz’ nace de un hallazgo inesperado, el que la directora hizo mientras cuidaba a su madre durante la quimioterapia que recibía en Maracaibo, en Venezuela. De repente, en su cuarto encontró una foto que no había visto hasta ese momento. Una fotografía de su madre desnuda. “Mi mamá siempre ha sido superconvencional y yo era la oveja negra, entonces a raíz de esa foto surgió algo muy bonito entre las dos, una conversación muy bonita y yo empecé a escribir primero un cuento, un relato sobre ella y sobre mi abuela que fue mutando y se convirtió en un tratamiento de guion que empecé a mover por laboratorios de guion, porque hay ideas que cuajan y otras que no, y este cuajó maravillosamente”, cuenta Patricia Ortega.

La autora escribió primero la historia para Venezuela, que adaptó luego a un pueblo sevillano, pero subraya que en Venezuela “todavía hay una militancia católica muy fuerte” y su familia es “supercatólica”. “Pero cuando conocí a Olmo [Figueredo, productor español con La Claqueta] decidimos que la película fuera española y él me sugirió Sevilla. Cuando fui a Sevilla y descubrí la Semana Santa dije, esto es increíble, es mucho más fuerte todo que en Maracaibo, era perfecto para la historia. Así que no tuve que hacer ningún esfuerzo por adaptarla porque acá se contaba perfectamente”, explica.

Para Patricia Ortega ese tabú del sexo y el cuerpo no tiene que ver solo con una generación, sino que se perpetúa en las más jóvenes. A ella le sorprendió ver en Sevilla a cofrades tan jóvenes. Descubrió una ciudad que ha crecido con una idiosincrasia y una práctica del catolicismo que ella describe como “muy pagana”. “Los colores, la fiesta que se arma, el fervor, no tiene nada que ver con el Vaticano ni con las normas de la Iglesia. Es muy popular, es muy colorido. Yo lo agarré más desde allí, desde el color, desde lo popular, de cómo las personas se apropian de la religión y hacen lo que les da la gana, independientemente de lo que diga el Vaticano”, añade.

Ahí viene lo rompedor de ‘Mamacruz’, y lo que muchos calificarán como provocador. Patricia Ortega utiliza todo ese imaginario de la Semana Santa y de lo católico, mantillas, mantos y cristos, como potenciador de lo erótico y la sexualidad de la protagonista, que se excita viendo el torso desnudo de Jesucristo. “Yo creo que la religión tiene mucho erotismo”, dice Ortega entre risas. “Es que tienes una obra como el ‘Éxtasis de Santa Teresa’ que lo que describe evidentemente es orgásmico y muy sensual. Y tú lees a Santa Teresa y dices: a ver, esta mujer estaba cachonda también, ¿es evidente, no? O el versículo de la Biblia que nosotros usamos, del Cantar de los Cantares, que también está en una escena que es evidentemente erótica. La religión, como expresión cultural, también tiene erotismo, porque es imposible que los seres humanos, que son los que han representado estas figuras, no están exentos de la sensualidad o de las pasiones que hay allí en todo”.

En el proceso de documentación y escritura la directora vio el documental '¡Dolores, guapa!' [de Jesús Pascual], que cuenta la relación del colectivo LGTB con la Semana Santa y donde “retrata muy bien que hay muchos imagineros que usan a sus amantes como modelos para hacer el Cuerpo de Cristo”. “Por eso es que hay Cristos buenorros”, dice riendo Patricia Ortega. “Yo me asombré con un Cristo que hay en Cádiz, que es un Cristo buenorro. Yo decía, pero este Cristo musculoso, de dónde salió. Me parece muy divertido y me parece, no simplemente polémico, sino muy interesante hablar sobre esto, quitar ese estereotipo de que la gente que cree o que es practicante, aunque yo no lo sea, tiene que ser oscura u ortodoxa. Hay mucha gente que vive la sensualidad y el erotismo a través de sus creencias, por eso quise verlo desde allí, desde esta mujer que empieza siendo muy ortodoxa, muy convencional, con mucha culpa, pero que se va liberando y va reinterpretando y llenando de sensualidad su creencia”.

Con ‘Mamacruz’ también quiere poner a la mujer en la vejez en el centro del deseo y de la historia, porque no recordaba nunca que el cine se centrara en estas historias, sino que cuando hablaba de ellas era en “películas muy oscuras o tristes”. “Parece que la gente después de los 70 años no follara o no sintiera deseo, o pareciera que cuando te haces mayor ya no eres un ser sensual... eso no puede ser. Yo quería borrar el estigma de la edad. Que esta abuela deje de ser una abuela y se convierta en una mujer. Su cuerpo deja de tener el peso de la abuela y se convierte en un cuerpo que quiere jugar, un cuerpo sensual, un cuerpo que siente como cualquier cuerpo similar”, apunta Ortega que también quiere romper con los cuerpos canónicos, porque para el cine parece que “la belleza, el erotismo y la sensualidad solo tienen que ver con la juventud y con un cierto tipo de cuerpo”.

lunes, 8 de agosto de 2022

#hemeroteca #mujeres #orgasmo | El orgasmo femenino y la educación sexual: "Nadie nos ha enseñado a tener uno, ni siquiera a saber lo que es"

EPE / '...esta visión tan estigmatizada de la sexualidad femenina' //

El orgasmo femenino y la educación sexual: "Nadie nos ha enseñado a tener uno, ni siquiera a saber lo que es".

Un 61,3 % de las mujeres españolas reconoce tener problemas para llegar al orgasmo debido a la escasa educación sexual recibida.
EFE | EPE, 2022-08-08
https://www.epe.es/es/igualdad/20220808/orgasmo-mujer-educacion-sexual-14246901 

Un 61,3% de las mujeres españolas reconoce tener problemas para llegar al orgasmo debido a la escasa educación sexual recibida, según explica a Efe la sexóloga Laura Cámara, quien asegura que "nadie nos ha enseñado a tener uno, ni siquiera a saber lo que es".

Así lo ha manifestado esta especialista al comentar los datos procedentes del X barómetro "Los jóvenes y el sexo", de Control España, con motivo del Día internacional del Orgasmo Femenino. "Es una cuestión de aprendizaje", asegura Cámara, quien considera que para las mujeres el orgasmo siempre ha sido algo mucho más oculto y "jamás han tenido permiso para explorar" su sexualidad.

Según la sexóloga, las mujeres que han aprendido a conseguir un orgasmo lo han hecho habitualmente por casualidad, ya que para alcanzar el clímax hay que tener una intención clara de explorar en el placer, y en eso las mujeres tienen "serios problemas, derivados de esta visión tan estigmatizada de la sexualidad femenina".

Pese a la importancia del orgasmo en la vida sexual de una persona, Laura Cámara cree que hay que desmitificarlo y no pensar que es el fin del sexo, puesto que "es una parte del placer", pero no la única. Una idea que aún no ha calado en un alto número de mujeres, ya que, según el informe del fabricante de preservativos, casi el 60% admite haber fingido orgasmos para no hacer sentir mal a su pareja sexual.

