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lunes, 30 de noviembre de 2020

#hemeroteca #gais #testimonios | Cuatro cosas que podemos aprender de Divine


Cuatro cosas que podemos aprender de Divine.

Una nueva biografía presenta las peripecias de la diva 'trash' como una historia «de esperanza», sobre cómo un adolescente gay supo crearse un mundo a medida y «reír el último».
Carlos Benito | Leonoticias, 2020-11-30
https://www.leonoticias.com/vivir/artes/cuatro-podemos-aprender-20201201100357-ntrc.html 

Proponer a Divine como ejemplo casi puede parecer un disparate. La impactante diva 'trash' de vestidos ceñidísimos, álter ego del actor Harris Glenn Milstead, fue algo así como la pesadilla de los biempensantes, una criatura excesiva y transgresora que encarnaba la inmundicia y el escándalo: hablamos, en fin, del personaje que mordía un corazón de vaca crudo o se metía en la boca una caca de perro en las películas de su cómplice John Waters, el director de cine que la bautizó como Divine y la describió como «la mujer más hermosa del mundo, casi». Ahora, el periodista almeriense Álex Ander ha tomado prestada aquella frase para titular 'Divine: la historia de la mujer más hermosa del mundo (casi)', una biografía publicada por la editorial Egales que se basa en entrevistas exclusivas y va ilustrada con fotos a color. Y que, según apunta el autor, presenta un relato «de esperanza», el de cómo un adolescente gay de Baltimore acosado en el instituto (hasta el punto de que tuviese que escoltarlo la Policía) supo crearse un mundo a medida y «reír el último».

Porque claro que Glenn o Divine, Divine o Glenn, sirven como modelo de muchas cosas, y más en este mundo cada vez más cuadriculado y censor. Lo resume certeramente Valeria Vegas en el prólogo del libro: «Su figura sigue siendo hoy un revulsivo, más aún si tenemos en cuenta que una parte del colectivo LGTBQ camina hacia lo puramente normativo. Su imagen, con la lengua fuera o guiñando un ojo, nos sigue diciendo que se puede ser bella con más de cien kilos. Que el exceso de maquillaje nunca es exceso y que la libertad no debería tener límites». He aquí un breve compendio de lo que podemos aprender de Divine, a cargo del propio Álex Ander.

No tengas miedo a ser diferente
«Divine enseñó a muchos artistas y no artistas del planeta a abrazar las diferencias. Cuando empezó en el mundo del 'drag', las 'drag queens' eran bastante cuadriculadas y el sentido del humor no tenía demasiada cabida en sus presentaciones. Todas aspiraban a ser como sus madres y a lucir lo más femeninas posible. Divine empezó maquillándose y vistiéndose de forma elegante, pero vio que su sobrepeso y su sentido del espectáculo no encajaban en ese molde. Por eso, empezó a vestir ropa atrevida y ceñida que, probablemente, ninguna persona con sobrepeso se habría puesto entonces. Consiguió que el 'drag' comenzase a evolucionar, combatió el canon de belleza normativa y, de paso, logró insuflar confianza a aquellos jóvenes que, por un motivo u otro, sentían que no encajaban en la sociedad. Yo estoy convencido de que, sin Divine, hoy no existirían ni Lady Gaga ni 'RuPaul's Drag Race'».

Ante todo, sentido del humor
«Divine era un artista animador. Pocas cosas le producían tanta satisfacción como hacer reír a los demás. Toparse con John Waters le permitió empezar a hacer comedias paródicas y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad. De hecho, el cineasta escribió específicamente para él personajes estrambóticos, transgresores y políticamente incorrectos que permitieron a Divine sacar toda esa ira contenida de sus traumas de instituto. Ese sentido del humor, unido a su soez verborrea, le permitió ganarse la vida haciendo bolos por el mundo y vivir como siempre había querido: como una auténtica estrella, con independencia del dinero que tuviese en la cuenta bancaria en cada ocasión».

La perseverancia es el camino
«Divine se tomó siempre bastante en serio su carrera. Tenía claro que no había nacido para tener un trabajo convencional y convertirse en el típico padre de familia amargado que abundaba entonces en su barrio de los suburbios. No tuvo miedo a esperar. Pasó varios años trabajando como peluquero y haciendo pelis de bajo presupuesto por puro amor al arte, con la esperanza de triunfar algún día en el mundo del cine. Aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron y fue siempre tremendamente perseverante. Mucha gente de su entorno le decía que no sabía cantar y que no podría hacerlo, pero él les demostró que para cantar no era necesario tener una gran voz. Por su parte, la mayoría de los productores hollywoodienses de la época eran bastante prejuiciosos y temían contratar para sus películas a un tipo que se ganaba la vida actuando en discotecas travestido. Pero Divine no dejó nunca de dar lo mejor de sí y demostrarles a todos ellos que, dijeran lo que dijesen, era un buen actor de reparto. Lo triste de su historia es que el reconocimiento le llegó con el estreno de 'Hairspray', pocas semanas antes de su repentina muerte en 1988, a los 42 años».

