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jueves, 19 de septiembre de 2019

#hemeroteca #racismo #blackface | Varias imágenes antiguas de Trudeau con maquillaje oscuro desatan una tormenta política

Imagen: El País / Justin Trudeau como 'Aladino' en 'Noches árabes'
Varias imágenes antiguas de Trudeau con maquillaje oscuro desatan una tormenta política.
Dos fotografías y un vídeo resurgen en plena campaña electoral canadiense. "Lo siento profundamente, estoy muy avergonzado", asegura el primer ministro.
Jaime Porras Ferreyra | El País, 2019-09-19
https://elpais.com/internacional/2019/09/19/america/1568861025_482426.html

Justin Trudeau vuelve a estar en el centro de la polémica. Y, en esta ocasión, el paso del tiempo parece acrecentarla. El miércoles por la tarde, la revista Time publicó un artículo con la imagen del primer ministro canadiense rodeado de estudiantes y colegas, cuando era profesor en 2001 en la West Point Grey Academy, un reputado instituto privado de Vancouver (Columbia Británica). Trudeau, quien en ese momento tenía 29 años, aparece en la imagen con turbante y maquillaje oscuro. La fotografía es del anuario 2000-2001 de este centro de enseñanza y fue tomada durante una fiesta temática llamada “Noches árabes”. Cameron Ahmad, portavoz del Partido Liberal, confirmó poco después a los medios canadienses la autenticidad de la imagen y precisó que Trudeau asistió al evento con un disfraz inspirado en el personaje de ‘Aladino’.

“Lo lamento profundamente. Jamás debí hacerlo. Fue un error. Me decepcioné a mí mismo”, declaró este jueves Justin Trudeau antes de despegar en Halifax (Nueva Escocia) a la comitiva de periodistas que le acompañaban en una gira por ciudades de la costa atlántica del país, en el marco de la campaña electoral federal. Trudeau agregó que, en esa época, creía que no se trataba de un gesto racista, pero que ahora lo sabe. Y admitió que usó un maquillaje similar en un espectáculo de canto durante sus años de secundaria. Esa fotografía, en la que aparece cantando una canción tradicional jamaicana que popularizó Harry Belafonte, fue difundida horas después por la Corporación Audiovisual Canadiense. Un portavoz del primer ministro confirmó la autenticidad de la imagen.

Además, Global News emitió un vídeo en el que se ve a Trudeau haciendo caras con un maquillaje similar y sacando la lengua. Se desconoce cuándo fue grabado el vídeo. La cadena obtuvo el vídeo de una fuente del Partido Conservador del país y comprobó su veracidad de manera independiente con miembros del partido del primer ministro.

Tras la aparición del vídeo, Trudeau se ha dirigido a los medios desde Winnipeg para insistir de nuevo en que fue un "error terrible", pedir disculpas y confirmar que no va a dimitir. "He aprendido [con el paso del tiempo] que es inaceptable este tipo de comportamiento. Lo siento profundamente. Estoy muy avergonzado", afirmó. Asimismo señaló que no recordaba la existencia de las imágenes del vídeo. "No es algo que represente la persona en la que me he convertido y lo que represento", agregó en una intervención en la que en varios momentos se le veía al borde de las lágrimas.

Trudeau se ha distinguido como un acérrimo defensor del multiculturalismo y ha hecho hincapié en combatir cualquier forma de discriminación. Tras su disculpa, descartó la posibilidad de dimitir y pasó el día en llamadas a numerosos candidatos liberales y líderes comunitarios para disculparse, "consciente de lo racista y doloroso que es hacer ese tipo de cosas", indicó su portavoz, Eleanore Catenaro.

Desde la ciudad de Sherbrooke (Quebec), en su gira proselitista, Andrew Scheer, líder del Partido Conservador, opinó sobre la fotografía de Trudeau. “Me sorprendió mucho y me decepcionó, como a todos los canadienses, cuando me enteré de las acciones de Justin Trudeau. Es un acto de burla y racismo. Era tan racista en 2001 como lo es en 2019”, señaló, para agregar posteriormente que alguien con una falta total de juicio e integridad no está en condiciones de gobernar el país. Jagmeet Singh, parte de la comunidad sij donde se usa turbante y también dirigente del Nuevo Partido Democrático, expresó que el gesto de Trudeau le parece inaceptable, y que le hace suponer que el comportamiento del liberal no es igual en público que en privado.

El Consejo Nacional de Musulmanes Canadienses manifestó, a través de su cuenta de Twitter, su malestar por la polémica fotografía al señalar que pintarse la cara de esa forma "es reprobable y recuerda una historia de racismo y una mitología orientalista que es inaceptable". En un mensaje posterior, el organismo agradeció las disculpas ofrecidas por el primer ministro.

Justin Trudeau suma así un nuevo escándalo. En febrero de 2018, cuando realizó una visita oficial a la India con escasos resultados políticos y económicos. Sin embargo, los medios criticaron sobre todo los momentos en que Trudeau y su familia pasearon por varios lugares y lucieron prendas tradicionales que rayaron en la exageración. Hasta el momento, el golpe más duro que ha recibido el primer ministro fue por el caso SNC-Lavalin. En febrero de 2019, se hizo público que el primer ministro y varios de sus allegados quisieron intervenir para frenar un proceso criminal a la firma de ingeniería por sobornos a funcionarios libios.

La campaña electoral arrancó en Canadá el pasado 11 de septiembre. Las elecciones, en las que Trudeau busca la reelección, se celebrarán el 21 de octubre. En la campaña de 2015, los conservadores mostraron constantemente un vídeo —grabado en un evento benéfico en 2011— donde Trudeau aparecía despojándose de un par de prendas para hacer reír a la audiencia. A finales de este mes de agosto, en vísperas del inicio de la campaña electoral, reapareció un vídeo de Andrew Scheer, líder del Partido Conservador, en el que mostraba su oposición al matrimonio homosexual.

domingo, 21 de julio de 2019

#hemeroteca #sexofobia #identidades | ¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?

Imagen: El Mundo
¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?
Intelectuales debaten sobre el viraje de la izquierda de posiciones más cercanas a la clase trabajadora hacia posiciones morales que las han superado.
Quico Alsedo | El Mundo, 2019-07-21
https://www.elmundo.es/espana/2019/07/21/5d333737fdddff344a8b457e.html

¿Se ha hecho puritana parte de la izquierda? "En la pornografía se educan las ‘manadas’", declaraba hace mes y medio la diputada más joven del Congreso, Andrea Fernández (26 años), del PSOE.

"El feminismo insensato forma parte de esa izquierda moralizante que resuelve la discrepancia con prohibiciones", dice Félix Ovejero, profesor de Ética y Economía y fundador de Ciudadanos. La diputada aclaró luego sus palabras declarándose no prohibicionista, sino abolicionista de la pornografía "en una sociedad ideal". Esto es, propugna "que sea la propia sociedad la que acabe con la pornografía".

"Lo que pasa", tercia el escritor y periodista Ricardo Dudda, "es que la izquierda ha ganado muchas guerras culturales y por eso se ha hecho conservadora, defiende el botín".

En contrario, devuelve Ignacio Sánchez-Cuenca, sociólogo y filósofo, "se critica a la izquierda por atrincherarse en la identidad y el multiculturalismo, y olvidar a la clase obrera, pero ojo: siempre ha habido rigorismo en la izquierda, pensemos en el comunismo y la homosexualidad". Es el estribillo del debate en los últimos años, con la frase de la diputada Fernández como penúltimo lance: la izquierda puritana, secuestrada por la política correcta, y la derecha rupturista y punk.

Sánchez-Cuenca: "Me parece certera la visión del sociólogo Ronald Inglehart. Dice que Occidente pasó en los años 60-70 del materialismo, de preocuparse sobre todo del bienestar material, a un posmaterialismo -respeto a las minorías, medio ambiente, etc.- que luego en los 2000 ha terminado denominando 'valores autoexpresivos': la expresión del yo y sus atributos. Es una visión empírica, apoyada en datos y despojada de ideología. Me parece plausible".

Los asuntos morales
Otra visión -por ejemplo la del historiador estadounidense Mark Lilla- es que la derecha alternativa de Donald Trump se hizo con el poder en Estados Unidos precisamente apelando al voto de la clase trabajadora blanca que sí está preocupada por sus condiciones de vida, mientras que la izquierda de Hillary Clinton se centraba en defender a minorías, en el multiculturalismo y, de nuevo, en asuntos morales.

"Es indudable que parte de la izquierda se ha vuelto más conservadora y puritana", dice Félix Ovejero, que ha construido un corpus en torno al concepto en su libro titulado, precisamente, ‘La deriva reaccionaria de la izquierda’ (Página Indómita). Lo resumimos: a partir del 68, la izquierda sitúa como eje de su discurso la diferencia en lugar de la igualdad, y cambia igualdad, libertad y fraternidad, su tríada mágica formulada a la manera del ideal ilustrado, por otros rasgos con los que el ciudadano se integraría en la sociedad: su género, su orientación sexual, su religión. Su identidad. La política pasa entonces a ser el lugar en el que no se busca lo que iguala, sino en que se subraya lo que diferencia.

De ahí a las posiciones ideológicas extremadas imposibles de acercar actualmente, y de ahí, por parte de esa izquierda -siempre según Ovejero-, a tolerar/empatizar con las identidades nacionalistas (en vez de soñar con una ciudadanía universal) y religiosas (en lugar del laicismo).

"Pura modernización"
"Bueno, esa es la crítica clásica que se le hace por ejemplo en Francia al Mayo del 68 desde posiciones conservadoras", dice Sánchez-Cuenca; "que más que una explosión de libertad fue una glorificación de la identidad y del egoísmo... Personalmente, la crítica a un supuesto puritanismo la enmarco yo en ese contexto. Además, en España ciudadanos que se reclaman de derecha coinciden en valores morales con otros de izquierda. En realidad, la izquierda siempre fue un poco por delante, pero el consenso en temas como la homosexualidad o la situación de la mujer es producto de la pura modernización, no de ninguna victoria ideológica de nadie", dice el autor, que ha propugnado editorialmente nada menos que ‘La superioridad moral de la izquierda’ (Lengua de Trapo).

Volviendo al porno, Félix Ovejero: "El sexo sigue siendo tabú, aunque hace tiempo que aceptamos que vivimos en una sociedad liberal en la que sabemos que tenemos que convivir con cosas que no nos gustan", señala.