La experta rehúsa hablar de tipos de orgasmo, al insistir en que "hay solo uno, que realmente se produce en el cerebro de muchas maneras". "Formas hay tantas como personas en el mundo, porque cada persona necesitará un tipo de estímulo, ritmo o intensidad diferentes" para llegar al clímax, según destaca Cámara al subrayar que "el orgasmo es una experiencia muy personal".

La sexóloga valora que los tiempos hayan cambiado y la normalización de los juguetes sexuales en mujeres "haya democratizado el placer femenino", así como "el hecho de buscar placer y de practicar y buscar recursos". Pese a ello, reconoce que la sexualidad femenina todavía tiene que recorrer un largo camino para ser desvinculada de algo vergonzoso, y "para conocer mejor cómo funciona nuestro cuerpo".

lunes, 24 de mayo de 2021

#libros #mujeres #sexualidad | El buen sexo mañana : mujer y deseo en la era del consentimiento

El buen sexo mañana : mujer y deseo en la era del consentimiento / Katherine Angel ; traducción de Alberto García Marcos.

Barcelona : Alpha Decay, 2021 [05-24].
176 p.

/ ES / ENS / Libros / Consentimiento sexual / Deseo sexual / Mujeres – Conducta sexual / Sexualidad
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412290172 / 19,90 €

[.es] Como señala la autora de este ensayo, en los últimos años se han establecido dos requisitos para el sexo satisfactorio: el consentimiento y el autoconocimiento. En lo que respecta a las mujeres, parece que, en nombre del empoderamiento y la libertad sexual, tengan que expresar con claridad y confianza sus preferencias y sus deseos. Esta circunstancia no hace sino cargarles con un gran peso: al presumir que saben exactamente lo que quieren y cómo expresarlo, se les hace responsables de que la experiencia sexual resulte satisfactoria. Y lo que es más grave: el consentimiento inicial puede ser usado como un permiso o justificación para ejercer violencia sobre ellas.

Dividido en cuatro contundentes capítulos –«Sobre el consentimiento», «Sobre el deseo», «Sobre la excitación» y «Sobre la vulnerabilidad»–, este libro aborda de forma directa y minuciosa el complejo asunto de la sexualidad femenina. La psiquiatra y sexóloga Katherine Angel acude a diversas fuentes –la ciencia y la cultura popular, la literatura y la pornografía, así como los debates alrededor del #MeToo– con el propósito de cuestionar todas las suposiciones arraigadas sobre el deseo de las mujeres y destapar las debilidades de la retórica del consentimiento y el autoconocimiento. El sexo, según Angel, es un largo proceso de aprendizaje durante el cual se cometen numerosos errores: habrá que eludir las reglas de ayer y replantear nuestras expectativas actuales para que se cumpla la promesa que Michel Foucault formuló irónicamente en 1976: «Llegará el buen sexo mañana».

miércoles, 13 de enero de 2021

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Luna Miguel: "Mientras el porno no cambie, sólo habrá un relato que es el del abuso"


Luna Miguel: "Mientras el porno no cambie, sólo habrá un relato que es el del abuso".

Juan Losa | Público, 2021-01-13

https://www.publico.es/entrevistas/luna-miguel-porno-no-cambie.html

La poeta Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) regresa con ‘Caliente’ (Lumen) un libro sobre el placer y el deseo que es, también, una invitación. Un pasen y vean las miserias más íntimas de la autora, un ‘tour’ guiado por el ardor y la vergüenza, un intento por redimir sinsabores a base de masturbación, poliamor y lecturas. Y de ese tórrido viaje, Luna regresa con acompañantes ilustres, autoras que supieron confesar lo inconfesable.

¿Cuál ha sido el motor de 'Caliente'?, ¿un corazón roto?
No, lo que me ha movido no es un corazón roto. Creo que se trata más bien de una búsqueda desesperada por medio de la literatura de entender por qué en un determinado momento me siento miserable y cómo puedo solucionarlo. Para ello me apoyo en mis mejores armas que son los libros y, en este caso, en libros escritos por mujeres. Es una búsqueda arisca, nada fácil, porque no es fácil encontrar un lugar desde el que una pueda hablar de su propio placer o de sus propias miserias.

Planea la vergüenza sobre este ensayo, ¿quién infunde esa vergüenza?, ¿es el patriarcado?
Yo creo que sí, que el ADN histórico está manchado por todas esas violencias patriarcales, por todo ese pudor que muchas veces ni siquiera sabemos de dónde procede, como si viniésemos al mundo impregnados de él. Creo también que el problema ya no es sólo lo que hemos heredado, sino nuestra tendencia a burlarnos de lo que está haciendo el otro en lugar de tratar de entender que los niños se tocan de una manera y las niñas de otra. No es sólo una vergüenza cultural, sino esa tendencia que tenemos los humanos de preferir reírnos del otro antes que tratar de comprenderlo, y esto es algo que se ve en Twitter cada día...

¿Es esa vergüenza la que convierte la masturbación femenina en la literatura en algo oscuro e incluso trágico?
Sí, en ocasiones parece que más que de placer estemos hablando de magia negra... Pero no sólo cuando hablamos de masturbación, pasa igual con el embarazo o la menstruación. Mi interpretación es que en su día a la Academia o al crítico de turno no le parecieron temas tan universales como los que narraban los hombres, lo que derivó en un carpetazo y un epígrafe que venía a decir: ‘literatura femenina’. Pero, ¿qué incluye ese título? Para mí el problema tiene que ver con una mala lectura de nuestras autoras y con el hecho de que las hemos pisado por partida doble; ya no sólo pisamos a la autora por ser autora, sino que hemos pisado también sus temas.

¿Qué papel juega el autoplacer en este libro?
‘Caliente’ nace también como un juego literario para ponerme a escribir. Me planteo qué pasaría si yo durante un año todos los días escribo y me masturbo. En mitad del proceso de escritura me doy cuenta de que cuanto mejor conozco mi deseo, mejor puedo hablar de ese deseo con los otros. Creo que es una forma autoconocimiento necesaria para saber qué es lo que nos complace y qué lo que nos duele. Si no me conozco a mí misma, cómo voy a consentir otras cosas de mis relaciones con los demás.

¿Qué pasa cuando llevamos el no-consentimiento e incluso el abuso marcado a fuego en nuestro ADN erótico?, ¿de qué forma se relaciona con esa cultura del porno?
Como persona a la que, como a casi todo el mundo, le gusta follar, y como mujer que ha sufrido esos abusos en la adolescencia, no me resulta fácil lidiar con estos temas. Para empezar creo que si no liberamos nuestros deseos, si no hablamos de nuestros gozos, difícilmente vamos a poder mantener una conversación intelectual con nuestro compañero o compañera, y difícilmente esa conversación pueda tener un reflejo sano en la cama.