Haz política con tu vida
«A Divine nunca le interesó demasiado la política. La mayoría de los 'dreamlanders', la troupe cinematográfica de John Waters, sí tenían esa inquietud, pero a Divine solo le interesaba preparar cenas para los amigos y decorar la casa con flores que habitualmente robaba del cementerio donde, paradójicamente, hoy está enterrado. No tenía problema en hablar públicamente de los derechos de los gais, pero su discurso no era nada político. De hecho, una vez confesó que nunca iba a votar cuando había elecciones... Pero le bastó con ser él mismo para reivindicar el derecho a que cada uno se mostrase como le diese la gana. El actor se reapropió de alguna manera del insulto (todo un acto de reivindicación política, sin duda) y su enorme carisma y personalidad inspiraron a muchos de sus fans. Varias de las personas con las que me entrevisté me contaron que ver las pelis de Divine, o acudir a alguno de sus bolos, les dio la fuerza necesaria para salir del armario y gritarle al mundo entero: 'Así soy yo, te guste o no, y que te jodan si te molesta que no esconda todo eso que me hace diferente a ti'».

«Le sometieron al detector de mentiras... ¡y lo pasó, para que digan que no era buen actor!»
En la adolescencia, Glenn se lo hizo pasar bastante mal a sus padres, y no solo por vestirse de mujer y perderse junto a sus extraños amigotes. «Como muchos padres de su entorno en esa época, ellos querían que su hijo estudiara algo y se dedicase a una profesión convencional, pero Divine quería ser una estrella de cine, como su admirada Elizabeth Taylor. Era un tipo excesivo.... Solía montar fiestas en su casa y cargaba todos los gastos a la cuenta de sus padres. Cuando el saldo se acabó, empezó a escribir cheques sin fondos. En una ocasión, la policía llegó a arrestarlo. Le llevaron a su casa y, delante de sus padres, le sometieron a la prueba de un detector de mentiras... ¡y la pasó! ¡Para que luego digan algunos que no era buen actor...! Todo esto acabó cansando a sus padres, que sentían que Divine solo les buscaba cuando necesitaba pedirles algo. Y así fue como, tras mantener una fuerte discusión, Divine y sus padres se distanciaron: no tuvo nada que ver con el hecho de que él fuese gay, como se ha comentado en alguna ocasión», analiza Álex Ander. Parece que de toda esa peripecia no podemos extraer ninguna enseñanza positiva, ¿no? Bueno, al final se produjo la reconciliación: «Pasó casi una década... Fue entonces cuando Divine compartió con sus padres los entresijos de su carrera y acabó invitando incluso a su madre, porque su padre estaba gravemente enfermo, a acudir al estreno de la que fue su última peli, 'Hairspray'. Fue la primera de sus películas que consideró que estaba a la altura y de la que pensó que su madre podría sentirse realmente orgullosa».

lunes, 9 de noviembre de 2020

#libros #testimonios | Divine : la historia de la mujer más hermosa del mundo (casi)

Divine : la historia de la mujer más hermosa del mundo (casi) / Álex Ander ; prólogo de Valeria Vegas.

Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [11-09].
291 p. 
Serie: Colección G.
/ ES / ENS / Libros / Artistas / Biografías / Gais / Divine / Drags / Mariconeo / Testimonios / Trash
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418501135 / 20€

[.es] Divine es mucho más que aquello que sabemos de él. Su historia es la de un chaval de Baltimore acosado por otros niños que tuvo la suerte de toparse un día con otros marginados (el cineasta John Waters y su ‘troupe’ cinematográfica) que le aceptaron y le quisieron sin condiciones. También es el relato de alguien que consiguió tirar de disciplina y sentido del humor para exagerar todo aquello que los demás odiaban de él y proyectar su ira contenida en los revolucionarios e inolvidables personajes a los que dio vida durante su carrera. Pero, sobre todo, es la historia de un artista serio y perseverante que deseaba con todas sus fuerzas ser famoso y lo logró, revolucionando por completo la cultura pop del siglo XX.