Más en profundidad, la lectura del profesor de Filosofía Pablo de Lora, que acaba de publicar ‘Lo sexual es político (y jurídico)’, en Alianza: "No hay prueba de vinculación entre pornografía y agresiones sexuales, más bien al revés... Es un debate antiguo al que ha vuelto un feminismo que ya se estilaba en EEUU en los 70, y que viene a leer las relaciones sexuales como relaciones de poder, de dominación, donde el hombre siempre hace que la mujer se arrodille. Y da lo mismo que les mentes el éxito que tienen entre los hombres las escenas lésbicas, o el hecho de que sea el hombre muchas veces el que se arrodille a dar placer a la mujer".

Manuel Arias Maldonado: "Los papeles se han invertido"
Interviene, más en el marco general, Manuel Arias Maldonado, politólogo: "El conflicto se ha moralizado, se ha resquebrajado la distinción entre vida pública y privada, y lo curioso es que los papeles se han invertido; mientras en los 70 la derecha se preocupaba de la moral para mantener el orden y la izquierda 'destradicionalizaba', ahora parece al revés, aunque siempre hubo un liberalismo que buscaba ampliar el círculo de libertades y una izquierda no conforme con ello" -coincide aquí con Ignacio Sánchez-Cuenca acerca del "rigorismo comunista"-. Concluye Arias: "Anthony Giddens ya señaló en los 90 el conservadurismo de la izquierda con respecto a la consecución del Estado del Bienestar, pero en cualquier caso es cierto que hoy una parte de esa izquierda parece empeñada en vigilar y censurar las conductas ajenas de un modo que parecía más propio del conservadurismo religioso. Las redes sociales permiten ahora mantener la vigilancia".

miércoles, 18 de julio de 2018

#hemeroteca #identidades #futbol | Francia: el espejismo del 98

Imagen: ctxt / Celebración en Paris del triunfo francés en Rusia 2018
Francia: el espejismo del 98.
Los “bleus” vuelven a proclamarse campeones del mundo gracias a la misma fórmula ‘black-blanc-beur’ que triunfó hace veinte años. Un espíritu multicultural que retrocede en la política y la sociedad francesa.
Enric Bonet | ctxt, 2018-07-18
https://ctxt.es/es/20180718/Politica/20826/Enric-Bonet-bleus-Francia-Mundial-de-1998-futbol.htm

Dos jóvenes saltan y ondean una bandera de Argelia en medio de la calle en París, cuando se acerca un grupo de ultraderechistas, los increpan y les dan un puñetazo en la cara. Difundidas en las redes sociales, estas imágenes lastraron la bella celebración de la victoria de Francia ante Bélgica en la semifinal del Mundial de fútbol. ¿Se trataba de un hecho aislado? ¿O un ejemplo más de la xenofobia creciente en la sociedad francesa?

Tras su triunfo en la Copa del Mundo, los franceses se han reconciliado con los “bleus”. Francia vivió este domingo una segunda fiesta nacional. Minutos antes del pitido final en Moscú, miles de personas ya festejaban la segunda estrella en los Campos Elíseos, donde permanecían las graderías del desfile militar del 14 de julio. “Liberté, Égalité, Mbappé”, es uno de los lemas que perdurarán de la Francia campeona, liderada por el atacante del PSG Kylian Mbappé y el delantero del Atlético de Madrid Antoine Griezmann. Un equipo que tiene un parecido evidente con la selección francesa que se impuso en el Mundial del 98.

Como el conjunto de los Zidane, Thuram o Djorkaeff, la Francia campeona en Rusia es un ejemplo de la diversidad de su país. Un reflejo aumentado del origen multicultural de la población francesa, que no se ve representado en sus élites políticas, mediáticas ni culturales, mayoritariamente blancas. Más del 90% de los jugadores del equipo dirigido por Deschamps tiene orígenes extranjeros. Aunque todos ellos son franceses –sólo el central del Barça Samuel Umtiti (Camerún) y el guardameta Steve Mandanda (RD Congo) nacieron fuera del territorio galo–, hasta 14 de los 23 jugadores tienen ascendencia africana.

“Esta selección francesa tiene el mérito de deconstruir estereotipos racistas, por ejemplo, aquellos que acusan a los negros de ser unos vagos”, asegura el sociólogo Wiliam Gasperini, profesor de la universidad de Estrasburgo y especialista en cuestiones de deporte. En pleno auge del populismo de derechas, el triunfo de los “bleus” refleja las ventajas de la inmigración y evidencia las incongruencias de la xenofobia. “Han demostrado ser un equipo y esto puede servir como una metáfora positiva para aquellos que no deseen una confrontación identitaria entre franceses”, explica el sociólogo Éric Fassin, profesor en la universidad Paris VIII y especialista en cuestiones raciales.

“En realidad, se trata de un equipo de las clases bajas”, explica Gasperini, quien recuerda que exceptuando el portero Hugo Lloris la mayoría de los jugadores de la selección francesa procede de localidades de trabajadores, como el jovencísimo Mbappé, de 19 años, cuya irrupción ha puesto la ciudad de Bondy, en la “banlieue” norte de París, en boca de toda Francia.

“Siento una alegría inmensa, ya que es África quien ha ganado”, afirmaba sonriente Pa Yamar, 23 años, este domingo por la tarde mientras celebraba la victoria de Francia con la bandera de Senegal en los Campos Elíseos de París. Las imágenes de alegría y locura colectiva rememoraban los sentimientos vividos justo hace veinte años, el 12 de julio de 1998, con la victoria de Francia por 3-0 contra Brasil. Decenas de miles de personas, muchas de ellas jóvenes de la “banlieue”, se reapropiaron de la gran avenida parisina, rebautizada como “Deschamps-Élysées”.

A diferencia del festejo de hace veinte años, resultaban más bien escasas las banderas de países africanos. Una pancarta con el eslogan “no somos black-blanc-beur” mostraba las dudas actuales de numerosos aficionados franceses respecto a la pertinencia de este famoso lema del 98. Entonces, el “black-blanc-beur” (negro-blanco-árabe) apareció como un juego de palabras con los colores de la bandera francesa, cuyo objetivo era exaltar la multiculturalidad de Francia a través de los éxitos deportivos de los Zidane, Thuram o Vieira.

El fracaso del modelo “black-blanc-beur”
“La selección francesa de fútbol fue a lo largo del siglo XX un espejo concentrado de la historia de la inmigración en Francia”, explica Gasparini, que ha publicado recientemente el libro Le football des nations. Se enfundaron la camiseta azul desde Raoul Diagne, el primer negro que jugó para Francia en los treinta, hasta el “10” de origen italiano Michel Platini, pasando por numerosos polacos como Raymond Kopa en los cincuenta y españoles como Luis Fernández en los setenta y ochenta.

No obstante, “fue a partir de 1998 cuando se estableció en Francia un estrecho vínculo entre su selección de fútbol y el debate sobre la identidad nacional”, explica Gasparini, quien asegura que fue entonces la primera vez que los franceses, y en particular sus élites, se apasionaron masivamente por el fútbol. “En 1998, surgió la esperanza de la reconciliación nacional, al mismo tiempo que la cuestión de las discriminaciones raciales emergía en el debate político”, explica Fassin.

Sin embargo, el idilio con la Francia “black-blanc-beur” se vio rápidamente contestado por el fantasma del Frente Nacional, cuyo líder Jean-Marie Le Pen alcanzaría la segunda vuelta de las presidenciales sólo cuatro años después de la victoria en el Mundial. En 2001, ya suscitaron un gran revuelo los abucheos contra la Marsellesa durante un amistoso Francia-Argelia en el Stade de France en Saint-Denis, en la periferia norte de París. Desde entonces, la ultraderecha aprovechaba cada fracaso de los “bleus” para denunciar el carácter multicultural de la selección francesa. El intelectual reaccionario Alain Finkielkraut ya criticaba en 2005 que el equipo de Francia fuera “black-black-black y que esto hiciera de Francia el hazmerreír de toda Europa”.

En la primera década de los 2000, el comportamiento de las estrellas francesas fue analizado con lupa. Tras su decepcionante Mundial en 2010 y su intento de huelga contra la gestión del entrenador Raymond Domenech, fueron tratados de “racaille” (chusma) y la ministra conservadora Roselyn Bachelot les acusó “de caíds (gobernadores árabes) inmaduros”. A lo largo del mandato de Nicolas Sarkozy, en el que la derecha se desprendió de la tradición humanista del gaullismo, aumentaron las voces que cuestionaban que tantos jugadores hijos de la inmigración fueran dignos de llevar la camiseta nacional.

Durante la presidencia del socialista François Hollande, la amenaza creciente del yihadismo en Francia y el aumento de la islamofobia se produjeron al mismo tiempo que se confirmaba el fracaso de la generación dorada del 87: los Benzema, Nasri y Ben Arfa –todos ellos con raíces magrebíes–, que arrasaron en las categorías inferiores, pero fueron incapaces de repetir estos títulos en la absoluta. Tras la revelación del “sex tape” en 2015, el escándalo por el chantaje al delantero Mathieu Valbuena con la revelación de un vídeo sexual, en el que supuestamente Benzema podría estar implicado, el delantero del Real Madrid sigue sin ser convocado para la selección francesa. Pero esta imagen negativa de la selección francesa empezó a cambiar gracias al buen trabajo realizado por Deschamps.

¿Una victoria para contrarrestar los problemas identitarios?
Curiosamente, el actual equipo campeón no despertaba grandes pasiones justo antes del Mundial. Según un sondeo del diario ‘Le Parisien’, publicado el 7 de junio, el 53% de los franceses se mostraban poco entusiasmados o descontentos con los “bleus”. Pero con la llegada de las primeras victorias mundialistas, la mayoría de los franceses se volcaron con el equipo de Mbappé y Griezmann. Esta brillante generación de jóvenes futbolistas es elogiada en la prensa francesa por su patriotismo banal, reflejado, por ejemplo, en la devoción con la que entonan la Marsellesa.