Para mí escribir impúdicamente y violentarme a mí misma e intentar hacer lo propio con el lector es una manera también de liberarme de todos esos dolores del pasado, convertirlos en algo lúdico. El problema de la pornografía es que, como ha pasado con el cine, la literatura o la publicidad, es un relato único. No hay otras pornografías posibles. Hasta que eso no cambie, mientras el porno siga siendo lo que es ahora, sólo habrá un relato que es el relato del abuso.

Pero se puede consumir porno como una mera ficción, sin necesidad de replicarlo...
Depende de cómo y cuándo te acerques a ello. Puede ser muy peligroso también. Yo por ejemplo disfruto perreando a Bad Bunny con mis amigas pero no por ello voy a tomarme al pie de la letra lo que dicen sus canciones, no voy a convertirme en ese objeto de deseo al que apelan sus temas que parece que sólo valgo cuando muevo el culo. Y esto es porque Bad Bunny me ha llegado con 30 años, con muchas lecturas, conversaciones y experiencias.

¿No le da pudor mostrarse tan vulnerable?
No creo que esté haciendo nada extraño con mi escritura en este ensayo, siempre he escrito desde lo autobiográfico; obviamente en mis poemas, pero también en mis columnas, quizá la novela me ha permitido salir un poco de esa ruta autobiográfica, pero por lo demás siempre he escrito desde el yo.

Habla también de una experiencia poliamorosa en este libro, ¿es posible ese amor plural sin daños colaterales?
No. ¿Pero es posible el amor en general sin daños colaterales? La historia de la literatura amorosa está llena de parejas monógamas que sufren. Si me apuras, el amor son los daños colaterales en la historia de nuestra civilización. Por otra parte, yo no soy una abanderada del poliamor, no creo que sea lo ideal para todo el mundo, ni siquiera sé si lo es para mí, pero sí encuentro en todas estas corrientes y teorías que lo abordan herramientas para entender mejor nuestras relaciones sexoafectivas con los demás.

Citando a Alma Guillermoprieto, ¿por qué es tan difícil reconciliar el deseo de ser mujeres físicamente libres con el deseo de ser deseadas?
Creo que tiene que ver con el hecho de que muchas veces nos ha pesado más el ser deseadas que el sentir deseo. Nosotras siempre llevamos marcada a fuego la idea de provocar placer a los demás y no tanto el provocárnoslo a nosotras mismas. La clave, siguiendo un poco la línea de Ana Requena en ‘Feminismo vibrante’ o de Luciana Peker en ‘Putita golosa’, es buscar una cierta bidireccionalidad en el placer, porque sin conocimiento por ambas partes no puede haber disfrute.

¿Cómo definiría el placer femenino?
Bueno... Eh... Me gustaría pensar en él como... Hmm... Yo creo... ¡¡Ni puta idea!! [ríe]. Para mí el principal problema es el apellido, ese ‘femenino’, porque ahí entramos de nuevo en todo ese debate de a quién nos referimos cuando hablamos de mujeres, de qué edad, de qué contexto social, etc. Se podría definir como el derecho de cualquier sujeto que se identifique como mujer a explorar su gozo, aunque sería como no decir nada. Todo está lleno de muchos matices y eso es lo interesante, no hay un relato único. Vivimos la suerte, que esconde también la desgracia, de poder disfrutar de muchas autoras que han estado olvidadas; vamos a tener tantas historias que leer y de las que aprender.

martes, 12 de noviembre de 2019

#hemeroteca #clitoris | ¿El clítoris sirve para algo más que dar placer? Un investigador le atribuye una segunda función

Imagen: El País / Vagina Museum
¿El clítoris sirve para algo más que dar placer? Un investigador le atribuye una segunda función.
El científico defiende que estimular este órgano puede tener consecuencias importantes para la natalidad.
Manuela Sanoja | Buena Vida, El País, 2019-11-12
https://elpais.com/elpais/2019/11/11/buenavida/1573479765_583268.html

El clítoris ya no vive en la oscuridad, ahora es el gran protagonista de las conversaciones sobre sexo. Todo gracias al succionador de clítoris, un juguete sexual que lo estimula tan bien que lleva a las mujeres a ver las estrellas en cuestión de unos pocos minutos. En definitiva, que explota al máximo la única función que se le ha atribuido a este órgano hasta ahora: dar placer. Pero, ¿y si no fuera este su único cometido? Según un investigador de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, también tiene un objetivo reproductivo.

Según el trabajo, la excitación de la mujer activa su cerebro para producir una serie de cambios físicos que convierten la vagina en un entorno más adecuado para la fecundación. Una combinación de un aumento del flujo sanguíneo, un aumento de la lubricación, una subida de la temperatura y el nivel de oxígeno de los genitales y —lo más importante— una variación en la posición del cuello del útero que evita que los espermatozoides entren en él demasiado rápido. El tiempo extra que se gana con este cambio de postura permite que las células reproductoras masculinas se activen y ganen movilidad para fertilizar el óvulo, detalla en el estudio, publicado en la revista Clinical Anatomy.

Dos caminos para llegar al mismo punto
Conseguir estos cambios no sería posible sin estimular el clítoris, algo que se puede lograr de muchas maneras. Según la literatura científica que cita el único autor del texto, hay una diferencia cualitativa en la calidad del orgasmo según cómo se llegue a él, y la estimulación de la parte externa del clítoris es la más eficaz para alcanzarlo y dar placer. Pero el investigador –y aquí viene otro asunto que llama la atención de su trabajo– dice que la estimulación interna trae los mismos resultados que la externa.

Con una media de entre 9 y 11 centímetros, el grueso de este órgano (sus raíces, sus bulbos y su tronco) está oculto en el cuerpo de la mujer, y se puede tocar desde el interior de la vagina, provocando excitación y distintas sensaciones internas. En principio, podría parecer que esta forma de estimulación es la mejor, ya que se puede abarcar más superficie, pero esta visión choca con el hecho de que la mayor parte de las 8.000 terminaciones nerviosas del clítoris están en el glande (parte exterior).