«La figura de Divine, en todo su concepto, sigue siendo hoy un revulsivo, más aún si tenemos en cuenta que una parte del colectivo LGTBQ camina hacia lo puramente normativo. Su imagen, con la lengua fuera o guiñando un ojo, nos sigue diciendo que se puede ser bella con más de cien kilos. Que el exceso de maquillaje nunca es exceso y que la libertad no debería tener límites. Le bastaron tan solo una decena de largometrajes y unas cuantas canciones para dejar huella. Una huella imborrable que ahora Álex Ander logra reivindicar con cariño y meticulosidad. No lo duden, Divine es inmortal.» Valeria Vegas

Álex Ander (Almería, 1988) se define a sí mismo como «el defensor de las causas perdidas». Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Málaga y máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Escribe de forma habitual sobre cine y televisión en la revista Cinemanía, y ha colaborado también en otros medios de comunicación como Vanity Fair, Esquire, Mine o The Objective. Compagina el periodismo con la docencia, los partidos de tenis con las películas de serie B y la crónica parlamentaria con la social. Este es su primer libro publicado.

lunes, 23 de marzo de 2020

#hemeroteca #gais #inmemoriam | Murió el artista Sergio De Loof, el “rey del under”

Imagen: Clarín / Sergio De Loof en su retrospectiva del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Murió el artista Sergio De Loof, el “rey del under”.
Estaba exponiendo en el Museo de Arte Moderno. Figura central de la movida de los años 90, hace unos meses había dicho: 'Me voy a ir de un mundo mucho mejor del que me encontré al llegar'.
Sofía Poggi | Clarín, 2020-03-23
https://www.clarin.com/cultura/murio-artista-sergio-loof-rey-under-_0_kfoq3QkAY.html

El Almodóvar argentino le decían. Símbolo del under porteño, se escuchará hoy, cuando haya que hablar de la muerte de Sergio De loof, artista, diseñador, la sal de los años 90. Porque hace horas se supo: De Loof murió este sábado tras sufrir un shock de asepsia generalizada.

Nacido en 1962, Sergio De Loof fue el creador de desfiles y de vestimentas que supieron reflejar una contracultura que, a mediados de los ochenta, transcurría lejos de los circuitos oficiales del arte. De alguna forma, fue el responsable de continuar en los noventas el espíritu del destape insurrecto que había nacido en Cemento o el humor transgresor de Batato Barea en el Parakultural. Durante una época, incluso compartió techo con la figura icónica del rock under de la época, Luca Prodan​, en calle Alsina 451, donde ahora funciona un bar.

En 1989, este excéntrico autodidacta fundó con sus amigos el bar Bolivia. A lo largo de los noventas pasó por El Dorado, Café París, el Morocco, Club Caniche y Ave Porco, refugios legendarios que funcionaban como espacios de encuentro de las aristas más diversas de la cultura. Allí, De Loof llevaba adelante desfiles, exposiciones y obras de teatro, además de otras locuras. En sus puestas en escena, los cuerpos no hegemónicos reinaban, lo marginal se colocaba en el centro y las disidencias sexuales marcaban la norma.

A su alrededor, los límites de la moda, el teatro y el arte se disolvían con irreverencia, y todo era atravesado por el humor y el escándalo. Creaba prendas a partir de retazos, prendas de segunda, papeles, recortes de revistas, cosas que para otros podrían haber sido basura, mucho antes de que los materiales reciclados se pusieran de moda. Un vestido de plástico amarillo pegado con tiras de cinta adhesiva está recubierto por un estampado de bananas reales que cuelgan de ganchos; una pollera de toalla se combina con un top cruzado de retazos de telas de colores que cuelgan; armaduras construidas con ollas y sartenes se complementan con un casco de jaula de madera; y prolijas franjas de empapelado componen un vestido de realeza de la alcantarilla.

Además de diseñador de moda e impulsor de espacios y actividades culturales, De Loof editó su propia revista, junto a Alfredo Visciglio y Paulo Russo. Los 15 mil números mensuales de Wipe se repartían gratis por la ciudad. Era una micropublicación donde trataba la moda actual y donde presentaba su propia agenda cultural, con publicidades falsas de marcas de primera categoría.

Hay al menos dos documentales sobre él, ‘Una historia del trash rococó’ (2009), de Miguel Mitlag, y ‘Sergio De Loof: El monarca’ (2016), de Francisco Garamona. Ambos testimonian cómo combinaba con excelencia los más lejanos opuestos, su lado lumpen con su lado glamoroso, la fealdad con la belleza, la pobreza con la ostentación.