“Nunca he entendido que, cuando Francia gana una competición, en cualquier deporte, alguien diga: ‘sí, han ganado, pero hay demasiados negros en el equipo’. Cuando se pierde, es un problema deportivo; y cuando ganas, se trata de un éxito deportivo”, aseguró Mbapée en noviembre del año pasado a Le Mondeen unas declaraciones que fueron muy aplaudidas en Francia, aunque carecían casi por completo de sentido político y estaban alejadas de la militancia antirracista que caracterizaba a algunos jugadores del equipo del 98, como Thuram, Bernard Lama o Christian Karembeu. “Tras las polémicas de los últimos años, los jugadores de la selección francesa son conscientes de que deben ser irreprochables cuando cantan la Marsellesa y representan a la bandera nacional”, defiende Fassin.

¿La gran alegría y fraternidad suscitadas por la victoria de Francia en el Mundial contrarrestarán la xenofobia creciente en la sociedad francesa? “No creo que cambie gran cosa porque seguriá habiendo personas obsesionadas con la inmigración”, lamentaba Myriam Hadiri, de 22 años, durante el festejo en los Campos Elíseos, al que asistió con sus amigas de origen tunecino o argelino. Algunas de ellas vestían con el pañuelo islámico. Habían venido de Aulnays-sous-bois, en la periferia norte de París, donde el joven Théo, de 22 años, fue víctima en febrero de 2017 de una paliza policial, en la que podría haber sufrido presuntamente una violación anal.

Según un sondeo del instituto Elabe, publicado a finales de junio, el 70% de los franceses se opone a la acogida de inmigrantes económicos y el 64% se declara contrario al hecho de que Francia acogiera el Aquarius. Al mismo tiempo que los “bleus” despertaban la euforia colectiva por sus triunfos ante Argentina y Uruguay, en Nantes se producían importantes disturbios, con la quema de vehículos y fachadas de edificios, después de que un joven, de 22 años, fuera abatido por un policía que le disparó al cuello durante un interrogatorio policial. Un episodio que volvió a evidenciar el problema del aumento de las violencias policiales, que sufren sobre todo los inmigrantes y los jóvenes de la “banlieue”.

“Francia no es un país multicultural, sino republicano y la integración debería producirse a través de la escuela, la universidad y los sindicatos, pero la mayoría de estos espacios resultan poco accesibles para los jóvenes de la banlieu”, explica Gasparini. “El deporte de élite es prácticamente el único espacio en el que la escalera social parece accesible para los jóvenes de origen inmigrante”, añade este especialista, que también advierte sobre el riesgo de sobrevalorar el rol del deporte: “solo una minoría logra triunfar en el deporte profesional, así que no es este el camino para el progreso social”. Según este sociólogo, lo que debemos preguntarnos es por qué los habitantes de los barrios obreros no consiguen llegar a la Asamblea Nacional o por qué no acceden a las mejores universidades francesas.

No obstante, según Gasparini, la victoria del equipo de Deschamps “puede servir como mensaje de esperanza”. “Veinte años después, vemos que no se ha producido una reconciliación nacional, que en realidad hay una confrontación entre dos concepciones nacionales”, afirma Fassin. La Francia diversa y plural que acumula triunfos deportivos, ante la Francia xenófoba que no ha dejado de ganar batallas culturales durante los últimos veinte años. Urge la hora de la remontada política.

domingo, 20 de mayo de 2018

#hemeroteca #lenguaje | Que si quieres arroz, Catalina y otros arabismos en español

Imagen: El País / Federico Corriente
Que si quieres arroz, Catalina y otros arabismos en español.
Federico Corriente repasa en su discurso de ingreso en la Real Academia el origen de diferentes frases de uso común.
Antonio Pita | El País, 2018-05-20
https://elpais.com/cultura/2018/05/18/actualidad/1526648485_100200.html

Con frecuencia se asume que el castellano es una lengua llena de arabismos, herencia de ocho siglos de presencia musulmana en la Península. El doctor en Filología Semitíca Federico Corriente ingresó este domingo en la RAE con un discurso que dedicó a desmontar mitos y señalar la realidad sobre estas palabras: no llegan a 2.000 (sin contar topónimos) y varias son insultos, expresiones o términos soeces, transmitidos por mudejares y moriscos, que suenan raro en español precisamente por provenir de otra lengua.

"Ningún experto está libre de ese minutillo de trance etimológico, alegre y confiado en que nos parece lógico y razonable lo que luego se demostrará que era ligereza y disparate", recordaba Corriente (Granada, 1940), al ocupar la silla K, que estaba vacante desde el fallecimiento de Ana María Matute en 2014. Es el ejemplo de "ojalá", considerada una evoución de "law šá lláh" (“si Dios quisiera”) hasta que Corriente encontró en un diccionario neopersa un "viejo y olvidado arabismo"; “lā awḥaša llāh” (Dios no nos prive”).

El nuevo académico subrayó que la inmensa mayoría de arabismos en español no provienen de la versión clásica de la lengua (aquella que se lee y escribe igual en cualquier parte del mundo, independientemente de la variante dialectal que se hable en ese país), sino de los dialectos andalusíes. "Fueron mayormente introducidos por la inmigración de mozárabes cristianos, pero bilingües o incluso arabófonos exclusivos, a los reinos cristianos septentrionales, donde su superioridad técnica y científica les ofrecía un futuro mejor que seguir vegetando como 'clientes' tolerados y tributarios en tierras del Islam". A estas se unieron más tarde neologismos de obras científicas traducidas y otras palabras, algunas por las relaciones comerciales o coloniales con países mediterráneos.

Corriente distinguió tres tipos de arabismos en español: los de registro alto, medio y bajo. Entre los segundos destacó un calco curioso: el uso extendido en zonas de Aragón de amante, en vez de querido, por influencia del andalusí ‘ḥabíbi’, una de las palabras árabes más conocidas. "No puede extrañar demasiado en valles como el del Jalón, donde una densa población morisca fue cristianizada y romanizada lenta y pacíficamente durante varios siglos", explicó.

Buena parte del discurso estuvo centrado en los arabismos "de registro bajo o ínfimo", como interjecciones, voces obscenas o blasfemias "a menudo omitidas por los diccionarios más recatados". En algunos casos, su significado en árabe andalusí no era tan ofensivo, pero acabaron sonando peor "por parecido fonético con otras voces romances y por su procedencia de sectores inferiores de la sociedad, tales como las nodrizas y arrieros moriscos".

Droga, por ejemplo, viene del árabe hispánico ‘ḥaṭrúka’ (literalmente 'charlatanería'); faltriquera, de ‘ḥaṭrikáyra’ (lugar para bagatelas) y andrajo, de ‘ḥaṭráč’ (necio, pelagatos). Todas, explicó Corriente, derivan de ‘ḥaṭr’, la pronunciación andalusí de una raíz que significa parloteo o cháchara. Por eso, algunas de esas voces tienen que ver con algo falso, pretencioso o inútil, y así llegaron también a dialectos del norte de África, probablemente de mano de emigrantes andalusíes.

En otros casos se trata de refranes o dichos con una literalidad extraña en castellano, precisamente porque lo que tenía sentido era una expresión andalusí fonéticamente similar. Corriente citó varias hipótesis, como que ‘Tiríd ‘ala rrús, aqṭá‘ lína’, “la frase que se preguntaba a la esposa que se casaba por segunda vez” acabó convertida en “que si quieres arroz, Catalina”. En árabe, las palabras arroz y esposo suenan parecido. El académico también defendió que a troche y moche procede de ‘tuǧíb ma waǧáb’ (“ponga las condiciones que ponga [la esposa para acceder al divorcio])”; a trancas y barrancas, de ‘atrakkán barrámka’ (“busca un rincón con la yegua para defenderte de varios atacantes simultáneos)”, dormir la mona de ‘múna’ (“provisión”, de vino en este caso) y nana, nanita de ‘nám, nám, nám ínta’ “duerme, duerme, duérmete tú”, posiblemente vinculada a que muchos señores e hidalgos cristianos emplearon niñeras moriscas tras la Reconquista.

“Pueden aparecer, sobre todo a partir de la Edad Moderna, palabras cuya etimología más creíble sea árabe andalusí, por el hecho históricamente innegable de que andalusíes de diversas comunidades, mudéjares y moriscos, en particular de ciertos oficios, se mezclaron íntimamente con cristianos nuevos y viejos y les transmitieron un buen número de frases y palabras particularmente expresivas, y a menudo de registro ínfimo”, explicó.

La entrada de algunos términos en el castellano nos da pistas de la sociedad de la época. Corriente recordó el “número considerable de voces, nombres de juegos o términos usados en ellos que parecen implicar que la adusta sociedad cristiana anterior a la conquista islámica jugaba poco”. Han quedado algunas que pronunciamos desde la infancia sin entender su origen: ra, ra, ra (“mira, mira, mira”) o alabí alabá alabín bombá, que es “una mezcla de árabe y romance” que significa “jugadores, venga ya, el juego va bien”.

Aunque centrado en los aspectos lingüísticos, el discurso de Corriente incluyó alguna alusión crítica a la actitud histórica de Occidente hacia el mundo árabe-musulmán, como haber "ignorado o minusvalorado largo tiempo" las "posibilidades conflictivas del salafismo fundamentalista" por "no querer saber de estos países sino que allí había (...) más o menos, el clásico trinomio de petróleo, colonización y cipayos".

Almería, la novia desvelada
El académico también habló de los "falsos orígenes" atribuidos a nombres geográficos hispánicos de étimo árabe. Almería, por ejemplo, viene del andalusí almaríyya “desvelada, por la novia que se quita el velo en la boda”. Nada tiene que ver con el mar, sino con un impuesto, llamado igual que la urbe, que pagaban las bodas mudéjares. Murcia es probable que sea un adjetivo favorecedor (mursíyya, “bien asentada”), como los que recibieron El Cairo (“la victoriosa”) o Medina Azahara (“la ciudad floreciente). "A la recíproca y en error, aún hay quien mantiene la hipótesis del origen árabe del nombre de Madrid", que derivaría del romance Matrice y no de Mayrit, precisó.

jueves, 10 de mayo de 2018

#hemeroteca #musica #sociologia | Fidel Moreno: "La canción 'Europe is Living a celebration' es terriblemente fascista"

Imagen: El Diario / Fidel Moreno
Fidel Moreno: "La canción 'Europe is Living a celebration' es terriblemente fascista".
Fidel Moreno publica el libro ‘¿Qué me estás cantando?’, un repaso a la historia de España a través de temas populares como ‘Cara al sol’ o ‘L'estaca’. "Si censuras algo o metes a un cantante en la cárcel no lo estás silenciando, sino poniéndole un altavoz que multiplica su difusión".
José Antonio Luna | El Diario, 2018-05-10
https://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/Europe-Living-celebration-fascista_0_769923681.html

Somos lo que escuchamos. Esa es la premisa de ¿Qué me estás cantando? (Debate), una obra que explora la historia de España a través de los temas más populares. Del ‘Cara al sol’ a ‘L'estaca’; de ‘La vaca lechera’ a ‘Mediterráneo’. Todas ellas sirven como cronistas de una realidad llena de cambios políticos y sociales.