Así, mientras que la estimulación interna se consigue únicamente a través de la penetración, la externa, mucho más variada, se alcanza desde la parte más pequeña y visible del órgano, verdadera estrella del placer femenino. Y también es, por cierto, dónde actúa el ya famoso succionador.

martes, 29 de octubre de 2019

#hemeroteca #extorsionsexual | Castigada cuando eres la víctima: el doble rasero del escándalo sexual de la congresista demócrata Katie Hill

Imagen: El País / Katie Hill
Castigada cuando eres la víctima: el doble rasero del escándalo sexual de la congresista demócrata Katie Hill.
La política se ha visto obligada a dimitir tras la publicación de fotografías de carácter sexual en las que aparecía mientras otros políticos, incluidos el presidente de EEUU, están acusados de acoso y agresiones sexuales y siguen en el cargo.
Noelia Ramírez | SModa, El País, 2019-10-29
https://smoda.elpais.com/feminismo/castigada-cuando-eres-la-victima-el-doble-rasero-del-escandalo-sexual-de-la-congresista-democrata-katie-hill/

Lo que está pasando en el Congreso de EE UU no solo es un «escándalo sexual» al uso, es otro ejemplo del histórico doble rasero al que se someten las mujeres en la política y las víctimas de pornovenganza. El País recoge hoy la dimisión a la que se visto abocada la joven congresista demócrata por California Katie Hill, la primera bisexual en la historia en llegar a la Cámara de Representantes de EE UU, tras unos días de intensa presión social, al ser acusada de haberse acostado con un miembro de su equipo en el Congreso y haber mantenido relaciones con una ayudante de su campaña. Tal y como explica en su crónica Amanda Mars, las relaciones han salido a la luz tras difundirse en un portal web (afín a los republicanos) una serie de fotografías y mensajes íntimos de la congresista, algo que ella atribuye a su marido, del que se está divorciando. A pesar de las aparentes relaciones consensuadas entre los implicados, y frente a un escenario de acción política poco ético, Hill niega las acusaciones de mantener relaciones sexuales inapropiadas con su subordinado, Graham Kelly (las normas del Capitolio prohíben las relaciones íntimas entre legisladores y empleados) pero sí ha admitido el ‘affair’ con su ayudante antes de asumir el cargo de legisladora. Hill asegura en su vídeo de comunicado de despedida que los medios republicanos han dado espacio a los «abusos» cometidos por su marido y asegura que llevará a los tribunales esa violación de su intimidad.

El supuesto caso de ciberacoso y pornovenganza al que está siendo sometida Hill ha sido prácticamente ignorado por la plana mayor de sus compañeros de partido. Mientras Nancy Pelosi apelaba a la «dignidad e integridad en la Cámara» con su renuncia, muy pocas voces han salido a defender a la que fuese líder del grupo de novatos en el Congreso. Kamala Harris, precandidata demócrata a la presidencia, sí que ha alzado la voz para asegurar que Hill «es víctima de ciberexplotación» y ha hecho hincapié en el doble estándar a la hora de valorar moralmente la sexualidad en función del género: «No se juzga con los mismos parámetros».

La periodista Jessica Valenti se suma a las críticas y lamenta en una columna que la congresista «sea castigada por un crimen del que es la propia víctima». En su texto, Valenti recuerda que la pornovenganza es «una forma de abuso sexual y doméstico. Es una manera de controlar, humillar y castigar» a las mujeres. Algo en lo que la propia Hill ha incidido en su renuncia cuando ha justificado así su dimisión: «Para que la buena gente que me ha apoyado no tenga que estar sujeta al dolor infligido por mi marido abusador y la brutalidad y odio en sus métodos que alimentan felizmente a una plataforma en la que un monstruo impulsa su campaña de desprestigio a través de la ciberexplotación».

'Time', por su parte, ha analizado el caso de Hill en clave ‘millennial’, una generación que convive con el envío de ‘nudes’ (desnudos) de forma mucho más normalizada que las anteriores. «El caso de Hill es una intersección de tres factores: tecnología, sexo y poder. La tecnología ha cambiado el poder y el poder es vulnerable a una cadena de desgracias que no existían hace una década», apunta Charlotte Alter. La periodista asegura que el caso de Hill no será el último, ya que esta misma tecnología es la que «ofrece nuevas formas humillantes de documentar los encuentros sexuales, y todos los encuentros sexuales –especialmente cuando involucran a una figura pública– ahora están sujetos a un brutal escrutinio público».

El caso de Hill es bastante simbólico si tenemos en cuenta otros supuestos «escándalos» vividos en el mismo Congreso, tratados de forma diferente. La ‘CNN’ recopila en The curious case of Katie Hill otros episodios en los que los implicados (hombres y republicanos) han salido airosos y sin renunciar a su cargo. «El perdón, cuando se trata del desorden de la política, es un privilegio mal distribuido. Más específicamente, es desproporcionado entre mujeres y demócratas», resume en su análisis Brandon Tensley.

El senador republicano David Vitter admitió en 2007 estar implicado en una trama de prostitución mientras ocupaba el cargo. En 2010, fue reelegido para el Senado.

El también republicano Mark Sanford completó su mandato como senador de Carolina del Sur tras admitir en 2009 que había utilizado a su equipo para mentir a la prensa sobre su paradero mientras mantenía un romance, costeado por los contribuyentes, en Argentina. En 2013 se volvió a presentar y ganó un asiento en el Congreso.

El republicano Scott DesJarlais de Tenesse también sigue en el Congreso después de que se filtrara en los documentos de su divorcio que había tenido múltiples romances extramaritales y que a una de ellas la presionó para abortar.

Duncan Hunter, un republicano representante de California en el Congreso, fue acusado este mismo mes de junio de haber empleado gastos de su campaña en ‘affairs’ extramatrimoniales con trabajadoras del Congreso (fue declarado no culpable en el juicio). También sigue en el cargo.

Todos estos nombres se suman al de Donald Trump, el presidente de EE UU, que ha sido acusado por más de una docena de mujeres de acoso sexual y asalto y sigue en el cargo.

El paradigma Olvido Hormigos
La concejal socialista de Los Yébenes (Toledo) Olvido Hormigos estuvo a punto de dimitir en el verano de 2012 después de que un vídeo íntimo se viralizase en su municipio y se propiciase un debate nacional sobre la ciberexplotación sexual.»En dos horas lo tenía todo el pueblo y gente de los pueblos de alrededor», explicó la afectada en plena debacle mediática por su caso. «No dimito. Lo que hice no es delito», fue la reacción de la edil frente a una campaña de desprestigio, mucho más incisiva al darse en un municipio de 6.400 habitantes. Hormigos decidió no presentar su renuncia y replanteó su decisión después de que sus compañeros en el PSOE (Elena Valenciano la animó a no dejar el cargo desde su cuenta de Twitter) y un fuerte respaldo en redes sociales (incluido el de Esperanza Aguirre) para que no dejase su puesto. Hormigos decidió entonces presentar una denuncia en la Guardia Civil porque aseguró que la grabación se difundió desde la alcaldía de Los Yébenes, del PP. La causa fue archivada alegando que el ‘sexting’ entre Hormigos y su amante fue el causante de la ciberhumillación que sufrió la concejal. Hormigos envió el vídeo a Carlos Sánchez, el futbolista de 27 años con el que mantenía una relación, pero fue él el que, traicionando su confianza, supuestamente lo divulgó por primera vez y de ahí se pasó al caso de ciberexplotación que todos conocimos.