Considerado por muchos (¡y por él mismo!) como “El rey del under”, a medida que avanzaron los noventas supo alternar el underground con el mainstream de los programas de televisión y el interés de la clase alta. En sus últimos meses, incluso logro aquello que de alguna forma contradice y de otra forma reafirma la obra de toda su vida: una retrospectiva en el centro del circuito oficial del arte. Su muestra ‘¿Sentiste hablar de mí?’, en nueve salas en una superficie de 800 metros cuadrados del Museo de Arte Moderno, combina instalaciones con obras de teatro, una tienda, una biblioteca y un carnaval, con el foco en los desfiles y vestimentas que lo convirtieron en el ícono de la moda del under local. La exposición estará disponible al público hasta el 26 de abril de este año.

En los últimos años, se mostraba a través de sus redes sociales, donde escribía “gritando” con mayúsculas y sin puntuación. En su Instagram, hace una semana publicó una imagen de un cuadro donde aparece una figura discordante en su vida, su padre, leyendo el diario Clarín.

Un activo ‘visibilizador’ de la cultura gay durante toda su vida, en una entrevista a Clarín en diciembre confesó que le emociona cómo hoy los chicos pueden ir besándose por la calle: “Me voy a ir de un mundo mucho mejor del que me encontré al llegar. Y creo que hice lo más que pude por que sea así”.

viernes, 31 de enero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Violeta de arriba, Pedro de abajo

Imagen: El Periódico / Violeta La Burra
Violeta de arriba, Pedro de abajo.
La muerte del travesti nocturno Violeta la Burra casi pone fin a una era ruda pero genuina del mundo del espectáculo y entristece a su vecindario del Eixample.
Luis Troquel | El Periódico, 2020-01-31
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200131/muerte-biografia-violeta-la-burra-7830837

¿Existe la alta cultura 'trash'? Si es así, pocos como Violeta la Burra alzaron ese estandarte. O ese pendón, mejor habría que decir. No era exactamente un transformista, pues no emulaba a otros personajes, y ejercía solo de travesti con nocturnidad. Su nombre de carnet de identidad siempre fue Pedro Moreno Moreno. Al parecer, inicialmente le llamaban 'la Dulce' pero le gustaba decir tales animaladas en el escenario que un día se le quedó lo de 'Burra' a instancias de un espectador.

Su muerte en Sevilla el pasado 29 de enero ha vuelto a poner sobre ella el foco como hacía mucho no resplandecía. Pero, aun con 83 años, al caer la noche para Violeta seguía empezando la función: se maquillaba, se vestía de mujer y recorría bares y calles vendiendo rosas. Lanzando y recogiendo piropos de gente que en muchos casos nada sabía de su trayectoria artística. Algo que no parecía importarle lo más mínimo. Ni mucho menos molestarle. A fin de cuentas, en su mejor momento profesional lo dejó todo para cuidar a su madre cuando cayó enferma. Llevaba dos años en París, donde trabajó con Jean-Marie Rivière en el Paradis Latin y hasta tuvo su propio espectáculo en el Moulin Rouge.

Había nacido en 1936 en el pueblo sevillano de Herrera y muy joven cogió el tren y se instaló en Barcelona. Primero actuando en Los Claveles, en la calle de Escudellers. Entre otras muchas salas triunfó en el Barcelona de Noche e incluso fue la gran estrella en la reapertura del Teatre Arnau con una entonces pujante Loles León. En plena transición el propio Paco Umbral la glosaba y los retratos que le hizo Humberto Rivas hoy pueden verse en museos.

Lo suyo era infinitamente más atrevido que el punk entonces reinante y estaba en las antípodas de la corrección política de las actuales corrientes LGTBI. Tampoco era el mito a lo Flor de Otoño de hombre que oculta durante el día sus noches travestidas. A él le gustaba decir: "Violeta de arriba, Pedro de abajo".

Sus discos y casetes son tesoros bizarros. No le importaba mancharse con el trazo grueso y pocas rimas le gustaban tanto como las que pueden hacerse con las palabras “salchichón” y “maricón”. Entre canción y canción tenía desternillantes 'speaks' sobre las redadas de la policía, los meaderos de la plaza Catalunya, las palizas de los chulos y similares lindezas.
Con su dulce sonrisa se hacía querer allí donde iba. Tanto entre los compañeros de profesión como en el actual día a día. Vivía desde hacía mucho en Enric Granados con Còrsega y en cualquier sitio donde coincidieras se palpaba el cariño que cualquiera le tenía. Ayer el vecindario estaba consternado. En El Filete Ruso hasta habían colgado fuera una foto suya enmarcada. Enfrente, la estilista Carolina Allande explicaba como hace escasos días vino a verla. No le dijo nada de lo avanzado que estaba ya el cáncer que padecía, pero sí que quería que tuviesen una nueva foto juntas.

sábado, 4 de agosto de 2018

#hemeroteca #inmemoriam #trans | Fallece María José la Valenciana, personaje LGTBI clave del Torremolinos actual