El onubense Fidel Moreno, escritor, periodista y músico, es el autor de un ensayo de más de 700 páginas dividido en dos partes: las "canciones de mis abuelos" y las de "mis padres". Las memorias no solo aparecen en libros, también pasan por el oído. Por ello, la Guerra Civil, la República o la Transición son etapas que solo pueden ser entendidas si, además de los hechos, se repasan los mensajes ocultos tras las ondas sonoras.

Independientemente del género, del estilo o incluso de la letra, las canciones analizadas por Moreno son pequeños fragmentos de ideas impregnadas en la sociedad. La recopilación comienza con varias nanas, que ya desde pequeños "nos empiezan a formar como sujetos", y termina en 1976. Un complejo trabajo de investigación que en principio iba a durar un año y que finalmente ha terminado ocupando nueve.

"Todavía lo tengo que terminar", afirma el experto. Mientras continúa sumando temas al ya extenso cancionero nacional, preguntamos al especialista por el contenido de un libro capaz de reunir a tres generaciones en torno a la música. También por temas y estilos actuales, como el trap o Eurovisión, o sobre posibles candidatos en futuras compilaciones. ¿Se puede contar la historia de un país a partir de su música? Moreno demuestra que sí.

P. Fueron 9 años dedicados al estudio. ¿Cómo comenzó la investigación?

R. En realidad fueron muchos más. Empecé de forma seria por el año 2003, con un análisis sobre la primera temporada de Operación Triunfo. Me parecía un buen reflejo de aquella España autoritaria y falsamente europeísta. Eso fue lo que me llevo a ampliar el marco e intentar ver en qué medida las ideas y las costumbres evolucionaban.

La idea de ‘¿Qué me estás cantando?’ fue un encargo de la editorial. Como yo ya iba por radios explicando canciones y demás, me lo propusieron. Pensaba que iba a ser un año y me llevó 9, porque es un trabajo muy complejo.

P. El libro empieza fuerte, con el ‘Cara al sol’. ¿Por qué indica que es "una canción muerta"?

R. Porque lo que hace que una canción esté viva es que la gente la tenga presente. El ‘Cara al sol’ tiene su importancia histórica, pero no por méritos propios, sino por una coyuntura política muy concreta de imposición. Si hubiera sido una buena canción yo no tendría problema en decirlo, pero es que no lo es.

En realidad solo hay un verso que tenga vuelo poético, el de "que tú bordaste en rojo ayer". Es verdad que está presente en la memoria de todos los que vivieron el franquismo y la Guerra Civil. A la gente le despierta muchos recuerdos, y no todos son malos.

P. A pesar de su mensaje polémico, ¿cómo hicieron algunas canciones protesta para esquivar la censura, incluso en plena dictadura?

R. La censura en la dictadura de Franco no es como la podemos imaginar de quema de discos o de libros. Lo que se hacía era que aquellas canciones consideradas contrarias a los ideales del movimiento se catalogaban en unas listas como "no radiable". Además, la canción se articula en un terreno de semiconsciencia, porque la música anonada los sentidos y permite que puedas cantar muchas cosas que no podrías decir hablando. Eso hace que a los censores se les vaya mucho, pero no solo a ellos.

Por ejemplo, la canción ‘Europe is Living a celebration’, que nos representó en el 2002 en Eurovisión, era terriblemente autoritaria, terriblemente fascista incluso. Tenía versos escogidos donde se decía "no se oirán jamás las voces que no nos dejen dar el paso final". La gente criticó que era muy mala, que su estribillo en inglés no estaba bien hecho porque ‘living’ no se utiliza aplicado a una celebración... Y nadie reparó en que la letra tenía una idea de Europa fascista.

P. Entonces, ¿es ‘Europe is Living a celebration’ "una canción fascista"?

R. El pensamiento totalitario que se desprende de este tema es la consecuencia política natural del idiota como sujeto social. Mezcla la peripecia personal del ganador de OT [Rosa López] con nuestra Europa. Es un himno totalitario y ‘hooligan’, de ‘chunda-chunda’ y repleto de sílabas alargadas. Un ‘hit fast food’ que muestra el menosprecio a la razón en favor de la emoción con versos como "no me preguntes más por qué" o "no dudes, por favor, lo dice el corazón".

Además, declara su voluntad de suprimir la discrepancia y pregona como inevitable y necesario su paso final con "no se oirán jamás las voces que no nos dejen dar el paso final". Y, por último presenta a Europa como un sueño, una utopía de la que no puedes escapar: "no nos dejes, amor, no lo hagas, por favor. No digas adiós, nunca jamás" o "es tu fiesta y no hay marcha atrás" son la muestra de ello.

P. En su libro destaca la canción ‘Euzkadi askatasuna. España, todos a una’, que bromea con Carrero Blanco solo tres años después de su asesinato, en el 76. Sin embargo, hoy tenemos casos como el de Cassandra Vera o el rapero Valtonyc. ¿Hemos involucionado en lo que a libertad de expresión se refiere?

R. Lo de la Ley Mordaza no es solo un atentado contra los derechos de la libertad de expresión, sino una enorme torpeza por parte del Gobierno. Hemos pasado de ser uno de los países más libres de Europa en determinadas cuestiones, a de pronto tener esta especie de respuesta atávica frente a derechos fundamentales, como son el derecho a la expresión o a tomarte lo que te dé la gana.

Dado el mundo tecnológico que habitamos hoy, si censuras algo o metes a un cantante en la cárcel no lo estás silenciando, sino poniéndole un altavoz que multiplica su difusión

P. Podemos ha usado ‘L'estaca’ en sus Asambleas Ciudadanas, y usted en su ensayo considera que "todos los españoles la podemos sentir como propia". ¿Por qué?


R. Desde hace tiempo se ha puesto mucho el acento en lo diferencial y nos hemos olvidado de todo lo común que nos une. ‘L'estaca’ era una canción que cantaban mis padres cuando yo era niño, y lo hacían en Sevilla. Hay una enorme riqueza que nos une a todos los españoles en nuestra diversidad. Creo que eso es importante no olvidarlo, sobre todo porque da la impresión de que vivimos en unos tiempos en los que todo el mundo se siente ofendido.

Nuestro cancionero es muy rico y variado, y con distintas lenguas. Recoge la influencia de al menos cinco culturas: la musulmana, la cristiana y la judía y, sobre todo, de la gitana y la negra, que han formado parte de nuestro ADN y que, sin embargo, han estado invisibilizadas.

P. Al otro extremo está ‘Mediterráneo’ de Serrat, utilizada por los antiindependentistas en el 1-O. Su propio autor afirmó estar "preocupado" por este uso.

R. Al margen de la intención del autor, las canciones pertenecen a la gente. Las canciones son populares porque la gente se apropia de ellas. Está muy bien lo que diga Serrat, pero también está bien que otras personas vean ‘Mediterráneo’ como un tema de unión, no española, sino mediterránea. Lo cual es maravilloso si nos paramos a pensar, porque no solo incluimos a los países ricos, sino también a los países de la otra orilla con los que también tenemos mucha unión, los del Magreb y demás.

P. ¿Y no se puede tergiversar el mensaje original?


R. Las buenas canciones se convierten en canciones huérfanas, en el sentido de que su autor se desdibuja. Con el tiempo a lo mejor algunos no saben quién es Serrat, pero la ‘Mediterráneo’ se seguirá escuchando.

P. Mientras algunos temas llaman a la revolución, otros apuntan que ‘La vida sigue igual’, como diría Julio Iglesias. Actualmente, ¿qué parte tiene más peso?

R. Pues mira, yo creo que las dos. La historia no está terminada y sigue viva. Hay una transformación permanente, aunque sumergidos en la actualidad mediática podamos olvidarlo. Qué es nuestra historia sino una constante interrogación sobre nuestra propia identidad, lo cual es bueno. La identidad no tiene que ser una afirmación, sino una pregunta abierta, y eso aplicado tanto a cuestiones nacionales como a nuestros gustos musicales.

P. ¿Qué opina del trap?

R. No he escuchado apenas el trap como para poder contestarte a esto, porque yo creo que hay que estudiar y documentarse bien. Pero actualmente no sucede como en la posguerra, donde todo el mundo escuchaba la radio y no había otra manera de escuchar música salvo en vivo. Desde entonces se han ido fragmentando los públicos, y ahora con Internet nos enfrentamos a un paisaje muy rico y diverso.

A mí el trap no me gusta, pero estoy seguro que de pronto puede haber un artista que salga y que diversifique el género como ha pasado con tantas cosas. No hay que estar cerrados, no hay géneros buenos o malos, sino canciones buenas o malas.

P. Si hiciéramos este libro en un futuro, hablando de las canciones actuales, ¿cuáles podrían tener cabida?


R. Aunque va acompañada de un pésimo guitarrista como es Raül Refree, a mí me parece que Rosalía tiene una voz por la que se va a mantener. También Silvia Pérez Cruz, El niño de Elche… Constantemente está saliendo gente buena y sobre todo lo que debemos es no olvidarnos de que nuestro ámbito natural no es solo España, sino todo el ámbito latino. Es España con Latinoamérica, y siempre ha sido así, está Jorge Drexler, Julieta Venegas, etc.

P. ¿Gente buena como Amaia, la nueva representante de España en Eurovisión?


R. Me parece que tiene una buena voz, una muy poderosa que sin ninguna duda emociona, pero que ha estado en malas manos. En la Academia [de Operación Triunfo] han subrayado la afectación, que es uno de los grandes defectos de la canción. Es incidir a toda costa sobre el efecto emotivo. Pero con tiempo, si no sigue mal aconsejada, quizá aprenda el arte del susurro y de decir más con menos.