Hormigos, alejada ya de la esfera política, se ha convertido ahora en un personaje habitual de las televisiones y una férrea activista contra el ‘slut shaming’ y la pornovenganza en redes. Una estrategia activista a la que también se sumará Katie Hill para que otras mujeres no tengan que verse siendo acusadas y degradadas por los delitos que otros cometen sobre su propia intimidad.

Caso Iveco
También en España la pornovenganza ocupó cientos de titulares este mismo año cuando a finales de mayo una empleada de la filial de Iveco en San Fernando de Henares (Madrid) se suicidó tras llevar meses soportando que sus compañeros difundieran masivamente un vídeo de carácter sexual en el que aparecía. CC OO (el sindicato al que la mujer estaba afiliada) denunció los hechos ante la Inspección de Trabajo al considerar que la compañía ni evaluó el riesgo, ni tomó las medidas preventivas ni activó el protocolo correspondiente ante lo que calificaron de un “claro caso de acoso sexual”. Se llamaba Verónica, tenía 32 años y era madre de dos hijos.

lunes, 7 de octubre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | La guerra de orgasmos la ganó Alemania oriental

Imagen: El País / Dos modelos en Berlín en 1960
La guerra de orgasmos la ganó Alemania oriental.
¿Disfrutan las mujeres más de sus relaciones en países socialistas? Las diferencias entre la RDA y la RFA son un ejemplo de cómo el capitalismo afecta a la sexualidad.
Kristen Ghodsee | El País, 2019-10-07
https://elpais.com/elpais/2019/10/04/ideas/1570201563_930103.html

Durante cuatro décadas, las dos Alemanias siguieron caminos distintos, sobre todo en lo que respecta a la construcción de masculinidades y feminidades ideales. En Alemania Occidental se abrazó el capitalismo, los roles de género tradicionales y el modelo del matrimonio monógamo burgués en el que el hombre es el sostén de la familia y la mujer es ama de casa. En el Este, el objetivo de la emancipación de las mujeres, combinado con la escasez de mano de obra, llevó a una incorporación masiva de aquellas a la población activa. Como explicaba la historiadora Dagmar Herzog en su libro ‘Sex after Fascism’ (‘El sexo tras el fascismo’), publicado en 2007, en Alemania del Este el Estado promovió activamente la igualdad de género y la independencia económica de las mujeres como características distintivas del socialismo, en un intento de demostrar su superioridad moral por encima del Occidente democrático y capitalista. Ya a principios de la década de 1950, se animaba desde las publicaciones estatales a los varones alemanes a participar en el trabajo doméstico, compartiendo así la carga del cuidado de la descendencia de forma más equitativa con sus esposas cuando estas también trabajasen a jornada completa.

Según la profesora de Estudios Culturales Alemanes Ingrid Sharp, en Alemania del Este se creó una situación en la que las mujeres ya no dependían de los hombres, y esto les proporcionaba una sensación de autonomía, lo cual redundaba en un comportamiento masculino más generoso en la cama. Si las novias y esposas de Alemania Occidental se sentían insatisfechas con el desempeño sexual de sus compañeros masculinos no tenían demasiadas opciones, pues como dependían económicamente de sus parejas lo máximo que podían hacer era intentar convencerlos para que fuesen más atentos con sus necesidades. En el Este, los hombres que deseaban mantener relaciones con mujeres no podían comprar el acceso a ellas con dinero, por lo que tenían incentivos para mejorar su comportamiento. (...) En 1984, Kurt Starke y Walter Friedrich publicaron un libro con los resultados de sus investigaciones sobre el amor y la sexualidad entre sus compatriotas menores de 30 años. Así, descubrieron que la juventud de la RDA, tanto hombres como mujeres, estaba muy satisfecha con su vida sexual: dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo “casi siempre” y un 18% “con frecuencia”. Starke y Friedrich sostenían que estos niveles de satisfacción personal en la cama eran resultado de la vida socialista: “La sensación de seguridad social, el equilibrio en cuanto a responsabilidades educativas y profesionales, la igualdad de derechos y de posibilidades a la hora de participar en la vida social y determinar su curso (...)”.

En una encuesta de prácticas sexuales femeninas realizada por el Gewis-Institut de Hamburgo para Neue Revue, el 80% de las alemanas orientales respondió que siempre llegaba al orgasmo, en comparación con el 63% de las occidentales. (...) El contexto [de este estudio] era la pugna ideológica entre el Este y Occidente: una guerra fría que se libraba en el campo de batalla de la sexualidad y en la que el potencial de orgasmos sustituía a la capacidad nuclear. Efectivamente, Sharp explica que la continua vinculación que hacían los sexólogos del Este entre el mayor disfrute sexual de las mujeres de la RDA y su independencia económica y su confianza en sí mismas suponía una amenaza para la sensación de seguridad de Alemania Occidental. La respuesta de los medios occidentales contra la idea de que en el Este pudieran tener algo mejor fue contundente y dio paso a lo que Sharp llamó la “Gran Guerra de los Orgasmos”. Los continuos debates sobre las comparaciones entre los niveles de satisfacción sexual de las dos Alemanias animaron a los historiadores Paul Betts y Josie McLellan a explorar el tema con mayor profundidad en su libro ‘Love in the Time of Communism’ (‘El amor en los tiempos del comunismo’), donde se disecciona el tema a lo largo de 239 páginas. Betts y McLellan confirman la idea de que la independencia económica femenina contribuyó a crear una forma de sexualidad única, no mercantilizada, tal vez más “natural” y “libre”, que floreció en el Este y que permite afirmar que, si bien la teoría de la economía sexual proporciona una descripción adecuada de los mercados del sexo, esta solo es aplicable a las sociedades capitalistas. Sin embargo, como apuntan estos autores, otros factores contribuyeron a las diferencias entre las culturas sexuales. En primer lugar, la Iglesia desempeñaba un papel mucho más importante en la regulación de la moral y la sexualidad en Occidente que en el Este, secular y ateo (aunque es importante señalar que el estudio de 1984 realizado por Starke y Friedrich no encontró diferencias entre las respuestas de las ateas y las de quienes profesaban alguna religión). En cualquier caso, resulta incontestable que la cultura de Alemania Occidental abrazó los patrones de género tradicionales de las Iglesias católica y protestante en mucha mayor medida que la cultura de la Alemania Oriental. En segundo lugar, la naturaleza autoritaria del régimen de la RDA restringía el acceso a la esfera pública, por lo que su ciudadanía respondió retirándose al ámbito privado, donde se construyeron vidas íntimas, acogedoras y ajenas a la ideología en las que refugiarse de la omnipresencia del Estado en todos los demás planos. En tercer lugar, en el Este había mucho menos que hacer en comparación con las distracciones comerciales de Occidente, por lo que probablemente la gente dispusiera de más tiempo para dedicarlo al sexo. Y, por último, el régimen de la RDA animaba al disfrute de la vida sexual como medio para distraer a sus habitantes de la monotonía y de las relativas privaciones de la economía socialista, así como de las restricciones en los desplazamientos.