Imagen: Diario Sur / María José la Valenciana
Fallece María José la Valenciana, personaje LGTBI clave del Torremolinos actual.
Organizaciones, locales y amigos inician una recogida de fondos para pagar un «entierro digno» ya que su familia se ha desentendido.
Iván Gelibter | Diario Sur, 2018-08-04
https://www.diariosur.es/costadelsol/fallece-maria-jose-20180804230215-nt.html

Cuando uno piensa en lo que supone hoy en día el colectivo LGTBI se vienen a la imagen una tipología diversa de personas. Sin embargo –y salvando el tiempo que ha pasado desde entonces– personajes como el que representaba María José la Valenciana, fallecida este pasado jueves en Torremolinos tras sufrir una larga enfermedad, son los que hace 49 años iniciaron los Disturbios de Stonewall en Nueva York. Transexual, divertida, carente de complejos y con un enorme corazón (tal como señalan sus amigos y amigas), esta mujer nacida hace 44 años en Sagunto (Valencia) deja un enorme vacío en los días y las noches de La Nogalera, donde causó una enorme sensación pese a no haberse criado entre sus bares, sus discotecas y sus cuartos oscuros.

Antonio, encargado de la discoteca Parthenon, es quizá una de las personas que mejor la conocía. «Llegó a Torremolinos por primera vez hace 10 años», recuerda con emoción. «Pero fue hace unos tres años cuando decidió quedarse aquí. Le intentamos dar trabajo y buscarle un sitio donde dormir, pero su vida ya estaba condicionada por el alcohol», relata. Aún así, durante este tiempo María José nunca dejó de alegrar a todo aquel que quisiera escucharla. «Era ordinaria, lenguaraz y gritona, pero era una persona maravillosa», coinciden Santiago Rubio, presidente de Colega Torremolinos, y Fran (Kelly Roller).

Según ha podido saber Sur de amigos de María José, su vida fue complicada desde que nació. Abandonada por su madre poco después de nacer, se crió junto a sus abuelos, que tenían un puesto de pescado en Sagunto. «Ella siempre consideró a sus abuelos como sus padres, pero cuando ellos fallecieron la situación cambió», relata el encargado de Parthenon.

A partir de entonces, y fruto de la necesidad de conseguir dinero para vivir y poder realizar las operaciones que le permitieran modificar el sexo asignado al nacer, María José la Valenciana trabajó en el negocio de la prostitución prácticamente hasta su llegada a Torremolinos. Cuando se marchó la primera vez, y ya llevando tras de sí los problemas con el alcohol, vivió durante unos años en Carboneras (Almería), donde vivía en una realidad cercana a la mendicidad.

Como un giro tristemente irónico, sus mejores años fueron probablemente aquellos en los que comenzó su declive físico. En la discoteca Parthenon se encontraba como en casa, ya que este histórico local de La Nogalera ha sido un punto de encuentro para las olvidadas a las que el colectivo debe buena parte de sus derechos.

En la tarde de ayer, una buena parte de personas y personajes relacionados con el mundo LGTBI y la cultura 'trash' local (La Prohibida, Satín Greco, Santiago Rubio, Kelly Roller, Martín Moniche, Laura Freskis...) mantuvieron una reunión en Parthenon para organizar el funeral de María José. Tal como pudo comprobar este periódico, su familia valenciana se ha desentendido de estas cuestiones, por lo que se ha iniciado una recaudación de fondos para brindarle un entierro digno a este personaje que ha sido clave en el Torremolinos actual de libertad y diversidad.

Mientras tanto, quién la conocía seguirá recordando su voz y sus brutos comentarios. Quién no tuvo ese placer siempre puede acudir a su Instagram y revisar sus vídeos. Pero en cualquier esquina de La Nogalera seguirá resonando su frase: «Con la cara, maricones».

Excompañera de piso de La Veneno e 'influencer trash'
Para muchas personas del colectivo LGTBI, María José la Valenciana era una especie de 'Veneno local'. No en vano, y según ha podido averiguar Sur a través de amigos de ella, María José fue compañera de piso de La Veneno años antes de que se hiciera famosa en los programas de más audiencia de la televisión a nivel nacional. Su humor, la complicada historia que le precedía y un final demasiado pronto y abrupto las relaciona inevitablemente junto a centenares de mujeres trans con vidas marcadas por familias que no las entendían y que vieron (ven) abocadas a vivir en la calle y dedicarse a la prostitución, tanto para poder comer como para poder operarse y sentirse en el cuerpo correcto.