Mientras tanto, y sobre todo si se deja acompañar con un cantante tan pésimo como con el que va al lado, pues los resultados serán pésimos, horteras y sin vuelo. Pero Amaia tiene una gran voz, eso hay que reconocerlo, y seguro que da grandes cosas en un futuro.

domingo, 1 de abril de 2018

#hemeroteca #segundageneracion | “Te sientes de allí donde has echado raíces”

Imagen: Deia / Hajar Samadi
“Te sientes de allí donde has echado raíces”.
Tres jóvenes que pertenecen al colectivo denominado ‘segundas generaciones’ cuentan su experiencia de vida en Euskadi y sus perspectivas de futuro como hijos de inmigrantes.
Beatriz Sotillo | Deia, 2018-04-01
http://www.deia.eus/2018/04/01/sociedad/euskadi/te-sientes-de-alli-donde-has-echado-raices

“Me siento más de aquí porque la vida la he construido aquí”. La frase de Hajar Samadi para expresar sus sentimientos de pertenencia define bien la situación de muchos jóvenes vascos con ascendencia extranjera, un colectivo al que la sociología denomina ‘segundas generaciones’. “Inmigrante sería -añade Hajar- si yo ahora mismo decidiera mudarme a Alemania”. Ella es una de las 77.000 personas jóvenes “nacidas en el País Vasco o reagrupadas con menos de 4 años, con al menos un progenitor de origen extranjero” que, según Ikuspegi, residen en Euskadi y contribuyen a una sociedad más diversa desde el punto de vista cultural y de origen.

Hajar Samadi, Dylan Murcia y Abdelhak El Youssfi son tres jóvenes que representan las distintas circunstancias de ese colectivo más amplio llamado ‘segundas generaciones’: Hajar “fue traída” a Euskadi con 2 años, Dylan nació aquí y Abdelhak llegó a España -a Madrid- con 9 años y más tarde se trasladó a Bizkaia. Los tres comparten el hecho de tener una ascendencia extranjera, el sentimiento de “ser de aquí” y un futuro en el país al que llegaron como resultado del proceso migratorio de sus padres.

Según las clasificaciones científicas, Dylan y Hajar serían ‘segunda generación’, mientras que Abdelhak pertenecería a la ‘generación 1.5’ al haber sido reagrupado con más de 5 años y menos de 11. Según el Observatorio Vasco de la Inmigración, que ha elaborado una serie de trabajos sobre los jóvenes con ascendencia extranjera que viven en Euskadi, la mayor parte -el 60,6%- de esas casi 77.000 personas con orígenes foráneos pero que han desarrollado su vida aquí son segundas generaciones y el 17,7% pertenece a la categoría 1.5. También hay un 21,7% que llegó a la CAV con 12 años o más.

Abdelhak El Youssfi recuerda que cuando llegó a España con sus padres, hermanos y hermanas desde Marruecos “el cambio fue muy grande, no conocía el idioma”. “Los primeros meses todo es nuevo, el cambio se nota, pero al ser niño la adaptación también es más fácil. Lo principal era el idioma y no me costó mucho aprender castellano porque en el colegio al que entré había una profesora que hizo muy fácil el aprendizaje, ayudaba muchísimo. Creo que si aprendes rápido lo principal para comunicarte, la integración va bien. El choque fuerte de los primeros meses en un país diferente lo puede sentir más alguien que llega con 16 o 17 años. Pero si eres un niño, una vez que ya hablas el idioma todo es más fácil”, rememora Abdelhak. Explica también que él es el quinto de siete hermanos y pudo comprobar que así como a sus hermanos mayores les costó un poco más superar el cambio de país, para él y los dos más pequeños, el proceso de adaptación resultó más fácil.

La adaptación
Algo parecido opina Hajar Samadi: “Nunca he notado el cambio de un país a otro, al ser tan pequeña no sabes qué pasa. No es lo mismo si me hubieran traído con 15 años, como les ha pasado a algunas amigas mías, que sí notan el cambio”. Esta joven, que también procede de Marruecos asegura que no ha necesitado periodo de adaptación. “Mis padres -cuenta sobre sus primeros meses en Euskadi- me suelen recordar una anécdota, que cuando me llevaron por primera vez a la escuela era Carnaval, por lo que me asusté mucho y no quise entrar, pero eso suele ser normal a esa edad, reaccioné como cualquier otro niño. Luego, de mayor, cuando empiezas a comprender el mundo, notas que hay diferencia de lenguas y culturas, pero también mucha flexibilidad para cambiar el chip, cuando estoy dentro de casa hablo un idioma y cuando salgo fuera son otros, euskera y castellano, pero siempre lo he llevado bien”.

En el caso de Dylan Murcia, las cosas fueron muy diferentes. Nacido aquí hace 14 años de padres colombianos, Dylan asegura que no ha vivido ningún proceso de adaptación ni de integración puesto que “he crecido y me he criado aquí , ya nací integrado” y apunta que pese a tener padres extranjeros él se siente “exactamente igual que todos mis compañeros de clase”. Aficionado al deporte, Dylan estudia 2º de la ESO, no ha tenido dificultades con el euskera, sus planes son “terminar el Bachillerato y tener una idea para una empresa o ir a la Universidad”, donde le gustaría estudiar administración de empresas. Tampoco descarta viajar a Inglaterra o a Estados Unidos “para aprender inglés”, aunque se ve trabajando aquí y reconoce que tiene “una cultura mixta” que le facilitaría adaptarse a vivir en otros países.

En cuanto a las posibles diferencias con otros chicos de su edad que no forman parte de las segundas generaciones, Dylan afirma que “no son muy importantes, pero sí hay algunas, como la forma de educar en casa o la forma de hablar”. “Yo, como he nacido aquí -explica- puedo hablar bastante parecido a como se habla en Bilbao, no tengo un acento distinto, pero en casa estoy continuamente escuchando hablar de forma diferente, entonces, así que aunque no me diferencie mucho, mi manera de hablar no va a ser igual que la de quienes tienen padres de aquí”.

Respecto a su proceso de integración Abdelhak El Youssfi asegura que “solo sufrí ese primer choque cuando tenía 9 años, a partir de ahí, para integrarte en la nueva sociedad a la que has llegado, una vez que ya controlas el idioma y las costumbres, viene todo rodado”. Este joven, que ahora reside y trabaja en Bizkaia, estudió primaria y Bachillerato y empezó en la Universidad. Está tramitando la obtención de la nacionalidad española y su futuro -dice- está aquí. “Cuando me preguntan digo que soy de aquí, no de Marruecos. Hace poco estuve allí y me preguntaron si me sentía de Marruecos. Les dije que no. Una cosa es que haya nacido allí, que eso nadie lo quita, son mis orígenes, y otra cosa es dónde echas tus raíces. Si echas raíces y has asimilado el sistema de vida de este país, pues ya eres de aquí. Tengo sobrinos que han nacido en Cruces y en Basurto y hablan euskera perfectamente, mejor que el árabe, que les cuesta más. Ellos sí que son la verdadera segunda generación, parte de mi familia ya es totalmente de aquí, eso y formar una familia aumenta el arraigo y cuando nazca mi hijo yo asumo que automáticamente él es español y como padre no puedo ni debo obligarle a volver a mi país de origen. Yo he pasado por eso y creo que el proceso de integración nos ha salido bien. Veo mi futuro aquí, a largo plazo no me imagino vivir en otro sitio que no sea este”, afirma Abdelhak.

País de origen
A la pregunta de si vive mirando hacia su país de origen o si se ha planteado regresar, Abdelhak dice que “empiezas a pensar que ya te quedas definitivamente a partir de la mayoría de edad, cuando te das cuenta de que estás acostumbrado a un sistema, a un tipo de vida y cuando vas a tu país de origen ves la diferencia que hay, ves el contraste y comparas. Es entonces cuando piensas en qué te encontrarías si volvieras a Marruecos. Yo decidí seguir aquí porque aquí me encuentro más cómodo y porque hay mas posibilidades. Ten en cuenta que nadie sale de su país de origen porque le dé la gana, se emigra por necesidad, hay hechos objetivos que te hacen ver que estarás mejor si sales y lo haces”.

Hajar Samadi también es contundente al referirse a su identificación con la sociedad vasca. “Me siento más de aquí, porque la vida la he construido aquí -señala-. Además como considero que por decisión propia no he cambiado de país, ya que en su día me trajeron, al haber crecido y vivido toda mi vida en el País Vasco, me considero más de aquí. Inmigrante sería si yo ahora mismo decidiera mudarme a Alemania por ejemplo, e hiciera la maleta para ello. Sin embargo al no haber vivido esa experiencia, el país donde vives lo haces tuyo. Pero hay un matiz, aunque no me considero inmigrante de segunda generación, sí que de alguna manera pertenezco al colectivo inmigrante, ya que mis padres lo han sido, gente que me rodea lo es, la sociedad que te rodea te coloca también dentro del colectivo inmigrante, sobre todo por el aspecto físico”. Añade que para ella “la identidad es muy flexible y múltiple”. “Aquí me siento de aquí y cuando voy a Marruecos que es el país de origen, me siento también de ahí, no creo que tenga que limitar mi identidad a un sitio y a una cultura concreta y encerrarme en ello. Considero que vas construyendo inconscientemente una nueva cultura con lo mejor de las dos, incluso innovando en muchos aspectos. Puedes incluir la puntualidad europea, la hospitalidad árabe, la sinceridad de la gente vasca , el humor español, en una quedada de amigos por ejemplo mientras tomo un menú halal. Y es algo estupendo”, asegura.

Afirma que nunca se ha planteado ir a vivir a Marruecos, “porque ya he echado raíces en esta sociedad, sería muy difícil empezar de cero en el país de origen donde nunca he vivido, aparte de que tengo aquí mi trabajo y mi familia, por lo que el país de origen seguirá siendo ese lugar especial donde me reencuentro cada año con mis abuelos, primos y el resto de la familia. Sin embargo, mi casa es este país al cual doy gracias por todas las oportunidades que me ha ofrecido y al que intento aportar lo mejor de mí misma”.