(...) La idea que se tenía del sexo en Alemania del Este sigue resultando conservadora cuando la comparamos con los estándares actuales. Los gais y las lesbianas, aunque no sufrían una persecución abierta, llevaban vidas limitadas, confinadas a la esfera privada. Y, por mucho que el Estado intentase convencer a los hombres de que echasen una mano en casa, las mujeres seguían realizando la mayoría del trabajo doméstico. Pese a la disponibilidad de anticonceptivos y a que el aborto era legal, la RDA, al igual que otros Estados socialistas, seguía manteniendo una fuerte política de fomento de la natalidad: la maternidad se consideraba un deber y los socialistas tendían a ver el sexo como algo que acabaría por llevar al matrimonio y a los bebés. Por último, aunque el sexo placentero se veía como algo deseable para ambos géneros, el Estado nunca estuvo a favor de la promiscuidad descontrolada ni del sexo “hedonístico”: se consideraba que el sexo era una expresión de amor y cariño entre camaradas iguales.

Kristen Ghodsee, etnógrafa, es profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este en la Universidad de Pensilvania (EE UU) y autora de varios libros. Este es un extracto de ‘Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo’, que publica Capitán Swing este 7 de octubre.

#libros #mujeres #sexualidad | Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo / Kristen Ghodsee.
Madrid : Capitán Swing, 2019 [10-07].
220 p.
ISBN 9788412064407 / 18,50 €

/ ES / ENS
/ Capitalismo / Europa del Este / Mujeres – Conducta sexual / Poscomunismo / Sexo / Sexualidad / Socialismo

En un artículo de opinión ingenioso e irreverente que se volvió viral Kristen Ghodsee argumentó que las mujeres tenían mejor sexo en el socialismo. La respuesta fue tremenda: expresó claramente algo que muchas mujeres habían sentido durante años: el problema está en el capitalismo, no en nosotras. Una investigación que explora enérgica y profundamente por qué el capitalismo es malo para las mujeres y cómo, cuando se desarrolla correctamente, el socialismo conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y, sí, a un mejor sexo.

Kristen Ghodsee.
Es una galardonada autora y etnógrafa que ha pasado los últimos treinta años estudiando las experiencias vividas en el socialismo y postsocialismo en Europa del Este. Se ha especializado en el estudio de la vida cotidiana bajo el socialismo y el postsocialismo, los efectos de género de las transformaciones posteriores a la Guerra Fría y el examen etnográfico de la memoria y la nostalgia en Europa del Este.

jueves, 3 de octubre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

Imagen: El Diario / Una pareja hetero de la Alemania Oriental en 1975
Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino.
En ‘Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo’, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género. Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-10-03
https://www.eldiario.es/cultura/libros/capitalismo-cargo-orgasmo-femenino_0_948055932.html

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

- Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

- ¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

- Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

- El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

- ¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

- Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

- Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

- Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

- Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

- El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

- Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo ‘mainstream’? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

- Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

lunes, 30 de septiembre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Fingir orgasmos también es el patriarcado

Imagen: El Diario / Un mensaje 'orgásmico' del 8M
Fingir orgasmos también es el patriarcado.
No hace falta indagar mucho para detectar las causas, una mezcla de deseo negado durante siglos, de la penalización de la expresión sexual femenina, del desinterés de los hombres y de nuestro bloqueo ante un sexo que se vuelve gimnasia y nos ignora. Se nos dio el carné para tener sexo con quien quisiéramos, pero se resistieron a cambiar el esquema de siempre: tú ten sexo, mujer, pero mejor no pases a la categoría de sujeto. Puede que haya dedos que avanzan sin que tú estés convencida, pero le dejas hacer. Quizá esa postura no te convence, pero qué le vas a decir. Te gustaría más de esto, pero no lo conoces mucho, te da cosa pedirlo. Él no pregunta.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-09-30
https://www.eldiario.es/zonacritica/Fingir-orgasmos-patriarcado_6_947765238.html

¿Por qué? Me hago la pregunta a mí misma, en silencio, con cabreo y curiosidad casi a partes iguales. ¿Por qué esos orgasmos fingidos? Esta primera persona es del plural: no hace falta preguntar mucho para darse cuenta de que fingir orgasmos es un virus en la vida sexual de las mujeres. Y no hace falta indagar mucho para detectar las causas, el origen último, una mezcla de deseo negado durante siglos, de la penalización de la expresión sexual femenina, del desinterés de los hombres por algo que fuera más allá de su propio placer y de nuestro bloqueo ante un sexo que se vuelve pura gimnasia, cuando no algo peor, y nos ignora.

Para este sistema, las mujeres somos los objetos, no los sujetos. Las deseadas, no las que desean. Somos las que tenemos que esperar a que el chico que nos gusta nos bese, las que debemos decidir cuándo vamos a 'dejarnos'. No demasiado pronto, no vayas a ser una zorra; tampoco demasiado tarde, a ver si acabas por ser la frígida.

Las mujeres a las que se nos prometió libertad sexual hemos tenido que construir nuestro deseo entre esos dos polos. Se nos dio el carné para tener sexo con quien quisiéramos -tomad, esto vuestras abuelas ni lo soñaron- pero se resistieron a cambiar el contenido de ese esquema. Tú ten sexo, mujer, otra cosa es que sea como tú desees, que lo disfrutes, que lo pidas, que digas 'esto no, esto sí', 'deja de hacer eso', 'más fuerte' o 'mira, déjalo'. Tú ten sexo, mucho, pero mejor no pases a la categoría de sujeto.

Así que acabas con alguien en la cama, un hombre, porque estás ejerciendo tu libertad sexual, pero algo no funciona. No has mandado tú el mensaje, porque no quieres parecer una tía desesperada o cachonda o lo que sea. Si lo has mandado tú es probable que durante unas horas lidies con la duda de si el de enfrente te estará juzgando (sí, por hacer lo mismo que él, así es el patriarcado) o con una culpa que no acaba de definirse del todo. Una vez en el juego, el peso del 'objeto, no sujeto', hace su papel. Él pide esto o da por hecho lo otro, ¿y nosotras?

La cosa sigue. Puede que haya dedos que avanzan sin que tú estés convencida, pero le dejas hacer. Quizá esa postura no te gusta del todo, pero qué le vas a decir. Querrías más de esto, pero no lo conoces mucho, te da cosa pedirlo. Él no pregunta, más bien repite movimientos como en una letanía sexual o explora sin prestar mucha atención a lo que tú quieres. Y te cansas o te aburres o incluso temes que ese que se menea a tu lado tenga alguna otra ocurrencia a la que no vas a saber cómo decir que no, llámalo miedo, que lo hay de muchos tipos, llámalo surfear entre la puta y la frígida.