En estos últimos dos años, María José la Valenciana pasó a ser conocida no solo en Torremolinos, sino en toda España. Antonio, el encargado de Parthenon, le creó una cuenta en Instagram en la que iba colgando vídeos de ella muy bien editados y que reflejaban muy bien su forma de ver la vida. En el momento de su fallecimiento, la cuenta tenía más de 20.000 seguidores, algunos de tanta relevancia como Mario y Alaska, Topacio Fresh o Jorge Javier Vázquez; muchos de los cuales han mostrado su pena por la pérdida de María José.

viernes, 13 de julio de 2018

#hemeroteca #mariconeo | Auge y caída del fenómeno trash ‘Samantha Hudson’

Imagen: La Vanguardia / Iván González como 'Samantha Hudson'
Auge y caída del fenómeno trash ‘Samantha Hudson’.
Joan Porcel analiza la controvertida figura del álter ego del joven mallorquín Iván González.
Astrid Meseguer | La Vanguardia, 2018-07-13
https://www.lavanguardia.com/cultura/20180713/45812857237/auge-caida-fenomeno-trash-samantha-hudson.html

Todo empezó con un inocente proyecto escolar para la asignatura de audiovisuales. A Iván González, un adolescente mallorquín con muchas ganas de llamar la atención, se le ocurrió la idea de grabar un vídeo en el que aparecía cantando un tema que llevaba por título 'Maricón'. La letra no podía ser más polémica y empezaba con un “Soy maricón y me encanta la Iglesia, pero no me dejan entrar porque monto gresca...” mientras aparecía disfrazado de su álter ego Samantha Hudson contoneándose de forma vulgar con atrevidas sesiones de twerking y medio desnudo en mitad de la calle. La profesora le puso un sobresaliente, pero el tutor de Religión montó en cólera y la voz de alarma trascendió incluso a la prensa nacional. Era 2016 y el vídeo se hizo viral en las redes sociales... acababa de nacer el fenómeno trash Samantha Hudson, una especie de líder del colectivo cristiano homosexual.

El cineasta mallorquín Joan Porcel ha querido analizar la figura de Iván / Samantha en un documental presentado en exclusiva en el Atlántida Film Fest y que se ha convertido en la película más vista de la historia del certamen tanto a través de la plataforma online Filmin como en su sede física en Palma.

Las primeras imágenes de la ópera prima de Porcel nos muestran a Iván, micrófono en mano, ataviado con un vestido y subido a unos zapatos de tacón dando un discurso durante su graduación en el instituto en el que recordaba sus primeros días en clase, cuando decidió llevar una corona de princesa. “Cuando salí al pasillo y me vio el resto del instituto fue un poco extraño porque, aunque yo ya estaba bastante acostumbrado, todo el mundo me empezó a mirar”.

Ante un público de compañeros que le ovacionan, el adolescente reivindica el mensaje escondido tras su excéntrica estética. “Estoy luchando contra una sociedad que me rechaza y me niega el derecho a poder disfrutar de mi propia vida”. “Ninguno se paraba a pensar lo que suponía para mi hacer eso. Porque yo realmente corro peligro por ser como soy y cuando salgo a la calle tengo miedo”. Y la frase final encierra toda una declaración de intenciones. “¿Soy un maricón? ¡Pues sí! ¿Soy un notas? ¡Pues también! Pero espero seguir siéndolo toda mi vida”.

Lo que viene a continuación es un relato que no tiene desperdicio construido a base de imágenes del propio protagonista en su día a día con entrevistas a un reducido grupo de conocidos hablando sobre cómo se gestó el origen de su popularidad. De su familia solo sale su tía materna, que recuerda a Iván como un niño tremendo de pequeño que pataleaba y hacía morir de vergüenza a sus padres cuando no conseguía lo que quería. Sus palabras suenan contundentes y en cierto modo dolorosas por querer con locura y respetar - aunque no comparte para nada su forma de vivir- a un sobrino que se ha convertido en una “loca de la vida inconsecuente, impulsiva y descarada”.

Los 60 minutos que condensan este documental están repletos de confesiones que dejan a una atónita ante la brusca sinceridad lanzada a bocajarro por este personaje indescriptible y singular que luce orgulloso su diario de Peppa Pig o su vestido de Shin-chan y enseña a la audiencia un enorme vibrador al lado de una foto de su difunta abuela en una de las estanterías de su habitación.

No hay nada que diga que no suene ofensivo, pero a él/ella le da igual. Tampoco existe ni sombra de pudor en sus acciones. Relata sin sonrojarse que ha tenido experiencias sexuales con desconocidos completamente borracho y le vemos hasta en la intimidad del baño. Ahorraremos al lector todos los detalles de sus escarceos nocturnos cuando sale de fiesta tras sus bolos en discotecas, pero lo que sí deja claro es que reconoce que “me acuesto con personas que luego no me aportan nada”.