Sobre las ventajas teóricas que puede suponer pertenecer a las segundas generaciones, como compartir distintas culturas, Hajar Samadi señala que “el hecho de hablar varios idiomas es una gran ventaja que te permite conectar con otras culturas y países. Desde muy pequeña he hecho acompañamientos a personas que lo han necesitado, ayudando a traducir y entender por ejemplo que es lo que les está diciendo el médico a personas que no entienden el idioma autóctono y viceversa. Hacer de puente y mediar para que las personas se entiendan mejor, es un aporte importante a la convivencia”.

Para Abdelhak, sin embargo, alguien de segunda generación “puede tener alguna ventaja si se compara con uno de primera generación, pero no frente a alguien de aquí que me sigue tratando como si fuese un recién llegado. Si yo me comparo con una primera generación tengo ventaja, porque todo lo que esa persona tiene que construir al llegar a este país yo ya lo tengo hecho, las cosas no me van a costar el mismo esfuerzo que a la primera generación”.

lunes, 20 de noviembre de 2017

#hemeroteca #poblacionmigrante | Mesas que valen como escuelas de inclusión

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / 'Bizilagunak' en Errenteria
Mesas que valen como escuelas de inclusión.
Más de 2.000 personas participan en 239 comidas (122 en Gipuzkoa) celebradas en Euskal Herria dentro de la iniciativa Bizilagunak que busca romper estereotipos racistas.
Noticias de Gipuzkoa, 2017-11-20
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2017/11/20/sociedad/mesas-que-valen-como-escuelas-de-inclusion

La de ayer fue una jornada de fiesta en muchos hogares vascos, que llevaron a cabo una celebración singular, pero que cada día logra más adeptos. Un total de 2.000 personas se sentaron a la mesa para romper con los prejuicios y estereotipos racistas. El llamamiento de SOS Racismo para participar en la iniciativa Bizilagunak fue secundado por 478 familias que llevaron a cabo 239 comidas repartidas por toda Euskal Herria. En Gipuzkoa fueron 122 y se celebraron en todas las comarcas. La lista se completa con 93 comidas en Araba y 24 en Bizkaia.

Esta iniciativa consiste en que personas autóctonas compartan por un día la mesa junto con residentes de origen extranjero, dejando a un lado las diferencias y apostando por aquellos lugares comunes que les unen.

Según señaló SOS Racismo, en la de ayer participaron personas de 43 nacionaldiades diferentes.

“Las comidas han sido de lo más variadas, al igual que las familias que las han disfrutado”, explicaron los organizadores. Familias, además, de todo tipo: parejas, compañeros de piso, grupos de amistad, etcétera. Lo que se pretende, recalcan, es “crear un ambiente de celebración buscando la inclusión en positivo”. “La cita solo es posible gracias a la iniciativa y el empoderamiento de las personas que participan en ella y la implicación de las asociaciones e instituciones públicas de toda la geografía vasca”, recalcó la entidad.

Premiada
En Gipuzkoa, de hecho, la implicación es cada año mayor, ya que más de la mitad de las comidas se celebran en este territorio: desde Bidasoa hasta Debagoiena.

La efectividad de este programa, incluido en la iniciativa antirumores ZAS!, fue reconocida por el Comité Económico y Social Europeo con el premio Sociedad Civil 2016, en diciembre del año pasado, un galardón que se entrega a aquellas iniciativas de entidades que promueven la identidad y la integración.

La celebración de estas comidas, además, tiene una segunda parte cada año en la Gala Solidaria del Kursaal, que este año se celebrará el 2 de diciembre y que servirá para el reencuentro y la visibilización de las personas que han participado en Bizilagunak, en un ambiente “festivo y con mucho humor”.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

#hemeroteca #fridakahlo | El último cuadro de Frida Kahlo fue una denuncia contra la represión de Franco

Imagen: El Español / Frida Kahlo
El último cuadro de Frida Kahlo fue una denuncia contra la represión de Franco.
La obra 'Viva la vida' responde al fascismo que imperaba en España desde la Guerra Civil, en concreto al grito de "¡Viva la muerte!", de Millán-Astray.
M.B. / Agencias | El Español, 2917-09-27
https://www.elespanol.com/cultura/arte/20170927/249975849_0.html

‘Viva la vida’ (1954), el último cuadro pintado por Frida Kahlo, podría ser una "respuesta" al fascismo que "imperaba" en España desde la Guerra Civil y, en concreto, al grito de "¡Viva la muerte!" del fundador de la Legión, José Millán-Astray (1879-1954), según el investigador Gregorio Luke. Luke, exdirector del Museo de Arte Latinoamericana de California, ofrecerá esta tarde en la sede madrileña del Instituto de México una conferencia sobre esa y otras hipótesis acerca de la vida y obra de la pintora mexicana (1907-1954).

El investigador, que ha dedicado más de dos décadas a revisar y reconstruir documentalmente la obra de la artista, ha explicado que entre sus "descubrimientos" destaca, por ejemplo, la hipótesis de que la mexicana quiso contestar al fascismo con su última pintura.

'Viva la vida', de Frida Kahlo
Transformar el dolor
El resultado, según el investigador, es que sus cuadros son una forma de "construir su cuerpo destruido" por la poliomielitis que contrajo cuando era niña y que le forzó a someterse a decenas de cirugías a lo largo de su vida. "Ella podría haber sido una inválida, pero decidió transformar su dolor en un arte extraordinario", sostiene el mexicano. Otro tema que Luke sacará a la luz es cómo la pintora manejó la creación y el mantenimiento de sí misma como un personaje, un "símbolo revolucionario" que explora la multiculturalidad y que redefinía lo "femenino" y lo "bello" de la manera "como mejor le convenía".

Frida Kahlo, ha opinado, es la "más mexicana de todos los artistas", porque sus pinturas transmiten la "pluralidad de México", país que la pintora aprendió a "amar mucho antes de Diego Rivera". "Al lado de Diego, Frida retomó la estética popular mexicana, y su vida aporta una riqueza inagotable, ya sea como pintora, escritora, o más bien como mujer", concluyó.

sábado, 12 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Arden las zapatillas

Imagen: Infobae / Prostesta anti-Trump
Arden las zapatillas.
El cosmopolitismo, los derechos de la mujer, la integración armónica del colectivo LGBT o la concepción multicultural de la vida cotidiana son vistos como signos que constituyen un relato de aquellos que están integrados en un sistema que envía al conflicto permanente a una amplia mayoría.
Miguel Roig | El Diario, 2016-11-12
http://www.eldiario.es/zonacritica/Arden-zapatillas_6_579602039.html

La reacción de la izquierda ante el triunfo de Trump no sorprende. Llama sí la atención el grito en el cielo que ha puesto la prensa conservadora.

No es sencillo, se entiende, abordar el tema a pesar de que el ‘Brexit’ dio mucho de sí meses atrás. En aquel caso, al día siguiente de la marcha a casa de los ingleses, los medios se preocupaban más por la volatilidad financiera que la generada por la exclusión social.

En esta ocasión, si bien atienden con cierto detalle el deterioro de la clase trabajadora y las capas medias de los Estados Unidos, el foco está puesto en la imprevisibilidad de la agenda de un hombre aparentemente imprevisible.

En su editorial del viernes, The Economist evoca el inicio oficial de la globalización con la caída del Muro y recuerda, con nostalgia, la proclamación del fin de la historia para, a reglón seguido, lamentar que esta ha vuelto como una venganza.

La figura no es desafortunada y la socióloga Eva Illouz parece responder ayer a esta cuestión en un artículo que publicó en el diario israelí Haaretz. Illouz para exponer su tesis debe recurrir a una larga introducción de carácter económico. Parte, precisamente, desde los ochenta, años en los que otro personaje, en la línea de Trump, irrumpió en la escena política mundial: Ronald Reagan.

La lenta y permanente deslocalización de las empresas buscando mano de obra barata, la pauperización de los oficios, el creciente flujo de inmigrantes –como si esto fuera novedad en una nación que desciende de los barcos– y la exclusión que poco a poco fue marginando a gran parte de la sociedad. No solo de un salario digno, un empleo estable y un horizonte mínimo de prosperidad; como consecuencia de esto también se les excluyó de la educación. Illouz aporta un dato paralizante: el 67% de los votantes de Trump son blancos que carecen de educación. Con lo cual el problema de clase no reside ya en el eje económico sino en el de la educación y, según la observación de Illouz, la ira de los desplazados no está puesta en la diana de los ricos sino en los grupos sociales que se adaptan a la transformación social de la globalización gracias al conocimiento. Son percibidos como la clase dominante. El cosmopolitismo, los derechos de la mujer, la integración armónica del colectivo LGBT o la concepción multicultural de la vida cotidiana son vistos como signos que constituyen un relato de aquellos que están integrados en un sistema que envía al conflicto permanente, sin resolución, a una amplia mayoría.

Trump entendió esto.
Los jóvenes quemando sus zapatillas New Balance en las grandes ciudades americanas por el simple hecho de que la empresa haya dicho en un comunicado que cree que la política económica que impulse Trump irá en la dirección correcta es un signo evidente de una lucha de clase más que curiosa: no encienden, como puede que haga Trump en una noche de jarana un habano con un billete de cien dólares, queman sus zapatillas que cuestan lo mismo.

Mientras arden las New Balance en las plazas de Chicago o Seattle, también queman las palabras de The Economist, que para afirmar tras un largo rosario de calamidades que asoman en el corto plazo, señala que en Estados Unidos no ha habido un cambio de Gobierno sino, tal vez, un cambio de régimen (‘America has voted not for a change of party so much as a change of regime’).

La realidad, sin embargo, fuera de los titulares que auguran la peor catástrofe, está dando a través de los mercados una narración. No han caído las bolsas ni se ha sacudido demasiado el planeta a pesar de los previsibles aplausos de Nigel Farage y Marine Le Pen. La ‘telerrealidad’ también ha dado un relato distinto al que estábamos acostumbrados en una campaña electoral. Ni siquiera Silvio Berlusconi había llegado tan lejos. Revisando los debates, hasta Hillary Clinton se sumó a la ruptura del formato. El ‘reality show’, en el que Trump es un profesional, erigió a un personaje, un rico, un triunfador, llamado a convencer a una audiencia pauperizada por el sistema para destronar a los ilustrados y a todos los culpables de sus males: las ovejas votando al lobo.