Así que llega un momento en que prefieres pegar cuatro gritos que no sientes que seguir con aquello. Porque no te ves capaz de pararlo, de ser también sujeto y dirigir la 'conversación' a medias. Porque te desespera la falta de interés del otro o te sientes mal pero no sabes cómo ponerle palabras. Porque no te sale decir 'no me gusta' o 'no me voy a correr, ¿lo dejamos?' o levantarte y señalarle el mueble sobre el que quieres hacerlo. No quieres ser la frígida, no quieres ser la puta, no quieres ser la tía con la que uno no lo pasa bien, la que da problemas, o la intensa.

El patriarcado se ha metido en la cama contigo y no sabes bien ni dónde está tu deseo, ni qué lugar ocupa ni qué derecho tienes tú de ejercerlo. Casi prefieres que ese tío salga de la habitación con el ego colmado que resentido o, peor aún, pensando que no merece la pena volver a quedar contigo.

No más. No más hacerle el juego al patriarcado, no más libertad sexual de mentirijilla. Para qué meterte a la cama con nadie si no es para ser quién tú quieras, sujeto, cuerpo y deseo. Para qué querer meterte a la cama con alguien que no quiera al lado un sujeto con sus verbos y sus predicados. Porque qué bien sienta el feminismo. Y los orgasmos de verdad.

sábado, 6 de julio de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #feminismo | Itziar Castro: "Me han insultado por gorda, feminista y lesbiana, en ese orden"

El Español / Itizar Castro en la moto Metropolis de Peugeot //

Itziar Castro: "Me han insultado por gorda, feminista y lesbiana, en ese orden"

"Los hombres aún no reconocen su punto G en el ano: no saben lo que se pierden"/ "Las mujeres no estamos diseñadas para dar placer a los hombres" / "Ligo mucho, tengo mucho sexo e incluso me han ofrecido hacer películas porno".
Lorena G. Maldonado | El Español, 2019-07-06
https://www.elespanol.com/cultura/20190706/itziar-castro-insultado-gorda-feminista-lesbiana-orden/411459227_0.html 

Cuenta que la han insultado por "gorda, feminista y lesbiana": en ese orden. Cuenta que no le importa: que sólo escucha a los que quieren -los demás serán "más infelices"-. Cuenta que la belleza en el arte dista mucho de la presunta belleza que insufla la publicidad. Cuenta que la sociedad ha desoído que la mujer disfruta por sí misma; que no es ningún trampolín para hacer gozar al hombre. Cuenta que no hace ninguna falta un falo para alcanzar la plenitud en una relación sexual. Desmonta tabúes. Habla con infinita paz. Esto no iba de otra cosa que de amor. Y de libertad. ¿Qué habrá más básico?

A Itziar Castro, que fue nominada al Goya como Mejor Actriz Revelación -por ‘Pieles’, de Eduardo Casanova-, que triunfó por sus papeles en ‘Vis a Vis’ o en ‘Campeones’, que es hoy embajadora de la scooter Metropolis, de Peugeot, nada se le resiste. La semana pasada inauguró el Pride Barcelona 2019 con un beso con Ada Colau al grito de "no dejemos que los fantasmas que vienen a caballo nos ganen". Hace unos días acompañó a la pregonera Mónica Naranjo en el Orgullo LGTBIQ de Madrid. Hoy conversa con El Español sobre esto y aquello: celebrando la vida.

¿Qué es el sexo para Itziar Castro?
Comunicación y complicidad.

¿Y el amor?
Necesario, básico y un motor de vida. Yo todo lo hago por amor. Por amor a mi profesión, a la gente que quiero, a las cosas... es el motor del mundo.

¿Cómo se diferencia el sexo del amor?

Bueno, yo creo que cuando tienes un momento sexual apasionante, tienes amor. Amas ese cuerpo, amas ese orgasmo, amas ese instante... aunque luego ya pase y no sea así. Pero en ese momento hay amor. Eso no quiere decir que tenga que haber amor previo o amor sostenido o amor para toda la vida. Las endorfinas son amor y el sexo son endorfinas, por tanto… es lo mismo. Y el amor está en muchas partes, no sólo en el sexo. Está en la libertad que tengo yo conduciendo la moto, disfrutando, llevando a alguien con quien he tenido una cita… ahí está el amor, también.

¿Cómo crees que ha cambiado el feminismo nuestra forma de entender el sexo?
Bueno, creo que ha empezado a cambiar. Aún queda mucho por cambiar. Las mujeres no estamos diseñadas para dar placer a los hombres, sino para tener placer personal y disfrutar del sexo de una manera plena, y creo que el feminismo ha aportado esa visión.

¿Y los hombres se están dando cuenta de esto?
Esperemos que sí, ¿no? Cada vez hay más hombres feministas, cada vez hay más hombres que escuchan nuestro mensaje y que entienden que somos iguales... bueno, somos muy diferentes, pero a la vez tenemos que tener los mismos derechos y sexualmente, las mismas condiciones.

¿Qué te hubiera gustado que te explicasen en cuanto a educación sexual cuando eras pequeña?
Yo he tenido la suerte de tener una familia muy libre, muy liberal, y para mí el sexo ha sido muy natural desde pequeña. Por lo tanto, no lo he vivido como si me faltase algo, a mí. Pero creo que debería haber educación sexual desde la escuela y que se debería contar cómo es el aparato reproductor masculino y cómo es el femenino, y cómo funcionan. Mucha gente no sabe que el punto G. de los hombres está en el ano y aún piensan que es tabú...

¿Eso es homofóbico?
Totalmente, y no saben lo que se están perdiendo, básicamente. Y con la mujer igual, ¿eh? Desconocemos ese gran órgano que es el clítoris. Cómo es por dentro, cómo es en general, cómo hacerlo funcionar para disfrutar.

¿Y en cuanto a la educación sexual inclusiva, LGTB? Ese tema sigue siendo polémico para cierto sector de la población.
Mira, en los colegios, los niños y niñas todos tienen novios y novias... y no tienen ningún problema con eso. Es a raíz de ir creciendo cuando les van poniendo tabúes. Por eso creo que hay que explicar las cosas con naturalidad, justo a esa edad: con toda la diversidad posible, porque para ellos es normal. Es normal que un niño se vista de niña, o que sea blanco, o negro... es importante que desde pequeños tengamos cuanta más variedad en todos los aspectos posibles, mejor.

Contaste en una ocasión que te habían insultado por ser feminista y lesbiana.
Me insultan por ser gorda, lo primero. Luego por ser feminista y luego por ser lesbiana.

¿Cómo ha sido tu experiencia con este último punto?
Bueno, no lo vivo como... me da igual. Quiero decir, soy feliz como soy y con quien yo comparto mi vida. Si alguien me rechaza por eso, es su problema, no es el mío. Lo vivo como que los homófobos serán más infelices, que hagan lo que quieran.

¿Cómo se reconoce a un homófobo encubierto?
No son encubiertos. No hay nadie encubierto.