Samantha nació de una necesidad de conectar su lado masculino con el femenino y después de su primer e inesperado hit decidió dejar su Mallorca natal por una Barcelona en la que esperaba perpetuar su fama de estrella underground.

El documental recoge precisamente su llegada a la Ciudad Condal, donde comparte piso con su ‘sister’ Selena Winters, y se lanza a una existencia caótica de escasa actividad artística, dejándose llevar por el desenfreno y las situaciones surrealistas, componiendo de vez en cuando canciones de dudoso gusto musical como el que alude a Chicote, ‘Burguesa arruinada’ o ‘Super Preñada’, todas ellas escritas con letras que pretenden evidenciar una crítica reivindicativa muy sui géneris.

Porcel dibuja un perfil realista y a la postre grotesco sobre este joven de 18 años que esperaba comerse el mundo sin esfuerzo, que creyó tocar el cielo para encontrarse con Jesucristo y lo único que logró fue estamparse contra el suelo tras caer del balcón de un primer piso completamente bebido durante una visita a Sevilla hace unos meses.

No avisó a ningún allegado tras el accidente que a punto estuvo de costarle la vida, pero sí quiso que sus fans fueran los primeros en ver los efectos de la sonora caída a través de los stories que subía a su cuenta de Instagram, donde tiene cerca de 14.000 seguidores. “No controla cuando bebe”, dice su tía apesadumbrada ante el comportamiento inmaduro del joven. Ese punto exagerado hasta el límite por llamar la atención obligó a sus padres a poner punto y final a su aventura en tierras catalanas.

Tras darse de bruces con la realidad, no sabemos que le ocurrirá en un futuro a este personaje cuyos referentes culturales son Hannah Montana y María Isabel. De momento, no parece que esté por la labor de cambiar su tendencia natural por el exhibicionismo y la obscenidad y tiene todos los ingredientes para acabar alimentando de forma efímera esos programas de la tele donde los insultos y la mediocridad están a la orden del día.

Un provocador que en el fondo no tiene un pelo de tonto y ha sabido explotar esa vena electroqueer salpicada de fe católica con situaciones de lo más escandalosas, tal y como refleja este exitoso documento fílmico que sorprenderá a más de uno por su tono directo y descarado.

jueves, 12 de octubre de 2017

#hemeroteca #testimonios | John Waters: "El mal gusto puede ser un arma política hoy día"

Imagen: GranadaHoy / John Waters
John Waters: "El mal gusto puede ser un arma política hoy día".
El cineasta, nombre clave del 'underground', visita Andalucía para inaugurar el festival Cultura Basura y proyectar 'Pink Flamingos'.
Pablo Bujalance | GranadaHoy, 2017-10-12
http://www.granadahoy.com/ocio/John-Waters-gusto-puede-politica_0_1180981967.html

El realizador y escritor John Waters (Baltimore, 1946), referencia clave del cine underground y el arte de querencia trash en todo el mundo, asistió el fin de semana pasado en Málaga a la inauguración de la primera edición de Cultura Basura y presentó el pase de uno de sus títulos emblemáticos, Pink Flamingos (1972). También mantuvo un encuentro con la prensa en el que dio cuenta de su afilado humor y su inquebrantable empeño en seguir haciendo lo que más le gusta.

Sus primeras palabras estuvieron dedicadas a la ‘drag queen’ Divine, su musa insustituible, que protagonizó sus primeras películas y falleció en 1988. "Este sitio es precioso, ¿sabéis si Divine estuvo aquí alguna vez? Le habría encantado", afirmó, antes de recordar que sigue visitando su tumba con frecuencia en un cementerio próximo a su casa en Baltimore, la ciudad en la que ambos compartieron su amistad desde la infancia. Las primeras preguntas entraron a bocajarro en la actualidad del ‘trash’ y en su oportunidad presente; y aunque no hubo en ellas alusiones a Trump, fue el propio John Waters quien las hizo gustosamente: "Como actitud, el mal gusto adquiere un sentido concreto ante un presidente como Donald Trump, capaz de hacer las cosas que ha hecho. ¿Cómo podemos responder a un presidente que actúa lanzando papel higiénico a poblaciones que han quedado inundadas? El mal gusto es una actitud de defensa, pero es ahora cuando, más aún, se convierte en un arma política, que podemos emplear para cambiar las cosas. Justo esto es lo que soñábamos en nuestra juventud". Eso sí, poco después matizó: "Cuando éramos jóvenes, todo esto que hacíamos era ilegal. No podías rodar las películas que rodábamos, ni trabajar con ‘drags’, ni con ‘pin-ups’. Nosotros desafiábamos a quienes nos perseguían justamente haciendo lo que no querían que hiciéramos, pero no nos guiaba una voluntad política. Sencillamente, nos gustaba. Íbamos a la calle, nos poníamos a rodar y luego teníamos que salir corriendo antes de que llegara la Policía. Por rodar aquellas películas te podían detener, desde luego, pero lo que buscábamos era ante todo diversión". Waters recordó de hecho el día en que los miembros del equipo del rodaje de ‘Pink Flamingos’ fueron detenidos y llevados al calabozo en plena faena: "Terminamos pagando la multa porque salía más barato que pagar a los abogados".