El problema, entienden los mercados, es estético: el sistema bien vale una misa. Ahora solo queda controlar al lobo que, hay que reconocer, no será fácil. El otro problema, aparentemente estético, es el de los que queman zapatillas contra, el también aparente, nuevo ‘establishment’.

viernes, 11 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Entrevista a Judith Butler: “Trump está liberando un odio desenfrenado”

Imagen: Paquidermo / Judith Butler
Entrevista a Judith Butler: “Trump está liberando un odio desenfrenado”.
Rina Soloveitchik / Traducción de David Durán | Revista Paquidermo, 2016-11-11

https://www.revistapaquidermo.com/archives/13308

Zeit Online: ¿Por qué decidiste escribir un libro sobre asambleas [assemblies] públicas justo ahora?

Judith Butler: Supongo que empecé a pensar en ellas durante las Primaveras Árabes cuando se iniciaron algunos debates sobre si las asambleas públicas eran o no una forma pura de democracia, y sugiriendo: “Esta es la gente y está deshaciéndose de un régimen injusto. Y, por supuesto, eso genera todo tipo de preguntas como: ¿quién es realmente la gente? ¿Es importante que se estén mostrando en la calle? ¿Los cuerpos en la calle representan a toda la gente? ¿Y los que no están en la calle?

Zeit online: ¿Por qué estabas interesada en el rol que el cuerpo juega en las asambleas?


Judith Butler: Había otro debate relacionado con el movimiento Occupy en el que alguna gente estaba diciendo “no tienen ninguna demanda, sólo están ocupando espacio”, entonces, yo intentaba decir: “No, esa es una manera de hacer una demanda; es una forma de decir que este espacio nos pertenece o que debería ser público”. Pero, para hacer ese reclamo no es necesario verbalizarlo. Imaginé que lo estaban haciendo con sus cuerpos o a través de la manera que sus cuerpos estaban ocupando el espacio. Quería probar que la acción o el gesto corporal son también políticamente significativos. Ocupan el espacio que reclaman y así encarnan el reclamo.

Zeit online: Uno puede leer en su libro una simpatía implícita hacia las asambleas. Algunas personas les tienen miedo.

Judith Butler: Tal vez sea la palabra asamblea [assembly] la que tenemos que pensar. Podría haber reuniones masivas, podría haber movimientos masivos, podría haber disturbios, podría haber multitudes. La multitud es probablemente lo que tememos. Ahí sí se siente la violencia venir. No es deliberado, no está políticamente concebido. Las asambleas son distintas. Ahí la gente se reúne deliberadamente. Y es importante que se junten, que se muestren a cada uno. Es decir, para alguien como Hannah Arendt, la asamblea en Grecia y Roma fue una parte importante para el comienzo de la democracia. Pienso que todavía necesitamos asambleas para construir las democracias. Tenemos que ser capaces de distinguir entre asambleas que son autorreflexivas e inclusivas –buscando ejemplificar formas de participación democrática y de debate– y aquellas que están renunciando a la democracia.

Zeit online: Escribes que las asambleas permiten a la gente entrar en el espacio público del que usualmente son excluidas. ¿Es eso cierto en el caso de Pegida?

Judith Butler: Hay en juego algunos principios democráticos radicales en el tipo de asambleas que apoyo. Si un grupo de racistas de derecha se reúne y dice que han sido excluidos de un espacio público que no se adapta a racistas, lo que realmente están pidiendo es el derecho a excluir a otros. Intentan juntarse y conseguir espacio público con el propósito expreso de un proyecto racista y excluyente. Ello es difícilmente democrático sea en el intento o en sus efectos.

Zeit online: ¿Cómo decidimos qué asambleas “necesitamos”? Una asamblea podría ser inclusiva y excluyente a la misma vez. Con el paso de los años, en Tahrir Square en el Cairo, incontables mujeres sufrieron violencia sexual.

Judith Butler: Pienso que las asambleas posicionan diferentes tipos de riesgos para diferentes tipos de personas. Si eres una mujer o trans, o si eres migrante, estás probablemente en peligro en una asamblea pública porque las asambleas públicas realmente involucran exposición física y pública. No siempre sabes al lado de quién estás, no siempre sabes quién explotará esa proximidad para dañarte o dañar a alguien cerca de ti o al otro lado de la multitud. Así que siempre hay un riesgo en la asamblea pública.

Zeit online: ¿Te gustaría ver más cuerpos en las calles?


Judith Butler: No. No creo que nuestras vidas sean mejores entre más cuerpos haya en la calle. Por cierto, no creo que se pueda separar lo que los cuerpos hacen del lenguaje. Los cuerpos son expresivos –ellos significan.

Zeit online: ¿Uno puede diferenciar lo que Pegida expresa a través del movimiento y los gestos de lo que una asamblea conscientemente democrática expresa?

Judith Butler: Creo que se podría. No creo que podamos simplemente descontextualizar gesto y movimiento. La pregunta es cómo se contextualiza. Generalmente son asambleas racistas y antinmigrantes con políticas específicas. Tenemos que entender lo que están haciendo y luego juzgarlas de acuerdo con ello. Eso es muy distinto de los nuevos migrantes que están tomando las calles y pidiendo inclusión. Si te han prohibido aparecer en el espacio público porque hacerlo está en contra de la ley, entonces aparecer en público es emprender una relación con esa ley.

Zeit online: Pero eso puede ser cierto para las demostraciones populistas de extrema derecha.


Judith Butler: Sí, pero también decimos que la violencia de estado y la censura y los movimientos populares racistas, todos juntos, funcionan en contra del llamado a la democracia Aquellos que reivindican el privilegio de ser blancos, por ejemplo, también reclaman que son “excluidos” por los migrantes, pero en realidad lo que les preocupa es perder su privilegio. Ese es y tiene que ser el contexto a través del cual entendemos todos estos gestos, movimientos y reclamos verbales.

Zeit online: En tu libro evalúas críticamente la distinción de Hannah Arendt entre esfera pública y privada. ¿Qué tiene de problemático?

Judith Butler: En ‘La condición humana’, Hannah Arendt hace claramente una distinción entre actividad doméstica privada –la reproducción o el sueño; todas esas actividades, que se supone reproducen el cuerpo, no son políticas– y el dominio político es el que figura el presumible cuerpo bien alimentado. La idea de Arendt, de los principios democráticos, asume que el alimento es distribuido, que está disponible, que alguien va a ser albergado, que no van a enfermar sin que haya disponible asistencia médica. Pero, por supuesto, el problema es que, dados los tiempos de precariedad en los que vivimos, existen muchos requerimientos básicos para vivir por los cuales estamos luchando: ¿quién tiene cobijo? ¿Quién tiene atención médica? ¿Quién puede moverse a través de una frontera? Estos son temas políticos que pertenecen fundamentalmente al sostenimiento y movilidad corporales. No podemos tener derecho de asociación o asamblea, o incluso de expresión, sin presuponer una vida corporal.

Zeit online: ¿Hay ahora una mayor precariedad?

Judith Butler: Creo que la precariedad se ha convertido en un concepto político más importante. La especialista Isabel Lorey sugiere que es una condición económica y política que realmente pertenece a nuestro presente. El ‘proletariado’ son trabajadores que no están recibiendo un pago suficiente para comer o vivir mejor, pero el ‘precariado’ [precariat] es una categoría diferente. Las vidas precarias puede que no tengan ni siquiera trabajo. Puede ser que tengan y pierdan el trabajo rápidamente. Pueden ser trabajadores transitorios. Puede ser que tengan albergue y lo pierdan el próximo día. El futuro es radicalmente impredecible.

Zeit online: ¿Por qué es así?

Judith Butler: Dado que el trabajo se está volviendo temporal y precario cada vez más, para que los mercados puedan expandirse sin impedimento alguno, las obligaciones públicas hacia los trabajadores junto con un salario digno se ven cada vez más amenazados. Realmente vemos más y más gente abandonada y desposeída de cierta forma. Después de la primera y segunda Guerras Mundiales vimos un tremendo número de personas desposeídas, pero la desposesión era de otro tipo. Hoy en día la desposesión igual ocurre por la guerra, pero también a través de políticas fiscales, el neoliberalismo y su efecto en las condiciones de trabajo y vivienda, en el mercado de viviendas y la posibilidad de refugio, pero también en la alimentación. Creo que no tenemos que ir muy lejos para ver que las poblaciones están sufriendo por cuestiones básicas.

Zeit online: ¿Piensas que el actual aumento de populismo está conectado con el hecho de que hay más gente que se ve a sí misma como –pero también como parte de– este nuevo ‘precariado’ [precariat]?

Judith Butler: Sí creo que todavía hay buenas razones para distinguir entre populismo de derecha y de izquierda, como los movimientos en Suramérica, por ejemplo en Argentina. Gracias a Ernesto Laclau, quien estaba interesado en este tipo de movimientos, el populismo fue o pudo convertirse en un concepto positivo.

Zeit online: ¿Por qué?

Judith Butler: Porque distintas personas, que luchan por diferentes causas y por distintos tipos de identidades, se unen entre sí. Comienzan por ver una condición común y buscan comprender la situación de cada uno. A través de esas uniones emerge o puede emerger un nuevo sentido de pueblo. Para Laclau, el populismo tendió una promesa de izquierda. Él no pretendía que el populismo permaneciera como movimiento político extra-parlamentario; realmente vio que podía transformarse en asambleas electivas, en democracia representativa, e incluso en poder del Estado.

Zeit online: Entonces, ¿cómo diferencias esta aparente forma positiva de populismo de la negativa?

Judith Butler: Quizás tenemos que entenderlo antes de empezar a discriminar entre sus buenas y malas formas. Después de todo, un populismo que podríamos denominar “bueno” puede convertirse en uno “malo”. Existen tipos de populismo que están en contra del poder de Estado, que odian todos los procesos estatales y que quieren permanecer en el dominio extra-parlamentario. Actualmente estamos viendo formas de populismo de derecha que se oponen a leyes que intentaban asegurar la igualdad entre hombres y mujeres, leyes contra el racismo, leyes que permiten la migración e incluso una población con religiones heterogéneas. Ese tipo de populismo reaccionario quiere restaurar un estado previo de la sociedad, conducido por la nostalgia o una percepción de la pérdida de privilegio. Quieren traerse abajo el poder de Estado por la pérdida de un mundo anterior.

Zeit online: Un argumento que a menudo se hace en Alemania es: algunas personas apoyan el AfD, porque sienten que son llevados a los márgenes de la sociedad y abandonados en su precariedad. ¿Estás de acuerdo?