Hay clichés...
Pues no es encubierto, se ve muy claramente. Es muy fácil todo. Cualquier actitud homófoba o machista se detecta muy fácilmente. El tema es que no lo saben ellos o que no lo quieren saber, entonces hay que hacérselo notar. “Esto que acabas de decir es homófobo, o es machista”. Para cambiar, primero hay que asumir: este es el gran tema. Los hombres (ni las mujeres, eh) en general asumen que son machistas, y todos vivimos en una sociedad machista y hemos sido educados así.

¿Cómo fue tu primera experiencia con el sexo? Tu primera pulsión, tu primer descubrimiento. ¿Cómo lo recuerdas?
Placentero y como un juego. Y no voy a entrar en más detalles.

¿Por qué crees que la masturbación femenina sigue siendo un tabú?

Porque las mujeres tenemos el tabú de disfrutar. Tenemos el tabú de que si la mujer disfruta del sexo es una guarra, una puta, y todo tiene que ver con el machismo y con el heteropatriarcado. Que una mujer disfrute es humano, es saludable y sano. De hecho, el sexo ayuda a que nos relajemos, a dormir mejor, a quitarnos tensiones... sí, está bien.

Está la fantasía recurrente del hombre heterosexual: dos mujeres lesbianas que tienen sexo entre ellas. Porque de alguna manera siente que el siguiente en entrar es él, que se necesita un falo en ese encuentro. A sus ojos. ¿Qué les explicarías sobre este tema?
Les explicaría que las mujeres mayoritariamente somos clitorianas. Eso para empezar. Si hubiesen estudiado el clítoris, lo entenderían. Eso por una parte. Y por otra: si es consentido y todo el mundo es feliz, que entre quien quiera. Uno, dos, tres, poliamor, lo que haga falta. Pero no hace falta que haya un hombre para disfrutar. En la libertad tanto sexual como vital de cada uno, que todos hagamos con nuestra vida lo que queramos.

¿Qué sabes hoy de las mujeres que no sabías con 18 años?

Que lo tenemos más difícil, en general, y pese a ello salimos adelante victoriosas y cambiando el mundo.

¿Cómo vives los insultos por tener un cuerpo no normativo? ¿Por qué parece que el sexo está reservado a los cuerpos perfectos, o, mejor dicho, a los que la publicidad nos dice que son perfectos? ¿Por qué se deserotizan el resto de cuerpos?
Uy, muchas preguntas en una. A ver: se cree que los cuerpos de talla grande no son eróticos, pero si te fijas en la inmensa mayoría de estatuas o de pinturas sobre la feminidad y sobre el erotismo son de tamaño grande, como Botero, como la Venus de Willendorf, o ‘Las tres gracias’ de Rubens. Si empiezas a escarbar y a observar a nivel artístico, sí, es mucho más. De hecho, a mí me han pintado muchísimo desnuda, me han llamado muchísimos fotógrafos y fotógrafas... porque les resulta un cuerpo mucho más sexy que cuando es muy delgado. Es lo que nos están intentando vender, pero la realidad es otra. Algo más: yo ligo muchísimo, tengo mucho sexo y buen sexo, incluso me han llegado a ofrecer hacer películas porno. Cosa que no he hecho, pero me lo han ofrecido.

¿Y por qué decidiste no hacerlo?

Porque no me apetecía. Me llega a apetecer y lo hago. Así de simple.

¿Lugar fetiche para hacer el amor?
Sobre la luna de la moto Metrópolis. ¡Vamos a hacerlo! No, cualquier lugar es bueno para hacer el amor. Siempre que a las dos personas, o a las que sean, les apetezca.

¿Banda sonora?
Tengo varias. Cada momento de mi vida tiene varias canciones. También varía según la persona: algo más efervescente, o algo más tranquilo... variedad.

¿Cuál es el gran tabú sexual que crees que pervive en la España de 2019?
Creo que hay muchos. Uno de los que hemos dicho antes de los hombres que por la parte posterior mejor no... por si acaso; o, no sé. Creo que el mayor tabú es no dejarte fluir y ponerte limitaciones y etiquetas, que ya está bien de etiquetas. Lo mejor es fluir, tanto en el sexo como en el resto de la vida.

¿Cuáles son las reivindicaciones que quedan pendientes en el colectivo LGTBIQ?
Pues son constantes y diarias. Que no demos un paso atrás, que mantengamos nuestros derechos. No que por el simple hecho de ir de la mano te puedan pegar... el jueves pasado, después del día del Pride en Barcelona, pegaron a dos madres delante de su hija que estaba en un parque. Hemos conseguido muchas cosas, pero quedan más.

¿Cuánto hay de cierto en que muchos homófobos son, en realidad, homosexuales encubiertos?
(Ríe). Cada uno tiene que decidir cuándo quiere salir del armario y cuándo no. Creo que tienen que asumir qué tendencias sexuales tienen, y si no lo quieren asumir, serán infelices toda la vida. Pero pf... nadie tiene que obligar a nadie a salir del armario, ni sé si es el más homófobo es porque en realidad es gay... se dice, ¿no? Ha habido dictadores que han sido precisamente así por eso. Seguramente si no vives con libertad tu esencia, acabas siendo un tirano o una tirana, seguramente. Pero no lo sé, porque yo sí vivo en lo que siento y en lo que pienso. Soy un poco borde a veces, pero no soy una tirana.

Tus mitos eróticos desde adolescente hasta ahora.

Es curioso, ¿eh? He mitificado a mucha gente, pero en realidad lo que quería era ser como ellas o conocerlas, y he acabado conociéndolas. A ellas y a ellos.

¿Por ejemplo?
Concha Velasco, por ejemplo, que la admiraba muchísimo y ahora me admira ella a mí. Me pasan estas cosas. Y a nivel sexual también me pasa: a veces me ha gustado alguien y al final ha acabado siendo relación.

¿Podemos dar nombres ahí?

Ahí ya no vamos a entrar (risas). No es tanto la persona en sí como un personaje, un momento concreto, una película... te diré: más que un mito erótico, una película que a nivel emocional y sexual me hizo plantearme muchas cosas y que fue como “yo quiero sentir lo que estoy viendo ahí”, fue ‘When night is falling’, que es una película canadiense. Son dos chicas espectaculares y es preciosa. Fue de las primeras películas lésbicas que acababa bien, y eso estaba bien, porque siempre era un drama… me quedaría con esa imagen.

¿Hay diferencia entre practicar sexo con alguien de derechas y alguien de izquierdas?

Eh... no. Todos llegan al orgasmo igual y todos gritan igual. En mi experiencia, vaya. En mi casa no ha habido problema.

Un mensaje para Vox.
Si sus hijas, sus hijos, sus madres, sus mujeres, sus primas, sus primos… fueran feministas, lesbianas, transexuales, LGTBI, en definitiva, ¿pensarían lo mismo?