Si algo ha hecho John Waters a lo largo de su trayectoria, incluso en los márgenes más propios del éxito comercial que habitó en películas como ‘Los asesinatos de mamá’, es jugar con los límites de la libertad de expresión. Para el director, el derecho a la misma "se respeta hoy mucho más que hace 40 años, por supuesto. Hoy todo es más fácil, puedes decir lo que quieras y vestir como quieras, y además dispones de diversos medios a tu servicio. De ninguna manera quiero decir que esto sea negativo, pero desde mi juventud mi sueño ha sido que pudiéramos expresarnos todos juntos, las ‘drags’, los gais, los amantes del ‘trash’ y los que no lo son, con naturalidad y en igualdad, sin tener que estar recluidos ni apartados. Ahora cada uno puede decir lo que quiera, pero lo hace desde su propio ámbito, para los suyos. Seguimos estando separados, cuando es más lo que nos une". Preguntado por el propósito con el que hace sus películas, el realizador respondió: "Crecí viendo películas raras y ya de niño quería hacer cosas así para mis amigos. Después empecé a ver cine ‘underground’ y a hacer mis propios filmes con el mismo objetivo. Pero seguramente mi mayor propósito con todo esto ha sido el de meterme en líos. Me encanta meterme en líos, porque los líos me hacen sentir vivo". Para ilustrar su argumento, Waters sacó un ejemplar de su último libro, ‘Make Trouble’ (‘Métete en líos’), en cuya promoción anda ocupado y que resume con fidelidad esta filosofía.

La escritura es precisamente la labor a la que Waters dedica más tiempo desde que rodara en 2004 su último largometraje, ‘Los sexoadictos’. Proyectos cinematográficos no le faltan, pero tampoco obstáculos para llevarlos a buen puerto: "La HBO está interesada en una nueva versión de ‘Hairspray’ [largometraje de 1988 que ya tuvo un remake en 2007 protagonizado por John Travolta], pero lo que quiero sacar adelante desde hace años es una película para niños, muy navideña, cuyo título es ‘Fruitcake’. Estoy llamando aún a todas las puertas de Hollywood, porque no puedo rodar algo así de manera independiente, pero es muy difícil. Aquí en España os podéis considerar afortunados, tenéis un Gobierno que destina ayudas a quienes quieren hacer películas, pero en EEUU tenemos un Gobierno que nos impide hacerlas". Preguntado por la "edad mínima" que recomienda a los espectadores para ver sus películas, Waters apuntó que "depende de la película, claro. Yo no recomendaría a ningún niño de 9 años que viese ‘Pink Flamingos’. De hecho, cuando al fin logramos estrenarla, algunos padres fueron a verla con sus hijos y terminaron llamando a la policía. Yo era joven, tenía 26 años y no pensaba en esas cosas, pero aquellos padres debían haberse informado". Preguntado por si cuando rodó ‘Pink Flamingos’ en 1972 soñaba con el éxito que obtuvo después y su emisión en televisión, Waters esbozó su mejor sonrisa para pronunciar un contundente "no".

En los 90, el realizador decidió dar el salto a un cine más ‘accesible’ (aunque sin dejar de rodar en Baltimore) y contó a partir de entonces con intérpretes como Kathleen Turner, Sam Waterston, Edward Furlong, Christina Ricci, Melanie Griffith y Stephen Dorff, pero sin dejar a un lado su particular sello (y sin dejar de reclutar a sus actores ‘de siempre’, como Rickie Lake, cuyo personaje en ‘Hairspray’ es, según sostiene Waters, el más representativo de su filmografía). Del mismo modo, entre los seguidores de Waters se cuentan hoy propios y extraños, jóvenes unos y otros no tanto, adscritos a las más diversas tendencias pero coincidentes a la hora de disfrutar de un genio que se ha negado en redondo, una y otra vez, a plegarse a las órdenes de los biempensantes.