Judith Butler: En ocasiones un grupo de derecha podría sentirse excluido, pero lo que en realidad quiere decir es que ha perdido su privilegio. Su privilegio, su blanca presuntuosidad está siendo estremecida. ¿Y sabes algo? Sí, están perdiendo su privilegio, están perdiendo su privilegio blanco. Están perdiendo un mundo anterior en el que un privilegio de blancura se podía asumir. Sí, están perdiendo y es su trabajo ajustarse, aceptar su pérdida y adoptar un mundo más amplio, democrático y heterogéneo.

Zeit online: Pero, ¿no los incluirías en tu noción de ‘precariado’?

Judith Butler: El problema es que la economía neoliberal produce precariedad en la población sin discriminar entre derecha e izquierda. Así que existe alguna gente de derecha, o gente que ha llegado a ser más de derecha, porque culpan a los migrantes de tomar su posición; sin embargo, no están identificando la raíz de su problema, el cual es una precariedad expansiva que atraviesa la clase económica aun cuando los ricos siguen sacando provecho. Ellos han decidido culpar a los migrantes en lugar de mirar más atentamente algunas políticas fiscales y financieras que realmente están poniendo en peligro el bienestar de un número creciente de personas.

Zeit online: ¿Se podría decir algo similar respecto de los que apoyan a Trump?

Judith Butler: Oh, los que apoyan a Trump…

Zeit online: …. que es algo que interesa mucho a los alemanes.

Judith Butler: Es todo tan insondable. Creo que existe un componente económico para apoyar a Trump. Para algunos de sus seguidores el gobierno ha interferido en su capacidad para llevar una buena vida y tener éxito financiero, así que están contra las regulaciones, contra el gobierno. Y eso puede incluir estar en contra de pagar impuestos y de regulaciones laborales que tienen la intención de asegurar la salud y seguridad de los trabajadores. Aplauden el hecho de que aparentemente Trump no ha pagado impuestos federales y piensan: “Sí, quiero ser una mala persona”.

Zeit online: ¿Hay mucha rabia?

Judith Butler: Creo que tienen muchísima rabia. No sólo contra las mujeres, contra las minorías raciales o los migrantes. Están emocionados de que su rabia esté siendo liberada por el discurso público y sin censura de Trump. Nosotros, los de izquierda, somos aparentemente el superyó. Lo que Trump ha logrado, retóricamente, es identificar no sólo la izquierda, sino también el liberalismo –el liberalismo americano básico y la izquierda– como un montón de censores. Somos los instrumentos de la represión y él es el vehículo para la emancipación. Es una pesadilla.

Zeit online: ¿Y qué hay de su abierto sexismo y racismo?

Judith Butler: Lo que Trump está liberando es un odio desenfrenado y –como vemos recientemente– maneras de actuar sexualmente que ni siquiera se preocupan por el consentimiento de nadie. ¿Desde cuándo o por qué nos preocupamos de preguntarles a las mujeres si están o no de acuerdo en ser tocadas? En realidad él no dice eso, pero es justamente lo que indica. Libera a las personas, su rabia y odio. Y estas personas pueden ser adineradas, pobres o estar en el medio; sienten que han sido reprimidas o censuradas por la izquierda, por las feministas, por los movimientos de derechos civiles y de igualdad, por la presidencia de Obama que hizo que un hombre negro representara la nación.

Zeit online: Algunos de los que apoyan a Trump dicen que él no actuará según sus odiosas presuposiciones si llega al poder.

Judith Butler: Creo que las personas que te dicen eso están desconociendo la verdad, en el sentido de que no quieren parecer como si les gustaran todas las cosas odiosas que él dice. Ellos solo piensan: él cerrará las fronteras, irá a la guerra, o cortará la cinta roja en el gobierno. Pero el hecho es que están dispuestos a vivir con las cosas odiosas que él dice. No necesariamente concuerdan, pero se adaptan a ello, lo cual significa que no se oponen. Implícitamente consienten con ese discurso. Mucha gente disfruta de forma privada de ese discurso. Tal vez no puedan decirlo en voz alta, porque se supone que debemos avergonzarnos de ser racistas, sexistas u homofóbicos. Pero, albergan esos sentimientos en lo privado.

Zeit online: El filósofo Emmanuel Lévinas escribió que cuando encaramos al otro, ese encuentro posiciona demandas morales inmediatas sobre nosotros. Extiendes la teoría de él y llegas a pensar a los cuerpos encontrándose a sí mismos en asambleas públicas y posicionando un sentido de obligación moral entre sí. ¿Qué tipo de implicaciones políticas tendría la ética que observas aquí?

Judith Butler: Diría: no, no puedes tomar el modelo de contacto interpersonal, cuerpo a cuerpo, como el modelo para relaciones políticas más amplias. Sin embargo, se pueden derivar algunos principios de esos encuentros más pequeños que pueden ser trasladados a estructuras más amplias. La interdependencia estaría dentro de esos principios. La interdependencia global que incluye la consideración sobre el cambio climático y la distribución de alimentos. Pero también, por ejemplo, Estados Unidos no puede llevar a cabo una guerra al otro lado del mundo sin sufrir las repercusiones en su mismo territorio, porque de hecho compartimos un mundo, incluso con aquellos que hemos buscado destruir. Creo que aquellos de nosotros que vivimos en situaciones de primer mundo, donde disfrutamos nuestra libertad y seguridad frente a la violencia directa, realmente nos gusta eso. Pero, nos impacta cuando nos sucede a nosotros: ¿qué hace esto acá? Esto es Bruselas, esto París, esto es Londres, esto es Nueva York. Los que apuntan a esas ciudades buscan atacar la presuposición de que es posible distanciarse de la destrucción que está hecha para que otros sufran.

Zeit online: ¿Qué implica eso para las políticas internas?

Judith Butler: Para mí, lo ético no está completamente separado de lo político. Existen principios éticos que deberían informar nuestras políticas públicas. Eso incluye –y supongo que es lo que más me preocupa– la manera en la que habitamos nuestra zona geopolítica, a veces sin importarnos lo que le sucede a la vida de otros, sin considerar esas vidas susceptibles de ser lloradas, sin considerar esas vidas como iguales o igualmente significativas. Así que la obligación es extender la igualdad más allá de nuestro limitado campo lingüístico y nacional.

Zeit online: ¿Crees que actualmente consideramos las vidas sirias como menos vivibles o susceptibles de ser lloradas?

Judith Butler: Creo que si fueran europeos blancos atrapados en Siria o en la frontera con Turquía, habría una indignación general porque la identificación sería inmediata.

Zeit online: ¿Es la “cultura de bienvenida” [Willkommenskultur] de Ángela Merkel una expresión de este tipo de ética que imaginas?

Judith Butler: Sí. Creo que lo veo en dos niveles. Por un lado, lo que llamamos hospitalidad o “Willkommenskultur” es extremadamente importante. También creo que concuerda con la ley internacional y la ley de asilo. Podemos verlo en lugares como Hungría que está cerrando sus fronteras y negándose a toda hospitalidad (Willkommenskultur). Alemania está debatiendo la pregunta de “¿cuáles son los límites de la hospitalidad?”. Creo, sin embargo, que existe un segundo paso: preguntar quiénes somos, quiénes son ahora los alemanes… Cuando hablamos de hospitalidad siempre se trata de este “nosotros” que extiende la hospitalidad a “ellos”. Pero una vez que “ellos” están adentro, ¿quién es ahora el “nosotros”? ¿Ese “nosotros” cambia? ¿Son entonces parte del “nosotros”? Una inclusión completa significa aceptar –y afirmar– una Alemania racial y étnicamente diversa.

Zeit online: ¿Es difícil?

Judith Butler: Sí. Decir: ahora somos musulmanes, cristianos y judíos. Ahora somos blancos, negros y morenos, multiculturales, multirraciales.

Zeit online: Actualmente hay un aumento de populismo de derecha y el discurso en Alemania está convirtiéndose cada vez más islamofóbico.

Judith Butler: La manera en la que la hospitalidad ha sido traducida a programas que buscan adaptar a los migrantes a Alemania: no son programas que se enfocan intensamente en combatir nuevos racismos en Alemania. Aquellos que se oponen a que nuevas comunidades de migrantes se conviertan en parte integral de Alemania también tienen que pasar por un cambio; cambiar su propio sentido de lo que es ahora Alemania y a quién incluye. Para hacer eso los alemanes tendrían que aprender sobre estas comunidades y adaptarse a ellas. Es más que sólo hospitalidad: se trata de cambiar el sentido de quienes (“nosotros”) somos como país. Es esta segunda parte, el paso más allá de la hospitalidad, la que guiaría hacia un país multinacional, multirracial, que albergue muchos tipos de religión.

Zeit online: Entonces, ¿cómo podemos extender esa noción de “nosotros”?

Judith Butler: Creo que es la pregunta del cómo vives con las personas. Una pregunta de cohabitación. ¿También buscas aprender sus vidas, sus lenguajes? ¿Siempre los tratas como receptores de tu generosidad o llegas a considerarlos como tus iguales? ¿Aceptas que el alemán no es la única lengua que se habla en Alemania? ¿Aceptas que se necesita dar asistencia y apoyo a diversas comunidades religiosas y que no sólo deberían sentirse bienvenidas, sino también parte de lo que Alemania es y se están convirtiendo? También creo que a menudo ha existido ese esfuerzo de adaptar a los migrantes a la cultura alemana tal y como está.

Zeit online: Se puede ver en la retórica de Trump y con el Brexit, se puede ver en el lenguaje populista de derecha. Existe un retroceso hacia una comprensión étnica de la nacionalidad. ¿Por qué?

Judith Butler: Hannah Arendt debería ser aquí nuestra guía: mientras que uno funcione con la noción de estado-nación, está pidiendo básicamente una forma específica de nacionalidad para representar al Estado y para que el Estado represente la nacionalidad. Eso significa que siempre habrá minorías y esos que son excluidos, los que no conforman la idea dominante de nación, esos serán ilegibles para la totalidad de derechos o despojados de ellos o incluso expulsados. Por eso para ella la pluralidad es tan importante. Supongo que podría traducir pluralidad como heterogeneidad étnica y racial. Pero la heterogeneidad es justo donde está Europa ahora mismo. Se trata de la nueva Europa.